Tweets del papa Francisco

Papa Francisco

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Papa Francisco ‏@Pontifex_es   17 apr 2013

Entrar en la gloria de Dios exige la fidelidad diaria a su voluntad, incluso aunque haya que sacrificarse.

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Papa Francisco ‏@Pontifex_es   17 apr 2013

La Ascensión de Jesús al cielo no indica su ausencia, sino que Él vive entre nosotros de un modo nuevo. Está cerca de cada uno de nosotros.

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Papa Francisco ‏@Pontifex_es   14 apr 2013

Adorar a Dios es aprender a estar con Él, ponerlo en el centro de la vida y despojarnos de nuestros ídolos escondidos.

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Papa Francisco ‏@Pontifex_es   14 apr 2013

Recordémoslo bien todos: no se puede anunciar el Evangelio de Jesús sin el testimonio concreto de vida.

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Papa Francisco‏@Pontifex_es 10 abr 2013

Si nos comportamos como hijos de Dios, sintiéndonos amados por Él, nuestra vida será nueva, colmada de serenidad y gozo.

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Ser cristianos no se reduce a seguir los mandamientos, sino a dejar que Cristo tome posesión de nuestra vida y la transforme.

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Papa Francisco‏@Pontifex_es  7 abr 2013

“Que hermosa es la mirada de Jesús sobre nosotros, cuánta ternura. No perdamos nunca la confianza en la paciente misericordia de Dios”.

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Papa Francisco‏@Pontifex_es   4 abr 2013

Dios nos ama. No tengamos miedo de amarlo. La fe se profesa con la boca y con el corazón, con la palabra y con el amor.

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Papa Francisco‏@Pontifex_es 31 mar 2013

“Acoge a Jesús resucitado en tu vida. Aunque te hayas alejado, da un pequeño paso hacia Él: te está esperando con los brazos abiertos”.

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Papa Francisco‏@Pontifex_es 28 mar 2013

“Acompañad a vuestros sacerdotes con el afecto y la oración, para que sean siempre Pastores según el corazón de Dios”.

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Papa Francisco‏@Pontifex_es 27 mar 2013

“Vivir la Semana Santa es entrar cada vez más en la lógica de Dios, la lógica del amor y del don de sí”.

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Papa Francisco‏@Pontifex_es 27 mar 2013

“Estar con Jesús exige salir de nosotros mismos, de un modo de vivir cansino y rutinario”.

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Papa Francisco‏@Pontifex_es 24 mar 2013

“No debemos temer al Maligno cuando nos dice que nada podemos hacer contra la violencia, la injusticia y el pecado”.

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Papa Francisco‏@Pontifex_es 24 mar 2013

“Aguardo con alegría el próximo mes de julio, en Río de Janeiro. Os doy cita en aquella gran ciudad de Brasil”.

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Papa Francisco‏@Pontifex_es 19 mar 2013

“El verdadero poder es el servicio. El Papa ha de servir a todos, especialmente a los más pobres, los más débiles, los más pequeños”.

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Papa Francisco‏@Pontifex_es 19 mar 2013

“Acojamos a Cristo en nuestra vida, ocupémonos unos de otros, respetemos la creación con amor”.

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Papa Francisco‏@Pontifex_es 17 mar 2013

“Queridos amigos, os doy las gracias de corazón y os ruego que sigáis rezando por mí. Papa Francisco”.

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Ayúdame, María a creer.

Ayúdame, María a creer.

Dime lo que significa creer en la resurrección de tu Hijo.

Voy a decírtelo, y no lo olvides.

Cuando veas en la tempestad arrancar de cuajo el bosque y a los terremotos sacudir la tierra y al fuego quemar tu casa dite a ti mismo: creo que el bosque  volverá a su inmovilidad y yo reconstruiré mi casa.

Cuando oigas rumores de guerra y los hombres mueran de miedo a tu alrededor “y se arme  nación contra nación y un reino contra otro reino” (Mt 24,7), dite a ti mismo con supremo valor: Jesús me lo había advertido,  y había añadido: “Cobrad ánimo y levantad vuestras cabezas, porque vuestra redención está cerca” (Lc 21, 28)”,

Cuando el pecado te apriete la garganta y sientas ahogarte y en las últimas, dite a ti mismo: “Cristo ha resucitado de entre los muertos y también yo resucitaré de mi pecado.”

