El vidrio opaco

Serie sobre los pensamientos I

Queridas hermanas y hermanos en Cristo Jesús: Iniciamos febrero con una serie de posts donde repasaremos textos antiguos del blog e incorporaremos otros nuevos, en torno al tema de los pensamientos, como el velo que nos oculta la percepción de la presencia de Dios en el cotidiano. Queremos de este modo continuar con la temática del último retiro y también con algo de tratamiento frecuente en los dos cursos que se ofrecen en este sitio. Hilar fino en este tema nos parece de mucha utilidad para nuestra forma de ser y estar en el mundo. Un abrazo fraterno invocando el Santo Nombre.

– En el libro La oración de Jesús” – Iniciación a la práctica – en la primera carta se dice: “Desde el punto de vista de la psiquis, el que esta oración abraza ha de irse despidiendo de los pensamientos. La principal dificultad no es acostumbrarse a la oración sino renegar de ellos. Y esto porque solemos identificar este discurrir de la mente con nosotros mismos”. – Quisiera si me puede aclarar más estos puntos. ¿Cómo es esto de que hay que despedirse de los pensamientos? Pienso que sin ellos no podríamos funcionar, seríamos semejantes a personas  con severo retardo mental.

– Entiendo perfectamente tus objeciones o interrogantes. Sucede que lo que hacemos habitualmente no es pensar. Y, en ese sentido, se ha dicho allí que debemos renegar de los pensamientos. Debemos abandonar un modo divagatorio de pensar, una manera errónea de organizar nuestra experiencia a medida que vamos viviendo. Por lo general, llamamos pensar a un cierto “etiquetar” los fenómenos que se nos van presentando en los sentidos.

También, consideramos pensamientos, a las asociaciones que se producen automáticamente en nuestra mente entre lo que percibimos y lo que recordamos. Cada cosa que vemos recibe desde nuestra mente un nombre y queda inmediatamente relacionada con nuestros registros de memoria, con lo que hemos vivido.  Esto puede ser un muy interesante mecanismo de supervivencia, pero no es pensar.

Estrictamente hablando, – pensar – no es algo que nosotros hagamos, sino que “se hace”, del mismo modo que la digestión, que la respiración o que la renovación de las células de la piel y otros fenómenos de similares características en nuestro cuerpo. Asimismo, inevitablemente, se elabora en la mente una imaginación respecto de aquello percibido; poniendo a lo que se ha visto en relación con nuestros intereses a futuro. Nunca vemos la cosa, sino en función de nuestras pretensiones, proyectos y temáticas de preferencia.

Esta situación forma parte de nuestra condición humana actual y en cierto modo, tiene que ver con lo mencionado en los primeros capítulos del libro del Génesis. Esta forma de funcionar la mente, nos desconecta de lo real, impidiéndonos ver lo que ocurre y reteniéndonos en un mundo con grandes dosis de fantasía. Además, nos hemos acostumbrado a “vivir dentro” de estos procesos autómatas de la mente y la equiparamos con nosotros mismos.

Es decir, nos identificamos con este suceder mental. Imagina que alguien tiene el poder de seguir los procesos digestivos y de darse cuenta cuando se segrega la bilis, cuando se van disolviendo los alimentos, cuando se incorporan los nutrientes y vitaminas al torrente sanguíneo… que esa persona va con su atención detrás de los movimientos peristálticos del intestino etc.  Mueve a risa, más aún si esto sucede todos los días y la persona continúa concentrada en seguir este discurrir metabólico. Imagínalo bien, día tras día, toda su vida. Lo que hacemos cuando creemos que pensamos es muy parecido.

Nos parece pensar, cuando en realidad vamos siendo llevados por una digestión mental de las experiencias que acontecen.  Cuando uno deja de “vivir allí” con su atención, cuando se abandona la identificación con estos procesos sicológicos, se abre un nuevo mundo que nos resulta desconocido… se produce una transfiguración del mundo.

Comprendo lo que explica, pero ¿Cómo salirse de la mente? O ¿Cómo poder vivir desde el lugar en el que se percibe lo real?

Una vez que uno ha aceptado al menos intelectualmente lo dicho, en cuanto a que uno no es ese proceso continuo de pensamientos que vienen y van, de diálogos y consideraciones sin fin sobre todo y todas las cosas; es posible dirigirse hacia otro modo de estar. En este cambio al principio, es decisivo orientar la atención hacia los sentidos, quitándola del acontecer mental. Aclaremos bien esto para que no se entienda mal:

Lo común es vivir “ensimismado”, es decir girando en torno a si mismo de manera egoica, abrumado por los propios problemas y temáticas, absortos en nuestros procesos sicológicos, esclavizados por lo que nos contraría, pujando por alcanzar aquello que se nos antoja como la felicidad. Por eso te decía que es importante sacar la atención de ese discurrir mental y empezar a atender a lo que percibimos. No podemos caer en cuenta de la divina presencia en lo cotidiano mientras miremos sin mirar, escuchemos sin escuchar, o proyectemos en lugar de percibir.

Es como si nunca estuviéramos realmente donde estamos. Nuestra vida tiene mucho de simulación porque en verdad queremos siempre estar en otro lugar, allá donde nos tironean las ansias. El particular modo de hacer que se menciona también en el libro en la carta tres y el llamado “sacramento del momento presente”, al que se hiciera referencia en los ejercicios espirituales del peregrino ruso, aluden también a esta. A la necesidad de situarnos primero donde estamos antes de acometer cualquier intento de mejorar nuestra situación de vida…

elsantonombre.org

Dos enlaces:

Liderazgo para responsables de equipos pastorales

Conoce los Testigos del Amor

Algo de Filocalía

Queridas hermanas /os en Cristo Jesús: Aquí les dejamos la transcripción de la primera parte de la clase 25° de Filocalía, para que puedan revisar si esta temática y el modo que se utiliza para su transmisión es de vuestro interés. Debajo el vídeo origen del texto. 

Si deseas participar y no estás anotado desde el año anterior, envía tu correo a cursofilocalia@gmail.com – Si puedes y quieres ayudarnos haz llegar una aportación económica voluntaria a través de alguno de estos medios: Página de contacto y donaciones

“Estimadas hermanas y hermanos. Estamos juntos nuevamente para abordar a Máximo, el confesor, en esta vigésimoquinta clase del curso de Filocalía 2020. Nos va a llevar quizás una clase más al menos. Este complejo y profundo maestro espiritual, que tiene matices muy diversos en su doctrina, en su enseñanza. Varios de los cuales pueden servirnos de mucho en nuestra práctica espiritual y en nuestra vida cotidiana. Recordamos que el primer significado de este curso de Filocalía era ver si podíamos aprender algo de estos monjes que pudiéramos llevar en nuestro día a día y así tratar de sumarnos de alguna manera a esta vía de la ascensión espiritual que ellos predicaban y practicaban.

