Breve tratado de oración contemplativa

Virgen Eleusa o de la Ternura

PARA BUSCADORES SOLITARIOS DE DIOS

Algunos consejos a la hora de usar una imagen

Una imagen es una obra de arte destinada a propiciar la oración y la contemplación. No es por lo tanto un objeto de decoración o de adorno.

Ha sido creada para ayudar a los creyentes en la plegaria individual, familiar o de pequeños grupos.

Mantenla oculta siempre que no estés en oración y evita que lo profanen miradas de otras personas o las tuyas propias cuando no estás orando.

No es un objeto para enseñarlo a las amistades ni una decoración exótica para la casa.

Es una evocación de lo Sagrado a través de una imagen.

Antes de elegir un icono, una imagen o una figura, mira bien si realmente evoca en ti lo Sagrado. No tengas prisa en elegir. Tómate todo el tiempo que haga falta.

Un icono, una figura, una imagen, un templo o cualquier lugar de oración no es imprescindible; afortunadamente Dios está en todas partes; pero lo que tienes que ver es si tú lo ves en todas partes. Si es así, no te hace falta ningún elemento externo de ayuda, pero tienes que ser muy sincero y si no es así, y resulta que una imagen, un icono, determinadas iglesias o cualquier otro elemento te ayuda a evocar la presencia de lo Sagrado, entonces es bueno y sabio el que lo utilices.

Algunos consejos sobre la oración

En la oración no se trata de pedir cosas a Aquel que todo conoce. La oración no es para decirle a Dios lo que quieres sino para escuchar lo que Él quiere para ti y que no es otra cosa que compartir lo que Él es: Tranquilidad profunda, Beatitud, Paz, Bondad, Belleza, Amor …

No se trata de pedir cosas sino de comprender que no necesitas nada más que la presencia de Dios y descansar en esa morada llena de sus cualidades.

Antes de orar debes de comprender que detrás de todos tus deseos de objetos o de situaciones del mundo, solo hay un deseo: la paz profunda. Y ese deseo último que tanto anhelas y que proyectas en los objetos y situaciones del mundo solo lo puedes obtener en la interioridad. La tranquilidad y la plenitud solo están en tu espíritu, que es el espíritu de Dios.

Una persona se pone a orar cuando ha comprendido claramente la futilidad y la relatividad de todos los objetivos convencionales humanos que, aún teniendo su importancia relativa, no pueden darle la paz profunda, la plenitud que todo ser humano anhela con nostalgia. Es comprendiendo claramente esto, bien sea por la propia inteligencia, o movido por las constantes dificultades de la vida, cuando uno se acerca a la Paz, la Belleza, la Bondad, la Plenitud y la Alegría que proporciona el contacto con lo Absoluto y con lo Sagrado a través de la oración en su calidad más contemplativa.

Sumergirse en el “acto orante” es el síntoma más claro de que se ha llegado al discernimiento (entre lo verdadero y lo falso), al desapego (de las cosas del mundo), a la sumisión (a la presencia de Dios), a la humildad (respecto a nuestra capacidad humana), a la sabiduría (habiendo comprendido donde está la plenitud y el gozo verdaderos), a la caridad (al abrazar en nuestra oración a toda la creación), y a todas las demás virtudes… Todas las virtudes están contenidas en la oración.

Orar es un acto simple de colocación ante la presencia de lo Sagrado.

No te compliques con rituales ni con palabrería o con lecturas excesivas. Orar es muy sencillo, no hace falta que te leas todos los libros que hay sobre el tema. Se trata de orar, no de leer sobre ello. Vale más un minuto de presencia en lo Sagrado que un año de lecturas sobre la oración.

El rato de oración es un paréntesis de tranquilidad en tu vida. Nunca tengas prisa. La prisa, la ansiedad, la complicación y la dispersión son los mayores enemigos del espíritu. Mantenlos a raya cueste lo que cueste. Nunca te dejes llevar por ellos. Mantente todo el tiempo que haga falta hasta que reconozcas la presencia de lo Sagrado. Esto puede llevarte desde unos pocos minutos hasta horas. Ten paciencia y espera.

Evita hacerlo de manera mecánica y rutinaria; hazlo, no por obligación, sino por devoción. Eso te coloca en una actitud y en una atmósfera totalmente diferentes.

El pensamiento racional puede llegar a ser un gran enemigo del espíritu. No pienses, razones ni elucubres sobre lo que haces. Simplemente hazlo; simplemente reza. Entra en esa atmósfera, no pienses sobre ella. El pensamiento no entiende esos estados y antes, durante o después de la oración, pondrá todo tipo de impedimentos y de razonamientos haciéndote ver lo absurdo de la práctica. El pensamiento empleará todo tipo de argumentos de lo más convincentes e ingeniosos. ¡No hagas caso al pensamiento! Diga lo que diga la mente, tú continúa con tu práctica de oración.

Ten en cuenta que esto te sucederá, incluso, después de muchos años de práctica y de frecuentación de esos “lugares del Espíritu”. Muchos son los testimonios de personas de oración y de vida interior que así lo confirman. Nunca hagas caso a esos pensamientos. La mente pensante, hiper desarrollada en las personas actuales, no puede abarcar ciertas moradas y se resiste con todas sus fuerzas poniendo una barrera que debemos vencer con perseverancia e inspiración.

* * *

Enciende una vela delante del Oratorio y siéntate en el suelo, con las piernas cruzadas, sobre los talones o en un banquillo, según prefieras.

Puedes permanecer así desde unos minutos…. hasta el día entero. No hay límite para la adoración. Acuérdate del consejo evangélico de «permanecer en oración constante».

Preferentemente puedes rezar el Santo Rosario o el Ave María, haciéndolo con tranquilidad y dejando que en tu alma se reproduzca la receptividad de la Virgen María ante el anuncio del Ángel.

También puedes emplear una invocación más simple como por ejemplo:

AMOR PADRE DIOS ¡¡ TE AMO !!

La repetición se irá uniendo, poco a poco, a la respiración: AMOR al tomar aire, AMOR al expulsarlo.

Puede llegar un momento en el que el aliento en sí, se transforma en oración. El contenido de la palabra se trasvasará al aliento, al cuerpo y al mundo. Entenderás lo que es «ver a Dios en las formas y las formas en Dios».

Si decides usar otra plegaria, mira que sea una sencilla frase o palabra que evoque en ti lo Sagrado y que repetirás con tranquilidad dejándote impregnar por su sabor.

Puedes centrar tu atención en el corazón. Eso enraíza la oración en el cuerpo y despeja a la mente del continuo pensamiento. De esa manera el espíritu se “corporaliza” y el cuerpo se “espiritualiza”. En el corazón vivirá entonces una llama orante permanentemente encendida; como una luz que señala donde hay un “templo vivo de Dios”.

Puedes abrir los ojos de vez en cuando un momento y mirar a la imagen que te inspira, de manera que añadas un impulso más hacia las alturas a través de la visión.

No fuerces la plegaria, ni mucho menos la respiración. Una de las claves fundamentales de la oración está en aprender la manera en que la plegaria “suceda” por sí misma, a su propio ritmo, “se rece” en ti, lo mismo que la respiración “ocurre” sin ningún esfuerzo.

Los momentos más propicios para la oración son el amanecer y el anochecer (los tradicionales momentos de Laudes y Vísperas), pero puedes hacerlo en cualquier otro momento del día o de la noche.

Con el tiempo la oración se irá haciendo continua en tu vida, tanto la «Oración Verbal» cuando sea posible, como la «Presencia en el Sabor de lo Sagrado» que se mantendrá como plano de fondo a lo largo de todo el día.

Sobre ese sagrado “lienzo de fondo” verás que se van dibujando las situaciones, los movimientos, las conversaciones, el trabajo etc… Toda tu vida quedará cubierta por el manto de tranquilidad de lo Sagrado e iluminada por la “dorada luz del Tabor”; un gran manto de tranquilidad, lucidez, comprensión y gracia que irá abarcando las situaciones, los paisajes, las personas en cada momento de tu vida.

También con el tiempo esa invocación, ese sabor o esa luz, se mantendrán por la noche durante los sueños.

Si sois una familia, acostumbraros a orar juntos al atardecer o antes de dormir. ¡Apaga la televisión y enciende el Oratorio… tu alma te lo agradecerá!

A los niños les resulta muy fácil la oración siempre y cuando no se les complique con palabrerías inútiles o con doctrinas que no llegan a comprender. Enséñales a orar con el Padre Nuestro o con una invocación simple. Ya tendrán tiempo para doctrina y teología más adelante. Los niños captan magníficamente el “sabor” de lo Sagrado y les deja un recuerdo indeleble en sus almas. Valen más unos minutos de oración contemplativa todas las noches; viendo además el ejemplo de sus padres; que todas las explicaciones teóricas que se les pueda dar. Cuando sean mayores te agradecerán las horas pasadas en esa atmósfera sagrada en vez de viendo la televisión. Habrás sembrado una semilla de paz, alegría y plenitud con unas consecuencias que ni siquiera imaginas ahora.

