La fuga cotidiana

Ejercicios de Cuaresma 2020

Buenas noches, agradezco a Dios estos ejercicios de Cuaresma. Dios los bendiga. En Cuaresma el ayuno me cuesta, es increíble cómo se repite ésta situación cada año. Me determino a vivir la Cuaresma y en esto soy débil, quizás lo intento y lo logro a la mañana y durante la tarde no puedo. Bendecido descanso para todos. (Guaita María de Los Ángeles)

A todos nos cuesta hermana. Nuestras debilidades y dependencias se nos hacen evidentes cuando intentamos modificar los hábitos y es muy notable en lo alimentario. A veces es mejor empezar de a poco, suprimiendo esto o aquello en la comida, conscientes de nuestra debilidad y no pretender demasiado. Lo progresivo puede ser luego ocasión de un hábito nuevo más estable.

Una cosa que ayuda mucho y que practicaba un hermano muy querido por nosotros: Unir el ayuno a la limosna. De tal manera era sistemático, que aquello de lo que se privaba en el día lo acercaba a una familia cercana al convento al atardecer, antes de la misa. Al avanzar la cuaresma, otros hermanos se sumaban y lo asistían. Aquel “pequeño” gesto se transformó luego en un comedor permanente (Se sirve una merienda) en una dependencia cercana al monasterio y se continúa hoy durante el año ya con toda una organización y asistencia laical. Esto puede ayudarnos a encontrar más fuerza.

El ayuno, tiene varios sentidos y está cargado de significado, como iremos viendo a través de escritos, homilías y testimonios en toda la historia cristiana. Uno de ellos es hacernos conscientes de nuestra esencia espiritual, capaz de imponerse sobre lo corporal. Aprendemos que los impulsos automáticos del cuerpo no son superiores ni más fuertes que las inspiraciones que la gracia habla en nuestro corazón. Todo avance por pequeño que sea nos va entrenando y convenciendo de esta realidad. Un saludo fraterno en Cristo Jesús.

Aquí debajo el audio de Carolina

Y aquí el texto sobre “La fuga cotidiana”

La avidez

Evangeli.net

Anestesia general

Ejercicios de Cuaresma 2020

Ayuno del cuerpo y ayuno de la mente… el ayuno es un cierto vaciarse. Sucede que cuando no sentimos a Dios con nosotros, cuando nos parece estar separados de Él por no percibir la divina presencia en el cotidiano, vivimos en estado de carencia. Esta carencia se manifiesta como angustia, tristeza, preocupación, ansiedad o inquietud en general. Puede mostrarse también como temor, fastidio o aburrimiento, también como una sensación de “sin sentido” en el transcurrir.

La comida viene a ser el “anestésico” general más a mano. Comer, saborear y hasta digerir, nos proveen de una saciedad que viene a sustituir, por un corto tiempo, la plenitud que siempre anhelamos y que nos cuesta encontrar. En el plano de la mente, la actividad de atender a los pensamientos que vienen y van sin detenerse nunca, viene a ser la “comida” mental. Estar en los pensamientos nos saca del instante y nos torna ausentes de nosotros mismos, de los demás y de lo sagrado que permanece como fondo de la existencia.

La comida y los pensamientos son las drogas adictivas de uso más extendido y arraigado en todo el mundo. La particular astucia de estas “sustancias” es que no pasan como tales, no se identifican como drogas alienantes que favorecen la fuga hacia la nada. Son opioides aceptados e inadvertidos. Por supuesto que no hablamos de la alimentación necesaria ni de los pensamientos funcionales a la actividad presente; sino de aquella ingesta y divagación distractiva que nos adormece y nos hace extraños al ahora. En ese ahora está Dios presente envolviendo de luz el mundo y están los demás, hijos de Dios como nosotros, a quienes damos por sentados y solemos desatender o ignorar sino sirven a nuestros intereses.

Quizá podamos hoy comer un poco menos de aquello que tanto nos gusta y divagar un poco menos en aquel ensueño que tanto nos atrae. Probemos con humildad y sabiendo nuestra debilidad, de poner el Nombre de Jesús como reemplazo de aquello que suprimimos. Pidamos liberarnos de tantas adicciones que nos ausentan de Su amor siempre presente en innumerables formas.

Tres sitios para seguir el Evangelio del día

Evangelio del día

Evangelio de hoy

Hozana

Ejercicios de Cuaresma 2020

Estimadas/os en Cristo Jesús: Con todo gusto iniciamos hoy los ejercicios de Cuaresma 2020, buscando entre todos la purificación necesaria del alma, para acercarnos a la pureza del corazón, ese estado de gracia que nos permite compartir la resurrección de Cristo y convertir nuestra vida de manera radical. ¡Qué lejos estamos de ser verdaderos discípulos de Jesús! Y, sin embargo, si nos dejamos actuar por Él, estamos tan cerca…

Dios mediante, cada día postearemos un texto, un audio o un vídeo y será a través de vuestra participación en los comentarios como iremos entre todos preguntando y respondiendo para aclarar nuestras dudas y despejar el camino. Que la oración de Jesús nos unifique en el mismo amor.

El texto que algunos de ustedes conocen “Tres cuentas y un collar” nos permite establecer tres criterios firmes para evaluar nuestro caminar en dirección a la Pascua. En los tres próximos días abordaremos el significado interior del ayuno, de la oración y la limosna para una verdadera conversión. Un saludo fraterno para todos.

Aquí debajo el audio de Carolina

La imagen del post fue extraída de infoans.org

Texto del audio (Tres cuentas y un collar)

Texto sobre el ayuno y la oración

¿Cómo vivían los primeros cristianos la cuaresma?

Retiro del Peregrino – 2° día

Teoría y Práctica

Os agradecemos cualquier donación que podáis hacer, por mínima que sea, ya que de ese modo podemos dedicar cada vez más tiempo a esta labor que hacemos con mucho gusto. Aquí la página a tal efecto: Donaciones

Aquí el Evangelio del día

Retiro del Peregrino – 1° Día

Teoría y Práctica

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Evangelio de hoy 27 de Febrero – Mateo 9, 14 – 15

14 Entonces se acercaron los discípulos de Juan y le dijeron: «¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?».

15 Jesús les respondió: «¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.

El retiro del Peregrino Ruso

Estimadas/os en el amor a Jesucristo. Antes de iniciar los ejercicios propios de Cuaresma, habilitaremos para todos, los vídeos expositivos del retiro del Peregrino Ruso, que realizáramos los días 2, 3 y 4 de diciembre de 2019. Aunque en aquella ocasión también hubo encuentros virtuales que ayudaban a intercambiar sobre los temas, creemos que puede servir igualmente para ustedes seguir la parte teórica y práctica de dicho retiro. Si lo desean pueden compartir y participar a través de los comentarios. El día lunes iniciaremos los ejercicios específicos de la Cuaresma mediante audios y ocasionalmente videos. Entre todos podemos apoyarnos en este tiempo de purificación, reflexión y conversión profunda. Saludos Fraternos invocando el Santo Nombre de Jesús.

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Blogs del día:

Munaysonqo

Evangelio del Día

Seamos parte del misterio

Estimadas hermanas y hermanos en el amor a Cristo Jesús: En este tiempo de reflexión, purificación y conversión que hoy iniciamos litúrgicamente, os proponemos recorrer juntos estos días hacia el misterio supremo de nuestra fe, el significado profundo de la muerte y de la resurrección; que no son parte del pasado sino que se actualizan en nosotros si nos abrimos a la acción de la gracia, ese factor imprescindible para una conversión de vida. Os dejamos aquí cuatro textos breves, mensajes de cuaresma de diferentes años, de cuatro pontífices diferentes. Encontramos en ellos mucho material para aprovechar en estos días de Cuaresma.

Volver al misterio con la mente y el corazón

La fe como respuesta

Despojarse de sí mismo

Ruptura con el apego

Como siempre, agradecemos vuestros comentarios, aportes, reflexiones y consultas. Apoyarse, sostenerse, alentarse mutuamente es hoy más necesario que nunca, en un mundo que parece ir cada vez más rápido hacia una exterioridad vacía en lugar de hacia una interioridad plena. Ese mundo lo hacemos nosotros, somos partícipes de lo que ocurre. Anclados en el Santo Nombre de Jesús, permitamos la expresión de los talentos que nos han sido dados en favor de una nueva humanidad. Un saludo fraterno a todos.

La imagen del post es de “La mirada contemplativa”

El velo de las pasiones

Fragmento de “Espiritualidad en Filocalía”, de Javier Melloni

… El punto de partida es la oscuridad y la ignorancia. Una ignorancia muy diferente de la que se encontrará al término del camino. Porque la ignorancia de los inicios está envuelta en tinieblas, mientras que la otra, la sublime Ignorancia del término, está envuelta en luz, en una deslumbrante Luz divina, tal como veremos.

La ignorancia del comienzo no es accidental, sino que es un estado en que se encuentra el mundo tras la Caída Original. Para los Padres filocálicos, esta Caída no es una hipótesis teológica, sino un dato de la experiencia. Sin embargo, ese estado «caído» de nuestra naturaleza, ese nuestro estado de pecado, separados de Dios, sólo se puede descubrir precisamente a partir de la experiencia de Dios. Percibir esta separación u opacidad inicial no es evidente por sí mismo, porque estamos sumergidos en las tinieblas, que nos impiden tomar conciencia de ello. Sólo cuando el hombre tiene la experiencia de la Luz de Dios, puede descubrir cuál es su origen y a qué destino está llamado: creado a imagen y semejanza de Dios (Gn 2,26-27), está destinado a restaurar esa imagen y semejanza y a convertirse en Dios por adopción, hijo en el Hijo de Dios.

Dos obstáculos se interponen a este destino: el velo de las pasiones y la espesura de una carne que debe ser liberada, transformada. Las pasiones son una carga pesada que retiene al hombre en los bajos fondos y le impide ver a Dios y verse a sí mismo. Las pasiones habitan la carne, pero la carne es otra realidad distinta de las pasiones. La carne, como el mundo, no es mala por sí misma, sino que está llamada a transfigurarse ya en esta vida, a participar de la irradiación del Cuerpo resucitado de Cristo. El mal está sólo en las pasiones, que retienen a la carne en su tiranía:
«A causa de la pasión por el dinero, de la vanagloria y del placer, es por lo que hemos recibido la orden de no amar al mundo ni nada de lo que hay en el mundo; no para odiar sin discernimiento a las criaturas de Dios, sino para extirpar de raíz las causas de estas tres pasiones», dice Marcos el Asceta con toda claridad.

El alma que está atrapada por sus pasiones «no siente sus heridas y, llevada por un gran vicio y un endurecimiento sin medida, es incapaz de ver el gran mal que hay en ella». Este endurecimiento de corazón es lo que Jesús tantas veces había deplorado en los escribas y fariseos, incapaces de reconocer sus propias faltas, incapaces de percibir la viga que hacía de pantalla en sus propios ojos (Lc 6,42).
Los Padres difieren a la hora de identificar la raíz última de este endurecimiento de corazón, de esta tiniebla que hay en el hombre. Tres son las causas que aparecen a lo largo de sus escritos: la avidez de placeres, el amor de sí mismo y el orgullo. Aquí trataremos de mostrar que, a pesar de sus acentos diferentes, se trata de una misma y única causa, que se desplaza, de la zona más exterior del hombre (el cuerpo y su avidez de placeres), a la zona más profunda (el corazón endurecido por el orgullo), a causa de la absolutización de uno mismo.

Lo importante es percibir la unidad que constituye al ser humano y, a la vez, tratar de descubrir las conexiones de las pasiones (y de las virtudes) con sus diferentes partes. No se trata de separar ni desmembrar la naturaleza humana, sino de distinguir las causas de sus males, para sanarlas, y descubrir las fuentes de sus virtudes, para abrirlas y permitir que fluyan todas sus potencialidades. Tal es la sabiduría de los Padres: son médicos del género humano, perspicaces observadores de ese misterio que somos nosotros para nosotros mismos. …

Fragmento de “Espiritualidad en Filocalía, de Javier Melloni

Hermanas/os en Cristo Jesús: Podéis sumaros al curso de Filocalía en cualquier momento del año ya que se lleva adelante por módulos mensuales no correlativos sino abordando escritos de diferentes monjes.

Texto preparatorio al cursoInfo sobre el curso

bloghesiquia@gmail.com

La respuesta que damos II

Viene del post anterior

¿Pero cómo llegar a construir ese lugar o cómo acceder a él?

No es labor de un día, pero tampoco tiene porque ser muy lenta. La clave es aprender a fundarse en lo permanente y no en lo transitorio. Estar muy atento para descubrir en que cosa estoy fundando mi bienestar. Es preciso acostumbrarnos e ir haciendo real en nuestra vida, lo que afirma nuestra fe. Dice el salmista:

“Yo te amo, Señor, mi fuerza, Señor, mi roca, mi fortaleza y mi libertador, mi Dios, el peñasco en que me refugio, mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte…” (Sal. 18, 2-3)  

Es preciso darnos cuenta de aquello en lo que nos apoyamos cotidianamente. Quizás en la compra de aquel objeto, en lograr aquel reconocimiento, en poder encontrar tal persona, en modificar aquello otro de la casa… No podemos anclarnos en lo que es mudable, transitorio y perecedero. Ninguna situación humana puede darnos la felicidad que anhelamos porque todo lo nuestro tiene la característica de lo variable y lo finito.

Puede ser desagradable escuchar estas cosas. Sobre todo si uno está afirmado en una situación particular. No se trata de desechar lo bueno y valioso de nuestra vida, sino de no poner la base en alguna cuestión particular, que al modificarse, nos deje debilitados. Cualquier alegría de la existencia ha surgido porque antes nos ha sido dada la vida. Esta existencia es el verdadero don y la conciencia de ese existir nos señala en dirección al Creador, al Padre de todo lo que hay.

Tus manos me hicieron y me formaron; instrúyeme, para que aprenda tus mandamientos” (Sal. 119, 73)

Y esta existencia tiene un sentido en función del cual hay que orientar las acciones. Un aspecto importante de ese sentido y significado de la vida, tiene que ver con eso de las respuestas que se dan a los acontecimientos y del papel que uno intenta cumplir, favoreciendo la elevación de todo aquello en lo que participamos.

Continúa en un próximo post

La imagen que encabeza el post fue agregada con permiso del blog “La mirada contemplativa

La respuesta que damos

Diariamente vivimos distintos acontecimientos. Situaciones se van resolviendo y generando de continuo en los diferentes ámbitos en los cuáles desplegamos nuestra intención. Estos aconteceres son de diversa índole y algunos de ellos vienen portando un signo negativo. Son sucesos desdichados o desagradables; pueden ser encontronazos, desajustes, simples desacuerdos y hasta malos entendidos. A veces se trata del fracaso de un proyecto, de una desilusión o de sufrir una injusticia.

Hay algo de suma importancia: la respuesta que demos ante estas circunstancias.

Hay que tratar de que la propia reacción sea siempre superadora en relación a lo recibido. Debo tratar de devolver el bien ante el mal. Por cierto no es más que la enseñanza de Cristo transmitida en el evangelio, lo estamos diciendo con otras palabras, pero es lo mismo. Nos hace falta escuchar lo mismo una y otra vez y de distinto modo, hasta que ocurre que eso que escuchamos llega en nuestro momento correcto y nos sentimos más dispuestos a aplicarlo.

Es como si nos dispusieramos a ser transformadores, un factor transformador. Que todo aquello que entre en nuestro campo de influencia se vea mejorado a través de nuestra actitud. Pero claro, para ello es necesario que uno permanezca situado en un lugar interior que se encuentre al abrigo de las contingencias y de la variabilidad y de toda oscuridad. Vivir desde la celda interior y desde allí dar las respuestas a lo que va aconteciendo.

¿Pero cómo llegar a construir ese lugar o cómo acceder a él?

Sigue en el próximo post

La imagen del Post fue extraída de La mirada contemplativa

El padre Sergio

Hermanas y hermanos en Cristo Jesús: Os dejamos aquí el texto de un cuento de León Tolstoi, muy relacionado con La Oración de Jesús y las vicisitudes de la vida espiritual. No es un cuento breve, pero creemos que será de utilidad. Cualquier intercambio sobre el mismo será bienvenido. La imagen es un óleo que retrata al escritor de N. Gue. Un abrazo fraterno a todos invocando el Santo Nombre de Jesús.

Cuento completo de León Tolstoi

I

Alrededor del año 1840, en Petersburgo, tuvo lugar un suceso que sorprendió a cuantos de él tuvieron noticias: un oficial de coraceros del regimiento imperial, guapo joven de aristocrática familia en quien todo el mundo veía al futuro ayudante de campo del emperador Nicolás I y a quien todos auguraban una brillantísima carrera, un mes antes de su enlace matrimonial con una hermosa dama tenida en mucha estima por la emperatriz, solicitó ser relevado de sus funciones, rompió su compromiso de matrimonio, cedió sus propiedades, no muy extensas, a una hermana suya, y se retiró a un monasterio, decidido a hacerse monje. El suceso pareció insólito e inexplicable a las personas que desconocían las causas internas que lo provocaron; para el joven aristócrata, Stepán Kasatski, su modo de proceder fue tan natural, que ni siquiera cabía en su imaginación el que hubiera podido obrar de manera distinta.

Stepán Kasatski tenía doce años cuando murió su padre, coronel de la Guardia, retirado, quien dispuso en su testamento que si él faltaba no se retuviera al hijo en su casa, sino que se le hiciera ingresar en el Cuerpo de cadetes. Por doloroso que a la madre le resultara separarse de su hijo, no se atrevió a infringir la voluntad de su difunto esposo, y Stepán entró en el cuerpo indicado. La viuda, empero, decidió trasladarse a Petersburgo junto con su hija Várvara a fin de vivir en la misma ciudad que su hijo y poder tenerlo consigo los días de fiesta.

El muchacho se distinguió por sus brillantes dotes y por su enorme amor propio. Fue el primero en ciencias, sobre todo en matemáticas, por las que sentía notoria preferencia, en instrucción militar y equitación. A pesar de su excesiva estatura, era un joven apuesto y ágil. También por su conducta habría sido un cadete modelo de haber dominado sus arrebatos de ira. No bebía, no llevaba una vida licenciosa y era muy sincero. Lo único que le impedía ser ejemplarmente irreprochable eran sus estallidos de cólera, durante los cuales perdía el dominio de sí mismo y se convertía en una fiera. Un día estuvo a punto de echar por la ventana a un cadete a quien se le había ocurrido burlarse de su colección de minerales. Otra vez por poco se hunde irremisiblemente: arrojó un plato lleno de chuletas a un oficial veedor de la Escuela, y, según dicen, lo abofeteó por haberse retractado éste de sus palabras y haber mentido insolentemente. Sin duda lo habrían degradado si el director no hubiera echado tierra al asunto y no hubiera despedido al veedor.

A los dieciocho años lo destinaron al aristocrático regimiento de la Guardia. El emperador Nikolái Pávlovich había conocido a Stepán Kasatski en la Escuela de cadetes, y después, en el regimiento, siguió haciéndolo objeto de su distinción, por lo cual se pronosticaba que Kasatski sería el ayudante de campo del soberano. Kasatski lo esperaba con toda el alma y no sólo por amor propio, sino ante todo porque desde sus años de cadete quería profundamente, con auténtica pasión, a Nikolái Pávlovich. Cada vez que el emperador visitaba la Escuela -lo cual ocurría con frecuencia-, entraba con paso marcial, alto, vistiendo uniforme militar, abombado el pecho, curva la nariz sobre el bigote, cuidadosamente recortadas las patillas, y saludaba con potente voz a los cadetes, Kasatski sentía la exaltación del enamorado, como la experimentó más tarde al encontrar el objeto de su amor. Pero el entusiasmo que sentía por Nikolái Pávlovich era aún más fuerte: habría querido mostrarle que su fidelidad no tenía límites, habría querido sacrificar algo por él incluso su vida. Nikolái Pávlovich sabía que despertaba semejante fervor y lo estimulaba conscientemente. Participaba en los juegos de los cadetes, alternaba con ellos, los trataba ora con infantil sencillez, ora amistosamente o con solemne majestuosidad. Después del último incidente de Kasatski con el oficial, Nikolái Pávlovich nada dijo al cadete, pero cuando éste se le quiso acercar, lo apartó con un gesto teatral y, frunciendo el seño, lo amenazó con el dedo. Al marcharse dijo:

-No olvides que lo sé todo, pero algunas cosas no quiero saberlas. Sin embargo están aquí.

Y señaló el corazón.

Cuando los cadetes terminaron la Escuela y se presentaron ante el emperador, Nikolái Pávlovich ya no hizo alusión al incidente y dijo, como siempre, que todos ellos podían dirigírsele en persona, que debían servirle fielmente, a él y a la patria, y que siempre seguiría siendo para ellos su mejor amigo. Todos se sintieron emocionados, y Kasatski lloró y se juró entregarse en cuerpo y alma al servicio del adorado zar.

Cuando se incorporó al regimiento, su madre se trasladó a Moscú, acompañada de su hija, y luego a la aldea. Kasatski cedió a su hermana la mitad de su herencia. Con la parte que le quedó estaba en condiciones de hacerle frente a las necesidades que imponía servir en un regimiento de tanto rango como el suyo.

Aparentemente, Kasatski era como cualquier otro oficial del regimiento de la Guardia dispuesto a hacer una brillante carrera; pero en su interior se verificaba un complicado y duro trabajo que dio comienzo, por lo visto, en su propia infancia y tomó formas muy diversas, aunque la esencia era siempre la misma: alcanzar la perfección y el éxito en todas las ocupaciones que requerían su concurso hasta ganarse el aplauso y la admiración de las gentes. Cuando se trató del estudio y de las ciencias, trabajó de firme hasta que lo encomiaron y lo presentaron como ejemplo a los demás. Alcanzando un objetivo, se lanzaba a la consecución de otro. Obteniendo el primer puesto en el estudio, y hallándose todavía en la Escuela de cadetes, creyó notar que hablaba el francés con poca soltura y trabajó hasta dominar este idioma tan perfectamente como el ruso. Más tarde se aficionó al ajedrez, y antes de salir de la Escuela logró jugar magistralmente.

Aparte del objetivo fundamental de su vida, que consistía en servir al zar y a la patria, Kasatski siempre se proponía alcanzar algún otro fin. Por insignificante que éste fuera, se entregaba plenamente a su consecución y hasta haberlo conseguido no vivía para otra cosa. Pero, una vez ganada esta meta, un nuevo fin surgía en su conciencia ocupando el lugar del anterior. Este afán de distinguirse y lograrlo entregándose a la consecución de algún objetivo, llenaban por entero su vida. Cuando ingresó en el regimiento se propuso ser un modelo de perfección en el cumplimiento de sus obligaciones, y al poco tiempo llegó a ser un oficial ejemplar pese a sus arranques de cólera, defecto que también en el regimiento lo llevó a realizar actos reprobables y perjudiciales para el buen éxito de su carrera. Más tarde, conversando con personas de la alta sociedad, entendió que su formación general cojeaba en algunos aspectos, y decidió acabar con ello, lo que logró estudiando tenazmente. Se propuso luego llegar a una posición brillante en la alta sociedad, aprendió a bailar de forma insuperable y al poco tiempo lo invitaban a todos los bailes aristocráticos y a algunas veladas. Sin embargo, no se sintió satisfecho. Estaba acostumbrado a ser el primero en todo y en ese terreno se hallaba muy lejos de haberlo logrado.

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La liturgia del ahora

Entiendo los conceptos y las ideas que me transmite, pero siento que no logro llevarlas hacia mi vida concreta de todos los días. ¿Cómo se hace para encontrar y situarse en esa disposición de la que habla?

Veamos con paciencia. ¿De que estado estamos hablando? ¿Que es en definitiva lo que buscamos? Un estado de unión con Dios; un estarse en la Presencia, una paz interior inalterable, no dependiente de los avatares exteriores. Pretendemos esa disposición del ánimo que nos permite advertir el significado de lo que ocurre, percibir el tránsito de lo trascendente en medio de lo cotidiano. Si queremos esa plenitud, esa hesiquía del corazón, es porque ya la hemos conocido. Hemos atravesado esos estados del alma, la dificultad esta en hacerlos estables, contar con ellos como patrimonio disponible, en suma: vivir en Cristo.

Sabemos que la gracia del Espíritu está siempre accesible para quién le abre la puerta… ¿Cuál es nuestra parte? ¿A que aplicar la voluntad para facilitar la acción de lo divino en nosotros? Hay que empezar por lo que se tiene y lo primero que tenemos es el momento en el que estamos. Hay que dejar de lado las consideraciones sobre cuánto hemos pecado o si esto otro o lo de más allá: Debemos abstraernos de todo ello y poner atención, orden y pulcritud en lo que tenemos entre manos en ese instante preciso.

Esta simpleza nos re unifica el alma, nos eleva del estado disperso en que nos encontramos, nos impulsa “hacia arriba” y desde allí, uno puede volver a la oración o tomar nuevamente las riendas de la ascesis por la que venía. Insisto: No importa si nos hemos equivocado, si nos desviamos, si faltamos a los propósitos que con tanto fervor supimos hacer; lo decisivo ahora es retornar, elevarse y para ello hay que tomar el momento presente como herramienta. Sea lo que sea que estés por hacer o que te toque hacer en ese momento, pon atención a la tarea, buscando orden y pulcritud, busca el “bien hacer” en eso que te toca.

Supón que tienes que disponer la mesa para que coman los hermanos en el refectorio o para la cena familiar… Asegúrate de hacerlo bien, paso a paso. Limpia la mesa primero, ubica los platos en la posición correcta para cada uno, atiende a que no falte nada de lo necesario. Hazlo bien, con tendencia hacia la perfección, aunque nos sepamos imperfectos. Y esto no por una escrupulosidad banal, sino porque el poner lo mejor de nosotros en lo que hacemos, nos eleva el alma, nos acerca a Dios. Verás que vuelvo en nuestras charlas, una y otra vez al mismo punto: Hacer las cosas como si de liturgia se tratara. Con unción y reverencia hacia todo y hacia todos.

Y es que en cierto modo la vida es liturgia y nuestro corazón un altar y las acciones que ejecutamos y el modo en que lo hacemos la ofrenda de esta ceremonia existencial. Es un querer reconciliarse con Dios, con los demás y con uno mismo, usando el momento inmediato con el que contamos y la actividad que nos toca realizar en ese fragmento del tiempo.

Esta actitud está a la mano y podemos ponerla, depende de nosotros, si no ponemos eso… no hay excusas. Sea que te  sientas desalentado por aquella caída que una y otra vez te gana de mano, sea que no sepas cómo volver a la oración fervorosa que antes tenías, o que no encuentres claridad en tus metas… nada de eso se interpone ahora, para que apliques lo mejor que tengas en limpiar tu celda o en ordenar esos elementos dispersos del taller de trabajo o en regar prolijamente cada planta del vivero.

Y si fuera el caso de quién trabaja hostigado por los apremios de un ritmo vertiginoso; nada impide que respire profundamente, que acomode con precisión los elementos de trabajo, que atienda con deferencia al que se acerca y que invoque a Jesucristo con la mente aunque sea una sola vez, pidiendo fuerzas y confianza. Porque gran parte de los apremios de afuera, hacen mella en nosotros por los temores que llevamos dentro; que tienen su origen en las apetencias o en las posesiones a las que nos aferramos, para compensar nuestro vacío interior.

Cuando los niños pequeños están aprendiendo a caminar, los padres los agarran de las manos y con cuidado avanzan despacio mientras los impulsan hacia adelante. Pero verás que el niño, como mínimo, va moviendo sus piernas y lanzando pasos inseguros en la misma dirección. Eso se necesita de nosotros al menos. Eso nos compete. Es nuestro margen de libertad; el libre albedrío encuentra aquí gran parte de su sentido, en nuestra colaboración con la gracia de Dios.

Si uno en vez de considerar esto intelectualmente, lo aplica, verá que su estado interior después de haber hecho algo poniendo atención y esmero, es mucho mejor que el que tenía antes. Y comprobará que desde este nuevo escalón, puede acometer nuevos intentos; ya en la oración, ya en la meditación de las escrituras, ya en el trabajo manual, con una disposición anímica mucho más favorable y adecuada para la vida ascética.

Texto propio del blog

La imagen que ilustra el texto fue extraída con autorización del blog :

La Mirada Contemplativa

Homilía dominical del Padre José

La depresión

La depresión es un estado particular del ánimo. Se utiliza el término para agrupar distintas sensaciones tales como tristeza, angustia, falta de vitalidad, desesperanza, ausencia de entusiasmo, visión negativa de si mismo y del futuro, etc.

Es un estado pariente del “sin-sentido”, en el que nada colma y esta carencia contrariamente a lo que pudiera suponerse, no genera el ansia de completitud sino un aumento de la desazón. Esta última palabra -de-sazón- ilustra claramente lo que produce la depresión en el alma: Una falta de sabor, nada tiene condimento y por tanto todo da un poco lo mismo.

Los viejos intereses y proyectos ya no motivan y no aparecen nuevas metas vigorizantes ni las ganas de encontrarlas. Se ha perdido la voluntad y su soporte, el deseo de crecimiento.

Para quién se encuentra en esta situación, la oración de Jesús puede servir de gran ayuda. Uno debe situarse precisamente en la sensación de hastío en que se encuentra sumido por la depresión; uno debe llevar su atención allí mismo, al centro del dolor o de la nada nauseosa de lo gris que atormenta, y desde esa zona interior comenzar la repetición del llamado a la misericordia.

¡Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten misericordia de mí ! ha de repetirse con la conciencia de la sensación que estoy padeciendo. Algo en mí ha dejado de valorar el don de la vida, algo se torció, algo se rindió, he perdido el valor para hacer de la existencia una obra digna, por eso pido misericordia (el acercamiento de Dios al propio corazón).

Apelo a aquél que me ha creado y le pido su asistencia, su ayuda generosa y se la pido desde la nada en la que estoy sumido.

Si se puede mover el cuerpo, caminar haciendo el pedido lo más atentamente posible, sino hay fuerzas para moverse puede hacerse desde la silla o en la misma cama en la que nos encontramos postrados. Se requiere tan solo el acto interior, un movimiento del corazón hacia Dios, una apelación al más Alto.

Ese acto del alma que se abre a la gracia llamando la presencia del Salvador es basta para que todo el panorama cambie. Apenas se sienta la brisa nueva de la esperanza, apenas se advierta un leve cambio del clima en el propio corazón, hay que activarse siguiendo esas discretas mociones, como suaves voces interiores que nos impulsan a acometer nuevas proyectos.

La continuidad en la oración de Jesús y el transcurrir de unos pocos días nos permitirán ya re-ordenar nuestra vida hacia nuevos horizontes despejados y frescos. Quizás descubramos luego de un tiempo más, que aquello que llamábamos depresión no era sino el llamado de Cristo para que volviéramos el rumbo hacia la patria verdadera.

texto propio del blog

Links recomendados:

Nueva vida en Dios

Hacia la contemplación

La oración de Jesús nos libera

Que la verdad es liberadora lo podemos comprobar en todos los ámbitos de nuestra vida. Por ejemplo, en las relaciones con los demás no nos sentimos del todo cómodos si detectamos cierto clima de apariencia o falsedad. Ni el que se comunica de un modo superficial y aparente ni el que recibe la comunicación se sienten cómodos. Uno porque no quiere sentirse descubierto y el otro porque una relación así le provoca desconfianza. Sin embargo cuando estamos con alguien con el que podemos ser como somos y abrirnos y él a su vez deposita esa confianza en nosotros, que gran liberación y bienestar experimentamos ¿verdad?

Nos ocurre igual en nuestra relación con nosotros mismos. A veces esa relación es la que más nos cuesta. Muchas veces no entendemos nuestras reacciones o que es lo que nos ocurre. Nos gustaría vivir en verdad pero dudamos de nosotros mismos, de nuestras verdaderas intenciones o nos sorprendemos descubriendo zonas ocultas de nuestro ser. Y es que este trabajo de vivir en verdad e irnos liberando es un proceso continuo.

En ese camino de búsqueda de la verdad es muy liberador repetir verdades. A veces cuando nos embrollamos mentalmente y quedamos presos de nuestros pensamientos y sentimientos en realidad estamos siendo atrapados por la mentira. En esos momentos si afirmamos algo racional e indiscutible hasta nos sentimos mejor. Es decir, por ejemplo, si un día a consecuencia de un desencuentro con nuestro jefe, o con nuestra familia o en cualquier otra circunstancia hemos sufrido algún daño emocional, podemos sin darnos cuenta empezar a entrar en un bucle de negatividad.

De pronto nos encontramos repitiendo frases como, “Todo lo hago mal, no sirvo para nada, nadie me quiere…” Pero si nos paramos un momento y las analizamos veremos que no son verdades. No es posible que siempre lo hagamos todo mal o que no sirvamos para nada. Si lo analizamos racionalmente nos daremos cuenta de que servimos para muchas cosas y de que hacemos muchas cosas bien. En esos momentos repetir una verdad nos puede ayudar mucho a parar todo ese monólogo que nos está haciendo daño. Si repetimos la oración de Jesús estamos entrando en oración y dejándonos amar por Aquel que piensa que valemos mucho y que nos trata con Amor. Contactamos con el que es todo Amor para dejarnos amar por él y que a su vez nos ayude a amarnos a nosotros mismos.

La gran verdad que estamos repitiendo es: Jesús (al invocarle estamos reconociendo que está vivo y presente entre nosotros) Hijo de Dios (por tanto todopoderoso y capaz de entender y amar todo lo que nosotros no entendemos ni amamos), ten misericordia de mí (con esto reconocemos que es su misericordia y no nuestros méritos los que nos salvan) que soy un pecador (ante Dios nos mostramos como somos y no tenemos que aparentar otra cosa).

¿No es liberador poder presentarnos ante Dios reconociendo lo que Él es y lo que somos nosotros? ¿No nos introduce esta oración en la simplicidad, la sencillez y el Amor?

María Jesús

La hermana María Jesús administra el blog “El Soplo de la vida” y es miembro activo de la Fraternidad monástica virtual

El peregrino, el aviador y el astronauta

Un astronauta desciende de la nave y le preguntas: ¿Cómo son las cosas? Él dice: Pues hay un espacio inmenso que parece infinito, es oscuro muy oscuro pero tachonado de millones de puntos de luz brillante. Hay un sol, una esfera azul muy bonita que es La Tierra y una piedra gris que es La Luna. Y no hay mucho más.

Una persona baja de un planeador y le preguntas: ¿Cómo son las cosas? Él dice: hay campos cuadriculados sembrados de verde, pastizales y pasturas, montañas y valles e inmensas llanuras y lagos. Poblaciones pequeñas y grandes ciudades aquí y allá abarrotadas de gente y muchas nubes. Y no hay mucho más.

Un peregrino se sienta a descansar a la vera del camino y le preguntas: ¿Cómo son las cosas? Él dice: Pues hay árboles que bordean un largo y sinuoso camino, viandantes amables y hoscos, algunos perros te siguen largos trechos. De vez en cuando hay arroyos y algunas aldeas ocasionales. Y no mucho más.

Peregrino, aviador y astronauta tienen distintas percepciones de lo que hay debido a su diferente posición, sin embargo ninguno se equivoca. El peregrino tenderá a enfatizar en el valor del esfuerzo por llegar a destino y del caminar todos los días; el aviador hablará de la mixtura entre su manejo del timón y las corrientes de aire y el astronauta dirá que todo consiste en llegar a órbita y luego dejarse llevar. Y tendrán razón los tres.

Cuando hablamos desde el cotidiano, no podemos negar la percepción del valor del esfuerzo y de la decisión humana; y cuando nos vamos “elevando” con el sentimiento, la oración o la contemplación, tendemos a hablar cada vez más de la gracia y del escaso papel que nuestra libertad tiene en aquellas “alturas”. Pero no se opone una cosa a la otra ni tiene más valor una escala que la otra.

La mayor parte de los conflictos que se generan cuando nos abocamos a discernir el papel de la gracia divina o la voluntad de Dios y el libre albedrío, derivan de una mezcla entre los tres planos de observación antedichos. El conflicto se resuelve si conversamos sabiendo el “desde donde” hablamos.

Por eso dijo muy inspiradamente San Ignacio de Loyola: «Actúa como si todo dependiera de ti, sabiendo que en realidad todo depende de Dios» Benedicto XVI explica el tema aquí abajo, utilizando las parábolas de las semilla que crece por sí misma y la del grano de mostaza.

Angelus, 17 de Junio de 2012

El apremio y el temor

“¿Que hace quien está doce o catorce horas en el mundo de la acción, en un trabajo donde se sufren presiones; yo creo hermanos que no es fácil… como hacerlo? Un abrazo en Cristo.”

Estimado hermano, sin duda que no es fácil. Precisamente esta dificultad puede servir como medio para fortalecernos si sabemos usarla. Debes convencerte, tomar conciencia, de que esta situación que vives es la herramienta para transformarte y para transformar tu vida. Para usar un ejemplo simple: Cuando alguien pierde la vista, termina aguzando el oído, atendiendo mucho más al tacto, se hace perceptivo a los aromas…

Es decir que si estás sometido a presiones laborales habrás de desarrollar un espacio interno de calma, donde no pueda llegar la agitación exterior. Lo primero es ubicarte mentalmente allí, saber que no sales a sufrir en un trabajo agobiante y sin sentido, sino a cultivar tu alma y a fortalecer tu espíritu.  Y esto claro, no como un mero decirse, sino como un modo de hacer interior efectivo y real.

Se trata de que uses lo negativo como palanca interior para elevarte. Veámoslo con algo de detenimiento a fin de que resulte una recomendación práctica y no teórica. Cuando ocurre el suceso determinado, vamos a poner por caso cuando el jefe me dice con cierta agresividad  que me apure a cumplir mi tarea. Allí se abren rápidamente dos caminos. Uno el que es habitual y casi automático, salir impelido con toda ansiedad y preocupación, guiados por el temor a perder el trabajo, a cumplir lo exigido. Respiramos mal, seguramente perdemos eficacia, nos sentimos humillados, en suma sufrimos un acoso laboral y moral del que nos sentimos esclavizados y sin salida.

El otro camino es el de la confianza en Dios. Este camino te hace distender, aflojar el cuerpo mientras más te presionan. Si debes, vas y haces lo que te piden, pero sin el temor de perder el trabajo ya que sabes (recuerdas) que esto depende de Dios y no de la voluntad de tu jefe ocasional. Realizas la tarea lo mejor que puedes, poniendo atención y esmero pero sin prisa. Es más, la experiencia de todos indica que mientras más nos apuramos menos eficaces somos. Todo esto termina en el tema de la fe. No hay posibilidades de vivir tranquilos sin fe en Dios y en que Su providencia que no nos dejará a la deriva. Este es el tema central.

A más presión más debes adentrarte hacia la ermita interior. Si te hostigan y presionan de manera directa, repite interiormente la oración de Jesús o aquella tan buena de Juan Casiano que aconsejaba rezar en todo momento y lugar: “Dios mío ven en mi ayuda, apresúrate Señor a socorrerme”. Por supuesto, que también las personas vivimos un arrastre de opciones antiguas que hemos tomado. Quizás si uno busca lo esencial en la vida, lo verdaderamente importante, tenderá a buscar trabajos de menos horas o a desarrollar una actividad que le permita expresar lo mejor de sí. Aunque claro, esto llevará tiempo. Si mi vida se despojara de lo superfluo, ¿Tengo que trabajar este número de horas? ¿No podré prescindir de esto y de aquello, en pos de mayor espacio de tiempo para otras actividades y compañías? Pero nuevamente, lo que se decida depende en mucho de la fe que se tenga en el papel de Dios en nuestra vida.

En la raíz de los apremios esta el temor. En la raíz de la paciencia está la fe. La tranquilidad de espíritu nace de la fe. Porque la fe es también confianza y descanso en la providencia. Por experiencia te lo digo: Elige el modo en que quieres vivir, fija tus prioridades verdaderas y descansa en Dios. En la conducta tratar de ser coherente con el llamado que se ha recibido. Verdaderamente “lo demás viene por añadidura” pero debemos tener claro cual es El Reino de los cielos en nuestra vida. 

