La legión en mí

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… uno ha querido tantas cosas; tan contradictorias y orientadas en distintas direcciones. El endemoniado de Gerasa (San Marcos 5, 1-20), que tenía una multitud adentro muestra con claridad esta experiencia. Ser muchos… en realidad uno es solo uno, pero en lo superficial podemos identificarnos con los múltiples deseos y esto constituye la legión.

Se puede reconocer en la propia vida ese andar entre los sepulcros (cosas muertas, tonterías y deseos vanos); gritando y lastimándose con piedras (cayendo de bruces con fracasos diversos y quejándose inútilmente sin aprender de los errores); intentando sujetarse o amarrarse con cadenas (disciplinarse forzadamente, buscando no caer en las compulsiones pero sin poder cambiar nunca…)

Y hemos sentido muchas veces impulsos de acercarnos a Dios, de volvernos profundamente hacia lo sagrado y nos hemos puesto de rodillas buscando la presencia… pero la mente nos ha dicho: ¿Qué tengo yo que ver contigo Jesús, hijo del Dios altísimo? Y hemos rogado que no nos atormentara que nos dejara ir a pacer todavía con los cerdos (y volvimos al ruedo de dejarnos esclavizar por los espejismos, una y otra vez).

Hasta que tocamos fondo y de tan hondo el fondo asumimos la impotencia y en esa debilidad vinimos a encontrar la paz, el alivio y la firmeza de convicción y propósito (el que había tenido la legión estaba sentado, vestido y en su sano juicio). Y hasta es posible que nos pongamos a proclamar todo lo que Dios ha hecho por nosotros (empezó a proclamar por la Decápolis todo lo que Jesús había hecho con él…)

Pero a uno no se le aparece Jesús por el camino… como en los versículos que usted cita.

No es cierto. Se te aparece a cada rato. Si estás atento ves los impulsos silentes del corazón; deseos de transformación profunda, de consagrarse a una causa que valga la pena; de no actuar sino en base a un mismo significado; anhelo de dejar salir al esencial que siempre hemos sido y que nos negamos a mostrar… ¿Cuántos acontecimientos en tu vida pueden ser vistos como la irrupción de lo sagrado que indicaba nuevos rumbos? Ah… pero solemos estar embotados de tanto divagar.

En ocasiones la voz del enemigo disfrazado de sentido común o la voz de la seguridad o la comodidad; tal vez ese cierto nihilismo de trasfondo que se viste de «no hay nada que hacer». Al final lo que salvó al endemoniado de Gerasa fue reconocer a Dios en el camino y, aún protestando, ponerse a sus pies. Reconocer las indicaciones divinas en medio del cotidiano, eso nos basta. Deponer nuestra gorra de capitán y dejar de pretender, asumir el cultivo de nuestra parcela con esmero, cariño y fortaleza.

¿Cómo discernir correctamente ese rumbo con el cual uno debe unificarse?

Si el camino elegido te exalta demasiado, por ahí no es. Eso denota compensación. Si no da gusto, tampoco es. La dirección correcta se apoya en una serena alegría que se sacia en sí misma del propio caminar y permanece independiente de la meta misma. Es como tener un propósito unificado pero que es en el ahora vertical y no hacia un futuro al cual tendemos. Dicho de otra manera: Lo que se plasmaría en el proyecto a futuro, debes tenerlo en semilla ahora mismo en el corazón. Debe ya, de algún modo, vivir en ti.

No lo entiendo del todo a esto último.

Digo que ningún proyecto, objeto, persona, situación o lugar te dará la felicidad. En cambio el bienestar que halles en ti hoy puede acrecentarse en el porvenir. Lo primero es dejar de buscar fuera o en el futuro. Encuentra ahora el capital que ya tienes en tu espíritu.

Lo que dice me irrita mucho.

Continúa...

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Dos películas recomendadas por amigos:

Fisherman´s friends

El juego perfecto

Atención y libertad

San Lucas1, 39-56

¿En qué funda usted su vida espiritual?

En la atención. Sin ella erramos de continuo en el blanco. Pecamos a cada paso. Atravesamos las horas como dormidos sin darnos cuenta del extremo egoísmo que domina nuestras acciones. Con la atención aparece la libertad y la oración toma cuerpo y se profundiza. Cuando estamos atentos la gracia nos acompaña.

¿No nos acompaña siempre la gracia?

Sì, pero la ignoramos. Es como si una amiga llega de visita y tu ni la saludas, ni la atiendes y sigues perdido entre tus cosas. Aquello de «Vete y no vuelvas a pecar» (Juan 8,11) implica la atención.

¿Què es la atención?

Saber que soy y no olvidarlo. Esta consciencia de que yo soy no puede estar separada del recuerdo de Dios. Cuando sabes que eres, que estás vivo y presente, se hace evidente que estás sostenido por Dios. Sin Él no somos. Por eso atención, consciencia del presente y recuerdo de Dios son una misma cosa.

¿Cómo adquirir la atención?

Amando la vida o mejor dicho… dándose cuenta del amor que tenemos por la vida. Vivir nos gusta mucho. Entonces le damos valor a la atención que nos permite ser conscientes de la vida y no pasarle por encima como algo abundante y sin valor. Dormir un poco hace bien, vivir adormilados hace mal. Hay que entrenar la atención y para ello nada mejor que la oración.

¿Cómo hacer entonces?

Hay que tener algunos momentos especìficos de oración cada jornada y una actitud orante en cualquier actividad. Se nos muestra así la constante divagación. Quedamos algo horrorizados de nosotros mismos y esto nos da la fuerza para anclarnos en el instante. Si no atiendo a este mismo momento, la presencia de Dios se me escapa; me parece que no está y ahí nos quedamos con un Cristo conceptual, que no encarna. Hay que darse cuenta de que Dios no aparece porque nosotros estamos ausentes. Es decir estamos rumiando fantasmas y preocupaciones en el mundo mental.

¿Eso es lo que pide usted cuando repite la oración de Jesùs?

Sí, atención y libertad. Permanecer en esa actitud donde percibo lo sagrado.

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Fiesta de La Asunción

Encuentro virtual vocacional

Podcast «Filocalìa y espiritualidad hesicasta»

La libertad de la renuncia

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Estimadas hermanas y hermanos en Cristo Jesùs: Hoy viernes les compartimos una entrevista, un vìdeo y enlace compartido por lectores del blog. Tambièn la clase 68 de Filocalìa. Cualquier intercambio serà bienvenido. Un abrazo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesùs.

Entrevista a Javier Melloni SJ (2016)

» …¡Magnífico! ¿Alguna otra sugerencia?

Renuncie a algo. La renuncia no quita; la renuncia da. Da libertad. Experiméntela. Libérese de algo de lo que cree depender.

¿Librarme de algo que necesito?

Progresará: el narcisismo y la adicción son estancamientos, fijaciones. Cuando los supere tendrá una autoestima sana. El siguiente paso es convertirla en realización y después en trascendencia. Es un proceso de superación personal –ontogénesis– que luego se repite –filogénesis– en toda la especie…

… La mística sólo anticipaba el camino de la ciencia. Por eso, un poco de ciencia te hace ateo, mucha ciencia te hace creyente. Las religiones orientales son la aceptación del ya es, y las occidentales añaden su rebeldía profética: la ascensión hacia lo que todavía no es…»

Puedes leer el texto completo haciendo clic aquì.

La Virgen dió vuelta todo

Vìdeo sobre Monte Athos

La clase 68º de Filocalìa

El espíritu consagrado

¿Cómo ordenarme? ¿Cómo salir de la dispersión constante? Me es muy difícil mantenerme atento a la presencia o por lo menos evitar la divagación. A veces me paso horas sin darme cuenta de que estaba en ensoñaciones, haciendo lo que hacía sin estar yo ahí.

Primero disponerse en serio. Como si uno fuera a tomar un voto, aunque sea por una semana de prueba. Con el espíritu consagrado a la tarea propuesta; en este caso, la concentración que evite la dispersión. No consentir el piloto automático, permanecer en el instante. Dios esta en el presente eterno, por eso es la verdadera Presencia. Si yo no estoy poniendo lo mejor en el ahora que me toca, me pierdo a Dios.

Lavar la vajilla como si fueran cálices; cortar el pan como si de una hostia se tratara; beber el agua como a un vino consagrado; barrer como si se caminara por la nave de un templo silencioso; trabajar en lo de uno, en lo que sea, oficiando la secreta liturgia del servicio… invocar a Dios en todo tiempo y lugar, es tan necesario como respirar, aunque nos hemos olvidado de ello.

_Suena exagerado…

Lo entiendo, puede ser. Pero ¿no es exagerado vivir en la mente sombría, siempre murmurando preocupaciones y dislates? ¿No es acaso desventura estarse entre recuerdos e imaginaciones varias, viviendo como sonámbulos, mientras el tiempo se escurre entre las manos? Ser en Dios y estarse en su presencia es lo único que llena de significado la vida. Incluso las circunstancias difíciles se ven bajo una luz nueva cuando las alumbra esta plenitud.

_¿Cómo hacer? Fácil es decirlo, yo me olvido a cada paso. Cualquier propósito se me diluye a las pocas horas.

Difícil es vivir como vivimos. Siempre pendientes de lo de afuera. Haciendo depender el contento de esto o de aquello. Como si fuéramos incapaces de cultivar la alegría en el corazón. El bienestar en Dios es lo natural, lo propio del ser humano. Nos hemos creído otra cosa, hay mucha inercia de una cultura que desconoce la interioridad.

¿Cómo hacer? A cada rato detente un minuto. No es mucho. Puedes ponerte alarmas, carteles en distintos lugares de la casa o pedirle a un amigo que te lo recuerde unas cuantas veces. En ese minuto te preguntas: ¿Estoy con prisa? ¿Me guía la ansiedad? ¿Estoy haciendo esto que hago impecablemente? Si no es así, reiniciarse. Igual que con el ordenador. Arrancar de nuevo invocando la gracia.

Lo que precisamos es darnos cuenta que esto no es poco importante. Que hace y afecta a todos los aspectos de la vida. Vivir calmos aunque activos; conectados siempre a la fuente de nuestra existencia, sacralizando con la mirada los momentos, es fundamental. Pedir esta gracia a cada rato y poner delante todo el valor que podamos. Es el coraje de ir contra una corriente masiva que nos arrastra. Esa tendencia general nos impulsa a consumir, a alimentarnos de cosas, de personas, de situaciones; como si fuéramos un cuerpo voraz carente de espíritu. Seguir a Jesucristo nunca fue fácil.

_ Usted siempre dice más o menos lo mismo.

_ Es cierto. No tengo mucho más que decir…

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Hoy una lectura y dos carismas:

Iesu Communio

Familia monástica de Belén

Consciencia de su Presencia

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Fragmento de «La oración y sus efectos»

«Cuando alguien decide iniciar una rutina de oración con la esperanza de acercarse al Señor es frecuente que le cueste mantener la atención y tenga que traerla una y otra vez desde las numerosas distracciones hacia el Señor. Los días que nos sentimos mas fríos, sin ánimos para orar, la atención es mas volátil pero, si perseveramos, cada vez habrá mas días en los que nuestra oración será mas centrada y menos distraída.

En esta etapa es necesario utilizar las palabras como un apoyo ya que, en el sabernos y sentirnos escuchados y mirados por el Señor se establece ese vínculo que permite mantener la atención centrada en Él. Sin embargo, debemos evitar que nuestro tiempo de oración se convierta en un monólogo que acapare nuestra atención apartándola de Él. Para ello es útil dedicar unos minutos al inicio de nuestro tiempo de oración a tomar conciencia de que El Señor esta ahí escuchándonos. También podemos utilizar esta herramienta en los momentos de nuestra oración en los que veamos que nuestra atención se ha apartado de Él y ha derivado en un monólogo.

Nos detenemos y tomamos conciencia de la presencia del Señor considerando que está ahí, que existe realmente y que esta ahí escuchándonos. En mi experiencia es útil continuar dedicando un tiempo a desahogarnos con El Señor contándole nuestras preocupaciones y todo lo que sintamos que le queremos decir y después, ya mas sosegados…

Continúa leyendo el texto completo aquí

Dos enlaces:

Clase 67° de Filocalía sobre Juan Damasceno, la alimentación integral y varios

Película recomendada:

Haz clic aquí

Una lágrima brillante

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Siéntate un momento… relaja tu cuerpo y aquieta la mente; deja ir los cuidados y las preocupaciones… Estate solo aquí…

Imagina entonces que te elevas lenta y suavemente, como si flotaras sin esfuerzo poco a poco… Sales ya de tu casa y observas desde lo alto los tejados vecinos… Es de noche… Por fuera las actividades disminuyen, dentro, las luces en las ventanas muestran la actividad de las familias. Te haces consciente de la vida que bulle en los hogares, esos refugios íntimos donde buscamos consuelo para el miedo. Te parece sentir el dolor humano…

Te elevas un poco más y ves las montañas oscuras a lo lejos e innumerables estrellas sobre ellas y entre el aquí y el allí manchas de luz que son las ciudades y poblados de los hombres… Cuanto dolor, cuanta prisa… cuánto miedo… y también.. cuánta alegría, cuánto amor y cobijo solidario… sientes pena y dicha a la vez…

Entonces, inclinas el oído interno hacia el corazón…! haces silencio mientras sigues alejándote y tu punto de vista cobra mayor altura… divisas ya la esfera planetaria… Cuánta belleza la Tierra hermosa… que perla selecta en medio del espacio inabarcable, parece una lágrima brillante colgada en la inmensidad…

Mientras la tierra se empequeñece, lentamente vuelves a llevar la atención al corazón tratando de escuchar su movimiento íntimo, el murmullo secreto de su existir… suspende los demás sentidos y solo escucha… Señor Jesucristo… Señor Jesucristo… Señor Jesucristo… Percibes el cálido oleaje de la gracia que llega con los latidos… Jesucristo… Jesucristo… Jesucristo…

Vas sumergiéndote en el Santo Nombre mientras inicias un suave descenso, vuelves a casa, a la magnífica esfera burbujeante de vida… no es aún el tiempo de las estrellas… ven aquí, vuelve a la humanidad doliente, acércate a los continentes y a las regiones… vuela suavemente sobre los mares y las ciudades… desciende en los poblados… Jesucristo, Jesucristo, Jesucristo…

¿Cuántos ojos te buscan? ¿Cuántas manos se alzan hacia ti? Tanto llanto Señor, tanto dolor…  ¿No es acaso la alegría el anuncio de tu venida? ¿No es el amor el signo de tu presencia?… Vuelve a nosotros tu luz… vuelve a nosotros luz de mis ojos, Altísimo omnipotente!

De nuevo en tu habitación… sientes la respiración, el movimiento de la vida en el cuerpo… agradeces la intuición que ha llegado hasta ti, esa certeza profunda que te dice: La vida tiene un sentido, tu vida tiene sentido… lo que ocurre es puro significado... vuelves al mundo cotidiano para encarnar a Cristo en tus labores… respira Su nombre, camina Su nombre, trabaja en Su nombre… Jesucristo… Jesucristo… Jesucristo…. (1)

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Aquí el audio del texto anterior:

(1) Queridas hermanas y hermanos en Cristo Jesús: El texto y el audio que ha realizado Lourdes en base a él, puede ser útil para ampliar el pedido cuando se repite La oración de Jesús con frecuencia. Facilita la ampliación de la sensación interior para incluir a la humanidad toda en nuestro plegaria de piedad, compasión o misericordia. Sea que se diga «… ten misericordia de mí o de nosotros»; puede atenderse a una actitud de llamada a Jesucristo de todos los que vivimos en esta Tierra… como si le pidiéramos que venga pronto.

Para hoy dos enlaces:

Hacia la contemplación

Escenarios del porvenir

¿Y esta semana?

«Hacer de la propia vida un elogio de lo simple». 

Despojarse de lo innecesario, liberarnos de cargas externas y de tumultos internos. Vivir la vida apacible que recomiendan los Padres, quedar vacíos para tener tiempo y espacio para Dios.

Esta semana concentrarnos en eso. Buscar lo simple, evitar lo superfluo, en todos los aspectos. Hacer el paciente esfuerzo de aquel que limpia y ordena su casa, del que tira lo que sobra y estorba. Es un esfuerzo dichoso porque anticipamos el gozo de lo mínimo, la alegría de lo esencial. Miramos luego el limpio desierto que ha quedado en los espacios y en el alma.

Dedicarse solo a lo importante y abandonar sin pena lo accesorio. Lo primero que sobra es la prisa; compartamos con paciencia esta tarea de irnos purificando, invocando a cada instante el Nombre de Jesús, Dios que viene a salvarnos.

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Hoy recomendamos una película a través del blog de una amiga:

El Caso de Cristo

Cova Manresa

Venga tu reino

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¿Cuál es para usted la clave de la vida espiritual?

Encontrar a Dios en la propia vida y vivir en Su presencia.

¿A qué ese refiere con encontrar a Dios?

A que no sea para nosotros un mero concepto o una imagen sino una muy clara sensación, como la que se tiene cuando no estamos solos en una habitación. A pesar de que no estamos mirando a esa persona con la que compartimos el mismo espacio sabemos que está. Uno se sabe acompañado, es algo que se intuye primero y que luego se percibe. Vivir en la presencia es atender continuamente a esta misma percepción.

¿Cómo saber que no es mera imaginación de uno o simple autosugestión?

Por la dulzura que se vive en el corazón. Es algo que irradia sin esfuerzo hacia los que te rodean o toman contacto contigo. Aparece una afabilidad no impostada, una alegría suave sin objeto que la justifique; un descanso de las preocupaciones aún cuando te ocupes de lo necesario. Eso no se produce sin la efectiva presencia de la gracia o del espíritu actuando. Lo impostado o la autosugestión no se sostienen, implican esfuerzo en el mal sentido del término y eso no tiene continuidad.

¿Cómo hacer para no olvidarse de esa presencia?

Negándose a vivir una vida desacralizada, carente de sentido; donde navegas entre apetencias variables sin rumbo fijo, a expensas de apetitos innumerables. Esta rebelión interior contra el automatismo cotidiano es importante. Entonces, cada vez que te sientes ausente de lo sagrado lo empiezas a buscar. Le sigues el rastro en el modo en que haces las cosas, en la mirada que lanzas hacia tu alrededor… imploras que el misterio de Cristo se haga presente y te devuelva el gozo de vivir. Una vez que has sido «tocado» por la divina presencia te queda una nostalgia y eso te lleva a buscarla el resto de tu vida.

La nostalgia de lo perdido no asegura su retorno

Es cierto. Porque el retorno al hogar interior es ahora mismo, no en el futuro. Y esto se asegura cuando clavas el ancla bien profundo en la oración. La oración constante e ininterrumpida o el acendrado anhelo de ella, nos mantienen firmes en la atención. Esa atención es vigilancia alerta y despierta sin forzamiento ni cansancio. Es claridad de intención. Vivir tendidos a Dios en el corazón bien plantados en la tierra del cotidiano. Eso es el… «Venga a nosotros Tu reino». La causa justa de la especie humana es hacer «bajar» a Dios a fuerza de oración. Es clamor y petición pero también entrega silenciosa a un designio inabarcable.

Continúa…

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Enlaces de hoy:

En el monasterio: vivir en solitario

El blog caminante

Ten piedad de nosotros

Estimadas hermanas y hermanos, quienes lo deseen puede participar del 2° encuentro virtual de «La oración de Jesús», este sábado 24 de Julio a las 15 hs. de Argentina, 20 hs. de España a través de la aplicación Zoom en este enlace:

Haz click aquí para ir al encuentro de oración

Aquí abajo les dejamos los primeros 12 minutos de la clase 65 de Filocalía donde hacemos un comentario a propósito de la oración de Jesús y del encuentro virtual del sábado 24/7

Dos enlaces para hoy:

Vida con María

La conversación

La decisión sensata

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Afuera tremendo frío y algo de viento. Adentro, amistad tranquila y segura. ¿Cómo hace para estar tan tranquilo siempre y además contento o de buen ánimo?

Confío en la voluntad de Dios y me abandono a ella.

Sí, me lo ha dicho varias veces; ¿pero cómo puede hacer uno para vivir eso con naturalidad y sin un forzamiento a permanecer en una actitud que se pierde a cada momento?

No. Lo forzado no sirve porque muy pronto vuelve todo al sitio inicial. La diferencia es tan notable como sostener un peso con la mano o asentar el objeto sobre la mesa. Ya si lo dejas apoyado eso puede durar mucho tiempo, pero lo que sostienes por fuerza solo anuncia su caída. Las actitudes, los comportamientos y el modo de vivir han de ir por su cauce, por allí donde cada uno sabe según el corazón.

¿Cómo confiar en la voluntad divina de veras y cómo encontrar el abandono sin forzamiento?

Todo nace de un darse cuenta. Supongamos que alguien te ha regalado un auto, luego una casa; después te ha dado dinero para abrir un negocio, te ha enviado gente recomendada para que se haga cliente en tu establecimiento… ¿no confiarías en esa persona? ¿Tendrías dudas de que quiere tu bien, aunque a veces el auto no funcione perfecto, la casa tenga humedad en alguna pared y el negocio tengas sus vaivenes estacionales? Pues con aquel que nos ha dado la existencia es igual. Pero hemos dado por sentado el hecho de ser, como si fuera algo hecho por nosotros mismos.

¿Cuándo fue que diseñaste el cuerpo y su mecanismo respiratorio o que pusiste en marcha el corazón? ¿Cuándo generaste la visión o la audición y esa posibilidad hermosa de dirigir la atención? ¿Cómo colaboraste para generar las especies vegetales y animales y la interacción de ellas con el Sol? ¿Cuál ha sido tu participación en la creación del mundo, de los cielos y los astros, de las órbitas perfectas? A mi me parece que Dios merece un voto de confianza, al fin y al cabo todo le debemos. Podemos preguntarnos porque en la existencia hay esto o aquello que nos disgusta, pero siempre confiando y sabiendo que no podemos tener todas las respuestas, al menos por ahora.

Bastaban cinco de sus frases para que mi perspectiva cambiara. No solo su corazón era firme y cálido, sino que hasta su lógica me resultaba demoledora. Los leños crepitaban y el fuego ponía una hermosa tonalidad naranja sobre las paredes de madera; al fondo los iconos parecían moverse según oscilaban las llamas.

Su voluntad todo lo abarca -decía a menudo- ¿Quién puede esconderse a su mirada? -insistía recordando al salmista- Así las cosas, abandonarse a la voluntad del más Alto es la única decisión sensata que puede tomar un ser humano. Pero este abandono no implica acedia, negligencia o pasividad fatalista ante los sucesos, sino que puede manifestarse de modo activo, resuelto y determinado a la manera apostólica. Vivir el abandono es no vivir pendientes de los resultados de las acciones, sino limitarse a ejecutar lo que nos toca del mejor modo que somos capaces.

Risueñamente, mencionaba con frecuencia, que iríamos a Su designio contentos y tranquilos o protestando y magullándonos en el camino. Pero que esto no se vivía como una resignación determinista, sino como el gozo de colaborar en la obra de la creación que aún se desplegaba. Imagina a la flor negándose al sol… ¿Lo concibes? y ¿No está en ese dejarse atraer por la luz gran parte del sentido y la belleza de la flor? Al igual que el niño con sus padres, cuando toma la mano que le ofrecen para caminar seguro; vivir confiados y contentos haciendo lo nuestro, quizá sea nuestro mayor acto de libertad.

¿Qué es exactamente «lo nuestro»?

Continúa…

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Para hoy un texto y un vídeo:

El perfil del gobernante

Desaprender

¡Gracias Encarna por enviar el poema!

Aquí un libro de la autora

Dos audios para hoy:

el último gesto

No puedo evitar pasar de prisa por ciertas actividades… trato de hacerlas bien, pero se me presentan menos apetecibles que otras que vienen más adelante en el día; y eso es como si me llamara desde allí y me siento apresurado para ya haber terminado esto que tengo aquí entre manos.

Buena descripción de algo automático que nos ocurre a todos con distinta intensidad según el momento. Esto puede ser aprovechado como un indicador de nuestra ubicación interior. Mientras más quiero librarme de esta o de aquella actividad, más de prisa voy y entonces me doy cuenta que lo importante para mí se ha desplazado hacia afuera. En ese momento estoy convencido de que el bienestar depende de la actividad que esté realizando y no del modo en que la efectúe.

No todas las actividades son iguales, es cierto. Sin embargo hay una manera de llevarlas a cabo que las iguala para bien; empieza a importar menos si nos toca esto o aquello porque descubrimos un algo que brota desde nosotros hacia las cosas que comienza a hacerlas agradables. Pero antes de vivir esto es necesario darse cuenta o aceptar en principio al menos, que existe algo en mí y no fuera de mí, que es la fuente del bienestar.

El modo de hacer al que nos referimos puede resumirse así: Efectuar cualquier actividad poniendo lo mejor de nuestros recursos, el máximo de nuestras capacidades. Ponernos todo nosotros en ello, no guardarnos nada. Vamos a suponer que esta actividad que ahora nos toca es la última que haremos en esta vida. A cualquiera nos puede ocurrir aunque estemos en perfecta salud y aunque nada lo anticipe. No la haríamos al acaso.

Imaginemos que son los últimos instantes… y quizá será regando las plantas, de camino a la compra, mientras vamos a la casa de una amiga; tal vez cuando te diriges al coro para recitar vísperas; en el ascensor… en el momento en que te quitas los zapatos antes de acostarte o al dar ese abrazo de despedida o tal vez, cuando revolvemos el café con la cucharita. ¿Cuándo será? No lo sabemos. Pero si sabemos que si se nos dijera que los próximos tres minutos son los últimos, pediríamos la gracia de concentrar en ellos todo el amor y el coraje que hemos sentido en la vida.

Que todas nuestras búsquedas, que todo nuestro anhelo de verdad y de eternidad, pudieran concentrarse en ese instante. Quisiéramos tener la oportunidad de rendir homenaje a través de esa mínima acción a todos aquellos con quienes nos hemos cruzado en el camino y… a la vez, con ese último gesto, darnos a nosotros mismos el digno tributo a tanto esfuerzo, a todo lo hecho. Quisiéramos en esos segundos finales, agradecer incluso las oscuridades que nos permitieron conocer la luz.

¿No sería bueno obrar de ese modo? ¿No dotaría a nuestro andar de una cierta particularidad que podríamos llamar sagrada? Vivir oficiando la liturgia de nuestra vida es el único modo que conozco de vivir contento y tranquilo. Pero para esto es necesario antes asumir que las cosas no son lo que parecen. Nos han contado mal el cuento…

Continúa…

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Para hoy, un audio y una película:

La danza de los fragmentos

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«Tantos fragmentos nos parten. Innúmeros nombres balbucean la misma y única aspiración: felicidad. La mayoría afirma que sólo es feliz aquel que tiene todo, aquel que al más agrega más… Llamando plenitud a lo mucho se nos escapa todo, se nos escapa lo propio. El omnipotente todo nos empuja de aquí para allí, de una cosa a la otra, de cada cosa tomamos un poco, de ese poco suele no quedarnos nada.

De actividad en actividad comenzamos a sentir el vértigo del vacío, vacíos comenzamos a escapar arrojándonos al tráfago del activismo con el que tratamos de cubrir nuestro vacío. En cada actividad esperamos encontrar lo que la anterior tampoco nos dio, tratamos de cubrir lo que la anterior tampoco cubrió. Ni en la lejanía del corazón, ni en el desierto de chatura de nuestra cotidianeidad conocemos la paz. Todo lo que nuestras manos tocan, todo lo que nuestros dedos aferran, traduce la impronta de la insatisfacción, de la incisión que parte nuestro corazón.

El desasosiego sube desde el interior al exterior, corre como una marea fangosa que nos arrastra, como un trozo más en una corriente de objetos sin significado, una marea que nos va dejando sin tierra firme donde detenernos, donde reflexionar, donde esperar. El hombre no escribe ya el diario de su vida, el hombre de hoy llena agendas. Su historia es una retahíla de números, una cifra operatoria sin resultado final, sin factor constante.

El latir de su corazón, el ritmo orgánico y cósmico que lleva en su interior ha sido dejado atrás, desatendido por la urgencia, por los designios del dios Kronos: su tic-tac acompasa y acelera la marcha del desenfreno, el girar que suple al avanzar, la danza de los fragmentos. Lo esencial, la riqueza de lo propio, es primero relegado y después olvidado; relegado entre las cosas por hacer: las nunca hechas. Lo esencial queda postergado hasta tanto se tenga tiempo, mientras, el tiempo tiene al hombre, el tiempo que le va restando su vida.

Imagen dramática de un siglo que busca su fundamento no en lo perenne y permanente sino, sola y exclusivamente, en lo siempre nuevo, en lo siempre último, no en lo originario sino en lo original, en lo novedoso. No en el éxtasis sino en el vértigo. «

Fragmento del libro de Hugo Mujica «Kyrie Eleison»

Aquí la Web de Hugo Mujica

Enlaces de hoy:

Dos virtudes de Jesucristo

Psicología para la trascendencia

Vivir despacio

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Imagina que vas en un descapotable por alguna de esas rutas de montaña, en los Alpes o lugares así de hermosísimos, como suelen verse en las películas… pero que lo haces a gran velocidad. ¿Qué has visto del paisaje? ¿Qué te ha quedado de esa luz esplendorosa que iluminaba los valles verdes? ¿Recuerdas el aroma de las flores a la vera del camino? ¿Cómo era la posada aquella que apoyada al borde de un acantilado invitaba a detenerse..? Casi no recuerdo nada.

La prisa lo desdibuja todo. Aún los momentos mejores, las etapas luminosas de la vida, pierden mucho del color que las envuelve cuando las atravesamos presurosos. Y contrariamente, los momentos más simples y comunes, esa trama de actos repetidos y necesarios de los cuales está tejido el cotidiano; cobran vida nueva y muestran un fulgor inusitado cuando nos tomamos el tiempo… ¿El tiempo de qué? Pues de vivir.

Siempre pondrá la mente excusas que justifiquen el frenesí en que nos sumerge la inquietud. Ansiedades, temores, angustias varias se visten con el respetable nombre de «responsabilidades». Pero hay que estar atentos. «El que va despacio llega antes» me decía la abuela. Y solía contarme algún cuento alusivo con personajes tales como una liebre y un caracol, en la que por supuesto este último se llevaba la victoria.

Es que aún desde el punto de vista de la eficacia la tranquilidad y el sosiego nos resultan útiles. Hacemos más y mejor. Nos volvemos contundentes en la acción. Si hablamos mucho se nos escucha menos y si de prisa, menos todavía. Con las acciones es igual y con las percepciones y sensaciones, con todas las cosas. La más hermosa y significativa de las películas se vuelve risible si la vemos en cámara rápida.

Es necesario vivir despacio. Aunque activos ir descansando sosegados en la providencia divina, ella nos envuelve y sabe lo que necesitamos. Seamos parte de la liturgia cósmica, concelebremos respetuosamente la misteriosa Eucaristía de la existencia.

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Dos sugerencias:

Homilía de este Domingo

Y un día Dios viene…

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Ya teníamos confianza, por la índole de lo que solíamos conversar. Pero mi cercanía era a la vez distante. Lo admiraba mucho y esto mismo me separaba. Él estaba allá arriba viviendo un ideal inalcanzable y yo acá abajo deseando que alguna de sus virtudes se me quedara adherida. Llegué a pensar que la paz del corazón se transmitía por ósmosis porque a su lado mis problemas se iban y no solo eso, parecían quimeras o pura ilusión.

Él estaba en las alturas pero no por altivo, que bien humilde era, sino por independencia. Desplegaba una paciente autonomía de todo lo que a nosotros nos afecta. Ni el clima, ni la salud, ni el dinero, ni el aprecio o el desprecio lo tocaban. Y no por resbaladizo sino al contrario, a todo lo recibía. Su capacidad de acogida era enorme. Igual con las personas, los animales, las plantas y las situaciones; todo era bienvenido. «Los modos de Dios no se discuten» me decía o frases parecidas, cuando yo planteaba alguna objeción a lo que ocurría.

A medida que pasaba el tiempo me di cuenta que lo amaba. Y entonces se me hacía cercano y me atrevía a preguntarle cosas sobre su vida. Cuando me preguntaba algo no podía mentirle, a lo sumo me quedaba callado o sonreía. Él ya sabía, las preguntas eran un modo amable de hacerme caer en cuenta. Una tarde de mucho frío estuvimos casi todo el día adentro, tomé coraje y le pregunté: ¿Ud. reza todo el tiempo? ¿No se cansa nunca?

«No me canso nunca», me dijo. «Vivir sin Dios me cansa y ya no me lo aguanto». ¿Y qué le dice a Dios? le pregunté. «Depende. Muchas veces cosas del momento, lo entretengo. Y otras veces lo llamo por su nombre cuando no lo veo». Yo sonreí un poco y le pregunté como era eso de entretener a Dios. Y me dijo que siempre se sentía como los discípulos de Emaús, en un paisaje atardecido y que hablaba con Dios para que no se le fuera la percepción de la Presencia. Una vez me dijo riendo que era como un alérgico. Que la oración de Jesús lo había acostumbrado tanto a sentir lo divino, que cuando la mirada se le volvía profana le daba sarpullido.

Y que por eso rezaba, porque le gustaba ver como el mundo se ponía sagrado cuando la oración se hacía profunda. Y que, sinceramente, ya no quería vivir sino de esa manera. Y que no entendía como había podido vivir de la otra, donde todo parecía depender de sus torpes acciones y estar uno sujeto a innumerables peligros, en un mundo plagado de cosas inciertas. De distintos modos, a lo largo de los días, le iba yo tirando de la lengua para que me dijera como hacer para vivir como él vivía. Y también con maneras diferentes me decía siempre lo mismo:

«Necesitas desearlo con todo lo que eres. Cuando no quieres otra cosa sino a Dios, o mejor dicho, cuando adviertes que él es la suma de todos lo bienes, abandonas los otros apetitos. Te vuelves hambriento de Dios y como alguien que no come hace días se la pasaría gritando por un pedazo de pan, así se vuelve uno medio enloquecido de deseo por Dios… Y un día Dios viene y te abraza y ya no te hallas por ninguna parte. Y te das cuenta de pronto, que te llevaba siempre en andas, por donde quisieras y que era solo para darte el gusto. Cuando le das el mando te lleva a casa y se queda a vivir contigo».

