El corazón desierto

Cuando uno no sabe a dónde va… y eres como un ciego caminando a tientas…

Él te coge de la mano y te lleva.

Cuando el pensamiento está vacío… y el corazón está Desierto…

Es cuando dejas espacio libre para que Él cumpla en ti la Divinidad.

Es sólo en estado de inocencia… que Él te concede la Gracia.

Es sólo cuando ya no quieres nada y permaneces completamente vacío y desnudo…

que Él puede llenar tu corazón con su aliento… con su Amor.

Y… entonces te llega una gran Joya…

La Fe, la certeza, la confianza.

Monasterio de Vallbona, Lérida.1980 Eulalia Framis

Enlace de hoy:

Humildemente desde la debilidad

La calma posible

¿Qué vas a hacer hoy?

Pondré mi intención en hacer las cosas que tocan con la mayor calma posible. Buscaré cierta posición interior de confianza en la providencia. Cuando mi corazón se sitúa allí, todas las acciones son importantes, cobran significado aunque este permanezca sin formulación precisa. Los movimientos se vuelven tranquilos y armónicos. No me cuesta sentirme parte de una liturgia vital que se manifiesta en todos y en todas partes. Así da gusto vivir.

Pero hay dificultades, apremios, obligaciones, contratiempos… ¿Cómo hacer allí?

Dios quiere que lo encuentre en todo. ¿Puedes encontrarme en esto? ¿Y en esto otro? ¿Y también en esta situación particular? Su amor juega a las escondidas solo para que lo busque. Pretende que lo descubra también en la misma búsqueda. Quiero percibir su sagrada presencia en el día a día y a veces me doy cuenta de que ese “querer percibirlo” ya es Él mismo que me llama. Esta es una de las tantas formas de la oración.

elsantonombre.org

Enlaces:

San Rafael Arnaiz

Camino Cisterciense

El roce de la cercanía

“La oración está presente en todos los seres como un impulso hacia su fuente. En el reino del amor hay siempre un Tú por invocar, porque ese Tú es la condición misma de amar. Cuando el Amado se acerca, el amante desea que no se aproxime del todo para poder seguir yendo tras Él y seguir sintiendo el ardor que lo consume. Tal es el sentido de la oración  que todavía no es unión. Aunque vagamente lo desea, el “yo” no está maduro para morir.

La oración es posible porque hay dos. Cuando todo sea colmado, no habrá palabra ni hará falta oración porque todo estará repleto de Presenciación. Todavía no ha llegado el momento. Es el tiempo del gozo que produce el roce de la cercanía antes de que se consume la unión. Somos pasaje. No podemos ser si retenemos. Existimos como acto de donación de Quien comparte y cede su ser sin cesar. Nuestra existencia es pasar, dejarnos traspasar, convertirnos en oquedad, en umbrales por donde el Ser nos atraviese. La Fuente está siempre vertiéndose, derramándose por doquier.

Cuanta más apertura a la Apertura que nos origina, más crece la capacidad de ofrecernos. Nos hace partícipes de su condición. Lo que existe, existe como desbordamiento de la abundancia del Ser. Abiertos, nos damos en su darse. Tal es la paradoja de nuestro existir: Somos más cuanto más a través de nuestro vacío dejamos ser al Ser. El Ser es calmo y calma la sed. Cuando la criatura regresa, amansa su sed y queda anegada en lo que supera su capacidad de concebir y de comprender.

El vacío no se puede circunscribir, no es asible para el pensamiento capturador. Es plenitud porque colma los bordes del receptáculo. Desborda su razón de ser por aquello que contiene y no puede retener. No siendo es cuando más somos sin serlo, porque Dios tiene en nosotros la oportunidad de nacer. Lo que aparece en el término estaba en el origen, pero no lo sabíamos. Para eso venimos a la vida, para conocerlo, para experienciarlo en los diversos estratos de nuestro devenir…”

Javier Melloni sj

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El texto es una transcripción parcial del vídeo: “Sed de Ser” disponible aquí

IV Domingo de Pascua – Homilía Padre José

El velo de las pasiones

¿Cómo hacer con las pasiones del cuerpo? Con ese apego a lo sensible, con los apetitos varios, con la avidez de lo corporal?

Hemos consentido al cuerpo desde siempre por imperativo cultural. Lo hemos considerado lo más importante y lo hemos sobreprotegido. Nos pusimos al servicio de nuestro cuerpo en vez de situarlo como herramienta al servicio del espíritu. De tal manera, hoy se ha transformado en un niño malcriado y caprichoso, que nos tiraniza y que cuando no consentimos se pone a chillar para doblegarnos. Hemos de reeducarlo con astucia e inteligencia. Con afecto pero con firmeza. Hemos de ir quitándole caprichos muy poco a poco, hasta que se conforme con lo necesario, con aquello que le hace bien, que lo hace sentirse mejor de verdad. Cuando al cuerpo le damos solo lo necesario deja de ser un velo que oculta la presencia de Dios. Pero hay que ser pacientes y humildes. Puede llevar años dependiendo de cuan oprimidos estemos bajo su yugo. De todos modos, cualquier esclavitud por pequeña que sea de la que te libres es un buen alimento que hace crecer al espíritu.