Ojalá pueda servirte esto un poco, seguiremos conversando si te parece, tratando entre todos de ir mejorando nuestras vidas mediante el encuentro con la paz de Cristo en el corazón. Un saludo fraterno, invocando a Jesucristo.

La imagen que ilustra esta página fue agregada con permiso del blog: La mirada contemplativa

Recomendamos:

Página sobre Sta. Catalina de Siena

Aviso y breve texto

Estimadas/os en Cristo Jesús. Ya se encuentra disponible la segunda clase de Filocalía. Si os habéis inscripto y no os están llegando los correos de aviso por favor avisadnos al correo bloghesiquia@gmail.com o al Whatsapp +54-9-3513095309

Texto del día

Sucede que a los hombres se los llama, impropiamente, razonables. Sin embargo, no son razonables aquellos que han estudiado los discursos y los libros de los sabios de un tiempo; pero aquellos que tienen un alma razonable, y que están en condiciones de discernir entre lo que está bien y lo que está mal, aquellos que huyen de todo lo que es maldad y que daña el alma, mientras que se adhieren solícitamente a poner en práctica todo lo que es bueno y útil al alma, y hacen todo esto con mucha gratitud respecto de Dios, solamente estos últimos pueden ser llamados, en verdad, hombres razonables. El hombre verdaderamente razonable tiene un solo deseo: amar a Dios y agradarle en todo. En función de esto -y solamente de esto – formará su alma, de modo que sea del agrado de Dios, dándole gracias por el modo admirable con que su providencia gobierna todas las cosas, incluso los eventos fortuitos de la vida. Está, pues, fuera de lugar, agradecer a los médicos por la salud del cuerpo aun cuando nos suministran fármacos amargos y desagradables, y ser ingratos con respecto de Dios por las cosas que nos parecen penosas, sin reconocer que todo sucede de la forma debida, en nuestra ventaja, según su Providencia.

San Antonio el grande – Filocalía

Día 30 – La luz divina

Texto sugerido

En la vida de Simeón, el nuevo teólogo, se cuenta que un día, repitiendo según su costumbre la oración: “Señor, ten piedad de mí, que soy un pecador”, de pronto lo cegó una luz maravillosa. Él parecía haberse convertido en luz y en ese estado luminoso, identificado con Dios, fue colmado de una inmensa alegría e inundado de cálidas lágrimas de amor; y lo más extraño de ese maravilloso acontecimiento es que, para su sorpresa, gritaba en alta voz: “Señor, ten piedad de mí… Más tarde, habiéndose retirado poco a poco la luz, volvió a su cuerpo y al interior de su celda, y encontró su corazón colmado de una alegría inefable y su boca gritando en alta voz: Señor, ten piedad de mí…

La luz divina II

La luz divina III

Práctica sugerida

Estimados/as en Cristo Jesús.

¿Existe en vuestra casa o  habitación un sitio destinado especialmente a la oración? Es importante que se disponga. Lo exterior va progresivamente mostrando lo que ocurre en el interior. Muchas veces, el acondicionamiento material de un lugar destinado a la oración, coincide con el arraigo de cierta disposición espiritual a perseverar en la plegaria.

Igual, lo que puede encontrarse en este sitio especial, manifiesta rasgos de nuestra espiritualidad personal. Generemos fuera de nosotros el espacio que queremos construir dentro. Y si ya existe quitémosle el polvo y si lo usamos a diario hagamos algo mínimo que lo mejore, que lo asimile más a lo sagrado que ese espacio nos evoca.

Sabemos que no se trata de caer en alguna idolatría, ni con las imágenes, ni con las disposiciones que necesitamos para la oración. Pero podemos darnos el permiso de ayudarnos a evocar este contacto con lo divino, mediante aquellas imágenes que nos suscitan su recuerdo.

No puede faltar en ese pequeño ámbito la sagrada escritura, alimento diario que meditado en profundidad nos guía hacia la vida en Dios. Y si no tenemos posibilidades de crear ese espacio en nuestra casa, al menos llevemos algo en nuestra agenda  o en la cartera, dejemos un pequeño icono en el lugar de trabajo, que a manera de recordatorio nos inspire a recomenzar la oración si la hemos perdido.

Ha sido un gusto hermanas y hermanos compartir estos 30 días de ejercicios espirituales. Seguimos a disposición de ustedes para lo que necesitéis. Un abrazo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesús.

Día 29 – Regla de vida

Estimadas/os hermanas/os en el amor a Cristo. En estos dos días que nos quedan de ejercicios os proponemos la lectura atenta de este texto:

Regla para eremitas

Esta regla, que consideramos de mucha utilidad para quienes queremos vivir la consagración de vida aún en medio del mundo, puede servir de guía o inspiración para una ascesis personal. Las normativas u orientaciones para el cotidiano, son apenas una orientación, pero pueden encauzar nuestro anhelo de Dios y darnos una ayuda para evitar desvíos. Esto resulta elemento necesario si se pretende ir purificando la mente y hacernos más dispuestos a recibir las transformaciones que la gracia quiera operar en nosotros.

¿Con qué párrafos os sentís más identificados o cercanos? ¿Tenéis alguna duda o comentario que hacer al respecto? Al parecer, así como al peregrino ruso, una guía y una cierta observancia en el cotidiano parecen necesarias, como modo de encauzar las energías y estímulos tan variables con los que nos enfrentamos a diario. Todo intercambio será bienvenido. Mañana realizaremos también una breve conclusión. Un saludo fraterno invocando a Jesucristo.

Día 28 – Perpetuas alabanzas

Texto del día

Por supuesto, la incorporación de la oración de Jesús a la propia vida, no se producirá por la sola práctica de una técnica, ni tampoco por mucha determinación que pongamos. Además de la gracia de Dios que siempre necesitamos como ayuda para cualquier obra que emprendamos; nos hace falta un ambiente interior, un terreno en el cual pueda germinar la semilla de la oración del corazón. Esta oración que pretendemos incesante requiere de un clima de confianza en la Providencia de Dios.

Es necesario creer que la vida humana tiene un sentido, que Dios es el depositario del significado último de nuestros días y que además tenemos para Él valor como individuos, como seres humanos que somos. No puede la planta echar raíces sin tierra, sin agua y sin sol que la atraiga hacia sí. Nuestra oración no llegará a ser continua, ni brotará del corazón, ni transformará radicalmente nuestro modo de ser y de estar en la vida, sino contamos en nuestro mundo interior (el campo de cultivo) con esas convicciones, que yo diría, son necesarias, resultan imprescindibles para que crezca nuestro espíritu.

Por cierto esta fe profunda en el sentido de la vida, en el plan divino que la creó y sostiene y en nuestro valor específico como persona humana irrepetible (*), son una misma cosa con nuestra fe en la trascendencia. Creemos que hay una vida más allá de esta y que precisamente en ella se encuentra la respuesta a todas las preguntas. Los cristianos no creemos en la realidad de la muerte o, en todo caso, sabemos que es un mero tránsito, una pascua hacia nuestro verdadero hogar. Nos sabemos exiliados, peregrinos en tierra extranjera como tantas veces se ha dicho y por eso es que oramos y que tratamos de no enajenarnos y de vivir recordando nuestra verdadera naturaleza de hijos de Dios, nuestra estirpe espiritual.

Esta fe con ciertas creencias que nos afirman y guían, son el clima adecuado desde donde podrá crecer y hacerse fuerte la oración de Jesús. Una rápida lectura de los relatos del peregrino ruso, nos muestra que era alguien con profunda fe. No vacilaba. Esto le permitía buscar el modo de cumplir con lo que la biblia le pedía “Orad sin cesar” y lo alentaba a seguir las orientaciones que recibía de su maestro. ¡Oh Señor Jesucristo, que nuestro corazón se transforme en un templo interior en el que se canten perpetuas alabanzas !

(*) Nuestra existencia individual muestra una intención particular de Dios, esto irrepetible que somos muestra uno de los rostros de Dios que nos ha querido en la creación por alguna razón, también única.

Práctica sugerida

Hermanas/os, para hoy os sugerimos el tomarse unos momentos varias veces al día, para agradecer. Encontremos en las horas previas a ese momento aquello que sentimos agradecer. Cosas grandes o pequeñas, que valoremos. Lo hagamos en silencio, sintiendo la calidez que al corazón trae el agradecimiento. Agradecer necesita que reconozcamos los dones. Mientras repetimos La Oración de Jesús todo lo que nos es posible, intentamos vivir el día en un clima de fondo de gratitud.

Día 27 – La desesperación

Texto del día

¿Cómo fue que llegaste a conocer y aficionarte a La Oración de Jesús? Porque no parecía algo lógico o previsible según por donde estabas caminando tus búsquedas e investigaciones…

Es verdad, nada lo hacía suponer. Si te digo con crudeza y sin decorar el asunto, llegué debido a la desesperación. De otro modo la soberbia intelectual en la que me hallaba sumergido hubiera seguido obstaculizando el acceso a este camino. Estaba muy imbuído del espíritu de época y de la “mala prensa” que este tipo de actitudes tienen hoy en día. Andar por allí pidiendo la compasión de Dios está alejado del modelo conductual de éxito y fortaleza que se supone uno ha de tener.

¿Qué fue lo que pasó?

No me siento libre de comentar esto públicamente, pero sí puedo decirte que de pronto me encontré en una situación desesperada. Muy alejada de lo que cualquiera puede desear para sí mismo o para otros. Por decirlo así me encontraba al borde de una tragedia personal y familiar. Restaban unas pocas horas para que se resolviera una cuestión que se vivía como de mucha gravedad. Fue en esa situación, que el libro del peregrino ruso aparece ante mí. No recuerdo ahora las circunstancias exactas. Pero sí recuerdo con claridad que al visualizar los primeros relatos mi corazón se aferró con toda la fuerza de que era capaz. El dolor, el miedo, la angustia de lo que podía venir, barrieron con cualquier objeción que la mente pudiera anteponer como reparos a la práctica de la oración.

De esta manera se manifestó esto de que el mal transmuta en bien. O que, en todo caso, puede transformarse en un bien. Sin aquellos sucesos desgraciados no me hubiera acercado a practicar esta forma de oración de la que me siento tan agradecido. Como te imaginarás aparecían pensamientos de todo tipo. La imaginación elaboraba las alternativas a un futuro que se presentaba como pleno de oscuridad por donde se le mirara. Entonces allí, era solo recitar la oración y expulsar con fuerza cualquiera de esos otros pensamientos. Y no pasaron muchas horas hasta que de manera incomprensible intelectualmente hablando, el corazón se dulcificara y hallara una cierta paz en medio de la tormenta.

A partir de allí y gracias a la gracia que siempre nos está llamando desde el interior, fue un ir profundizando. La lectura de Filocalía, del Evangelio y consultas con quienes tienen más experiencia en esto han ayudado mucho. El camino de La oración de Jesús, no está libre en mi experiencia de las subidas y bajadas tan propias de la vida humana, pero es un ancla muy segura en cualquier situación. Y ciertamente creo que El Nombre en sí mismo es portador de una luz que no puede explicarse de manera mental o con el mero intelecto…

Práctica sugerida

La práctica que os sugerimos hoy es la siguiente: Elegir una persona cualesquiera de entre vuestros seres queridos o puede que sea alguien que no pertenezca a vuestro círculo íntimo, que os parezca necesita mucho de una ayuda para cambiar o mejorar la situación que atraviesa.

Orar todo el día por esa persona. Llevarla en vuestro corazón. Repetir el Santo Nombre de Jesús sintiendo el deseo de que la gracia favorezca a ese prójimo en situación difícil o dolorosa. O tal vez oremos por el/ella solo porque sentimos que puede beneficiarle. El Nombre del Salvador invocado en favor de alguien opera transformaciones que escapan a las explicaciones de nuestro pobre intelecto. Haced la prueba y se os mostrará el poder del Santo Nombre.

¿Así sin más?

Esto depende de la fe y la fe no es más que un atreverse a confiar, un salto al vacío donde nos importa más amar que ser amados. No es posible que la vida sea un fenómeno carente de sentido. Hay algo detrás que no puede ser nombrado porque es el Nombre sobre todo Nombre.

Blogs recomendados

Dichosa ventura

La mirada contemplativa

Sermones de San Bernardo

Día 26 – La llave de la oración

Texto del día

“Obedeciendo a esta regla, pasé todo el verano repitiendo sin cesar la oración de Jesús, y sentí una gran tranquilidad. Mientras dormía, soñaba a veces que estaba rezando la oración. Y durante el día, cuando me ocurría encontrarme algunas personas, me parecían tan amables como si hubieran sido de mi familia.

Los pensamientos se habían calmado y sólo vivía en oración; comencé ya a inclinar mi espíritu a escucharla, y a veces mi corazón sentía como un gran ardor y una gran alegría. Cuando entraba en la iglesia, el largo servicio litúrgico me parecía corto y no me cansaba como antes…. ya no estaba en la indigencia, como antes; la invocación del nombre de Jesucristo me alegraba a todo lo largo del camino y todo el mundo me trataba con bondad; parecía como si todos se hubieran propuesto quererme”.

de El Peregrino Ruso

Práctica sugerida

El ejercicio sugerido para hoy consiste en repetir la frase elegida de la Oración de Jesús, cada vez que inicio una actividad y cada vez que la termino. Por supuesto, que se trata de que intentemos llevarla con nosotros durante toda la jornada, pero hoy ponemos el énfasis en esto de utilizarla como “llave” que abre y que cierra los distintos actos que vamos desplegando.

Esto de orar antes de la acción y como cierre de ella, ayuda mucho a efectuar las acciones como si de una liturgia se tratara, con reverencia y atención suma.  Esas dos frases, la que abre y la que cierra la actividad, las deberíamos repetir lentamente y con el mayor de los afectos, al tiempo que pedimos ayuda interiormente para santificar eso que vamos a hacer.

Texto recomendado: ¿POR QUÉ SOY TODAVÍA CRISTIANO?

Aviso

Estimadas/os hermanas y hermanos: Si alguien se ha inscripto en el curso de Filocalía y no ha recibido las instrucciones de ingreso por favor avisadnos al mail bloghesiquia@gmail.com

Hemos tenido una dificultad con el teléfono móvil, nos llevará uno o dos días recuperar la línea, así es que no podremos atender sus consultas por Whatsapp durante estas horas. Os enviamos un saludo fraterno, invocando el Santo Nombre de Jesucristo.

Días 24 y 25 – Caminar y orar

Estimadas/os en el amor a Cristo Jesús. Este fin de semana que se inicia, donde habitualmente hay menos actividades que durante la semana, aprovechemos para incrementar la frecuencia e intensidad de La oración de Jesús.

Como práctica os sugerimos la caminata con invocación vocal, audible para vosotros mismos. Aunque poco a poco hay que ir interiorizando la jaculatoria hasta que llegue a ser mental y luego, más interior aún; la recitación vocal con voz queda es de mucha utilidad para cimentar el hábito de la oración continua. Esto se debe en parte a que la frase de la oración penetra en nosotros a través de distintos sentidos al mismo tiempo.

Hay hermanos que la recitan caminando muy lento lo que permite en ocasiones acompasar los pasos a ella; produciéndose una inmersión en el Nombre de Jesús o en la frase elegida muy completa, ya que la decimos con los labios, la escuchamos por eso mismo con los oídos, la pensamos con la mente y la afirmamos con nuestros pasos. Todo lo que pueda acostumbrarnos a la oración esta bien hermanos. Incluso la práctica que algunos lectores sostienen de escucharla en diferentes momentos, merced a su propia grabación de la frase.

Os dejamos aquí un sitio en Youtube que tiene grabado íntegros los relatos de El Peregrino ruso, aunque no es voz humana sino mecánica, tiene cierta calidad que permite seguir el texto con corrección y sin desencaje. Si podéis releer el libro o escuchar estos audios sin duda será de utilidad para “contagiarnos” más aún del carisma de esta bella forma de oración.

Abordaremos a partir del lunes los últimos días de estos ejercicios, roguemos al Señor dedicarnos enteramente para sacarles provecho. Un saludo fraterno invocando el Nombre de Jesús.

Anexo al día 23 de los ejercicios

Todo es para bien

Una apreciada hermana comentó el día 15

Dices que : “Lo que ocurre es para nuestro bien, todas las veces.” ¿Cómo expresarle esto a una madre cuya hija fue violada o cuya nieta esta viva un lunes y el miércoles muere de meningitis? Disculpen la pregunta pero siempre le pido a Jesús la palabra justa para quienes la necesitan; sólo por ello me animo a preguntar. Cuando creo que no tengo palabras para dar, digo interiormente: Señor Jesucristo Hijo de Dios ten misericordia de … ( aquí pronuncio el nombre de la persona que necesita la ayuda) pecador. Un saludo en nombre del Señor Jesús.

Aquí respondimos algo acerca del “Ser recipiente para el dolor del otro” y ahora continuamos:

La película “Ostrov” nos da la oportunidad de entender mejor este tema de que “Todo es para bien”, debido a que lo que ocurre, en última instancia, depende de la voluntad Divina. En el film, una acción fruto del miedo, como resultado de la cobardía, termina en el asesinato de un hermano. la conciencia de este pecado sumerge a quién lo cometió en un abismo de culpa. Gracias a este hecho esa persona se abrazó a la oración y consagró su vida a Dios buscando el perdón y la expiación. Debido a esta entrega total de la vida y a la oración continua, la gracia infunde cierta sabiduría en este monje y así ayuda a numerosos hermanas/os que acuden a pedir su ayuda. Curaciones, orientaciones y transformaciones ocurren en quienes a él acuden en busca de ayuda. Finalmente todos los involucrados terminan “envueltos en la gracia” y no hay quién no reciba un beneficio profundo, incluido nuestro protagonista, el pecador del principio.

¿Cómo pueden nuestras mentes tan limitadas comprender la vastedad, profundidad y complejidad del plan divino? ¿Quién iba a imaginar luego del crimen inicial, los sucesos del final? Con nuestra vida acontece de modo similar. Todo es para bien, aunque muchas veces es incomprensible hasta mucho tiempo después. Hay quienes recién en momentos cercanos a la muerte, nos han dicho de como les cambiaba la perspectiva y una nueva luz venía a mostrarles el significado de sucesos acontecidos décadas antes.

¿Cómo entender una violación? ¿Una muerte dolorosa y prematura? ¿Cómo entendería el pueblo elegido el porqué del endurecimiento en el corazón del faraón? (Éxodo 7:3-4) Pues, aún el mal encuentra sitio, utilidad y redención en el inconmensurable plan de Dios. Entonces presos de este no saber ¿que nos queda? ¿Solo la fe? No diríamos solo la fe, sino una fe sustentada en una comprensión cabal de que el Creador de este maravilloso universo no puede haber cometido errores. Y una cierta y silenciosa intuición, bien al fondo del corazón, que nos hace saber de un Amor incomparable que no dejará nada ni a nadie a oscuras para siempre.

Queridas/os hermanas/os: Este tema no es nada sencillo y por cierto de mucha utilidad si se tiene bien integrado. Cualquier comentario que enriquezca el intercambio será bienvenido, durante o más allá de los ejercicios que estamos compartiendo. Saludos en Cristo.

Día 23 – Firme decisión

Texto del día

“Durante toda una semana, permanecí en mi solitaria cabaña recitando cada día mis seis mil oraciones sin ocuparme de cosa alguna y sin tener que luchar contra los pensamientos; únicamente pensé en cumplir el mandato del starets. ¿Y qué sucedió? Me acostumbré tan bien a la oración que, si me detenía un solo instante, sentía un vacío como si hubiera perdido alguna cosa; y en cuanto volvía a mi oración, sentíame de nuevo aliviado y feliz.

… sólo deseaba estar en la soledad y recitar mis oraciones; tanto me había acostumbrado a ellas en una sola semana.  El starets, que no me había visto desde hacía diez días, vino para saber qué me sucedía, y yo se lo expliqué. Después de haberme escuchado, me dijo: —Ya estás acostumbrado a la oración. Mira: ahora has de conservar esta costumbre y fortalecerte en ella…

Al principio sentí fatiga, una especie de endurecimiento de la lengua y cierta rigidez en las mandíbulas, pero nada desagradable; luego noté una ligera molestia en el paladar, después en el pulgar de la mano izquierda que pasaba el rosario, mientras que el brazo se me calentaba hasta el codo, lo que me producía una deliciosa sensación. Y todo esto no hacía sino incitarme a recitar mejor mi oración. De esta manera, durante cinco días, terminé con toda fidelidad mis doce mil oraciones, y al mismo tiempo que la costumbre, iba recibiendo el placer y el gusto de la oración…

de “El peregrino ruso”

Práctica sugerida

Se trata de que al final del día, podamos decir con sinceridad. “Hoy he orado mucho más que lo habitual en mí”. Hoy he puesto todas la decisión y energía de que fui capaz para dedicar más tiempo al crecimiento en La oración de Jesús. Si pasamos de veinte repeticiones a cincuenta será tan importante para nuestro proceso como para el peregrino pasar de seis mil a doce mil, lo que lo llevó finalmente a la oración del corazón. Cada uno tiene su medida, como aquella viuda que dio todo lo que tenía aunque fuera poco dinero comparado con lo que aportaban otros (Lucas 21, 1-4) . El ejercicio de hoy consiste en encontrar un nuevo límite, en terminar la jornada habiendo registrado un crecimiento importante, no tanto por el número de oraciones sino por la profundidad y seriedad de nuestro intento. La gracia de la oración del corazón está disponible para todos, pero nosotros ¿a que atendemos?

Haz click aquí para ir a “Todo es para bien”

Día 22 – Vivir en el centro

Encuadre y práctica sugerida

A todos nos es posible distinguir aquella sensación de estar centrados, de cuando algo alienados, nos encontramos como fuera de nosotros mismos. Actuar desde el corazón también suele llamarse o teniendo a Cristo presente en uno mismo, obrar recordando la divina presencia y de maneras similares. Todo lo que hacemos, desde lo más trivial a lo más importante se debate entre estos dos polos. En definitiva se trata de la atención que ponemos en el instante que vivimos, que es lo que Dios nos pone ahí, delante nuestro, para nuestro crecimiento y elevación espiritual.

La práctica que trataremos de llevar adelante en este día 22 de los ejercicios, consiste en permanecer atentos al centrado desde el cual actuamos. Y, cuando nos descubramos fuera de nosotros mismos, retornaremos a través de La oración de Jesús al hogar del corazón.

¿Cómo saber fácilmente, sin demasiado análisis, si estamos o no actuando desde ese centro que es a la vez Presencia? Si hay prisa estoy fuera. Si me siento como “persiguiendo” algo, aún cuando legítimo, estoy fuera. Si hay apremio, una actitud posesiva, ansiedad, ya nos queda claro. ¿Estoy perdido en las cosas o estoy en mí actuando entre las cosas? En fin, es una forma de abordar el tema que siempre nos ocupa: Vivir en la presencia del Señor.

Respuesta a un comentario del día 15

Dices que : “Lo que ocurre es para nuestro bien, todas las veces.” ¿Cómo expresarle esto a una madre cuya hija fue violada o cuya nieta esta viva un lunes y el miércoles muere de meningitis? Disculpen la pregunta pero siempre le pido a Jesús la palabra justa para quienes la necesitan; sólo por ello me animo a preguntar. Cuando creo que no tengo palabras para dar, digo interiormente: Señor Jesucristo Hijo de Dios ten misericordia de … (aquí pronuncio el nombre de la persona que necesita la ayuda) pecador. Un saludo en nombre del Señor Jesús.

Estimada hermana, sin duda que ante esas situaciones, invocar a Jesús por esa persona que padece y por nosotros mismos para dejar que la gracia nos ayude a responder, es lo mejor. En la situación misma, es decir, si estoy con alguien que está viviendo momentos terribles como los que usted describe, de ningún modo haría referencia a dicho comentario de que “Todo es para bien”. Aunque esto sea así, el momento sería del todo inoportuno ya que la persona afectada no tendría la capacidad emotiva para poder comprender la afirmación en ese trance que atraviesa. En esos momentos, según nuestra experiencia, lo mejor es ser ámbito para que el dolor pueda expresarse con libertad absoluta. Es decir, abrirse uno totalmente y del modo más simple posible, recibir las expresiones de dolor, queja, ira e impotencia que suelen producirse. Incluso si son imprecaciones contra Dios, el destino y demás. Transformarnos en un “acoger total”, en un recipiente del dolor de ese prójimo que padece. La mayor parte de las veces, este recibir a la escucha suele ser el mejor servicio que puede prestarse. Sentir compasión desde la paz decía mi maestro espiritual. Esto es: Comparto el dolor del otro, lo siento en mí, pero conservando detrás un fondo de paz. Es esa paz lo que el alma de quién sufre percibirá bajo el velo del incomprensible dolor que se abate sobre nosotros en situaciones tales.

En cuanto al “Todo es para bien” que afirmamos en algún post anterior, es lo que la experiencia nos demuestra. Sólo que a veces necesitamos tiempo o mucho tiempo para caer en la cuenta de que ha sido mejor como han sucedido las cosas. Es como si el designio divino abarcara realidades mucho más completas y totales de lo que nuestras pequeñas mentes pueden comprender. Mi maestro espiritual decía: Revisa aquél proyecto que salió mal y que tanta frustración te causó hace varios años. ¿Cómo ves hoy el tema? ¿Puede que haya sido mejor que no se concretara entonces? Yo revisaba con sinceridad lo sucedido y no podía sino reconocer que tenía razón. Hay muchas facetas a tener en cuenta, para no extendernos demasiado hoy lo continuaremos en la publicación de mañana. Muchas gracias por su comentario que permite profundizar en estos temas. Saludos fraternos en Cristo Jesús.

Algunos párrafos sobre la vanagloria de Casiano, El Romano.

Día 21 – Película y respuestas

Estimadas y estimados en el amor a Cristo Jesús. Como práctica para el día 21, les dejamos aquí una hermosa película que la mayoría habrá visto pero que viene a cuento de estos ejercicios volver a ver. Debajo están también las respuestas que quedaban pendientes de los comentarios del día 14. Un abrazo fraterno a todas/os en la efusión del Santo Nombre.

Queridos hermanos en Cristo Jesús. 1- En meditación sedente el principal problema son los pensamientos que vienen a la cabeza. Ante esto los dejo pasar y vuelvo a la repetición. 2- a la vez que repito la plegaria no sé si fijar mi atención a la respiración, al corazón, a la frase… 3-me cuesta más en activo, cuando estoy haciendo cosas, sobre todo trabajando. Pero también tengo que decir que son muchos los momentos de paz y atención y la necesidad de repetir constantemente la plegaria. Oraciones. Un fuerte abrazo.

Estimado en Cristo Jesús: Dejar pasar los pensamientos es lo correcto, no prestarles atención, al igual que se hace con los autos que pasan por la calle. Cuando repite la plegaria, en general, conviene empezar por concentrarse en la frase misma de la oración buscando conectarla con el sentimiento imperante en esos momentos en nosotros. Podrá ser agradecimiento, angustia, temor etc. pero al iniciar lo mejor es establecer esta conexión, entre la frase elegida y la emoción predominante. Atender a la respiración o regularla puede ser muy útil para serenarse si uno llega al momento sedente con cierta alteración. Pero no es imprescindible. Dirigir la atención al corazón debe ser algo a lo que se sienta llamado naturalmente. Hay quienes sienten atracción hacia este modo y otros lo contrario. Establecida la conexión entre emoción y oración, suele venir por si misma una profundización que puede ligarse a los latidos o solo a la conciencia de estar orando. Esa necesidad de estar repitiendo la plegaria que surge espontáneamente ocurre luego de cierto tiempo de practicarla y es un muy buen indicador de la acción de la gracia que “nos reclama” y convoca al templo interior.

Mi mayor dificultad es repetir siempre lo mismo, las mismas palabras dichas de la misma manera, me hacen perder la atención me producen fatiga mental. De toda la ascesis, la oración de Jesús, es la ascesis que más me cuesta. La oración de Jesús encierra en sí misma una gran sabiduría, no sé cómo sucede esto, pero sé que sucede. He aprendido muchas cosas desde que estoy rezando esta oración (sólo 15 días), y eso que me distraigo, y me olvido de rezarla, y vuelvo, y a veces me equivoco de palabras, y digo otra cosa. Pues a pesar de rezarla mal, y he aprendido mucho de ella. Nunca con ninguna oración, ni siquiera recitando los Himnos y los Salmos de las 7 horas canónicas, ni con la Lectio divina, ni con el rosario, ni siquiera con la Eucaristía, me he aproximado tanto a Jesús. Pero vivo mis dificultades de la oración de Jesús con paz, sin regañarme y confiando en que lo conseguiré. Me consta que en la gracia de Dios actúa en la mayoría de nosotros, pasito a pasito, nunca he conseguido nada dando saltos, por eso es cuestión de esperar de tener paciencia, y de seguir intentándolo, con la gracia de Dios, hasta conseguirlo. Muchas gracias a todos ustedes. Que Dios les bendiga.

Así es hermana/o. Nuestra mente está acostumbrada a vagar y cuando la queremos poner a atender solo una cosa, se resiste y nos fatiga. No se fuerce porque quedará en la memoria una huella negativa de la oración. Lo mejor en este caso es “convocar” a la oración mediante una aspiración del corazón. Es como si nos dijéramos en el alma: “¡Cómo me gustaría estar constantemente en oración y viviendo en Tu presencia… Señor! Este hacernos conscientes del deseo de unión con Dios, nos conduce suavemente a la oración. Elegir bien la frase previamente y luego aspirar a esta oración bastarán. Cristo nos guía. Inmensa alegría por supuesto al leer sus palabras. Ese es el poder del Santo Nombre. El Nombre de Dios porta en sí la presencia que se llama y opera transformaciones que solo se explican por acción sobrenatural. ¿Que hace falta para que ello ocurra? Pues el deseo de orar y unirse a Dios y firme decisión de nuestra parte de consagrar el alma al amado de nuestra vida. Saludos fraternos.

No es fácil llevar esta pequeña oración ya que todo la pensamientos y preocupaciones es como si te atacaran y terminas distrayendo de la oración y entra en mi un desanimo y una gran tristeza de no poder ser fiel a la oración gracias.

No se preocupe hermana/o, ni se desanime. El ser consciente de nuestras dificultades y de la acción de la mente sobre nosotros es ya un gran paso. Siempre están los pensamientos y preocupaciones pero el intento de orar los pone de manifiesto, los hace evidentes. Por eso nos asombramos del caos mental en que vivimos. Paciencia y perseverancia, la oración irá ocupando el lugar de los pensamientos. Un saludo fraterno.

Muchas Gracias por estos ejercicios espirituales, a pesar de las preocupaciones siempre estoy pendiente de repetir el Santo Nombre, me acompaña en todas las dificultades, y cuando algo me es adverso digo: bueno JESUS tú quieres que así sea por eso me envías esta dificultades y la acepto con agrado repitiendo la oración y todo se va allanando. Gracias por esta formación espiritual ..SEÑOR JESUCRISTO HIJO DE DIOS VIVO TEN PIEDAD DE MI PECADOR.

Pues tal cual usted lo dice. Todo es para nuestro bien, aunque a veces debe pasar un tiempo para que caigamos en cuenta de ello. Esa actitud de entrega que describe abre las puertas del corazón a la oración ininterrumpida. Usted ya tiene las señales al estar siempre pendiente de repetir el Santo Nombre. Saludos fraternos!

Día 20 – Respiración y pensamientos

Texto del día

Más respuestas a comentarios del día 14 de los ejercicios

Mi dificultad también es la distracción, siempre me vienen a la mente muchos otros pensamientos. Sobre todo cuando intento orar durante el trabajo, la atención se me va enseguida. Y también tengo a veces la sensación de estar repitiendo la Oración como una máquina, sin ningún sentimiento de amor hacia el Señor, como si estuviera repitiendo cualquier otra frase. ¡Gracias por estos preciosos ejercicios, me ayudan mucho a profundizar en la Oración!

Es muy cierto hermana/o, el trabajo suele requerir la atención de la mente y nos vemos obligados a desatender la oración. Sin embargo dos cosas: Cuando la oración de Jesús se hace verdadera costumbre, verá que apenas la mente se desocupa usted vuelve a la oración sin haberlo pretendido; con alegría nos descubrimos orando en el interior y allí solo resta abrir el corazón para que este se vea penetrado por el espíritu de la oración. En segundo lugar, aún sin tener el hábito, puede usted disponerse previamente al momento laboral, donde tal vez sea inevitable la distracción, de una manera orante en espíritu mediante la actitud. Pedir al Señor que nos asista a realizar la tarea que nos toca del mejor modo posible, se la ofrendamos por el bien de todos y nos entregamos a ella con anhelo de perfección; sabiendo que dicha meta es apenas un deseo que nos señala el camino. Esta acción atenta, que busca “el bien hacer”, es sin duda oración.

Estimados hermanos en Cristo Jesús.
El mayor obstáculo tanto interno como externo, son la cantidad de tareas que tengo que realizar al día, observándome a mi misma veo como si hubiera alguien que me empuja a realizar las tareas que tengo pendientes de hacer. En el día es esa situación y en la noche me quedo dormida.
Sin embargo, me refiero a hacer la oración con unción, ya que durante todo el día, está la oración en mi interior como si fuera una música suave que está ahí, cuando se me complican los asuntos traigo la oración al asunto del momento, y envuelvo a las personas con las que trato con la oración de Jesús.
A veces hago la oración caminando pues una de mis tareas en hacer como mínimo 6000 pasos al día, recurro a un rosario y observo que en media hora recito la oración 750 veces. Sin embargo, creo que fallo al Señor por no estar concentrada en su Divina presencia y lo hago mas por cantidad que por calidad. Al estar hoy orando la oración ante el Santísimo, la preocupación por la salud de mi esposo me distrajo.
Como todos los días manejo 90 minutos diarios, escucho en ese tiempo el audiolibro del peregrino ruso. Muchas gracias por todos los textos de gran sabiduría que nos comparten. Los saludo invocando el nombre de Jesucristo.

Muy estimada/o en Cristo. Además de lo dicho más arriba, que puede servir, es bueno atender a esta especie de apremio interior que nos lleva a la actividad. En ocasiones es un impulso que trata de anestesiar la angustia, el temor o sensaciones interiores desagradables. Y esto si bien es un medio que utiliza el organismo para evitar el dolor, no nos ayuda a ser conscientes de lo que nos sucede, para de ese modo poder transformarlo o pedir la conversión de ese aspecto de nuestra vida. Hay cosas necesarias e ineludibles, otras pueden irse haciendo poco a poco. En general, si hay prisa o demasiada actividad es un alerta de que estamos “escapando”. Deberíamos tender a un cierto equilibrio entre acción y contemplación, nada fácil en la vida actual. Por eso mismo, la oración de Jesús es una herramienta que nos guía hacia el silencio en medio del ruido, nos enseña contemplación en la acción. Si las tareas son muchas e inevitables, trate de hacerlas un poco más lento de lo habitual, eso abrirá un espacio de atención a la oración más profunda. Pero por lo que comenta, no dude que esa cantidad dará fruto como ya lo está haciendo. Persevere con fe y a veces, recite la oración con lentitud para que se interiorice, como por ejemplo durante el viaje o las caminatas. Saludos fraternos!

Buenas tardes . Comparto muchas de las dificultades expresadas anteriormente. Las distracciones, es difícil aquietar los pensamientos que van y vienen. Parece que en el momento que me dispongo a rezar cualquier preocupación o actividad pendiente se vuelve urgente. Y da vueltas en mi cabeza y la Oración se convierte en algo mecánico. Las veces que logro concentrarme, me da mucha paz la Oración.
A veces mientras voy rumbo al trabajo y debo caminar unas cuadras, para evitar la distracción llevo en mis manos un denario. El contacto de mis dedos con las cuentas me devuelven a la Oración.
También el cansancio después del trabajo no me permite concentrarme en la Oración. Además hay tentaciones como son el celular , la televisión, que dispersan y atraen mucho.
Muy agradecida por todo lo que me brindan a través de éste retiro.
Un saludo invocando el Santo Nombre.

Estimada hermana/o en Jesús, la primera parte de su comentario puede responderse un poco con lo dicho en los dos anteriores. Respecto al tema que bien menciona del celular y los medios tecnológicos que sirven como evasión, es gran verdad, nos facilitan el permanecer extraviados de nosotros mismos. Como en todo la moderación ha de ser la norma. Es obvio sin embargo vale recalcarlo, que es preciso apagar el móvil cuando nos disponemos al recogimiento. ¿Por qué nos ocurre esto? Porque la mente ansía variedad de estímulos, quiere estar “entre-tenida”, mantenerse entre un objeto de atención y otro objeto de atención. ¿ Por qué la mente quiere entretenerse? Debido a su misma naturaleza de cambio constante. Es como el paladar, que busca sabores diversos y que nunca se sacia totalmente. Hasta que se abren los sentidos espirituales que permanecen adormecidos, la lucha es constante. Sucede que al principio, suspender la actividad de los sentidos físicos nos deja sumidos en el vacío; afloran la angustia y el temor alimentados por el miedo a la finitud que parece ser la constante de nuestra vida. Pero si se atraviesa ese desierto, los sentidos espirituales empiezan a percibir la gracia que sacia de modo permanente en todos los sentidos. Es un tema extenso que continuaremos en otras publicaciones si nos permite. Un saludo fraterno invocando a Jesús.

Práctica sugerida

Hoy intentaremos concentrarnos en la respiración durante todo lo que hacemos, tanto en quietud como en movimiento, en el bienestar como en el malestar ocasional. Dejemos que la oración surja por sí sola. Llevemos desde el despertar mismo nuestra atención a la respiración y veremos como esta acompaña los movimientos mentales. Si la mente se agita, temerosa, ansiosa, confundida, angustiada etc. la respiración se acompasa a ese desorden y se hace corta y frecuente. En cambio cuando la mente está en calma y confiada en Dios, el aire entra y sale con mesura como si lo bebiéramos con calma. Por esta simultaneidad intrínseca es que podemos calmando la respiración serenar a la mente. Simplemente observemos esta dinámica y mientras atendemos a esto veremos a la oración surgir por sí sola en varios momentos del día. Comenten luego hermanas y hermanos como les ha ido en esta práctica. Saludos en la efusión del Santo Nombre.

Dia 19 – La motivación

Texto del día

… Respecto de la acción, importa mucho saber que es lo que busco con ella, el deseo que lleva inscripto en su interior. Lo que la motiva es en verdad lo que hacemos cuando actuamos. Es fundamental la transparencia, la verdad en la acción. Debe coincidir la motivación interior con aquello que se ve en mi actuar, sino habrá doblez e hipocresía.

Lo que hagamos debe ser útil en el presente y en el futuro y no generarse nunca una contradicción entre estos tiempos. Porque de ninguna manera el fin justifica los medios y porque tampoco es importante solo el ahora sino también las consecuencias que derivan hacia el mañana.

Todo lo que hagamos ha de poder realizarse ante la vista de Dios y de los semejantes, de otro modo no se debe hacer, porque esconde en sí algo que nos avergüenza. Esta vergüenza es signo de un alerta de la conciencia. Cuando Adán y Eva se cubren no esconden sus cuerpos sino el deseo de posesión del otro que los avergüenza...

Click aquí para leer el texto completo

Práctica sugerida

Mientras redoblamos nuestro paciente y amable esfuerzo para repetir interiormente La Oración de Jesús en todo momento y lugar, atendamos a lo que motiva nuestras acciones, aquello que las pone en marcha. Como escuchamos decir una vez en un monasterio: “Puedes ponerte a barrer el refectorio para que se encuentre limpio a la hora de la cena o puedes hacerlo como reproche velado al encargado de hacer la tarea que no se ha presentado… o para que te vea el Prior y te tome en consideración…” ¿Para que diré esto a esta persona? ¿Para qué realizaré esta acción? No solo es lo que se hace sino el “desde donde” se lo hace.

