Reglas de una vida piadosa

Arzobispo Platon de Kostroma

Traducido por Nicolás Zabotkine / Michael Shurov

Acostúmbrate a levantarte temprano y en un horario especifico. Apenas te despiertes, eleva tus pensamientos a Dios, persígnate y agradécele el paso de la noche y sus misericordias hacia ti. Pídele que Él dirija tus pensamientos, deseos y sentidos, para que todo lo que digas y hagas sea de su agrado.

Mientras te vistas recuerda que estás ante la presencia de Dios y del Angel Guardián. Pídele a nuestro Señor Jesucristo que te vista con el ropaje de la salvación.

Después de higienizarte reza por la mañana arrodillándote, concentrándote y humildemente, como corresponde ante la mirada del Todopoderoso. Pídele tener fe, esperanza y amor y además fuerza para recibir serenamente, lo que te traerá el nuevo día con sus complicaciones. Pídele que bendiga tus sacrificios y que te ayude a realizar tu tarea, eludiendo el pecado.

Si puedes lee algo de la Biblia, especialmente del Nuevo Testamento o los Salmos. Lee con el deseo de recibir la iluminación espiritual inclinando tu corazón hacia la humildad. Lee un poco, después medita, luego sigue leyendo, atendiendo a lo que Dios le inculca a tu corazón.

Esfuérzate aunque sea un cuarto de hora para meditar sobre las verdades de la fe y sobre lo que has leído de provechoso para tu alma.

Siempre agradece a Dios el no haber perecido en los pecados, y que El se preocupa por ti y siempre te lleva hacia el Reino de los cielos.

Predisponete cada mañana de tal manera como si recién te hubieses decidido a ser Cristiano y vivir según los mandamientos de Dios.

Comenzando tus tareas procura realizar todo para Gloria de Dios.

No inicies ningún trabajo sin oración, porque lo que realizamos sin oración termina siendo innecesario o perjudicial. Son ciertas las palabras de Dios: “Sin Mi no puedes hacer nada.

Trata de parecerte al Salvador quien se esforzó, ayudando a José‚ y a su purísima Madre.

Todos tus esfuerzos hazlos con bondad en el alma esperanzado la ayuda de Dios. Es bueno repetir constantemente la oración: “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mi pecador.”

Si tus esfuerzos se realizan con éxito, agradécele a Dios, y si no son satisfactorios, entrégate a la voluntad de Dios, pues el piensa en nosotros y encamina todo hacia lo mejor.

Todo lo difícil tómalo, para el perdón de los pecados con espíritu de obediencia y mansedumbre.

Reza antes de comer, para que Dios bendiga la comida y la bebida y después de comer agradécele y ruega no perder los bienes espirituales. Es bueno levantarse de la mesa sin haberse saciado totalmente. Los miércoles y viernes ayuna siguiendo el ejemplo de los primero cristianos.

No seas avaro teniendo comida y ropa, se feliz con eso pareciéndote a Jesucristo que se humilló por nosotros.

Trata de ser agradable a Dios en todo, para que tu conciencia no te haga padecer remordimientos. Minuciosamente controla tus pensamientos, sentimientos y los movimientos de tu corazón recordando que Dios te observa en todo lugar

Elude hasta los pecados menores, para no caer en los mas grandes. Cualquier pensamiento especialmente el impuro , que te aleja de Dios inmediatamente expúlsalo de tu corazón, como a una chispa de fuego que cae sobre tu vestimenta. Si no quieres que los malos pensamientos te acosen, recibe con tranquilidad la humillación de la gente.

No hables en exceso, recordando que por cada palabra daremos explicaciones a Dios. Mejor es escuchar que hablar, ya que con las palabras es fácil caer en el pecado. No seas curioso en las novedades pues, ellas distraen el espíritu. No juzgues a nadie y piensa que tú eres el peor. Quien juzga a alguien se carga con sus pecados. Mejor reza por el pecador para que Dios por sus sendas lo enderece.

Si alguien no te hace caso contigo, no entres en discusión con el, pero si su actitud perjudica a otros, entonces toma las medidas necesarias, porque el bien común es mas importante que el bien personal.

Nunca discutas ni te justifiques, se humilde, silencioso y pacífico, toma todo con paciencia como nuestro Señor Jesucristo. El no te asignará una cruz superior a tus fuerzas y te ayudará a llevarla.

Pídele a Dios la gracia de realizar sus santísimos mandamientos lo mejor posible, a pesar de que te parezcan difíciles. Habiendo realizado algo bueno no esperes recompensa si no tentaciones, porque es durante las tentaciones cuando se pone a prueba el amor a Dios. No pienses en lograr una virtud sin sufrir pena. En las tentaciones no te desalientes y dirigiéndote a Dios reza con oraciones breves “Señor, ayúdame…ilumíneme…no me dejes…ampárame” El Señor permite las tentaciones y al mismo tiempo da fuerzas para vencerlas.

Pídele a Dios que elimine de ti todo lo que alimenta el amor propio, aunque para ti sea amargo. Evita ser frío, dubitativo, suspicaz, falso, competidor, abatido… Debes que ser franco y sencillo en el trato con el prójimo. Con humildad recibe las ordenes de otros a pesar de que tu seas mas inteligente y tengas mayor experiencia.

Lo que no deseas para ti, no se lo hagas a otro, y haz a otros lo que quieres para ti. Se amable con quien te visita, se humilde y juicioso, y cuando las circunstancias lo requieran, se ciego y sordo.

En los momentos de debilidad no te olvides de rezar y hacer buenas obras. Todo lo que hagas en nombre de Jesucristo, por mas pequeño que sea, se transforma en bondadoso.

Si quieres tener paz, entrégate a Dios. No tendrás paz espiritual hasta que no te tranquilices en Dios y queriéndolo a el únicamente.