Si en periodos largos de oración sientes molestias en el cuerpo, aprende a moverte muy lenta y armoniosamente. Inclínate hacia delante, hacia los lados o extiéndete hacia atrás. Haz, armoniosa y lentamente, torsiones hacia los lados o cualquier otro movimiento que te alivie las molestias. Aprende a moverte tan suavemente que el movimiento no perturbe el estado de oración. Así el movimiento también será oración e invocación.

De la misma manera que una palabra o una frase pueden invocar y evocar lo sagrado, también un movimiento, un gesto o la evocación visual de una imagen pueden hacerlo. Si sinceramente ese es tu caso hazlo así, pero no lo hagas por estar a la moda o por ser original; mira si eso realmente te sitúa en presencia de lo Sagrado. A fin de cuentas lo que importa es llegar a la presencia de Dios y el vehículo que empleemos para ello será, simplemente, aquel que más nos ayude a ese fin.

Reconocerás la presencia del Espíritu por sus frutos. Ahí donde aparezca una Alegría sin motivo mundano, una Bondad desinteresada, un Amor en estado puro y sin excepciones, una Belleza que todo lo abarca con su manto, una Paz interior y un Agradecimiento independientes de las circunstancias exteriores, ahí estará sin duda el Espíritu.

Cuando aparezca esa Alegría sin objeto, contémplala, quédate mirándola; permanece en esa vivencia durante todo el tiempo que puedas, minutos, horas o días. Cuando aparezca la Bondad, contémplala, quédate impregnándote de esa vivencia; quédate con ella todo el tiempo que puedas. Así con todas las demás cualidades divinas: el Amor, la Libertad, la Misericordia, la Infinitud, el Silencio, la Paz profunda, etc… Conforme vayan apareciendo en la oración, quédate contemplándolas y así irán tomando cada vez más presencia en tu vida.

También reconocerás la presencia de lo Sagrado cuando al intentar describir la vivencia aparezcan las paradojas. Expresiones como: una “vacuidad plena”, una “plenitud sutil”, un “silencio sonoro”, una “densidad ligera”, una “soledad acompañada”, etc. denotan que se ha visitado ese lugar donde mora el Espíritu.

A veces también lo puedes reconocer por algunos cambios físicos: notarás un cambio en la respiración que tomará una calidad “diferente”, más profunda o más intensa o más lenta, según el momento o las personas. Puedes notar también algunos cambios en la calidad de la mirada, o en la relajación de la columna o de los plexos nerviosos. Pero todos estos cambios, si es que ocurren, ocurrirán de manera espontánea y como consecuencia de la profundización, no puedes forzarlos ni fingirlos desde afuera.

De la oración contemplativa al silencio contemplativo solo hay un paso. No fuerces el silencio; llegará de forma natural cuando el alma quede impregnada del Espíritu en una unidad. Entonces, de manera natural, cesará la repetición de la plegaria y te mantendrás en la simple presencia silenciosa. No quieras, por orgullo, llegar a lo más alto y permanece tranquilamente ahí donde Dios te ha puesto y donde puedas sentir su presencia. En estos tiempos es una pena que muchas personas con gran capacidad y vocación de interioridad, por querer llegar directamente al último peldaño de la unión mística…. ni siquiera alcancen el primero de paz interior. El silencio forzado será un silencio “vacuo”, desprovisto de gracia, y que no tiene ningún sentido espiritual. Con frecuencia, incluso, se convierte en algo angustioso. Eso en vez de acercarte al Cielo, te deja a las puertas del Infierno. El silencio en sí mismo no es el objetivo, sino la presencia de Dios. La presencia de Dios viene acompañada de silencio, pero el silencio no siempre es acompañado por la presencia de Dios.

La palabra caerá como una fruta madura cuando aparezca lo que ella invoca. Entonces reposa y descansa en ese Santo Silencio, en esa Santa Presencia. Cuando veas que ese perfume desaparece, cuando veas que vuelve la inquietud o la sequedad, entonces vuelve a la palabra hasta que el fuego se avive de nuevo. Una y mil veces.

Por otra parte no debes forzar la oración verbal, la palabra, cuando veas que el silencio te ha tomado o esté llamando a tu puerta. En esos momentos, incluso la palabra que te elevaba puede convertirse en un estorbo y hacerte descender de esa «ligereza plena». No tengas miedo al silencio. La simple presencia, o el simple aliento son oración cuando están impregnados de Gracia.

Si tienes la bendición de encontrar un maestro de oración aprende de él, será una gran suerte. Desgraciadamente en los tiempos que corren, esto es cada vez más difícil por no decir imposible. Esto no debe desanimarte, confía en la inspiración y en la ayuda del Espíritu Santo y haz el camino en soledad. Si no tienes ayuda en la tierra confía en la ayuda del Cielo. La ayuda para el espíritu llega a raudales a las pocas personas que, en este profanado mundo de hoy en día, optan por una orientación interior. Con el tiempo puede que encuentres a algunas pocas personas como tú. Os reconoceréis enseguida.

Aunque estés en soledad, ponte en camino y ora en soledad. El mundo del espíritu ha estado desde siempre lleno de ermitaños y solitarios, y ahora, con el actual descalabro espiritual, sigue estándolo aunque permanezcan ocultos en las ciudades. Si lo puedes hacer en grupo o en familia hazlo así, pero sea cual sea la situación no dejes de meditar, orar y contemplar lo Sagrado.

No puede un ser humano hacer acto más bello que la oración. Sumergirse en el acto orante es sumergirse en la belleza que encierra dicho acto… El abandono y la entrega al acto orante es la mayor belleza que puede acompañar nuestra vida; esa entrega… esa rendición ante lo que nos sobrepasa…

Uno puede optar por cubrir su vida con un manto de belleza o permanecer en la sequedad, el desasosiego, la inquietud, la fealdad o en la amargura. En algún momento de tu vida tendrás que optar por lo uno o por lo otro, más allá de ideologías, argumentaciones y razonamientos de la mente pensante.

Merece la pena apostar por lo primero y que tu paso por este mundo esté acompañado de la Luz, el Calor y la Belleza de lo Sagrado, convirtiéndote así en un foco de irradiación de esas cualidades para tu entorno.

Si tu impulso y tu vocación son fuertes, esa opción se hará de una vez y para siempre. Pero lo más habitual es que esa opción sea un gesto que se renueva cada día o cada momento del día en una apuesta y una decisión constante.

Hay momentos de “sequedad” interior; cuando la “noche oscura”, el desánimo y la aspereza invaden cada célula. En esos momentos lo mejor es poner orden en la vida exterior y mantener un “mínimo” de oración. Pueden bastar tres minutos a la mañana y tres a la noche. Eso no cuesta ningún esfuerzo a pesar de que estemos en plena “noche oscura”. Aunque te parezca poco, eso es mejor que nada. En esos momentos tienes que ser humilde y reconocerte en tu humanidad. No puedes en ese estado ponerte metas muy altas; se como un niño, Dios no te pide nada más allá de tus posibilidades actuales. Comprobarás como tan solo tres avemarías pueden obrar milagros…

Algunos consejos para cuando se hace oración en grupo

Si en algún momento tienes la bendición de encontrar otras personas que, como tú, también practican la oración contemplativa, puede ser positivo el reunirse para orar en común algún día de la semana o quizás en períodos más largos como un fin de semana.

Cuando varias personas se reúnen es necesario un mínimo de estructuración para que la reunión pueda ser espiritualmente productiva y no termine por ser un desorden y una dispersión totalmente antiespiritual. Recuerda que la belleza y el orden son un reflejo y una cualidad de lo Absoluto.

Al tomar cualquier decisión, hasta la más mínima, o hasta la que parezca sin ninguna importancia, no perdáis nunca de vista el objetivo de «estar en presencia de lo Sagrado». Comprobar si aquella decisión realmente es buena para favorecer la presencia de Dios o no.

Hay que ser muy sincero y muy tajante en esto porque de ello depende la eficacia espiritual del grupo.

Tanto en el caminar solitario como cuando se hace en pequeños grupos, es posible y puede ser incluso recomendable la practica del Oficio Divino o la simple salmodia del Salterio como fuente de gracia, de inspiración y, cuando se hace en grupo, como oración compartida. Esto se puede hacer al comienzo del periodo de práctica y sin que llegue a ser la parte predominante, de manera que la mayor parte del tiempo sea de oración interior.

Los salmos se pueden recitar en grupo simplemente con el tono normal de lectura, pero todavía mejor es hacerlo con la entonación gregoriana que es muy sencilla de aprender y practicar, y que además crea una atmósfera mucho más contemplativa.

En reuniones de varios días, y si esto fuera posible, se puede incluir la celebración de la Eucaristía. Hacerlo de la manera más austera. Hacerlo sin prisa. Que no se pierda el sabor interior orante durante la celebración.

