Orar siempre

 

Mother of God
Mother of God Hodegetria

Era la tarde mas fría del año.

Apenas llegué Padre Vasily puso un jarro con agua al fuego y me hizo un café. Me trató como siempre lo hace. Cordial, sereno, contento. Quiero decir que me recibe con el corazón abierto, exudando paz y feliz de la vida. Ahora que los escribo me parecen estados simples, fáciles de adquirir y de estabilizar y así parecen a su lado. Sin embargo son tan escasos en el cotidiano social, que no se los concibe como posibles sin determinados objetos que los brinden.

Una característica del modo de ser y estar de Padre Vasily es que su modo contagia. A poco de estar con él me siento completo, me desaparecen las ansias, ya estoy en el paraíso; los iconos me parecen tan sagrados y presenciales a su lado, que contrastan con los que tengo en casa. Y son las mismas bellas imágenes, hechas también por sus manos; pero creo que es su mirada o la mía cuando estoy junto a él, que dota las figuras de cierto brillo particular. Siento especial reverencia, mayor que cuando estoy en las iglesias y me voy convenciendo de lo que me dijo una vez:“No creas que vivo solo, me acompañan varios ángeles…”

He cambiado tanto desde que lo conozco, no me reconozco y muchos conocidos tampoco podrían. Me fui extrañando del viejo “yo”, sin dolor ni algarabía, como quién ve alejarse un vehículo lento y viejo en la ruta, de a poco. Y esta distancia creciente me fue dando una nueva perspectiva, me fue llenando de arrepentimiento y también de alegría; porque junto a la pesadumbre vino la liviandad del perdón y la certeza del amor envuelto en confusa biografía. Como él me dijo una vez también, pidiendo disculpas por si estaba fuera del dogma, “Uno tarda en perdonarse, Dios ni culpa ni perdona, educa”.

Solo tomamos café, sintiendo caer la noche, en medio de un silencio no fingido, ni forzado, un estarse quieto sin esperar nada, gozosos de sabernos Hijos. Al rato nos inclinamos en el rincón que hace las veces de oratorio e hicimos vísperas lentamente, paladeando los salmos. Entonces, luego de esa comunión con toda la Iglesia a la distancia, conversamos sobre las preguntas que quedaron pendientes y que me habían hecho algunos amigos en el blog.

“ Uno se acerca a la oración continua porque algo ha pasado en la propia vida que la ha polarizado. La vida de uno se está haciendo unívoca. Todo se está orientando hacia lo único necesario y eso es una gracia muy grande. Suele suceder sin embargo que esto ocurre en medio de crisis angustiosas o de apremios que no nos permiten darnos cuenta de lo bueno que nos está pasando. Pero sin estos aconteceres, dolorosos en general, no llegaríamos a la decisión de orar sin cesar.

Algún quiebre tiene que haber en el devenir personal que nos lleva por necesidad a la oración ininterrumpida. Porque esta es antes que nada una dirección de los apetitos, aunque suene extraño. A uno se le re direccionan los apetitos y lo que antes era múltiple se hace simple y uno.

Solo quiero rezar, quiero estar siempre en la Presencia de Dios, no quiero abandonar este estado de comunión… de distintas maneras se formulan estas cosas según cada quién y la circunstancia. Pero hay un llegar a una instancia de cambio, de un volcarse por entero, hay un deseo de abandonar la tibieza, es un llamado de lo extremo en cierto sentido.

Dios siempre es lo extremo. Recuerda que Jesucristo habló de negarse a si mismo, de dejarlo todo y de seguirlo. Ir, vender todo lo que se tiene, darlo a los pobres y seguirlo. No son medias tintas, son extremos aunque se reserve esa opción al que quiere ser perfecto.

La oración continua, el deseo y la decisión de orar sin cesar, implican un dejarlo todo, en el terreno de la mente. Es tan difícil dejar la mente como dejar las posesiones materiales. Pero puedo decirte que abandonar todo el oro del mundo no necesariamente te une al Señor, pero abandonar la mente te deja a merced de Su Gracia por completo.

Y cuidado, que me parece muy bien dejar las posesiones materiales, por supuesto; es un acto de gran valor y confianza en el Señor, ese poner los bienes en común que hacen los Monjes de ciertas órdenes, ese someter las posesiones al Abad o donarlas a la Iglesia o a la caridad; es muy bueno y de gran valor para los demás y para la propia edificación.

Pero puede que uno siga inquieto o preocupado o dividido o destemplado o que tenga recaídas de la avaricia y se lamente de lo hecho. Pero dejar la mente es dejarse a uno mismo en cuanto ego para siempre y totalmente. Es renunciar a existir como individuo separado de la voluntad Divina.

Y este entregarse brinda indecible contento, pero no es sencillo al principio llegar a ese estado interior, a esa morada del alma; porque dejar la mente es dejar lo que hemos creído ser. Nos parece que morimos y en realidad empezamos a vivir.

Antes que nada…¿qué es la mente?

Un incesante discurrir del pensamiento, como un arroyo interminable, como la vertiente de la cual bebemos aquí, un goteo incesante de las imágenes y de los anhelos plasmados en diálogos, en apetencias sin fin, en recuerdos e imaginaciones sin sentido; un ir y venir y volver a ir siempre para el mismo lado, para la construcción y sostenimiento de un ego que no quiere sino crecer y en la medida en que lo logra se aleja el alma del Señor y de sus enseñanzas y de su gracia vivificante.

Porque es el crecimiento de la búsqueda del placer corporal y mientras mas encadenado te encuentres al placer corporal, mas lejos estarás del reino espiritual. Y no te estoy hablando de producirse dolor o de negar los gozos naturales y legítimos, que colaboran con el crecimiento de la persona, sino del apego y de la vivencia como derivada del placer físico.

Porque no hay opción querido amigo; comes para mantener sano y vivo al cuerpo o comes para gozar del sabor de la comida. Duermes para reparación del cuerpo y para recargar tus baterías o duermes para encontrar el placer de la modorra y la pereza y la calidez de los humores.

El sexo; lo haces para la reproducción de la especie en sagrado vínculo o lo haces para saciar los instintos interminables de la genitalidad. Y así te va luego, de una dependencia a otra dependencia, de una relación trágica a otra y de una enfermedad a la otra.

La mente, es decir el pensamiento, también se ha pervertido desde el origen y en lugar de servir para organizar la experiencia en este mundo y participar activamente de la creación como colaboradores en ella, se ha transformado en herramienta de placer y de fuga, en vehículo de alienación, para el olvido de sí y de los demás.

¿Porque a que viene ese divagar de continuo recordando aquello o ese imaginar como será esa otra situación, sino para el deleite corporal?

Porque todo este ir y venir de la mente, siempre esta buscando la producción de sensaciones. El ir y venir con los movimientos y los desplazamientos físicos y el ir y venir con los pensamientos. Y te lo digo por experiencia.

¿Cuál es uno de los principales enemigos de la oración? El afán de movimiento, la sed de moverse para sentir.

Cuando intentaba recogerme en la celda en mis años de noviciado, principiaba a orar y en ocasiones me sentía unido al Señor y en otras no, pero siempre representaba cierto alivio el llamado al refectorio o a la oración comunitaria o el llamado a capítulo; porque implicaba librarme de la prisión de la quietud.

Porque el estarnos quietos nos pone en una situación muy difícil.

Nos hace evidentes las pulsiones, los anhelos, esos impulsos hacia aquí o hacia allá; nos hacemos conscientes de nuestro propio desasosiego, de nuestra falta de paz. Y esta falta de paz, siempre surge de un inconformismo, de una no aceptación, de un deseo.

Pero yendo a lo práctico y menos a lo explicativo, que a eso apuntaban las preguntas que me hiciste llegar; es necesario repetir El Santo Nombre conforme crece la inquietud y mientras mas me acosan los deseos de moverme mas repito El Santo Nombre.

Yo he descubierto que la clave en los inicios de la oración continua radica en no mover el cuerpo, aunque al principio sea algo como forzado. No hace falta mucho tiempo de esto, solo un poco.

Porque como te dije una vez, al inmovilizar el cuerpo se me hacen mas evidentes las pulsiones y los deseos de movimiento y entonces, al ver lo que sucede puedo orar con el Nombre de Jesucristo en oposición a los movimientos.

En lugar de mover el cuerpo, canalizo a través de un movimiento mental repitiendo El Nombre del Señor o la frase preferida de oración. Esto sirve para empezar a concentrar la mente y para acostumbrarla a mi manejo, a que se conduzca según mis intenciones y no conforme a sus desvaríos.

También la resonancia del Nombre de Jesucristo es la gracia que empieza a acrecentarse en nuestro corazón, porque nadie lo invoca sino es movido por el Santo Espíritu. Si repites el nombre, estás dando lugar al Espíritu, a su acción purificadora e inspiradora en ti.

Habrá toda una rebelión de los apetitos del movimiento, una pugna por salir de la cárcel de la quietud, una búsqueda desesperada por liberar las tensiones mediante el movimiento, corporal o mental.

Entonces, repetir el nombre pidiendo la gracia de la quietud del corazón, de la paz del espíritu. Porque lo que he vivido es que siempre que se repite la oración, esta sin embargo va adoptando tonalidades diferentes. Es como si a través de las mismas palabras, fuera sin embargo orando el corazón de acuerdo a su estado y necesidad.

¡Señor Jesucristo, hijo de Dios, ten piedad de mí! dice la mente y sin embargo el corazón grita…¡Líbrame Señor de la angustia! o ¡Dame la paz Señor! o ¡Enséñame a orar!…siempre esta el corazón diciendo algo mientras se repite la oración.

Si se persiste en mantener quieto al cuerpo y si se persiste en repetir con la mente la oración, calmadamente, sin prisas, en muy pocos minutos empieza a sentirse en el cuerpo una sensación muy diferente. Fijate que dije “en pocos minutos” no es necesario un tiempo prolongado para que pueda uno percibir algo de la gracia del Espíritu Santo.

Tiempo y paciencia hará falta para estabilizarse en Él, pero no para tener unas primeras experiencias, que ayudan mucho, porque evidencian que algo maravilloso existe en nuestro interior al alcance de la mano, que es cierto y no mera creencia que el Reino de Dios está en nuestro interior.

Te repito especialmente para tus amigos que preguntan y desean alcanzar la oración ininterrumpida, porque sin ese deseo vehemente no se puede lograr:

Inmovilizar el cuerpo en alguna postura atenta, que no permita el sueño, pero no incómoda en demasía; cómoda y relajada pero que dificulte dormir. Luego de esta inmovilización, acudir a la oración mental, a la repetición del Nombre o la oración que se prefiera, pero sin prisa y sin pausa. Al darse cuenta de que se está divagando, solo volver a la oración sin reproches. Persistir en esto un rato apenas y se comenzará a sentir de una forma no habitual el cuerpo, de una forma que podría decirse…dormido pero despierto, en calma, muy sereno el cuerpo con una suave vibración…y la mente que empieza a irse sin dificultad hacia ese nuevo sentir, repitiendo sin embargo la oración.

Son las primeras señales del Espíritu Santo, un tono diferente de sensación en las manos, en el rostro y a la vez, la presencia del corazón latiendo suave, como si moviera los músculos del pecho, pero sin molestar, como acompañando todo esto.

Ya solo sentir esto va a permitir que el que se inicia sienta el gusto por la oración del corazón, la gracia que en ella se esconde o mejor dicho, lo que tenemos en el interior, la perla preciosa, que no se nos revela por el ruido mental y corporal en que vivimos. ¿Parece demasiado fácil?

Lo que pasa es que nadie se queda quieto y nadie desde esa quietud, Lo invoca. Porque rezar se reza mucho, en medio de la dispersión y la divagación y las ansias por que se concedan ciertos pedidos fruto del deseo personal…

Luego de un tiempo, ya no se puede estar sin la oración, en la vida cotidiana y de pautar para ello especialmente momentos de quietud, se hace el mejor de los hábitos que se pueden tener.

Y esta tranquilidad del alma, se traslada a lo cotidiano, afrontando sin temor situaciones diversas que antes nos preocupaban o alteraban. Empieza a construirse una nueva morfología de la propia vida, donde construyo y miro desde el corazón profundo, desde esa plácida posada donde vive El  Señor de la Misericordia.

elsantonombre.org

Publicado por Ed. Narcea en

“Dios habla en la soledad”

 

Las Cautelas

Grafía de San Juan de La Cruz
Grafía de San Juan de La Cruz

INSTRUCCIÓN Y CAUTELAS

1. El alma que quiere llegar en breve al santo recogimiento, silencio espiritual, desnudez y pobreza de espíritu, donde se goza el pacífico refrigerio del Espíritu Santo, y se alcanza unidad con Dios, y librarse de los impedimentos de toda criatura de este mundo, y defenderse de las astucias y engaños del demonio, y libertarse de si mismo, tiene necesidad de ejercitar los documentos siguientes, advirtiendo que todos los daños que el alma recibe nacen de los enemigos ya dichos, que son: mundo, demonio y carne.

2. El mundo es el enemigo menos dificultoso: el demonio es más oscuro de entender; pero la carne es más tenaz que todos, y duran sus acometimientos mientras dura el hombre viejo.

3. Para vencer a uno de estos enemigos es menester vencerlos a todos tres; y enflaquecido uno, se enflaquecen los otros dos, y vencidos todos tres, no le queda al alma más guerra.

CONTRA EL MUNDO

4. Para librarte perfectamente del daño que te puede hacer el mundo, has de usar de tres cautelas.

Primera cautela.

5. La primera es que acerca de todas las personas tengas igualdad de amor e igualdad de olvido, ahora sean deudos ahora no, quitando el corazón de éstos tanto como de aquéllos y aun en alguna manera más de parientes, por el temor de que la carne y sangre no se avive con el amor natural que entre los deudos siempre vive, el cual conviene mortificar para la perfección espiritual. Tenlos todos como por extraños, y de esa manera cumples mejor con ellos que poniendo la afición que debes a Dios en ellos.

6. No ames a una persona más que a otra, que errarás; porque aquel es digno de más amor que Dios ama más, y no sabes tú a cuál ama Dios más. Pero olvidándolos tú igualmente a todos, según te conviene para el santo recogimiento, te librarás del yerro de más y menos en ellos.

No pienses nada de ellos, no trates nada de ellos, ni bienes ni males, y huye de ellos cuanto buenamente pudieres, y si esto no guardas, no sabrás ser religioso, ni podrás llegar al santo recogimiento ni librarte de las imperfecciones. Y si en esto te quisieres dar alguna licencia, o en uno o en otro te engañará el demonio, o tú a ti mismo, con algún color de bien o de mal.

En hacer esto hay seguridad, y de otra manera no te podrás librar de las imperfecciones y daños que saca el alma de las criaturas.

Segunda cautela.

7. La segunda cautela contra el mundo es acerca de los bienes temporales; en lo cual es menester, para librarse de veras de los daños de este género y templar la demasía del apetito, aborrecer toda manera de poseer y ningún cuidado le dejes tener acerca de ello: no de comida, no de vestido ni de otra cosa criada, ni del día de mañana, empleando ese cuidado en otra cosa más alta, que es en buscar el reino de Dios, esto es, en no faltar a Dios; que lo demás, como Su Majestad dice, nos será añadido (Mt. 6, 33), pues no ha de olvidarse de ti el que tiene cuidado de las bestias. Con esto adquirirás silencio y paz en los sentidos.

Tercera cautela.

8. La tercera cautela es muy necesaria para que te sepas guardar en el convento de todo daño acerca de los religiosos; la cual, por no la tener muchos, no solamente perdieron la paz y bien de su alma, pero vinieron y vienen ordinariamente a dar en grandes males y pecados. Esta es que guardes con toda guarda de poner el pensamiento y menos la palabra en lo que pasa en la comunidad; qué sea o haya sido ni de algún religioso en particular, no de su condición, no de su trato, no de sus cosas, aunque más graves sean, ni con color de celo ni de remedio, sino a quien de derecho conviene, decirlo a su tiempo; y jamás te escandalices ni maravilles de cosas que veas ni entiendas, procurando tú guardar tu alma en el olvido de todo aquello.

9. Porque si quieres mirar en algo, aunque vivas entre ángeles, te parecerán muchas cosas no bien, por no entender tú la sustancia de ellas. Para lo cual toma ejemplo en la mujer de Lot (Gn. 19, 26), que porque se alteró en la perdición de los sodomitas volviendo la cabeza a mirar atrás, la castigó el Señor volviéndola en estatua y piedra de sal. Para que entiendas que, aunque vivas entre demonios, quiere Dios que de tal manera vivas entre ellos que ni vuelvas la cabeza del pensamiento a sus cosas, sino que las dejes totalmente, procúranlo tú traer tu alma pura y entera en Dios, sin que un pensamiento de eso ni de esotro te lo estorbe.

Y para esto ten por averiguado que en los conventos y comunidades nunca ha de faltar algo en qué tropezar, pues nunca faltan demonios que procuren derribar los santos, y Dios lo permite para ejercitarlos y probarlos.

Y, si tú no te guardas, como está dicho, como si no estuvieses en casa, no sabrás ser religioso, aunque más hagas, ni llegar a la santa desnudez y recogimiento, ni librarte de lo daños que hay en esto; porque no lo haciendo así, aunque más buen fin y celo lleves, en uno en otro te cogerá el demonio y harto cogido estás cuando ya das lugar a distraer el alma en algo de ello; y acuérdate de lo que dice el apóstol Santiago: Si alguno piensa que es religioso no refrenando su lengua, la religión de éste vana es (1, 26). Lo cual se entiende no menos de la lengua interior que de la exterior.

CONTRA EL DEMONIO

10. De otras tres cautelas debe usar el que aspira a la perfección para librarse del demonio, su segundo enemigo. Para lo cual has de advertir que, entre las muchas astucias de que el demonio usa para engañar a los espírituales, la más ordinaria es engañarlos debajo de especie de bien y no debajo de especie de mal; porque sabe que el mal conocido apenas lo tomarán. Y así siempre te has de recelar de lo que parece bueno, mayormente cuando no interviene obediencia. La sanidad de esto es el consejo de quien le debes tomar.

Primera cautela.

11. Sea la primera cautela que jamás, fuera de lo que de orden estás obligado, te muevas a cosa, por buena que parezca y llena de caridad, ahora para ti, ahora para otro cualquiera de dentro y fuera de casa, sin orden, de obediencia. Ganarás en esto mérito y seguridad: excúsaste de propiedad y huyes el daño y daños que no sabes, que te pedirá Dios en su tiempo, y si esto no guardas en lo poco y en lo mucho, aunque más te parezca que aciertas, no podrás dejar de ser engañado del demonio o en poco o en mucho. Aunque no sea más que no regirte en todo por obediencia, ya yerras culpablemente, pues Dios más quiere obediencia que sacrificios (1 Re. 15, 22), y las acciones del religioso no son suyas, sino de la obediencia, y si las sacare de ella, se las pedirán como perdidas.

Segunda cautela.

12. La segunda cautela sea que jamás mires al prelado con menos ojos que a Dios, sea el prelado que fuere, pues le tienes en su lugar; y advierte que el demonio mete mucho aquí la mano. Mirando así al prelado es grande la ganancia y aprovechamiento, y sin esto grande la pérdida y el daño. Y así con grande vigilancia vela en que no mires en su condición, ni en su modo, ni en su traza, ni en otras maneras de proceder suyas; porque te harás tanto daño que vendrás a trocar la obediencia de divina en humana, moviéndote no te moviendo sólo por los modos que ves visibles en el prelado, y no por Dios invisible, a quien sirves en él. Y será tu obediencia vana o tanto más infructuosa cuanto más tú, por la adversa condición del prelado, te agravas o por la buena condición te aligeras. Porque dígote que mirar en estos modos a grande multitud de religiosos tiene arruinados en la perfección, y sus obediencias son de muy poco valor delante de los ojos de Dios, por haberlos ellos puesto en estas cosas acerca de la obediencia.

Si esto no haces con fuerza, de manera que vengas a que no se te dé más que sea prelado uno que otro, por lo que a tu particular sentimiento toca, en ninguna manera podrás ser espiritual ni guardar bien tus votos.

Tercera cautela.

13. La tercera cautela, derechamente contra el demonio, es que de corazón procures siempre humillarte en la palabra y en la obra, holgándote del bien de los otros como del de ti mismo y queriendo que los antepongan a ti en todas las cosas, y esto con verdadero corazón. Y de esta manera vencerás en el bien el mal (Rm. 12, 21), y echarás lejos el demonio y traerás alegría de corazón Y esto procura ejercitar más en los que menos te caen en gracia. Y sábete que si así no lo ejercitas, no llegarás a la verdadera caridad ni aprovecharás en ella.

Y seas siempre más amigo de ser enseñado de todos que querer enseñar aun al que es menos que todos.

CONTRA SÍ MISMO Y SAGACIDAD DE SU SENSUALIDAD

14. De otras tres cautelas ha de usar el que se ha de vencer a si mismo y su sensualidad, su tercer enemigo.

Primera cautela.

15. La primera cautela sea que entiendas que no has venido al convento sino a que todos te labren y ejerciten. Y así, para librarte de todas las turbaciones e imperfecciones se te pueden ofrecer acerca de las condiciones y trato de los religiosos y sacar provecho de todo acaecimiento, conviene que pienses que todos son oficiales que están en el convento para ejercitarte, como a la ver dad lo son, y que unos te han de labrar de palabra, otros de obra, otros de pensamientos contra ti, y que en todo esto tú has de estar sujeto, como la imagen lo está ya al que la labra, ya al que la pinta, ya al que la dora.

Y si esto no guardas, no sabrás vencer tu sensualidad y sentimientos, ni sabrás haberte bien en el convento con los religiosos, ni alcanzarás la santa paz, ni te librarás de muchos tropiezos y males.

Segunda cautela.

16. La segunda cautela es que jamás dejes de hacer las obras por la falta de gusto o sabor que en ellas hallares, si conviene al servicio de Dios que ellas se hagan. Ni las hagas por solo el sabor y gusto que te dieren sino conviene hacerlas tanto como las desabridas, porque sin esto es imposible que ganes constancia y que venzas tu flaqueza.

Tercera cautela.

17. La tercera cautela sea que nunca en los ejercicios el varón espiritual ha de poner los ojos en lo sabroso de ellos para asirse de ello y por sólo aquello hacer los tales ejercicios, ni ha de huir lo amargo de ellos, antes ha de buscar lo desabrido y trabajoso de ellos y abrazarlo, con lo cual se pone freno a la sensualidad. Porque de otra manera, ni perderás el amor propio ni ganarás amor de Dios.

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San Juan de la Cruz

Regla “Primitiva” del Carmelo

del carmen

Virgen del Carmen

 

Regla “Primitiva” de la Orden

de la Bienaventurada Virgen María del monte Carmelo

  1. Alberto, llamado a ser Patriarca de la Iglesia de Jerusalén por la gracia de Dios, a los amados hijos en Cristo Brocardo  y demás ermitaños, que viven bajo su obediencia junto a la fuente de Elías, en el Monte Carmelo, salud en el Señor y bendición del Espíritu Santo.

 2. En distintas ocasiones y de muchas maneras (cf Hb 1,1) los santos Padres dejaron establecido el modo cómo cada uno (sea cual fuere su estado o el género de vida religiosa que abrazó) ha de vivir “en obsequio” de Jesucristo (cf 2Co 10,5), sirviéndole lealmente con corazón puro y buena conciencia (cf 1Tm 1,5). Pero, como nos pedís que os demos una fórmula de vida adecuada a vuestro proyecto común, para guardarla obligatoriamente en lo sucesivo:

Prior y vínculos sagrados

3. Disponemos, en primer lugar, que tengáis a uno de vosotros como prior; el cual será elegido para el cargo por unanimidad o, al menos, por acuerdo de la mayoría más grave. A él prometerá obediencia cada uno de los demás y tratará de cumplirla de veras con las obras (cf Jn 3,18), acompañando ese compromiso con los de castidad y renuncia a la propiedad.

Lugares para vuestra residencia

4. Podréis estableceros en los desiertos o en otros lugares que se os donaren y sean del todo idóneos para la observancia de vuestra vida religiosa, según lo juzguen conveniente el prior y los hermanos.

Celdas de los hermanos

5. Además, en vista de la situación del lugar escogido para residencia, tenga cada uno de vosotros celda individual y separada, que le habrá asignado el prior mismo, con la anuencia de los otros hermanos o de los más graves.

Mesa común

6. Haced esto, sin embargo, de manera que toméis en un refectorio común los alimentos que os repartieren, mientras escucháis juntos algún fragmento de la Sagrada Escritura, cuando pueda efectuarse sin dificultad.

Autoridad del prior

7. A ningún hermano le estará permitido, sin la licencia del prior que hubiere por entonces, mudarse de celda asignada, ni intercambiarla por otra.

   La celda del prior estará a la entrada del lugar de residencia, para que sea él quien primero reciba a los visitantes, y disponga luego, a discreción, cuanto se haya de hacer.

Oración continua

8. Permanezca cada uno en su celda, o en las proximidades, meditando día y noche la ley del Señor (cfr 1P 4,7), a no ser que se halle justificadamente ocupado en otros quehaceres.

Liturgia de las horas

9. Los que saben rezar las horas canónicas con los clérigos, las recitarán conforme a las disposiciones de los santos Padres y a la costumbre legítima de la Iglesia. Los que no sepan, dirán veinticinco padrenuestros por maitines, excepto los domingos y solemnidades, en cuyo oficio de vigilia mandamos duplicar ese número, de manera que se repita la oración dominical cincuenta veces. Se dirán siete padrenuestros en las laudes de la mañana, así como en las restantes horas, menos vísperas, en que deben rezarse quince.

Renuncia a la propiedad y comunidad de bienes

10. Ningún hermano considerará nada como suyo propio. Tenedlo todo en común (cf Hch 4,32; 2,44). El prior, por medio del hermano que haya designado para ese oficio, distribuirá a cada uno cuanto le haga falta (cf Hch 4,35), atendiendo a la edad y a las necesidades personales.

Lícita posesión de algunos bienes en común

11. Se os autoriza la posesión de asnos o mulos, en la medida de lo preciso, así como la cría de algunos animales o aves.

Oratorio para el culto divino

12. Construid, si ello es posible sin mayor incomodidad, en medio de las celdas el oratorio, donde habéis de reuniros cada mañana para participar en la celebración de la misa, cuando resulte fácil en la práctica.

Colación de tema espiritual y corrección fraterna

13. Asimismo los domingos u otros días, si fuere menester, tened juntos una colación sobre la observancia en la vida común y la salvación de las almas. En este encuentro se corregirán también con caridad las faltas y culpas de los hermanos, de haberlas en alguno.

Ayuno

14. Guardad ayuno todos los días, menos los domingos, desde la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz hasta el día de la Resurrección del Señor, a no ser que la enfermedad o debilidad física u otra causa razonable aconseje su dispensa, pues la necesidad no está sujeta a ley.

Abstinencia

15. Observad la abstinencia de carne, a menos que la toméis como remedio en caso de enfermedad o debilidad. Y ya que, debido a los viajes, tenéis que mendigar a menudo vuestro sustento, fuera de casa podréis comer legumbres preparadas con carne, a fin de ahorrar molestias a quien os dé hospedaje. Pero queda autorizada la comida de carne en las travesías.

Armas para el combate espiritual

16. Puesto que la vida del hombre en este mundo es tiempo de prueba (cf Jb 7,1), y todo el que se propone vivir como buen cristiano sufre persecución (cf 2Tm 3,12), y vuestro enemigo, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar (cf 1P 5,8), procurad con toda solicitud poneros las armas que Dios os da para poder resistir a las estratagemas del diablo (cf Ef 6,11).

   Abrochaos el ceñidor de la castidad (cf Ef 6,14). Protegeos con el peto de piadosas consideraciones, pues escrito está: “El pensamiento santo te guardará” (Pr 2,11,según los LXX). Por coraza vestíos la justicia (cf Ef 6,14), a fin de amar al Señor, vuestro Dios, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas (cf Dt 6,5), y al prójimo como a vosotros mismos.

   Tened siempre embrazado el escudo de la fe, que os permitirá apagar las flechas incendiarias del malo (cf Ef 6,16); pues sin fe es imposible agradar a Dios (cf Hb 11,6). Tomad por casco la salvación (cf Ef 6,17), confiando en el único Salvador que libera a su pueblo de los pecados (cf Mt 1,21).

   Que la espada del Espíritu, toda palabra de Dios (cf Ef 6,17), os pueble colmadamente (cf Col 3,16) los labios y el corazón (cf Rm 10,8). Y cuanto hagáis, realizadlo por la palabra del Señor (cf Col 3,17; 1Co 10,31).

Laboriosidad

17. Empleaos en algún trabajo, para que el diablo os halle siempre ocupados; no sea que, por culpa de la ociosidad, descubra el maligno brecha por donde penetrar en vuestras almas. Tenéis a propósito la enseñanza, así como el ejemplo del apóstol san Pablo, por el que hablaba Cristo (cf 2Co 13,3), y al que Dios nombró pregonero y maestro para predicar a los paganos la fe y la verdad (cf 1Tm 2,7). Si lo seguís, imposible equivocaros. Escribe él: “No vivimos entre vosotros sin trabajar, sino que trabajamos y nos cansamos día y noche, a fin de no ser carga para nadie. No es que no tuviésemos derecho para hacerlo, pero quisimos daros un ejemplo que imitar. Cuando vivimos con vosotros, os lo mandamos: ‘El que no trabaja, que no coma’. Porque nos hemos enterado de que algunos viven sin trabajar, muy ocupados en no hacer nada. Pues a esos les mandamos y recomendamos, por el Señor Jesucristo, que trabajen con tranquilidad para ganarse el pan” (cf 2Ts 3,7-12). Este es un buen camino de santidad: ¡a recorrerlo! (cf Is 30,21).

Práctica del silencio

18. Valora el Apóstol el silencio, por el hecho de imponerlo en el trabajo (cf 2Ts 3,12). Y como afirma el Profeta: Obra de la justicia es el silencio (cf Is 32,17). Y en otro lugar: “Vuestra fuerza estriba en callar y confiar” (Is 30,15). Por tanto, ordenamos que guardéis silencio desde la terminación de completas hasta después del rezo de prima del día siguiente. Fuera de este tiempo, aunque la práctica del silencio no sea tan estricta, evitad cuidadosamente la charlatanería; pues, como enseña la Escritura y lo abona la experiencia: “En el mucho hablar no faltará pecado” (Pr 10,199. Y: “Quien suelta los labios, marcha a la ruina” (Pr 13,3). Y también: “El locuaz se hace odioso” (Si 20,8). El Señor, a su vez, advierte en el Evangelio: “De toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del juicio” (Mt 12,36). Por consiguiente, que cada uno haga balanza y pesas para sus palabras, y puerta y cerrojo para su boca (no sea que resbale a causa de la lengua y caiga, y su caída resulte mortal sin remedio) (cf Si 28,29-30), vigilando su proceder, conforme al aviso del Profeta, a fin de que no se le vaya la lengua (cf Sal 38,2). Que cada cual se afane con todos sus cinco sentidos por guardar el silencio, obra de la justicia (cf Is 32,17).

Humilde servicio de autoridad

19. Tú, hermano Brocardo, y cualquiera que te suceda en el cargo de prior, recordad siempre y poned puntualmente por obra la máxima del Señor en el Evangelio: “El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo” (Mt 20,26-27; cf Mc 10,43-44).