De tanto en tanto retírate en soledad como hacia Jesucristo – para concentrarte en la oración y elevar los pensamientos hacia Dios. Medita sobre el amor infinito de Jesucristo, de sus sufrimientos y muerte, de su resurrección, de su segunda venida y del Juicio Final…

Asiste a la Iglesia frecuentemente. Confiésate y comulga, con los santísimos misterios. Así estarás con Dios lo cual es un bien grandísimo. En la confesión arrepiéntete sinceramente de todos tus pecados pues el pecado que no se confiesa conduce a la muerte

Los domingos conságralos a la caridad y a la misericordia: visita a un enfermo, consuela al que sufre. Quien ayuda a otra persona a volver a Dios recibirá una gran recompensa en este y en el siglo venidero. Aconseja a tus amigos, que lean literatura religiosa y que participen en reuniones sobre temas espirituales.

Que el Señor Jesucristo sea tu maestro en todo. Constantemente dirige tus pensamientos a Dios y pregúntale cómo hubiera procedido él.

Antes de dormir reza sincera y fervientemente y medita sobre los pecados cometidos durante ese día. Debes arrepentirte con dolor en el corazón y lágrimas en los ojos para no repetir los mismos pecados. Cuando te acuestas, persígnate, besa la cruz y encomiéndate a Dios, tu Buen Pastor, pensando que tal vez esa noche deberás presentarte ante Él.

Acuérdate del amor de Dios hacia ti y ámalo con todo tu corazón, alma y pensamiento.

Si te comportas como lo indican estas reglas piadosas, alcanzaras la vida bienaventurada en el reino de la luz eterna .

Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo este contigo. Amen.

Texto extraído de 

Padre Alexander

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Habitación central

–          Yo tengo en un rincón, agazapado el espanto. Es un espanto intenso, crispado, peligroso si lo molestan, de tanto miedo que tiene. Tiene las facciones demacradas de tanto penar y los ojos irritados por la falta de sueño. Me lo imagino azul o celeste vibrátil, con escamas y cola larga, quizás porque es un espanto de otro mundo.

–          Y ¿qué hace ese espanto ahí? ¿Qué fin tiene? ¿Qué más me puedes decir de él?

–          Lo único que hace es temer. Permanece gélido, en el miedo. Por cierto, a veces dormita, e incluso se distiende un poco, en raras ocasiones. Está solo, aunque tiene un fuerte vínculo con alguien que vive en la otra esquina de la habitación, el Monje. El espanto suele fortalecerlo, le da de comer al Monje.

–          ¿Qué clase de relación tienen?

–          Es práctica. No son amigos. Cuando el espanto no se aguanta más vivir espantado, lo visita al Monje y rezan.  El Monje ora en solitario también y tiene otros vínculos y amistades en la casa; pero cuando lo visita el espanto surge todo su fervor. Vive entonces una devoción no mental sino visceral. Sus oraciones se alargan, totalmente sentidas, desde el hervor de la fe o fervor como le dicen habitualmente.

–          ¿O sea que el Monje se alegra de que el espanto le visite?

–          No creas. Le produce una intensidad en los sentimientos con la cual no es fácil vivir.  Es ambiguo lo que siente. En general, prefiere la visita de la ignorancia.

–          Espera, antes de que pasemos a ello, ¿Cómo le resulta al espanto la cosa? ¿Cómo queda luego de visitar al Monje?

–          Bueno, el espanto es espantoso. Nunca cesa de ser esencialmente espanto.  Sin embargo, al regresar a su rincón, descubre en su regazo algo de la esperanza que cuidadosa y elaboradamente trabaja el Monje. El espanto, al tener algo de esperanza, no desespera.

–          Entiendo. ¿Qué me decías de la ignorancia?

–          Que el Monje prefiere la visita de la ignorancia. Sus oraciones son entonces más silentes. Emotivas antes que abstractas. Cuando ambos se funden en estrecho abrazo, el Monje se sumerge en la nube del no saber. Lo inunda el arrobamiento de la infinitud y sus plegarias alcanzan lo ferviente por vía de la pequeñez.  Al sentirse pequeño e ignorante, vislumbra a veces, la cumbre de la mística. Es una actitud que lo lleva hacia la entrega.  La ignorancia y el Monje hacen hermosos retiros de abandono, de apertura al Dios desconocido, de elevación del espíritu.

–          Mira que interesante lo que me cuentas. Y decime, ¿Qué hace la ignorancia sola, cuando no visita al Monje?

–          Bueno, se inquieta y se confunde, no sabe qué hacer, pierde fuerza. Si la ignorancia pasa mucho tiempo sin visitar al Monje, termina sin quererlo, recibiendo la visita del espanto.

–          Este ambiente central, ¿es triangular o tiene otra geometría?

–          Bueno, la casa es sumamente grande, de muchos pisos y recovecos y tiene hasta sótanos y altillos. Pero lo que te cuento tiene que ver solo con esta sala de estar, en el centro de la casa, cuadrangular.

–          ¿Quién está en el cuarto vértice?

–          No hay nadie.

–          ¿No es extraño ese lugar sin ocupar?

–          Si, podría serlo, pero no tanto porque se desocupó hace poco.

–          ¿Quién estaba?

–          La soberbia.

–          ¿Cómo resultó que abandonó el lugar en habitación tan destacada?

–          La empezó a visitar el fracaso desde la habitación de abajo. Durante mucho tiempo lo hizo espaciadamente. Pero luego comenzó a presentarse más seguido y finalmente casi a diario.

–          ¿Y ella lo recibía?

–          Era reacia por naturaleza a socializar, sin embargo, él le prometía que nunca más volvería y esa ausencia futura la seducía.

–          ¿Y entonces?

–          Una mañana se instaló  con ella y se quedó en el rincón varios días. Pese a que discutían, él no se iba, parecía enamorado. Una tarde fría, cercana ya la noche, la presencia del visitante le resultó tan incómoda, que dejó el lugar. Fue algo sorpresivo pero no del todo incomprensible, porque si bien ambos eran capaces de violencia; el fracaso golpeaba en todo el cuerpo, tenía más pericia, dejaba molido a sus oponentes. Yo creo que ella, sabiéndolo, decidió no luchar.

–          Y él, ¿Por qué no ocupó su lugar? Estar en esta habitación implica cierto ascenso.

–          Quiso quedarse, pero no pensó que un fugaz encuentro con el espanto lo dejaría tieso. Fue un cruce casual, rápido, ambos de paso en el centro del salón. Pero no lo resistió, murió en el acto.

–          ¿Murió el fracaso?