Continúa…

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Dos audios:

Si quieres que publiquemos un enlace a tu blog, página o servicio en el marco de una espiritualidad afín, escribe la información del enlace en los comentarios de esta entrada; lo publicaremos como enlace en el próximo post. Un abrazo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesús.

Nuestro elemento

¿Cómo es eso de vivir en función de un solo propósito? ¿A qué se refiere y como hacerlo de manera práctica?

Imagina alguien que practica un deporte, por ejemplo el tenis. Y que se lo toma en serio de modo profesional. Esa persona empieza, en cierto sentido, a vivir para y por el tenis. Todo lo que hace está orientado en función de eso. ¿Qué alimentos ingiere? Los que potencian su rendimiento físico y descarta aquellos que le perjudican. Su descanso se programa según los torneos y los horarios en los que jugará. Sus actividades de entrenamiento y hasta las recreativas se verán condicionadas por el calendario de partidos. Es decir, todo se adecúa a su prioridad de vida que es su carrera deportiva.

O toma el caso de un banquero ambicioso. Todas sus actividades buscan incrementar el capital de su banca, cada inversión que realiza, los préstamos que brinda y todo emprendimiento va a lo mismo y seguramente la mayoría de sus pensamientos giran en torno al tema.

En el caso de quienes queremos vivir en la percepción de la presencia de Dios; afincarnos en un estado de oración incesante del corazón o adecuar nuestro cotidiano a la enseñanza evangélica; según como quieras formular el propósito o sentido de tu vida, es algo similar. Tiene semejanza en cuanto al grado de dedicación y atención que se necesita. Todo lo que haces debe realizarse según aquello a lo que aspiras y debe descartarse todo lo que pueda alejarte o hacerte las cosas más difíciles. Y eso involucra sin duda todos los momentos de tu día a día. Pero, antes que nada, es preciso consagrarse interiormente a ese propósito y esto debe surgir de un apasionado deseo o amor por el objeto de nuestra búsqueda.

Uno puede ver que el gran atleta deportivo antes de sus logros y conquistas, ha hecho un largo camino de entrenamiento que a veces a involucrado grandes esfuerzos y tareas. Y ha sido guiado por el apetito de gloria o por un gusto muy grande por el deporte que practica y la competencia. En la cancha se siente en su elemento. Encontrar la gracia de Dios en el corazón o hacer una realidad perceptible aquello de que en Dios somos, nos movemos y existimos… o ser a consciencia discípulos de Cristo, requiere una intencionalidad profunda. Desatender los pensamientos divagatorios y volver una y otra vez al momento en el que estamos, o poner lo mejor en lo que sea que estemos haciendo o volver a llevar la mente hacia la oración que se ha elegido, requiere de gran determinación. La atención vigilante es entonces nuestro elemento.

Sin embargo esta atención debe ser distensa. Estar atentos debe llegar a ser un descanso, un ser y estar sin esfuerzo. Es preciso darnos cuenta que el seguimiento de la propia vocación es fundamental para alinearnos con la voluntad de Dios. Si te atrae un tipo de oración o espiritualidad has de consagrarte a ella con todo lo que tienes, sin dejarte nada en el camino. Allí aparece entonces claro tu propósito que aunque se imagine en el futuro ya es ahora mismo, en cada movimiento que haces. Así, los talentos que te han sido dados comienzan a desplegarse…

¿Cómo es eso de que el futuro es ahora? Si busco algo estoy tendido hacia un momento que no es presente…

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Enlaces de hoy:

Homilía del domingo

¿Quién es mi madre y mis hermanos?

Dóciles en Sus manos

De dos recursos espirituales que pueden aprovechar a los principiantes en la contemplación. Te hablaré también un poco sobre dos técnicas para dominar las distracciones. Pruébalas y mejóralas si puedes.

«Cuando te sientas molestado por pensamientos impertinentes, trata de no enterarte de su presencia ni de como se han colado entre ti y tu Dios. Mira más allá de ellos -por encima de sus hombros, como si dijéramos- como si estuvieras contemplando algo distinto, como así es en verdad. Pues más allá de ellos está oculto Dios en la oscura nube del no-saber. Haz esto y estate seguro de que pronto te sentirás aliviado de la angustia que te producen. Te puedo garantizar la ortodoxia de esta técnica, porque en realidad significa un anhelo hacia Dios, un ansia de verlo y gustarlo en cuanto es posible en esta vida. Y un deseo como este ya es amor, que siempre trae paz.

Existe otra estrategia que deberías intentar también. Cuando te sientas totalmente exhausto de luchar contra tus pensamientos, dite a ti mismo: «Es inútil luchar más con ellos», y después ríndete a sus pies como un cobarde o cautivo. Pues, al hacer esto, te encomiendas a Dios en medio de tus enemigos y admites la radical impotencia de tu naturaleza. Te aconsejo que recuerdes esta estratagema particular, pues al emplearla te haces completamente dócil en las manos de Dios. Y ciertamente, cuando esta actitud es auténtica, equivale a un autoconocimiento, ya que te ves a ti mismo como realmente eres, una miserable y corrompida criatura, menos que nada sin Dios. Es, en realidad, una humildad experiencial.

Cuando Dios te ve apoyado sólo en esta verdad, no puede menos que apresurarse a ayudarte desquitándose en tus enemigos. Luego como padre que corre a rescatar a su hijo pequeño de las mandíbulas del jabalí o de los osos salvajes, te cogerá y te estrechará en sus brazos, enjugando tiernamente tus lágrimas espirituales.»

Capítulo 32 de «La Nube del No Saber»

Aquí debajo la lista de audios de «La Nube…» del 1 al 35 (Seguimos agregando los días siguientes)

La oración y la contemplación en la vida del monje (Audio)

Invitación a encuentro de oración (Oficio breve de la oración de Jesús)

El aburrimiento

¿Qué es el aburrimiento, ese tedio o abulia que suele agarrarnos y donde todo nos parece monótono y perdemos la motivación?

El aburrimiento es el estado de ánimo que se impone cuando vivimos desde la memoria. Es decir, no miro sino que proyecto lo ya visto; no escucho sino que proyecto lo ya escuchado… es una simulación que se nos produce debido a un funcionamiento erróneo de la mente. Creemos vivir momentos nuevos que nos aburren cuando en verdad re-vivimos una especie de relato interior que habla desde la memoria.

No lo entiendo bien, ¿Podría explicarlo mejor?

Cada momento es irrepetible; lo que ocurre es siempre nuevo y trae significados e indicadores nuevos. Sin embargo la mente lo da por supuesto, por ya conocido, debido a que parece similar a otros momentos anteriores. Es como un relato, una voz en off que se va repitiendo mientras vivimos, sin que nos demos cuenta. Este relato dice algo así: «Ya sé lo que voy a sentir haciendo esto; ya sé lo que esa persona va a decir o hacer; esto es lo mismo de siempre y mañana será también lo mismo; ya sé lo que va a pasar con esto otro…» etc. etc.

Este dar por sentado pone un velo sobre los sentidos y en ese velo se proyecta la elaboración que hizo la memoria de los hechos ya ocurridos. El aburrimiento no deriva de lo que está pasando sino de una cierta anestesia de los propios sentidos y esto a raíz de un permanecer a la deriva en medio de las divagaciones, del murmullo constante de los pensamientos. Esto adormece, nos quita capacidad de percibir, de realmente estar entre las cosas y en el mundo. Es lo que solemos llamar cultura del «como si». Como si fuera que te escucho, como si fuera que estoy haciendo esto, como si fuera que estoy realmente vivo y viviendo la vida que tengo. Es como si estuviéramos fuera de fase, desalineados respecto de lo que es en cada instante.

¿Por qué nos pasa esto?

Debido a que la mente siempre está integrando lo que ya pasó (haciendo digestión de las vivencias) o imaginando lo que podría pasar; (especulando sobre como utilizar los elementos de que dispone en su beneficio) y como nosotros vivimos identificados con la vida de la mente, (como si los pensamientos fueran voluntarios y nuestra propia voz) nunca estamos donde estamos. Para verificar esto basta al final del día con sentarse un momento e intentar recordar el día. Y uno se sorprende de lo poco que recuerda. Esto es a raíz de que estuve «durmiendo» mientras estaba en medio de las actividades. Recuerdas que fuiste a la compra y que luego comiste… pero de eso ¿Qué y cuanto recuerdas? Por supuesto no porque haya que andar recordando lo vivido sino para tener una muestra de cuánto sonambulismo hay en nuestra jornada.

Nos ayudará revisar nuestras prioridades. Aprender a estar verdaderamente atentos es un modo de ser y estar que nos cambia por completo la vida. Se transforma la vida física, la mental y la percepción del mundo espiritual…

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La imagen fue extraída de Langosta literaria

Enlaces de hoy:

Tradicionalismo, progresismo y espiritualidad

Estrújame Jesús

El lenguaje de Dios

¡Gracias Inés por las fotos!

¿Dónde está Dios? Se me hace tan difícil percibirlo en la vida cotidiana… y más cuando empieza una semana, muchas veces lamento la carga de tareas que se me vienen encima y todo lo que tengo que hacer.

Ese deseo de encontrar a Dios, es la gracia actuando en ti. Ya cuando te das cuenta de que todo se ha hecho un fardo pesado que cargar y surge la lamentación, ese deseo de que la vida fuera distinta o que pudieras vivirla desde otra actitud… eso es Dios en ti que se manifiesta. A la sagrada presencia se la puede percibir «afuera» por así decir; como belleza, armonía, ternura, tempestad, sincronías, encuentros y en casi todos los hechos de la vida.

Pero solemos desatender también su presencia como los movimientos íntimos del corazón. Tu ves la casa hecha un desastre y algo en ti desea que estuviera ordenada y limpia. Ese deseo es gracia. Ves a alguien sufriendo o a ti misma en angustia y aparece un clamor interno de que las cosas fueran distintas. Es Dios que te habla y te incita a responder a la situación. Todo se ha puesto gris y aburrido y anhelas el entusiasmo y el fervor, el gusto por la vida… he ahí al Espíritu que te recuerda la actitud necesaria.

Recuerda que muchas sensaciones negativas o sufrientes son un indicador, una señal de una posición incorrecta en tu alma. Hay que aprovechar la angustia, el aburrimiento, la desazón o el agobio como síntomas de un padecimiento espiritual y entonces podemos resolver la raíz y no solo apaciguar los síntomas adormeciéndonos de distintos modos. Por ejemplo: tenemos una actividad que no nos agrada mucho por delante, puede ser que la realizamos sin considerar lo útil que es para los demás que nos rodean, la estamos haciendo como en un «para nosotros mismos» y eso suele quitar el gozo de la acción.

O muchas veces abordamos lo por hacer como cargas o responsabilidades de la vida en lugar de tomarlas como la tarea que Dios nos pide para continuar desarrollando la Creación. A la vez, olvidamos que es mediante el desempeño en lo que nos va tocando como nuestro espíritu crece, se fortalece y se hace a semejanza de Dios. Nada de lo que nos ocurre deriva del azar. Lo que llamamos casualidad o azar de los hechos es providencia ignorada. No hemos aprendido el lenguaje de Dios en los acontecimientos. Todo es sagrado y nosotros lo leemos en clave profana, ahí tenemos el problema. Nuestro espíritu dormita y dejamos al mando a la mente frenética y al cuerpo anhelante.

¿Y entonces que hacer?

Escuchar los mejores deseos, eso que nos dicta el corazón en cada situación. Todos sabemos lo que sería obrar bien en cada momento si atendemos un poco. Cuando nos disponemos a actuar en la dirección correcta, aunque pueda ser difícil, la gracia fluye como una potente cascada, porque nos hemos alineado con el plan de Dios. Con eso que Él tiene previsto para nosotros desde antes que existiera el tiempo…

Es continuación del post «¿Qué es la ansiedad?«

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Enlaces de hoy:

El glosario de Filocalía en audio

Invitación a encuentro virtual de oración

El fuego sagrado

Grafía de «El Peregrino ruso»

El Papa ha pronunciado este miércoles la penúltima de las catequesis que pronunciará sobre la oración durante la Audiencia General, y en esta ocasión ha querido centrarse en la “perseverancia al rezar”.

Para ello, empezó citando un clásico sobre la oración. “El itinerario espiritual del Peregrino ruso empieza cuando se encuentra con una frase de san Pablo en la primera carta a los Tesalonicenses: ‘Orad constantemente. En todo dad gracias’ (5,17-18). La palabra del Apóstol toca a ese hombre y él se pregunta cómo es posible rezar sin interrupción, dado que nuestra vida está fragmentada en muchos momentos diferentes, que no siempre hacen posible la concentración. De este interrogante empieza su búsqueda, que lo conducirá a descubrir la llamada oración del corazón. Esta consiste en repetir con fe: “¡Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí pecador!’”.

Francisco recordó que aquella era “una oración sencilla, pero muy bonita. Una oración que, poco a poco, se adapta al ritmo de la respiración y se extiende a toda la jornada. De hecho, la respiración no cesa nunca, ni siquiera mientras dormimos; y la oración es la respiración de la vida”. De este modo, el Santo Padre recalcó que el Catecismo ofrece “citas bellísimas” para ayudar a “custodiar siempre un estado de oración”.

“Afirma el monje Evagrio Póntico: ‘No nos ha sido prescrito trabajar, vigilar y ayunar constantemente —no, esto no se nos ha pedido— pero sí tenemos una ley que nos manda orar sin cesar’ (n. 2742). El corazón en oración. Hay por tanto un ardor en la vida cristiana, que nunca debe faltar. Es un poco como ese fuego sagrado que se custodiaba en los templos antiguos, que ardía sin interrupción y que los sacerdotes tenían la tarea de mantener alimentado. Así es: debe haber un fuego sagrado también en nosotros, que arda en continuación y que nada pueda apagar. Y no es fácil, pero debe ser así”, indicó el Papa en la catequesis.

Por su parte, San Juan Crisóstomo afirmaba: “Conviene que el hombre ore atentamente, bien estando en la plaza o mientras da un paseo: igualmente el que está sentado ante su mesa de trabajo o el que dedica su tiempo a otras labores, que levante su alma a Dios… Por tanto, -insiste Francisco- “la oración es una especie de pentagrama musical, donde nosotros colocamos la melodía de nuestra vida. No es contraria a la laboriosidad cotidiana, no entra en contradicción con las muchas pequeñas obligaciones y encuentros, si acaso es el lugar donde toda acción encuentra su sentido, su porqué y su paz…”

Por ello, antes de concluir, Francisco animó a repetir durante el día esta sencilla oración: “Señor Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí pecador”.

Lee el texto completo en «Religión en libertad»

Queridas hermanas/os, un día 9 de junio como hoy pero del año 2009, se hacía la primera publicación en «Hesiquía» blog, hoy centralizado en este blog, pero que continúa activo periódicamente como complemento de lo aquí publicado. Damos gracias a Dios por aquel impulso inicial y a todos aquellos que a lo largo del tiempo han alentado y ayudado de muy diferentes maneras. Nos alegra mucho que desde la cabeza de la Iglesia se aliente la práctica de la oración de Jesús; un gran regalo del Espíritu para todos los cristianos sin distinción. Un abrazo fraterno agradecido, invocando el Santo Nombre de Jesús.

Te mudarás en mí

¡Gracias Inés por la foto!

«San Agustín nos ayuda a comprender la dinámica de la comunión eucarística cuando hace referencia a una especie de visión que tuvo, en la cual Jesús le dijo: «Manjar soy de grandes: crece y me comerás. Ni tú me mudarás en ti como al manjar de tu carne, sino tú te mudarás en mí» (Confesiones VII, 10, 18).

Por eso, mientras que el alimento corporal es asimilado por nuestro organismo y contribuye a su sustento, en el caso de la Eucaristía se trata de un Pan diferente: no somos nosotros quienes lo asimilamos, sino él nos asimila a sí, para llegar de este modo a ser como Jesucristo, miembros de su cuerpo, una cosa sola con él. Esta transformación es decisiva. Precisamente porque es Cristo quien, en la comunión eucarística, nos transforma en él; nuestra individualidad, en este encuentro, se abre, se libera de su egocentrismo y se inserta en la Persona de Jesús, que a su vez está inmersa en la comunión trinitaria.

De este modo, la Eucaristía, mientras nos une a Cristo, nos abre también a los demás, nos hace miembros los unos de los otros: ya no estamos divididos, sino que somos uno en él. La comunión eucarística me une a la persona que tengo a mi lado, y con la cual tal vez ni siquiera tengo una buena relación, y también a los hermanos lejanos, en todas las partes del mundo»…

No hay nada de mágico en el cristianismo. No hay atajos, sino que todo pasa a través de la lógica humilde y paciente del grano de trigo que muere para dar vida, la lógica de la fe que mueve montañas con la fuerza apacible de Dios. Por esto Dios quiere seguir renovando a la humanidad, la historia y el cosmos a través de esta cadena de transformaciones, de la cual la Eucaristía es el sacramento…»

Benedicto XVI en la homilía de Corpus Christi de 2011

Enlaces de hoy:

Domingo del Corpus Christi

Del cuerpo místico de Cristo

La hora de la mística

Encuentro virtual con el Padre Pablo D´ors – 58° Clase de Filocalía –

Agradecemos al padre Pablo su disposición a encontrarse con nosotros y el regalo que la gracia nos hace a través de sus palabras.

Haz click aquí para ver el encuentro con otra vista de cámara

Amigos del desierto

Monacato secular Tabor

¿Qué es la ansiedad?

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¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una sensación corporal que viene a ser traducción de una creencia. Esta creencia es de origen mental y dice así: «Lo que ocurra depende de mí». Cuando nos vamos dando cuenta de que, en realidad, todo depende de la voluntad divina, la ansiedad disminuye por si sola. Mientras más me abandono a la voluntad divina menos ansiedad. Las pre-ocupaciones mentales ceden y las tensiones corporales van desapareciendo.

¿Cómo se hace para encontrar la actitud de entrega a la voluntad de Dios?

La actitud surge y se instala por si sola a medida que observamos los hechos de la vida con atención. Si miramos bien percibimos como todo obedece a factores que no dependen de nosotros. Todos esos elementos reunidos son la manifestación del designio divino. Es solo un tomar consciencia. La órbita del planeta, el clima meteorológico, las nubes y los vientos, la política de tu país, el surgimiento de una pandemia, los autos por la calle, las personas que te cruzas, los latidos de tu corazón y la respiración… el fallecimiento o el nacimiento de un ser querido etc., todo ello está sostenido en Él.

¿Qué depende de mí?

Estar atentos a lo sagrado en la vida cotidiana y ejecutar lo que nos toca con la mayor impecabilidad posible. Todo es sagrado y forma parte de una liturgia cósmica. Sin embargo hay observaciones que nos facilitan sintonizar con esa corriente. Atender a la belleza en las situaciones aparentemente triviales, a la bondad inherente en ciertas relaciones, al agradecimiento que nace en el corazón cuando miramos a quién amamos, no olvidar lo que de verdad buscamos detrás de todo lo que hacemos… eso ayuda, nos va abriendo los sentidos espirituales.

Pero esto está muy lejos de mi vida en cada momento. No tiene nada que ver con lo que vivo.

Esa mirada que ya advirtió la sensación de aparente lejanía entre lo dicho y tu propia vida, es la puerta a lo sacro. No se le encuentra sentido a la vida sino desde una mirada espiritual. Materialmente vista es un absurdo: Nacer, crecer, luchar, envejecer, enfermar y morir no lo puedes significar. En cambio cuando te descubres espíritu inmaterial o cuando empiezas a vislumbrar a Cristo en el corazón todo cambia. Todo empieza a rezumar significado, se adivina una armonía detrás de lo aparente. Ese ordenamiento que entreteje lo que ocurre te enamora y ya no buscas otra cosa…

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Hoy dos enlaces:

Audio de los escritos de Macario, el Egipcio

En todas partes…

El icono de «La Trinidad» del Antiguo TestamentoGalería Tretiakov de Moscú.

«Me hicieron la siguiente pregunta: Que algunas personas se aislaban rigurosamente de los hombres y les gustaba estar siempre solos y de ahí provenía su paz así como del hecho de que se hallaban en la iglesia ¿si esto era lo mejor? Entonces dije: «¡No!» y ¡presta atención porque [no es así]! Quien está bien encaminado en medio de la verdad, se siente a gusto en todos los lugares y con todas las personas. Mas, quien anda mal, se siente mal en todos los lugares y entre todas las personas. Pero aquel que anda por buen camino, en verdad lleva consigo a Dios. Mas, aquel que bien [y] en verdad posee a Dios, lo tiene en todos los lugares y en la calle y en medio de toda la gente exactamente lo mismo que en la iglesia o en el desierto o en la celda; con tal de que lo tenga en verdad y solamente a Él, nadie podrá estorbar a semejante hombre.

¿Por qué? Porque posee únicamente a Dios y pone sus miras sólo en Dios, y todas las cosas se le convierten en puro Dios. Semejante hombre lleva consigo a Dios en todas sus obras y en todos los lugares, y todas las obras de este hombre las opera sólo Dios; pues, la obra pertenece más propia y verdaderamente a quien es causa de ella que a quien la ejecuta. Si concentramos, pues, nuestra vista pura y exclusivamente en Dios, Él, en verdad, habrá de hacer nuestras obras y nadie, ni la muchedumbre ni el lugar, son capaces de detenerlo en sus obras. Resulta, pues, que a tal hombre nadie lo puede estorbar porque no ambiciona ni busca ni le gusta nada fuera de Dios; porque Él se une con el hombre en todas sus aspiraciones. Y así como ninguna multiplicidad lo puede distraer a Dios, así nada puede distraer ni diversificar a este hombre ya que es uno solo en lo Uno, donde toda multiplicidad es una sola cosa y una no-multiplicidad.

El hombre debe aprehender a Dios en todas las cosas y ha de acostumbrar a su ánimo a tener siempre presente a Dios en ese ánimo y en su disposición y en su amor. Observa cuál es tu disposición hacia Dios cuando te encuentras en la iglesia o en la celda: esta misma disposición consérvala y llévala contigo en medio de la muchedumbre y de la intranquilidad y de la desigualdad. Y cuando se habla de igualdad no se afirma que todas las obras o todos los lugares o toda la gente tengan que considerarse como iguales. Esto sería un gran error, porque rezar es una obra mejor que hilar y la iglesia es un lugar más digno que la calle. Debes conservar, empero, en todas tus obras un ánimo y una confianza y un amor hacia Dios y una seriedad siempre iguales. A fe mía, si estuvieras así equilibrado, nadie te impediría tener presente a tu Dios…».

«Del desasimiento y de la posesión de Dios» del MAESTRO ECKHART

Enlaces de hoy:

Domingo de la Santísima Trinidad

57° Clase de Filocalía – «La escalera del conocimiento»

La acción de la gracia lo abraza todo

«Ante el nacimiento de la vida interior, ante la manifestación sensible de la acción de la gracia y de la unión con Dios, es frecuente que el hombre actúe todavía por su propia iniciativa, en tanto que sus fuerzas se lo permiten. Pero cuando está agotado por el fracaso de sus esfuerzos, renuncia finalmente a su propia actividad y se abandona con todo su corazón a la acción todopoderosa de la gracia. Entonces el Señor lo visita en su misericordia y enciende la llama de la vida espiritual; aprende por su propia experiencia que no son sus esfuerzos los que realizaron en él esta gran transformación; por otra parte, las retiradas más menos frecuentes de la gracia le enseñan que el mantenimiento de esa llama de vida no depende ya de él.

La aparición frecuente de buenos pensamientos y de buenas inspiraciones, su invasión por el espíritu de oración, que viene no se sabe de dónde ni cómo, todo esto lo convence, por experiencia, de que todo ese bien no es posible para él más que por la acción de la gracia divina, siempre presente por la misericordia de Dios, que salva a todos aquéllos que buscan la salvación. El se da al Señor y solo el Señor actúa en él. La experiencia le muestra que no tiene éxito más que cuando se entrega enteramente a Dios. Entonces, ya no vuelve hacia atrás, sino preserva esa gracia por todos los medios posibles.

Los amantes de teorías están muy preocupados por la cuestión de las relaciones entre la gracia y la libertad. Para cualquiera que posea en sí la gracia, la cuestión está resuelta por la experiencia práctica. Aquél que lleva la gracia en su corazón, se abandona íntegramente a la acción de la gracia y es la gracia la que actúa por él. Esta verdad es más evidente para él que cualquier verdad matemática y que cualquier otra experiencia de la vida exterior, porque ha cesado de vivir en la superficie de sí mismo y está enteramente concentrado en el interior. No hay más que una sola preocupación: ser siempre fiel a la gracia que está en él.

La infidelidad ofende a la gracia, hace que ella se aleje o reduzca su acción. El hombre testimonia su fidelidad a la gracia —o al Señor— no permitiéndose nada, ya sea pensamiento, sentimiento, acción o palabra, que sea contraria a la voluntad del Señor. Por el contrario, no desdeña ninguna obra, ninguna empresa, desde que sabe que Dios quiere que la cumpla, discerniendo esta voluntad según las circunstancias y las indicaciones que provienen de sus deseos y movimientos interiores. Esto exige a veces muchos esfuerzos, de renunciamiento de sí mismo y de resistencia a sus instintos, pero él es feliz de sacrificarlo todo al Señor pues, después de cada uno de estos sacrificios, recibe una recompensa interior: la paz, la alegría y un espíritu de oración más audazmente confiado.

Esa fidelidad a la gracia, que va a la par con la oración (la cual, en ese estadio, es continua), hace que el don de la gracia crezca en fervor y en calor. Cuando se enciende un fuego es necesario que el movimiento del aire mantenga la llama y la fortifique. Igualmente, cuando el fuego de la gracia está encendido en el corazón, la oración es necesaria, pues actúa corno una corriente de aire espiritual en el corazón. ¿Qué es esta oración?. Es el incesante movimiento del intelecto hacia el Señor en el corazón, es permanecer constantemente en presencia de Dios, con el intelecto en el corazón, ya sea que esté acompañado o no de oración vocal, pero con sentimientos de devoción, de abandono y de arrepentimiento en el corazón.

Es esta actividad, esta disposición del intelecto, lo que constituye el mejor medio para conservar el calor del corazón y todo el orden interior, para dispersar los pensamientos y las actividades malas o simplemente inútiles y para fortificar los buenos pensamientos y las buenas empresas. Los pensamientos y las intenciones buenas vienen; el hombre se hunde más en la oración, y entonces, según esas intenciones se fortifiquen o debiliten, sabe si ellas son agradables o no a Dios. Cuando vienen los malos pensamientos, cuando algo comienza a turbarlo, se hunde nuevamente en la oración sin prestar atención a lo que pasa en él, y los pensamientos turbadores se desvanecen.

De esta manera, la oración interior se establece en él como la principal fuerza que conduce y regula la vida espiritual. Es necesario no sorprenderse si todas las instrucciones de los Santos Padres tienden principalmente a enseñarnos a orar interiormente».

Extraído de pags. 118/119 en «El arte de la oración» de Teófano, el Recluso – Ed. Lumen

Dos recomendaciones:

Libres de temor

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Pentecostés

«La presencia del Espíritu enardece el corazón y lo colma de entusiasmo, de dulzura, de gozo inenarrable. Nuestros autores no se cansan de insistir en este punto, revelándonos a menudo su propia experiencia. Así, Ammonas promete a sus discípulos para cuando reciban al Espíritu Santo: «Estaréis libre de todo temor y se apoderará de vosotros un gozo celestial, de manera que, permaneciendo aún en el cuerpo, seréis como si ya hubierais sido transportados al reino».

Y Macario no sabe cómo expresar la felicidad y el gozo interior, y apela a diferentes imágenes tomadas de los placeres más espléndidos de la vida humana: un banquete real, una boda. Y señala a continuación como uno de los frutos más estimados del Espíritu, esto es, la perfección de la gnosis, la iluminación (photismós), cuando añade: «Otras veces, la gracia lo introduce en el conocimiento de misterios que ninguna lengua ni ninguna boca puede expresar, dándole una clarividencia, una sabiduría, una ciencia del Espíritu inefables e insondables».

Y en otro pasaje escribe el Santo: «Noche y día estoy rogando para que la fuerza divina crezca en vosotros y os revele los mayores misterios de la divinidad, que no me es fácil pronunciar con la lengua, porque son grandes, y no son de este mundo, y no se revelan sino a quienes limpiaron su corazón de toda mancha y de toda la vanidad de este siglo, y a aquellos que tomaron sus cruces y aun fortificaron sus almas y fueron obedientes a Dios en todas las cosas».

La acción del Espíritu transforma profundamente al «hombre interior». Lo diviniza, lo deifica. El «hombre espiritual» es la réplica cristiana del «hombre divino», el imposible ideal pagano, soñado a la vez por el pueblo y la minoría de los filósofos. En el «espiritual» cristiano se transparenta una semejanza con Dios muy superior a la imagen inscrita en la humana naturaleza cuando fue creada. El mismo «hombre exterior» refleja esta profunda transformación bajo la acción del Espíritu, como lo comprobaba San Antonio: «Todo el cuerpo es transformado y se somete al poder del Espíritu. Y pienso que se le concede ya alguna parte del cuerpo espiritual que recibirá en la resurrección de los justos»…»

de pags. 671/2 en «El bautismo del Espíritu Santo», en «Historia del monacato primitivo» de García Colombás.

Enlaces de hoy:

Distracciones, sequedad y acedia

Homilía dominical del Padre José

Cristología interior

Encuentro virtual con el Padre Javier Melloni SJ – 56° Clase de Filocalía –

Agradecemos al padre Javier su disposición a encontrarse con nosotros y el regalo que la gracia nos hace a través de sus palabras. ¡Un profundo y luminoso Pentecostés para todos!

La Cueva, lugar de peregrinación y culto

El Centro internacional de Espiritualidad

Conectarnos con la Presencia

«La verdad que nos libera es saber que no procedemos del capricho de la nada, del azar o de la necesidad, sino de una Fuente indecible de amor, permanente y continua, que Jesús experimentó manando de una profundidad que llamó Abbá. Saber que procedemos de tal Origen nos abre a una confianza y a una libertad siempre por inaugurar. De esta verdad brota libertad porque nos revela que la existencia es puro don dado para dar. Lo que nos impide ser libres es el temor a perdernos.

Vivimos aferrados a todo sin saberlo, en estado de shock. Si descubrimos que la existencia es don, no hay nada que podamos perder, porque nunca lo hemos tenido. Sólo somos sus depositarios. Vivir así nos libera. Pero esta verdad, que es libertad, es difícil de alcanzar y está pendiente de ser desplegada en sus múltiples ámbitos y matices: en los complejos enredos con nosotros mismos, en nuestras relaciones de dominación o de dependencia de los demás, en el significado que damos a nuestras creencias y en los códigos de comportamiento que hemos aprendido para contenernos, creando identidades tanto personales como colectivas en las que quedamos constreñidos. Con frecuencia quedamos atrapados en todo ello en lugar de ser alas que nos impulsen a alcanzar mayores horizontes.

La capacidad liberadora de la verdad consiste en conectarnos con la Presencia que da consistencia a cada momento, posibilitando que alcancemos el núcleo de cada situación, persona y cosa sin aferrarnos a ellas. Cuando estamos arraigados en lo real, podemos fluir y co-crear. En cambio, la inautenticidad hace que vivamos en un mundo falso en el que nos replegamos para defendernos por temor a la pérdida…

No podemos apropiarnos de la vida. No podemos arrancarla. Sólo la podemos recibir. En Getsemaní, el Hijo del hombre renuncia a su pulsión de apropiación —hacer su voluntad a toda costa— para entregarse a una Voluntad que le sostiene. Getsemaní está a las puertas de Jerusalén, ciudad de la paz, puerta del Paraíso para la tradición hebrea. Para pasar por ella hay que ceder a la propia voluntad de afirmación y renunciar a toda forma de arrebatamiento: «No vine a hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado» (Jn 5,30); «el que me envió está siempre conmigo, porque yo hago siempre lo que es de su agrado» (Jn 8,29)…

Como cristianos, exclamamos: «¡Ven, Señor Jesús!» (Ap 22,20). Y él nos responde: «Yo vengo en la medida en que vosotros venís a mí». Nuestro venir a él pasa por vivir del modo como él vivió, dejando que se siga encarnando en nosotros. Vamos hacia El-que-viene. Así se va gestando el Cristo interior y vamos siendo engendrados como prolongación suya en el desarrollo del cosmos y de la historia, acercando esos cielos nuevos y esa tierra nueva que laten en la calidad de nuestro existir.

Extractos del libro «El Cristo Interior» de Javier Melloni SJ

Enlaces de hoy:

El camino más fácil a la oración continua

Atizar el fuego

Serie sobre la oración VI

La oración de Jesús recitada vocalmente, de manera audible para uno mismo, es muy útil para enfocar la atención en ella y en cierto modo ponerse en «sintonía» orante. Sin embargo, una vez que uno se siente ya en estado de oración conviene seguir repitiéndola mentalmente. De otro modo puede suceder que mientras la boca repite la oración, la mente divague siguiendo otros pensamientos. Pero esto ha de alternarse según el momento de cada uno.

Como no es posible tener dos pensamientos al mismo tiempo, si uno puede llevar la atención hacia la repetición de la oración y seguir con el entendimiento las palabras de la frase elegida, las distracciones constantes de la mente no encuentran espacio para dilatarse en la forma de pensamientos. Seguirán apareciendo sin duda, pero al menos disminuirán mucho. Cuando la repetición de la oración de Jesús se hace junto al sentimiento ya todo cambia. Es decir, la repetición mental junto al sentimiento de devoción, compunción, amor o simplemente con el anhelo ferviente de búsqueda de Dios; modifica su cualidad, se hace más profunda y empieza a encarnarse y a descender hacia el corazón o el fondo del alma.

