Segunda semana Retiro Ávila 2024

A modo de preparación para la segunda semana de retiro. Versión virtual.

Abandonar al hombre viejo o convertirnos en odres nuevos, permitir que la gracia nos transforme; no tiene tanto que ver con el cultivo de particulares virtudes sino con un cambio en la actitud vital. En todo caso, lo que necesitamos abandonar, es una cierta disposición del ánimo que nos mantiene adormilados a la vida del espíritu.

Son ciertas rutinas anímicas, hábitos del pensamiento inadecuados, que nos llevan a un comportamiento parecido al de los sonámbulos. Un hacer sin estar presentes, un divagar sin percibir, un andar ausentes de nosotros mismos. Entonces pedimos la presencia de Dios, queremos sentirlo o encontrar el sentido de la vida y el problema es nuestra propia ausencia, no estar viviendo nuestra propia vida.

“Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza del manto —lo nuevo de los viejo— y deja un roto peor. Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque el vino revienta los odres, y se pierden el vino y los odres; a vino nuevo, odres nuevos» (Marcos 2, 18 – 22) Este odre nuevo implica una decisión de presencia. Es como decir: «Estaré presente a mí y a Ti en mi interior».

¿Cuál es esa actitud que se manifiesta en mí que me aparta de Ti? Por dar algún ejemplo: ¿Empezaré a vivir en actitud orante o permitiré que continúe la queja de trasfondo que vive en mí? ¿Me dispondré a utilizar la regla de oro (Lucas 6, 31) como criterio que armonice mis relaciones, o seguiré centrado en mis variables apetencias?

Al final el primer mandamiento sintetiza todo lo que necesitamos como criterio de vida, como material de reflexión, como puerta a la contemplación… pidamos la gracia de abrirnos a la luz que ya vive en nosotros, que es Cristo resucitado en el corazón. Dejemos que Él crezca y que nosotros mengüemos.