Habrán visto ustedes una película que ya tiene bastantes años, llamada al menos acá en mi país, “La terminal”, una comedia romántica suave, donde Tom Hanks, actúa como un ciudadano de un ignoto país del centro de Asia, que queda varado en el aeropuerto de Nueva York por una cuestión de trámites legales. Y no puede entrar a Estados Unidos, pero tampoco puede regresar a su país. Esta comedia se desenvuelve casi toda en el aeropuerto de Nueva York. Donde el personaje permanece mucho tiempo y empieza a construir allí una vida, no tiene más alternativa que empezar a vivir en el aeropuerto. Bueno, y así se hace querido por los habitantes fijos de esta terminal aérea y la película sigue el curso de una comedia romántica. Ustedes dirán ¿Qué tiene que ver Máximo el confesor con la película “La Terminal”?

Es que Máximo, San Máximo, nos dice que el ser humano está en el medio, entre el cielo y la tierra. Que tiene cuerpo y que tiene alma. Y qué es un ser fronterizo. Que está al borde. Que su vida aquí es una duda. Es un movimiento permanente en busca de la unidad perdida. Nos sitúa como mediadores. Dice que el hombre es mediador entre lo celeste y lo terrestre. Somos un ser viviente, vinculante. Fíjense qué definición del ser humano, un ser viviente vinculante y tiene otras como, por ejemplo… “nexo universal” dice que somos el nexo universal.

También ustedes saben que Máximo divide a la creación en el mundo de los inteligibles o de los no visibles y en el mundo de los seres sensibles, que también son los visibles. Y habla de que el ser humano tiene una función mediadora también aquí, entre estos dos aspectos de la creación. En una parte de sus textos, dice que el alma es al ser humano, el alma es al cuerpo y al ser humano lo mismo que Dios al cosmos. Entonces sitúa al cosmos como un cuerpo y a Dios en su cúspide. Y hace una serie de simbolismos y analogías y recurre a pasajes bíblicos para usar ese significado, ese simbolismo. Pero no me quiero ir de tema: dice que el ser humano es el lazo de unión entre el cielo y la tierra. Que el alma está en una zona fronteriza. Quiero ver de qué otro modo lo dice… “el ser viviente vinculante”. Fíjense qué términos, qué forma de expresión que tiene.

Este ser viviente, vinculante, ya vamos a ver después la relación con Cristo; este ser viviente vinculante que somos; no es sólo un medio entre un mundo y otro, es también un transformador. Es como si, al resumir en nosotros mismos todo el cosmos; acuérdense ustedes que Máximo dice que el ser humano es un microcosmos. Al resumir en nosotros el cosmos entero y al estar nosotros unidos a todo. Nuestra transformación lo transforma todo, cambia el cosmos. Entonces tomamos nosotros la obra de la creación, las plantas, los animales, todo lo que se nos ha dado en la tierra y tenemos la misión de transformarlo y elevarlo a cada cosa lo más posible en ese movimiento intrínseco de unidad que tiene todo el cosmos.

Vamos de a poco. Dice San Máximo que todo el cosmos está atravesado por una fuerza invisible que tiende hacia la unidad. Más tarde o más temprano todo va hacia el Uno, hacia el que Es, hacia Dios. Las cosas, las personas, las montañas, las nubes, los planetas, cualquier cosa creada tiende hacia la unidad. Aunque a veces no nos parezca, ese es el movimiento universal hacia la unidad. ¿Y cuál es la función del hombre? Colaborar con este movimiento hacia la unidad. Él tiene que ir uniéndose en sí y unir todas las cosas que toca. Máximo nos aporta el significado de que nuestra vida tiene sentido en tanto se dirija a la unidad que es Dios. Y nos sitúa como liturgos. El ser humano como oficiante de una liturgia cósmica universal. De un sacrificio, de un sacro oficio. De una ofrenda a Dios constante en su vida a través de lo que hace por fuera y también dentro, en el alma.

En esa parte más elevada que, como ustedes saben, la Filocalía por una influencia griega llaman el Nous, el órgano de la contemplación. Este órgano de la contemplación, la parte elevada del alma, dice Máximo viene a ser para el hombre lo que es Dios, para el cosmos. Viene a ser el alma para el hombre, lo que es Dios para el cosmos. Es decir, el principio del orden, el principio ordenador general y universal. En esta… en esta liturgia cotidiana, nos volvemos mediadores. ¿Cómo? Como dijimos, transformando lo que tocamos y elevándolo espiritualmente. Máximo dice que mediante la contemplación de los seres sensibles, de los visibles: un animal, una planta, una roca, la lluvia, las nubes, lo que fuera; mediante la contemplación de los seres sensibles y visibles, nos elevamos hacia la contemplación de los seres inteligibles, es decir, aquellos que no se pueden tocar ni ver, pero que se pueden entender, conceptualizar, comprender.

Por ejemplo un ser inteligible serían los ángeles, que no se pueden ver, no se pueden sentir, pero que podemos concebir. Entonces, la liturgia consiste en, mediante la observación y la transformación de lo sensible, elevarnos en el entendimiento, para posteriormente abandonarlo todo y quedarnos con la tiniebla luminosa. Es decir, con ese no saber absoluto; que cuando nos rendimos a ese no saber profundo que el ser humano lleva en sí, cuando nos rendimos es cuando podemos hacer la oración pura; qué es lo más cerca que se está de la unión con Dios, al menos en lo que podemos comprender, según nos dice el confesor. ¿Cómo, cómo puedo hacer para elevar mi visión desde lo sensible a lo inteligible y posteriormente hacia la contemplación de la tiniebla luminosa?

¿Cómo puedo hacer? Acuérdense ustedes, permítanme la digresión… que Máximo toma conceptos de Orígenes, toma conceptos de Evagrio Póntico y de otros por ejemplo los Capadocios que lo preceden. Y hace de eso una mezcla, uniéndolas con la revelación bíblica y no sólo con la exégesis bíblica normal, con la interpretación normal de la Biblia, sino con un modo de leer la Sagrada Escritura muy cargado de simbolismo. Máximo ve en la Biblia, la Escritura, un simbolismo permanente, una alegoría tras otra, un significado encadenado al otro. Y de eso hace su propia cosecha de esta influencia que vino de Evagrio, vino de Orígenes, vino de los griegos, incluso del mismo Platón, a través de otros, con esto del mundo de las ideas o el mundo de lo inteligible y lo sensible. Pero yo me preguntaba recién cómo se hace para ir de lo visible a través de los seres sensibles, llegar a los inteligibles y después a la tiniebla luminosa que nos permite unirnos a Dios, a ese incognoscible tan apofático tan de Dionisio que también Máximo utiliza.

¿Cómo se hace? Hay que tratar de advertir en las cosas las razones de las cosas. Y a través de esta visión, que es una mezcla de intuición y de gracia y de atención plena; a través de esta visión, de las razones de las cosas, de las esencias que viven en las cosas, podemos intuir el mundo inteligible, es decir: el mundo que no se ve, pero que puede entenderse e intuirse, se ha patentizado en el mundo sensible, en el mundo de la materia. El mundo de la materia está informado de lo que no es materia. Es como si estuviera atravesado por lo inteligible. Dice Máximo en palabras casi textuales, después leeré algún párrafo, que lo inteligible y lo sensible se interpenetran constantemente en una relación circular. El uno necesita del otro y se informan mutuamente.