–          No caben dudas; hasta hubo que llamar al arrepentimiento para que desinfectara porque empezó a largar olor.

–          ¡Ah!… ¿y no volvió, satisfecha, la soberbia?

–          Nadie sabe de ella, se ignora la sala donde se instaló o si continúa con vida. Por otra parte, no sé si alguien querría ocupar lugar tan trágico de modo permanente.

–          Bueno, pero tú a veces lo habitas.

–          Solo por un rato y para observar al Monje mientras reza. Eso me fortalece para mis recorridos.

–          ¿Cómo te haces llamar aquí?

–          Testigo.

maximo confesor
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Breve tratado de oración contemplativa

Virgen Eleusa o de la Ternura

PARA BUSCADORES SOLITARIOS DE DIOS

Algunos consejos a la hora de usar una imagen

Una imagen es una obra de arte destinada a propiciar la oración y la contemplación. No es por lo tanto un objeto de decoración o de adorno.

Ha sido creada para ayudar a los creyentes en la plegaria individual, familiar o de pequeños grupos.

Mantenla oculta siempre que no estés en oración y evita que lo profanen miradas de otras personas o las tuyas propias cuando no estás orando.

No es un objeto para enseñarlo a las amistades ni una decoración exótica para la casa.

Es una evocación de lo Sagrado a través de una imagen.

Antes de elegir un icono, una imagen o una figura, mira bien si realmente evoca en ti lo Sagrado. No tengas prisa en elegir. Tómate todo el tiempo que haga falta.

Un icono, una figura, una imagen, un templo o cualquier lugar de oración no es imprescindible; afortunadamente Dios está en todas partes; pero lo que tienes que ver es si tú lo ves en todas partes. Si es así, no te hace falta ningún elemento externo de ayuda, pero tienes que ser muy sincero y si no es así, y resulta que una imagen, un icono, determinadas iglesias o cualquier otro elemento te ayuda a evocar la presencia de lo Sagrado, entonces es bueno y sabio el que lo utilices.

Algunos consejos sobre la oración

En la oración no se trata de pedir cosas a Aquel que todo conoce. La oración no es para decirle a Dios lo que quieres sino para escuchar lo que Él quiere para ti y que no es otra cosa que compartir lo que Él es: Tranquilidad profunda, Beatitud, Paz, Bondad, Belleza, Amor …

No se trata de pedir cosas sino de comprender que no necesitas nada más que la presencia de Dios y descansar en esa morada llena de sus cualidades.

Antes de orar debes de comprender que detrás de todos tus deseos de objetos o de situaciones del mundo, solo hay un deseo: la paz profunda. Y ese deseo último que tanto anhelas y que proyectas en los objetos y situaciones del mundo solo lo puedes obtener en la interioridad. La tranquilidad y la plenitud solo están en tu espíritu, que es el espíritu de Dios.

Una persona se pone a orar cuando ha comprendido claramente la futilidad y la relatividad de todos los objetivos convencionales humanos que, aún teniendo su importancia relativa, no pueden darle la paz profunda, la plenitud que todo ser humano anhela con nostalgia. Es comprendiendo claramente esto, bien sea por la propia inteligencia, o movido por las constantes dificultades de la vida, cuando uno se acerca a la Paz, la Belleza, la Bondad, la Plenitud y la Alegría que proporciona el contacto con lo Absoluto y con lo Sagrado a través de la oración en su calidad más contemplativa.

Sumergirse en el “acto orante” es el síntoma más claro de que se ha llegado al discernimiento (entre lo verdadero y lo falso), al desapego (de las cosas del mundo), a la sumisión (a la presencia de Dios), a la humildad (respecto a nuestra capacidad humana), a la sabiduría (habiendo comprendido donde está la plenitud y el gozo verdaderos), a la caridad (al abrazar en nuestra oración a toda la creación), y a todas las demás virtudes… Todas las virtudes están contenidas en la oración.

Orar es un acto simple de colocación ante la presencia de lo Sagrado.

No te compliques con rituales ni con palabrería o con lecturas excesivas. Orar es muy sencillo, no hace falta que te leas todos los libros que hay sobre el tema. Se trata de orar, no de leer sobre ello. Vale más un minuto de presencia en lo Sagrado que un año de lecturas sobre la oración.

El rato de oración es un paréntesis de tranquilidad en tu vida. Nunca tengas prisa. La prisa, la ansiedad, la complicación y la dispersión son los mayores enemigos del espíritu. Mantenlos a raya cueste lo que cueste. Nunca te dejes llevar por ellos. Mantente todo el tiempo que haga falta hasta que reconozcas la presencia de lo Sagrado. Esto puede llevarte desde unos pocos minutos hasta horas. Ten paciencia y espera.

Evita hacerlo de manera mecánica y rutinaria; hazlo, no por obligación, sino por devoción. Eso te coloca en una actitud y en una atmósfera totalmente diferentes.

El pensamiento racional puede llegar a ser un gran enemigo del espíritu. No pienses, razones ni elucubres sobre lo que haces. Simplemente hazlo; simplemente reza. Entra en esa atmósfera, no pienses sobre ella. El pensamiento no entiende esos estados y antes, durante o después de la oración, pondrá todo tipo de impedimentos y de razonamientos haciéndote ver lo absurdo de la práctica. El pensamiento empleará todo tipo de argumentos de lo más convincentes e ingeniosos. ¡No hagas caso al pensamiento! Diga lo que diga la mente, tú continúa con tu práctica de oración.

Ten en cuenta que esto te sucederá, incluso, después de muchos años de práctica y de frecuentación de esos “lugares del Espíritu”. Muchos son los testimonios de personas de oración y de vida interior que así lo confirman. Nunca hagas caso a esos pensamientos. La mente pensante, hiper desarrollada en las personas actuales, no puede abarcar ciertas moradas y se resiste con todas sus fuerzas poniendo una barrera que debemos vencer con perseverancia e inspiración.

* * *

Enciende una vela delante del Oratorio y siéntate en el suelo, con las piernas cruzadas, sobre los talones o en un banquillo, según prefieras.

Puedes permanecer así desde unos minutos…. hasta el día entero. No hay límite para la adoración. Acuérdate del consejo evangélico de «permanecer en oración constante».