Aquí más intercambio de impresiones con quienes han comentado el día 14 de los ejercicios. Muy buena semana invocando el Nombre de Jesús

Una especie de “pelea de oraciones” , si bien la oración de Jesús me dá mucha paz y siento realmente me une a Dios , tengo que luchar contra por un tiempo con la idea de que “le saca lugar a mi oración preferida” … Seguro debe de haber algo de acostumbramientos o apegos , aún en cosas santas …. Gracias.

Sin duda hermano/a que nuestra tendencia a apegarnos, o dicho más suavemente, a encariñarnos con las cosas, personas y situaciones, abarca también aspectos de la vida espiritual. Pese a ello, en esta materia, si uno se siente encaminado con cierto tipo de oración, si se perciben en el alma sus frutos y si estos se manifiestan también en la vida diaria, orientando el comportamiento en función del Evangelio, no habría porque cambiarla. Debería continuarse en ese tipo o modo de oración y profundizar en ese mismo camino. La oración de Jesús puede ser útil para quienes se sienten llamados a ella (una fuerte atracción o deseo de ser capaz de practicarla) o para quienes atraviesan fuertes crisis. Algunos más se acercan a ella motivados por una búsqueda de simplicidad en la propia vida, que incluye la forma de orar. Pero sin ninguna duda que muchos espirituales en la historia han visto su corazón lleno de gracia debido a la práctica de la oración discursiva o al Oficio de las Horas, al Rosario de María Santísima o a muchas otras devociones particulares. Si fuera el caso de que se siente atracción pero aún no se decide uno por uno u otro tipo de oración, convendrá practicar esos diferentes modos en distintos momentos de la jornada, pero no entablar “lucha” entre ellas. Gracias por el comentario que ayuda a explicitar estas temáticas.

Al leer sus comentarios me siento acompañada por todos uds. queridos hermanos. Pase lo pase, Jesús siempre nos guía y acompaña. Lluvia de bendiciones.

Gracias por sus bendiciones. A nosotros también nos brinda compañía vuestra presencia leyendo y comentando lo que compartimos. Los textos e intercambios antes que nada nos sirven a nosotros mismos, recordándonos continuamente la necesidad de buscar la coherencia con lo que publicamos. Saludos fraternos.

Mis dificultades para perseverar en la oración de Jesús son la disipación de ideas y la tristeza, incluso ira, por la situación que atraviesa la Iglesia.

Muy estimado/a sin duda que la situación que atraviesa la Iglesia en los últimos tiempos es harto dolorosa por varios motivos. Sin embargo aún cuando en el jardín pueda verse mucho desorden, plantas sin podar, canteros desarmados y demás; también pueden encontrarse bellas flores y hojas jóvenes plenas de verdor. ¿Cuántas semillas estarán listas para brotar apenas llegue la primavera? Al alba le precede la oscuridad más oscura, dicen por allí, es posible que esa frase aplique en este caso. No deja de resultar claro también, que una purificación se va llevando a cabo mediante los acontecimientos, intuimos que ese es el medio que usa Dios para depurar las cosas. Como sea, esa tristeza e ira, pueden canalizarse como ardor en la oración, como fuego que la alimente y enriquezca. Ella misma calmará las aguas y concentrará la disipación de las ideas. Gracias por su honestidad al comentar. Saludos en Cristo.

Para mí la dificultad que estoy viviendo es el cansancio del trabajo, iniciar la oración se me hace difícil ya no es como en otros momentos que podía hacerla sin dificultad y por otro lado dedicar un espacio durante el día para la oración del corazón pero viene muy bien que ese espacio sea en cualquier momento y lugar.

Pues sí así es. El cansancio del cuerpo y de la mente pueden dificultar la oración como momento específico. En esa situación sirve ofrendar a Dios esa fatiga, como si uno dijera: “Ya ves Señor, aquí me tienes sin fuerzas, pero ven igual conmigo y dame descanso”. También, darse cuenta que el trabajo también es oración y ofrenda. Bastará la intención de hacerlo lo mejor posible y según nuestras mejores luces del momento. Si la labor es muy agotadora y demandante, bastarán unas pocas repeticiones del Nombre del Salvador, entre aliento y aliento para volvernos al centro y sentir que actuamos en Su presencia. Cristo le cuida hermano, un abrazo fraterno.

La brisa suave

Algunos intercambios derivados de los comentarios del día 14 de los ejercicios

Muchas gracias hermanas/os por comentar y participar tan activamente. Aquí algunas respuestas.

Hola a todos y a todas:
El problema que yo percibo cuando hago la oración es que, no sé si lo expresare bien, comienzo con la oración en primer plano pero poco a poco va pasando a segundo plano y su lugar lo van ocupando las preocupaciones, las ocupaciones y las inquietudes, intento pasarla a primer plano pero entonces se hace costoso y es entonces cuando aparece el cansancio y la distracción, acompañado todo ello por el reproche. Creo que me irá bien dedicar espacios de tiempo exclusivamente a la oración, como propone la práctica de hoy.

Estimado hermano, usted describe perfecto un proceso que suele ocurrir. Las ocupaciones, inquietudes empiezan a imponerse. Conviene quizá previamente a la oración, recordarse que todo depende de la voluntad de Dios. Esta conciencia de la primacía del designio divino, nos permite abandonarnos, de tal modo, cuando surgen las inquietudes, nos recordamos que hemos entregado a Él toda preocupación y se facilita el dejar atrás los pensamientos. Cuando estos pensamientos aparecen uno debiera decirse: “Yo haré lo mejor posible en mi acción, los resultados dependen de Tí, Señor”. Y entonces uno vuelve la atención a la oración sin tanta dificultad. La tendencia a “rumiar” los pensamientos deriva en gran parte de esta creencia de fondo, de que somos nosotros los que manejamos el rumbo de los acontecimientos y no la suprema voluntad de Dios.

Sentado en silla de meditación. Atento a la respiración, al ritmo cardíaco, repitiendo la oración de Jesús. No pasa mucho tiempo en que te ves envuelto en pensamientos que te sacan de tu concentración. Una y otra vez volver a la respiración, al ritmo cardíaco, a la oración de Jesús. El tiempo transcurre despacio, el cuerpo te reclama, dolor en las rodillas, molestias distintas. Nuevamente la imaginación que anticipa soluciones a los problemas ordinarios. Vuelta al ejercicio: atención y dejar pasar los pensamientos. Un saludo fraterno.

Estimado hermano, usted lo dice bien; hay que volver una y otra vez a la oración. Esta persistencia nos genera un saludable hábito que en cierto momento se transforma en segunda naturaleza. Es decir, nos acostumbramos a desechar los pensamientos y a poner la atención en la oración de Jesús o en su Nombre solo. Por lo demás, creo que vale también lo conversado en el comentario precedente.

Estimados hermanos.
Tras realizar la practica y todo este tiempo de la oración del corazón que llevo haciendo comentaré mis mayores dificultades. En principio tengo deseos de la oración de Jesús, tengo mi frase, la acompaño con la respiración, y me acuerdo durante el día de rezarla en las más diversas situaciones. Pero mis dificultades son:
1. Las preocupaciones que vienen de continuo, sobre todo económicas. No me dejan en paz.
2. Encontrar ese centro interior, el corazón, para no vagar busco técnicas de visualización, o miro una imagen de Jesús o imagino un momento evangélico.
3. No llega la alegría. Debido a mis preocupaciones no encuentro la alegría espiritual por mucho que rece. Paz si encuentro, pues es un momento agradable de relajación. Pero al salir de ella y enfrentar el mundo salgo sin alegría o pronto se disipa. Con la gracia de Dios y su ayuda voy adelantando. Saludos cordiales en el Señor Jesús.

Muy estimada/o: En cuanto al punto 1 vale lo recomendado en los dos comentarios anteriores. En todo caso agregamos: Ante una dificultad, tomarse un momento y decidir un curso de acción preciso. Supongamos que se trata de una deuda. Uno hace una lista: – Trabajaré tantas horas extras, le pediré un préstamo a mi amigo tal, hablaré con el acreedor pidiendo una extensión del plazo, venderé aquél objeto innecesario que tengo en casa etc. etc. Una vez trazado el plan, entregarse completamente a Dios. Nuestra parte es solo la acción debida y correcta. Lo que ocurra es enteramente de Él. Dios nos hará pasar por las experiencias que necesitemos pasar a fin de cultivar el alma y elevar nuestro espíritu hacia El Padre. Preocuparnos no es nuestra acción correcta, intentamos con nuestra deliberación sustituir el papel divino en el curso de los acontecimientos. Por favor, a todos nos pasa, y debemos recordarnos esto continuamente. Leer Mateo 6, 14 y otras partes de la escritura que enfatizan la misma actitud necesaria. En cuanto a lo demás que comenta, esa relajación y paz que encuentra en la oración, por si solas lo irán acercando al corazón, el centro de la persona. Ayuda mucho también pararse interiormente en medio del dolor y desde allí pedir o repetir la invocación de Jesús. Mirar o visualizar un icono de Jesús puede ayudar también como usted dice. Muchas gracias por comentar.

Me siento identificada en algunas de las aportaciones que agradezco, de mi parte comparto. Las distracciones son lo que más me aleja de la oración de Jesús, pero reconozco que la oración continua es DON ¿entonces qué hacer? retomarla cada vez que el Señor me hace consciente de mi propia limitación al distraerme. Pero también es cierto que en ocasiones en el rezo del rosario por ejemplo, me “sale” la oración de Jesús. Gracias por estos días, propician el mayor adentramiento en nuestro deseo de vivir sólo para Jesús. Un saludo invocando el Nombre del Señor Jesús.

Además de lo comentado antes, ese ponernos a orar, sea en momentos exclusivos o en medio de las actividades, nos prepara para recibir el don de la oración continua. Y es ese deseo de vivir solo para Jesús que menciona el que más nos va vaciando de lo que sobra para que podamos recibir la gracia. Cristo nos guía siempre.

Mucha sequedad. Mucho esfuerzo para decir la oración. Como una especie de muro. Como si no hubiera Nadie. Como si todo fuese inútil. Para mi rezar a veces es ese desierto sin final. Un buscar en la oscuridad . A tientas. Una Paz que se sueña. Un sueño que se anhela. Seré digna? Querrá Dios esta nada que le doy? No lo sé. ….seguimos….no obstante.

Claro testimonio de la aridez desértica de la que tanto hablan los santos en sus biografías. Así es. Es la mente que todos tenemos, ávida por naturaleza, inquieta, demandante de estímulos placenteros a toda hora, la que se queja cuando le quitamos todos los esparcimientos y la ponemos ante una actitud de silencio en busca de oración. Y la mente protesta cuestionando el sentido de lo que hacemos, invitándonos mediante imágenes diversas a cambiar de actividad o finalmente, nos castiga con la aridez y la planicie del ánimo. Allí hay que estar alertas. Llegados a ese punto, si persistimos firmes en la invocación del Nombre, sin pedir consuelos, como si estuviéramos dispuestos a perseverar aunque el desierto se extienda sin fin… suele alumbrar la brisa suave que percibiera Elías. Le recomiendo la lectura de esta homilía del Papa sobre la purificación que Dios efectúa en el orante para la misión que le tiene destinada. Muchas gracias por comentar.

Días 17 y 18 – Un cambio real

Texto del día

¡Tantas veces he querido cambiar! Y sin embargo me parece que sigo siendo el mismo, con las mismas viejas inercias… con ese temperamento, con aquel hábito, con esa melancolía…

Para que se produzca un cambio real, una cierta conversión de vida, hace falta que varios factores se junten. Un factor importante sin duda es nuestro profundo deseo de cambiar, de dejar de ser el que somos, de abandonar el hombre viejo sin guardarse partes de él que puedan parecernos convenientes. El hombre viejo es un todo integral, lo dejas entero o te sigue persiguiendo.

Para sentir ese profundo deseo de cambiar es necesario que seamos conscientes de nuestras verdades dolorosas, de vernos sin maquillaje, de reconocer nuestra miseria en distintos aspectos de nuestras vidas. El egoísmo extremo que tenemos como encarnado en nosotros. Si reconocemos esto, la gracia que siempre está disponible fluye hacia nosotros de manera abundante; nos dejamos empapar de su luz pura y Cristo mismo se manifiesta en el corazón.

Cuando esto ocurre, el cambio se va dando como natural y espontáneamente sin demasiada lucha. La apertura del corazón a los demás y el recuerdo de la acción correcta, alineada con el Evangelio, se vuelve constante y nos impulsa a la coherencia. Ahora, hay que dar un primer paso, esto es necesario. El médico está disponible, la medicación también, pero hay que tomar un vaso, llenarlo con agua y tomar la medicina. Solo nosotros podemos. La gracia no es invasiva, Dios no se impone se ofrenda. El Espíritu Santo nos convierte solo hasta donde estamos dispuestos a convertirnos. Esto es vital y debe comprenderse.

Este primer paso o este nuevo paso puedes hacerlo ahora mismo. Este fin de semana es una oportunidad tan buena como cualquier otra. Porque cuando el alma saborea un cambio real y el aroma de la gracia comienza a ser percibido, se entusiasma y el resto de la transformación es más fácil. Estos dos días pueden ser el cimiento de lo por venir. Las primeras luces del nuevo día. ¿Por qué no? Aunque hayas fracasado y caído mucho en el pasado, nada te inhabilita para volver a casa. El Padre espera y es paciente y rico en misericordia.

El médico es Jesús, la oración del Santo Nombre la medicina, nuestra parte es poner atención en lo que hacemos para hacerlo bien, mientras repetimos la oración cada vez que lo recordamos.

Recomendamos esta lectura bíblica a propósito del post

Práctica sugerida

Este fin de semana vamos a ir contra la corriente. Vamos a tratar muy bien a la persona que habitualmente tratamos con descortesía, descuido o indiferencia. Y vamos a hacer bien, con afán de perfección, aquella actividad cotidiana que siempre hacemos a desgano, descuidadamente, fastidiados o a las apuradas. Vamos a actuar en general en contra de la reacción frecuente que nos tiene sometidos con su inercia. Puede ser una acción que parezca trivial como el modo de lavar la vajilla o algo importante como el trato que damos a nuestro anciano padre. Cambiar la tendencia. Esto puede ser nuestra pequeña nueva fundación. La semilla que alumbre luego una profunda conversión. Si es posible todas las actividades del fin de semana deberían estar “teñidas” de este anhelo de conversión. Buscar en el Nombre de Jesús la fuerza adicional que falta en nuestra voluntad para actuar contra la inercia.

Muy estimadas/os en Cristo Jesús, en pocas horas publicaremos las respuestas al resto de los comentarios del día 14 y a algún otro que se ha puesto por allí sobre una problemática muy dolorosa. Muchas gracias por vuestra participación y acogida que hace posible este encuentro entre hermanos cristianos.

Día 16 – En todo tiempo y lugar

Texto del día

“—Celebráis los oficios con gran piedad, Padre mío, pero también con mucha lentitud. —Ciertamente —me respondió—; y esto no gusta mucho a mis parroquianos y por ello murmuran. Pero pierden el tiempo, porque a mí me gusta meditar y ponderar cada palabra antes de pronunciarla; si se les priva de este sentimiento interior, las palabras no tienen ningún valor ni para uno mismo ni para los demás.

Todo está en la vida interior y en la oración atenta. ¡Ah, y qué poco interesa a nadie la actividad interior! —añadió—. No hay voluntad ni preocupación alguna por la iluminación espiritual interior. Yo volví a preguntar: —¿Pero cómo llegar a ella? ¡Es una cosa tan difícil! —No es difícil en modo alguno. Para recibir la iluminación espiritual y llegar a ser un hombre interior, hay que tomar un texto cualquiera de la Escritura y concentrar en él toda la atención tanto tiempo como se pueda. Por este camino se llega a descubrir la luz de la inteligencia.

Para orar, hay que proceder de la misma manera: Si quieres que tu oración sea pura y recta y que produzca buenos efectos, hay que elegir una oración corta, compuesta de algunas palabras breves, pero enérgicas, y repetirla durante mucho tiempo y con mucha frecuencia; por ahí se llega a tomar gusto a la oración. Esta enseñanza del sacerdote me agradó mucho por ser práctica y fácil y al mismo tiempo profunda y sabia. Di gracias a Dios en espíritu por haberme hecho conocer a un verdadero pastor de su Iglesia…”

del 4° relato en “El peregrino ruso”

Práctica sugerida

La práctica sugerida para hoy consiste en tomarse entre dos y cinco minutos durante cada hora de nuestra vigilia para repetir La oración de Jesús o su Santo Nombre solo. Esto puede hacerse estando en cualquier actividad. Bastará enlentecer los movimientos un poco o excusarse un momento para abrir ese breve espacio de oración interior. Hay quienes para esta práctica programan las alarmas del reloj o el móvil. Esto aparentemente trivial, nos va acostumbrando a orar en todo tiempo y lugar.

Respuestas a comentarios del día 14

Estimadas/os en Cristo Jesús: Tres hermanas publicaron durante el día 14 estos comentarios. Ponemos algunas consideraciones a ese respecto.

Mi dificultad es que a veces repito la oración mentalmente o la digo y no siempre conecto con el corazón. Otras veces siento que al decirla pareciera que mi pecho se abre y ahí sí me siento más conectada. El otro día estaba angustiada por un tema de salud y empece a decir la oración en forma constante y me fui tranquilizando…

Esto es del todo normal hermana. Al principio sobre todo la repetición es meramente vocal o mental y suele desconectarse con frecuencia del sentimiento. No importa, la cantidad hace a la calidad si somos persistentes y queremos unirnos a Dios y seguir Su voluntad. Como puede ver en el libro de El Peregrino Ruso, el staretz le indica a este que empiece por cierta cantidad y que eso por si mismo le guiará al corazón. También conviene, si esa desconexión del sentimiento es persistente, detenerse y ubicar la necesidad espiritual del momento o un dolor del alma que nos persiga siempre. La conciencia de ese dolor, vacío o angustia, nos dará el fuego necesario para reconectar el corazón a la oración. Muchas gracias por compartir.

Mi mayor dificultad creo consiste en la frase elegida: “Señor Jesucristo Hijo de Dios ten misericordia de mi pecador”….Me pierdo porque la considero es muy extensa.
En cambio el nombre de Jesús resuena en mi mente y corazón la mayor parte de día. Cuando estoy en silencio, cuando hablo con alguien, cuando comienzo a preocuparme, mientras cocino, cuando corto el pasto o miro el paisaje. Parece que no fuese yo quien lo pronuncia, sino que es como si estuviera dentro mío. Cuando me doy cuenta que hace un rato no siento la presencia del Señor entonces ahí soy yo quien invoca Su nombre. Es como no tener que repetir el nombre porque simplemente Jesús está.
Un saludo fraterno en el Señor.

Mejor dicho imposible hermana. Efectivamente no somos nosotros sino el Espíritu que ora en nosotros. (Romanos, 8, 26) Y efectivamente cuando Dios se nos hace ausencia, debemos poner nuestro esfuerzo para pedirle la gracia de Su presencia. Y en efecto, muchas veces la oración de Jesús se detiene dicen los padres filocálicos, porque al hacerse presente El Señor, llamarlo sobra, entonces solo el silencio amoroso es lo que prima. De eso ya no se puede hablar. Nos alegra mucho lo que cuenta. Respecto de la frase y su extensión, puede acortarla sin dificultad mientras mantenga en ella el Nombre del Salvador. Muchas gracias.

Buenos días hermanos. El deseo de la oración continua está en mi corazón desde el principio de mi vida en Dios, después de que Él me concediera la conversión. Probé otras espiritualidades o “métodos” que no dieron resultado pues caía en una ascesis voluntarista. Hace años que sigo este blog, que muchas veces suena a respuesta. Ahora con estos ejercicios me parece percibir el modo. En ocasiones no sé si busco la oración continua por amor a Dios o por querer estar mejor, pero dejo con paz esta inquietud o imperfección en el Sagrado Corazón. Él sabe de mi debilidad. La mayor dificultad de la oración del corazón para mí es no olvidarla cuando me dejo absorber por otras actividades: vida en familia, trabajo… pero vivo esta dificultad también con paz. Yo tengo que perseverar y Dios me irá dando lo que quiera. Esta escuela de pequeñez (con Santa Teresita) y de abandono confiado en el Padre partiendo de mí propia debilidad y mis limitaciones me están dando, por fin, paz.
En todo hacer Su voluntad.
Mi frase para la oración de Jesús es: ¡Sagrado corazón de Jesús en Vos confío!
Que Dios los bendiga.

Está muy bien y que contento cuando describe esa confianza en Dios que sabe de nuestras debilidades y nos va entregando la gracia que podemos recibir en cada etapa del camino. En nuestra experiencia, cuando las actividades absorben, vale atender a la ejecución de la acción correcta y consciente para que ese hacer mismo se transforme en oración. Por caso, si está con la familia y le hablan, corresponde atender íntegramente a ese ser querido que se comunica y dejamos la oración aparentemente a un lado. Sin embargo, si atiendo verdaderamente a ese prójimo y le escucho con apertura, estoy orando igualmente. Luego con el paso del tiempo, se descubre que el Nombre de Jesús sigue recitándose en el trasfondo de todo lo que hacemos. Como bien dice: Solo perseverar que Dios nos va dando lo que necesitamos. Un abrazo fraterno en la efusión del Nombre.

Día 15 – La queja

Estimadas/os en Cristo Jesús: Muchas gracias por sus comentarios y participación, contando con honestidad lo que ocurre durante la práctica de La Oración de Jesús. Agradecemos al Señor poder convocarnos por este tema y ayudarnos unos a otros, que todos vamos en peregrinación hacia el mismo hogar con el Padre de todos.

Hemos leído cada comentario del día 14 (os sugerimos hacer lo mismo pues son muy instructivos) e intentaremos hacer aportes en los sucesivos posts. Del mismo modo cualquier lector o participante puede aportar sus experiencias para ayudar a alguien que haya comentado, sois libres para hacerlo, publicaremos lo que aportéis. No faltará la ocasión en la que dos puntos de vista diferentes lleven hacia una tercera mirada de mayor equilibrio.

Un hermano publicó en el post del día 14:

Queridos hermanos Paz y bien. Llevo varios días poniendo en práctica la invocación del Santo Nombre, y la mayor dificultad es “sosegar” a la “loca de la casa”, al decir de Santa Teresa de Jesús; la mente, la imaginación, las distracciones… pero se abrió mi alma y mi corazón a una sed interior de cada vez más practicar esta santa invocación, o sea a mas costosa concentración, más oración, más y más, me he vuelto terco en esto, y me está dando resultados, y como dice la Santa en sus Moradas, no hay que temer volver a comenzar cuantas veces sea necesario. En esas luchas sigo y trato de no desmayar. Gracias a Dios todopoderoso y a ustedes hermanos por sus oraciones y por compartir sus experiencias para edificación de los que hemos decidido comenzar a recorrer este camino. Invocando el Santo Nombre los saludo con la Paz del Señor.

Apreciado hermano, que alegría! Precisamente esa sed interior de la que habla es una de las manifestaciones más claras de la gracia que lo empuja a la oración de Jesús y le llama a ese camino. Y allí se entabla la lucha, de un lado la gracia y vuestra voluntad, por el otro las inercias y hábitos mentales de toda nuestra vida. Pues el vencedor es evidente, solo se requiere que nos dejemos enamorar por la oración del Santo Nombre.

Una hermana publicó en el post de ayer:

Mi mayor obstáculo es que me cuesta mucho concentrarme por una enfermedad cerebral que tengo. Pero cuando recuerdo que tengo que hacerlo lo hago sin alterarme, para no dar pie a que el enemigo aproveche. Me sirvió mucho el post donde dice que la preocupación sea el indicador de que he olvidado La Oración de Jesús y es verdad, así que cuando me siento preocupada invoco a Jesús y trato de confiar en él. Le entrego mis preocupaciones y pido compasión.

Pues está muy bien hermana. Entregar toda preocupación y pedir compasión, que nos enseñe a rendirnos a Su voluntad. Eso mismo tenemos que intentar en este día 15, pero poniendo énfasis en nuestras quejas habituales. Cada vez que nos quejamos estamos en cierto modo, oponiéndonos a lo que Dios nos ha enviado o al menos permitido para nuestra vida. No nos resulta fácil pero es preciso comprender: Lo que ocurre es para nuestro bien, todas las veces. A veces nos lleva tiempo darnos cuenta. Gracias hermana por su participación que nos da pie para comentar.

Práctica sugerida

Todos conocemos de sobra ese ánimo de queja que a veces nos toma y nos maneja. Esa disposición del ánimo que siempre está lista para ver lo aparentemente negativo de las situaciones y a quejarse por esto y por lo otro y a comparar como serían las cosas si hubiera sucedido aquello de más allá en lugar de esto que ha tocado…

La práctica de hoy es la de apelar a La Oración de Jesús cada vez que veáis aparecer la queja. Abandonar las quejas a un lado y agarrar con firmeza el “Señor Jesús”, con los labios, la mente o el corazón, como podáis. No ceder a las quejas. Estas nos encierran en un círculo vicioso que va apagando la luz del espíritu en nosotros. Y esto, aún cuando la situación que provoque la queja pueda justificar una reacción de ese tipo. Poner la oración ante todo nos transforma y también modifica lo que ocurre.

Arzobispo de Los Ángeles sobre La Oración de Jesús

Día 14 – La santa indiferencia

Texto del día

” —Reza sobre todo la oración de Jesús; ella nos acerca a Dios más que todas las demás oraciones y por ella conseguirás la salvación de tu alma.

La joven me escuchó con atención y se condujo con toda sencillez según mis consejos. ¿Y lo creeréis? Poco tiempo después me anunció que se había acostumbrado a la oración de Jesús y que sentía el deseo de repetirla incesantemente siempre que le era posible.

Cuando rezaba, sentía alegría y finalmente un gran gozo, así como el deseo de continuar rezando. Todo esto me causó gran contento, y le aconsejé que siguiera rezando cada día más, invocando el nombre de Jesucristo…

Y sin añadir una palabra más, el preboste se levantó y se fue a dormir. A mí, me devolvieron a la prisión. Al día siguiente, muy de mañana, vinieron dos gañanes que me dieron mis buenos azotes dejándome luego en libertad.

Yo me alejé, dando gracias a Dios que me había permitido padecer en nombre suyo. Todo esto me llenó de grandísimo consuelo y me animó más y más a la oración.

Estos acontecimientos no me causaron la más pequeña aflicción. Parecía como si se le acaecieran a otra persona y yo no fuera más que un espectador; y esto aún cuando me estaban dando los azotes.

La oración, que llenaba de alegría mi corazón, no me permitía prestar atención a cosa alguna.”

del 2° relato en “El peregrino ruso”

Pedido a los participantes

Estimadas/os hermanas/os en Cristo Jesús.

Hoy casi en la mitad del ejercicio espiritual que tiene como base la espiritualidad del Peregrino ruso, para crecer en la práctica personal de la Oración de Jesús; queremos pedirles que pongan un comentario donde simplemente y con toda verdad, compartan cual es la mayor dificultad que viven para realizar esta oración cotidianamente. Recuerden que si es necesario pueden comentar en forma anónima o poniendo un seudónimo.

En cuanto a la práctica para hoy, tratemos de dedicar al menos 30 minutos seguidos a la práctica de la oración de Jesús. Si lo hacéis en un solo período, esto os dará material para que nos comentéis los obstáculos que aparecen. Mucho más si llegáis a haceros el tiempo de rezar una hora o más. Esto pone en evidencia otras dificultades. Estos minutos exclusivos para la oración, hacedlos como os acomode mejor: caminando, sentados en quietud, en una capilla, en vuestra casa… lo central es la exclusividad que deberíais dar al momento.

Partiendo del hecho de que se sienten atraídos hacia este modo de oración, de que tienen interés en practicarla o de crecer en ella… ¿Cuál es el mayor obstáculo, interno o externo con el cual se encuentran? Esos comentarios servirán para efectuar posts durante el resto del ejercicio, complementando la lectura de los textos que seguirán, para facilitar con ellos la superación de esas dificultades.

Un saludo fraterno para todos invocando a Jesucristo.

Día 13 – La gracia y el esfuerzo

Texto del día

… Si por ejemplo te encuentras enojada/o con algún ser querido o incluso con alguien que no siendo cercano se halla vinculado contigo frecuentemente. O si te fastidias con esa persona cada día por su mera presencia, por las incomodidades que te provoca en tu diario vivir… ¿Qué hacer? Aquí hay una oportunidad para comprender como actúa nuestra voluntad y como opera la gracia y de como nosotros “abrimos la puerta” a la acción de la gracia.

Si al darme cuenta que estoy enojado o fastidiado, en lugar de reforzar ese enojo con pensamientos que justifican mi malestar, invoco El Santo Nombre de Jesús y le pido que ablande mi corazón, que lo inunde de misericordia y le permita comprender la naturaleza de ese prójimo, de lo que le lleva a actuar como actúa y estando enojado todavía, anhelo el don de la serenidad y el perdón… estoy abriendo paso a la gracia divina que transformará la situación.

La gracia ya estaba allí actuando pero yo no la escuchaba por el ruido ensordecedor de mi mente que fastidiada mascullaba y despotricaba. La cercanía constante de la gracia divina es sutil pero puede ser escuchada si uno intenta actuar desde el corazón y no desde la cabeza o el mero impulso corporal.

¿Todo es gracia? Pues sí. Sin embargo está reservada para nosotros la libertad de abrirle las puertas o de resistirnos a su acción. Imagina la gracia como la luz del sol al principiar la mañana en un hermoso día de primavera. Está allí, disponible. ¿Le abrirás las puertas y ventanas de tu casa? ¿Dejarás que penetre y renueve el aire de tu hogar? Allí nuestra porción de libertad, de libre albedrío.

En el ejemplo del enojo; debo abrirme a la posibilidad de permitir que este fastidio pase, que deje lugar a la calma y a la comprensión del otro. La gracia actúa del modo inmaterial propio de Dios, a través de la sutil voz en el corazón de cada cual. Y actúa a través del modo material mediante nuestra voluntad partícipe de la creación. Dejarnos invadir por Dios es nuestra mayor libertad.

Otro ejemplo: Me siento insatisfecha/o por la situación general que estoy viviendo. Apenas levantarme ya acuden las quejas a mi mente y los sentimientos de auto-compasión y reproche. Pero acabo de darme cuenta (ahí está la gracia) y entonces invoco a Jesús para que me enseñe a aceptar lo que vivo y me brinde la clave para transformarlo (ahí está mi voluntad).

Y así con todo…

Práctica sugerida

Esta misma noche o al empezar este día 13 de los ejercicios, detectar aquella conducta en mi cotidiano en la que soy particularmente incoherente con la conducta de un cristiano. Ese comportamiento que no es fiel al Evangelio y a la enseñanza de Cristo. Puede ser una actitud con alguien, un hábito nocivo, una situación en la que me dejo envolver o tantas otras. Usar ese comportamiento para verificar el impulso de la gracia y nuestra voluntad que suele resistirse. Abrirse allí de lleno a la purificación y unir nuestra voluntad en la dirección a la que nos lleva el Espíritu. Permitamos que la gracia nos transforme.

Extracto del 4° relato del peregrino de lectura sugerida

Día 12 – Orar sin cesar

Texto del día

¿De verdad quieres orar sin cesar? De verdad anhelas La oración de Jesús llamada también La oración del corazón? ¿Deseas esa forma de vivir en Dios que algunos han llamado oración continua o ininterrumpida?

Pues bien, en ese caso hay que apartar la atención de los pensamientos y conducirla a la oración que ya se está realizando en nosotros, en nuestra ermita del corazón o templo del alma. Pero para que los pensamientos no sean tan dominantes y fuertes es necesario que confiemos en la voluntad de Dios. Si no confiamos en la voluntad divina, le daremos valor a lo que pensamos en la resolución de nuestros problemas y en la obtención de los deseos.

Lo único que resuelve nuestros problemas es la entrega a Dios de que seamos capaces. No dejar de actuar, pero si un actuar enteramente confiados a que lo que Dios decida será el mejor curso que puedan tomar los acontecimientos. Cuando me sitúo en ese estado de confianza los pensamientos disminuyen mucho, hay menos deliberación mental, se produce un aquietamiento progresivo.

Si a eso le sumas una fuerte determinación de guiar la atención de regreso a la oración, cada vez que la descubres perdida entre los pensamientos varios, gran parte del camino está hecho. La gracia que empezó el trabajo lo terminará también y el corazón se iluminará con la presencia sin velo de la gracia deificante.

Si a la mente le damos la oración, el cuerpo actúa eficazmente según su deber y funciones y el corazón reposa en Dios. Se vive en el descanso aún en medio de lo que pudieran parecer fatigosos trabajos… el peregrino ruso habla de las delicias celestiales que llegó a vivir en el corazón, que a veces nos parecen increíbles. Pues en realidad, la diferencia que tenemos con el peregrino ruso no es el modo de vida que llevamos, sino la consagración de su deseo y propósito en la vida. Él solo quería permanecer centrado, vivía buscando a Dios mediante la continua oración.

Práctica sugerida:

Intentemos pasar la mayor parte del día en oración, mientras realizamos las actividades habituales. Empieza la rutina semanal, pero no por ello debe empezar la rutina mental de preocupaciones, inquietudes y ansiedades. Cada vez que descubramos la atención posada en la divagación, la regresemos nuevamente a la oración de Jesús. Con paciencia y con valor, volvamos una y otra vez a la oración.

Puede ser útil programar varias alarmas durante el día en el móvil que nos recuerde el propósito de orar. Hermanas y hermanos, efectúen cualquier consulta que necesiten al respecto, estamos para eso. Un abrazo fraterno invocando sin cesar El Santo Nombre de Jesús.

Aquí un audio del 1° relato del libro “El peregrino ruso”. (Hay algo de ruido hasta el minuto 5 pero luego se ha depurado)

Día 11 – Repaso y elección

Práctica sugerida:

Estimadas/os en el amor a Cristo: Aprovechemos el día domingo para hacer un repaso de lo ejercitado hasta aquí. Elegid aquella práctica que os resulte más entrañable o que os facilite más el ubicaros en la divina presencia. Y recomenzad su aplicación en vuestro cotidiano. La usaréis de trasfondo constante mientras avancemos en la continuidad de los ejercicios.

Aquí puedes ver el listado con las 10 prácticas

Haz click para descargar las 10 prácticas

Aquí puedes descargar el PDF de “El Peregrino ruso”

Enlace del día

Día 10 – El Rastro del amor

La práctica de la oración de Jesús, admite diferencias, porque todos somos diferentes. Hay diferencias en la frase que elegimos, en nuestros momentos “fuertes” de práctica, en si nos ayuda más la quietud, el movimiento, la respiración o la atención al corazón… algunos quieren probarla, otros adoptarla para siempre.

Pero todos buscamos la unión con Dios. Seamos conscientes o no de ello, todos Le amamos. Él es El Amado de nuestra vida. Es a Él a quién perseguimos en cada acto que ejecutamos, desde los más triviales a los más significativos. Nunca hemos querido otra cosa. Recordemos cuan presurosos seguíamos a nuestra madre cuando se alejaba apenas un poco de nosotros. Cómo esperábamos ansiosos aquél regalo prometido; la alegría luego de aquél primer beso, la anticipación de un viaje, la reunión de amigos.

El gozo del nacimiento, el abrazo de reconciliación, la satisfacción ante una obra terminada… ese brillo en aquella mirada. Que particulares aquellas sensaciones, cuando tronaba y ya se olía la lluvia próxima, cuando esperábamos la comida en la mesa, cuando papá volvía del trabajo, ¡Que alegría! ¿A quién sino a Él hemos buscado en todo ello? Sin Su invisible presencia no está el buscador ni lo buscado y tampoco lo encontrado. Sin Él no hay nada, porque como han dicho algunos santos: “Solo Él Es”.

Pero todo momento  luego expiró y todo encuentro se transformó en nueva búsqueda, cada cosa maravillosa llevaba en sí la impronta de lo fugaz. Aquellas luces se opacaban, un velo de nostalgia nos envolvía hasta desaparecer también bajo un rutinario olvido. Las presencias trocaban siempre en ausencias. ¿Señor donde estás?

Aunque cueste creerlo, la luminosidad de todo aquello no estaba en las cosas sino que fluía desde dentro a través de la mirada. Era Él que se hacía presente y transmutaba el mundo. ¿No hay acaso amor en cada uno de esos recuerdos? Sigamos el rastro a ese amor que vive en nuestro corazón, percibamos cuanto amamos lo que vemos, cada instante que vivimos. Porque cuando allí nos situamos, cuando esa calidez enorme encontramos, es que nos hemos acercado. No nos engañemos, cuando amamos es su manto el que tocamos.

Práctica sugerida

Ya al despertarnos, iniciar invocando interiormente el Nombre de Jesús. Con suavidad, como si escucháramos una entrañable música de fondo. Luego, durante el día, cada vez que nos demos cuenta que el ánimo se aleja del simple contento, de la suave alegría; buscamos la sensación del amor, por todos bien conocida, y tratamos de aplicarla sobre la situación precisa en que nos encontramos. Es como si nos dijéramos “Quiero amar esto que vivo en este momento, sea lo que sea, porque es Dios mismo el que me habla en cada acontecimiento”. Dejamos que brote entonces la cálida sensación de la gracia dulcificando la mirada.

Día 9 – El lugar del corazón

Haz click aquí para ir al Texto para meditar

Práctica sugerida:

Tratemos de imitar al Peregrino en la práctica que se comenta en el texto de arriba, sin forzamientos, por algunos minutos en el tiempo que encontremos disponible y según el impulso del Espíritu. Aquí el párrafo principal:

“Para conseguirlo, miraba mentalmente a mi corazón, inspiraba el aire y lo retenía en mi pecho diciendo: «Señor Jesucristo», y lo espiraba añadiendo: «tened piedad de mí».”

Hay personas que rápidamente encuentran en esta forma de orar el lugar de la paz del corazón; otras lo encuentran dificultoso o nos les agrada atender al órgano cardíaco. No hay problema, para ellas recomendamos:

Sentarse en quietud con el cuerpo relajado y cómodo. Respirad varias veces de forma lenta y profunda, con suavidad. Llevad vuestra atención al fondo más pacífico del alma y desde allí con toda calma repetid mentalmente el Nombre de Jesús. Poco a poco, desatiende a la respiración y te quedas solo con el Nombre, una y otra vez, como si en Él te recostaras.

Comenten cualquier duda hermanas/os. Un saludo fraterno en la invocación del Santo Nombre.

Enlace del día: Sermones de San Bernardo

Día 8 – La preocupación

Texto para meditar

De pronto, advierto que estoy preocupado. Con el ánimo ensombrecido, camino presuroso y encorvado rumiando pensamientos donde manda el temor.

¿Qué haré con esto? ¿Y con aquello? ¿Y con lo de más allá? ¿Que será de mí si esto o lo otro resulta de esa o aquella manera?

Deudas, malos entendidos, atrasos en el trabajo, reproches del ser querido, presiones diversas desde todos los ángulos… la vida misma de hoy en día, en un mundo angustiado que corre con desesperación hacia un adelante vacío lleno de promesas vanas.

Pero me he dado cuenta de que estoy preocupado… si estoy preocupado no confío en la voluntad de Dios. Así de sencillo, aunque nos duela o no nos agrade aceptarlo. No tiene vueltas.

Porque no se trata de no hacer, de no ser eficaz o práctico en los quehaceres cotidianos. Se trata de hacerlos bien, con serenidad interior, con adecuación exterior; teniendo plena conciencia de que los resultados de la acción dependen enteramente de la voluntad divina.

En mis manos está la posibilidad de ejecutar las acciones lo mejor posible, un poco como se decía ayer, ofreciendo con unción el afán de hacerlo bien, poner la atención, hacer ordenadamente… pero las cosas resultan como Dios quiere. “Si Dios quiere” suele decirse. Pues así es en efecto, aunque actualmente suelen ser frases hechas dichas al acaso.

