La Virgen y el silencio interior

Icono de La Virgen María y el Niño Jesús
Icono de La Virgen María y el Niño Jesús

La siguiente charla la mantuvimos antes del mediodía. Extraje de ello lo que me pareció mas importante.

Lo dejé solo después de Laudes y me fui  a caminar por el bosque. El se quedó trabajando en sus íconos. Ahora está realizando unos que le han pedido por mi intermedio, en arcilla, que luego me encargo de llevar a hornear a la ciudad. Esta cocción, que se realiza a mas de 1000 grados, deja el diseño en bajo relieve totalmente fijado y apto para durar mucho tiempo. Padre Vasily entonces se dedica al color, aplicando unos óxidos que luego hay que hornear también.

Todo el proceso es trabajoso, pero sus resultados son formidables. Quedan realizadas magníficas imágenes que son aptas incluso para poner en las Iglesias, muy sacras y adecuadas para cumplir la función de todo icono, es decir, facilitar el contacto con lo sagrado. Pero el monje se encarga además de hacer que la imagen y la obra toda, con sus maderas y marcos de soporte, viva un proceso de oración. El reza reiteradas veces mientras va desnudando la forma con sus manos, reza cuando la pinta, cuando la termina, cuando la entrega. Padre Vasily considera que la forma puede albergar algo de las Divinas potencias y que esa influencia positiva puede llegar al fiel desconocido que luego haga oración ante la imagen.

El bosque es muy calmo y solitario. Hace frío y como casi siempre, sopla una brisa que mece la parte alta y mas débil de los pinos. La repetición del Santo Nombre se me está haciendo hábito y estoy empezando a gozar de algunas de sus primicias. Por ejemplo: Cada vez que me olvido de orar y que me preocupo por algo en mi vida de la ciudad, por lo económico o por algún temor o ansiedad, me acuerdo que existe la oración y es como si ya me tranquilizara, antes incluso de empezar nuevamente a hacerla. Me ha crecido mucho la fe y vivo mas confiado, tengo motivos para estar muy agradecido.

A mi regreso, el icono esta listo para ser trasladado, ya embalado y protegido. Al no estar todavía cocido, debo ser extremadamente cuidadoso en su traslado.

–          Acá estoy de vuelta Padre.

–          Ya veo. ¿Y como te fue?

–          Bien. Soy una persona mas tranquila que antes, tengo menos urgencias.

–          ¿Y que te sigue urgiendo?

–          …Mhh, no sé; algo así como un cierto afán de realización total, de consumar la unión con Dios, creo que tengo mucha ambición espiritual.

–          Ya te estás como defendiendo por anticipado. Comunícate con libertad y no andemos timoratos.

–          Si, tiene razón. Lo que pasa es que soy mucho mas feliz que antes Padre, pero por ahí a veces me asaltan temores o inquietudes y me gustaría vivir en la plenitud que conozco por usted o por cosas que he leído…como que tengo ansiedad de que llegue ese momento.

–          Toda ansiedad deriva de la falta de fe. Mejor dicho, toda ansiedad es un deseo de algo, es un querer algún tipo de objeto, material o espiritual, tangible o intangible para consolarnos en el. Pero la única plenitud posible viene de vivir con Dios junto. Todo lo demás es provisorio e insatisfactorio, como ya sabes.

Pero además, vivir en Su presencia no es un objeto que se pueda adquirir como otro cualquiera o un algo que lograr. Vivir en Su presencia es un proceso de la gracia en nosotros y que requiere algo muy mínimo de nuestra parte. Dejarse estar dispuesto a aceptar Su voluntad.

No hay mejor actitud que el “Sí” de la Virgen para la oración contemplativa. Disposición, aceptación e ir guardando todo en el corazón. Ella enseñaba la contemplación. Atestiguar dispuesto a aceptarlo todo y guardando en el corazón toda vivencia.

Y fijate que esta actitud, aparentemente pasiva, poco activa, es la que logra que Jesús actúe antes de la llegada de su hora en las bodas de Caná.

Calladita, calladita, pero la primera señal de Jesús se produce a instancias de ella. Jesucristo se niega y sin embargo ella les dice a los servidores: “Hagan lo que Él les dice” y Nuestro Señor lo hace. Yo no soy teólogo ni intérprete bíblico adecuado, pero a mi me parece personalmente que ese significado es muy correspondiente a lo que sigue en todo el Evangelio después. Y esta particular deferencia de Jesús hacia ella nace de la profunda intimidad de corazones entre ambos, nace del atestiguamiento de María.

Y fijate que luego, al pie de la Cruz, ella llora su dolor y a través de sus lágrimas calladas consuma su contemplación. Todo contemplativo termina llorando los dolores del mundo, la caída propia y ajena y es ese dolor, el que misteriosamente, redime, al contemplativo y al mundo.

–          O sea Padre, ¿que usted reza como María?

No, yo intento rezar como María, es un modelo de conducta inestimable para mí. Hay todo un problema con esto de los modelos de referencia hoy en día. Suelen presentarse a los jóvenes, desde el seno mismo de la Iglesia, modelos armados fuera de la necesidad sicológica y espiritual de la etapa que atravesamos. Incluso yo recuerdo un canal de televisión que tuve oportunidad de ver un día en la sala de estar de la hospedería, un programa católico, muy bien intencionado, que presentaba a unos jóvenes mirando al cielo con una cara de embeleso mal actuada, no sentida.

Me preguntaba a cuantos jóvenes atraería semejante modelo.

El joven necesita modelos heroicos, de entrega valiente y generosa, que aunque puedan transitoriamente llevarlo a veces, al terreno del crecimiento del ego; tarde o temprano lo depositan en el anonadamiento del sí mismo y en la entrega. Pensá en Charles de Foucauld, en San Francisco de Asís, en San Roberto de Molesmes.

Creo que el resurgir Trapense en América entre los cuarenta y los años sesenta, tuvo mucho que ver con la obra del Padre Raymond, “Tres Monjes Rebeldes”. Esa obra, según mi criterio, llevó mas vocaciones a los trapenses que cualquier otra acción de los últimos tiempos.

Presentar una visión poniéndose en el lugar del modelo y de su entrega, de su heroísmo. Fijate en San Pablo, era tan decidido aun en el error, que se le manifiesta El Señor. Pero a mi ver, fue su entrega lo que llama al Señor al camino de Damasco. Pablo defendía a su Dios de los Nazoreos y se le iba la vida en ello.

Debemos mejorar nuestro modo de evangelizar. Hay que destacar la valentía del dejar todo, del abandono. Después, eso nos lleva solitos a darnos cuenta que no hay mérito alguno en nosotros. Pero, quizás al principio es necesario.

Al rato, oramos y comimos frugalmente, en silencio. Yo tenía todo listo para irme y eso me teñía las cosas de cierto dolor angustiado. Me quedaría a vivir en las cercanías del Padre Vasily sino fuera porque debo esperar a resolver la situación de la familia, según su orientación. Se me ha hecho dependencia de su palabra y de su presencia. Lo amo y lo reverencio con sentimiento filial. El me mira y yo creo que sabe lo que pasa en mí. Sonríe, pone una mano en mi hombro y dice:

Uno no debe preocuparse de nada. Uno debe ser consciente de que todo nos viene de Él y todo será según Su voluntad…¿de que preocuparse? Confiar y si no confío, pedir la confianza. Vos ya tienes pruebas suficientes en tu vida de la bondad de Dios y de su Providencia mas inteligente de lo que podemos imaginar. Uno cree que el bien de uno es aquello y resulta que es esto otro y uno después se da cuenta; cuando Dios ya nos dio lo que necesitábamos y tuvo que aguantarse nuestras quejas mientras el proceso de la gracia actuaba.

Quedáte tranquilo Mario, te va muy bien y muy bien te va a ir en la peregrinación por este mundo. ¿Y sabés porque? Porque El Señor es bueno, porque es infinita Su misericordia y porque nunca perdiste tu niñez. La buena fe. La buena intención. El querer el bien. Cierta candidez que tienes y que te ayuda mucho.

–          Gracias Padre. Una cosa más solamente. Yo lo he visto orar, medio de reojo y hemos recitado juntos los Salmos, pero yo sé que usted practica la oración de Jesús y quiero saber de su intimidad en la oración. ¿Qué hace usted cuando se sienta en silencio por horas mirando los iconos? Digo, ¿que hace en su interior? Disculpe el atrevimiento pero sino se puede contestar no se contesta.

–          ¿Y cómo no se va a contestar? ¿Por qué no? Es cierto que hay un espacio absolutamente intimo entre El Señor y cada alma, pero no es que no se deba o no se quiera contar, es que no se puede traducir lo que allí se vive. Eso es críptico, incluso muchas veces para uno mismo luego de la oración. Porque es como que uno cambió de situación o de nivel y ya aquello no le resulta tan accesible. Pero bueno, yendo a tu pregunta. Yo lo que hago es dejarme estar ante El Señor.

Me pongo frente al icono que es una ayuda perceptual para el asno que hay en uno; porque El Señor esta en todos lados, en el tronco sobre el que estoy sentado, está en los árboles y esta en tu mirada y en tu anhelo y hasta en tu pregunta. Pero uno es un asno y el icono ayuda a situarse mental y corporalmente. Es como la gestualidad en la oración; una ayuda para posicionarse interiormente.

Así que yo me dejo estar ante los iconos, sereno la respiración de la agitación que esta viene trayendo por las actividades, repito la oración de Jesús porque me conecta inmediatamente con un espacio sagrado en mi interior y así me quedo, me dejo estar.

No tengo mucho mas que decirte… hay días de mayor silencio interior y días de mas viento, de cierta movilidad y nada, todo esta muy bien porque en ese dejarme estar es cuando Él actúa mas libremente si me permites la expresión. Respecto de lo que preguntabas el otro día, de si hago o no hago peticiones; cada uno tiene su forma… yo trato de contactar con lo que hay en la profundidad del corazón…que son todos buenos deseos por los demás, por todo y por todos.

Porque en la profundidad del corazón esta El Señor y Él Es y quiere el bien absoluto y si se puede decir así… cuando yo deseo el bien para el mundo, estoy deseando con Él, me uno a Él en la Creación del mundo, que continúa a través de la obra salvífica de la gracia.

Pero claro, entiende todo esto como una forma de traducir lo intraducible, porque no es como es la cosa, sino como puede decirse la cosa y lo que puede decirse nunca es la cosa en sí y mucho menos si de hablar de Dios se trata, porque propiamente de Él no podemos hablar, sino a través de figuraciones y de modos que nuestra condición pueda comprender.

Porque Él esta mas allá de todo, porque es lo totalmente otro. Y, a la vez, lo totalmente uno con todos. Uno empieza cuando se mete en este terreno a decir tonteras, todo resulta paradojal, porque son cosas que no se pueden decir; no porque no se deba, sino porque no se puede, hay una imposibilidad de manifestar acerca de la manifestación suprema. Vos leíste a Dionisio Areopagita y sabés de que hablo.

Pero es eso, dejarme estar, hacer lo menos posible, repetir el Santo Nombre y saber callarlo también en el momento donde todo sonido es innecesario y es allí en esa nada innombrable y silenciosa, donde pasan cosas entre Dios y el alma que es lo que dota de significado toda la vida. Uno nunca es el mismo luego de el gran silencio y la vida nunca vuelve a ser la misma; porque El Señor la ha tomado y la va despojando de todo lo que no sea Él.

Y en lo que hace a lo que preguntabas para esa persona que ha puesto en marcha una obra solidaria y que con mucho esfuerzo va llevando adelante, que tiene el deseo de organizar en torno a ello una congregación religiosa nueva y que duda si correspondería; eso depende.

Uno debe pedir el don del discernimiento, la venida del Espíritu Santo que aliente el esclarecimiento verdadero.

Pero puede servir en principio que esa persona se pregunte: ¿Es que en esta obra que estamos llevando adelante hay algún carisma especial, muy particular, difícil de encontrar? Porque si no lo hay, si es una tarea como ya se están llevando adelante en otros sitios, podría sumarse a alguna congregación ya existente que trabaje en esa línea. Podría aportar nuevo aire a gente que ya lo está haciendo y , a la vez, recibir apoyo de estos nuevos hermanos.

