Día 22 – Vivir en el centro

Encuadre y práctica sugerida

A todos nos es posible distinguir aquella sensación de estar centrados, de cuando algo alienados, nos encontramos como fuera de nosotros mismos. Actuar desde el corazón también suele llamarse o teniendo a Cristo presente en uno mismo, obrar recordando la divina presencia y de maneras similares. Todo lo que hacemos, desde lo más trivial a lo más importante se debate entre estos dos polos. En definitiva se trata de la atención que ponemos en el instante que vivimos, que es lo que Dios nos pone ahí, delante nuestro, para nuestro crecimiento y elevación espiritual.

La práctica que trataremos de llevar adelante en este día 22 de los ejercicios, consiste en permanecer atentos al centrado desde el cual actuamos. Y, cuando nos descubramos fuera de nosotros mismos, retornaremos a través de La oración de Jesús al hogar del corazón.

¿Cómo saber fácilmente, sin demasiado análisis, si estamos o no actuando desde ese centro que es a la vez Presencia? Si hay prisa estoy fuera. Si me siento como “persiguiendo” algo, aún cuando legítimo, estoy fuera. Si hay apremio, una actitud posesiva, ansiedad, ya nos queda claro. ¿Estoy perdido en las cosas o estoy en mí actuando entre las cosas? En fin, es una forma de abordar el tema que siempre nos ocupa: Vivir en la presencia del Señor.

Respuesta a un comentario del día 15

Dices que : “Lo que ocurre es para nuestro bien, todas las veces.” ¿Cómo expresarle esto a una madre cuya hija fue violada o cuya nieta esta viva un lunes y el miércoles muere de meningitis? Disculpen la pregunta pero siempre le pido a Jesús la palabra justa para quienes la necesitan; sólo por ello me animo a preguntar. Cuando creo que no tengo palabras para dar, digo interiormente: Señor Jesucristo Hijo de Dios ten misericordia de … (aquí pronuncio el nombre de la persona que necesita la ayuda) pecador. Un saludo en nombre del Señor Jesús.

Estimada hermana, sin duda que ante esas situaciones, invocar a Jesús por esa persona que padece y por nosotros mismos para dejar que la gracia nos ayude a responder, es lo mejor. En la situación misma, es decir, si estoy con alguien que está viviendo momentos terribles como los que usted describe, de ningún modo haría referencia a dicho comentario de que “Todo es para bien”. Aunque esto sea así, el momento sería del todo inoportuno ya que la persona afectada no tendría la capacidad emotiva para poder comprender la afirmación en ese trance que atraviesa. En esos momentos, según nuestra experiencia, lo mejor es ser ámbito para que el dolor pueda expresarse con libertad absoluta. Es decir, abrirse uno totalmente y del modo más simple posible, recibir las expresiones de dolor, queja, ira e impotencia que suelen producirse. Incluso si son imprecaciones contra Dios, el destino y demás. Transformarnos en un “acoger total”, en un recipiente del dolor de ese prójimo que padece. La mayor parte de las veces, este recibir a la escucha suele ser el mejor servicio que puede prestarse. Sentir compasión desde la paz decía mi maestro espiritual. Esto es: Comparto el dolor del otro, lo siento en mí, pero conservando detrás un fondo de paz. Es esa paz lo que el alma de quién sufre percibirá bajo el velo del incomprensible dolor que se abate sobre nosotros en situaciones tales.

En cuanto al “Todo es para bien” que afirmamos en algún post anterior, es lo que la experiencia nos demuestra. Sólo que a veces necesitamos tiempo o mucho tiempo para caer en la cuenta de que ha sido mejor como han sucedido las cosas. Es como si el designio divino abarcara realidades mucho más completas y totales de lo que nuestras pequeñas mentes pueden comprender. Mi maestro espiritual decía: Revisa aquél proyecto que salió mal y que tanta frustración te causó hace varios años. ¿Cómo ves hoy el tema? ¿Puede que haya sido mejor que no se concretara entonces? Yo revisaba con sinceridad lo sucedido y no podía sino reconocer que tenía razón. Hay muchas facetas a tener en cuenta, para no extendernos demasiado hoy lo continuaremos en la publicación de mañana. Muchas gracias por su comentario que permite profundizar en estos temas. Saludos fraternos en Cristo Jesús.

Algunos párrafos sobre la vanagloria de Casiano, El Romano.

Día 21 – Película y respuestas

Estimadas y estimados en el amor a Cristo Jesús. Como práctica para el día 21, les dejamos aquí una hermosa película que la mayoría habrá visto pero que viene a cuento de estos ejercicios volver a ver. Debajo están también las respuestas que quedaban pendientes de los comentarios del día 14. Un abrazo fraterno a todas/os en la efusión del Santo Nombre.

Queridos hermanos en Cristo Jesús. 1- En meditación sedente el principal problema son los pensamientos que vienen a la cabeza. Ante esto los dejo pasar y vuelvo a la repetición. 2- a la vez que repito la plegaria no sé si fijar mi atención a la respiración, al corazón, a la frase… 3-me cuesta más en activo, cuando estoy haciendo cosas, sobre todo trabajando. Pero también tengo que decir que son muchos los momentos de paz y atención y la necesidad de repetir constantemente la plegaria. Oraciones. Un fuerte abrazo.

Estimado en Cristo Jesús: Dejar pasar los pensamientos es lo correcto, no prestarles atención, al igual que se hace con los autos que pasan por la calle. Cuando repite la plegaria, en general, conviene empezar por concentrarse en la frase misma de la oración buscando conectarla con el sentimiento imperante en esos momentos en nosotros. Podrá ser agradecimiento, angustia, temor etc. pero al iniciar lo mejor es establecer esta conexión, entre la frase elegida y la emoción predominante. Atender a la respiración o regularla puede ser muy útil para serenarse si uno llega al momento sedente con cierta alteración. Pero no es imprescindible. Dirigir la atención al corazón debe ser algo a lo que se sienta llamado naturalmente. Hay quienes sienten atracción hacia este modo y otros lo contrario. Establecida la conexión entre emoción y oración, suele venir por si misma una profundización que puede ligarse a los latidos o solo a la conciencia de estar orando. Esa necesidad de estar repitiendo la plegaria que surge espontáneamente ocurre luego de cierto tiempo de practicarla y es un muy buen indicador de la acción de la gracia que “nos reclama” y convoca al templo interior.

Mi mayor dificultad es repetir siempre lo mismo, las mismas palabras dichas de la misma manera, me hacen perder la atención me producen fatiga mental. De toda la ascesis, la oración de Jesús, es la ascesis que más me cuesta. La oración de Jesús encierra en sí misma una gran sabiduría, no sé cómo sucede esto, pero sé que sucede. He aprendido muchas cosas desde que estoy rezando esta oración (sólo 15 días), y eso que me distraigo, y me olvido de rezarla, y vuelvo, y a veces me equivoco de palabras, y digo otra cosa. Pues a pesar de rezarla mal, y he aprendido mucho de ella. Nunca con ninguna oración, ni siquiera recitando los Himnos y los Salmos de las 7 horas canónicas, ni con la Lectio divina, ni con el rosario, ni siquiera con la Eucaristía, me he aproximado tanto a Jesús. Pero vivo mis dificultades de la oración de Jesús con paz, sin regañarme y confiando en que lo conseguiré. Me consta que en la gracia de Dios actúa en la mayoría de nosotros, pasito a pasito, nunca he conseguido nada dando saltos, por eso es cuestión de esperar de tener paciencia, y de seguir intentándolo, con la gracia de Dios, hasta conseguirlo. Muchas gracias a todos ustedes. Que Dios les bendiga.

Así es hermana/o. Nuestra mente está acostumbrada a vagar y cuando la queremos poner a atender solo una cosa, se resiste y nos fatiga. No se fuerce porque quedará en la memoria una huella negativa de la oración. Lo mejor en este caso es “convocar” a la oración mediante una aspiración del corazón. Es como si nos dijéramos en el alma: “¡Cómo me gustaría estar constantemente en oración y viviendo en Tu presencia… Señor! Este hacernos conscientes del deseo de unión con Dios, nos conduce suavemente a la oración. Elegir bien la frase previamente y luego aspirar a esta oración bastarán. Cristo nos guía. Inmensa alegría por supuesto al leer sus palabras. Ese es el poder del Santo Nombre. El Nombre de Dios porta en sí la presencia que se llama y opera transformaciones que solo se explican por acción sobrenatural. ¿Que hace falta para que ello ocurra? Pues el deseo de orar y unirse a Dios y firme decisión de nuestra parte de consagrar el alma al amado de nuestra vida. Saludos fraternos.

No es fácil llevar esta pequeña oración ya que todo la pensamientos y preocupaciones es como si te atacaran y terminas distrayendo de la oración y entra en mi un desanimo y una gran tristeza de no poder ser fiel a la oración gracias.