Cuando la vejez o la enfermedad intente amargarte la existencia, dite a ti mismo: “Cristo ha resucitdo de entre los muertos y h hecho cielos nuevos y tierra nueva.”

Cuadno veas a tu hijo irse de casa en busca de aventuras y sientas acabados tus sueños de padre o de madre, dite a ti mismo: “Mi hijo no escapará de Dios y volverá porque Dios le ama.”

Cuando veas extinguirse la caridad en torno a ti, y a los hombres como enloquecidos en su pecado, y ebrios por su traiciones, dite a ti mismo: “Tocarán fondo, pero volverán atrás, porque lejos de Dios no se puede vivir.”

Cuando el mundo te parezca el fracado de Dios y sientas la nausea del desorden, de la violencia, del terror, de la guerra, dominando en las plazas, y la tierra te parezca el caos, dite a ti mismo: “Jes´su murió y resucitó precisamente para salvar, y su salvación estça ya presente entre nosotros.”

Cuando tu padre o tu madre, tu hijo o tu hija, o el amigo más querido estén ante ti en el lecho de muerte y les mires en la angustia mortal de la separación, dite a ti mismo y a ellos: “Volveremos a vernos en el Reino, ánimo.”

Esto significa creer en la resurrección.

Mas no basta.

Creer en Cristo resucitado significa otra cosa tambien. Significa para Teresa de Calcurta aliviar al moribundo, y para ti hacer otro tanto. Significa para Luther King afrontar la muerte, y para ti no tener miedo de afrontar la muerte por tus hermanos. Significa para Fr. Roger de Taizé, abrir su convento a la esperanza, y para ti abir tu casa a la esperanza.

Todo misionero que parte es un acto de fe en la resurreccion. Todo compromiso aceptado es un acto de fe en la resurrección.  Cuando perdonas a tu enemigo, cuando acalla el hambre del hambriemto, cuando defiendes al debíel, crees en la resurrección. Cuando  tienes el valor de casarte, cuando aceptas el hijo que nace, cuando construyes tu casa, creees en la resurrección. Cuando te levantas sereno por la mañana, cuando cantas la sol que nace, cuando vas al trabajo con alegría crees en la resurrección.

Creer en la resurreccion significa impregnar la vida de confianza, significa dar crédito al hermano, significa no tener miedo de nadie.

Creer en la resurrección significa pensar que Dioos es padre, Jesús tu hermano, y yo, María, tu hermana, y, si quieres, tu Madre.”(*)

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(*) Hay leves cambios de formato y  adaptación.

Fuente: Carlo Carretto, “Dichosa tú que has creído”, Paulinas. Madrid. 1980, pp. 97-100

La cualidad de nuestros actos

“No importa que pobre, escasa y fluctuante sea la oración de Jesús en uno mismo, importa desear la gracia de la oración continua. Importa apelar al Nombre que está por encima de todo nombre”…

“Esto quiere decir que la oración continua no es algo que se alcanza como fruto de la mera aplicación práctica de una técnica, sino que es correspondiente a la imitación de Cristo que se intente en la propia vida.

Nuestro Señor oraba de continuo como muestran los evangelios”.

Extraído de página 29 de “La oración de Jesús” – Ed. Claretiana, Bs. As. 2011

Texto propio del blog

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Extraído de elsantonombre.wordpress.com publicado originalmente el 3/2/12

Dios, único sostén del hombre

Nuestro leal Dios permite que sus amigos a menudo sucumban a sus flaquezas únicamente para que carezcan de todo sostén que les permitiría reclinarse o apoyarse.

Pues, a un hombre amante le daría una gran alegría poder hacer numerosas y grandes cosas, ya sea con vigilias, ayunos u otros ejercicios, y con cosas especialmente grandes y difíciles: todo esto da gran alegría, apoyo y esperanza de modo que sus obras le brindan sostén y apoyo y confianza.

Justamente esto se lo quiere quitar Nuestro Señor y quiere ser, Él solo, su sostén y confianza. Y la única razón por que procede así, reside en su pura bondad y misericordia. Pues, fuera de su propia bondad no hay nada que lo mueva a Dios a hacer ninguna obra; nuestras obras no sirven en absoluto para que Dios nos dé o haga algo.