Preferentemente puedes rezar el Santo Rosario o el Ave María, haciéndolo con tranquilidad y dejando que en tu alma se reproduzca la receptividad de la Virgen María ante el anuncio del Ángel.

También puedes emplear una invocación más simple como por ejemplo:

AMOR PADRE DIOS ¡¡ TE AMO !!

La repetición se irá uniendo, poco a poco, a la respiración: AMOR al tomar aire, AMOR al expulsarlo.

Puede llegar un momento en el que el aliento en sí, se transforma en oración. El contenido de la palabra se trasvasará al aliento, al cuerpo y al mundo. Entenderás lo que es «ver a Dios en las formas y las formas en Dios».

Si decides usar otra plegaria, mira que sea una sencilla frase o palabra que evoque en ti lo Sagrado y que repetirás con tranquilidad dejándote impregnar por su sabor.

Puedes centrar tu atención en el corazón. Eso enraíza la oración en el cuerpo y despeja a la mente del continuo pensamiento. De esa manera el espíritu se “corporaliza” y el cuerpo se “espiritualiza”. En el corazón vivirá entonces una llama orante permanentemente encendida; como una luz que señala donde hay un “templo vivo de Dios”.

Puedes abrir los ojos de vez en cuando un momento y mirar a la imagen que te inspira, de manera que añadas un impulso más hacia las alturas a través de la visión.

No fuerces la plegaria, ni mucho menos la respiración. Una de las claves fundamentales de la oración está en aprender la manera en que la plegaria “suceda” por sí misma, a su propio ritmo, “se rece” en ti, lo mismo que la respiración “ocurre” sin ningún esfuerzo.

Los momentos más propicios para la oración son el amanecer y el anochecer (los tradicionales momentos de Laudes y Vísperas), pero puedes hacerlo en cualquier otro momento del día o de la noche.

Con el tiempo la oración se irá haciendo continua en tu vida, tanto la «Oración Verbal» cuando sea posible, como la «Presencia en el Sabor de lo Sagrado» que se mantendrá como plano de fondo a lo largo de todo el día.

Sobre ese sagrado “lienzo de fondo” verás que se van dibujando las situaciones, los movimientos, las conversaciones, el trabajo etc… Toda tu vida quedará cubierta por el manto de tranquilidad de lo Sagrado e iluminada por la “dorada luz del Tabor”; un gran manto de tranquilidad, lucidez, comprensión y gracia que irá abarcando las situaciones, los paisajes, las personas en cada momento de tu vida.

También con el tiempo esa invocación, ese sabor o esa luz, se mantendrán por la noche durante los sueños.

Si sois una familia, acostumbraros a orar juntos al atardecer o antes de dormir. ¡Apaga la televisión y enciende el Oratorio… tu alma te lo agradecerá!

A los niños les resulta muy fácil la oración siempre y cuando no se les complique con palabrerías inútiles o con doctrinas que no llegan a comprender. Enséñales a orar con el Padre Nuestro o con una invocación simple. Ya tendrán tiempo para doctrina y teología más adelante. Los niños captan magníficamente el “sabor” de lo Sagrado y les deja un recuerdo indeleble en sus almas. Valen más unos minutos de oración contemplativa todas las noches; viendo además el ejemplo de sus padres; que todas las explicaciones teóricas que se les pueda dar. Cuando sean mayores te agradecerán las horas pasadas en esa atmósfera sagrada en vez de viendo la televisión. Habrás sembrado una semilla de paz, alegría y plenitud con unas consecuencias que ni siquiera imaginas ahora.

Si en periodos largos de oración sientes molestias en el cuerpo, aprende a moverte muy lenta y armoniosamente. Inclínate hacia delante, hacia los lados o extiéndete hacia atrás. Haz, armoniosa y lentamente, torsiones hacia los lados o cualquier otro movimiento que te alivie las molestias. Aprende a moverte tan suavemente que el movimiento no perturbe el estado de oración. Así el movimiento también será oración e invocación.

De la misma manera que una palabra o una frase pueden invocar y evocar lo sagrado, también un movimiento, un gesto o la evocación visual de una imagen pueden hacerlo. Si sinceramente ese es tu caso hazlo así, pero no lo hagas por estar a la moda o por ser original; mira si eso realmente te sitúa en presencia de lo Sagrado. A fin de cuentas lo que importa es llegar a la presencia de Dios y el vehículo que empleemos para ello será, simplemente, aquel que más nos ayude a ese fin.

Reconocerás la presencia del Espíritu por sus frutos. Ahí donde aparezca una Alegría sin motivo mundano, una Bondad desinteresada, un Amor en estado puro y sin excepciones, una Belleza que todo lo abarca con su manto, una Paz interior y un Agradecimiento independientes de las circunstancias exteriores, ahí estará sin duda el Espíritu.

Cuando aparezca esa Alegría sin objeto, contémplala, quédate mirándola; permanece en esa vivencia durante todo el tiempo que puedas, minutos, horas o días. Cuando aparezca la Bondad, contémplala, quédate impregnándote de esa vivencia; quédate con ella todo el tiempo que puedas. Así con todas las demás cualidades divinas: el Amor, la Libertad, la Misericordia, la Infinitud, el Silencio, la Paz profunda, etc… Conforme vayan apareciendo en la oración, quédate contemplándolas y así irán tomando cada vez más presencia en tu vida.

También reconocerás la presencia de lo Sagrado cuando al intentar describir la vivencia aparezcan las paradojas. Expresiones como: una “vacuidad plena”, una “plenitud sutil”, un “silencio sonoro”, una “densidad ligera”, una “soledad acompañada”, etc. denotan que se ha visitado ese lugar donde mora el Espíritu.

A veces también lo puedes reconocer por algunos cambios físicos: notarás un cambio en la respiración que tomará una calidad “diferente”, más profunda o más intensa o más lenta, según el momento o las personas. Puedes notar también algunos cambios en la calidad de la mirada, o en la relajación de la columna o de los plexos nerviosos. Pero todos estos cambios, si es que ocurren, ocurrirán de manera espontánea y como consecuencia de la profundización, no puedes forzarlos ni fingirlos desde afuera.