Obediencia obsequiosa al prior

20. Por vuestra parte, los demás hermanos, tratad con deferencia y humildad a vuestro prior, fijándoos, más que en su persona, en la de Cristo, que os lo puso como superior, y que afirma a propósito de los pastores de la Iglesia: “Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza” (Lc 10,16). Hacedlo así, para que no os condenen en el juicio por menosprecio de la autoridad; antes bien, os recompensen con la vida eterna, en pago de vuestra obediencia.

Conclusión

21. En las breves páginas de este escrito os dictamos la norma de vida, a la que habéis de ajustar vuestra conducta. Si alguno rebasare el estricto cumplimiento de la misma, el Señor, a su vuelta, se lo retribuirá. Procédase, sin embargo, con discreción, ya que ella atempera la práctica de las virtudes.

DADA POR SAN ALBERTO, PATRIARCA DE JERUSALEN,
 Y CONFIRMADA POR INOCENCIO IV

Texto extraído de:

OCD

Sobre las religiones y la iluminación

Icono de Juan, el bautista

La ciudad estaba bulliciosa, como casi siempre. Llegué a  su casa cerca de las  seis de la tarde el día antes del retiro. Me convidó  café y masitas.  Al rato llegó Pedro. Charlamos lindo los tres junto al hogar, en el estudio vidriado pero  hermético. Me sentía dentro de  una ermita urbana, recluido y protegido en medio  del caos.

He apelado a la memoria y a breves notas para transmitirles aunque sea lo esencial de lo hablado. Sin distinguir quién dice una cosa o la otra.  Creo que eso puede llevar la atención a lo hablado prescindiendo  del autor específico y los condicionamientos que de eso resultarían.

En este diálogo creo que se hallan ciertas claves y que puede servir para  lo cotidiano; más aún en  estos momentos difíciles, cuando ya no se sabe que rumbo tomará la sociedad humana.

Diálogo:

–          Todas las religiones me parecen muy valiosas. Esto me hace acordar a una frase de un cuento; “un río va adoptando diferentes nombres, utilidades y significación, según el país por el que pase, pero es el mismo río en realidad” o algo así.

–          Está buena.

–          Si. Cada sistema de búsqueda de la sensación de lo divino, al final creo que eso es cada religión, se adapta a diferentes necesidades.  Y hoy en día, también están más mezcladas y menos organizadas, porque así están las personas. Se viaja mucho, se migra mucho y eso ha pasado también con las creencias y los rituales.

–          Si, es muy interesante lo que está pasando.

–          El cristianismo, mi religión de nacimiento, es muy admirable pese a cualquier desfiguración que después haya sufrido. Es la única religión que conozco que tiene como símbolo principal a la muerte, a la figura de un ser humano muerto o según qué lado de la fe se mire, a su Dios vencido, muerto también.

–          Bueno, pero después resucita, triunfa.

–          Claro, pero el símbolo no es el triunfo, sino el fracaso, la muerte,  la derrota frente a los enemigos, la coherencia mas allá de la conveniencia. Cristo no era un pragmático, sino un ejemplo de absoluta coherencia. El que decía que había que poner la otra mejilla se deja matar aún teniendo la capacidad de evitarlo.

–          Sí. es un jeroglífico para mí, desentrañar lo histórico acontecido, lo significativo, lo verdadero de lo falso, lo que se quiso decir, como se lo ha traducido… ¿Qué se yo?

–          Lo que tienes que atender, me parece a mí, no es la precisión histórica, sino lo que produce en el fiel creyente, de que sirve en la evolución humana y si facilita o no en lo personal el contacto con lo sagrado. O, por lo menos, con la sensación de lo sagrado, sin entrar a discutir lo sagrado en sí mismo.

–          Pero buenas macanas se han mandado también en nombre de Cristo.

–          No, estamos hablando de una religión que nació, el sistema de creencias que generó y lo que esto fue produciendo.  La violencia y la eliminación violenta del que se opone a los propios fines, no deriva del sistema de creencias cristiano sino que viene de antes, de mucho antes, derivado de un modo primitivo que tenemos de funcionar, casi reflejo, automático; mas o menos que lo que no podemos integrar, lo que no podemos aceptar dentro de nuestra realidad, lo eliminamos, lo matamos.  Creemos que de ese modo lo que nos molesta desaparece; pero no es así.

–          A ver, explicame mas que no me cierra.

–          Claro. Suponte que soy un difusor de la enseñanza de Cristo. Alguien anda en mi pueblo diciendo que Cristo no existió o que su enseñanza no sirve. Ese sujeto que anda diciendo eso me molesta, porque refleja mis propias dudas. Entonces lo mato, creyendo que así se va a apaciguar la duda en mí. Por cierto que esto se hace sin esta conciencia interior. Si el creyente cree en Cristo y lo que enseñó , con fe firme, la presencia de un detractor no le hace mella, en todo caso acrecentaría su acción difusora del evangelio, rezaría mas frecuentemente, no genera una inquisición.  Los inquisidores por caso, eran enamorados del poder, de su status quo, ni profundizaron lo que decía Cristo.

–          Comprendo tu punto de vista, pero no me convence del todo.

–          ¡Entonces te mataré! ja, ja.

–          ¡No se pueden creer las cosas que pasan!

–          Pero volviendo al tema; el cristianismo pone de frente al tema de la muerte y afirma la existencia de la trascendencia, de que se puede superar. Establece al amor  como la llave que abre todas las puertas, amor a Dios, a los demás como a uno mismo, a los enemigos. También dice que no hay que desvelarse por lo terrenal, que eso está dispensado por la providencia, sino que hay que trabajar por lo celestial, para liberarse de lo de aquí y conquistar el más allá. Y pone un modelo de conducta que es JesuCristo, modelo arquetípico a imitar. ¿Lo ves? Si abstraes las contingencias, es una hermosa religión.

–          Pero lo ves muy parcial.

–          Es lo que a mí me hace seguir sintiendo admiración por esa forma.

–          Y ¿Qué haces con lo que vino después?

–          Todo muy bien, el río fluye y va llegando a distintos campos. Sin Lutero el mensaje de Cristo no se hubiera difundido por ciertas regiones. Y cada nueva división adapta las cosas y por esa adaptación, fluye hacia otra gente que no hubiera aceptado la versión original. La verdad es una y no es cristiana ni nada. Esta verdad va regándose de distinta manera. Imaginate la contribución cristiana en el campo de lo solidario, de la compasión. Fijate la aportación budista en cuanto a la comprensión de lo sicológico, del mecanismo del sufrimiento y del deseo. Extraordinaria la cuestión hindú con la meditación y con el yoga  y la necesidad de lo ascético. Los sufíes o el islam con el tema de la sumisión a Dios y la normativa que une lo religioso con todas las áreas posibles de la vida…es genial, me parece magistral como se van formando cosas para cada tipo de persona y situación.

–          Si, la verdad que planteado así, es distinto el tema.

–          Extraordinarios me parecen los sufíes con eso de la Faná que vendría a ser la aniquilación total de la personalidad en Dios.

–          Bueno, ellos siempre estuvieron un poco en los bordes de la ortodoxia, siempre vistos como excéntricos por la jerarquía institucional; quizás tenga que ver con la sumisión al maestro, al sheik de cada cual…que rivalice con la autoridad del califa o el ayatollah…

–          Tal vez hayan influido algo sus técnicas sicofísicas de entrenamiento del ser; cada orden con su método, parecen cobijados en el Islam pero haciendo la suya.

–          ¡Son formidables! Todo un sistema de enseñanza transmitido oralmente y con cuentos y leyendas bellísimos.

–          Bueno, el asunto, dicen ellos; no es lo que el cuento dice sino lo que provoca en el lector. Algo así como una modificación interior no perceptible inmediatamente.

–           Ja, Ja, ¡el antecedente de los subliminal!

–          No, es que parece que estas leyendas breves te mueven resortes del alma, engranajes de la mente y vos con eso irías cambiando.

–          Algunas de sus danzas, si te enseñan a leerlas, muestran el funcionamiento del universo, algo así como la sinfonía de las esferas.

–          Vivían en una humildad profunda y se dice que existen todavía grupos que la mantienen. ¿Vos sabés, que humildad viene de humus, que significa fértil? Esta condición de humilde ellos la llevaban al extremo, viviendo descalzos y comiendo lo mínimo, durmiendo en el piso…

–          Es una cosa pariente o vinculada con toda una tendencia ascética que se manifestó en el Sinaí y en el desierto de Scete, con estos monjes cristianos del desierto; que vivían en cuevas, comiendo lo que hallaban, en total desamparo humano, entregados a su fe en la providencia divina…pese a los rigores vivían en total iluminación y gozo y hasta eran longevos.

–          Si, toda una controversia con eso. Aunque lo más probable es que tanto los monjes anacoretas cristianos como los sufíes hayan tenido influencia desde la India, con los eremitas y mendicantes, que hace como cinco mil años ya practicaban los rigores ascético místicos.  Se cree, que se apoyaban en antiguos escritos, como los Vedas.

–          Sí, hay toda una cosa en común con esto de la prescindencia de lo superfluo, la tiene Buda que lo promueve también y luego JesuCristo que parece haber sido capacitado por los Esenios…

–          ¡Ah! formidables, me encantan ellos, tan organizados y parcos. Admiro esa imagen de las túnicas blancas entonando himnos al sol del crepúsculo, en pleno desierto yermo, separados los sexos por una pared alta pero sin techo, para poder cantar en comunión.

–          Bueno, se dice que esos tipos aprendieron en antiguo Egipto, que mamaron en la “prisca religio” o primera religión y que Moisés habría sido un alumno aventajado de esa escuela espiritual. Parece que luego dispersaban a los mas capacitados en distintos puntos y épocas, como parte de un plan mayor…

–          Claro, como si fueran proyectos y cuestiones a largo plazo. Si, conozco esa hipótesis.

–          Pero existe un buen número de historiadores, que hacen nacer todo, incluso a los sabios del antiguo Egipto, de los indoeuropeos.  Es decir, que los colonizadores de la India, estos indoeuropeos, creadores del sánscrito habrían fecundado todas estas regiones  con su particular sabiduría evolutiva.

–          Para mi esta es la más confiable, por más sabio que haya sido Akenatón; creo que era él un venido de allá o un iniciado de estos indos tan polifacéticos. Incluso dicen los que saben, que ellos habrían creado las castas como un modo de organización social estratificado y de distribución inteligente de las funciones.

–          Parecen ser la raíz de todas las lenguas importantes. Es lo que más me maravilla. No solo que sean el origen de la vía iluminativa mediante ascética prescindente de secundariedades, sino que hayan sido formadores del lenguaje. ¡Es increíble!, vos fíjate que encontrás raíces comunes en las palabras de todas estas lenguas regionales y de las lenguas europeas actuales.

–          Si, cuando reviso etimologías me quedo de una pieza, por la coherencia profunda del lenguaje. Es como si el idioma fuera un manual de profundidad esotérica, donde se revelan a quién se toma la molestia de investigar, los secretos del mundo.

–          Si, mucha esencialidad queda a la vista si te fijas en el significado de las palabras.

–          A mi modo de ver, más que una escuela ascética, estos señores vienen a ser fundadores de lo humano; constructores de la especie propiamente. Date cuenta que crear el lenguaje es crear el pensamiento. Esos tipos nos hicieron la forma de la mente, crearon los conceptos con los que organizamos posteriormente la experiencia…son de otro mundo, de otro plano, no sé, pero es monumental lo que han hecho.

–          Lenguaje y pensamiento son lo mismo.

–          Y más o menos.

–          Volviendo un poco… del laboratorio místico gnóstico evolutivo de los esenios sale el cristianismo, como una forma de hacer progresar al judaísmo. Divergencia planificada.

–          Parece que sí. La división es en realidad un modo de reproducción, igual que la división celular, hacemos lo que somos, externalizamos la conformación interna.

–          En el Judaísmo, todo un sistema inteligente de evolucionar pueblos es alimentado por un compacto grupo de kabalistas antiguos, predecesores lejanos de los Pitagóricos… tenían un método de comprensión de lo real; eso es la kábala. Una forma de ordenar la experiencia de la existencia.

–          Fueron ellos los que hacían el maná que permitió al pueblo hebreo vivir en el desierto, una especie de concentrado vitamínico.

–          Son los que arman los mandamientos como constitución básica para ordenar un poco la cosa que era un caos total.

–          Si, lo charlamos una vez con Lorenzo, eso de que prescriben no fornicar por un tema de salubridad debido al  problema que tenían con las venéreas…

–          Como mentes estratégicas intentando ayudar a los asnos.

–          Por eso te decía el otro día, que detrás de cada gran cisma religioso ha habido un aumento intencional de la superficie de contacto; aumentas el público para tu producto al diversificar la oferta.

–          Claro, tenemos la versión light, la fortificada etc.

–          Exacto.

–          Hoy hay muchos más creyentes en Cristo y su mensaje que si esta religión nunca se hubiera dividido. Lutero, Zwinglio, Calvino, todos ayudan a difundir el mensaje básico.

–          ¿Vos decís que hasta Mahoma fue un fundador planificado?

–          No lo sé, pero lo parece. Posiblemente una mejora del cristianismo en esa época y lugar. Fíjate, hoy en día los musulmanes rezan cinco veces al día y masivamente. Los cristianos, una vez a la semana, con menos fervor y en menor número.

–          Si pero nos fuimos de tema.

–          Creo más bien que entramos en el tema.

–          Lo que pasa que yo quería preguntarte como veías el tema del fundamento de lo ascético, de ese ir prescindiendo, dejando todo de lado, que parecen haber practicado todos los grupos con conocimiento. Sócrates, Pitágoras, los discípulos de Akenatón, los tibetanos, los brahmanes, los monjes sirios mas extremos…

–          Si tuvieras que formular la pregunta, sintéticamente, ¿como la harías?

–           Te diría…¿cómo iluminarse? Te preguntaría. Porque todas las ascesis y metodologías son para eso ¿no? Como para fincar en un estado interno que te permita darte cuenta como son las cosas.  Porque es como si estuviéramos en la ilusión y hubiera que despejarla, liberarse.

–          Bueno, el retiro está apuntando precisamente a eso, pero a ver:  El cuerpo tiene sus intereses, porque es un hardware con cierto software instalado, cierto sistema operativo que lo hace funcionar en un sentido…

–          ¿O sea?

–          El cuerpo quiere sobrevivir y reproducirse, nada más. Tiene un programa residente que sirve a eso, que esta como subsidiario, en la RAM, que le indica que esto de reproducirse y sobrevivir lo haga con el menor esfuerzo posible, con el menor gasto de energía.  Es como un chip de aprendizaje. Es la clave de la evolución de la especie. Esto de ir gastando cada vez menos a fin de usar el sobrante de energía para otra cosa.

–          Si, entiendo.

–          La mente, un delicado hardware con software desarrollado de a poco y todavía en versión beta, es sobre todo un intento del cuerpo de optimizar todo el asunto. Se trata de usar acumulación de información, memoria, anticipación de reacciones, clasificación, categorización de vivencias. Imaginá que a tu PC le creciera una placa aceleradora, se le agregara RAM…la mente es un reflejo virtual del funcionamiento orgánico y a la vez una función mejorada. Es como lo que ves en el monitor.  En ningún lado de tu computadora hay carpetitas e iconos y fotos…hay impulsos eléctricos que se discontinúan y según esas discontinuidades son leídas por el procesador, te va presentando las cosas de modo gráfico, ordenadamente y vos podés operar mejor las cosas. Acordáte cuando el D.O.S, había que poner delete all o delete *.*.

Ahora agarras el documento y lo llevas a la papelera. Pero es lo mismo que el delete antiguo solo que virtualmente más operativo, funcionalizado.

–          Sí, claro.

–          Bueno, todo el problema del despertar y de la iluminación, es darse cuenta que uno no es el cuerpo y que no es la mente. Uno no es la CPU y tampoco lo que se ve en el monitor.

–          O sea…

–          Espera, sin apuro, entiende bien la cosa. Hay un físico y un físico virtual. La mente deriva, se asienta en lo físico. Sin cerebro no hay mente, pero vos no sos ni lo uno ni lo otro. Y esto, cuando lo explicas, enseguida te dicen…sí, sí, claro…pero no es tan sencillo.  La mayoría de las personas vive identificada con el cuerpo o con la mente. Cuando se dice “quiero comer” es el cuerpo que quiere. No uno mismo. Cuando se dice “quiero entender” es la mente que quiere, no uno mismo.

–          Lo que pasa es que si no soy eso, no me encuentro, no tengo sensación que no sea mental o física.

–          Ahí está el tema, sentir lo que uno es. Ser. ¿Quién soy? Cuando preguntas quién, es una abstracción de lo mental, estas en la misma situación. Hay un modo de estar que se puede vivenciar, una manera de mirar te diría.

–          ¿Dices que soy el operador de la computadora? ¿No soy el hardware ni el software sino el que esta tecleando sentado?

–          ¡En absoluto! ¡De ninguna manera! Fíjate que no manejas tu cuerpo y que al divagar de continuo, no manejas tu mente.

–          Bueno, pero vendría a ser un operador de PC medio dormido o vago. Pese a todo, en alguna ocasión, organizo el pensar y a veces, le hago hacer cosas al cuerpo, coordinadas, como cuando juego tenis por ejemplo.

–           ¡No eres el operador!, aún cuando organices pensamientos o coordines movimientos.

–          Entonces…

–          Es despacio que te vas a avivar y no con ansiedad. A lo que vos le llamas el operador, es otra virtualidad, lo que sería la noción del yo…ilusoria. Es como si la PC dijera: “Soy una PC”.  No hay nada de eso. Hay unas latas, unos cables, componentes ensamblados, silicio, lo de “PC” es un armado mental, no hay tal cosa. El yo tan famoso, es lo mismo. Ensamble de funciones y componentes, tejidos diversos; pero no hay entidad real.

–          ¿Y entonces…?

–          Es un poco largo el tema.

–          Yo tengo tiempo.

–          Ahí tenés, el tiempo. ¡Otra ilusión! No hay nada que sea el tiempo. Es el modo en que vivenciamos el proceso de existir mientras nos identificamos con el cuerpo-mente. El tiempo es el movimiento de la mente. Cuando la mente se aquieta se produce una experiencia diferente, que no involucra la sensación de transcurrir el tiempo. O cambia notablemente esa sensación.  En situaciones determinadas, puedes vivir una hora en dos minutos. Percibes de otro modo.

–          Lo comprendo pero no lo he vivido.

–          Claro, es que no es cosa sencilla tener esa experiencia, debido a que la mente traduce los movimientos orgánicos en imágenes y pensamientos y recuerdos. Segrega una sustancia tal glándula y se te aparece una imagen correspondiente al nivel cortical de la sustancia. Pero no la asocias con eso, no te das cuenta.

–          Ajá. O sea que a cada movimiento del cuerpo le corresponden movimientos mentales.

–          Así es. Estamos inmersos en un medio, los sentidos reciben información y eso mueve acciones de la mente, porque es traductora y transformadora de impulsos. Por lo cual, mientras tenga vida el cuerpo, la mente se moverá haciendo alguna correlación entre ambos. No se puede realmente aquietar la mente; puede uno apartarse de ese ruido, alejarse uno del movimiento de la mente. Porque y te lo recuerdo “Benito”, uno no es la mente y menos aún sus movimientos. Si no puedes calmar la gente, que hace ruido en tu casa, vete de la casa.

–          ¡Ja!, ¿cómo hacer semejante cosa?

–           Bueno, ahí enganchamos con el tema de la ascesis y con el tema de algo que tienen en común muchos grupos históricos de esos que hablábamos recién. Esenios, cabalistas, monjes cristianos del desierto, sufíes, anacoretas hindúes, budistas de la primera hora, discípulos de Akenatón, pitagóricos… tibetanos, chamanes de Siberia, todos tienen algo en común. Todos tienen una vía ascética, con diferencias importantes, pero ascesis al fin y todos tienen una forma de aquietar la mente y conectarse con la sensación de una presencia mayor, divina te diría, mediante oración continua o ciertas técnicas precisas.

–          La oración continua.

–          Un camino, un método que favorece la quietud de la mente. El dikr, la oración de Jesús, el mantra tal o cual, la salmodia ininterrumpida… es un recurso que favorece la permanencia del sujeto en el tema sagrado, facilita el permanecer ajeno y desapegado del constante ir y venir de lo cotidiano físico y mental. Es un canalizar la energía, polarizándola. Entonces para facilitar eso está la ascesis: comer con moderación, apartarse de la sensualidad que encadena a los sentidos y que genera dependencia; no complacer demasiado el cuerpo para no distraerse, pocas comodidades. Sino después, el cuerpo te anda reclamando lo que se le hizo costumbre. Lo que si te reconozco, que todo esto se aplicó muchas veces represivamente y entonces se generó lo opuesto, el efecto contrario. Mas deseo, mas distracción y hasta perversión. Tener moderado el cuerpo facilita la oración continua, no pesa tanto la carne. Pero eso debe surgir de un muy fuerte y arraigado deseo de alcanzar un bien mayor y no por conciencia pecaminosa. Sino después viene el rebote. Vuelves a lo anterior pero con más fuerza.

–          Está bien. Ascesis corporal y ascesis mental con la oración. Algo así como comer poco y pensar poco… ¿y después qué?

–          Con la práctica sincera y con la acumulación de experiencia en el tema, algunos pocos podían despertarse a lo que ellos eran en realidad, que no es un cuerpo ni una mente.

–          ¿Cómo es eso?

–          Deberás vivirlo.

–          Dame una pista para calmar la ansiedad, un hueso para el perro.

–          Puede ser, aunque será un hueso flaco. Uno repite la oración y la repite y no afloja, aunque se canse; se camina, se sienta, lo que sea. Pero la sigue repitiendo y uno empieza a vivir montado en la oración. Un día, yo me di cuenta, que si bien adhería a lo que mi oración decía, al significado de la frase, ya no me importaba.  Importaba el acto, la acción lanzada en cada jaculatoria.

–          Mmmhh… ¿no importaba lo que decías?

–          Bueno, sí, era importante para mí, pero yo en ningún momento he creído que algún Dios pudiera necesitar mi oración para brindarme algo, o que fuera a ser escuchado; para eso haría falta que existiera el tiempo y que los Dioses estuvieran inmersos en el devenir. Lo divino se me ha aparecido siempre como omnisciente y omnipotente comparándolo con nuestro nivel de existencia y por lo tanto ajeno a manipulación. ¿Cómo podría la criatura manipular al Creador?

–          Si.

–          El punto para mi estaba en lo que sentía mientras oraba. En la forma que adoptaba mi ser por decirlo de cierto modo. Y, esta forma me parecía, guardaba mayor correspondencia con la naturaleza del cosmos y con su esencia.

–          ¿Cómo era esa forma que adoptaba tu ser? Y ¿Cuál es ese ser que adoptaba formas entonces?

–          …Es una cierta forma de humildad, un ubicarse más objetivamente, un vivir desde la perspectiva cósmica, te diría. Permanecer en la conciencia de la propia y profunda nadidad, pequeñez y dependencia. Un estarse sin huir en la propia ignorancia e incertidumbre.

–          Sí, creo que comprendo.

–          Un estarse en esa situación y no solo darse cuenta con el intelecto de que uno es muy pequeño ante la inmensurable vastedad del universo; un sentir esa profunda no elección de nada, esa absolutísima dependencia. La total incerteza de lo por venir y de las verdaderas leyes que todo lo rigen. Ese ignorarlo todo, es un cierto clima, una ubicación mental que favorece la aparición de lo otro, de lo que uno busca.

–          Es medio parecido a lo de “la docta ignorancia” de Nicolás de Cusa.

–           Puede ser, como no. Desde ese lugar se puede orar. Fue allí, en esa situación, donde descubrí lo que podría llamar mi ser o esa esencia que soy y que no es mi cuerpo ni mi mente, aunque se exprese imperfectamente a su través.

–          Yo se que debe ser complicado de expresar, pero que me podrías decir sobre ese ser, cual es su naturaleza, no sé…algo más.

–          … Ese ser es el que ora, es como el acto que se lanza…pero está detrás de la oración y detrás del acto de orar… te diría que su naturaleza es carencia y su libertad, gemido. Es una incompletitud consciente, que si permanece consciente, se completa.

–          Muy buena charla… me sirve. Yo les agradezco mucho.

–          En todo caso perdimos un poco de tiempo…que de todos modos no existe.

–          ¿Me aconsejarías algo, por lo que has podido ver de mí, algo que te parezca me serviría?

–          Recordar con frecuencia que uno está habitando una mota de polvo pequeñita, en una galaxia con cien mil millones de estrellas, en un universo de miles de millones de cúmulos de galaxias, entre incontables universos posibles coexistentes…recordar que además, el cuerpo y la mente están por morir, en cualquier momento; que lo único con sentido es tratar de indagar la posibilidad de ese Sí mismo no perecedero, del que hemos hablado en alguna ocasión. Ese “soy el que soy” que se menciona en la historia. Fíjate como es la forma que adopta en vos. Esa indagación no debe ser letrada, debe ser consciente de que no sabemos nada y de que no hay nada más que tenga importancia.

Los dejé solos. Supuse que tendrían de que hablar. Me fui calmo. Ya de noche. La avenida tenía abundante tráfico pero era como si no me llegara, como si los ruidos rebotaran.

Un clima de esperanza me embargó, incluso me dura todavía. Es como la sospecha de un propósito detrás de los sucesos incomprensibles. Creo hoy más que ayer, que no estamos solos y que hay un significado en la vida. Quizás radique allí esta cierta serenidad que siento entre tanto horror actual y por venir.

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Codex

Monjes Católicos Bizantinos


St Basil
Icono de San Basilio Magno

Desde que Nuestro Señor Jesucristo, mandó a sus Apóstoles a predicar el Reino de Dios, enseñar los Mandamientos de Cristo, bautizando a todas las gentes, y haciendo su memoria en la Eucaristía hasta el fin de los tiempos, la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo, permaneció fiel a su catolicidad, enseñando la doctrina ortodoxa. Los miembros de nuestra pequeña comunidad, tanto monjes como laicos, damos gracias al Señor que nos ha dado esta riqueza en su Hijo muy amado. Y nos la ha dado para que la podamos compartir con todos aquellos que lo deseen.

De este modo este espacio está concebido como un puente para aquellos que deseen conocer, adentrarse y enriquecerse con los dones del Oriente Cristiano, dentro de la Iglesia Católica.

Quiénes somos:

Monasterio de la Transfiguración: Dos monjes sacerdotes (hieromonjes) que han fundado en 1998 una Fraternidad de vida monástica y de acogida a los que buscan de esta legítima fuente. Al recibir un predio en las sierras de Pigüé, a 550 km al SO de Buenos Aires en donación, en 2004 hallamos benévola acogida en la jurisdicción latina local, es decir del Arzobispado de Bahía Blanca.

Centro BizantinoMadre de Dios del Portal”: Todos aquellos que junto a nosotros oran, aprenden y comparten la vida cristiana, ya sea en Pigüé o a la distancia, tiempo completo o como una colaboración simbólica

Proyección:

Concebida como una comunidad que vive de un modo integral en el rito bizantino (Liturgia, calendario, costumbres, enseñanzas) y que es un espacio de aprendizaje para aquellas personas que deseen o bien solo interiorizarse o incorporarlo a su vida. Como aquellos de quienes hemos recibido la tradición bizantina seguían la Tradición Bizantina Rusa, seguimos con fidelidad ese camino.

Tenemos una relación de colaboración, apertura y amistad con las demás comunidades católicas bizantinas de la Argentina (melkitas, ucranios, rumanos, ítalo-griegos, etc.) y con todos aquellos católicos o no, practicantes o no para quienes este pequeño espacio es un sueño, que Dios mediante irá creciendo.
Otro aspecto de nuestra actividad es ir reuniendo a aquellos que por tradición o vocación quieran vivir este mismo rito en el lugar donde viven y colaborar en la fundación de un centro bizantino.

¡Que Nuestro Señor Jesucristo los bendiga con el don de la Fe inquebrantable en lo que nos enseña la Iglesia, una esperanza infalible en sus promesas, y una caridad que brote en beneficio de todos los hermanos!

¡Que la Madre de Dios del Portal los ampare con su manto!

Extraído de:

Monasterio de La Transfiguración de Cristo

Detrás

No es invierno pero lo parece. El aire frío entra en el cuerpo y le destila los humores.

Se organiza una extraña belleza en torno a las ramas desnudas y las hojas amarillas, pese a las asimetrías de las veredas rotas y los autos desalineados.

Ya en el templo, las letánicas preces autómatas y repetitivas, dificultan, aunque sin impedir; la percepción del silencio. Es como una tela suave, muy tenue y transparente, que se deposita en los altares y en la sombra de los bancos y a un costado de la gente y por encima del fuego que arde sobre las velas.

El regreso en noche ya cerrada, gélida. Los pasos suenan mas fuertes, los ladridos lejanos, el barrio está mas quieto, refugiado.

La turba de la mente gimotea dudas y en sucesivos trazos dibuja los ecos de temores varios. Es que pareciera la razón haber perdido el bastión de la conducta y la encuentro con frecuencia queriendo trepanar la calidez del corazón.

Sin embargo no cede en su cobijo el centro, no agrieta la templanza que madura, bajo la sombra del Santo Nombre.

