La libertad interior

Este libro pretende abordar un aspecto fundamental de la vida cristiana: el de la libertad interior. Su objeto es muy sencillo: considero esencial que cada cristiano descubra que, incluso en las circunstancias externas más adversas, dispone en su interior de un espacio de libertad que nadie puede arrebatarle, porque Dios es su fuente y su garantía. Sin este descubrimiento, nos pasaremos la vida agobiados y no llegaremos a gozar nunca de la auténtica felicidad. Por el contrario, si hemos sabido desarrollar dentro de nosotros este espacio interior de libertad, sin duda serán muchas las cosas que nos hagan sufrir, pero ninguna logrará hundimos ni agobiamos del todo.

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Estimadas hermanas y hermanos en Cristo Jesús: El próximo lunes 20 de Abril realizaremos un encuentro virtual para los lectores en general y también para quienes participan del curso de Filocalía. Lo haremos Dios mediante, a las 20 horas de España, 15 horas de Argentina, 13 horas de Colombia y 12 horas de México central. Aquí les dejamos el enlace de la aplicación Zoom, en la cual continuaremos, ya que han realizado actualizaciones de seguridad en ella y funciona mejor. Hacer click aquí para el enlace .

La desesperación

“Ya no me aguanto este encierro. A veces siento desesperación, me agarra el miedo y no sé que hacer, es como si fuera a darme un ataque de pánico. Tengo ganas de gritar y no sé cómo calmar mi enojo con “NN” que vive conmigo. Dime una palabra por favor hermano que me ayude”.

Bien. Lo primero es detener la escalada de eso que llamas “desesperación”, que quiere decir “ya no puedo esperar”, uno pierde la capacidad de esperar y eso detona las llamadas crisis de pánico o alteración general que quitan toda posibilidad de situarse en la atención, en un posición consciente que te permita observar y poner freno a las reacciones automáticas.

Aunque parezca una tontería, no hay nada más eficaz al principio que dedicarse a darle un ritmo a la respiración. Sucede que respiración y frecuencia de los pensamientos van juntos. Son como los asientos del “subibaja” o balancín al que jugábamos cuando niños. La respiración es la manifestación más evidente de lo que ocurre en la mente y a la inversa también vale. Si la respiración es lenta y profunda no es posible que haya pensamientos agitados, no hay forma. De tal manera, es más sencillo dedicarse a darle un ritmo pausado al respirar, que intentar modificar los pensamientos desesperantes.

Lo primero entonces es darle profundidad y espacio al respirar, a ello debe dedicarse toda tu atención los primeros minutos. Suave y profundamente respiras, una y otra vez, hasta que en dos o tres minutos notas ya claramente un cambio en el descontrol en el que te hallabas inmerso, algo vuelve a ti, un cierto centrado que te devuelve tu humanidad, te pone atento en tí. Allí mismo empieza a repetir la oración de Jesús o la frase que a ti te resulte más entrañable y querida. Esa que te dulcifique el corazón, que te traiga la memoria del cobijo, del abrazo del amado de nuestra vida, Dios nuestro Señor.

Allí, ya se empieza a ganar la batalla. Respiración y oración se van alternando en la atención y me doy cuenta que yo me encuentro detrás de la alteración, que no soy la respiración ni soy la oración; me descubro como el espacio de silencio en el cual se dan el aire inspirado y espirado y el Santo Nombre que va y viene inundando de gracia todo lo que soy. Persiste allí, relaja el cuerpo que estaba tenso queriendo controlar en angustiada defensa lo que consideraba su final inminente. Deja tus cuidados en Dios; hazte consciente que tu vida en Él está sostenida y en nada más. Por más que parezca que tu salud depende de esto y de aquello, sabes que en definitiva, nada ocurre si Dios no lo quiere. ¿Cómo podría algo suceder sin el conocimiento de quién creó todo lo existente y de quién todo lo sostiene?