De la oración contemplativa al silencio contemplativo solo hay un paso. No fuerces el silencio; llegará de forma natural cuando el alma quede impregnada del Espíritu en una unidad. Entonces, de manera natural, cesará la repetición de la plegaria y te mantendrás en la simple presencia silenciosa. No quieras, por orgullo, llegar a lo más alto y permanece tranquilamente ahí donde Dios te ha puesto y donde puedas sentir su presencia. En estos tiempos es una pena que muchas personas con gran capacidad y vocación de interioridad, por querer llegar directamente al último peldaño de la unión mística…. ni siquiera alcancen el primero de paz interior. El silencio forzado será un silencio “vacuo”, desprovisto de gracia, y que no tiene ningún sentido espiritual. Con frecuencia, incluso, se convierte en algo angustioso. Eso en vez de acercarte al Cielo, te deja a las puertas del Infierno. El silencio en sí mismo no es el objetivo, sino la presencia de Dios. La presencia de Dios viene acompañada de silencio, pero el silencio no siempre es acompañado por la presencia de Dios.

La palabra caerá como una fruta madura cuando aparezca lo que ella invoca. Entonces reposa y descansa en ese Santo Silencio, en esa Santa Presencia. Cuando veas que ese perfume desaparece, cuando veas que vuelve la inquietud o la sequedad, entonces vuelve a la palabra hasta que el fuego se avive de nuevo. Una y mil veces.

Por otra parte no debes forzar la oración verbal, la palabra, cuando veas que el silencio te ha tomado o esté llamando a tu puerta. En esos momentos, incluso la palabra que te elevaba puede convertirse en un estorbo y hacerte descender de esa «ligereza plena». No tengas miedo al silencio. La simple presencia, o el simple aliento son oración cuando están impregnados de Gracia.

Si tienes la bendición de encontrar un maestro de oración aprende de él, será una gran suerte. Desgraciadamente en los tiempos que corren, esto es cada vez más difícil por no decir imposible. Esto no debe desanimarte, confía en la inspiración y en la ayuda del Espíritu Santo y haz el camino en soledad. Si no tienes ayuda en la tierra confía en la ayuda del Cielo. La ayuda para el espíritu llega a raudales a las pocas personas que, en este profanado mundo de hoy en día, optan por una orientación interior. Con el tiempo puede que encuentres a algunas pocas personas como tú. Os reconoceréis enseguida.

Aunque estés en soledad, ponte en camino y ora en soledad. El mundo del espíritu ha estado desde siempre lleno de ermitaños y solitarios, y ahora, con el actual descalabro espiritual, sigue estándolo aunque permanezcan ocultos en las ciudades. Si lo puedes hacer en grupo o en familia hazlo así, pero sea cual sea la situación no dejes de meditar, orar y contemplar lo Sagrado.

No puede un ser humano hacer acto más bello que la oración. Sumergirse en el acto orante es sumergirse en la belleza que encierra dicho acto… El abandono y la entrega al acto orante es la mayor belleza que puede acompañar nuestra vida; esa entrega… esa rendición ante lo que nos sobrepasa…

Uno puede optar por cubrir su vida con un manto de belleza o permanecer en la sequedad, el desasosiego, la inquietud, la fealdad o en la amargura. En algún momento de tu vida tendrás que optar por lo uno o por lo otro, más allá de ideologías, argumentaciones y razonamientos de la mente pensante.

Merece la pena apostar por lo primero y que tu paso por este mundo esté acompañado de la Luz, el Calor y la Belleza de lo Sagrado, convirtiéndote así en un foco de irradiación de esas cualidades para tu entorno.

Si tu impulso y tu vocación son fuertes, esa opción se hará de una vez y para siempre. Pero lo más habitual es que esa opción sea un gesto que se renueva cada día o cada momento del día en una apuesta y una decisión constante.

Hay momentos de “sequedad” interior; cuando la “noche oscura”, el desánimo y la aspereza invaden cada célula. En esos momentos lo mejor es poner orden en la vida exterior y mantener un “mínimo” de oración. Pueden bastar tres minutos a la mañana y tres a la noche. Eso no cuesta ningún esfuerzo a pesar de que estemos en plena “noche oscura”. Aunque te parezca poco, eso es mejor que nada. En esos momentos tienes que ser humilde y reconocerte en tu humanidad. No puedes en ese estado ponerte metas muy altas; se como un niño, Dios no te pide nada más allá de tus posibilidades actuales. Comprobarás como tan solo tres avemarías pueden obrar milagros…

Algunos consejos para cuando se hace oración en grupo

Si en algún momento tienes la bendición de encontrar otras personas que, como tú, también practican la oración contemplativa, puede ser positivo el reunirse para orar en común algún día de la semana o quizás en períodos más largos como un fin de semana.

Cuando varias personas se reúnen es necesario un mínimo de estructuración para que la reunión pueda ser espiritualmente productiva y no termine por ser un desorden y una dispersión totalmente antiespiritual. Recuerda que la belleza y el orden son un reflejo y una cualidad de lo Absoluto.

Al tomar cualquier decisión, hasta la más mínima, o hasta la que parezca sin ninguna importancia, no perdáis nunca de vista el objetivo de «estar en presencia de lo Sagrado». Comprobar si aquella decisión realmente es buena para favorecer la presencia de Dios o no.

Hay que ser muy sincero y muy tajante en esto porque de ello depende la eficacia espiritual del grupo.

Tanto en el caminar solitario como cuando se hace en pequeños grupos, es posible y puede ser incluso recomendable la practica del Oficio Divino o la simple salmodia del Salterio como fuente de gracia, de inspiración y, cuando se hace en grupo, como oración compartida. Esto se puede hacer al comienzo del periodo de práctica y sin que llegue a ser la parte predominante, de manera que la mayor parte del tiempo sea de oración interior.

Los salmos se pueden recitar en grupo simplemente con el tono normal de lectura, pero todavía mejor es hacerlo con la entonación gregoriana que es muy sencilla de aprender y practicar, y que además crea una atmósfera mucho más contemplativa.

En reuniones de varios días, y si esto fuera posible, se puede incluir la celebración de la Eucaristía. Hacerlo de la manera más austera. Hacerlo sin prisa. Que no se pierda el sabor interior orante durante la celebración.