No se preocupe hermana/o, ni se desanime. El ser consciente de nuestras dificultades y de la acción de la mente sobre nosotros es ya un gran paso. Siempre están los pensamientos y preocupaciones pero el intento de orar los pone de manifiesto, los hace evidentes. Por eso nos asombramos del caos mental en que vivimos. Paciencia y perseverancia, la oración irá ocupando el lugar de los pensamientos. Un saludo fraterno.

Muchas Gracias por estos ejercicios espirituales, a pesar de las preocupaciones siempre estoy pendiente de repetir el Santo Nombre, me acompaña en todas las dificultades, y cuando algo me es adverso digo: bueno JESUS tú quieres que así sea por eso me envías esta dificultades y la acepto con agrado repitiendo la oración y todo se va allanando. Gracias por esta formación espiritual ..SEÑOR JESUCRISTO HIJO DE DIOS VIVO TEN PIEDAD DE MI PECADOR.

Pues tal cual usted lo dice. Todo es para nuestro bien, aunque a veces debe pasar un tiempo para que caigamos en cuenta de ello. Esa actitud de entrega que describe abre las puertas del corazón a la oración ininterrumpida. Usted ya tiene las señales al estar siempre pendiente de repetir el Santo Nombre. Saludos fraternos!

Día 20 – Respiración y pensamientos

Texto del día

Más respuestas a comentarios del día 14 de los ejercicios

Mi dificultad también es la distracción, siempre me vienen a la mente muchos otros pensamientos. Sobre todo cuando intento orar durante el trabajo, la atención se me va enseguida. Y también tengo a veces la sensación de estar repitiendo la Oración como una máquina, sin ningún sentimiento de amor hacia el Señor, como si estuviera repitiendo cualquier otra frase. ¡Gracias por estos preciosos ejercicios, me ayudan mucho a profundizar en la Oración!

Es muy cierto hermana/o, el trabajo suele requerir la atención de la mente y nos vemos obligados a desatender la oración. Sin embargo dos cosas: Cuando la oración de Jesús se hace verdadera costumbre, verá que apenas la mente se desocupa usted vuelve a la oración sin haberlo pretendido; con alegría nos descubrimos orando en el interior y allí solo resta abrir el corazón para que este se vea penetrado por el espíritu de la oración. En segundo lugar, aún sin tener el hábito, puede usted disponerse previamente al momento laboral, donde tal vez sea inevitable la distracción, de una manera orante en espíritu mediante la actitud. Pedir al Señor que nos asista a realizar la tarea que nos toca del mejor modo posible, se la ofrendamos por el bien de todos y nos entregamos a ella con anhelo de perfección; sabiendo que dicha meta es apenas un deseo que nos señala el camino. Esta acción atenta, que busca “el bien hacer”, es sin duda oración.

Estimados hermanos en Cristo Jesús.
El mayor obstáculo tanto interno como externo, son la cantidad de tareas que tengo que realizar al día, observándome a mi misma veo como si hubiera alguien que me empuja a realizar las tareas que tengo pendientes de hacer. En el día es esa situación y en la noche me quedo dormida.
Sin embargo, me refiero a hacer la oración con unción, ya que durante todo el día, está la oración en mi interior como si fuera una música suave que está ahí, cuando se me complican los asuntos traigo la oración al asunto del momento, y envuelvo a las personas con las que trato con la oración de Jesús.
A veces hago la oración caminando pues una de mis tareas en hacer como mínimo 6000 pasos al día, recurro a un rosario y observo que en media hora recito la oración 750 veces. Sin embargo, creo que fallo al Señor por no estar concentrada en su Divina presencia y lo hago mas por cantidad que por calidad. Al estar hoy orando la oración ante el Santísimo, la preocupación por la salud de mi esposo me distrajo.
Como todos los días manejo 90 minutos diarios, escucho en ese tiempo el audiolibro del peregrino ruso. Muchas gracias por todos los textos de gran sabiduría que nos comparten. Los saludo invocando el nombre de Jesucristo.

Muy estimada/o en Cristo. Además de lo dicho más arriba, que puede servir, es bueno atender a esta especie de apremio interior que nos lleva a la actividad. En ocasiones es un impulso que trata de anestesiar la angustia, el temor o sensaciones interiores desagradables. Y esto si bien es un medio que utiliza el organismo para evitar el dolor, no nos ayuda a ser conscientes de lo que nos sucede, para de ese modo poder transformarlo o pedir la conversión de ese aspecto de nuestra vida. Hay cosas necesarias e ineludibles, otras pueden irse haciendo poco a poco. En general, si hay prisa o demasiada actividad es un alerta de que estamos “escapando”. Deberíamos tender a un cierto equilibrio entre acción y contemplación, nada fácil en la vida actual. Por eso mismo, la oración de Jesús es una herramienta que nos guía hacia el silencio en medio del ruido, nos enseña contemplación en la acción. Si las tareas son muchas e inevitables, trate de hacerlas un poco más lento de lo habitual, eso abrirá un espacio de atención a la oración más profunda. Pero por lo que comenta, no dude que esa cantidad dará fruto como ya lo está haciendo. Persevere con fe y a veces, recite la oración con lentitud para que se interiorice, como por ejemplo durante el viaje o las caminatas. Saludos fraternos!

Buenas tardes . Comparto muchas de las dificultades expresadas anteriormente. Las distracciones, es difícil aquietar los pensamientos que van y vienen. Parece que en el momento que me dispongo a rezar cualquier preocupación o actividad pendiente se vuelve urgente. Y da vueltas en mi cabeza y la Oración se convierte en algo mecánico. Las veces que logro concentrarme, me da mucha paz la Oración.
A veces mientras voy rumbo al trabajo y debo caminar unas cuadras, para evitar la distracción llevo en mis manos un denario. El contacto de mis dedos con las cuentas me devuelven a la Oración.
También el cansancio después del trabajo no me permite concentrarme en la Oración. Además hay tentaciones como son el celular , la televisión, que dispersan y atraen mucho.
Muy agradecida por todo lo que me brindan a través de éste retiro.
Un saludo invocando el Santo Nombre.

Estimada hermana/o en Jesús, la primera parte de su comentario puede responderse un poco con lo dicho en los dos anteriores. Respecto al tema que bien menciona del celular y los medios tecnológicos que sirven como evasión, es gran verdad, nos facilitan el permanecer extraviados de nosotros mismos. Como en todo la moderación ha de ser la norma. Es obvio sin embargo vale recalcarlo, que es preciso apagar el móvil cuando nos disponemos al recogimiento. ¿Por qué nos ocurre esto? Porque la mente ansía variedad de estímulos, quiere estar “entre-tenida”, mantenerse entre un objeto de atención y otro objeto de atención. ¿ Por qué la mente quiere entretenerse? Debido a su misma naturaleza de cambio constante. Es como el paladar, que busca sabores diversos y que nunca se sacia totalmente. Hasta que se abren los sentidos espirituales que permanecen adormecidos, la lucha es constante. Sucede que al principio, suspender la actividad de los sentidos físicos nos deja sumidos en el vacío; afloran la angustia y el temor alimentados por el miedo a la finitud que parece ser la constante de nuestra vida. Pero si se atraviesa ese desierto, los sentidos espirituales empiezan a percibir la gracia que sacia de modo permanente en todos los sentidos. Es un tema extenso que continuaremos en otras publicaciones si nos permite. Un saludo fraterno invocando a Jesús.

Práctica sugerida

Hoy intentaremos concentrarnos en la respiración durante todo lo que hacemos, tanto en quietud como en movimiento, en el bienestar como en el malestar ocasional. Dejemos que la oración surja por sí sola. Llevemos desde el despertar mismo nuestra atención a la respiración y veremos como esta acompaña los movimientos mentales. Si la mente se agita, temerosa, ansiosa, confundida, angustiada etc. la respiración se acompasa a ese desorden y se hace corta y frecuente. En cambio cuando la mente está en calma y confiada en Dios, el aire entra y sale con mesura como si lo bebiéramos con calma. Por esta simultaneidad intrínseca es que podemos calmando la respiración serenar a la mente. Simplemente observemos esta dinámica y mientras atendemos a esto veremos a la oración surgir por sí sola en varios momentos del día. Comenten luego hermanas y hermanos como les ha ido en esta práctica. Saludos en la efusión del Santo Nombre.

Dia 19 – La motivación

Texto del día

… Respecto de la acción, importa mucho saber que es lo que busco con ella, el deseo que lleva inscripto en su interior. Lo que la motiva es en verdad lo que hacemos cuando actuamos. Es fundamental la transparencia, la verdad en la acción. Debe coincidir la motivación interior con aquello que se ve en mi actuar, sino habrá doblez e hipocresía.

Lo que hagamos debe ser útil en el presente y en el futuro y no generarse nunca una contradicción entre estos tiempos. Porque de ninguna manera el fin justifica los medios y porque tampoco es importante solo el ahora sino también las consecuencias que derivan hacia el mañana.