Después solo necesitas paciencia y perseverancia; todos los días regar el campo donde cultivas la oración. Así como alimentas tu cuerpo en diferentes horarios o limpias la casa un poco cada día o vas a comprar víveres con frecuencia; de igual manera debes volver a atizar el fuego de la oración hasta que se vuelve constante y cálido. Ese calor y esa luz abastecerán toda tu vida. Poco a poco te das cuenta que no necesitas nada más. O dicho de otro modo, que de allí surge sin interrupción todo lo que te haga falta, lo que es necesario y bueno para tu vida.

Más adelante por obra de la gracia sucede un hecho extraordinario: Orar ya no requiere esfuerzo sino al contrario. Igual que comer cuando estás hambriento no implica esfuerzo o inspirar luego de cada expiración es algo del todo natural, así mismo se vuelve de fácil y grata la oración. Para disponerse a orar y tomar la oración como la actividad más importante de la vida fue necesario antes que te dieras de bruces una y otra vez con tu voluntad personal. Uno ha de haberse convencido de que todo depende de la voluntad de Dios y de que no hay nada que ocurra si Él no lo quiere o lo permite. El fracaso de las expectativas personales es una gran ayuda para la oración. En verdad, no conozco gracia más grande…

elsantonombre.org

Enlaces de hoy:

Comunidad de Silencio y Oración Centrante de Rep. Dominicana invita: MARTES 18 Mayo
9:30-11:00 am hora Rep Dom – Tema: LOS DONES DEL ESPÍRITU por el
Padre Thomas Keating – Link directo a reunión: haz click Aquí

55° Clase de Filocalía

La cálida ternura

Icono extraído de «El visitante»

«Deben descender de la cabeza hasta su corazón. Por el momento, sus pensamientos están en su cabeza. Y parece que Dios está fuera de ustedes; también su oración y todos sus ejercicios espirituales permanecen en el exterior. En tanto que permanezcan en su cabeza, no podrán dominar sus pensamientos, que continuarán remolineando como la nieve con el viento del invierno o los mosquitos con el calor del verano…»

Teófano el Recluso

«Es esencial que en el momento de la oración el intelecto esté unido al espíritu y que reciten juntos la oración; pero en tanto el intelecto trabaja con las palabras, pronunciadas mentalmente o en voz alta, el espíritu ora por un sentimiento de cálida ternura o a través de lágrimas.

La unión de los dos es otorgada en el momento determinado por la gracia divina; pero, para el principiante, es suficiente con que el espíritu simpatice y obre con el intelecto. Si la atención es mantenida por el intelecto, el espíritu sentirá un verdadero calor y ternura. A veces, al espíritu se lo llama corazón, como a veces al intelecto se lo llama cabeza».

Obispo Ignacio

«Sublimidad de la oración interior» – Antología de autores espirituales – Pág. 92 y 98 – Editorial Lumen (2011)

La ascensión

Pinturas hesicastas

El lugar del corazón

«El tiempo de las búsquedas infructuosas termina por pasar y el feliz buscador encuentra lo que buscaba. Descubre el lugar del corazón y se instala allí con su intelecto, en presencia de Dios. Permanece ahí como un súbdito fiel ante su rey y recibe de este último el poder de gobernar su vida interior y exterior como le agrada a Dios. En ese momento, el reino de Dios ha entrado en él y comienza a manifestarse con su fuerza natural». (Pág. 71)

«Preserva la atención interior y la soledad del corazón. Que Dios te ayude a permanecer siempre así, pues es lo más importante en nuestra vida espiritual. Cuando la conciencia está en el corazón, el Señor también se encuentra allí. Entonces los dos se unen y la obra de salvación avanza con éxito. la entrada al corazón está cerrada a los malos pensamientos, a las impresiones y emociones mundanas. El nombre del Señor por sí mismo, dispersa todo lo que le es extraño y atrae todo lo que está emparentado con él. ¿Qué temes por encima de todo? La propia estima, la satisfacción por uno mismo, la fatuidad por uno mismo y todo lo que ronda en torno a uno mismo…» (Pag 98)

«Debemos trabajar sin prisa, intensificando nuestros esfuerzos progresivamente, de manera que no sobrepasemos nuestras fuerzas. Sino nuestro trabajo será como una pieza nueva sobre un vestido viejo. La decisión de emprender un esfuerzo ascético debe provenir del interior. A veces ocurre que un enfermo encuentra por intuición el remedio o el antídoto para su mal, porque siente un poderoso deseo de ello». (Pag.142)

Teófano el Recluso en «Sublimidad de la oración interior» – Colección Ichthys – Editorial Lumen – 2011

Enlaces de hoy:

Geografia mística

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«Del mismo modo, en la oración, la prueba de la aridez es la de la semilla que, antes de madurar y de dar frutos, debe podrirse y morir en la tierra. Semejante prueba forma parte obligatoriamente del aprendizaje siempre doloroso de lo que es la condición esencial para la oración, esto es, la humildad. Gracias a una comparación, totalmente “ecológica”, san Bernardo cantará las ventajas místicas de lo que él llama el “valle de la humildad”, que reconoce en las valles húmedos adonde a los cistercienses les gustaba establecerse, porque son el lugar fértil donde destellan las aguas que descienden a lo largo de los flancos escarpados de las montañas.

Ruusbroec, que le copiará la imagen, agregará otro rasgo a lo que alguien ha llamado la “geografía mística” de los cistercienses, un rasgo que es también muy ecológico. Él hace notar que las pendientes de un valle vuelven a enviar la luz del sol hacia el fondo y así redoblan su efecto: “Cuando el sol envía sus rayos a un valle profundo, situado entre dos montañas, y el astro se mantiene en el cenit del firmamento de modo que sus rayos alcanzan la depresión y el fondo del valle, ocurren allí tres cosas. El valle recibe más luz y la refleja mejor a causa de las montañas; se recalienta y es más fértil que la tierra llana de la planicie”.

Es un fenómeno análogo, considera, al que se produce en un corazón humilde que expone sus deseos no satisfechos ante Cristo, porque, frente a la humildad, la liberalidad de Dios no puede contenerse –afirma Ruusbroec–; ella debe fluir y derramarse casi como a pesar de sí. Y continúa: “Este valle que es el corazón humilde, recibe entonces tres cosas: es más iluminado e inundado de luz; es mejor recalentado por la caridad; se vuelve más fértil en virtudes perfectas y en buenas obras”.

Ya sea bajo la figura de la noche, del invierno o del valle, el hombre de oración se amolda así, no solamente a los ritmos exteriores de la naturaleza, a la sucesión de los días y de las estaciones, sino también a un dinamismo espiritual más profundo, a aquel que hace progresar el conjunto de la creación presente hacia su paso a la nueva creación. Ese paso es doloroso, y su dolor repercutirá en la oración…»

Extraído de «La vida de oración…» en «Cuadernos monásticos…»

Dos audios para hoy:

El guía de las almas

Óleo sobre tela – 50 x 70 cms. – Propio del blog –

De esta manera, el monje, desde su misma «conversión» hasta su muerte, se sentía sometido a la constante acción del Paráclito. Las cartas de San Antonio ya subrayan con fuerte realismo esta acción santificadora. «No penséis»—escribe el Santo a sus discípulos—«que ni vuestro ingreso ni vuestro progreso
en el servicio de Dios sea obra vuestra, sino de un poder divino que siempre os está asistiendo». El Espíritu Santo es quien los llama al combate, «fija el modo de la penitencia en los cuerpos y en las almas», les ilustra acerca de las pasiones y cómo vencerlas, les abre los ojos para que vean cómo la propia santificación es el fin de todo ascetismo. El es «el guía de las almas»; si el monje se deja conducir por él, alcanzará la victoria.

Los escritores del monacato primitivo coinciden asimismo cuando se trata de enseñar cómo prepararse para la recepción del Paráclito, la «fuerza de Dios», el «carisma máximo», el «don del Espíritu». Oigamos a San Ammonas: «Si queréis recibirlo, entregaos al trabajo del cuerpo [ = ascetismo corporal] y al trabajo del corazón [ = ascetismo espiritual]. Y dirigid vuestros pensamientos hacia el cielo noche y día, pidiendo de todo corazón el Espíritu Santo, y se os dará… Yo, que soy vuestro padre, rogaré por vosotros para que lo recibáis…»

Pero esto no será posible sin la perfecta pureza de corazón, sin la extinción completa del espíritu de vanagloria, sin la total abnegación de la propia voluntad y del propio juicio, sin mucho reposo, soledad y silencio en lo recóndito del desierto. «Purificarse de la fealdad adquirida por los vicios, escribe San Basilio, volver a la belleza de la naturaleza, restaurar, por así decirlo, la forma primitiva de la imagen real por la pureza: sólo mediante esta condición es posible acercarse al Paráclito». En una palabra, es necesario haber superado la empinada cuesta de la «vida práctica» tal como la exponen nuestros maestros. La gran ley para llegar a ser «espiritual» la formuló con clásico laconismo uno de los padres del yermo cuando dijo: «Da la sangre y recibe el Espíritu».

Sólo por el martirio de la praxis se obtiene esta calidad inapreciable. Para penetrar en el reino es preciso que preceda una muerte mística: «Si alguien pudiera, ya en esta vida, morir a causa de los trabajos [de la ascesis], se convertiría enteramente en la mansión del Espíritu.

Extraído de pags. 668/9 «El paraíso recobrado» dentro de «Historia del monacato primitivo» de G. Colombás

Enlaces de hoy:

Clase 54° de Filocalía – «La morada del corazón».

Clase 11° de Fenomenología – «La ira, las compulsiones, el testigo ecuánime y otros temas.


La espera de la aurora

«El hombre que no cree que cada día contiene una hora más temprana, más sagrada y rosada que la que él ya ha profanado, ha desesperado de la vida, y está avanzando por un camino descendente y oscuro. Luego de un paro parcial de su vida sensitiva, el alma de un hombre, o más bien sus órganos, se re-fortalecen cada día, y su genio de nuevo ensaya si puede hacer otra vida noble. Debiera decir que todos los sucesos memorables ocurren durante la mañana y en una atmósfera matutina…

Debemos aprender a volvernos a despertar, y a mantenernos despiertos, no con ayuda mecánica, sino por medio de una infinita espera de la aurora, que no nos abandone en nuestro sueño más profundo. No sé de un hecho que anime más que la incuestionable capacidad del hombre para elevar su vida gracias a un esfuerzo consciente. Es algo poder pintar un cuadro, o esculpir una estatua, y de esa forma hacer bellos unos pocos objetos, pero mucho más glorioso es esculpir y pintar la atmósfera a través de la cual miramos, cosa que podemos realizar moralmente. La más elevada de las artes consiste en alterar la calidad del día…

En la eternidad hay realmente algo verdadero y sublime, pero todos esos tiempos y lugares y ocasiones existen ahora y aquí. El mismo Dios culmina en el momento presente, y nunca, en el lapso de todas las edades, será más divino. Y podemos percibir todo lo que es sublime y noble tan sólo por la perpetua inspiración e instilación de la realidad que nos rodea…»

Extraído de «Walden o la vida en los bosques» de Henry David Thoreau

Invitación de Hno. Carlos:

𝗖𝗮𝘀𝗮 𝗱𝗲 𝗦𝗶𝗹𝗲𝗻𝗰𝗶𝗼 𝘆 𝗢𝗿𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗖𝗲𝗻𝘁𝗿𝗮𝗻𝘁𝗲
𝗥𝗲𝗽. 𝗗𝗼𝗺 invita:

RETIRO DE PENTECOSTES:
«Contemplando al Espíritu Santo en nuestro corazón»

𝗙𝗘𝗖𝗛𝗔 𝗬 𝗛𝗢𝗥𝗔𝗥𝗜𝗢: Sábado 22 mayo 9:30 am-1 pm y 5:30-8:00 pm Domingo 23 mayo, 9:30 am-1 pm
Hora Rep. Dominicana y Miami

POR ZOOM…Link directo a reunión…
https://us02web.zoom.us/j/6026775777?pwd=ZWw3MXpCZlRiSzltTUpXQmE2NHhUZz09

𝗜𝗻𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮𝗰𝗶ó𝗻
+1 8295211177 𝗔𝗺𝗲𝗹𝗶𝗮
𝗜𝗻𝘀𝗰𝗿𝗶𝗽𝗰𝗶ó𝗻
+1 8297500906 𝗠𝗮𝘆𝗿𝗲

Adquiere la inocencia

«Si un pensamiento te oprime, no te desalientes sopórtalo con valor diciendo: Todos me rodearon, pero yo en el nombre del Señor los rechacé (Sal 117,11). De improviso te llega el auxilio de Dios, los alejas de ti, Dios te protege y la gloria divina camina contigo, porque el coraje camina con el que es humilde y tú serás saciado como lo desea tu alma (Is 58,11). Los caminos de Dios son la humildad de corazón y la bondad. Pues está escrito: ¿A quién cuidaré sino al humilde y al pacífico? (Is 66,2). Si caminas por las sendas del Señor, él te custodiará , te dará fuerza, te colmará de ciencia y de sabiduría, pensara en ti en todo tiempo, te liberará del diablo y en tu muerte te dará la gracia en su paz»…

Adquiere la inocencia, sé como esas ovejas inocentes, que si se les quita la lana no dicen ni una palabra. No vayas de un lugar a otro diciendo: «Aquí o allá encontraré a Dios». Dios ha dicho: Yo lleno el cielo, Yo lleno la tierra (Jr 23,24). Y de nuevo: Si pasaras a través del agua, Yo estoy contigo (Is 43,2). Y: Los ríos no te sumergirán (Is 43,2). Debes saber, hijo mío, que Dios vive dentro de ti, para que permanezcas en su ley y en sus mandamientos…»

Del catecismo de San Pacomio

Dos retiros espirituales en los próximos días:

Retiro de preparación hacia Pentecostés

 Retiro «María, modelo de Fe». 7 días – Whatsapp aquí.

Cristo es aquí

Serie sobre la oración V

¡Gracias Hna. Bibiana por enviar la foto!

Tu redención es ahora mismo. No importa lo que ha pasado ni lo que vendrá; todo ello está en ti y reunido en este mismo punto, en el presente mismo. La acción del momento cambia los significados hacia el antes y el después. Tus gestos de hoy lo atraviesan todo, iluminan todo lo que has amado y purifican tus desamores. Cristo es aquí en el centro del corazón y sus latidos pugnan por hacerse gracia en movimiento.

Todo pensamiento acerca de ti, déjalo con ligereza, como se espanta una mosca repentina. Cualquier preocupación nos indica alguna soberbia, la de creernos capaces de alterar Su designio. Afincados en el deber del momento, concentrados en el mejor hacer posible, respiramos Su nombre, presentimos su cercanía. ¿Mi refugio? En el muy alto. Depositemos las prisas al amparo del Altísimo. Él sabe, Él ama; apenas velado en las cosas y las situaciones, no hace más que buscarnos.

elsantonombre.org

Enlaces de hoy:

La perfecta sinfonía

Evangelio del día

La obra del momento

La divinización de las actividades

Gracias Leonor por la foto de la paloma en su ermita..!

«… Dios, en lo que tiene de más viviente y de más encarnado, no se halla lejos de nosotros, fuera de la esfera tangible, sino que nos espera a cada instante en la acción, en la obra del momento. En cierto modo, se halla en la punta de mi pluma, de mi pico, de mi pincel, de mi aguja, de mi corazón y de mi pensamiento. Llevando hasta su última terminación natural el rasgo, el golpe, el punto en que me ocupa, aprehenderé el Fin último a que tiende mi profunda voluntad.

Semejante a esas temibles energías físicas que el Hombre llega a disciplinar hasta lograr que realicen prodigios de delicadeza, el enorme poder del atractivo divino se aplica a nuestros frágiles deseos, a nuestros microscópicos objetos, sin romper su punta. Esta potencia es exultante y, por tanto, no perturba ni ahoga nada. Es exultante; por tanto, introduce en nuestra vida espiritual un principio superior de unidad, cuyo efecto específico es, con arreglo al punto de vista que se adopte, santificar el esfuerzo humano o humanizar la vida cristiana…»

Extraido de Escritos esenciales de Pierre Teilhard de Chardin

Enlaces de hoy:

Epifanía

En la tormenta

Conocimiento de sí mismo

«No podemos confiar excesivamente en nosotros mismos porque con frecuencia nos falta la gracia y el criterio. Poca lucidez hay en nosotros y ésta, muy pronto por negligencia, la perdemos. Muchas veces se nos pasa inadvertido lo ciegos que estamos interiormente. Muchas veces actuamos mal y peor lo disculpamos. A veces nos motivan las pasiones y estimamos que es afán por servir a Dios. Reprendemos a los otros por pequeñeces y pasamos tranquilamente sobre nuestras grandes fallas. Pronto sentimos y ponderamos lo que tenemos que soportar de los demás y no nos damos cuenta de lo mucho que los otros nos soportan. Quien bien y justamente califica lo propio no encontrará nada grave de juzgar en el otro.

La persona atenta a su vida en Dios antepone su propia vigilancia a la de los demás. Y quien se reconoce a sí mismo con atención con facilidad prefiere callar lo que corresponde a otros. Nunca serás persona interior y consagrada a menos que silencies lo ajeno y te examines especialmente a ti mismo. Si te orientas totalmente hacia Dios y hacia ti mismo muy poco te moverá lo que percibas de fuera. ¿Dónde estás, cuando no estás presente a ti mismo?. Y cuando terminaste de recorrer todo, olvidado de ti, ¿Qué aprovechaste?. Si deseas tener paz y unión verdadera conviene que pospongas todo hasta aquí y tengas ojos solamente para ti…»

de «La imitación de Cristo» de Tomás de Kempis

Homilía dominical del Padre José Antonio

53° Clase de Filocalía – La necesidad de la humildad

Encuentro virtual

Queridas hermanas y hermanos, aquí les dejamos el vínculo al encuentro virtual de mañana Sábado 1° de Mayo, para quién desee conversar un rato; nos enfocaremos especialmente sobre lo tratado en la clase 52° de Filocalía o acerca del tema de la «No reacción» que publicamos ayer. Será si Dios quiere a las 15 horas de Argentina, 20 horas de España y equivalentes. Un abrazo fraterno, invocando el Santo Nombre de Jesús.

http://meet.google.com/yew-stip-dio

Enlaces de hoy:

Santa Catalina de Siena

Aceptación de la vida

Momentos de la oración

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«Hay momentos en que la oración surge con mucha facilidad. Como si nunca se fuera a ir. Como si siempre hubiera estado y fuera a estarlo por siempre. De pronto desaparece, forma como manchas de ausencia. Sabemos que está ahí, nada más desocuparnos volverá. Los días se vuelven lisos, resbalamos por ellos sin dejar huella.

Retornamos conscientemente a la oración y los días se hacen porosos, sin darnos cuenta, como si donde había un muro de cemento armado hubiera aparecido una pared ladrillos, con huecos para poner libros o macetas o donde se puede echar a dormitar un gato. Una pared donde la vida puede demorarse.

Y vuelve la demora, el sosiego. La oración, que se desenvuelve en el tiempo, nos regala esos huecos de eternidad, donde se instala la vida. Sin que notemos saltos o interrupciones, apenas un pozo aquí y allá donde las aguas se demoran y podemos dejarnos estar, sin nada que nos turbe».

Andrés Schmidt – Escritor – Practicante del Camino del Nombre.

Centro de Espiritualidad Ignaciana

La práctica de la «No-Reacción» 1° parte y 2° parte

La vida oculta en Dios

«Según San Gregorio el Magno, la vida contemplativa y la vida eterna no son dos cosas diferentes, sino una sola realidad; una es la aurora, la otra el mediodía. La vida contemplativa es el principio de la dicha eterna, su saboreo anticipado. Que la Reina del cielo nos conceda, pues, la gracia de comprender el estrecho vínculo que une esas dos vidas para vivir aquí abajo como si estuviéramos ya en el cielo.

Un alma interior es un alma que ha encontrado a Dios en el fondo de su corazón y que vive siempre con Él. Dios está en el fondo del alma, pero está allí escondido. La vida interior es como una eclosión de Dios en el alma. Mantengámonos en el centro de nuestra alma, en ese punto preciso desde el que podemos vigilar todos sus movimientos, para detenerlos o dirigirlos, según los casos. Vivamos o de Dios o para Dios, pero repitámonos que no se obra del todo para Dios sino cuando ya no se hace absolutamente nada para uno mismo. Se obra entonces porque Dios lo quiere, cuando Él quiere y como Él quiere, por estar siempre unidos en el fondo con Aquel de quien uno no es más que un dichoso instrumento.

… Elevaos hacia Dios constantemente. Dejad en tierra a la tierra. Vivid poco con los demás; menos todavía con vosotros mismos, pero lo más posible, si no en Dios, por lo menos cerca de Él. Cuando en el fondo de vuestra alma oigáis, dos voces contradictorias, conviene que escuchéis generalmente a la que habla más bajo. En todo caso, ésa es la que pide más sacrificios. ¡Y tiene tanto valor el sufrimiento bien entendido! Desliga y aproxima a Dios…»

Extraído de «La vida oculta en Dios» Robert de Langeac

En biblioteca de Cristianismo espiritual

Enlace de hoy:

Timete Deum

El corazón desierto

Cuando uno no sabe a dónde va… y eres como un ciego caminando a tientas…

Él te coge de la mano y te lleva.

Cuando el pensamiento está vacío… y el corazón está Desierto…

Es cuando dejas espacio libre para que Él cumpla en ti la Divinidad.

Es sólo en estado de inocencia… que Él te concede la Gracia.

Es sólo cuando ya no quieres nada y permaneces completamente vacío y desnudo…

que Él puede llenar tu corazón con su aliento… con su Amor.

Y… entonces te llega una gran Joya…

La Fe, la certeza, la confianza.

Monasterio de Vallbona, Lérida.1980 Eulalia Framis

Enlace de hoy:

Humildemente desde la debilidad

La calma posible

Serie sobre la oración IV

¿Qué vas a hacer hoy?

Pondré mi intención en hacer las cosas que tocan con la mayor calma posible. Buscaré cierta posición interior de confianza en la providencia. Cuando mi corazón se sitúa allí, todas las acciones son importantes, cobran significado aunque este permanezca sin formulación precisa. Los movimientos se vuelven tranquilos y armónicos. No me cuesta sentirme parte de una liturgia vital que se manifiesta en todos y en todas partes. Así da gusto vivir.

Pero hay dificultades, apremios, obligaciones, contratiempos… ¿Cómo hacer allí?

Dios quiere que lo encuentre en todo. ¿Puedes encontrarme en esto? ¿Y en esto otro? ¿Y también en esta situación particular? Su amor juega a las escondidas solo para que lo busque. Pretende que lo descubra también en la misma búsqueda. Quiero percibir su sagrada presencia en el día a día y a veces me doy cuenta de que ese «querer percibirlo» ya es Él mismo que me llama. Esta es una de las tantas formas de la oración.

elsantonombre.org

Enlaces:

San Rafael Arnaiz

Camino Cisterciense

El roce de la cercanía

«La oración está presente en todos los seres como un impulso hacia su fuente. En el reino del amor hay siempre un Tú por invocar, porque ese Tú es la condición misma de amar. Cuando el Amado se acerca, el amante desea que no se aproxime del todo para poder seguir yendo tras Él y seguir sintiendo el ardor que lo consume. Tal es el sentido de la oración  que todavía no es unión. Aunque vagamente lo desea, el «yo» no está maduro para morir.

La oración es posible porque hay dos. Cuando todo sea colmado, no habrá palabra ni hará falta oración porque todo estará repleto de Presenciación. Todavía no ha llegado el momento. Es el tiempo del gozo que produce el roce de la cercanía antes de que se consume la unión. Somos pasaje. No podemos ser si retenemos. Existimos como acto de donación de Quien comparte y cede su ser sin cesar. Nuestra existencia es pasar, dejarnos traspasar, convertirnos en oquedad, en umbrales por donde el Ser nos atraviese. La Fuente está siempre vertiéndose, derramándose por doquier.

Cuanta más apertura a la Apertura que nos origina, más crece la capacidad de ofrecernos. Nos hace partícipes de su condición. Lo que existe, existe como desbordamiento de la abundancia del Ser. Abiertos, nos damos en su darse. Tal es la paradoja de nuestro existir: Somos más cuanto más a través de nuestro vacío dejamos ser al Ser. El Ser es calmo y calma la sed. Cuando la criatura regresa, amansa su sed y queda anegada en lo que supera su capacidad de concebir y de comprender.

El vacío no se puede circunscribir, no es asible para el pensamiento capturador. Es plenitud porque colma los bordes del receptáculo. Desborda su razón de ser por aquello que contiene y no puede retener. No siendo es cuando más somos sin serlo, porque Dios tiene en nosotros la oportunidad de nacer. Lo que aparece en el término estaba en el origen, pero no lo sabíamos. Para eso venimos a la vida, para conocerlo, para experienciarlo en los diversos estratos de nuestro devenir…»

Javier Melloni sj

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El texto es una transcripción parcial del vídeo: «Sed de Ser» disponible aquí

IV Domingo de Pascua – Homilía Padre José

El velo de las pasiones

Serie sobre la oración III

¿Cómo hacer con las pasiones del cuerpo? Con ese apego a lo sensible, con los apetitos varios, con la avidez de lo corporal?

Hemos consentido al cuerpo desde siempre por imperativo cultural. Lo hemos considerado lo más importante y lo hemos sobreprotegido. Nos pusimos al servicio de nuestro cuerpo en vez de situarlo como herramienta al servicio del espíritu. De tal manera, hoy se ha transformado en un niño malcriado y caprichoso, que nos tiraniza y que cuando no consentimos se pone a chillar para doblegarnos. Hemos de reeducarlo con astucia e inteligencia. Con afecto pero con firmeza. Hemos de ir quitándole caprichos muy poco a poco, hasta que se conforme con lo necesario, con aquello que le hace bien, que lo hace sentirse mejor de verdad. Cuando al cuerpo le damos solo lo necesario deja de ser un velo que oculta la presencia de Dios. Pero hay que ser pacientes y humildes. Puede llevar años dependiendo de cuan oprimidos estemos bajo su yugo. De todos modos, cualquier esclavitud por pequeña que sea de la que te libres es un buen alimento que hace crecer al espíritu.

¿Qué es lo que más daña al cuerpo?

La inmoderación, en cualquier aspecto y la preocupación mental; que se manifiesta como múltiples tensiones contractivas que impiden el buen funcionamiento orgánico. Has de apreciarlo correctamente. Si odias tu cuerpo por la razón que sea, termina sintiéndose mal como una mascota a la que no damos cariño. El cuerpo está a tu servicio y no a la inversa. Cuando lo acostumbras a esto se siente bien porque así fue creado, como instrumento al servicio del espíritu que es tu verdadera esencia, el hijo de Dios inmaterial que vive en ti.

En síntesis, no le pidas al cuerpo que cumpla el papel de Dios. No podrá darte la plenitud que buscas y que solo la presencia divina puede dar. Utiliza una ascética inteligente y humilde sumada a una oración fervorosa en la forma que tu prefieras y verás que empieza a hacerse dócil y a servirte…

elsantonombre.org

Clase 52° de Filocalía – «El velo de las pasiones»

Filocalía de Editorial Lumen

El arte de la oración

INFINITAS VECES LA MISMA INVOCACIÓN

«El Santo Padre también señaló que, la primera oración humana es siempre una recitación vocal. En primer lugar, se mueven siempre los labios. Aunque como todos sabemos rezar no significa repetir palabras, sin embargo, la oración vocal es la más segura y siempre es posible ejercerla. Los sentimientos, sin embargo, aunque sean nobles, son siempre inciertos: van y vienen, nos abandonan y regresan. No solo eso, también las gracias de la oración son imprevisibles: en algún momento las consolaciones abundan, pero en los días más oscuros parecen evaporarse del todo. La oración del corazón es misteriosa y en ciertos momentos se ausenta. La oración de los labios, la que se susurra o se recita en coro, sin embargo, está siempre disponible, y es necesaria como el trabajo manual…

En este sentido, el Santo Padre afirmó que todos tenemos que aprender de la constancia de ese peregrino ruso, del que habla una célebre obra de espiritualidad, el cual aprendió el arte de la oración repitiendo infinitas veces la misma invocación: “¡Jesús, Cristo, Hijo de Dios, Señor, ten piedad de nosotros, pecadores!”. Si llegarán gracias en su vida, si la oración se hace un día suficientemente caliente como para percibir la presencia del Reino aquí en medio de nosotros, si su mirada se transforma hasta a ser como la de un niño, es porque ha insistido en la recitación de una sencilla jaculatoria cristiana. Al final, esta se convierte en parte de su respiración.

Por tanto, no debemos despreciar la oración vocal, concluyó el Papa Francisco, no es una cosa de niños o para la gente ignorante, no debemos caer en la soberbia de despreciar la oración vocal, ya que es una oración sencilla, nos la ha enseñado Jesús. Y sobre todo son las únicas, de forma segura, que dirigen a Dios las preguntas que Él quiere escuchar. Jesús no nos ha dejado en la niebla. Nos ha dicho: “¡Ustedes, cuando recen, digan así!”. Y ha enseñado la oración del Padre Nuestro…»

Extraído de Vatican News

Aquí el vídeo donde el Papa Francisco recomienda el Peregrino Ruso y la oración de Jesús

Los Salmos de hoy:

EL MURMULLO FILOCÁLICO

Vídeo anexo de Filocalía – Fin del primer módulo

«Un murmullo, un impulso atraviesa esos mil años de oración, esos mil años de búsqueda: el deseo de contemplar la belleza de Dios oculta en la Creación y el deseo de contemplar esa Belleza que está por encima de toda creación. Una sed incontenible, una sed insaciable. Pero, al mismo tiempo, una sed serena, apacible, una sed humilde, que aprende a esperar, a alcanzar su meta sin violentar nada ni a nadie. Sed de ver a Dios…

Hablamos de «visión» para referirnos al conocimiento perfecto, al conocimiento que ha alcanzado su plenitud. Un conocimiento que es amor al mismo tiempo, porque conocer a Dios es conocer el amor, ya que Dios es amor (1 Jn 4,8). Y conocer ese Amor supone ir transformándose en él y dejarse transformar por él. Así se van los tres dilatando (el conocimiento, la visión y el amor), a medida que crece la humildad, esa disposición del corazón que permite ir acogiendo más y más a Dios. Disposición interior que no es otra cosa que la limpieza, la pureza de corazón.

«Los Padres vigilantes»

El término griego para hablar de la vigilancia es nepsis, una virtud que es condición fundamental para comenzar, mantenerse y progresar en la vida espiritual: «La continuidad engendra la costumbre, y ésta otorga a la vigilancia una cierta densidad natural», escribía Hesiquio de Batos. Esta atención continua es la que hizo prudentes y sabias a las vírgenes del Evangelio (Mt 25, 1-13). En la doctrina filocálica, la vigilancia presenta una progresión: para los que comienzan, está vinculada al miedo a la muerte y al Juicio Final: «Velad, porque no sabéis cuándo será el día ni la hora» (Mt 25,13). Después, la vigilancia se convierte en un austero ejercicio de atención frente a todos los pensamientos que asaltan a la mente, para suprimirlos de raíz.

Gracias a esta rigurosa vigilancia, el espíritu alcanza una claridad interior muy equilibrada y penetrante, que lo defiende de toda turbación. De este modo, la vigilancia introduce en la plena hesiquía, palabra griega de difícil traducción que significa, a la vez, una paz, una calma, una ternura y dulzura inefables y permanentes en el corazón, gracias a la cual todo pensamiento se apacigua, y el monje puede entregarse a la contemplación pura, sin ser distraído por ningún movimiento interior ni exterior. Con palabras de Hesiquio de Batos:

«La vigilancia es un método espiritual que, mantenido con perseverancia y ardor con la ayuda de Dios, libera totalmente al hombre tanto de sus pensamientos y palabras llenos de pasión como de sus acciones perniciosas. La vigilancia proporciona también un conocimiento certero del Dios incomprensible y abre a los misterios divinos y escondidos. La vigilancia hace observar todos los mandamientos de Dios, tanto los del Antiguo como los del Nuevo Testamento, y concede todos los bienes de la vida futura. La vigilancia es propiamente la limpieza de corazón… una pureza que raramente se encuentra hoy en día, por culpa de nuestra negligencia. Ésta es la vigilancia que Cristo exaltó cuando dijo: `Felices los limpios de corazón, porque verán a Dios’»…

Extraído del libro «Conocimiento espiritual en Filocalía» de Javier Melloni.

Haz click aquí para el audio del primer capítulo

Dos enlaces:

Caprichos celestiales

Monasterio de Armenteira

El vigor de tu empeño

«Cuando la oración salmódica es guiada por la constancia y la atención, la cantidad es una cosa muy buena; pero es la calidad lo que le da vida al alma y también da fruto. La calidad de la salmodia y de la oración es el orar con el espíritu y con el intelecto…

… Cuando te suceda algo parecido(1) mientras salmodias con destreza, no te dejes sorprender por la acedia a causa del desánimo ni tengas más en cuenta el descanso del cuerpo que la utilidad de la oración en virtud de la lentitud del paso del tiempo; pero, donde tu intelecto sea tomado prisionero, allí detente. Si ello ocurre cuando finalizas el salmo, recomienza con buena predisposición y, cuando hayas encontrado el principio, continúa nuevamente con el curso del salmo, aun cuando tu intelecto permanezca prisionero más de una vez en una hora. Si procedes de esta manera, los demonios(2), al no soportar la paciencia de tu constancia y el vigor de tu empeño, se alejarán de ti llenos de vergüenza.