De utilizar cánticos, que sean gregorianos, evitando esa clase de músicas emocionales y dulzonas que se acostumbran hoy en día y que no favorecen para nada la elevación espiritual. No confundáis una subida emocional o sentimental, con la ascensión espiritual. Es mejor no emplear cantos antes que emplearlos mal. Si no conocéis la música gregoriana mejor hacerlo con la simple y austera palabra, y con abundantes momentos de silencio…. la mejor de las músicas.

Al estar en grupo es mejor marcar unos periodos de oración que resulten adecuados para el grupo. Alguien se encargará de marcar el tiempo con un toque de campana y si se hace la salmodia, alguien se encargará de dirigirla mínimamente.

Sobre todo nada de complicación y de dispersión. Lo más simple es lo más eficaz. Si a la simple oración se añaden algunos elementos es con el fin de facilitar la presencia del Espíritu, la inspiración, o el funcionamiento grupal, pero no es para nada obligatorio. Si no es necesario añadir nada, tanto mejor; y si se hace, que sea para mejorar la calidad de transparencia interior no para difuminarlo todo con decoraciones o emocionalidades.

El lema de un grupo contemplativo orante debe de ser el tradicional monástico de «Soledad compartida».

de un Ermitaño Anónimo

El texto fue extraído de:

Contemplatio

Hacia la ermita

Icono de Jesucristo

La capilla del monasterio está construida en piedra.

Grises en su mayoría, algunas más blancas, cobijan restos de liquen aquí y allá. Sus bóvedas y arcadas y su organización geométrica, la delatan gótica. Pero es un gótico desnudo, solo formal. El contenido en extremo sobrio.

La gran cruz central, de roble antiguo, sin la imagen del Salvador, espera vacía que el observador proyecte sobre ella su arquetipo interno.

Los asientos del coro, en dos filas enfrentadas detrás del sagrario, son también de madera, aunque de irreconocible procedencia. Los cubre una pátina de uso, fruto de siglos.

El altar es de roca sólida y está cubierto por un grueso madero rústico, brillante sin embargo por la cera, que en repetidas capas, devotas manos le aplican diariamente.

Todo el conjunto se destaca gracias a la luz oblicua y colorida que deja pasar el único vitreaux del templo.

Las ventanas, altas y angostas, bien ojivales; estrechan el paso de la luz, recostándola precisamente detrás de las columnas.

Esto deja áreas penumbrosas, favoreciendo el recogimiento y haciendo más solitarias las figuras, que en fervorosa búsqueda, continúan quedas después del oficio.

Junto a la puerta lateral que da paso al claustro, destila agua bendita una pequeña fuente normanda, originando el suave rumor líquido que en ecos continuados, recorre la nave central.

Esta gran bóveda embaldosada en granito indefinible, sin mobiliario alguno por orden del Abad; permanece desierto manifiesto, propicio a la meditación, la sumisión y el abandono.

La puerta principal, de cedro rojo y macizo con aldabas de hierro; protege la clausura, que resistió inviolada, alguna guerra y tumultos revolucionarios.

Detrás de ella surge un sendero de grava fina, delicado al paso, que va desdibujándose conforme ingresa al bosque. Allí se difumina, exhalando hojas secas en dirección a la ermita, que como punto sagrado de unión entre cielo y tierra, domina el claro bordeado de jóvenes coníferas.

elsantonombre.org

Desde la ermita

En la ceremonia

Nuestra Madre

En la ceremonia, el ingreso del oficiante se extiende por el pasillo central, mientras las gentes entonan el himno de apertura y los oferentes portan luminarias de alabanza.

El acólito, contrahecho, tullido, arrastra su aparatosa renguera y haciendo torpes movimientos trata de no quedar atrás en todo el procedimiento.

Su presencia tosca, desordenada, desnuda en esfuerzo y afán, rompe cualquier armonía que la solemnidad pudiera ir dibujando.

Y es justamente allí, en la fealdad de sus contornos, donde inesperadamente, se manifiesta lo sagrado.

Links de hoy:

Escuela de teología

Traditio et fides


En el patio de atrás

Las nubes blancas y  gordas, brillantes; contrastan fuertemente con el cielo muy celeste y la brisa fría envuelve todo el conjunto.

Los árboles bien verdes, oscilan levemente, parece que respiran.

Dos pájaros alternan cantos, sosteniéndose apenas en extremos exiguos.

De vez en cuando pasa una turba de palomas, partiendo el aire con el sonido de sus alas. Y van y vienen ordenadas, simétricas, regidas por inflexible mecanismo.

Debajo del pasto, las hormigas han hecho un sendero y con ritmo acompasado van llevando su carga.

Me siento cuidadoso y apoyándome en un tronco limpio, siento latir al corazón, que extrañamente, hace coro con todo lo demás.

La Virgen y el silencio interior

Icono de La Virgen María y el Niño Jesús
Icono de La Virgen María y el Niño Jesús

La siguiente charla la mantuvimos antes del mediodía. Extraje de ello lo que me pareció mas importante.

Lo dejé solo después de Laudes y me fui  a caminar por el bosque. El se quedó trabajando en sus íconos. Ahora está realizando unos que le han pedido por mi intermedio, en arcilla, que luego me encargo de llevar a hornear a la ciudad. Esta cocción, que se realiza a mas de 1000 grados, deja el diseño en bajo relieve totalmente fijado y apto para durar mucho tiempo. Padre Vasily entonces se dedica al color, aplicando unos óxidos que luego hay que hornear también.

Todo el proceso es trabajoso, pero sus resultados son formidables. Quedan realizadas magníficas imágenes que son aptas incluso para poner en las Iglesias, muy sacras y adecuadas para cumplir la función de todo icono, es decir, facilitar el contacto con lo sagrado. Pero el monje se encarga además de hacer que la imagen y la obra toda, con sus maderas y marcos de soporte, viva un proceso de oración. El reza reiteradas veces mientras va desnudando la forma con sus manos, reza cuando la pinta, cuando la termina, cuando la entrega. Padre Vasily considera que la forma puede albergar algo de las Divinas potencias y que esa influencia positiva puede llegar al fiel desconocido que luego haga oración ante la imagen.

El bosque es muy calmo y solitario. Hace frío y como casi siempre, sopla una brisa que mece la parte alta y mas débil de los pinos. La repetición del Santo Nombre se me está haciendo hábito y estoy empezando a gozar de algunas de sus primicias. Por ejemplo: Cada vez que me olvido de orar y que me preocupo por algo en mi vida de la ciudad, por lo económico o por algún temor o ansiedad, me acuerdo que existe la oración y es como si ya me tranquilizara, antes incluso de empezar nuevamente a hacerla. Me ha crecido mucho la fe y vivo mas confiado, tengo motivos para estar muy agradecido.

A mi regreso, el icono esta listo para ser trasladado, ya embalado y protegido. Al no estar todavía cocido, debo ser extremadamente cuidadoso en su traslado.

–          Acá estoy de vuelta Padre.

–          Ya veo. ¿Y como te fue?

–          Bien. Soy una persona mas tranquila que antes, tengo menos urgencias.

–          ¿Y que te sigue urgiendo?

–          …Mhh, no sé; algo así como un cierto afán de realización total, de consumar la unión con Dios, creo que tengo mucha ambición espiritual.

–          Ya te estás como defendiendo por anticipado. Comunícate con libertad y no andemos timoratos.

–          Si, tiene razón. Lo que pasa es que soy mucho mas feliz que antes Padre, pero por ahí a veces me asaltan temores o inquietudes y me gustaría vivir en la plenitud que conozco por usted o por cosas que he leído…como que tengo ansiedad de que llegue ese momento.

–          Toda ansiedad deriva de la falta de fe. Mejor dicho, toda ansiedad es un deseo de algo, es un querer algún tipo de objeto, material o espiritual, tangible o intangible para consolarnos en el. Pero la única plenitud posible viene de vivir con Dios junto. Todo lo demás es provisorio e insatisfactorio, como ya sabes.

Pero además, vivir en Su presencia no es un objeto que se pueda adquirir como otro cualquiera o un algo que lograr. Vivir en Su presencia es un proceso de la gracia en nosotros y que requiere algo muy mínimo de nuestra parte. Dejarse estar dispuesto a aceptar Su voluntad.

No hay mejor actitud que el “Sí” de la Virgen para la oración contemplativa. Disposición, aceptación e ir guardando todo en el corazón. Ella enseñaba la contemplación. Atestiguar dispuesto a aceptarlo todo y guardando en el corazón toda vivencia.

Y fijate que esta actitud, aparentemente pasiva, poco activa, es la que logra que Jesús actúe antes de la llegada de su hora en las bodas de Caná.

Calladita, calladita, pero la primera señal de Jesús se produce a instancias de ella. Jesucristo se niega y sin embargo ella les dice a los servidores: “Hagan lo que Él les dice” y Nuestro Señor lo hace. Yo no soy teólogo ni intérprete bíblico adecuado, pero a mi me parece personalmente que ese significado es muy correspondiente a lo que sigue en todo el Evangelio después. Y esta particular deferencia de Jesús hacia ella nace de la profunda intimidad de corazones entre ambos, nace del atestiguamiento de María.