Todo lo que hagamos ha de poder realizarse ante la vista de Dios y de los semejantes, de otro modo no se debe hacer, porque esconde en sí algo que nos avergüenza. Esta vergüenza es signo de un alerta de la conciencia. Cuando Adán y Eva se cubren no esconden sus cuerpos sino el deseo de posesión del otro que los avergüenza...

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Práctica sugerida

Mientras redoblamos nuestro paciente y amable esfuerzo para repetir interiormente La Oración de Jesús en todo momento y lugar, atendamos a lo que motiva nuestras acciones, aquello que las pone en marcha. Como escuchamos decir una vez en un monasterio: “Puedes ponerte a barrer el refectorio para que se encuentre limpio a la hora de la cena o puedes hacerlo como reproche velado al encargado de hacer la tarea que no se ha presentado… o para que te vea el Prior y te tome en consideración…” ¿Para que diré esto a esta persona? ¿Para qué realizaré esta acción? No solo es lo que se hace sino el “desde donde” se lo hace.

Aquí más intercambio de impresiones con quienes han comentado el día 14 de los ejercicios. Muy buena semana invocando el Nombre de Jesús

Una especie de “pelea de oraciones” , si bien la oración de Jesús me dá mucha paz y siento realmente me une a Dios , tengo que luchar contra por un tiempo con la idea de que “le saca lugar a mi oración preferida” … Seguro debe de haber algo de acostumbramientos o apegos , aún en cosas santas …. Gracias.

Sin duda hermano/a que nuestra tendencia a apegarnos, o dicho más suavemente, a encariñarnos con las cosas, personas y situaciones, abarca también aspectos de la vida espiritual. Pese a ello, en esta materia, si uno se siente encaminado con cierto tipo de oración, si se perciben en el alma sus frutos y si estos se manifiestan también en la vida diaria, orientando el comportamiento en función del Evangelio, no habría porque cambiarla. Debería continuarse en ese tipo o modo de oración y profundizar en ese mismo camino. La oración de Jesús puede ser útil para quienes se sienten llamados a ella (una fuerte atracción o deseo de ser capaz de practicarla) o para quienes atraviesan fuertes crisis. Algunos más se acercan a ella motivados por una búsqueda de simplicidad en la propia vida, que incluye la forma de orar. Pero sin ninguna duda que muchos espirituales en la historia han visto su corazón lleno de gracia debido a la práctica de la oración discursiva o al Oficio de las Horas, al Rosario de María Santísima o a muchas otras devociones particulares. Si fuera el caso de que se siente atracción pero aún no se decide uno por uno u otro tipo de oración, convendrá practicar esos diferentes modos en distintos momentos de la jornada, pero no entablar “lucha” entre ellas. Gracias por el comentario que ayuda a explicitar estas temáticas.

Al leer sus comentarios me siento acompañada por todos uds. queridos hermanos. Pase lo pase, Jesús siempre nos guía y acompaña. Lluvia de bendiciones.

Gracias por sus bendiciones. A nosotros también nos brinda compañía vuestra presencia leyendo y comentando lo que compartimos. Los textos e intercambios antes que nada nos sirven a nosotros mismos, recordándonos continuamente la necesidad de buscar la coherencia con lo que publicamos. Saludos fraternos.

Mis dificultades para perseverar en la oración de Jesús son la disipación de ideas y la tristeza, incluso ira, por la situación que atraviesa la Iglesia.

Muy estimado/a sin duda que la situación que atraviesa la Iglesia en los últimos tiempos es harto dolorosa por varios motivos. Sin embargo aún cuando en el jardín pueda verse mucho desorden, plantas sin podar, canteros desarmados y demás; también pueden encontrarse bellas flores y hojas jóvenes plenas de verdor. ¿Cuántas semillas estarán listas para brotar apenas llegue la primavera? Al alba le precede la oscuridad más oscura, dicen por allí, es posible que esa frase aplique en este caso. No deja de resultar claro también, que una purificación se va llevando a cabo mediante los acontecimientos, intuimos que ese es el medio que usa Dios para depurar las cosas. Como sea, esa tristeza e ira, pueden canalizarse como ardor en la oración, como fuego que la alimente y enriquezca. Ella misma calmará las aguas y concentrará la disipación de las ideas. Gracias por su honestidad al comentar. Saludos en Cristo.

Para mí la dificultad que estoy viviendo es el cansancio del trabajo, iniciar la oración se me hace difícil ya no es como en otros momentos que podía hacerla sin dificultad y por otro lado dedicar un espacio durante el día para la oración del corazón pero viene muy bien que ese espacio sea en cualquier momento y lugar.

Pues sí así es. El cansancio del cuerpo y de la mente pueden dificultar la oración como momento específico. En esa situación sirve ofrendar a Dios esa fatiga, como si uno dijera: “Ya ves Señor, aquí me tienes sin fuerzas, pero ven igual conmigo y dame descanso”. También, darse cuenta que el trabajo también es oración y ofrenda. Bastará la intención de hacerlo lo mejor posible y según nuestras mejores luces del momento. Si la labor es muy agotadora y demandante, bastarán unas pocas repeticiones del Nombre del Salvador, entre aliento y aliento para volvernos al centro y sentir que actuamos en Su presencia. Cristo le cuida hermano, un abrazo fraterno.

La brisa suave

Algunos intercambios derivados de los comentarios del día 14 de los ejercicios

Muchas gracias hermanas/os por comentar y participar tan activamente. Aquí algunas respuestas.

Hola a todos y a todas:
El problema que yo percibo cuando hago la oración es que, no sé si lo expresare bien, comienzo con la oración en primer plano pero poco a poco va pasando a segundo plano y su lugar lo van ocupando las preocupaciones, las ocupaciones y las inquietudes, intento pasarla a primer plano pero entonces se hace costoso y es entonces cuando aparece el cansancio y la distracción, acompañado todo ello por el reproche. Creo que me irá bien dedicar espacios de tiempo exclusivamente a la oración, como propone la práctica de hoy.

Estimado hermano, usted describe perfecto un proceso que suele ocurrir. Las ocupaciones, inquietudes empiezan a imponerse. Conviene quizá previamente a la oración, recordarse que todo depende de la voluntad de Dios. Esta conciencia de la primacía del designio divino, nos permite abandonarnos, de tal modo, cuando surgen las inquietudes, nos recordamos que hemos entregado a Él toda preocupación y se facilita el dejar atrás los pensamientos. Cuando estos pensamientos aparecen uno debiera decirse: “Yo haré lo mejor posible en mi acción, los resultados dependen de Tí, Señor”. Y entonces uno vuelve la atención a la oración sin tanta dificultad. La tendencia a “rumiar” los pensamientos deriva en gran parte de esta creencia de fondo, de que somos nosotros los que manejamos el rumbo de los acontecimientos y no la suprema voluntad de Dios.

Sentado en silla de meditación. Atento a la respiración, al ritmo cardíaco, repitiendo la oración de Jesús. No pasa mucho tiempo en que te ves envuelto en pensamientos que te sacan de tu concentración. Una y otra vez volver a la respiración, al ritmo cardíaco, a la oración de Jesús. El tiempo transcurre despacio, el cuerpo te reclama, dolor en las rodillas, molestias distintas. Nuevamente la imaginación que anticipa soluciones a los problemas ordinarios. Vuelta al ejercicio: atención y dejar pasar los pensamientos. Un saludo fraterno.

Estimado hermano, usted lo dice bien; hay que volver una y otra vez a la oración. Esta persistencia nos genera un saludable hábito que en cierto momento se transforma en segunda naturaleza. Es decir, nos acostumbramos a desechar los pensamientos y a poner la atención en la oración de Jesús o en su Nombre solo. Por lo demás, creo que vale también lo conversado en el comentario precedente.

Estimados hermanos.
Tras realizar la practica y todo este tiempo de la oración del corazón que llevo haciendo comentaré mis mayores dificultades. En principio tengo deseos de la oración de Jesús, tengo mi frase, la acompaño con la respiración, y me acuerdo durante el día de rezarla en las más diversas situaciones. Pero mis dificultades son:
1. Las preocupaciones que vienen de continuo, sobre todo económicas. No me dejan en paz.
2. Encontrar ese centro interior, el corazón, para no vagar busco técnicas de visualización, o miro una imagen de Jesús o imagino un momento evangélico.
3. No llega la alegría. Debido a mis preocupaciones no encuentro la alegría espiritual por mucho que rece. Paz si encuentro, pues es un momento agradable de relajación. Pero al salir de ella y enfrentar el mundo salgo sin alegría o pronto se disipa. Con la gracia de Dios y su ayuda voy adelantando. Saludos cordiales en el Señor Jesús.