¿Creo que yo soy capaz de torcer Su voluntad? ¿Creo que mi pequeña persona puede torcer el rumbo de las incontables causas y los innumerables efectos que entretejen la creación universal? Mueve a risa ¿verdad? Es que en eso caemos diariamente cuando nos preocupamos.

Preocuparse muestra un poco nuestra soberbia. Hay que rendirse a los designios de Quién nos lo ha dado todo, todo lo que tenemos, la existencia misma. Nos olvidamos de ello. Nos quejamos de cosas que la vida ha traído, olvidando la vida en la cual todo se da. Nuestra acción es el altar cotidiano donde hacemos la humilde ofrenda de nuestras manos… pero el universo hermanos, el universo entero es el altar en el que Dios oficia la más sagrada y amorosa de las liturgias.

Práctica sugerida

Usemos la preocupación como señal de que hemos perdido el centro, de que hemos dejado de confiar en Dios, de que pretendemos ingenuamente ser los hacedores del universo. Cada vez que nos demos cuenta de la preocupación, reiniciemos La oración de Jesús en nuestro interior. Una y otra vez, sin dudar con perseverancia firme. Que el Nombre de Jesús sea nuestra ancla a la realidad. Que con cada repetición del Santo Nombre crezca el entregarse a los brazos amorosos del Padre universal, que muy bien sabe lo que nos conviene y cuando nos conviene. Un abrazo hermana/os, invocando sin cesar el Nombre de Jesús.

Día 7 – El altar de la acción

Texto del día

El hacer reverente en la vida cotidiana, la unción que puede transparentarse en todo lo que hacemos es algo muy relevante y de trascendencia para el alma… lleva tiempo acostumbrarse a ese modo de actuar, de tal manera que luego se convierte en algo similar a una segunda naturaleza.

Es una muy grata sensación aquella en que -arreciando la tormenta o atacando el enemigo- se advierte que, sin esfuerzo, nada perturba la ceremonia del “hacer-estando-allí“.

Si te encuentras en ocasiones descentrada o habiendo perdido el hilo de la jornada, concentra tu atención en cualquier actividad que tengas por delante, aplicándote especialmente al comienzo de la misma, recuperando el tono correcto. Hemos de tender a la pulcritud en todo.

El orden en el cual nos desenvolvemos, la limpieza de nuestro cuerpo, de nuestros vestidos, de nuestros enseres, la sistemática con la que organizamos nuestros días, han de estar teñidos de lo usual en la liturgia. Se trata de un modo especial de tratar con los objetos, con las personas y las situaciones, en las que lo más importante radica en el modo, no tanto en el “qué”. Porque en este caso, es todo ante Dios y para Dios, sea lo que sea lo que nos toque emprender.

Un buen indicador de que estamos encontrando el ajuste adecuado, será cuando notes la misma reverencia y cuidado en el lavado de la vajilla que en el propio caminar, en el barrido de los pisos que en el movimiento con el que tu brazo descorre las cortinas.  Será entonces “la ceremonia interior” de tender la mesa para la comida, de hablar con tu vecino o de escribir un icono.

Uno se transforma en oficiante de la vida y cada día en un altar. No erraban los Padres antiguos cuando hablaban de la vida como misa y sacrificio eucarístico, en su pleno sentido de acción de gracias. Cuando esto se instala, hablar con el prójimo resulta trabajo simbólico de transformación espiritual, en donde los significados se recrean conforme se avanza en el camino.

Hazte consciente de esto: Ese modo de hacer es oración en la acción que no vale ni más ni menos que otras formas de oración, sencillamente porque la oración no es un bien que puede medirse o compararse, no es algo a lo que pueda asignarse valor. la oración es el acto humano por excelencia, que nos hace verdaderamente humanos.

La oración de Jesús o del corazón, es una forma de orar que no nos aparta de la acción sino que eleva nuestra conducta y la hace eficaz para uno y el prójimo.

Práctica sugerida

Buscar un modo de estarse en la acción, con tranquilidad, orden y pulcritud general; poniendo especial atención en hacer bien aquello que toca hacer. Elegir especialmente una acción concreta en la jornada (cualquiera sea) y poner en ella lo mejor de uno; en el cuidado, la atención a los detalles y sobretodo el espíritu de unción y ofrenda a Dios de ese hacer concreto. Este momento elegido, en el que uno actuará con mayor lentitud que la habitual, es ideal para recitar mentalmente la oración de Jesús. Que El Santo Nombre acompañe este modo “ceremonial” de actuar, recordando a Dios como destinatario de todo lo que hacemos.

Día 6 – Hesiquía y compunción

Click aquí para texto del 6° día

Práctica sugerida:

En este sexto día de los ejercicios, vamos a repasar lo hecho en los 5 días anteriores, para no avanzar sin darle mayor profundidad a lo ejercitado. Para facilitar les ponemos un enlace a documento con las prácticas de los 5 días.

Hacer click aquí

Tratar a su vez de intensificar la práctica de la oración de Jesús en todo momento y lugar. De forma vocal, mental, como simple aspiración del corazón… mientras intentamos tener algunos momentos para repasar textos y prácticas de los 5 días anteriores. Un saludo fraterno invocando sin cesar El Santo Nombre de Jesús.

Día 5 – No amo a Dios

Texto para meditar

Confesión que conduce al hombre interior a la humildad

“Volviendo la mirada atentamente sobre mí mismo, y observando el curso de mi estado interior, he comprobado por experiencia que no amo a Dios, que no amo a mis semejantes, que no tengo fe, y que estoy lleno de orgullo y de sensualidad. Todo esto lo descubro realmente en mí como resultado del examen minucioso de mis sentimientos y de mi conducta, de este modo:

»1. No amo a Dios. —Puesto que si amase a Dios, estaría continuamente pensando en Él con profundo gozo. Cada pensamiento de Dios me daría alegría y deleite. Por el contrario, pienso mucho más a menudo, y con mucho más anhelo, en las cosas terrenales, y el pensar en Dios me resulta fatigoso y árido. Si amase a Dios, hablar con Él en la oración sería entonces mi alimento y mi deleite, y me llevaría a una ininterrumpida comunión con Él. Pero, por el contrario, no sólo no encuentro deleite en la oración, sino que incluso representa un esfuerzo para mí. Lucho con desgana, me debilita la pereza, y estoy siempre dispuesto a ocuparme con afán en cualquier fruslería, con tal de que acorte la oración y me aparte de ella. El tiempo se me va sin advertirlo en ocupaciones vanas, pero cuando estoy ocupado con Dios, cuando me pongo en Su presencia, cada hora me parece un año.

Quien ama a otra persona, piensa en ella todo el día sin cesar, se la representa en la imaginación, se preocupa por ella, y en cualquier circunstancia no se le va nunca del pensamiento. Pero yo, a lo largo del día apenas si reservo una hora para sumirme en meditación sobre Dios, para inflamar mi corazón con amor por Él, mientras que entrego con ansia veintitrés horas como fervorosas ofrendas a los ídolos de mis pasiones. Soy pronto a la charla sobre asuntos frívolos y cosas que desagradan al espíritu; eso me da placer. Pero cuando se trata de la consideración de Dios, todo es aridez, fastidio e indolencia. Aun cuando sea llevado sin querer por otros hacia una conversación espiritual, rápidamente intento cambiar el tema por otro que dé satisfacción a mis deseos.

Tengo una curiosidad incansable por las novedades, sean acontecimientos ciudadanos o asuntos políticos. Busco con ahínco la satisfacción de mi amor por el conocimiento en la ciencia y en el arte, y en la manera de obtener cosas que quiero poseer. Pero el estudio de la Ley de Dios, el conocimiento de Dios y de la religión, no me causan efecto, y no sacian ningún apetito de mi alma. Veo estas cosas no sólo como una ocupación no esencial para un cristiano, sino ocasionalmente como una especie de cuestión secundaria en que ocupar quizá el ocio, a ratos perdidos.

Para resumir: Si el amor a Dios se reconoce por la observancia de sus mandamientos (Si me amáis, guardaréis mis mandamientos, dice Nuestro Señor Jesucristo), y yo no sólo no los guardo sino que incluso lo procuro poco, se concluye verdaderamente que no amo a Dios. Esto es lo que Basilio el Grande dice: “La prueba de que un hombre no ama a Dios y a Su Cristo está en el hecho de que no guarda Sus mandamientos.”

Extraído de “Relatos de un peregrino ruso – 2° Parte – Aquí el PDF

Práctica sugerida :

Si fuera posible, leer el texto más de una vez durante el día. Preguntarse ¿Qué rasgo de mi persona es el que más me aleja del amor a Dios? Puede verse como un tipo de conducta, sentimiento o pensamiento; pero si preguntamos con sinceridad, la respuesta vendrá desde el fondo del alma. Pedir con fuerza la conversión en este aspecto específico de mi vida.

Día 4 – En pos de la verdad

Muy estimadas/os en el amor a Jesucristo. Para el cuarto día os pedimos que leais los párrafos de “El peregrino es atacado por los ladrones” que es parte del libro “El peregrino ruso”.

Luego de ello releer este párrafo nuevamente:

Dios quiere que el cristiano renuncie a su propia voluntad y a todo apego a ella, para poder ponerse así enteramente en los brazos de la voluntad divina. Todo lo que Él hace es para el bien y la salvación de los hombres. Él quiere que todos los hombres sean salvos.

De modo que ten ánimo y cree que Dios dispondrá con la tentación el éxito para que podáis resistirla. Pronto recibirás un consuelo mayor que todas tus penas. Al oír estas palabras, desperté y sentí en mi cuerpo fuerzas renovadas y en mi alma como una aurora y una nueva tranquilidad. ¡Qué se cumpla la voluntad de Dios!, dije. Me levanté, hice la señal de la cruz y partí. La oración obraba de nuevo en mi corazón como antes, y durante tres días seguí tranquilo mi camino. 

Práctica sugerida:

Revisemos en algún momento del día, nuestra propia vida a la luz de esos párrafos. No hace falta que sea de modo exhaustivo o minucioso, más bien de manera silenciosa e intuitiva, como si tanteáramos en el propio corazón en pos de la verdad. Si uno mira eso que aparece en la profundidad del alma, si miramos de manera limpia y clara, resultará evidente aquello que nos falta poner de nuestra parte para permitir que la gracia transforme nuestra vida enteramente.

Homilía del Padre José

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La mirada contemplativa

Día 3 – El saludo interior

Texto del día

Práctica sugerida

Muy estimadas/os en La Oración del Santo Nombre:

Mi entrañable padre espiritual me recomendó hace ya muchos años, cuando acudí a él en consulta, aquejado por problemas en mis relaciones interpersonales, el siguiente ejercicio:

“Intenta con toda la atención y determinación de que seas capaz, de saludar secreta e interiormente a cada persona con la que te relaciones, invocando sobre él o ella el Santo Nombre de Jesús.

Así como habitualmente la gente se saluda con frases tales como… “¡Qué dice usted?”, “¿Cómo está hoy?”, “¿Qué tal?”, “Hola ¿Cómo estás? y así con otras similares, tu debes saludar en tu interior repitiendo el Nombre de Jesús en favor de ese semejante con quién te relacionas. Por fuera, saluda como todo el mundo, por dentro invocas la gracia divina para ese prójimo, conocido u ocasional y, al mismo tiempo, pides la luz para esa relación concreta…”

Esta práctica es muy poderosa para generar cambios favorables en nuestro entorno y si bien es simple, exige toda nuestra atención y un creciente sentimiento de empatía y afecto hacia el prójimo. Quién se habitúa a esta práctica suele llevarla en adelante siempre sin esfuerzo y este mismo ejercicio es un constante recordatorio de La oración de Jesús en el cotidiano.

Un saludo fraterno para todas/os de parte del Equipo del blog

Día del Santísimo Nombre de Jesús

Cada 3 de enero la Iglesia celebra el Día del Santísimo Nombre de Jesús. “Éste es aquel santísimo nombre anhelado por los patriarcas, esperado con ansiedad, demandado con gemidos, invocado con suspiros, requerido con lágrimas, donado al llegar la plenitud de la gracia”, decía San Bernardino de Siena.

La palabra Jesús es la forma latina del griego “Iesous”, que a su vez es la transliteración del hebreo “Jeshua” o “Joshua” o también “Jehoshua”, que significa “Yahveh es salvación”.

El Santísimo Nombre de Jesús comenzó a ser venerado en las celebraciones litúrgicas del siglo XIV. San Bernardino de Siena y sus discípulos propagaron el culto al Nombre de Jesús. En 1530 el Papa Clemente VII concedió por primera vez a la Orden Franciscana la celebración del Oficio del Santísimo Nombre de Jesús.

San Bernardino solía llevar una tablilla que mostraba la Eucaristía con rayos saliendo de ella y, en el medio, se veía el monograma “IHS”, abreviación del Nombre de Jesús en griego (ιησουσ). Más adelante la tradición devocional le añade un significado a las siglas: “I”, Iesus (Jesús), “H”, Hominum (de los hombres), “S”, Salvator” (Salvador). Juntos quieren decir “Jesús, Salvador de los hombres”.

San Ignacio de Loyola y los jesuitas hicieron de este monograma el emblema de la Compañía de Jesús.

El Nombre de Jesús, invocado con confianza:

  • Brinda ayuda en las necesidades corporales, según la promesa de Cristo: “En mi nombre agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien” (Mc. 16,17-18). En el Nombre de Jesús los Apóstoles dieron fuerza a los lisiados (Hch. 3,6; 9,34) y vida a los muertos (Hch. 9,40).
  • Da consuelo en las pruebas espirituales. El Nombre de Jesús le recuerda al pecador el “padre del hijo pródigo” y el buen samaritano; al justo le recuerda el sufrimiento y la muerte del inocente Cordero de Dios.
  • Nos protege de Satanás y sus artimañas, ya que el diablo le teme al Nombre de Jesús, quien lo ha vencido en la Cruz.
  • En el nombre de Jesús obtenemos toda bendición y gracia en el tiempo y la eternidad, pues Cristo dijo: “lo que pidan al Padre se los dará en mi nombre.” (Jn. 16,23). Por lo tanto, la Iglesia concluye todas sus oraciones con las palabras: “Por Jesucristo Nuestro Señor”, etc. Así se cumple la palabra de San Pablo: “Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos.” (Flp. 2,10).

Texto extraído de ACI – Prensa

La veneración del Nombre divino

El Santo Nombre en el catecismo

El dulce Nombre de Jesús

Día 2 – La gracia que irrumpe

Breve reflexión

Consagrar todo el día a la oración significa ubicarla como lo más importante. Ya tenemos experiencia de lo dificultoso que es sosegar la mente que oscila de continuo.

Solo un lacerante dolor o un deseo muy grande de unión con Dios pueden darnos la fuerza para hacer de La oración de Jesús nuestra prioridad diaria. Concentrando el fuego interior del corazón, que se alimenta de nuestro dolor o amor por Dios, se abre un espacio propicio en nuestra vida para la manifestación de la oración incesante.

Esta gracia inmensa de la oración continua, contiene la suma de las aspiraciones humanas, nos pone en presencia del Amado; ese Dios a quién todo le debemos y que vive ignorado detrás del velo de nuestros deseos mezquinos. La única felicidad duradera está en la unión con Dios en el propio corazón. El peregrino ruso nos muestra un camino hacia ella.

Práctica sugerida

El ejercicio que proponemos hoy consiste en hallar un momento especial en medio de las rutinas cotidianas. La búsqueda de un espacio/tiempo que interrumpa el devenir por lo general automático de los aconteceres ya establecidos. Tanto en el trabajo como en vacaciones los hechos parecen sucederse con cierta prisa, sin espacio entre las distintas tareas, con una cierta agitación de fondo por conseguir, llegar, alcanzar, solucionar…

La presencia de lo sagrado, la irrupción de la gracia, el aroma de lo divino, necesita apenas de un momento. Hacer un alto, si es posible en una plaza, en un costado del camino, bajo aquél árbol o simplemente mirando por la ventana. Detener el incesante fluir y mirar un momento. En silencio. Tomar conciencia de la propia mirada, de uno estando allí mirando allá… y dejar que aparezca nuestro deseo de felicidad, de plenitud, de cobijo en Dios. Dejar que se eleve el anhelo de paz, de bienestar para todos. Invocar silenciosamente con todo el amor que nos sea posible, el Santo Nombre de Jesús.

“Relatos de un peregrino ruso”

Día 1 – La gratitud

Hermanas y hermanos invoquemos

El Santo Nombre de Jesús.

Damos comienzo a estos 30 días de ejercicios espirituales en base a la espiritualidad de El Peregrino ruso y La Oración de Jesús. Cada día se publicará un texto o reflexión seguida de una recomendación para la práctica personal. El equipo del blog estará a disposición para responder vuestras consultas o publicar vuestras aportaciones a través de los comentarios al final de cada post.

Texto del día

“—La oración interior —dijo él—, es cosa difícil y aun casi imposible para los que viven en el mundo; aun para que hagamos sin pereza la oración ordinaria tiene que ayudarnos el Señor con todo su favor.

—No habléis así, repliqué. Si fuera una empresa que sobrepuja a las fuerzas humanas, Dios no la hubiera exigido a todos. En la flaqueza se perfecciona mi poder, y los Padres nos ofrecen medios que facilitan el camino a la oración interior.

—Nunca he leído cosa alguna referente a esto, dijo mi interlocutor.

—Si queréis, yo puedo leeros algunos extractos de la Filocalía. Tomé este libro, busqué un pasaje de Pedro Damasceno en la tercera parte, y leí lo que sigue: «Debemos ejercitarnos en invocar el nombre del Señor, más que en la respiración, en todo momento, en todo lugar y en toda situación. Orad sin cesar, dice el Apóstol; y con estas palabras enseña que nos hemos de acordar de Dios en todo tiempo, en todo lugar y en toda ocupación.

Si haces alguna cosa, has de pensar en el Creador de todo lo que existe; si ves la luz, acuérdate de quien te la dio; si te acontece contemplar el cielo, la tierra, el mar y las cosas que en ellos están contenidas, admira y glorifica a Aquel que las creó; si te pones un vestido, piensa en Aquel a quien se lo debes y dale gracias por él, a Él que provee a tu existencia. En una palabra, que todo movimiento te sea motivo para celebrar al Señor, y así orarás sin cesar y tu alma estará siempre en la alegría.»”

Extraído de “Relatos de un peregrino ruso”

Práctica sugerida:

En este primer día os recomendamos ni más ni menos que lo que el mismo peregrino nos sugiere: Recordar a Dios al observar cualquier manifestación, haciéndonos conscientes del don de la existencia. Cada vez que recordemos a Dios, invoquemos interiormente Su Santo Nombre con sentimiento de gratitud. Este agradecimiento en el secreto del corazón puede hacerse en todo momento y lugar. Apliquemos la fuerza de nuestra alma para ver a Dios en todo y todas las cosas.

Percepción de la Presencia

¿Cuál es el sentido de practicar La oración de Jesús?

Encontrar la presencia de Dios en medio de lo cotidiano y permanecer junto a ella. La gracia está todo el tiempo disponible, pero los múltiples apetitos y deseos, de la mente y el cuerpo, nos distraen en las diversas cosas y nos vuelven insensibles al Espíritu Santo que está como el trasfondo en toda percepción.

¿Pero qué se supone entonces, que no hemos de desear nada o que tenemos que negar a la mente y al cuerpo?

No. Pero hay deseos y apetitos que responden a necesidades y que al saciarse quedan en reposo. Reclaman su cuota natural y después se calman, hasta que se reactiva su ciclo previsto. Toma el caso del comer y el dormir o de la necesidad de abrigo. El cuerpo siente una necesidad para su supervivencia y reclama que se le atienda. Pero luego de comer o dormir el reclamo termina.

En cambio hay deseos y apetitos que mientras más saciamos más reclaman y se cae en un torbellino descendente donde quedamos esclavizados de tantas cosas y aparentes necesidades que no queda espacio para lo espiritual. Nos convertimos en solo un cuerpo o en solo una mente inquieta y lo que esencialmente somos, espíritus hijos de Dios, permanece adormecido o aletargado. Es en este contexto que La oración de Jesús viene a salvarnos.

¿De qué manera?

Si habiendo tomado conciencia de nuestra situación de dependencia y esclavitud a tantas cosas, personas y situaciones, nos damos cuenta del dolor que ello nos provoca y con la humildad en que este dolor nos deja, hacemos La oración de Jesús, todo lo cambia para bien. Es decir: si conscientes de nuestra miseria, repetimos el Santo Nombre o la frase elegida, la mente tenderá a centrarse en la oración. Nos acostumbramos a recordar la Presencia de Dios con frecuencia y este recuerdo nos habilita, poco a poco, la percepción de esa Presencia. Como hemos dicho en otras ocasiones, lo que es creencia se convierte en experiencia.

Entonces, ¿sin dolor no hay verdadera oración?

La conciencia de nuestra situación de esclavitud o de dependencia, por usar una palabra más suave, nos muestra cierta impotencia de fondo en la cual vivimos. Esto nos torna más humildes y desde esa humildad la oración se enciende, ese fuego la eleva y nos hace conscientes de la gracia que ya se nos estaba dando, antes de que la pidiéramos. La oración vocal o la oración mental sin el sentimiento que la alimente se vuelve vacía. Aunque al principio habrá mucha oscilación en nuestras emociones. A veces rezaremos sin sentir la oración y otras surgirá el fervor. Sin perseverar con firme determinación, no se llegan a gozar los primeros frutos, la mayoría abandona antes.

Continuaremos agregando la continuidad del diálogo durante los 30 días de ejercicios. Puedes participar del mismo efectuando tus preguntas en los comentarios debajo de cada publicación que hagamos.

Enlace del día:

Activos y contemplativos

La torre inexpugnable

Texto breve para meditar – 2 –

Si en medio de alguna actividad te encuentras ausente de ella, divagando en cualquier sentido; vuelve al centro, repite El Santo Nombre.

Si en la relación con otros te descubres pugnando por la razón, queriendo cierta primacía; regresa a lo esencial, repite el Nombre de Jesucristo.

Si de repente fueras invadido por una adormilada tristeza y una mirada negativa quisiera instalarse en tu vida, fortalece tu espíritu practicando la oración de Jesús.

Sitúate en medio de una torre inexpugnable, al abrigo de todo mal; vístete con la oración del Nombre.

Queridas hermanas y hermanos: Cómo ya les anunciamos, desde el día 2 de enero y hasta el día 31 os postearemos ejercicios espirituales en torno al Peregrino Ruso, en base a los realizados en 2012 con actualizaciones que se han considerado oportunas. Cada día os agregaremos un breve texto y una consigna para la práctica concreta. En los comentarios al final del post de cada jornada, podéis ir dejando vuestras consultas o aportes que queráis compartir. Elevamos oraciones para que estos ejercicios den fruto en el corazón y para que aumente la entrega de todos a la voluntad de Dios, único camino a la plenitud eterna.

Enlaces del día:

Homilía del Padre José

Divinas vocaciones

No hay prisa

Texto breve para meditar – 1 –

“Me levanto como de costumbre. No hay prisa, no “hay que hacer” nada especial.

Miro el retrato del Amado. Invoco el Santo Nombre con dulzura. Dejo que resuene en mi interior. Paso las cuentas una a una al ritmo de la inspiración y espiración.

Intento ser el recinto a través del cual se manifieste lo Sagrado. Está fuera de mí, está dentro de mí.

Lo pongo todo en sus manos, dudas, miedos, deseos, aspiraciones. Miro todas las cosas con reverencia, y amor. Existen a partir Suya, son el marco de Su manifestación.”

Elsantonombre.org

Extraños en un mundo extraño

Cerca de Magdala en el Lago de Galilea

La vida espiritual no es un camino llano. Por lo general, presenta numerosos altibajos.

Colinas, valles pronunciados, desvíos, senderos, sorpresivas cumbres y peligrosos desfiladeros, son figuras que muestran con claridad las experiencias que atraviesan quienes se han dispuesto en la búsqueda de Dios.

Son los que han emprendido el viaje hacia lo profundo del corazón, aquellos que indagan en busca de la perla escondida; los que sumergiéndose en pos del silencio van tras el secreto que en aquel se oculta.

Hoy en día son extraños en un mundo extraño. Peregrinos que vienen de lejos, con una mirada forastera, poco tienen en común con una época en la que todo brilla y suena reclamando atención, prometiendo bonanzas inmediatas a cambio de la luz que anima el espíritu.

Llamados a una vida de silencio y oración, atraídos misteriosamente hacia el recogimiento y la contemplación; dudan a veces de si mismos, se preguntan por su propia cordura, cuando no logran aceptar del todo la vocación con la que han sido marcados.

Es que lo que nos rodea tiende a incorporarse, los valores imperantes pugnan por agregarse al alma, buscando de ella, sumisión y entrega en la alienación.

¿Qué haremos entonces?

Esto se refiere a la actitud previa a cualquier acción. A un porte del ánimo, a una manera de estar posicionados frente a lo que viene en el momento siguiente. Hace falta que nos centremos en la disposición con la cual encaramos la jornada y cada actividad.

El corredor adopta una postura muy precisa antes de lanzarse a la carrera, se agazapa, se apoya con precisión para obtener impulso, todo en él se dispone para salir disparado con velocidad hacia la meta. Permanece estático en espera de la señal.

Todos los atletas saben de la importancia de estar preparados para la tarea. Se ejercitan desde antes de la competencia misma. Siguen una rutina de descanso, nutrición y entrenamiento.

La vida espiritual precisa de una ascesis, sin ella desvaría sin rumbo el caminante. Pero hay que distinguir; ascesis no es rigidez, ni escrúpulo, ni forzamiento. Es más bien un ordenamiento en función de lo querido, un establecernos pautas que nos faciliten el ascenso.

Pero el problema se presenta cuando teniendo intención y ascesis, no encontramos el ánimo para practicarla, cuando nos extraviamos de nuestra misma meta y las decisiones de ayer nos resultan ajenas, como si hubiera sido otro el que se consagró o el que decidió seguir la puerta estrecha.

De eso se trata, de encontrar la disposición adecuada. Sin este ordenamiento anímico, que es también físico y espiritual, la ascesis queda relegada como un proyecto bien intencionado pero impracticable.

No hacer las cosas apresurados y sin más. Negarse al apremio, resistir la prisa que viene de adentro y a la de afuera. Buscar entonces esa manera de situarnos que nos permite hacer bien lo que sea que hagamos.

Lo primero en cada jornada y lo más importante en cada momento ha de ser encontrar la disposición adecuada. Aplicar esto cuando advertimos que nos perdimos, que empezamos a perder la “frecuencia” espiritual, esa “sintonía” con lo sagrado.

Uno ha de mantenerse en el camino y para eso necesitamos estar atentos a nosotros mismos y traernos al centro nuevamente, cada vez que empezamos a ser zarandeados por los estímulos del medio.

¿Esto es gracia? Si, es gracia y también disposición de nuestra parte. Porque la fuerza de la gracia esta siempre disponible, pero hay que permanecer abiertos a su acción, interesados en recibirla.

Vivir en la Presencia de Aquél que amamos y en Quién nos refugiamos es la meta del peregrino espiritual. Queremos vivir con Cristo y en Cristo. Quisiéramos limpiar el corazón para este se haga morada de lo trascendente.

Esto es don y también disposición, determinación inflexible del corazón…

Continúa…

Texto propio del blog

Sentidos espirituales

Fragmentos:

Me doy cuenta que la mayor parte de mis problemas e inquietudes derivan de la falta de fe, de mi falta de fe en Dios. Pido que crezca en mí la fe, pero esta oración es dubitativa, no convencida y entiendo que eso también influye en su eficacia. 

Esto de la fe, la duda y la certeza, desde un punto de vista, tiene que ver con el embotamiento de los sentidos. Cuando nos hemos acostumbrado a percibir solo con los sentidos físicos, se nos genera una dependencia de estos y nos parece real solo lo que vemos, oímos, gustamos… se nos hace indubitable aquello que percibimos “ahí delante”, siendo que por el contrario, la información que los sentidos físicos nos brindan es de lo más relativa y dudosa, como lo afirma incluso la ciencia actual.

En cambio, al irnos encaminando en un sendero espiritual, cuando con resolución adoptamos una ascesis hacia Cristo y la divina presencia, empiezan a despertar en nosotros los llamados sentidos espirituales. Estos captan otra franja de realidad, advierten otros sucesos que van transcurriendo en el devenir cotidiano y, sobre todo, descubren significado y sentido en lo aparentemente trivial o intrascendente.

Lo que ocurre a cada momento nos está “hablando”, el discurrir “nos dice” acerca de la vida, sus misterios y el designio de Dios, pero solemos permanecer cerrados a esta escucha del corazón, que se presenta espontánea cuando permanecemos atentos.

La situación es que permanecemos volcados hacia afuera de nosotros mismos, buscando en los objetos o situaciones placeres varios que nos hagan sentir vivos, que oculten el vacío interior o simplemente que nos saquen del tedio y el aburrimiento que tiende a imponerse cuando ponemos las expectativas en el lugar equivocado.

Entonces, tener fe desde esa posición del alma es muy difícil. Todo viene de la gracia  a ella todo le debemos, pero la gracia no impone, el Espíritu sopla pero no avasalla; es preciso que nos dispongamos íntimamente a percibir lo sagrado para que podamos darnos cuenta de su existencia.

En alguna parte del camino de interiorización, ocurre que lo que era creencia se transforma en experiencia. Desde la duda, se avanza hacia la fe y luego a la certeza. Se produce en el corazón humano “la percepción” de Dios, la íntima convicción de Su providencia, la contundente manifestación de Su amor en la propia vida. Se produce un vuelco en la mirada y un cambio muy importante en el modo que se visualiza la propia historia y el propio futuro.

Pero este advenimiento de Dios en la propia vida se da en el interior del corazón, en lo más profundo del alma y abre paso a la mirada espiritual. Uno se “despierta” a la realidad de su egocentrismo, de como se ha vivido enajenado por las propias apetencias y de como estas, incluso, han teñido las búsquedas que se creían espirituales.

Es una caída en cuenta, un rayo de claridad en medio de lo turbio. Se nos revela como vivíamos en un ciego “para mí”, mirando y haciendo para que todo se adaptara a nosotros mismos, queríamos torcer la marcha de las cosas en función de nuestras carencias.

Esta comprensión, es una cierta luz que nos muestra la acción de algo más grande que nosotros mismos. Advertimos que sin la intervención de Dios y de la gracia, esta metanoia no podría haberse producido, terminamos agradeciendo la cadena de sucesos plantados uno tras otro en nuestro camino, para mostrarnos aquello que necesitábamos ver.

Con sorpresa, entendemos al sufrimiento como el necesario impulso correctivo o la imprescindible alerta que nos avisa de la carrera hacia el abismo en la que estábamos empeñados. Uno agradece sin querer, son impulsos del corazón, es un maravillarse de que la armonía que se puede ver en el cosmos se manifieste también en los asuntos humanos, enderezando, mostrando, corrigiendo y enseñando.

Dios existe deja de ser una creencia, se transforma en evidencia interior. Si quieres emprender ese camino a la certeza, lo primero y más importante es dejar de mentirse acerca de uno mismo. Esto vendría a ser un dejar de decirse cosas sobre uno, o sobre el propio pasado o futuro. Dejar de vivir según la imagen de nosotros mismos que nos construimos. Mirarnos sin afeites, sin acomodos, asumirnos… y desde allí trabajar por el cambio, pidiendo la gracia de la conversión profunda.

La fe es un don, una virtud, una conquista del alma y también la antesala de la experiencia.

© Texto propio del blog

Navidad 2019

La duda y la evidencia

La duda surge cuando el centro soy yo, en cuanto ego.

Por lo contrario, cuando el interés radica en hacer lo que agrada al Señor, en cuanto seguir la voluntad suya enteramente, se dan los signos claramente en el corazón. Esto es: En la conciencia que se vuelve sobre si misma ante la Presencia de Dios.

No puede equivocarse el bien intencionado en esto: El hombre interior sabe a ciencia cierta si esa o aquella acción se corresponde con su Sagrado deber.

El deber ante Dios, no excluye la congoja o aún el temor, sin embargo subyace la paz profunda de estar haciendo lo que El Señor quiere.

En general, menudencias distraen al ser esencial, queriendo apartarlo  de Su centro. Importa llegar a estar con Dios y solo eso, a uno y a todos los hombres. Todo problema, toda duda y angustia, surgen ante la ausencia de la Sagrada Presencia.

Si en Dios…¿qué temo? Temo porque no siento a Dios conmigo. Y si a Dios no siento es porque algo quiero para mi que no es estar con Dios.

Porque si lo quiero a Él se silencia todo movimiento en mí, y al esto producirse, Su santa presencia emerge evidente, al no estar ya el  claro reflejo de la conciencia movido por las múltiples apetencias.

De suerte que todo movimiento surge del ansia y toda quietud de la gracia; el ansia busca el placer y la gracia a Dios, volviéndose hacia el sitio de donde provino.

Ignorantes erramos creyendo felicidad el hartazgo del sentido, absortos en el velo de la medianía, abrazamos la miseria; sin saber que al inclinarnos hacia la total renuncia, el abandono sin límites y la sumisión completa, recalaríamos en el puerto de Sus brazos haciéndonos Uno con Él.

En lo que atañe a la ascesis de los sentidos, la resistencia se manifiesta ante el cambio pretendido. El vicio ejerce inercia, oponiéndose a la purificación que quisiéramos operar.

Es decir que la resistencia muestra la voluntad nueva que la actúa, queriendo mutar la esclavizante costumbre en liberadora praxis. Esta fuerza de lo nuevo libre, ha de sostenerse  apenas un poco, lo suficiente hasta que el sentido acoja la penitencia con el mismo gusto con que antes  lo malsano.

En muy poco tiempo, mucho menos que lo que el tentador pretende que creamos; toda la percepción adecúa su linde al nuevo rigor, disfrutando ahora el pan desnudo y simple como antes el manjar untuoso, acogiendo el duro lecho sin ablandes con el mismo regocijo que antes, los mullidos edredones.

Pero  vale aclarar, que este disfrute y regocijo que se hallan también en la rusticidad de la regla, no encadenan reclamando a cada paso nueva manifestación; sino que van soltando al cuerpo hacia una experiencia de la libertad por entero novedosa, hacia una liviandad y extrañeza de los apetitos e ínfulas que antes constituían su vida por entero.

Y es por cierto este nuevo espacio rústico, libre de afeites y amaneramientos y consentimientos varios, en el que comienza a mostrarse el rostro de Aquél, que ajeno a toda riqueza habla en el corazón de la pobreza.

Porque El Señor es simple como el agua y liviano como el aire; el cuerpo torna entonces instrumento del espíritu transponiéndose así el obstáculo en medio.

Extraído de “Desde la ermita

Estimadas/os en el amor a Jesús y la vida monástica: Todo comentario, aporte o consulta será bienvenido para ir enriqueciendo nuestra vida comunitaria en estos nuevos inicios. Puede utilizarse para ello el espacio para comentarios debajo del post. Una hermana se encuentra haciendo un vídeo presentación del estudio que haremos de La Filocalía muy pronto, teórico y práctico, que esperamos sea de utilidad para todos.

Acerca del Monje interior y la Fraternidad

Intención para activar la Fraternidad

Decisión del corazón

Carta 13

La práctica de la oración de Jesús, que constituye propiamente un camino espiritual para quién se determina en ella, es una ascesis del corazón que progresivamente silencia la mente, aquieta las pasiones y deja disponible al cuerpo para el servicio apostólico que cada quién este llevando adelante.

Si se ejercita con regularidad, si se la sostiene con perseverancia sin amilanarse ante las dificultades; va desplazando los pensamientos asociativos propios de la dispersión, ocupa el lugar de la curiosidad, disuelve poco a poco la vanidad y establece un modo pacífico de vivir.

Quienes la repiten como oración continua, se encuentran cada vez mas libres de necesidades; no porque les sobrevenga una mágica prosperidad, sino porque con naturalidad empiezan a contentarse con menos. Es un movimiento del corazón hacia lo esencial.

Repetir la frase de la oración de Jesús tradicional, aquella en la que el orante se menciona a si mismo como pecador y en la que invoca la misericordia de Dios, nos sitúa en la conciencia de la propia realidad que vivimos. Esto es, la de una vida humana imperfecta, mortal, pequeña en relación al cosmos y dependiente de múltiples factores que escapan a su manejo. Nos muestra el constante egoísmo al que tienden nuestras acciones, nos devela las motivaciones míseras, nos brinda el reflejo de un rostro que por lo general, no queremos ver.

Pese a ello, esta creciente conciencia del pecado no debilita ni deprime, mas bien sume en la esperanza. Uno siente que cuando avanza lo hace en dirección cierta, que lo aprendido ya no se desaprende; porque se parte de la verdad de si mismo, de haberse visto cara a cara sin afeites.

Lo más difícil de este camino es iniciarlo y sostenerlo los primeros tiempos, debido a la corriente en contrario que la sociedad entera impulsa cada día. Los usos y costumbres que van imponiéndose, a través de los medios tecnológicos de comunicación y en las relaciones personales, alientan en dirección opuesta. Todo tiende a ensalzar el poderío de lo individual, la necesidad de autoestima apoyada en lo exterior; se valora más la soberbia que la humildad y la astucia se premia antes que la bondad.

Se vive en permanente dialogo interno, afirmando constantemente cosas acerca de si mismo para ocultar el rostro del dolor, la frustración y la angustia en que una existencia mal orientada deja a las personas.

La oración de Jesús nos ayuda a mantener el rostro vuelto hacia Dios, origen, sostén y fundamento de todo sentido. Por ello es importante que el ejercicio de la oración quede desvinculado de todo logro personal. No debemos relacionar una práctica intensa al “exito” o un pérdida del vigor en la devoción con un “fracaso”.

Elegir la vía del Nombre de Jesús implica una decisión del corazón, que sintiéndose llamado se deja llevar de aquella atracción incomprensible. Esta forma de oración, por su misma índole, requiere de cierta consagración, de un acto de filial entrega.

Una vez iniciado el camino, es necesario poner lo mejor de nosotros hasta formar el hábito, que primero en la mente y luego en el corazón, se transforma en segunda naturaleza. La gracia viene junto al Nombre de Jesús, que purifica y transforma aunque se interponga, una y otra vez, el ego.

Los saludo invocando el Nombre de Jesucristo.

Texto propio del blog

Texto semanal de estudio e intercambio – 1 –

Para miembros de la Fraternidad monástica virtual

Estimadas/os hermanas/os en el amor a Cristo y la vida monástica, aquí os dejo dos enlaces a textos sobre la atención y la necesidad de ella para llevar una vida de oración.

¿Que es la atención?

La atención es camino a la oración continua

En base a estos dos textos llevaremos adelante el estudio y la reflexión durante la semana que se inicia. Podemos intercambiar sobre ello, efectuar consultas y aportes que se consideren afines al tema libremente.

Para ello pueden usar los comentarios de aquí abajo. Si fuera preciso pueden escribir al mail o usar el Whatsapp

En unas horas pondremos un vídeo donde comentamos el tema y que buscará también aportar a este intercambio.

En este día de La Inmaculada les enviamos un abrazo fraterno, invocando el Nombre de nuestro Señor Jesús.

La escala de San Juan Climaco

Benedicto XVI en audiencia general

La “Escala al paraíso” de san Juan Clímaco

Queridos hermanos y hermanas:

Después de veinte catequesis dedicadas al apóstol san Pablo, quiero retomar hoy la presentación de los grandes escritores de la Iglesia de Oriente y Occidente en la Edad Media. Y propongo la figura de san Juan, llamado Clímaco, transliteración latina del término griego klímakos, que significa de la escala (klímax). Se trata del título de su obra principal, en la que describe la ascensión de la vida humana hacia Dios. Nació hacia el año 575; así pues, su vida se desarrolló en los años en que Bizancio, capital del Imperio romano de Oriente, sufrió la mayor crisis de su historia. De repente cambió el marco geográfico del Imperio y el torrente de las invasiones bárbaras hizo que se desplomaran todas sus estructuras. Sólo quedó la estructura de la Iglesia, que en esos tiempos difíciles continuó su acción misionera, humana y sociocultural, especialmente a través de la red de los monasterios, en los que actuaban grandes personalidades religiosas, como san Juan Clímaco.