Y fijate que luego, al pie de la Cruz, ella llora su dolor y a través de sus lágrimas calladas consuma su contemplación. Todo contemplativo termina llorando los dolores del mundo, la caída propia y ajena y es ese dolor, el que misteriosamente, redime, al contemplativo y al mundo.

–          O sea Padre, ¿que usted reza como María?

No, yo intento rezar como María, es un modelo de conducta inestimable para mí. Hay todo un problema con esto de los modelos de referencia hoy en día. Suelen presentarse a los jóvenes, desde el seno mismo de la Iglesia, modelos armados fuera de la necesidad sicológica y espiritual de la etapa que atravesamos. Incluso yo recuerdo un canal de televisión que tuve oportunidad de ver un día en la sala de estar de la hospedería, un programa católico, muy bien intencionado, que presentaba a unos jóvenes mirando al cielo con una cara de embeleso mal actuada, no sentida.

Me preguntaba a cuantos jóvenes atraería semejante modelo.

El joven necesita modelos heroicos, de entrega valiente y generosa, que aunque puedan transitoriamente llevarlo a veces, al terreno del crecimiento del ego; tarde o temprano lo depositan en el anonadamiento del sí mismo y en la entrega. Pensá en Charles de Foucauld, en San Francisco de Asís, en San Roberto de Molesmes.

Creo que el resurgir Trapense en América entre los cuarenta y los años sesenta, tuvo mucho que ver con la obra del Padre Raymond, “Tres Monjes Rebeldes”. Esa obra, según mi criterio, llevó mas vocaciones a los trapenses que cualquier otra acción de los últimos tiempos.

Presentar una visión poniéndose en el lugar del modelo y de su entrega, de su heroísmo. Fijate en San Pablo, era tan decidido aun en el error, que se le manifiesta El Señor. Pero a mi ver, fue su entrega lo que llama al Señor al camino de Damasco. Pablo defendía a su Dios de los Nazoreos y se le iba la vida en ello.

Debemos mejorar nuestro modo de evangelizar. Hay que destacar la valentía del dejar todo, del abandono. Después, eso nos lleva solitos a darnos cuenta que no hay mérito alguno en nosotros. Pero, quizás al principio es necesario.

Al rato, oramos y comimos frugalmente, en silencio. Yo tenía todo listo para irme y eso me teñía las cosas de cierto dolor angustiado. Me quedaría a vivir en las cercanías del Padre Vasily sino fuera porque debo esperar a resolver la situación de la familia, según su orientación. Se me ha hecho dependencia de su palabra y de su presencia. Lo amo y lo reverencio con sentimiento filial. El me mira y yo creo que sabe lo que pasa en mí. Sonríe, pone una mano en mi hombro y dice:

Uno no debe preocuparse de nada. Uno debe ser consciente de que todo nos viene de Él y todo será según Su voluntad…¿de que preocuparse? Confiar y si no confío, pedir la confianza. Vos ya tienes pruebas suficientes en tu vida de la bondad de Dios y de su Providencia mas inteligente de lo que podemos imaginar. Uno cree que el bien de uno es aquello y resulta que es esto otro y uno después se da cuenta; cuando Dios ya nos dio lo que necesitábamos y tuvo que aguantarse nuestras quejas mientras el proceso de la gracia actuaba.

Quedáte tranquilo Mario, te va muy bien y muy bien te va a ir en la peregrinación por este mundo. ¿Y sabés porque? Porque El Señor es bueno, porque es infinita Su misericordia y porque nunca perdiste tu niñez. La buena fe. La buena intención. El querer el bien. Cierta candidez que tienes y que te ayuda mucho.

–          Gracias Padre. Una cosa más solamente. Yo lo he visto orar, medio de reojo y hemos recitado juntos los Salmos, pero yo sé que usted practica la oración de Jesús y quiero saber de su intimidad en la oración. ¿Qué hace usted cuando se sienta en silencio por horas mirando los iconos? Digo, ¿que hace en su interior? Disculpe el atrevimiento pero sino se puede contestar no se contesta.

–          ¿Y cómo no se va a contestar? ¿Por qué no? Es cierto que hay un espacio absolutamente intimo entre El Señor y cada alma, pero no es que no se deba o no se quiera contar, es que no se puede traducir lo que allí se vive. Eso es críptico, incluso muchas veces para uno mismo luego de la oración. Porque es como que uno cambió de situación o de nivel y ya aquello no le resulta tan accesible. Pero bueno, yendo a tu pregunta. Yo lo que hago es dejarme estar ante El Señor.

Me pongo frente al icono que es una ayuda perceptual para el asno que hay en uno; porque El Señor esta en todos lados, en el tronco sobre el que estoy sentado, está en los árboles y esta en tu mirada y en tu anhelo y hasta en tu pregunta. Pero uno es un asno y el icono ayuda a situarse mental y corporalmente. Es como la gestualidad en la oración; una ayuda para posicionarse interiormente.

Así que yo me dejo estar ante los iconos, sereno la respiración de la agitación que esta viene trayendo por las actividades, repito la oración de Jesús porque me conecta inmediatamente con un espacio sagrado en mi interior y así me quedo, me dejo estar.

No tengo mucho mas que decirte… hay días de mayor silencio interior y días de mas viento, de cierta movilidad y nada, todo esta muy bien porque en ese dejarme estar es cuando Él actúa mas libremente si me permites la expresión. Respecto de lo que preguntabas el otro día, de si hago o no hago peticiones; cada uno tiene su forma… yo trato de contactar con lo que hay en la profundidad del corazón…que son todos buenos deseos por los demás, por todo y por todos.

Porque en la profundidad del corazón esta El Señor y Él Es y quiere el bien absoluto y si se puede decir así… cuando yo deseo el bien para el mundo, estoy deseando con Él, me uno a Él en la Creación del mundo, que continúa a través de la obra salvífica de la gracia.

Pero claro, entiende todo esto como una forma de traducir lo intraducible, porque no es como es la cosa, sino como puede decirse la cosa y lo que puede decirse nunca es la cosa en sí y mucho menos si de hablar de Dios se trata, porque propiamente de Él no podemos hablar, sino a través de figuraciones y de modos que nuestra condición pueda comprender.

Porque Él esta mas allá de todo, porque es lo totalmente otro. Y, a la vez, lo totalmente uno con todos. Uno empieza cuando se mete en este terreno a decir tonteras, todo resulta paradojal, porque son cosas que no se pueden decir; no porque no se deba, sino porque no se puede, hay una imposibilidad de manifestar acerca de la manifestación suprema. Vos leíste a Dionisio Areopagita y sabés de que hablo.

Pero es eso, dejarme estar, hacer lo menos posible, repetir el Santo Nombre y saber callarlo también en el momento donde todo sonido es innecesario y es allí en esa nada innombrable y silenciosa, donde pasan cosas entre Dios y el alma que es lo que dota de significado toda la vida. Uno nunca es el mismo luego de el gran silencio y la vida nunca vuelve a ser la misma; porque El Señor la ha tomado y la va despojando de todo lo que no sea Él.

Y en lo que hace a lo que preguntabas para esa persona que ha puesto en marcha una obra solidaria y que con mucho esfuerzo va llevando adelante, que tiene el deseo de organizar en torno a ello una congregación religiosa nueva y que duda si correspondería; eso depende.

Uno debe pedir el don del discernimiento, la venida del Espíritu Santo que aliente el esclarecimiento verdadero.

Pero puede servir en principio que esa persona se pregunte: ¿Es que en esta obra que estamos llevando adelante hay algún carisma especial, muy particular, difícil de encontrar? Porque si no lo hay, si es una tarea como ya se están llevando adelante en otros sitios, podría sumarse a alguna congregación ya existente que trabaje en esa línea. Podría aportar nuevo aire a gente que ya lo está haciendo y , a la vez, recibir apoyo de estos nuevos hermanos.

Pero si hay un carisma muy específico y particular, una especialización muy determinada, quizás pueda ser una llamada a una fundación nueva. Habrá que verlo.

La vida consagrada siempre es lo mejor. ¿Qué mejor que consagrar la vida a algo? Junto con lo sagrado haré mi vida, eso es vida consagrada. Si la persona puede, si lo puede asumir y pidiendo la gracia siempre se puede; que no dude e inicie el camino hacia la consagración. Pero debería empezarlo en alguna orden o institución ya existente, para aprender y para depurar las motivaciones. Porque a veces el ego mete la cola y lo que parece un carisma es afán de protagonismo o de notoriedad o auto estima. No digo que lo sea, digo que puede ocurrir y ponerse bajo el manto de la obediencia, es buenísimo para esas cuestiones, para depurar, filtrar las cosas.

¿Consagrarse? sí. ¿Empezar una nueva congregación? depende. Primero obedecer, aprender y luego si es un llamado del Señor, se va a develar, se va a discernir. Porque si esa persona se siente atraída hacia la vida consagrada, eso es un llamado. No darle muchas vueltas que hacen falta obreros en la mies. Cada uno con su carisma, si, claro que sí. Pero eso discernirlo desde adentro y no desde la soledad donde el “yo” puede jugar malas pasadas. Ser humilde y aceptar que todo esto puede discernirse consultando con otros de mas experiencia.