Muy estimada/o: En cuanto al punto 1 vale lo recomendado en los dos comentarios anteriores. En todo caso agregamos: Ante una dificultad, tomarse un momento y decidir un curso de acción preciso. Supongamos que se trata de una deuda. Uno hace una lista: – Trabajaré tantas horas extras, le pediré un préstamo a mi amigo tal, hablaré con el acreedor pidiendo una extensión del plazo, venderé aquél objeto innecesario que tengo en casa etc. etc. Una vez trazado el plan, entregarse completamente a Dios. Nuestra parte es solo la acción debida y correcta. Lo que ocurra es enteramente de Él. Dios nos hará pasar por las experiencias que necesitemos pasar a fin de cultivar el alma y elevar nuestro espíritu hacia El Padre. Preocuparnos no es nuestra acción correcta, intentamos con nuestra deliberación sustituir el papel divino en el curso de los acontecimientos. Por favor, a todos nos pasa, y debemos recordarnos esto continuamente. Leer Mateo 6, 14 y otras partes de la escritura que enfatizan la misma actitud necesaria. En cuanto a lo demás que comenta, esa relajación y paz que encuentra en la oración, por si solas lo irán acercando al corazón, el centro de la persona. Ayuda mucho también pararse interiormente en medio del dolor y desde allí pedir o repetir la invocación de Jesús. Mirar o visualizar un icono de Jesús puede ayudar también como usted dice. Muchas gracias por comentar.

Me siento identificada en algunas de las aportaciones que agradezco, de mi parte comparto. Las distracciones son lo que más me aleja de la oración de Jesús, pero reconozco que la oración continua es DON ¿entonces qué hacer? retomarla cada vez que el Señor me hace consciente de mi propia limitación al distraerme. Pero también es cierto que en ocasiones en el rezo del rosario por ejemplo, me “sale” la oración de Jesús. Gracias por estos días, propician el mayor adentramiento en nuestro deseo de vivir sólo para Jesús. Un saludo invocando el Nombre del Señor Jesús.

Además de lo comentado antes, ese ponernos a orar, sea en momentos exclusivos o en medio de las actividades, nos prepara para recibir el don de la oración continua. Y es ese deseo de vivir solo para Jesús que menciona el que más nos va vaciando de lo que sobra para que podamos recibir la gracia. Cristo nos guía siempre.

Mucha sequedad. Mucho esfuerzo para decir la oración. Como una especie de muro. Como si no hubiera Nadie. Como si todo fuese inútil. Para mi rezar a veces es ese desierto sin final. Un buscar en la oscuridad . A tientas. Una Paz que se sueña. Un sueño que se anhela. Seré digna? Querrá Dios esta nada que le doy? No lo sé. ….seguimos….no obstante.

Claro testimonio de la aridez desértica de la que tanto hablan los santos en sus biografías. Así es. Es la mente que todos tenemos, ávida por naturaleza, inquieta, demandante de estímulos placenteros a toda hora, la que se queja cuando le quitamos todos los esparcimientos y la ponemos ante una actitud de silencio en busca de oración. Y la mente protesta cuestionando el sentido de lo que hacemos, invitándonos mediante imágenes diversas a cambiar de actividad o finalmente, nos castiga con la aridez y la planicie del ánimo. Allí hay que estar alertas. Llegados a ese punto, si persistimos firmes en la invocación del Nombre, sin pedir consuelos, como si estuviéramos dispuestos a perseverar aunque el desierto se extienda sin fin… suele alumbrar la brisa suave que percibiera Elías. Le recomiendo la lectura de esta homilía del Papa sobre la purificación que Dios efectúa en el orante para la misión que le tiene destinada. Muchas gracias por comentar.

Días 17 y 18 – Un cambio real

Texto del día

¡Tantas veces he querido cambiar! Y sin embargo me parece que sigo siendo el mismo, con las mismas viejas inercias… con ese temperamento, con aquel hábito, con esa melancolía…

Para que se produzca un cambio real, una cierta conversión de vida, hace falta que varios factores se junten. Un factor importante sin duda es nuestro profundo deseo de cambiar, de dejar de ser el que somos, de abandonar el hombre viejo sin guardarse partes de él que puedan parecernos convenientes. El hombre viejo es un todo integral, lo dejas entero o te sigue persiguiendo.

Para sentir ese profundo deseo de cambiar es necesario que seamos conscientes de nuestras verdades dolorosas, de vernos sin maquillaje, de reconocer nuestra miseria en distintos aspectos de nuestras vidas. El egoísmo extremo que tenemos como encarnado en nosotros. Si reconocemos esto, la gracia que siempre está disponible fluye hacia nosotros de manera abundante; nos dejamos empapar de su luz pura y Cristo mismo se manifiesta en el corazón.

Cuando esto ocurre, el cambio se va dando como natural y espontáneamente sin demasiada lucha. La apertura del corazón a los demás y el recuerdo de la acción correcta, alineada con el Evangelio, se vuelve constante y nos impulsa a la coherencia. Ahora, hay que dar un primer paso, esto es necesario. El médico está disponible, la medicación también, pero hay que tomar un vaso, llenarlo con agua y tomar la medicina. Solo nosotros podemos. La gracia no es invasiva, Dios no se impone se ofrenda. El Espíritu Santo nos convierte solo hasta donde estamos dispuestos a convertirnos. Esto es vital y debe comprenderse.

Este primer paso o este nuevo paso puedes hacerlo ahora mismo. Este fin de semana es una oportunidad tan buena como cualquier otra. Porque cuando el alma saborea un cambio real y el aroma de la gracia comienza a ser percibido, se entusiasma y el resto de la transformación es más fácil. Estos dos días pueden ser el cimiento de lo por venir. Las primeras luces del nuevo día. ¿Por qué no? Aunque hayas fracasado y caído mucho en el pasado, nada te inhabilita para volver a casa. El Padre espera y es paciente y rico en misericordia.

El médico es Jesús, la oración del Santo Nombre la medicina, nuestra parte es poner atención en lo que hacemos para hacerlo bien, mientras repetimos la oración cada vez que lo recordamos.

Recomendamos esta lectura bíblica a propósito del post

Práctica sugerida

Este fin de semana vamos a ir contra la corriente. Vamos a tratar muy bien a la persona que habitualmente tratamos con descortesía, descuido o indiferencia. Y vamos a hacer bien, con afán de perfección, aquella actividad cotidiana que siempre hacemos a desgano, descuidadamente, fastidiados o a las apuradas. Vamos a actuar en general en contra de la reacción frecuente que nos tiene sometidos con su inercia. Puede ser una acción que parezca trivial como el modo de lavar la vajilla o algo importante como el trato que damos a nuestro anciano padre. Cambiar la tendencia. Esto puede ser nuestra pequeña nueva fundación. La semilla que alumbre luego una profunda conversión. Si es posible todas las actividades del fin de semana deberían estar “teñidas” de este anhelo de conversión. Buscar en el Nombre de Jesús la fuerza adicional que falta en nuestra voluntad para actuar contra la inercia.

Muy estimadas/os en Cristo Jesús, en pocas horas publicaremos las respuestas al resto de los comentarios del día 14 y a algún otro que se ha puesto por allí sobre una problemática muy dolorosa. Muchas gracias por vuestra participación y acogida que hace posible este encuentro entre hermanos cristianos.

Día 16 – En todo tiempo y lugar

Texto del día

“—Celebráis los oficios con gran piedad, Padre mío, pero también con mucha lentitud. —Ciertamente —me respondió—; y esto no gusta mucho a mis parroquianos y por ello murmuran. Pero pierden el tiempo, porque a mí me gusta meditar y ponderar cada palabra antes de pronunciarla; si se les priva de este sentimiento interior, las palabras no tienen ningún valor ni para uno mismo ni para los demás.

Todo está en la vida interior y en la oración atenta. ¡Ah, y qué poco interesa a nadie la actividad interior! —añadió—. No hay voluntad ni preocupación alguna por la iluminación espiritual interior. Yo volví a preguntar: —¿Pero cómo llegar a ella? ¡Es una cosa tan difícil! —No es difícil en modo alguno. Para recibir la iluminación espiritual y llegar a ser un hombre interior, hay que tomar un texto cualquiera de la Escritura y concentrar en él toda la atención tanto tiempo como se pueda. Por este camino se llega a descubrir la luz de la inteligencia.

Para orar, hay que proceder de la misma manera: Si quieres que tu oración sea pura y recta y que produzca buenos efectos, hay que elegir una oración corta, compuesta de algunas palabras breves, pero enérgicas, y repetirla durante mucho tiempo y con mucha frecuencia; por ahí se llega a tomar gusto a la oración. Esta enseñanza del sacerdote me agradó mucho por ser práctica y fácil y al mismo tiempo profunda y sabia. Di gracias a Dios en espíritu por haberme hecho conocer a un verdadero pastor de su Iglesia…”

del 4° relato en “El peregrino ruso”

Práctica sugerida

La práctica sugerida para hoy consiste en tomarse entre dos y cinco minutos durante cada hora de nuestra vigilia para repetir La oración de Jesús o su Santo Nombre solo. Esto puede hacerse estando en cualquier actividad. Bastará enlentecer los movimientos un poco o excusarse un momento para abrir ese breve espacio de oración interior. Hay quienes para esta práctica programan las alarmas del reloj o el móvil. Esto aparentemente trivial, nos va acostumbrando a orar en todo tiempo y lugar.