Ntra. Sra. de Jasna Gora

Nstra. Sra. de Jasna Gora

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Teología mística

 

Teología Mística
Dionisio Areopagita
CAPÍTULO I.
EN QUÉ CONSISTE LA DIVINA TINIEBLA
1. Trinidad supraesencial y más que divina y más que buena, maestra de la
divina sabiduría cristiana, guíanos más allá del no saber y de la luz, hasta la
cima más alta de las Escrituras místicas. Allí donde los misterios simples,
absolutos e inmutables de la teología se revelan en las tinieblas más que
luminosas del silencio. En medio de las más negras tinieblas fulgurantes de luz
desbordan, absolutamente intangibles e invisibles, los misterios de
hermosísimos fulgores que inundan nuestras inteligencias, que saben cerrar los
ojos.
Ésta es mi oración. Timoteo, amigo mío, entregado por completo a la
contemplación mística, renuncia a los sentidos, a las operaciones intelectuales,
a todo lo sensible y a lo inteligible. Despójate de todas las cosas que son y aun
de las que no son y elévate así, cuanto puedas, hasta unirte en el no saber con
aquel que está más allá de todo ser y de todo saber. Porque por el libre,
absoluto y puro apartamiento de ti mismo y de todas las cosas, arrojándolo todo
y del todo, serás elevado en puro éxtasis hasta el Rayo de tinieblas de la divina
Supraesencia.
2. Pero ten cuidado de que nada de esto llegue a oídos de no iniciados, aquellos
que se apegan a los seres, que se imaginan que no hay nada más allá de lo que
existe en la naturaleza física, individual. Piensan, además, que con su mística
razón pueden conocer a aquel que “puso su tienda en las tinieblas”. Y si esos no
alcanzan a comprender la iniciación a los divinos misterios, ¿qué decir de
quienes son verdaderos profanos, de aquellos que describen la Causa suprema
de todas las cosas por medio de los seres más bajos de la naturaleza y
proclaman que nada es superior a los múltiples ídolos impíos que ellos mismos
se fabrican?
En realidad, debemos afirmar que siendo Causa de todos los seres habrá de
atribuírsele todo cuanto se diga de los seres, porque es supraesencial a todos.
Esto no quiere decir que la negación contradiga a las afirmaciones, sino que por
sí misma aquella Causa trasciende y es supraesencial a todas las cosas,
anterior y superior a las privaciones, pues está más allá de cualquier afirmación
o negación.
3. En ese sentido, pues, dice el divino Bartolomé que la teología es al mismo
tiempo abundante y mínima, y que si el Evangelio es amplio y copioso, es
también conciso. A mi parecer, ha comprendido perfectamente que la
misericordiosa Causa de todas las cosas es elocuente y silenciosa, en realidad
callada. No es racional ni inteligible, pues es supraesencial a todo ser.
Verdaderamente se manifiesta sin velos sólo a aquellos que dejan a un lado los
ritualismos de las cosas impuras y de las que son puras, a quienes sobrepasan
las cimas de las más santas montañas. A los desprendidos de luces divinas,
voces y palabras celestiales, y que se abisman en las Tinieblas donde, como
dice la Escritura, tiene realmente su morada aquel que está más allá de todo ser.
No en vano el divino Moisés recibió órdenes de purifícarse primero y luego
apartarse de los no purificados. Acabada la purificación, oyó las trompetas de
múltiples sonidos y vio muchas luces de rayos fulgurantes. Ya separado de la
muchedumbre y acompañado de los sacerdotes escogidos, llega a la cumbre de
las ascensiones divinas. Pero todavía no encuentra al mismo Dios. Contempla
no al Invisible, sino el lugar donde Él mora. Esto significa, creo yo, que las cosas
más santas y sublimes percibidas por nuestros ojos e inteligencia no son las
razones hipostáticas de los atributos que verdaderamente convienen a la
presencia de aquel que todo lo trasciende. A través de ellas, sin embargo, se
hace manifiesta su inimaginable presencia, al andar sobre las alturas de aquellas
cúspides inteligibles de sus más santos lugares. Entonces, es cuando libre el
espíritu, y despojado de todo cuanto ve y es visto, penetra (Moisés) en las
misteriosas Tinieblas del no-saber. Allí, renunciado a todo lo que pueda la mente
concebir, abismado totalmente en lo que no percibe ni comprende, se abandona
por completo en aquel que está más allá de todo ser. Allí, sin pertenecerse a sí
mismo ni a nadie, renunciando a todo conocimiento, queda unido por lo más
noble de su ser con Aquel que escapa a todo conocimiento. Por lo mismo que
nada conoce, entiende sobre toda inteligencia.
CAPÍTULO II.
CÓMO DEBEMOS UNIRNOS Y ALABAR AL AUTOR DE TODAS LAS
COSAS, QUE TODO LO TRASCIENDE
¡Ojalá podamos también nosotros penetrar en esta más que luminosa oscuridad!
¡Renunciemos a toda visión y conocimiento para ver y conocer lo invisible e
incognoscible: a Aquel que está más allá de toda visión y conocimiento!
Porque ésta es la visión y conocimiento verdaderos: y por el hecho mismo de
abandonar todo cuanto existe se celebra lo sobreesencial en modo
sobreesencial. Así como los escultores esculpen las estatuas, quitando todo
aquello que a modo de envoltura impide ver claramente la forma encubierta.
Basta este simple despojo para que se manifieste la oculta y genuina belleza.
Conviene, pues, a mi entender, alabar la negación de modo muy diferente a la
afirmación. Afirmar es ir poniendo cosas a partir de los principios, bajando por
los medios y llegar hasta los últimos extremos. Por la negación, en cambio, es ir
quitándolas desde los últimos extremos y subir a los principios. Quitamos todo
aquello que impide conocer desnudamente al Incognoscible, conocido solamente
a través de las cosas que lo envuelven.
Miremos, por tanto, aquella tiniebla supraesencial que no dejan ver las luces de
las cosas.
CAPÍTULO III.
QUÉ SE ENTIENDE POR TEOLOGÍA AFIRMATIVA Y TEOLOGÍA NEGATIVA
En mis “Representaciones teológicas” dejé ya claro cuáles sean las nociones
más propias de la teología afirmativa (catafática); en qué sentido el Bien de
naturaleza divina es Uno y Trino; cómo se entiende Paternidad y Filiación; qué
significa la denominación divina del Espíritu; cómo estas cordiales luces de
bondad han brotado del Bien inmaterial e indivisible y cómo al difundirse han
permanecido en él todas unas en otras desde su coeterno fundamento. He
hablado de Jesús, que siendo supraesencial se revistió sustancialmente de
verdadera naturaleza humana. En las “Representaciones teológicas” alabé
también otros misterios conforme a las Santas Escrituras.
En el “Tratado sobre los Nombres de Dios” he explicado en qué sentido decimos
que Dios es el Bien, Ser, Vida, Sabiduría, Poder y todo cuanto pueda convenir a
la naturaleza espiritual de Dios. En la “Teología simbólica” he tratado de las
analogías que puedan tener con Dios los seres que nosotros observamos. He
hablado de las cosas sensibles con relación a Él, de formas y figuras, de
ministros, lugares sagrados y ornamentos; de lo que significan el enojo, las
penas y los resentimientos; del sentido que en Él tienen las palabras de
embriaguez y entusiasmo, juramentos, maldiciones, sueños y vigilias. Y de otras
imágenes con las que simbólicamente nos representamos a Dios. Supongo
habrás notado cómo los últimos libros son más extensos que los primeros, pues
no era conveniente que las “Representaciones teológicas” y el “Tratado sobre
los Nombres de Dios” fuesen tan amplios como la “Teología simbólica”. El hecho
es que cuanto más alto volamos menos palabras necesitamos, porque lo
inteligible se presenta cada vez más simplificado. Por tanto, ahora, a medida que
nos adentramos en aquella Tiniebla que hay más allá de la inteligencia, llegamos
a quedarnos no sólo cortos en palabras, sino más aún, en perfecto silencio y sin
pensar en nada.
En aquellos escritos, el discurso procedía desde lo más alto a lo más bajo. Por
aquel sendero descendente aumentaba el caudal de las ideas, que se
multiplicaban a cada paso. Mas ahora que escalamos desde el suelo más bajo
hasta la cumbre, cuanto más subimos más escasas se hacen las palabras. Al
coronar la cima reina un completo silencio. Estamos unidos por completo al
Inefable.
Te extrañas, quizá, de que partiendo de lo más alto por vía de afirmación
comencemos ahora desde lo más bajo por vía de negación. La razón es ésta:
cuando afirmamos algo de aquel a quien ninguna afirmación alcanza,
necesitamos que se basen nuestros asertos en lo que esté próximo de Él. Mas
ahora al hablar por vía de negación de aquel que trasciende toda negación se
comienza por negarle las cualidades que le sean más lejanas. ¿No es cierto que
es más conforme a la realidad afirmar que Dios es vida y bien que no aire o
piedra? ¿No es verdad que Dios está más distante de ser embriaguez y enojo
que de ser nombrado y entendido? Y en tal sentido es distinto decir que Dios no
es “embriaguez ni enojo” a decir que Dios no es “palabra o pensamiento”
nuestros. Pero fundamentalmente coinciden en el “no” con respecto a Dios. Por
lo cual, éste es el camino más directo y sencillo y seguro para llegar a Dios o a
la cima, camino de proficientes o perfectos, la Teología mística.
CAPÍTULO IV.
QUE NO ES NADA SENSIBLE LA CAUSA TRASCENDENTE A LA REALIDAD
SENSIBLE
Decimos, pues, que la Causa universal está por encima de todo lo creado. No
carece de esencia, ni de vida, ni de razón, ni de inteligencia. No tiene cuerpo, ni
figura, ni cualidad, ni cantidad, ni peso. No está en ningún lugar. Ni la vista ni el
tacto la perciben. Ni siente ni la alcanzan los sentidos. No sufre desorden ni
perturbación procedente de pasiones terrenas. Que los acontecimientos
sensibles no la esclavizan ni la reducen a la impotencia. No necesita luz. No
experimenta mutación, ni corrupción, ni decaimiento. No se le añade ser, ni
haber, ni cosa alguna que caiga bajo el dominio de los sentidos.
CAPÍTULO V.
QUE LA CAUSA SUPREMA DE TODO LO INTELIGIBLE NO ES ALGO
INTELIGIBLE
En escala ascendente ahora añadimos que esta Causa no es alma ni
inteligencia; no tiene imaginación, ni expresión, ni razón ni inteligencia. No es
palabra por sí misma ni tampoco entendimiento. No podemos hablar de ella ni
entenderla. No es número ni orden, ni magnitud ni pequeñez, ni igualdad ni
semejanza, ni desemejanza. No es móvil ni inmóvil, ni descansa. No tiene
potencia ni es poder. No es luz ni vive ni es vida. No es sustancia ni eternidad ni
tiempo. No puede la inteligencia comprenderla, pues no es conocimiento ni
verdad. No es reino, ni sabiduría, ni uno, ni unidad. No es divinidad, ni bondad,
ni espíritu en el sentido que nosotros lo entendemos. No es filiación ni
paternidad ni nada que nadie ni nosotros conozcamos. No es ninguna de las
cosas que son ni de las que no son. Nadie la conoce tal cual es ni la Causa
conoce a nadie en cuanto ser. No tiene razón, ni nombre, ni conocimiento. No es
tinieblas ni luz, ni error ni verdad. Absolutamente nada se puede afirmar ni negar
de ella.
Cuando negamos o afirmamos algo de cosas inferiores a la Causa suprema,
nada le añadimos ni quitamos. Porque toda afirmación permanece más acá de la
causa única y perfecta de todas las cosas, pues toda negación permanece más
acá de la trascendencia de aquel que está simplemente despojado de todo y se
sitúa más allá de todo.

 

Dionisio Areopagita

 

CAPÍTULO I.

 

EN QUÉ CONSISTE LA DIVINA TINIEBLA

1. Trinidad supraesencial y más que divina y más que buena, maestra de la

divina sabiduría cristiana, guíanos más allá del no saber y de la luz, hasta la

cima más alta de las Escrituras místicas. Allí donde los misterios simples,

absolutos e inmutables de la teología se revelan en las tinieblas más que

luminosas del silencio. En medio de las más negras tinieblas fulgurantes de luz

desbordan, absolutamente intangibles e invisibles, los misterios de

hermosísimos fulgores que inundan nuestras inteligencias, que saben cerrar los

ojos.

Ésta es mi oración. Timoteo, amigo mío, entregado por completo a la

contemplación mística, renuncia a los sentidos, a las operaciones intelectuales,

a todo lo sensible y a lo inteligible. Despójate de todas las cosas que son y aun

de las que no son y elévate así, cuanto puedas, hasta unirte en el no saber con

aquel que está más allá de todo ser y de todo saber. Porque por el libre,

absoluto y puro apartamiento de ti mismo y de todas las cosas, arrojándolo todo

y del todo, serás elevado en puro éxtasis hasta el Rayo de tinieblas de la divina

Supraesencia.

2. Pero ten cuidado de que nada de esto llegue a oídos de no iniciados, aquellos

que se apegan a los seres, que se imaginan que no hay nada más allá de lo que

existe en la naturaleza física, individual. Piensan, además, que con su mística

razón pueden conocer a aquel que “puso su tienda en las tinieblas”. Y si esos no

alcanzan a comprender la iniciación a los divinos misterios, ¿qué decir de

quienes son verdaderos profanos, de aquellos que describen la Causa suprema

de todas las cosas por medio de los seres más bajos de la naturaleza y

proclaman que nada es superior a los múltiples ídolos impíos que ellos mismos

se fabrican?

En realidad, debemos afirmar que siendo Causa de todos los seres habrá de

atribuírsele todo cuanto se diga de los seres, porque es supraesencial a todos.

Esto no quiere decir que la negación contradiga a las afirmaciones, sino que por

sí misma aquella Causa trasciende y es supraesencial a todas las cosas,

anterior y superior a las privaciones, pues está más allá de cualquier afirmación

o negación.

3. En ese sentido, pues, dice el divino Bartolomé que la teología es al mismo

tiempo abundante y mínima, y que si el Evangelio es amplio y copioso, es

también conciso. A mi parecer, ha comprendido perfectamente que la

misericordiosa Causa de todas las cosas es elocuente y silenciosa, en realidad

callada. No es racional ni inteligible, pues es supraesencial a todo ser.

Verdaderamente se manifiesta sin velos sólo a aquellos que dejan a un lado los

ritualismos de las cosas impuras y de las que son puras, a quienes sobrepasan

las cimas de las más santas montañas. A los desprendidos de luces divinas,

voces y palabras celestiales, y que se abisman en las Tinieblas donde, como

dice la Escritura, tiene realmente su morada aquel que está más allá de todo ser.

No en vano el divino Moisés recibió órdenes de purifícarse primero y luego

apartarse de los no purificados. Acabada la purificación, oyó las trompetas de

múltiples sonidos y vio muchas luces de rayos fulgurantes. Ya separado de la

muchedumbre y acompañado de los sacerdotes escogidos, llega a la cumbre de

las ascensiones divinas. Pero todavía no encuentra al mismo Dios. Contempla

no al Invisible, sino el lugar donde Él mora. Esto significa, creo yo, que las cosas

más santas y sublimes percibidas por nuestros ojos e inteligencia no son las

razones hipostáticas de los atributos que verdaderamente convienen a la

presencia de aquel que todo lo trasciende. A través de ellas, sin embargo, se

hace manifiesta su inimaginable presencia, al andar sobre las alturas de aquellas

cúspides inteligibles de sus más santos lugares. Entonces, es cuando libre el

espíritu, y despojado de todo cuanto ve y es visto, penetra (Moisés) en las

misteriosas Tinieblas del no-saber. Allí, renunciado a todo lo que pueda la mente

concebir, abismado totalmente en lo que no percibe ni comprende, se abandona

por completo en aquel que está más allá de todo ser. Allí, sin pertenecerse a sí

mismo ni a nadie, renunciando a todo conocimiento, queda unido por lo más

noble de su ser con Aquel que escapa a todo conocimiento. Por lo mismo que

nada conoce, entiende sobre toda inteligencia.

 

CAPÍTULO II.

 

CÓMO DEBEMOS UNIRNOS Y ALABAR AL AUTOR DE TODAS LAS

COSAS, QUE TODO LO TRASCIENDE

¡Ojalá podamos también nosotros penetrar en esta más que luminosa oscuridad!

¡Renunciemos a toda visión y conocimiento para ver y conocer lo invisible e

incognoscible: a Aquel que está más allá de toda visión y conocimiento!

Porque ésta es la visión y conocimiento verdaderos: y por el hecho mismo de

abandonar todo cuanto existe se celebra lo sobreesencial en modo

sobreesencial. Así como los escultores esculpen las estatuas, quitando todo

aquello que a modo de envoltura impide ver claramente la forma encubierta.

Basta este simple despojo para que se manifieste la oculta y genuina belleza.

Conviene, pues, a mi entender, alabar la negación de modo muy diferente a la

afirmación. Afirmar es ir poniendo cosas a partir de los principios, bajando por

los medios y llegar hasta los últimos extremos. Por la negación, en cambio, es ir

quitándolas desde los últimos extremos y subir a los principios. Quitamos todo

aquello que impide conocer desnudamente al Incognoscible, conocido solamente

a través de las cosas que lo envuelven.

Miremos, por tanto, aquella tiniebla supraesencial que no dejan ver las luces de

las cosas.

 

CAPÍTULO III.

 

QUÉ SE ENTIENDE POR TEOLOGÍA AFIRMATIVA Y TEOLOGÍA NEGATIVA

En mis “Representaciones teológicas” dejé ya claro cuáles sean las nociones

más propias de la teología afirmativa (catafática); en qué sentido el Bien de

naturaleza divina es Uno y Trino; cómo se entiende Paternidad y Filiación; qué

significa la denominación divina del Espíritu; cómo estas cordiales luces de

bondad han brotado del Bien inmaterial e indivisible y cómo al difundirse han

permanecido en él todas unas en otras desde su coeterno fundamento. He

hablado de Jesús, que siendo supraesencial se revistió sustancialmente de

verdadera naturaleza humana. En las “Representaciones teológicas” alabé

también otros misterios conforme a las Santas Escrituras.

En el “Tratado sobre los Nombres de Dios” he explicado en qué sentido decimos

que Dios es el Bien, Ser, Vida, Sabiduría, Poder y todo cuanto pueda convenir a

la naturaleza espiritual de Dios. En la “Teología simbólica” he tratado de las

analogías que puedan tener con Dios los seres que nosotros observamos. He

hablado de las cosas sensibles con relación a Él, de formas y figuras, de

ministros, lugares sagrados y ornamentos; de lo que significan el enojo, las

penas y los resentimientos; del sentido que en Él tienen las palabras de

embriaguez y entusiasmo, juramentos, maldiciones, sueños y vigilias. Y de otras

imágenes con las que simbólicamente nos representamos a Dios. Supongo

habrás notado cómo los últimos libros son más extensos que los primeros, pues

no era conveniente que las “Representaciones teológicas” y el “Tratado sobre

los Nombres de Dios” fuesen tan amplios como la “Teología simbólica”. El hecho

es que cuanto más alto volamos menos palabras necesitamos, porque lo

inteligible se presenta cada vez más simplificado. Por tanto, ahora, a medida que

nos adentramos en aquella Tiniebla que hay más allá de la inteligencia, llegamos

a quedarnos no sólo cortos en palabras, sino más aún, en perfecto silencio y sin

pensar en nada.

En aquellos escritos, el discurso procedía desde lo más alto a lo más bajo. Por

aquel sendero descendente aumentaba el caudal de las ideas, que se

multiplicaban a cada paso. Mas ahora que escalamos desde el suelo más bajo

hasta la cumbre, cuanto más subimos más escasas se hacen las palabras. Al

coronar la cima reina un completo silencio. Estamos unidos por completo al

Inefable.

Te extrañas, quizá, de que partiendo de lo más alto por vía de afirmación

comencemos ahora desde lo más bajo por vía de negación. La razón es ésta:

cuando afirmamos algo de aquel a quien ninguna afirmación alcanza,

necesitamos que se basen nuestros asertos en lo que esté próximo de Él. Mas

ahora al hablar por vía de negación de aquel que trasciende toda negación se

comienza por negarle las cualidades que le sean más lejanas. ¿No es cierto que

es más conforme a la realidad afirmar que Dios es vida y bien que no aire o

piedra? ¿No es verdad que Dios está más distante de ser embriaguez y enojo

que de ser nombrado y entendido? Y en tal sentido es distinto decir que Dios no

es “embriaguez ni enojo” a decir que Dios no es “palabra o pensamiento”

nuestros. Pero fundamentalmente coinciden en el “no” con respecto a Dios. Por

lo cual, éste es el camino más directo y sencillo y seguro para llegar a Dios o a

la cima, camino de proficientes o perfectos, la Teología mística.

 

CAPÍTULO IV.

 

QUE NO ES NADA SENSIBLE LA CAUSA TRASCENDENTE A LA REALIDAD

SENSIBLE

Decimos, pues, que la Causa universal está por encima de todo lo creado. No

carece de esencia, ni de vida, ni de razón, ni de inteligencia. No tiene cuerpo, ni

figura, ni cualidad, ni cantidad, ni peso. No está en ningún lugar. Ni la vista ni el

tacto la perciben. Ni siente ni la alcanzan los sentidos. No sufre desorden ni

perturbación procedente de pasiones terrenas. Que los acontecimientos

sensibles no la esclavizan ni la reducen a la impotencia. No necesita luz. No

experimenta mutación, ni corrupción, ni decaimiento. No se le añade ser, ni

haber, ni cosa alguna que caiga bajo el dominio de los sentidos.

 

CAPÍTULO V.

 

QUE LA CAUSA SUPREMA DE TODO LO INTELIGIBLE NO ES ALGO

INTELIGIBLE

En escala ascendente ahora añadimos que esta Causa no es alma ni

inteligencia; no tiene imaginación, ni expresión, ni razón ni inteligencia. No es

palabra por sí misma ni tampoco entendimiento. No podemos hablar de ella ni

entenderla. No es número ni orden, ni magnitud ni pequeñez, ni igualdad ni

semejanza, ni desemejanza. No es móvil ni inmóvil, ni descansa. No tiene

potencia ni es poder. No es luz ni vive ni es vida. No es sustancia ni eternidad ni

tiempo. No puede la inteligencia comprenderla, pues no es conocimiento ni

verdad. No es reino, ni sabiduría, ni uno, ni unidad. No es divinidad, ni bondad,

ni espíritu en el sentido que nosotros lo entendemos. No es filiación ni

paternidad ni nada que nadie ni nosotros conozcamos. No es ninguna de las

cosas que son ni de las que no son. Nadie la conoce tal cual es ni la Causa

conoce a nadie en cuanto ser. No tiene razón, ni nombre, ni conocimiento. No es

tinieblas ni luz, ni error ni verdad. Absolutamente nada se puede afirmar ni negar

de ella.

Cuando negamos o afirmamos algo de cosas inferiores a la Causa suprema,

nada le añadimos ni quitamos. Porque toda afirmación permanece más acá de la

causa única y perfecta de todas las cosas, pues toda negación permanece más

acá de la trascendencia de aquel que está simplemente despojado de todo y se

sitúa más allá de todo.

 

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Reglas de una vida piadosa

Arzobispo Platon de Kostroma

Traducido por Nicolás Zabotkine / Michael Shurov

Acostúmbrate a levantarte temprano y en un horario especifico. Apenas te despiertes, eleva tus pensamientos a Dios, persígnate y agradécele el paso de la noche y sus misericordias hacia ti. Pídele que Él dirija tus pensamientos, deseos y sentidos, para que todo lo que digas y hagas sea de su agrado.

Mientras te vistas recuerda que estás ante la presencia de Dios y del Angel Guardián. Pídele a nuestro Señor Jesucristo que te vista con el ropaje de la salvación.

Después de higienizarte reza por la mañana arrodillándote, concentrándote y humildemente, como corresponde ante la mirada del Todopoderoso. Pídele tener fe, esperanza y amor y además fuerza para recibir serenamente, lo que te traerá el nuevo día con sus complicaciones. Pídele que bendiga tus sacrificios y que te ayude a realizar tu tarea, eludiendo el pecado.

Si puedes lee algo de la Biblia, especialmente del Nuevo Testamento o los Salmos. Lee con el deseo de recibir la iluminación espiritual inclinando tu corazón hacia la humildad. Lee un poco, después medita, luego sigue leyendo, atendiendo a lo que Dios le inculca a tu corazón.

Esfuérzate aunque sea un cuarto de hora para meditar sobre las verdades de la fe y sobre lo que has leído de provechoso para tu alma.

Siempre agradece a Dios el no haber perecido en los pecados, y que El se preocupa por ti y siempre te lleva hacia el Reino de los cielos.

Predisponete cada mañana de tal manera como si recién te hubieses decidido a ser Cristiano y vivir según los mandamientos de Dios.

Comenzando tus tareas procura realizar todo para Gloria de Dios.

No inicies ningún trabajo sin oración, porque lo que realizamos sin oración termina siendo innecesario o perjudicial. Son ciertas las palabras de Dios: “Sin Mi no puedes hacer nada.

Trata de parecerte al Salvador quien se esforzó, ayudando a José‚ y a su purísima Madre.

Todos tus esfuerzos hazlos con bondad en el alma esperanzado la ayuda de Dios. Es bueno repetir constantemente la oración: “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mi pecador.”

Si tus esfuerzos se realizan con éxito, agradécele a Dios, y si no son satisfactorios, entrégate a la voluntad de Dios, pues el piensa en nosotros y encamina todo hacia lo mejor.

Todo lo difícil tómalo, para el perdón de los pecados con espíritu de obediencia y mansedumbre.

Reza antes de comer, para que Dios bendiga la comida y la bebida y después de comer agradécele y ruega no perder los bienes espirituales. Es bueno levantarse de la mesa sin haberse saciado totalmente. Los miércoles y viernes ayuna siguiendo el ejemplo de los primero cristianos.

No seas avaro teniendo comida y ropa, se feliz con eso pareciéndote a Jesucristo que se humilló por nosotros.

Trata de ser agradable a Dios en todo, para que tu conciencia no te haga padecer remordimientos. Minuciosamente controla tus pensamientos, sentimientos y los movimientos de tu corazón recordando que Dios te observa en todo lugar

Elude hasta los pecados menores, para no caer en los mas grandes. Cualquier pensamiento especialmente el impuro , que te aleja de Dios inmediatamente expúlsalo de tu corazón, como a una chispa de fuego que cae sobre tu vestimenta. Si no quieres que los malos pensamientos te acosen, recibe con tranquilidad la humillación de la gente.

No hables en exceso, recordando que por cada palabra daremos explicaciones a Dios. Mejor es escuchar que hablar, ya que con las palabras es fácil caer en el pecado. No seas curioso en las novedades pues, ellas distraen el espíritu. No juzgues a nadie y piensa que tú eres el peor. Quien juzga a alguien se carga con sus pecados. Mejor reza por el pecador para que Dios por sus sendas lo enderece.

Si alguien no te hace caso contigo, no entres en discusión con el, pero si su actitud perjudica a otros, entonces toma las medidas necesarias, porque el bien común es mas importante que el bien personal.

Nunca discutas ni te justifiques, se humilde, silencioso y pacífico, toma todo con paciencia como nuestro Señor Jesucristo. El no te asignará una cruz superior a tus fuerzas y te ayudará a llevarla.

Pídele a Dios la gracia de realizar sus santísimos mandamientos lo mejor posible, a pesar de que te parezcan difíciles. Habiendo realizado algo bueno no esperes recompensa si no tentaciones, porque es durante las tentaciones cuando se pone a prueba el amor a Dios. No pienses en lograr una virtud sin sufrir pena. En las tentaciones no te desalientes y dirigiéndote a Dios reza con oraciones breves “Señor, ayúdame…ilumíneme…no me dejes…ampárame” El Señor permite las tentaciones y al mismo tiempo da fuerzas para vencerlas.

Pídele a Dios que elimine de ti todo lo que alimenta el amor propio, aunque para ti sea amargo. Evita ser frío, dubitativo, suspicaz, falso, competidor, abatido… Debes que ser franco y sencillo en el trato con el prójimo. Con humildad recibe las ordenes de otros a pesar de que tu seas mas inteligente y tengas mayor experiencia.

Lo que no deseas para ti, no se lo hagas a otro, y haz a otros lo que quieres para ti. Se amable con quien te visita, se humilde y juicioso, y cuando las circunstancias lo requieran, se ciego y sordo.

En los momentos de debilidad no te olvides de rezar y hacer buenas obras. Todo lo que hagas en nombre de Jesucristo, por mas pequeño que sea, se transforma en bondadoso.

Si quieres tener paz, entrégate a Dios. No tendrás paz espiritual hasta que no te tranquilices en Dios y queriéndolo a el únicamente.

De tanto en tanto retírate en soledad como hacia Jesucristo – para concentrarte en la oración y elevar los pensamientos hacia Dios. Medita sobre el amor infinito de Jesucristo, de sus sufrimientos y muerte, de su resurrección, de su segunda venida y del Juicio Final…

Asiste a la Iglesia frecuentemente. Confiésate y comulga, con los santísimos misterios. Así estarás con Dios lo cual es un bien grandísimo. En la confesión arrepiéntete sinceramente de todos tus pecados pues el pecado que no se confiesa conduce a la muerte

Los domingos conságralos a la caridad y a la misericordia: visita a un enfermo, consuela al que sufre. Quien ayuda a otra persona a volver a Dios recibirá una gran recompensa en este y en el siglo venidero. Aconseja a tus amigos, que lean literatura religiosa y que participen en reuniones sobre temas espirituales.

Que el Señor Jesucristo sea tu maestro en todo. Constantemente dirige tus pensamientos a Dios y pregúntale cómo hubiera procedido él.

Antes de dormir reza sincera y fervientemente y medita sobre los pecados cometidos durante ese día. Debes arrepentirte con dolor en el corazón y lágrimas en los ojos para no repetir los mismos pecados. Cuando te acuestas, persígnate, besa la cruz y encomiéndate a Dios, tu Buen Pastor, pensando que tal vez esa noche deberás presentarte ante Él.

Acuérdate del amor de Dios hacia ti y ámalo con todo tu corazón, alma y pensamiento.

Si te comportas como lo indican estas reglas piadosas, alcanzaras la vida bienaventurada en el reino de la luz eterna .

Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo este contigo. Amen.

Texto extraído de 

Padre Alexander

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Habitación central

–          Yo tengo en un rincón, agazapado el espanto. Es un espanto intenso, crispado, peligroso si lo molestan, de tanto miedo que tiene. Tiene las facciones demacradas de tanto penar y los ojos irritados por la falta de sueño. Me lo imagino azul o celeste vibrátil, con escamas y cola larga, quizás porque es un espanto de otro mundo.

–          Y ¿qué hace ese espanto ahí? ¿Qué fin tiene? ¿Qué más me puedes decir de él?

–          Lo único que hace es temer. Permanece gélido, en el miedo. Por cierto, a veces dormita, e incluso se distiende un poco, en raras ocasiones. Está solo, aunque tiene un fuerte vínculo con alguien que vive en la otra esquina de la habitación, el Monje. El espanto suele fortalecerlo, le da de comer al Monje.

–          ¿Qué clase de relación tienen?

–          Es práctica. No son amigos. Cuando el espanto no se aguanta más vivir espantado, lo visita al Monje y rezan.  El Monje ora en solitario también y tiene otros vínculos y amistades en la casa; pero cuando lo visita el espanto surge todo su fervor. Vive entonces una devoción no mental sino visceral. Sus oraciones se alargan, totalmente sentidas, desde el hervor de la fe o fervor como le dicen habitualmente.

–          ¿O sea que el Monje se alegra de que el espanto le visite?

–          No creas. Le produce una intensidad en los sentimientos con la cual no es fácil vivir.  Es ambiguo lo que siente. En general, prefiere la visita de la ignorancia.

–          Espera, antes de que pasemos a ello, ¿Cómo le resulta al espanto la cosa? ¿Cómo queda luego de visitar al Monje?

–          Bueno, el espanto es espantoso. Nunca cesa de ser esencialmente espanto.  Sin embargo, al regresar a su rincón, descubre en su regazo algo de la esperanza que cuidadosa y elaboradamente trabaja el Monje. El espanto, al tener algo de esperanza, no desespera.

–          Entiendo. ¿Qué me decías de la ignorancia?

–          Que el Monje prefiere la visita de la ignorancia. Sus oraciones son entonces más silentes. Emotivas antes que abstractas. Cuando ambos se funden en estrecho abrazo, el Monje se sumerge en la nube del no saber. Lo inunda el arrobamiento de la infinitud y sus plegarias alcanzan lo ferviente por vía de la pequeñez.  Al sentirse pequeño e ignorante, vislumbra a veces, la cumbre de la mística. Es una actitud que lo lleva hacia la entrega.  La ignorancia y el Monje hacen hermosos retiros de abandono, de apertura al Dios desconocido, de elevación del espíritu.

–          Mira que interesante lo que me cuentas. Y decime, ¿Qué hace la ignorancia sola, cuando no visita al Monje?

–          Bueno, se inquieta y se confunde, no sabe qué hacer, pierde fuerza. Si la ignorancia pasa mucho tiempo sin visitar al Monje, termina sin quererlo, recibiendo la visita del espanto.

–          Este ambiente central, ¿es triangular o tiene otra geometría?

–          Bueno, la casa es sumamente grande, de muchos pisos y recovecos y tiene hasta sótanos y altillos. Pero lo que te cuento tiene que ver solo con esta sala de estar, en el centro de la casa, cuadrangular.