Entre las montañas del Sinaí, donde Moisés se encontró con Dios y Elías oyó su voz, san Juan vivió y narró sus experiencias espirituales. Se han conservado noticias sobre él en una breve Vida (PG 88, 596-608), escrita por el monje Daniel de Raithu: a los dieciséis años, Juan, monje en el monte Sinaí, se hizo discípulo del abad Martirio, un “anciano”, es decir, un “sabio”. Cuando tenía alrededor de veinte años, eligió vivir como eremita en una gruta al pie de un monte, en la localidad de Tola, a ocho kilómetros del actual monasterio de Santa Catalina. La soledad no le impidió encontrarse con personas deseosas de recibir dirección espiritual, ni visitar algunos monasterios cerca de Alejandría. De hecho, su retiro eremítico, lejos de ser una huida del mundo y de la realidad humana, lo impulsó a un amor ardiente a los demás (Vida 5) y a Dios (Vida 7).

Después de cuarenta años de vida eremítica vivida en el amor a Dios y al prójimo, durante los cuales lloró, oró, luchó contra los demonios, fue nombrado abad (egúmeno) del gran monasterio del monte Sinaí. Así volvió a la vida cenobítica, en el monasterio. Pero algunos años antes de su muerte, sintiendo la nostalgia de la vida eremítica, pasó a su hermano, monje en el mismo monasterio, el gobierno de la comunidad. Murió después del año 650. La vida de san Juan se desarrolla entre dos montes, el Sinaí y el Tabor, y verdaderamente se puede decir que de él irradió la luz que vio Moisés en el Sinaí y que contemplaron los tres apóstoles en el Tabor.

Como he dicho, se hizo famoso por su obra la Escala (klímax), llamada en Occidente Escala del Paraíso (PG 88, 632-1164). Compuesta por las insistentes peticiones del abad del cercano monasterio de Raithu, en el Sinaí, la Escala es un tratado completo de vida espiritual, en el que san Juan describe el camino del monje desde la renuncia al mundo hasta la perfección del amor. Es un camino que —según este libro— se desarrolla a través de treinta peldaños, cada uno de los cuales está unido al siguiente. El camino se puede sintetizar en tres fases sucesivas: la primera consiste en la ruptura con el mundo con el fin de volver al estado de infancia evangélica. Lo esencial, por tanto, no es la ruptura, sino el nexo con lo que Jesús dijo, o sea, volver a la verdadera infancia en sentido espiritual, llegar a ser como niños.

San Juan comenta: “Un buen fundamento es el formado por tres bases y tres columnas: inocencia, ayuno y castidad. Todos los recién nacidos en Cristo (cf. 1 Co 3, 1) deben comenzar por estas cosas, tomando ejemplo de los recién nacidos físicamente” (1, 20; 636). Apartarse voluntariamente de las personas y los lugares queridos permite al alma entrar en comunión más profunda con Dios. Esta renuncia desemboca en la obediencia, un camino que lleva a la humildad a través de las humillaciones —que no faltarán nunca— por parte de los hermanos. San Juan comenta: “Dichoso aquel que ha mortificado su propia voluntad hasta el final y que ha confiado el cuidado de su persona a su maestro en el Señor, pues será colocado a la derecha del Crucificado” (4, 37; 704).

La segunda fase del camino es el combate espiritual contra las pasiones. Cada peldaño de la escala está unido a una pasión principal, que se define y diagnostica, indicando además la terapia y proponiendo la virtud correspondiente. El conjunto de estos peldaños constituye sin duda el más importante tratado de estrategia espiritual que poseemos. Sin embargo, la lucha contra las pasiones tiene un carácter positivo —no se ve como algo negativo— gracias a la imagen del “fuego” del Espíritu Santo: “Todos aquellos que emprenden esta hermosa lucha (cf. 1 Tm 6, 12), dura y ardua, (…), deben saber que han venido a arrojarse a un fuego, si verdaderamente desean que el fuego inmaterial habite en ellos” (1, 18; 636). El fuego del Espíritu Santo, que es el fuego del amor y de la verdad. Sólo la fuerza del Espíritu Santo garantiza la victoria. Pero, según san Juan Clímaco, es importante tomar conciencia de que las pasiones no son malas en sí mismas; lo llegan a ser por el mal uso que hace de ellas la libertad del hombre. Si se las purifica, las pasiones abren al hombre el camino hacia Dios con energías unificadas por la ascética y la gracia y, “si han recibido del Creador un orden y un principio (…), el límite de la virtud no tiene fin” (26/2, 37; 1068).

La última fase del camino es la perfección cristiana, que se desarrolla en los últimos siete peldaños de la Escala. Estos son los estadios más altos de la vida espiritual; los pueden alcanzar los “hesicastas”, los solitarios, los que han llegado a la quietud y a la paz interior; pero esos estadios también son accesibles a los cenobitas más fervorosos. San Juan, siguiendo a los padres del desierto, de los tres primeros —sencillez, humildad y discernimiento— considera más importante el último, es decir, la capacidad de discernir. Todo comportamiento debe someterse al discernimiento, pues todo depende de las motivaciones profundas, que es necesario explorar. Aquí se entra en lo profundo de la persona y se trata de despertar en el eremita, en el cristiano, la sensibilidad espiritual y el “sentido del corazón”, dones de Dios: “Como guía y regla de todo, después de Dios, debemos seguir nuestra conciencia” (26/1, 5; 1013). De esta forma se llega a la paz del alma, la hesychia, gracias a la cual el alma puede asomarse al abismo de los misterios divinos.

El estado de quietud, de paz interior, prepara al “hesicasta” a la oración, que en san Juan es doble: la “oración corporal” y la “oración del corazón”. La primera es propia de quien necesita la ayuda de posturas del cuerpo: tender las manos, emitir gemidos, golpearse el pecho, etc. (15, 26; 900); la segunda es espontánea, porque es efecto del despertar de la sensibilidad espiritual, don de Dios a quien se dedica a la oración corporal. En san Juan toma el nombre de “oración de Jesús” (Iesoû euché), y está constituida únicamente por la invocación del nombre de Jesús, una invocación continua como la respiración: “El recuerdo de Jesús se debe fundir con tu respiración; entonces descubrirás la utilidad de la hesychia“, de la paz interior (27/2, 26; 1112). Al final, la oración se hace algo muy sencillo: la palabra “Jesús” se funde sencillamente con nuestra respiración.

El último peldaño de la escala (30), lleno de la “sobria embriaguez del Espíritu” se dedica a la suprema “trinidad de las virtudes”: la fe, la esperanza y sobre todo la caridad. San Juan también habla de la caridad como eros (amor humano), figura de la unión matrimonial del alma con Dios. Y elige una vez más la imagen del fuego para expresar el ardor, la luz, la purificación del amor a Dios. La fuerza del amor humano puede volver a ser orientada hacia Dios, como sobre un olivo silvestre puede injertarse un olivo bueno (cf. Rm 11, 24) (15, 66; 893).

San Juan está convencido de que una experiencia intensa de este eros hace avanzar al alma más que la dura lucha contra las pasiones, porque es grande su poder. Por tanto, en nuestro camino prevalece lo positivo. Pero la caridad se ve también en relación estrecha con la esperanza: “La fuerza de la caridad es la esperanza: gracias a ella esperamos la recompensa de la caridad. (…) La esperanza es la puerta de la caridad. (…) La ausencia de la esperanza anula la caridad: a ella están vinculadas nuestras fatigas; por ella nos sostenemos en nuestros problemas; y gracias a ella nos envuelve la misericordia de Dios” (30, 16; 1157). La conclusión de la Escala contiene la síntesis de la obra con palabras que el autor pone en boca de Dios mismo: “Que esta escala te enseñe la disposición espiritual de las virtudes. Yo estoy en la cima de esta escala, como dijo aquel gran iniciado mío (san Pablo): “Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad” (1 Co 13, 13)” (30, 18; 1160).

En este punto, se impone una última pregunta: la Escala, obra escrita por un monje eremita que vivió hace mil cuatrocientos años, ¿puede decirnos algo a los hombres de hoy? El itinerario existencial de un hombre que vivió siempre en el monte Sinaí en un tiempo tan lejano, ¿puede ser de actualidad para nosotros? En un primer momento, parecería que la respuesta debiera ser “no”, porque san Juan Clímaco está muy lejos de nosotros. Pero, si observamos un poco más de cerca, vemos que aquella vida monástica sólo es un gran símbolo de la vida bautismal, de la vida del cristiano. Muestra, por decirlo así, con letra grande lo que nosotros escribimos cada día con letra pequeña. Se trata de un símbolo profético que revela lo que es la vida del bautizado, en comunión con Cristo, con su muerte y su resurrección.

Para mí es particularmente importante el hecho de que el vértice de la “escala”, los últimos peldaños, sean al mismo tiempo las virtudes fundamentales, iniciales, las más sencillas: la fe, la esperanza y la caridad. Esas virtudes no sólo son accesibles a los héroes morales, sino que son don de Dios para todos los bautizados: en ellas crece también nuestra vida. El inicio es también el final, el punto de partida es también el punto de llegada: todo el camino va hacia una realización cada vez más radical de la fe, la esperanza y la caridad. En estas virtudes está presente la ascensión. Fundamentalmente es la fe, porque esta virtud implica que yo renuncie a mi arrogancia, a mi pensamiento, a la pretensión de juzgar sólo por mí mismo, sin confiar en los demás.

Este camino hacia la humildad, hacia la infancia espiritual, es necesario: hace falta superar la actitud de arrogancia que lleva a decir: en mi tiempo, en el siglo XXI, yo sé mucho más de lo que sabían los que vivían entonces. Al contrario, es preciso confiar solamente en la Sagrada Escritura, en la Palabra del Señor, asomarse con humildad al horizonte de la fe, para entrar así en la enorme vastedad del mundo universal, del mundo de Dios. De esta forma crece nuestra alma, y crece la sensibilidad del corazón hacia Dios.

Con razón dice san Juan Clímaco que sólo la esperanza nos capacita para vivir la caridad; la esperanza, por la que trascendemos las cosas de cada día; no esperamos el éxito en nuestros días terrenos, sino que esperamos al final la revelación de Dios mismo. Sólo en esta extensión de nuestra alma, en esta autotrascendencia, nuestra vida se engrandece y podemos soportar los cansancios y las desilusiones de cada día; sólo así podemos ser buenos con los demás sin esperar recompensa. Sólo con Dios, la gran esperanza a la que tiendo, puedo dar cada día los pequeños pasos de mi vida, aprendiendo así la caridad. En la caridad se esconde el misterio de la oración, del conocimiento personal de Jesús: una oración sencilla, que tiende sólo a tocar el corazón del Maestro divino. Así se abre el propio corazón, se aprende de él su misma bondad, su amor.

Por tanto, usemos esta “escala” de la fe, de la esperanza y de la caridad; así llegaremos a la verdadera vida.

Reemplazar un hábito por otro

Estimadas hermanas y hermanos de la Fraternidad.

Nos encontramos ahora en el retiro sobre la oración de Jesús, en torno a la espiritualidad del peregrino ruso, que organizamos desde el blog Hesiquía. Les dejo aquí un link al día 9 de unos ejercicios sobre el mismo tema que realizáramos a finales del año 2012. Quizá pueda resultarles de utilidad.

Aquí el link

Les comento también que estamos organizando un curso sobre La Filocalía para miembros de la Fraternidad con una clase semanal de dos horas y que duraría dos años. El día de La Inmaculada el 8 de diciembre, cuando tengamos la primera reunión en esta nueva etapa, lo conversaremos bien.

Un saludo fraterno para todos invocando al Señor Jesucristo

Reemplazar un hábito por otro

Estimadas/os hermanas/os en el amor a Jesucristo.

Estamos de retiro en torno a la oración de Jesús, utilizando para ello la espiritualidad de los “Relatos de un peregrino ruso” y la sabiduría que podemos extraer de entre sus líneas. Les dejamos hoy aquí un enlace al día 9 de unos ejercicios que realizáramos a fines de 2012 con otra modalidad sobre el tema. Cualquier lector puede ir a la pestaña superior y hacer individualmente los ejercicios, día tras día, según lo indicado.

Aquí abajo el enlace. Un saludo fraterno para todas/os invocando sin cesar el Santo Nombre del Señor Jesús.

Reemplazar un hábito por otro

Aquí los ejercicios de 2012 completos

Ascetikón

Estimadas/os en Cristo Jesús.

Hemos recibido vuestro mails de inscripción como participantes activos de la Fraternidad, os hemos apuntado para la reunión el próximo 8 de diciembre. Días antes haremos un recordatorio y enviaremos las instrucciones técnicas.

Revisad las pestañas que estamos actualizando en la parte superior de este blog, donde también listamos proyectos que os pueden interesar y quizás colaborar.

Dejamos aquí el Ascetikón de Isaías de Gaza, con la recomendación de que visitéis este sitio – Aquí – del hermano Alejandro, que tiene interesantes artículos y una biblioteca muy exquisita en textos antiguos y de los padres. La misma está en la barra lateral derecha de dicho página.

Os mando un saludo fraterno, invocando el Santo Nombre de Jesús

Dulce comunión constante

Estimadas/os en Cristo Jesús.

Os dejamos aquí un texto que se está usando como parte de la preparación al retiro del Peregrino ruso. Más allá de la espiritualidad de cada uno (con mayor o menor tendencia a la oración de Jesús), puede resultar de utilidad en algún aspecto.

Aquí uno de los textos preparatorios al retiro.


El peregrino ruso camina y reza. Ocasionalmente busca orientación. Con quién sea que se encuentre habla de lo mismo: de la salvación, de la oración, de la soledad y del silencio buscando a Dios.
El peregrino, dedica su vida a encontrar a Jesús en el corazón. Como resultado de esta entrega absoluta, comienza a vivir las gracias celestiales desde esta misma tierra, en esta misma vida.
Pero claro, el peregrino lo había perdido todo. Habiendo perdido todo, entregó lo que quedaba (él mismo) consagrándose a la oración de Jesús.

Nuestra dificultad para llegar a vivir el gozo de la gracia en el corazón, salta a la vista. Creemos que tenemos, de algún modo, nos parece ser poseedores de algo. (Bienes, afectos, decisiones, proyectos, el cuerpo, la mente, etc.) Estas “posesiones” que configuran nuestros deseos y voluntades, se transforman en pensamientos y divagaciones constantes, que son aquello que se interpone entre nosotros y la oración ininterrumpida.
Cuando todos los deseos se unifican en el deseo de Dios, (cuando se busca el Reino de Dios) lo demás se acomoda según la gracia y la vida se hace simple, pacífica y resulta atravesada por una serena alegría, que no se altera por el vaivén constante de las circunstancias.

Es el gozo de los hijos de Dios, que viven en un mundo transfigurado por el Espíritu Santo. Es el mismo mundo de todos, solo que ellos ven a Dios en todo y en todas sus criaturas.

Bueno, de eso trata la vida del peregrino ruso, a eso lleva la oración de Jesús cuando se hace hábito en la mente y llega a penetrar el corazón. Los pensamientos se hacen escasos y funcionales. La alegría sin objeto se hace frecuente y una paz activa es el trasfondo desde el cual se cumplen los deberes y situaciones.
Lo que intentaremos estos días, será tomar contacto con esta forma de oración, (en realidad es un modo de vivir) ya que, si llega a gustarse el toque amoroso de la oración en el corazón, esa vivencia por si sola facilita luego el regreso a la ermita interior.

La gracia fluye todo el tiempo, como decía el apóstol, “En Él somos, vivimos y existimos” (Hechos, 17, 28;) son los pensamientos quienes nublan la percepción de la divina Presencia. La oración de Jesús es la herramienta para silenciar la mente; la loca de la casa en dichos de Santa Teresa.
A diferencia de la recitación de un mantra cualquiera, el Nombre de Jesús penetra las fibras íntimas de nuestro ser y opera una tranformación integral de lo que somos. Cambia nuestra mirada, nuestros hábitos y nuestro modo de relacionarnos con los demás. Si a la repetición del Nombre de Jesús se le aúna el sentimiento de amor a Dios o de necesidad extrema de su ayuda, la oración poco a poco desciende al corazón. Esto quiere decir que encarna en nosotros y deja de ser un esfuerzo para convertirse en una dulce comunión constante.
Veremos si con la ayuda de Dios, podemos acercarnos a esta experiencia durante estos días.

Un saludo fraterno a todas/os invocando el Santo Nombre del Señor Jesús.

Aquí la invitación de una hermana enviada al blog: Paz y bien. Estoy formando una comunidad contemplativa y misionera. Con el nombre: Misioneras capuchinas mensajeras de amor. Si sientes que Dios te llama a la vida religiosa, no dudes en ponerte en contacto conmigo. El carisma de la comunidad naciente, es ser mensajeras de amor y portadoras de la buena nueva a todos los rincones del mundo; sobretodo a los pobres, los vulnerables etc. Para conocer más sobre la comunidad, escríbeme a srinma@outlook.com.
La edad máxima 50 años. Si estás en España, ánimo y dejarte seducir por Él.
Dios os bendiga.

Aviso primera reunión de miembros

Estimadas hermanas y hermanos de la Fraternidad:

Aquí os dejo el último post del blog Hesiquía, con un audio, de la carta 7 del libro “La Oración de Jesús”. En el mismo canal de Youtube podéis encontrar las 6 cartas anteriores. Se irán agregando hasta completar el libro.

Haremos la primera reunión de miembros (En esta nueva etapa) el próximo 8 de diciembre, fiesta de La Inmaculada, a las 20 hora española (16 hs. de Argentina) por la aplicación de comunicación “Zoom”.

No olvidéis apuntaros para esta reunión. Agregad este número a vuestro Whatsapp: 54-351-3095309

El combate espiritual (Audio) y aviso

Carta 7 del libro “La oración de Jesús”

Hermanas y hermanos en Cristo Jesús: Algunos lectores que quieren participar del retiro del pereegrino ruso, pero que tienen dificultad para usar paypal, pueden avisar a nuestro mail, para que les demos los datos bancarios y de ese modo realizar transferencia o depósito.

Un saludo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesucristo.

bloghesiquia@gmail.com

Whatsapp 54-351-3095309

Tres cuentas y un collar

Hermanas y hermanos, aquí les dejo el enlace recién puesto en Hesiquía blog, mientras seguimos organizado la nueva etapa de la Fraternidad. Ya se han anotado más de 20 miembros para participar activamente.

Aquí el enlace

Un saludo fraterno invocando el Nombre de Jesús

Tres cuentas y un collar

  • El contento puede ser usado como indicador de la profundidad de la fe.
  • La percepción de la divina Presencia puede ser usado como indicador del silencio interior.
  • La santa indiferencia puede ser usada como indicador del abandono a la voluntad de Dios.

También puede decirse:

  • El contento indica la profundidad de mi fe.
  • La presencia divina se hace evidente cuando hago silencio interior.
  • Una sana despreocupación surge cuando me abandono a la voluntad de Dios.

Si el contento, la percepción de la Presencia y la santa indiferencia fueran cuentas en un collar, La oración de Jesús sería el hilo que las une y las mantiene en su sitio.

El contento:

Cuando decimos “contento” nos referimos a una actitud de serena y suave alegría, que se asienta confiada en la providencia de Dios y en que todo sucede merced a Su designio. Este designio se sabe o intuye siempre es para bien, sea un bien inmediato o futuro que aún no se alcanza a ver.

Si todo anda bien y hay contento, agradecer.

Si hay dificultades y persisto en el contento, la fe se fortalece.

Si en graves situaciones permanezco en el contento, la fe se torna inconmovible.

La divina Presencia:

Cuando decimos que la divina Presencia es perceptible nos referimos a una experiencia a través de los sentidos y el entendimiento que puede ser fugaz o asentarse como fondo de las demás percepciones de manera habitual o permanente.

Se vivencia como un funcionamiento pleno de los sentidos y de la atención; la belleza se patentiza en la creación (objetos, criaturas y situaciones aparecen nimbadas de una cierta sacralidad) y hay claridad mental. Comprensiones espontáneas del sentido de los acontecimientos no suelen ser infrecuentes.

La divina Presencia siempre está presente (Hechos 17, 28) pero el ruido mental impide su percepción. Cuando estoy en los pensamientos no advierto a Dios en todo y todas las cosas.

La santa indiferencia:

Cuando decimos santa indiferencia, nos referimos a un estado de sana despreocupación activa y responsable.

A una conducta que realiza lo que considera su deber en cada situación, pero que permanece consciente de que los resultados de las acciones dependen solo de Dios.

Esto permite además una mayor eficacia ya que hacemos de manera funcional sin la tensión que deriva de creernos los responsables absolutos de lo que suceda.

“De fundamentos para la espiritualidad del peregrino ruso” © Texto propio del blog

Estimadas hermanas y hermanos quedan dos días para anotarse en el retiro virtual sobre el Peregrino Ruso. Si alguien tiene dificultades para usar paypal, escribir al mail del blog. Haz click aquí por información o escribir por Whatsapp al 54 (Arg) 351 (Cba) 3095309

Caminos de mística y contemplación.

Monasterios ayer, hoy y mañana:

Caminos de mística y contemplación

Permítanme que empiece esta exposición con la oración con que Thomas Merton clausuró el “Primer Encuentro Espiritual” de monjes de Oriente y Occidente  en Calcuta en 1968:

Voy a pedirles a todos que permanezcan de pie y que se den la mano por un momento. Pero primero démonos cuenta de que estamos tratando de crear un nuevo lenguaje de oración, y este nuevo lenguaje ha de brotar de algo que trascienda todas nuestras tradiciones y surja al exterior a través de la mediación del amor. Ha llegado el momento de separarnos, conscientes del amor que nos une, a pesar de las divergencias reales y de las fricciones emocionales… Las cosas que están en la superficie son nada, lo que está en lo profundo es lo real. Somos criaturas del amor.

Vamos, por tanto, a unir nuestras manos, como hicimos antes, y yo trataré de decir algo que surja de lo más profundo de nuestros corazones. Les pido que traten de concentrarse en el amor que hay en ustedes, y que está en todos nosotros. No sé exactamente lo que voy a decir. Voy a guardar silencio durante un momento y luego diré algo…

¡Oh Dios! Somos uno contigo. Tú nos has hecho uno contigo. Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros tú moras en nosotros. Ayúdanos a mantener esta apertura y a luchar por ella con todo nuestro corazón. Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo. ¡Oh Dios! Acep tándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente, te aceptamos a ti y te damos gracias, te adoramos y te amamos con todo nuestro ser, porque nuestro ser es tu ser, nuestro espíritu está enraizado en tu espíritu. Llénanos, pues, de amor, y únenos en el amor conforme seguimos nuestros propios caminos, unidos en este único Espíritu que te hace presente en el mundo, y que te hace testigo de la suprema realidad que es el amor. El amor ha vencido. El amor es victorioso. Amén.[1]

El haber podido hablar al final de haberlo hecho los demás ponentes me ha permitido enriquecerme con todo lo dicho hasta ahora, y, además, agradecer las hermosas ideas que han sido expuestas. He querido leer esta oración de Thomas Merton porque responde a mis sentimientos en este mismo momento.

Precisamente hace muy poco ha salido un excelente libro[2] que ilustra muy bien cómo se han enriquecido mutuamente las tradiciones monásticas a lo largo de los siglos, y cómo todas ellas, en sus orígenes, apuntan a los mismos objetivos y cómo llaman de forma distinta a las mismas experiencias interiores, cómo distinguen y señalan pasos muy semejantes en la vida y progreso espiritual. Sobre este tema hablaremos más adelante.

Introducción.

El título de esta conferencia, y el hecho de que sea pronunciada en este Congreso, y en el lugar que fue el ámbito privilegiado de contemplación de una comunidad monástica Cisterciense (y que durante cuatro siglos ha sido el lugar de ocio ocupado en la contemplación y  reposo mortuorio de una gran mística abulense –María Vela (1561-1617)-, se debe, fundamentalmente, a que los monasterios han sido en el pasado, lo son hoy y lo serán en el futuro, lo creo firmemente,  caminos de contemplación, talleres de mística y espacios de libertad espiritual que han dejado y dejarán en la literatura espiritual, la historia del arte, la hagiografía y la sociología páginas de gran importancia.

Pero lo que caracteriza a los monasterios no son sólo éstos en sí mismos, fábricas arquitectónicas impresionantes –algunos de ellos, otros de la más recatada modestia-  o el que hayan sido renombrados por las grandes actividades, materiales o espirituales, desarrolladas en ellos y que los hecho famosos; los monasterios son también notables en virtud de las personas que han habitado en ellos, o los habitan. Y aunque haya o haya habido cientos de monasterios que no han merecido ni merecen, de momento, ni siquiera unas líneas en la historia de la espiritualidad y de la mística, todos ellos han tenido y tienen su razón de ser, y estar,  y ha habido y hay en ellos muchas personas empeñadas en la noble tarea de la mística y de la contemplación.

Muchas obras de la mística cristiana han sido elaboradas en monasterios, y recogen la experiencia espiritual de hombres y mujeres empeñados no sólo en vivir sino también en manifestar su itinerario espiritual.

Por todo esto creo que está justificada una ponencia en este Congreso que ofrezca un testimonio como el que trato de ofrecerles.

No bastará con reflejar la influencia de la historia y la simbología de la vida monástica cristiana en la historia de la mística. Habrá que dar un paso más y ver si en el siglo XXI aún esa historia y simbología siguen siendo válidas y viables.

Ayer ‘el público’ solía ver en un monasterio una academia de eruditos, o una granja modelo. La definición humorística de Dom Butler resumía bastante bien estos aspectos: ‘Un club de terratenientes, cultos, solteros y piadosos…’ Hoy, determinado público ve más bien en el monasterio un conservatorio litúrgico, donde se puede nostálgicamente volver a vivir los años pasados ‘a la búsqueda del tiempo perdido’… Otros desearían que los monasterios fueran centros de convivencias espirituales, hogares ampliamente abiertos material y espiritualmente. Pero para saber lo que son los monjes y lo que es un monasterio es preferible interrogar a la tradición monástica”[3], semilla potente hace veinte siglos y árbol frondoso a lo largo de los tiempos plagado de flores y frutos… y hojas que caen, también es cierto.

No se tratará en estas líneas de elaborar o describir una historia del monacato ni de la evolución espiritual del mismo. Forzosamente hemos de reducirnos a unos temas estelares y más significativos dentro de la rica y vastísima tradición espiritual.

Además, el mundo monástico es tremendamente prolífico en su propia crítica interna y en su propio análisis cualitativo con relación a su capacidad de adaptar a los tiempos su ideal contemplativo y místico[4], su permanente confrontación con la cultura envolvente[5] y los desafíos de la sociedad contemporánea[6].

Se encontrarán al final de estas líneas unos apéndices bibliográficos que tratan de reforzar las ideas aquí expuestas y eventualmente servir de guía de información y estudio a los más interesados en este tema que nos ocupa. No sé si serán publicados en las Actas de este Congreso, pues comprendo que son largos.

1.      El monacato primitivo y sus ideas, personas y ambientes. Su expansión.

“El monacato cristiano, desde sus mismos principios, aparece como un fenómeno extremadamente complejo, y se cometería una simplificación lamentable si se atribuyeran sus orígenes a una sola causa… no sabemos quién fue el primer monje…”.[7]

Lo que sí sabemos es que san Atanasio nos presenta la vocación monástica de Antonio como la vocación monástica típica.[8] Sin duda alguna comienza aquí la tradición monástica escrita y oral de la vida monástica cristiana de Occidente. Esta tradición literaria y espiritual estará ya teñida, desde sus mismos orígenes, de profunda ingenuidad en sus relatos, de simbología bíblica y de pedagogía mística, como sucede en todas las tradiciones espirituales del antiguo Oriente.

El siglo III de Occidente fue un período de la historia del imperio extremadamente atormentado y violento, lleno de calamidades y sufrimientos, crímenes impunes y corrupción moral. Una burocracia sin entrañas tiranizaba a los ciudadanos y cerraba el paso a todo progreso político. Un empobrecimiento general y progresivo ponía obstáculos insuperables al espíritu de empresa. Las ciencias estaban estancadas. En suma, Occidente parecía afectado de una irremediable decadencia. Ninguna esperanza terrestre iluminaba la vida. ¿Qué refugio quedaba al hombre sino el de la religión, la esperanza de un mundo futuro en que todas las injusticias del presente serían reparadas?

Hoy quizá, y en otras épocas de la historia igual, podríamos afirmar cosas semejantes.

a)      El monje y su soledad.

El primer gran tema espiritual –que responde a un hecho real- en el monacato primitivo es el la “huida al desierto” (o la “fuga mundi” de la tradición latina y medieval). Y ese gesto cobra una importancia capital en la búsqueda espiritual y mística de los monjes. A lo largo de las edades y los tiempos se ha visto y vivido en formas diferentes, pero siempre con el denominador común de que en esa decisión de “partir al desierto” se encuentra en germen todo el contenido de la aventura espiritual. En el primer apéndice de este trabajo podemos ver el sentido de lo que significa “ir al desierto” en el monacato cristiano[9] (Ver Apéndice I, a).

Con la Vita Antonii san Atanasio establece los principios de una “espiritualidad monástica” que se irá desarrollando poco a poco, pero que contiene, en germen, una serie de temas que se harán clásicos en el monacato: la llamada a la renuncia por el Evangelio, la espiritualidad del desierto[10], la tentación y el combate espiritual[11], y, finalmente, la influencia carismática del monacato en el pueblo de Dios.[12]

Antonio, como otros muchos monjes que le siguieron, llega tras su largo caminar a la montaña interior[13], a la soledad sin contornos. Y siente la paz y la satisfacción de haber encontrado un lugar, su lugar en el mundo (vocación). Vive en una soledad acogedora, saturada de frescor, reconciliado con Dios, consigo mismo y con el mundo. Su alma está serena, goza de la libertad que fluye de la pureza del corazón[14], y vive según la naturaleza.

Este es el ideal del monacato cristiano, ayer, hoy, y lo será, sin duda, mañana. Aunque siempre bajo diferentes formas y sometido a las correspondientes influencias culturales.

b)      El mundo mágico y místico del “desierto”.

Hablar de monjes en el desierto es rememorar la “historia lausiaca”, detenerse embobado con los “dichos de los Padres del desierto”, y huir apresuradamente de los mil demonios pobladores de las “soledades pobladas de aullidos…”

Además de su legado de instituciones y ejemplos de santidad, el monacato egipcio dejó a la posteridad una rica bibliografía de la vida espiritual. En primer lugar tenemos 1os consejos de los famosos anacoretas, los “dichos de los padres” conservados en tres colecciones diferentes. En general son sentencias breves y piadosas, muchas de las cuales se han convertido en frases hechas de la vida ascética y mística cristiana universal. Luego tenemos la Historia Lausiaca,[15], relato de la visita a Nitria y otros monasterios realizada en el año 400 por el griego Paladio (ca.363-ca.431). Final mente encontramos las Instituciones Conferencias[16]de Juan Casiano, escritas en 415-429. Casiano, natural de Escitia y discípulo de Juan Crisóstomo de Constantinopla y del papa León el Grande de Roma, vivió durante quince años con los anacoretas y presentó su doctrina en una serie de capítulos a los monjes de Lerins, en Provenza. Los eruditos siguen estando en desacuerdo en cuanto a la fidelidad con que Casiano registra, durante veinte años, las largas disquisiciones a las que vincula nombres de célebres “abades” y monjes. No solamente están escritas en un estilo elocuente, sino que algunas contienen doc trinas y frases de Evagrio de Ponto (345-399), y una de ellas es claramente una controversia contra la enseñanza de San Agustín sobre la necesidad de la gracia inicial antes de la buena acción. A pesar de todo, probablemente son la cristalización de la mayor parte de cuanto Casiano escuchó en Egipto y Siria, y en todo caso se convirtieron en un clásico sin rival en el monacato occidental. La Regla de San Benito está llena de citas de las Conferencias, las cuales eran leídas todas las noches antes de completas en los mo nasterios medievales. También fueron un vade mecum de santos tan diferentes como Tomás de Aquino y Teresa de Avila.

Los dichos de los padres[17] suelen ser breves párrafos que recuerdan una frase o una anécdota. Algunos se refieren a proezas ascéticas o espirituales de aquellos pioneros de la vida monástica. No tenemos tiempo ni espacio para citar algunas puramente deliciosas, y ante las cuales nos damos cuenta de que estamos ante auténticas fuentes de sabiduría espiritual (Ver apéndice I, b).

Quizá no se arriesgado decir que aquí se pueden enumerar las cuatro categorías fundamentales de la contemplación y la mística del desierto: ensimismamiento, desprendimiento, discreción, iluminación. Con Evagrio aparece la contemplación intelectual.

Quedaría otro tema capital que no debe olvidarse, paraíso y vida angélica, o el sentido escatológico de la vocación cristiana y de la vocación monástica.[18]

c)      La expansión a Occidente.

De los remotos orígenes del monacato cristiano tenemos una pintura estilizada que se va transmitiendo de generación en generación. Los primeros ermitaños se retiraron al desierto de Egipto (presionados por las persecuciones de Decio); luego, poco a poco se reunieron en colonias; un monje llamado Pacomio[19], gran organizador, agrupó estas colonias en Cenobios. San Basilio reformó el cenobitismo pacomiano; entre tanto, el monacato copto se había propagado a través de todo el mundo cristiano. Pero todo esto, que parece tan sencillo, es también extremadamente complejo[20].

Aquí es donde ya habríamos de hacer un largo recorrido histórico: partir del monacato egipcio en su doble vertiente anacorética y cenobítica, ir al monacato siríaco y conocer a “los hijos e hijas de la alianza”, y recorrer con ojos atónitos Palestina, Sinaí, Persia, Armenia y Georgia. El movimiento monástico de Asia Menor y Constantinopla, hasta llegar al desembarco de los monjes en Roma, las Galias y la Península Ibérica, las Islas Británicas…[21]

Ciertamente, en algo más de un siglo Egipto y los países ribereños del Mediterráneo oriental dieron a la Iglesia la vida monástica en sus rasgos esenciales y en todas sus diversas formas desde la vida solitaria y ascética, hasta la laboriosa y moderada institución de Pacomio, y las obras caritativas de Basilio. Durante este breve período de tiempo se construyó el armazón interior de la vida monástica, el esquema detallado de las plegarias públicas, la guía práctica y ascética de cualquier “orden” posterior, y en los “dichos” (apotegmas) de los padres y los escritos de Evagrio y Casiano quedaban trazadas las líneas fundamentales de una teología mística que iba a convertirse en tradicional.

Aquellos cuyo conocimiento del monacato se limita principalmente a la vida religiosa de la Alta Edad Media difícilmente evitan la impresión de que la primitiva vida monástica fue algo rudo, creado entre poblaciones primitivas y de visión simple y toscas maneras. En cambio, el conocimiento de los orígenes monásticos nos enseña que de hecho esa vida implicaba la sociedad civilizada y complicada del bajo imperio, cuyas cabezas y legisladores provenían de las clases diri gentes y de los teólogos. Un eminente historiador del siglo IV, Henri Marrou, recientemente ha señalado que de los aproximadamente doce «Padres» griegos y latinos más sobresalientes, todos, menos Ambrosio, fueron monjes. Este hecho solo demuestra que el mo nacato, así como en su sentido verdadero es una huida del mundo, en su radiación es también profundamente cristiano y católico.

El monacato se extendió, pues, por toda la mitad oriental del Imperio romano durante el último siglo de su unidad. Ningún apóstol le llevó a Italia y a Occidente, ni le introdujo ninguna colonización oriental ni ningún acto de los obispos o de las autoridades civiles. Se fue extendiendo poco a poco y esporádicamente, igual que una planta brota de semillas arrojadas al azar. El agente más eficaz en la captación de adeptos fue San Atanasio, que pasó las dos primeras quintas partes de su exilio en Occidente. En la primera de ellas estuvo en Tréveris (335-337),capital efectiva del imperio occidental, y en la segunda en Roma (339-346). Por todas partes adonde iba cantaba las alabanzas de los monjes egipcios y su Vida de Antonio fue un clásico cristiano en su época. El fermento iba introduciéndose poco a poco y en círculos diferentes: en Roma, donde Jerónimo, secretario del papa Dámaso y monje, dio a conocer la vida monástica y formó .un devoto grupo de damas principales que más tarde (385)formaron parte de la colonia monástica que se cons tituyó a su alrededor en Belén y Jerusalén; en Tréveris (con toda probabilidad) Atanasio mismo y en Milán, Ambrosio, el obispo, fun daron monasterios. Agustín, a quien debemos una preciosa descripción de esos comienzos, adoptó la forma de vida monástica para él y sus compañeros como si fuera el resultado natural de una seria conversión, y cuando fue obispo reunió a su clero alrededor de él en un grupo casi monástico. Estos. dos ejemplos anticipan las comu nidades posteriores de canónigos en las catedrales y otras iglesias, aunque no sean su origen directo. La llamada Regla de San Agustín, adaptación de finales del siglo y a las cartas del santo para guía de las monjas de su hermana, no fue seguida por ninguna comunidad en la Alta Edad Media.

La línea de difusión de la vida monástica se desplaza más rápida mente por la orilla septentrional del Mediterráneo hacía Lerins y Marsella (400-440). La primera de estas poblaciones es la patria de Juan Casiano, viniendo en este caso la inspiración directamente de Oriente. En la Galia en general, donde la civilización romana, medio cristianizada, se encaminaba hacia su ocaso en medio de los placeres y la literatura, la mayoría de los obispos y señores rurales veían con malos ojos a los monjes. Sin embargo, el futuro era suyo.

A finales del siglo IV, Martín, obispo de Tours (+397)[22], fundó un grupo de ermitaños primero en Ligugé, cerca de Poitiers, y después en las orillas del Loira, en Marmoutier. De ahí la vida monástica se extendió por la Galia central y occidental y de aquí paso, como las chispas de un incendio forestal y por un proceso inadvertido por los cronistas, a las regiones celtas de las Islas Británicas. Allí, en Cornualles y Gales, y aún más notablemente en Irlanda, se expandió rápidamente un monacato de tipo radicalmente eremítico, del año 540al 600 que se convirtió en el elemento dirigente no sólo de la Iglesia, sino de la sociedad. El ideal primitivo se sigue manteniendo, con todo, y vemos ahora cómo se expresa un monje celta.

Tengo una choza en el bosque,

nadie lo sabe salvo el Señor, mi Dios;

una pared es un fresno, la otra un avellano,

y un gran helecho hace de puerta.

Los batientes son de brezo,

y el dintel de madreselva;

y el bosque virgen de alrededor

da bellotas para cerdos bien alimentados.

Este es el tamaño de mi cabaña: la cosa más pequeña;

hogar entre senderos bien hollados;

una mujer (pero vestida de mirlo y parecida a él)

trina dulcemente desde su alero.[23]

Se trata aquí de un monje solitario, como tantos ha habido; empeñado, al parecer (pues no se olvida de los “senderos bien hollados…”), en la búsqueda espiritual por cuenta propia, sin el apoyo de otros y sin las seguridades de un monasterio. Es el ideal “holístico” de la vida monástica. Es la búsqueda, posiblemente, del “arquetipo monástico universal”.[24]

Pero junto  al monje solitario en el bosque, también estaba el solitario en su celda monacal, preocupado por otros afanes, e inmerso en una búsqueda espiritual más compleja, embarcado con otros monjes y participando con ellos de actividades de tipo cultural, social y aspostólicas (que es lo que ha caracterizado a los monasterios de Occidente). Oigámoslo en este delicioso poema:

Yo y Pangur Bán, mi gato /

estamos juntos en nuestra tarea /

él se deleita cazando ratones /

y yo paso la noche cazando palabras.