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Publicado porEd. Narcea en

“Dios habla en la soledad”

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Tomas Merton

Tradición católica

Ayuno, soberbia y conversión

Grafía de San Serafín de Sarov

Cae la tarde sumergiendo todo en la penumbra y entre los silbos de los pájaros y el sonido del aire entre los pinos, noto la ausencia de la angustia que suele acompañarme en los crepúsculos.

En los atardeceres suelo recordar la escena bíblica de el camino de Emaús, donde le piden a Jesucristo resucitado que se quede a acompañarlos  porque se hace de noche.

Aquí, junto a la ermita, no aparece el clima de desamparo que me suele acometer. Aquí esta todo bien; porque ver la felicidad callada y profunda del Padre Vasily me hace mas cercana la promesa del Edén y de algún modo la torna creíble, para mi propia vida en el mañana, cuando no esté junto a él.

La perspectiva de la noche en oración callada, la cena juntos y la continuidad del diálogo me llenan de alegría.

– ¿Cómo es su dieta Hermano? usted ¿qué come?

– Verduras y frutas, algo de pan, mucha agua.

– ¿No come carne, ni siquiera pescado?

– No. Pero no es nada extraordinario, uno se acostumbra rápido.

Además, en esta soledad no estoy expuesto a tentaciones…no veo nunca un asadito que me provoque.

– ¿Y no se debilita?

– Yo creo que no. ¿Me ves mal?

– No para nada.

–  ¿Y entonces?.

– ¿Pero como es todo este tema del ayuno y eso? ¿Es útil, no lo es?

Depende. Por ejemplo si te largas a ayunar mas allá de tu medida o si lo haces sin verdadero criterio te puede pasar que se te de un rebote. Es decir te mortificas dos o tres días y al cuarto estás sumergido en la gula mas tremenda. Como una ley de compensación. Eso no sirve. Pero, en general, está muy relacionado el ayuno, los frutos del ayuno quiero decir, a la motivación con que se lo emprende.

Si lo que buscas es una proeza ascética para hacer crecer el ego, mas vale comerse un asadito y quedarse con el ego disminuido; porque hace menos daño a los apetitos un asado que un ego inflado.

Puedo asegurártelo. Y también depende de a quién le estemos hablando. Cada uno debe proporcionar sus esfuerzos a su condición y a sus búsquedas.

Aligerar el cuerpo de pesos siempre es muy útil, mientras no recargue de pesos a la mente. Te quiero decir, si vas a ayunar y como consecuencia de tu liviandad vas a estar pensando todo el tiempo en un plato apetitoso o si vas a estar contando las horas hasta que termine el período de ayuno; eso no es de ninguna ayuda. ¿Cómo te ha servido para unirte a Dios? Has estado con la atención puesta en otra cosa. De ninguna manera.

Mi opinión es que el ayuno sirve si se hace práctica de vida; es decir, costumbre. Porque al acostumbrarse uno necesita menos cosas, puede ser mas libre para orar, para pasarse largos períodos de reclusión, verdaderamente el cuerpo empieza a reclamar menos atención.  Yo disfruto mucho unas papas con calabaza y una fruta. Me resulta muy apetitoso, el cuerpo ya no me pide lo que casi ni recuerda. Entonces me ahorro un montón de molestias, de condimentos y de necesidades que no eran tales. Se vive con menos y se vive mejor.

Por otro lado te digo, es difícil hacer silencio mental con el estómago muy lleno. Y mientras mas le das mas te pide. Te acomete el sueño y es difícil permanecer vigilante, fiel en la oración y en la custodia de los pensamientos. En ese tema Evagrio el Monje fue un gran maestro, lo mismo que Casiano. Ellos relacionaban a un pecado con otro y mostraban el particular encadenamiento existente entre un vicio y otros que necesariamente le siguen.

Atestiguo que lo que dicen es la pura verdad y lo afirmo por experiencia. La gula o la Gastrimargía es madre de muchos vicios. Pero por supuesto la raíz está en otro lado.

En la ausencia de la sensación de Su Presencia.

Es la verdad que he podido comprobar. Todos nuestros males derivan del vacío interior y este vacío es el lugar en donde debería habitar El Señor. O lo que es lo mismo: el lugar en donde está El Señor, pero sin que nosotros percibamos su manifestación. ¿Cómo percibirlo si no nos detenemos un momento? Imposible sentir su sagrada Presencia si estamos colmados de apetitos.

Porque cuando el cuerpo esta acostumbrado a algo, lo que busca es ese algo que lo ha colmado de placer. Y a la hora acostumbrada buscará repetir la sensación. No va a buscar la mucho mas sutil presencia de Dios. Va a buscar la nada sutil presencia de la distensión abdominal… el bife colmando el estómago, ¡el placer de la saciedad!

¿Y que pasa después de la saciedad? Viene la modorra. Un sueño bárbaro, unas ganas de echarse a dormir un rato, como hace el perro, ¿no es cierto?

El cuerpo es animalesco, se aprende mucho sobre los propios hábitos mirando la conducta de los perros. Y te haces una buena siesta. Lógico, el cuerpo quiere digerir y concentrarse en esa función intestinal, con toda la grasa y los carbohidratos y que se yo…necesita echarse; disminuir todas las otras funciones para digerir.

¿Y luego de la siesta? Hace frío, empieza a ponerse ventoso, se anuncia la noche de a poco y entonces mandarse una meriendita ¿verdad? Entonces a llenarse nuevamente de pan y dulce y un café o dos… y después uno no se va a dormir porque le da vergüenza, pero ya quedó medio inservible para toda tarea espiritual. En aquél momento, rezar vísperas, será lo más parecido a una letanía sin alma, porque el alma esta detrás de varias capas de mermelada…

Por eso te lo digo. Porque hay bastante confusión con el tema; al menos en la literatura que se encontraba cuando yo todavía andaba por las librerías buscando a Dios. Y la confusión, me parece, deriva de la falta de experiencia en el tema. Es muy difícil animarse a dejar de lado el placer mas rápido, barato y accesible que tenemos. Si te sientes mal, algo que ingieres te da una sensación diferente. Al rato te sientes angustiado; te comes otra cosa y así. Lo que a mi me ha pasado es que descubrí, que la gula es un enemigo mucho menos aguerrido que lo que parecía…pero debía enfrentarlo con cierto valor unos pocos días. El cuerpo luego se acostumbra y te ayuda.

A mi me gustaba mucho la carne asada y me parecía increíble pasarme un día sin un buen filete. Pero después de unos días, empecé a disfrutar de las verduras. Y te digo, el hambre de verdura no reclama tanto como el hambre de carne; es como si fueran de naturaleza o de vibración diferente. Los hindúes saben mucho de esto y es como para aprender de ellos un poco.

– Pero como llegó a esto de decidirse a dejar de comer carne totalmente y a comer tan poco, o mejor dicho…¿Por qué no me cuenta como llegó a esta vida Hermano? Sería muy bueno para los lectores que tendremos.

– No creas que vas a tener muchos lectores.

– Ya va a ver que sí; está muy buena la enseñanza.

– Contarte como llegué a esta vida…y ¿desde cuando te cuento? Porque de algún modo todo me fue preparando para esta vida, todo tuvo sentido, todo fue útil y significativo; lo que no quiere decir que yo me diera cuenta entonces o cuando las cosas parecían ir mal.

– Yo no pretendo que me cuente todo, pero como un itinerario hasta la ermita…

Hoy no te voy a contar la historia larga, te voy a contar una parte muy interesante a mi modo de ver, que fue lo que me pasó con la Eucaristía. Yo estaba muy apartado de la Iglesia entonces, te comenté una vez algo.

Había dejado de creer. No había dejado de creer en Dios, me resultó imposible siempre concebir un universo sin Dios, pero no quería saber nada con la Iglesia. Me había desencantado totalmente luego de mis primeros pasos en ella y algunos encuentros desdichados abonaron este descreimiento.

Básicamente me convencí de que la Iglesia era la historia de sus miserias o de sus movimientos políticos y dejé de ver la obra de la gracia abriéndose paso en la historia humana, a pesar de los hombres corruptos…dejé de ver a la Iglesia como un ámbito contextual necesario, como morfología del amor de Cristo, te diría.

Así que ahí estaba yo, sin la Iglesia y afirmándome en que el Concilio de Nicea esto y que el otro concilio esto otro y con eso mi mente conjuraba cualquier deseo o atracción que pudiera tener el corazón. Mi vida fue durante muchos años la historia de la soberbia. Si me dijeran que fue lo peor de mis años lejos de la Iglesia yo diría que la soberbia. El mundo era de los tontos y de los vivos y yo pujando para permanecer entre los vivos. Un mundo competitivo y desprovisto de sentido como no fuera la busca del ascenso en la escala social.