Debes saber con certeza que la oración continua es aquella que no concluye en el alma ni de día ni de noche; la que no es percibida por quién mira, ni en la rigidez de las manos, ni en la firmeza del cuerpo o el sonido de la lengua; pero es comprendida por quién sabe comprender, en la meditación espiritual del intelecto activo y del recuerdo de Dios, mediante una perseverante compunción…

Caps. 70, 73 y 74 en la Segunda Centuria (Capítulos naturales) de Nicetas Sthetatos en Filocalía – Vol. III de Ed. Lumen, pág. 440/1.

Notas: 1) Se refiere a lo dicho en el cap. 72 respecto del olvido respecto de lo que se está leyendo y a la sensación de que el tiempo pesa en cuanto a que transcurre con lentitud. 2) En Filocalía los demonios eran entendidos a veces como entidades angélicas caídas que asediaban al asceta; otras como medios de ayuda divina para percibir la debilidad del orante y quitarle su soberbia, o como los «logismoi«, es decir pensamientos erráticos y vagabundos. En ocasiones los monjes se referían a las propias tendencias encadenantes del alma del practicante tales como el apego a determinadas pasiones. (Comentario propio del blog)

Enlaces de hoy:

La consagración

Iniciación a la lectura de los padres

Acción y gozo

Prestancia del hombre interior: su vivir en conciencia

“… Volvamos a nuestro propósito. Decimos: El hombre es semejante a Dios cuando puede unir al mismo tiempo acción y gozo.  Pero ¿Cuándo se alcanza esto? Esto tiene lugar cuando el hombre interior se une íntimamente a Dios, de manera inseparable, por su pureza e intención profunda.

Mas este deseo habitual de Dios no es lo que comúnmente se entiende por ello; difiere de ello como el correr del estar sentado. Ese deseo es un tomar conciencia de Dios presente en el fondo del alma y desearle vivamente. Es conciencia interior que causa gozo al hombre, y, si bajo el impulso de la buena voluntad se aplica a las obras exteriores, según sea necesario,  no sale de la conciencia interior más que para volver a ella.

Es así como el hombre interior guía por la mano, muy sujeto, al hombre exterior. Algo así como el maestro cantero que tiene a sus órdenes a muchos aprendices y operarios; él no trabaja directamente, aparece rara vez por el taller, rápidamente pergeña el plan y la disposición de la obra, que cada cual luego ha de ejecutar. Esta dirección y maestría bastan para considerarle como el autor de todo… La obra se le atribuye por razón de sus órdenes e indicaciones y le es más personal que a cualquiera de los obreros que la han ejecutado.

Eso es exactamente lo que hace el hombre interior y transfigurado. Interiormente está en su gozo y, gracias a la luz de su prudencia, con un golpe de vista supervisa las facultades exteriores y asigna a cada una su tarea, de suerte que no quede ni un punto, por pequeño que fuere, sin concurrir al mismo fin… Así las obras más diversas convergen en la unidad…»

Extraído de «Sermón 13» de Juan Taulero

Enlaces de hoy:

La humillación

La vía del Desierto

Amigos de la Hesiquía

«La hesychía es una realidad algo compleja. Los latinos solían traducir este vocablo por quies, pax, tranquillitas, silentium… El término griego significa en los textos monásticos de la época que nos ocupa y en otros posteriores: a) «tranquilidad, quietud, como estado de alma necesario para la contemplación»; b) «tranquilidad, como estado de separación del mundo», y equivale a «soledad». En esta última acepción implica una doble connotación de silencio y soledad, y a veces va unida a anachóresis; como término técnico designa la «vida solitaria del hesicasta, concedida a monjes que la desean, sea temporal, sea permanentemente».

«El amor del silencio y de la soledad—ha escrito Hausherr—es la dialéctica de la oración». La hesychía, en fin de cuentas, es el amor, efectivo y convertido en género de vida, del silencio y la soledad en orden a alcanzar la verdadera oración y la auténtica contemplación. Es llevar la lucha por la oración hasta el último extremo. «Cuando yo vivía en el estado monástico—escribe el obispo Teodoreto de Ciro—, a todos los bienes de la tierra prefería la hesychía». «Ante todo, sed amigos de la hesychía», leemos en una carta del gran hesicasta que fue San Arsenio. Las recomendaciones, los elogios de la hesychía, son frecuentes y entusiastas en nuestros autores. Hesychía, en los textos monásticos, suele tener dos sentidos principales, como hemos visto. A veces designa un estado de vida; otras, un estado del alma. Hay, por tanto, dos clases de hesychía: una física y otra espiritual.

Extraído de «Historia del monacato primitivo» de García Colombás, (BAC) pág. 692 – «Oración y contemplación»

Homilía del Padre José Antonio

Mística de la tiniebla

Gregorio de Nisa elabora su teoría—llamada «mística de la tiniebla»—dentro del marco de las visiones de Moisés. Según la Biblia, Dios se manifestó a Moisés primero a la luz del día, luego en la nube y, finalmente, en la tiniebla. He aquí la imagen del progreso en la verdadera gnosis. La teofanía luminosa simboliza la remoción de toda idea falsa sobre Dios; la manifestación en la nube, la remoción de lo sensible para contemplar las realidades escondidas; en fin, la manifestación en la tiniebla, el ingreso del alma, despojada de toda ayuda humana, en el santuario del conocimiento de Dios.

Esta última es la gnosis verdadera y plena. «Dios permanece siempre infinitamente misterioso; la verdadera visión consiste en no ver; y, en este remontarse más allá de todo conocimiento, el alma experimenta el ‘sentimiento de la presencia’ divina en la noche. Presencia de Dios en el alma, y del alma en Dios. ‘Compenetración mutua: Dios viene al alma, y el alma, a su vez, se transporta en Dios’: la misma gnosis es dejada atrás» He aquí el texto tal vez más significativo:

«La gnosis religiosa es, en primer lugar, luz cuando empieza a aparecer… Pero cuanto más llega a comprender el espíritu, en su caminar hacia adelante, qué cosa sea el conocimiento de las realidades y se acerca más a la contemplación, tanto más comprende que la naturaleza divina es invisible. Habiendo dejado todas las apariencias, no sólo lo que perciben los sentidos, sino lo que la inteligencia cree ver, se dirige cada vez más hacia el interior, hasta que penetra por el esfuerzo del espíritu, hasta el Invisible y el Incognoscible, y allí ve a Dios. En efecto, el verdadero conocimiento de aquel a quien está buscando y su verdadera visión consiste en no ver, porque aquel a quien busca excede todo conocimiento, rodeado por todas partes por su incomprensibilidad como por una tiniebla»

De «El paraíso recobrado» en «Historia del Monacato primitivo» de García Colombás; pag. 659 (BAC)
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Estimadas hermanas y hermanos en Cristo Jesús: Mañana viernes 16 de abril, estaremos disponibles a las 19 hs. de Argentina y horarios equivalentes, por si alguien quiere conversar sobre las temáticas que tratamos en el blog. Será en la aplicación Meet en este enlace:

http://meet.google.com/cva-bzkg-cme

El recuerdo de sí

Serie sobre la oración II

Hermano… ¿Cómo hacer para recordarnos a nosotros mismos durante la jornada y no caer en las divagaciones? Sobre todo al principio le pregunto, porque ya me dijo usted que una vez que se agarra la costumbre esto se hace más fácil, como cuando uno echa a andar una rueda por una pendiente. ¿Pero en los comienzos, cuando uno anhela la oración incesante y apenas si se acuerda del propósito durante el día?

Uno debe apelar a cualquier medio a la mano. A mi me ha servido mucho usar elementos que me llamaran la atención. Durante años he llevado una cruz pequeña de madera, lisa y simple nomás, entre los dedos de una mano. Durante todo el día en cualquier actividad, sostener esta pequeña cruz en una de las manos. ¿Qué sucedía? Que a cada rato se me extraviaba la cruz y por lo tanto caía en la cuenta que había perdido la división atencional. Me había ido tras los pensamientos interminables. Así es que me ponía a buscarla por todas partes. Y cuando la encontraba solía darme cuenta sin esfuerzo de como es que se había perdido el recuerdo de mí mismo y por lo tanto el recuerdo de la oración y el recuerdo de la presencia de Dios.

¿Qué entiende usted por recuerdo de sí mismo? Observar todo siendo consciente de que lo estás observando. Es como si te situaras como un sujeto que observa objetos. «Aquí estoy yo que miro las nubes o la flor o el perro… y allá está el objeto». Esto es una fase inicial tan solo, te hace consciente del espacio entre las cosas y ya te lleva sin que te des mucha cuenta hacia una consciencia más global y amplia que es propiamente el ámbito de la oración. La oración que se da en ese espacio encarna en ti con mayor facilidad.

Antes de cocinar las verduras las debes lavar, pelar, poner la olla al fuego y demás. Del mismo modo, antes de la oración incesante debes preparar el ámbito en ti. Esto implica ser consciente de tu propia presencia durante la jornada. Te haces consciente de ser y estar y dejas de vivir en el piloto automático, en esa duerme-vela distraída donde la vida no se vive sino que pasa muy levemente como algo casi onírico. Antes de percibir la presencia de Dios hay que percibir la propia presencia que es consciencia. Luego cuando esto es fuerte e intenso llega el momento de vaciarse de sí mismo para ser consciente solo del Ser de Dios.

Utiliza un recordatorio como el de la cruz en la mano o poner carteles pequeños en diversos lugares de la casa o lo que a ti te sirva para recordarte, ponerte consciente y atento y volver a la oración. Por cierto esto no se puede hacer si vives muy de prisa. Introduce la calma en tus acciones, en la medida que puedas. Para percibir el espacio entre las cosas y eso que hay entre cada sonido o pensamiento hay que estar muy presente y vivo. Eso requiere atención decidida pero amable, sin forzamientos. Primero eres un sujeto que observa objetos mientras repites la oración. Luego eres como un testigo del sujeto y el objeto mientras la oración se hace casi por si sola. Mas tarde, por decirlo de algún modo, descubres que la oración o esa búsqueda de Dios es lo que realmente eres. Un acto en pos de lo divino, solo eso…

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Enlaces de hoy:

Homilía sobre San Vicente Ferrer en la catedral de Valencia del Padre José Antonio y Texto de la homilía en español

Respirar el Nombre

Meditación y respiración acompasada en el Hesicasmo


Dentro de la tradición cristiana, el «hesicasmo», expresión que deriva de hesiquía (quietud, paz), es la vía contemplativa que más ha desarrollado las técnicas psicofísicas de meditación. En cuanto que el objetivo inmediato de este método es el silencio de la mente, se puede hablar de “mística” hesicasta. Uno de los grandes místicos hesicastas, Gregorio Palamás († 1357), invocaba la autoridad de Moisés para legitimar tal práctica: “Estáte atento a ti mismo», dice Moisés (Dt 15, 9), ¿Con qué? Con la mente, bajo toda mirada.

Con nada más es posible estar atento a sí mismo de modo completo. Tal método se basa en fijar la atención de una manera especial: “Hay un arte espiritual, es decir un método, que conduce rápidamente a quien lo adopta a la impasibilidad y a la visión de Dios, es la atención (prosoché). Algunos santos han llamado a la atención custodia de la mente, otros custodia del corazón, otros sobriedad (nepsis), otros hesiquía mental” (Filocalia, vol. I, Simeón el nuevo teólogo). Como en otras tradiciones contemplativas, el método hesicasta propone reconducir la mente hacia el corazón mediante la quietud de los pensamientos, pero con la novedosa incorporación de la atención simultánea a la propia respiración como medio de sustraerse al flujo de los pensamientos mientras se mantiene ocupada la mente con la recitación de una oración: Si quieres “vivir en recogimiento espiritual, y tener un corazón sobrio con facilidad, que la oración a Jesús se una a tu respiración, y en pocos días verás cómo esto se verifica” (Filocalia, vol. I, Hesiquio, Discurso sobre la sobriedad). «Que cada respiración te recuerde a Jesús, y entonces tocarás con la mano las ventajas de la soledad» (San Juan Clímaco).

Tal práctica se basa en que resulta imposible respirar con un ritmo plácido y estar al mismo tiempo presos de la ira, la envidia, la gula, la lujuria, la soberbia, la avaricia y la deseación en general. Se afirma que la atención sobre la respiración tiene efectos espirituales porque ayuda a domeñar la mente-ego. Ciertamente, se trata de un método de respiración que encuentra antecedentes en otras tradiciones contemplativas como en el taoísmo o el hinduismo y que incluso prendió en órdenes religiosas católicas tan recelosas del recogimiento como la Compañía de Jesús. Así, su fundador, San Ignacio de Loyola, recomendaba como modo de orar “que con cada aliento o respiración se ha de orar mentalmente diciendo una palabra del Pater noster o de otra oración que se rece, de manera que una sola palabra se diga entre un aliento y el otro, y mientras durare el tiempo de un aliento a otro, se mire principalmente en la significación de la tal palabra, o en la persona a quien reza, o en la bajeza de sí mismo, o en la diferencia de tanta alteza a tanta bajeza propia; y por la misma forma y regla procederá en las otras palabras del Pater noster” (San Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales).

de pags. 331 y ss. en «Historia de los métodos de meditación no dual» de Javier Alvarado

La santa escala de Juan Clímaco

Debajo la VIII Clase de Fenomenología 2021

El sitio de la oración

– Pregunta acerca de las imágenes para orar y de cómo organizar el sitio destinado específicamente a la oración.

Estimado Amigo y hermano, te saludo invocando el Santo Nombre. Todo lugar es propicio para orar y nuestra vida misma es oración si nos ubicamos en la actitud correcta de confianza en Dios y de entrega a lo que percibamos como Su voluntad. Pero es cierto también, que mucho necesitamos de momentos especiales de oración y recogimiento, de dedicación exclusiva a la repetición del Nombre de Jesús, momentos en los cuales abrimos particularmente nuestros sentidos espirituales al abrazo de Su presencia.

Estos fragmentos de tiempo que intercalamos a lo largo de nuestra jornada, tienen también una expresión en el espacio. Un lugar consagrado a la oración y al silencio, a la espera de Su palabra. Es muy bueno, necesario y útil, reservar un sitio en nuestra casa solo para la oración. Este pequeño oratorio y sus disposiciones son sin duda muy personales, tanto como nuestros sentimientos al orar. Me pides algún consejo a este respecto; antes que nada ten en cuenta que en esto rige también, aquello que vale para la oración de Jesús y la frase a utilizar.

El modo será el que más nos facilite el contacto con lo sagrado. Personalmente utilizo iconos, de los cuales valoro sobre todo su peculiar morfología, que tiende a destacar las virtudes de aquél que se evoca a través de la imagen. Tienen los rasgos y la disposición de los gestos y la estilizada figura en general algo que nos induce a elevar el espíritu, aunque muchas veces ni nos demos cuenta. Representaciones de iconos antiguos, escritos por manos diestras y orantes, son de mucha ayuda; siempre y cuando su particular estética resuene en vuestro interior. Nuestra biografía nos “educa” un particular gusto y muchas veces lo bello para unos es desagradable para otros. Uno debe sentir afecto hacia la imagen, antes que nada por aquello que evoca, por lo que representa.

No adoramos a las imágenes sino lo que ellas nos traen a la memoria, lo que ellas suscitan en nosotros. Hay gente que prefiere las representaciones escultóricas, otros figuras al óleo, otros recurren a los crucifijos o a diversas estampas. En ocasiones no es la imagen en si lo que ayuda a recordar a Dios sino la persona aquella a la que la tenemos asociada. Organiza y dispone tu sitio de oración con verdadera unción y reverencia, con afecto hacia Quién nos ha dado todo lo que somos y tenemos. Es importante que sientas que se corresponde a tu espacio interior de oración, que en cierto modo, representa a tu corazón. Tal es así que muchas veces el oratorio va cambiando según la etapa espiritual que se atraviese. Los hay cargados y detallados, ornamentados y otros despojados, casi desérticos. Así somos, distintos y es desde nuestra diversidad como llegaremos a la unidad.

Es importante también, en la medida de las posibilidades, que no se utilice para otra cosa o lo menos posible. Es muy común reservar y cuidar mucho el ámbito para recibir a las visitas, ¿no merece otro tanto Nuestro Señor? Es cierto que tendemos al silencio, que queremos ir hacia lo simple, que la oración de Jesús nos va preparando para una concentración en lo único necesario. Pero aceptemos que estamos de camino y que mientras nos dirigimos a eso anhelado, todavía dependemos de algún sentido para orientarnos. Por eso, tanto las imágenes, como los lugares, las luminarias y hasta algún canto pueden servirnos para apoyarnos y desde allí, elevarnos.

Publicado originalmente en 2012 en el Blog Hesiquía

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Enlaces de hoy:

Los dulces de mi convento

Del blog Caminante

Imagen extraída de Domingo Cosenza

El recuerdo de Dios

Óleo sobre tela 50 x 70 cms. con bastidor – bloghesiquia@gmail.com

La práctica del «recuerdo de Dios» ha sido y sigue siendo una de las más útiles para facilitar la rendición y anonadamiento del ego; “Cuando cerramos todas sus salidas con el recuerdo de Dios, el intelecto exige absolutamente de nosotros una obra que satisfaga su necesidad de actividad. Por lo tanto, deberemos darle solamente el Señor Jesús, como íntegra aplicación para su objetivo” (Filocalía, vol. I, Diádoco de Fótice, Definiciones)

La recordación, es decir, el hábito de tener la mente ocupada en pronunciar o invocar los nombres de Dios, debe prolongarse hasta llegar a ser casi incesante; “cuando andas, cuando comes, cuando bebes y cuando no haces nada”. Su fin es recoger los pensamientos dispersos en las preocupaciones terrenas para dirigir hacia Dios el espíritu concentrado y purificado. De esta manera, cuando la mente es privada de su alimento ordinario (los pensamientos erráticos) se vuelve sobre sí misma.

O dicho en otros términos, cuando el ego deja de apropiarse o de alimentarse de deseos y pensamientos, se debilita y acaba por fenecer de inanición; “Cuantas veces suceda que se multipliquen en nosotros los pensamientos, les arrojaremos nuestra invocación a nuestro Señor Jesucristo y los veremos de inmediato disueltos como humo en el aire, tal como la experiencia nos enseña; y entonces habiendo dejado solo al intelecto, empezaremos de nuevo con la atención continua y la invocación.

Y cada vez que pasemos por esta prueba, actuaremos así… manteniendo siempre la hesiquía (quietud) de nuestro intelecto, incluso respecto de los pensamientos que parecen ser buenos; teniendo cuidado de estar vacío de pensamientos, de modo que los ladrones no se escondan allí” (Filocalía, vol. I, Hesiquio, Discurso sobre la sobriedad)

de pags. 329/330 en «Historia de los métodos de meditación no dual» de Javier Alvarado

Enlaces de hoy:

2° domingo de Pascua

Los salmos

En la noche luce la estrella

Queridas hermanas y hermanos: hoy 10 de abril estaremos disponibles por si alguien quiere conversar un rato sobre las temáticas del blog o cualquier otro tema que les parezca de interés, a las 15 hs. de Argentina, 20 hs. de España y horarios equivalentes. Aquí el enlace a la reunión: meet.google.com/zue-kkja-mrv

Os dejamos también aquí la publicación correspondiente al día de hoy, con un breve extracto de texto y una entrevista al Padre Moratiel, que nos parece muy clara, simple y profunda; la recomendamos mucho. Un abrazo fraterno, para todos invocando a Cristo Jesús.

«Frecuentemente me han preguntado cómo ha aparecido en mi vida el silencio; por qué me he decidido a vivir esta aventura. La respuesta, de repente, es bien sencilla. Por debilidad, por necesidad. Como si fuera mi punto flaco. No hay nada extraordinario ni asombroso en todo esto. Y es como una herida que no tiene cura. Hay edades en que uno vive más bien pasión por la palabra; otras, en cambio, se experimenta pasión por el silencio.

Uno se puede sentir como arrojado al silencio gracias a las insatisfacciones que es innecesario nombrar. Pero no puede por menos que confesar que la insatisfacción que preside las bienaventuranzas de Jesús, las que dice el evangelio y las que sugiere, son provocadoras del silencio. Y es cierto que se desembarca en el silencio al cerrarse todas las puertas y todas las salidas, aunque el verdadero callejón sin salida es el silencio mismo. Pues, ¿Dónde ir si estás en un mar sin costas, sin periferias?; pero esa plenitud es la más inmensa belleza…

… Otro interrogante que me han propuesto es cómo siendo dominico he puesto el acento, de alguna manera, en el silencio. Mi padre santo Domingo es el santo de la Palabra. Pero también, y antes, es el santo del silencio. Y es que la palabra no es nada sin el silencio. Como si la palabra buscara su contrario o su aparente enemigo, en el silencio. Y así el silencio viene a ser como el lecho y el alumbramiento de la Palabra. La misma oración se puede expresar como la alianza, las bodas, del silencio y la Palabra. Palabra y silencio no son rivales. En la oración, uno el hombre pone el silencio y Dios pone la Palabra. Es en la noche donde luce la estrella, y es en el silencio donde es vista la Palabra. La Palabra desprendida del silencio se vuelve plenamente palabra al ser acogida en el silencio que le da sonoridad».

Extraído de «Conversando desde el silencio»

¡Gracias Andrea por enviarnos la entrevista!

Camino de Contemplación

Hay un silencio el cual es médico y terapeuta.

Hay un silencio ante Dios en el cual el recogimiento es un buscador de perlas, donde se sumerge en las profundidades del ser humano y asciende a la superficie con la herida que no había sanado ni reconocido y que le oprimía. Su descubrimiento duele, pero Dios puede hacerse cargo de la herida y sanarla, pues el recogimiento verdadero es Dios mismo.

Trae a la consciencia las heridas ocultas y desconocidas y puede curarlas por completo. Sólo debes dejar que emerjan a la consciencia y padecerlas ante la mirada amante de Dios. Esta mirada sanadora tiene una delicadeza que más de un terapeuta envidiaría. Trae a la consciencia las heridas en el orden en que se hallan en el interior del ser humano. Nunca expone una llaga más profunda que otras que deben sanar antes.

La persona no tiene que curar sus heridas por si mismas, ni tan siquiera analizarlas. No tiene necesidad de desmenuzarlas. Basta con que las contemple y las padezca en presencia de Dios.

Sólo su mirada…sólo Dios las disolverá.

Frank Jalics

¡Gracias Encarna por el texto!

«Haz la salmodia con la boca, pero con la voz en silencio y la guía del intelecto, no soportando dejar sin consideración nada de lo que dices; pero, si alguna cosa huye de tu intelecto, retoma el verso cada vez que suceda, hasta que tengas el intelecto atento a seguir lo que dices, puesto que el es capaz, mientras salmodias con la boca, de recordar a Dios». Teolepto de Filadelfia en Filocalía

El detenimiento

Serie sobre la oración I

Una de las prácticas más útiles para la vida de oración que he conocido es la del detenimiento. Como pasa en esas películas que vienen en velocidad normal y de repente cambian la música y se enlentece el fluir de las imágenes. Todo se aprecia mejor. Uno ve la hoja que cae danzando detrás del actor y una paloma que vuela despacito como flotando allá detrás y a lo lejos. Y se observa mejor como se construyen los gestos del personaje mientras camina introspectivo… luego todo se detiene y la cámara mira desde diferentes ángulos.

Bueno eso mismo podemos hacerlo en nuestra vida. Efectuar pequeños altos a lo largo del día. Sencillamente disminuimos nuestro ritmo para quedarnos quietos unos momentos y permanecer presentes a ese instante completamente. Es decir me quedo quieto y atiendo. ¿A qué? A todo. Puedo ir focalizando en distintas partes o atender globalmente. Hay que ver lo que mejor le sienta a cada uno. El punto es parar y si hay verdadera atención en pocos instantes aparece la oración. Veamos con más detalle.

Uno puede detenerse en cualquier momento propicio sin llamar mucho la atención. Durante la caminata en el parque, en algún momento oportuno en la oficina o en casa durante las tareas, en fin, cuando se pueda. Tratamos allí de ser un punto fijo que mira el movimiento alrededor. Sentir el cuerpo ayuda para anclarse o por ejemplo sentir las plantas de los pies contra el suelo, eso nos sitúa. Luego miro el panorama que esta en frente. Lo que sea. Y puede ser mejor si trato de mirar sin fijar nada en particular sino la escena global.

Me hago consciente del cielo encima, con algunas nubes, de los árboles allá que se mecen suave, de un perro que se hace el distraído mientras se acerca, de los sonidos distantes de los coches, de la brisa en la cara, de las asociaciones de pensamientos que desde la memoria «hablan» sobre lo que se ve, etc. Aquí estoy yo, «el sujeto» que mira «objetos» diversos. Respirar, simplemente tratando de estar ahí, viendo, sintiendo, viviendo eso y nada más. Testifico. Cómo si fuera una cámara que registra algo para la posteridad, una milésima del tiempo en el espacio irrepetible.

Esto realizado con frecuencia provoca cambios; es curioso pero nos va transformando el modo de ser y de estar. En ocasiones, estando allí mirando, sintiendo, respirando y existiendo… aparece una especie de presencia envolvente, como si hubiera un espectador que no está a la vista. Que no es el sujeto ni los objetos. Uno se descubre mirado y a la vez amado. No se puede decir mucho porque sino se arruina lo que se quiere decir. En realidad todos sabemos de esto, de esta intuición o presentimiento de lo sagrado. Es como un aire que no es aire pero que está en todos lados.

¿Y la oración donde está en todo esto? La oración empezó en el momento mismo en que tuviste el coraje de detenerte. De salirte brevemente al costado del frenesí. O en el momento en que te diste cuenta que se te estaba llamando a la oración. Empezó como un mínimo acto de conciencia: «Voy a parar un instante». Y se continuó en todo lo demás. Mirar con atención es orar con la mirada. Y lo mismo al escuchar, al sentir y lo demás. Y suele suceder, puede llevar algún tiempo; que en algún momento de este atender en cierta quietud, uno escucha algo extraño que parece venir del corazón. Como un ritmo o un aliento indefinible y sin saber porque se siente como sagrado.

Se siente sagrado lo visto y uno mismo parece sacralizarse y entonces se comprende mejor a los que dicen que dentro de todos hay un recinto secreto o un templo escondido en el cual se entonan los salmos de alabanza. ¿Y si hago esto pero sin embargo no siento nada de eso que se describe? ¿Si por el contrario me quedo quieto y no sé que hacer o me siento extraño y confundido? Buena pregunta. En ese caso miras la confusión y la extrañeza, las sientes, las vives enteramente y puedes decir:

¡Oh Señor no me doy cuenta de tu presencia… pero como me gustaría percibirte! ¡Cómo me gustaría que dejaras de ser idea o anhelo o creencia y que fueras para mí certeza inamovible… cómo me gustaría! Pues pocas oraciones dan tanto fruto como esa. Es un clamor milenario de la humanidad toda, presente en el propio corazón y que se hace desde el ahora.

elsantonombre.org

Leer algún salmo con voz audible, en la calma del cuarto, con tranquilidad y saboreándolo con el corazón, es una forma muy útil para acercarse a la profundidad del alma. Incluso, repetir su lectura varias veces, permite que afloren significados nuevos que dan luz a nuestras situaciones. La vida monástica se asienta mucho en la salmodia y los autores de Filocalía la utilizaban mucho también. Si tu practicas con frecuencia la salmodia y quieres contar tu experiencia o tienes alguna duda respecto al tema de la oración, escribe en los comentarios del blog. Un abrazo fraterno en la invocación de Jesús resucitado.

La meditación continua y el recuerdo de DIos

Queridas hermanas y hermanos: Iniciamos estos días de prácticas en torno al tema de la oración en sus diversas formas sugiriendo la lectura del texto que sigue. Nos parece adecuado para iniciar un intercambio sobre los varios temas que están incluidos en estos pocos párrafos. En base ellos basaremos las reflexiones de los primeros días en esta ejercitación. Cualquier comentario es bienvenido. También os dejamos abajo un audio con los cinco primeros salmos leídos con cadencia meditativa. Su lectura o escucha puede predisponer el ánimo a la oración para un posterior aquietamiento. Un saludo fraterno para todos invocando el Santo Nombre de Jesús.

«Si bien se aconseja la práctica de la meditación o de la contemplación durante ciertos momentos del día, el resto del tiempo puede ser empleado en evitar que la mente vague errática presa de sus ensoñaciones. Algunos maestros espirituales recomiendan ocupar la mente en la recitación lo más constante posible de una frase para propiciar el recogimiento continuo. Desde los primeros siglos del cristianismo han existido diversas fórmulas breves de oración para facilitar la recordación continua. Casiano recomendaba: “Oh Dios, ven en mi ayuda, Señor apúrate en socorrerme”.

La más antigua y común es Señor, ten piedad de mí, o también: Oh Dios, ¡ten compasión de mí, que soy pecador!, cuyo origen se hacía retrotraer nada más y nada menos que al propio Adán; “Que se siente vuelto hacia el oriente como antiguamente Adán y que medite así. Adán en su tiempo se sentó y lloró frente a las delicias del Paraíso. Con sus manos se golpeaba el rostro y decía: “Oh Misericordioso, ten piedad de mí que he caído” (Pedro Damasceno, Filocalia, vol. III). Con ello la mente va perdiendo paulatinamente el hábito de apropiarse de los pensamientos.

Así, al alejarse de los pensamientos, también se irá perdiendo progresivamente el interés por los objetos pensados. Ese es el camino del desapego. En suma, debemos “buscar la morada y golpear a la puerta, con perseverancia, mediante la oración [Mt 7, 7]” (Filocalia, vol. I, Marcos el asceta). De esta manera, “en cuanto Dios, está siempre dentro de mí, recógete en Dios, que toda la noche estás en oración o por lo menos se cuenta como si la tuvieras…”. Cualquier momento del día o de la noche es apto para la meditación, incluidos los momentos aparentemente más triviales; “Adonde quieras que te hallares que no tienes qué hacer, recógete con Dios, aun estando haciendo tus necesidades, has de procurar estar recogido”.

La verdadera paz interior consiste en tener el corazón “siempre fijo y firme en el amor de Dios por un continuo y nunca interrumpido deseo, de manera que ninguna otra cosa apetezca”. De esta manera, llegará un momento en que el otrora hábito de “estar en presencia de Dios” se tornará tan natural y espontáneo que acabará dando paso a una forma sutil, constante y superior de existencia en la que el ego es desactivado y transcendido para dar paso a un estado de autoconsciencia lúcida y serena. La oración continua, también llamada recordación de Dios, no es un exceso, sino un mandamiento del Señor: Hay que rezar siempre sin cansarse, rezad incesantemente.»

Pag. 328 en Capítulo XI de «La ciencia y el arte de la meditación en el cristianismo» en el libro «Historia de los métodos de meditación no dual» de Javier Alvarado

En los Salmos, encontramos dos formas principales de la oración: El pedido de ayuda y la alabanza a Dios. Sin embargo, atravesado el significado literal y luego el simbólico, la oración se convierte en silencio donde no hay necesidad de palabras y pensamientos.

Orad sin cesar

Diversas prácticas de oración hasta Pentecostés

Hermanas y hermanos, queridos en Cristo Jesús: en el vídeo les presentamos la intención de estos próximos días de ejercitación, que iniciaremos mañana jueves; en torno a las diversas formas de oración que podemos practicar según la etapa espiritual en la que nos encontremos, según la preferencia personal y/o la circunstancia que atravesamos en nuestra vida. Utilizaremos para ello los salmos, los evangelios, textos de diversos místicos cristianos y haremos también nuestros propios comentarios y reflexiones. Están invitados a comentar, realizar aportes de vuestras propias experiencias de oración o meditación, a efectuar consultas y a participar en las reuniones virtuales que realizaremos. Quizá, ayudados por la gracia siempre presente, podamos profundizar en esta temática, para que nuestra vida misma se convierta en oración incesante del corazón. Un abrazo fraterno para todos, invocando el Santo Nombre de Jesús.

Próximos encuentros virtuales: Sábado 10 de abril a las 20 hs. de España (15 hs. de Argentina) y viernes 16 de abril a las 19 hs. de Argentina (00 hs. de España) y equivalentes. Será por la aplicación Meet a través del enlace que publicaremos esos mismos días, aquí en la portada del blog.

Si quieres mandar textos, audios o vídeos donde aportas sobre estos temas, o difundir un sitio web envíalos a bloghesiquia@gmail.com

Si puedes y quieres haznos llegar alguna aportación económica en esta página: Donaciones

Dios en el corazón

¡Feliz Pascua de Resurrección hermanas y hermanos! Invoquemos al resucitado para que aprendamos a morir a nosotros mismos, y de este modo, resucitar cada día mediante una conversión continua. Un abrazo fraterno para todos, invocando el Santo Nombre de Jesús.

Anoche cuando dormía

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que una fontana fluía
dentro de mi corazón.

Di, ¿por qué acequia escondida,
agua, vienes hasta mí,
manantial de nueva vida
de donde nunca bebí?

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que una colmena tenía
dentro de mi corazón;

y las doradas abejas
iban fabricando en él,
con las amarguras viejas
blanca cera y dulce miel.

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que un ardiente sol lucía
dentro de mi corazón.

Era ardiente porque daba
calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba
y porque hacía llorar.

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que era Dios lo que tenía
dentro de mi corazón.

Antonio Machado

Enlaces de hoy:

Domingo de resurrección

La gran fiesta

La muerte no es lo que parece

Queridas hermanas y hermanos, amigas y amigos, lectores del blog: os dejamos aquí un bello texto que expresa de manera clara lo que alienta en nuestro corazón la resurrección de Jesucristo. Debajo también unos enlaces que pueden servir o gustar a algunos de ustedes. Os agradecemos mucho vuestra compañía, el aliento que nos llega a través de diversos medios y el permitirnos, de algún modo, formar parte de vuestra vida. Que la gracia inunde vuestros corazones y vaya apareciendo la certeza de que, en realidad, la muerte no existe.

elsantonombre.org

Parábola de los dos gemelos

Dos seres iban –juntos– de camino hacia la vida y sucedió que se pusieron a conversar entre ellos sobre qué era lo que les esperaba cuando llegasen al término del camino… Fueron concebidos los dos gemelos en un seno. Pasaron las semanas y éstos crecieron. A medida que fueron tomando conciencia, su alegría rebosaba:
-Dime: -¿No es increíble que vivamos? ¿No es maravilloso estar aquí?