De utilizar cánticos, que sean gregorianos, evitando esa clase de músicas emocionales y dulzonas que se acostumbran hoy en día y que no favorecen para nada la elevación espiritual. No confundáis una subida emocional o sentimental, con la ascensión espiritual. Es mejor no emplear cantos antes que emplearlos mal. Si no conocéis la música gregoriana mejor hacerlo con la simple y austera palabra, y con abundantes momentos de silencio…. la mejor de las músicas.

Al estar en grupo es mejor marcar unos periodos de oración que resulten adecuados para el grupo. Alguien se encargará de marcar el tiempo con un toque de campana y si se hace la salmodia, alguien se encargará de dirigirla mínimamente.

Sobre todo nada de complicación y de dispersión. Lo más simple es lo más eficaz. Si a la simple oración se añaden algunos elementos es con el fin de facilitar la presencia del Espíritu, la inspiración, o el funcionamiento grupal, pero no es para nada obligatorio. Si no es necesario añadir nada, tanto mejor; y si se hace, que sea para mejorar la calidad de transparencia interior no para difuminarlo todo con decoraciones o emocionalidades.

El lema de un grupo contemplativo orante debe de ser el tradicional monástico de «Soledad compartida».

de un Ermitaño Anónimo

El texto fue extraído de:

Contemplatio

Hacia la ermita

Icono de Jesucristo

La capilla del monasterio está construida en piedra.

Grises en su mayoría, algunas más blancas, cobijan restos de liquen aquí y allá. Sus bóvedas y arcadas y su organización geométrica, la delatan gótica. Pero es un gótico desnudo, solo formal. El contenido en extremo sobrio.

La gran cruz central, de roble antiguo, sin la imagen del Salvador, espera vacía que el observador proyecte sobre ella su arquetipo interno.

Los asientos del coro, en dos filas enfrentadas detrás del sagrario, son también de madera, aunque de irreconocible procedencia. Los cubre una pátina de uso, fruto de siglos.

El altar es de roca sólida y está cubierto por un grueso madero rústico, brillante sin embargo por la cera, que en repetidas capas, devotas manos le aplican diariamente.

Todo el conjunto se destaca gracias a la luz oblicua y colorida que deja pasar el único vitreaux del templo.

Las ventanas, altas y angostas, bien ojivales; estrechan el paso de la luz, recostándola precisamente detrás de las columnas.

Esto deja áreas penumbrosas, favoreciendo el recogimiento y haciendo más solitarias las figuras, que en fervorosa búsqueda, continúan quedas después del oficio.

Junto a la puerta lateral que da paso al claustro, destila agua bendita una pequeña fuente normanda, originando el suave rumor líquido que en ecos continuados, recorre la nave central.

Esta gran bóveda embaldosada en granito indefinible, sin mobiliario alguno por orden del Abad; permanece desierto manifiesto, propicio a la meditación, la sumisión y el abandono.

La puerta principal, de cedro rojo y macizo con aldabas de hierro; protege la clausura, que resistió inviolada, alguna guerra y tumultos revolucionarios.

Detrás de ella surge un sendero de grava fina, delicado al paso, que va desdibujándose conforme ingresa al bosque. Allí se difumina, exhalando hojas secas en dirección a la ermita, que como punto sagrado de unión entre cielo y tierra, domina el claro bordeado de jóvenes coníferas.

Desde la ermita

En la ceremonia

Nuestra Madre

En la ceremonia, el ingreso del oficiante se extiende por el pasillo central, mientras las gentes entonan el himno de apertura y los oferentes portan luminarias de alabanza.

El acólito, contrahecho, tullido, arrastra su aparatosa renguera y haciendo torpes movimientos trata de no quedar atrás en todo el procedimiento.

Su presencia tosca, desordenada, desnuda en esfuerzo y afán, rompe cualquier armonía que la solemnidad pudiera ir dibujando.

Y es justamente allí, en la fealdad de sus contornos, donde inesperadamente, se manifiesta lo sagrado.

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Escuela de teología

Traditio et fides


En el patio de atrás

Las nubes blancas y  gordas, brillantes; contrastan fuertemente con el cielo muy celeste y la brisa fría envuelve todo el conjunto.

Los árboles bien verdes, oscilan levemente, parece que respiran.

Dos pájaros alternan cantos, sosteniéndose apenas en extremos exiguos.

De vez en cuando pasa una turba de palomas, partiendo el aire con el sonido de sus alas. Y van y vienen ordenadas, simétricas, regidas por inflexible mecanismo.

Debajo del pasto, las hormigas han hecho un sendero y con ritmo acompasado van llevando su carga.

Me siento cuidadoso y apoyándome en un tronco limpio, siento latir al corazón, que extrañamente, hace coro con todo lo demás.

La Virgen y el silencio interior

 

Icono de La Virgen María y el Niño Jesús
Icono de La Virgen María y el Niño Jesús

La siguiente charla la mantuvimos antes del mediodía. Extraje de ello lo que me pareció mas importante.

Lo dejé solo después de Laudes y me fui  a caminar por el bosque. El se quedó trabajando en sus íconos. Ahora está realizando unos que le han pedido por mi intermedio, en arcilla, que luego me encargo de llevar a hornear a la ciudad. Esta cocción, que se realiza a mas de 1000 grados, deja el diseño en bajo relieve totalmente fijado y apto para durar mucho tiempo. Padre Vasily entonces se dedica al color, aplicando unos óxidos que luego hay que hornear también.

Todo el proceso es trabajoso, pero sus resultados son formidables. Quedan realizadas magníficas imágenes que son aptas incluso para poner en las Iglesias, muy sacras y adecuadas para cumplir la función de todo icono, es decir, facilitar el contacto con lo sagrado. Pero el monje se encarga además de hacer que la imagen y la obra toda, con sus maderas y marcos de soporte, viva un proceso de oración. El reza reiteradas veces mientras va desnudando la forma con sus manos, reza cuando la pinta, cuando la termina, cuando la entrega. Padre Vasily considera que la forma puede albergar algo de las Divinas potencias y que esa influencia positiva puede llegar al fiel desconocido que luego haga oración ante la imagen.

