2° Clase de Filocalía

Casiano, El Romano

(Primera sobre Casiano)

Texto completo de Casiano

Citas bíblicas recomendadas

La continencia del estómago y el espíritu de fornicación.

9 Comments on “2° Clase de Filocalía

  1. Cómo hago para tener acceso a las clases virtuales? Solo encuentro los videos de Youtube, muchas gracias 🙏🏻

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    • Hola Francisco. Bueno, hemos hecho algún encuentro virtual, de intercambio dos o tres durante el año pero las clases son en vídeo grabado. Finalmente lo he dejado así. Para acceder a todas las clases del listado (41) utiliza la clave que te dimos por mail. Manana te la envío nuevamente. Un abrazo, Cristo te cuide.

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  2. Realmente excelente, tratar este tema de la sexualidad en profundidad y analizar sus consecuencias en la esclavitud del alma, incentiva el corazón a desprenderse para que la imágen de Cristo se configure en nosotros.

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  3. Gracias hermana por tu comparti. Muy completo e interesante lo que comentas. Verdaderamente, quién menos desea es el más rico de todos. Solo vivir en La Presencia nos da plenitud como para desear menos cosas, personas, situaciones… saludos fraternos en Cristo.

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  4. Como padre de tres hijos algún sacerdote me ha comentado ese dicho italiano que dice «la buena cocina mantiene la disciplina.»
    Es decir que con una comida rica haces que los niños obedezca y se sienten a la mesa con orden.
    De alguna manera contradice lo dicho aquí. Aunque es verdad que el ámbito de la afirmación es distinto. Casiano escribe a monjes y yo lo digo para la obediencia y educación de los niños.
    ¿Qué pensáis de esto? A veces demasiada pizza o hamburgueseria es fácil para los padres, pero mal educamos a los hijos y no es nutritivo para el crecimiento de los niños. ¿No os parece?

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    • Pues sin duda que lo dice para un ámbito monástico pero nos sirve también. Sucede que si acostumbramos a los niños a cierto tipo de placeres, (demasiado condimento, demasiada grasa, demasiada azúcar et. etc. Esto termina en ellos, transformado en dependencia futura. Realmente todo parece una cuestión de costumbre. Cuidar los extremos sería lo mejor como dice Casiano. Si le damos a nuestros hijos una vida de tipo «espartana» o demasiado dura, podría esto producir un rebote luego que los llevará a excesos indeseables. Y la excesiva complacencia de los sentidos los llevaría a un cierta esclavitud y debilidad del ánimo… Pues menudo tema. Creo que dar el ejemplo lo mejor que podemos y conversar con ellos, permanecer abiertos al diálogo siempre, no imponer sino persuadir por fuerza argumental es lo más útil. Que Cristo nos guíe y gracias Sergio por comentar.

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      • Muchísimas gracias por el comentario hermano. Me ha ayudado mucho a pensar sobre la educación de los.niños.