Respuestas a comentarios del día 14

Estimadas/os en Cristo Jesús: Tres hermanas publicaron durante el día 14 estos comentarios. Ponemos algunas consideraciones a ese respecto.

Mi dificultad es que a veces repito la oración mentalmente o la digo y no siempre conecto con el corazón. Otras veces siento que al decirla pareciera que mi pecho se abre y ahí sí me siento más conectada. El otro día estaba angustiada por un tema de salud y empece a decir la oración en forma constante y me fui tranquilizando…

Esto es del todo normal hermana. Al principio sobre todo la repetición es meramente vocal o mental y suele desconectarse con frecuencia del sentimiento. No importa, la cantidad hace a la calidad si somos persistentes y queremos unirnos a Dios y seguir Su voluntad. Como puede ver en el libro de El Peregrino Ruso, el staretz le indica a este que empiece por cierta cantidad y que eso por si mismo le guiará al corazón. También conviene, si esa desconexión del sentimiento es persistente, detenerse y ubicar la necesidad espiritual del momento o un dolor del alma que nos persiga siempre. La conciencia de ese dolor, vacío o angustia, nos dará el fuego necesario para reconectar el corazón a la oración. Muchas gracias por compartir.

Mi mayor dificultad creo consiste en la frase elegida: “Señor Jesucristo Hijo de Dios ten misericordia de mi pecador”….Me pierdo porque la considero es muy extensa.
En cambio el nombre de Jesús resuena en mi mente y corazón la mayor parte de día. Cuando estoy en silencio, cuando hablo con alguien, cuando comienzo a preocuparme, mientras cocino, cuando corto el pasto o miro el paisaje. Parece que no fuese yo quien lo pronuncia, sino que es como si estuviera dentro mío. Cuando me doy cuenta que hace un rato no siento la presencia del Señor entonces ahí soy yo quien invoca Su nombre. Es como no tener que repetir el nombre porque simplemente Jesús está.
Un saludo fraterno en el Señor.

Mejor dicho imposible hermana. Efectivamente no somos nosotros sino el Espíritu que ora en nosotros. (Romanos, 8, 26) Y efectivamente cuando Dios se nos hace ausencia, debemos poner nuestro esfuerzo para pedirle la gracia de Su presencia. Y en efecto, muchas veces la oración de Jesús se detiene dicen los padres filocálicos, porque al hacerse presente El Señor, llamarlo sobra, entonces solo el silencio amoroso es lo que prima. De eso ya no se puede hablar. Nos alegra mucho lo que cuenta. Respecto de la frase y su extensión, puede acortarla sin dificultad mientras mantenga en ella el Nombre del Salvador. Muchas gracias.

Buenos días hermanos. El deseo de la oración continua está en mi corazón desde el principio de mi vida en Dios, después de que Él me concediera la conversión. Probé otras espiritualidades o “métodos” que no dieron resultado pues caía en una ascesis voluntarista. Hace años que sigo este blog, que muchas veces suena a respuesta. Ahora con estos ejercicios me parece percibir el modo. En ocasiones no sé si busco la oración continua por amor a Dios o por querer estar mejor, pero dejo con paz esta inquietud o imperfección en el Sagrado Corazón. Él sabe de mi debilidad. La mayor dificultad de la oración del corazón para mí es no olvidarla cuando me dejo absorber por otras actividades: vida en familia, trabajo… pero vivo esta dificultad también con paz. Yo tengo que perseverar y Dios me irá dando lo que quiera. Esta escuela de pequeñez (con Santa Teresita) y de abandono confiado en el Padre partiendo de mí propia debilidad y mis limitaciones me están dando, por fin, paz.
En todo hacer Su voluntad.
Mi frase para la oración de Jesús es: ¡Sagrado corazón de Jesús en Vos confío!
Que Dios los bendiga.

Está muy bien y que contento cuando describe esa confianza en Dios que sabe de nuestras debilidades y nos va entregando la gracia que podemos recibir en cada etapa del camino. En nuestra experiencia, cuando las actividades absorben, vale atender a la ejecución de la acción correcta y consciente para que ese hacer mismo se transforme en oración. Por caso, si está con la familia y le hablan, corresponde atender íntegramente a ese ser querido que se comunica y dejamos la oración aparentemente a un lado. Sin embargo, si atiendo verdaderamente a ese prójimo y le escucho con apertura, estoy orando igualmente. Luego con el paso del tiempo, se descubre que el Nombre de Jesús sigue recitándose en el trasfondo de todo lo que hacemos. Como bien dice: Solo perseverar que Dios nos va dando lo que necesitamos. Un abrazo fraterno en la efusión del Nombre.

Día 15 – La queja

Estimadas/os en Cristo Jesús: Muchas gracias por sus comentarios y participación, contando con honestidad lo que ocurre durante la práctica de La Oración de Jesús. Agradecemos al Señor poder convocarnos por este tema y ayudarnos unos a otros, que todos vamos en peregrinación hacia el mismo hogar con el Padre de todos.

Hemos leído cada comentario del día 14 (os sugerimos hacer lo mismo pues son muy instructivos) e intentaremos hacer aportes en los sucesivos posts. Del mismo modo cualquier lector o participante puede aportar sus experiencias para ayudar a alguien que haya comentado, sois libres para hacerlo, publicaremos lo que aportéis. No faltará la ocasión en la que dos puntos de vista diferentes lleven hacia una tercera mirada de mayor equilibrio.

Un hermano publicó en el post del día 14:

Queridos hermanos Paz y bien. Llevo varios días poniendo en práctica la invocación del Santo Nombre, y la mayor dificultad es “sosegar” a la “loca de la casa”, al decir de Santa Teresa de Jesús; la mente, la imaginación, las distracciones… pero se abrió mi alma y mi corazón a una sed interior de cada vez más practicar esta santa invocación, o sea a mas costosa concentración, más oración, más y más, me he vuelto terco en esto, y me está dando resultados, y como dice la Santa en sus Moradas, no hay que temer volver a comenzar cuantas veces sea necesario. En esas luchas sigo y trato de no desmayar. Gracias a Dios todopoderoso y a ustedes hermanos por sus oraciones y por compartir sus experiencias para edificación de los que hemos decidido comenzar a recorrer este camino. Invocando el Santo Nombre los saludo con la Paz del Señor.

Apreciado hermano, que alegría! Precisamente esa sed interior de la que habla es una de las manifestaciones más claras de la gracia que lo empuja a la oración de Jesús y le llama a ese camino. Y allí se entabla la lucha, de un lado la gracia y vuestra voluntad, por el otro las inercias y hábitos mentales de toda nuestra vida. Pues el vencedor es evidente, solo se requiere que nos dejemos enamorar por la oración del Santo Nombre.

Una hermana publicó en el post de ayer:

Mi mayor obstáculo es que me cuesta mucho concentrarme por una enfermedad cerebral que tengo. Pero cuando recuerdo que tengo que hacerlo lo hago sin alterarme, para no dar pie a que el enemigo aproveche. Me sirvió mucho el post donde dice que la preocupación sea el indicador de que he olvidado La Oración de Jesús y es verdad, así que cuando me siento preocupada invoco a Jesús y trato de confiar en él. Le entrego mis preocupaciones y pido compasión.

Pues está muy bien hermana. Entregar toda preocupación y pedir compasión, que nos enseñe a rendirnos a Su voluntad. Eso mismo tenemos que intentar en este día 15, pero poniendo énfasis en nuestras quejas habituales. Cada vez que nos quejamos estamos en cierto modo, oponiéndonos a lo que Dios nos ha enviado o al menos permitido para nuestra vida. No nos resulta fácil pero es preciso comprender: Lo que ocurre es para nuestro bien, todas las veces. A veces nos lleva tiempo darnos cuenta. Gracias hermana por su participación que nos da pie para comentar.

Práctica sugerida

Todos conocemos de sobra ese ánimo de queja que a veces nos toma y nos maneja. Esa disposición del ánimo que siempre está lista para ver lo aparentemente negativo de las situaciones y a quejarse por esto y por lo otro y a comparar como serían las cosas si hubiera sucedido aquello de más allá en lugar de esto que ha tocado…

La práctica de hoy es la de apelar a La Oración de Jesús cada vez que veáis aparecer la queja. Abandonar las quejas a un lado y agarrar con firmeza el “Señor Jesús”, con los labios, la mente o el corazón, como podáis. No ceder a las quejas. Estas nos encierran en un círculo vicioso que va apagando la luz del espíritu en nosotros. Y esto, aún cuando la situación que provoque la queja pueda justificar una reacción de ese tipo. Poner la oración ante todo nos transforma y también modifica lo que ocurre.

Arzobispo de Los Ángeles sobre La Oración de Jesús

Día 14 – La santa indiferencia

Texto del día

” —Reza sobre todo la oración de Jesús; ella nos acerca a Dios más que todas las demás oraciones y por ella conseguirás la salvación de tu alma.