Pero veamos un ejemplo más, más práctico, más entendible: Giovanni Pico de la Mirándola, un nombre muy musical; Giovanni Pico de la Mirándola, un sacerdote, un monje de principios del renacimiento; no quiero decirles el año porque no lo sé, no lo recuerdo ahora… decía que había algo que hacía que el can, es decir, el perro, se comportara caninamente y había algo que hacía que el hombre se comportara humanamente. Y así con todo. Enfatizaba él, esto de la esencia de las cosas y de los seres, hay una esencia que proviene de lo inteligible, que es lo que hace que los seres actúen como actúan, que tengan esa índole particular que los caracteriza. Entonces, cuando nosotros vemos a una mascota, por ejemplo, nosotros observamos a nuestra mascota y nos vinculamos a ella mediante el afecto. Pero esta observación nos permite intuir, por ejemplo… esa, esa bondad innata de estos animales; este no rencor, esa ternura que siempre tienen. Es algo que nos permite adivinar su mirada, su comportamiento. Lo vemos sin esfuerzo. Nosotros percibimos en los distintos animales y particularmente en las mascotas, esa esencia de carácter, ese temperamento profundo que viene desde lo más íntimo de esa criatura. Eso que alumbra a través de sus manifestaciones es lo inteligible que lo atraviesa.

Y así con todo. Es lo que nosotros sentimos o intuimos cuando se desata una tormenta, que a la vez nos puede suscitar pavor o asombro extático, quedamos como maravillados ante una gran tormenta. O cómo se nos refresca el ánimo con la lluvia sobre la tierra recién mojada. Es decir, todo esto dice Máximo, tiene su correlato en el mundo no visible. El cosmos observable tiene su equivalencia en lo no observable… y eso es un camino hacia Dios. Nosotros como humanos tenemos que encontrar estas esencias y colaborar con la creación de Dios, elevándolo todo en consonancia, en armonía con ese otro mundo inteligible. En ese otro mundo de las ideas, diría en términos de Platón… que está más cerca del mundo celestial, pero que no lo es. Y el hombre se encuentra entonces entre-medio, entremedio del cielo y de la tierra.

¿Cómo se efectúa esta liturgia? En parte, como decíamos, observando o intentando con una atención plena, abierta, intuitiva, que invoca la gracia… en parte mediante esa observación esencial y en parte mediante la transformación de nuestras situaciones, de cualesquiera hechos de nuestra vida, en ceremonia de alabanza. Máximo es terminante, nos dice que el sentido de la vida humana no hay que buscarlo ni acá, ni allá, ni más allá; el sentido de la vida humana es ir hacia Dios. Y para eso nuestros actos han de ser liturgia, ofrenda, sacrificio. Máximo, el confesor, nos dice algo hermoso: Que la vida tiene que ser una ceremonia. Es como si fuera una gran eucaristía. Recuerdan que dije al principio que el ser humano está unido a todo; esto lo podemos comprobar… el aire que entra en nuestro cuerpo y nos vivifica, el agua que bebemos, el sol que nos ilumina, comemos elementos que surgen de la tierra. Es decir, todo está interpenetrado como decíamos recién… y al estar el ser humano unido a todo, importa mucho la transformación individual también. Porque aunque nuestros ojos materiales no sepan ver la influencia, mi transformación cambia el universo. Mi cambio lo cambia todo. Eso nos dice Máximo y dota así de un sentido profundo a nuestra vida y aun a los momentos que podríamos considerar más nimios o más pequeños. Cuando nos vamos a dormir, el modo en que nos vamos a dormir, el modo en que despertamos, el modo en que lavamos, el modo en que estudiamos y sobre todo, como ya lo dijimos en la clase pasada, el modo en que amamos.

¿Cuándo es que el ser humano se convierte realmente en un liturgo universal, en ese viviente vinculante, en ese nexo universal? Cuando ama. Amando se produce ya de por sí nuestra liturgia. El deber litúrgico es amar. Esa es nuestra vestimenta, ese nuestro cáliz, esa es nuestra forma sagrada. Ese es nuestro rito sacrificial: Amar, porque cuando amamos al ser microcosmos interpenetramos el cosmos entero. Y aquí viene la vinculación, por supuesto, con Cristo. Cristo, que tenía en palabras de Máximo las dos voluntades la humana y la divina… Cristo vino de modelo, vino a decirnos exactamente cómo se ha de santificar la creación entera. Cómo hemos de santificar el mundo y al mismo tiempo dotar a la vida de un profundo significado. ¿No han visto ustedes que… los hechos y las situaciones desagradables nos agobian mucho más cuando no le encontramos sentido, cuando nos parecen carentes de propósito los sucesos, los hechos? En cambio, cuando alumbra el simbolismo, cuando se nos aparece la alegoría clara todo cambia.

Había un autor, Víctor Frankl, que fue un psicólogo si no me equivoco un judío que estuvo en uno de los campos de concentración en la Segunda Guerra Mundial, era un psicólogo y escribió después un libro muy famoso que se llamó “El hombre en busca de sentido”, Viktor Frankl. Se los recomiendo mucho, es muy buen libro. Él observó, viviendo en el campo de concentración, observó que los que sobrevivían eran los que tenían un para qué. Por ejemplo, “quiero sobrevivir para volver a ver un hijo”… o para lo que fuera. Él, Viktor Frankl, encontró el modo de sobrevivir a esta atrocidad que le había tocado, proponiéndose crónicar lo vivido y escribir un libro. Él escribió gran parte de este libro en pequeños pedazos de papel, en servilletas, en elementos que había por allí, tomaba pequeñas notas. Vaya a saber con qué, porque no tenían nada. Y de esa manera él dotó, el llenó de significado la terrible penuria que atravesaba. Entonces nos dice nos deja esa enseñanza. Y dice algo así como que el ser humano puede soportar casi cualquier cosa en tanto tenga un para qué. Y Máximo, por supuesto, está totalmente alineado a esto, porque nos dice que el ser humano que es fronterizo, que no es de aquí ni es de allá, está en un permanente movimiento en busca del descanso que da la unidad.

Es decir, nos demos cuenta o no, pero a partir de ahora podemos atender a esto ¿No? Me doy cuenta de que esto abre una perspectiva muy interesante en el cotidiano. Nos demos cuenta o no, todo lo que buscamos es descanso. Y todo lo que hacemos busca la unidad desde la multiplicidad de la manifestación de lo creado, buscamos la unidad, una unidad que conocemos sólo por intuición, por cercanía… cuando atravesando lo sensible a través de lo inteligible, el nous, llegamos a la tiniebla luminosa donde el ser humano se rinde y dice “Señor, no sé nada”. Y anclados en este no saber rendirnos, rendirnos totalmente a la voluntad de Dios”.