Mucho mejor que las alabanzas de los hombres /

es el sentarse con un libro y una pluma. /

Pangur no tiene nada en contra mía /

y él también se aplica a su sencilla habilidad.

Alegra ver /

lo contentos que estamos con nuestras tareas /

y cómo sentados en casa /

encontramos ocupación para nuestra mente.

A veces un ratón se cruza /

en el camino del héroe Pangur; /

a veces mí agudo pensamiento /

pesca un sentido en su red.

Fija en la pared su mirada /

penetrante y fiera, aguda y astuta; /

Yo, contra la pared del conocimiento /

pruebo mi corta sabiduría.

Cuando un ratón sale disparado de su escondrijo /

¡qué contento se pone Pangur! /

¡Y qué satisfacción experimento yo /

cuando resuelvo las dudas que me apasionan!

Así nos aplicamos pacíficamente a nuestras tareas /

Pangur Bán, mi gato, y yo; /

En nuestras artes encontramos nuestra dicha, /

yo tengo la mía y él la suya.

La práctica diaria /

ha hecho a Pangur perfecto en su oficio; /

Yo adquiero sabiduría día y noche /

al convertir las tinieblas en luz.[25]

Aquí aparece otra de las características del monacato: la búsqueda intelectual de la sabiduría, y el monje “instalado” en un monasterio. Hasta llegar en nuestros tiempos al mismo monje que cotiza a la seguridad social y espera una pensión de jubilación del estado.

Una de las características del monacato celta fue su predilección por el exilio (peregrinatio)como forma de renunciación, mediante el cual los monjes se desplazaban a tierras extranjeras llevando a ellas la fe cristiana y la vida monástica. En Islandia, la isla occidental de Escocia, Bretaña, la Europa central basta Ratisbona y Viena por Oriente y por el Sur hasta Bobbio, en Lombardía, hubo estableci mientos de monjes irlandeses (Scotti)que llevaron consigo su cultura y su regla, plasmados en pinturas y manuscritos que se conservan en los museos y bibliotecas de Europa. Entre otros peregrinos sobre salen por su santidad e influencia Columba (521-597)fundador de Iona y apóstol de la Escocia occidental, y Columbano (540-615) que aban donó su tierra natal y después de varias etapas llegó a las montañas de los Vosgos, donde fundó Luxeuil (c. 590)Veinte años más tarde, una serie de aventuras le llevaron a través del Rhin y los Alpes y terminó sus días en Bobbio. Columbano dejó una regla más austera que las contemporáneas del monacato mediterráneo, con severos ayu nos y un feroz código penal; pero el núcleo de su monacato no era la regla sino el abad, y a través de la serie de monasterios fundados o influidos por él, la voluntad del abad, expresada de forma diferente según fuera éste, fue el principal origen de la vida monástica.

Mien tras tanto, y a veces por medios que pasan inadvertidos a los histo riadores, los monasterios de Lérins, Marmoutier y Luxeuil, extendían su enseñanza por toda Francia y por lo que ahora se conoce como 1os Países Bajos.

Al mismo tiempo las ermitas y pequeños monasteriós se multipli caban en Italia. No habla organización, cabeza dirigente ni regla influyente, y los monjes errantes eran una molestia frecuente[26]. La mayor parte de los monasterios mayores tenían probablemente copias de la traducción latina hecha por Jerónimo de la regla de Pacomio y la hecha por Rufinó de las «reglas» de Basilio, como también de las dos grandes obras de Casiano.

2. El monacato benedictino y cisterciense.

Benito de Nursia[27] (ca.480-ca.547)considerado unánimemente en la Edad Media y por todos los historiadores y monjes del mundo moderno como el patriarca y fundador de todos los institutos del monacato occidental, ocupó sencillamente el puesto de abad en uno de los muchos monasterios italianos de su época, aunque fue muy famoso por su santidad y capacidad de trabajo. No fundó ninguna orden ni marcó ningún hito en la Iglesia como lo hicieron Pacomio, Basilio o Columbano. Su fama y posición en la historia se deben solamente a su breve Regla, que incluso parece ser que está basada en otra del Maestro, anónimo, contemporáneo suyo.

La regla de San Benito no se hizo famosa rápidatamente. Nunca fue impuesta y se extendió gracias a la virtud de su excelencia. Pero aunque admitamos que las dos terceras partes del texto están tomadas de las Escrituras, de la Regla del Maestroy de otras fuentes, fue ella, y no ninguno de esos documentos de los que tomó el material, la que se fue imponiendo en todos los monasterios de la Europa occidental y la que hoy día siguen miles de monjes y monjas en todo el mundo. Su éxito se debe a tres características principales:

– Primera, es emi nentemente práctica. Así como la Regla del Maestro es prolija y des ordenada, la de San Benito es corta; y así como las demás reglas de la época tocan solamente algunos aspectos de la vida monástica, ésta es una útil guía para la actividad monástica de cualquier clase de monjes y de cualquier edad.

– Segundo, así como espiritualmente es inflexible, físicamente es moderada y tolerante, y subraya sobre todo la caridad y la armonía de la vida simple en común en vez de incitar a la rivalidad y a los logros individuales.

– Tercero, es la única de las reglas monásticas que contiene en pocos y apretados párrafos un tesoro de sabiduría espiritual y humana capaz de guiar al abad y a sus monjes a través de todas las vicisitudes de la vida espiritual. El monasterio benedictino no es ni una penitenciaría ni una escuela para ascéticos montaraces, sino una familia, un hogar formado por aquellos que buscan a Dios.

A partir de la expansión “benedictina” algo nuevo empieza en el monacato occidental, y de gran trascendencia, pues va a condicionar mucho la experiencia monástica y la expresión verbal de la misma y de toda la espiritualidad cristiana (ver Apéndice III), dando pie a formas de vida muy variada y a un vocabulario espiritual impresionante[28].

Los monasterios bien organizados, los monjes bien centrados en sus abadías, el interés humanístico y artístico, y el afán misionero de los monjes, proveyeron a la sociedad cristiana de los siglos VI a XI de cientos de hogares de cultura y culto que se iban expandiendo por toda Europa –como se ha visto- y los jerarcas y políticos de esos siglos supieron favorecer esa expansión, promover la fundación de abadías y utilizar los dones espirituales y culturales de los monjes y las monjas.

Los finales del siglo XI se van a encontrar con la necesidad de “renovar” ese monacato benedictino que empieza a chirriar bajo el peso de excesivas “obligaciones temporales”, y que ha dejado que el ideal monástico genuinamente benedictino se mezcle con múltiples actividades que lo distraen del soli Deo vacare, fin auténtico y exclusivo de la vida monástica.

A finales, pues, del XI y principios del XII, la vida monástica se convulsiona ante múltiples intentos de renovación, se buscan caminos nuevos para el ideal espiritual del desierto, y el monje se va convenciendo de que debe dejar en segundo plano actividades y obras que la nueva sociedad emergente en Europa le disputa y ya no le permite llevar: nacen las ciudades, se desarrolla el comercio, la universidades y las catedrales son más atractivas que los monasterios, los nobles y reyes ya no necesitan tanto de los monasterios y el ideal cristiano ya no necesita mirarse tanto en la “ciudad angélica” que trataban de ser los monasterios[29] y que, ciertamente, muchos de ellos ya no eran.

Los Cistercienses, aparecidos oficialmente en 1098, no inventan un monacato nuevo ni reforman el monacato benedictino, sencillamente, y según nuestra opinión, le purifican y le posibilitan la vuelta al espíritu de la Regla benedictina.

Los siglos XI y XII no son sólo los siglos de grandes intentos de renovación monástica, de crisis del monacato benedictino y enfrentamientos entre cistercienses y cluniacenses: por ambas partes se puede hablar de un gran desarrollo espiritual, de una enorme producción espiritual literaria y mística y de un renovado interés por los grandes temas de la vida espiritual[30] y casi todos los componentes de la vida monástica –liturgia. Arquitectura, etc.- son elevados a categorías místicas[31] y espirituales, de modo que el monasterio[32] y su scriptorium pasa a ser el lugar ideal de contemplación, de vida cristiana, modelo eclesial y humanización de la sociedad.[33] San Bernardo de Claraval, 1090-1153, es el gran paladín del monacato del siglo XII; pero él sólo está en el centro de una gran corriente de teólogos místicos dentro del monacato benedictino.[34]

A partir de finales del siglo XII, con la aparición de las Órdenes Mendicantes, los movimientos laicos en los beguinatos, las “santas mujeres”[35] (guiadas muchas veces por sus confesores y directores espirituales), comienzan a vislumbrarse nuevos horizontes para la vida mística y espiritual de la Iglesia, vida que poco a poco a poco se va apartando de los grandes esquemas espirituales y simbólicos trazados por el monacato.

El monacato comienza a conocer su decadencia a mediados del siglo XIII, y hasta la gran reforma de Trento las Órdenes monásticas se debaten en una búsqueda de identidad frente al mundo y las culturas dominantes. La vida monástica, en Europa, se diversifica  mil modos y maneras, surgiendo en su seno variadas formas de organización de los monasterios (Congregaciones monásticas) y tratando los monjes de cimentar la vida espiritual en nuevos modos de formación (creación de colegios universitarios) y apostolado y proyección social.

Aparecen en estos siglos eminentes figuras de monjes cultores de todas las materias espirituales, artísticas y literarias, más bien como casos aislados; pero sus esfuerzos no logran la renovación monástica a la que, dentro del contexto eclesial, apelará el Concilio de Trento.

Los siglos XV-XVI son difíciles de resumir. Las guerras europeas, las guerras de religión, los enfrentamientos de “observancias” (intentos de renovación en el interior de las Órdenes Monásticas), las abadías en manos de nobles y burgueses, debilitaron la vida espiritual de los monasterios hasta límites insospechados. Y la misma debilidad de los monasterios fue la causa de no poder reaccionar ante las tormentas sociales y políticas que se les vinieron encima. Hubo, dentro de todos estos males, importantes movimientos de renovación que, empujados por la reforma tridentina, amparados e influidos por otros movimientos espirituales, lograron si no renovar plenamente sí “apuntalar” algunas de las antiguas tradiciones monásticas. Uno de los casos más representativos es la “reforma Trapense” del Abad Rancé (1626-1700)[36]. Son extraordinarios los esfuerzos hechos en los siglos XVII y XVIII por elevar el nivel espiritual del monacato.[37]

Podemos seguir avanzando en este somero resumen histórico, peligroso por su brevedad, es cierto, pero que nos muestra muy a las claras que el monacato Occidental depende en gran medida, en cuanto a los vaivenes de su ascética y búsqueda contemplativa, de los condicionamientos sociales y culturales que le toca vivir. Esto hace que los monjes se acomoden más o menos a tareas que les son encomendadas o que ellos mismos buscan y promocionan, bien en el terreno de los estudios y la investigación dentro de las ciencias eclesiásticas o en otros terrenos del arte y de la ciencia. Esto es lo que quizá les haya dado mayor popularidad y haya llevado a concebir los monasterios como talleres de artes, ciencias y espiritualidad.

La gran renovación y “restauración” monástica del siglo XIX[38] trata de rescatar los valores tradicionales valores monásticos rescatando arquitectónicamente grandes abadías, promoviendo los estudios teológicos y litúrgicos y apuntando a que en cada monasterio hubiera una gran comunidad, dinámica, con múltiples actividades y una proyección social y apostólica notables, de modo que tanto en las observancias benedictinas como cistercienses este ideal fue plenamente alcanzado. La gran crisis cultural y espiritual de la Europa de la revolución industrial y de la primera postguerra mundial produjeron un gran aflujo de vocaciones a los monasterios.

Desde mediados del siglo XIX hasta mediados del XX se produce una gran expansión monástica desde Europa hacia otros continentes, Estados Unidos – Canadá, África, Australia, Asia… expansión que continúa hasta hoy día.

La confrontación con otras culturas espirituales y la adaptación de la observancia benedictina a otros climas religiosos produce un gran enriquecimiento del monacato cristiano, favoreciendo un nuevo interés por los valores propios de la contemplación y la vida contemplativa cristiana.[39]

Desde Egipto el monacato cristiano se ha hecho a lo largo de los siglos viajero de todos los caminos del mundo, en la actualidad se encuentra extendido por los cinco continentes del globo.

Como más o menos se ha podido ver, el fenómeno monástico cristiano, desde sus orígenes ha revestido múltiples ropajes. Y aquí habría que volver a uno de los puntos iniciales de esta exposición: “Los grupos de vida monástica se han constituido tradicionalmente en la historia como instituciones religiosas. Arraigado en una tradición y traspasando las fronteras religiosas y culturales de Oriente y Occidente, el monacato aparece universalmente desde sus orígenes como la expresión de aquel ideal de vida cuyo máximo exponente va a ser la búsqueda de lo Absoluto y el deseo de la santidad del individuo; dicho con otras palabras, el cumplimiento, aquí y ahora, de la propia realización humana como respuesta religiosa que da el  sujeto al misterio de ese Absoluto. Ahora bien, como nos demuestra la historia monástica, las realizaciones históricas de ese ideal han dado lugar a diferentes proyectos monásticos”[40]. Es por esto que cuando nos hemos referido al monacato y a su historia conviene  fijar la atención en los diferentes proyectos de vida monástica que han ido surgiendo en el tiempo y han quedado configurados institucionalmente.

3.      Monasterios hoy y mañana.

Así, pues, a lo largo de su historia, el monacato ha aparecido en una diversidad de proyectos monásticos en los cuales, aunque se sustenten en el mismo ideal lo desarrollan según formas y programas diferentes.

“Durante los primeros dieciséis siglos de la historia de nuestra Iglesia, la oración contemplativa era reconocidamente la meta de la espiritualidad cristiana tanto para el clero como para la gente laica. A raíz de la Reforma esta tradición, al menos en su forma de de tradición viva, prácticamente desapareció. Ahora en el siglo XX ha comenzado la recuperación de la tradición contemplativa cristiana con la introducción de los diálogos interculturales y con las investigaciones históricas”[41], y desde muchos monasterios se ha promovido este movimiento, siendo incluso muchos monjes los promotores de publicaciones, retiros y conferencias tendentes a la recuperación genuina de la contemplación y la mística sin los condicionamientos, o apoyos, de la vida monástica cenobítica[42].

Basta echar una ojeada al Vol. VIII, capítulos III a VI, de la obra de García Mª Colombás, La Tradición benedictina, para darse cuenta de que la llamada “restauración monástica” apuntaba ya a una gran renovación contemplativa y espiritual de la vida monástica, renovación que debido al influjo litúrgico y a las hospederías monásticas iba a trascender muy pronto los límites de la clausura monacal. Además, se insistió mucho en la buena preparación intelectual de los monjes sacerdotes, se facilitó la asistencia a las universidades católicas, y se crearon nuevamente grandes “Institutos” o colegios monásticos en Roma y en otras ciudades europeas.

a) Nuevas dimensiones para la vida contemplativa monástica.

Son significativos, por ejemplo, los títulos aparecidos últimamente sobre una nueva dimensión de la espiritualidad y experiencia monástica cara a un mundo plural y en el que la inquietud religiosa aparece con renovadas fuerzas: Monjes para el tercer milenio[43], donde ya en el prólogo aparecen estas cuestiones: “¿Es que tiene sentido la vida monástica en una era postmoderna y de avanzadas tecnologías? ¿No es un residuo medieval? ¿este tipo de existencia tiene algo que ver con lo que vive la gente de la calle? ¿Es un planteamiento vigoroso, el del monje, que choca con la ideología ‘light’? ¿O es una evasión para no afrontar los retos que nos plantea la sociedad?”… “A partir, por tanto, de su propia existencia y del conocimiento progresivo de las profundidades de su ser, los monjes pueden prestar un gran servicio a sus contemporáneos… Realmente, la experiencia espiritual que se recorre a lo largo de la vida monástica no es ajena a la experiencia fundamental que vive todo ser humano si quiere tomar consciencia de su realidad personal y vivirla en profundidad. Y más todavía cuando se trata de un creyente en Cristo”.

Raimon Panikkar ha escrito ampliamente sobre el “arquetipo universal del monje”[44], da allí unas pautas muy certeras para la tarea que todos los monjes y monjas contemplativos deben asumir hoy: “Sociológicamente hablando, en un mundo amenazado por el aumento de complicaciones tecnológicas, el que haya gente abogando por la simplicidad es algo más que una salida hacia la libertad, la salud espiritual y la humanidad. Incluso si estamos condenados a la complejidad, no todo el mundo puede adaptarse a ella. Necesitamos respiros, excepciones… Una llamada a la bendita sencillez es necesaria y urgente. Si no lo hacen los monjes antiguos, surgirán nuevos monjes para ejercer esta función de recordar al mundo, con su ejemplo, que sólo se necesitan pocas cosas para una vida humana y feliz; y todavía menos para alcanzar la “vida eterna”, que no es necesario, desde luego, dejarla para el futuro…”[45] Y continúa: “Actualmente somos testigos de una cierta relación tensa entre las instituciones monásticas de todo el mundo y sus religiones respectivas… me refiero a la tendencia a mantener las viejas instituciones monásticas como piezas de museo e impidiendo su evolución, ya que evolucionar es algo considerado como una traición a su antigua y auténtica vocación. Me refiero al deseo, sobre todo, por parte de los de fuera, de ver cómo los monjes preservan valores muy necesarios. Hay que vivir en Roma, Bangkok, Rishiekeh o en el Valle del Kangra para comprender este fenómeno de “autoridades” que quieren preservar las viejas instituciones en su pureza prístina, incontaminadas del aire de la modernidad. Hay algo válido en todo esto,pero resulta problemático y por último anula su mismo propósito, si se hace desde el exterior, como un resultado de presiones más o menos sutiles. ‘La gente espera que uno sea sí. Se supone que uno ha de comportarse de determinada manera o ha de decir determinadas cosas…’ Estas son las frases típicas que a menudo escuchamos”.[46]

Las relaciones entre monacato y cultura moderna también han sido ampliamente estudiados, sobre todo en artículos de revistas monásticas.[47] La síntesis entre “acción y contemplación” o “¿Hasta qué punto los problemas vocacionales de novicios y monjes son el resultado de un conflicto entre el ‘pensamiento moderno’ y las ‘ideas monásticas tradicionales’?”, no han escapado a la observación de los pensadores monásticos.[48]

b) Thomas Merton, un monje del siglo XX.

En el caso de Thomas Merton nos encontramos con un testimonio admirable de cómo la vida monástica y la contemplación pueden armonizarse plenamente con una “sensibilidad y  conciencia mundana” altamente desarrolladas.

Este monje cisterciense de la Abadía estadounidense de Gethsemani, ganador del premio Pulitzer con su obra clásica La montaña de los siete círculos[49], y muerto en Bangkok con motivo de un viaje a Asia para participar en un encuentro intermonástico[50], es quizá quien en los tiempos modernos ha sabido traducir a lenguaje moderno los temas fundamentales de la vida monástica y de la vida espiritual cristiana, a la vez que supo integrar en su vocación monástica un fructífero diálogo con el “mundo” a través de personas muy representativas del ámbito de las artes, las letras y la cultura en general.

Veamos cómo le describe un gran conocedor suyo, a la vez que podemos vislumbrar en estas palabras un modelo del esfuerzo hecho por la vida monástica en estos últimos años para encontrar su lugar en el mundo actual:

“El P. Thomas Merton fue un hombre complejo en cuanto que, aún habiendo optado por una vida dentro del claustro y separada del mundo, se convirtió en un escritor muy consciente de relacionarse con un público amplio y creciente. Puede muy bien describírsele como un amante gregario de la soledad. Si esta frase os ha parecido contradictoria, entonces es señal de que me habéis entendido. Ambas atracciones eran muy fuertes para él. El tenía un don especial para contactar con gente de todo tipo, con quienes congeniaba admirablemente…  Además solía sentir deseos apremiantes de contactar con  la gente y sufría cuando, después de un largo período de tiempo, estos encuentros eran escasos. A su vez, sus deseos de soledad y silencio no eran menos imperativos. Algunos han dudado de si tuvo un verdadero concepto de lo que es la vida solitaria. A mi juicio, tal opinión se olvida de un elemento importante de su personalidad y de todo lo que significó su vida después de entrar en el monasterio a los veintiséis  años. El supo aprovechar enormemente sus experiencias de soledad en comunidad que es característico de la vida cisterciense. Experimentaba una paz profunda durante las horas de oración solitaria en las que era consciente de haber sido favorecido con gracias espirituales especiales. Nunca dejó de disfrutar de estas horas de recogimiento e, incluso durante sus viajes por el Lejano Oriente al final de su vida, solía arreglárselas para sacar horas de su agenda para la oración.

Una de las causas mayores de su repetido descontento después de hacer sus votos perpetuos, especialmente durante su período de ermitaño, fue precisamente que por un lado era plenamente consciente del valor de la soledad para su salud y crecimiento espirituales, pero por otro sentía profundamente la necesidad de comunicarse con los demás. De hecho, a medida que crecía su experiencia de Dios, sentía una mayor responsabilidad por el bien y la salvación de los otros y de toda la sociedad…

Aunque la labor de escritor fue algo instintivo para Merton, representaba más que un deseo de cumplir su impulso psicológico de comunicarse con otras personas; fue una verdadera misión y vocación que crecieron de su experiencia de Dios. Su facilidad para relacionarse con todo tipo de gente y su temperamento tan marcadamente gregario jugaron de hecho un papel importante en la realización de este aspecto de su vocación. El era un prolífico y consumado escritor de cartas. Los cinco volúmenes de cartas publicados, así como su correspondencia con James Laughlin, son sólo algunas de las que se conservan. Muchas de éstas son notables tanto por su calidad literaria como por su contenido. Su gusto por las personas, su capacidad para la amistad, su cercanía a los demás, confieren a estos documentos un fervor y  un tono tan personales que los hacen consistentemente humanos así como informativos. De todos formas, la escritura demostró no satisfacer adecuadamente su atracción hacia los demás ; necesitaba compartir en persona con quienes simpatizaba, fuera por su carácter, por sus dones intelectuales o espirituales o por sus habilidades adquiridas. Se veía atraído enormemente, incluso de forma apremiante, por aquellas personas con las que podía intercambiar ideas y experiencias en un ambiente de respeto amistoso.[51]

No podemos decir, ciertamente, que esto se dé en todos los monjes actuales y en todos los monasterios se comparta esta visión de la vida contemplativa y sus relaciones con las personas y el “mundo”; pero sí se puede afirmar que, en general, las comunidades monásticas actuales se orientan mucho en este sentido, y, sobre todo a partir del Vaticano II, han sentido este desgarro vital que acuciaba al P. Merton, desgarro que si en el texto del P. John Eudes se refiere a una persona, en general se puede decir que ha sido también así en muchas comunidades monásticas, deseosas de reencontrar su puesto en la Iglesia, en la sociedad circundante y en la misión apostólica tradicional de los monjes, dado que los grandes monasterios europeos siguen dando en los tiempos modernos una imagen de reductos medievales donde siempre se habla del pasado, de las obras de los scriptoria, de las arquitecturas simbólicas y de los trabajos de ambiente rural. Precisamente una de las causas de cierta renovación en los hábitos de vida causante, además, de una sana actualización de las costumbres monásticas, ha sido la aceptación por parte de las comunidades monásticas de trabajos y medios de vida más en consonancia con la sociedad industrial y tecnologizada de nuestros días que con las tareas del campo de hace cincuenta años, por ejemplo. El hecho de que la mayoría de las vocaciones de estos últimos años provengan de ambientes de ciudad, más cultivadas intelectualmente y con variadas experiencias en el ámbito social, ha influido positivamente en  la vida de las comunidades, si bien algunos conflictos generacionales, más por la mentalidad que por la edad, aún no se han solucionado en el grado deseable.

Era, pues, normal que Merton no fuera comprendido en el ambiente que tanto en Gethsemani como en otras abadías trapenses europeas reinaba a mediados de los 50.

Conclusión y conclusiones.

Quisiera concluir abordando someramente un tema que, según he podido captar también entre Vds. en los breves encuentros mantenidos en los pasillos: –“¿Qué va a pasar con los monasterios dentro de poco? ¿Habrá que cerrarlos o se extinguirán por sí mismos?” Voy a tratar de ser claro en la medida de mi propia experiencia y de mi saber, y no voy a hacer de profeta de calamidades, sino de profeta de esperanza.

Los años 60, los del pre y postconcilio Vaticano II, fueron años de grandes convulsiones en Europa –que de una forma u otra han durado hasta la caída del muro de Berlín, la clarificación del fiasco del comunismo y la puesta en marcha de una aún precaria Unión Europea-. Poca gente de sociedad y de Iglesia era clarividente en los 60 para prever el futuro que se nos ha venido encima y el cambio tan rápido, profundo y universal que han sufrido todas las estancias sociales, cambio que ha repercutido notablemente en la concepción de lo religioso, la familia, los valores “tradicionales”, la educación y la gestación de la idea del mundo como “aldea global” (y ello en medio de un vertiginoso descenso de la natalidad en Europa y de una continua presión de inmigrantes de África y Asia).

Tras los años 60 se produce una gran crisis en la vida religiosa y monástica en Europa, caracterizado por grandes abandonos y escasos ingresos, lo cual se observa hoy día claramente en el índice de edad media de las comunidades, tendentes al envejecimiento. Los monasterios ya no son lugar de refugio ni de promoción humana, como sucede siempre tras una gran crisis social (en España en la posguerra civil y en Europa y USA tras la II Guerra Mundial, por ejemplo). En Europa (y más concretamente en España, y particularmente en el caso de las monjas) existen demasiados monasterios, y muchos de ellos –aunque artística y arquitectónicamente admirables- poco confortables para una vida con las nuevas comodidades que ofrece la sociedad a la clase media, habitados por comunidades “mayores” y, en bastantes casos, poco receptivas ya prácticamente incapaces de recibir nuevas vocaciones.[52]

La juventud actual sufre un retraso (provocado por los sistemas educativos y las condiciones económicas y laborales) en su decisión de elegir una vocación, y los valores culturales en que se ve envuelta favorecen más la “actividad social” como medio de realización que el cultivo de los valores que propiciarían una dimensión contemplativa de la persona. Por otra parte, muchas personas de entre 25 y 30 años encuentran a las comunidades monásticas actuales muy “ancladas” en estructuras del pasado, resultándoles difícil encontrar entre los monjes auténticos guías espirituales, y, en la vida diaria de la comunidad, la liberación de ciertas preocupaciones y trabajos que favoreciera una mayor dedicación a la formación en la vida y disciplina contemplativas.

Finalmente, en los últimos años, debido a las causas señaladas, el mayor conocimiento en muchos sectores seculares de métodos de oración y meditación, de experiencias contemplativas entre laicos, de reuniones, seminarios, retiros, etc., tendentes a descubrir la vía contemplativa en medio de la actividad secular[53], ha contribuido a que, por una parte las vocaciones que llaman a las puertas de los monasterios sean más exigentes en el itinerario contemplativo –dentro de las incongruencias de muchos jóvenes- y, por otra, que sólo los monasterios y comunidades que son capaces de entrar en diálogo y saber formar[54] a estas personas tienen garantizada su perseverancia y desarrollo contemplativo.

Y dentro de este ‘finalmente’ del párrafo anterior, unas líneas nada más para apuntar que hay un renacer de nuevas comunidades contemplativas[55] con formas y costumbres que aunque inspiradas en los usos benedictinos y cartujanos[56], carecen, por el momento, de los montajes de las grandes abadías, lo cual les permite una vida contemplativa más fluida y desahogada (y mucho más atractiva para los jóvenes de hoy…).

En fin, la vida monástica tiene ante sí muchos retos. No es el más importante, ni el que debe polarizar sus esfuerzos, la supervivencia de muchas comunidades (que en los próximos años ciertamente desaparecerán… y de hecho ya están desapareciendo); más bien el reto es que las comunidades monásticas se hagan cada vez más contemplativas en consonancia con lo que fue y será siempre el origen del monacato: la fidelidad al Evangelio y la exclusividad en cultivo de la interioridad. Sé que muchas comunidades están empeñadas en esta tarea, a pesar de variadas dificultades, y sé que Vds. podrán encontrar en ellas el reflejo vivo de lo que en realidad son, al margen de lo que hagan (que a veces es lo que más se ve…).

No sé si he dicho lo que Vds. deseaban oir. Pero muchos monjes y monjas de los monasterios de hoy, en su vida sencilla, oculta, comprometida, siguen cantando en sus himnos del oficio de vísperas esta estrofa maravillosa, que define muy bien lo que es un contemplativo:

Dichoso el fascinado por tu rostro, Señor Jesús,

y cuyo amor en todo vio la huella de tu imagen.

Dichoso el despojado por presencia: Tú le invadiste,

asido a Ti te deja ver su vida en transparencia.

Viviente icono de tu misterio en el camino:

dichoso aquel, Señor Jesús, que pasa

en tus manos contigo al Padre

Francisco Rafael de Pascual, ocso,

Abadía Cisterciense de Sta. Mª de Viaceli,

Ávila, noviembre de 2000.