La joven me escuchó con atención y se condujo con toda sencillez según mis consejos. ¿Y lo creeréis? Poco tiempo después me anunció que se había acostumbrado a la oración de Jesús y que sentía el deseo de repetirla incesantemente siempre que le era posible.

Cuando rezaba, sentía alegría y finalmente un gran gozo, así como el deseo de continuar rezando. Todo esto me causó gran contento, y le aconsejé que siguiera rezando cada día más, invocando el nombre de Jesucristo…

Y sin añadir una palabra más, el preboste se levantó y se fue a dormir. A mí, me devolvieron a la prisión. Al día siguiente, muy de mañana, vinieron dos gañanes que me dieron mis buenos azotes dejándome luego en libertad.

Yo me alejé, dando gracias a Dios que me había permitido padecer en nombre suyo. Todo esto me llenó de grandísimo consuelo y me animó más y más a la oración.

Estos acontecimientos no me causaron la más pequeña aflicción. Parecía como si se le acaecieran a otra persona y yo no fuera más que un espectador; y esto aún cuando me estaban dando los azotes.

La oración, que llenaba de alegría mi corazón, no me permitía prestar atención a cosa alguna.”

del 2° relato en “El peregrino ruso”

Pedido a los participantes

Estimadas/os hermanas/os en Cristo Jesús.

Hoy casi en la mitad del ejercicio espiritual que tiene como base la espiritualidad del Peregrino ruso, para crecer en la práctica personal de la Oración de Jesús; queremos pedirles que pongan un comentario donde simplemente y con toda verdad, compartan cual es la mayor dificultad que viven para realizar esta oración cotidianamente. Recuerden que si es necesario pueden comentar en forma anónima o poniendo un seudónimo.

En cuanto a la práctica para hoy, tratemos de dedicar al menos 30 minutos seguidos a la práctica de la oración de Jesús. Si lo hacéis en un solo período, esto os dará material para que nos comentéis los obstáculos que aparecen. Mucho más si llegáis a haceros el tiempo de rezar una hora o más. Esto pone en evidencia otras dificultades. Estos minutos exclusivos para la oración, hacedlos como os acomode mejor: caminando, sentados en quietud, en una capilla, en vuestra casa… lo central es la exclusividad que deberíais dar al momento.

Partiendo del hecho de que se sienten atraídos hacia este modo de oración, de que tienen interés en practicarla o de crecer en ella… ¿Cuál es el mayor obstáculo, interno o externo con el cual se encuentran? Esos comentarios servirán para efectuar posts durante el resto del ejercicio, complementando la lectura de los textos que seguirán, para facilitar con ellos la superación de esas dificultades.

Un saludo fraterno para todos invocando a Jesucristo.

Día 13 – La gracia y el esfuerzo

Texto del día

… Si por ejemplo te encuentras enojada/o con algún ser querido o incluso con alguien que no siendo cercano se halla vinculado contigo frecuentemente. O si te fastidias con esa persona cada día por su mera presencia, por las incomodidades que te provoca en tu diario vivir… ¿Qué hacer? Aquí hay una oportunidad para comprender como actúa nuestra voluntad y como opera la gracia y de como nosotros “abrimos la puerta” a la acción de la gracia.

Si al darme cuenta que estoy enojado o fastidiado, en lugar de reforzar ese enojo con pensamientos que justifican mi malestar, invoco El Santo Nombre de Jesús y le pido que ablande mi corazón, que lo inunde de misericordia y le permita comprender la naturaleza de ese prójimo, de lo que le lleva a actuar como actúa y estando enojado todavía, anhelo el don de la serenidad y el perdón… estoy abriendo paso a la gracia divina que transformará la situación.

La gracia ya estaba allí actuando pero yo no la escuchaba por el ruido ensordecedor de mi mente que fastidiada mascullaba y despotricaba. La cercanía constante de la gracia divina es sutil pero puede ser escuchada si uno intenta actuar desde el corazón y no desde la cabeza o el mero impulso corporal.

¿Todo es gracia? Pues sí. Sin embargo está reservada para nosotros la libertad de abrirle las puertas o de resistirnos a su acción. Imagina la gracia como la luz del sol al principiar la mañana en un hermoso día de primavera. Está allí, disponible. ¿Le abrirás las puertas y ventanas de tu casa? ¿Dejarás que penetre y renueve el aire de tu hogar? Allí nuestra porción de libertad, de libre albedrío.

En el ejemplo del enojo; debo abrirme a la posibilidad de permitir que este fastidio pase, que deje lugar a la calma y a la comprensión del otro. La gracia actúa del modo inmaterial propio de Dios, a través de la sutil voz en el corazón de cada cual. Y actúa a través del modo material mediante nuestra voluntad partícipe de la creación. Dejarnos invadir por Dios es nuestra mayor libertad.

Otro ejemplo: Me siento insatisfecha/o por la situación general que estoy viviendo. Apenas levantarme ya acuden las quejas a mi mente y los sentimientos de auto-compasión y reproche. Pero acabo de darme cuenta (ahí está la gracia) y entonces invoco a Jesús para que me enseñe a aceptar lo que vivo y me brinde la clave para transformarlo (ahí está mi voluntad).

Y así con todo…

Práctica sugerida

Esta misma noche o al empezar este día 13 de los ejercicios, detectar aquella conducta en mi cotidiano en la que soy particularmente incoherente con la conducta de un cristiano. Ese comportamiento que no es fiel al Evangelio y a la enseñanza de Cristo. Puede ser una actitud con alguien, un hábito nocivo, una situación en la que me dejo envolver o tantas otras. Usar ese comportamiento para verificar el impulso de la gracia y nuestra voluntad que suele resistirse. Abrirse allí de lleno a la purificación y unir nuestra voluntad en la dirección a la que nos lleva el Espíritu. Permitamos que la gracia nos transforme.

Extracto del 4° relato del peregrino de lectura sugerida

Día 12 – Orar sin cesar

Texto del día

¿De verdad quieres orar sin cesar? De verdad anhelas La oración de Jesús llamada también La oración del corazón? ¿Deseas esa forma de vivir en Dios que algunos han llamado oración continua o ininterrumpida?

Pues bien, en ese caso hay que apartar la atención de los pensamientos y conducirla a la oración que ya se está realizando en nosotros, en nuestra ermita del corazón o templo del alma. Pero para que los pensamientos no sean tan dominantes y fuertes es necesario que confiemos en la voluntad de Dios. Si no confiamos en la voluntad divina, le daremos valor a lo que pensamos en la resolución de nuestros problemas y en la obtención de los deseos.

Lo único que resuelve nuestros problemas es la entrega a Dios de que seamos capaces. No dejar de actuar, pero si un actuar enteramente confiados a que lo que Dios decida será el mejor curso que puedan tomar los acontecimientos. Cuando me sitúo en ese estado de confianza los pensamientos disminuyen mucho, hay menos deliberación mental, se produce un aquietamiento progresivo.

Si a eso le sumas una fuerte determinación de guiar la atención de regreso a la oración, cada vez que la descubres perdida entre los pensamientos varios, gran parte del camino está hecho. La gracia que empezó el trabajo lo terminará también y el corazón se iluminará con la presencia sin velo de la gracia deificante.

Si a la mente le damos la oración, el cuerpo actúa eficazmente según su deber y funciones y el corazón reposa en Dios. Se vive en el descanso aún en medio de lo que pudieran parecer fatigosos trabajos… el peregrino ruso habla de las delicias celestiales que llegó a vivir en el corazón, que a veces nos parecen increíbles. Pues en realidad, la diferencia que tenemos con el peregrino ruso no es el modo de vida que llevamos, sino la consagración de su deseo y propósito en la vida. Él solo quería permanecer centrado, vivía buscando a Dios mediante la continua oración.

Práctica sugerida:

Intentemos pasar la mayor parte del día en oración, mientras realizamos las actividades habituales. Empieza la rutina semanal, pero no por ello debe empezar la rutina mental de preocupaciones, inquietudes y ansiedades. Cada vez que descubramos la atención posada en la divagación, la regresemos nuevamente a la oración de Jesús. Con paciencia y con valor, volvamos una y otra vez a la oración.

Puede ser útil programar varias alarmas durante el día en el móvil que nos recuerde el propósito de orar. Hermanas y hermanos, efectúen cualquier consulta que necesiten al respecto, estamos para eso. Un abrazo fraterno invocando sin cesar El Santo Nombre de Jesús.

Aquí un audio del 1° relato del libro “El peregrino ruso”. (Hay algo de ruido hasta el minuto 5 pero luego se ha depurado)

Día 11 – Repaso y elección

Práctica sugerida:

Estimadas/os en el amor a Cristo: Aprovechemos el día domingo para hacer un repaso de lo ejercitado hasta aquí. Elegid aquella práctica que os resulte más entrañable o que os facilite más el ubicaros en la divina presencia. Y recomenzad su aplicación en vuestro cotidiano. La usaréis de trasfondo constante mientras avancemos en la continuidad de los ejercicios.