Pero si hay un carisma muy específico y particular, una especialización muy determinada, quizás pueda ser una llamada a una fundación nueva. Habrá que verlo.

La vida consagrada siempre es lo mejor. ¿Qué mejor que consagrar la vida a algo? Junto con lo sagrado haré mi vida, eso es vida consagrada. Si la persona puede, si lo puede asumir y pidiendo la gracia siempre se puede; que no dude e inicie el camino hacia la consagración. Pero debería empezarlo en alguna orden o institución ya existente, para aprender y para depurar las motivaciones. Porque a veces el ego mete la cola y lo que parece un carisma es afán de protagonismo o de notoriedad o auto estima. No digo que lo sea, digo que puede ocurrir y ponerse bajo el manto de la obediencia, es buenísimo para esas cuestiones, para depurar, filtrar las cosas.

¿Consagrarse? sí. ¿Empezar una nueva congregación? depende. Primero obedecer, aprender y luego si es un llamado del Señor, se va a develar, se va a discernir. Porque si esa persona se siente atraída hacia la vida consagrada, eso es un llamado. No darle muchas vueltas que hacen falta obreros en la mies. Cada uno con su carisma, si, claro que sí. Pero eso discernirlo desde adentro y no desde la soledad donde el “yo” puede jugar malas pasadas. Ser humilde y aceptar que todo esto puede discernirse consultando con otros de mas experiencia.

elsantonombre.org

Publicado porEd. Narcea en

“Dios habla en la soledad”

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Toma y lee

Tomas Merton

Tradición católica

Ayuno, soberbia y conversión

Grafía de San Serafín de Sarov

Cae la tarde sumergiendo todo en la penumbra y entre los silbos de los pájaros y el sonido del aire entre los pinos, noto la ausencia de la angustia que suele acompañarme en los crepúsculos.

En los atardeceres suelo recordar la escena bíblica de el camino de Emaús, donde le piden a Jesucristo resucitado que se quede a acompañarlos  porque se hace de noche.

Aquí, junto a la ermita, no aparece el clima de desamparo que me suele acometer. Aquí esta todo bien; porque ver la felicidad callada y profunda del Padre Vasily me hace mas cercana la promesa del Edén y de algún modo la torna creíble, para mi propia vida en el mañana, cuando no esté junto a él.

La perspectiva de la noche en oración callada, la cena juntos y la continuidad del diálogo me llenan de alegría.

– ¿Cómo es su dieta Hermano? usted ¿qué come?

– Verduras y frutas, algo de pan, mucha agua.

– ¿No come carne, ni siquiera pescado?

– No. Pero no es nada extraordinario, uno se acostumbra rápido.

Además, en esta soledad no estoy expuesto a tentaciones…no veo nunca un asadito que me provoque.

– ¿Y no se debilita?

– Yo creo que no. ¿Me ves mal?

– No para nada.

–  ¿Y entonces?.

– ¿Pero como es todo este tema del ayuno y eso? ¿Es útil, no lo es?

Depende. Por ejemplo si te largas a ayunar mas allá de tu medida o si lo haces sin verdadero criterio te puede pasar que se te de un rebote. Es decir te mortificas dos o tres días y al cuarto estás sumergido en la gula mas tremenda. Como una ley de compensación. Eso no sirve. Pero, en general, está muy relacionado el ayuno, los frutos del ayuno quiero decir, a la motivación con que se lo emprende.

Si lo que buscas es una proeza ascética para hacer crecer el ego, mas vale comerse un asadito y quedarse con el ego disminuido; porque hace menos daño a los apetitos un asado que un ego inflado.

Puedo asegurártelo. Y también depende de a quién le estemos hablando. Cada uno debe proporcionar sus esfuerzos a su condición y a sus búsquedas.

Aligerar el cuerpo de pesos siempre es muy útil, mientras no recargue de pesos a la mente. Te quiero decir, si vas a ayunar y como consecuencia de tu liviandad vas a estar pensando todo el tiempo en un plato apetitoso o si vas a estar contando las horas hasta que termine el período de ayuno; eso no es de ninguna ayuda. ¿Cómo te ha servido para unirte a Dios? Has estado con la atención puesta en otra cosa. De ninguna manera.

Mi opinión es que el ayuno sirve si se hace práctica de vida; es decir, costumbre. Porque al acostumbrarse uno necesita menos cosas, puede ser mas libre para orar, para pasarse largos períodos de reclusión, verdaderamente el cuerpo empieza a reclamar menos atención.  Yo disfruto mucho unas papas con calabaza y una fruta. Me resulta muy apetitoso, el cuerpo ya no me pide lo que casi ni recuerda. Entonces me ahorro un montón de molestias, de condimentos y de necesidades que no eran tales. Se vive con menos y se vive mejor.

Por otro lado te digo, es difícil hacer silencio mental con el estómago muy lleno. Y mientras mas le das mas te pide. Te acomete el sueño y es difícil permanecer vigilante, fiel en la oración y en la custodia de los pensamientos. En ese tema Evagrio el Monje fue un gran maestro, lo mismo que Casiano. Ellos relacionaban a un pecado con otro y mostraban el particular encadenamiento existente entre un vicio y otros que necesariamente le siguen.

Atestiguo que lo que dicen es la pura verdad y lo afirmo por experiencia. La gula o la Gastrimargía es madre de muchos vicios. Pero por supuesto la raíz está en otro lado.

En la ausencia de la sensación de Su Presencia.

Es la verdad que he podido comprobar. Todos nuestros males derivan del vacío interior y este vacío es el lugar en donde debería habitar El Señor. O lo que es lo mismo: el lugar en donde está El Señor, pero sin que nosotros percibamos su manifestación. ¿Cómo percibirlo si no nos detenemos un momento? Imposible sentir su sagrada Presencia si estamos colmados de apetitos.

Porque cuando el cuerpo esta acostumbrado a algo, lo que busca es ese algo que lo ha colmado de placer. Y a la hora acostumbrada buscará repetir la sensación. No va a buscar la mucho mas sutil presencia de Dios. Va a buscar la nada sutil presencia de la distensión abdominal… el bife colmando el estómago, ¡el placer de la saciedad!

¿Y que pasa después de la saciedad? Viene la modorra. Un sueño bárbaro, unas ganas de echarse a dormir un rato, como hace el perro, ¿no es cierto?

El cuerpo es animalesco, se aprende mucho sobre los propios hábitos mirando la conducta de los perros. Y te haces una buena siesta. Lógico, el cuerpo quiere digerir y concentrarse en esa función intestinal, con toda la grasa y los carbohidratos y que se yo…necesita echarse; disminuir todas las otras funciones para digerir.

¿Y luego de la siesta? Hace frío, empieza a ponerse ventoso, se anuncia la noche de a poco y entonces mandarse una meriendita ¿verdad? Entonces a llenarse nuevamente de pan y dulce y un café o dos… y después uno no se va a dormir porque le da vergüenza, pero ya quedó medio inservible para toda tarea espiritual. En aquél momento, rezar vísperas, será lo más parecido a una letanía sin alma, porque el alma esta detrás de varias capas de mermelada…

Por eso te lo digo. Porque hay bastante confusión con el tema; al menos en la literatura que se encontraba cuando yo todavía andaba por las librerías buscando a Dios. Y la confusión, me parece, deriva de la falta de experiencia en el tema. Es muy difícil animarse a dejar de lado el placer mas rápido, barato y accesible que tenemos. Si te sientes mal, algo que ingieres te da una sensación diferente. Al rato te sientes angustiado; te comes otra cosa y así. Lo que a mi me ha pasado es que descubrí, que la gula es un enemigo mucho menos aguerrido que lo que parecía…pero debía enfrentarlo con cierto valor unos pocos días. El cuerpo luego se acostumbra y te ayuda.

A mi me gustaba mucho la carne asada y me parecía increíble pasarme un día sin un buen filete. Pero después de unos días, empecé a disfrutar de las verduras. Y te digo, el hambre de verdura no reclama tanto como el hambre de carne; es como si fueran de naturaleza o de vibración diferente. Los hindúes saben mucho de esto y es como para aprender de ellos un poco.

– Pero como llegó a esto de decidirse a dejar de comer carne totalmente y a comer tan poco, o mejor dicho…¿Por qué no me cuenta como llegó a esta vida Hermano? Sería muy bueno para los lectores que tendremos.

– No creas que vas a tener muchos lectores.

– Ya va a ver que sí; está muy buena la enseñanza.

– Contarte como llegué a esta vida…y ¿desde cuando te cuento? Porque de algún modo todo me fue preparando para esta vida, todo tuvo sentido, todo fue útil y significativo; lo que no quiere decir que yo me diera cuenta entonces o cuando las cosas parecían ir mal.

– Yo no pretendo que me cuente todo, pero como un itinerario hasta la ermita…

Hoy no te voy a contar la historia larga, te voy a contar una parte muy interesante a mi modo de ver, que fue lo que me pasó con la Eucaristía. Yo estaba muy apartado de la Iglesia entonces, te comenté una vez algo.

Había dejado de creer. No había dejado de creer en Dios, me resultó imposible siempre concebir un universo sin Dios, pero no quería saber nada con la Iglesia. Me había desencantado totalmente luego de mis primeros pasos en ella y algunos encuentros desdichados abonaron este descreimiento.

Básicamente me convencí de que la Iglesia era la historia de sus miserias o de sus movimientos políticos y dejé de ver la obra de la gracia abriéndose paso en la historia humana, a pesar de los hombres corruptos…dejé de ver a la Iglesia como un ámbito contextual necesario, como morfología del amor de Cristo, te diría.

Así que ahí estaba yo, sin la Iglesia y afirmándome en que el Concilio de Nicea esto y que el otro concilio esto otro y con eso mi mente conjuraba cualquier deseo o atracción que pudiera tener el corazón. Mi vida fue durante muchos años la historia de la soberbia. Si me dijeran que fue lo peor de mis años lejos de la Iglesia yo diría que la soberbia. El mundo era de los tontos y de los vivos y yo pujando para permanecer entre los vivos. Un mundo competitivo y desprovisto de sentido como no fuera la busca del ascenso en la escala social.

Volví porque me fue mal. Me fue mal en lo exterior y en lo interior; no lograba lo que ambicionaba y no me sentía feliz. Tan mal me fue un día que balbucí una oración. Fue algo imprevisto. Hacía años que no rezaba, que no ejercitaba “el oficio de los débiles” como me gustaba pensar entonces. Pero ese día estaba tan angustiado que musité una oración y mi mente se dio cuenta y se rebeló sorprendida, acudió en tropel a desarticular el “mecanismo de fuga” según decía. Pero así como mi mente se alteró enojada, mi corazón se regocijó, se ablandó y empezó a llorar.

Y ya no te hablo de ese día solo, te estoy tratando de describir un proceso que me llevó varios años, de vuelta a casa, junto a Jesucristo y a la Iglesia, entendida como hermandad en la fe y en la esperanza y también como organización protectora de esos dos valores.

Mi corazón fue el asunto. Empezó a llorar digo, porque en el mismo momento en que se produjo esa oración sorpresiva, repentina y dividida por la fuerza de la mente soberbia…en ese mismo momento empezó el arrepentimiento, me di cuenta de acciones que había ejecutado sin remordimiento; tomé conciencia de mi pecado, de la insania de muchas conductas, advertí mi dolor por ser yo como era entonces; sufrí por haberme apartado de mi ser profundo. Pero claro, esto lo digo ahora, ya comprendido el proceso, en ese momento la cosa era dolorosa y confusa, pero irreversible.

Hubo luego si, un camino de lágrimas de verdad, de las que humedecen la cara, eran genuinas y no “eclesiales”; eran lágrimas de la conciencia del dolor causado a otros y a mi mismo, era el arrepentimiento mas puro y llano, simple. Y lo considero un verdadero don, una gracia operante a pesar de mi enorme orgullo, de mi soberbia y de la visión del mundo que tenía entonces. Entiendo desde ese día lo que significa Metanoia y entiendo la gratuidad de la misma. Si soy mas subjetivo aún y me expreso con mas libertad todavía… te digo que me sentí en transformación involuntaria, benéfica aunque dolorosa para el ego y salvífica para mi espíritu.