Nuestro Señor quiere que sus amigos se desprendan de semejante sostén y por lo tanto se lo quita para que Él solo sea su sostén. Pues quiere darles algo grande y quiere hacerlo puramente por su libre bondad; Él habrá de ser su sostén y consuelo y ellos deben descubrir y considerar que son pura nada en medio de todos los grandes dones de Dios.

Porque, cuanto más desnudo y libre sea el ánimo que se abandone a Dios, siendo sostenido por Él, tanto más hondo será colocado en Dios el hombre y será susceptible de hallar a Dios en todos sus preciosísimos dones. Pues el hombre ha de confiar sólo en Dios.

“Pláticas Instructivas” ‒nº 19‒ Maestro Eckhart

Afanes

«Cuando de veras intentamos realizar las tareas cotidianas -cualesquiera sean- poniendo atención suma y centrados en el sentimiento de reverencia, nos encontramos con las ansias interiores que nos apresuran de continuo.

Estos afanes, quitando valor a lo que hacemos en el momento, nos impiden la percepción de lo sagrado, urgiéndonos a pasar por alto la sutileza del instante.

No hay acciones triviales para el que trabaja en la “agricultura espiritual”. En cualquier terrón se encuentra la perla escondida, cualidad eterna del corazón que vive en Dios».

Texto propio del blog

Extraído de elsantonombre.wordpress.com publicado originalmente el 12/12/11

Cómo meditaba Santa Gema Galgani

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Virgen, Mística, Pasionista

Fiesta: 11 de abril

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Respuesta de Santa Gema Galgani a una de las preguntas del padre Germán:

 ¿De qué manera haces la meditación sobre las verdades eternas, cuando en ello piensas?

 «Al ponerme a meditar no necesito fatigarme nada; mi alma se siente en seguida sumergida en el piélago de los inmensos beneficios de Dios, perdiéndose ahora en un punto, ahora en otro.

Lo primero que hago es hacer reflexionar a mi alma cómo ha sido creada a imagen de Dios, y, por consiguiente, que sólo para Él debe vivir, mirándole como a fin suyo. En estos momentos, parece como si mi alma volase con Dios y perdiera la pesadez del cuerpo.

Estando delante de Jesús en Él me pierdo, amo a este celestial amador de todas las criaturas. Cuanto más pienso en Él, tanto más amable y dulce lo reconozco. Como Jesús se muestra conmigo, así debo yo mostrarme con Él: humilde, mansa, etc.

A veces me parece ver a Jesús como una luz divina y un sol de claridad eterna. Un Dios grande, que no tiene nada con qué compararse ni en el cielo ni en la tierra, y al que todo está sujeto. Un Dios cuyo poder es todo su querer. Pero sea de esto lo que fuere, para mí es siempre cosa dulce recordarme de Jesús.

 Donde mayormente me pierdo es en la sustancia (o sea contemplación de la naturaleza divina) de Jesús. Creo que es una sustancia mejor y mayor que cuanto existe. Entre los bienes lo reconozco como el sumo, un bien que por sí mismo existe. Y siendo Jesús perfecto, en Él lo encuentro todo. Me pierdo en su bondad, y mi mente vuela casi siempre al paraíso.

Jesús es infinitamente bueno, y en Él gozaré, así lo espero, todo bien espiritual y temporal que pueda imaginar. Termino rogando a Jesús que acreciente en mí su amor para que se perfeccione luego en el cielo. Mi alma no piensa en otra cosa que en verse libre de este cuerpo».

“Santa Gema, sus escritos” – Ediciones “El Pasionario”

Vida de Santa Gema en “misticavita”

Blog sobre St Gemma Galgani

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Congregación de “los Pasionistas”

Valor Salvífico de la Resurrección

El valor salvífico de la resurrección

[Catequesis Beato Juan Pablo II. 15 de marzo de 1989]

Si, como hemos visto en anteriores catequesis, la fe cristiana y la predicación de la Iglesia tienen su fundamento en la resurrección de Cristo, por ser ésta la confirmación definitiva y la plenitud de la revelación, también hay que añadir que es fuente del poder salvífico del Evangelio y de la Iglesia en cuanto integración del misterio pascual. En efecto, según San Pablo, Jesucristo se ha revelado como ‘Hijo de Dios con poder, según el espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos’ (Rom 1, 4). Y El transmite a los hombres esta santidad porque ‘fue entregado por nuestros pecados y fue resucitado para nuestra justificación’ (Rom 4, 25). Hay como un doble aspecto en el misterio pascual: la muerte para liberar del pecado y la resurrección para abrir el acceso a la vida nueva.