Los gemelos empezaron a descubrir su mundo. Cuando encontraron el cordón que los unía a su madre y a través del cual les llegaba el alimento, exclamaron llenos de gozo: ¡Tanto nos ama nuestra madre que comparte su vida con nosotros! Pasaron las semanas, luego los meses. De repente se dieron cuenta de cuánto habían cambiado. ¿Qué significará esto? –preguntó uno.
– Esto significa –respondió el otro– que pronto no cabremos aquí dentro.
– No podemos quedarnos aquí: naceremos.
-¡En ningún caso quiero verme fuera de aquí –objetó el primero.
-¡Yo quiero quedarme siempre aquí!
-Reflexiona. No tenemos otra salida –dijo su hermano–.
-Acaso haya otra vida después del nacimiento.
-¿Cómo puede ser esto? –repuso el primero con energía–.
-Sin el cordón de la vida no es posible vivir. Además, otros antes de nosotros han abandonado el seno materno y ninguno de ellos ha vuelto a decirnos que hay una vida tras el nacimiento. -¡No, con el nacimiento se acaba todo! ¡Es el final!

El otro guardó las palabras de su hermano en su corazón y quedó hondamente preocupado. Pensaba:

-Si la concepción acaba con el nacimiento, ¿Qué sentido tiene ésta vida aquí? No tiene ningún sentido. A lo mejor resulta que ni existe una madre como siempre hemos creído.
-Sí que debe existir –protestaba el primero. De lo contrario, ya no nos queda nada.
-¿Has visto alguna vez a nuestra madre? –preguntó el otro–. A lo mejor sólo nos la hemos inventado. Nos la hemos forjado para podernos explicar mejor nuestra vida aquí”.

Así, entre dudas y preguntas, sumidos en profunda angustia, trascurrieron los últimos días de los dos hermanos en el seno materno. Por fin llegó el momento del nacimiento. Cuando los dos gemelos dejaron su mundo, abrieron los ojos y lanzaron un grito. Lo que vieron superó sus más atrevidos sueños.

en el libro: Our Greatest Gift de Henri J.M. Nouwen

Vigilia pascual

Significado de la resurrección de Jesús – Conferencia

Dos audios:

Ninguno más libre

Cuán pocos son los que aman la Cruz de Cristo.

1. Jesucristo tiene ahora muchos amadores de su reino celestial, mas muy pocos que lleven su cruz. Tiene muchos que desean la consolación, y muy pocos que quieran la tribulación. Muchos compañeros halla para la mesa, y pocos para la abstinencia. Todos quieren gozar con Él, mas pocos quieren sufrir algo por Él. Muchos siguen a Jesús hasta el partir del pan, mas pocos hasta beber el cáliz de la pasión. Muchos honran sus milagros, mas pocos siguen el vituperio de la cruz. Muchos aman a Jesús, cuando no hay adversidades. Muchos le alaban y bendicen en el tiempo que reciben de Él algunas consolaciones: mas si Jesús se escondiese y los dejase un poco, luego de quejarían o desesperarían mucho.

2. Mas los que aman a Jesús, por el mismo Jesús, y no por alguna propia consolación suya, bendícenle en toda la tribulación y angustia del corazón, tan bien como en consolación. Y aunque nunca más les quisiese dar consolación, siempre le alabarían, y le querrían dar gracias.

3. ¡Oh! ¡Cuánto puede el amor puro de Jesús sin mezcla del propio provecho o amor! ¿No se pueden llamar propiamente mercenarios los que siempre buscan consolaciones? ¿No se aman a sí mismos más que a Cristo, los que de continuo piensan en sus provechos y ganancias? ¿Dónde se hallará alguno tal, que quiera servir a Dios de balde?

4. Pocas veces se halla ninguno tan espiritual, que esté desnudo de todas las cosas. Pues ¿Quién hallará el verdadero pobre de espíritu y desnudo de toda criatura? Es tesoro inestimable y de lejanas tierras. Si el hombre diere su hacienda toda, aún no es nada. Si hiciere gran penitencia, aún es poco. Aunque tenga toda la ciencia, aún está lejos: y si tuviere gran virtud y muy ferviente devoción, aún le falta mucho; le falta cosa que le es más necesaria. Y esta ¿Cuál es? Que dejadas todas las cosas, deje a sí mismo y salga de sí del todo, y que no le quede nada de amor propio. Y cuando ha hecho todo lo que conociere que debe hacer, aún piense no haber hecho nada.

5. No tenga en mucho que le puedan estimar por grande, mas llámese en la verdad siervo sin provecho, como dice Jesucristo. Cuando hubiereis hecho todo lo que os está mandado, aún decid: Siervos somos sin provecho. Y así podrás ser pobre y desnudo de espíritu, y decir con el profeta: Porque uno solo y pobre soy. Ninguno todavía hay más rico, ninguno más poderoso, ninguno más libre, que aquel que sabe dejarse a sí y a toda cosa, y ponerse en el más bajo lugar.

Extraído del Libro Segundo, Capítulo XI, de «La Imitación de Cristo» de Tomás de Kempis

Imagen extraída de: Misioneros y peregrinos

Enlaces:

La pasión de Cristo (film)

Viernes Santo

En Getsemaní

Conciencia de Cristo

Unitas mentis

Conciencia amorosa del cristiano «monje»

«El amor progresa hasta alcanzar una cierta semejanza con aquel amor que hizo a Dios semejante al hombre por la humillación de la condición humana, para hacer al hombre semejante a Dios por la glorificación de la participación en la divinidad. Entonces se hace dulce al hombre con-humillarse con la majestad suprema, con-empobrecerse con el Hijo de Dios; conformarse a la sabiduría divina, teniendo en sí los mismos sentimientos de Cristo Jesús, nuestro Señor.

El corazón piadoso tiende con tal ardor hacia este Bien, por amor del Bien en sí mismo, que no puede apartarse de él hasta que no se haya hecho una sola cosa o un solo espíritu con él… por la fe y la esperanza ya goza en su conciencia de aquel a quién ama… y el que hasta ahora había sido solitario, o solo, deviene uno; la soledad de su cuerpo se transforma para él en unidad de mente. «in unitatem mentis»

Esta unidad del hombre con Dios «unitas hominis cum Deo» o semejanza divina, en la medida que se aproxima a Dios, hace que la parte más elevada del hombre conforme a sí misma a lo que está debajo y ésta, a su vez, a la más inferior, de modo que el espíritu, el alma y el cuerpo ordenados a su fin… hagan que el hombre comience a conocerse perfectamente a sí mismo, y por ese conocimiento de sí, se eleve hacia el conocimiento de Dios».

Extraído del anexo a «Carta de oro» de Guillermo de Saint Thierry: «El crecimiento dinámico de la vida espiritual» del padre Juan Carlos Leardi, o.c.s.o – Monasterio Trapense Nuestra Señora de los Ángeles, Azul, Argentina, 2003

Imagen: “LA MÍSTICA CENA DEL SEÑOR”, icono ruso, s. XV.

Aquí la homilía del Padre José Antonio op

Sacred Print

Domingo de Ramos

Queridas hermanas y hermanos, en este domingo de Ramos os dejamos la homilía del Padre José Antonio, extraída de su blog Contemplar y Proclamar; una lista de reproducción que hemos encontrado, con el audio-libro del Peregrino Ruso, muy bien leído que es de mucha utilidad para escuchar caminando o en medio de actividades muy rutinarias. Llevando la atención al audio se van desplazando los pensamientos y favorece luego la continuidad de la oración interior. Debajo también os dejamos el muy buen texto «Jesús el Paradigma». Finalmente una invitación a un encuentro virtual para participantes de los cursos del blog y lectores en general. Un abrazo fraterno para todos haciendo votos para que en esta Semana Santa Jesucristo resucite en nuestros corazones.

Jesús, el paradigma

Invitación:

El próximo miércoles 31 de Marzo a las 20 hora española, 15 horas de Argentina; puedes participar de un encuentro virtual a través de la aplicación “Meet”, para intercambiar sobre aspectos de Filocalía, Fenomenología o temas generales referidos a la temática del blog. Si quieres participar avisa a bloghesiquia@gmail.com

Formas y fondo

¿Qué es el dolor?

Pues depende. Es bueno distinguir antes entre dolor y sufrimiento. El dolor es más bien físico y el sufrimiento es más que nada mental. Hay gente que padece dolores corporales y sin embargo no sufren. Les duele la pierna pero no la mente. Desde un punto de vista, el dolor implica un aviso, una alarma que te alerta de un posible daño en una parte del cuerpo. Por ejemplo, como si dijéramos: «Oye, deja de hacer fuerza con ese brazo, la bolsa que llevas es demasiado pesada… te puedes dañar.» Esa es la principal función del dolor y salta a la vista. Indica con cierta premura imperativa la necesidad de cambiar alguna conducta, postura, situación, ingesta etc. que no está beneficiando al cuerpo.

El sufrimiento es igual pero a nivel de la mente. Implica colisión, conflicto de fuerzas internas. Ese choque es dañino y entonces aparece el sufrimiento como indicación de la necesidad de reorientar las fuerzas interiores. Por ejemplo, si deseo dos cosas incompatibles entre sí, que no podrán sostenerse juntas con coherencia en mi vida, eso activa una alarma a la que llamamos sufrimiento o dolor mental. Usando un ejemplo muy burdo, pero para que sea claro: Si quiero tener un cuerpo delgado y a la vez pretendo comer seis tortas azucaradas por día, se produce un conflicto. Por lo tanto sufro. En este sentido, el sufrimiento muestra deseos contradictorios y es una bendición de la gracia; y mientras más sufrimiento más fuerte está sonando la alarma que indica… y atención con esto: Necesidad de recomponer la dirección de las fuerzas que se oponen.

El dolor es siempre en el presente; el sufrimiento deriva muchas veces de la memoria o la imaginación. Recuerdo algo doloroso o imagino alguna tragedia en el futuro. Por esto hay que prestar atención con más detalle a este tema. Quiero decir; a veces el sufrimiento es espectral, es simplemente mal funcionamiento de la herramienta. Imaginar que algo va a salir mal podría tener sentido como una de las alternativas que se barajan al inicio de una planificación, podría ser necesario. Inauguramos un empresa y manejamos distintos escenarios posibles: que dé tal ganancia, que no, que haya una pérdida y haya que pagar a los empleados de nuestros ahorros. Está bien, puede ser una función necesaria a considerar para tener cierto capital de respaldo.

Pero vivir con temor o con aquella sensación de que todo va a salir mal de un momento a otro, o andar recordando aquella situación de desamor o aquél día en que envejecidos tal vez estemos enfermos y doloridos, es una mala función de la herramienta mental. Es como una cierta perversión de una buena función original. Ahora, es necesario aclarar esto: aunque el sufrimiento surge desde la mente se registra en el cuerpo como dolor. Ya sea como tensión, crispación, anestesia en ciertas partes… lo que llamamos angustia, ansiedad, depresión y fobias diversas; el cuerpo y la mente son una unidad completa, absoluta. No olvides que separar cuerpo de mente es un artificio de comprensión. En realidad no hay división.

Puede sonar muy molesto, pero el dolor y el sufrimiento nos recuerdan todo el tiempo la existencia de la provisoriedad, de la finitud de la vida; de nuestra falta de autonomía. Por más que deseamos ilusionarnos con nuestra pretendida libertad, esta resulta muy acotada. No nos hicimos a nosotros mismos, no sostenemos nuestra vida, no manejamos nuestro destino… la vida a veces nos parece hermosa, otras desastrosa. Si nos aferramos al cuerpo y nos identificamos con él, nos resultará difícil hallar cierto bienestar perdurable. El cuerpo pasa, igual que todo lo material. Entonces nos volcamos a la búsqueda del inmaterial en nosotros, del espíritu esencial que somos… ¿Lo encontramos? Pues si eso se encuentra y nos da registro cierto, todo cambia.

En un enorme y vasto campo de silencio, que no es vacío sino pleno… en ese fondo de consciencia previo, suena una hermosa melodía. De pronto irrumpe un ruido al cual llamamos dolor o sufrimiento. Es decir aparecen formas en un fondo. Sin embargo, hay alguien que percibe estas formas que aparecen y también el fondo en que se dan dichos cambios. ¿No es curioso? En el fondo de la vida edénica surgió el pecado; en ese fondo de pecado se presentó la redención. Y al que mira benevolente todos estos aconteceres, a ese amor incondicional, le llamamos El Cristo en el corazón…

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Hermanas y hermanos, recomendamos mucho el cuento de León Tolstoi que enlazamos debajo. Un abrazo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesús.

La muerte de Iván Ilich

Aquí la transcripción de la clase 43° de Filocalía, 2° sobre Simeón, el nuevo teólogo

Tu vida es oración

Óleo sobre tela de 60 x 50 cms. propio del blog. Ventas en bloghesiquia@gmail.com

Mi padre espiritual solía decirme: Tu vida es oración y el modo en que la vivas tu método particular. En ese sentido, puede estar muy bien tener “momentos fuertes” de oración como suele decirse, pero atentos a que luego no caigamos en el olvido.

Él siempre insistía con que la vida debía ser liturgia o ceremonia de alabanza. Que si de algún modo, separábamos lo que era oración o meditación del resto de nuestras acciones, podía producirse un paulatino desliz hacia la desacralización de ciertas actividades o momentos. Admitía sin dificultad que todos tenemos etapas y diferentes momentos en el camino espiritual; reconocía que entonces no acostumbraba ya a pedir y ni siquiera a agradecer especialmente, sino más bien a un “dejarse llevar”. Que ese dejarse guiar tenía indicadores claros y el principal de ellos era la percepción de la Presencia.

Yo le preguntaba mucho sobre este tema, acerca de como era posible que Dios pudiera percibirse. Y él me respondía que esa percepción era la oración continua a la que se refería. Que podía asumir muchas formas, como la oración de Jesús, el vivir en el “canto” del Nombre; que podían usarse otras muchas devociones varias o que incluso hubo quienes habían reemplazado los pensamientos por la repetición de los salmos o pasajes de la sagrada escritura. Pero que la principal pista que podía darme y a la vez la más simple era: Si estás en los pensamientos no Lo percibes. En el momento en que los desatiendes te acercas y que cuando hay silencio Él llega.

Esto me apasionaba como posibilidad y a la vez me sublevaba. ¿Cómo podía ser que el silencio fuera todo lo que se precisara? ¿Qué es hacer silencio le preguntaba? Al principio es detener la marcha, enlentecer todo y paradójicamente, escuchar los sonidos. Cuando te detienes se nota el movimiento del mundo, te transformas en punto fijo. Mientras más quieto más se mueve todo.

Al principio aquietas el cuerpo, luego disminuyes la respiración, después escuchas los sonidos cercanos y al ratito atiendes a los de lejos, bien lejanos. Y allí ya notas un cambio importante en el fluir de las cosas, que no es más que el río de tus pensamientos. No luches con los pensamientos, déjalos pasar sin darles importancia. Este era un modo que le servía en medio del bullicio. Salirse del ritmo general y atender. ¿Atender a qué? Al silencio que estaba al fondo de todos los ruidos, a la quietud que abraza todos los movimientos.

No se refería a una meditación en particular, sino a un modo de “ponerse” en plena ciudad o en medio de las tareas. Pero decía que todos tenemos nuestra impronta singular o el modo mediante el cual Dios se nos hace notar. Hay a quienes los conecta la observación de la belleza, esa especial armonía que produce la combinación de las cosas en un momento dado. A otros les era útil la entrega absoluta a la actividad del momento. Unos pocos se habían enamorado del Santo Nombre y no podían ya dejar de escucharlo en el corazón o en una cierta forma de “eco” interior.

Solía decirme que el único propósito de la vida humana era “dejarse tomar” por Dios. Que venimos para ser encendidos por su Espíritu y que en esa unión fogosa estaban todas las respuestas a todas las preguntas y que era vano antes tratar de comprender. Querer comprender a Dios y el sagrado designio con nuestro entendimiento es como pretender navegar en un barco de piedra. Los dientes están para masticar, los pulmones para respirar, la mente para implementar cuestiones bien funcionales. No es el órgano para unirse a Él.

Sin embargo dejaba claro que la razón no debía oponerse a la fe, porque sino en los momentos difíciles la fe perdía sustancia y era vencida por las contradicciones de la razón. También insistía en que la fe no es lo que comúnmente entendemos por ella. Que la fe en realidad no es creer sino ya, de algún modo, saber y saber con certeza. Pese a recibir toda esta enseñanza, Dios me parecía esquivo, ausente por completo y la belleza que veía en todo estaba envuelta en la nostalgia de la finitud.

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Los enlaces de hoy:

¿Es este escrito el final de la duda?

Invitación a retiro de Hermana Hodet de Ecuador:

Que el Señor los colme de bien a cada uno y sus seres queridos. Con profunda alegría invito el retiro Virtual *»Un Camino de Amor y Dolor», el mismo que iniciaremos el lunes 22 y culminaremos el jueves 25 de marzo. Pueden hacer extensiva la invitación a sus familiares, amigos, conocidos y vecinos. Saludos cariñosos. Shalom. Abre este enlace para unirte a mi grupo de WhatsApp: https://chat.whatsapp.com/I39YwJAWVmEJCENY9nXfGh

Memorias del desierto

El sol fatiga, de tanto brillo lastima. Nuestros pasos se suceden lentos y cadenciosos. A la prisa por la meta le oponemos la reclusión de la mente en el momento. El fulgor de las dunas nubla el horizonte y rara vez percibimos alguna forma que a manera de sombra desprenden las ruinas.

La oración fluye, viene y se va, se concentra o se diluye según vive en la intención. El Santo Nombre surge a veces del ritmo de la marcha y deslizándose en la respiración termina goteando en la arena junto a las gotas de sudor. Al abrigo de un pequeño promontorio tomamos agua y oramos las vísperas, salmodiar es un oasis para el corazón. La oscuridad se anuncia con pequeños remolinos repartiendo polvo como llovizna fina.

Aquí se teme la noche tanto como se la desea. Nos acobarda el frío y nos extasían las estrellas. Nos vamos durmiendo arrebujados, mirando joya tras joya del mapa estelar, con ojos fijos en los incontables rostros de Dios. En algún giro del cuerpo se vuelve a la conciencia en plena madrugada y se observa que no hay brisa, ni sonido, ni tiempo alguno que se mueva. El firmamento anonada, muestra al planeta extraño y parece desconocido.

Carlo reza “Jesucristo, Jesucristo…” pero está dormido, plácido. Amanece cuando entonamos laudes de cara al sol que todavía no se muestra. No nos falta el vigor y tampoco la pena por la muerte de aquél que nos hizo hermanos. Al rato, divisamos claramente el macizo y las salientes y las varias cuevas bajas junto al espacio de verdor. Varias horas después llegamos. Nos esperaban animosos. Nos abrazamos en silencio, conmovidos por todo.

Apenas refrescados nos llevan junto al cuerpo, ya preparado, en la pequeña ermita. A cada uno dejó un presente. Para nosotros son reliquias. Un rosario, algunas cruces, tres iconos, dos libros, unas mantas, algunos cuadernos. Con sorpresa encontramos dos fotos viejas detrás de la Virgen. Es él, de niño, junto a sus padres. La otra lo muestra sonriendo al  lado de un triciclo con gorrita de verano. Todos nos emocionamos mucho y no puede evitarse algún sollozo. Es que nos ha parecido conocerlo ahora por completo.

La misa fue muy sentida y en lugar de homilía se leyó una carta suya, escrita unos meses antes, previendo su final cercano. Ha dicho algo para cada quién haciéndonos sonreír por esa capacidad suya de ir a la médula de nuestros rasgos. También resumió su experiencia de vida en palabras simples que nunca olvidaremos. Luego, junto al fuego, con los testimonios y las anécdotas logramos situarnos en la alegría. ¡Es que la bondad de Dios se muestra de tantas formas!

Al día siguiente volvemos por donde vinimos. Nunca tan extranjeros y peregrinos.

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Hermanas y hermanos, la imagen de hoy es un óleo sobre tela de 50 x 60 cms. autoría del blog y lo ofrecemos a la venta para el sostenimiento del mismo. Si os interesa u otros similares escribid a nuestro correo: bloghesiquia@gmail.com

Enlace de hoy:

Cursos de Liderazgo cristiano

La irrupción de lo sagrado

Serie sobre la conversión III

A veces, en la historia humana, lo sagrado irrumpe de manera manifiesta transfigurando el mundo. Esos momentos especiales donde la gracia se muestra de modo más evidente para muchos implican una experiencia. Episodios como los de Moisés o Elías son una muestra de aquello a lo que nos referimos y por supuesto la vida de Jesucristo y todo lo implicado en ella.

Esta experiencia en el cristianismo original fue la del Cristo en el corazón o la de los dones del Espíritu Santo y que puede verse también en la vida de muchos santos o espirituales luego a través de los siglos posteriores. ¿Pero en qué consiste esta experiencia capaz de modificar por entero la vida del que la vive, de transformar sus ámbitos de relación, su conducta cotidiana y que transforma completamente la visión que se tenía hasta entonces?

Antes que nada parece implicar la confianza. Los que viven esta presencia nueva se sienten de pronto confiados. Una cierta certeza los colma y les provoca descanso más allá de la aparente agitación o actividad que sus deberes les acarrean. Este descanso del corazón que se apoya en la providencia divina, es entrega y abandono que los «despreocupa»; aunque puedan verse muy ocupados. Ellos viven «la gran vacación del alma» no como ociosidad, letargo o entrega al hedonismo consumista sino como frescura, tranquilidad en medio del bullicio y ausencia de temores.

En todo caso, atraviesan el desierto de los temores en oración continua, conscientes de los ataques que una noción de desamparo y soledad puede insinuarles. No buscan el martirio ni la confrontación, no quieren llevar la razón; en todo caso persisten vigilantes a la paz del corazón. Y ¿de donde deriva la paz imperturbable que parece poseerlos? Se han dado cuenta que todo depende de Dios, tratan de hacer lo mejor que pueden donde están, en cada momento y quedan libres de la expectativa por los resultados. Al fin y al cabo se saben de paso.

Antes o después el viaje termina y no se olvidan de ello. La consciencia de la finitud los torna veraces y decididos, se dejan actuar por una fuerza intangible que no puede apresarse pero que sienten y reconocen. Contrariamente a lo que pudiera suponerse no son personas especiales. No son extraordinarios sino como nosotros, como todos nosotros. Primero buscaron la satisfacción en los innumerables objetos, personas y situaciones que ofrece el mundo. Luego reconocieron que ni el éxito ni el fracaso les daba lo que buscaban; que el vacío interior persistía con terquedad.

Entonces buscaron con ahínco «hacia adentro», sin saber que seguían tendidos hacia afuera. Afanosamente fueron tras doctrinas, maestros, libros o métodos. Con vehemencia iban de aquí para allá y en esa búsqueda un día la mente se rindió. Y al rendirse la mente fue primero el corazón. Y este ponerse el corazón al mando no fueron emociones fugaces o sensiblería fácil; sino una firmeza calma que provenía de un sitio olvidado, de una vivencia oscuramente recordada o muy brevemente visitada.

Esta serena alegría que sin esfuerzo vive imperturbable, fue también llamada hesiquía del corazón. Esta ermita interior se asienta en la clara percepción de la divina presencia; en un «darse cuenta» de su providencia en todo y en el cierto presentimiento, íntimo e intransferible, de que la muerte al igual que la vida no son lo que parecen…

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Enlaces de hoy:

El hombre interior (San Demetrio de Rostov)

Historia de un alma (Audiolibro)

Permitirnos la presencia

Serie sobre la conversión II

Una forma de vida que se nos ha hecho costumbre es la de vivir tendidos, estirados hacia el futuro; por lo general hacia propósitos diversos en varias áreas de nuestra vida. Los deseos múltiples forman imágenes de situaciones ideales y hacia ellas emprendemos camino, por lo general presurosos.

¿Cómo empieza esto? Es un hábito adquirido a través de la familia, de los medios, de la cultura en general. Observamos nuestra situación vital con el prisma de los gustos y disgustos. A cada percepción le agregamos un «me gusta» o un «no me gusta» o un «mas o menos... pero mejor si fuera«… Lo que observamos en las redes sociales y en casi todos los medios, esto de poder dar un «like» o «dislike» a lo que aparece es en realidad el reflejo de lo que ya ocurría en nosotros. Percibimos tomando posición, agregando nuestra personal impronta, adhiriendo o rechazando. Esto no es percibir. Es desear. Vivimos deseando.

Vivimos tironeados por las carencias, casi todas aparentes. Pocas veces son tales. Esto no está ni mal ni bien, es un modo de funcionamiento muy propio de lo biológico que pretende alcanzar las mejores condiciones medio-ambientales para asegurar la supervivencia del organismo. Sin embargo la vida del espíritu es diferente. Es sobre todo una mirada atenta. Desde allí se observan las situaciones y también los deseos que aparecen como parte de la misma. Pero se permanece a cierta distancia. Hay un estarse abiertos a la enseñanza que traen los acontecimientos como resultado de la omnipresente voluntad de Dios. El supremo misterio se transparenta a través de lo que ocurre y revela significados accesibles a los sentidos espirituales.

Para ver hay que dejar entre paréntesis lo que quisiéramos. Permitirnos la presencia. Ayunar de los apetitos y de los tantos quereres, no reprimiendo sino atestiguando. Esto los transforma en objetos percibidos y los desnuda como simples impulsos que vienen y van. No hay porque vivir la vida a expensas de esos vientos variables y quedar sometidos a su antojo. De otro modo nunca estamos mas que estirados hacia donde creemos que vamos. No hay nada erróneo en dirigirse hacia alguna meta, en tener alguna planificación; el problema está en vivir más allá que acá; en extraer la fuerza vital de un futuro imaginado en lugar de un ahora actual y en ese sentido, más cierto y veraz.

¿Adónde vamos? ¿Qué desesperamos de alcanzar? Una sensación sin duda. Sensación de paz, de bienestar y plenitud. ¿Y si eso que buscamos estuviera ya presente pero escondido precisamente por ese modo inauténtico de vivir? ¿ Y si el problema no estuviera en lo que me falta en este o en aquel ámbito de la vida sino en mi modo de ser y estar? Si esto fuera así, si el centro de la cuestión fuera mi modo de existencia; la solución debería provenir necesariamente del interior. A veces la gracia se manifiesta como una comprensión profunda que permite la conversión genuina y estable. O puede ocurrir una caída en cuenta radical que descorre los velos, provoca la rendición de las fantasías y el aire se torna limpio como en una mañana fresca.

El sentido de la vida no deriva de un propósito en medio de la finitud inapelable o de metas diversas por alcanzar. El sentido es algo que atraviesa la vida ahora mismo y que permanece inalterable, disponible y abundante. Le han llamado el despertar de los sentidos espirituales; también El Cristo del corazón o la luz del Espíritu Santo. Más allá de nombres y formas es una presencia inequívoca que transfigura el mundo.

Suena bien pero me parece algo desconectado de mi realidad. ¿Cómo bajarlo desde las palabras a mi realidad concreta?

elsantonombre.org

Enlaces:

Homilía del Padre José

La Cuaresma interior

Serie sobre la conversión I

¿Qué me puede decir sobre la Cuaresma?

En cierta forma, la vida puede verse como una Cuaresma, como la preparación para el paso final, la Pascua a la resurrección. Será bueno interiorizar la cuaresma. Darle algo de ayuno al cuerpo nunca viene mal; nos muestra la dependencia que tenemos de la comida como medio para aplacar las ansiedades, deja expuesta nuestra esclavitud a los hábitos y las costumbres adquiridas. La principal purificación que nos muestra el ayuno o alguna privación; resulta de esta toma de conciencia que nos devuelve un poco a la humildad. Nos sitúa con más criterio en la realidad que vivimos y no en la que creemos vivir.

¿Qué realidad vivimos? La dependencia. Un sinfín de deseos que se nos han vuelto necesidades. Ya no es tomar agua lo que necesitamos sino tal o cual bebida saborizada. Ya no es comer lo que necesitamos sino aquel plato en particular que tanto nos apetece y que cuanto más paladeamos más deseamos. Y así como hacer el ejercicio de privar de algo habitual al cuerpo nos pone en presencia del sometimiento en que vivimos a sus impulsos; darle algo de ayuno a la mente nos deja sorprendidos; advertimos la duermevela vagabunda en la que solemos permanecer.

¿Qué sería ayunar en lo mental?

Dejar de rumiar los mismos pensamientos de siempre. Dejar de darle vueltas siempre a las mismas cosas como si en ese masticar las tensiones los problemas fueran a resolverse. Reconocer que, del mismo modo en que acostumbramos a comer cierto dulce en el desayuno, suelen discurrir los pensamientos por el mismo camino gastado, mas o menos a las mismas horas. Siempre tendemos a comer lo mismo, dependientes como somos de tales aromas y sabores. Igualmente, siempre tendemos a «pensar» lo mismo, dependientes como somos de ciertas sensaciones «preocupantes», que si no estuvieran desnudarían el vacío de significado en nuestro cotidiano.

Desatender los pensamientos que aparecen y dirigir la atención hacia el propósito interior trazado es un formidable ayuno mental. Por ejemplo, dirigir la atención a la vía de oración a la cual nos hemos consagrado o hacia la percepción de la presencia de lo divino en lo que ocurre, o simplemente, concentrarnos en hacer lo mejor posible lo que tenemos entre manos en el instante; es conversión continua. Agarrar la atención que se nos escapa, una y otra vez y traerla de vuelta a casa, al corazón y llevarla allí donde queremos realmente depositarla, es ayuno, limosna, purificación y Cuaresma del alma.

Quién permanece presente en el sitio de la atención, tiende a comer menos naturalmente, solo lo necesario. Desde esta conciencia atenta se escucha más a los demás y surge una especie de caridad espontánea apropiada a cada situación. Esta misma vigilancia nos muestra la mezquindad constante que nos atrapa y entonces nos quedamos más humildes, pero sin tristeza. Es un quitarse el maquillaje y mirarse de frente y encontrar allí mismo el amor a nosotros mismos sin condiciones. Se supone este tiempo litúrgico como oportunidad de conversión, de cambio profundo… dejar de defender una imagen, dejar las pretensiones, ir soltando los cuidados y abandonar las razones vanas que nos atan al sufrimiento es volvernos auténticos y verdadera penitencia…

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La aparición de la vida

Serie sobre los pensamientos VI

Un día me encontré aquí, en lo que todos llaman “el mundo” o “la vida”. No supe a ciencia cierta cómo es que esta aparición se produjo. Se me dijeron  muchas cosas sobre esto, pero fue siempre información de oídas y en cierto modo dudosa, al ser contrastada luego con otras opiniones e informaciones acerca del origen de todo. Aparecieron muchas personas, innumerables actividades, paisajes naturales diversos y de belleza incomparable. También surgieron emociones por doquier, alegrías brillantes y dolores inimaginables; comedia, drama y tragedia enlazados en todos los rincones. Un aparente mal, escondido siempre en lo imprevisto convivía con grandes espacios de bien y de un sentimiento parecido al amor.

Después se revelaron galaxias, millones de estrellas, el colapso de mundos distantes, la posibilidad de otras vidas, nebulosas coloridas y vacíos sin nada, densas oscuridades. Olas que vienen y van en el océano vital, caminos sin fin, vórtices hipnóticos, tendencias apremiantes… Mientras tanto, el mundo pequeño e íntimo de lo mental, también crecía y se hacía complejo. Como si fuera un mundo reflejo del otro veía en ambos, afuera y adentro, situaciones similares. Solo era distinta la escala, la medida, pero el argumento central aquello que gemía “allá” y “acá”, era lo mismo. La sorpresa ante el hecho de la vida, la pasión por ella y el miedo a perderla. El horror a dejar de ser y de estar. A partir de allí, todo lo demás, incluyendo el dolor y el sufrimiento como anuncios de la muerte, de la angustia primigenia.

Un buen día apareció Dios… primero como idea antojadiza, luego como concepto estructurado, más tarde se hizo creencia. Mucho tiempo después se transformó en lo que llamaría “experiencia” de Dios. Una vivencia íntima, intraducible al lenguaje que las palabras solo degradarían. Fue un conocerle de modo singular. En todo ese proceso, mientras Dios mutaba en mí desde la idea a la experiencia, quise usarlo, pedirle, negociar con Él. Quise verlo como un objeto, como pueden verse las cosas e incluso a veces las personas. Traté de poseerlo como visión magnífica en mi interior. Quise que respondiera con claridad para mi entendimiento, quise que se anunciara, que me acompañara, que de algún modo se mostrara.

Es decir Dios fue objeto de mi deseo y solo la frustración quedaba como residuo, como sucede con todo deseo. Si el deseo se logra deja ya de interesar; encaminándose la mente en pos de uno nuevo y si  no se logra se instala la frustración o el resentimiento. También, durante ese desarrollo vital, hubo el esfuerzo legítimo de controlar la vida, de encauzarla hacia donde yo quería. Hubo aparentes causas y efectos posibles; hubo lucha y fracaso y repetidos intentos de hacer que las cosas fueran como, según yo, tenían que ser. Nada de eso. Ni de cerca.

Curiosamente Dios empezaba en ese entonces a revelarse como la oposición a lo deseado. Yo no podía negarle el poder supremo, ya que había hecho la existencia misma con todo lo que incluye y sin embargo, cuando las cosas no iban como quería, me parecía una especie de error de Dios. Al menos conmigo, Dios se equivocaba. Así lo vivía, como injusticias de la divinidad para conmigo. No fue sino hasta mucho tiempo después cuando empecé a ver la concatenación oculta de los hechos. Los significados que estaban vivos tras los acontecimientos aparentemente desafortunados…

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La moral en Santo Tomás

La pretensión imposible

Serie sobre los pensamientos V

… Por lo general intentamos controlarlo todo. Y la mente es el instrumento mediante el cual pretendemos lograr semejante cosa. Pero es imposible conseguir este propósito que la mente por si sola se pone como meta. No podemos manejar el curso de los acontecimientos. ¿Cómo podríamos, si ni siquiera somos dueños de nuestras propias reacciones? ¿Cómo podríamos conocer los innumerables factores que convergen para que ocurra un hecho determinado? ¿Cómo saber lo que conviene aquí y allí desde nuestra pequeña visión?