Volví porque me fue mal. Me fue mal en lo exterior y en lo interior; no lograba lo que ambicionaba y no me sentía feliz. Tan mal me fue un día que balbucí una oración. Fue algo imprevisto. Hacía años que no rezaba, que no ejercitaba “el oficio de los débiles” como me gustaba pensar entonces. Pero ese día estaba tan angustiado que musité una oración y mi mente se dio cuenta y se rebeló sorprendida, acudió en tropel a desarticular el “mecanismo de fuga” según decía. Pero así como mi mente se alteró enojada, mi corazón se regocijó, se ablandó y empezó a llorar.

Y ya no te hablo de ese día solo, te estoy tratando de describir un proceso que me llevó varios años, de vuelta a casa, junto a Jesucristo y a la Iglesia, entendida como hermandad en la fe y en la esperanza y también como organización protectora de esos dos valores.

Mi corazón fue el asunto. Empezó a llorar digo, porque en el mismo momento en que se produjo esa oración sorpresiva, repentina y dividida por la fuerza de la mente soberbia…en ese mismo momento empezó el arrepentimiento, me di cuenta de acciones que había ejecutado sin remordimiento; tomé conciencia de mi pecado, de la insania de muchas conductas, advertí mi dolor por ser yo como era entonces; sufrí por haberme apartado de mi ser profundo. Pero claro, esto lo digo ahora, ya comprendido el proceso, en ese momento la cosa era dolorosa y confusa, pero irreversible.

Hubo luego si, un camino de lágrimas de verdad, de las que humedecen la cara, eran genuinas y no “eclesiales”; eran lágrimas de la conciencia del dolor causado a otros y a mi mismo, era el arrepentimiento mas puro y llano, simple. Y lo considero un verdadero don, una gracia operante a pesar de mi enorme orgullo, de mi soberbia y de la visión del mundo que tenía entonces. Entiendo desde ese día lo que significa Metanoia y entiendo la gratuidad de la misma. Si soy mas subjetivo aún y me expreso con mas libertad todavía… te digo que me sentí en transformación involuntaria, benéfica aunque dolorosa para el ego y salvífica para mi espíritu.

Y después todo fue un irse engañando la mente respecto de que nada cambiaba, de que yo era esto y lo otro en la misma vena soberbia, mientras la conducta se modificaba radicalmente y para bien. El corazón se iba derritiendo y eso a veces le daba dolores, pero empezó a estar mas sano, mas limpio, sin doblez.

El colmo del cambio de conducta fue volver a misa. Las primeras “nuevas misas”, es decir las del regreso, eran graciosas si lo miro desde el hoy; la mente se rebelaba de modo atroz, criticando airadamente “la tontería” que estaba haciendo, sin embargo y aún sin gozo ni placer, mi cuerpo permanecía hasta el final de la liturgia, como ausente, sin saber ni entender porque le pasaba lo que le pasaba. Pero el corazón se dulcificaba y se afincó y no pudo ya apartarse de la comunión. Hubo un tiempo, cuando la mente se rindió y dejó de molestar, en que iba a tres o cuatro misas diarias, de tanto gozo que sentía mi alma, recuperada la casa del Señor.

Sin embargo, te digo, no era un gozo sensual, de placer y requiebros; era un estarse frente al altar reconociéndose actuado por una intención ajena, modelado de nuevo. Si crecía la paz y en ese sentido allí si estaba el goce, era como un adormecimiento de los miembros y como una fuerza nueva, como un cosquilleo en el rostro y las manos, una serena concordia, al estar el corazón uniéndose a la mente. Pero claro, esto lo digo ahora, viendo en retrospectiva.

– Muy bueno, le agradezco que me cuente estas cosas tan íntimas.

– No hay problema. No es personal lo que no tiene mérito. El Señor me dio, luego me quitó y después me lo volvió a dar, centuplicado.

– Pero Padre…¿entonces usted no tuvo culpa de sus malos años? porque dice: “me lo quitó”, como si alejarse no hubiera dependido de usted.

– No lo decía desde allí, sino mas bien expresándome de acuerdo a lo que sentí. No niego la responsabilidad, pero es complejo y hay que verlo bien; en síntesis: veo el pecado o la culpa en las encrucijadas, en los momentos decisivos y no luego, cuando ya estamos embarcados y en medio de la tempestad. Te diría que en ese encuentro infortunado que te mencioné, opté por probar el árbol del conocimiento del bien y del mal; en ese momento quise saber y abandoné la fe y di mas crédito al pensar que al sentir profundo. Aclaro lo de profundo, porque cuando te hablo de sentir no me refiero a los sentimientos superficiales como pueden ser una emoción transitoria provocada por un estímulo.

Tuve una charla con cierto alguien en ese momento, se me habló del Concilio de Nicea y de cómo la Iglesia pactó con Constantino Emperador y como adaptó sus estructura a la organización imperial y como gracias a eso se expandió y etc. etc. Y se me habló de la inquisición y de los errores y falacias de la Iglesia. Y mi mente lo compró, porque el ponerse allí, le significó a ella una subida de nivel jerárquico, se ponía en juez de la historia de toda una institución.

Si soy juez de los demás y de lo que hicieron…soy superior ¿lo ves?

En ese encuentro se criticó a la Iglesia desde afuera de ella y desde una supuesta estatura moral independiente y esclarecida…no tuve en cuenta la soberbia y la postura juzgadora que implicaba, me monté en la sensación que la nueva ubicación mental me brindaba.

¿Cómo podíamos yo o mi interlocutor juzgar a la Iglesia? pero, ¿cómo es posible juzgar siquiera a cualquier persona? ¿cómo es posible que  se produzca el acto de juzgar?

Solo separándome, alejándome de lo que miro y poniéndome por encima. Y esa postura es ilegítima porque no tiene de donde sostenerse, debido a la subjetividad implícita en nuestra propia existencia separada, como individuos.

El juicio es un acto inválido, no solo moralmente sino prácticamente. No es válido ningún juicio como no sea a nosotros mismos desde nosotros mismos. Menos desde fuera de la organización de que se trate. Por eso la enseñanza evangélica de la viga en el propio ojo, supongo. Así es que yo empecé a ver esos errores de la Iglesia o esas corrupciones de la Iglesia y mi mente se apartó y dejé de escuchar al corazón.

Mi corazón decía que yo amaba la Iglesia, que me regocijaba de ser parte de ella, que amaba la liturgia, la oración, la esperanza en la resurrección; que amaba a Jesucristo aún sin saber porque y que me importaban un comino todos los concilios y corrupciones posibles.

Mi madre era una persona complicada, con problemas y en ocasiones cuando niños nos trataba duramente. Se diría que tenía muchos defectos, si me pongo en juzgador de su conducta; sin embargo la amé, la amo y amaré muchísimo y es que aún recordando sus rudezas, mi amor no cesa. ¿Y porque pasa eso en el ser humano? Ah yo no sé..! Intuyo que porque estamos hechos a imagen semejanza de Dios, que nos ama irrevocablemente.

Los corazones se entienden. Tenemos la mente mal educada. Ella debe servir al corazón, como herramienta para comprender la acción del espíritu en todas las cosas; no mucho  mas. Lo que no es poco. Pero si la mente quiere comandar, construimos un mundo insalubre. Corintios 13 debiera ser la constitución del mundo, porque es lo que siente el corazón de todos los hombres. Fijate que aún el asesino ama a sus hijos o se enternece con alguna cosa… el amor es nuestra raíz, la esencia de nuestro ser, ontológicamente somos amor, porque somos hijos de Dios y aunque incognoscible para la mente, Dios se nos revela como amor en la profundidad del corazón.

– Que Dios lo bendiga Padre y lo proteja siempre.

– Me ha bendecido y me protege, al igual que a todos los hombres. Porque aunque no parezca a veces, el dolor y el horror son también fruto del amor. Y esto que te digo se me va a complicar si quiero explicártelo con la mente, pero no es a ella a quién fue dirigido el dicho.

– Hermoso…muy ilustrativo y cierto lo que dice. Estoy muy agradecido al Señor por haberlo conocido. Mire en lo que terminamos y empezamos con el tema del ayuno.

– Si, gracioso. Pero todo esta relacionado. Si ayunas exageradamente intoxicas la sangre con fluidos digestivos que son segregados a horas precisas según la costumbre corporal. Si comes al antojo de tu cuerpo, olvídate de pensar, de sentir emociones altas, lúcidas y místicas. Te olvidarás hasta de caminar.

El camino del justo medio, no en vano es tan exaltado en todas las culturas antiguas, representa la sabiduría ancestral, muy sabia por cierto. Pero el término medio no halaga al ego, que gusta de los absolutos para alimentar su imagen.

Come moderadamente para ir necesitando cada vez menos y ser mas libre de dependencias que te alejan de tu búsqueda.

Buscar la sagrada Presencia en el corazón, en todo momento, mediante oración ininterrumpida es el mejor ayuno, porque cuando uno siente la sensación del reino en el interior, no necesita ya otro tipo de placer. Es el colmo del goce.

elsantonombre.org

 

Sobre Dios y la percepción

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Icono de San Antonio, el grande

Diálogo:

–          Me ha resultado una maravilla la perspectiva cósmica. Es impactante ponerte a pensar que habitas un pequeño punto en un barrio local de cien mil millones de estrellas.