[…]

Esta vida nueva (la vida según el Espíritu) manifiesta la filiación adoptiva: otro concepto paulino de fundamental importancia. A este respecto, es ‘clásico’ el pasaje de la Carta a los Gálatas: ‘Envió Dios a su Hijo… para rescatar a los que se hallaban bajo la ley y para que recibiéramos la filiación adoptiva’ (Gal 4, 4-5). Esta adopción divina por obra del Espíritu Santo, hace al hombre semejante al Hijo unigénito: ‘…Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, son hijos de Dios’ ‘m 8, 14). En la Carta a los Gálatas San Pablo se apela a la experiencia que tienen los creyentes de la nueva condición en que se encuentran: ‘La prueba de que sois hijos de Dios es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá, Padre! De modo que ya no eres esclavo sino hijo; y si hijo, también heredero por voluntad de Dios’ (Gal 4, 6)7).

Hay, pues, en el hombre nuevo un primer efecto de la redención: la liberación de la esclavitud; pero la adquisición de la libertad llega al convertirse en hijo adoptivo, y ello no tanto por el acceso legal a la herencia, sino con el don real de la vida divina que infunden en el hombre las tres Personas de la Trinidad (Cfr. Gal 4, 6; 2 Cor 13, 13). La fuente de esta vida nueva del hombre en Dios es la resurrección de Cristo.

La participación en la vida nueva hace también que los hombres sean ‘hermanos’ de Cristo, como el mismo Jesús llama a sus discípulos después de la resurrección: ‘Id a anunciar a mis hermanos…’ (Mt 28, 10; Jn 20, 17). Hermanos no por naturaleza sino por don de gracia, pues esa filiación adoptiva da una verdadera y real participación en la vida del Hijo unigénito, tal como se reveló plenamente en su resurrección.

[…]

La resurrección de Cristo (y, más aún, el Cristo resucitado) es finalmente principio y fuente de nuestra futura resurrección. El mismo Jesús habló de ello al anunciar la institución de la Eucaristía como sacramento de la vida eterna, de la resurrección futura: ‘El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré el último día’ (Jn 6, 54). […]

La victoria definitiva sobre la muerte, que Cristo ya ha logrado, El la hace partícipe a la humanidad en la medida en que ésta recibe los frutos de la redención. Es un proceso de admisión a la ‘vida nueva’, a la ‘vida eterna’, que dura hasta el final de los tiempos. Gracias a ese proceso se va formando a lo largo de los siglos una nueva humanidad: el pueblo de los creyentes reunidos en la Iglesia, verdadera comunidad de la resurrección. A la hora final de la historia, todos resurgirán, y los que hayan sido de Cristo, tendrán la plenitud de la vida en la gloria, en la definitiva realización de la comunidad de los redimidos por Cristo ‘para que Dios sea todo en todos’ (1 Cor 15, 28).

-para seguir leyendo clic aquí

Fuente: Aciprensa.com

Sobre el ego IV

Dios está con nosotros
Dios está con nosotros, pero nosotros, ¿dónde estamos?

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… Pero si esto es así, ¿porque siento este vacío o este desasosiego o este constante ir y venir de lo placentero y lo doloroso? Si Dios está conmigo ¿porque la confusión, la duda, el temor?”

 “No podemos responder esa pregunta sino tratando de comprender más profundamente nuestra caída condición actual.

En algún otro texto comentábamos acerca del fenómeno de la identificación mediante el cual creíamos ser el cuerpo o la mente (pensamientos), sintiendo, a consecuencia de ello, mucho sufrimiento.