Descansa, el amor todo lo puede. Apóyate en Él a quién conoces bien a través de cada momento de paz y felicidad. Es él mismo quién yace como fondo de la desesperación, del miedo y del dolor. No temas, aunque no lo parezca a nuestra mente, nunca sucede nada malo, todo es para bien. No te dejes atrapar por la ilusión del control, de aquella voz que dice que las cosas dependen de ti… permite que la confianza inunde tu alma, abraza en tu corazón la resurrección del Cristo cósmico, de esa certeza inmutable que nunca muere; reconoce en todos los abrazos que ocurrieron en tu vida la misma calidez, el mismo amparo, la misma seguridad y abrigo. Repite junto al salmista:

¡Mi refugio está en el Muy Alto, mi amparo junto al Altísimo!

Texto propio del blog

Enlaces:

Blog del Padre José

La mirada contemplativa

Undécima clase de Filocalía

Estimadas/os en el amor a Cristo Jesús: Como os habíamos prometido, a raíz de la continuidad del confinamiento en España y otros países, ofrecemos una nueva clase de Filocalía para todos los lectores del blog sin restricción. Cualquier duda o consulta podéis comunicaros a través de los comentarios en esta misma publicación. Un saludo fraterno para todas/os invocando el Santo Nombre de Jesús resucitado.

El Pseudo Simeón

Haz click aquí para ir al Pseudo Simeón en Filocalía

Aquí debajo el audio del texto en el que se basa la 11° clase de Filocalía

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Una Pascua Nueva

Estimadas hermanas y hermanos en el amor a Cristo Jesús: Gracias por acompañarnos y compartir con nosotros el camino del Santo Nombre hacia la paz del corazón. Elevamos la voz de nuestras almas hacia el Señor de las alturas, para que nos fortalezca en la confianza, para que podamos entregarnos a Su designio y para que comprendamos el sentido profundo que nos muestra la evidencia: Todo es para bien. Un abrazo para todos en medio de la luz pascual.

Lockdown

Poema del Hermano Richard Hendrick

Sí, hay miedo.

Sí, hay aislamiento.

Sí, hay compras de pánico.

Sí, hay enfermedad.

Sí, incluso hay muerte.

Pero,

dicen que en Wuhan después de tantos años de ruido

puedes escuchar los pájaros otra vez.

Dicen que después de sólo unas semanas de silencio

el cielo ya no está lleno de humo

Es azul y gris claro.

Dicen que en las calles de Asís

la gente se está cantando

a través de las cuadrados vacíos,

manteniendo sus ventanas abiertas

para que los que están solos

puedan escuchar sonidos de familia alrededor.

Dicen que un hotel en el oeste de Irlanda

ofrece comidas gratis y entregas a domicilio.

Hoy una mujer joven que conozco

está ocupada difundiendo folletos con su número

a través del barrio,

para que los ancianos tengan alguien a quien llamar.

Hoy iglesias, sinagogas, mezquitas y templos

se están preparando para dar la bienvenida

y refugio a los sin hogar, a los enfermos y a los cansados.

En todo el mundo la gente se está desacelerando y reflexionando.

En todo el mundo las personas miran a sus vecinos de una manera nueva.

En todo el mundo la gente está despertando a una nueva realidad.

A lo grande que realmente somos.

Al poco control que realmente tenemos.

A lo que realmente importa.

Amar.

Así que rezamos y recordamos que…

Sí, hay miedo.

Pero no tiene que haber odio.

Sí, hay aislamiento.

Pero no tiene que haber soledad.

Sí, hay compras de pánico.

Pero no tiene que haber maldad.

Sí, hay enfermedad.

Pero no tiene que haber enfermedad del alma.

Sí, incluso hay muerte.

Pero siempre puede haber un renacimiento del amor.

Despierta con las decisiones que tomas en cuanto a cómo vivir ahora.

Hoy, respira.

Escucha, detrás de los ruidos que produce el pánico.

Los pájaros están cantando de nuevo,

El cielo se está despejando,

La primavera está llegando,

Y siempre estamos abarcados por el amor.

Abre las ventanas de tu alma

y aunque no seas capaz

de tocar a través de la plaza vacía,

Canta.