–          ¿Quién está en el cuarto vértice?

–          No hay nadie.

–          ¿No es extraño ese lugar sin ocupar?

–          Si, podría serlo, pero no tanto porque se desocupó hace poco.

–          ¿Quién estaba?

–          La soberbia.

–          ¿Cómo resultó que abandonó el lugar en habitación tan destacada?

–          La empezó a visitar el fracaso desde la habitación de abajo. Durante mucho tiempo lo hizo espaciadamente. Pero luego comenzó a presentarse más seguido y finalmente casi a diario.

–          ¿Y ella lo recibía?

–          Era reacia por naturaleza a socializar, sin embargo, él le prometía que nunca más volvería y esa ausencia futura la seducía.

–          ¿Y entonces?

–          Una mañana se instaló  con ella y se quedó en el rincón varios días. Pese a que discutían, él no se iba, parecía enamorado. Una tarde fría, cercana ya la noche, la presencia del visitante le resultó tan incómoda, que dejó el lugar. Fue algo sorpresivo pero no del todo incomprensible, porque si bien ambos eran capaces de violencia; el fracaso golpeaba en todo el cuerpo, tenía más pericia, dejaba molido a sus oponentes. Yo creo que ella, sabiéndolo, decidió no luchar.

–          Y él, ¿Por qué no ocupó su lugar? Estar en esta habitación implica cierto ascenso.

–          Quiso quedarse, pero no pensó que un fugaz encuentro con el espanto lo dejaría tieso. Fue un cruce casual, rápido, ambos de paso en el centro del salón. Pero no lo resistió, murió en el acto.

–          ¿Murió el fracaso?

–          No caben dudas; hasta hubo que llamar al arrepentimiento para que desinfectara porque empezó a largar olor.

–          ¡Ah!… ¿y no volvió, satisfecha, la soberbia?

–          Nadie sabe de ella, se ignora la sala donde se instaló o si continúa con vida. Por otra parte, no sé si alguien querría ocupar lugar tan trágico de modo permanente.

–          Bueno, pero tú a veces lo habitas.

–          Solo por un rato y para observar al Monje mientras reza. Eso me fortalece para mis recorridos.

–          ¿Cómo te haces llamar aquí?

–          Testigo.

maximo confesor
Icono de San Máximo, el Confesor



Breve tratado de oración contemplativa

Virgen Eleusa o de la Ternura

PARA BUSCADORES SOLITARIOS DE DIOS

Algunos consejos a la hora de usar una imagen

Una imagen es una obra de arte destinada a propiciar la oración y la contemplación. No es por lo tanto un objeto de decoración o de adorno.

Ha sido creada para ayudar a los creyentes en la plegaria individual, familiar o de pequeños grupos.

Mantenla oculta siempre que no estés en oración y evita que lo profanen miradas de otras personas o las tuyas propias cuando no estás orando.

No es un objeto para enseñarlo a las amistades ni una decoración exótica para la casa.

Es una evocación de lo Sagrado a través de una imagen.

Antes de elegir un icono, una imagen o una figura, mira bien si realmente evoca en ti lo Sagrado. No tengas prisa en elegir. Tómate todo el tiempo que haga falta.

Un icono, una figura, una imagen, un templo o cualquier lugar de oración no es imprescindible; afortunadamente Dios está en todas partes; pero lo que tienes que ver es si tú lo ves en todas partes. Si es así, no te hace falta ningún elemento externo de ayuda, pero tienes que ser muy sincero y si no es así, y resulta que una imagen, un icono, determinadas iglesias o cualquier otro elemento te ayuda a evocar la presencia de lo Sagrado, entonces es bueno y sabio el que lo utilices.

Algunos consejos sobre la oración

En la oración no se trata de pedir cosas a Aquel que todo conoce. La oración no es para decirle a Dios lo que quieres sino para escuchar lo que Él quiere para ti y que no es otra cosa que compartir lo que Él es: Tranquilidad profunda, Beatitud, Paz, Bondad, Belleza, Amor …

No se trata de pedir cosas sino de comprender que no necesitas nada más que la presencia de Dios y descansar en esa morada llena de sus cualidades.

Antes de orar debes de comprender que detrás de todos tus deseos de objetos o de situaciones del mundo, solo hay un deseo: la paz profunda. Y ese deseo último que tanto anhelas y que proyectas en los objetos y situaciones del mundo solo lo puedes obtener en la interioridad. La tranquilidad y la plenitud solo están en tu espíritu, que es el espíritu de Dios.

Una persona se pone a orar cuando ha comprendido claramente la futilidad y la relatividad de todos los objetivos convencionales humanos que, aún teniendo su importancia relativa, no pueden darle la paz profunda, la plenitud que todo ser humano anhela con nostalgia. Es comprendiendo claramente esto, bien sea por la propia inteligencia, o movido por las constantes dificultades de la vida, cuando uno se acerca a la Paz, la Belleza, la Bondad, la Plenitud y la Alegría que proporciona el contacto con lo Absoluto y con lo Sagrado a través de la oración en su calidad más contemplativa.

Sumergirse en el “acto orante” es el síntoma más claro de que se ha llegado al discernimiento (entre lo verdadero y lo falso), al desapego (de las cosas del mundo), a la sumisión (a la presencia de Dios), a la humildad (respecto a nuestra capacidad humana), a la sabiduría (habiendo comprendido donde está la plenitud y el gozo verdaderos), a la caridad (al abrazar en nuestra oración a toda la creación), y a todas las demás virtudes… Todas las virtudes están contenidas en la oración.

Orar es un acto simple de colocación ante la presencia de lo Sagrado.

No te compliques con rituales ni con palabrería o con lecturas excesivas. Orar es muy sencillo, no hace falta que te leas todos los libros que hay sobre el tema. Se trata de orar, no de leer sobre ello. Vale más un minuto de presencia en lo Sagrado que un año de lecturas sobre la oración.

El rato de oración es un paréntesis de tranquilidad en tu vida. Nunca tengas prisa. La prisa, la ansiedad, la complicación y la dispersión son los mayores enemigos del espíritu. Mantenlos a raya cueste lo que cueste. Nunca te dejes llevar por ellos. Mantente todo el tiempo que haga falta hasta que reconozcas la presencia de lo Sagrado. Esto puede llevarte desde unos pocos minutos hasta horas. Ten paciencia y espera.

Evita hacerlo de manera mecánica y rutinaria; hazlo, no por obligación, sino por devoción. Eso te coloca en una actitud y en una atmósfera totalmente diferentes.

El pensamiento racional puede llegar a ser un gran enemigo del espíritu. No pienses, razones ni elucubres sobre lo que haces. Simplemente hazlo; simplemente reza. Entra en esa atmósfera, no pienses sobre ella. El pensamiento no entiende esos estados y antes, durante o después de la oración, pondrá todo tipo de impedimentos y de razonamientos haciéndote ver lo absurdo de la práctica. El pensamiento empleará todo tipo de argumentos de lo más convincentes e ingeniosos. ¡No hagas caso al pensamiento! Diga lo que diga la mente, tú continúa con tu práctica de oración.

Ten en cuenta que esto te sucederá, incluso, después de muchos años de práctica y de frecuentación de esos “lugares del Espíritu”. Muchos son los testimonios de personas de oración y de vida interior que así lo confirman. Nunca hagas caso a esos pensamientos. La mente pensante, hiper desarrollada en las personas actuales, no puede abarcar ciertas moradas y se resiste con todas sus fuerzas poniendo una barrera que debemos vencer con perseverancia e inspiración.

* * *

Enciende una vela delante del Oratorio y siéntate en el suelo, con las piernas cruzadas, sobre los talones o en un banquillo, según prefieras.

Puedes permanecer así desde unos minutos…. hasta el día entero. No hay límite para la adoración. Acuérdate del consejo evangélico de «permanecer en oración constante».

Preferentemente puedes rezar el Santo Rosario o el Ave María, haciéndolo con tranquilidad y dejando que en tu alma se reproduzca la receptividad de la Virgen María ante el anuncio del Ángel.

También puedes emplear una invocación más simple como por ejemplo:

AMOR PADRE DIOS ¡¡ TE AMO !!

La repetición se irá uniendo, poco a poco, a la respiración: AMOR al tomar aire, AMOR al expulsarlo.

Puede llegar un momento en el que el aliento en sí, se transforma en oración. El contenido de la palabra se trasvasará al aliento, al cuerpo y al mundo. Entenderás lo que es «ver a Dios en las formas y las formas en Dios».

Si decides usar otra plegaria, mira que sea una sencilla frase o palabra que evoque en ti lo Sagrado y que repetirás con tranquilidad dejándote impregnar por su sabor.

Puedes centrar tu atención en el corazón. Eso enraíza la oración en el cuerpo y despeja a la mente del continuo pensamiento. De esa manera el espíritu se “corporaliza” y el cuerpo se “espiritualiza”. En el corazón vivirá entonces una llama orante permanentemente encendida; como una luz que señala donde hay un “templo vivo de Dios”.

Puedes abrir los ojos de vez en cuando un momento y mirar a la imagen que te inspira, de manera que añadas un impulso más hacia las alturas a través de la visión.

No fuerces la plegaria, ni mucho menos la respiración. Una de las claves fundamentales de la oración está en aprender la manera en que la plegaria “suceda” por sí misma, a su propio ritmo, “se rece” en ti, lo mismo que la respiración “ocurre” sin ningún esfuerzo.

Los momentos más propicios para la oración son el amanecer y el anochecer (los tradicionales momentos de Laudes y Vísperas), pero puedes hacerlo en cualquier otro momento del día o de la noche.

Con el tiempo la oración se irá haciendo continua en tu vida, tanto la «Oración Verbal» cuando sea posible, como la «Presencia en el Sabor de lo Sagrado» que se mantendrá como plano de fondo a lo largo de todo el día.

Sobre ese sagrado “lienzo de fondo” verás que se van dibujando las situaciones, los movimientos, las conversaciones, el trabajo etc… Toda tu vida quedará cubierta por el manto de tranquilidad de lo Sagrado e iluminada por la “dorada luz del Tabor”; un gran manto de tranquilidad, lucidez, comprensión y gracia que irá abarcando las situaciones, los paisajes, las personas en cada momento de tu vida.

También con el tiempo esa invocación, ese sabor o esa luz, se mantendrán por la noche durante los sueños.

Si sois una familia, acostumbraros a orar juntos al atardecer o antes de dormir. ¡Apaga la televisión y enciende el Oratorio… tu alma te lo agradecerá!

A los niños les resulta muy fácil la oración siempre y cuando no se les complique con palabrerías inútiles o con doctrinas que no llegan a comprender. Enséñales a orar con el Padre Nuestro o con una invocación simple. Ya tendrán tiempo para doctrina y teología más adelante. Los niños captan magníficamente el “sabor” de lo Sagrado y les deja un recuerdo indeleble en sus almas. Valen más unos minutos de oración contemplativa todas las noches; viendo además el ejemplo de sus padres; que todas las explicaciones teóricas que se les pueda dar. Cuando sean mayores te agradecerán las horas pasadas en esa atmósfera sagrada en vez de viendo la televisión. Habrás sembrado una semilla de paz, alegría y plenitud con unas consecuencias que ni siquiera imaginas ahora.

Si en periodos largos de oración sientes molestias en el cuerpo, aprende a moverte muy lenta y armoniosamente. Inclínate hacia delante, hacia los lados o extiéndete hacia atrás. Haz, armoniosa y lentamente, torsiones hacia los lados o cualquier otro movimiento que te alivie las molestias. Aprende a moverte tan suavemente que el movimiento no perturbe el estado de oración. Así el movimiento también será oración e invocación.

De la misma manera que una palabra o una frase pueden invocar y evocar lo sagrado, también un movimiento, un gesto o la evocación visual de una imagen pueden hacerlo. Si sinceramente ese es tu caso hazlo así, pero no lo hagas por estar a la moda o por ser original; mira si eso realmente te sitúa en presencia de lo Sagrado. A fin de cuentas lo que importa es llegar a la presencia de Dios y el vehículo que empleemos para ello será, simplemente, aquel que más nos ayude a ese fin.

Reconocerás la presencia del Espíritu por sus frutos. Ahí donde aparezca una Alegría sin motivo mundano, una Bondad desinteresada, un Amor en estado puro y sin excepciones, una Belleza que todo lo abarca con su manto, una Paz interior y un Agradecimiento independientes de las circunstancias exteriores, ahí estará sin duda el Espíritu.

Cuando aparezca esa Alegría sin objeto, contémplala, quédate mirándola; permanece en esa vivencia durante todo el tiempo que puedas, minutos, horas o días. Cuando aparezca la Bondad, contémplala, quédate impregnándote de esa vivencia; quédate con ella todo el tiempo que puedas. Así con todas las demás cualidades divinas: el Amor, la Libertad, la Misericordia, la Infinitud, el Silencio, la Paz profunda, etc… Conforme vayan apareciendo en la oración, quédate contemplándolas y así irán tomando cada vez más presencia en tu vida.

También reconocerás la presencia de lo Sagrado cuando al intentar describir la vivencia aparezcan las paradojas. Expresiones como: una “vacuidad plena”, una “plenitud sutil”, un “silencio sonoro”, una “densidad ligera”, una “soledad acompañada”, etc. denotan que se ha visitado ese lugar donde mora el Espíritu.

A veces también lo puedes reconocer por algunos cambios físicos: notarás un cambio en la respiración que tomará una calidad “diferente”, más profunda o más intensa o más lenta, según el momento o las personas. Puedes notar también algunos cambios en la calidad de la mirada, o en la relajación de la columna o de los plexos nerviosos. Pero todos estos cambios, si es que ocurren, ocurrirán de manera espontánea y como consecuencia de la profundización, no puedes forzarlos ni fingirlos desde afuera.

De la oración contemplativa al silencio contemplativo solo hay un paso. No fuerces el silencio; llegará de forma natural cuando el alma quede impregnada del Espíritu en una unidad. Entonces, de manera natural, cesará la repetición de la plegaria y te mantendrás en la simple presencia silenciosa. No quieras, por orgullo, llegar a lo más alto y permanece tranquilamente ahí donde Dios te ha puesto y donde puedas sentir su presencia. En estos tiempos es una pena que muchas personas con gran capacidad y vocación de interioridad, por querer llegar directamente al último peldaño de la unión mística…. ni siquiera alcancen el primero de paz interior. El silencio forzado será un silencio “vacuo”, desprovisto de gracia, y que no tiene ningún sentido espiritual. Con frecuencia, incluso, se convierte en algo angustioso. Eso en vez de acercarte al Cielo, te deja a las puertas del Infierno. El silencio en sí mismo no es el objetivo, sino la presencia de Dios. La presencia de Dios viene acompañada de silencio, pero el silencio no siempre es acompañado por la presencia de Dios.

La palabra caerá como una fruta madura cuando aparezca lo que ella invoca. Entonces reposa y descansa en ese Santo Silencio, en esa Santa Presencia. Cuando veas que ese perfume desaparece, cuando veas que vuelve la inquietud o la sequedad, entonces vuelve a la palabra hasta que el fuego se avive de nuevo. Una y mil veces.

Por otra parte no debes forzar la oración verbal, la palabra, cuando veas que el silencio te ha tomado o esté llamando a tu puerta. En esos momentos, incluso la palabra que te elevaba puede convertirse en un estorbo y hacerte descender de esa «ligereza plena». No tengas miedo al silencio. La simple presencia, o el simple aliento son oración cuando están impregnados de Gracia.

Si tienes la bendición de encontrar un maestro de oración aprende de él, será una gran suerte. Desgraciadamente en los tiempos que corren, esto es cada vez más difícil por no decir imposible. Esto no debe desanimarte, confía en la inspiración y en la ayuda del Espíritu Santo y haz el camino en soledad. Si no tienes ayuda en la tierra confía en la ayuda del Cielo. La ayuda para el espíritu llega a raudales a las pocas personas que, en este profanado mundo de hoy en día, optan por una orientación interior. Con el tiempo puede que encuentres a algunas pocas personas como tú. Os reconoceréis enseguida.

Aunque estés en soledad, ponte en camino y ora en soledad. El mundo del espíritu ha estado desde siempre lleno de ermitaños y solitarios, y ahora, con el actual descalabro espiritual, sigue estándolo aunque permanezcan ocultos en las ciudades. Si lo puedes hacer en grupo o en familia hazlo así, pero sea cual sea la situación no dejes de meditar, orar y contemplar lo Sagrado.

No puede un ser humano hacer acto más bello que la oración. Sumergirse en el acto orante es sumergirse en la belleza que encierra dicho acto… El abandono y la entrega al acto orante es la mayor belleza que puede acompañar nuestra vida; esa entrega… esa rendición ante lo que nos sobrepasa…

Uno puede optar por cubrir su vida con un manto de belleza o permanecer en la sequedad, el desasosiego, la inquietud, la fealdad o en la amargura. En algún momento de tu vida tendrás que optar por lo uno o por lo otro, más allá de ideologías, argumentaciones y razonamientos de la mente pensante.

Merece la pena apostar por lo primero y que tu paso por este mundo esté acompañado de la Luz, el Calor y la Belleza de lo Sagrado, convirtiéndote así en un foco de irradiación de esas cualidades para tu entorno.

Si tu impulso y tu vocación son fuertes, esa opción se hará de una vez y para siempre. Pero lo más habitual es que esa opción sea un gesto que se renueva cada día o cada momento del día en una apuesta y una decisión constante.

Hay momentos de “sequedad” interior; cuando la “noche oscura”, el desánimo y la aspereza invaden cada célula. En esos momentos lo mejor es poner orden en la vida exterior y mantener un “mínimo” de oración. Pueden bastar tres minutos a la mañana y tres a la noche. Eso no cuesta ningún esfuerzo a pesar de que estemos en plena “noche oscura”. Aunque te parezca poco, eso es mejor que nada. En esos momentos tienes que ser humilde y reconocerte en tu humanidad. No puedes en ese estado ponerte metas muy altas; se como un niño, Dios no te pide nada más allá de tus posibilidades actuales. Comprobarás como tan solo tres avemarías pueden obrar milagros…

Algunos consejos para cuando se hace oración en grupo

Si en algún momento tienes la bendición de encontrar otras personas que, como tú, también practican la oración contemplativa, puede ser positivo el reunirse para orar en común algún día de la semana o quizás en períodos más largos como un fin de semana.

Cuando varias personas se reúnen es necesario un mínimo de estructuración para que la reunión pueda ser espiritualmente productiva y no termine por ser un desorden y una dispersión totalmente antiespiritual. Recuerda que la belleza y el orden son un reflejo y una cualidad de lo Absoluto.

Al tomar cualquier decisión, hasta la más mínima, o hasta la que parezca sin ninguna importancia, no perdáis nunca de vista el objetivo de «estar en presencia de lo Sagrado». Comprobar si aquella decisión realmente es buena para favorecer la presencia de Dios o no.

Hay que ser muy sincero y muy tajante en esto porque de ello depende la eficacia espiritual del grupo.

Tanto en el caminar solitario como cuando se hace en pequeños grupos, es posible y puede ser incluso recomendable la practica del Oficio Divino o la simple salmodia del Salterio como fuente de gracia, de inspiración y, cuando se hace en grupo, como oración compartida. Esto se puede hacer al comienzo del periodo de práctica y sin que llegue a ser la parte predominante, de manera que la mayor parte del tiempo sea de oración interior.

Los salmos se pueden recitar en grupo simplemente con el tono normal de lectura, pero todavía mejor es hacerlo con la entonación gregoriana que es muy sencilla de aprender y practicar, y que además crea una atmósfera mucho más contemplativa.

En reuniones de varios días, y si esto fuera posible, se puede incluir la celebración de la Eucaristía. Hacerlo de la manera más austera. Hacerlo sin prisa. Que no se pierda el sabor interior orante durante la celebración.

De utilizar cánticos, que sean gregorianos, evitando esa clase de músicas emocionales y dulzonas que se acostumbran hoy en día y que no favorecen para nada la elevación espiritual. No confundáis una subida emocional o sentimental, con la ascensión espiritual. Es mejor no emplear cantos antes que emplearlos mal. Si no conocéis la música gregoriana mejor hacerlo con la simple y austera palabra, y con abundantes momentos de silencio…. la mejor de las músicas.

Al estar en grupo es mejor marcar unos periodos de oración que resulten adecuados para el grupo. Alguien se encargará de marcar el tiempo con un toque de campana y si se hace la salmodia, alguien se encargará de dirigirla mínimamente.

Sobre todo nada de complicación y de dispersión. Lo más simple es lo más eficaz. Si a la simple oración se añaden algunos elementos es con el fin de facilitar la presencia del Espíritu, la inspiración, o el funcionamiento grupal, pero no es para nada obligatorio. Si no es necesario añadir nada, tanto mejor; y si se hace, que sea para mejorar la calidad de transparencia interior no para difuminarlo todo con decoraciones o emocionalidades.

El lema de un grupo contemplativo orante debe de ser el tradicional monástico de «Soledad compartida».

de un Ermitaño Anónimo

El texto fue extraído de:

Contemplatio

Hacia la ermita

Icono de Jesucristo

La capilla del monasterio está construida en piedra.

Grises en su mayoría, algunas más blancas, cobijan restos de liquen aquí y allá. Sus bóvedas y arcadas y su organización geométrica, la delatan gótica. Pero es un gótico desnudo, solo formal. El contenido en extremo sobrio.

La gran cruz central, de roble antiguo, sin la imagen del Salvador, espera vacía que el observador proyecte sobre ella su arquetipo interno.

Los asientos del coro, en dos filas enfrentadas detrás del sagrario, son también de madera, aunque de irreconocible procedencia. Los cubre una pátina de uso, fruto de siglos.

El altar es de roca sólida y está cubierto por un grueso madero rústico, brillante sin embargo por la cera, que en repetidas capas, devotas manos le aplican diariamente.

Todo el conjunto se destaca gracias a la luz oblicua y colorida que deja pasar el único vitreaux del templo.

Las ventanas, altas y angostas, bien ojivales; estrechan el paso de la luz, recostándola precisamente detrás de las columnas.

Esto deja áreas penumbrosas, favoreciendo el recogimiento y haciendo más solitarias las figuras, que en fervorosa búsqueda, continúan quedas después del oficio.

Junto a la puerta lateral que da paso al claustro, destila agua bendita una pequeña fuente normanda, originando el suave rumor líquido que en ecos continuados, recorre la nave central.

Esta gran bóveda embaldosada en granito indefinible, sin mobiliario alguno por orden del Abad; permanece desierto manifiesto, propicio a la meditación, la sumisión y el abandono.

La puerta principal, de cedro rojo y macizo con aldabas de hierro; protege la clausura, que resistió inviolada, alguna guerra y tumultos revolucionarios.

Detrás de ella surge un sendero de grava fina, delicado al paso, que va desdibujándose conforme ingresa al bosque. Allí se difumina, exhalando hojas secas en dirección a la ermita, que como punto sagrado de unión entre cielo y tierra, domina el claro bordeado de jóvenes coníferas.

elsantonombre.org

Desde la ermita

En la ceremonia

Nuestra Madre

En la ceremonia, el ingreso del oficiante se extiende por el pasillo central, mientras las gentes entonan el himno de apertura y los oferentes portan luminarias de alabanza.

El acólito, contrahecho, tullido, arrastra su aparatosa renguera y haciendo torpes movimientos trata de no quedar atrás en todo el procedimiento.

Su presencia tosca, desordenada, desnuda en esfuerzo y afán, rompe cualquier armonía que la solemnidad pudiera ir dibujando.

Y es justamente allí, en la fealdad de sus contornos, donde inesperadamente, se manifiesta lo sagrado.

Links de hoy:

Escuela de teología

Traditio et fides


En el patio de atrás

Las nubes blancas y  gordas, brillantes; contrastan fuertemente con el cielo muy celeste y la brisa fría envuelve todo el conjunto.

Los árboles bien verdes, oscilan levemente, parece que respiran.

Dos pájaros alternan cantos, sosteniéndose apenas en extremos exiguos.

De vez en cuando pasa una turba de palomas, partiendo el aire con el sonido de sus alas. Y van y vienen ordenadas, simétricas, regidas por inflexible mecanismo.

Debajo del pasto, las hormigas han hecho un sendero y con ritmo acompasado van llevando su carga.

Me siento cuidadoso y apoyándome en un tronco limpio, siento latir al corazón, que extrañamente, hace coro con todo lo demás.

La Virgen y el silencio interior

Icono de La Virgen María y el Niño Jesús
Icono de La Virgen María y el Niño Jesús

La siguiente charla la mantuvimos antes del mediodía. Extraje de ello lo que me pareció mas importante.

Lo dejé solo después de Laudes y me fui  a caminar por el bosque. El se quedó trabajando en sus íconos. Ahora está realizando unos que le han pedido por mi intermedio, en arcilla, que luego me encargo de llevar a hornear a la ciudad. Esta cocción, que se realiza a mas de 1000 grados, deja el diseño en bajo relieve totalmente fijado y apto para durar mucho tiempo. Padre Vasily entonces se dedica al color, aplicando unos óxidos que luego hay que hornear también.

Todo el proceso es trabajoso, pero sus resultados son formidables. Quedan realizadas magníficas imágenes que son aptas incluso para poner en las Iglesias, muy sacras y adecuadas para cumplir la función de todo icono, es decir, facilitar el contacto con lo sagrado. Pero el monje se encarga además de hacer que la imagen y la obra toda, con sus maderas y marcos de soporte, viva un proceso de oración. El reza reiteradas veces mientras va desnudando la forma con sus manos, reza cuando la pinta, cuando la termina, cuando la entrega. Padre Vasily considera que la forma puede albergar algo de las Divinas potencias y que esa influencia positiva puede llegar al fiel desconocido que luego haga oración ante la imagen.

El bosque es muy calmo y solitario. Hace frío y como casi siempre, sopla una brisa que mece la parte alta y mas débil de los pinos. La repetición del Santo Nombre se me está haciendo hábito y estoy empezando a gozar de algunas de sus primicias. Por ejemplo: Cada vez que me olvido de orar y que me preocupo por algo en mi vida de la ciudad, por lo económico o por algún temor o ansiedad, me acuerdo que existe la oración y es como si ya me tranquilizara, antes incluso de empezar nuevamente a hacerla. Me ha crecido mucho la fe y vivo mas confiado, tengo motivos para estar muy agradecido.

A mi regreso, el icono esta listo para ser trasladado, ya embalado y protegido. Al no estar todavía cocido, debo ser extremadamente cuidadoso en su traslado.

–          Acá estoy de vuelta Padre.

–          Ya veo. ¿Y como te fue?

–          Bien. Soy una persona mas tranquila que antes, tengo menos urgencias.

–          ¿Y que te sigue urgiendo?

–          …Mhh, no sé; algo así como un cierto afán de realización total, de consumar la unión con Dios, creo que tengo mucha ambición espiritual.

–          Ya te estás como defendiendo por anticipado. Comunícate con libertad y no andemos timoratos.

–          Si, tiene razón. Lo que pasa es que soy mucho mas feliz que antes Padre, pero por ahí a veces me asaltan temores o inquietudes y me gustaría vivir en la plenitud que conozco por usted o por cosas que he leído…como que tengo ansiedad de que llegue ese momento.

–          Toda ansiedad deriva de la falta de fe. Mejor dicho, toda ansiedad es un deseo de algo, es un querer algún tipo de objeto, material o espiritual, tangible o intangible para consolarnos en el. Pero la única plenitud posible viene de vivir con Dios junto. Todo lo demás es provisorio e insatisfactorio, como ya sabes.

Pero además, vivir en Su presencia no es un objeto que se pueda adquirir como otro cualquiera o un algo que lograr. Vivir en Su presencia es un proceso de la gracia en nosotros y que requiere algo muy mínimo de nuestra parte. Dejarse estar dispuesto a aceptar Su voluntad.

No hay mejor actitud que el “Sí” de la Virgen para la oración contemplativa. Disposición, aceptación e ir guardando todo en el corazón. Ella enseñaba la contemplación. Atestiguar dispuesto a aceptarlo todo y guardando en el corazón toda vivencia.

Y fijate que esta actitud, aparentemente pasiva, poco activa, es la que logra que Jesús actúe antes de la llegada de su hora en las bodas de Caná.

Calladita, calladita, pero la primera señal de Jesús se produce a instancias de ella. Jesucristo se niega y sin embargo ella les dice a los servidores: “Hagan lo que Él les dice” y Nuestro Señor lo hace. Yo no soy teólogo ni intérprete bíblico adecuado, pero a mi me parece personalmente que ese significado es muy correspondiente a lo que sigue en todo el Evangelio después. Y esta particular deferencia de Jesús hacia ella nace de la profunda intimidad de corazones entre ambos, nace del atestiguamiento de María.

Y fijate que luego, al pie de la Cruz, ella llora su dolor y a través de sus lágrimas calladas consuma su contemplación. Todo contemplativo termina llorando los dolores del mundo, la caída propia y ajena y es ese dolor, el que misteriosamente, redime, al contemplativo y al mundo.

–          O sea Padre, ¿que usted reza como María?

No, yo intento rezar como María, es un modelo de conducta inestimable para mí. Hay todo un problema con esto de los modelos de referencia hoy en día. Suelen presentarse a los jóvenes, desde el seno mismo de la Iglesia, modelos armados fuera de la necesidad sicológica y espiritual de la etapa que atravesamos. Incluso yo recuerdo un canal de televisión que tuve oportunidad de ver un día en la sala de estar de la hospedería, un programa católico, muy bien intencionado, que presentaba a unos jóvenes mirando al cielo con una cara de embeleso mal actuada, no sentida.

Me preguntaba a cuantos jóvenes atraería semejante modelo.

El joven necesita modelos heroicos, de entrega valiente y generosa, que aunque puedan transitoriamente llevarlo a veces, al terreno del crecimiento del ego; tarde o temprano lo depositan en el anonadamiento del sí mismo y en la entrega. Pensá en Charles de Foucauld, en San Francisco de Asís, en San Roberto de Molesmes.

Creo que el resurgir Trapense en América entre los cuarenta y los años sesenta, tuvo mucho que ver con la obra del Padre Raymond, “Tres Monjes Rebeldes”. Esa obra, según mi criterio, llevó mas vocaciones a los trapenses que cualquier otra acción de los últimos tiempos.

Presentar una visión poniéndose en el lugar del modelo y de su entrega, de su heroísmo. Fijate en San Pablo, era tan decidido aun en el error, que se le manifiesta El Señor. Pero a mi ver, fue su entrega lo que llama al Señor al camino de Damasco. Pablo defendía a su Dios de los Nazoreos y se le iba la vida en ello.

Debemos mejorar nuestro modo de evangelizar. Hay que destacar la valentía del dejar todo, del abandono. Después, eso nos lleva solitos a darnos cuenta que no hay mérito alguno en nosotros. Pero, quizás al principio es necesario.

Al rato, oramos y comimos frugalmente, en silencio. Yo tenía todo listo para irme y eso me teñía las cosas de cierto dolor angustiado. Me quedaría a vivir en las cercanías del Padre Vasily sino fuera porque debo esperar a resolver la situación de la familia, según su orientación. Se me ha hecho dependencia de su palabra y de su presencia. Lo amo y lo reverencio con sentimiento filial. El me mira y yo creo que sabe lo que pasa en mí. Sonríe, pone una mano en mi hombro y dice:

Uno no debe preocuparse de nada. Uno debe ser consciente de que todo nos viene de Él y todo será según Su voluntad…¿de que preocuparse? Confiar y si no confío, pedir la confianza. Vos ya tienes pruebas suficientes en tu vida de la bondad de Dios y de su Providencia mas inteligente de lo que podemos imaginar. Uno cree que el bien de uno es aquello y resulta que es esto otro y uno después se da cuenta; cuando Dios ya nos dio lo que necesitábamos y tuvo que aguantarse nuestras quejas mientras el proceso de la gracia actuaba.