Algo de Fenomenología

Queridas hermanas /os en Cristo Jesús: Aquí les dejamos la transcripción de uno de los vídeos de Fenomenología, para que puedan revisar si esta temática y el modo que se utiliza para su transmisión es de vuestro interés. Debajo el vídeo origen del texto. Mañana, Dios mediante, les entregaremos el texto con una clase del curso Filocalía

Si deseas participar y no estás anotado desde el año anterior, envía tu correo a fenomenologiacurso@gmail.com – Si puedes y quieres ayudarnos haz llegar una aportación económica voluntaria a través de alguno de estos medios: Página de contacto y donaciones

“Queridas amigas y amigos, estamos nuevamente juntos ahora en el ámbito de la Fenomenología. Trataremos hoy tres temas que surgen de consultas que ustedes me hacen llegar.

El primer tema es el de la duda o las dudas, que lo hemos tratado en alguna ocasión, con brevedad. Quizá por una cuestión cultural, no sabemos bien el origen de esta costumbre, tendemos a rumiar, a ponernos en una especie de reflexión introspectiva, sopesando las cargas cada vez que nos encontramos sumidos, sumergidos, en la duda o en las dudas. Desde el ámbito de fenomenología se entiende que cuando estamos en la duda es porque las cargas, las diferentes cargas entre distintas imágenes, no se han inclinado todavía en la balanza. Es como si hubiera demasiado equilibrio o demasiada paridad entre las distintas opciones de las cargas de nuestras imágenes.

¿Recuerdan, verdad? Entonces, ¿Qué es lo que se aconseja en Fenomenología o qué es lo que aconsejamos, recomendamos? Cuando estamos en la duda, ponernos en una sesuda reflexión, anotar los pros y los contras de cada una de las opciones? No. Debatirnos, ensimismarnos, darle vueltas y vueltas analizando factores, no. Cuando nos encontremos en la duda… no hacer nada. Es más, no sólo no hacer nada, sino tratar de desatender el tema.

Esto de desatender el tema implica, que la mente no va a ocupar el papel central en el proceso de la elección o del comportamiento que finalmente se va a producir. Esto lo podemos ver en la historia humana. Por ejemplo, con el famoso Eureka! Se acuerdan? Creo que era Arquímedes, verdad? Arquímedes, que hablaba del Eureka, que estando en una situación del todo alejada al objeto de su oficio, de repente sufre una especie de iluminación espontánea o de comprensión que le brinda una solución adecuada para aquello que era su problema. Yo ni siquiera me acuerdo bien cuál era su materia. Creo que era algo relacionado con la física y la teoría de los líquidos o algo así. Es decir, el científico o el pensador, el filósofo deja de aplicarse al punto en el cual estaba totalmente ensimismado, se pone a hacer otra cosa y ahí por sí misma, la solución aparece. A algunos científicos esto les ha ocurrido en el sueño onírico, que se le revela la solución del asunto. ¿Por qué? Porque se necesita de algo más profundo que el pensamiento para que todos los factores se co-engranen y brinden una percepción, o mejor dicho, una representación clara de lo que debemos hacer.

Esto es más propio del ámbito de la intuición. la intuición. Para que la intuición funcione en su plenitud, el pensamiento tiene que estar, si no ausente, al menos ser escaso. Por eso les decía al principio desatender el tema que nos preocupa o el tema sobre el cual tenemos dudas. Para terminar, ya saben que me gusta siempre repetir y sintetizar. Si hay duda, lo dejo estar. Lo dejo estar no hago nada, espero. Espero que sedimente un poco; vieron el papel de la sedimentación en los líquidos cuando el agua está turbia? Si la dejamos quieta, sedimenta el residuo y queda clara. Se hace la claridad. Ese es un buen ejemplo para este tema. Por supuesto, estamos hablando que no se está tratando de una situación de emergencia, de una cosa urgente que requiera solución. Por qué? Porque cuando la situación apremia, la solución emerge por sí misma. Difícilmente tengamos la duda. En situaciones de emergencia, el cuerpo y la mente se comportan adecuadamente, sin deliberación alguna. Ahora seguimos.

Bien. Otro de los temas que quería tratar hoy con ustedes, es a propósito de la última publicación que hicimos en el Santo Nombre; qué tiene que ver con esta especie de ayuno mental, referido sobre todo al uso que hacemos de los móviles, de las redes sociales, del ordenador, de la computadora, de la navegación en Internet. Pero particularmente de la función que hoy cumple el móvil, el teléfono celular, según la región en que estemos. La función que cumple como estímulo permanente que requiere nuestra atención. Como lo hablamos en alguna otra clase, ¿ustedes se acuerdan? Está la atención requerida, que es aquella donde el estímulo externo me llama. Es como si me golpeara la puerta de la atención. Y en cierto modo entrecomillas, me obliga a dirigirme hacia él, hacia el estímulo.

Algo que implica un mayor nivel de conciencia, una mejor cualidad de la atención es cuando la atención es dirigida desde mí hacia el estímulo. Alguien puede decir bueno, pero eso ha sucedido porque desde tu interior, desde tu paisaje interno, se produjo un estímulo mental que te hizo dirigir la atención en tal o cual dirección. Podría ser cierto, también podría ser el caso. Pero si nosotros estamos atentos a todos estos procesos, vamos a ver, a sentir una cualidad muy diferente, cuando nos ponemos en observadores y luego en directores de esta función atencional. Vamos al caso el móvil. Si nosotros tenemos encendidas las notificaciones que nos avisan con algún sonido de la llegada del nuevo WhatsApp, de un nuevo mensaje o un Telegram, algo en el Facebook, etcétera, etcétera. o las noticias de los diarios. Si tenemos encendidas las notificaciones; a cada minuto, cada dos o tres minutos, empiezan a llegar avisos a los cuales en teoría, tenemos que prestar atención. Este es el mejor modo de dispersar nuestra energía, de perder la energía, de desviarnos del propósito que nos habíamos puesto para esa jornada. Quizá de la oración interior. Cualquier ejercicio o práctica o ascética que nos hayamos planteado, muy probablemente sucumba, muy probablemente se diluya, si nosotros vamos a atender a estos estímulos, según van apareciendo.

En cambio, si nos limitamos a una cierta ascética en base a los horarios y decimos me voy a fijar en el móvil a tal hora, a tal otra y a tal otra. Y cada vez le voy a dedicar media hora en el caso, por ejemplo, en el caso nuestro, que tenemos que responder a veces cuestiones del blog o consultas y demás. Nos ponemos una hora y decimos vamos a dedicarnos a tal hora, durante tantos minutos o tanto tiempo a responder y después silenciamos. Y nos quedamos libres de ese estímulo para dedicarnos a lo que hemos decidido previamente dedicar. Por supuesto, en cuestiones laborales, si ustedes están en una oficina, yo no me imagino distintos tipos de trabajo que ustedes tengan de profesiones. Esto va admitir muy diferentes grados de flexibilidad o de precisión en la ascética, de desatender a la constante estimulación. Pero ustedes saben si se ponen a ver en ustedes mismos lo que su conciencia les indica a este respecto.