5° Meditación de Semana Santa

Ánimo, con Dios nada está perdido

Para mí la vida es Cristo…

Homilía antes de partir al exilio – San Juan Crisóstomo

Muchas son las olas que nos ponen en peligro, y una gran tempestad nos amenaza: sin embargo, no tememos ser sumergidos porque permanecemos de pie sobre la roca. Aun cuando el mar se desate, no romperá esta roca aunque se levanten las olas, nada podrán contra la barca de Jesús. Decidme, ¿qué podemos temer? ¿La muerte? Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. ¿El destierro? Del Señor es la tierra y cuanto la llena. ¿La confiscación de los bienes? Sin nada vinimos al mundo, y sin nada nos iremos de él. Yo me río de todo lo que es temible en este mundo y de sus bienes. No temo la muerte ni envidio las riquezas. No tengo deseos de vivir, si no es para vuestro bien espiritual. Por eso, os hablo de lo que sucede ahora exhortando vuestra caridad a la confianza.

¿No has oído aquella palabra del Señor: Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos? Y, allí donde un pueblo numeroso esté reunido por los lazos de la caridad, ¿no estará presente el Señor? Él me ha garantizado su protección, no es en mis fuerzas que me apoyo. Tengo en mis manos su palabra escrita. Este es mi báculo, ésta es mi seguridad, éste es mi puerto tranquilo. Aunque se turbe el mundo entero, yo leo esta palabra escrita que llevo conmigo, porque ella es mi muro y mi defensa. ¿Qué es lo que ella me dice? Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Cristo está conmigo, ¿qué puedo temer? Que vengan a asaltarme las olas del mar y la ira de los poderosos; todo eso no pesa más que una tela de araña. Si no me hubiese retenido el amor que os tengo, no hubiese esperado a mañana para marcharme. En toda ocasión yo digo: «Señor, hágase tu voluntad: no lo que quiere éste o aquél, sino lo que tú quieres que haga.» Éste es mi alcázar, ésta es mi roca inamovible, éste es mi báculo seguro. Si esto es lo que quiere Dios, que así se haga. Si quiere que me quede aquí, le doy gracias. En cualquier lugar donde me mande, le doy gracias también.

Además, donde yo esté estaréis también vosotros, donde estéis vosotros estaré también yo: formamos todos un solo cuerpo, y el cuerpo no puede separarse de la cabeza, ni la cabeza del cuerpo. Aunque estemos separados en cuanto al lugar, permanecemos unidos por la caridad, y ni la misma muerte será capaz de desunirnos. Porque, aunque muera mi cuerpo, mi espíritu vivirá y no echará en olvido a su pueblo.

Vosotros sois mis conciudadanos, mis padres, mis hermanos, mis hijos, mis miembros, mi cuerpo y mi luz, una luz más agradable que esta luz material. Porque, para mí, ninguna luz es mejor que la de vuestra caridad. La luz material me es útil en la vida presente, pero vuestra caridad es la que va preparando mi corona para el futuro.

Dos enlaces para hoy

Aquí la película Garabandal – Sólo Dios sabe –

Meditaciones de Semana Santa

Tratado de la sobriedad y del cuidado del corazón

¿Qué es la atención, cuáles son sus propiedades?

Escuchadme bien. La atención es la señal de la penitencia cumplida; la atención es la llamada del alma, el odio hacia el mundo y el retorno a Dios. La atención es el despojamiento de las pasiones para revestir la virtud. La atención es la certidumbre indudable del perdón de los pecados. La atención es el principio de la contemplación, su base permanente. Gracias a ella, Dios se inclina sobre el espíritu para manifestarse a él. La atención es la ataraxia del espíritu, su fijación mediante la misericordia que Dios otorga al alma.

La atención es la purificación de los pensamientos, el templo del recuerdo de Dios, el tesoro que permite soportar las pruebas. La atención es la auxiliar de la fe, la esperanza y la caridad. Sin la fe, no se soportarán las pruebas que vienen de afuera; aquel que no acepta las pruebas con alegría no puede decir al Señor: «Tú eres mi refugio y mi asilo» (Sal 3, 4). Y si no coloca su refugio en el muy Alto, no poseerá el amor en el fondo de su corazón”.

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10° Clase de Filocalía – Nicéforo, El Solitario

Eucaristía del Domingo de Ramos