Quedáte tranquilo Mario, te va muy bien y muy bien te va a ir en la peregrinación por este mundo. ¿Y sabés porque? Porque El Señor es bueno, porque es infinita Su misericordia y porque nunca perdiste tu niñez. La buena fe. La buena intención. El querer el bien. Cierta candidez que tienes y que te ayuda mucho.

–          Gracias Padre. Una cosa más solamente. Yo lo he visto orar, medio de reojo y hemos recitado juntos los Salmos, pero yo sé que usted practica la oración de Jesús y quiero saber de su intimidad en la oración. ¿Qué hace usted cuando se sienta en silencio por horas mirando los iconos? Digo, ¿que hace en su interior? Disculpe el atrevimiento pero sino se puede contestar no se contesta.

–          ¿Y cómo no se va a contestar? ¿Por qué no? Es cierto que hay un espacio absolutamente intimo entre El Señor y cada alma, pero no es que no se deba o no se quiera contar, es que no se puede traducir lo que allí se vive. Eso es críptico, incluso muchas veces para uno mismo luego de la oración. Porque es como que uno cambió de situación o de nivel y ya aquello no le resulta tan accesible. Pero bueno, yendo a tu pregunta. Yo lo que hago es dejarme estar ante El Señor.

Me pongo frente al icono que es una ayuda perceptual para el asno que hay en uno; porque El Señor esta en todos lados, en el tronco sobre el que estoy sentado, está en los árboles y esta en tu mirada y en tu anhelo y hasta en tu pregunta. Pero uno es un asno y el icono ayuda a situarse mental y corporalmente. Es como la gestualidad en la oración; una ayuda para posicionarse interiormente.

Así que yo me dejo estar ante los iconos, sereno la respiración de la agitación que esta viene trayendo por las actividades, repito la oración de Jesús porque me conecta inmediatamente con un espacio sagrado en mi interior y así me quedo, me dejo estar.

No tengo mucho mas que decirte… hay días de mayor silencio interior y días de mas viento, de cierta movilidad y nada, todo esta muy bien porque en ese dejarme estar es cuando Él actúa mas libremente si me permites la expresión. Respecto de lo que preguntabas el otro día, de si hago o no hago peticiones; cada uno tiene su forma… yo trato de contactar con lo que hay en la profundidad del corazón…que son todos buenos deseos por los demás, por todo y por todos.

Porque en la profundidad del corazón esta El Señor y Él Es y quiere el bien absoluto y si se puede decir así… cuando yo deseo el bien para el mundo, estoy deseando con Él, me uno a Él en la Creación del mundo, que continúa a través de la obra salvífica de la gracia.

Pero claro, entiende todo esto como una forma de traducir lo intraducible, porque no es como es la cosa, sino como puede decirse la cosa y lo que puede decirse nunca es la cosa en sí y mucho menos si de hablar de Dios se trata, porque propiamente de Él no podemos hablar, sino a través de figuraciones y de modos que nuestra condición pueda comprender.

Porque Él esta mas allá de todo, porque es lo totalmente otro. Y, a la vez, lo totalmente uno con todos. Uno empieza cuando se mete en este terreno a decir tonteras, todo resulta paradojal, porque son cosas que no se pueden decir; no porque no se deba, sino porque no se puede, hay una imposibilidad de manifestar acerca de la manifestación suprema. Vos leíste a Dionisio Areopagita y sabés de que hablo.

Pero es eso, dejarme estar, hacer lo menos posible, repetir el Santo Nombre y saber callarlo también en el momento donde todo sonido es innecesario y es allí en esa nada innombrable y silenciosa, donde pasan cosas entre Dios y el alma que es lo que dota de significado toda la vida. Uno nunca es el mismo luego de el gran silencio y la vida nunca vuelve a ser la misma; porque El Señor la ha tomado y la va despojando de todo lo que no sea Él.

Y en lo que hace a lo que preguntabas para esa persona que ha puesto en marcha una obra solidaria y que con mucho esfuerzo va llevando adelante, que tiene el deseo de organizar en torno a ello una congregación religiosa nueva y que duda si correspondería; eso depende.

Uno debe pedir el don del discernimiento, la venida del Espíritu Santo que aliente el esclarecimiento verdadero.

Pero puede servir en principio que esa persona se pregunte: ¿Es que en esta obra que estamos llevando adelante hay algún carisma especial, muy particular, difícil de encontrar? Porque si no lo hay, si es una tarea como ya se están llevando adelante en otros sitios, podría sumarse a alguna congregación ya existente que trabaje en esa línea. Podría aportar nuevo aire a gente que ya lo está haciendo y , a la vez, recibir apoyo de estos nuevos hermanos.

Pero si hay un carisma muy específico y particular, una especialización muy determinada, quizás pueda ser una llamada a una fundación nueva. Habrá que verlo.

La vida consagrada siempre es lo mejor. ¿Qué mejor que consagrar la vida a algo? Junto con lo sagrado haré mi vida, eso es vida consagrada. Si la persona puede, si lo puede asumir y pidiendo la gracia siempre se puede; que no dude e inicie el camino hacia la consagración. Pero debería empezarlo en alguna orden o institución ya existente, para aprender y para depurar las motivaciones. Porque a veces el ego mete la cola y lo que parece un carisma es afán de protagonismo o de notoriedad o auto estima. No digo que lo sea, digo que puede ocurrir y ponerse bajo el manto de la obediencia, es buenísimo para esas cuestiones, para depurar, filtrar las cosas.

¿Consagrarse? sí. ¿Empezar una nueva congregación? depende. Primero obedecer, aprender y luego si es un llamado del Señor, se va a develar, se va a discernir. Porque si esa persona se siente atraída hacia la vida consagrada, eso es un llamado. No darle muchas vueltas que hacen falta obreros en la mies. Cada uno con su carisma, si, claro que sí. Pero eso discernirlo desde adentro y no desde la soledad donde el “yo” puede jugar malas pasadas. Ser humilde y aceptar que todo esto puede discernirse consultando con otros de mas experiencia.

elsantonombre.org

Publicado porEd. Narcea en

“Dios habla en la soledad”

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Toma y lee

Tomas Merton

Tradición católica

Ayuno, soberbia y conversión

Grafía de San Serafín de Sarov

Cae la tarde sumergiendo todo en la penumbra y entre los silbos de los pájaros y el sonido del aire entre los pinos, noto la ausencia de la angustia que suele acompañarme en los crepúsculos.

En los atardeceres suelo recordar la escena bíblica de el camino de Emaús, donde le piden a Jesucristo resucitado que se quede a acompañarlos  porque se hace de noche.

Aquí, junto a la ermita, no aparece el clima de desamparo que me suele acometer. Aquí esta todo bien; porque ver la felicidad callada y profunda del Padre Vasily me hace mas cercana la promesa del Edén y de algún modo la torna creíble, para mi propia vida en el mañana, cuando no esté junto a él.

La perspectiva de la noche en oración callada, la cena juntos y la continuidad del diálogo me llenan de alegría.

– ¿Cómo es su dieta Hermano? usted ¿qué come?

– Verduras y frutas, algo de pan, mucha agua.

– ¿No come carne, ni siquiera pescado?

– No. Pero no es nada extraordinario, uno se acostumbra rápido.

Además, en esta soledad no estoy expuesto a tentaciones…no veo nunca un asadito que me provoque.

– ¿Y no se debilita?

– Yo creo que no. ¿Me ves mal?

– No para nada.

–  ¿Y entonces?.

– ¿Pero como es todo este tema del ayuno y eso? ¿Es útil, no lo es?

Depende. Por ejemplo si te largas a ayunar mas allá de tu medida o si lo haces sin verdadero criterio te puede pasar que se te de un rebote. Es decir te mortificas dos o tres días y al cuarto estás sumergido en la gula mas tremenda. Como una ley de compensación. Eso no sirve. Pero, en general, está muy relacionado el ayuno, los frutos del ayuno quiero decir, a la motivación con que se lo emprende.

Si lo que buscas es una proeza ascética para hacer crecer el ego, mas vale comerse un asadito y quedarse con el ego disminuido; porque hace menos daño a los apetitos un asado que un ego inflado.

Puedo asegurártelo. Y también depende de a quién le estemos hablando. Cada uno debe proporcionar sus esfuerzos a su condición y a sus búsquedas.

Aligerar el cuerpo de pesos siempre es muy útil, mientras no recargue de pesos a la mente. Te quiero decir, si vas a ayunar y como consecuencia de tu liviandad vas a estar pensando todo el tiempo en un plato apetitoso o si vas a estar contando las horas hasta que termine el período de ayuno; eso no es de ninguna ayuda. ¿Cómo te ha servido para unirte a Dios? Has estado con la atención puesta en otra cosa. De ninguna manera.

Mi opinión es que el ayuno sirve si se hace práctica de vida; es decir, costumbre. Porque al acostumbrarse uno necesita menos cosas, puede ser mas libre para orar, para pasarse largos períodos de reclusión, verdaderamente el cuerpo empieza a reclamar menos atención.  Yo disfruto mucho unas papas con calabaza y una fruta. Me resulta muy apetitoso, el cuerpo ya no me pide lo que casi ni recuerda. Entonces me ahorro un montón de molestias, de condimentos y de necesidades que no eran tales. Se vive con menos y se vive mejor.

Por otro lado te digo, es difícil hacer silencio mental con el estómago muy lleno. Y mientras mas le das mas te pide. Te acomete el sueño y es difícil permanecer vigilante, fiel en la oración y en la custodia de los pensamientos. En ese tema Evagrio el Monje fue un gran maestro, lo mismo que Casiano. Ellos relacionaban a un pecado con otro y mostraban el particular encadenamiento existente entre un vicio y otros que necesariamente le siguen.

Atestiguo que lo que dicen es la pura verdad y lo afirmo por experiencia. La gula o la Gastrimargía es madre de muchos vicios. Pero por supuesto la raíz está en otro lado.

En la ausencia de la sensación de Su Presencia.

Es la verdad que he podido comprobar. Todos nuestros males derivan del vacío interior y este vacío es el lugar en donde debería habitar El Señor. O lo que es lo mismo: el lugar en donde está El Señor, pero sin que nosotros percibamos su manifestación. ¿Cómo percibirlo si no nos detenemos un momento? Imposible sentir su sagrada Presencia si estamos colmados de apetitos.

Porque cuando el cuerpo esta acostumbrado a algo, lo que busca es ese algo que lo ha colmado de placer. Y a la hora acostumbrada buscará repetir la sensación. No va a buscar la mucho mas sutil presencia de Dios. Va a buscar la nada sutil presencia de la distensión abdominal… el bife colmando el estómago, ¡el placer de la saciedad!

¿Y que pasa después de la saciedad? Viene la modorra. Un sueño bárbaro, unas ganas de echarse a dormir un rato, como hace el perro, ¿no es cierto?

El cuerpo es animalesco, se aprende mucho sobre los propios hábitos mirando la conducta de los perros. Y te haces una buena siesta. Lógico, el cuerpo quiere digerir y concentrarse en esa función intestinal, con toda la grasa y los carbohidratos y que se yo…necesita echarse; disminuir todas las otras funciones para digerir.

¿Y luego de la siesta? Hace frío, empieza a ponerse ventoso, se anuncia la noche de a poco y entonces mandarse una meriendita ¿verdad? Entonces a llenarse nuevamente de pan y dulce y un café o dos… y después uno no se va a dormir porque le da vergüenza, pero ya quedó medio inservible para toda tarea espiritual. En aquél momento, rezar vísperas, será lo más parecido a una letanía sin alma, porque el alma esta detrás de varias capas de mermelada…

Por eso te lo digo. Porque hay bastante confusión con el tema; al menos en la literatura que se encontraba cuando yo todavía andaba por las librerías buscando a Dios. Y la confusión, me parece, deriva de la falta de experiencia en el tema. Es muy difícil animarse a dejar de lado el placer mas rápido, barato y accesible que tenemos. Si te sientes mal, algo que ingieres te da una sensación diferente. Al rato te sientes angustiado; te comes otra cosa y así. Lo que a mi me ha pasado es que descubrí, que la gula es un enemigo mucho menos aguerrido que lo que parecía…pero debía enfrentarlo con cierto valor unos pocos días. El cuerpo luego se acostumbra y te ayuda.

A mi me gustaba mucho la carne asada y me parecía increíble pasarme un día sin un buen filete. Pero después de unos días, empecé a disfrutar de las verduras. Y te digo, el hambre de verdura no reclama tanto como el hambre de carne; es como si fueran de naturaleza o de vibración diferente. Los hindúes saben mucho de esto y es como para aprender de ellos un poco.

– Pero como llegó a esto de decidirse a dejar de comer carne totalmente y a comer tan poco, o mejor dicho…¿Por qué no me cuenta como llegó a esta vida Hermano? Sería muy bueno para los lectores que tendremos.

– No creas que vas a tener muchos lectores.

– Ya va a ver que sí; está muy buena la enseñanza.

– Contarte como llegué a esta vida…y ¿desde cuando te cuento? Porque de algún modo todo me fue preparando para esta vida, todo tuvo sentido, todo fue útil y significativo; lo que no quiere decir que yo me diera cuenta entonces o cuando las cosas parecían ir mal.

– Yo no pretendo que me cuente todo, pero como un itinerario hasta la ermita…

Hoy no te voy a contar la historia larga, te voy a contar una parte muy interesante a mi modo de ver, que fue lo que me pasó con la Eucaristía. Yo estaba muy apartado de la Iglesia entonces, te comenté una vez algo.

Había dejado de creer. No había dejado de creer en Dios, me resultó imposible siempre concebir un universo sin Dios, pero no quería saber nada con la Iglesia. Me había desencantado totalmente luego de mis primeros pasos en ella y algunos encuentros desdichados abonaron este descreimiento.

Básicamente me convencí de que la Iglesia era la historia de sus miserias o de sus movimientos políticos y dejé de ver la obra de la gracia abriéndose paso en la historia humana, a pesar de los hombres corruptos…dejé de ver a la Iglesia como un ámbito contextual necesario, como morfología del amor de Cristo, te diría.

Así que ahí estaba yo, sin la Iglesia y afirmándome en que el Concilio de Nicea esto y que el otro concilio esto otro y con eso mi mente conjuraba cualquier deseo o atracción que pudiera tener el corazón. Mi vida fue durante muchos años la historia de la soberbia. Si me dijeran que fue lo peor de mis años lejos de la Iglesia yo diría que la soberbia. El mundo era de los tontos y de los vivos y yo pujando para permanecer entre los vivos. Un mundo competitivo y desprovisto de sentido como no fuera la busca del ascenso en la escala social.

Volví porque me fue mal. Me fue mal en lo exterior y en lo interior; no lograba lo que ambicionaba y no me sentía feliz. Tan mal me fue un día que balbucí una oración. Fue algo imprevisto. Hacía años que no rezaba, que no ejercitaba “el oficio de los débiles” como me gustaba pensar entonces. Pero ese día estaba tan angustiado que musité una oración y mi mente se dio cuenta y se rebeló sorprendida, acudió en tropel a desarticular el “mecanismo de fuga” según decía. Pero así como mi mente se alteró enojada, mi corazón se regocijó, se ablandó y empezó a llorar.

Y ya no te hablo de ese día solo, te estoy tratando de describir un proceso que me llevó varios años, de vuelta a casa, junto a Jesucristo y a la Iglesia, entendida como hermandad en la fe y en la esperanza y también como organización protectora de esos dos valores.

Mi corazón fue el asunto. Empezó a llorar digo, porque en el mismo momento en que se produjo esa oración sorpresiva, repentina y dividida por la fuerza de la mente soberbia…en ese mismo momento empezó el arrepentimiento, me di cuenta de acciones que había ejecutado sin remordimiento; tomé conciencia de mi pecado, de la insania de muchas conductas, advertí mi dolor por ser yo como era entonces; sufrí por haberme apartado de mi ser profundo. Pero claro, esto lo digo ahora, ya comprendido el proceso, en ese momento la cosa era dolorosa y confusa, pero irreversible.

Hubo luego si, un camino de lágrimas de verdad, de las que humedecen la cara, eran genuinas y no “eclesiales”; eran lágrimas de la conciencia del dolor causado a otros y a mi mismo, era el arrepentimiento mas puro y llano, simple. Y lo considero un verdadero don, una gracia operante a pesar de mi enorme orgullo, de mi soberbia y de la visión del mundo que tenía entonces. Entiendo desde ese día lo que significa Metanoia y entiendo la gratuidad de la misma. Si soy mas subjetivo aún y me expreso con mas libertad todavía… te digo que me sentí en transformación involuntaria, benéfica aunque dolorosa para el ego y salvífica para mi espíritu.

Y después todo fue un irse engañando la mente respecto de que nada cambiaba, de que yo era esto y lo otro en la misma vena soberbia, mientras la conducta se modificaba radicalmente y para bien. El corazón se iba derritiendo y eso a veces le daba dolores, pero empezó a estar mas sano, mas limpio, sin doblez.

El colmo del cambio de conducta fue volver a misa. Las primeras “nuevas misas”, es decir las del regreso, eran graciosas si lo miro desde el hoy; la mente se rebelaba de modo atroz, criticando airadamente “la tontería” que estaba haciendo, sin embargo y aún sin gozo ni placer, mi cuerpo permanecía hasta el final de la liturgia, como ausente, sin saber ni entender porque le pasaba lo que le pasaba. Pero el corazón se dulcificaba y se afincó y no pudo ya apartarse de la comunión. Hubo un tiempo, cuando la mente se rindió y dejó de molestar, en que iba a tres o cuatro misas diarias, de tanto gozo que sentía mi alma, recuperada la casa del Señor.

Sin embargo, te digo, no era un gozo sensual, de placer y requiebros; era un estarse frente al altar reconociéndose actuado por una intención ajena, modelado de nuevo. Si crecía la paz y en ese sentido allí si estaba el goce, era como un adormecimiento de los miembros y como una fuerza nueva, como un cosquilleo en el rostro y las manos, una serena concordia, al estar el corazón uniéndose a la mente. Pero claro, esto lo digo ahora, viendo en retrospectiva.

– Muy bueno, le agradezco que me cuente estas cosas tan íntimas.

– No hay problema. No es personal lo que no tiene mérito. El Señor me dio, luego me quitó y después me lo volvió a dar, centuplicado.

– Pero Padre…¿entonces usted no tuvo culpa de sus malos años? porque dice: “me lo quitó”, como si alejarse no hubiera dependido de usted.

– No lo decía desde allí, sino mas bien expresándome de acuerdo a lo que sentí. No niego la responsabilidad, pero es complejo y hay que verlo bien; en síntesis: veo el pecado o la culpa en las encrucijadas, en los momentos decisivos y no luego, cuando ya estamos embarcados y en medio de la tempestad. Te diría que en ese encuentro infortunado que te mencioné, opté por probar el árbol del conocimiento del bien y del mal; en ese momento quise saber y abandoné la fe y di mas crédito al pensar que al sentir profundo. Aclaro lo de profundo, porque cuando te hablo de sentir no me refiero a los sentimientos superficiales como pueden ser una emoción transitoria provocada por un estímulo.

Tuve una charla con cierto alguien en ese momento, se me habló del Concilio de Nicea y de cómo la Iglesia pactó con Constantino Emperador y como adaptó sus estructura a la organización imperial y como gracias a eso se expandió y etc. etc. Y se me habló de la inquisición y de los errores y falacias de la Iglesia. Y mi mente lo compró, porque el ponerse allí, le significó a ella una subida de nivel jerárquico, se ponía en juez de la historia de toda una institución.

Si soy juez de los demás y de lo que hicieron…soy superior ¿lo ves?

En ese encuentro se criticó a la Iglesia desde afuera de ella y desde una supuesta estatura moral independiente y esclarecida…no tuve en cuenta la soberbia y la postura juzgadora que implicaba, me monté en la sensación que la nueva ubicación mental me brindaba.

¿Cómo podíamos yo o mi interlocutor juzgar a la Iglesia? pero, ¿cómo es posible juzgar siquiera a cualquier persona? ¿cómo es posible que  se produzca el acto de juzgar?

Solo separándome, alejándome de lo que miro y poniéndome por encima. Y esa postura es ilegítima porque no tiene de donde sostenerse, debido a la subjetividad implícita en nuestra propia existencia separada, como individuos.

El juicio es un acto inválido, no solo moralmente sino prácticamente. No es válido ningún juicio como no sea a nosotros mismos desde nosotros mismos. Menos desde fuera de la organización de que se trate. Por eso la enseñanza evangélica de la viga en el propio ojo, supongo. Así es que yo empecé a ver esos errores de la Iglesia o esas corrupciones de la Iglesia y mi mente se apartó y dejé de escuchar al corazón.

Mi corazón decía que yo amaba la Iglesia, que me regocijaba de ser parte de ella, que amaba la liturgia, la oración, la esperanza en la resurrección; que amaba a Jesucristo aún sin saber porque y que me importaban un comino todos los concilios y corrupciones posibles.

Mi madre era una persona complicada, con problemas y en ocasiones cuando niños nos trataba duramente. Se diría que tenía muchos defectos, si me pongo en juzgador de su conducta; sin embargo la amé, la amo y amaré muchísimo y es que aún recordando sus rudezas, mi amor no cesa. ¿Y porque pasa eso en el ser humano? Ah yo no sé..! Intuyo que porque estamos hechos a imagen semejanza de Dios, que nos ama irrevocablemente.

Los corazones se entienden. Tenemos la mente mal educada. Ella debe servir al corazón, como herramienta para comprender la acción del espíritu en todas las cosas; no mucho  mas. Lo que no es poco. Pero si la mente quiere comandar, construimos un mundo insalubre. Corintios 13 debiera ser la constitución del mundo, porque es lo que siente el corazón de todos los hombres. Fijate que aún el asesino ama a sus hijos o se enternece con alguna cosa… el amor es nuestra raíz, la esencia de nuestro ser, ontológicamente somos amor, porque somos hijos de Dios y aunque incognoscible para la mente, Dios se nos revela como amor en la profundidad del corazón.

– Que Dios lo bendiga Padre y lo proteja siempre.

– Me ha bendecido y me protege, al igual que a todos los hombres. Porque aunque no parezca a veces, el dolor y el horror son también fruto del amor. Y esto que te digo se me va a complicar si quiero explicártelo con la mente, pero no es a ella a quién fue dirigido el dicho.

– Hermoso…muy ilustrativo y cierto lo que dice. Estoy muy agradecido al Señor por haberlo conocido. Mire en lo que terminamos y empezamos con el tema del ayuno.

– Si, gracioso. Pero todo esta relacionado. Si ayunas exageradamente intoxicas la sangre con fluidos digestivos que son segregados a horas precisas según la costumbre corporal. Si comes al antojo de tu cuerpo, olvídate de pensar, de sentir emociones altas, lúcidas y místicas. Te olvidarás hasta de caminar.

El camino del justo medio, no en vano es tan exaltado en todas las culturas antiguas, representa la sabiduría ancestral, muy sabia por cierto. Pero el término medio no halaga al ego, que gusta de los absolutos para alimentar su imagen.

Come moderadamente para ir necesitando cada vez menos y ser mas libre de dependencias que te alejan de tu búsqueda.

Buscar la sagrada Presencia en el corazón, en todo momento, mediante oración ininterrumpida es el mejor ayuno, porque cuando uno siente la sensación del reino en el interior, no necesita ya otro tipo de placer. Es el colmo del goce.

elsantonombre.org

 

Sobre Dios y la percepción

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Icono de San Antonio, el grande

Diálogo:

–          Me ha resultado una maravilla la perspectiva cósmica. Es impactante ponerte a pensar que habitas un pequeño punto en un barrio local de cien mil millones de estrellas.

–          Ja, Ja, ¡ya salís con eso otra vez!

–          ¿¡Pero cómo no!? Date cuenta que cada estrella es un sol y que esos  miles de puntos brillantes son solo una galaxia.  ¡Se han fotografiado cientos de miles de ellas! Pensálo un momento… no podés negar el vértigo que te produce.

–          No lo niego.

–          Bueno, pero entonces tenés que llevar las cosas a su última consecuencia. No te frenes ahí.

–          ¿Qué querés que haga? ¿Por dónde querés que siga?

–          Recordá nomás que existen cúmulos de galaxias y supercúmulos con decenas de miles de ellas; cada cúmulo tiene varios miles de galaxias… volvé la vista al puntito que habitamos, a este pequeño planetita y fijate que hermoso y horroroso y complejo que puede ser pese a su pequeñez y animate a sentir lo que se siente cuando te plantás en esa perspectiva.

–          Me parece muy sorprendente, pero vos exagerás; como si yo tuviera que sentir lo mismo que vos.

–          No, vos podés sentir lo que quieras, pero ¿no te resulta evidente la existencia de Dios?

–          No… Ja, Ja.

–          Y bueno, porque te hacés el que atiende a la perspectiva, pero no se si te emplazas realmente en ella. Por ahí estás muy ofuscado ahora con tus temas y problemas.

–          Oíme, ¿vos conocés a alguien que no se mueva según sus propios intereses? Si ya lo hemos hablado.

–          Ya sé, ya sé. Pero, en serio ¿cómo te imaginás el apabullante y tremendo universo sin un Hacedor? Decime. Porque sí, te admito que no sabemos nada de sus características, de sus modos, de sus planes, de su manera de mirarnos; pero que hay un Hacedor…  ¿sino cómo?

–          Bueno, yo te acepté que lo del big bang no cierra del todo, pero lo del Dios tampoco.

–          Mhh pero fijate bien Julián ¡ ¿cómo que no cierra del todo?  El big bang es una soberana tontería ¿Cómo pueden llamar teoría científica al decir que de repente se produjo una explosión y a partir de ahí todo? Una enorme concentración de masa y energía dicen. ¿¡Ajá!? ¿y? Bueno, esta concentración implosionó y luego dispersó energía y materia en toda dirección…

–          Ja, Ja, ¡me gusta mucho la pasión que le pones a la cosa!

–          ¡Pero si es enfermante! ver a los señores doctores en ciencia hablar serios y solemnes, avalándose con cantidades de cifras y gráficas sobre una estupidez. ¿De dónde vino la concentración de materia y energía caballero? Incluso, ¿en qué espacio se manifestaba esta concentración? Porque parece que el big bang, como era el principio de todo, fue haciendo el espacio a medida que explotaba y se expandía. Pero… ¿dónde se dio esta concentración…en la nada?  Es muy decepcionante.

–           Bueno, es inconsistente, lo sabemos. Pero lo tuyo no es mejor, que un ser que existió desde siempre dijo de pronto: ¡hágase la luz!

–          Planteado así claro…lo que yo digo es que hay una voluntad que ha puesto todo a marchar y que es todo un extraordinario diseño inteligente y no azar o choque de elementos fortuitos que vienen de la nada. Es como si no pensaran lo que dicen, como si no lo encarnaran. Hablan macanas, pero no se dan cuenta porque no saben que existen.

–          Pero, a ver ¿cómo explicas vos las tamañas imperfecciones cósmicas o la existencia del ser humano malvado, el horror de la enfermedad? ¿Porque un Dios omnisciente y omnipotente como para crear el universo hace las cosas tan para el culo?

–          Una cosa no contradice la otra. Quiero decirte, hay un Hacedor inmensamente distante a nosotros, por una cuestión de escala te diría, del que casi nada podemos saber, como no sea deduciendo de las maravillas del universo.

–          Y podría ser que los humanos particularmente o las especies o ciertos aspectos naturales, hayan sido creados por criaturas que  no conocemos que van intentando reproducir fenómenos, experimentando con la vida, desarrollando algún proyecto.

–          ¡ O sea que fuimos hechos por extraterrestres nomás!

–          No sé si extra o intra o espíritus creadores o lo que sea, pero la incompletitud que tenemos, la enfermedad, las aberraciones, los avances y retrocesos, me parecen muy propio de lo experimental.

–          Me hace acordar al juego de “Los Sims”, donde vos fabricas un personaje y lo hacés vivir y le diagramás todo.  A veces sale mal y tenés que rehacer las cosas.

–          Yo digo que hay un gran arquitecto que hizo las matrices básicas, como si te dijera, los genes del universo y después eso puesto en marcha da lugar a una serie de fenómenos, incluso inteligentes, creadores, capaces de equivocarse y de aprender por acierto y error.

–          Si, la idea de niveles de evolución.

–          Así como vos vas superándote en cada examen, lo mismo.  Pero podría aplicarse a especies enteras, desafíos particulares  para cada especie según cada circunstancia creativa.  Suponte, darle vida a un mundo y hacer evolucionar allí la vida hasta donde puedan.

–          Si. Te acordarás del SimEarth que probamos en el noventa y dos ¿no?

–          Claro. Si los humanos hacemos jueguitos así, manifestamos externamente nuestra propia configuración interna. Lo que nos pasa se nota en lo que hacemos.

–          ¿Pero a que nos lleva todo esto? Digo, si yo aceptara tu planteo completo y los que harás en el futuro, ¿adónde termino, a que quieres llegar?

–          Quiero llegar al hecho de que existe un Hacedor y de que  se debe vivir según esa consideración y coherentemente  con las consecuencias de eso.

–          ¿Qué consecuencias? No me saldrás con las cuestiones de rendir tributo y de la necesidad de recibir adoración de Dios o de que hay que pedirle para que se entere de lo que querés.

–          No. Pero vivir con eso presente, me ha llevado a adoptar una actitud de mayor entrega y despreocupación de lo banal. Saber que una inmensa inteligencia ha generado el universo me hace sentir que estoy incluido en un plan, que aunque de difícil comprensión, tiene sentido. Si el universo tiene Creador, tiene sentido y si tiene sentido  todo lo tiene. El significado se instala en mi vida. ¿Me entendés lo que quiero decirte?

–          Mmhhh, si.

–          No ando creyendo que decido cosas realmente; recuerdo que algo mucho más grande ha decidido mi existencia y que por algo la habrá hecho. Si soy fruto del azar…es todo una cagada.

–          Yo comprendo que necesites creer que las cosas tienen sentido, como para hacer más llevadera la cosa, pero de ahí a tener que aceptar la evidencia que me das, estoy lejos. Además…decime, ¿Qué diferencia hay entre un big bango repentino y sin explicación y tu hacedor que existe desde siempre y siempre existirá y no se sabe porque ni para qué?

–          En cuanto a que no sabemos nada no hay diferencia. Lo que me parece es que la serie de precisiones que existen en lo cósmico evidencian voluntariedad. Fijate en el principio antrópico que destacan algunos científicos. Si la distancia entre La Tierra y  el Sol fuera un poco más larga o un poquito más corta, no existiríamos. O si la atmósfera no tuviera el cinturón de Van Hallen para proteger de ciertos rayos cósmicos o si no estuviera la Luna para hacer de contrapeso en la elíptica…

–          Si esas variables tuvieran valores distintos, diferentes serían las cosas y no estaríamos hablando; pero no me demuestra nada.

–          ¿De verdad crees que el azar generó todo esto? ¿En serio lo dices?