Todos sabemos cuando estamos ya divagando, cuando nos estamos dejando llevar o cuando realmente de manera ordenada, concentrada y atenta, nos aplicamos de un modo diferente a estas tareas. Ese es un punto de interés. La ascética en lo que hace a Internet y a los estímulos del móvil y demás. Hoy en día creo que es equivalente al más severo ayuno que los monjes antiguos practicaban respecto a la alimentación. Fíjense lo que digo es más difícil hoy prescindir de estos dispositivos que quizá hacer un ayuno alimentario. Porque nos hemos acostumbrado a vivenciar sensaciones diversas. Por lo general, de placer y displacer, como son la mayoría de las sensaciones referidas a esta interacción con esos presuntos otros a través de las redes, y digo presuntos otros porque es una interacción virtual. Ustedes vieron que estamos siempre en relación a una pantalla. Y esto también tiene una cualidad menor respecto de la interacción personal. Por supuesto que todas estas herramientas son muy útiles, pero está en el exceso y en el extremismo en el que hoy caemos en la relación con estos dispositivos. Lo que nos está perjudicando la interiorización y la dirección de nuestra atención.

Y un tercer tema que quería tratar con ustedes hoy es el tema de la consagración de vida. De la consagración desde el punto de vista de la Fenomenología. Cuando uno se consagra. Fenomenológicamente hablando, se ha polarizado. Todos sus centros de respuesta se acuerdan ustedes que teníamos el centro intelectual, el centro emocional, el centro motriz, el centro vegetativo que regulaba las funciones fisiológicas… y decíamos que todos estos centros podían funcionar con una mayor o menor cualidad, dependiendo de otro factor que es el nivel de conciencia. Si estábamos en una vigilia ordinaria, en el semi sueño que es esa duermevela, o si estábamos en el sueño onírico, etc..

Y también advertíamos, admitíamos la posibilidad de otros niveles de conciencia y de otros centros de respuesta. Como por ejemplo el Nous, que se hablaba en Filocalía, que en fenomenología se le llama un centro de percepción más objetiva, un centro superior. Un tipo de comprensión directa e intuitiva. Eso sería un nivel de conciencia más elevado. Y también admitíamos la existencia de como les llamaríamos… funciones o sentidos que no son habituales o no nos son manifiestos en nuestra normalidad, en nuestro cotidiano. Mientras más atentos nos ponemos, mientras más ejercitamos la atención estos niveles de conciencia y estos nuevos centros de respuesta empezarían a manifestarse. Por supuesto, esto está íntimamente relacionado con el tema del despertar del sentido espiritual o los sentidos espirituales.

Pero para no irnos de tema. El consagrado, aquella persona que se consagra a un objetivo, a un fin cualquiera sea, está reuniendo todas sus fuerzas, todas sus potencialidades en un solo punto. Habíamos dicho en alguna clase que es como el rayo láser. Ustedes saben que el rayo láser tiene ese gran poder debido a que se concentra la luz en un haz muy pequeño. Es decir, mucha energía en una extensión mínima muy precisa es la que logra provocar, por ejemplo, la rotura del material al cual se está aplicando este rayo láser. Es mucha energía concentrada, bueno; un consagrado, por ejemplo, un monje. Un monje de clausura, que se dedica a la oración la mayor parte de su día, al recuerdo de Dios. ¿Qué está haciendo? Está consagrando, está reuniendo todas sus energías en la oración. Y si practica la oración de Jesús o la oración monológica, mucho más, esta re-concentrando además todos los pensamientos en uno solo. Esto es, fenomenológicamente hablando, consagrarse. No dispersarse. Unificarse. Es como si habláramos de un propósito único, de una única referencia. Y esto suele venir concomitante, correspondientemente, con conductas muy claras.

Por ejemplo, el consagrado no lee de todo, lee sobre cierta temática o hasta llegan algunos ascetas a leer uno o dos libros a partir de su consagración y nada más; es lo que decíamos días atrás, de no andar dispersándonos en distintas fuentes de información y de conocimiento, sino dedicarnos, a elegir un solo director espiritual a través de este libro o aquel otro y ceñirnos a ello. Las reglas de vida que un tema que hemos empezado a tratar últimamente son una de las manifestaciones más claras de la consagración. La regla de vida. Me atengo a esto y de acá no me salgo. Ese cierto límite que en principio parecía acotar nuestra libertad y que en realidad está ampliando porque nos está liberando del resto de las esclavitudes que nos oprimen habitualmente en la dispersión.

Cuando yo me someto voluntariamente a una regla de vida, parece que pierdo libertad. Pero en realidad la estoy ganando al quedar libre de todas las esclavitudes que tenía antes… a los múltiples estímulos e impulsos del cuerpo y de la mente. Cómo podemos hacer, ya que estamos preparándonos un poco para el retiro, algunos. ¿Cómo podemos hacer para ir consagrándose o ir preparándonos para esta polarización de todas nuestras fuerzas? Esto hay que alimentarlo. Es lo mismo o muy similar a cualquier deportista, que cuida todos los aspectos de su vida en pos de la carrera que va a realizar, del partido que tiene por delante, de esa maratón. Entonces el deportista cuida la alimentación, cuida las horas de sueño, entrena de cierto modo y demás. Si nosotros queremos consagrarnos a la espiritualidad profunda, si queremos acercarnos a una oración continua; a una oración contemplativa o a un apostolado; pero digamos, en el gran ámbito de la espiritualidad, tenemos que alimentar con mucha frecuencia ese anhelo que surgió en nosotros.

Pero que como ustedes saben, cómo sabemos, debido a esa ley del estímulo constante decreciente, que vivimos en una de las primeras clases, esta ley, esta mecánica de la vida, hace que nos acostumbremos. Y aquel impulso fervoroso a aquel deseo de consagración y de unión con Dios va quedando relegado, tapado por las múltiples obligaciones y los estímulos que han ido surgiendo posteriormente a ese impulso. Cuando encontremos en nosotros el anhelo de consagración hay que alimentarlo, alimentarlo con mucha frecuencia y precisión. ¿Por qué? Por que las veinticuatro horas estamos siendo alimentados por una cultura que va contracorriente de lo que nosotros queremos. Permanentemente se nos está impulsando de modo manifiesto y de modo velado y hasta subliminal; permanentemente se nos está impulsando al consumo, a la búsqueda del placer mediante los sentidos físicos, al constante divagar de los sentidos, etcétera. Por eso tenemos que ejercitar mucho la lectura espiritual que hemos elegido… para darle letra al corazón, por así decirlo, para que nos inspire. Y esto tiene que ser cotidiano. Una vez por día o más, si es posible. La oración en el modo al que nosotros tenemos preferencia, que nos sentimos llamados también con frecuencia. El intercambio con otros hermanos, amigos que ustedes tengan, o a través del blog, etcétera. El intercambio quizá en la parroquia o en algún grupo que ustedes pertenecen. Pero esta confraternización en torno a un objetivo espiritual común es muy importante. Nos recarga las pilas las baterías para este objetivo.