–          Ja, Ja, ¡ya salís con eso otra vez!

–          ¿¡Pero cómo no!? Date cuenta que cada estrella es un sol y que esos  miles de puntos brillantes son solo una galaxia.  ¡Se han fotografiado cientos de miles de ellas! Pensálo un momento… no podés negar el vértigo que te produce.

–          No lo niego.

–          Bueno, pero entonces tenés que llevar las cosas a su última consecuencia. No te frenes ahí.

–          ¿Qué querés que haga? ¿Por dónde querés que siga?

–          Recordá nomás que existen cúmulos de galaxias y supercúmulos con decenas de miles de ellas; cada cúmulo tiene varios miles de galaxias… volvé la vista al puntito que habitamos, a este pequeño planetita y fijate que hermoso y horroroso y complejo que puede ser pese a su pequeñez y animate a sentir lo que se siente cuando te plantás en esa perspectiva.

–          Me parece muy sorprendente, pero vos exagerás; como si yo tuviera que sentir lo mismo que vos.

–          No, vos podés sentir lo que quieras, pero ¿no te resulta evidente la existencia de Dios?

–          No… Ja, Ja.

–          Y bueno, porque te hacés el que atiende a la perspectiva, pero no se si te emplazas realmente en ella. Por ahí estás muy ofuscado ahora con tus temas y problemas.

–          Oíme, ¿vos conocés a alguien que no se mueva según sus propios intereses? Si ya lo hemos hablado.

–          Ya sé, ya sé. Pero, en serio ¿cómo te imaginás el apabullante y tremendo universo sin un Hacedor? Decime. Porque sí, te admito que no sabemos nada de sus características, de sus modos, de sus planes, de su manera de mirarnos; pero que hay un Hacedor…  ¿sino cómo?

–          Bueno, yo te acepté que lo del big bang no cierra del todo, pero lo del Dios tampoco.

–          Mhh pero fijate bien Julián ¡ ¿cómo que no cierra del todo?  El big bang es una soberana tontería ¿Cómo pueden llamar teoría científica al decir que de repente se produjo una explosión y a partir de ahí todo? Una enorme concentración de masa y energía dicen. ¿¡Ajá!? ¿y? Bueno, esta concentración implosionó y luego dispersó energía y materia en toda dirección…

–          Ja, Ja, ¡me gusta mucho la pasión que le pones a la cosa!

–          ¡Pero si es enfermante! ver a los señores doctores en ciencia hablar serios y solemnes, avalándose con cantidades de cifras y gráficas sobre una estupidez. ¿De dónde vino la concentración de materia y energía caballero? Incluso, ¿en qué espacio se manifestaba esta concentración? Porque parece que el big bang, como era el principio de todo, fue haciendo el espacio a medida que explotaba y se expandía. Pero… ¿dónde se dio esta concentración…en la nada?  Es muy decepcionante.

–           Bueno, es inconsistente, lo sabemos. Pero lo tuyo no es mejor, que un ser que existió desde siempre dijo de pronto: ¡hágase la luz!

–          Planteado así claro…lo que yo digo es que hay una voluntad que ha puesto todo a marchar y que es todo un extraordinario diseño inteligente y no azar o choque de elementos fortuitos que vienen de la nada. Es como si no pensaran lo que dicen, como si no lo encarnaran. Hablan macanas, pero no se dan cuenta porque no saben que existen.

–          Pero, a ver ¿cómo explicas vos las tamañas imperfecciones cósmicas o la existencia del ser humano malvado, el horror de la enfermedad? ¿Porque un Dios omnisciente y omnipotente como para crear el universo hace las cosas tan para el culo?

–          Una cosa no contradice la otra. Quiero decirte, hay un Hacedor inmensamente distante a nosotros, por una cuestión de escala te diría, del que casi nada podemos saber, como no sea deduciendo de las maravillas del universo.

–          Y podría ser que los humanos particularmente o las especies o ciertos aspectos naturales, hayan sido creados por criaturas que  no conocemos que van intentando reproducir fenómenos, experimentando con la vida, desarrollando algún proyecto.

–          ¡ O sea que fuimos hechos por extraterrestres nomás!

–          No sé si extra o intra o espíritus creadores o lo que sea, pero la incompletitud que tenemos, la enfermedad, las aberraciones, los avances y retrocesos, me parecen muy propio de lo experimental.

–          Me hace acordar al juego de “Los Sims”, donde vos fabricas un personaje y lo hacés vivir y le diagramás todo.  A veces sale mal y tenés que rehacer las cosas.

–          Yo digo que hay un gran arquitecto que hizo las matrices básicas, como si te dijera, los genes del universo y después eso puesto en marcha da lugar a una serie de fenómenos, incluso inteligentes, creadores, capaces de equivocarse y de aprender por acierto y error.

–          Si, la idea de niveles de evolución.

–          Así como vos vas superándote en cada examen, lo mismo.  Pero podría aplicarse a especies enteras, desafíos particulares  para cada especie según cada circunstancia creativa.  Suponte, darle vida a un mundo y hacer evolucionar allí la vida hasta donde puedan.

–          Si. Te acordarás del SimEarth que probamos en el noventa y dos ¿no?

–          Claro. Si los humanos hacemos jueguitos así, manifestamos externamente nuestra propia configuración interna. Lo que nos pasa se nota en lo que hacemos.

–          ¿Pero a que nos lleva todo esto? Digo, si yo aceptara tu planteo completo y los que harás en el futuro, ¿adónde termino, a que quieres llegar?

–          Quiero llegar al hecho de que existe un Hacedor y de que  se debe vivir según esa consideración y coherentemente  con las consecuencias de eso.

–          ¿Qué consecuencias? No me saldrás con las cuestiones de rendir tributo y de la necesidad de recibir adoración de Dios o de que hay que pedirle para que se entere de lo que querés.

–          No. Pero vivir con eso presente, me ha llevado a adoptar una actitud de mayor entrega y despreocupación de lo banal. Saber que una inmensa inteligencia ha generado el universo me hace sentir que estoy incluido en un plan, que aunque de difícil comprensión, tiene sentido. Si el universo tiene Creador, tiene sentido y si tiene sentido  todo lo tiene. El significado se instala en mi vida. ¿Me entendés lo que quiero decirte?

–          Mmhhh, si.

–          No ando creyendo que decido cosas realmente; recuerdo que algo mucho más grande ha decidido mi existencia y que por algo la habrá hecho. Si soy fruto del azar…es todo una cagada.

–          Yo comprendo que necesites creer que las cosas tienen sentido, como para hacer más llevadera la cosa, pero de ahí a tener que aceptar la evidencia que me das, estoy lejos. Además…decime, ¿Qué diferencia hay entre un big bango repentino y sin explicación y tu hacedor que existe desde siempre y siempre existirá y no se sabe porque ni para qué?

–          En cuanto a que no sabemos nada no hay diferencia. Lo que me parece es que la serie de precisiones que existen en lo cósmico evidencian voluntariedad. Fijate en el principio antrópico que destacan algunos científicos. Si la distancia entre La Tierra y  el Sol fuera un poco más larga o un poquito más corta, no existiríamos. O si la atmósfera no tuviera el cinturón de Van Hallen para proteger de ciertos rayos cósmicos o si no estuviera la Luna para hacer de contrapeso en la elíptica…

–          Si esas variables tuvieran valores distintos, diferentes serían las cosas y no estaríamos hablando; pero no me demuestra nada.

–          ¿De verdad crees que el azar generó todo esto? ¿En serio lo dices?

–          No. No lo creo. Pero se me ha jodido mucho la idea, la imagen de Dios y no puedo tampoco imaginarme creyendo en él. La falta de sentido que encuentro en el dolor y en la destrucción me jode la idea de Dios.

–          Eso lo entiendo. Bueno, a mi me sirvió mucho la experiencia del mal en mi vida; me refiero del fracaso, de que las cosas salieran al revés de lo que había deseado…para darme cuenta del sentido que podría llegar a tener el dolor.

–          Decime un poco mas entonces.

–          Vos supiste que a mi en un momento se me vino todo abajo, quedé sin un mango, no solo sin reconocimiento social sino que mal visto en el medio, entre los vecinos, hasta en mi propia casa no era un ciudadano ilustre te diría…ja ja.

–          Si claro que lo supe. Pero viste que yo no me metí con vos, casi que ni te dije nada.

–          No, no, por supuesto si nada que decir con eso. El punto es que ese momento fue uno de los mas interesantes que he vivido. En medio de las circunstancias, un horror, al borde de la desesperación; pero un tiempo después, cuando las aguas se habían calmado en mí y fuera de mi…pude comprobar que gracias a ese mal momento se habían gestado toda una serie de cambios para bien en mi vida. Había sido no solo muy positivo sino que imprescindible en mi propia evolución. ¡Llegué a agradecer ese momento! ¿Podés creerlo? Fue fantástico.