–          No. No lo creo. Pero se me ha jodido mucho la idea, la imagen de Dios y no puedo tampoco imaginarme creyendo en él. La falta de sentido que encuentro en el dolor y en la destrucción me jode la idea de Dios.

–          Eso lo entiendo. Bueno, a mi me sirvió mucho la experiencia del mal en mi vida; me refiero del fracaso, de que las cosas salieran al revés de lo que había deseado…para darme cuenta del sentido que podría llegar a tener el dolor.

–          Decime un poco mas entonces.

–          Vos supiste que a mi en un momento se me vino todo abajo, quedé sin un mango, no solo sin reconocimiento social sino que mal visto en el medio, entre los vecinos, hasta en mi propia casa no era un ciudadano ilustre te diría…ja ja.

–          Si claro que lo supe. Pero viste que yo no me metí con vos, casi que ni te dije nada.

–          No, no, por supuesto si nada que decir con eso. El punto es que ese momento fue uno de los mas interesantes que he vivido. En medio de las circunstancias, un horror, al borde de la desesperación; pero un tiempo después, cuando las aguas se habían calmado en mí y fuera de mi…pude comprobar que gracias a ese mal momento se habían gestado toda una serie de cambios para bien en mi vida. Había sido no solo muy positivo sino que imprescindible en mi propia evolución. ¡Llegué a agradecer ese momento! ¿Podés creerlo? Fue fantástico.

–          O sea que lo de “No hay mal que por bien no venga…”

–          Claro, totalmente cierto y no creo que haya sido solo en mi caso. Hay que ponerse a ver en la vida de los demás y se comprueba;  solo que es necesario observar el hecho luego de un tiempo, de bastante tiempo a veces.

–          Pero a vos de ¿que te sirvió?

–          Me sirvió de invaluable autoconocimiento y me llevó a cambiar la dirección de mi acción, a dejar hábitos que no me servían, a reorganizar todo; cambié toda mi perspectiva sobre las cosas y sobre mi mismo. En síntesis, te diría que los hechos me quitaron bastante soberbia, medio a la fuerza como cuando a uno lo pelan en el ejército ¿viste? y claro quedé mas humildito, me di un baño de humildad…

–          Ajá.

–          ¿Sabes que pasa? Esa especie de humildad nueva en que los hechos me dejaron me permitió verme distinto y a lo que me rodeaba, enfocar mejor la mirada; miré al universo de otra manera, a los que me rodeaban, a los que admiraba hasta entonces, todo se hizo diferente, pero me llevaría tres horas ir a los detalles; el punto es que quería decirte, que tengo experiencia personal de que de los males surgen bienes. Y luego de eso estuve mas atento a esta paradoja y pude ver como se había manifestado varias veces en mi vida y en la de los cercanos, en vidas que puedo conocer y descubrir el mismo principio actuando.

–          No te niego que esta bueno lo que decís, quizás esa sería una de las formas de explicar el asunto…me sirve que yo te conozco y se lo que viviste y te veo ahora fortificado y cambiado en muchos aspectos. Ahora te digo que rapidito a vuelo de pájaro, he visto gente que pasa por calamidades y no por eso mejora ni parece que le sirviera.

–          Creo que la sinceridad, la buena fe es importante en la ecuación. Como si te dijera…la buena intención en lo que uno hace, aunque lo haga equivocadamente. Creo que eso es lo que permite que el mal se revierta en bien, por decirlo así.

–          Si te entiendo, es interesante lo que decís.

–          A mi me pareció finalmente, que las cosas están hechas con cierta matriz que hace que las cosas sucedan según lo que uno va poniendo en ellas, según los ingredientes que aportes y que la buena intención es la clave. No sé porque pero todos estos acontecimientos me afirmaron la creencia en Dios. Quizás fue lo que me llevó a empezar a percibirlo en las cosas y en variados momentos, que eso es algo que viví después, un poco después, cuando las aguas se hubieron asentado.

–          ¿Cómo es lo de verlo en las cosas? ¿a que te referís particularmente?

–          Bueno, me empezó a pasar con las palomas. ¿Viste esas gorditas, grises que hay en la plaza? Un día después de todo eso que me había pasado, yo andaba mucho mas sensible emotivamente, mucho mas perceptivo; y casi sin querer un día me pongo a seguir el vuelo de una paloma, cerca de casa, estando yo en la calle. Y de repente la veo volar, la veo volar de un modo totalmente nuevo, me pasó de que me resultara totalmente extraordinario el hecho de que levantara con esas alas el peso de su cuerpo, de esa gordurita volando.

–          Seguí…

–          Y empecé a seguir el vuelo de las aves, estaba como hipnotizado por lo que sentía, por la admiración que sentía de cómo llevaban ese peso con las alas y como surcaban el aire. Les miraba los ojos y el movimiento yo lo veía como mas lento, podía mirarlo con mucha claridad y no como antes.

–          ¿Y te dura hasta ahora?

–          Es una mirada que se me instaló y no me abandona, si puede ser que haya días en los que estoy dedicado a otra cosa y no queda mucho tiempo para contemplar, pero es una mirada que no se ha ido. Al poco tiempo en aquel entonces se me produjo con las nubes. Salí al patio una tarde y levanto la vista siguiendo un ave y veo las nubes, eran gordas y muy blancas, brillantes…y quedé deslumbrado del espectáculo que se desplegaba ante mi vista diariamente y de la majestuosidad de todo eso. Imaginate, cuando percibís así, lo de que hay un Creador te resulta evidente, porque la belleza pura no encaja como resultado de lo azaroso ¿Me explico Julián?

–          Si, creo que si.

–          Me pasó luego con las flores y las hojas y se extendió a otras cosas y podía decir como propio lo que dijo alguna vez Agustín de Hipona, veía a Dios en todo. Es como si yo a vos te muestro una bella escultura y te digo que se formó por azar rodando la piedra en el río durante miles de años… no me lo vas a creer. Vos vas a reconocer en la forma de la escultura, la evidente mano humana, no hay forma de que el río la produzca. Cuando empezás a ver, a percibir la realidad del modo en que a mi me sucedió, la mano de un Creador muy extraordinario y poderoso se hace evidencia.

–          Entiendo, como que te cambia el mundo que percibís y entonces las conclusiones son otras.

–          Exacto. Porque yo siempre miré las flores y las nubes y las aves, pero no veía nada en realidad. Como si vos de repente después de haber tenido la piedra veinte años como pisapapeles, te dieras cuenta que es una hermosísima escultura, grabada con signos y símbolos y todo eso.

–          Comprendo.

–          Luego me sucedió con la mirada de las personas. Me descubrí atendiendo a sus posturas, a su lenguaje gestual diría un especialista y se me hicieron claros los climas de la gente, lo que les iba pasando por la mente. No es que les leyera el pensamiento, pero como si supiera en que andaban y después comencé a engancharme con sus ojos, a deslumbrarme de la vida que alentaba en ellos y de lo que intuía detrás.

–          Me lo tenés que contar.

–          Es raro. Al principio fue como que las personas se me animalizaron, las veía propiamente como animales, pero no era lindo, era curioso pero sumamente extraño y solitaria la sensación. No se trataba de que yo dijera como quizás en otra época “Todos son unos giles, yo soy el único vivo ” sino que simplemente se me presentaban a la percepción espontánea de ese modo.

–          ¿Y como siguió?

–          Después, cuando me concentré en la mirada pude ver claramente lo no animal adentro, pude ver que lo de afuera era un mecanismo, un conglomerado de carne, una especie de objeto inanimado y que lo que verdaderamente vivía era lo que destellaba en sus ojos. Te digo, una cosa es decirlo y otra vivirlo, fue muy interesante. Porque yo lo conocía a eso en teoría, pero luego fue otra cosa.

–          Que bueno, rarísimo.

–          Y por eso Dios se me hizo una presencia obvia, como si no pudiera ignorar su mano en todo y como si lo viera aunque no se ve…

–          Decime mas.

–          Si pero no ahora porque ya es momento de darle lugar a Agustín que haga su trabajo; al final hace mas de escriba y reportero que de enfermero ¿no?

–          Si tal cual. Pero te agradezco mucho, algo se me ha mejorado adentro.

–          Para eso estamos.

Las religiones y la iluminación

Trapenses

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El viaje hacia el monasterio llevó doce horas y ya en el remis, campos vacíos y enorme cielo me regocijan, anticipando el silencio que prometieron.

Algunos pequeños bosques anuncian los edificios umbrosos, entre grises y verdes, antiguos, cansados.

Golpear la puerta gruesa y tosca de la portería y verlo aparecer anciano, arrugado, quedo, me introduce en un espacio interno críptico.

El monje aquel, me conduce solo con ademanes, a la oquedad del claustro; el ruido que nuestros pasos leves hacen sobre la piedra, parece lo único vivo.

Ya solo en la celda, reviso los horarios, que alternan entre oraciones cantadas y silenciosas, entre ceremonias y letanías repetitivas y centrantes.

Desde la madrugada cerrada hasta bien entrada la mañana, los orantes buscamos la sensación sagrada, la devoción que inflama, el encuentro sacro; mientras el sueño, la pesadez y el tedio, conspiran y alejan hacia fuera, hacia el cobijo de los sentidos.

Hábitos blancos y capuchas amplias esconden los rostros, que en lo íntimo, expresan lo que atraviesa el alma.

La biblioteca arcaica y devota destila un hermoso olor a pergaminos, que aventuran fórmulas, métodos, secretos atajos hacia el corazón de Dios.

La comida frugal, la lectura como compañía , las tareas del campo; atraviesan la tarde casi hasta vísperas, donde el crepúsculo esconde todo color  y deja un mudo vacío.

La angustia hecha gemido resulta, ahora sí, oración eficaz.

Y es en la profundidad del llanto donde encuentra mi ser su calma, porque afianzo en la verdad de mi mismo, en mi desnuda ignorancia,  en el absoluto desamparo.

Y es al reconocer la tragedia de la vida finita y condicionada al extremo, donde me siento obra de intención ajena y desconocida.

Es al sentirme vencido, abrumado por un plan inabarcable de ignoto sentido, cuando veo surgir, aleteando emancipada, una firme esperanza, una confianza terca en que tanto dolor y tanta maravilla escondan infinito amor.

elsantonombre.org

(Recordando la visita al

Monasterio Nstra. Señora de Los Angeles

en Azul, Buenos Aires, Argentina; en Junio de 2005)

Vinculo a Trapenses Argentina

El Sermón del Nuevo Abad

 

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Icono de San Serafín de Sarov

“El Sermón del Nuevo Abad”

–         ¿Por qué razón hemos abandonado la enseñanza evangélica? Estamos muy lejos de las enseñanzas de Cristo. La Comunidad de los apóstoles compartía sus bienes sin distinción alguna de propietario y como fruto del desapego a la materia se les hermanaba  el espíritu. Nosotros tenemos bienes personales. Nosotros tenemos nuestras cosas y nuestras mañas. La vanidad hace estragos entre nosotros.

La mayoría de los monjes permanecían con la vista baja, hacia el suelo de piedra, cobijando el rostro en la capucha. Unos pocos dejaban que se les notara la sorpresa por las palabras del nuevo Abad. El ambiente era extraño.

–         Hermanos…-continuó Marco- he asistido a misas celebradas sin el espíritu de aflicción, sin el espíritu de verdadera oración, he visto recitación mecánica y adormilada de los textos sagrados. ¿Por qué pasa eso? Porque se ha perdido la fe. Voy a ser escandaloso en lo que digo, pero verdadero a conciencia y que el Señor me ilumine y me perdone.

No se cree con fe profunda que Cristo se haga presente en la eucaristía. Y, si creemos que cobijamos al Redentor en nuestras manos cuando la forma está ya consagrada, ¿cómo nos comportamos tan rutinarios, tan poco concentrados en lo que decimos? Ya no creemos en nuestra tarea de puentes entre Dios y los hombres. No creemos ya que el Espíritu Santo pueda estar entre nosotros.

¡Nos hemos alejado de Jesucristo!

¿Cuál es el sentido de abrazar la vida monástica en la complacencia? ¿Para qué el claustro si permaneceré entre rutinas egoístas? Recuerdo lo que he leído de los Padres del desierto en la hermosa Filocalía y esa anécdota donde se cuenta la tristeza y la penuria de haber renunciado a las posesiones y a gran hacienda, solo para disputar luego por un punzón o una hoja de pergamino.

Ahora, la mayoría lo miraba directamente olvidando toda discreción, los rostros eran una mezcla de enojo, asombro y devoción. Algunos empezaban a sentirse interpretados en sus dichos y un viejo fervor olvidado parecía surgir lentamente.

–         Pero… ¿dónde se nos desvió el camino? ¿cuándo nos convertimos en recitadores en lugar de adoradores? ¿cuándo traicionamos nuestros ideales juveniles?… cuando creímos que las promesas de Cristo no eran para este tiempo y para este mundo. Cuando creímos que su palabra era perecedera. ¡La palabra de Cristo no tiene fecha de vencimiento! Dijo el Señor…”Todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre os será concedido”. Dijo el Señor: “Si pedís con fe, si creéis que lo que pedís se os dará, así sucederá”. “Que suceda según tu fe dijo el Señor…” a nosotros nos está sucediendo según nuestra fe. Estamos fríos, somos monjes tibios.

¿Por qué no se curan hoy los enfermos con nuestras oraciones y con nuestra presencia? ¿Por qué no se convierten las gentes de a miles como en la época apostólica?

Porque no hay apóstoles, porque no estamos desnudos y abiertos al espíritu sino que llenos de deseos y apetencias, inundados de dudas y cuestiones y sobre todo de posesiones y de comodidades.

El Abad Marcos bajó desde la posición del atril hacia el nivel de los monjes y se ubicó en medio de las dos filas de asientos, recordando en ese momento al cura tercermundista con el que habló cuando tenía cinco años. Mirando a los monjes de cerca y buscando las miradas les dijo:

–         Pido al Señor Jesucristo, por cuyo nombre se dobla toda rodilla en el cielo y en la tierra, que envíe su espíritu a nuestras almas flacas de voluntad y de afán de servirle, hijas del desánimo. ¡Ven a vivir con nosotros Redentor del hombre porque ya es tarde y viene la noche!  Señor Jesucristo, hijo de Dios, ten piedad de nosotros…envía tu luz a calentar nuestros corazones, danos fuerzas para cambiar nuestros hábitos blandos y convertirnos en servidores dignos.

El sermón inflamó el corazón de los novicios y de los monjes jóvenes, tuvo dispar resonancia entre los profesos de edad mediana e indignó a los más viejos. Pero ninguno se sintió indiferente a las palabras del nuevo Abad, de mirada brillante, voz potente, gestos vehementes y respiración profunda.

Había sido elegido por ellos mismos, porque confiaron y admitieron sus años de servicio callado e intachable. Marco había servido humildemente y sin queja en todas las tareas; había mostrado una inusual alegría serena, día tras día sin alteración. En los momentos de espaciamiento, donde debían conversar con algún otro hermano para intercambiar experiencias, se había revelado como un sabio consejero de los postulantes y en lo íntimo, muchos decanos se habían orientado por sus comentarios. Pero ni unos ni otros llegaron a sospechar que en él se ocultaba un revolucionario.

¿Qué pretende en realidad? ¿Qué cambios concretos querrá implementar? Esas eran las preguntas más urgentes que surcaban la mente, de aquellos que enquistados en rutinas mínimas, veían surgir temores inesperados.

Los hechos tangibles no tardaron en presentarse. Una de las cosas más sorprendentes para Marcos cuando ingresó a la Orden y conoció sus costumbres en detalle, fue el trato que se dispensaba a los enfermos. Le parecía antievangélico que los monjes al enfermar fueran derivados a clínicas o sanatorios en la ciudad y tuvieran que enfrentar la etapa más difícil de la vida lejos de los pares. Podía entender que se habilitaran traslados para operaciones o cuestiones complejas, pero estaba decidido a instalar una enfermería en el convento y a promover esta práctica para toda la orden en el próximo capítulo general.

Mientras meditaba esa misma tarde caminando sobre la nieve, veía a lo lejos una reunión de árboles y mas allá un auto que velozmente circulaba por la ruta. Un vapor espeso salía de su boca con cada aliento exhalado, se arremolinaba un poco y moría en el interior de la capucha.

Imaginaba la enfermería como un lugar  de oración y restauración. Como un centro de milagros, no tanto como algo médico. En todo caso, veía a lo médico como traducción instrumental de lo sagrado, actuando y restableciendo la salud por la adquisición de la gracia. Si esto no era posible, ¿Por qué Cristo había dicho que la fe era capaz de mover montes? ¿Acaso no se concedería lo que se pidiera en su nombre?

Tenía la certeza de que los evangelios habían de seguirse sin acomodos, sin enroscamientos, no adaptando las cosas según nuestros temores, tibiezas y circunstancias.

El nuevo Abad albergaba un fuego en el pecho que no se animaba todavía a liberar completamente. Era una llama abrasadora que le dictaba acciones, que le daba instrucciones, que lo dotaba de una peculiar intuición. Marco quería curar como los apóstoles, plenos del Espíritu santo. Quería convertir a las personas del modo que se contaba en el libro de los Hechos, inundando los corazones con la palabra y transformando con el ejemplo. Quería hacerlo sin espectáculo, sin gritos y parafernalia como los movimientos evangelistas, mezclado como estaba todo allí por el dinero y la sugestión síquica de masas. ¿Estaba obrando en ellos tu espíritu Señor?

Sumido en los pensamientos, el monje despertó de repente a la percepción de los sentidos. Se encontró en el pequeño bosque, rodeado por los árboles, viejos y fuertes, bien vivos. Un pájaro marrón se ubicó cerca sobre un tronco caído y pareció mirarlo de costado. Abrigó las manos en el sayal y repitió en voz alta amparado por la soledad y mientras lanzaba espesas nubes de vapor; ¡Oh Señor, envía tu espíritu Santo!

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Sitios recomendado de hoy:

San Serafín de Sarov

Contemplatio

Lo Divino y lo malo

Icono de Jesucristo Pantocrator

Cuando el Prior golpeó despacio la puerta de la celda, ya sintió Joaquín en el sobresalto del corazón, que la respuesta había sido positiva.

El recluso, célebre por su aislamiento casi total, su santidad y sabiduría, aceptó verlo apenas leyó la breve nota que el joven le hizo llegar.

Esto sorprendió al Monje que servía de correo con la ermita, pero más al novicio que había efectuado el envío casi sin esperanza, confiado en una chance que juzgó muy remota.

Sin embargo mientras pasaban los días fue cambiando su percepción interna, le fue creciendo la fe en que un encuentro con el sabio sería posible.

Lo acompañaría el Prior, que molesto por lo que había conseguido el joven, apenas disimulaba su tensión. Faltaban dos días para el encuentro y el novicio decidió ayunar lo más que pudiera aumentando también el tiempo dedicado a la oración.

Lo preocupaba haber sido soberbio en atreverse a gestionar semejante encuentro, algo que muy pocos habían logrado, incluso con décadas de vida monástica. Se refugiaba en el hecho de que la idea le sobrevino durante una oración intensa, sentida y profunda y en que le pidió a Su Señor que sucediera sólo lo que fuera de utilidad para todos. Repetía con más fuerza la oración de Jesús, en el secreto de su mente, cuando se sentía mirado o el objeto de la murmuración ajena.

Al llegar el día señalado y aunque pensó que se sentiría eufórico, lo molestaba el hambre y un ligero temblor que le hizo recordar los momentos previos a los exámenes en la secundaria.

Mientras todos iban hacia maitines, él con el Prior tomaron el sendero que conducía al eremitorio. La madrugada estaba fría, había neblina y el rumor del río era más fuerte que lo habitual, lo que quizás anticipara una crecida del cauce desde las sierras.

Hacía una hora que caminaban despacio cuando llegaron a la ermita del hermano Vasily.

A través del pequeño ventanuco elevado que hacía las veces de chimenea, pudieron percibir el resplandor de la vela, que después vio frente a los íconos. El Prior le lanzó una última mirada que Joaquín se imaginó crítica y golpeó la puerta de madera tosca.

-¿Quién es?- se escuchó al monje Vasily preguntar como sonriendo.

-Prior Guillermo hermano, le traigo a un novicio que Ud. aceptó entrevistar.

-Ah bueno, pero pase primero Ud. eminencia…-dijo el viejo abriendo la puerta-

Joaquín quedó solo, de cara a la noche y a la bruma, que no se veía ahora, pero que se sentía en la nariz, húmeda al respirar. Aliviado, tuvo la certeza de que el santo estaba apaciguando el orgullo del Prior y, en cierto sentido, cumpliendo una labor que nacía de la oración.

En todo caso, confiaba en Vasily y si él hacía eso por algo sería. Se puso a orar concentradamente, tratando de encontrar el lugar del corazón, pero cuando empezó a amanecer se preguntó si no era su orgullo el que estaba siendo “trabajado” por el eremita. Justo en ese instante, salió el Prior, sereno, algo mas esbelto, contento. Con un ademán, lo hizo pasar a la pequeña cabaña.

Dentro se inclinó ante el viejo, que le dio un bastonazo en la cabeza, doloroso, firme. Miró incrédulo al ermitaño que le dijo en alta voz:

-¿Ante quién te inclinas?

-Ante Ud. hermano, lo respeto y le pido su bendición…-balbuceó tratando de salir del paso-

-¿No ves allí el ícono de nuestro salvador Jesucristo? –dijo-, señalando un hermoso “Pantocrátor” con los colores de la tradición eslava, iluminado por una vela, sobre un tronco rústico y seco, que al parecer constituía el oratorio del recluso.

-¿Lo ves?- insistió.

-Si hermano, lo veo.

-¿No te parece que merece más respeto que yo miserable pecador?

-Si hermano, pero no lo vi, primero lo vi a usted.

Unas carcajadas suaves y frescas, espontáneas, surgieron del monje, que con simpatía en los ojos disfrutaba de la situación.

-¿Lo ves? ya te estás justificando, con lo cual dejas sentada tu corrección y señalas lo equivocado que estuve al reprenderte sin saber cómo eran las cosas realmente… dijo en un tono que Joaquín no supo interpretar si era de ironía o simple descripción de lo acontecido.

-No se Padre… disculpe.

-Ahora yo no sé de qué te puedo servir y aconsejar, si apenas entrado ya me equivoco contigo -dijo- simulando pesadumbre de manera notoria. -Se ve que muchas luces no tengo. Además vienes buscando un Padre y yo solo soy un hermano.

Joaquín sintió un escalofrío y se dio cuenta que Vasily había empezado con el un proceso que no se detendría y que no sabía cómo iba a terminar. Pese a ello, los ojos risueños del santo lo distendían y recordando que era él mismo quién se había buscado la situación, se entregó mansamente.

-Yo tengo derecho a creer de ti lo que quiera y tú tienes derecho a creer de mi lo que quieras-dijo despacio. Y-continuó- ni lo uno ni lo otro importa un comino.

Y siguió riéndose suave, pero gustoso, natural, ya no resultaba ofensivo. Joaquín también se rió bajito, relajándose un poco más.

-Me hace acordar a una situación en un libro, hermano.

-Algún libro de Castaneda- el muchacho quedó boquiabierto de que el eremita lo conociera.

-¿Te sorprende que lo conozca? Y ni te imaginas las cosas que he leído. Pero llega cierto momento en que uno tiene que dejar de incorporar y empezar a largar, porque si no la cosa no funciona. ¿Muy interesante lo que hacían los indios esos no?

-Si hermano.

-Por eso te digo que la única reverencia importante debe ser ante nuestro Señor, es decir, al poder que tu destino rige… y lanzó una fuerte carcajada festejando su propia ocurrencia al parafrasear al Don Juan de Castaneda. Joaquín se rió también pero estaba desestabilizado, muchos considerarían pecado siquiera recordar esas lecturas profanas y de dudosa antropología.

-Así es hermanito, el Señor lanza el agua sagrada desde el cielo y cae en la montaña y desde allí llega a los valles a través de innumerables riachos, pequeños arroyuelos, y entonces se riegan campos que de otro modo no recibirían agua. ¿Entiendes?

-Creo que sí.

-Está por verse. Ven hermano ven- le dijo tomándolo de un brazo, arrodillémonos ante el ícono de Aquel por el cual lo que pedimos se concede.

Juntos, mirando el ícono, más hermoso todavía a la luz de la llama vacilante, permanecieron callados. Joaquín sintió crecer en él la devoción cálida, acogedora y salvífica. De reojo, a veces, miraba al hermano Vasily, que estaba extático mirando la imagen. Al rato se puso de pie y poniendo un jarro con agua al fuego le dijo:

-Tomaremos un café y charlaremos. Señaló un tronco bajo junto al fuego y se sentó también él dispuesto. Parecía haber cambiado completamente el talante. Seguía jovial, atento, pero estaba como doctoral y parecía recién bañado. Hubiera pasado en ese momento por conferencista de cualquier universidad si no fuera por el habito gastado y raído en los bordes o por la barba demasiado larga.

El novicio pensó entonces que el hermano Vasily se parecía mucho a un grabado o dibujo de Dostoievski que había visto en la contra cubierta de “Crimen y Castigo”. Alcanzándole una hogaza de pan, blando y calentito, junto a un tarrito con café negro y fuerte, el anacoreta inició un diálogo, que aunque pasaron muchos años, Joaquín recuerda sin fisuras.

-¿Para que querías verme?

-Tengo conflictos que no puedo resolver hermano.

-Dime, ¿porque te parece que tus conflictos ameritan que yo rompa mi silencio y distraiga mis oraciones, saliendo de la reclusión que me tengo impuesta?

-Bueno –dijo Joaquín sintiendo que todo se le derrumbaba nuevamente- no se, fue un impulso fuerte, no sé si lo amerita.

-¡Ah! bueno, yo creo que no te sueltas, que te cuidas ante mí y de esa manera no podemos relacionarnos de verdad, sino a través de traducciones y deformaciones de la verdad interna. Es necesario que te desnudes completamente. Que confíes de modo total, absoluto, de otra manera no servirá.

Mi compromiso es permanecer vacío y abandonado para que pase si quiere pasar a mi través, el Espíritu santo e iluminarnos y resolver tus conflictos. Pero el Espíritu no pasará si queremos aparentar, justificarnos, quedar bien, obtener esto o aquello…el Espíritu pasa a través de uno cuando uno no está.

-¡Gracias hermano! –dijo el joven emocionado- eso haré, hablaré ante usted sin limitarme en nada.

-Joaquín, no necesariamente hablar…eso descargará tus tensiones pero no implica abandono ni entrega.

Mirá, en varias ocasiones, estando todavía en el monasterio, tuve oportunidad de lavar el cadáver de algún hermano fallecido, ayudando o asistiendo a quién se encargaba de las formalidades habituales con los cuerpos. Pude comprobar, sobre todo si la muerte era reciente, antes del endurecimiento de los tejidos, una extraordinaria laxitud, una tremenda distensión.

Agarrábamos el cadáver para un lado y para otro y levantábamos un brazo, una pierna y lavábamos con gran libertad, la libertad total que nos daba el cadáver, por completo desinteresado de nuestras manipulaciones.

Me ayudó mucho tener que ejecutar esa tarea porque aprendí sobre el abandono que hay que tener hacia la gracia, hacia lo que el Espíritu quiere hacer de nosotros.

Me acuerdo que el primer cadáver que me tocó lavar era de un cuerpo que había estado ocupado por un hermano muy hosco, agrio, de maneras muy severas; y a mí me llamó la atención lo dócil y blando que se encontraba el cuerpo, que no se parecía en nada a la gestica que tenía al estar inervado por el alma del  hermano fallecido.

Joaquín sintió que una cosa era lo que se le estaba diciendo y otra lo que en realidad estaba aprendiendo, incorporando como enseñanza de vida, desde una fuente de sabiduría real.

Dando un sorbo largo al café, el hermano Vasily miró a Joaquín con extrema atención y simpatía, con afecto genuino y a la vez, con muda interrogación.

-Pero hermano…como diferenciar, porque no se a veces, cuando me suelto, si me entrego a Dios o al demonio. He tenido impulsos que me han parecido buenos y luego han resultado equivocados, nocivos.

-Ese es quizás el tema más interesante que se puede tocar. Dime con más detalle, cuéntame más.

-Me siento llamado a lo contemplativo, al silencio y a la soledad, al monasterio o incluso a la vida de austeridad y desierto como la suya hermano; pero también me siento impulsado al servicio en el mundo, a misionar, a sumergirme entre los pobres como Foucauld o Madre Teresa.

-Ajá, es un conflicto habitual, una lucha entre partes que no debe preocuparte; se resolverá con el tiempo, ambas son formas de servir al Señor. Yo estoy seguro que no es eso lo que te preocupa realmente, hay más debajo de las hojas.

-Si…he tenido fantasías, visiones quizás, donde me veo produciendo cambios, revolucionando cosas…en la misma Iglesia hermano, lo que no sé si es soberbia, locura o si es algo que realmente viene del Señor.

-¿Cómo te ves haciendo esos cambios, en qué situación?

-… no me atrevo Padre.

-Ya te dije que no soy padre todavía.

-Pero quisiera que lo fuera. Yo necesito guía cercana, alguien a quién someterme, hacer solo lo que ese alguien me diga.

-Tienes quién te guíe, ¿acaso no tienes una regla de vida que seguir? ¿acaso no estás bajo la tutela del maestro de novicios?

-Si hermano.

-¿Pero no te es suficiente verdad? No lo consideras lo suficientemente sabio como para guiarte ¿verdad?

Joaquín permanecía con la mirada baja, algo avergonzado y dubitativo.

-Perdóneme hermano no debí molestarlo.

-Te imaginas cierto futuro que no te atreves a manifestar. Te ves haciendo un papel en el drama de la iglesia que te seduce y que deseas pero que temes sea fruto de la mas tremenda soberbia.

Joaquín levantó la vista sorprendido de la videncia interior que el solitario ejercía ahora sobre él.

-Yo te digo hermanito, que si eso es lo que el Señor ha elegido para tu vida, solo debes permanecer calmo y profundizar la oración y la humildad para hacer lo que te dicen. Si ese futuro que ves a veces es real, lo será. Nada debes hacer para lograrlo. En todo caso hacerte más puro, limpiar el corazón de apetencias, acercarte a la dignidad del sueño.

-Entiendo hermano.

Vasily se levantó despacio y agarrando con su mano derecha la cruz tosca que le colgaba del pecho, fue hacia la puerta y salió cerrándola tras de sí. Joaquín quedó solo con los íconos y con su corazón que le latía muy fuerte en el pecho. Había sentido lo que dijo el anciano como una confirmación de su destino y esto lo desequilibraba muchísimo. ¡Qué difícil le resultaría seguir sus consejos! Se preguntó si el encuentro había terminado, no había pasado ni media hora de charla. En eso llegó el monje que dijo:

-El Prior se ha ido. Me ha concedido que te quedes dos días en esta soledad para que reflexiones y charlemos. Joaquín se euforizó pero lo contuvo. Solo agradeció y se llamó a silencio. Por dentro agradecía la oportunidad que el Señor le ofrecía y como hacía en cada momento de ansiedad, comenzó a repetir la oración de Jesús.

– Debes reencontrarte con lo que te trajo hasta acá, con lo que te hizo animarte a pedir la entrevista conmigo.

-Si hermano, en eso estaba justamente.

– Bueno, sentite libre. Yo no sé qué te han dicho de mí, o lo que te has creído. Pero no me siento superior a nadie, ni en capacidad de juzgarte. Puedes hablar lo que quieras que nada saldrá de mi boca jamás, será entre el Señor que todo lo ve y nosotros dos.