El bosque es muy calmo y solitario. Hace frío y como casi siempre, sopla una brisa que mece la parte alta y mas débil de los pinos. La repetición del Santo Nombre se me está haciendo hábito y estoy empezando a gozar de algunas de sus primicias. Por ejemplo: Cada vez que me olvido de orar y que me preocupo por algo en mi vida de la ciudad, por lo económico o por algún temor o ansiedad, me acuerdo que existe la oración y es como si ya me tranquilizara, antes incluso de empezar nuevamente a hacerla. Me ha crecido mucho la fe y vivo mas confiado, tengo motivos para estar muy agradecido.

A mi regreso, el icono esta listo para ser trasladado, ya embalado y protegido. Al no estar todavía cocido, debo ser extremadamente cuidadoso en su traslado.

–          Acá estoy de vuelta Padre.

–          Ya veo. ¿Y como te fue?

–          Bien. Soy una persona mas tranquila que antes, tengo menos urgencias.

–          ¿Y que te sigue urgiendo?

–          …Mhh, no sé; algo así como un cierto afán de realización total, de consumar la unión con Dios, creo que tengo mucha ambición espiritual.

–          Ya te estás como defendiendo por anticipado. Comunícate con libertad y no andemos timoratos.

–          Si, tiene razón. Lo que pasa es que soy mucho mas feliz que antes Padre, pero por ahí a veces me asaltan temores o inquietudes y me gustaría vivir en la plenitud que conozco por usted o por cosas que he leído…como que tengo ansiedad de que llegue ese momento.

–          Toda ansiedad deriva de la falta de fe. Mejor dicho, toda ansiedad es un deseo de algo, es un querer algún tipo de objeto, material o espiritual, tangible o intangible para consolarnos en el. Pero la única plenitud posible viene de vivir con Dios junto. Todo lo demás es provisorio e insatisfactorio, como ya sabes.

Pero además, vivir en Su presencia no es un objeto que se pueda adquirir como otro cualquiera o un algo que lograr. Vivir en Su presencia es un proceso de la gracia en nosotros y que requiere algo muy mínimo de nuestra parte. Dejarse estar dispuesto a aceptar Su voluntad.

No hay mejor actitud que el “Sí” de la Virgen para la oración contemplativa. Disposición, aceptación e ir guardando todo en el corazón. Ella enseñaba la contemplación. Atestiguar dispuesto a aceptarlo todo y guardando en el corazón toda vivencia.

Y fijate que esta actitud, aparentemente pasiva, poco activa, es la que logra que Jesús actúe antes de la llegada de su hora en las bodas de Caná.

Calladita, calladita, pero la primera señal de Jesús se produce a instancias de ella. Jesucristo se niega y sin embargo ella les dice a los servidores: “Hagan lo que Él les dice” y Nuestro Señor lo hace. Yo no soy teólogo ni intérprete bíblico adecuado, pero a mi me parece personalmente que ese significado es muy correspondiente a lo que sigue en todo el Evangelio después. Y esta particular deferencia de Jesús hacia ella nace de la profunda intimidad de corazones entre ambos, nace del atestiguamiento de María.

Y fijate que luego, al pie de la Cruz, ella llora su dolor y a través de sus lágrimas calladas consuma su contemplación. Todo contemplativo termina llorando los dolores del mundo, la caída propia y ajena y es ese dolor, el que misteriosamente, redime, al contemplativo y al mundo.

–          O sea Padre, ¿que usted reza como María?

No, yo intento rezar como María, es un modelo de conducta inestimable para mí. Hay todo un problema con esto de los modelos de referencia hoy en día. Suelen presentarse a los jóvenes, desde el seno mismo de la Iglesia, modelos armados fuera de la necesidad sicológica y espiritual de la etapa que atravesamos. Incluso yo recuerdo un canal de televisión que tuve oportunidad de ver un día en la sala de estar de la hospedería, un programa católico, muy bien intencionado, que presentaba a unos jóvenes mirando al cielo con una cara de embeleso mal actuada, no sentida.

Me preguntaba a cuantos jóvenes atraería semejante modelo.

El joven necesita modelos heroicos, de entrega valiente y generosa, que aunque puedan transitoriamente llevarlo a veces, al terreno del crecimiento del ego; tarde o temprano lo depositan en el anonadamiento del sí mismo y en la entrega. Pensá en Charles de Foucauld, en San Francisco de Asís, en San Roberto de Molesmes.

Creo que el resurgir Trapense en América entre los cuarenta y los años sesenta, tuvo mucho que ver con la obra del Padre Raymond, “Tres Monjes Rebeldes”. Esa obra, según mi criterio, llevó mas vocaciones a los trapenses que cualquier otra acción de los últimos tiempos.

Presentar una visión poniéndose en el lugar del modelo y de su entrega, de su heroísmo. Fijate en San Pablo, era tan decidido aun en el error, que se le manifiesta El Señor. Pero a mi ver, fue su entrega lo que llama al Señor al camino de Damasco. Pablo defendía a su Dios de los Nazoreos y se le iba la vida en ello.

Debemos mejorar nuestro modo de evangelizar. Hay que destacar la valentía del dejar todo, del abandono. Después, eso nos lleva solitos a darnos cuenta que no hay mérito alguno en nosotros. Pero, quizás al principio es necesario.

Al rato, oramos y comimos frugalmente, en silencio. Yo tenía todo listo para irme y eso me teñía las cosas de cierto dolor angustiado. Me quedaría a vivir en las cercanías del Padre Vasily sino fuera porque debo esperar a resolver la situación de la familia, según su orientación. Se me ha hecho dependencia de su palabra y de su presencia. Lo amo y lo reverencio con sentimiento filial. El me mira y yo creo que sabe lo que pasa en mí. Sonríe, pone una mano en mi hombro y dice:

Uno no debe preocuparse de nada. Uno debe ser consciente de que todo nos viene de Él y todo será según Su voluntad…¿de que preocuparse? Confiar y si no confío, pedir la confianza. Vos ya tienes pruebas suficientes en tu vida de la bondad de Dios y de su Providencia mas inteligente de lo que podemos imaginar. Uno cree que el bien de uno es aquello y resulta que es esto otro y uno después se da cuenta; cuando Dios ya nos dio lo que necesitábamos y tuvo que aguantarse nuestras quejas mientras el proceso de la gracia actuaba.