El plan divino se desarrolla en cada instante a través de los acontecimientos y no somos del todo capaces de percibir la esencia de su sentido ni la profundidad del significado que en ellos se encuentra. Atolondrados  queremos encauzar lo que ocurre en función de nuestros intereses. Sin embargo, lo bueno para nosotros no siempre es lo que la mente pretende. Acuciada por el ansia y el deseo constante va urdiendo planes para satisfacer a un cuerpo que se torna insaciable sin la primacía del espíritu. Y mientras más se colma más desea y en este frenesí ambiciona sin límites, pretendiendo forzar la trama de los hechos. En cada momento, si uno observa, puede detectarse que motivación va impulsando nuestros movimientos.

Esto que hago, ¿Qué propósito tiene? Si corro tras el placer, es el cuerpo el que me guía, quién ha tomado el mando. Y no es que el placer en sí mismo sea dañino, sino que lo nocivo es tenerlo por norte y centro de toda acción. ¿Vas tras la gloria? ¿Qué pretendes, tener la razón? La mente se ha hecho reina y busca el tipo de goce efímero que resulta de la comparación. La lista con ejemplos podría ser muy larga. Pero la clave para librarse no es compleja. Encontrar a Dios en el corazón es un descubrimiento factible cuanto más se suelta. No se lo encuentra a través de la contracción, ni de lo duro, ni del forzamiento. “Felices los mansos, porque heredarán la tierra” (Mt 5, 5) “Por el contrario, el fruto del Espíritu es: amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza…” (Gal 5, 22)

La confianza en Dios es la llave que abre la puerta de la paz. No hay posibilidad de sosiego sin este fondo de entrega confiada hacia Aquél que es el origen y fin de todo lo que existe. El plan de la creación se desenvuelve sin fallas y mi lugar en él se evidencia cuando actúo con esa confianza. La actitud confiada, esa que sabe que no está solo el hombre en su camino y que todo tiene un sentido último en el corazón de la Trinidad, permite una acción eficaz que no siendo excesiva tampoco es negligente. ¿Esto qué hago surge del temor o de la confianza y la fe? Si me conduce el miedo, el temor a perder, el desespero de alcanzar, la furia de aquél querer lograr… la crispación y el conflicto mostrarán lo equivocado de ese modo de actuar.

Pero ¿Cómo confiar? Y ¿Cómo quedarse en la confianza? ¿Cómo vivir el gozo de quién sin prisas descansa en la voluntad de Dios?…

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Hermana Hodet desde Ecuador invita:

Saludos a todos, espero en Dios que cada uno de ustedes se encuentre bien.
El motivo de mi mensaje es para extenderles una invitación al retiro “VIDA FRATERNA”, el mismo que iniciará el día sábado 13 de febrero de 2021.
Los que deseen participar, pueden hacerlo, uniéndose al siguiente enlace. Millón de gracias, y bendiciones 🙏🏻
https://chat.whatsapp.com/LSZ1wZCry215zCZI1T1vtg

Y aquí un audio del equipo de Filocalía:

¿Dónde está Dios?

Serie sobre los pensamientos IV

Este modo singular consiste en hacer bien algo, cualquier cosa de que se trate. Para efectuar con corrección una tarea determinada es imprescindible estar presente uno mismo. Ser consciente de lo que se está haciendo. Es decir un estarse en eso y no con el ansia en otra parte o en el momento que sigue. Es un modo de tomar a la acción como oración. Un ponerse en particular disposición a fin de efectuar un trabajo impecable, sin error o con el mínimo error posible, ya que sabemos que a nuestra naturaleza le resulta esquiva la perfección.

Cuando uno era joven e iba a salir en plan de divertirse, todos recordaremos; había una preparación muy especial que se efectuaba, más allá de cuestiones de género. Toda una tarea de ponerse lo mejor posible. Uno se duchaba, se cambiaba, se perfumaba… a estas alturas da risa, pero es la verdad. Un deportista antes de la competencia actúa de modo similar. Realiza tareas pre-competitivas, se pone en posición, entrena los movimientos etc. A mí me ha servido eso muy especialmente, ese prepararse previamente a una acción determinada, como acercamiento a la experiencia de percepción de la presencia.

Por especial recomendación de mi padre espiritual, escogía una actividad y la transformaba en ceremonia y ofrenda. Me conectaba mediante ella a un sentimiento de unción y reverencia. Sin duda que la iconografía, la cerámica, tareas de precisión o artísticas sirven y facilitan esta conexión, pero cualquier menester permite introducir esta especie de “valor agregado” que surge mediante la atención y se consuma en la actitud de oración.

Pues si barres el cuarto, lo harás sin dejar rincón descuidado. Tratarás de estar en buena postura mientras te mueves, procurarás no levantar  tierra en el ambiente, recoger bien lo barrido… hacer sin prisa, estando en aquello en lo que estamos. No con la mente en otro sitio, como si hubiera en algún lugar algo de mayor preferencia. La prisa siempre indica la falta de atención a uno mismo y a lo que lo rodea y por lo tanto es imposible que en esa situación mental nos demos cuenta del aliento sagrado que mana y vive en todo y en cada instante.

La mejor recomendación que puedo dar para que quién se siente ajeno a la experiencia de Dios en lo cotidiano se aproxime a ella, es esta: Olvide todo y dispóngase a hacer algo lo mejor posible, sin apuro, con el mayor amor que encuentre en sí mismo, con una completa dedicación al instante en la tarea. Esto es poner toda la atención en ese momento. Implica una postura corporal correcta y adecuada a la actividad de que se trate; una respiración profunda y tranquila; una actitud sosegada sin ansia de terminar, ha de tomarse a la actividad como un fin en sí misma. En la mente, nada que no sea la tarea o, si la índole de esta lo permite, la oración de Jesús como fondo en el cual hacemos lo que hacemos. O la forma de oración que a uno le sea más afín.

No importa en ese momento como juzgue la marcha de mi vida. No importan mis fracasos, ni los errores o caídas, ni tampoco existe aquella cosa que me preocupa de un futuro que imagino con temor. Importa la ofrenda que ahora voy a hacerle al Señor, de una actividad sin mancha. O, en todo caso, este intento que realizo anhelando el bien hacer. Dios se percibe más fácilmente cuando uno se entrega. Y si hay divagación no hay entrega. Cada vez que divago me doy cuenta de que no estoy con la atención dispuesta y confiada. Debo volver a ella. Porque si no estoy atento, no percibo la presencia que busco.  Lo divino está en nosotros y fuera de nosotros, pero nosotros estamos en otro lado, por lo general en secundariedades. No es extraño entonces que nos pasemos buscando a Dios de un lado para el otro, sin nunca estar satisfechos del todo.

Dios, es más cercano e íntimo que nuestro propio corazón, pero nosotros estamos convencidos de que encontraremos la felicidad en aquello o en eso otro, o en lo de más allá; tenemos tremenda fe de que cuando consigamos estabilizar tal situación, o comprar tal cosa, o modificar tal otra, allí sí nos será posible algún otro tipo de experiencia.  Vivimos ilusionados con espejismos vanos. ¿Dónde está Dios? Allí donde no están tus divagaciones…

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La propia presencia

Serie sobre los pensamientos III

… Esto esta en la raíz de nuestra constante agitación en pos de logros exteriores. Hay muchas cosas que realmente no se necesitan o actividades que tampoco son necesarias; que encuentran su explicación en esta función que cumplen de acallar el dolor interno que producen la carencias. La mente es la que constantemente busca cambiar de situación y la que nos impulsa para seguir siempre hacia adelante, buscando el momento siguiente, impidiéndonos permanecer en el presente.

La mente por cierto es un mecanismo que al detectar tensiones corporales, va tratando de poner las imágenes necesarias, en forma de proyectos o de diálogos, que aflojen esas tensiones del cuerpo. Es una función que no está porque sí, tiene su utilidad. Pero claro, en tanto nos identificamos con esta actividad de la mente, padecemos mucho. Si nos dejamos llevar por lo que ella dice, creemos que es esto o aquello lo que nos intranquiliza y ese es el principal engaño. Porque a poco que logramos esto o aquello, la agitación vuelve. Se trate de un objeto material, de una relación afectiva, de un cargo de privilegio o de un reconocimiento social… el ansia vuelve y una vez más se apodera de nosotros, tironeándonos hacia el futuro, acosándonos con su aguijón para que desesperemos de alcanzar este nuevo espejismo, que se supone, ahora si nos dará la felicidad buscada.

Dios vive en el interior del hombre. Dios, está con nosotros. Y esa presencia divina es la que colma todas nuestras ansias actuales y posibles. Pero para que esto no sea solo un algo dicho o una creencia más, es necesario aceptar que el problema esta en nosotros y no en lo exterior. Por difícil que parezca o resulte, mientras no me convenza de que “la perla” esta en mi casa y no en otro lugar, será imposible encontrarla.

Pero hermano, usted habla desde una experiencia personal, ¿Cómo hace quién no la tiene para encontrarse con ella?¿Cómo hacer para acercarse a esa experiencia de vivir en la presencia de Dios o a ese estado en el cual se percibe lo sagrado en lo cotidiano?

Antes de percibir la divina presencia en todo, es necesario advertirse a uno mismo en el momento actual. Darse cuenta de la propia presencia. La atención* es la herramienta que recomiendan los padres del desierto desde antiguo y que uno mismo puede comprobar como esencial a poco de iniciar estos trabajos. Así como sin la gracia no se puede nada; en lo que concierne a la participación personal en estas tareas de elevación del alma, sin atención no hay ningún avance. Se utilice un método u otro de oración, más allá de las variaciones en la ascesis personal o de la situación de vida, la atención es el aporte que podemos hacer y está en nuestra mano para facilitar y abrirnos a la llegada del Espíritu Santo. Si tú me preguntas por dónde empezar, te digo que por un hacer muy particular…

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El sol de lo que acontece

Serie sobre los pensamientos II

Para encontrar el rumbo debo partir desde donde estoy y no desde donde ilusiono estar. ¿Y dónde está uno? Aquí y ahora. Con esto que percibo afuera de mí y en mí. Debo atreverme a penetrar en el desierto del presente desnudo de ilusiones y abrirme al sol de lo que acontece. Para ello, debo salirme del barullo y la agitación mental y situarme con actitud alerta ante el instante.

La oración de Jesús, cuando uno intenta practicarla con asiduidad, nos lleva primero que nada a tomar conciencia de esta alteración mental permanente, nos damos cuenta de que nos resulta imposible manejarla, de que, aunque queremos no podemos. Nos sorprendemos cayendo en cuenta de que la mente nos maneja a nosotros y que por lo pronto, no somos dueños de ella.

Nos sentimos diferentes a la mente. Porque teniendo nosotros la intención de acallarla y conducirla hacia la oración, nos vemos sometidos por la distracción. Estos primeros descubrimientos son muy buenos, porque uno comienza a des-identificarse de los pensamientos. Tu pregunta inicial días atrás era acerca de lo dicho sobre la necesidad de dejar a un lado los pensamientos y la de hoy un poco más en torno a cómo sería posible hacer tal cosa. Y muy de a poco intento responderte con mayor detalle de lo que se expresó en el libro. El acceso a la paz del corazón no es posible por la vía sicológica, esto es deliberando y “acomodando” los contenidos de la mente. Esto solo fortalece aquello que es preciso abandonar.

Cuando la mente se silencia la paz queda, porque es lo que siempre está detrás. Y la mente se silencia, cuando conduzco la atención. Cuando dirijo la atención con una intención precisa, el silencio viene de la mano. Sea que dirija mi atención hacia la repetición de la oración de Jesús, como una manera de centrar la mente, enlazando en torno a ella los contenidos de la dispersión; sea que dirija mi atención a lo que perciben mis sentidos en este instante, abriéndome por decirlo así a lo que ocurre en el presente, en cualquier caso estaré permitiendo el surgimiento del silencio. Silencio que siempre es el fondo de las cosas, silencio que es sostén y marco en el que se producen los acontecimientos, silencio que es gracia proveniente de lo alto y anticipo del soplo del Espíritu.

¿Por qué se produce este siempre querer estar en un lugar o situación diferente de aquella en la que nos encontramos?

Principalmente debido a que creemos que es lo exterior lo que nos brinda la felicidad que difusamente buscamos en todo lo que hacemos. Este es nuestro error básico. A lo largo de los años me encontré con una certeza: No hay nada afuera que pueda llenar el vacío interno. El ser humano se completa a partir de la interioridad o no se completa. Este vacío se me hacía evidente cuando me quedaba en quietud. Cuando me negaba a seguir “corriendo” en pos de algo y me quedaba un poco quieto, surgía rápidamente este desasosiego que me impulsaba a tapar y a llenar de cualquier modo, una sensación de ausencia y de carencia que se tornaba intolerable…

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Dos enlaces:

El principio

Si las palabras fueran agua

El vidrio opaco

Serie sobre los pensamientos I

Queridas hermanas y hermanos en Cristo Jesús: Iniciamos febrero con una serie de posts donde repasaremos textos antiguos del blog e incorporaremos otros nuevos, en torno al tema de los pensamientos, como el velo que nos oculta la percepción de la presencia de Dios en el cotidiano. Queremos de este modo continuar con la temática del último retiro y también con algo de tratamiento frecuente en los dos cursos que se ofrecen en este sitio. Hilar fino en este tema nos parece de mucha utilidad para nuestra forma de ser y estar en el mundo. Un abrazo fraterno invocando el Santo Nombre.

– En el libro La oración de Jesús” – Iniciación a la práctica – en la primera carta se dice: “Desde el punto de vista de la psiquis, el que esta oración abraza ha de irse despidiendo de los pensamientos. La principal dificultad no es acostumbrarse a la oración sino renegar de ellos. Y esto porque solemos identificar este discurrir de la mente con nosotros mismos”. – Quisiera si me puede aclarar más estos puntos. ¿Cómo es esto de que hay que despedirse de los pensamientos? Pienso que sin ellos no podríamos funcionar, seríamos semejantes a personas  con severo retardo mental.

– Entiendo perfectamente tus objeciones o interrogantes. Sucede que lo que hacemos habitualmente no es pensar. Y, en ese sentido, se ha dicho allí que debemos renegar de los pensamientos. Debemos abandonar un modo divagatorio de pensar, una manera errónea de organizar nuestra experiencia a medida que vamos viviendo. Por lo general, llamamos pensar a un cierto “etiquetar” los fenómenos que se nos van presentando en los sentidos.

También, consideramos pensamientos, a las asociaciones que se producen automáticamente en nuestra mente entre lo que percibimos y lo que recordamos. Cada cosa que vemos recibe desde nuestra mente un nombre y queda inmediatamente relacionada con nuestros registros de memoria, con lo que hemos vivido.  Esto puede ser un muy interesante mecanismo de supervivencia, pero no es pensar.

Estrictamente hablando, – pensar – no es algo que nosotros hagamos, sino que “se hace”, del mismo modo que la digestión, que la respiración o que la renovación de las células de la piel y otros fenómenos de similares características en nuestro cuerpo. Asimismo, inevitablemente, se elabora en la mente una imaginación respecto de aquello percibido; poniendo a lo que se ha visto en relación con nuestros intereses a futuro. Nunca vemos la cosa, sino en función de nuestras pretensiones, proyectos y temáticas de preferencia.

Esta situación forma parte de nuestra condición humana actual y en cierto modo, tiene que ver con lo mencionado en los primeros capítulos del libro del Génesis. Esta forma de funcionar la mente, nos desconecta de lo real, impidiéndonos ver lo que ocurre y reteniéndonos en un mundo con grandes dosis de fantasía. Además, nos hemos acostumbrado a “vivir dentro” de estos procesos autómatas de la mente y la equiparamos con nosotros mismos.

Es decir, nos identificamos con este suceder mental. Imagina que alguien tiene el poder de seguir los procesos digestivos y de darse cuenta cuando se segrega la bilis, cuando se van disolviendo los alimentos, cuando se incorporan los nutrientes y vitaminas al torrente sanguíneo… que esa persona va con su atención detrás de los movimientos peristálticos del intestino etc.  Mueve a risa, más aún si esto sucede todos los días y la persona continúa concentrada en seguir este discurrir metabólico. Imagínalo bien, día tras día, toda su vida. Lo que hacemos cuando creemos que pensamos es muy parecido.

Nos parece pensar, cuando en realidad vamos siendo llevados por una digestión mental de las experiencias que acontecen.  Cuando uno deja de “vivir allí» con su atención, cuando se abandona la identificación con estos procesos sicológicos, se abre un nuevo mundo que nos resulta desconocido… se produce una transfiguración del mundo.

Comprendo lo que explica, pero ¿Cómo salirse de la mente? O ¿Cómo poder vivir desde el lugar en el que se percibe lo real?

Una vez que uno ha aceptado al menos intelectualmente lo dicho, en cuanto a que uno no es ese proceso continuo de pensamientos que vienen y van, de diálogos y consideraciones sin fin sobre todo y todas las cosas; es posible dirigirse hacia otro modo de estar. En este cambio al principio, es decisivo orientar la atención hacia los sentidos, quitándola del acontecer mental. Aclaremos bien esto para que no se entienda mal:

Lo común es vivir “ensimismado”, es decir girando en torno a si mismo de manera egoica, abrumado por los propios problemas y temáticas, absortos en nuestros procesos sicológicos, esclavizados por lo que nos contraría, pujando por alcanzar aquello que se nos antoja como la felicidad. Por eso te decía que es importante sacar la atención de ese discurrir mental y empezar a atender a lo que percibimos. No podemos caer en cuenta de la divina presencia en lo cotidiano mientras miremos sin mirar, escuchemos sin escuchar, o proyectemos en lugar de percibir.

Es como si nunca estuviéramos realmente donde estamos. Nuestra vida tiene mucho de simulación porque en verdad queremos siempre estar en otro lugar, allá donde nos tironean las ansias. El particular modo de hacer que se menciona también en el libro en la carta tres y el llamado «sacramento del momento presente», al que se hiciera referencia en los ejercicios espirituales del peregrino ruso, aluden también a esta. A la necesidad de situarnos primero donde estamos antes de acometer cualquier intento de mejorar nuestra situación de vida…

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Dos enlaces:

Liderazgo para responsables de equipos pastorales

Conoce los Testigos del Amor

Algo de Filocalía

Queridas hermanas /os en Cristo Jesús: Aquí les dejamos la transcripción de la primera parte de la clase 25° de Filocalía, para que puedan revisar si esta temática y el modo que se utiliza para su transmisión es de vuestro interés. Debajo el vídeo origen del texto. 

Si deseas participar y no estás anotado desde el año anterior, envía tu correo a cursofilocalia@gmail.com – Si puedes y quieres ayudarnos haz llegar una aportación económica voluntaria a través de alguno de estos medios: Página de contacto y donaciones

«Estimadas hermanas y hermanos. Estamos juntos nuevamente para abordar a Máximo, el confesor, en esta vigésimoquinta clase del curso de Filocalía 2020. Nos va a llevar quizás una clase más al menos. Este complejo y profundo maestro espiritual, que tiene matices muy diversos en su doctrina, en su enseñanza. Varios de los cuales pueden servirnos de mucho en nuestra práctica espiritual y en nuestra vida cotidiana. Recordamos que el primer significado de este curso de Filocalía era ver si podíamos aprender algo de estos monjes que pudiéramos llevar en nuestro día a día y así tratar de sumarnos de alguna manera a esta vía de la ascensión espiritual que ellos predicaban y practicaban.

Habrán visto ustedes una película que ya tiene bastantes años, llamada al menos acá en mi país, «La terminal», una comedia romántica suave, donde Tom Hanks, actúa como un ciudadano de un ignoto país del centro de Asia, que queda varado en el aeropuerto de Nueva York por una cuestión de trámites legales. Y no puede entrar a Estados Unidos, pero tampoco puede regresar a su país. Esta comedia se desenvuelve casi toda en el aeropuerto de Nueva York. Donde el personaje permanece mucho tiempo y empieza a construir allí una vida, no tiene más alternativa que empezar a vivir en el aeropuerto. Bueno, y así se hace querido por los habitantes fijos de esta terminal aérea y la película sigue el curso de una comedia romántica. Ustedes dirán ¿Qué tiene que ver Máximo el confesor con la película «La Terminal»?

Es que Máximo, San Máximo, nos dice que el ser humano está en el medio, entre el cielo y la tierra. Que tiene cuerpo y que tiene alma. Y qué es un ser fronterizo. Que está al borde. Que su vida aquí es una duda. Es un movimiento permanente en busca de la unidad perdida. Nos sitúa como mediadores. Dice que el hombre es mediador entre lo celeste y lo terrestre. Somos un ser viviente, vinculante. Fíjense qué definición del ser humano, un ser viviente vinculante y tiene otras como, por ejemplo… «nexo universal» dice que somos el nexo universal.

También ustedes saben que Máximo divide a la creación en el mundo de los inteligibles o de los no visibles y en el mundo de los seres sensibles, que también son los visibles. Y habla de que el ser humano tiene una función mediadora también aquí, entre estos dos aspectos de la creación. En una parte de sus textos, dice que el alma es al ser humano, el alma es al cuerpo y al ser humano lo mismo que Dios al cosmos. Entonces sitúa al cosmos como un cuerpo y a Dios en su cúspide. Y hace una serie de simbolismos y analogías y recurre a pasajes bíblicos para usar ese significado, ese simbolismo. Pero no me quiero ir de tema: dice que el ser humano es el lazo de unión entre el cielo y la tierra. Que el alma está en una zona fronteriza. Quiero ver de qué otro modo lo dice… «el ser viviente vinculante». Fíjense qué términos, qué forma de expresión que tiene.

Este ser viviente, vinculante, ya vamos a ver después la relación con Cristo; este ser viviente vinculante que somos; no es sólo un medio entre un mundo y otro, es también un transformador. Es como si, al resumir en nosotros mismos todo el cosmos; acuérdense ustedes que Máximo dice que el ser humano es un microcosmos. Al resumir en nosotros el cosmos entero y al estar nosotros unidos a todo. Nuestra transformación lo transforma todo, cambia el cosmos. Entonces tomamos nosotros la obra de la creación, las plantas, los animales, todo lo que se nos ha dado en la tierra y tenemos la misión de transformarlo y elevarlo a cada cosa lo más posible en ese movimiento intrínseco de unidad que tiene todo el cosmos.

Vamos de a poco. Dice San Máximo que todo el cosmos está atravesado por una fuerza invisible que tiende hacia la unidad. Más tarde o más temprano todo va hacia el Uno, hacia el que Es, hacia Dios. Las cosas, las personas, las montañas, las nubes, los planetas, cualquier cosa creada tiende hacia la unidad. Aunque a veces no nos parezca, ese es el movimiento universal hacia la unidad. ¿Y cuál es la función del hombre? Colaborar con este movimiento hacia la unidad. Él tiene que ir uniéndose en sí y unir todas las cosas que toca. Máximo nos aporta el significado de que nuestra vida tiene sentido en tanto se dirija a la unidad que es Dios. Y nos sitúa como liturgos. El ser humano como oficiante de una liturgia cósmica universal. De un sacrificio, de un sacro oficio. De una ofrenda a Dios constante en su vida a través de lo que hace por fuera y también dentro, en el alma.

En esa parte más elevada que, como ustedes saben, la Filocalía por una influencia griega llaman el Nous, el órgano de la contemplación. Este órgano de la contemplación, la parte elevada del alma, dice Máximo viene a ser para el hombre lo que es Dios, para el cosmos. Viene a ser el alma para el hombre, lo que es Dios para el cosmos. Es decir, el principio del orden, el principio ordenador general y universal. En esta… en esta liturgia cotidiana, nos volvemos mediadores. ¿Cómo? Como dijimos, transformando lo que tocamos y elevándolo espiritualmente. Máximo dice que mediante la contemplación de los seres sensibles, de los visibles: un animal, una planta, una roca, la lluvia, las nubes, lo que fuera; mediante la contemplación de los seres sensibles y visibles, nos elevamos hacia la contemplación de los seres inteligibles, es decir, aquellos que no se pueden tocar ni ver, pero que se pueden entender, conceptualizar, comprender.

Por ejemplo un ser inteligible serían los ángeles, que no se pueden ver, no se pueden sentir, pero que podemos concebir. Entonces, la liturgia consiste en, mediante la observación y la transformación de lo sensible, elevarnos en el entendimiento, para posteriormente abandonarlo todo y quedarnos con la tiniebla luminosa. Es decir, con ese no saber absoluto; que cuando nos rendimos a ese no saber profundo que el ser humano lleva en sí, cuando nos rendimos es cuando podemos hacer la oración pura; qué es lo más cerca que se está de la unión con Dios, al menos en lo que podemos comprender, según nos dice el confesor. ¿Cómo, cómo puedo hacer para elevar mi visión desde lo sensible a lo inteligible y posteriormente hacia la contemplación de la tiniebla luminosa?

¿Cómo puedo hacer? Acuérdense ustedes, permítanme la digresión… que Máximo toma conceptos de Orígenes, toma conceptos de Evagrio Póntico y de otros por ejemplo los Capadocios que lo preceden. Y hace de eso una mezcla, uniéndolas con la revelación bíblica y no sólo con la exégesis bíblica normal, con la interpretación normal de la Biblia, sino con un modo de leer la Sagrada Escritura muy cargado de simbolismo. Máximo ve en la Biblia, la Escritura, un simbolismo permanente, una alegoría tras otra, un significado encadenado al otro. Y de eso hace su propia cosecha de esta influencia que vino de Evagrio, vino de Orígenes, vino de los griegos, incluso del mismo Platón, a través de otros, con esto del mundo de las ideas o el mundo de lo inteligible y lo sensible. Pero yo me preguntaba recién cómo se hace para ir de lo visible a través de los seres sensibles, llegar a los inteligibles y después a la tiniebla luminosa que nos permite unirnos a Dios, a ese incognoscible tan apofático tan de Dionisio que también Máximo utiliza.

¿Cómo se hace? Hay que tratar de advertir en las cosas las razones de las cosas. Y a través de esta visión, que es una mezcla de intuición y de gracia y de atención plena; a través de esta visión, de las razones de las cosas, de las esencias que viven en las cosas, podemos intuir el mundo inteligible, es decir: el mundo que no se ve, pero que puede entenderse e intuirse, se ha patentizado en el mundo sensible, en el mundo de la materia. El mundo de la materia está informado de lo que no es materia. Es como si estuviera atravesado por lo inteligible. Dice Máximo en palabras casi textuales, después leeré algún párrafo, que lo inteligible y lo sensible se interpenetran constantemente en una relación circular. El uno necesita del otro y se informan mutuamente.

Pero veamos un ejemplo más, más práctico, más entendible: Giovanni Pico de la Mirándola, un nombre muy musical; Giovanni Pico de la Mirándola, un sacerdote, un monje de principios del renacimiento; no quiero decirles el año porque no lo sé, no lo recuerdo ahora… decía que había algo que hacía que el can, es decir, el perro, se comportara caninamente y había algo que hacía que el hombre se comportara humanamente. Y así con todo. Enfatizaba él, esto de la esencia de las cosas y de los seres, hay una esencia que proviene de lo inteligible, que es lo que hace que los seres actúen como actúan, que tengan esa índole particular que los caracteriza. Entonces, cuando nosotros vemos a una mascota, por ejemplo, nosotros observamos a nuestra mascota y nos vinculamos a ella mediante el afecto. Pero esta observación nos permite intuir, por ejemplo… esa, esa bondad innata de estos animales; este no rencor, esa ternura que siempre tienen. Es algo que nos permite adivinar su mirada, su comportamiento. Lo vemos sin esfuerzo. Nosotros percibimos en los distintos animales y particularmente en las mascotas, esa esencia de carácter, ese temperamento profundo que viene desde lo más íntimo de esa criatura. Eso que alumbra a través de sus manifestaciones es lo inteligible que lo atraviesa.

Y así con todo. Es lo que nosotros sentimos o intuimos cuando se desata una tormenta, que a la vez nos puede suscitar pavor o asombro extático, quedamos como maravillados ante una gran tormenta. O cómo se nos refresca el ánimo con la lluvia sobre la tierra recién mojada. Es decir, todo esto dice Máximo, tiene su correlato en el mundo no visible. El cosmos observable tiene su equivalencia en lo no observable… y eso es un camino hacia Dios. Nosotros como humanos tenemos que encontrar estas esencias y colaborar con la creación de Dios, elevándolo todo en consonancia, en armonía con ese otro mundo inteligible. En ese otro mundo de las ideas, diría en términos de Platón… que está más cerca del mundo celestial, pero que no lo es. Y el hombre se encuentra entonces entre-medio, entremedio del cielo y de la tierra.

¿Cómo se efectúa esta liturgia? En parte, como decíamos, observando o intentando con una atención plena, abierta, intuitiva, que invoca la gracia… en parte mediante esa observación esencial y en parte mediante la transformación de nuestras situaciones, de cualesquiera hechos de nuestra vida, en ceremonia de alabanza. Máximo es terminante, nos dice que el sentido de la vida humana no hay que buscarlo ni acá, ni allá, ni más allá; el sentido de la vida humana es ir hacia Dios. Y para eso nuestros actos han de ser liturgia, ofrenda, sacrificio. Máximo, el confesor, nos dice algo hermoso: Que la vida tiene que ser una ceremonia. Es como si fuera una gran eucaristía. Recuerdan que dije al principio que el ser humano está unido a todo; esto lo podemos comprobar… el aire que entra en nuestro cuerpo y nos vivifica, el agua que bebemos, el sol que nos ilumina, comemos elementos que surgen de la tierra. Es decir, todo está interpenetrado como decíamos recién… y al estar el ser humano unido a todo, importa mucho la transformación individual también. Porque aunque nuestros ojos materiales no sepan ver la influencia, mi transformación cambia el universo. Mi cambio lo cambia todo. Eso nos dice Máximo y dota así de un sentido profundo a nuestra vida y aun a los momentos que podríamos considerar más nimios o más pequeños. Cuando nos vamos a dormir, el modo en que nos vamos a dormir, el modo en que despertamos, el modo en que lavamos, el modo en que estudiamos y sobre todo, como ya lo dijimos en la clase pasada, el modo en que amamos.

¿Cuándo es que el ser humano se convierte realmente en un liturgo universal, en ese viviente vinculante, en ese nexo universal? Cuando ama. Amando se produce ya de por sí nuestra liturgia. El deber litúrgico es amar. Esa es nuestra vestimenta, ese nuestro cáliz, esa es nuestra forma sagrada. Ese es nuestro rito sacrificial: Amar, porque cuando amamos al ser microcosmos interpenetramos el cosmos entero. Y aquí viene la vinculación, por supuesto, con Cristo. Cristo, que tenía en palabras de Máximo las dos voluntades la humana y la divina… Cristo vino de modelo, vino a decirnos exactamente cómo se ha de santificar la creación entera. Cómo hemos de santificar el mundo y al mismo tiempo dotar a la vida de un profundo significado. ¿No han visto ustedes que… los hechos y las situaciones desagradables nos agobian mucho más cuando no le encontramos sentido, cuando nos parecen carentes de propósito los sucesos, los hechos? En cambio, cuando alumbra el simbolismo, cuando se nos aparece la alegoría clara todo cambia.

Había un autor, Víctor Frankl, que fue un psicólogo si no me equivoco un judío que estuvo en uno de los campos de concentración en la Segunda Guerra Mundial, era un psicólogo y escribió después un libro muy famoso que se llamó «El hombre en busca de sentido», Viktor Frankl. Se los recomiendo mucho, es muy buen libro. Él observó, viviendo en el campo de concentración, observó que los que sobrevivían eran los que tenían un para qué. Por ejemplo, «quiero sobrevivir para volver a ver un hijo»… o para lo que fuera. Él, Viktor Frankl, encontró el modo de sobrevivir a esta atrocidad que le había tocado, proponiéndose crónicar lo vivido y escribir un libro. Él escribió gran parte de este libro en pequeños pedazos de papel, en servilletas, en elementos que había por allí, tomaba pequeñas notas. Vaya a saber con qué, porque no tenían nada. Y de esa manera él dotó, el llenó de significado la terrible penuria que atravesaba. Entonces nos dice nos deja esa enseñanza. Y dice algo así como que el ser humano puede soportar casi cualquier cosa en tanto tenga un para qué. Y Máximo, por supuesto, está totalmente alineado a esto, porque nos dice que el ser humano que es fronterizo, que no es de aquí ni es de allá, está en un permanente movimiento en busca del descanso que da la unidad.

Es decir, nos demos cuenta o no, pero a partir de ahora podemos atender a esto ¿No? Me doy cuenta de que esto abre una perspectiva muy interesante en el cotidiano. Nos demos cuenta o no, todo lo que buscamos es descanso. Y todo lo que hacemos busca la unidad desde la multiplicidad de la manifestación de lo creado, buscamos la unidad, una unidad que conocemos sólo por intuición, por cercanía… cuando atravesando lo sensible a través de lo inteligible, el nous, llegamos a la tiniebla luminosa donde el ser humano se rinde y dice «Señor, no sé nada». Y anclados en este no saber rendirnos, rendirnos totalmente a la voluntad de Dios».

Algo de Fenomenología

Queridas hermanas /os en Cristo Jesús: Aquí les dejamos la transcripción de uno de los vídeos de Fenomenología, para que puedan revisar si esta temática y el modo que se utiliza para su transmisión es de vuestro interés. Debajo el vídeo origen del texto. Mañana, Dios mediante, les entregaremos el texto con una clase del curso Filocalía

Si deseas participar y no estás anotado desde el año anterior, envía tu correo a fenomenologiacurso@gmail.com – Si puedes y quieres ayudarnos haz llegar una aportación económica voluntaria a través de alguno de estos medios: Página de contacto y donaciones

«Queridas amigas y amigos, estamos nuevamente juntos ahora en el ámbito de la Fenomenología. Trataremos hoy tres temas que surgen de consultas que ustedes me hacen llegar.