Joaquín se sintió cálidamente contenido y decidió atreverse. Además, le quedó claro que el monje era capaz de leerle la mente cuando se lo proponía. Invocó la asistencia del Espíritu pidió perdón por anticipado y dijo:

-Déjeme decirle Padre porque así lo siento.

-Como quieras.

-Padre, yo creo que hay que cambiar muchas cosas en la Iglesia y en el mundo. Pero creo que la Iglesia podría cambiar al mundo y no lo hace por la tibieza de quienes la gobiernan.

El ermitaño se había relajado y permanecía con la espalda derecha y la cabeza inclinada como aguzando el oído hacia el novicio. Las piernas en semi loto sobre el piso, las manos descansando en las rodillas.

-Yo creo que podemos hacer algo más que emitir declaraciones pidiendo la paz en medio oriente o que podríamos ser más eficaces en África. Creo que hemos aceptado que no podemos cambiar los hechos de nuestro tiempo.

-Ajá. Te refieres al Santo Padre.

-Bueno, el podría hacer algo más.

-Si tu fueses Papa, ¿Qué harías? -dijo el ermitaño tocando un tema sensible a la imaginería del novicio-

-…La verdad Padre, que he tenido ese ensueño, esa fantasía de lo que haría yo en esa situación. ¡Qué Dios me perdone! Yo iría como escudo humano, no sé bien… me interpondría entre los bandos. Lo anunciaría y lo haría; pediría la paz ante las cámaras en medio del frente de conflicto, pediría que dejen vivir a los niños, que cese la guerra. Lo haría de manera cinematográfica, astuta, para que impacte en todo el mundo.

¿Usted cree que les resultaría fácil matar al Papa de los católicos ante las cámaras? Disculpe si soy ingenuo o soberbio pero eso que tengo adentro es mi humilde verdad.

-Me parece que es la verdad, pero de humilde no tiene nada -dijo riendo fuerte Vasily- Ahora…quizás no podría evitarse que lo mataran, no se los podría culpar si alguien entre sus filas dispara y da en el blanco.

-Yo confiaría en la Providencia para todo. Asumiría que lo que me fuera a suceder me lo manda el Señor.

-Entonces podés ir asumiendo eso desde ahora. ¿No crees que todo te lo manda El Señor?

-A veces sí y a veces no Padre.

-En un sentido general todo nos viene de Él, porque toda nuestra existencia deriva de su poder creador. Pero más particularmente hablando, podemos diferenciar lo que surge de nuestras partes bajas o de las altas.

O sea que si lo que vas a hacer es bueno para ti y para los demás, no hay dudas de que viene de Él. Pero debe resultar fluido y libre de violencia. Una clara forma de medir el origen es por la violencia.

Si lo que vas a hacer involucra violencia es sabido de donde viene. Y eso de la violencia incluye la que te ejerces a ti mismo. Lo forzado es violencia. Pero seguí con lo que hablabas, cuéntame más.

-Bueno, hay jefes de estado católicos que inician guerras. Yo públicamente les diría que están desoyendo el mandato de Jesucristo. Los exhortaría a resolver el conflicto por otros medios y no los reconocería como parte de la Iglesia si persistieran en su actitud.

La guerra es asesinato con preaviso, es un crimen y debe detenerse. Hemos aceptado las cosas como están, la guerra como parte de la vida y eso no tiene porque continuar.

El ermitaño repetía el nombre de Jesucristo de manera continua con su mente y en su corazón. Escuchaba con atención las palabras de sus interlocutores ocasionales, pero eran como un fondo tenue; el verdadero sonido era la oración, su embeleso permanente.

En esa paz podía ocurrir que se sucedieran frases o convicciones repentinas a las que sentía como fruto del espíritu y así las expresaba. Con Joaquín le había acontecido algo especial. Cuando recibió la nota su corazón se aceleró y ahora, al conocerlo y escucharlo, se sentía viviendo algo especialmente sagrado, como nimbado de un aura particular. Sin atreverse a indagar en el motivo de esas sensaciones, continuaba orando y confiaba en que cumpliría su papel con fidelidad.

-Ya estamos hablando de lo que harás cuando seas pontífice y aún no profesas como monje…-dijo sonriendo Vasily-

-Si Padre me avergüenzo.

-No te avergüences hijo. Ojalá todos tuvieran esos ideales juveniles. Suponte que sean eso, ideales. Déjate guiar por ellos. Si son algo más, el Señor lo sabrá y te lo hará saber. El verdadero tema, es que seas en tu hoy, en tu presente, coherente con ellos. Quiero decir…no entres en guerra con nadie, interponte entre tus hermanos que disputan, sigue a rajatabla la palabra de Jesús…

-Entiendo.

-Actúa hoy como quieres que actúe la Iglesia. Sigue lo que te parezca fiel a la enseñanza.

-¿Y usted cree que si hago eso voy a durar en el monasterio?

-Ah ja já no lo sé, pero no es el tema; el asunto es que seas fiel a lo que tu conciencia te dicta, que suele ser lo que habla el corazón. Antes de actuar debes revisar lo que harás a la luz de lo que enseño Cristo. Ese es el camino simple y certero de discernir de donde viene un impulso.

-Si, entiendo. Padre… ¿no cree que se podría dividir a los sacerdotes en célibes y casados, admitiendo la diferencia en el grado de consagración, pero aceptando a quién no puede renunciar del todo?

-Importa lo que tu creas porque eres a quién el tema afecta.

-Yo creo que la Iglesia renacería Padre.

-¿Quién sabe?

-Padre…si una mujer fue digna de llevar en su seno al Salvador del mundo, ¿no podrían ser dignas de oficiar la Eucaristía?

-Podrían.

Siguieron charlando un buen rato, pero siempre así, el joven afirmando y el monje aceptando, remitiendo a lo que Joaquín creía, llevándolo de nuevo cada vez a sus propias intenciones.

Poco a poco las sensaciones del novicio se hicieron contradictorias y fue silenciándose en un intento de aclararse.

Pasaron un rato largo callados, pero en un clima de comprensión, como de oración. Las aves hacía rato que entonaban sus trinos y algunas de ellas, sin duda habituadas, entraban a la ermita por el ventanuco y picoteaban en los estantes y en el piso restos imperceptibles.

Cuando se reanudó el diálogo, hermano Vasily miraba desde otra mirada, sus ojos tenían un fulgor no descriptible y sus palabras se sentían por completo diferentes, cargadas de otro valor o con otra vibración.

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Publicado por Ed. Narcea en

“Dios habla en la soledad”

Desde la ermita

Oración de quietud

Monje Trapense en oración
Monje Trapense en oración

Amado hijo en Cristo.

Me apresuro a responderte porque el invierno se torna inclemente con rapidez y no es justo que tengamos a nuestro buen novicio mensajero de aquí para allá con este clima.

Me dices que te aconseje sobre la meditación, que no te decides por un método y que aunque todavía no ves mucho fruto persistes en repetir el Santo Nombre. Que cuando estás solo en la celda o en el oratorio te cuesta más que cuando Lo invocas en medio de la actividad.

Te contesto inevitablemente desde mi propia experiencia en la confianza de que pueda servirte:

Antes que nada, déjame decirte que si andas esperando lo que llamas “los frutos”  de la oración, estos van a tardarse en venir. La expectativa es un ruido en tu mente que impedirá el acceso al gozo, cuenta con ello. Es imprescindible que dejes el tema de “la cosecha” enteramente en manos de Dios. Debes aplicarte a la repetición de la frase elegida o del Santo Nombre, poniendo tu atención y esfuerzo en que lo que digas coincida con lo que sientas, llamando a la Sagrada Presencia y esperándola con el corazón.

Quiero decirte… si nombras a Jesucristo, al nombrarlo debes llamarlo, como llamas a un monje hermano en medio del campo de la siega; ¡hermano Raúl! ¡ven aquí! y ¿qué haces cuando llamas así? miras en su dirección y ves si te ha escuchado. Si lo ves que sigue sin percatarse de tu grito, vuelves a lanzarlo una y otra vez hasta que te escuche.

En el templo de tu interior, debe resonar el Santo Nombre y hacerse ecos sucesivos. Lo nombras suave, lo nombras fuerte, lo gimes, lo gritas, tu corazón debe ponerse al mando de la oración y desnudarse a través del nombre de Jesucristo.

Bien firme el cuerpo ante el icono en tu celda o ante el sagrario en la capilla, puedes comenzar atendiendo a tu respiración, a como se calma lentamente luego del ajetreo del que vienes. Sin querer casi escucharás latidos sordos, rumores de la sangre que viene y va dando vida a tu cuerpo.

Allí debe empezar a resonar la repetición continua del nombre de Cristo. Lo importante aquí es que el que repita sea tu corazón y me refiero a que tu emoción lo llame y no tu deber, tu intelecto o la obligación que te has impuesto. El nombre del Señor ha de decirse con el corazón en la mano, con el dolor o la alegría que padeces.

Si llegando al oratorio o recogido en la celda te sientas buscando la oración incesante y adviertes que la sequedad es total, que no tienes devoción alguna, que te agobia el sueño o alguna otra apetencia, en fin, que no tienes el estado que quisieras tener para orar; es allí, en ese momento, donde se hace más fácil la entrada en el corazón.

Porque tomando la conciencia de ese estado miserable en que te encuentras, no negándola o queriendo elevarte tirando hacia arriba de tus propios cabellos, sino asumiendo la pena que te da el verte así, empieza a llamarlo. Desde allí, repite el nombre, desde el dolor.

Sé humilde, debes aceptar que el estado de ruido de tu mente y de apetencias corporales en que te hallas, no permite que percibas al Espíritu, sin embargo no dudes de que introduciéndose en ti, te va haciendo de nuevo en una verdadera metanoia. Y esto es así aún cuando no lo notes. Muchos han sentido los beneficios de un solo golpe y otros poco a poco.

¿Cómo saber si está actuando en ti el espíritu? ¿Repites el nombre de Jesucristo cada vez que puedes o te acuerdas? Entonces esta actuando, no lo dudes. A medida que pasa el tiempo vas necesitando mas o menos cosas?

Si tu vida va haciéndose sencilla, si cada vez necesitas menos, en todo sentido, el espíritu está actuando, aún sino percibes ninguna manifestación extraordinaria.

Me dices que vives esperando la luz tabórica, la manifestación extraordinaria, la luminosidad del espíritu según has leído que sucede a algunos. Debes preguntarte: ¿Soy digno de esas gracias? Solamente quién con toda sinceridad se considera indigno por la conciencia de su debilidad y mezquindad, estaría en condiciones de recibirlas; pero ese, ya no las espera, porque no concibe que a él se le concedan. Ese, solo espera la purificación, el perdón de las faltas. Espera quedar limpio.

Vivimos en la ignorancia de nosotros mismos. Por eso es muy útil quedarse quieto, para poder vislumbrar el caótico mundo interno y darnos cuenta del estado en que nos hallamos. A muchos les causa tal horror el primer vistazo, que corren presurosos a embarcarse en alguna actividad extenuante para no tener ni tiempo de mirarse.

Han dicho varios santos, que cuando uno llega a conocerse a si mismo, se vuelve humilde, necesariamente.

Orando en quietud, uno se conoce y al conocerse se espanta y al espantarse ruega por redención y misericordia. Pero, ¿cómo conocerse?

Debes tratar de inmovilizar al cuerpo. Si verdaderamente lo intentas verás el mundo interior que bulle por moverlo. Verás lo difícil que es mantenerlo quieto.

Primero por innumerables escozores, dolores, molestias, pulsiones, deseos de acomodarse de otro modo… Después, cuando acostumbras al cuerpo a cierta posición y cuando acostumbrado a ignorar esas sensaciones, permaneces quieto, surgirán ante tu vista los movimientos de la mente, cantidades enormes de constantes movimientos de deseos, consideraciones, diálogos interiores, imágenes de todo tipo, recuerdos y demás cuestiones que desfilarán ante tu vista interna compensando la quietud del cuerpo con movimiento mental; pero al igual que lo hiciste con el físico, no debes ahora ceder al movimiento de lo mental, no sigas sus caminos. Ignora esas divagaciones y vuelve a la oración con mayor énfasis.

Repite el nombre o la oración que hayas elegido y ante cada tendencia de la mente por apartarse de ella, vuelve a la repetición. No te reproches, no te enojes, no te quejes, solo vuelve al Nombre.

Te pido que tengas en cuenta algo fundamental en esta lucha: No es con tensión que ganarás la batalla sino al contrario, con entrega y abandono y distensión. Parece contradictorio pero no lo es. Debes mantener inmóvil al cuerpo o lo más inmóvil que puedas, pero habiéndote abandonado antes a la voluntad divina, te relajas. Es un decir “aquí estoy Señor, tu sabes lo que quiero intentar, ayúdame…y te relajas, te entregas a la inmovilidad creciente.

El enfrentamiento esta en sostener tu intención de permanecer en oración. A veces mirar fijamente los ojos del Señor en el icono o la luz del sagrario me han ayudado, a modo de anclas, para retener ese impulso.

La oración continua de la repetición del Nombre de Jesús, también llamada la oración del corazón, es sin duda el método que te sugiero, porque es el camino que a mi me ha servido para situarme en Su Presencia.

Verás si tienes paciencia, que llega un momento en el que hasta dejas de repetir el Nombre de Cristo, porque te sentirás junto a Él. Un nuevo estado, evidenciado por una inequívoca sensación de calma profunda a la vez que de fuerte vitalidad se instalará y ese modo de ser y estar será uno con el Nombre, que ni dirás ni dejarás de decir, porque en cierto modo tu y el nombre serán lo mismo.

No quiero despedirme sin hacer mención a lo que me comentas sobre tu abatimiento debido a esas calumnias que han llegado a tus oídos y que te tienen por objeto. ¡Ignóralas! No seas eco de la futilidad ajena. Ni te opongas, ni aceptes, nada digas sobre lo que no te incumbe. Porque no te incumbe lo que digan de ti, sino lo que vivas ante el Señor.

Tu abatimiento muestra que sitúas el contento en la imagen que tienen de ti y no en tu certeza de la vida eterna. Sigue construyendo como hasta ahora una iglesia en tu interior donde se canten perpetuas alabanzas. Esa es tu única y verdadera obra, lo demás aún en justicia, distrae.

Me despido sabedor de que pasarás este mal trago, convencido que Su misericordia te abarca como nos abarca a todos y que el futuro nos hallará juntos en Su reino.

elsantonombre.org

 

 

De la existencia de Dios y la belleza

Jesucristo Salvador

Recogimos bastante leña. Padre Vasily se esfuerza siempre en no cortar si es que se pueden encontrar ramas caídas o árboles secos. Incluso sé de buena fuente que se ocupa de sembrar un nuevo árbol, cerca de donde se ha visto obligado a cortar alguno. Hacia mediodía oramos junto al arroyo, sentados en las piedras que el sol había calentado un poco. Todo esto lo hicimos en silencio. No hablamos desde que salimos de la ermita y sin embargo me sentí mas comunicado que cuando conversamos.

Al regreso, arrojó semillas a las aves, que en decenas se agruparon en torno nuestro. Me acordaba yo de la biografía que supe leer de San Serafín de Sarov unos años atrás y agradecí al Señor estar viviendo eso, y contar con un maestro espiritual tan parecido al santo aquél en su devoción, soledad y silencio interior.

Me convidó una sopa de arroz, que increíblemente tenía buen sabor y continuamos charlando mas cerca del fuego.

–      Bueno, ¿y cómo va?, ¿mejor?

–      Si Padre, no estaba mal cuando vine, pero ahora me lo parece al juzgar la diferencia con el estado que tengo ahora. Si, siento como si me hubiera liberado de la mente, creo que tendré a que argumentos acudir cuando me ataque con sus perplejidades.

–      Agradezcamos al Señor. Son todas armas de utilería, equivalen a balas de salva los contenidos de la mente, si se los encara con atención y oración. Atención para comprender los mecanismos que la rigen y oración para desapegarse de ellos. Mas que discutir hay que desapegarse. Yo te argumenté un poco, como te dije, para darle un hueso que roer, pero lo mejor es ver pasar los pensamientos como nubes en el cielo, sin darles importancia y permanecer abocados a la oración interior.

–      Hay un algo mas que me queda con ese tema, antes de pasar a otro si me permite. Sucede que han salido unos libros que están medio de moda, sobre la inexistencia de Dios, que se venden mucho y que prenden bien en cierta capa social…yo creo en Dios Padre y de eso no duda mi mente…sin embargo no se bien que argumentar con algunos amigos que me hablaron del tema el otro día en una reunión familiar, es muy fuerte la tendencia a ver a Dios o a la creencia en Dios como un arcaísmo, una antigüedad.

–      Depende en que ambientes. Es cierto, tiene cierto prestigio ser ateo hoy en día, como que nimbara al sujeto de un halo de cientificismo, de autosuficiencia, como de fortaleza moral…es muy gracioso. Bueno, muchos adhieren por esa razón. Sin saberlo se hacen ateos porque les mejora un poco la imagen, es como un maquillaje que le sienta bien al ego. Y bueno, ya va a pasar, no hay que oponerse a eso. Si alguien dice que no cree, no cree y ya. ¿Qué problema hay? Evangelizar no es andar buscando votos o adeptos que engrosen las filas partidarias; evangelizar es antes que nada, vivirlo al evangelio. ¿No te parece?

Claro, quizás si tu conducta es coherente, se interese alguien por aquello que en lo que crees, por lo que te hace comportarte como te comportas. Pero oponerse solo sirve para que el ego del otro se fortalezca, y apoyándose en ti, crecer en su cerrazón. Si te opones, se afirma el otro.

Ahora, si se trata de alguien con quién tienes buen diálogo y que se va a poner a escuchar lo que dices, puede ser interesante que le comentes tu forma de ver las cosas, porque puede servirle a él, no porque El Señor necesite adeptos. ¿Me explico no? Porque esa fiebre de sumar gente es muchas veces mas un componente del ego que del evangelio; como si se estuviera corriendo una carrera entre diferentes religiones para ver quién tiene mas fieles.

Es una contaminación sufrida desde el mercantilismo tan en auge. Un modo consumista de expandir la religión, como si de abrir sucursales se tratara el tema. Ahora, en el caso de un buen amigo o de alguien genuinamente interesado en estas cuestiones, yo no defendería los antropomorfismos sobre Dios, ni sus manifestaciones en la historia, sino mas bien su existencia como principio universal.

Es decir, que aún cuando se adhiera a la teoría del bing bang; ha de admitirse que esa concentración de materia y energía, que sería la que da lugar a la explosión inicial, no puede haber surgido de la nada, sino que necesita un principio. Puedes decirle que a ese principio de lo existente le llamamos Dios.

–      Si, yo acuerdo con eso. Sin embargo  me dicen que yo reemplazo el bing bang por Dios, pero que estamos en las mismas en cuanto a que de donde se originó Dios.

–      Bueno, es que precisamente, no se puede concebir que aparezca materia y energía concentrada desde la nada como estado previo; y si puede concebirse, que una descomunal inteligencia y voluntad, que un Ser demasiado grande para que podamos abarcarlo, haya puesto en marcha el universo. Es importante esto de lo que se puede concebir, porque esta a la base del pensamiento científico y sin embargo cuando se tratan de cosas a escala cósmica, ellos parecen no hacerse problema por los orígenes de todo lo existente. Porque cuando hablamos de Dios, como idea, como concepto, estamos hablando no solo del que concentró la materia prima para la explosión inicial, sino del que creó el espacio mismo donde pudiera manifestarse la existencia de esa explosión con todo lo que contenía.

–      Claro, entiendo. La creación del espacio mismo.

–      Del espacio, del tiempo, de la percepción, del observador, de la energía y de cualquier otra cosa que se pueda pensar, de todo lo existente. Por eso, siguiendo la terminología de los filósofos, la existencia de Dios, me parece apodíctica*, no solo incontrovertible, sino que no me puedo imaginar la realidad sin Él, no puede concebirse.

–      Bueno, hay quienes si pueden.

–      Me parece que no. Pueden imaginarse hasta el bing bang y allí se detienen en sus preguntas y por eso pueden concebir de ese modo. Pero en ese caso no llegaron hasta el origen, se detuvieron  antes. Tienen que seguir preguntando para llegar a lo apodíctico, a lo irrefutable. “Todo empezó cuando…” está muy bien, no lo discutamos…pero, ¿cómo fue que empezó?, como es que puede algo venir a la existencia.

Allí se abre un enorme campo de misterio si lo abordas por vía intelectual y permanecer en esa ignorancia genuina, es lo único que puede hacer el intelecto con aquello que lo abarca. Porque tampoco se podrá responder lógicamente, pero si es legítimo llegar hasta lo último y en este caso a la ignorancia suma, lo que no se puede conocer. A ese enorme espacio desconocido le llamo Dios, la suma de las potencialidades. Por supuesto si me mantengo por el camino del intelecto desnudo.

En cuanto al camino del corazón en mi caso fue por el encuentro con certezas indemostrables intelectualmente, pero certezas de calidad subjetiva, que vienen a completar muy acabadamente las necesidades interiores. Dicho de otra manera, en ciertas emociones, en la calidad e intensidad de ciertos sentimientos, he alumbrado la convicción mas profunda de que Dios existe; no solo ya como principio organizador y creador de todo lo existente, sino como Amor puro.

Mi camino empezó a través de la belleza. A mi me maravilló siempre la belleza. Me deslumbró. No entendía muy bien que venía a hacer la belleza en medio del mundo, como era que podía manifestarse en medio de tanta miseria. Te hablo de mis tiempos de juventud. Y percibía lo cotidiano como un área gris, habitual, medio inanimada a causa de las rutinas, un campo de enorme chatura… y percibía la tragedia, el dolor, la miseria, la enfermedad y la agonía, la decrepitud, la maldad, la violencia.

Eso salía de la mediocridad, era la vida dura, el lado oscuro de la existencia. Y allí estaba, viendo lo gris y lo negro. Lo gris era lo mas habitual y menos mal me decía entonces.

…y un buen día percibí la belleza. Pero no como uno puede mirar una flor, distraído o incluso admirado, pero permaneciendo en el mismo rango de vibración. Me pasó que me golpeó la belleza, resquebrajó mi mundo, era una belleza que me hería porque era muy bella, apabullante. Imaginate un mundo gris y negro que de repente innovara con algunas notas de color. Descubrí por cierto, redescubrí, las flores y las aves y las nubes y las estrellas y la luz y el agua y el viento y todas las manifestaciones de la naturaleza, pero de un modo totalmente nuevo.

Como si mis ojos fueran capaces de gran nitidez y precisión y asistí embobado a la presencia del amor de Dios en el mundo. Porque aunque después comprendí que su amor esta en todo lo existente, yo lo vi en la belleza, no es que lo comprendí, lo vi, “pude mirar su rostro en lo bello”. Fue una gracia enorme. La cualidad de lo bello muestra una realidad diferente que atraviesa esta, como si el cielo penetrara en la tierra y la inflamara de amor.

No pude sino amar al arquitecto de semejantes creaciones y me dirán lo que quieran de la evolución y me presentarán a la flor como emergente adaptativo de reproducción y lo que quieras, pero yo se en mi, que ese es Dios mostrándose y amando al hombre y no necesité mas demostración que esa.

La belleza tiene el atributo de lo armónico, de lo ordenado, de lo pulcro, de lo perfecto. La belleza es lo perfecto inmejorable, es la máxima expresión de algo en lo que le atañe, en su campo de expresión te diría. Esto último que te digo es lo que luego, de a poco, me fue llevando a ver la belleza en cualquier manifestación. Pero eso es mas complicado y lo vemos después; lo central es lo que te he dicho, en mi caso.

…o sea que la expresión de la máxima potencialidad vendría a ser lo mas parecido a Dios en el mundo de todos los días. El principio de la perfección. Todos vemos cosas, mas lindas, mas feas e incluso verás que hay cosas no culturales, no te hablo de la belleza del parámetro cultural y de la época; hablo de la belleza que es considerada tal en toda época y lugar. Eso en lo que el ser humano coincide en cuanto a bello, responde a ciertos principios que están inscriptos en nosotros.

Siguiendo con el ejemplo de la flor. En toda época, lugar y cultura, una bella flor es reconocida como tal; por pobres y ricos, malos y buenos, viejos y jóvenes…tu les muestras, le haces ver y te van a reconocer que es algo bello.

Porque hay algo en el modo de ser la flor que coincide con algo en el modo de ser humano; hay un espacio en nosotros que permite el reconocimiento de la belleza. Hay en nosotros un espacio de armonía y orden y perfección que es lo que va a  permitir reconocer eso fuera de nosotros mismos, en el mundo. Por eso te digo…re conocer, porque es un volver a conocer lo ya conocido, que habita en nosotros, como presencia o como potencia, pero está.

Lo bello universal es tal porque nos completa, llena nuestro espacio de armonía y nos engancha con esa vibración, nos posibilita a su vez, acercarnos nosotros a esa perfección. Y la perfección es Dios.

Yo sé que no logro transmitir el momento cuando el Padre Vasily me habló de la belleza, porque aunque repita sus palabras, no puedo mostrar su gestica ni transmitir lo que sentí en esos momentos a su lado. Estaba radiante y sereno, pero como henchido de gozo, se veía realmente como alguien que ha tenido un encuentro con Dios. Me parece un hombre marcado por esos encuentros y que esa huella lo ha transformado profundamente y para siempre.

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Publicado por Ed. Narcea en

“Dios habla en la soledad”

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Ermitaño Urbano

Splendor veritatis…

En línea con Su Voluntad

Virgen de Vladimir

Había fuerte tormenta. El viento me parecía por momentos amenazante. Permanecimos dentro varias horas.

P. Vasily, lo mas tranquilo, lijaba una madera en la que luego pintaría un icono de la Madre de Dios. Se suscitó un interesante diálogo que he reconstruido en base a las notas que tomé y a la memoria de frases que me impactaron y esclarecieron.

–          Todo ocurre por su voluntad o como resultado de las leyes que El ha creado. La existencia que tenemos es Su voluntad y los aconteceres que en ella vivimos derivan de Su voluntad o de nuestras acciones interactuando con esos aconteceres.

–          Pero a esta altura de mi vida vivo seguramente lejos de Su voluntad, he metido muchas veces mi propio interés en medio de los sucesos.

–          Si. Por eso, lo primero que debes hacer si quieres adecuarte exactamente a la intención divina, es dejar de hacer. Ya no intervenir en aquello que no te requiera.

Es simple. Las cosas van pasando, ante tus ojos se van suscitando una serie de hechos, de eventos. Gente que hace o dice cosas, aconteceres muy diversos que ocurren. Debes permanecer concentrado en la oración interior y no intervenir.

No dejar que tus deseos traten de modificar lo que acontece. Si permaneces atento, notarás que ante cada suceso estas deseando algo. De cada cosa queremos algo, de cada persona; que se calle o que hable o que haga esto o aquello y esos deseos se manifiestan en nuestro actuar en cada momento.

Siempre lo que deseamos que ocurra se filtra en lo que hacemos, estamos tratando de que pase lo que nosotros queremos que suceda. Por lo cual te digo que no hay nada que hacer. Nuestro deseo único ha de ser no obstaculizar Su voluntad, no intervenir tratando de adaptar la realidad a nuestras apetencias.

No hacer, porque nuestro hacer es deseoso, egoísta, manipulador de la realidad para nuestros fines.

–          Pero entonces, ¿cómo vivir? Porque la situación es que a cada momento los hechos de un modo o de otro me requieren, piden que yo intervenga.

–          Veamos. Hay distintas posibilidades. La primera es que los demás se dirijan a mí, me pregunten algo o me ordenen algo, situaciones por el estilo. La realidad por así decirlo viene hacia mi.

Otra situación se relaciona con momentos donde nadie se dirige a mí, pero los hechos parecen reclamar mi intervención, como si desde mi propio interior surgiera una urgencia por intervenir que de algún modo siento legítima. Supongamos por caso que observas a una persona que está por dañar a otra.

Y existiría una tercera posibilidad que se manifiesta cuando ni me requieren, ni algo en mi pide intervenir. Quedo ajeno sin dificultad.

En los tres casos actúo teniendo en cuenta la presencia de Dios. Respondo sabiendo que Dios me escucha, me mira, está junto a mí. No me refiero a actuar por temor a su castigo, ni para agradarle; me pongo aparte de todas esas caracterizaciones humanas, de todos esos atributos que nosotros proyectamos sobre Él; simplemente actúo atento a Su presencia.

Porque aunque mis sentidos no lo perciban habitualmente, aunque no siempre siento lo sagrado a mi alrededor, sabemos que Él está. Porque si dejara de sostener nuestra existencia un solo instante esta desaparecería.

Debes actuar ante el principio más elevado de tu propia conciencia. Como si dijéramos…si fueras ahora el mejor que has soñado ser, el mejor que quieres ser, ¿cómo actuarías? Es lo mismo. Si Cristo mismo estuviera sentado aquí a un costado, ¿de qué modo respondería yo a este requerimiento? Imagina que estás ante Aquél que es el origen de todo lo existente…la sustancia madre del universo, ¿no pondrías lo mejor que tienes en la acción, como acto de agradecimiento?

Siempre comportarme teniéndolo sentado en la habitación, en Su presencia. Porque actuar como uno cree que a Él le agradaría es actuar como nos agrada a nosotros en nuestro ser profundo, detrás de la capa de deseos que nos manipulan.

Ya sabemos nosotros que nada sabemos de Dios, que somos muy pequeños para saber de Él, que se encuentra en “La nube del no saber” ¿verdad?  Suponemos que no es como nosotros somos, bipolares, que padecemos agrado y desagrado, enojo o alegría; suponemos que está mucho mas allá de eso y lejos de nuestra comprensión. Pese a ello actúo tratando de agradarle, devolverle lo mejor que tengo.

Por eso, debemos vivir aceptando la existencia en la que nos ha inmerso, en la que estamos sumergidos y dejar que en ella se manifieste completamente Su voluntad. No es difícil. No hago nada que a mi se me ocurra y cuando debo actuar impelido por las situaciones, lo hago atento a Su presencia.

En el segundo caso, cuando el impulso para actuar deriva de mi propio interior y no puedo discernir si ese impulso se corresponde o no a Su voluntad, ¿Qué hacer? Porque pueden darse situaciones en las que aún poniendo Al Señor como medida, no resuelvas. Son casos en los que te parece que una y otra opción son como neutras, dudosas, no puedes afirmar nada.

Lo que te sugiero en ese momento es poner en marcha alguna acción de acuerdo al impulso que te motiva y luego esperar. Es como si tomaras muestras para revisar. Activas la iniciativa y descansas, esperas para ver lo que se ha producido. Si las cosas empiezan a desarrollarse favorablemente sin demasiado esfuerzo, tienes el indicador que este requerimiento interno era acertado.

En suma: actuar en la Presencia de Dios, orando continuamente y sin hacer según nuestros deseos. En el caso de una fuerte moción interior, activar un poco y observar, no forzar las cosas.

Y esto viene a permitir el reacomodo de la propia vida a la intención de Cristo.Porque si tus deseos han construido circunstancias que son resultado de tus particulares apetencias, mantenerte en esta conducta que te digo va a restablecer tu dirección hacia donde fue destinada. Llevará mas o menos tiempo, pero todo se va a ordenar como fue ordenado en su origen.

–          Si, esta muy bien y es algo muy aliviador ubicarse allí, Padre… quisiera que me hable un poco de esas leyes con que el mundo esta hecho y con las cuales nos vinculamos a través de los deseos y un poco de la oración también.