Y después todo fue un irse engañando la mente respecto de que nada cambiaba, de que yo era esto y lo otro en la misma vena soberbia, mientras la conducta se modificaba radicalmente y para bien. El corazón se iba derritiendo y eso a veces le daba dolores, pero empezó a estar mas sano, mas limpio, sin doblez.

El colmo del cambio de conducta fue volver a misa. Las primeras “nuevas misas”, es decir las del regreso, eran graciosas si lo miro desde el hoy; la mente se rebelaba de modo atroz, criticando airadamente “la tontería” que estaba haciendo, sin embargo y aún sin gozo ni placer, mi cuerpo permanecía hasta el final de la liturgia, como ausente, sin saber ni entender porque le pasaba lo que le pasaba. Pero el corazón se dulcificaba y se afincó y no pudo ya apartarse de la comunión. Hubo un tiempo, cuando la mente se rindió y dejó de molestar, en que iba a tres o cuatro misas diarias, de tanto gozo que sentía mi alma, recuperada la casa del Señor.

Sin embargo, te digo, no era un gozo sensual, de placer y requiebros; era un estarse frente al altar reconociéndose actuado por una intención ajena, modelado de nuevo. Si crecía la paz y en ese sentido allí si estaba el goce, era como un adormecimiento de los miembros y como una fuerza nueva, como un cosquilleo en el rostro y las manos, una serena concordia, al estar el corazón uniéndose a la mente. Pero claro, esto lo digo ahora, viendo en retrospectiva.

– Muy bueno, le agradezco que me cuente estas cosas tan íntimas.

– No hay problema. No es personal lo que no tiene mérito. El Señor me dio, luego me quitó y después me lo volvió a dar, centuplicado.

– Pero Padre…¿entonces usted no tuvo culpa de sus malos años? porque dice: “me lo quitó”, como si alejarse no hubiera dependido de usted.

– No lo decía desde allí, sino mas bien expresándome de acuerdo a lo que sentí. No niego la responsabilidad, pero es complejo y hay que verlo bien; en síntesis: veo el pecado o la culpa en las encrucijadas, en los momentos decisivos y no luego, cuando ya estamos embarcados y en medio de la tempestad. Te diría que en ese encuentro infortunado que te mencioné, opté por probar el árbol del conocimiento del bien y del mal; en ese momento quise saber y abandoné la fe y di mas crédito al pensar que al sentir profundo. Aclaro lo de profundo, porque cuando te hablo de sentir no me refiero a los sentimientos superficiales como pueden ser una emoción transitoria provocada por un estímulo.

Tuve una charla con cierto alguien en ese momento, se me habló del Concilio de Nicea y de cómo la Iglesia pactó con Constantino Emperador y como adaptó sus estructura a la organización imperial y como gracias a eso se expandió y etc. etc. Y se me habló de la inquisición y de los errores y falacias de la Iglesia. Y mi mente lo compró, porque el ponerse allí, le significó a ella una subida de nivel jerárquico, se ponía en juez de la historia de toda una institución.

Si soy juez de los demás y de lo que hicieron…soy superior ¿lo ves?

En ese encuentro se criticó a la Iglesia desde afuera de ella y desde una supuesta estatura moral independiente y esclarecida…no tuve en cuenta la soberbia y la postura juzgadora que implicaba, me monté en la sensación que la nueva ubicación mental me brindaba.

¿Cómo podíamos yo o mi interlocutor juzgar a la Iglesia? pero, ¿cómo es posible juzgar siquiera a cualquier persona? ¿cómo es posible que  se produzca el acto de juzgar?

Solo separándome, alejándome de lo que miro y poniéndome por encima. Y esa postura es ilegítima porque no tiene de donde sostenerse, debido a la subjetividad implícita en nuestra propia existencia separada, como individuos.

El juicio es un acto inválido, no solo moralmente sino prácticamente. No es válido ningún juicio como no sea a nosotros mismos desde nosotros mismos. Menos desde fuera de la organización de que se trate. Por eso la enseñanza evangélica de la viga en el propio ojo, supongo. Así es que yo empecé a ver esos errores de la Iglesia o esas corrupciones de la Iglesia y mi mente se apartó y dejé de escuchar al corazón.

Mi corazón decía que yo amaba la Iglesia, que me regocijaba de ser parte de ella, que amaba la liturgia, la oración, la esperanza en la resurrección; que amaba a Jesucristo aún sin saber porque y que me importaban un comino todos los concilios y corrupciones posibles.

Mi madre era una persona complicada, con problemas y en ocasiones cuando niños nos trataba duramente. Se diría que tenía muchos defectos, si me pongo en juzgador de su conducta; sin embargo la amé, la amo y amaré muchísimo y es que aún recordando sus rudezas, mi amor no cesa. ¿Y porque pasa eso en el ser humano? Ah yo no sé..! Intuyo que porque estamos hechos a imagen semejanza de Dios, que nos ama irrevocablemente.

Los corazones se entienden. Tenemos la mente mal educada. Ella debe servir al corazón, como herramienta para comprender la acción del espíritu en todas las cosas; no mucho  mas. Lo que no es poco. Pero si la mente quiere comandar, construimos un mundo insalubre. Corintios 13 debiera ser la constitución del mundo, porque es lo que siente el corazón de todos los hombres. Fijate que aún el asesino ama a sus hijos o se enternece con alguna cosa… el amor es nuestra raíz, la esencia de nuestro ser, ontológicamente somos amor, porque somos hijos de Dios y aunque incognoscible para la mente, Dios se nos revela como amor en la profundidad del corazón.

– Que Dios lo bendiga Padre y lo proteja siempre.

– Me ha bendecido y me protege, al igual que a todos los hombres. Porque aunque no parezca a veces, el dolor y el horror son también fruto del amor. Y esto que te digo se me va a complicar si quiero explicártelo con la mente, pero no es a ella a quién fue dirigido el dicho.

– Hermoso…muy ilustrativo y cierto lo que dice. Estoy muy agradecido al Señor por haberlo conocido. Mire en lo que terminamos y empezamos con el tema del ayuno.

– Si, gracioso. Pero todo esta relacionado. Si ayunas exageradamente intoxicas la sangre con fluidos digestivos que son segregados a horas precisas según la costumbre corporal. Si comes al antojo de tu cuerpo, olvídate de pensar, de sentir emociones altas, lúcidas y místicas. Te olvidarás hasta de caminar.

El camino del justo medio, no en vano es tan exaltado en todas las culturas antiguas, representa la sabiduría ancestral, muy sabia por cierto. Pero el término medio no halaga al ego, que gusta de los absolutos para alimentar su imagen.

Come moderadamente para ir necesitando cada vez menos y ser mas libre de dependencias que te alejan de tu búsqueda.

Buscar la sagrada Presencia en el corazón, en todo momento, mediante oración ininterrumpida es el mejor ayuno, porque cuando uno siente la sensación del reino en el interior, no necesita ya otro tipo de placer. Es el colmo del goce.

elsantonombre.org

 

Sobre Dios y la percepción

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Icono de San Antonio, el grande

Diálogo:

–          Me ha resultado una maravilla la perspectiva cósmica. Es impactante ponerte a pensar que habitas un pequeño punto en un barrio local de cien mil millones de estrellas.

–          Ja, Ja, ¡ya salís con eso otra vez!

–          ¿¡Pero cómo no!? Date cuenta que cada estrella es un sol y que esos  miles de puntos brillantes son solo una galaxia.  ¡Se han fotografiado cientos de miles de ellas! Pensálo un momento… no podés negar el vértigo que te produce.

–          No lo niego.

–          Bueno, pero entonces tenés que llevar las cosas a su última consecuencia. No te frenes ahí.

–          ¿Qué querés que haga? ¿Por dónde querés que siga?

–          Recordá nomás que existen cúmulos de galaxias y supercúmulos con decenas de miles de ellas; cada cúmulo tiene varios miles de galaxias… volvé la vista al puntito que habitamos, a este pequeño planetita y fijate que hermoso y horroroso y complejo que puede ser pese a su pequeñez y animate a sentir lo que se siente cuando te plantás en esa perspectiva.

–          Me parece muy sorprendente, pero vos exagerás; como si yo tuviera que sentir lo mismo que vos.

–          No, vos podés sentir lo que quieras, pero ¿no te resulta evidente la existencia de Dios?

–          No… Ja, Ja.

–          Y bueno, porque te hacés el que atiende a la perspectiva, pero no se si te emplazas realmente en ella. Por ahí estás muy ofuscado ahora con tus temas y problemas.

–          Oíme, ¿vos conocés a alguien que no se mueva según sus propios intereses? Si ya lo hemos hablado.

–          Ya sé, ya sé. Pero, en serio ¿cómo te imaginás el apabullante y tremendo universo sin un Hacedor? Decime. Porque sí, te admito que no sabemos nada de sus características, de sus modos, de sus planes, de su manera de mirarnos; pero que hay un Hacedor…  ¿sino cómo?

–          Bueno, yo te acepté que lo del big bang no cierra del todo, pero lo del Dios tampoco.

–          Mhh pero fijate bien Julián ¡ ¿cómo que no cierra del todo?  El big bang es una soberana tontería ¿Cómo pueden llamar teoría científica al decir que de repente se produjo una explosión y a partir de ahí todo? Una enorme concentración de masa y energía dicen. ¿¡Ajá!? ¿y? Bueno, esta concentración implosionó y luego dispersó energía y materia en toda dirección…

–          Ja, Ja, ¡me gusta mucho la pasión que le pones a la cosa!

–          ¡Pero si es enfermante! ver a los señores doctores en ciencia hablar serios y solemnes, avalándose con cantidades de cifras y gráficas sobre una estupidez. ¿De dónde vino la concentración de materia y energía caballero? Incluso, ¿en qué espacio se manifestaba esta concentración? Porque parece que el big bang, como era el principio de todo, fue haciendo el espacio a medida que explotaba y se expandía. Pero… ¿dónde se dio esta concentración…en la nada?  Es muy decepcionante.

–           Bueno, es inconsistente, lo sabemos. Pero lo tuyo no es mejor, que un ser que existió desde siempre dijo de pronto: ¡hágase la luz!

–          Planteado así claro…lo que yo digo es que hay una voluntad que ha puesto todo a marchar y que es todo un extraordinario diseño inteligente y no azar o choque de elementos fortuitos que vienen de la nada. Es como si no pensaran lo que dicen, como si no lo encarnaran. Hablan macanas, pero no se dan cuenta porque no saben que existen.

–          Pero, a ver ¿cómo explicas vos las tamañas imperfecciones cósmicas o la existencia del ser humano malvado, el horror de la enfermedad? ¿Porque un Dios omnisciente y omnipotente como para crear el universo hace las cosas tan para el culo?

–          Una cosa no contradice la otra. Quiero decirte, hay un Hacedor inmensamente distante a nosotros, por una cuestión de escala te diría, del que casi nada podemos saber, como no sea deduciendo de las maravillas del universo.

–          Y podría ser que los humanos particularmente o las especies o ciertos aspectos naturales, hayan sido creados por criaturas que  no conocemos que van intentando reproducir fenómenos, experimentando con la vida, desarrollando algún proyecto.

–          ¡ O sea que fuimos hechos por extraterrestres nomás!

–          No sé si extra o intra o espíritus creadores o lo que sea, pero la incompletitud que tenemos, la enfermedad, las aberraciones, los avances y retrocesos, me parecen muy propio de lo experimental.

–          Me hace acordar al juego de “Los Sims”, donde vos fabricas un personaje y lo hacés vivir y le diagramás todo.  A veces sale mal y tenés que rehacer las cosas.

–          Yo digo que hay un gran arquitecto que hizo las matrices básicas, como si te dijera, los genes del universo y después eso puesto en marcha da lugar a una serie de fenómenos, incluso inteligentes, creadores, capaces de equivocarse y de aprender por acierto y error.

–          Si, la idea de niveles de evolución.