Notas

[1] Thomas Merton, Diario de Asia, Editorial Trotta, Madrid 2000, pág. 281.
[2] Mayeul de Dreuille, La Règle de Saint Benoît et les Traditions ascétiques de l’Asie à l’Occident, Col. “Vie Monastique” nº 38, Abbaye de Bellefontaine (49122 Brégrolles-en Mauges, Francia) 200.
[3] Pierre Miquel, Ser monje, Ediciones Montecasino, Zamora  1992, pág. 21.
[4] Ver: Bernardo Olivera, ¿Escuela de amor místico?, en Mística Cisterciense. Actas del I Congreso Internacional sobre Mística Cisterciense, Ávila 9-12 de octubre de 1998, Ed. Montecasino, Zamora 1999. Se distribuye en la Abadía de Viaceli, 39320 CÓBRECES (Cantabria).
[5] Ver el excelente artículo de M. Mannion, Monacato y cultura moderna: I Hostilidad y Hospitalidad, en Cistercium  XLVI nº 197 (1994) 375-391, y II: La conversión cultural de los monjes. III: El monacato como sistema cultural XLVI nº 198 (1994) 823-857.
[6] Este fue el tema de un reciente Capítulo General de los Trapenses. Ver también: Bernardo Olivera, Seguimiento, Comunión Misterio: Escritos de renovación monástica, Ed. Montecasino, Zamora 1999.
[7] García M. Colombás, El monacato primitivo, BAC, nº 588, Madrid 1998, págs. 37-39.
[8] San Atanasio, Vida de san Antonio. Padre de los Monjes, Ediciones Montecasino, Zamora 1981. También de gran utilidad: Henri Quefélec, San Antonio del desierto, Herder, Barcelona 1957; Louis Bouyer, La Vida de san Antonio. Ensayo sobre la espiritualidad del monacato primitivo, Col. ‘Espiritualidad Monástica’, nº  21, Las Huelgas, Burgos 1989; N. Devillier, San Antonio el Grande, padre de los monjes, en la misma colección, nº 29, Burgos 1995.
[9] Cf. André Louf, San Benito, hombre de Dios para todos los tiempos, en Cistercium nº 157, XXXII (1980) 56-58. Nos hemos tomado la libertad de parafrasear y modificar el texto del autor, aplicándolo a nuestro propósito lo que él dice de san Benito, otro arquetipo de la vida monástica de Occidente.
[10] Etienne Goutagny, El camino real del desierto. Los más bellos apotegmas comentados, col. ‘Espiritualidad Monástica’, nº 26, Las Huelgas, Burgos 1992.
[11] Véase el excelente estudio y síntesis de la primitiva espiritualidad monástica: Placide Deseille, Espiritualidad Monástica: La escala de Jacob y la visión de Dios, col. ‘Espiritualidad Monástica’, nº 14, Las Huelgas, Burgos 1984.
[12] No se puede hablar todavía de una “teología de la vida monástica”, ni de temas de la misma teológicamente elaborados; la semilla está plantada y habrá que esperar a autores posteriores, que irán sistematizando y elaborando estos temas con mayor riqueza y amplitud. Conviene ver sobre el tema “desierto y paraíso”, el capítulo 8 del libro de Thomas Merton, El camino monástico, Editorial Verbo Divino, Estella 1996, págs. 190-198.
[13] Sobre el tema de la “montaña” en la tradición mística y espiritual, véase: Marie-Madeleine Davy, La montagne et sa symbolique, col. ‘Spiritualités vivantes’, ed. por Ed. Albín Michael, Paría 1996.
[14] “Pureza de corazón” (puritas cordis), fin de la vida monástica según los “Padres del desierto”.
[15] Paladio, El mundo de los padres del desierto (la Historia Lausíaca), versión, introd. Y notas de León E. Sansegundo Valls, Ediciones Studium, Madrid 1970.
[16] Juan Casiano, Instituciones, Ed. Rial, Col. Nebli, Madrid . De edición más reciente: Instituciones cenebíticas, Trad. de Mauro Mattei, osb, e Introd. De Enrique Contreras, osb, Ed. Montecasino, Zamora 2000; Ib., Conferencias (Colaciones), II vols., nn. 19 y 20, Madrid  (2ª edición, idéntica a la primera, en 1998).
[17] Las sentencias de los Padres del Desierto (recensión de Pelagio y Juan), Introd. De Dom L. Regnault, col. “Espiritualidad Monástica”, nº 9, Las Huelgas, Burgos 1981. Hay otra edición de esta recensión: DDB, Bilbao 1988 (con un interesante índice analítico) y se puede añadir: Vida y dichos de los Padres del desierto, DDB, Biblioteca Catecumenal, Bilbao 1994; Las sentencias de los Padres del Desierto (Colección mixta), Introd. Juan María de la Torre, col. “Espiritualidad Monástica”, nº 23, Las Huelgas, Burgos 1990; Etienne Goutagny, El camino real del desierto. Los más bellos apotegmas comentados, col. “Espiritualidad Monástica”, nº 26, Las Huelgas, Burgos 1992; Los dichos de los Padres del Desierto (Colección alfabética de los Apotegmas), Introd. Y traducción directa del griego por Martín de Elizalde, osb., Ediciones Paulinas, Argentina (publicados anteriormente en la revista Cuadernos Monásticos).
[18] Cf. el interesantísimo libro: Dom García M. Colombás, Paraíso y vida angélica. Sentido escatológico de la vocación cristiana, Abadía de Montserrat 1958.
[19] Sobre Pacomio y sus pretensiones, véase: Placide Deseille, El espíritu del monacato pacomiano /seguido de la traducción de los Pacomia Latina), Col. ‘Espiritualidad Monástica’, nº  19, Las Huelgas, Burgos 1986.
[20] Cf. la exposición que hace de los orígenes y expansión del monacato: F. Vandenbroucke, El por qué de la vida contemplativa. Teología crítica del monaquismo, Ediciones Mensajero, Bilbao 1969, págs. 22-32. Una síntesis muy bien lograda y con aseveraciones críticas muy acertadas.
[21] Aquí es preciso forzosamente remitir a los estudios de historia monástica, más o menos amplios, que detalladamente ofrecen el itinerario de la gran expansión monástica habida en Occidente desde los siglos IV a VI. Cf., principalmente: David Knowles, El monacato cristiano, Ediciones Guadarrama, Madrid 1969. Obra clásica y reducida de tamaño, ya agotada. Es un buen resumen del fenómeno monástico en Occidente; Alejandro Masoliver,  Historia del monacato cristiano, Ediciones Encuentro, Madrid 1994. Tres breves tomos: I. Desde los orígenes hasta San Benito (132 pp.), II. De San Gregorio Magno al siglo XVII (221 pp.), III. Siglos XIX y XX. Monacato  oriental, Monacato femenino (198 pp.); García Mª. Colombás,  El monacato primitivo, 2 Vols. (nn. 351 y 376), BAC, Madrid  1974 y 1975 (es el estudio más completo y documentado en español sobre el tema). Hay una segunda edición, en un solo volumen, también en la BAC: nº 588, Madrid 1998.
[22] Ver: Sulpicio Severo, Vida de San Martín de Tours (Trad. de Pablo Sáenz, osb; introducción y notas de Enrique Contreras, osb), en Cuadernos monásticos 134 (2000) 311-334.
[23] Poema celta de Connaught, ca. 650.
[24] Véase: Raimon Panikkar, La sencillez. El arquetipo universal del monje, Ed. Verbo Divino, Estella 2000-2ª. Volveremos después a este libro.
[25] Cf. George Otto Simms, Explorig the Book of Kells, The O’Brien Press Ltd., Dublín 1988.
[26] Véase: Mar Marcos, Monjes ociosos, vagabundos y violentos, en Ramón Teja (Ed.), Cristianismo marginado: Rebeldes, Escluidos, Perseguidos, I: De los orígenes al año 1000, Editado por Fund. Santa María la Real, Aguilar de Campoo 1998.
[27] Ver: San Benito, su Vida y su Regla, Dom García Mª Colombás, Dom León M. Sansegundo, Dom Odilón M. Cunill, BAC  nº 115,  Madrid 1954; y La Regla de San Benito,Editada y comentada por García Mª Colombás e Iñaki Aranguren, BAC nº 406, Madrid 1979.
[28] Ver: Pierre Miquel, Le vocabulaire lati de l’expérience spirituelle dans la tradition monastique et canoniale (de 1050 a 1250, Col. Théologie Historique nº 79, Ed. Beauchesne, París 1989. Y si se desea un estudio completo de la influencia de la vida monástica en la teología y en la espiritualidad cristiana, véase: AA.VV., Thélogie de la Vie Monastique.Études su la Tradition patristique, Col. Théologie nº 49, Ed. Aubier, París 1961.
[29] Ver la introducción general a las Obras Completas de San Bernardo, en la BAC, Madrid 1983: La espiritualidad cisterciense.
[30] Este capítulo de la historia monástica de Occidente ha sido y sigue siendo motivo de amplios y extensos estudios. Véase, por citar los más asequibles al gran público:
LIBROS: Jean-Baptiste AUBERGER,  L’unanimité cistercienne: mythe ou réalité? Achel, Cîteaux 1986; H. A. BREDERO,  Cluny et Cîteaux au douzième siècle. L’Histoire d’une controverse monastique. Amsterdam 1985; García M. COLOMBÁS, La tradición Benedictina. Tomos III y IV. Monte Casino, Zamora 1991-1994; Conrado DE EBERBACH, Gran Exordio de Císter. Cistercium. Vitoria 1998; Danièle CHOISSELET-Placide VERNET, Les Ecclesiastica Officia du XIIe siècle. Abbaye d’Oelemberg, Reiningue 1989; Lorenzo HERRERA, Historia de la Orden de Císter, I-VI, Colección de Espiritualidad Monástica, Las Huelgas, Burgos 199 –1995; Louis LEKAI,  Los Cistercienses. Ideales y realidad. Herder, Barcelona 1987; y el excelente estudio, el más moderno, de Juan Mª DE LA TORRE, Presencia Cisterciense: Memoria, Arte, Mensaje, Ediciones Montecasino, Zamora 2000.
ARTÍCULOS: Albéric ALTERMATT,  El Patrimonio cisterciense. Documentos históricos, jurídicos y espirituales, Cistercium  XLIV (1992) 17-73; García Mª. COLOMBÁS,Guillermo de Malmesbury y los orígenes cistercienses, Cistercium XLIV (1992) 483-495; François DE PLACE, Pour une meilleure connaissance des origines de Cîteaux: à l’école de nos premiers pères: Collectanea OCR 48 (1986) 181-199; Papa EUGENIO III, La vuelta a los orígenes. Carta del Beato Eugenio III al Capítulo General de Císter de 1151, Cistercium  XXIII (1951) 289-296; Tomás GALLEGO,  Los primeros “Instituta” de los monjes de Císter, Cistercium XXIII (1971) 123-140; Jean-Baptiste VAN DAMME, A la recherche de l’unique verité sur Cîteaux et ses origines: Cîteaux 32 (1982) 304-332. Autour des origines cisterciennes: Collectanea OCR 20 (1958) 37-60, 153-168, 374-390; 21 (1959) 70-86, 137-156; Gianfranco CALCAGNO, Cîteaux e la ristrutturazione ecclesiastica dei secoli XI e XII, Rivista Cistercense XV (1998) 125-162. Traducido al español en Cistercium, nº 214 (1999) 7-39; André LOUF, Quelques leçons d’un Centenaire, Collectanea Cisterciansia 60 (1998) 216-225; Elisabeth Mégier, La Orden Cisterciense: ¿Novedad histórica o realidad escatológica? Cistercium L (1998) 161-183.
LOS TRES FUNDADORES DE CÍSTER. LIBROS: Jean-Baptiste VAN-DAMME, Los tres fundadores de Císter, Colección de Espiritualidad Monástica, nº 34, Las Huelgas, Burgos 1998; Fray Mª. RAYMOND, Tres monjes rebeldes, Ed.  Herder, Barcelona 1988-3ª.
ARTÍCULOS:
G.M.S., Nuestros Santos Fundadores, Cistercium V (1953) 5-16; Jean, LECLERQ, Objetivo de los fundadores de la Orden de Císter, Cistercium XXII (1970) 164-195, 284-298; Alejandro  MASOLIVER,  Roberto, Alberico y Esteban Harding: Los orígenes de Císter: Studia Monastica 26 (1984) 275-307.
Pueden verse también los dos números monográficos de CISTERCIUM dedicados al  IX Centenario de la Fundación de Císter: números 210 y 211 de 1998.
[31] Ver, entre otros título: Robert THOMAS, La jornada monástica, Las Huelgas, Burgos 1997; André FRACHEBOUD, Espiritualidad cisterciense. Viaceli, Cóbreces 1970;Robert THOMAS, Mystiques cisterciens, (Col. Pain de Cîteaux, Nouvelle série), Edt. O.E.I.L. París 1985; André Louf, El camino cisterciense, Ed. Verbo Divino, Estella 1986.
[32] Terryl N. KINDER, L’Europe Cistercienne, Col. Les formes de la nuit, 10, La Pierre-qui-Vire, Zodiaque, 1997, 400 ppágs. Ilustrado con fotografías a todo color y blanco y negro, ISBN 2-7369-0234-3; Vicente LAMPÉREZ  Y ROMEA, Historia de la Arquitectura Cristiana Española en la Edad Media, según el estudio de los Elementos y los Monumentos, II Vols, Madrid 1909. El segundo volumen está ilustrado con 625 planos, fotografías, mapas y dibujos, y en él están contenidos la mayoría de los monasterios cistercienses medievales, con la planta arquitectónica de los mismos, especialmente de sus iglesias. Este arquitecto también tiene otro hermoso libro: Los grandes monasterios españoles, Ed. Calleja, Madrid 1920; Anselme DIMIER , Jean PORCHER, L’art Cistercien, Coll. Nuit des Temps nº 16 (Francia) y nº 34 (Fuera de Francia), Ed. Zodiaque, 1962, 1983-3ª, 22×17 cm. 375 pp. ISBN 2-73-69-0068-5; Yolanta ZALUSKA, Manuscrits enluminés de Dijon, CNRS Éditions, 1991, 404 págs.+148 planchas. ISBN 2-222-004355; Sonsoles HERRERO GONZÁLEZ, Códices miniados en el real Monasterio de Las Huelgas, Ed. Del Patrimonio Nacional y Lunwerg Editores, Burgos, 1988, ISBN 84-7120-126-7; Georges DUBY, Saint Bernard et L’Art Cistercien, Coll. Les Grandes Batisseurs/AMG,  Éd. Flammarion, París 1976, ISBN 2-70004-0020-8. ISSN 0397-3921. Existe una traducción española del texto, publicada en un librito (sin las ilustraciones y fotografías del original francés): San bernardo y el arte cisterciense 8El nacimiento del gótico), Ediciones Taurus, Madrid 1981, y reimpresión en 1983.
[33] COMUNIDAD DE AZUL, La comunidad monástica en los movimientos de Cluny y Císte, Cistercium XXI (1969) 25-47, 107-136; Lin DONNAT, Cîteaux et la Règle dan le contexte du Xie siècle: Collectanea OCR 35 (1973) 161-172;Alberto GOMEZ DE LAS BÁRCENAS, La verdad sincera del Císter. Ensayo reconstructivo de una espiritualidad, Cistercium VII (1955) 244-248, VIII (1956) 52-58, 99-103, 147-155, 195-200, IX (1957) 195-206, X (1958) 210-216, XI (1959) 59-68, 171-182, XII (1960) 3-14, 59-75, XIII (1961) 171-179, XIV (1962) 3-17, 121-126, XV (1963) 7-15, 100-108,195-204, XVIII (1966) 245-264.
[34] A. LUDDY, San Bernardo, el siglo XII de la Europa  cristiana, Madrid, 1963; Jean LECLERCQ,  Bernardo de Claraval, Valencia , 1991; Jean LECLERCQ,  San Bernardo, Monje y profeta, Madrid, 1990 (Traducción española del clásico Saint Bernard et l’esprit cistercien); A. MASOLIVER,  San Bernardo, el hombre de la Iglesia del siglo XII, Madrid, 1990; Anselme, DIMIER, S. Bernard, pêcheur de Dieu, París, 1953; Robert THOMAS, Saint Bernard, Nice, 1980; Feruccio GASTALDELLI, Los primeros veinte años de san Bernardo. Problemas e interpretaciones, en Cistercium XLVI (1994) 487-528. Los testimonios biográficos más antiguos sobre san Bernardo. Estudio histórico-crítico sobre los “Fragmenta Gaufridi”, en Cistercium XLVI (1994) 255-338; Ambrogio M. PIAZZONI, El primer biógrafo de san Bernardo: Guillermo de Saint Thierry. La primera parte de la “Vita prima” como obra teológica y espiritual, en Cistercium XLVI (1994) 453-470; Tomás GALLEGO, San Bernardo: apuntes biográficos para los primeros años, en Cistercium XLII (1990) 412-435;.
[35] Véase, por ejemplo, los números 219 y 220 de 2000 de CISTERCIUM dedicados a estos temas.
[36] La revista CISTERCIUM ha dedicado al Abad Rancé y su tiempo un número monográfico, el nº 220 de 2000.
[37] Véase el tomo VII, 1 y 2, de la obra de García Mª Colombás, La Tradición Benedictina, Ed. Montecasino, Zamora 1998.
[38] Existe un interesante estudio, aún sin publicar (tesis doctoral), de Miguel Martínez Antón, presentado en la Universidad Complutense de Madrid, Facultad de Sociología, Dpto. de Antropología Social: Antropología de las estructuras del Monacato masculino en España a finales del siglo XX, año 1977. El capítulo I de la segunda parte está dedicado a “La restauración monástica en Europa”, y el II a “La restauración monástica en España”.
[39] Existe una sociedad muy bien organizada de Ayuda a la Implantación Monástica (A.I.M.), en Francia, 7 rue d’Issy, F-92170 Vanves, que publica un boletín en francés, inglés y español. En España el secretariado de la AIM está en el Monasterio benedictino de San Pelayo, de Oviedo (aim@arrakis.es). Existe también una página web de esta gran asociación de monasterios: (www.aimintl.org)
[40] Ver: Miguel Martínez Antón, tesis doctoral citada, pág. 22.
[41] Ver Thomas Keating, El camino a la contemplación cristiana, The Continuum Publishing Company, New York 1998, pág. 9.
[42] Véase, por ejemplo, M. Basil Pennington, La vida desde el monasterio, Ed. Desclée De Brouwer, Bilbao 1998. También hay libros de personas de especial relieve espiritual que narran sus experiencias de vida en un monasterio: Henri Nouwen, Genesse Diary : Report from a Trappist Monastery (Garden City, NY : Doubleday, 1976);  traducción española: Diario desde el monasterio. Espiritualidad y vida moderna, Ed. Lumen, Barcelona 1996.
[43] Mercè Cerezo Rellán, osb, Monjes para el tercer milenio, Ediciones Monte Casino, Zamora 2000.
[44] Raimon Panikkar, Elogio de la sencillez. El arquetipo universal del monje, Editorial Verbo Divino, Estella 200-2ª.
[45] Ibidem., págs. 195-196.
[46] Ibidem, págs. 196-197.
[47] Citamos nada más dos excelentes estudios: Mons. Francis Mannion, Monacato y cultura moderna (I. Hostilidad y hospitalidad – Cistercium  197 (1994) 375-391-; II. La conversión cultural de los monjes: Liberalismo y vida moderna; III. El esfuerzo de la Tradición. El monacatocomo sistema cultural –Cistercium  199 (1994) 823-856. Y también: Ramón Álvarez Velasco, osb, Monjes del Diablo / monjes de Dios en la cultura moderna, en  Cistercium 205 (1996) 233-237.
[48] Ver: Thomas Merton, Acción y Contemplación –Contemplation in a Wordl of Action-, Ed. Kairós, Barcelona 1982.
[49] Thomas Merton, La montaña de los siete círculos, Ediciones Porrúa, México 1999 (edición actualmente disponible). Ver Apéndice sobre las obras en español de Thomas Merton.
[50] Ver: Thomas Merton, Diario de Asia, Ediciones Trotta, Madrid 2000.
[51] Ver: John Eudes Bamberger, Thomas Merton y Henri Nouwen: Viviendo con Dios hoy en los EEUU, en Cistercium 222 (2001), número monográfico dedicado al “I Retiro Mertoniano en España: Abadía de Viaceli, septiembre de 2000”.
[52] Quizá esta afirmación parezca extraña o exagerada, pero así es. La experiencia demuestra que sólo son capaces de recibir y mantener vocaciones aquellas comunidades en que a) no existen marcados conflictos generacionales y la edad media de la comunidad no es muy elevada, b) los recursos económicos son desahogados y el trabajo no agobia a la comunidad, permitiéndole gastos en el terreno de la formación y promoción de los más jóvenes, y c) la vivienda de la comunidad permite una vida austera ciertamente, pero adecuada a los tiempos actuales, donde se puede celebrar una liturgia digna y donde por medio de la hospedería monástica u otra actividad semejante se mantiene una relación discreta y sana con la sociedad. Basta que uno de estos puntos falle considerablemente, aunque se den otros en orden satisfactorio, para que la comunidad se estanque, no evolucione, se cierre sobre sí misma y se haga incapaz de recibir y formar nuevos candidatos.
[53] Véase, por ejemplo: Fraternidades Monásticas de Jerusalén, Un camino monástico en la ciudad. Jerusalén, libro de vida, Editorial Verbo Divino, Estella 1982. Particularmente interesante: En el corazón de las ciudades y En el corazón del mundo, págs. 137-154.
[54] Aquí radica la clave fundamental. La “vitalidad” de una comunidad no se mide por el número (siempre engañoso y de valor relativo) de los ingresos, sino por la capacidad de la misma de hacer que los nuevos candidatos perseveren y se integren en proyectos de vida realmente valiosos para la evolución espiritual de las personas. Y sí hay muchas comunidades de éstas (pero esto sería objeto de otra conferencia…).
[55] Véase: Familias contemplativas en España: Fraternidades de la Paz, Familia Monástica de Belén, Comunidad de las Bienaventuranzas, en Cistercium nº 204 (1996) 115-124.
[56] No hemos hablado hasta ahora de la vida cartujana, vida monástica de tradición eremítica en el cristianismo, de expansión menos “espectacular” que el benedictinismo. Ofrecemos una somera bibliografía sobre la Cartuja: Luis Doeijo Herrero, Guía de las Cartujas de España, Edibesa, Madrid 1996 (contiene una buena introducción a los orígenes de la vida cartujana); Robin Bruce Lochart, El camino de la cartuja, Ed. Verbo Divino, Estella 1986. Hay otros libros en español, difíciles de encontrar ya en librerías, entre ellos: Robert Serrou-Pierre Vals, En el “desierto” de la Cartuja. La vida solitaria de los hijos de san Bruno, Ediciones Studium, Madrid 1961; Ildefonso Mª Gómez, La Cartuja en España, en Studia Monastica, vol. 4 (1962) 139-278. Tampoco nos hemos referido de forma expresa a los monjes “Jerónimos”, ni los Premostratenses ni a los Camaldulenses. Véase: Antonio Ortiz Muñoz, Los caballeros encerrados (monjes Jerónimos), Ed. Studium, Madrid 1961; E. Zaragoza Pascual, Primera fundación de la Orden Camaldulense en España, en Studia Monástica vol 28 (1986) 359-3369;  Norbert Backmund, La Orden Premostratense en España, en Hispania Sacra nº 71, XXXV (1983) 1-29;  José Goñi Gaztambide, La Orden de Grandmont en España, en Hispania Sacra  nº 26, vol XIII (1950)  401-410.

Ser monje

¿Qué es ser monje? Lo responderemos, por supuesto, desde nuestro punto de vista; el que quisiéramos usar en esta Fraternidad.

Para nosotros es monje el que tiene un deseo solo: Vivir unido a Dios en cada instante.

Esto empieza por un anhelo intenso, un deseo de Dios o de lo sagrado en la vida. Uno quiere consagrarse, comprometerse, sentirse íntimo de la vida divina. En ese sentido, el deseo de Dios es un noviciado, una preparación, uno aspira a la unificación de todas las apetencias del alma en una sola: Ser de Dios, ser mero instrumento, uno llega así a enamorarse de lo divino.

Sin darse mucha cuenta, amanece un día en que uno no vive para otra cosa, no desea otra cosa, no piensa en nada como no sea ese deseo de unión con Dios. No en vano en la historia se ha usado la metáfora de los amantes. Quién ama vive para el objeto de su amor; respira con su aire, mira por sus ojos, pisa sus huella y en todas las cosas encuentra rastros del amado/a.

Cuando el amor por Dios consume a la persona, en cierto modo esta deja de existir. Puede que siga en el mundo pero ya no es del mundo; lo que hace, lo que piensa y siente está atravesado por la gracia. Se ha perdido a si mismo, a tenido el don de sacarse de en medio para que brille El Único que Es.

Eso es un monje, alguien que tiene unificado los deseos en uno solo. Con hábito o sin hábito, con orden donde congregarse o sin ella, con regla pautada o sin ella, reconocido o ignorado, varón o mujer, pobre o rico; un monje es aquella persona que reconoce la primacía de la voluntad de Dios en todo y todas las cosas y que se ha abandonado a Su designio. Entregado por entero a la verdad profunda de su ignorancia, abraza su no-saber a la infinita sabiduría de Dios.

Aquí hermanos todos somos novicios, deseamos a Dios y queremos desearlo cada día más, hasta que ese anhelo nos inflame y nos consuma para siempre, liberados del sufrimiento que nos impone creernos separados del Padre.

Continuaremos en los próximos días, si Dios lo quiere, delineando el perfil de la Fraternidad y sus participantes. Los saludo con afecto fraterno, invocando sin cesar el Santo Nombre de Jesús.

Hno. Mario

Aquí el post de hoy del blog Hesiquía

Contigo en cada instante

Estimado Hermano, un saludo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesús. Te respondo debajo de cada párrafo.

Hace algunos años me sentí insatisfecho, un aburrimiento, un vacío que no podía explicar e inicié una búsqueda. Me tropecé con los apotegmas de los padres del desierto y otro material sobre la vida monástica. Pero desde ese momento quedé confundido y hasta ahora he tenido un conflicto interno, entre seguir mi inquietud por la vida religiosa o continuar mi vida en el mundo (como laico). Cada vez que voy a tomar una decisión no encuentro paz ni seguridad debido a este conflicto interno.


Esa insatisfacción que bien describes, ese aburrimiento, vacío etc. es el llamado de la gracia hacia la interiorización. Los materiales con los que “tropezaste”, fueron señales indicativas de caminos posibles a esa profundización de la vida espiritual. El conflicto que siguió, muestra (revela) una oposición de fuerzas en tu alma.

Uno puede unirse a Dios tanto en la vida de consagración religiosa como en la vida como laico. El punto es vivir unido a Dios, en Su presencia en cada instante de la vida.
Allí desaparecemos por así decir (como ego) y nos tornamos intrumentos de Él. Entonces lo primero es buscar esta unión íntima y total con aquél que sostiene todo, si esto se hace, todo lo demás se aclara por si solo. Entonces, por ahora, no busques ni tomar un camino ni otro por fuera (exteriormente) sino establecerte en la sagrada presencia.

Por otro lado cuando empezó mi inquietud por la vida religiosa, surgió un fervor en mí que poco después se apagó porque siempre llevé una vida mundana y me sentí aplastado por todos esos deseos desordenados que hay en mí. Ahora quiero retomar mi búsqueda de Dios, cómo empiezo de nuevo?


Entiende que cuando persigues un deseo mundano, también buscas a Dios, (es decir la paz, la felicidad y la dicha sin sombra) solo que, equivocadamente, el cuerpo y la mente creen hallar la dicha en un objeto material o en una persona o en una actividad o situación determinadas. Como habrás comprobado, esos disfrutes son fugaces y aportan un placer muy breve, luego dejan ansias de repetición que nos encadenan (necesitamos dinero para repetir la situación por ejemplo o una droga o la presencia de otra persona etc.)

El fervor es la señal de la alegría del alma por sentirse en camino al hogar verdadero. La devoción se apaga cuando te crees un cuerpo o una mente y no te das cuenta que eres un espíritu, hijo de Dios realmente y chispa hecha del mismo fuego divino. Es decir, cuando te crees un ser hecho de materia, todo fervor se apaga y todo, todo se hace difícil, más allá de éxitos parciales en la vida. Cuando vives desde el espíritu que eres todo se encamina por sí solo.

Entonces cómo puedo asumir esto?

No tomes decisiones externas por ahora. Encaminate a vivir en la presencia de Dios en cada instante (para lo cual te aportaré mi experiencia en la medida que lo desees) y comienza a leer “La práctica de la presencia de Dios” del hermano Lorenzo. Luego que lo leas me dices que te ha suscitado, dudas etc. y sobre todo si ha sido de tu agrado. Como iniciación es muy adecuado. Si por cuestiones de estilo o afinidad no te sintieras a gusto te recomendaré otros libros muy útiles al mismo propósito.


¿Cómo empiezo de nuevo?:

Nunca se empieza de nuevo. Has de empezar desde donde estás y en el estado en que estás. Estás buscando a Dios en todo momento, a veces lo buscamos por caminos equivocados (el desenfreno, placeres fugaces) y sin darnos cuenta que en realidad es lo único que queremos (Felicidad plena e inmortal).

Elige una frase de tu agrado, una oración o jaculatoria, que te sea entrañable o muy querida y empieza a acostumbrar la mente a ella. (Haz un audio con tu propia voz y escucha con auriculares todo el tiempo que puedas, luego te quitas el dispositivo y la repites con la mente mientras haces otras cosas;  en momentos de angustia repítela con los labios incluso, etc.

Pero tiene que ser una frase que te conmueva, que represente tu corazón hoy y sientas que te acerca a Dios. Luego me cuentas. Te sugiero que participes en el retiro del peregrino ruso (virtual) ya que puede ayudarte a empujar tus ansias de Dios hacia lo más profundo.

Estimado hermano, te mando un saludo fraterno, invocando sin cesar el Santo Nombre de Jesús.

Enlaces recomendados enviados al blog:

Sanación interior con San Juan de la Cruz

Las Moradas de Santa Teresa de Jesús 

Aviso sobre el retiro

Muy estimadas/os en Cristo Jesús:

De algunos de vosotros que habéis reservado y pagado para participar del retiro a distancia, no hemos recibido la dirección de correo, que ahora necesitamos para daros la preparación del retiro.

Apenas podáis escribid a bloghesiquia@gmail.com

Aún hay tiempo para anotarse y reservar hasta el 22 de noviembre.

Información aquí

Participar activamente

Muy estimadas y estimados en el amor a la vida monástica. En esta etapa de reorganización del blog quisiéramos saber quienes, además de ser lectores, están interesados en participar activamente en esta etapa de la Fraternidad.

¿Podéis avisarnos?

Enviad por favor un mail (puede ser incluso en blanco) con el asunto o subject “Quiero participar”, al mail

hermanomariodecristo@gmail.com

Eso bastará para que os incluyamos en las tareas de preparación de este nuevo momento, que si Dios lo quiere, sirva para actualizar aquél ideal que nos agrupara en los principios de 2010.

Os dejo con otro post recién puesto en Hesiquía acerca de dos preguntas sobre la vida espiritual.

¡Oh Señor! ¿Donde está mi amor por Ti?

¡Oh Señor! ¿Donde está mi amor por Ti?

Dos respuestas a comentarios del post anterior

Es tan difícil separar lo que materialmente nos interesa, y lo que espiritualmente queremos o deseamos, que a veces, como en mi caso, no sabes si realmente existe pureza en tu deseo de Dios, o es el diablo el que anda por medio. Mi deseo en este momento de mi vida, es el de “estar muy a punto”, para mi muerte, para serle grato al Señor, y para gozar en el cielo eternamente de su presencia. Pero una y otra vez, me pregunto. ¿A mi lo que realmente me interesa es ir al cielo?. Y estoy dispuesto a intentar la santidad, con todas mis fuerzas y con la gracia de Dios.¿ Pero hay un deseo noble en esta aptitud?.o es lo tíìco de “Te amo Señor porque te necesito, o te necesito por que te amo.”.

Estimado Alberto:

Cuando usted se autoobserva y se pregunta acerca de sus verdaderas motivaciones o sobre la pureza de su amor a Dios, está poniéndose a salvo del orgullo espiritual merced a la gracia. Esa duda acerca de nosotros mismos nos mantiene en una cierta humildad y prevención para alejarnos de la arrogancia o lo que suele llamarse ego espiritual.

A su vez, hay que evitar obsesionarse con ello, es decir atender demasiado a si esto es totalmente puro o no en mi deseo de Dios, ya que puede ser algo que el ego utilice para desviarlo de la oración o de los impulsos de la gracia.

Los antiguos eremitas del desierto que conocemos por ejemplo a través de Filocalía, insistían mucho en evitar los excesos a derecha e izquierda, lo cual en nuestros tiempos llamamos demasiados escrúpulos o demasiada laxitud o inadvertencia. Lo mejor: Orar y pedir la gracia de la pureza de corazón en todos nuestros actos y actitudes, tanto en aquellos que se dirigen hacia el mundo como hacia la patria celestial.

Un saludo fraterno invocando el Santo Nombre.

¿Como hacer cuando la llama de amor, la sed y el deseo de Dios que movía nuestra vida espiritual y nos impelía a buscarle se ha apagado? ¿Cuando, a pesar de esforzarnos por centrar nuestra vida en la busqueda de Dios, esta búsqueda se convierte en un esfuerzo y las tentaciones aparecen? ¿Cuando a pesar de esforzarnos por enfocar nuestra vida en la busqueda de Dios , lo hacemos porque racionalmente sabemos que esto es lo que tenemos que hacer porque anteriormente experimentanos la verdad de que Dios es lo unico que puede colmarnos pero esta verdad ahora solo permanece en el area de lo racional pero en el area del sentimiento nuestro corazón se inclina hacia otras cosas , en mi caso el amor de alguna mujer principalmente, y ya no es capaz de experimentar aquella realidad? ¿Como reencender aquella llama del deseo de Dios de manera que volvamos a ser capaces de entregarnos y consagrarnos por entero a El?

Estimado Alejandro:

Por una parte, a Dios gracias que pervive en usted el recuerdo de aquella intensidad en el deseo de Dios; este recuerdo es el modo que El Señor elige para llamarlo, para hacerle saber que aún Le espera y que, aunque nosotros olvidemos, Él siempre está.

Sin embargo no se mortifique en comparaciones; cada vez que caiga en la cuenta de que su fervor o deseo de Dios esta apagado o letárgico, o que su oración no es todo lo centrada que debería ser, deténgase y busque unos pocos minutos al amparo del silencio. (Esto puede hacerse en la oficina, en la casa, hasta en un banco de la plaza si es necesario) Concentre la mente en llamar a Dios como usted está habituado, pero hágalo como si llamara a un amigo que pasa por la vereda opuesta. Clame a Dios Su Presencia divina apoyándose en el sentimiento de carencia que experimenta.

Es decir, llámelo con vehemencia con la voz de la mente y pídale la gracia de aquel amor y deseo que ahora parecen apagados. Tome conciencia del dolor interior que esta distancia aparente con El Señor le genera y lleve la fuerza de ese dolor hacia la voz interior con la efectúa el llamado.

Realice estos breves detenimientos con frecuencia, cada vez que se acuerde de Dios, uno o dos minutos bastarán si está muy atareado, pero verá que no le faltará asistencia. Entregue el dolor de la ausencia a Dios y Él le colmará más de lo que imagina.

Le saludo fraternalmente invocando a Jesucristo.

De intercambios por mail

Mientras reorganizamos

Estimadas hermanas y hermanos de la Fraternidad: Durante unos días, mientras reorganizamos esta iniciativa ligaremos con una serie de posts en Hesiquía blog que tratan sobre la Metanoia del corazón. Pueden formular consultas e intercambiar sobre el tema. Un saludo fraterno, invocando a Jesucristo.

Cultivando la metanoia

Cultivando la Metanoia*

Preparando el retiro

¿Es posible una verdadera transformación de la persona? Me refiero no un cambio parcial o de mampostería sino a una verdadera conversión de vida. Es algo tan escaso, tan difícil de encontrar.

Sin duda es posible. La gracia o la acción del Espíritu Santo junto a un adecuado esfuerzo llevan a la conversión profunda. Esto es a un absoluto cambio en el sistema de creencias que tenía la persona y por ende a una transformación íntegra de la conducta.

No olvidemos que lo que uno cree en verdad no es lo que declama o lo que incluso le parece que cree, sino que la conducta en cada momento y nuestras creencias profundas son lo mismo**.

Pero yendo a tu pregunta estrictamente… para una conversión real, es decir para que suceda la Metanoia, hay un solo requisito esencial e ineludible: Un deseo total, una necesidad de cambio y de unirse a Dios completa de la persona. Este deseo es el fuego necesario para que se consuman todos los obstáculos que impiden la acción de la gracia.

Mientras mis anhelos oscilen entre diversas metas, los cambios también serán variables y por lo tanto superficiales. Es preciso haberse convencido de que solo encontrar a Dios en el corazón es lo imprescindible para obtener la felicidad que buscamos.

Cuando se dice “Nada en el mundo puede saciar el corazón del hombre” o citas similares, se quiere decir que la carencia verdadera del ser humano resulta de la separación de nuestro Padre eterno. El creernos ajenos a Su presencia constante, el sentirnos capaces de hacer por nosotros mismos, sin la mediación de Su voluntad, nos lleva a buscar en los objetos o situaciones la plenitud que nos falta.

No hay nada que nos dé la plenitud, porque la felicidad que buscamos no es de este mundo, es decir, no es del cuerpo sino del espíritu. Este mundo es material, es del cuerpo y a través de él lo percibimos. Nosotros somos Hijos de Dios, nuestra esencia es espiritual. No puede saciarse al espíritu que somos consumiendo materia.

Busca el reino de Dios que lo demás vendrá por añadidura (San Lucas 12:22-31) lo resume todo. Pero nosotros dedicamos la vida a la añadidura y después nos quejamos de no encontrar a Dios dentro.

Sería bueno hacer un intercambio acerca de esa cuestión con los lectores y amigos del blog, ya que en el fuero íntimo, al escucharse estos planteos suele producirse el siguiente pensamiento: “Pues sí, vale; pero si yo no trabajo del día hasta la noche y sino me ocupo de estos y aquellos asuntos, la vida entera de mi familia se desmoronaría…” o similares.

Esto no es así. Precisamente esa creencia de fondo es la que impide la transformación profunda. Cuando la atención integral de la persona se vuelve a Dios o al menos hacia una búsqueda verdadera, todo se encamina como debe y esto beneficia incluso la marcha de las cosas materiales, trabajos, familia y demás.

Hermano… ¿Qué entiende por búsqueda verdadera y por volverse a Dios? ¿Qué es buscar el reino de Dios? De modo práctico le pregunto.

Metanoia: Cambio profundo en el entendimiento o comprensión, con implicancias conductuales. Arrepentirse conscientemente. Giro de 180 ° en la visión de sí mismo, del mundo y de Dios. Diversos sitios en la web enfatizan en uno u otro significado, leer varias versiones puede dar una idea acabada del significado del término.

Continúa en el próximo post.

@ Texto original del blog

Estimadas hermanas y hermanos: Pueden formular preguntas a través de los comentarios o al correo del blog si preferís anonimato, que serán respondidas en los sucesivos posteos, preferentemente sobre este tema que se está tratando. Os saludamos a todos invocando el Santo Nombre de Jesús.

Bendice a mis enemigos, Señor.

Bendice a mis enemigos, Señor.Yo también los bendigo y no los maldigo.

Mis enemigos me han llevado a tus brazos más que mis amigos.

Mis amigos me han atado a la tierra, mis enemigos han hecho que me desprenda de ella y han destruido mis aspiraciones en este mundo.

Mis enemigos han hecho que sea un extranjero en los reinos de la tierra y que habite como forastero en este mundo.Del mismo modo que un animal perseguido por los cazadores encuentra un refugio más seguro que un animal despreocupado, yo, perseguido por mis enemigos, encontré el santuario más seguro oculto bajo tu tabernáculo, donde ni amigos ni enemigos pueden matar mi alma.

Bendice a mis enemigos, Señor. Yo también los bendigo y no los maldigo.

Ellos han confesado mis pecados ante el mundo en mi lugar.

Me han castigado cuando yo he dudado en castigarme.

Me han atormentado, cuando he intentado huir de los sufrimientos.

Me han reprendido, cuando yo me envanecía.

Me han escupido, cuando estaba lleno de arrogancia.

Bendice a mis enemigos, Señor. Yo también los bendigo y no los maldigo.

Cuando me he creído sabio, me han llamado necio.

Cuando me he colocado por encima de los hombres, se han burlado de mí como si fuera un enano.

Cuando he querido ser el primero, me han postergado.

Cuando he corrido a enriquecerme, me lo han impedido con puño de hierro.

Cuando he pensado que podía dormir tranquilo, me han despertado de mi sueño.

Cuando he intentado construirme una casa para pasar una vida larga y tranquila, la han derruido y me han echado de ella.

En verdad, mis enemigos me han liberado de las ataduras del mundo y han hecho que alargue la mano para tocar la orla de tu túnica.

Bendice a mis enemigos, Señor. Yo también los bendigo y no los maldigo.

Bendícelos y multiplícalos; multiplícalos y vuélvelos aún más contra mí, para que mi huida hacia ti sea sin retorno, mi esperanza en los hombres se desvanezca como una telaraña, una serenidad total empiece a reinar en mi alma, mi corazón se convierta en la tumba de esas dos malvadas hermanas, la arrogancia y la ira, pueda atesorar mi tesoro en el cielo y por fin me vea libre del autoengaño que me ha enredado en la terrible maraña de esta vida ilusoria.

Mis enemigos me han enseñado lo que casi nadie sabe: que el único enemigo que tiene un hombre en este mundo es él mismo.
Uno sólo odia a sus enemigos cuando no se da cuenta de que no son enemigos, sino amigos crueles.

Me resulta muy difícil decir quién me ha hecho más bien y quien me ha hecho más mal en este mundo: mis amigos o mis enemigos.
Por lo tanto, bendice, Señor, tanto a mis amigos como a mis enemigos.

Un siervo maldice a sus enemigos, porque no entiende, pero un hijo los bendice, porque sí que entiende y sabe que sus enemigos no pueden quitarle la vida. Por eso, anda sin miedo entre ellos y ruega por ellos a Dios.

Bendice a mis enemigos, Señor. Yo también los bendigo y no los maldigo.

Amén.

Oración por los enemigos, de Nicolai de Zica, Obispo serbio Ortodoxo. Primera mitad del siglo XX.

Contemplativos en el mundo

Padre Molinié

Estimadas hermanas y hermanos en la oración de Jesús:

Nos han enviado este sitio para incluir en nuestro apartado “Reglas”, que estamos actualizando. Lo hemos revisado y nos parece puede ser de utilidad para algunos de nuestros lectores, así que aquí lo agregamos por ahora. Agradecemos a quién lo envió que nos dijo:

“Este estilo de vida he abrazado y el material allí presente aunque no muy difundido me ayuda a vivir contemplativamente en medio del mundo”.

Contemplativos en el mundo

¿Quienes son? (Contemplativos en el mundo)

Recuerden que el día 12 de noviembre se cierra la inscripción para los retiros del peregrino ruso y al día siguiente os enviaremos instrucciones preparatorias para llegar a ellos con la actitud que más conviene según el trabajo que realizaremos.

Si alguien desea sugerir páginas para recomendar, escriba al mail del blog. Un saludo fraterno invocando a Jesucristo.

El vaivén de los deseos I

¿Cómo librarse del permanente tironeo o tensión entre el deseo de una vida más simple y de oración y las constantes demandas del medio en que se vive, social, familiar, laboral etc.?

Estimada hermana en Cristo: Antes que nada es preciso darnos cuenta de que esas demandas y esos tironeos son el resultado de opciones anteriores que se han tomado y que dejan su residuo de encadenamiento.

Que las circunstancias obligan es cierto. Pero también es cierto que las situaciones son muchas veces el resultado al que nos han conducido los deseos. Por ejemplo: Yo quisiera quedarme a leer y orar en casa y en lugar de ello debo asistir a una fiesta con tales amistades de hace unos años. En verdad no hay el deber de asistir, lo que obliga es el deseo de no quedar mal con aquella gente.

Entonces ¿que he de priorizar? ¿Mi deseo de oración y silencio o la imagen que quiero tener ante esas otras personas? No negamos los condicionamientos que existen, decimos que hay que revisar y ver, porque muchas veces el condicionamiento es más interior (es decir mental) que exterior.

Siempre que hay conflicto hay fuerzas que se oponen en nosotros. Siempre que hay oposición hay deseos encontrados. ¿Que conviene? Invocar a Dios y pedir que nuestros deseos se adecúen a Su voluntad. Lo mejor: Pedir la gracia del abandono a Su voluntad, un camino en el cual los deseos se van tranquilizando, dejan de activarse de continuo y permanecemos en calma respondiendo a lo que va sucediendo, atentos a la presencia divina.

Un saludo fraterno, invocando a Jesucristo.

elsantonombre.org

La fe como adhesión a Cristo

La fe como adhesión a Cristo

Desde el punto de vista del sujeto, la fe no sólo es la participación en la vida de Dios, sino también es una adhesión existencial a la Persona de Cristo, como el único Señor y el único amor. Esto exige del hombre hacer una elección conciente, y orienta su voluntad hacia El, como el objetivo final y valor supremo.

La adhesión a Cristo es nuestra respuesta a su mirada llena de amor, y a su llamada. Esa respuesta siempre llevará en sí la marca de la aventura, y también del riesgo. Jesús quiere que te adhieras a El sin preguntas sobre los pormenores, sobre las consecuencias de tu decisión; sin preguntas sobre el futuro. Quiere que digas, como María: « SI» , manifestando así tu total abandono. La esencia de este abandonarse en Jesús y adherirse a El, consiste precisamente en una ignorancia que equivale a oscuridad, y, por consiguiente, requiere de la fe. La adhesión a Cristo es el comienzo del amor, que se irá realizando mediante el proceso de unir nuestra voluntad con su voluntad. Es el comienzo de la comunión personal con Dios.

Nuestra adhesión a Cristo no será posible sin una ruptura con aquello que nos puede esclavizar. Los apóstoles para seguir a Cristo tuvieron que dejarlo todo. La elección de Cristo como el valor supremo, supone también nuestro consentimiento para que sea El mismo quien nos forme.

 «Nadie puede servir a dos señores»

Esa fe, que es adhesión a Cristo como único Dios y único amor, requiere que nos dirijamos hacia E1 como el valor supremo. La plena adhesión a Cristo requiere que el corazón sea libre, es decir, que demos la espalda al ídolo que nos esclaviza. El Evangelio dice: «Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien, se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas». (Mt 6, 24). Hay dos señores: Dios y las riquezas, y no existe un tercero. Eso dice la suprema autoridad: Jesucristo. La actitud de un señor hacia el otro, es una actitud de radical oposición. El Evangelio dice claramente: «aborrecerá a uno y amará al otro». Cuando se quiere a un señor se odia al otro: « se entregará a uno y despreciará al otro». Si eres fiel a uno, entonces despreciarás al otro. Esa afirmación es muy fuerte. No podemos, pues, adherirnos a Cristo y, sirviéndole a El, servir a la vez a las riquezas; aunque siempre estemos expuestos a la tentación de acceder a los compromisos, y unir lo que no es posible unir.

Nadie puede servir a dos «señores». ¿Quiénes son esos «señores»? (en griego « kyrios» ). Uno de ellos es Cristo, nuestro único verdadero Señor, Kyrios. El segundo son las « riquezas» , un falso kyrios, un falso señor. Riquezas, equivale a hacerse depender y esclavizar por un bien material o espiritual. Pongamos atención en que las riquezas son llamadas « señor» a las que se sirve, así como se sirve también al rey. O bien servimos a Dios y lo amamos, y entonces odiamos a las riquezas, es decir, a nuestro apego a los bienes materiales o espirituales; o por el contrario -y esto ya es difícil decirlo- amamos nuestro apego a esos bienes, y por consiguiente, odiamos a Dios. No podemos compaginar esas dos realidades: servir a un señor y al otro.

Es evidente que nuestro servicio puede ser incompleto. Podemos estar al servicio de Cristo solamente en parte, en cierto grado. Pero hay una determinada incompatibilidad entre las dos servidumbres. Si amas tus apegos y estás al servicio de ellos, en esa misma medida odias a Dios. Eso es terrible, pero es imposible explicar de otra manera lo que nos dice Cristo. Se trata de una verdad evangélica. Si estás al servicio de tus propios apegos, de las riquezas, en un 80 por ciento, eso significa que en un 80 por ciento odias a Dios. ¿Puedes hablar en tal situación de profundizar en tu unión a Cristo, de adherirte a El? ¿Puedes sorprenderte de que estés distraído durante la Santa Misa? Es posible que trates de combatir esa realidad decididamente, pero ocurre que las causas radican en un lugar mucho más profundo, en los apegos, en las riquezas. Por esa razón, la lucha contra las distracciones debe ser librada en dos niveles. En el nivel inmediato y directo, cuando tratas, por ejemplo, de concentrarte en el momento de la Consagración, pero en ese caso combates únicamente las manifestaciones externas. La llaga está mucho más profunda, en las riquezas. Ellas son la causa más profunda, ellas son la raíz del mal, ellas son la fuente de las distracciones. Ellas te desconcentran durante la Santa Misa, ellas te apartan de lo que sucede en el altar durante la Consagración, y ellas son tu mayor enemigo.

El análisis de tu oración, te ayudará a detectar qué tipos y géneros de riquezas tienes en tu vida. Si consigues darte cuenta en qué piensas con mayor frecuencia durante la oración, entonces sabrás cuál es para ti tu tesoro. « Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón». (Mt 6, 21). Tus distracciones te permitirán detectar cuántas riquezas y apegos hay en ti. Si hay muchos, entonces que no te extrañe que tengas dificultades al rezar el rosario, o durante la adoración, o durante la Santa Misa.

La palabra «señor», en la lengua original, el griego, «kyrios», significa poder absoluto y señor. La palabra «servir», significa una servidumbre de esclavo prestada al señor, y una pertenencia total a él. El evangelio nos dice que somos propiedad del Señor, independientemente de que lo admitamos o no. Somos y siempre seremos propiedad de Nuestro Señor Jesucristo.

La palabra «riquezas», en hebreo «Mammón», significaba inicialmente dinero o cosas valiosas entregadas en depósito. Entonces no tenía la significación peyorativa que adquirió más tarde. Sin embargo, con el tiempo se produjo una notable evolución en el significado de ese término. Se consideraba que, si se entregaba en depósito, a un banquero o a una persona de confianza, un tesoro, se podían cifrar en este determinadas esperanzas. Este es el primer grado de la evolución. «Mammón» se iba convirtiendo en un objeto que generaba confianza. Luego se empezó a escribir con mayúscula, y entonces empezó a tomarse como falso soberano y señor. Se produjo entonces una extraordinaria alienación: la cosa se apoderó del hombre. Todo aquello en lo que él depositó sus esperanzas, se convirtió en su dios.