El primer tema es el de la duda o las dudas, que lo hemos tratado en alguna ocasión, con brevedad. Quizá por una cuestión cultural, no sabemos bien el origen de esta costumbre, tendemos a rumiar, a ponernos en una especie de reflexión introspectiva, sopesando las cargas cada vez que nos encontramos sumidos, sumergidos, en la duda o en las dudas. Desde el ámbito de fenomenología se entiende que cuando estamos en la duda es porque las cargas, las diferentes cargas entre distintas imágenes, no se han inclinado todavía en la balanza. Es como si hubiera demasiado equilibrio o demasiada paridad entre las distintas opciones de las cargas de nuestras imágenes.

¿Recuerdan, verdad? Entonces, ¿Qué es lo que se aconseja en Fenomenología o qué es lo que aconsejamos, recomendamos? Cuando estamos en la duda, ponernos en una sesuda reflexión, anotar los pros y los contras de cada una de las opciones? No. Debatirnos, ensimismarnos, darle vueltas y vueltas analizando factores, no. Cuando nos encontremos en la duda… no hacer nada. Es más, no sólo no hacer nada, sino tratar de desatender el tema.

Esto de desatender el tema implica, que la mente no va a ocupar el papel central en el proceso de la elección o del comportamiento que finalmente se va a producir. Esto lo podemos ver en la historia humana. Por ejemplo, con el famoso Eureka! Se acuerdan? Creo que era Arquímedes, verdad? Arquímedes, que hablaba del Eureka, que estando en una situación del todo alejada al objeto de su oficio, de repente sufre una especie de iluminación espontánea o de comprensión que le brinda una solución adecuada para aquello que era su problema. Yo ni siquiera me acuerdo bien cuál era su materia. Creo que era algo relacionado con la física y la teoría de los líquidos o algo así. Es decir, el científico o el pensador, el filósofo deja de aplicarse al punto en el cual estaba totalmente ensimismado, se pone a hacer otra cosa y ahí por sí misma, la solución aparece. A algunos científicos esto les ha ocurrido en el sueño onírico, que se le revela la solución del asunto. ¿Por qué? Porque se necesita de algo más profundo que el pensamiento para que todos los factores se co-engranen y brinden una percepción, o mejor dicho, una representación clara de lo que debemos hacer.

Esto es más propio del ámbito de la intuición. la intuición. Para que la intuición funcione en su plenitud, el pensamiento tiene que estar, si no ausente, al menos ser escaso. Por eso les decía al principio desatender el tema que nos preocupa o el tema sobre el cual tenemos dudas. Para terminar, ya saben que me gusta siempre repetir y sintetizar. Si hay duda, lo dejo estar. Lo dejo estar no hago nada, espero. Espero que sedimente un poco; vieron el papel de la sedimentación en los líquidos cuando el agua está turbia? Si la dejamos quieta, sedimenta el residuo y queda clara. Se hace la claridad. Ese es un buen ejemplo para este tema. Por supuesto, estamos hablando que no se está tratando de una situación de emergencia, de una cosa urgente que requiera solución. Por qué? Porque cuando la situación apremia, la solución emerge por sí misma. Difícilmente tengamos la duda. En situaciones de emergencia, el cuerpo y la mente se comportan adecuadamente, sin deliberación alguna. Ahora seguimos.

Bien. Otro de los temas que quería tratar hoy con ustedes, es a propósito de la última publicación que hicimos en el Santo Nombre; qué tiene que ver con esta especie de ayuno mental, referido sobre todo al uso que hacemos de los móviles, de las redes sociales, del ordenador, de la computadora, de la navegación en Internet. Pero particularmente de la función que hoy cumple el móvil, el teléfono celular, según la región en que estemos. La función que cumple como estímulo permanente que requiere nuestra atención. Como lo hablamos en alguna otra clase, ¿ustedes se acuerdan? Está la atención requerida, que es aquella donde el estímulo externo me llama. Es como si me golpeara la puerta de la atención. Y en cierto modo entrecomillas, me obliga a dirigirme hacia él, hacia el estímulo.

Algo que implica un mayor nivel de conciencia, una mejor cualidad de la atención es cuando la atención es dirigida desde mí hacia el estímulo. Alguien puede decir bueno, pero eso ha sucedido porque desde tu interior, desde tu paisaje interno, se produjo un estímulo mental que te hizo dirigir la atención en tal o cual dirección. Podría ser cierto, también podría ser el caso. Pero si nosotros estamos atentos a todos estos procesos, vamos a ver, a sentir una cualidad muy diferente, cuando nos ponemos en observadores y luego en directores de esta función atencional. Vamos al caso el móvil. Si nosotros tenemos encendidas las notificaciones que nos avisan con algún sonido de la llegada del nuevo WhatsApp, de un nuevo mensaje o un Telegram, algo en el Facebook, etcétera, etcétera. o las noticias de los diarios. Si tenemos encendidas las notificaciones; a cada minuto, cada dos o tres minutos, empiezan a llegar avisos a los cuales en teoría, tenemos que prestar atención. Este es el mejor modo de dispersar nuestra energía, de perder la energía, de desviarnos del propósito que nos habíamos puesto para esa jornada. Quizá de la oración interior. Cualquier ejercicio o práctica o ascética que nos hayamos planteado, muy probablemente sucumba, muy probablemente se diluya, si nosotros vamos a atender a estos estímulos, según van apareciendo.

En cambio, si nos limitamos a una cierta ascética en base a los horarios y decimos me voy a fijar en el móvil a tal hora, a tal otra y a tal otra. Y cada vez le voy a dedicar media hora en el caso, por ejemplo, en el caso nuestro, que tenemos que responder a veces cuestiones del blog o consultas y demás. Nos ponemos una hora y decimos vamos a dedicarnos a tal hora, durante tantos minutos o tanto tiempo a responder y después silenciamos. Y nos quedamos libres de ese estímulo para dedicarnos a lo que hemos decidido previamente dedicar. Por supuesto, en cuestiones laborales, si ustedes están en una oficina, yo no me imagino distintos tipos de trabajo que ustedes tengan de profesiones. Esto va admitir muy diferentes grados de flexibilidad o de precisión en la ascética, de desatender a la constante estimulación. Pero ustedes saben si se ponen a ver en ustedes mismos lo que su conciencia les indica a este respecto.

Todos sabemos cuando estamos ya divagando, cuando nos estamos dejando llevar o cuando realmente de manera ordenada, concentrada y atenta, nos aplicamos de un modo diferente a estas tareas. Ese es un punto de interés. La ascética en lo que hace a Internet y a los estímulos del móvil y demás. Hoy en día creo que es equivalente al más severo ayuno que los monjes antiguos practicaban respecto a la alimentación. Fíjense lo que digo es más difícil hoy prescindir de estos dispositivos que quizá hacer un ayuno alimentario. Porque nos hemos acostumbrado a vivenciar sensaciones diversas. Por lo general, de placer y displacer, como son la mayoría de las sensaciones referidas a esta interacción con esos presuntos otros a través de las redes, y digo presuntos otros porque es una interacción virtual. Ustedes vieron que estamos siempre en relación a una pantalla. Y esto también tiene una cualidad menor respecto de la interacción personal. Por supuesto que todas estas herramientas son muy útiles, pero está en el exceso y en el extremismo en el que hoy caemos en la relación con estos dispositivos. Lo que nos está perjudicando la interiorización y la dirección de nuestra atención.

Y un tercer tema que quería tratar con ustedes hoy es el tema de la consagración de vida. De la consagración desde el punto de vista de la Fenomenología. Cuando uno se consagra. Fenomenológicamente hablando, se ha polarizado. Todos sus centros de respuesta se acuerdan ustedes que teníamos el centro intelectual, el centro emocional, el centro motriz, el centro vegetativo que regulaba las funciones fisiológicas… y decíamos que todos estos centros podían funcionar con una mayor o menor cualidad, dependiendo de otro factor que es el nivel de conciencia. Si estábamos en una vigilia ordinaria, en el semi sueño que es esa duermevela, o si estábamos en el sueño onírico, etc..

Y también advertíamos, admitíamos la posibilidad de otros niveles de conciencia y de otros centros de respuesta. Como por ejemplo el Nous, que se hablaba en Filocalía, que en fenomenología se le llama un centro de percepción más objetiva, un centro superior. Un tipo de comprensión directa e intuitiva. Eso sería un nivel de conciencia más elevado. Y también admitíamos la existencia de como les llamaríamos… funciones o sentidos que no son habituales o no nos son manifiestos en nuestra normalidad, en nuestro cotidiano. Mientras más atentos nos ponemos, mientras más ejercitamos la atención estos niveles de conciencia y estos nuevos centros de respuesta empezarían a manifestarse. Por supuesto, esto está íntimamente relacionado con el tema del despertar del sentido espiritual o los sentidos espirituales.

Pero para no irnos de tema. El consagrado, aquella persona que se consagra a un objetivo, a un fin cualquiera sea, está reuniendo todas sus fuerzas, todas sus potencialidades en un solo punto. Habíamos dicho en alguna clase que es como el rayo láser. Ustedes saben que el rayo láser tiene ese gran poder debido a que se concentra la luz en un haz muy pequeño. Es decir, mucha energía en una extensión mínima muy precisa es la que logra provocar, por ejemplo, la rotura del material al cual se está aplicando este rayo láser. Es mucha energía concentrada, bueno; un consagrado, por ejemplo, un monje. Un monje de clausura, que se dedica a la oración la mayor parte de su día, al recuerdo de Dios. ¿Qué está haciendo? Está consagrando, está reuniendo todas sus energías en la oración. Y si practica la oración de Jesús o la oración monológica, mucho más, esta re-concentrando además todos los pensamientos en uno solo. Esto es, fenomenológicamente hablando, consagrarse. No dispersarse. Unificarse. Es como si habláramos de un propósito único, de una única referencia. Y esto suele venir concomitante, correspondientemente, con conductas muy claras.

Por ejemplo, el consagrado no lee de todo, lee sobre cierta temática o hasta llegan algunos ascetas a leer uno o dos libros a partir de su consagración y nada más; es lo que decíamos días atrás, de no andar dispersándonos en distintas fuentes de información y de conocimiento, sino dedicarnos, a elegir un solo director espiritual a través de este libro o aquel otro y ceñirnos a ello. Las reglas de vida que un tema que hemos empezado a tratar últimamente son una de las manifestaciones más claras de la consagración. La regla de vida. Me atengo a esto y de acá no me salgo. Ese cierto límite que en principio parecía acotar nuestra libertad y que en realidad está ampliando porque nos está liberando del resto de las esclavitudes que nos oprimen habitualmente en la dispersión.

Cuando yo me someto voluntariamente a una regla de vida, parece que pierdo libertad. Pero en realidad la estoy ganando al quedar libre de todas las esclavitudes que tenía antes… a los múltiples estímulos e impulsos del cuerpo y de la mente. Cómo podemos hacer, ya que estamos preparándonos un poco para el retiro, algunos. ¿Cómo podemos hacer para ir consagrándose o ir preparándonos para esta polarización de todas nuestras fuerzas? Esto hay que alimentarlo. Es lo mismo o muy similar a cualquier deportista, que cuida todos los aspectos de su vida en pos de la carrera que va a realizar, del partido que tiene por delante, de esa maratón. Entonces el deportista cuida la alimentación, cuida las horas de sueño, entrena de cierto modo y demás. Si nosotros queremos consagrarnos a la espiritualidad profunda, si queremos acercarnos a una oración continua; a una oración contemplativa o a un apostolado; pero digamos, en el gran ámbito de la espiritualidad, tenemos que alimentar con mucha frecuencia ese anhelo que surgió en nosotros.

Pero que como ustedes saben, cómo sabemos, debido a esa ley del estímulo constante decreciente, que vivimos en una de las primeras clases, esta ley, esta mecánica de la vida, hace que nos acostumbremos. Y aquel impulso fervoroso a aquel deseo de consagración y de unión con Dios va quedando relegado, tapado por las múltiples obligaciones y los estímulos que han ido surgiendo posteriormente a ese impulso. Cuando encontremos en nosotros el anhelo de consagración hay que alimentarlo, alimentarlo con mucha frecuencia y precisión. ¿Por qué? Por que las veinticuatro horas estamos siendo alimentados por una cultura que va contracorriente de lo que nosotros queremos. Permanentemente se nos está impulsando de modo manifiesto y de modo velado y hasta subliminal; permanentemente se nos está impulsando al consumo, a la búsqueda del placer mediante los sentidos físicos, al constante divagar de los sentidos, etcétera. Por eso tenemos que ejercitar mucho la lectura espiritual que hemos elegido… para darle letra al corazón, por así decirlo, para que nos inspire. Y esto tiene que ser cotidiano. Una vez por día o más, si es posible. La oración en el modo al que nosotros tenemos preferencia, que nos sentimos llamados también con frecuencia. El intercambio con otros hermanos, amigos que ustedes tengan, o a través del blog, etcétera. El intercambio quizá en la parroquia o en algún grupo que ustedes pertenecen. Pero esta confraternización en torno a un objetivo espiritual común es muy importante. Nos recarga las pilas las baterías para este objetivo.

Y periódicamente revisar, con frecuencia, revisar… ¿Me estoy manteniendo, estoy creciendo en mi consagración o me estoy desviando? ¿Ya está bajando la curva del entusiasmo? Se acuerdan ustedes que el entusiasmado de la palabra enthousiasmós? Quería decir el que estaba tomado por algún dios en la mitología griega. Poseído por un Dios. El entusiasmo en el ámbito cristiano implica la presencia de la gracia, del Espíritu Santo. Cuando va en dirección correcta, en la dirección espiritual del crecimiento y la elevación; entonces tenemos que estar atentos a conservar el entusiasmo. Para eso, al igual que con la energía que hablamos en alguna clase, hay que ahorrar, el entusiasmo no hay que dispersar. Y hay que alimentarlo, hay que nutrirlo para fortalecerlo. ¿Cómo fortalecemos el entusiasmo por la consagración de vida? Llevando con coherencia lo que éste nos pide a la vida diaria, lo que el entusiasmo me indica, lo que la gracia me avisa, tengo que llevarlo con coherencia a la vida cotidiana. Esto retroalimenta las ganas, el fervor, el deseo de Dios.

Bien, ese era otro tema.

Para terminar y no extendernos mucho, como habíamos acordado en este segundo módulo de Fenomenología. Les quiero pedir algo. Quien esté participando del curso y vea este video y llegue a esta parte del video. Le pido que me escriba mejor si puede en los comentarios del blog, sino por otros medios. ¿Cuál es aquel santo, aquella personalidad, aquella figura que le está sirviendo o le va a servir como modelo de conducta? Estoy prescindiendo, por supuesto, de la persona de Jesús que implícitamente en nuestro modelo de conducta, ¿No? a través de los Evangelios y a través de nuestra nuestra fe religiosa.

Quiero decir. Además de Jesús. ¿A quién voy a tomar como figura humana, como modelo que a mí me permita orientarme en cuanto a la incorporación y el desarrollo de ciertas virtudes? ¿Se acuerdan que hablábamos de la necesidad de elegir un camino espiritual preciso, un autor? Y esto es lo mismo si ustedes revisan, cuando hablamos de modelos de conducta, nos referíamos a una imagen con mucha carga energética que fuera a la vez colectora de otros factores y de otras imágenes, y es la que nos va a permitir polarizar. Por eso les pregunto si ustedes pueden contar. ¿Cuál es ese santo, esa santa, esa personalidad que a ustedes les sirve de modelo o quisieran que les sirva de modelo? Si me envían esto, vamos a ir tratando de hacer pequeñas semblanzas, ya sea por escrito, por videos de estos personajes, de esta persona, para compartirlas entre todos en el ámbito del curso. Creo que esto puede ser de utilidad, así que aquél que le parezca bien le pido que nos lo comente, nos haga ese comentario.

Bueno, amigas y amigos, poco a poco vamos avanzando en la Fenomenología y preparándonos para el retiro de diciembre, que espero encontrarlos a Uds. o a algunos de ustedes. Un abrazo grande para todos».

Una actitud amigable

Un caminante cansado tropieza en el camino de tierra. Cae de bruces y se lastima un poco, nada serio. Sin embargo aporrea el suelo y despotrica largo rato. Luego, se levanta y camina de aquí para allá, a veces en círculos preguntándose la razón de su tropiezo; se cuestiona si es merecedor de seguir en el camino; si debería volver al principio o abandonarlo todo… en suma, pierde tiempo y energías que no era necesario perder. Y con toda probabilidad, el comportamiento posterior a la caída hizo más daño que el golpe mismo.

Sin duda encontraremos en nuestra vida momentos parecidos a los cuales podemos poner nuestro argumento particular. ¿No es verdad que un remordimiento mal entendido a veces nos oscurece más que aquello que provocó la caída? No pocas son las ocasiones en las cuales el tropiezo viene bien, nos muestra una imagen de nosotros mismos que no queremos ver, nos quita unas capas de orgullo, nos deja más cerca de la verdadera humildad que permite el surgimiento de la gracia.

Apenas caídos hay que levantarse, sacudir el polvo de las ropas y emprender el camino trazado con la misma energía que antes del magullón. La actitud para reanudar la marcha debe ser «como si nada hubiera pasado», ignorando los pensamientos que nos descalifican para el resto del viaje y que nos llevan a una autocrítica que no es tal, sino solo un ritual autocompasivo. Al fin de cuentas esta actitud nos predispone a nuevas caídas. Recién después de un buen trecho, con las fuerzas renovadas, será bueno sentarse a la sombra de un árbol amigable, tal vez al fresco del atardecer y examinarse, reflexionar y reconciliándonos, buscar la comprensión de la raíz de nuestro andar dubitativo e inseguro. Pero estas revisiones sirven cuando estamos con el ánimo alto y con la fuerza suficiente.

Hay que tratarse como se trataría a un amigo muy querido y con el cuál hay confianza. Amablemente, poniendo nuestra fe en su posibilidad de cambio y valorando la intención de mejoramiento. Podemos ser firmes con él, pero siempre desde el afecto incondicional que da la amistad verdadera. No se puede amar al prójimo sino nos amamos a nosotros mismos. Esto no implica aplaudir cualquier conducta o ser permisivos sin discernimiento, sino incorporar en nosotros algo de la misericordia infinita de Dios. ¿Qué quieres tú hermano, ser santo? Decía un monje a otro. Pues no sé, intento al menos no ser mañana peor persona que hoy».

Hermanos queridos, este puede ser buen tema para el intercambio. Un abrazo fraterno para todos invocando el Santo Nombre de Jesús. elsantonombre.org

Enlaces de hoy:

Una exigencia del corazón

Una invitación del sitio Hozana.es

Libre de vanos cuidados

Hoy se conmemora a San Antonio Abad, también llamado «el grande», considerado por muchos padre de la vida monástica. Su modo de vida puede resultarnos hoy completamente ajeno. ¿En que sentido puede ayudarnos hoy su ejemplo como modelo de conducta?

Hay que leer el significado que portan las imágenes del relato de su vida. Más allá de lo pintoresco del relato, de lo que pueda tener o no de fábula en busca de la conversión del lector de su tiempo; nos transmite un mensaje de mucho interés. Me parece que la búsqueda de la coherencia entre su vida y la enseñanza evangélica, precisamente al modo que se describe en los Hechos de los Apóstoles, se había transformado en un propósito fuerte de sus días. Andaba en el tema diríamos hoy.

Antonio reflexionaba sobre la escritura, asistía con frecuencia a los oficios y escuchaba la palabra con una actitud verdadera. Esta convergencia lo acercó a la radicalidad que vemos después. Hoy podríamos preguntarnos: ¿En qué pongo mi atención? Por que esta se dirige hacia lo que nos interesa. A veces nos decimos que un tema es importante para nosotros pero no lo es tanto. Para eso nada mejor que observar la conducta de cada día.

No se nos antoja siquiera posible venderlo todo y darlo a los pobres o irnos a vivir solos al desierto en condiciones de extrema austeridad. Es cierto. Pero sí podemos ir aumentando la prioridad que damos a lo espiritual sobre lo material o mejor aún, vivir nuestra relación con lo material desde lo espiritual. Sí podemos volvernos solitarios en cuanto a no dispersar nuestra atención en múltiples cuestiones secundarias y centrarnos en lo que es importante.

Reemplazar la divagación mental constante por la oración interior frecuente o no seguir el discurrir de las películas mentales retirándoles la atención; llevando toda nuestra percepción al estado donde se percibe la divina presencia, es hacer efectivo y real el desierto en nuestra vida. Al fin de cuentas, para ello se retiró Antonio y muchos otros, para facilitar el encuentro con esto mismo. Entonces si nuestra vocación o circunstancias nos permiten la soledad y la austeridad extremas muy bien; pero ya mismo podemos irnos a vivir a la ermita interior, despojados de vanos cuidados, del todo entregados a la voluntad divina.

El desierto en uno de sus significados alegóricos muestra esta desnudez del hombre frente a la vastedad del cosmos. Otro de los pasajes significativos de la «Vita…» tiene que ver con la lucha de Antonio frente a los demonios. Algo cercano a nosotros son nuestros miedos, todas aquellas imaginaciones que nos cercan y limitan, nuestras propias apetencias que nos esclavizan y demandan de continuo. Vivir con lo necesario, prescriben los espirituales en toda época y lugar. ¿Qué es lo necesario?

Sin duda, lo imprescindible para la vida material, pero también y que suele obviarse, lo necesario es la vida espiritual. Atravesar los días sin el sentido de la presencia o sintiéndonos librados a nuestras propias fuerzas es un estado de indigencia que nos aliena de nosotros mismos. Indaguemos entre líneas en todas estas vidas célebres y descubriremos algunos pocos atributos en común que podemos traer a nuestro momento actual. Vivir conforme a lo que se comprende, aumentando la coherencia en nuestra vida, podría ser un atributos que todos estos grandes modelos de conducta tienen en común.

Un abrazo fraterno para todos, invocando el Santo Nombre de Jesús.

elsantonombre.org

Mistica vita

Homilía dominical del Padre José

Para sumarte al Curso de Filocalía 2021 escribe a cursofilocalia@gmail.com

Para sumarte al Curso de Fenomenología 2021 fenomenologiacurso@gmail.com

El lugar del descanso

A poco de andar el día podemos darnos cuenta si estamos centrados, descentrados o perdiendo el rumbo. Atendamos a la prisa que hay en nuestros actos. Si hay apresuramiento ya tenemos la medida de nuestro alejamiento del corazón. Es un criterio muy sencillo que nos libra del error. Cuando pasamos de un momento al otro muy a las corridas o cuando estamos deseando ya acabar con esto y pasar a lo otro… nos hemos ido hacia la periferia de nosotros mismos.

Mientras más cerca del centro más calma se encuentra y habita allí una estabilidad que es claridad. Antiguamente solían construirse torres muy altas en la cima de montañas elevadas, que permanecían al abrigo de tormentas porque estaban encima de las nubes. Eran sitios inexpugnables y aunque del todo expuestos permanecían al abrigo. Estar allí implicaba distancia y observación fácil de todo el entorno.

Vivir en la ermita interior, en el corazón espiritual, permite lo mismo. Es una capacidad de darse cuenta de los distintos hechos que convergen en un mismo suceso y a la vez, mantener una cierta distancia de ellos. Se abre un espacio disponible que permite respirar en todo sentido y no ser avasallados por las reacciones que se produzcan en el medio, en la mente y en el cuerpo.

Estar situados allí se siente con frescura y no implica esfuerzo en el sentido con el que acostumbramos usar la palabra. Estar allí no fatiga. Acceder a ese sitio donde somos auténticos impregna de sentido los días y nos hace sentirnos familiares con la gracia. Y es esta misma familiaridad la que nos llama de regreso cuando nos ausentamos por distracción, hábito o inercias varias.

Muy diferentes métodos se usan para llegar a ese fondo del alma y son apropiados a distintas personas en cada situación o momento particular. Pero darse cuenta de que el resultado de las acciones no depende de nosotros sino de la providencia divina es muy necesario. Sin esa convicción se hace difícil ir al lugar del verdadero descanso. Si lo que ocurre depende de nosotros nos ponemos a la espalda una carga muy pesada y que no podemos sobrellevar.

Se me decía una vez: ¿Hiciste tú hoy aparecer el sol? ¿Has decidido la dirección que seguirán las nubes? ¿Sabes ya cuantas personas vendrán al mundo o lo dejarán al terminar el día? Pues no. ¿Le dices al corazón cuando latir, al diafragma como respirar o a la sangre por donde debe circular? Pues no. Revisa tu vida y verás que la persona con la que estás, el lugar donde vives, ese trabajo y aquella otra circunstancia han sucedido más allá de tu intención. En todo caso se ha producido una interacción que no puedes precisar.

Atenernos a nuestro ámbito, hacer lo mejor que podemos en cada momento y situación es nuestro campo de acción. Y ese pequeño espacio de libertad aparece cuando dejamos que la gracia de la atención se haga presente en nosotros. Esta atención vigilante necesita distensión no contracción. Y ese descanso surge cuando somos conscientes de nuestro papel en la obra de la creación. Si viajamos en uno de los asientos del bus y nos comportamos como si fuéramos el chofer, viajaremos amargados. Nos quejaremos de que no se sigue nuestro rumbo y no entenderemos que estamos haciendo mal.

La práctica de la oración de Jesús por ejemplo u otras formas de oración y meditación pretenden el silenciamiento de la mente. Y esto debido a que la mente no es la herramienta adecuada para orientar nuestra vida. Si ponemos al mando a «la loca de la casa» nos encontramos con vidas plagadas de sufrimiento e inconsistencia. Sigamos conversando sobre esto los días siguientes si les parece.

Un abrazo fraterno para todos invocando el Santo Nombre de Jesús

elsantonombre.org

Enlaces de hoy:

El Bautismo del Señor

Nuestro canal en Youtube

Tocar el corazón de Dios

«Si os sentáis en una habitación y os decís: Estoy en la presencia de Dios; al cabo de un instante os preguntaréis cómo se puede llenar esta presencia de una actividad que ahogue la inquietud. Durante los primeros momentos, os sentiréis bien, porque estáis cansados y sentarse supone un descanso; estáis confortablemente instalados en un sillón, el silencio de vuestra habitación os da una sensación de quietud. Todo esto es cierto, pero si superáis este momento de descanso natural y permanecéis en presencia de Dios, cuando ya hayáis recibido de la naturaleza física todo lo que de ella podéis recibir, veréis que es muy difícil no preguntarse: ¿Y ahora qué hago? ¿Qué puedo decir a Dios? ¿Cómo me dirijo a él? Es tan silencioso… ¿De veras está aquí? ¿Cómo podré tender un puente entre esta ausencia muda y mi inquieta presencia?» (1)

El silencio de Dios es la realidad más difícil de llevar al comienzo de la vida de oración y sin embargo es la única forma de presencia que podemos soportar, pues todavía no estamos preparados para afrontar el fuego de la zarza ardiendo. Es preciso aprender a sentarse, a no hacer nada delante de Dios, sino a esperar y gozarse de estar presente al Presente eterno. Esto no es brillante, pero si se persevera, irán surgiendo otras cosas en el fondo de este silencio e inmovilidad. ¿Qué sucede en el interior de este silencio? Tan sólo una bajada cada vez más vertiginosa hacia las profundidades de nuestro corazón, donde habita ese misterio de silencio que es Dios.

Por eso hay que callarse, mirar, escuchar, con un amor lleno de deseo. Si supiéramos tan sólo mirar con toda la profundidad de nuestro ser el rostro de Cristo, ese rostro invisible que no podemos ver sino volviéndonos hacia nuestra propia intimidad, y viéndole emerger de ella, quedaríamos deslumbrados ante ese rostro que no se parece en nada a lo que nosotros podemos imaginar. En su Cántico espiritual (estr. XI y XII), Juan de la Cruz dirá que los ojos del amado que buscamos sin cesar, están dibujados en nuestras entrañas.

La perseverancia en la oración no tiene, pues, como objeto enseñarnos este rostro desde fuera, sino hacernos excavar más profundamente para que surja de nuestra propia profundidad. Kierkegaard se ha acercado mucho a este misterio de la oración cuando dice: «La oración no está fundada en verdad cuando Dios escucha lo que se le pide. Lo es, cuando el que ora continúa rezando hasta que sea él mismo el que escuche lo que Dios quiere.

El que ora de verdad no hace más que escuchar.» La oración excava nuestro corazón de piedra y hace saltar un la bemol que toca el corazón de Dios. La oración perseverante nos hace alcanzar la verdad de nuestro ser. En el interior de este silencio, es donde brota nuestra oración, es un largo grito silencioso, una queja, un gemido que transforma todo nuestro ser en oración: «Oh Dios de mi alabanza no te quedes callado… Y yo soy sólo oración» (Sal. 109, 1-4).

(1) BLOOM, A.: Certitudedelafoi. Cerf, Paris, 1973, págs. 149-150.

Párrafos extraídos del libro «La oración del corazón» de Jean Lafrance editado por Narcea

Un artículo acerca del Santo Nombre

La oración de Jesús

La técnica de los Padres… enviado por blog Caminante

El silencio esta vivo

En esta época suele ser habitual el surgimiento de propósitos, de deseos para el nuevo año, aparecen ciertos objetivos o metas a conseguir… ¿Qué me puede comentar sobre este tema?

Bueno sí, es muy frecuente; al guiarnos por el calendario se advierte un cambio, una especie de nueva etapa u oportunidad para recomenzar. Es un poco aquello del cuaderno en blanco que te decía, ese gusto que se tiene por comenzar bien de cero, aquello de hacer buena letra y con prolijidad. Están muy bien todas esas propuestas de cambio, de mejoría, de hacer las cosas de otro modo, sirven a cada uno según el momento del camino que se transita.

Pero diría que el mejor propósito o meta es aquella que se alcanza en el instante mismo en que nos encontramos. Algo que se tiene ya mismo y que por su misma naturaleza no puede perderse. Todos buscamos una paz y un bienestar estables que pretendemos alcanzar en el futuro y a través de esto o aquello. Sin embargo, esa suave alegría y sereno contento están aquí mismo y ahora y son independientes de lo que ocurra en nuestra percepción, es decir de lo que observamos en el mundo o en la mente.

Precisamente este que observa vive en el centro del corazón espiritual en un ámbito de sonoro silencio… es un silencio que retumba y hace ecos porque es pleno. No es el silencio de los vacíos muertos, de las cosas inertes irreparablemente. Es un silencio muy vivo, como si fuera un líquido fresco e inmaterial o un aroma viviente que ondula en todas partes.

¿Cómo llegar allí?

Precisamente cuando lo ves como algo que está «allá» o en el futuro se te escapa la esencia de lo que hablamos. Tienes que hacer la prueba de creer lo que te digo y probar, tomar una muestra por propia experiencia para ver si es verdad lo que te digo. Apenas tengas un momento en el ajetreo cotidiano siéntate un momento, donde estés cómodo. Deja el cuerpo quieto unos momentos, sin rigidez pero más o menos quieto. Desatiende los vaivenes incontables de la mente, apenas unos instantes. Permanece presente y atiende al silencio… es como un espacio que hay entre los sonidos, un algo intangible que sin embargo percibirás. O, si prefieres, atiende al espacio entre las cosas, a ese «vacío» que separa un objeto de otro… No puedo decirte más… es algo que adviertes o tal vez no, depende mucho de la disposición y entrega que pongas en esa atención.

¿Cómo darme cuenta si he descubierto aquello a lo que se refiere?

Nuevamente te sitúas desde la mente y tratas desde allí de apresar algo que no se puede agarrar ni poseer porque es inmaterial. Pero no es la nada, es más bien el todo de la sutil presencia de Dios, o como me gusta más decir: es Cristo que te abraza. Es probable que sientas surgir un agradecimiento desde tu corazón que no tiene objeto, agradeces y es como sin motivo. Cuando nos damos cuenta de que en realidad siempre estamos envueltos en la gracia, agradecer parece lo único que se puede «hacer». Nos descubrimos siempre protegidos, al abrigo; desaparece el desamparo escondido con el que solemos vivir. Se nos hace una verdad propia aquello que decía el salmista y cantan algunos monjes: «¡Mi refugio está en el muy Alto… mi amparo junto al Altísimo..!

Pero es difícil, no por sentarme un rato quieto y atender voy a encontrar lo que dice. He probado similares actitudes y la mente se ha impuesto y me he intranquilizado.

Es posible. En ese caso, ofrece tu inquietud y desasosiego a ese Dios que buscas y no encuentras. Reclama tu derecho a descubrir el significado de la vida, que es lo que nos pone en línea con Su voluntad. Clama con respeto pero con vehemencia tu derecho a la paz y al sentido, el acceso a lo sagrado. Cuando ese clamor es profundo, cuando te das cuenta que es lo único que deseas realmente detrás de todo lo que buscas… reconoces en tu acto mismo de consagración y búsqueda aquello que reclamas. Todo lo que ocurre tiene sentido, descansa en ello…

elsantonombre.org

Enlaces de hoy:

Santa María, Madre de Dios

El Monte de Dios

En la guerra o en la paz

«… Si quieres centrar todo tu deseo en una simple palabra que tu mente pueda retener fácilmente, elige una palabra breve mejor que una larga. Palabras tan sencillas como ”Dios” o ”Amor” resultan muy adecuadas. Pero has de elegir una que tenga significado para ti. Fíıjala luego en tu mente, de manera que permanezca allí suceda lo que suceda. Esta palabra será tu defensa tanto en la guerra como en la paz. Sírvete de ella para golpear la nube de la oscuridad que está sobre ti y para dominar todas las distracciones, fijándolas en la nube del olvido, que tienes debajo de ti.