¿Qué es lo que más daña al cuerpo?

La inmoderación, en cualquier aspecto y la preocupación mental; que se manifiesta como múltiples tensiones contractivas que impiden el buen funcionamiento orgánico. Has de apreciarlo correctamente. Si odias tu cuerpo por la razón que sea, termina sintiéndose mal como una mascota a la que no damos cariño. El cuerpo está a tu servicio y no a la inversa. Cuando lo acostumbras a esto se siente bien porque así fue creado, como instrumento al servicio del espíritu que es tu verdadera esencia, el hijo de Dios inmaterial que vive en ti.

En síntesis, no le pidas al cuerpo que cumpla el papel de Dios. No podrá darte la plenitud que buscas y que solo la presencia divina puede dar. Utiliza una ascética inteligente y humilde sumada a una oración fervorosa en la forma que tu prefieras y verás que empieza a hacerse dócil y a servirte…

elsantonombre.org

Clase 52° de Filocalía – “El velo de las pasiones”

Filocalía de Editorial Lumen

El arte de la oración

INFINITAS VECES LA MISMA INVOCACIÓN

“El Santo Padre también señaló que, la primera oración humana es siempre una recitación vocal. En primer lugar, se mueven siempre los labios. Aunque como todos sabemos rezar no significa repetir palabras, sin embargo, la oración vocal es la más segura y siempre es posible ejercerla. Los sentimientos, sin embargo, aunque sean nobles, son siempre inciertos: van y vienen, nos abandonan y regresan. No solo eso, también las gracias de la oración son imprevisibles: en algún momento las consolaciones abundan, pero en los días más oscuros parecen evaporarse del todo. La oración del corazón es misteriosa y en ciertos momentos se ausenta. La oración de los labios, la que se susurra o se recita en coro, sin embargo, está siempre disponible, y es necesaria como el trabajo manual…

En este sentido, el Santo Padre afirmó que todos tenemos que aprender de la constancia de ese peregrino ruso, del que habla una célebre obra de espiritualidad, el cual aprendió el arte de la oración repitiendo infinitas veces la misma invocación: “¡Jesús, Cristo, Hijo de Dios, Señor, ten piedad de nosotros, pecadores!”. Si llegarán gracias en su vida, si la oración se hace un día suficientemente caliente como para percibir la presencia del Reino aquí en medio de nosotros, si su mirada se transforma hasta a ser como la de un niño, es porque ha insistido en la recitación de una sencilla jaculatoria cristiana. Al final, esta se convierte en parte de su respiración.

Por tanto, no debemos despreciar la oración vocal, concluyó el Papa Francisco, no es una cosa de niños o para la gente ignorante, no debemos caer en la soberbia de despreciar la oración vocal, ya que es una oración sencilla, nos la ha enseñado Jesús. Y sobre todo son las únicas, de forma segura, que dirigen a Dios las preguntas que Él quiere escuchar. Jesús no nos ha dejado en la niebla. Nos ha dicho: “¡Ustedes, cuando recen, digan así!”. Y ha enseñado la oración del Padre Nuestro…”

Extraído de Vatican News

Aquí el vídeo donde el Papa Francisco recomienda el Peregrino Ruso y la oración de Jesús

Los Salmos de hoy:

EL MURMULLO FILOCÁLICO

“Un murmullo, un impulso atraviesa esos mil años de oración, esos mil años de búsqueda: el deseo de contemplar la belleza de Dios oculta en la Creación y el deseo de contemplar esa Belleza que está por encima de toda creación. Una sed incontenible, una sed insaciable. Pero, al mismo tiempo, una sed serena, apacible, una sed humilde, que aprende a esperar, a alcanzar su meta sin violentar nada ni a nadie. Sed de ver a Dios…

Hablamos de «visión» para referirnos al conocimiento perfecto, al conocimiento que ha alcanzado su plenitud. Un conocimiento que es amor al mismo tiempo, porque conocer a Dios es conocer el amor, ya que Dios es amor (1 Jn 4,8). Y conocer ese Amor supone ir transformándose en él y dejarse transformar por él. Así se van los tres dilatando (el conocimiento, la visión y el amor), a medida que crece la humildad, esa disposición del corazón que permite ir acogiendo más y más a Dios. Disposición interior que no es otra cosa que la limpieza, la pureza de corazón.