Y tú, ¿en quién o en qué depositas tus esperanzas? ¿Qué esperas? ¿Quién es tu dios? Si depositas tus esperanzas en un dios falso, conocerás la amargura y la desilusión, porque se trata de un señor que, tarde o temprano, te defraudará. Y esa será para ti una gran gracia, porque algo empezará a desmoronarse en tu actitud hacia las riquezas.

¿Qué pueden ser esas riquezas que cautivan tu corazón? Pueden serlo tanto los bienes materiales, como los espirituales. Pueden ser por ejemplo: la pasión por el dinero; el apego a los hijos; el afán excesivo por el trabajo o por lo que haces, o por lo que creas; el gusto por la calma, e incluso, por lo que consideras tu propia perfección. Todos esos hábitos producen tu cautiverio, te esclavizan, porque el hombre debería apegarse a una sola y única cosa: la voluntad de Dios. Todo cautiverio te cierra a Dios y reduce tu fe.

¿Cómo reconocer que estás sirviendo a las riquezas? Los mejores signos son: tus prisas, tu «stress», tus tensiones, tu precipitación y tu tristeza. Hay personas que viven en constante tensión. Eso significa que es enorme el apego que tienen a algo. La gente libre de los apegos está llena de la paz de Dios. Esa Paz Divina construye y fortalece la salud psíquica, que influye directamente sobre la salud somática. De esa manera, tanto el espíritu como la psiquis y el cuerpo, participan en esa gran libertad del hombre. El hombre libre de apegos, al mismo tiempo está libre de las arrugas en su semblante, desconoce los «stress» y las enfermedades contemporáneas. Las riquezas destruyen de manera sistemática al hombre. No solamente bloquean tu aproximación a Cristo y tu adhesión a El, sino que arruinan asimismo tu salud física y psíquica.

Otra clara manifestación de los apegos, es tu tristeza en las situaciones en que Dios te arrebata algo. A pesar de todo, irá quitando todo lo que te esclaviza, es decir, todo lo que es tu mayor enemigo, todo lo que provoca que tu corazón no sea libre para el Señor. Y solamente, cuando empieces a aceptar esa situación, y a tomarla con serenidad y buen humor, te irás convirtiendo en un ser cada vez más libre.

En la oración, al presentarte al Señor, muéstrale tus manos, no solamente vacías, sino también sucias, enlodadas por el apego a las riquezas. y ruégale que tenga compasión de ti. La oración puede desarrollarse únicamente en un clima de libertad. Como discípulo de Cristo estás llamado a orar, además a la oración contemplativa. Pero para que tu oración pueda transformarse algún día en contemplación, en embelesamiento amoroso hacia Jesucristo, tu amado, es imprescindible la libertad de tu corazón. Cristo por eso lucha tanto para que tu corazón esté libre. Para eso lucha con la ayuda de distintos acontecimientos, con la ayuda de las dificultades y las tempestades, poniéndote en situaciones difíciles, durante las cuales te ofrece la oportunidad de colaborar intensamente con la gracia. En todas esas situaciones, Cristo espera que tú tratarás de purificar tu corazón, enlodado por los apegos y el servicio a las riquezas. Por eso, todos los momentos difíciles, todas las tempestades, son para ti una gracia, son el paso del Señor misericordioso, que te amó hasta el punto de querer darte ese increíble don, la plena libertar de tu corazón. Tu corazón ha de ser indivisible, ha de ser un corazón para El.

Creer significa percibir y entender el sentido de la vida, de acuerdo con la óptica del Evangelio, en la que lo más importante es Dios. Has de orientar tu vida hacia El, hacia la búsqueda y la edificación, ante todo, de su Reino, con la fe de que el resto se te dará por añadidura (cf. Mt 6, 33). Dios desearía dar a cada ser humano todo su amor, pero solamente puede obsequiárnoslo en la medida en que exista apertura, en la medida en que aceptemos el despojamiento de los apegos, con el fin de hacer sitio para El. La fe hace que haya en nosotros un vacío, un lugar no ocupado para Dios.

 

[Ir al texto completo en

MERCABA.ORG . Autor:

Taadeusz Dajcer. La fe como Adhesión a Cristo.

Meditaciones sobre la fe.

Capitulo 2]

La perla preciosa

La mente, cuando hemos cerrado todas sus salidas por el recuerdo de Dios, exige absolutamente una actividad que ocupe sus impulsos. Se le dará entonces el “Señor Jesús” por única ocupación y para que responda por entero a su fin.

Esta escrito: Nadie puede decir “Jesús es el Señor” sino es en el Espíritu. Que ella (la mente) no deje de considerar con todo rigor estas palabras en su morada interior para no desviarse en imaginaciones; pues cualquiera que repita sin descanso ese santo y glorioso Nombre en las profundidades de su corazón, llegará a ver algún día la luz que vive en el fondo del alma.

Reteniéndolo con cuidadosa severidad en su interior, el Nombre consumirá todas las manchas en la superficie de su alma con un sentimiento poderoso. Tu Dios – dice la escritura- es fuego abrasador.

Por eso es que El Señor invita a un poderoso amor a Su gloria, ese Nombre glorioso totalmente deseable, fijado en el corazón, ardiente por la memoria del intelecto, hace nacer una disposición para amar en todo tiempo su bondad sin encontrar impedimentos.

He aquí la perla preciosa que se puede comprar, vendiendo todos los bienes y cuyo descubrimiento procura una alegría inenarrable.

Diádoco de Fótice, de “La Filocalia de la Oración de Jesús”, edición de único tomo, puntos 59 y 60.

Entrevista con el Padre Tadej

Estimados hermanos y hermanas en la oración de Jesús, aquí les dejamos esta entrevista con el Padre Tadej, que tiene conceptos muy interesantes sobre la oración y la vida espiritual.

Un saludo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesús.

Sobre la oración

Estimados hermanas y hermanos, ponemos a disposición dos textos útiles a la vida de oración. Cualquier consulta acerca de la temática pueden efectuarla en los comentarios o al mail del blog. Un saludo fraterno invocando a Jesucristo.

El arte de la oración

Consejo a los ascetas

Acerca de “El retiro del Peregrino Ruso” y audio Carta 6

Estimados hermanos y hermanas en el amor a Jesucristo.
La participación en el retiro a distancia por streaming tiene un costo total de 15 dólares. Hay tiempo para anotarse hasta el 22 de noviembre. Con suficiente antelación se les informará acerca del modo para conectarse y se harán pruebas técnicas unos días antes del retiro.

Los interesados en el retiro presencial, pueden hacer su reserva depositando la suma de 30 dólares en el link que se muestra debajo. Queda pendiente avisarles la suma total que costará en conceptos de alojamiento, alimentación y demás, ya que esperamos a saber el número total de inscriptos para definir la casa de retiros que alquilaremos. Tenemos en vista la casa de dos congregaciones en sierras de Córdoba y dos casas de retiros en la ciudad de Córdoba. Pueden anotarse hasta el día 12 de noviembre.

En ambos casos, para asistentes a distancia y presenciales, se efectuará una preparación espiritual a través de este medio, para llegar al retiro bien predispuestos en la tónica del Peregrino ruso.

Aquí el link para efectuar la reserva:

paypal.me/hesiquiablog


Un saludo fraterno, invocando a Jesucristo.
Equipo del blog Hesiquia

Fuga de situación II

Acerca de hábitos compulsivos

En realidad la fuga hacia las cosas (objetos, personas, situaciones o representaciones) es el remedio equivocado que intenta ponerse sobre el problema que es el siguiente: Que para sentir algo placentero o benéfico o simplemente para sentir algo, necesito de otro u otra cosa que yo mismo.

Es tal el olvido de nuestro ser esencial, que sin agarrarnos a algo desesperamos. Nos hemos identificado con nuestro cuerpo y con el continuo flujo de pensamientos. De tal manera nos hemos acostumbrado a sentir, gracias a la interacción con los objetos, personas, etc. que sin esto a lo que aferrarnos, nos vemos inmersos en el tedio, el sopor fastidioso, el desánimo y a veces la depresión. Basta ver lo que se carga cuando se sale de viaje, para hacerse una idea de este mecanismo de necesidades ficticias.

Las necesidades reales, son pocas. Todo lo demas, se ha generado en esta búsqueda de compensación a que nos referíamos en el mail anterior. Surge un pensamiento con su adjunto de sensación física a lo que llamamos sensación de carencia. Por ejemplo surge el pensamiento: “¿que hago ahora?”, junto con una sensación de cierta tensión en la boca del estómago a la que se puede llamar ansiedad. Entonces, aparecen luego diversas imágenes de recuerdos de anteriores ocasiones y el modo en que fue anestesiada dicha sensación incómoda: Ver algo atrapante en la televisión, comer algo con gusto intenso o realizar esto o aquello según el caso.

Pensamientos y sensaciones van de la mano, por eso en nuestro caso, gente interesada en profundizar en la vida espiritual debido a un anhelo de libertad, fruto del toque de la gracia; esto puede convenir:

Al momento de presentarse el hábito o adicción (cualquiera sea) atender a la sensación corporal específica que sostiene el deseo surgido. Por ejemplo atender al lugar en el que se asienta esta inquietud a la que llamo ansiedad y que me impulsa a comer más de lo debido. Me fijo en esta sensación como si se tratara de cualquier objeto observado (un árbol, una taza o la mesa). Allí, advierto que hay un espacio entre yo (el que observa) y lo observado. Este espacio me brinda una “distancia” interior que tiende a despegarme un tanto de lo que sucede.

En ese momento, en ese espacio interior donde advierto que no soy lo mismo que observo, invocar la gracia de Dios (mediante la oración de Jesús o mediante aquel acto interior que mejor nos sirva para sentir la Presencia divina) siendo consciente de que sin la ayuda de Dios no me es posible sustraerme a ningún hábito o vicio en mi vida. Reconocer cabalmente que sin la gracia soy impotente para transformar cualquier cosa incluida mi propia conducta.

En este momento y en una primera etapa, conviene hacer otra cosa que canalice la tensión interior que no seguir la compulsión o la adicción generará. Por ejemplo en lugar de ver ese programa vacío y poco edificante, aplico mi energía a ordenar con perfección la habitación en que me encuentro etc. Esto es también una compensación, sin duda, pero al menos vamos aprendiendo a evitar ser arrastrados por los hábitos. Con humildad, nos ejercitamos en evitar lo que nos daña el alma.

Habrá una segunda etapa, en la cual no se haga necesario canalizar dicha tensión sino que observaremos tranquilos y en silencio interno como aquel deseo surgido se apaga o pasa de largo igual que una nube arrastrada por el viento. Los deseos son pensamientos y los pensamientos son fugaces. Si nos damos este espacio interior que hemos dicho, se crea también el tiempo para que lo pensado se modifique por si mismo.

Toda verdadera comprensión, (esto es que abarque no solo intelecto sino lo corporal también) lleva a la desaparición del fenómeno investigado. Hace las veces de luz en una habitación oscura, que acaba con temores o pisadas temerosas. La luz todo lo permite, pero es necesario que pase un tiempo hasta que lo comprendido sea asimilado e interiorizado.

Veremos finalmente que estas adicciones vienen a ser finalmente una ayuda del Señor, ya que sin ellas y el deseo de liberarse, no podría uno acercarse a estos temas que acercan a la verdad del corazón, donde habita Cristo y todas las gracias.

Texto propio del blog

Fuga de situación

Acerca de hábitos compulsivos

Un hermano comentó por correo acerca de ciertas tendencias, entre ellas el hábito de ver series o programas en la televisión de contenido intrascendente o poco edificante y pedía alguna palabra sobre el tema que pudiera servir para mejor comprender estas conductas y su posible transformación.

Estimado hermano en la oración de Jesús:

El tema respecto al que me consultas es muy interesante y abarcador. Sin duda es un mal social endémico que abarca la mayoría de las actividades humanas y de difícil aceptación para quién no está muy interesado en profundizar su espiritualidad. Podemos llamarlo “fuga de situación”.

Ante la sensación interior de carencia de vacío o de temor, se acude a un salirse fuera de sí, poniendo atención en algo que nos permita por su intensidad, olvidar aquella sensación.

Hoy en día la tecnología ofrece muchas vías para fugarse de ello y el olvido de lo esencial se extiende más y más. Sin embargo, tarde o temprano nos damos cuenta que nada fuera, en el mundo, puede llenar el vacío interior y alejarnos de la vejez, la enfermedad y la muerte.

Porque es eso lo que vivimos temiendo y lo que se oculta detrás de todas las carencias y vacíos aunque se disfracen de maneras múltiples.

El creerse un mero cuerpo o una mente que lo habita, a modo de celda en la que permanece, es la raíz de la sensación de soledad profunda que busca compensarse de mil formas. Las series, programas y como ellas miles de productos a disposición, tienen la función de dar intensidad y variadas percepciones a los cuerpos y mentes que han perdido, por hábito cultural, la sensibilidad necesaria para sentir la vida misma y estar saciados con ella.

Dicho de otra forma: Mientras la plenitud no viva en mí, saciando todas mis carencias, cualquier actividad puede tornarse en fuga, en olvido o sueño del alma. El tema central es este, lo que hago… ¿es para obtener una sensación de la cual carezco? Necesito cosas, personas o situaciones para sentirme colmado?

Cuando hacemos para llenar el vacío interno, sucede que nos vinculamos adictivamente a las cosas, personas y situaciones y que “la sed” no se apaga sino que se aviva. Ese lugar interior no siempre fue sede de la ansiedad, la angustia o el tedio. En un antes, que ya nos cuesta recordar, lo habitaba Dios y estábamos colmados de dicha que curiosamente no dependía de un objeto para sostenerse.

No hay salida si hacemos por ansia y para anestesiar el dolor que produce el vacío del alma. En cambio desde la plenitud interior, lo que se hace, en cualquier área de la vida, cobra sentido y viene a cultivar las virtudes espirituales. Desde allí, incluso el esparcimiento o la diversión encuentran su lugar como espacio para celebrar el don de la vida, inestimable manifestación de lo divino.

Es un tema clave, que continuaré contigo en el próximo correo, que te enviaré en unas horas si Dios lo permite.

Texto propio del blog de intercambios por mail

Lo que Dios nos envía y avisos

Muy estimados/as en el amor a Jesucristo.

Aquí les dejamos un fragmento y link a un post de hace unos años, que nos parece oportuno al tenor de algunas consultas recibidas por correo.

Debajo, van las instrucciones para reservar sitio en el “Retiro del Peregrino Ruso” (a distancia o presencial). Un saludo para todos invocando el Santo Nombre de Jesús.

Lo que Dios nos envía

Ultimamente me hago la siguiente pregunta ¿que soy yo capaz de hacer por amor a Dios? Quizás en eso este la clave para ir reorganizando mi vida, mis actitudes…

Estimado hermano, como siempre es un gusto escribirte.

Somos muy imperfectos y nos resulta difícil purificar el corazón. A medida que avanzamos en la práctica de la oración de Jesús vamos creciendo en auto conciencia y empezamos a darnos cuenta de muchas cuestiones de nuestra vida interior, entre ellas, las motivaciones de algunos de nuestros actos.

Actuar por amor a Dios solo y no por algún interés o beneficio personal parece algo muy cercano a la santidad. A mi me han aconsejado poner la atención en “ir depurando”, en un ir mejorando las motivaciones; atendiendo a un proceso que lleva toda la vida, en donde trataríamos de ir expandiendo nuestros afectos, abarcando cada vez más personas, tratando de ver en ellas los diferentes rostros de Cristo, para que de esa manera aprendamos a amar a Dios.

Fíjate como a uno le resulta fácil ayudar a los padres, a los hijos, a los amigos y como se nos va dificultando a medida que esos tales empiezan a ser desconocidos. Esto nos sucede porque los “seres queridos” resultan ser cuasi extensiones de nosotros mismos y ayudarlos es parte de nuestro amor propio…

Aquí el texto completo

Acerca de las reservas para el retiro

Saborear las Escrituras

Una práctica común de los primeros padres del desierto era la memorización de la sagrada escritura o al menos de los evangelios.

En aquellos consagrados, que apartados totalmente del mundo solo remitían al silencio, la soledad y la oración continua del corazón, el estudio de los sagrados textos era un descanso, una labor casi de esparcimiento.

Tiene sentido hoy ejercitarse en alguna tarea similar? Sé que usted suele aconsejar eso a algunos hermanos.

Hoy en día como antiguamente; la recitación, la incorporación memoriosa o la simple lectura de los textos inspirados, tiene el sentido de tomar contacto con eso que lo divino quiso hacer llegar hasta nosotros. Es el mensaje puro de Dios para cada quién.

La Palabra devela un significado personal al que la lee con unción y afecto entrañable, esto va más allá de cualquier exégesis o interpretación erudita que pueda hacerse de ella.

Por otra parte, si se pretende educar la mente para que se aficione a la oración continua, nada mejor que la recitación de los evangelios para evitar la divagación, la curiosidad permanente y ese deambular de los pensamientos en torno a cualquier viento.

Actualmente hay quien se ayuda escuchando una grabación varias veces al día o durante actividades rutinarias que no requieren particular atención. Muy lejos de la falta de respeto, es una manifestación del propósito firme de vivir para Dios y según su mensaje.

La memorización además, permite una particular forma de interiorización de la Palabra. Para recitar el evangelio de memoria hace falta leerlo muchas veces y con atención y mejor si en voz audible en ocasiones de intimidad personal. Este escuchar a Dios, este saborear su palabra con fruición transforma a la persona.

El valor de la sagrada escritura no esta solo en su significado, sino que desde su origen es vehículo privilegiado de la gracia. Encarnar los evangelios en la propia conducta como todos sabemos no es nada fácil. Empezar por un conocimiento acabado del mensaje de Jesús es un buen comienzo.

Aunque uno no tenga tiempo, aunque lleve años, es una tarea digna de emprenderse. Un versículo diario o menos aún, hace que la tarea se vuelva posible incluso en medio del agitado ritmo de actividad que impone el mundo de hoy.

Aunque vale recordar, que aunque el mundo imponga su frenesí, son nuestras propias ansias, deseos y expectativas los que abren la puerta “al mundo”.

Texto propio del blog

Unos pocos fundamentos (Audio)

Audio con el post original “Unos pocos fundamentos”

Muy estimados/as en Cristo Jesús.

Agradecemos la incorporación de dos nuevos participantes femeninos al equipo de Hesiquia Blog; una de ellas es quién da voz al audio que hemos subido hoy. La otra hermana se encuentra revisando links archivados para corregir y volver a subir. Estamos muy agradecidos.

Durante la semana entrante informaremos acerca de las inscripciones al retiro del Peregrino ruso en ambas modalidades (presencial y a distancia por Streaming).

Los saludamos invocando el Santo Nombre de Jesús.

El idioma de Dios

Me asombró siempre, desde que le conocí, ese estarse quieto tan tranquilo y sin esfuerzo en que habitualmente se encontraba. No le pasaba como a la mayoría de las personas; en él no había agitación corporal que denotara inquietud mental.

Las primeras veces me resultaba incómodo el silencio juntos. No movía las piernas, no se rascaba algún difuso picor en la cara, no se limpiaba la garganta con fingida carraspera, ni siquiera decía esas cosas mínimas de ocasión, como el “Así es… ” o “Que se le va a hacer…” a los que yo estaba acostumbrado en mi ambiente familiar.

Incluso, por lo general, la gente alterna la mirada entre distintos puntos de la habitación, una manera de estarse haciendo algo en medio de la nada, como si mediante esa actividad se evidenciara algún tipo de reflexión sesuda o interesante.

Pero con V. nada de esto sucedía. Era una presencia intensa pero silente. Su ánimo se sentía cordial y su persona emanaba una suave calidez propia de la gente buena. Su talante parecía decir -según mi personal traducción, claro está- “Todo es como debe ser ahora y todo irá mejor en el futuro”.

Así surgían gratas conversaciones y afloraban desde mi alma preguntas que ni había pensado momentos antes. El mismo estado de calma, hacía posible una lucidez en la que los problemas se aclaraban y mostraban en sí mismos la solución correcta.

Alguna vez lo había dicho de ese mismo modo: “Toda situación tiene escondida la solución. Lo que se necesita es mirar con la actitud de quien mira algo que sabe escrito en el idioma de Dios. Los acontecimientos son su revelación cotidiana para cada uno”.

“Esto se sabe sin pensar, ese idioma se interpreta con el corazón. Uno sabe en la intimidad del silencio interior… allí el significado de los hechos se nos revela sin forzamiento ni parcialidad”.

¿Cómo hacer para llegar a ese lugar donde uno ve claramente los significados? Recuerdo que le pregunté con palabras similares y algo impulsivamente.

Uno tiene que estar dispuesto a que Dios lo transforme por completo, si fuera el caso. Uno no puede entablar este diálogo hecho de sucesos sin apertura a la metanoia, a dejarse arrasar por la gracia si es lo que se precisa. Si uno quiere conservar sus parcelas de egoísmo, se le va a arruinar la quinta”.

Todavía no dimensiono cuanto me transformó mi relación con él y aunque ha pasado mucho tiempo ya, su imagen y el recuerdo de su voz me aparece más vivo que cosas ocurridas hace poco…

Continúa…

Texto propio del blog

Carta 5 – Aspectos varios – Audio

Del libro “La oración de Jesús, iniciación a la práctica”

Texto del Hno. Esteban de Emaús

Descansar en Dios

Cuando uno ha pasado alguna etapa difícil, un poco alejado de la espiritualidad que se había planteado, tal vez un poco olvidado de Dios, atareado en muchas cosas rápidas y del día a día… o si uno ha estado particularmente confuso, crispado, con problemas varios; lo mejor es hacer borrón y cuenta nueva.

No someterse a exhaustivos recuentos de males y bienes, como si tuviera que hacerse el debe y el haber de un registro contable. Lo mejor es hacer con el alma lo que suele hacerse con el cuerpo fatigado y exhausto: Respirar hondo y tranquilo varias veces, pegarse un buen baño, comer despacio cosas livianas y nutritivas y sentarse al fresco ante la mejor vista posible de la que uno disponga.

Uno deja el equipaje, se cambia las ropas gastadas, se pone fresco, toma algo tonificante… llevar esta analogía al alma.

Dejar las consideraciones sobre lo hecho, al menos por el momento. Suele suceder que haciendo recuentos, terminamos enredados nuevamente en los pensamientos que trajeron las distracciones. Situarse en el momento actual y centrarse en muy poco.

La oración de Jesús o una oración de nuestro agrado que sea simple, corta y que coincida con el sentimiento que tenemos. Y aferrar la mente a ella. Pero no con violencia o tensión, sino como invitando a los pensamientos a reunirse en torno a ese fuego cálido y suave de la oración interior.

Atender a que si respiramos profundo y suave, también se aquieta la inquietud mental y a la inversa. No hay prisa, tranquilo, lo esencial no son muchas cosas. El Señor sabe lo que sucede en ti. Descansa. Recuéstate en Su seno, como hacíamos cuando pequeños en el regazo de nuestra madre.

Reencontrarse con la intención más íntima de uno, que no es otra que la de todos: Que todo salga bien, que no haya sufrimiento, hacer lo mejor posible, liberarse del miedo… que todos estén mejor. Entregarle ese anhelo a Dios. Él lo sabe, pero uno lo entrega igual, como si fuera una ofrenda cariñosa.

Aquí tienes Señor de los cielos, vida del corazón..! Permanezco atento a la brisa y a los grillos que acunan la noche naciente.

Texto propio del blog.

Iconografía

Del libro “Desde la ermita”

Muy estimados y estimadas en Cristo Jesús dos pedidos y un aviso que hacerles:

  1. Si alguien conoce al administrador actual del blog de la Fraternidad Monástica Virtual por favor díganle que se comunique con el mail del blog que necesitamos escribirle.
  2. Si alguien desea participar en el equipo del blog (por ejemplo hace falta mucha labor en grabar audios, en repasar páginas antiguas para corregir links que están obsoletos y tareas de corresponsalía etc. por favor escribir también al mail del blog.
  3. En breve se comunicará la info sobre el retiro de diciembre sobre el peregrino ruso. Estamos terminando de definir locación en base al número de inscriptos presenciales.

Muchas gracias, saludos fraternos, invocando el Santo Nombre de Jesús.

Concentrarse con simpleza en poco.

Estimada hermana en el amor a Jesucristo.

Una cosa es importante: Concentrarse con simpleza en poco. La dispersión es el enemigo de la oración y sin oración profunda y verdadera, no se abre la puerta del corazón más interior, esa ermita secreta donde habita Cristo y todas las gracias.
Le sugiero atenerse a dos parámetros o criterios de autoevaluación, más allá y aparte de lo que usted haga en el sacramento de la reconciliación.


El primer criterio es el del contento diario. Si esta de buen ánimo, es porque se siente hija de Dios, se siente confiada a Su providencia y voluntad que actúa en todo y en todos y deja todo el peso de sus cargas (afectivas, laborales, anímicas, mentales y corporales) en manos del Señor.

Si en cambio esta preocupada, con el ánimo amargo o el fastidio es el fondo desde el cual actúa… no busque las razones en lo que ocurre fuera, la única verdad es la falta de fe y de entrega a la voluntad del Señor que debe ser plena como persona consagrada.

Asumir esto, no buscar otras razones y pedir la fe absoluta, la entrega que tienen los lirios del campo, (Mt. 6, 26-33) e implorar el don del abandono en Dios, el cual si me permite, es para mí la gracia más grande que puede recibirse en este mundo.


El segundo criterio es el de la tranquilidad o parsimonia (palabra antigua pero clara). Si hay prisa en mi acción, si estando en esto noto que ya quisiera estar en aquello otro que sigue luego… se hace evidente que no estoy percibiendo la sagrada presencia del Señor. Porque Él está en todos los momentos por igual y en todas las actividades que cubre con Su gracia inefable. En todo caso, soy yo quién no es capaz de ver esa presencia y de sentir esa gracia, en ciertos lugares y ciertas actividades… ¿No es verdad?


Así es hermana, que le pido que atienda a estos dos puntos que pueden servirle para atenderse a si misma en todo momento. Esto contribuirá enormemente a la oración de Jesús que ud. practique personalmente. Verá como rápidamente la mente comienza a tranquilizarse y a hacerle más fácil la concentración.

No coma demasiado nunca, usted ya lo sabe, pero no es bueno cargar mucho el cuerpo si uno quiere elevar el espíritu a Dios. Siempre la norma de lo moderado si le es posible.
Repita la oración de Jesús con particular fuerza apenas despierte, al darse cuenta nomás que está despertando y del mismo modo al irse durmiendo. Esto le marcará la tónica del día y de la noche. Sea enfática y fervorosa especialmente en esos momentos. Utilice la frase que le sea más afín a su sentimiento y no la modifique a menudo.

Durante el día, en lugar de divagar, repita mentalmente la oración y, cuando descubra que la ha dejado para imaginar o dialogar con usted misma, vuelva a la oración sin demora, dejando ignorados los pensamientos que ocurrían, lo mismo que se desatiende a las nubes que pasan en el cielo.
Finalmente, le recomiendo el breve librito, “La presencia de Dios” del Hermano Lorenzo que ya debe conocer.

Le mando un saludo fraterno, invocando a Jesucristo.

de intercambios por mail

Amar a Dios con todo el corazón

Estimada Hermana, le saludo invocando a Jesucristo.

Lo que me cuenta, ese deseo de amar a Dios con todo el corazón, con todas las fuerzas, con toda la mente y el alma, es Gracia pura extedida sobre usted a modo de un manto. Igualmente, el haber encontrado la oración de Jesús y haberla tomado como suya.


Sin embargo, necesitamos responder con nuestra conducta de modo coherente a la Gracia que se nos da. De otro modo podemos quedar estancados en nuestros progresos, no por castigo ni nada parecido, sino porque dejamos de abrirnos enteramente a Ella.


Los pensamientos que nos acosan durante la oración se deben a nuestras muchas preocupaciones, dudas, conflictos etc. que abundan durante el día y que afloran más nítidos al intentar silenciarnos. A su vez, nuestras muchas preocupaciones, se deben a nuestra falta de fe y confianza en Dios, por más que nos cueste admitirlo.


No sabe acaso El Señor lo que necesitamos? ¿No es que hasta los cabellos de nuestra cabeza están contados? ¿No debemos seguir el ejemplo de los lirios del campo que no se preocupan del mañana? Usted conoce La Biblia y sabe que citas similares aparecen por doquier en el AT y en el Nuevo testamento.

Eso es todo hermana. Es nuestra fe la que flaquea o la que no se profundiza y con ello aparecen los sentimientos de soledad y separación, nos sentimos ajenos en medio de lo Creado; vemos allá al mundo y aquí a nosotros, expuestos al peligro, a que las cosas salgan mal, a merced de innumerables males.


Solo la entrega y el abandono a la voluntad divina, el dejarle a Él todas las cruces de nuestra vida y descansar en Su providencia enteramente, puede otorgarnos la paz que anhelamos. Cuando esta surge, las dificultades para orar disminuyen porque tenemos menos pensamientos. ¿Para qué surgirían si todo lo resuelve El Señor por nosotros?


Suele aparecer la pregunta: ¿Es que entonces no hemos de hacer nada? ¿Es que debemos rehuir a nuestras tareas y obligaciones? En absoluto. Debemos actuar lo más eficazmente posible dentro de nuestras posibilidades, en todas las responsabilidades que nos han tocado o hemos elegido; pero sabiendo que los resultados de nuestra acción están en las manos de Dios.

Es preciso convencerse de esto y sino, pedir al Señor las evidencias de esta verdad que es en realidad muy clara. A veces, hacemos todo como es debido y sin embargo los resultados difieren de lo querido por nosotros. Suelen pasar meses o años, hasta que caemos en cuenta de que fue mucho mejor como El Señor dispuso que como nosotros anhelábamos. ¿No es verdad?

Seguro usted lo ha vivido. Le recomiendo que al empezar el día y al terminarlo, dedique unos minutos a orar con sentimiento al Señor, volcando en Él todo el fardo de sus preocupaciones. Durante el día, cada vez que se note preocupada o no contenta del todo, sepa que es debido a la falta de fe, no busque otra causa y pida con fervor una fe íntegra y profunda. Una fe que no ceda ante nada, que no se amilane ante la adversidad.

Estimada Hermana, le saludo con afecto fraterno,

invocando el Santo Nombre de Jesús.

Cartas 3 y 4 del libro “La oración de Jesús”

Carta 3 del libro “La oración de Jesús”
Carta 4 del libro “La oración de Jesús”

Retiro del Peregrino Ruso

Estimados hermanos y hermanas de la oración de Jesús.

El día 2 de diciembre del presente año dará comienzo un retiro de 3 días intensivo acerca de la oración de Jesús, guiados por el texto de nuestro muy querido Peregrino Ruso.

El mismo se desarrollará de modo presencial en las sierras de Córdoba – Argentina (hay dos locaciones previstas, falta confirmar según el número de inscriptos) y existirá la posibilidad de participar a distancia siguiendo por streaming el desarrollo del mismo.

Si bien faltan 75 días, les pedimos se anoten con tiempo para organizar los varios asuntos que implica un encuentro de este tipo. Escribir al correo del blog, poniendo en el asunto: “Retiro del peregrino Ruso” – Presencial o a distancia según sea el caso y a vuelta de correo les iremos dando las especificaciones.

Los dejamos con el enlace a uno de los días de aquél ejercicio que hiciéramos en 2012 con una modalidad distinta, pero que es un buen recuerdo para nosotros. Quién haya realizado aquél no encontrará en este una repetición ya que la metódica a seguir será diferente.

Haz click aquí

Interiorizarse

Estimada hermana, le saludo invocando a Jesucristo.

Hay que convencerse: siempre habrá esto o lo otro por hacer en el mundo; la casa, la familia, la vecindad, la parroquia, los requerimientos habituales tales como pagar, comprar, trámites etc.

Lo que hay que hacer es interiorizarse en medio de las actividades, las cuales por supuesto, deben ser reducidas a lo mínimo que se pueda, si la vocación de uno es contemplativa.

Recuerde esto: aquello a lo que le damos atención, crece. La atención incluso, es muchas veces el vehículo de la gracia divina. Por eso, hay que poner todo el interés, el amor que podamos encontrar en nosotros en solidificar la vida de oración, esto es el contacto íntimo con Dios, para que lo que vayamos haciendo con el cuerpo y la mente, (las actividades todas) no nos separe de la conciencia de hijos de Dios.

De hecho, sucede muchas veces, que aunque creemos que lo más importante para nosotros es Dios, nuestra conducta muestra que lo son otras cosas, ya que nuestra acción y nuestra atención (preocupación etc.) permanece en otros temas.

Hay que recordar, que todo lo que aquí consigamos, se perderá por completo el día en que dejemos este mundo para ir al otro. Por lo tanto, lo de allá (lo celestial) es lo que más hay que cultivar. Y lo celestial no es solo el Paraíso, como morada futura, sino nuestro estado presente ya aqui, del que muchas veces permanecemos ignorantes.

Así es que no se trata de no hacer lo que nos pide el deber de estado, sino estar atentos a medir lo que nos compete de lo que no y que podemos prescindir (en cuanto a las actividades exteriores) y de hacer lo que nos toca (que nos manda Dios por los acontecimientos) atentos a Su presencia o a la oración interior.

Porque si contamos con Su ayuda, si confiamos en Su voluntad que todo lo abarca; estas actividades serán hechas con bien y además tranquilamente, sin agitación ni ansiedad.

Lo que nos saca de la ermita interior, no es el hecho en sí, sino estas inquietudes que derivan de la falta de abandono en la voluntad del Señor.

Te mando un saludo de hermanos en el amor de Cristo.

 

La mente vagabunda. (Audio)

Estimados hermanas y hermanos en el amor a Jesucristo:

Aquí les dejamos el primero de una serie de grabaciones que haremos, en base a los libros del blog y a los posteos que nos vayan pareciendo útiles sobre La Oración de Jesús.

Es apenas una prosducción casera de uno de los miembros del equipo, veremos de mejorar a futuro la calidad de sonido y otras cuestiones.

La idea surge ya que la experiencia de escuchar cuestiones espirituales mientras se hacen otras actividades , puede mantener a la mente centrada en torno a temas que sirvan a la elevación espiritual.

Un saludo fraterno para todos, invocando el Santo Nombre de Jesús.

 

Algunas respuestas V

Lourdes dijo:

Queridos hermanos en El Santo Nombre de Jesús. Paz y bién.
La perseverancia en la invocación del Nombre sólo es posible por la intervención del Espiritu Santo, però és posible sin un guia espiritual que te acompañe? porque es dificil encontrar a alguién en la ciudad donde vivo.
Cambiar de invocación a menudo, aunque contenga el Santo Nombre,es aconsejable?

Muchas gracias y que nuestro Señor Jesucristo os bendiga y os guarde siempre.Amén.
Lourdes.

Estimada hermana Lourdes, le saludo invocando el Santo Nombre de Jesús.

Sin duda alguna, un guía espiritual, que oriente en base a sus experiencias personales de oración y no por mera erudición, es necesario.

Sin embargo, a falta de este, el mismo Espíritu Santo se encarga (existiendo en uno el fuerte deseo de orar sin cesar), de ir orientando hacia acontecimientos que sirvan de guía.

Puede ser algún libro, una homilía, un comentario de alguien… pero sobre todo, es preciso atender a las mociones interiores, a esos pequeños movimientos del sentimiento, silentes pero certeros, que nos dicen con una nítida frescura, por donde nos llama El Señor al corazón.

Cuando esta sugerencia que llega al alma es escuchada, se siente una alegría sin objeto, un cierto gozo que no tiene que ver con nada especial. Ese es un indicador muy adecuado de lo que hemos de hacer y, en ese sentido, sirve como guia espiritual.

De todos modos, una regla no falla: Ante cualquier duda, invocar a Dios y ponerse realmente en Sus manos. La providencia sabe llevarnos donde conviene y del modo que es mejor.

Finalmente, no es aconsejable cambiar la invocación a menudo. Suele ser obra de la mente que en su vagabundeo busca el cambio como estímulo para producirse sensaciones.

Le saludo fraternalmente, invocando el Nombre de Jesús.

Ernestina dijo:

Quisiera saber un poco más sobre el momento en que se pierde ya el nombre de Jesús y queda sólo la respiración o latido sin nombre. Gracias

Estimada hermana, le saludo invocando a Jesucristo.

Dicho momento, que a veces se hace un modo de ser y estar en la persona, pura obra de la gracia; no ha de buscarse sino que resulta como fruto de una práctica desapegada y perseverante que, profundizando la entrega a lo que Dios envía en cada instante, busca solo el recogimiento en lo que es importante.

Uno llama la presencia de aquel que no está junto a uno. Pero cuando la unión se ha concretado, cuando esa Presencia es ya un hecho, el llamado cesa por sí solo. ¿Para qué habría de llamarse a Quién ya ha venido?

Poco o más bien nada puede decirse de esa unión, solo indicar dando alguna pista que guíe a la mente que busca saber. Decir que esa unión no es la nada y que no tiene nada que ver con cierto proclamado vacío.

Podría llamársele la plenitud de la gracia o eso que siempre se ha buscado y en donde nada se necesita porque se lo tiene todo.

Le saludo fraternalmente, en la invocación del Nombre.

Alejandro dijo:

Hola gracias por esta oportunidad. Me gustaría preguntar si hay algún consejo sobre cómo profundizar en la oración de Jesús durante la jornada y no perderla constantemente con distracciones.
Por otro lado me gustaría si me puede dar alguna instrucción para profundizar durante la práctica en la oración de la mañana en la soledad. Yo suelo repetir el nombre de Jesús junto a la inspiración y luego en la espiración hasta percibir el apaciguamiento de la mente y poder permanecer en esa paz presente. Cuando La Paz o serenidad se desvanece vuelvo a repetir el nombre de Jesús.
Desde ya muchas gracias y les envío un saludo cordial invocando el nombre de Jesús
Alejandro.

Estimado Alejandro, te saludo invocando el Nombre de Jesucristo.

Dos cosas nos dificultan dicha profundización mencionada. La primera es nuestro propio interés en aquello que tiende a distraer. Es decir: No hay distracción sin alguien que se distraiga. Puede sonar a cuento pero es la verdad.

Cuando nuestro interés central, primario en la vida, es unirnos a Dios en cada acontecimiento, es decir vivir en Su presencia; la curiosidad disminuye en gran medida por aquellas secundariedades que nos agobian a cada rato debido al mundo sobre-estimulado de hoy.

En otras palabras: Se dejan de revisar las noticias de cualquier tipo, a todo momento del día; se deja de revisar la mensajería del móvil a todo momento del día y se abandona ese ímpetu frenético para ver que nuevo objeto puedo comprarme que venga a anestesiar el dolor interior…

Esto no lo digo para usted personalmente, sino en general, algo que pasa a todos.

La segunda dificultad es nuestra falta de abandono e intentos de control de los resultados de la acción realizada.

Por ejemplo en lo referido a las distracciones derivadas del trabajo, familia o demás ámbitos de la vida: cuando se tiene presente a Dios y Su providencia, son tareas que se llevan adelante con eficacia y tranquilidad, lo mejor posible. No llegan a distraernos verdaderamente, ya que al estar entregados a la voluntad divina, se nos quita la preocupación, que es lo que realmente nos distrae.

Respecto de su práctica de la oración a la mañana, me parece que no debería alterarse, siendo así como la describe.

Le mando un saludo fraterno, invocando el Santo Nombre de Jesús.

Este es el final de las respuestas surgidas debido a las preguntas realizadas el 3 de septiembre en el post: “Unos pocos días“. Si ocasionalmente surgieran nuevas consultas, formularlas en un comentario en el post del día o al correo del blog, serán respondidas en la medida de lo posible.

Muchas gracias invocando el Nombre de Jesucristo.