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  5. Hola a tod@s herman@s, en plena gratitud.
    Interesante, práctica y pedagógica clase.
    Intentaré comentar esos aspectos que entiendo nos pueden resonar a todos y a todas.
    Estos dos aspectos de la Continencia de estómago y la Fornicación, me han creado mociones como esas aristas de un cristal que se va puliendo. Así, una va viendo y reafirmando la necesidad de educar esa interioridad que señala la mente y las emociones en relación con el deseo de la mente y el apego de los sentidos.
    Esa moderación que Casiano el Romano nos señala nos remite a reeducar hacia una mayor sobriedad y austeridad, hacia un mayor equilibrio y coherencia, tanto en un aspecto como en otro, a cuestionarnos y a revisar la medida, la necesidad o la carencia que proyectamos y aplicamos en nuestra vida, no sólo en estos dos aspectos, sino en muchas cosas.
    El problema raíz a mi humilde modo de entender es que nos vivimos como separados de Dios, y así, nos identificamos de lleno con las carencias que se proyectan en la mente -los pensamientos…- y los sentidos, movidos ambos por esos intereses de la insaciabilidad del ego que busca siempre placer, contentarse, llenarse de las cosas y estímulos externos, pues es a través de ello que se siente vivo, como existente, ya que carece de ese reconocimiento de la Unión con Dios, plenitud y fuente en nosotros.
    Comer en exceso e inadecuadamente – querernos sentir llenos, alimentarse de animales sacrificados, beber alcohol en demasía, ansiar la comida con una afectación exagerada…- no lleva sino que malas consecuencias. Estamos forzando el cuerpo, tanto por la cantidad como por la calidad y a la vez estamos recreándonos en esa avidez que viene de la eterna insatisfacción de nuestra experiencia de vivirnos como separados de Dios.
    Nuestro pequeño yo -la personalidad- necesita sentirse vivo y desde su propio estado de carencia como olvidado de Dios, busca incesantemente estar ocupado tanto mentalmente -de ahí nuestra hiperactividad mental- como corporalmente -ver cosas agradables, recrearse en las formas, los fenómenos…-
    A medida que uno interioriza en esa búsqueda reconoce que sólo Dios, Jesús y el Espíritu Santo puede llenarla. Y lo primero que se da cuenta es de que todo es pasajero, cambiante, sin propia solidez ni realidad propia, y que apegarse es causa de dolor.
    Pero nuestro yo teme renunciar a ese funcionamiento el cual proyecta en la mente y el cuerpo… Le horroriza soltar, dejar ir…vaciarse…pues se resiste a desaparecer. De ahí que tanto nos cuesta acallar la mente, parar para hacer silencio, para afrontar de entrada la propia oscuridad y caos interior.
    En cuanto a la Fornicación y la Concupiscencia, podríamos decir que es otro aspecto de ese yo, identificado con las carencias y el deseo de placer, de sentir… de gratificarse… para suplirlas, sentirse “lleno” aparentemente, satisfecho… buscando siempre cosas externas, personas, estímulos… que le hacen sentir vivo y que existe, que hace y deshace con su cuerpo lo que se le antoja. Cree que lo posee, olvidando que el cuerpo ni nos es dado, sólo nos es prestado para ser Templo del Espíritu Santo (! Corintios 6:9-20
    En este aspecto del cuerpo en la Fornicación, tiene a mi entender mucho que ver purificar el corazón y la mirada, o sea, la mente. Como bien nos enseñó Jesús en Mateo 5, 27-28 :”Pero yo os digo que todo aquél que mira a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio”
    El yo ve cuerpos, el Hijo de Dios en nosotros -Jesús- y el hijo de Dios que somos ve el Espíritu en nuestros hermanos -que los vive no como separados o “los otros”, sino como una extensión de la creación del Padre como Hijo creado, hijos de Dios : hermanos.
    El pensamiento y la mente pues tiene mucha importancia, y luego el recrearnos en él o no, ahí está nuestra elección, nuestra toma de mayor conciencia. Un pensamiento repercute en el cuerpo y lo lleva a actuar de determinada manera, creando virtud o repitiendo los errores de vivir como ignorantes de Dios.
    Para mi comprensión, esa moderación en la alimentación, es realmente medicinal, reguladora tanto en su comprensión de cómo nos influye, como en ese sentir desde dentro que me invita a cambiar pautas. Personalmente este verano me hice vegana con mi marido. Curiosamente había querido hacer ese paso hace años y no podía. Pero este verano surgió como algo natural, desde dentro. Tuve una noche viviendo horrores del sufrimiento que se les hace a los animales tanto en mataderos, como en su crecimiento -gallinas…- entendí que era la propia conciencia despertándose de ese letargo acostumbrado a “lo de siempre”. Entendí que no necesitaba animales para vivir y bajo dieta y analiticas estoy muy bien.
    A todo ello y terminando, para mí la Oración -la del Santo Nombre, y en general, tanto la discursiva como el Silencio de la Contemplación- son los medios que nos sanan, nos curan,…sólo Jesús, el espíritu Santo como actividad suya en nosotros, Dios… tienen ese poder de deshacer nudos de conductas, de descontaminar nuestra mente y corazón, de eliminar y barrer ese olvido de Dios y volvernos a esa Unidad para sentirnos en Unión con Su Amor y Su Presencia en nosotros.
    Desde Él, nuestra mente deviene clara, lúcida para ver los errores y la oscuridad como para salir de ello, rescatada por Él de nuevo, una y otra vez.
    La práctica diaria de la Oración, la Meditación, el Silencio… nos enrraiza en Dios, y no lo digo como una teoría divina sino como lo Real en nosotros.
    Ver lo pasajero de todas las cosas… relativizarlas… Ver nuestra esclavitud con esa mente y ese cuerpo, cómo actúa el deseo movido por el miedo y las falsas carencias… pues el deseo es como beber del agua salada.
    Y anhelar ese desprendimiento, ese desasimiento que nos libera… entregándoselo todo a Jesús en Sus Manos. Más que renunciar a las cosas, se trata de ver que son pura nada. Más que negar el mundo entiendo que se trata de cambiar nuestra forma de interactuar con él, desde esa entrega de nuestro interno corazón al Señor.
    Como bien dice San Juan de la Cruz “no se trata de carecer de las cosas pues eso no desnuda el Alma si tiene apetito de ellas, sino de desprendernos de ese apetito y dirigirlo a Dios”
    Y enfocarnos en Él más que dar vueltas en las sombras…
    Ser disciplinados y a la vez como niños confiados en Su abandono, establecernos en la Vida espiritual día a día, sus prácticas, los Sacramentos, la Palabra… la Oración, el Silencio, ordenar nuestra vida conforme al Evangelio.
    Disponernos a una mayor coherencia interior, -no es más sabio y feliz quien más tiene sino quien menos desea- … Y recordar a la vez que quien tiene se le dará y quien no tiene se le quitará lo que tenga… alimentar nuestra Fe. “¿A quién buscaré fuera de Su Plenitud?”
    Ver cuál es nuestro verdadero alimento… si el mundo o Jesús., Dios.
    “Buscad primero el Reino de los Cielos y todo lo demás se os dará por añadidura” Mateo 6,33
    Todo está dicho en el Evangelio… Meditar en él… me abre profundidad y sanación.
    Gálatas 2, 20-21…”Ya no vivo yo sino Cristo en mi…”
    Pedir a Jesús renueve mi corazón, y lo llene del Espíritu Santo… para poder Ver, compender.
    Y orar a María, nuestra Bendita Madre que no abandona sus hijos para que nos ayude en ese transito y peregrinaje para Nacer de nuevo… al Espíritu.
    M.Carmen Piña

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