–          Así como vos vas superándote en cada examen, lo mismo.  Pero podría aplicarse a especies enteras, desafíos particulares  para cada especie según cada circunstancia creativa.  Suponte, darle vida a un mundo y hacer evolucionar allí la vida hasta donde puedan.

–          Si. Te acordarás del SimEarth que probamos en el noventa y dos ¿no?

–          Claro. Si los humanos hacemos jueguitos así, manifestamos externamente nuestra propia configuración interna. Lo que nos pasa se nota en lo que hacemos.

–          ¿Pero a que nos lleva todo esto? Digo, si yo aceptara tu planteo completo y los que harás en el futuro, ¿adónde termino, a que quieres llegar?

–          Quiero llegar al hecho de que existe un Hacedor y de que  se debe vivir según esa consideración y coherentemente  con las consecuencias de eso.

–          ¿Qué consecuencias? No me saldrás con las cuestiones de rendir tributo y de la necesidad de recibir adoración de Dios o de que hay que pedirle para que se entere de lo que querés.

–          No. Pero vivir con eso presente, me ha llevado a adoptar una actitud de mayor entrega y despreocupación de lo banal. Saber que una inmensa inteligencia ha generado el universo me hace sentir que estoy incluido en un plan, que aunque de difícil comprensión, tiene sentido. Si el universo tiene Creador, tiene sentido y si tiene sentido  todo lo tiene. El significado se instala en mi vida. ¿Me entendés lo que quiero decirte?

–          Mmhhh, si.

–          No ando creyendo que decido cosas realmente; recuerdo que algo mucho más grande ha decidido mi existencia y que por algo la habrá hecho. Si soy fruto del azar…es todo una cagada.

–          Yo comprendo que necesites creer que las cosas tienen sentido, como para hacer más llevadera la cosa, pero de ahí a tener que aceptar la evidencia que me das, estoy lejos. Además…decime, ¿Qué diferencia hay entre un big bango repentino y sin explicación y tu hacedor que existe desde siempre y siempre existirá y no se sabe porque ni para qué?

–          En cuanto a que no sabemos nada no hay diferencia. Lo que me parece es que la serie de precisiones que existen en lo cósmico evidencian voluntariedad. Fijate en el principio antrópico que destacan algunos científicos. Si la distancia entre La Tierra y  el Sol fuera un poco más larga o un poquito más corta, no existiríamos. O si la atmósfera no tuviera el cinturón de Van Hallen para proteger de ciertos rayos cósmicos o si no estuviera la Luna para hacer de contrapeso en la elíptica…

–          Si esas variables tuvieran valores distintos, diferentes serían las cosas y no estaríamos hablando; pero no me demuestra nada.

–          ¿De verdad crees que el azar generó todo esto? ¿En serio lo dices?

–          No. No lo creo. Pero se me ha jodido mucho la idea, la imagen de Dios y no puedo tampoco imaginarme creyendo en él. La falta de sentido que encuentro en el dolor y en la destrucción me jode la idea de Dios.

–          Eso lo entiendo. Bueno, a mi me sirvió mucho la experiencia del mal en mi vida; me refiero del fracaso, de que las cosas salieran al revés de lo que había deseado…para darme cuenta del sentido que podría llegar a tener el dolor.

–          Decime un poco mas entonces.

–          Vos supiste que a mi en un momento se me vino todo abajo, quedé sin un mango, no solo sin reconocimiento social sino que mal visto en el medio, entre los vecinos, hasta en mi propia casa no era un ciudadano ilustre te diría…ja ja.

–          Si claro que lo supe. Pero viste que yo no me metí con vos, casi que ni te dije nada.

–          No, no, por supuesto si nada que decir con eso. El punto es que ese momento fue uno de los mas interesantes que he vivido. En medio de las circunstancias, un horror, al borde de la desesperación; pero un tiempo después, cuando las aguas se habían calmado en mí y fuera de mi…pude comprobar que gracias a ese mal momento se habían gestado toda una serie de cambios para bien en mi vida. Había sido no solo muy positivo sino que imprescindible en mi propia evolución. ¡Llegué a agradecer ese momento! ¿Podés creerlo? Fue fantástico.

–          O sea que lo de “No hay mal que por bien no venga…”

–          Claro, totalmente cierto y no creo que haya sido solo en mi caso. Hay que ponerse a ver en la vida de los demás y se comprueba;  solo que es necesario observar el hecho luego de un tiempo, de bastante tiempo a veces.

–          Pero a vos de ¿que te sirvió?

–          Me sirvió de invaluable autoconocimiento y me llevó a cambiar la dirección de mi acción, a dejar hábitos que no me servían, a reorganizar todo; cambié toda mi perspectiva sobre las cosas y sobre mi mismo. En síntesis, te diría que los hechos me quitaron bastante soberbia, medio a la fuerza como cuando a uno lo pelan en el ejército ¿viste? y claro quedé mas humildito, me di un baño de humildad…

–          Ajá.

–          ¿Sabes que pasa? Esa especie de humildad nueva en que los hechos me dejaron me permitió verme distinto y a lo que me rodeaba, enfocar mejor la mirada; miré al universo de otra manera, a los que me rodeaban, a los que admiraba hasta entonces, todo se hizo diferente, pero me llevaría tres horas ir a los detalles; el punto es que quería decirte, que tengo experiencia personal de que de los males surgen bienes. Y luego de eso estuve mas atento a esta paradoja y pude ver como se había manifestado varias veces en mi vida y en la de los cercanos, en vidas que puedo conocer y descubrir el mismo principio actuando.

–          No te niego que esta bueno lo que decís, quizás esa sería una de las formas de explicar el asunto…me sirve que yo te conozco y se lo que viviste y te veo ahora fortificado y cambiado en muchos aspectos. Ahora te digo que rapidito a vuelo de pájaro, he visto gente que pasa por calamidades y no por eso mejora ni parece que le sirviera.

–          Creo que la sinceridad, la buena fe es importante en la ecuación. Como si te dijera…la buena intención en lo que uno hace, aunque lo haga equivocadamente. Creo que eso es lo que permite que el mal se revierta en bien, por decirlo así.

–          Si te entiendo, es interesante lo que decís.

–          A mi me pareció finalmente, que las cosas están hechas con cierta matriz que hace que las cosas sucedan según lo que uno va poniendo en ellas, según los ingredientes que aportes y que la buena intención es la clave. No sé porque pero todos estos acontecimientos me afirmaron la creencia en Dios. Quizás fue lo que me llevó a empezar a percibirlo en las cosas y en variados momentos, que eso es algo que viví después, un poco después, cuando las aguas se hubieron asentado.

–          ¿Cómo es lo de verlo en las cosas? ¿a que te referís particularmente?

–          Bueno, me empezó a pasar con las palomas. ¿Viste esas gorditas, grises que hay en la plaza? Un día después de todo eso que me había pasado, yo andaba mucho mas sensible emotivamente, mucho mas perceptivo; y casi sin querer un día me pongo a seguir el vuelo de una paloma, cerca de casa, estando yo en la calle. Y de repente la veo volar, la veo volar de un modo totalmente nuevo, me pasó de que me resultara totalmente extraordinario el hecho de que levantara con esas alas el peso de su cuerpo, de esa gordurita volando.

–          Seguí…

–          Y empecé a seguir el vuelo de las aves, estaba como hipnotizado por lo que sentía, por la admiración que sentía de cómo llevaban ese peso con las alas y como surcaban el aire. Les miraba los ojos y el movimiento yo lo veía como mas lento, podía mirarlo con mucha claridad y no como antes.

–          ¿Y te dura hasta ahora?

–          Es una mirada que se me instaló y no me abandona, si puede ser que haya días en los que estoy dedicado a otra cosa y no queda mucho tiempo para contemplar, pero es una mirada que no se ha ido. Al poco tiempo en aquel entonces se me produjo con las nubes. Salí al patio una tarde y levanto la vista siguiendo un ave y veo las nubes, eran gordas y muy blancas, brillantes…y quedé deslumbrado del espectáculo que se desplegaba ante mi vista diariamente y de la majestuosidad de todo eso. Imaginate, cuando percibís así, lo de que hay un Creador te resulta evidente, porque la belleza pura no encaja como resultado de lo azaroso ¿Me explico Julián?

–          Si, creo que si.

–          Me pasó luego con las flores y las hojas y se extendió a otras cosas y podía decir como propio lo que dijo alguna vez Agustín de Hipona, veía a Dios en todo. Es como si yo a vos te muestro una bella escultura y te digo que se formó por azar rodando la piedra en el río durante miles de años… no me lo vas a creer. Vos vas a reconocer en la forma de la escultura, la evidente mano humana, no hay forma de que el río la produzca. Cuando empezás a ver, a percibir la realidad del modo en que a mi me sucedió, la mano de un Creador muy extraordinario y poderoso se hace evidencia.

–          Entiendo, como que te cambia el mundo que percibís y entonces las conclusiones son otras.

–          Exacto. Porque yo siempre miré las flores y las nubes y las aves, pero no veía nada en realidad. Como si vos de repente después de haber tenido la piedra veinte años como pisapapeles, te dieras cuenta que es una hermosísima escultura, grabada con signos y símbolos y todo eso.

–          Comprendo.

–          Luego me sucedió con la mirada de las personas. Me descubrí atendiendo a sus posturas, a su lenguaje gestual diría un especialista y se me hicieron claros los climas de la gente, lo que les iba pasando por la mente. No es que les leyera el pensamiento, pero como si supiera en que andaban y después comencé a engancharme con sus ojos, a deslumbrarme de la vida que alentaba en ellos y de lo que intuía detrás.

–          Me lo tenés que contar.

–          Es raro. Al principio fue como que las personas se me animalizaron, las veía propiamente como animales, pero no era lindo, era curioso pero sumamente extraño y solitaria la sensación. No se trataba de que yo dijera como quizás en otra época “Todos son unos giles, yo soy el único vivo ” sino que simplemente se me presentaban a la percepción espontánea de ese modo.

–          ¿Y como siguió?

–          Después, cuando me concentré en la mirada pude ver claramente lo no animal adentro, pude ver que lo de afuera era un mecanismo, un conglomerado de carne, una especie de objeto inanimado y que lo que verdaderamente vivía era lo que destellaba en sus ojos. Te digo, una cosa es decirlo y otra vivirlo, fue muy interesante. Porque yo lo conocía a eso en teoría, pero luego fue otra cosa.

–          Que bueno, rarísimo.

–          Y por eso Dios se me hizo una presencia obvia, como si no pudiera ignorar su mano en todo y como si lo viera aunque no se ve…

–          Decime mas.

–          Si pero no ahora porque ya es momento de darle lugar a Agustín que haga su trabajo; al final hace mas de escriba y reportero que de enfermero ¿no?

–          Si tal cual. Pero te agradezco mucho, algo se me ha mejorado adentro.

–          Para eso estamos.

Las religiones y la iluminación

Trapenses

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El viaje hacia el monasterio llevó doce horas y ya en el remis, campos vacíos y enorme cielo me regocijan, anticipando el silencio que prometieron.

Algunos pequeños bosques anuncian los edificios umbrosos, entre grises y verdes, antiguos, cansados.

Golpear la puerta gruesa y tosca de la portería y verlo aparecer anciano, arrugado, quedo, me introduce en un espacio interno críptico.

El monje aquel, me conduce solo con ademanes, a la oquedad del claustro; el ruido que nuestros pasos leves hacen sobre la piedra, parece lo único vivo.

Ya solo en la celda, reviso los horarios, que alternan entre oraciones cantadas y silenciosas, entre ceremonias y letanías repetitivas y centrantes.

Desde la madrugada cerrada hasta bien entrada la mañana, los orantes buscamos la sensación sagrada, la devoción que inflama, el encuentro sacro; mientras el sueño, la pesadez y el tedio, conspiran y alejan hacia fuera, hacia el cobijo de los sentidos.

Hábitos blancos y capuchas amplias esconden los rostros, que en lo íntimo, expresan lo que atraviesa el alma.

La biblioteca arcaica y devota destila un hermoso olor a pergaminos, que aventuran fórmulas, métodos, secretos atajos hacia el corazón de Dios.