Si algún pensamiento te siguiera molestando queriendo saber lo que tú haces, respóndele con esta única palabra. Si tu mente comienza a intelectualizar el sentido y las connotaciones de esta ”palabrita”, acuérdate de que su valor estriba en su simplicidad. Haz esto y te aseguro que tales pensamientos desaparecerán. ¿Por qué? Porque te has negado a desarrollarlos discutiendo con ellos».

Como puede verse, la palabrita se usa para barrer de la mente toda imagen y pensamiento dejándola libre para amar con el ímpetu ciego que tiende hacia Dios. En la Orientación Particular el autor habla de dos pasos bien definidos en el camino de la iluminación. El primero es el rechazo de todos los pensamientos acerca de qué soy yo y qué es Dios, con el fin de quedar consciente únicamente de que yo existo y de que Dios existe. Quisiera llamar a esta oración existencial, por razón de su abandono de todas las esencias o modos de ser. Pero es solo el primer paso.

El segundo es el rechazo de todo pensamiento y sentimiento de mi propio ser, para estar consciente solamente del ser de Dios. De este modo, el autor lleva a un total auto-olvido, a una pérdida total de sí mismo para pasar a una conciencia exclusiva del ser a quien amamos.

Introducción a la edición inglesa de «La Nube del No Saber» y «El Libro de la orientación particular» de William Johnston, Universidad de Sophia, Tokyo, 1973 – La imagen es «Star of the hero» de Nicholas Roerich

Aquí el PDF completo

Queridas amigas y amigos: Cualquier aporte de vuestra experiencia, intercambio o consulta que quieran hacer sobre este hermoso tema, utilicen los comentarios al final del post para que esto pueda enriquecer a todos los lectores. Aquí debajo les dejamos una lista de reproducción que estamos creando con el audio del libro, que poco a poco iremos completando si Dios quiere. Agradecemos a la hermana María José quién nos ha regalado esta labor.

La gruta del corazón

«La atención fortalece aquello a lo que se aplica». La frase me impactó en su momento. Luego apareció formulada de manera similar en otros ámbitos, épocas y situaciones. Intuía que ella manifestaba un secreto a voces; eso que está a la mano, que es una maravilla y que solemos desaprovechar.

El punto donde focalizamos la atención constituye «nuestro mundo» y se amplía o se reduce, se profundiza, cobra volumen y se expande dependiendo de lo que alienta esa atención. ¿Donde va mi atención? ¿Qué impulso la orienta? Los temas y elementos a los que atendemos son como las hebras con las que luego hilamos la tela de nuestra vida. ¿En que textura se asentará mi mundo?

La Navidad puede ser ocasión para des-cubrir a Jesús en el corazón. Cristo vive en nosotros pero por lo general, no nos damos cuenta. Nos hemos acostumbrado a pensar sobre Él, a escuchar sobre Él, a leer sobre Él y a evocarlo a través de las diversas imágenes que nos suscita su recuerdo. Y todo eso está muy bien. Pero… ¿cómo es eso de que vive en el corazón?

Cuando de nosotros valoramos más la intención que el resultado de la acción; cuando atendemos a las mejores cualidades de las demás personas; cuando en las situaciones vemos más la posibilidad que la dificultad; empezamos a descubrir una cierta fuerza interna que no se alimenta de lo mudable. Es como el soplo de un aire fresco que limpia una habitación viciada. No es algo complejo, es el corazón haciéndose gruta, pesebre, ámbito para la Luz que viene al mundo.

Dios vino pero todavía viene. Jesús nació pero todavía está por nacer. Es algo muy grande que penetra el mundo y lo envuelve. Es un misterio inmenso esto de Dios que se hace hombre. Atender a la paz siempre presente en el fondo del corazón es una perpetua Navidad.

Queridas amigas y amigos, hermanos del corazón: ¡Que tengáis una muy feliz Navidad! Os enviamos un gran abrazo por lo compartido este año. En un rápido recorrido aparecen las imágenes de todo lo vivido y entonces agradecidos, invocamos El Santo Nombre del Señor Jesús.

elsantonombre.org

Imagen extraída de «Anawim blog»

Una Navidad diferente

La Justicia es inmortal

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  100. La depresión

Audios – «Desde la ermita» I

Estimadas hermanas y hermanos en Cristo Jesús: Iremos agregando periódicamente audios de los textos del blog que quizá sirvan como antesala de momentos de meditación o tal vez como reflexión a tener presente durante la jornada. Un abrazo fraterno para todos, invocando el Santo Nombre de Jesús.

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Blog Caminante

Síntesis de Fenomenología 2020

Unificación interior

–          ¿Qué entiendes por meditación silenciosa o meditación en silencio?

Entiendo por meditación todo intento por interiorizar la mirada.

En este ir hacia lo profundo, concentrando el interés en busca de cierta unificación interior, puede darse el acceso a un espacio tiempo de silencio, el cual resiste toda descripción; pero que sin embargo pudiera traducirse como “aquel lugar en el que todo se comprende, en el que los opuestos se ven conciliados y en donde la Presencia de Dios pareciera hacerse claramente perceptual”.

–          ¿Por qué resulta tan difícil silenciarse?

Las mayoría de las veces porque no se intenta lo suficiente o con el debido método; en general suelen abordarse estas prácticas con cierta precipitación, que termina grabando un recuerdo negativo, desalentando posteriores intentos.

Otra causa de fracaso suele ser el ponerse a buscar el silencio como una meta, cuando precisamente el silencio surge cuando la búsqueda se des-objetiviza, o sea cuando no se busca un fenómeno. Por eso es bueno que se vaya generando una actitud de unificación interior; hay cierto trabajo sobre uno mismo que puede hacerse para preparar la irrupción del silencio. Porque el silencio al que se puede acceder en un momento puntual de meditación no es igual al “fondo de silencio” en el cual puede vivirse lo cotidiano.

–          ¿A qué trabajo específico te refieres sobre uno mismo?

El silenciamiento es un proceso, un camino que se puede ir transitando en la vida, que va abarcando distintas áreas o aspectos de nuestra actividad. Este silenciamiento progresivo, que no por ser paulatino debe necesariamente llevar mucho tiempo, tiene que ver con un creciente dominio de aquello que nos controla mas allá de nuestra intención profunda.

Es un ir haciéndose dueño de lo que se llaman “las pasiones”. Esto es todo un problema en la época cultural actual, donde precisamente el -ser pasional- o -lo pasional- está bien visto y muy valorado. Lo pasional es lo que se padece, lo que ocurre superando la propia intencionalidad, lo que a mi pesar me sucede.

Se ha producido un cambio de significado con la palabra y también una mezcla de modelos arquetípicos. Se puede ser muy decidido, muy resuelto y determinado sin caer en la pasión. En su sentido originario, la pasión es algo que escapa a la propia voluntad, algo que va más allá del recto deseo. Es en este sentido que –lo pasional- es ruido y aleja del silencio. Es lo que perturba, lo que agita, aquello que saca del centro y del recuerdo de Dios y de Su presencia.

–          Se me aparece como algo muy frío y aburrido ese tipo de modelos de conducta, eso que se menciona de la impasibilidad. Creo que esa es la principal oposición que encuentro en mí hacia la oración de Jesús; esto de que la tengo relacionada con esa imagen de soledad y aburrimiento.

Claro, lo entiendo. La impasibilidad no es aburrida, por el contrario, es el no padecer. El no ser perturbado por los estímulos cambiantes de dentro y de fuera de uno mismo; el permanecer en un estado de contento y tranquilidad activa, no somnolienta.

Aburrido es necesitar siempre de algo para estar bien y tener que salir a buscarlo aquí y allá y al perderse eso, caer nuevamente en la tristeza o en la depresión. Da pesadez y tristeza el no percibir que se tiene la fuente del gozo en el interior de uno mismo, esto es: Dios en el corazón.

Muchos santos o sabios que se conocen a lo largo de la historia, fueron personas de gran valentía y vigor que se enfrentaron a difíciles circunstancias, venciendo el temor y sus propias pasiones; concentrando toda la fuerza de su espiritualidad, en seguir lo que percibían como la voluntad de Dios para ellos. Eso no tiene nada de aburrido, ni de frialdad.

–          Volviendo al tema inicial. Cuando he intentado sentarme para hacer lo que me indicaban como meditación en silencio, me agarra una especie de inquietud que no me parece nada agradable. ¿Qué debo hacer? ¿Solo aguantar y persistir?

No, no debes aguantar y persistir así como lo dices, porque eso te produciría una memoria negativa que haría que luego, en el futuro, no quieras ni oír hablar de meditación. Lo primero que te debes preguntar es porque estás allí, en situación de ponerte a meditar aspirando al silencio. Es decir, se supone que te sientes llamado o atraído a ese tipo de actividad y no que es algo que te has impuesto o te han impuesto.

Si esto es así, una cosa que puedes hacer al sentir esta inquietud que dices, es atenderla. Situarte como el testigo de esa ansiedad. Esto te permite advertir que tú no eres eso que estás observando, la sensación o los pensamientos agitados. Esto estará estará localizado en algún punto de tu cuerpo como una tensión, un picor, una molestia de algún tipo. Y también muy probablemente encuentres en el origen de la inquietud algún tema, algo que te preocupa o que no está en acuerdo en tu sicología, en tu interioridad. El desacuerdo con uno mismo es una de las principales fuentes de inquietud.

Esto de atender a aquello que te inquieta no te lleva a la meditación silenciosa, pero puede ser necesario si te encuentras en un estado de cierta alteración. Puede ser una necesidad previa, un imperativo de la situación. No estoy hablando de caer en una cuestión de introspección sicologista en donde a modo de sicoanálisis se empieza a discurrir en torno a los propios problemas e incluso a conversar con otros respecto de ellos. Eso es otro tipo de actividad, no muy aconsejable para quienes se sienten llamados al silencio.

Estoy más bien diciendo que a algunas personas pueden servirles simplemente sentarse a testificar lo que les ocurre; otras encontrarán más encaje en orar una oración mental repetitiva y otras irán entregando sus agitaciones en un espacio de confianza al que llaman la voluntad de Dios y otras formas. Es bueno empezar desde donde estamos y podemos…

–          ¿Cómo sería entonces?

… suele ser necesario un trabajo de unificación personal. Un cierto desmalezamiento del interior de uno mismo. Esto deja el panorama despejado y se sitúa la persona en un lugar más tranquilo, más predispuesto a la meditación y el silencio. Esta unificación o separación interior del trigo y la cizaña, vendría a ser el ponerse de acuerdo con uno mismo. Este ponerse de acuerdo es muy útil y necesario para todos, pero mucho más si uno pretende meditar accediendo al silencio.

–          ¿Puedes ser más específico respecto de que cosa sería hacer este trabajo de unificación interior o limpieza? ¿Quizás dando un ejemplo?

Si. Daré un ejemplo grueso. Una persona es cristiana, practicante de su fe y además tiene la intención de ser cada vez más fiel a la enseñanza de Cristo. Mientras esto ocurre en su interior, sucede que en su vida cotidiana es un empresario que mal paga a sus empleados; casi un explotador, paga menos de lo que debería según incluso sus propios criterios. O, dando otro ejemplo, maltratas a tu familia verbalmente etc.

Es decir esa persona está viviendo con una objeción en su mente, en su corazón. Eso es motivo de gran inquietud. No va a poder silenciarse esa persona, hasta que acuerde en su interior ligar su moral religiosa con su práctica de vida.

Vivir de acuerdo a lo que se comprende es fundamental. Puede costar hacer el viraje hacia la coherencia pero es una actividad que tiene sentido indudable. Este ya proponerse ser coherentes, actuar unificados , facilita la oración y la meditación, que es también para nosotros un modo de oración.

–          ¿Dónde entra la oración de Jesús en todo esto? ¿Antes, después?

Antes, durante y después. La oración de Jesús se puede hacer en cualquier momento o estado interno. La oración de Jesús es para todos en todas las situaciones. Si estoy disperso y con inquietudes, repetirla suavemente me va concentrando y unificando en torno a la fe en Jesús. Me voy poniendo en presencia de mi propia fe, que estaba como olvidada medio al costado y al fondo de mi vida.

Si en cambio estoy en acuerdo creciente conmigo mismo, si estoy de algún modo unificado, la oración de Jesús me conduce paulatinamente al silencio mental y corporal, a una situación benéfica de aquietamiento de las pasiones, que es la antesala del silencio.

Si me encuentro fortalecido en la fe, si mi vida diaria es una creciente convivencia con Cristo y su presencia redentora, en mí y en los demás; la oración de Jesús es simplemente la llave que me abre la puerta al espacio tiempo de silencio místico. Y digo místico, porque es un silencio sobre el cual no puede decirse mucho, en ese sentido es misterioso. Es para vivir, no para decir.

–          ¿O sea que lo ves como etapas de unificación, aquietamiento y meditación hacia el silencio?

Es algo muy esquemático como lo dices y las cosas nunca son así con la vida y las personas. Pero si es por esquematizar para facilitar de algún modo la comprensión de estas cosas, si. Yo diría que primero se impone una mínima reflexión, a modo de examen de conciencia respecto de la coherencia en las grandes áreas de mi vida.

Al detectar contradicciones, se puede hacer un plan para revertirlas y esto necesariamente son conductas. Luego, una práctica sostenida de la oración de Jesús o la que cada quién lleve adelante, facilitará y ayudará en los posteriores trabajos de meditación hacia el silencio.

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Estimadas amigas y amigos, tenemos a disposición de ustedes la parte inferior de las publicaciones para que puedan difundir sus blogs, iniciativas, eventos, artículos y demás. Avisen al correo del blog. Un abrazo fraterno para todos, invocando el Santo Nombre de Jesús.

Aquí también podemos difundir vuestras páginas o propuestas

Blog de la Fraternidad monástica virtual

Blog hesiquia

Vidas místicas

Lo que descubrimos en María

«Lo que descubrimos en María, debemos descubrirlo en nuestro propio ser. Lo que hay de divino en nosotros será siempre inmaculado. Tomar conciencia de esta realidad, sería el comienzo de una nueva manera de entendernos a nosotras mismos y de entender a los demás. Podemos decir que María es inmaculada, porque vivió esa realidad de Dios en ella…

Extraído de «Meditación décima»

La Inmaculada revela al Espíritu Santo

Inmaculada Concepción de María

3° día de retiro

Hermanas y hermanos, queridos en Cristo Jesús: Os dejamos aquí debajo el enlace al tercer día del retiro, y también un texto breve que tiene mucha profundidad con enlace que viene al caso con el tema del retiro. Un abrazo fraterno para todos, que la gracia os acompañe.

Click aquí para el 3° día de retiro

¿Hay algún modo secreto para encontrar este tesoro, este grano de mostaza, esta dracma? En absoluto. Es un tesoro que está en todas partes, y que se ofrece a nosotros en todo tiempo y lugar. Como Dios, las criaturas todas, amigas y enemigas, lo derraman a manos llenas, y lo hacen fluir por todas las facultades de nuestro cuerpo y potencias de nuestra alma, hasta el centro mismo del corazón. Abramos, pues, nuestra boca, y nos será llenada. Sí, la acción divina inunda el universo, penetra y envuelve todas las criaturas, y en cualquier parte que estén ellas, ella está, las adelanta, las acompaña, las sigue. Lo único que hay que hacer es dejarse llevar por su impulso.

Extraído de Fraternidad Monástica Virtual

Enlaces de hoy:

Lo más grande de todo, el Amor

2° día de retiro

Os dejamos un segundo poema, de la misma hermana que publicamos ayer. Un abrazo fraterno para todos, que la gracia os acompañe.

Dale aquí para el 2° día de retiro

Aquí el poema

«Postro mi frente en el Suelo,

porque me siento Amada.

Toda mi carne, todo mi Ser,

se rinde a tu Presencia.

Un sólo instante sin Mi,

es una Eternidad contigo, mi Dios.

Me postro ante ti vacía.

Me postro en la tierra que soy y en la que Tu Eres Semilla 

que germina cada momento de mi existencia.

Tú eres Todo.

Me postro en la Unidad Contigo….

donde Sólo TÚ ERES… Sólo Tú… Eterno Instante..»

De una amiga y lectora del blog

1° día de retiro

Compartimos para todos un hermoso poema enviado por una querida amiga y lectora del blog. Un saludo fraterno, invocando a Cristo Jesús.

Dale aquí para el 1° día de retiro

Aquí el poema

«Cuán lejos estoy de ti Señor, cuando te pienso…

Cuán lejos estoy de ti Señor, cuando te invento..

Saberte con el conocimiento, no es vivirte…

Más…

Cuán cerca estoy de ti Señor, cuando me abandono.

Cuando entro en esta oscuridad simple,

donde sabiendo es Saberte

donde viviendo es Vivirte.

Guarda esta Vida en Ti…

Escóndeme en Ti…

Fúndeme contigo mi Dios…

Sólo Tú en mi Ser Señor»

Aviso y libro sobre La inmaculada

Queridas hermanas/os, si alguno de ustedes se anotó para participar del Retiro espiritual virtual, «Consagrados a la Presencia» que inicia mañana viernes y no recibió ayer un correo informativo, por favor avisarnos al correo fraternidad.monastica@gmail.com para subsanar el error y agregaros a la lista de participantes. Un saludo fraterno para todos en Cristo Jesús.

Preciosa joya que contiene conversaciones y pláticas espirituales, hasta ahora inéditas en castellano, de San Maximiliano María Kolbe.

Testimonio se complace en ofrecer a los lectores esta traducción del hermoso libro “L’Immaculée révèle L’Esprit Saint” de Jean François Villepelée. Preciosa joya que contiene conversaciones y pláticas espirituales, hasta ahora inéditas en castellano, de San Maximiliano María Kolbe.

San Maximiliano María Kolbe, franciscano conventual, misionero y mártir de la caridad en Auschwitx. «¿Santo o loco?», así se preguntaba uno de sus contemporáneos. Ciertamente fue un santo, un gran santo que coronó su vida con la entrega máxima de dar la vida por un desconocido. Y un loco, «Loco de Nuestra Señora», loco de amor a la Virgen Inmaculada por quien trabajó y sufrió.

Estamos viviendo un resurgir de la devoción y amor a María Santísima. Este libro desea ser respuesta y estímulo en este proceso de «marianización», de la mano de uno de los más grandes santo marianos, San Maximiliano Kolbe.

Dale aquí para ir al sitio de «Testimonio»

Más libros aquí

Pedagogía de la humildad

Preparando el retiro (IV)

¿Qué quieren decir los místicos de todas las tradiciones religiosas cuando coinciden en afirmar que la meditación sin objeto consiste en “no pensar nada”? Ciertamente, se ha dicho; “Retraed el pensamiento de todas las cosas materiales y no encontraréis nada en lo que pueda descansar vuestra alma” (Escala de perfección, I, 53). Aunque el concepto de “no pensar en nada” posee muchos registros, desde el punto de vista de la práctica meditativa significa no ocuparse en nada creado, no pensar, no desear, no imaginar, no sentir. Aunque ese “no pensar nada” parece una expresión tremenda que asusta, no es más que un verse sin ego...

Bajo la fórmula “no pensar nada” se esconde toda una pedagogía de la humildad como virtud imprescindible para acallar la mente. La verdadera humildad de la mente es el abandono de la apropiación de los pensamientos. La humildad nos enseña nuestra nadidad ante el Ser que es Dios, y el silencio es la paz de la mente necesaria para que se produzca la escucha. Ese silencio no es únicamente lo que más agrada a Dios sino que además es el medio más adecuado para que obre sobre el meditador.

La idea es que cuando el contemplativo no piensa o actúa, deja espacio para que Dios “piense” u obre en él. Cuando en la meditación “tuvieres quietud y silencio y no pensares nada, entonces obras y haces la obra del Señor, cuya justicia se sirve con silencio. Pues avísote que no pierdas el fruto de tus buenos pensamientos, ni después de cansado tu entendimiento lo lleves por fuerza, sino que cierres a todo la puerta de tu memoria, y tapes tus sentidos, y no pienses nada, sino con entero silencio interior debes acechar o escuchar a Dios y esperar en este sosiego, si quiera media hora… con entera y total negación…, si quieres gustar a Dios…, debes ablandar piadosamente el corazón”.

En el mismo sentido, para Fray Juan de los Ángeles “Verdad es que a los principiantes en este ejercicio se les aconseja que quiten el pensamiento, y que se presenten a Dios libres de imaginaciones, para que su Majestad les hable al corazón, como a gente que se convierte a él de las vanas distracciones y representaciones de las criaturas. Y este desterrar de pensamientos que distraen es perfección, y necesario para el recogimiento”

Walter Hilton en «Escala de perfección» (1494) , Francisco de Osuna, citado del «Tercer Abecedario» y «Quinto Abecedario» (1542) y Fray Juan de los Ángeles en «La conquista espiritual del Reino de Dios» (1595) comentados por Javier Alvarado en «Historia de los métodos de contemplación no-dual», (Pags. 321/22/23)

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Enlaces de hoy:

Grupo «Amigos de Pablo D´Ors» en Facebook

Carlos de Foucauld, Amigo de todos

Algunos consejos sobre la oración

Extraído del «Breve tratado de oración contemplativa»

de un ermitaño anónimo

en la oración no se trata de pedir cosas a Aquel que todo lo conoce. La oración no es para decirle a Dios lo que quieres sino para escuchar lo que Él quiere para ti y que no es otra cosa que compartir lo que Él es: Tranquilidad profunda, Beatitud, Paz, Bondad, Belleza, Amor …

No se trata de pedir cosas sino de comprender que no necesitas nada más que la presencia de Dios y descansar en esa morada llena de sus cualidades. Antes de orar debes de comprender que detrás de todos tus deseos de objetos o de situaciones del mundo, solo hay un deseo: la paz profunda. Y ese deseo último que tanto anhelas y que proyectas en los objetos y situaciones del mundo solo lo puedes obtener en la interioridad. La tranquilidad y la plenitud solo están en tu espíritu, que es el espíritu de Dios.

Una persona se pone a orar cuando ha comprendido claramente la futilidad y la relatividad de todos los objetivos convencionales humanos que, aún teniendo su importancia relativa, no pueden darle la paz profunda, la plenitud que todo ser humano anhela con nostalgia. Es comprendiendo claramente esto, bien sea por la propia inteligencia, o movido por las constantes dificultades de la vida, cuando uno se acerca a la Paz, la Belleza, la Bondad, la Plenitud y la Alegría que proporciona el contacto con lo Absoluto y con lo Sagrado a través de la oración en su calidad más contemplativa.

Sumergirse en el “acto orante” es el síntoma más claro de que se ha llegado al discernimiento (entre lo verdadero y lo falso), al desapego (de las cosas del mundo), a la sumisión (a la presencia de Dios), a la humildad (respecto a nuestra capacidad humana), a la sabiduría (habiendo comprendido donde está la plenitud y el gozo verdaderos), a la caridad (al abrazar en nuestra oración a toda la creación), y a todas las demás virtudes… Todas las virtudes están contenidas en la oración.

Orar es un acto simple de colocación ante la presencia de lo Sagrado. No te compliques con rituales ni con palabrería o con lecturas excesivas. Orar es muy sencillo, no hace falta que te leas todos los libros que hay sobre el tema. Se trata de orar, no de leer sobre ello. Vale más un minuto de presencia en lo Sagrado que un año de lecturas sobre la oración.

El rato de oración es un paréntesis de tranquilidad en tu vida. Nunca tengas prisa. La prisa, la ansiedad, la complicación y la dispersión son los mayores enemigos del espíritu. Mantenlos a raya cueste lo que cueste. Nunca te dejes llevar por ellos. Mantente todo el tiempo que haga falta hasta que reconozcas la presencia de lo Sagrado. Esto puede llevarte desde unos pocos minutos hasta horas. Ten paciencia y espera. Evita hacerlo de manera mecánica y rutinaria; hazlo, no por obligación, sino por devoción. Eso te coloca en una actitud y en una atmósfera totalmente diferentes.

El pensamiento racional puede llegar a ser un gran enemigo del espíritu. No pienses, razones ni elucubres sobre lo que haces. Simplemente hazlo; simplemente reza. Entra en esa atmósfera, no pienses sobre ella. El pensamiento no entiende esos estados y antes, durante o después de la oración, pondrá todo tipo de impedimentos y de razonamientos haciéndote ver lo absurdo de la práctica. El pensamiento empleará todo tipo de argumentos de lo más convincentes e ingeniosos. ¡No hagas caso al pensamiento! Diga lo que diga la mente, tú continúa con tu práctica de oración.

Ten en cuenta que esto te sucederá, incluso, después de muchos años de práctica y de frecuentación de esos “lugares del Espíritu”. Muchos son los testimonios de personas de oración y de vida interior que así lo confirman. Nunca hagas caso a esos pensamientos. La mente pensante, hiper desarrollada en las personas actuales, no puede abarcar ciertas moradas y se resiste con todas sus fuerzas poniendo una barrera que debemos vencer con perseverancia e inspiración...

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Imagen extraída de Caminito espiritual

Enlaces de hoy:

Retiro espiritual virtual

Abandono.com

La mente del mundo

Reglas de vida para el mundo actual (II)

Los pensamientos van y vienen. A veces son un ruido sordo, otras un bullicio estridente. Muy rara vez se detienen. Sin embargo, poco a poco vamos aprendiendo a desatenderlos, a dejarlos pasar y de ese modo podemos centrar toda nuestra atención en el propósito que nos importa: descubrir a Dios en lo cotidiano y dejarnos guiar por esa suave presencia, que se hace notable por la pacificación del corazón.

El otro día conversábamos acerca de la necesidad de pautar nuestra interacción con los dispositivos móviles, las redes sociales y la internet en general. Decíamos que de este modo evitaríamos sufrir una permanente demanda hacia el exterior en un ida y vuelta de la curiosidad. De otra manera terminamos lejos de nosotros mismos, medio perdidos en una turba de banalidades y, sobre todo, desvitalizados.

Un particular aspecto de esto mismo se refiere a las noticias en general. Si estar en frecuente contacto con los amigos y los amigos de los amigos y los conocidos de estos y leyendo un montón de cosas de todo tipo nos dispersaba la energía; pasar demasiado tiempo en las noticias de diversos medios de prensa puede ser aniquilador. Sabido es desde mucho antes de la revolución tecnológica que la charlatanería y el chisme nos alejan de lo esencial y nos envuelven en un barullo mental que hace casi imposible la oración posterior. Ahora, todo eso se ha acrecentado.

La mayoría de nosotros coincide en que el mundo en general está bastante desquiciado, que su violencia y afán consumista no son buena referencia y que lo que sirve al espíritu difícilmente pueda encontrarse en los portales de noticias. ¿Por qué entonces nos dejamos llevar por ellos? Debido a que los muchos estímulos de los medios de prensa nos abastecen de variadas sensaciones. Es un hábito adquirido a lo largo de años, al punto de que si dos o tres días no leemos las noticias, nos parece que estamos en el aire, como extraños en un mundo extraño.

Tengamos esto en cuenta: Si prestar atención a los pensamientos de nuestra mente nos somete a los vientos variables de los estímulos, cuanto más denso será prestar atención a los pensamientos del mundo. Leer mucho los diarios es como dejarnos llevar por las divagaciones de la mente del mundo. La ambición, la competencia, la información interesada o tergiversada, la demanda de que compremos esto y aquello… Todo allí nos dice que lo importante es lo de fuera. Por lo general se nos induce a parecer y a tener no a Ser. No decimos que no haya que informarse un poco, pero lo necesario es muy poco. Cuando hay que enterarse de algo, la noticia llega a nosotros sin que la busquemos.

No está mal el mundo en sí, no está mal la gente en sí, no están mal las cosas en sí… el problema está en el sistema de valores que lo impregna todo y en la actitud que asumimos ante ello. Si queremos una vida tranquila, un corazón que viva en serena alegría y una mente despejada y funcional; necesitamos alimentarla con contenidos que vayan en función del propósito que da sentido a nuestra vida. Así como con frecuencia lo que soñamos por la noche se nutre de lo visto durante el día, nuestra oración se ve influida por aquello a lo que atendemos en el cotidiano.

Necesitamos recordar que aquello a lo que prestamos atención, alimenta nuestra mente y colabora con la claridad o turbiedad de los pensamientos. Nuestra atención se orienta aquí o allá dependiendo del significado global que demos a nuestra vida. Un abrazo fraterno para todos, invocando a Cristo.

elsantonombre.org

Recomendados de hoy:

Amigos de desierto

Movimiento de los Focolares

Ayuno mental

Reglas de vida para el mundo actual (I)

Conversábamos el otro día con un hermano sobre el tema de las reglas de vida, tan propias de la vida monástica y tan necesarias a veces para nuestra propia vida, cuando estamos alejados de nuestro propio centro o no escuchamos la voz del corazón. Si uno siente la presencia de Dios o si permanece en oración o si vamos actuando desde el fervor espiritual, estas normas que sirven de guía pasan a un segundo plano, porque nos va orientando un impulso que sentimos proveniente de la gracia.

Sin embargo, esto no es lo habitual y allí cobran pleno sentido estos «mapas» de la vida interior que nos orientan en momentos de confusión, de duda o de medianía cotidiana. A raíz de esa conversación iremos incluyendo, de tanto en tanto, algunas publicaciones que tengan que ver con este tema de «Las reglas de vida» y sobre todo buscando adaptar las históricas (tan nutridas y profundas) a la época actual.

En ese sentido ¿cuál sería hoy un ayuno de la mente sumamente importante y una norma a la cual debiéramos tratar de atenernos con nuestra mayor determinación? Regular nuestra relación con el móvil y con la navegación en internet. Ponerle horarios a la atención que dedicamos a estos dos temas es de mucho fruto espiritual y resulta en una sensible mejoría de nuestro modo de ser y estar en el mundo cotidiano.

Resulta difícil al principio pero gustoso después, apenas le tomamos el sabor a la libertad en que nos deja esta autodisciplina. Sencillamente no mirar el móvil en estos horarios ni tampoco acudir a internet. Aparecerán las mil excusas, pensamientos en torno a lo laboral o a lo familiar etc. nos impulsarán a justificar un permanecer constantemente «en guardia» y conectados «al mundo». Son mentiras que nos cuenta la mente para mantener su continua dispersión. De las emergencias nos enteramos sin esfuerzo, llegado el caso, descansemos en ello; lo necesario toca siempre a nuestra puerta.

Hagamos la prueba tan solo de ponerle horarios a nuestra relación con los dispositivos y veremos cuánto bien resulta de ello. Y si navegamos por internet, hagámoslo con un propósito definido previamente, esto será de mucha utilidad. Sobre todo no mirar muchas noticias, apenas lo imprescindible, ya que suelen convertirse en una formidable herramienta de divagación y de verdadera contaminación para el alma. Lo que ocurre en «el mundo» no es precisamente lo que vemos en las portadas de los medios masivos. Más bien se desarrolla en innumerables vidas anónimas que aportan lo mejor allí donde les toca actuar.

Un abrazo fraterno para todos invocando El Santo Nombre de Jesús

elsantonombre.org

Agradecemos la fotografía enviada por Leonor de Ecuador, participante del curso de Filocalía.

Enlaces de hoy:

Homilía del Padre José para este domingo

Información para interesados en el retiro virtual de diciembre

Pedido de un hermano y amigo:

Hola, soy Roberto, de Argentina, con más de 50 y algo más de equilibrio psico-físico. Continúo la búsqueda espiritual detrás de Cristo, comenzada hace mucho… pasé por varias experiencias, ya sea laborales, afectivas, monásticas y la semi-eremítica que siempre sentí propia y es, en general, de gran dificultad para ser entendida socialmente. La mayor parte de lo vivido me ayudó a crecer en todo sentido y estoy muy agradecido, pero como aún no se da en estos momentos algo más concreto, quisiera ir conectando con gente, (no necesariamente eclesial) para cuidar casas u otra actividad que se realice cerca de la naturaleza, ámbito tan necesario para esta forma de espiritualidad. ¡Gracias invocando a Jesús! robmilenium33@gmail.com

Las puertas del silencio

Queridas hermanas y hermanos en el amor a Cristo Jesús:

Conversando con algunos de ustedes se plantea con frecuencia el tema que podemos llamar «de las reglas de vida», es decir aquella necesidad que surge a veces en nosotros de tener un esquema claro por el cual regir nuestra conducta en el día a día, buscando cierta precisión que nos oriente en momentos de confusión o cuando nos sentimos fuera del centro o del corazón espiritual.

De hecho, estar atentos a las indicaciones de la divina presencia en nosotros y al mensaje evangélico debería bastarnos, pero en nuestra debilidad y camino de aprendizaje, nunca viene mal reforzar nuestro propósito mediante estas otras indicaciones, que han nacido también al calor del amor a Dios. Compartimos hoy un texto muy inspirador para quien se sienta llamado a una vida de silenciosa comunión y de paso para continuar preparando el retiro de diciembre. Un abrazo para todos invocando El Santo Nombre de Jesús.

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Aquí puedes descargar el PDF completo «Las puertas del silencio.»

Entrevista a Mario sobre aspectos de Filocalía

«Consagrados a la presencia»

Preparación para el retiro del 4, 5 y 6 de diciembre de 2020

Queridas hermanas y hermanos en Cristo Jesús: Aquí disponible el texto y el audio del libro del hermano Lorenzo, que servirá como complemento en el retiro de los primeros días de diciembre. Su atenta lectura o escucha, permite advertir diferentes niveles de profundidad en el significado que transmite este monje, que vivió su consagración a Dios en el siglo XVII. Encontramos aquí una regla de vida simple y práctica para que quien sienta afinidad tome como propia. Puedes inscribirte al retiro en los medios que figuran al final de la página. Un abrazo fraterno invocando El Santo Nombre de Jesús.

Texto

La práctica de la Presencia de Dios

Audios

(Agradecemos a hna. Lourdes de la Fraternidad las grabaciones)

Prefacio

Primera conversación

Segunda conversación

Tercera conversación

Cuarta conversación

1°, 2° y 3° Carta

4°, 5° y 6° Carta

7° , 8° y 9° Carta

10°, 11° y 12° Carta

13°, 14° y 15° Carta

Contacto e inscripciones

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