Y periódicamente revisar, con frecuencia, revisar… ¿Me estoy manteniendo, estoy creciendo en mi consagración o me estoy desviando? ¿Ya está bajando la curva del entusiasmo? Se acuerdan ustedes que el entusiasmado de la palabra enthousiasmós? Quería decir el que estaba tomado por algún dios en la mitología griega. Poseído por un Dios. El entusiasmo en el ámbito cristiano implica la presencia de la gracia, del Espíritu Santo. Cuando va en dirección correcta, en la dirección espiritual del crecimiento y la elevación; entonces tenemos que estar atentos a conservar el entusiasmo. Para eso, al igual que con la energía que hablamos en alguna clase, hay que ahorrar, el entusiasmo no hay que dispersar. Y hay que alimentarlo, hay que nutrirlo para fortalecerlo. ¿Cómo fortalecemos el entusiasmo por la consagración de vida? Llevando con coherencia lo que éste nos pide a la vida diaria, lo que el entusiasmo me indica, lo que la gracia me avisa, tengo que llevarlo con coherencia a la vida cotidiana. Esto retroalimenta las ganas, el fervor, el deseo de Dios.

Bien, ese era otro tema.

Para terminar y no extendernos mucho, como habíamos acordado en este segundo módulo de Fenomenología. Les quiero pedir algo. Quien esté participando del curso y vea este video y llegue a esta parte del video. Le pido que me escriba mejor si puede en los comentarios del blog, sino por otros medios. ¿Cuál es aquel santo, aquella personalidad, aquella figura que le está sirviendo o le va a servir como modelo de conducta? Estoy prescindiendo, por supuesto, de la persona de Jesús que implícitamente en nuestro modelo de conducta, ¿No? a través de los Evangelios y a través de nuestra nuestra fe religiosa.

Quiero decir. Además de Jesús. ¿A quién voy a tomar como figura humana, como modelo que a mí me permita orientarme en cuanto a la incorporación y el desarrollo de ciertas virtudes? ¿Se acuerdan que hablábamos de la necesidad de elegir un camino espiritual preciso, un autor? Y esto es lo mismo si ustedes revisan, cuando hablamos de modelos de conducta, nos referíamos a una imagen con mucha carga energética que fuera a la vez colectora de otros factores y de otras imágenes, y es la que nos va a permitir polarizar. Por eso les pregunto si ustedes pueden contar. ¿Cuál es ese santo, esa santa, esa personalidad que a ustedes les sirve de modelo o quisieran que les sirva de modelo? Si me envían esto, vamos a ir tratando de hacer pequeñas semblanzas, ya sea por escrito, por videos de estos personajes, de esta persona, para compartirlas entre todos en el ámbito del curso. Creo que esto puede ser de utilidad, así que aquél que le parezca bien le pido que nos lo comente, nos haga ese comentario.

Bueno, amigas y amigos, poco a poco vamos avanzando en la Fenomenología y preparándonos para el retiro de diciembre, que espero encontrarlos a Uds. o a algunos de ustedes. Un abrazo grande para todos”.

Una actitud amigable

Un caminante cansado tropieza en el camino de tierra. Cae de bruces y se lastima un poco, nada serio. Sin embargo aporrea el suelo y despotrica largo rato. Luego, se levanta y camina de aquí para allá, a veces en círculos preguntándose la razón de su tropiezo; se cuestiona si es merecedor de seguir en el camino; si debería volver al principio o abandonarlo todo… en suma, pierde tiempo y energías que no era necesario perder. Y con toda probabilidad, el comportamiento posterior a la caída hizo más daño que el golpe mismo.

Sin duda encontraremos en nuestra vida momentos parecidos a los cuales podemos poner nuestro argumento particular. ¿No es verdad que un remordimiento mal entendido a veces nos oscurece más que aquello que provocó la caída? No pocas son las ocasiones en las cuales el tropiezo viene bien, nos muestra una imagen de nosotros mismos que no queremos ver, nos quita unas capas de orgullo, nos deja más cerca de la verdadera humildad que permite el surgimiento de la gracia.

Apenas caídos hay que levantarse, sacudir el polvo de las ropas y emprender el camino trazado con la misma energía que antes del magullón. La actitud para reanudar la marcha debe ser “como si nada hubiera pasado”, ignorando los pensamientos que nos descalifican para el resto del viaje y que nos llevan a una autocrítica que no es tal, sino solo un ritual autocompasivo. Al fin de cuentas esta actitud nos predispone a nuevas caídas. Recién después de un buen trecho, con las fuerzas renovadas, será bueno sentarse a la sombra de un árbol amigable, tal vez al fresco del atardecer y examinarse, reflexionar y reconciliándonos, buscar la comprensión de la raíz de nuestro andar dubitativo e inseguro. Pero estas revisiones sirven cuando estamos con el ánimo alto y con la fuerza suficiente.

Hay que tratarse como se trataría a un amigo muy querido y con el cuál hay confianza. Amablemente, poniendo nuestra fe en su posibilidad de cambio y valorando la intención de mejoramiento. Podemos ser firmes con él, pero siempre desde el afecto incondicional que da la amistad verdadera. No se puede amar al prójimo sino nos amamos a nosotros mismos. Esto no implica aplaudir cualquier conducta o ser permisivos sin discernimiento, sino incorporar en nosotros algo de la misericordia infinita de Dios. ¿Qué quieres tú hermano, ser santo? Decía un monje a otro. Pues no sé, intento al menos no ser mañana peor persona que hoy”.

Hermanos queridos, este puede ser buen tema para el intercambio. Un abrazo fraterno para todos invocando el Santo Nombre de Jesús. elsantonombre.org

Enlaces de hoy:

Una exigencia del corazón

Una invitación del sitio Hozana.es

Libre de vanos cuidados

Hoy se conmemora a San Antonio Abad, también llamado “el grande”, considerado por muchos padre de la vida monástica. Su modo de vida puede resultarnos hoy completamente ajeno. ¿En que sentido puede ayudarnos hoy su ejemplo como modelo de conducta?

Hay que leer el significado que portan las imágenes del relato de su vida. Más allá de lo pintoresco del relato, de lo que pueda tener o no de fábula en busca de la conversión del lector de su tiempo; nos transmite un mensaje de mucho interés. Me parece que la búsqueda de la coherencia entre su vida y la enseñanza evangélica, precisamente al modo que se describe en los Hechos de los Apóstoles, se había transformado en un propósito fuerte de sus días. Andaba en el tema diríamos hoy.