La comida frugal, la lectura como compañía , las tareas del campo; atraviesan la tarde casi hasta vísperas, donde el crepúsculo esconde todo color  y deja un mudo vacío.

La angustia hecha gemido resulta, ahora sí, oración eficaz.

Y es en la profundidad del llanto donde encuentra mi ser su calma, porque afianzo en la verdad de mi mismo, en mi desnuda ignorancia,  en el absoluto desamparo.

Y es al reconocer la tragedia de la vida finita y condicionada al extremo, donde me siento obra de intención ajena y desconocida.

Es al sentirme vencido, abrumado por un plan inabarcable de ignoto sentido, cuando veo surgir, aleteando emancipada, una firme esperanza, una confianza terca en que tanto dolor y tanta maravilla escondan infinito amor.

elsantonombre.org

(Recordando la visita al

Monasterio Nstra. Señora de Los Angeles

en Azul, Buenos Aires, Argentina; en Junio de 2005)

Vinculo a Trapenses Argentina

El Sermón del Nuevo Abad

 

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Icono de San Serafín de Sarov

“El Sermón del Nuevo Abad”

–         ¿Por qué razón hemos abandonado la enseñanza evangélica? Estamos muy lejos de las enseñanzas de Cristo. La Comunidad de los apóstoles compartía sus bienes sin distinción alguna de propietario y como fruto del desapego a la materia se les hermanaba  el espíritu. Nosotros tenemos bienes personales. Nosotros tenemos nuestras cosas y nuestras mañas. La vanidad hace estragos entre nosotros.

La mayoría de los monjes permanecían con la vista baja, hacia el suelo de piedra, cobijando el rostro en la capucha. Unos pocos dejaban que se les notara la sorpresa por las palabras del nuevo Abad. El ambiente era extraño.

–         Hermanos…-continuó Marco- he asistido a misas celebradas sin el espíritu de aflicción, sin el espíritu de verdadera oración, he visto recitación mecánica y adormilada de los textos sagrados. ¿Por qué pasa eso? Porque se ha perdido la fe. Voy a ser escandaloso en lo que digo, pero verdadero a conciencia y que el Señor me ilumine y me perdone.

No se cree con fe profunda que Cristo se haga presente en la eucaristía. Y, si creemos que cobijamos al Redentor en nuestras manos cuando la forma está ya consagrada, ¿cómo nos comportamos tan rutinarios, tan poco concentrados en lo que decimos? Ya no creemos en nuestra tarea de puentes entre Dios y los hombres. No creemos ya que el Espíritu Santo pueda estar entre nosotros.

¡Nos hemos alejado de Jesucristo!

¿Cuál es el sentido de abrazar la vida monástica en la complacencia? ¿Para qué el claustro si permaneceré entre rutinas egoístas? Recuerdo lo que he leído de los Padres del desierto en la hermosa Filocalía y esa anécdota donde se cuenta la tristeza y la penuria de haber renunciado a las posesiones y a gran hacienda, solo para disputar luego por un punzón o una hoja de pergamino.

Ahora, la mayoría lo miraba directamente olvidando toda discreción, los rostros eran una mezcla de enojo, asombro y devoción. Algunos empezaban a sentirse interpretados en sus dichos y un viejo fervor olvidado parecía surgir lentamente.

–         Pero… ¿dónde se nos desvió el camino? ¿cuándo nos convertimos en recitadores en lugar de adoradores? ¿cuándo traicionamos nuestros ideales juveniles?… cuando creímos que las promesas de Cristo no eran para este tiempo y para este mundo. Cuando creímos que su palabra era perecedera. ¡La palabra de Cristo no tiene fecha de vencimiento! Dijo el Señor…”Todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre os será concedido”. Dijo el Señor: “Si pedís con fe, si creéis que lo que pedís se os dará, así sucederá”. “Que suceda según tu fe dijo el Señor…” a nosotros nos está sucediendo según nuestra fe. Estamos fríos, somos monjes tibios.

¿Por qué no se curan hoy los enfermos con nuestras oraciones y con nuestra presencia? ¿Por qué no se convierten las gentes de a miles como en la época apostólica?

Porque no hay apóstoles, porque no estamos desnudos y abiertos al espíritu sino que llenos de deseos y apetencias, inundados de dudas y cuestiones y sobre todo de posesiones y de comodidades.

El Abad Marcos bajó desde la posición del atril hacia el nivel de los monjes y se ubicó en medio de las dos filas de asientos, recordando en ese momento al cura tercermundista con el que habló cuando tenía cinco años. Mirando a los monjes de cerca y buscando las miradas les dijo:

–         Pido al Señor Jesucristo, por cuyo nombre se dobla toda rodilla en el cielo y en la tierra, que envíe su espíritu a nuestras almas flacas de voluntad y de afán de servirle, hijas del desánimo. ¡Ven a vivir con nosotros Redentor del hombre porque ya es tarde y viene la noche!  Señor Jesucristo, hijo de Dios, ten piedad de nosotros…envía tu luz a calentar nuestros corazones, danos fuerzas para cambiar nuestros hábitos blandos y convertirnos en servidores dignos.

El sermón inflamó el corazón de los novicios y de los monjes jóvenes, tuvo dispar resonancia entre los profesos de edad mediana e indignó a los más viejos. Pero ninguno se sintió indiferente a las palabras del nuevo Abad, de mirada brillante, voz potente, gestos vehementes y respiración profunda.

Había sido elegido por ellos mismos, porque confiaron y admitieron sus años de servicio callado e intachable. Marco había servido humildemente y sin queja en todas las tareas; había mostrado una inusual alegría serena, día tras día sin alteración. En los momentos de espaciamiento, donde debían conversar con algún otro hermano para intercambiar experiencias, se había revelado como un sabio consejero de los postulantes y en lo íntimo, muchos decanos se habían orientado por sus comentarios. Pero ni unos ni otros llegaron a sospechar que en él se ocultaba un revolucionario.

¿Qué pretende en realidad? ¿Qué cambios concretos querrá implementar? Esas eran las preguntas más urgentes que surcaban la mente, de aquellos que enquistados en rutinas mínimas, veían surgir temores inesperados.

Los hechos tangibles no tardaron en presentarse. Una de las cosas más sorprendentes para Marcos cuando ingresó a la Orden y conoció sus costumbres en detalle, fue el trato que se dispensaba a los enfermos. Le parecía antievangélico que los monjes al enfermar fueran derivados a clínicas o sanatorios en la ciudad y tuvieran que enfrentar la etapa más difícil de la vida lejos de los pares. Podía entender que se habilitaran traslados para operaciones o cuestiones complejas, pero estaba decidido a instalar una enfermería en el convento y a promover esta práctica para toda la orden en el próximo capítulo general.

Mientras meditaba esa misma tarde caminando sobre la nieve, veía a lo lejos una reunión de árboles y mas allá un auto que velozmente circulaba por la ruta. Un vapor espeso salía de su boca con cada aliento exhalado, se arremolinaba un poco y moría en el interior de la capucha.

Imaginaba la enfermería como un lugar  de oración y restauración. Como un centro de milagros, no tanto como algo médico. En todo caso, veía a lo médico como traducción instrumental de lo sagrado, actuando y restableciendo la salud por la adquisición de la gracia. Si esto no era posible, ¿Por qué Cristo había dicho que la fe era capaz de mover montes? ¿Acaso no se concedería lo que se pidiera en su nombre?

Tenía la certeza de que los evangelios habían de seguirse sin acomodos, sin enroscamientos, no adaptando las cosas según nuestros temores, tibiezas y circunstancias.

El nuevo Abad albergaba un fuego en el pecho que no se animaba todavía a liberar completamente. Era una llama abrasadora que le dictaba acciones, que le daba instrucciones, que lo dotaba de una peculiar intuición. Marco quería curar como los apóstoles, plenos del Espíritu santo. Quería convertir a las personas del modo que se contaba en el libro de los Hechos, inundando los corazones con la palabra y transformando con el ejemplo. Quería hacerlo sin espectáculo, sin gritos y parafernalia como los movimientos evangelistas, mezclado como estaba todo allí por el dinero y la sugestión síquica de masas. ¿Estaba obrando en ellos tu espíritu Señor?

Sumido en los pensamientos, el monje despertó de repente a la percepción de los sentidos. Se encontró en el pequeño bosque, rodeado por los árboles, viejos y fuertes, bien vivos. Un pájaro marrón se ubicó cerca sobre un tronco caído y pareció mirarlo de costado. Abrigó las manos en el sayal y repitió en voz alta amparado por la soledad y mientras lanzaba espesas nubes de vapor; ¡Oh Señor, envía tu espíritu Santo!

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Sitios recomendado de hoy:

San Serafín de Sarov

Contemplatio

Lo Divino y lo malo

Icono de Jesucristo Pantocrator

Cuando el Prior golpeó despacio la puerta de la celda, ya sintió Joaquín en el sobresalto del corazón, que la respuesta había sido positiva.

El recluso, célebre por su aislamiento casi total, su santidad y sabiduría, aceptó verlo apenas leyó la breve nota que el joven le hizo llegar.

Esto sorprendió al Monje que servía de correo con la ermita, pero más al novicio que había efectuado el envío casi sin esperanza, confiado en una chance que juzgó muy remota.

Sin embargo mientras pasaban los días fue cambiando su percepción interna, le fue creciendo la fe en que un encuentro con el sabio sería posible.

Lo acompañaría el Prior, que molesto por lo que había conseguido el joven, apenas disimulaba su tensión. Faltaban dos días para el encuentro y el novicio decidió ayunar lo más que pudiera aumentando también el tiempo dedicado a la oración.

Lo preocupaba haber sido soberbio en atreverse a gestionar semejante encuentro, algo que muy pocos habían logrado, incluso con décadas de vida monástica. Se refugiaba en el hecho de que la idea le sobrevino durante una oración intensa, sentida y profunda y en que le pidió a Su Señor que sucediera sólo lo que fuera de utilidad para todos. Repetía con más fuerza la oración de Jesús, en el secreto de su mente, cuando se sentía mirado o el objeto de la murmuración ajena.

Al llegar el día señalado y aunque pensó que se sentiría eufórico, lo molestaba el hambre y un ligero temblor que le hizo recordar los momentos previos a los exámenes en la secundaria.

Mientras todos iban hacia maitines, él con el Prior tomaron el sendero que conducía al eremitorio. La madrugada estaba fría, había neblina y el rumor del río era más fuerte que lo habitual, lo que quizás anticipara una crecida del cauce desde las sierras.

Hacía una hora que caminaban despacio cuando llegaron a la ermita del hermano Vasily.

A través del pequeño ventanuco elevado que hacía las veces de chimenea, pudieron percibir el resplandor de la vela, que después vio frente a los íconos. El Prior le lanzó una última mirada que Joaquín se imaginó crítica y golpeó la puerta de madera tosca.

-¿Quién es?- se escuchó al monje Vasily preguntar como sonriendo.

-Prior Guillermo hermano, le traigo a un novicio que Ud. aceptó entrevistar.

-Ah bueno, pero pase primero Ud. eminencia…-dijo el viejo abriendo la puerta-

Joaquín quedó solo, de cara a la noche y a la bruma, que no se veía ahora, pero que se sentía en la nariz, húmeda al respirar. Aliviado, tuvo la certeza de que el santo estaba apaciguando el orgullo del Prior y, en cierto sentido, cumpliendo una labor que nacía de la oración.

En todo caso, confiaba en Vasily y si él hacía eso por algo sería. Se puso a orar concentradamente, tratando de encontrar el lugar del corazón, pero cuando empezó a amanecer se preguntó si no era su orgullo el que estaba siendo “trabajado” por el eremita. Justo en ese instante, salió el Prior, sereno, algo mas esbelto, contento. Con un ademán, lo hizo pasar a la pequeña cabaña.

Dentro se inclinó ante el viejo, que le dio un bastonazo en la cabeza, doloroso, firme. Miró incrédulo al ermitaño que le dijo en alta voz:

-¿Ante quién te inclinas?