Quedáte tranquilo Mario, te va muy bien y muy bien te va a ir en la peregrinación por este mundo. ¿Y sabés porque? Porque El Señor es bueno, porque es infinita Su misericordia y porque nunca perdiste tu niñez. La buena fe. La buena intención. El querer el bien. Cierta candidez que tienes y que te ayuda mucho.

–          Gracias Padre. Una cosa más solamente. Yo lo he visto orar, medio de reojo y hemos recitado juntos los Salmos, pero yo sé que usted practica la oración de Jesús y quiero saber de su intimidad en la oración. ¿Qué hace usted cuando se sienta en silencio por horas mirando los iconos? Digo, ¿que hace en su interior? Disculpe el atrevimiento pero sino se puede contestar no se contesta.

–          ¿Y cómo no se va a contestar? ¿Por qué no? Es cierto que hay un espacio absolutamente intimo entre El Señor y cada alma, pero no es que no se deba o no se quiera contar, es que no se puede traducir lo que allí se vive. Eso es críptico, incluso muchas veces para uno mismo luego de la oración. Porque es como que uno cambió de situación o de nivel y ya aquello no le resulta tan accesible. Pero bueno, yendo a tu pregunta. Yo lo que hago es dejarme estar ante El Señor.

Me pongo frente al icono que es una ayuda perceptual para el asno que hay en uno; porque El Señor esta en todos lados, en el tronco sobre el que estoy sentado, está en los árboles y esta en tu mirada y en tu anhelo y hasta en tu pregunta. Pero uno es un asno y el icono ayuda a situarse mental y corporalmente. Es como la gestualidad en la oración; una ayuda para posicionarse interiormente.

Así que yo me dejo estar ante los iconos, sereno la respiración de la agitación que esta viene trayendo por las actividades, repito la oración de Jesús porque me conecta inmediatamente con un espacio sagrado en mi interior y así me quedo, me dejo estar.

No tengo mucho mas que decirte… hay días de mayor silencio interior y días de mas viento, de cierta movilidad y nada, todo esta muy bien porque en ese dejarme estar es cuando Él actúa mas libremente si me permites la expresión. Respecto de lo que preguntabas el otro día, de si hago o no hago peticiones; cada uno tiene su forma… yo trato de contactar con lo que hay en la profundidad del corazón…que son todos buenos deseos por los demás, por todo y por todos.

Porque en la profundidad del corazón esta El Señor y Él Es y quiere el bien absoluto y si se puede decir así… cuando yo deseo el bien para el mundo, estoy deseando con Él, me uno a Él en la Creación del mundo, que continúa a través de la obra salvífica de la gracia.

Pero claro, entiende todo esto como una forma de traducir lo intraducible, porque no es como es la cosa, sino como puede decirse la cosa y lo que puede decirse nunca es la cosa en sí y mucho menos si de hablar de Dios se trata, porque propiamente de Él no podemos hablar, sino a través de figuraciones y de modos que nuestra condición pueda comprender.

Porque Él esta mas allá de todo, porque es lo totalmente otro. Y, a la vez, lo totalmente uno con todos. Uno empieza cuando se mete en este terreno a decir tonteras, todo resulta paradojal, porque son cosas que no se pueden decir; no porque no se deba, sino porque no se puede, hay una imposibilidad de manifestar acerca de la manifestación suprema. Vos leíste a Dionisio Areopagita y sabés de que hablo.

Pero es eso, dejarme estar, hacer lo menos posible, repetir el Santo Nombre y saber callarlo también en el momento donde todo sonido es innecesario y es allí en esa nada innombrable y silenciosa, donde pasan cosas entre Dios y el alma que es lo que dota de significado toda la vida. Uno nunca es el mismo luego de el gran silencio y la vida nunca vuelve a ser la misma; porque El Señor la ha tomado y la va despojando de todo lo que no sea Él.

Y en lo que hace a lo que preguntabas para esa persona que ha puesto en marcha una obra solidaria y que con mucho esfuerzo va llevando adelante, que tiene el deseo de organizar en torno a ello una congregación religiosa nueva y que duda si correspondería; eso depende.

Uno debe pedir el don del discernimiento, la venida del Espíritu Santo que aliente el esclarecimiento verdadero.

Pero puede servir en principio que esa persona se pregunte: ¿Es que en esta obra que estamos llevando adelante hay algún carisma especial, muy particular, difícil de encontrar? Porque si no lo hay, si es una tarea como ya se están llevando adelante en otros sitios, podría sumarse a alguna congregación ya existente que trabaje en esa línea. Podría aportar nuevo aire a gente que ya lo está haciendo y , a la vez, recibir apoyo de estos nuevos hermanos.

Pero si hay un carisma muy específico y particular, una especialización muy determinada, quizás pueda ser una llamada a una fundación nueva. Habrá que verlo.

La vida consagrada siempre es lo mejor. ¿Qué mejor que consagrar la vida a algo? Junto con lo sagrado haré mi vida, eso es vida consagrada. Si la persona puede, si lo puede asumir y pidiendo la gracia siempre se puede; que no dude e inicie el camino hacia la consagración. Pero debería empezarlo en alguna orden o institución ya existente, para aprender y para depurar las motivaciones. Porque a veces el ego mete la cola y lo que parece un carisma es afán de protagonismo o de notoriedad o auto estima. No digo que lo sea, digo que puede ocurrir y ponerse bajo el manto de la obediencia, es buenísimo para esas cuestiones, para depurar, filtrar las cosas.

¿Consagrarse? sí. ¿Empezar una nueva congregación? depende. Primero obedecer, aprender y luego si es un llamado del Señor, se va a develar, se va a discernir. Porque si esa persona se siente atraída hacia la vida consagrada, eso es un llamado. No darle muchas vueltas que hacen falta obreros en la mies. Cada uno con su carisma, si, claro que sí. Pero eso discernirlo desde adentro y no desde la soledad donde el “yo” puede jugar malas pasadas. Ser humilde y aceptar que todo esto puede discernirse consultando con otros de mas experiencia.

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Publicado por Ed. Narcea en

“Dios habla en la soledad”


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