Aquí puedes ver el listado con las 10 prácticas

Haz click para descargar las 10 prácticas

Aquí puedes descargar el PDF de “El Peregrino ruso”

Enlace del día

Día 10 – El Rastro del amor

La práctica de la oración de Jesús, admite diferencias, porque todos somos diferentes. Hay diferencias en la frase que elegimos, en nuestros momentos “fuertes” de práctica, en si nos ayuda más la quietud, el movimiento, la respiración o la atención al corazón… algunos quieren probarla, otros adoptarla para siempre.

Pero todos buscamos la unión con Dios. Seamos conscientes o no de ello, todos Le amamos. Él es El Amado de nuestra vida. Es a Él a quién perseguimos en cada acto que ejecutamos, desde los más triviales a los más significativos. Nunca hemos querido otra cosa. Recordemos cuan presurosos seguíamos a nuestra madre cuando se alejaba apenas un poco de nosotros. Cómo esperábamos ansiosos aquél regalo prometido; la alegría luego de aquél primer beso, la anticipación de un viaje, la reunión de amigos.

El gozo del nacimiento, el abrazo de reconciliación, la satisfacción ante una obra terminada… ese brillo en aquella mirada. Que particulares aquellas sensaciones, cuando tronaba y ya se olía la lluvia próxima, cuando esperábamos la comida en la mesa, cuando papá volvía del trabajo, ¡Que alegría! ¿A quién sino a Él hemos buscado en todo ello? Sin Su invisible presencia no está el buscador ni lo buscado y tampoco lo encontrado. Sin Él no hay nada, porque como han dicho algunos santos: “Solo Él Es”.

Pero todo momento  luego expiró y todo encuentro se transformó en nueva búsqueda, cada cosa maravillosa llevaba en sí la impronta de lo fugaz. Aquellas luces se opacaban, un velo de nostalgia nos envolvía hasta desaparecer también bajo un rutinario olvido. Las presencias trocaban siempre en ausencias. ¿Señor donde estás?

Aunque cueste creerlo, la luminosidad de todo aquello no estaba en las cosas sino que fluía desde dentro a través de la mirada. Era Él que se hacía presente y transmutaba el mundo. ¿No hay acaso amor en cada uno de esos recuerdos? Sigamos el rastro a ese amor que vive en nuestro corazón, percibamos cuanto amamos lo que vemos, cada instante que vivimos. Porque cuando allí nos situamos, cuando esa calidez enorme encontramos, es que nos hemos acercado. No nos engañemos, cuando amamos es su manto el que tocamos.

Práctica sugerida

Ya al despertarnos, iniciar invocando interiormente el Nombre de Jesús. Con suavidad, como si escucháramos una entrañable música de fondo. Luego, durante el día, cada vez que nos demos cuenta que el ánimo se aleja del simple contento, de la suave alegría; buscamos la sensación del amor, por todos bien conocida, y tratamos de aplicarla sobre la situación precisa en que nos encontramos. Es como si nos dijéramos “Quiero amar esto que vivo en este momento, sea lo que sea, porque es Dios mismo el que me habla en cada acontecimiento”. Dejamos que brote entonces la cálida sensación de la gracia dulcificando la mirada.

Día 9 – El lugar del corazón

Haz click aquí para ir al Texto para meditar

Práctica sugerida:

Tratemos de imitar al Peregrino en la práctica que se comenta en el texto de arriba, sin forzamientos, por algunos minutos en el tiempo que encontremos disponible y según el impulso del Espíritu. Aquí el párrafo principal:

“Para conseguirlo, miraba mentalmente a mi corazón, inspiraba el aire y lo retenía en mi pecho diciendo: «Señor Jesucristo», y lo espiraba añadiendo: «tened piedad de mí».”

Hay personas que rápidamente encuentran en esta forma de orar el lugar de la paz del corazón; otras lo encuentran dificultoso o nos les agrada atender al órgano cardíaco. No hay problema, para ellas recomendamos:

Sentarse en quietud con el cuerpo relajado y cómodo. Respirad varias veces de forma lenta y profunda, con suavidad. Llevad vuestra atención al fondo más pacífico del alma y desde allí con toda calma repetid mentalmente el Nombre de Jesús. Poco a poco, desatiende a la respiración y te quedas solo con el Nombre, una y otra vez, como si en Él te recostaras.

Comenten cualquier duda hermanas/os. Un saludo fraterno en la invocación del Santo Nombre.

Enlace del día: Sermones de San Bernardo

Día 8 – La preocupación

Texto para meditar

De pronto, advierto que estoy preocupado. Con el ánimo ensombrecido, camino presuroso y encorvado rumiando pensamientos donde manda el temor.

¿Qué haré con esto? ¿Y con aquello? ¿Y con lo de más allá? ¿Que será de mí si esto o lo otro resulta de esa o aquella manera?

Deudas, malos entendidos, atrasos en el trabajo, reproches del ser querido, presiones diversas desde todos los ángulos… la vida misma de hoy en día, en un mundo angustiado que corre con desesperación hacia un adelante vacío lleno de promesas vanas.

Pero me he dado cuenta de que estoy preocupado… si estoy preocupado no confío en la voluntad de Dios. Así de sencillo, aunque nos duela o no nos agrade aceptarlo. No tiene vueltas.

Porque no se trata de no hacer, de no ser eficaz o práctico en los quehaceres cotidianos. Se trata de hacerlos bien, con serenidad interior, con adecuación exterior; teniendo plena conciencia de que los resultados de la acción dependen enteramente de la voluntad divina.

En mis manos está la posibilidad de ejecutar las acciones lo mejor posible, un poco como se decía ayer, ofreciendo con unción el afán de hacerlo bien, poner la atención, hacer ordenadamente… pero las cosas resultan como Dios quiere. “Si Dios quiere” suele decirse. Pues así es en efecto, aunque actualmente suelen ser frases hechas dichas al acaso.

¿Creo que yo soy capaz de torcer Su voluntad? ¿Creo que mi pequeña persona puede torcer el rumbo de las incontables causas y los innumerables efectos que entretejen la creación universal? Mueve a risa ¿verdad? Es que en eso caemos diariamente cuando nos preocupamos.

Preocuparse muestra un poco nuestra soberbia. Hay que rendirse a los designios de Quién nos lo ha dado todo, todo lo que tenemos, la existencia misma. Nos olvidamos de ello. Nos quejamos de cosas que la vida ha traído, olvidando la vida en la cual todo se da. Nuestra acción es el altar cotidiano donde hacemos la humilde ofrenda de nuestras manos… pero el universo hermanos, el universo entero es el altar en el que Dios oficia la más sagrada y amorosa de las liturgias.

Práctica sugerida

Usemos la preocupación como señal de que hemos perdido el centro, de que hemos dejado de confiar en Dios, de que pretendemos ingenuamente ser los hacedores del universo. Cada vez que nos demos cuenta de la preocupación, reiniciemos La oración de Jesús en nuestro interior. Una y otra vez, sin dudar con perseverancia firme. Que el Nombre de Jesús sea nuestra ancla a la realidad. Que con cada repetición del Santo Nombre crezca el entregarse a los brazos amorosos del Padre universal, que muy bien sabe lo que nos conviene y cuando nos conviene. Un abrazo hermana/os, invocando sin cesar el Nombre de Jesús.

Día 7 – El altar de la acción

Texto del día

El hacer reverente en la vida cotidiana, la unción que puede transparentarse en todo lo que hacemos es algo muy relevante y de trascendencia para el alma… lleva tiempo acostumbrarse a ese modo de actuar, de tal manera que luego se convierte en algo similar a una segunda naturaleza.

Es una muy grata sensación aquella en que -arreciando la tormenta o atacando el enemigo- se advierte que, sin esfuerzo, nada perturba la ceremonia del “hacer-estando-allí“.

Si te encuentras en ocasiones descentrada o habiendo perdido el hilo de la jornada, concentra tu atención en cualquier actividad que tengas por delante, aplicándote especialmente al comienzo de la misma, recuperando el tono correcto. Hemos de tender a la pulcritud en todo.

El orden en el cual nos desenvolvemos, la limpieza de nuestro cuerpo, de nuestros vestidos, de nuestros enseres, la sistemática con la que organizamos nuestros días, han de estar teñidos de lo usual en la liturgia. Se trata de un modo especial de tratar con los objetos, con las personas y las situaciones, en las que lo más importante radica en el modo, no tanto en el “qué”. Porque en este caso, es todo ante Dios y para Dios, sea lo que sea lo que nos toque emprender.

Un buen indicador de que estamos encontrando el ajuste adecuado, será cuando notes la misma reverencia y cuidado en el lavado de la vajilla que en el propio caminar, en el barrido de los pisos que en el movimiento con el que tu brazo descorre las cortinas.  Será entonces “la ceremonia interior” de tender la mesa para la comida, de hablar con tu vecino o de escribir un icono.