-Ante Ud. hermano, lo respeto y le pido su bendición…-balbuceó tratando de salir del paso-

-¿No ves allí el ícono de nuestro salvador Jesucristo? –dijo-, señalando un hermoso “Pantocrátor” con los colores de la tradición eslava, iluminado por una vela, sobre un tronco rústico y seco, que al parecer constituía el oratorio del recluso.

-¿Lo ves?- insistió.

-Si hermano, lo veo.

-¿No te parece que merece más respeto que yo miserable pecador?

-Si hermano, pero no lo vi, primero lo vi a usted.

Unas carcajadas suaves y frescas, espontáneas, surgieron del monje, que con simpatía en los ojos disfrutaba de la situación.

-¿Lo ves? ya te estás justificando, con lo cual dejas sentada tu corrección y señalas lo equivocado que estuve al reprenderte sin saber cómo eran las cosas realmente… dijo en un tono que Joaquín no supo interpretar si era de ironía o simple descripción de lo acontecido.

-No se Padre… disculpe.

-Ahora yo no sé de qué te puedo servir y aconsejar, si apenas entrado ya me equivoco contigo -dijo- simulando pesadumbre de manera notoria. -Se ve que muchas luces no tengo. Además vienes buscando un Padre y yo solo soy un hermano.

Joaquín sintió un escalofrío y se dio cuenta que Vasily había empezado con el un proceso que no se detendría y que no sabía cómo iba a terminar. Pese a ello, los ojos risueños del santo lo distendían y recordando que era él mismo quién se había buscado la situación, se entregó mansamente.

-Yo tengo derecho a creer de ti lo que quiera y tú tienes derecho a creer de mi lo que quieras-dijo despacio. Y-continuó- ni lo uno ni lo otro importa un comino.

Y siguió riéndose suave, pero gustoso, natural, ya no resultaba ofensivo. Joaquín también se rió bajito, relajándose un poco más.

-Me hace acordar a una situación en un libro, hermano.

-Algún libro de Castaneda- el muchacho quedó boquiabierto de que el eremita lo conociera.

-¿Te sorprende que lo conozca? Y ni te imaginas las cosas que he leído. Pero llega cierto momento en que uno tiene que dejar de incorporar y empezar a largar, porque si no la cosa no funciona. ¿Muy interesante lo que hacían los indios esos no?

-Si hermano.

-Por eso te digo que la única reverencia importante debe ser ante nuestro Señor, es decir, al poder que tu destino rige… y lanzó una fuerte carcajada festejando su propia ocurrencia al parafrasear al Don Juan de Castaneda. Joaquín se rió también pero estaba desestabilizado, muchos considerarían pecado siquiera recordar esas lecturas profanas y de dudosa antropología.

-Así es hermanito, el Señor lanza el agua sagrada desde el cielo y cae en la montaña y desde allí llega a los valles a través de innumerables riachos, pequeños arroyuelos, y entonces se riegan campos que de otro modo no recibirían agua. ¿Entiendes?

-Creo que sí.

-Está por verse. Ven hermano ven- le dijo tomándolo de un brazo, arrodillémonos ante el ícono de Aquel por el cual lo que pedimos se concede.

Juntos, mirando el ícono, más hermoso todavía a la luz de la llama vacilante, permanecieron callados. Joaquín sintió crecer en él la devoción cálida, acogedora y salvífica. De reojo, a veces, miraba al hermano Vasily, que estaba extático mirando la imagen. Al rato se puso de pie y poniendo un jarro con agua al fuego le dijo:

-Tomaremos un café y charlaremos. Señaló un tronco bajo junto al fuego y se sentó también él dispuesto. Parecía haber cambiado completamente el talante. Seguía jovial, atento, pero estaba como doctoral y parecía recién bañado. Hubiera pasado en ese momento por conferencista de cualquier universidad si no fuera por el habito gastado y raído en los bordes o por la barba demasiado larga.

El novicio pensó entonces que el hermano Vasily se parecía mucho a un grabado o dibujo de Dostoievski que había visto en la contra cubierta de “Crimen y Castigo”. Alcanzándole una hogaza de pan, blando y calentito, junto a un tarrito con café negro y fuerte, el anacoreta inició un diálogo, que aunque pasaron muchos años, Joaquín recuerda sin fisuras.

-¿Para que querías verme?

-Tengo conflictos que no puedo resolver hermano.

-Dime, ¿porque te parece que tus conflictos ameritan que yo rompa mi silencio y distraiga mis oraciones, saliendo de la reclusión que me tengo impuesta?

-Bueno –dijo Joaquín sintiendo que todo se le derrumbaba nuevamente- no se, fue un impulso fuerte, no sé si lo amerita.

-¡Ah! bueno, yo creo que no te sueltas, que te cuidas ante mí y de esa manera no podemos relacionarnos de verdad, sino a través de traducciones y deformaciones de la verdad interna. Es necesario que te desnudes completamente. Que confíes de modo total, absoluto, de otra manera no servirá.

Mi compromiso es permanecer vacío y abandonado para que pase si quiere pasar a mi través, el Espíritu santo e iluminarnos y resolver tus conflictos. Pero el Espíritu no pasará si queremos aparentar, justificarnos, quedar bien, obtener esto o aquello…el Espíritu pasa a través de uno cuando uno no está.

-¡Gracias hermano! –dijo el joven emocionado- eso haré, hablaré ante usted sin limitarme en nada.

-Joaquín, no necesariamente hablar…eso descargará tus tensiones pero no implica abandono ni entrega.

Mirá, en varias ocasiones, estando todavía en el monasterio, tuve oportunidad de lavar el cadáver de algún hermano fallecido, ayudando o asistiendo a quién se encargaba de las formalidades habituales con los cuerpos. Pude comprobar, sobre todo si la muerte era reciente, antes del endurecimiento de los tejidos, una extraordinaria laxitud, una tremenda distensión.

Agarrábamos el cadáver para un lado y para otro y levantábamos un brazo, una pierna y lavábamos con gran libertad, la libertad total que nos daba el cadáver, por completo desinteresado de nuestras manipulaciones.

Me ayudó mucho tener que ejecutar esa tarea porque aprendí sobre el abandono que hay que tener hacia la gracia, hacia lo que el Espíritu quiere hacer de nosotros.

Me acuerdo que el primer cadáver que me tocó lavar era de un cuerpo que había estado ocupado por un hermano muy hosco, agrio, de maneras muy severas; y a mí me llamó la atención lo dócil y blando que se encontraba el cuerpo, que no se parecía en nada a la gestica que tenía al estar inervado por el alma del  hermano fallecido.

Joaquín sintió que una cosa era lo que se le estaba diciendo y otra lo que en realidad estaba aprendiendo, incorporando como enseñanza de vida, desde una fuente de sabiduría real.

Dando un sorbo largo al café, el hermano Vasily miró a Joaquín con extrema atención y simpatía, con afecto genuino y a la vez, con muda interrogación.

-Pero hermano…como diferenciar, porque no se a veces, cuando me suelto, si me entrego a Dios o al demonio. He tenido impulsos que me han parecido buenos y luego han resultado equivocados, nocivos.

-Ese es quizás el tema más interesante que se puede tocar. Dime con más detalle, cuéntame más.

-Me siento llamado a lo contemplativo, al silencio y a la soledad, al monasterio o incluso a la vida de austeridad y desierto como la suya hermano; pero también me siento impulsado al servicio en el mundo, a misionar, a sumergirme entre los pobres como Foucauld o Madre Teresa.

-Ajá, es un conflicto habitual, una lucha entre partes que no debe preocuparte; se resolverá con el tiempo, ambas son formas de servir al Señor. Yo estoy seguro que no es eso lo que te preocupa realmente, hay más debajo de las hojas.

-Si…he tenido fantasías, visiones quizás, donde me veo produciendo cambios, revolucionando cosas…en la misma Iglesia hermano, lo que no sé si es soberbia, locura o si es algo que realmente viene del Señor.

-¿Cómo te ves haciendo esos cambios, en qué situación?

-… no me atrevo Padre.

-Ya te dije que no soy padre todavía.

-Pero quisiera que lo fuera. Yo necesito guía cercana, alguien a quién someterme, hacer solo lo que ese alguien me diga.

-Tienes quién te guíe, ¿acaso no tienes una regla de vida que seguir? ¿acaso no estás bajo la tutela del maestro de novicios?

-Si hermano.

-¿Pero no te es suficiente verdad? No lo consideras lo suficientemente sabio como para guiarte ¿verdad?

Joaquín permanecía con la mirada baja, algo avergonzado y dubitativo.

-Perdóneme hermano no debí molestarlo.

-Te imaginas cierto futuro que no te atreves a manifestar. Te ves haciendo un papel en el drama de la iglesia que te seduce y que deseas pero que temes sea fruto de la mas tremenda soberbia.

Joaquín levantó la vista sorprendido de la videncia interior que el solitario ejercía ahora sobre él.

-Yo te digo hermanito, que si eso es lo que el Señor ha elegido para tu vida, solo debes permanecer calmo y profundizar la oración y la humildad para hacer lo que te dicen. Si ese futuro que ves a veces es real, lo será. Nada debes hacer para lograrlo. En todo caso hacerte más puro, limpiar el corazón de apetencias, acercarte a la dignidad del sueño.

-Entiendo hermano.

Vasily se levantó despacio y agarrando con su mano derecha la cruz tosca que le colgaba del pecho, fue hacia la puerta y salió cerrándola tras de sí. Joaquín quedó solo con los íconos y con su corazón que le latía muy fuerte en el pecho. Había sentido lo que dijo el anciano como una confirmación de su destino y esto lo desequilibraba muchísimo. ¡Qué difícil le resultaría seguir sus consejos! Se preguntó si el encuentro había terminado, no había pasado ni media hora de charla. En eso llegó el monje que dijo:

-El Prior se ha ido. Me ha concedido que te quedes dos días en esta soledad para que reflexiones y charlemos. Joaquín se euforizó pero lo contuvo. Solo agradeció y se llamó a silencio. Por dentro agradecía la oportunidad que el Señor le ofrecía y como hacía en cada momento de ansiedad, comenzó a repetir la oración de Jesús.

– Debes reencontrarte con lo que te trajo hasta acá, con lo que te hizo animarte a pedir la entrevista conmigo.

-Si hermano, en eso estaba justamente.

– Bueno, sentite libre. Yo no sé qué te han dicho de mí, o lo que te has creído. Pero no me siento superior a nadie, ni en capacidad de juzgarte. Puedes hablar lo que quieras que nada saldrá de mi boca jamás, será entre el Señor que todo lo ve y nosotros dos.

Joaquín se sintió cálidamente contenido y decidió atreverse. Además, le quedó claro que el monje era capaz de leerle la mente cuando se lo proponía. Invocó la asistencia del Espíritu pidió perdón por anticipado y dijo:

-Déjeme decirle Padre porque así lo siento.

-Como quieras.

-Padre, yo creo que hay que cambiar muchas cosas en la Iglesia y en el mundo. Pero creo que la Iglesia podría cambiar al mundo y no lo hace por la tibieza de quienes la gobiernan.

El ermitaño se había relajado y permanecía con la espalda derecha y la cabeza inclinada como aguzando el oído hacia el novicio. Las piernas en semi loto sobre el piso, las manos descansando en las rodillas.

-Yo creo que podemos hacer algo más que emitir declaraciones pidiendo la paz en medio oriente o que podríamos ser más eficaces en África. Creo que hemos aceptado que no podemos cambiar los hechos de nuestro tiempo.

-Ajá. Te refieres al Santo Padre.

-Bueno, el podría hacer algo más.

-Si tu fueses Papa, ¿Qué harías? -dijo el ermitaño tocando un tema sensible a la imaginería del novicio-

-…La verdad Padre, que he tenido ese ensueño, esa fantasía de lo que haría yo en esa situación. ¡Qué Dios me perdone! Yo iría como escudo humano, no sé bien… me interpondría entre los bandos. Lo anunciaría y lo haría; pediría la paz ante las cámaras en medio del frente de conflicto, pediría que dejen vivir a los niños, que cese la guerra. Lo haría de manera cinematográfica, astuta, para que impacte en todo el mundo.