Antonio reflexionaba sobre la escritura, asistía con frecuencia a los oficios y escuchaba la palabra con una actitud verdadera. Esta convergencia lo acercó a la radicalidad que vemos después. Hoy podríamos preguntarnos: ¿En qué pongo mi atención? Por que esta se dirige hacia lo que nos interesa. A veces nos decimos que un tema es importante para nosotros pero no lo es tanto. Para eso nada mejor que observar la conducta de cada día.

No se nos antoja siquiera posible venderlo todo y darlo a los pobres o irnos a vivir solos al desierto en condiciones de extrema austeridad. Es cierto. Pero sí podemos ir aumentando la prioridad que damos a lo espiritual sobre lo material o mejor aún, vivir nuestra relación con lo material desde lo espiritual. Sí podemos volvernos solitarios en cuanto a no dispersar nuestra atención en múltiples cuestiones secundarias y centrarnos en lo que es importante.

Reemplazar la divagación mental constante por la oración interior frecuente o no seguir el discurrir de las películas mentales retirándoles la atención; llevando toda nuestra percepción al estado donde se percibe la divina presencia, es hacer efectivo y real el desierto en nuestra vida. Al fin de cuentas, para ello se retiró Antonio y muchos otros, para facilitar el encuentro con esto mismo. Entonces si nuestra vocación o circunstancias nos permiten la soledad y la austeridad extremas muy bien; pero ya mismo podemos irnos a vivir a la ermita interior, despojados de vanos cuidados, del todo entregados a la voluntad divina.

El desierto en uno de sus significados alegóricos muestra esta desnudez del hombre frente a la vastedad del cosmos. Otro de los pasajes significativos de la “Vita…” tiene que ver con la lucha de Antonio frente a los demonios. Algo cercano a nosotros son nuestros miedos, todas aquellas imaginaciones que nos cercan y limitan, nuestras propias apetencias que nos esclavizan y demandan de continuo. Vivir con lo necesario, prescriben los espirituales en toda época y lugar. ¿Qué es lo necesario?

Sin duda, lo imprescindible para la vida material, pero también y que suele obviarse, lo necesario es la vida espiritual. Atravesar los días sin el sentido de la presencia o sintiéndonos librados a nuestras propias fuerzas es un estado de indigencia que nos aliena de nosotros mismos. Indaguemos entre líneas en todas estas vidas célebres y descubriremos algunos pocos atributos en común que podemos traer a nuestro momento actual. Vivir conforme a lo que se comprende, aumentando la coherencia en nuestra vida, podría ser un atributos que todos estos grandes modelos de conducta tienen en común.

Un abrazo fraterno para todos, invocando el Santo Nombre de Jesús.

elsantonombre.org

Mistica vita

Homilía dominical del Padre José

Para sumarte al Curso de Filocalía 2021 escribe a cursofilocalia@gmail.com

Para sumarte al Curso de Fenomenología 2021 fenomenologiacurso@gmail.com

El lugar del descanso

A poco de andar el día podemos darnos cuenta si estamos centrados, descentrados o perdiendo el rumbo. Atendamos a la prisa que hay en nuestros actos. Si hay apresuramiento ya tenemos la medida de nuestro alejamiento del corazón. Es un criterio muy sencillo que nos libra del error. Cuando pasamos de un momento al otro muy a las corridas o cuando estamos deseando ya acabar con esto y pasar a lo otro… nos hemos ido hacia la periferia de nosotros mismos.

Mientras más cerca del centro más calma se encuentra y habita allí una estabilidad que es claridad. Antiguamente solían construirse torres muy altas en la cima de montañas elevadas, que permanecían al abrigo de tormentas porque estaban encima de las nubes. Eran sitios inexpugnables y aunque del todo expuestos permanecían al abrigo. Estar allí implicaba distancia y observación fácil de todo el entorno.

Vivir en la ermita interior, en el corazón espiritual, permite lo mismo. Es una capacidad de darse cuenta de los distintos hechos que convergen en un mismo suceso y a la vez, mantener una cierta distancia de ellos. Se abre un espacio disponible que permite respirar en todo sentido y no ser avasallados por las reacciones que se produzcan en el medio, en la mente y en el cuerpo.

Estar situados allí se siente con frescura y no implica esfuerzo en el sentido con el que acostumbramos usar la palabra. Estar allí no fatiga. Acceder a ese sitio donde somos auténticos impregna de sentido los días y nos hace sentirnos familiares con la gracia. Y es esta misma familiaridad la que nos llama de regreso cuando nos ausentamos por distracción, hábito o inercias varias.

Muy diferentes métodos se usan para llegar a ese fondo del alma y son apropiados a distintas personas en cada situación o momento particular. Pero darse cuenta de que el resultado de las acciones no depende de nosotros sino de la providencia divina es muy necesario. Sin esa convicción se hace difícil ir al lugar del verdadero descanso. Si lo que ocurre depende de nosotros nos ponemos a la espalda una carga muy pesada y que no podemos sobrellevar.

Se me decía una vez: ¿Hiciste tú hoy aparecer el sol? ¿Has decidido la dirección que seguirán las nubes? ¿Sabes ya cuantas personas vendrán al mundo o lo dejarán al terminar el día? Pues no. ¿Le dices al corazón cuando latir, al diafragma como respirar o a la sangre por donde debe circular? Pues no. Revisa tu vida y verás que la persona con la que estás, el lugar donde vives, ese trabajo y aquella otra circunstancia han sucedido más allá de tu intención. En todo caso se ha producido una interacción que no puedes precisar.

Atenernos a nuestro ámbito, hacer lo mejor que podemos en cada momento y situación es nuestro campo de acción. Y ese pequeño espacio de libertad aparece cuando dejamos que la gracia de la atención se haga presente en nosotros. Esta atención vigilante necesita distensión no contracción. Y ese descanso surge cuando somos conscientes de nuestro papel en la obra de la creación. Si viajamos en uno de los asientos del bus y nos comportamos como si fuéramos el chofer, viajaremos amargados. Nos quejaremos de que no se sigue nuestro rumbo y no entenderemos que estamos haciendo mal.

La práctica de la oración de Jesús por ejemplo u otras formas de oración y meditación pretenden el silenciamiento de la mente. Y esto debido a que la mente no es la herramienta adecuada para orientar nuestra vida. Si ponemos al mando a “la loca de la casa” nos encontramos con vidas plagadas de sufrimiento e inconsistencia. Sigamos conversando sobre esto los días siguientes si les parece.