Uno se transforma en oficiante de la vida y cada día en un altar. No erraban los Padres antiguos cuando hablaban de la vida como misa y sacrificio eucarístico, en su pleno sentido de acción de gracias. Cuando esto se instala, hablar con el prójimo resulta trabajo simbólico de transformación espiritual, en donde los significados se recrean conforme se avanza en el camino.

Hazte consciente de esto: Ese modo de hacer es oración en la acción que no vale ni más ni menos que otras formas de oración, sencillamente porque la oración no es un bien que puede medirse o compararse, no es algo a lo que pueda asignarse valor. la oración es el acto humano por excelencia, que nos hace verdaderamente humanos.

La oración de Jesús o del corazón, es una forma de orar que no nos aparta de la acción sino que eleva nuestra conducta y la hace eficaz para uno y el prójimo.

Práctica sugerida

Buscar un modo de estarse en la acción, con tranquilidad, orden y pulcritud general; poniendo especial atención en hacer bien aquello que toca hacer. Elegir especialmente una acción concreta en la jornada (cualquiera sea) y poner en ella lo mejor de uno; en el cuidado, la atención a los detalles y sobretodo el espíritu de unción y ofrenda a Dios de ese hacer concreto. Este momento elegido, en el que uno actuará con mayor lentitud que la habitual, es ideal para recitar mentalmente la oración de Jesús. Que El Santo Nombre acompañe este modo “ceremonial” de actuar, recordando a Dios como destinatario de todo lo que hacemos.

Día 6 – Hesiquía y compunción

Click aquí para texto del 6° día

Práctica sugerida:

En este sexto día de los ejercicios, vamos a repasar lo hecho en los 5 días anteriores, para no avanzar sin darle mayor profundidad a lo ejercitado. Para facilitar les ponemos un enlace a documento con las prácticas de los 5 días.

Hacer click aquí

Tratar a su vez de intensificar la práctica de la oración de Jesús en todo momento y lugar. De forma vocal, mental, como simple aspiración del corazón… mientras intentamos tener algunos momentos para repasar textos y prácticas de los 5 días anteriores. Un saludo fraterno invocando sin cesar El Santo Nombre de Jesús.

Día 5 – No amo a Dios

Texto para meditar

Confesión que conduce al hombre interior a la humildad

“Volviendo la mirada atentamente sobre mí mismo, y observando el curso de mi estado interior, he comprobado por experiencia que no amo a Dios, que no amo a mis semejantes, que no tengo fe, y que estoy lleno de orgullo y de sensualidad. Todo esto lo descubro realmente en mí como resultado del examen minucioso de mis sentimientos y de mi conducta, de este modo:

»1. No amo a Dios. —Puesto que si amase a Dios, estaría continuamente pensando en Él con profundo gozo. Cada pensamiento de Dios me daría alegría y deleite. Por el contrario, pienso mucho más a menudo, y con mucho más anhelo, en las cosas terrenales, y el pensar en Dios me resulta fatigoso y árido. Si amase a Dios, hablar con Él en la oración sería entonces mi alimento y mi deleite, y me llevaría a una ininterrumpida comunión con Él. Pero, por el contrario, no sólo no encuentro deleite en la oración, sino que incluso representa un esfuerzo para mí. Lucho con desgana, me debilita la pereza, y estoy siempre dispuesto a ocuparme con afán en cualquier fruslería, con tal de que acorte la oración y me aparte de ella. El tiempo se me va sin advertirlo en ocupaciones vanas, pero cuando estoy ocupado con Dios, cuando me pongo en Su presencia, cada hora me parece un año.

Quien ama a otra persona, piensa en ella todo el día sin cesar, se la representa en la imaginación, se preocupa por ella, y en cualquier circunstancia no se le va nunca del pensamiento. Pero yo, a lo largo del día apenas si reservo una hora para sumirme en meditación sobre Dios, para inflamar mi corazón con amor por Él, mientras que entrego con ansia veintitrés horas como fervorosas ofrendas a los ídolos de mis pasiones. Soy pronto a la charla sobre asuntos frívolos y cosas que desagradan al espíritu; eso me da placer. Pero cuando se trata de la consideración de Dios, todo es aridez, fastidio e indolencia. Aun cuando sea llevado sin querer por otros hacia una conversación espiritual, rápidamente intento cambiar el tema por otro que dé satisfacción a mis deseos.

Tengo una curiosidad incansable por las novedades, sean acontecimientos ciudadanos o asuntos políticos. Busco con ahínco la satisfacción de mi amor por el conocimiento en la ciencia y en el arte, y en la manera de obtener cosas que quiero poseer. Pero el estudio de la Ley de Dios, el conocimiento de Dios y de la religión, no me causan efecto, y no sacian ningún apetito de mi alma. Veo estas cosas no sólo como una ocupación no esencial para un cristiano, sino ocasionalmente como una especie de cuestión secundaria en que ocupar quizá el ocio, a ratos perdidos.

Para resumir: Si el amor a Dios se reconoce por la observancia de sus mandamientos (Si me amáis, guardaréis mis mandamientos, dice Nuestro Señor Jesucristo), y yo no sólo no los guardo sino que incluso lo procuro poco, se concluye verdaderamente que no amo a Dios. Esto es lo que Basilio el Grande dice: “La prueba de que un hombre no ama a Dios y a Su Cristo está en el hecho de que no guarda Sus mandamientos.”

Extraído de “Relatos de un peregrino ruso – 2° Parte – Aquí el PDF

Práctica sugerida :

Si fuera posible, leer el texto más de una vez durante el día. Preguntarse ¿Qué rasgo de mi persona es el que más me aleja del amor a Dios? Puede verse como un tipo de conducta, sentimiento o pensamiento; pero si preguntamos con sinceridad, la respuesta vendrá desde el fondo del alma. Pedir con fuerza la conversión en este aspecto específico de mi vida.

Día 4 – En pos de la verdad

Muy estimadas/os en el amor a Jesucristo. Para el cuarto día os pedimos que leais los párrafos de “El peregrino es atacado por los ladrones” que es parte del libro “El peregrino ruso”.

Luego de ello releer este párrafo nuevamente:

Dios quiere que el cristiano renuncie a su propia voluntad y a todo apego a ella, para poder ponerse así enteramente en los brazos de la voluntad divina. Todo lo que Él hace es para el bien y la salvación de los hombres. Él quiere que todos los hombres sean salvos.

De modo que ten ánimo y cree que Dios dispondrá con la tentación el éxito para que podáis resistirla. Pronto recibirás un consuelo mayor que todas tus penas. Al oír estas palabras, desperté y sentí en mi cuerpo fuerzas renovadas y en mi alma como una aurora y una nueva tranquilidad. ¡Qué se cumpla la voluntad de Dios!, dije. Me levanté, hice la señal de la cruz y partí. La oración obraba de nuevo en mi corazón como antes, y durante tres días seguí tranquilo mi camino. 

Práctica sugerida:

Revisemos en algún momento del día, nuestra propia vida a la luz de esos párrafos. No hace falta que sea de modo exhaustivo o minucioso, más bien de manera silenciosa e intuitiva, como si tanteáramos en el propio corazón en pos de la verdad. Si uno mira eso que aparece en la profundidad del alma, si miramos de manera limpia y clara, resultará evidente aquello que nos falta poner de nuestra parte para permitir que la gracia transforme nuestra vida enteramente.

Homilía del Padre José

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La mirada contemplativa

Día 3 – El saludo interior

Texto del día

Práctica sugerida

Muy estimadas/os en La Oración del Santo Nombre:

Mi entrañable padre espiritual me recomendó hace ya muchos años, cuando acudí a él en consulta, aquejado por problemas en mis relaciones interpersonales, el siguiente ejercicio:

“Intenta con toda la atención y determinación de que seas capaz, de saludar secreta e interiormente a cada persona con la que te relaciones, invocando sobre él o ella el Santo Nombre de Jesús.

Así como habitualmente la gente se saluda con frases tales como… “¡Qué dice usted?”, “¿Cómo está hoy?”, “¿Qué tal?”, “Hola ¿Cómo estás? y así con otras similares, tu debes saludar en tu interior repitiendo el Nombre de Jesús en favor de ese semejante con quién te relacionas. Por fuera, saluda como todo el mundo, por dentro invocas la gracia divina para ese prójimo, conocido u ocasional y, al mismo tiempo, pides la luz para esa relación concreta…”

Esta práctica es muy poderosa para generar cambios favorables en nuestro entorno y si bien es simple, exige toda nuestra atención y un creciente sentimiento de empatía y afecto hacia el prójimo. Quién se habitúa a esta práctica suele llevarla en adelante siempre sin esfuerzo y este mismo ejercicio es un constante recordatorio de La oración de Jesús en el cotidiano.

Un saludo fraterno para todas/os de parte del Equipo del blog