¿Usted cree que les resultaría fácil matar al Papa de los católicos ante las cámaras? Disculpe si soy ingenuo o soberbio pero eso que tengo adentro es mi humilde verdad.

-Me parece que es la verdad, pero de humilde no tiene nada -dijo riendo fuerte Vasily- Ahora…quizás no podría evitarse que lo mataran, no se los podría culpar si alguien entre sus filas dispara y da en el blanco.

-Yo confiaría en la Providencia para todo. Asumiría que lo que me fuera a suceder me lo manda el Señor.

-Entonces podés ir asumiendo eso desde ahora. ¿No crees que todo te lo manda El Señor?

-A veces sí y a veces no Padre.

-En un sentido general todo nos viene de Él, porque toda nuestra existencia deriva de su poder creador. Pero más particularmente hablando, podemos diferenciar lo que surge de nuestras partes bajas o de las altas.

O sea que si lo que vas a hacer es bueno para ti y para los demás, no hay dudas de que viene de Él. Pero debe resultar fluido y libre de violencia. Una clara forma de medir el origen es por la violencia.

Si lo que vas a hacer involucra violencia es sabido de donde viene. Y eso de la violencia incluye la que te ejerces a ti mismo. Lo forzado es violencia. Pero seguí con lo que hablabas, cuéntame más.

-Bueno, hay jefes de estado católicos que inician guerras. Yo públicamente les diría que están desoyendo el mandato de Jesucristo. Los exhortaría a resolver el conflicto por otros medios y no los reconocería como parte de la Iglesia si persistieran en su actitud.

La guerra es asesinato con preaviso, es un crimen y debe detenerse. Hemos aceptado las cosas como están, la guerra como parte de la vida y eso no tiene porque continuar.

El ermitaño repetía el nombre de Jesucristo de manera continua con su mente y en su corazón. Escuchaba con atención las palabras de sus interlocutores ocasionales, pero eran como un fondo tenue; el verdadero sonido era la oración, su embeleso permanente.

En esa paz podía ocurrir que se sucedieran frases o convicciones repentinas a las que sentía como fruto del espíritu y así las expresaba. Con Joaquín le había acontecido algo especial. Cuando recibió la nota su corazón se aceleró y ahora, al conocerlo y escucharlo, se sentía viviendo algo especialmente sagrado, como nimbado de un aura particular. Sin atreverse a indagar en el motivo de esas sensaciones, continuaba orando y confiaba en que cumpliría su papel con fidelidad.

-Ya estamos hablando de lo que harás cuando seas pontífice y aún no profesas como monje…-dijo sonriendo Vasily-

-Si Padre me avergüenzo.

-No te avergüences hijo. Ojalá todos tuvieran esos ideales juveniles. Suponte que sean eso, ideales. Déjate guiar por ellos. Si son algo más, el Señor lo sabrá y te lo hará saber. El verdadero tema, es que seas en tu hoy, en tu presente, coherente con ellos. Quiero decir…no entres en guerra con nadie, interponte entre tus hermanos que disputan, sigue a rajatabla la palabra de Jesús…

-Entiendo.

-Actúa hoy como quieres que actúe la Iglesia. Sigue lo que te parezca fiel a la enseñanza.

-¿Y usted cree que si hago eso voy a durar en el monasterio?

-Ah ja já no lo sé, pero no es el tema; el asunto es que seas fiel a lo que tu conciencia te dicta, que suele ser lo que habla el corazón. Antes de actuar debes revisar lo que harás a la luz de lo que enseño Cristo. Ese es el camino simple y certero de discernir de donde viene un impulso.

-Si, entiendo. Padre… ¿no cree que se podría dividir a los sacerdotes en célibes y casados, admitiendo la diferencia en el grado de consagración, pero aceptando a quién no puede renunciar del todo?

-Importa lo que tu creas porque eres a quién el tema afecta.

-Yo creo que la Iglesia renacería Padre.

-¿Quién sabe?

-Padre…si una mujer fue digna de llevar en su seno al Salvador del mundo, ¿no podrían ser dignas de oficiar la Eucaristía?

-Podrían.

Siguieron charlando un buen rato, pero siempre así, el joven afirmando y el monje aceptando, remitiendo a lo que Joaquín creía, llevándolo de nuevo cada vez a sus propias intenciones.

Poco a poco las sensaciones del novicio se hicieron contradictorias y fue silenciándose en un intento de aclararse.

Pasaron un rato largo callados, pero en un clima de comprensión, como de oración. Las aves hacía rato que entonaban sus trinos y algunas de ellas, sin duda habituadas, entraban a la ermita por el ventanuco y picoteaban en los estantes y en el piso restos imperceptibles.

Cuando se reanudó el diálogo, hermano Vasily miraba desde otra mirada, sus ojos tenían un fulgor no descriptible y sus palabras se sentían por completo diferentes, cargadas de otro valor o con otra vibración.

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Publicado por Ed. Narcea en

“Dios habla en la soledad”

Desde la ermita

Oración de quietud

Monje Trapense en oración
Monje Trapense en oración

Amado hijo en Cristo.

Me apresuro a responderte porque el invierno se torna inclemente con rapidez y no es justo que tengamos a nuestro buen novicio mensajero de aquí para allá con este clima.

Me dices que te aconseje sobre la meditación, que no te decides por un método y que aunque todavía no ves mucho fruto persistes en repetir el Santo Nombre. Que cuando estás solo en la celda o en el oratorio te cuesta más que cuando Lo invocas en medio de la actividad.

Te contesto inevitablemente desde mi propia experiencia en la confianza de que pueda servirte:

Antes que nada, déjame decirte que si andas esperando lo que llamas “los frutos”  de la oración, estos van a tardarse en venir. La expectativa es un ruido en tu mente que impedirá el acceso al gozo, cuenta con ello. Es imprescindible que dejes el tema de “la cosecha” enteramente en manos de Dios. Debes aplicarte a la repetición de la frase elegida o del Santo Nombre, poniendo tu atención y esfuerzo en que lo que digas coincida con lo que sientas, llamando a la Sagrada Presencia y esperándola con el corazón.

Quiero decirte… si nombras a Jesucristo, al nombrarlo debes llamarlo, como llamas a un monje hermano en medio del campo de la siega; ¡hermano Raúl! ¡ven aquí! y ¿qué haces cuando llamas así? miras en su dirección y ves si te ha escuchado. Si lo ves que sigue sin percatarse de tu grito, vuelves a lanzarlo una y otra vez hasta que te escuche.

En el templo de tu interior, debe resonar el Santo Nombre y hacerse ecos sucesivos. Lo nombras suave, lo nombras fuerte, lo gimes, lo gritas, tu corazón debe ponerse al mando de la oración y desnudarse a través del nombre de Jesucristo.

Bien firme el cuerpo ante el icono en tu celda o ante el sagrario en la capilla, puedes comenzar atendiendo a tu respiración, a como se calma lentamente luego del ajetreo del que vienes. Sin querer casi escucharás latidos sordos, rumores de la sangre que viene y va dando vida a tu cuerpo.

Allí debe empezar a resonar la repetición continua del nombre de Cristo. Lo importante aquí es que el que repita sea tu corazón y me refiero a que tu emoción lo llame y no tu deber, tu intelecto o la obligación que te has impuesto. El nombre del Señor ha de decirse con el corazón en la mano, con el dolor o la alegría que padeces.

Si llegando al oratorio o recogido en la celda te sientas buscando la oración incesante y adviertes que la sequedad es total, que no tienes devoción alguna, que te agobia el sueño o alguna otra apetencia, en fin, que no tienes el estado que quisieras tener para orar; es allí, en ese momento, donde se hace más fácil la entrada en el corazón.

Porque tomando la conciencia de ese estado miserable en que te encuentras, no negándola o queriendo elevarte tirando hacia arriba de tus propios cabellos, sino asumiendo la pena que te da el verte así, empieza a llamarlo. Desde allí, repite el nombre, desde el dolor.

Sé humilde, debes aceptar que el estado de ruido de tu mente y de apetencias corporales en que te hallas, no permite que percibas al Espíritu, sin embargo no dudes de que introduciéndose en ti, te va haciendo de nuevo en una verdadera metanoia. Y esto es así aún cuando no lo notes. Muchos han sentido los beneficios de un solo golpe y otros poco a poco.

¿Cómo saber si está actuando en ti el espíritu? ¿Repites el nombre de Jesucristo cada vez que puedes o te acuerdas? Entonces esta actuando, no lo dudes. A medida que pasa el tiempo vas necesitando mas o menos cosas?

Si tu vida va haciéndose sencilla, si cada vez necesitas menos, en todo sentido, el espíritu está actuando, aún sino percibes ninguna manifestación extraordinaria.

Me dices que vives esperando la luz tabórica, la manifestación extraordinaria, la luminosidad del espíritu según has leído que sucede a algunos. Debes preguntarte: ¿Soy digno de esas gracias? Solamente quién con toda sinceridad se considera indigno por la conciencia de su debilidad y mezquindad, estaría en condiciones de recibirlas; pero ese, ya no las espera, porque no concibe que a él se le concedan. Ese, solo espera la purificación, el perdón de las faltas. Espera quedar limpio.

Vivimos en la ignorancia de nosotros mismos. Por eso es muy útil quedarse quieto, para poder vislumbrar el caótico mundo interno y darnos cuenta del estado en que nos hallamos. A muchos les causa tal horror el primer vistazo, que corren presurosos a embarcarse en alguna actividad extenuante para no tener ni tiempo de mirarse.

Han dicho varios santos, que cuando uno llega a conocerse a si mismo, se vuelve humilde, necesariamente.

Orando en quietud, uno se conoce y al conocerse se espanta y al espantarse ruega por redención y misericordia. Pero, ¿cómo conocerse?

Debes tratar de inmovilizar al cuerpo. Si verdaderamente lo intentas verás el mundo interior que bulle por moverlo. Verás lo difícil que es mantenerlo quieto.

Primero por innumerables escozores, dolores, molestias, pulsiones, deseos de acomodarse de otro modo… Después, cuando acostumbras al cuerpo a cierta posición y cuando acostumbrado a ignorar esas sensaciones, permaneces quieto, surgirán ante tu vista los movimientos de la mente, cantidades enormes de constantes movimientos de deseos, consideraciones, diálogos interiores, imágenes de todo tipo, recuerdos y demás cuestiones que desfilarán ante tu vista interna compensando la quietud del cuerpo con movimiento mental; pero al igual que lo hiciste con el físico, no debes ahora ceder al movimiento de lo mental, no sigas sus caminos. Ignora esas divagaciones y vuelve a la oración con mayor énfasis.

Repite el nombre o la oración que hayas elegido y ante cada tendencia de la mente por apartarse de ella, vuelve a la repetición. No te reproches, no te enojes, no te quejes, solo vuelve al Nombre.

Te pido que tengas en cuenta algo fundamental en esta lucha: No es con tensión que ganarás la batalla sino al contrario, con entrega y abandono y distensión. Parece contradictorio pero no lo es. Debes mantener inmóvil al cuerpo o lo más inmóvil que puedas, pero habiéndote abandonado antes a la voluntad divina, te relajas. Es un decir “aquí estoy Señor, tu sabes lo que quiero intentar, ayúdame…y te relajas, te entregas a la inmovilidad creciente.

El enfrentamiento esta en sostener tu intención de permanecer en oración. A veces mirar fijamente los ojos del Señor en el icono o la luz del sagrario me han ayudado, a modo de anclas, para retener ese impulso.

La oración continua de la repetición del Nombre de Jesús, también llamada la oración del corazón, es sin duda el método que te sugiero, porque es el camino que a mi me ha servido para situarme en Su Presencia.

Verás si tienes paciencia, que llega un momento en el que hasta dejas de repetir el Nombre de Cristo, porque te sentirás junto a Él. Un nuevo estado, evidenciado por una inequívoca sensación de calma profunda a la vez que de fuerte vitalidad se instalará y ese modo de ser y estar será uno con el Nombre, que ni dirás ni dejarás de decir, porque en cierto modo tu y el nombre serán lo mismo.