–          También es muy simple. Supón que intervienes en una situación como resultado de tu ambición, eso tarde o temprano no te va a servir, no va a resultar. Lo que ambicionabas no va a salir bien o algo vendrá a salir de modo que lo ambicionado, aún logrado, no te va a satisfacer.

Las cosas están hechas de manera que aquello que pongas recibas. Uno siembra lo que lo motiva y cosecha según eso. Si actúas por temor cosecharás temor, si desconfianza, eso recogerás. El hacer ideal es el hacer por amor, pero eso implica una ausencia de egoísmo de la que estamos lejos, por lo cual, actuar solo en Su Presencia viene a ser lo mejor para nuestro estado ambiguo en esta tierra.

El ejemplo más fácil que me viene a la mente de acuerdo a mi propia experiencia es este: El que quiere quedar bien, queda mal. En cambio, si actúas por un motivo superior y te desinteresas de cómo quedes ante los demás…Todo lo que hemos sembrado con la semilla de nuestros deseos, es mala cosecha por venir. Apartarnos de todo eso, no ir a cosechar; permanecer sin hacer o cuando debamos hacer actuar en Su presencia, corregirá rápidamente tu vida.

Lo único que debemos hacer en cada momento es orar. La oración continua e ininterrumpida o retomada cuando nos damos cuenta de haberla interrumpido, es nuestra verdadera construcción. Sea que te encuentres en la circunstancia que te encuentres debes mantener la repetición interior del nombre de Jesucristo o la forma de oración a la que estés habituado.

Solo debes darte cuenta de que no hay nada que hacer con la mente. Ella resulta de los movimientos del cuerpo y de los deseos múltiples y en eso anda siempre. Casi todo lo que hace es analizar cómo obtener más placer.

Por eso la oración continua silencia la mente y cuando ella se silencia podemos sentir y escuchar al Espíritu Santo, que siempre está con nosotros. No creo que el Espíritu se manifieste cuando rogamos lo suficiente, sino que de tanto concentrarnos se silencia nuestro ruido  interno y entonces podemos escucharlo. Y ya actuar en Su presencia deja de ser un recurso para ser una sensación viva de lo sagrado envolviéndonos.

Reza siempre hijo, repite todo el tiempo el Santo nombre y verás que el jardín del edén esta aquí mismo y que El Señor camina por el y que podemos escuchar sus pasos.

–          Bendígame Padre! dije, arrodillándome y bajando la cabeza.

–          ¡Que el señor Jesucristo te proteja y te guarde siempre!

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Publicado por Ed. Narcea en

“Dios habla en la soledad”

Desde la ermita

 

Ego y ascesis

La Santa Trinidad de Rublev

Me fui despertando de a poco. Lentamente me di cuenta que estaba en la ermita del padre Vasily, que era la primera vez que dormía allí y que no sabía la hora que era.

Concluí que era todavía noche cerrada, no se escuchaba cantar a las aves. Mi cuerpo estaba dolorido en la zona de las costillas por la dureza del piso. Una colcha bajo mi cuerpo cumplió la función de cama y sirvió para evitar que el frío me calara los huesos.

Mi maestro estaba en una esquina de la ermita, junto a los iconos. miraba fijo la figura del Salvador. Lo iluminaba una vela. Se encontraba arrodillado, descansando sus glúteos sobre los talones, los pies laxos y estirados; me pareció relajado, símil de la actitud de abandono de la que tanto hablan los místicos, de todas las épocas. En el semi-sueño en que me encontraba, me pareció que en esa postura debió haber estado la Virgen cuando dijo ante el Ángel del Señor.

Me acerqué hacia el hueco que hacía las veces de hogar y entibié mis manos con algunos rescoldos sobrevivientes. El reloj marcaba las 4:15 y a través del ventanuco escuché silbar al viento, que moderado, filtraba por la rendijas y hacía música al pasar hiriendo las agujas de los pinos.

Padre Vasily giró la cabeza y me sonrió. Me sentí despierto y reconfortado, como si su dicha me contagiara. Sin decir palabra me vestí y me arrodillé cerca.

Padre nuestro … dijo y como permaneciera en silencio, repetí: Padre nuestro… que estás en los cielos… continuó y yo volví a repetir… que estás en los cielos… y de ese modo, lentamente, recé el “Padre Nuestro” mas sentido que recuerdo. El significado interno de cada frase se me presentaba certero en el corazón e iluminaba mi intelecto, comprendí porque era propiamente la oración que nos había enseñado Jesucristo y la completitud que tenía.

Después me obligué a permanecer quieto sin perturbarlo, decidido a estarme allí junto a él el tiempo que fuera preciso. Solo se escuchaba el viento y mi respiración, el mundo respiraba y yo respiraba, el mundo vivía y yo vivía, pero el ermitaño sin emitir sonido alguno, atestiguaba; se me presentaba como mas allá y mas acá del espacio que ocupábamos el mundo y yo.

Respiré espontáneamente mas profundo y suave, cada espiración se prologaba distensa equivaliendo a la inspiración que me relajaba y nutría como nunca antes. No se cuanto tiempo pasó, pero había amanecido cuando se levantó y encaminándose a la laguna me instó a seguirlo.

Del agua se desprendía abundante vapor, el viento había cesado y ahora sí, los pájaros se hacían notar. Detrás de una piedra grande junto a la orilla, sacó un jarro y una bolsita…

–          ¿Querés tomar un poco de té?

–          Si Padre, como no – dije agradecido.

–          Hasta cuando me vas a seguir llamando Padre? insistió como otras veces.

–          Es que me resulta natural. ¿Cuál es el problema?

–          Bueno…Mateo 23, del versículo 8 al 12: “Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar -Rabbí -, pues vuestro maestro es uno solo y vosotros todos sois hermanos; y no os llamaréis – Padre – unos a otros en la tierra, pues vuestro Padre es uno solo, el del cielo; tampoco dejaréis que os llamen – directores – porque vuestro director es uno solo, el Mesías. El mas grande de vosotros será servidor vuestro. A quién se encumbra, lo abajarán y a quién se abaja, lo encumbrarán.”

–          Nunca tuve esa parte en cuenta…hermano.

–          Así está mejor. En todo caso, si me reconoces autoridad, será la que me da la experiencia en relación a la tuya, en todo caso un hermano mas viejo. ¿De acuerdo?

–          De acuerdo.

–          ¿Y de que quieres que charlemos hoy?

–          Un poco de la ascética necesaria, de la regla de vida que haría falta…

–          La ascética es un método de ascensión; una escalera a Dios, a la percepción de Su presencia. Hay distintas escaleras y distintas formas de equivocarse en la forma de subir. A veces uno cree que está subiendo y en realidad esta bajando.

Una de las primeras trampas en las que caí, y que suele pasar bastante, es la trampa de la vanagloria. Uno se pone a seguir cierta regla de vida, cierta rutina de oración y ayuno o vigilia y de ciertos esfuerzos ascéticos y al poco tiempo siente satisfacción de si mismo. Uno se alegra de lo que va logrando. Y la alegría no es mala por supuesto, el problema es que esa alegría viene del ego, del yo sicológico que se ha creído que él va haciendo los progresos. Un modo de decirse… “¡que extraordinario que soy! lo que voy logrando…“ ¿me explico?

El ego se apropia de lo que la gracia dio. El “yo” empieza a tomar nota mental de las “proezas” ascéticas; de las horas de vigilia, de los salmos recitados, de lo poco que se ha comido, de cómo se duerme ahora en el piso en lugar de en la cama mullida y de cualquier otra cosa. El punto es que de ese modo va mejorando la imagen que se tiene de si mismo. Cada vez opino mejor de la clase de persona que soy. Y te digo por experiencia, eso no me ayuda a vaciarme para recibir la Sagrada Presencia, sino que me hace un bloque impenetrable a toda sugestión del espíritu.

–          ¿Por qué hermano?

–          Porque la ascesis no es verdadera. Es un hacer para ser. No hago lo que hago, sino para ser yo mas importante, mas bueno, mas santo etc. ¿Qué valor puede tener cierta privación si es para engordar el ego?

Si te privas de un alimento, si te moderas en la comida, será para alivianar el peso del cuerpo y entonces estar menos embotado, mas dispuesto a la vigilia en oración…por ejemplo; si duermes en el piso, abrigado pero inconfortable, será para no pasarte doce horas durmiendo, sino para facilitar el levantarse al horario fijado, para no apoltronarse, para no abrir la puerta a la pereza.

Pero gracias a como Dios hizo las cosas, esa ascesis fracasa rápido. Todo lo forzado fracasa. Si haces oración para engordar el ego, es decir por un motivo ulterior que no se encuentra en la oración misma, una vez que te acostumbras al beneficio te costará sostener lo que te llevó a eso.

Te esfuerzas tres días en orar en la vigilia que te has planteado. El “yo” crece. Comienzas a sentirte fuerte, mejor monje o lo que sea; disfrutas de la sensación que este nuevo “ser” te reporta. Pero luego de unos días, ya no disfrutas de esta nueva auto imagen, porque te has acostumbrado a ella y mientras tanto, esa vigilia y esa oración te resultarán cada vez mas onerosas, mas pesadas, porque ya no brindan la compensación del ego inflado.

Por eso, apenas cedes a la pereza o a cualquier costumbre anterior, la imagen se desinfla y el ego cae estrellándose contra el piso. Y de vuelta a empezar. A inflar el ego nuevamente con alguna proeza ascética y así en un ciclo que podría no terminar nunca, a menos que uno se atreva a reconocer ante si mismo que no le estaba orando a Dios, sino a la propia imagen.

Esa es la ascesis por falsos motivos, que gracias a Dios dura poco; o se abandona la ascesis o se mejoran los motivos.

–          ¿Aquí encuadraría lo de la represión que me dijo la otra vez hermano?

–          Exacto. Una cosa es superar una inclinación a cierto pecado, a cierta tendencia inútil y perjudicial y otra es reprimir la expresión de la misma. Si solo reprimes, la caída se manifestará a la vuelta de la esquina. Si superas, vuelas por encima, será difícil que se repita; aunque por cierto nunca hay que confiarse demasiado.

Una cosa es estarse luchando contra cierto deseo y otra ya no desear. Este ya no desear, requiere de comprensión, de sentimiento y de gracia. Es un poco mas complicado.

Caminamos bordeando la laguna, nuestros pasos crujían sobre las hojas caídas, secas y amarillas. Las coníferas mas elevadas recibían algunos rayos del sol que superaban la montaña.  A lo lejos, en la costa opuesta, me pareció divisar una pequeña columna de humo. El agua despedía menos vapor y estaba quieta como un espejo perfecto.

–          Cuando vivía en el cenobio, me tocó orientar a un novicio, de gran corazón y de genuina intención, que sin embargo arrastraba el vicio de la impureza desde su temprana juventud. El luchaba y luchaba, pero mas temprano que tarde caía nuevamente en el pecado. La tarea primera, fue ayudarlo a comprender que lo que mas lamentaba no era el pecado como falta en sí, sino la caída de su ego, que no podía elevarse a las “alturas de la santidad”.

Entonces vino a caer en cuenta, que ese aguijón en su carne le servía para crecer en humildad. Y, por supuesto, no se trataba de que se resignara a ello, sino que se abocara a lo que realmente debía superar. Porque el venía en confesión, pero con el dolor del ego, no con el sentimiento de quién lamenta haberse alejado de lo mas querido, esto es, Dios Nuestro Señor.

Luego de que aceptara la cuestión del ego y de que se viera mas como un hombre que quería acercarse a Dios, que como un santo inminente, pudimos empezar a comprender la fuga que significaba este vicio en él. Es decir, cuando el caía en la impureza, se estaba fugando en realidad de una sensación desagradable, que lo acometía al acostarse.

Profundizamos en esa sensación, que era una cierta inquietud, una ansiedad, un no poder estarse tranquilo y cobijado en El Señor, hasta que viniera el sueño. Vimos que esta incomodidad estaba muy relacionada al futuro, en cuanto este era deseado. ¿Y que era lo que este joven bien intencionado anhelaba del futuro? La santidad.

Pero era un anhelo de grandeza, de engordar el ego, vinculado por supuesto a la vanagloria. Cuando este hermano pudo crecer en la humildad y pudo darse cuenta que quería ser monje por amor a Dios y no para ser “un grande”, se relajaron mucho sus ansiedades y empezó a dormirse mas fácilmente y por supuesto a disminuir su necesidad de fugarse.

La sicología básica experimental de los Padres del desierto puede ayudarnos mucho hoy en día a quienes estamos interesados en llegar a la verdad sobre nosotros mismos, como camino hacia Dios.

El reino está en nosotros, dice la escritura, ¿porqué entonces apenas buscamos en nuestro interior, lo primero que encontramos es angustia, inquietud y vacío?

Por desconocimiento, por ignorancia de los mecanismos que rigen nuestra mente. Nos falta auto conocimiento.

Así que por un lado, sigo con el caso de este novicio, hubo que comprender. Luego hubo también que implementar cosas prácticas, que ayudaran a la materia a cambiar el hábito. Porque aunque el comprendía lo que lo había llevado al vicio, había una costumbre del cuerpo a distenderse de cierto modo, que era necesario desarraigar. El debía aprender a dormirse sin la impureza.

Así que acordamos que iría a ayudar al cocinero a limpiar la cocina y el refectorio. Después de completas, partía a la cocina y se ponía a las órdenes del cocinero, que por cierto no despreciaba la ayuda. Luego, extenuado, pasaba por la capilla y pedía la gracia de la castidad a Nuestra Señora y recién ahí tenía permitido llegarse a su celda para descansar.

Le fue muy bien. Ya es sacerdote y superó totalmente la aflicción que sufría. Por eso te decía que había que comprender. En este caso, que el enemigo era en realidad la vanagloria, que llenándole de ansiedad la vida se ocultaba bajo afán de santidad. ¿Quién va a criticar el deseo de santidad? Y bueno, por eso era el disfraz perfecto para el ego que anhelaba crecer.

Luego, tuvo que generar en él un sentimiento de humildad, que vino muy junto a la comprensión. Darse cuenta de que uno nada puede, de que uno nada es y de que “si el Señor no construye la casa, en vano se afanan los constructores”. Finalmente tomar alguna medida práctica que ayude a la intención de cambio.

Así que este ya no desear en vez de luchar contra el deseo, es clave en la superación. Pero te insisto, que lo que el dejó de desear, fue la fama, el pasar a la historia, el ser un santo para el ego. Entonces dejó de desear dormirse rápido, porque no tenía ya esa preocupación que lo carcomía. Podía arrebujarse, musitando oraciones hasta que lo sorprendía el llamado a maitines. Y esa nueva humildad por cierto fue la que le permitió ir a la cocina, ayudar y todo lo demás.

–          El Señor es misericordioso.

–          Verdaderamente, se acerca a nuestra miseria. Miseria que deriva de no poder sentir Su presencia. Porque si Él esta presente, ¿qué mal temeré? Por eso, la ascesis debe ser un modo de facilitar nuestro acceso a la disposición, a un estado de soltura. Uno no está vacío de sí mismo y por eso no siente al Espíritu que es la presencia de Dios en nuestras vidas.

Y No percibimos la presencia porque estamos llenos de ruido. Son los deseos los que ponen un fondo de ruido a nuestra vida y es tanto el murmullo, que no percibimos al Señor, presente en cada momento de nuestras vidas.

Por eso, muchas veces el dolor, es la herramienta imprescindible para que silenciemos los ruidos mas fuertes y podamos escuchar Su voz, que es suave como brisa lejana. En mi caso fue así. Si yo no me estrellaba contra los fracasos una y otra vez, no me iba a silenciar; yo tenía muchos deseos.

Y cuando el fracaso fue total, no tuve mas remedio que acudir a remedios totales. Te quiero decir…si Dios no me ayudaba, no iba a poder salir de donde estaba metido…por lo cual, tuve que acudir a Él y no a soluciones humanas; porque estas se habían agotado.

Así fue. Por lo cual verás, que la idea de mérito mal podía arraigar en mis progresos, porque fui claramente consciente de que sin esa caída final, nunca me hubiera acercado al Señor. Me acerqué a la posibilidad de escucharlo, no por amor a Él, sino porque no tuve mas remedio. Y en ese gemido desesperado, me lo encontré… ¡Que bueno es El Señor!

El hermano Vasily estaba radiante y calmo, lo que me parecía rara conjunción, acostumbrado como estaba yo, a la exaltación frenética o a la depresión abyecta. Nos habíamos alejado mucho de la ermita; podía adivinarla mas que verla, pequeña entre el claro de árboles, cerca del sitio donde se abría la hondonada que terminaba, valle mediante, en el pueblo.

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Publicado por Ed. Narcea en

“Dios habla en la soledad”

Desde la ermita

Entre la Fe y la Razón

Fresco de Cristo Pantocrátor

Como casi siempre, la primera señal de la ermita distante la daba el humo. Era una pequeña columna, lenta y ondulante, que se elevaba encima de los pinos y que me hacía sentir mas cerca de casa, como acercándome al verdadero hogar.

Hermano Vasily como le gustaba ser llamado en lugar de “Padre”, alimentaba el hogar casi de continuo en cualquier época del año. Sospechaba ya entonces, que se trataba mas de mantener encendido el fuego votivo de la alabanza, que de calentar la ermita, de por si bastante abrigada por la piedra con la que fue construida. Ya casi llegando me regocijé anticipando el encuentro y susurré la oración con mas fuerza.

En el pequeño espacio libre de árboles donde se encuentra la celda, no se oye sonido alguno y el piso esta limpio de los restos de las coníferas, como recién barrido. Según habíamos acordado en anteriores encuentros, no golpeo la puerta, solo paso y me siento en un pequeño taburete, cómodo. Espero silencioso y abrigado mientras lo miro, extático, con la vista en el ícono del Salvador, iluminado levemente por una vela cercana ya agonizante.

Al rato se da vuelta y se yergue ágil, como joven, y me abraza cariñoso. Yo siento desaparecer todo rastro de desamparo, me siento como me imagino debía sentirme cuando niño, en brazos de mis padres.

Silenciosos ambos, sonreímos y nos santiguamos, como inaugurando el encuentro. Coloca un jarro en el fuego, que aviva con unos leños y me pregunta si quiero un té o un poco de yerba mate. Elijo el té y saco del bolso un frasco de miel que le traigo de regalo.

–      Como siempre Padre, le traigo unas preguntas.

–      Como siempre Mario, estoy dispuesto a responderlas si el Señor me asiste con su gracia.

–      Me alegra mucho verlo Padre…

–      A mi también. Te veo cada vez mas tranquilo aunque a vos no te parezca tanto.

–      No, es cierto. Estoy mucho mejor, la oración me va consolando sin que me explique bien como.

–      La oración te consuela a pesar de los intentos que hace tu mente de molestar, buscando explicaciones.

–      Es cierto Padre, es cierto, así es realmente.

–      Bueno. Preguntá entonces tranquilo que tenemos todo el día.

–      Si, ya que tocamos el tema podría empezar por ahí, por el tema de la fe y la razón, que era algo que tenía pensado plantearle.

–      ¿Cómo es, el planteo?

–      Es como que la mente me interpone objeciones a mi acercamiento a la oración, a mi asistencia frecuente a misa, me dice que me estoy refugiando de mis temores, que estoy armando una mitología para hacerme la vida mas llevadera…que Dios no precisa de mi oración…y que Él siendo inmutable como Es, no va a cambiar nada de lo predestinado por el hecho de que uno le haga oraciones y así cosas por el estilo. Realmente me quita mucha devoción cuando esas dudas me asaltan y me hacen a veces muy árida la liturgia.

–      Mario…vas a tener que recordar un poco…¿Por qué volviste a asistir a misa, que habías abandonado durante muchos años? ¿Porqué un día te confesaste, cosa que no habías hecho tampoco durante mucho tiempo?¿Cómo fue que te acercaste tanto hasta este lugar y cómo es que te pasas contando los días hasta poder cumplimentar las condiciones que te permitan venir a vivir a esta soledad?

–      Padre, usted sabe mi historia; ¿Por qué me lo pregunta?

–      Me refiero a que no es por alguna teorización, ni por una conclusión científica, ni porque habiendo armado una sólida construcción intelectual, te has volcado hacia la religión. No ha sido así.

–      No claro. Fue por necesidad Padre, por fracaso, porque no encontrando lo que buscaba en ninguna parte, lo busqué de nuevo en Dios, como en mi juventud.

–      Sentiste el impulso ¿no es así? El deseo de estar en oración, recogido y delante de la Cruz, ¿te acuerdas? Eso me lo contaste y me acuerdo bien.

–      Si es así.

–      Bien. Primer punto: El acercamiento a la experiencia religiosa no se inicia desde el intelecto. Puede continuarse y expandirse a todas las partes del ser cuerpo mente; pero empieza en el calor del corazón. Es un impulso cordial, que inexplicablemente o a pesar de las explicaciones nos lleva hacia lo sagrado, lenta pero irrevocablemente. Eso amigo, se llama la gracia del llamado del Señor.

–      Si, me emociona. Sobre todo cuando me acuerdo de cómo pensaba y en donde me encontraba actuando y…no sé, era distinto. No es un derrotero lógico.

–      Claro que no, no responde a la lógica convencional. Un fuego en el corazón, que al principio es suave y que llega de a poco a arder hasta consumir al ser entero en lo sagrado; ese fuego es un llamado, una forma de manifestarse en nosotros el acercamiento de lo divino. Una forma de Ser lo Divino en el mundo. Es en cierto modo, una nueva encarnación, en cada ser humano que lo vive.

–      Pero y entonces Padre…porque a mi ahora se me aviva toda la devoción de vuelta, con solo acercarme a la ermita, charlando; pero después, la aridez en que me deja el intelecto a veces, hace que mi vida religiosa sea como parcial o ambigua, como sino pudiera disfrutarla plenamente por esas dudas.

–      Esta bien. Cuando uno ha seguido al impulso de búsqueda y se ha acercado a la sensación de lo sagrado, no viene mal darle algún hueso a la mente para que se entretenga y no moleste. Igual que a nuestros hermanos los perros.

–      ¿Cómo es eso Padre, que quiere decir?

–      Que se puede intentar una explicación para que la mente tenga un armado que la deje en paz y entonces no perturbe la oración.

–      ¿Cómo sería?

–      Todas las dudas que surgen se deben a oposiciones. Si esto es así, aquello debería ser asá y si esto no es así entonces lo de mas allá. ¿Viste? Es como una serie de platos de balanza que se van alineando o desalineando. Por ejemplo, ¿Para qué si Dios es Omnisapiente necesita que le diga lo que necesito? ¿Para qué mandó a su hijo si de todas formas el podía limpiar el pecado del mundo con un solo acto de Su voluntad? O mejor, ¿Para qué permitió o creó la posibilidad del pecado siendo que podía crear un mundo edénico sin transgresión? Y así podemos seguir mucho tiempo. ¿Si todo se debe a Su gracia entonces que papel cumple mi voluntad? Y entonces, ¿si peco es porque el me quitó su gracia? y siguiendo…¿no es verdad?

–      Si Padre tal cual. Es como si se hubiera metido en mi mente y la leyera en los momentos de aridez.

– No, me he metido en mi propia mente y en la de todos, porque todas tienen una estructura similar. Si revisas el motor de un auto o de otro verás diferencias, pero la estructura es la misma. Tienes que considerar varias cosas. Una se refiere a que cada sentido y aparato del organismo percibe una franja de realidad determinada, y que además, la organiza según su forma de funcionar. Entonces el resultado de esa percepción y organización, puede no ser parecida o ser disímil con la percepción y organización de otra persona. Veamos. Si te palmeo el hombro, tu piel percibe una presión discontinua que se repite cíclicamente durante un intervalo de tiempo.

– ¿Cómo? Ahí si que me confundió.

– No, espera, ten paciencia. Tu piel, solo tu piel, si la abstraemos del contexto en que se halla; solo percibe una variación de presión en su superficie, percibe que aumenta la presión cuando apoyo mi mano y que disminuye cuando la retiro.

Pero para el aparato de memoria, encargado de guardar información, se hace previsible la repetición de la palmada, porque ya la ha vivido en anteriores ocasiones. ¿Lo ves? Pero no para la piel, que solo percibe diferencias de presión y temperatura. A su vez, tu zona emotiva, tu centro emocional digamos, percibe la calidez afectiva de la palmada, sabe que es una muestra de aliento y de afecto. La recibe bien, conforme. Tu intelecto en cambio, organiza la percepción desde el mismo hecho de decir que eso que golpea es una mano, que lo que te quiero decir es tal o cual cosa, duda si te palmeo por esto o lo otro, se pregunta si deberías responder de algún modo…y siguiendo.

Eso te quise decir con lo de que cada aparato y cada sentido a su vez, organiza las cosas según su modo. En ocasiones, ojalá que siempre, esos aparatos se coordinan y simultáneamente convergen y entonces uno siente pleno acuerdo en el cuerpo y la mente. Es como una ayuda a la paz del espíritu. Si la mente no duda, si el corazón vive en la fe, el cuerpo se relaja, todo ayuda. Se coordinan todas las partes.

Se produce una unidad. Y está bien que busquemos esa unidad, porque viene a cumplir la función de cuando uno limpia la habitación; todo se hace mas fácil y agradable, todo esta ordenado. Pero hay que aprender a convivir con el desorden, porque hay momentos en donde no va a poder estar todo en su lugar, e incluso te digo, no conviene que esté todo ordenadito, porque a veces el desorden precede a la transformación y al cambio.

Es igual que cuando pintas una casa y la re decoras. Tiene que producirse un desorden, porque sino no es posible reorganizar la vivienda. A mi me ha pasado, de vivir enormes períodos de aridez, solo para descubrir y gracias a eso, que hacía oración para sentir cierta sensación placentera y no motivado por un acercamiento genuino al Señor. En la aridez, descubrí que me seguía acercando, que seguía orando y que lo iba a seguir haciendo aunque nunca llegara la devoción cálida y luminosa; porque lo que buscaba era al Señor y como este quisiera manifestarse y no mi placer personal. ¿Me entiendes?

– Si Padre, ahora si, totalmente.

–      Pero sin la aridez no iba a poder descubrir eso. Lo que hemos dicho otras veces, que no hay mal que por bien no venga, resultando así que el mal no era tal. Entonces si hay unidad entre todos los aparatos de la mente y del cuerpo, bienvenida sea y si no la hay también porque para algo servirá esa desarmonía. Si no bajara la temperatura, todos los años en cierta época, no podrían producirse ciertos procesos necesarios para los vegetales y animales y para el planeta en general ¿no es cierto? Pero la piel te va a protestar por el frío, se va a quejar.

Entonces, el corazón, la intuición, el órgano a través del cual sentimos en el cuerpo con mas facilidad el espíritu, es el que primero se acomoda a la gracia y se sumerge en su calidez. El corazón tiene razones que la razón no entiende es algo muy cierto. El corazón se ve atraído a la oración, al silencio, al recogimiento y luego, al tiempo, el cuerpo le sigue, empieza a hacerse conducta lo que pide el corazón.

Pero la mente ni de cerca. Que esto y lo otro y lo de más allá. Yo no me pondría a tranquilizar a la mente con mucha teología o cosas por el estilo sino con esta comprensión; que conducta, corazón e intelecto son aparatos con velocidades diferentes y con funciones diferentes y darle tiempo y confianza al organismo para unificarse.

Porque fijate Mario, toda esta cuestión de lo que hizo y no hizo Dios y de lo que debería hacer si sus atributos son estos o los otros y de si sirve esto o no o si hay un error aquí y allá…todo eso no sirve porque todo lo que pueda estructurar la mente es parcial, sumamente limitado e inexacto. ¿Vos sabés que el conocimiento se articula en base a la memoria y a estímulos y a intereses y a franjas de percepción y entonces no es muy de fiar, no hay que darle mucho crédito.

– Dígame mas acerca de eso Padre.

–      ¿Sabías que lo que llamamos color es solo una vibración distinta de la materia? O mejor dicho, que según el punto de vista de los científicos, de los físicos, eso es el color?

–      Algo escuché por ahí una vez.

– Bueno, pero para vos es una hermosa flor amarilla. Pero parece que el sentido del ojo la ve amarilla, que amarillo no hay en ningún lado, el sentido la organiza, la percibe así, ¿me entiendes? Además tu memoria, asoció desde niño cierto sonido a esa percepción, entonces dices: “Flor”. Mueves tu boca de cierto modo y pasa cierto aire por tus cuerdas vocales y entonces decís “flor”. Entonces, algo vibra allí afuera de tu cuerpo y el sentido del ojo mas el sentido interno organizador llamado mente convergen y dicen: “Eso es una flor amarilla”. Bueno, muy bien, yo no digo que lo dudes, pero tampoco es para darle tanto crédito, porque en otro país hubieras asociado otro sonido en lugar de la palabra que aquí usamos y si tuvieras unos ojos de perro no verías esa vibración como amarillo sino como gris, parece.

– Si, claro, se me hace mucho mas entendible ahora.

– Por lo tanto hay que tener esto en cuenta cuando se presentan objeciones a la religiosidad desde la mente, en cuanto a la lógica de una cosa o de otra. El valor de la religión no es lógico. El valor de la religión está en su poder de redención, de transformación del corazón del hombre. El valor de la religiosidad es la posibilidad que brinda al ser humano de trascendencia. Seamos claros Mario. Si lo que buscas con la mente es “la verdad”, debes saber que Dios no puede conocerse, que de Él nada puede saberse, que nos es infinitamente lejano en cuanto a las posibilidades de nuestra mente. Abordar a Dios con la herramienta mental es fatiga vana. A lo único que puede llegarse es al convencimiento mental de la necesidad de la existencia de Dios. Pero abordar a Dios desde el intelecto es como querer entender el amor desde la uña del pie. ¿Cómo podríamos conocer de aquello que nos abarca absolutamente? El oído percibe cierta franja de sonido, el ojo advierte solo cierto rango de luminosidad, y así como no vemos lo microscópico sin ayuda de aparatos, no podemos percibir a Dios sino en el corazón. El corazón es la antena receptora de Dios y la oración, los actos litúrgicos, la ascesis, los iconos, las peregrinaciones y todo lo demás, son instrumentos que ayudan a que se perciba esa brisa suave que nos obliga a taparnos el rostro sobrecogidos.

No existe la divergencia entre razón y fe. Existe la fe y la razón que haga lo que quiera. “¡Pero señor usted es un irracional! ¡¿cómo va a andar creyendo esas cosas que cree?!”

Si, totalmente irracional. ¡Creo en la divinización del hombre por obra de la gracia, por obra de un hálito sagrado que sopla donde quiere! Pero, curiosamente, esta irracionalidad, ¡no me preocupa! Contrariamente, me hace feliz.

Imaginate…¡querer saber como es el Creador de todo lo que existe! ¿Y cómo podríamos? limitados como somos. No es posible para la rodilla conocer el funcionamiento general del cuerpo humano, ni su sentido, ni su fundamento, ni nada, apenas algo de cómo funciona esa articulación. Pero si puede la rodilla trabajar como debe, haciendo lo que sabe hacer y recibir la savia vivificante, la sangre que le envía el cuerpo para que cumpla su función.

Así que te digo Mario, yo no sé como es Dios, ni se resolver muchas de esas contradicciones entre las dudas y las aserciones del intelecto…pero sé que Lo amo y que ese amor me llena y que inexplicablemente, da sentido a mi vida.

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