Un abrazo fraterno para todos invocando el Santo Nombre de Jesús

elsantonombre.org

Enlaces de hoy:

El Bautismo del Señor

Nuestro canal en Youtube

Tocar el corazón de Dios

Si os sentáis en una habitación y os decís: Estoy en la presencia de Dios; al cabo de un instante os preguntaréis cómo se puede llenar esta presencia de una actividad que ahogue la inquietud. Durante los primeros momentos, os sentiréis bien, porque estáis cansados y sentarse supone un descanso; estáis confortablemente instalados en un sillón, el silencio de vuestra habitación os da una sensación de quietud. Todo esto es cierto, pero si superáis este momento de descanso natural y permanecéis en presencia de Dios, cuando ya hayáis recibido de la naturaleza física todo lo que de ella podéis recibir, veréis que es muy difícil no preguntarse: ¿Y ahora qué hago? ¿Qué puedo decir a Dios? ¿Cómo me dirijo a él? Es tan silencioso… ¿De veras está aquí? ¿Cómo podré tender un puente entre esta ausencia muda y mi inquieta presencia?” (1)

El silencio de Dios es la realidad más difícil de llevar al comienzo de la vida de oración y sin embargo es la única forma de presencia que podemos soportar, pues todavía no estamos preparados para afrontar el fuego de la zarza ardiendo. Es preciso aprender a sentarse, a no hacer nada delante de Dios, sino a esperar y gozarse de estar presente al Presente eterno. Esto no es brillante, pero si se persevera, irán surgiendo otras cosas en el fondo de este silencio e inmovilidad. ¿Qué sucede en el interior de este silencio? Tan sólo una bajada cada vez más vertiginosa hacia las profundidades de nuestro corazón, donde habita ese misterio de silencio que es Dios.

Por eso hay que callarse, mirar, escuchar, con un amor lleno de deseo. Si supiéramos tan sólo mirar con toda la profundidad de nuestro ser el rostro de Cristo, ese rostro invisible que no podemos ver sino volviéndonos hacia nuestra propia intimidad, y viéndole emerger de ella, quedaríamos deslumbrados ante ese rostro que no se parece en nada a lo que nosotros podemos imaginar. En su Cántico espiritual (estr. XI y XII), Juan de la Cruz dirá que los ojos del amado que buscamos sin cesar, están dibujados en nuestras entrañas.

La perseverancia en la oración no tiene, pues, como objeto enseñarnos este rostro desde fuera, sino hacernos excavar más profundamente para que surja de nuestra propia profundidad. Kierkegaard se ha acercado mucho a este misterio de la oración cuando dice: «La oración no está fundada en verdad cuando Dios escucha lo que se le pide. Lo es, cuando el que ora continúa rezando hasta que sea él mismo el que escuche lo que Dios quiere.

El que ora de verdad no hace más que escuchar.» La oración excava nuestro corazón de piedra y hace saltar un la bemol que toca el corazón de Dios. La oración perseverante nos hace alcanzar la verdad de nuestro ser. En el interior de este silencio, es donde brota nuestra oración, es un largo grito silencioso, una queja, un gemido que transforma todo nuestro ser en oración: «Oh Dios de mi alabanza no te quedes callado… Y yo soy sólo oración» (Sal. 109, 1-4).

(1) BLOOM, A.: Certitudedelafoi. Cerf, Paris, 1973, págs. 149-150.

Párrafos extraídos del libro “La oración del corazón” de Jean Lafrance editado por Narcea

Un artículo acerca del Santo Nombre

La oración de Jesús

La técnica de los Padres… enviado por blog Caminante

El silencio esta vivo

En esta época suele ser habitual el surgimiento de propósitos, de deseos para el nuevo año, aparecen ciertos objetivos o metas a conseguir… ¿Qué me puede comentar sobre este tema?

Bueno sí, es muy frecuente; al guiarnos por el calendario se advierte un cambio, una especie de nueva etapa u oportunidad para recomenzar. Es un poco aquello del cuaderno en blanco que te decía, ese gusto que se tiene por comenzar bien de cero, aquello de hacer buena letra y con prolijidad. Están muy bien todas esas propuestas de cambio, de mejoría, de hacer las cosas de otro modo, sirven a cada uno según el momento del camino que se transita.

Pero diría que el mejor propósito o meta es aquella que se alcanza en el instante mismo en que nos encontramos. Algo que se tiene ya mismo y que por su misma naturaleza no puede perderse. Todos buscamos una paz y un bienestar estables que pretendemos alcanzar en el futuro y a través de esto o aquello. Sin embargo, esa suave alegría y sereno contento están aquí mismo y ahora y son independientes de lo que ocurra en nuestra percepción, es decir de lo que observamos en el mundo o en la mente.

Precisamente este que observa vive en el centro del corazón espiritual en un ámbito de sonoro silencio… es un silencio que retumba y hace ecos porque es pleno. No es el silencio de los vacíos muertos, de las cosas inertes irreparablemente. Es un silencio muy vivo, como si fuera un líquido fresco e inmaterial o un aroma viviente que ondula en todas partes.

¿Cómo llegar allí?

Precisamente cuando lo ves como algo que está “allá” o en el futuro se te escapa la esencia de lo que hablamos. Tienes que hacer la prueba de creer lo que te digo y probar, tomar una muestra por propia experiencia para ver si es verdad lo que te digo. Apenas tengas un momento en el ajetreo cotidiano siéntate un momento, donde estés cómodo. Deja el cuerpo quieto unos momentos, sin rigidez pero más o menos quieto. Desatiende los vaivenes incontables de la mente, apenas unos instantes. Permanece presente y atiende al silencio… es como un espacio que hay entre los sonidos, un algo intangible que sin embargo percibirás. O, si prefieres, atiende al espacio entre las cosas, a ese “vacío” que separa un objeto de otro… No puedo decirte más… es algo que adviertes o tal vez no, depende mucho de la disposición y entrega que pongas en esa atención.

¿Cómo darme cuenta si he descubierto aquello a lo que se refiere?

Nuevamente te sitúas desde la mente y tratas desde allí de apresar algo que no se puede agarrar ni poseer porque es inmaterial. Pero no es la nada, es más bien el todo de la sutil presencia de Dios, o como me gusta más decir: es Cristo que te abraza. Es probable que sientas surgir un agradecimiento desde tu corazón que no tiene objeto, agradeces y es como sin motivo. Cuando nos damos cuenta de que en realidad siempre estamos envueltos en la gracia, agradecer parece lo único que se puede “hacer”. Nos descubrimos siempre protegidos, al abrigo; desaparece el desamparo escondido con el que solemos vivir. Se nos hace una verdad propia aquello que decía el salmista y cantan algunos monjes: “¡Mi refugio está en el muy Alto… mi amparo junto al Altísimo..!

Pero es difícil, no por sentarme un rato quieto y atender voy a encontrar lo que dice. He probado similares actitudes y la mente se ha impuesto y me he intranquilizado.

Es posible. En ese caso, ofrece tu inquietud y desasosiego a ese Dios que buscas y no encuentras. Reclama tu derecho a descubrir el significado de la vida, que es lo que nos pone en línea con Su voluntad. Clama con respeto pero con vehemencia tu derecho a la paz y al sentido, el acceso a lo sagrado. Cuando ese clamor es profundo, cuando te das cuenta que es lo único que deseas realmente detrás de todo lo que buscas… reconoces en tu acto mismo de consagración y búsqueda aquello que reclamas. Todo lo que ocurre tiene sentido, descansa en ello…

elsantonombre.org

Enlaces de hoy:

Santa María, Madre de Dios

El Monte de Dios