No quiero despedirme sin hacer mención a lo que me comentas sobre tu abatimiento debido a esas calumnias que han llegado a tus oídos y que te tienen por objeto. ¡Ignóralas! No seas eco de la futilidad ajena. Ni te opongas, ni aceptes, nada digas sobre lo que no te incumbe. Porque no te incumbe lo que digan de ti, sino lo que vivas ante el Señor.

Tu abatimiento muestra que sitúas el contento en la imagen que tienen de ti y no en tu certeza de la vida eterna. Sigue construyendo como hasta ahora una iglesia en tu interior donde se canten perpetuas alabanzas. Esa es tu única y verdadera obra, lo demás aún en justicia, distrae.

Me despido sabedor de que pasarás este mal trago, convencido que Su misericordia te abarca como nos abarca a todos y que el futuro nos hallará juntos en Su reino.

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De la existencia de Dios y la belleza

Jesucristo Salvador

Recogimos bastante leña. Padre Vasily se esfuerza siempre en no cortar si es que se pueden encontrar ramas caídas o árboles secos. Incluso sé de buena fuente que se ocupa de sembrar un nuevo árbol, cerca de donde se ha visto obligado a cortar alguno. Hacia mediodía oramos junto al arroyo, sentados en las piedras que el sol había calentado un poco. Todo esto lo hicimos en silencio. No hablamos desde que salimos de la ermita y sin embargo me sentí mas comunicado que cuando conversamos.

Al regreso, arrojó semillas a las aves, que en decenas se agruparon en torno nuestro. Me acordaba yo de la biografía que supe leer de San Serafín de Sarov unos años atrás y agradecí al Señor estar viviendo eso, y contar con un maestro espiritual tan parecido al santo aquél en su devoción, soledad y silencio interior.

Me convidó una sopa de arroz, que increíblemente tenía buen sabor y continuamos charlando mas cerca del fuego.

–      Bueno, ¿y cómo va?, ¿mejor?

–      Si Padre, no estaba mal cuando vine, pero ahora me lo parece al juzgar la diferencia con el estado que tengo ahora. Si, siento como si me hubiera liberado de la mente, creo que tendré a que argumentos acudir cuando me ataque con sus perplejidades.

–      Agradezcamos al Señor. Son todas armas de utilería, equivalen a balas de salva los contenidos de la mente, si se los encara con atención y oración. Atención para comprender los mecanismos que la rigen y oración para desapegarse de ellos. Mas que discutir hay que desapegarse. Yo te argumenté un poco, como te dije, para darle un hueso que roer, pero lo mejor es ver pasar los pensamientos como nubes en el cielo, sin darles importancia y permanecer abocados a la oración interior.

–      Hay un algo mas que me queda con ese tema, antes de pasar a otro si me permite. Sucede que han salido unos libros que están medio de moda, sobre la inexistencia de Dios, que se venden mucho y que prenden bien en cierta capa social…yo creo en Dios Padre y de eso no duda mi mente…sin embargo no se bien que argumentar con algunos amigos que me hablaron del tema el otro día en una reunión familiar, es muy fuerte la tendencia a ver a Dios o a la creencia en Dios como un arcaísmo, una antigüedad.

–      Depende en que ambientes. Es cierto, tiene cierto prestigio ser ateo hoy en día, como que nimbara al sujeto de un halo de cientificismo, de autosuficiencia, como de fortaleza moral…es muy gracioso. Bueno, muchos adhieren por esa razón. Sin saberlo se hacen ateos porque les mejora un poco la imagen, es como un maquillaje que le sienta bien al ego. Y bueno, ya va a pasar, no hay que oponerse a eso. Si alguien dice que no cree, no cree y ya. ¿Qué problema hay? Evangelizar no es andar buscando votos o adeptos que engrosen las filas partidarias; evangelizar es antes que nada, vivirlo al evangelio. ¿No te parece?

Claro, quizás si tu conducta es coherente, se interese alguien por aquello que en lo que crees, por lo que te hace comportarte como te comportas. Pero oponerse solo sirve para que el ego del otro se fortalezca, y apoyándose en ti, crecer en su cerrazón. Si te opones, se afirma el otro.

Ahora, si se trata de alguien con quién tienes buen diálogo y que se va a poner a escuchar lo que dices, puede ser interesante que le comentes tu forma de ver las cosas, porque puede servirle a él, no porque El Señor necesite adeptos. ¿Me explico no? Porque esa fiebre de sumar gente es muchas veces mas un componente del ego que del evangelio; como si se estuviera corriendo una carrera entre diferentes religiones para ver quién tiene mas fieles.

Es una contaminación sufrida desde el mercantilismo tan en auge. Un modo consumista de expandir la religión, como si de abrir sucursales se tratara el tema. Ahora, en el caso de un buen amigo o de alguien genuinamente interesado en estas cuestiones, yo no defendería los antropomorfismos sobre Dios, ni sus manifestaciones en la historia, sino mas bien su existencia como principio universal.

Es decir, que aún cuando se adhiera a la teoría del bing bang; ha de admitirse que esa concentración de materia y energía, que sería la que da lugar a la explosión inicial, no puede haber surgido de la nada, sino que necesita un principio. Puedes decirle que a ese principio de lo existente le llamamos Dios.

–      Si, yo acuerdo con eso. Sin embargo  me dicen que yo reemplazo el bing bang por Dios, pero que estamos en las mismas en cuanto a que de donde se originó Dios.

–      Bueno, es que precisamente, no se puede concebir que aparezca materia y energía concentrada desde la nada como estado previo; y si puede concebirse, que una descomunal inteligencia y voluntad, que un Ser demasiado grande para que podamos abarcarlo, haya puesto en marcha el universo. Es importante esto de lo que se puede concebir, porque esta a la base del pensamiento científico y sin embargo cuando se tratan de cosas a escala cósmica, ellos parecen no hacerse problema por los orígenes de todo lo existente. Porque cuando hablamos de Dios, como idea, como concepto, estamos hablando no solo del que concentró la materia prima para la explosión inicial, sino del que creó el espacio mismo donde pudiera manifestarse la existencia de esa explosión con todo lo que contenía.

–      Claro, entiendo. La creación del espacio mismo.

–      Del espacio, del tiempo, de la percepción, del observador, de la energía y de cualquier otra cosa que se pueda pensar, de todo lo existente. Por eso, siguiendo la terminología de los filósofos, la existencia de Dios, me parece apodíctica*, no solo incontrovertible, sino que no me puedo imaginar la realidad sin Él, no puede concebirse.

–      Bueno, hay quienes si pueden.

–      Me parece que no. Pueden imaginarse hasta el bing bang y allí se detienen en sus preguntas y por eso pueden concebir de ese modo. Pero en ese caso no llegaron hasta el origen, se detuvieron  antes. Tienen que seguir preguntando para llegar a lo apodíctico, a lo irrefutable. “Todo empezó cuando…” está muy bien, no lo discutamos…pero, ¿cómo fue que empezó?, como es que puede algo venir a la existencia.

Allí se abre un enorme campo de misterio si lo abordas por vía intelectual y permanecer en esa ignorancia genuina, es lo único que puede hacer el intelecto con aquello que lo abarca. Porque tampoco se podrá responder lógicamente, pero si es legítimo llegar hasta lo último y en este caso a la ignorancia suma, lo que no se puede conocer. A ese enorme espacio desconocido le llamo Dios, la suma de las potencialidades. Por supuesto si me mantengo por el camino del intelecto desnudo.

En cuanto al camino del corazón en mi caso fue por el encuentro con certezas indemostrables intelectualmente, pero certezas de calidad subjetiva, que vienen a completar muy acabadamente las necesidades interiores. Dicho de otra manera, en ciertas emociones, en la calidad e intensidad de ciertos sentimientos, he alumbrado la convicción mas profunda de que Dios existe; no solo ya como principio organizador y creador de todo lo existente, sino como Amor puro.

Mi camino empezó a través de la belleza. A mi me maravilló siempre la belleza. Me deslumbró. No entendía muy bien que venía a hacer la belleza en medio del mundo, como era que podía manifestarse en medio de tanta miseria. Te hablo de mis tiempos de juventud. Y percibía lo cotidiano como un área gris, habitual, medio inanimada a causa de las rutinas, un campo de enorme chatura… y percibía la tragedia, el dolor, la miseria, la enfermedad y la agonía, la decrepitud, la maldad, la violencia.

Eso salía de la mediocridad, era la vida dura, el lado oscuro de la existencia. Y allí estaba, viendo lo gris y lo negro. Lo gris era lo mas habitual y menos mal me decía entonces.

…y un buen día percibí la belleza. Pero no como uno puede mirar una flor, distraído o incluso admirado, pero permaneciendo en el mismo rango de vibración. Me pasó que me golpeó la belleza, resquebrajó mi mundo, era una belleza que me hería porque era muy bella, apabullante. Imaginate un mundo gris y negro que de repente innovara con algunas notas de color. Descubrí por cierto, redescubrí, las flores y las aves y las nubes y las estrellas y la luz y el agua y el viento y todas las manifestaciones de la naturaleza, pero de un modo totalmente nuevo.

Como si mis ojos fueran capaces de gran nitidez y precisión y asistí embobado a la presencia del amor de Dios en el mundo. Porque aunque después comprendí que su amor esta en todo lo existente, yo lo vi en la belleza, no es que lo comprendí, lo vi, “pude mirar su rostro en lo bello”. Fue una gracia enorme. La cualidad de lo bello muestra una realidad diferente que atraviesa esta, como si el cielo penetrara en la tierra y la inflamara de amor.

No pude sino amar al arquitecto de semejantes creaciones y me dirán lo que quieran de la evolución y me presentarán a la flor como emergente adaptativo de reproducción y lo que quieras, pero yo se en mi, que ese es Dios mostrándose y amando al hombre y no necesité mas demostración que esa.

La belleza tiene el atributo de lo armónico, de lo ordenado, de lo pulcro, de lo perfecto. La belleza es lo perfecto inmejorable, es la máxima expresión de algo en lo que le atañe, en su campo de expresión te diría. Esto último que te digo es lo que luego, de a poco, me fue llevando a ver la belleza en cualquier manifestación. Pero eso es mas complicado y lo vemos después; lo central es lo que te he dicho, en mi caso.

…o sea que la expresión de la máxima potencialidad vendría a ser lo mas parecido a Dios en el mundo de todos los días. El principio de la perfección. Todos vemos cosas, mas lindas, mas feas e incluso verás que hay cosas no culturales, no te hablo de la belleza del parámetro cultural y de la época; hablo de la belleza que es considerada tal en toda época y lugar. Eso en lo que el ser humano coincide en cuanto a bello, responde a ciertos principios que están inscriptos en nosotros.

Siguiendo con el ejemplo de la flor. En toda época, lugar y cultura, una bella flor es reconocida como tal; por pobres y ricos, malos y buenos, viejos y jóvenes…tu les muestras, le haces ver y te van a reconocer que es algo bello.

Porque hay algo en el modo de ser la flor que coincide con algo en el modo de ser humano; hay un espacio en nosotros que permite el reconocimiento de la belleza. Hay en nosotros un espacio de armonía y orden y perfección que es lo que va a  permitir reconocer eso fuera de nosotros mismos, en el mundo. Por eso te digo…re conocer, porque es un volver a conocer lo ya conocido, que habita en nosotros, como presencia o como potencia, pero está.

Lo bello universal es tal porque nos completa, llena nuestro espacio de armonía y nos engancha con esa vibración, nos posibilita a su vez, acercarnos nosotros a esa perfección. Y la perfección es Dios.

Yo sé que no logro transmitir el momento cuando el Padre Vasily me habló de la belleza, porque aunque repita sus palabras, no puedo mostrar su gestica ni transmitir lo que sentí en esos momentos a su lado. Estaba radiante y sereno, pero como henchido de gozo, se veía realmente como alguien que ha tenido un encuentro con Dios. Me parece un hombre marcado por esos encuentros y que esa huella lo ha transformado profundamente y para siempre.

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Publicado por Ed. Narcea en

“Dios habla en la soledad”

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