El ego, automatismo que en estos comentarios tratamos de comprender, para mejor entregarnos a la voluntad de Dios, está formado por una suma de identificaciones. Y ¿qué es identificarse? Es hacerse idéntico a algo, asimilarse, igualarse con algo.

Nos hemos acostumbrado desde muy pequeños a “ser” mediante la identificación. Es un modo de “ser a través de algo” que, sembrando la semilla de lo aparente, termina con el tiempo cubriendo lo verdadero, lo que somos en esencia.

En nuestro lenguaje cotidiano podemos ver como esto se manifiesta: Soy de tal divisa, se dice, o soy ingeniero, soy madre, soy joven, soy tímido, soy pobre, soy blanco o soy de tal nacionalidad, etc. Mostrando esto la profundidad de la identificación que vivimos con aquello que, en todo caso, sería un atributo, una adhesión o una forma, nunca lo que somos.

Nos imaginamos lo que somos, es decir, nos imaginamos a nosotros mismos en función de las identificaciones que ha asumido nuestra mente, o de las características de nuestro cuerpo, o según lo que seleccionamos de nuestra historia de vida, pero esto no es lo que somos.

El ego del que hablamos, que tantos males acarrea y que, en definitiva, nos impide abrirnos plenamente a la acción de la gracia, está construido con estos ladrillos de identificación. Es una suma de dependencias, porque esta personalidad ficticia depende para su bienestar de la marcha de todos aquellos factores con los cuales se ha hecho idéntica.

Pero… si pierde tu divisa o club, ¿se ha perdido algo de ti? Si te roban el auto, o ese objeto tan preciado, ¿has perdido algo de lo que eres? Si aquel proyecto que tenías no salió como esperabas, ¿has perdido algo realmente? Si debido a un desafortunado accidente pierdes las piernas, ¿has perdido algo de tu ser? ¿qué dirías? ¿que debido a ello tu ser es más pequeño o más liviano?.

No pretendo tomar a risa lo que resulta sin duda muy doloroso, pero cuando analizamos con algo de detenimiento estas cuestiones, salta a la vista que lo que somos no es nada de aquello por lo cual solemos afanarnos.

Aunque convencionalmente se acepte que es algo erróneo, la sociedad en general sigue valorando a las personas por su apariencia, o por sus posesiones, o el grado de éxito alcanzado en la pirámide social. Y esta sociedad de la que hablamos se hace carne en nosotros a través de múltiples influencias, que terminan moldeándonos y haciendo nuestra propia mirada similar a la de ella.

Lo que mira y valora el ego, es lo que mira y valora la sociedad en general. No podría ser de otro modo, ya que aquél fue formado íntegramente en esta. Y, por supuesto, esta mirada recae sobre nosotros mismos haciéndonos cosa, devenimos objeto de juicio según esos mismos valores fundados en lo ilusorio y lo fugaz.

Sin darnos cuenta, en algún momento, empezamos a mirarnos en función de los logros, o de las capacidades, o de los bienes materiales, y a relacionarnos con los demás a través de sutiles comparaciones. O según las apariencias y el parámetro de belleza de la época, la cultura, y la moda del lugar donde nos tocó nacer.

Y esto nos sumerge en ansiedad y desdicha innumerable, porque gastamos nuestros días aquí dibujando formas en el aire, corriendo tras espejismos, afanados en lo caduco. Y no se trata, claro, de no satisfacer las necesidades de la vida, sino de que, con esa excusa, vivimos atendiendo a lo secundario.

En principio y desde nuestra experiencia personal a esa pregunta que decía: ¿porque siento este vacío o este desasosiego o este constante ir y venir de lo placentero y lo doloroso? Si Dios está conmigo ¿porque la confusión, la duda, el temor?

Podemos empezar a responderla diciendo que el vacío, el desasosiego y ese constante ir y venir entre lo doloroso y lo placentero son los indicadores, los síntomas de que estamos viviendo la vida como no debe ser vivida. No estamos siguiendo su sentido, no estamos alineados con el plan que Dios ha inscrito en todo lo existente.

Y sin duda, este salirse fuera de lo que Es resulta doloroso para ese ser que somos realmente. En general nuestra atención e interés están en pos de algún objeto, persona o situación. Dios está con nosotros, pero nosotros, ¿dónde estamos?

 Continuará…

Texto propio del blog

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