–          O sea que lo de “No hay mal que por bien no venga…”

–          Claro, totalmente cierto y no creo que haya sido solo en mi caso. Hay que ponerse a ver en la vida de los demás y se comprueba;  solo que es necesario observar el hecho luego de un tiempo, de bastante tiempo a veces.

–          Pero a vos de ¿que te sirvió?

–          Me sirvió de invaluable autoconocimiento y me llevó a cambiar la dirección de mi acción, a dejar hábitos que no me servían, a reorganizar todo; cambié toda mi perspectiva sobre las cosas y sobre mi mismo. En síntesis, te diría que los hechos me quitaron bastante soberbia, medio a la fuerza como cuando a uno lo pelan en el ejército ¿viste? y claro quedé mas humildito, me di un baño de humildad…

–          Ajá.

–          ¿Sabes que pasa? Esa especie de humildad nueva en que los hechos me dejaron me permitió verme distinto y a lo que me rodeaba, enfocar mejor la mirada; miré al universo de otra manera, a los que me rodeaban, a los que admiraba hasta entonces, todo se hizo diferente, pero me llevaría tres horas ir a los detalles; el punto es que quería decirte, que tengo experiencia personal de que de los males surgen bienes. Y luego de eso estuve mas atento a esta paradoja y pude ver como se había manifestado varias veces en mi vida y en la de los cercanos, en vidas que puedo conocer y descubrir el mismo principio actuando.

–          No te niego que esta bueno lo que decís, quizás esa sería una de las formas de explicar el asunto…me sirve que yo te conozco y se lo que viviste y te veo ahora fortificado y cambiado en muchos aspectos. Ahora te digo que rapidito a vuelo de pájaro, he visto gente que pasa por calamidades y no por eso mejora ni parece que le sirviera.

–          Creo que la sinceridad, la buena fe es importante en la ecuación. Como si te dijera…la buena intención en lo que uno hace, aunque lo haga equivocadamente. Creo que eso es lo que permite que el mal se revierta en bien, por decirlo así.

–          Si te entiendo, es interesante lo que decís.

–          A mi me pareció finalmente, que las cosas están hechas con cierta matriz que hace que las cosas sucedan según lo que uno va poniendo en ellas, según los ingredientes que aportes y que la buena intención es la clave. No sé porque pero todos estos acontecimientos me afirmaron la creencia en Dios. Quizás fue lo que me llevó a empezar a percibirlo en las cosas y en variados momentos, que eso es algo que viví después, un poco después, cuando las aguas se hubieron asentado.

–          ¿Cómo es lo de verlo en las cosas? ¿a que te referís particularmente?

–          Bueno, me empezó a pasar con las palomas. ¿Viste esas gorditas, grises que hay en la plaza? Un día después de todo eso que me había pasado, yo andaba mucho mas sensible emotivamente, mucho mas perceptivo; y casi sin querer un día me pongo a seguir el vuelo de una paloma, cerca de casa, estando yo en la calle. Y de repente la veo volar, la veo volar de un modo totalmente nuevo, me pasó de que me resultara totalmente extraordinario el hecho de que levantara con esas alas el peso de su cuerpo, de esa gordurita volando.

–          Seguí…

–          Y empecé a seguir el vuelo de las aves, estaba como hipnotizado por lo que sentía, por la admiración que sentía de cómo llevaban ese peso con las alas y como surcaban el aire. Les miraba los ojos y el movimiento yo lo veía como mas lento, podía mirarlo con mucha claridad y no como antes.

–          ¿Y te dura hasta ahora?

–          Es una mirada que se me instaló y no me abandona, si puede ser que haya días en los que estoy dedicado a otra cosa y no queda mucho tiempo para contemplar, pero es una mirada que no se ha ido. Al poco tiempo en aquel entonces se me produjo con las nubes. Salí al patio una tarde y levanto la vista siguiendo un ave y veo las nubes, eran gordas y muy blancas, brillantes…y quedé deslumbrado del espectáculo que se desplegaba ante mi vista diariamente y de la majestuosidad de todo eso. Imaginate, cuando percibís así, lo de que hay un Creador te resulta evidente, porque la belleza pura no encaja como resultado de lo azaroso ¿Me explico Julián?

–          Si, creo que si.

–          Me pasó luego con las flores y las hojas y se extendió a otras cosas y podía decir como propio lo que dijo alguna vez Agustín de Hipona, veía a Dios en todo. Es como si yo a vos te muestro una bella escultura y te digo que se formó por azar rodando la piedra en el río durante miles de años… no me lo vas a creer. Vos vas a reconocer en la forma de la escultura, la evidente mano humana, no hay forma de que el río la produzca. Cuando empezás a ver, a percibir la realidad del modo en que a mi me sucedió, la mano de un Creador muy extraordinario y poderoso se hace evidencia.

–          Entiendo, como que te cambia el mundo que percibís y entonces las conclusiones son otras.

–          Exacto. Porque yo siempre miré las flores y las nubes y las aves, pero no veía nada en realidad. Como si vos de repente después de haber tenido la piedra veinte años como pisapapeles, te dieras cuenta que es una hermosísima escultura, grabada con signos y símbolos y todo eso.

–          Comprendo.

–          Luego me sucedió con la mirada de las personas. Me descubrí atendiendo a sus posturas, a su lenguaje gestual diría un especialista y se me hicieron claros los climas de la gente, lo que les iba pasando por la mente. No es que les leyera el pensamiento, pero como si supiera en que andaban y después comencé a engancharme con sus ojos, a deslumbrarme de la vida que alentaba en ellos y de lo que intuía detrás.

–          Me lo tenés que contar.

–          Es raro. Al principio fue como que las personas se me animalizaron, las veía propiamente como animales, pero no era lindo, era curioso pero sumamente extraño y solitaria la sensación. No se trataba de que yo dijera como quizás en otra época “Todos son unos giles, yo soy el único vivo ” sino que simplemente se me presentaban a la percepción espontánea de ese modo.

–          ¿Y como siguió?

–          Después, cuando me concentré en la mirada pude ver claramente lo no animal adentro, pude ver que lo de afuera era un mecanismo, un conglomerado de carne, una especie de objeto inanimado y que lo que verdaderamente vivía era lo que destellaba en sus ojos. Te digo, una cosa es decirlo y otra vivirlo, fue muy interesante. Porque yo lo conocía a eso en teoría, pero luego fue otra cosa.

–          Que bueno, rarísimo.

–          Y por eso Dios se me hizo una presencia obvia, como si no pudiera ignorar su mano en todo y como si lo viera aunque no se ve…

–          Decime mas.

–          Si pero no ahora porque ya es momento de darle lugar a Agustín que haga su trabajo; al final hace mas de escriba y reportero que de enfermero ¿no?

–          Si tal cual. Pero te agradezco mucho, algo se me ha mejorado adentro.

–          Para eso estamos.

Las religiones y la iluminación

Trapenses

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El viaje hacia el monasterio llevó doce horas y ya en el remis, campos vacíos y enorme cielo me regocijan, anticipando el silencio que prometieron.

Algunos pequeños bosques anuncian los edificios umbrosos, entre grises y verdes, antiguos, cansados.

Golpear la puerta gruesa y tosca de la portería y verlo aparecer anciano, arrugado, quedo, me introduce en un espacio interno críptico.

El monje aquel, me conduce solo con ademanes, a la oquedad del claustro; el ruido que nuestros pasos leves hacen sobre la piedra, parece lo único vivo.

Ya solo en la celda, reviso los horarios, que alternan entre oraciones cantadas y silenciosas, entre ceremonias y letanías repetitivas y centrantes.

Desde la madrugada cerrada hasta bien entrada la mañana, los orantes buscamos la sensación sagrada, la devoción que inflama, el encuentro sacro; mientras el sueño, la pesadez y el tedio, conspiran y alejan hacia fuera, hacia el cobijo de los sentidos.

Hábitos blancos y capuchas amplias esconden los rostros, que en lo íntimo, expresan lo que atraviesa el alma.

La biblioteca arcaica y devota destila un hermoso olor a pergaminos, que aventuran fórmulas, métodos, secretos atajos hacia el corazón de Dios.

La comida frugal, la lectura como compañía , las tareas del campo; atraviesan la tarde casi hasta vísperas, donde el crepúsculo esconde todo color  y deja un mudo vacío.

La angustia hecha gemido resulta, ahora sí, oración eficaz.

Y es en la profundidad del llanto donde encuentra mi ser su calma, porque afianzo en la verdad de mi mismo, en mi desnuda ignorancia,  en el absoluto desamparo.

Y es al reconocer la tragedia de la vida finita y condicionada al extremo, donde me siento obra de intención ajena y desconocida.

Es al sentirme vencido, abrumado por un plan inabarcable de ignoto sentido, cuando veo surgir, aleteando emancipada, una firme esperanza, una confianza terca en que tanto dolor y tanta maravilla escondan infinito amor.

elsantonombre.org

(Recordando la visita al

Monasterio Nstra. Señora de Los Angeles

en Azul, Buenos Aires, Argentina; en Junio de 2005)

Vinculo a Trapenses Argentina