«Los Padres vigilantes»

El término griego para hablar de la vigilancia es nepsis, una virtud que es condición fundamental para comenzar, mantenerse y progresar en la vida espiritual: «La continuidad engendra la costumbre, y ésta otorga a la vigilancia una cierta densidad natural», escribía Hesiquio de Batos. Esta atención continua es la que hizo prudentes y sabias a las vírgenes del Evangelio (Mt 25, 1-13). En la doctrina filocálica, la vigilancia presenta una progresión: para los que comienzan, está vinculada al miedo a la muerte y al Juicio Final: «Velad, porque no sabéis cuándo será el día ni la hora» (Mt 25,13). Después, la vigilancia se convierte en un austero ejercicio de atención frente a todos los pensamientos que asaltan a la mente, para suprimirlos de raíz.

Gracias a esta rigurosa vigilancia, el espíritu alcanza una claridad interior muy equilibrada y penetrante, que lo defiende de toda turbación. De este modo, la vigilancia introduce en la plena hesiquía, palabra griega de difícil traducción que significa, a la vez, una paz, una calma, una ternura y dulzura inefables y permanentes en el corazón, gracias a la cual todo pensamiento se apacigua, y el monje puede entregarse a la contemplación pura, sin ser distraído por ningún movimiento interior ni exterior. Con palabras de Hesiquio de Batos:

«La vigilancia es un método espiritual que, mantenido con perseverancia y ardor con la ayuda de Dios, libera totalmente al hombre tanto de sus pensamientos y palabras llenos de pasión como de sus acciones perniciosas. La vigilancia proporciona también un conocimiento certero del Dios incomprensible y abre a los misterios divinos y escondidos. La vigilancia hace observar todos los mandamientos de Dios, tanto los del Antiguo como los del Nuevo Testamento, y concede todos los bienes de la vida futura. La vigilancia es propiamente la limpieza de corazón… una pureza que raramente se encuentra hoy en día, por culpa de nuestra negligencia. Ésta es la vigilancia que Cristo exaltó cuando dijo: `Felices los limpios de corazón, porque verán a Dios’»…

Extraído del libro “Conocimiento espiritual en Filocalía” de Javier Melloni.

Haz click aquí para el audio del primer capítulo

Vídeo anexo de Filocalía – Fin del primer módulo

Dos enlaces:

Caprichos celestiales

Monasterio de Armenteira

El vigor de tu empeño

“Cuando la oración salmódica es guiada por la constancia y la atención, la cantidad es una cosa muy buena; pero es la calidad lo que le da vida al alma y también da fruto. La calidad de la salmodia y de la oración es el orar con el espíritu y con el intelecto…

… Cuando te suceda algo parecido(1) mientras salmodias con destreza, no te dejes sorprender por la acedia a causa del desánimo ni tengas más en cuenta el descanso del cuerpo que la utilidad de la oración en virtud de la lentitud del paso del tiempo; pero, donde tu intelecto sea tomado prisionero, allí detente. Si ello ocurre cuando finalizas el salmo, recomienza con buena predisposición y, cuando hayas encontrado el principio, continúa nuevamente con el curso del salmo, aun cuando tu intelecto permanezca prisionero más de una vez en una hora. Si procedes de esta manera, los demonios(2), al no soportar la paciencia de tu constancia y el vigor de tu empeño, se alejarán de ti llenos de vergüenza.

Debes saber con certeza que la oración continua es aquella que no concluye en el alma ni de día ni de noche; la que no es percibida por quién mira, ni en la rigidez de las manos, ni en la firmeza del cuerpo o el sonido de la lengua; pero es comprendida por quién sabe comprender, en la meditación espiritual del intelecto activo y del recuerdo de Dios, mediante una perseverante compunción…

Caps. 70, 73 y 74 en la Segunda Centuria (Capítulos naturales) de Nicetas Sthetatos en Filocalía – Vol. III de Ed. Lumen, pág. 440/1.

Notas: 1) Se refiere a lo dicho en el cap. 72 respecto del olvido respecto de lo que se está leyendo y a la sensación de que el tiempo pesa en cuanto a que transcurre con lentitud. 2) En Filocalía los demonios eran entendidos a veces como entidades angélicas caídas que asediaban al asceta; otras como medios de ayuda divina para percibir la debilidad del orante y quitarle su soberbia, o como los “logismoi“, es decir pensamientos erráticos y vagabundos. En ocasiones los monjes se referían a las propias tendencias encadenantes del alma del practicante tales como el apego a determinadas pasiones. (Comentario propio del blog)

Enlaces de hoy:

La consagración

Iniciación a la lectura de los padres

Acción y gozo

Prestancia del hombre interior: su vivir en conciencia

“… Volvamos a nuestro propósito. Decimos: El hombre es semejante a Dios cuando puede unir al mismo tiempo acción y gozo.  Pero ¿Cuándo se alcanza esto? Esto tiene lugar cuando el hombre interior se une íntimamente a Dios, de manera inseparable, por su pureza e intención profunda.

Mas este deseo habitual de Dios no es lo que comúnmente se entiende por ello; difiere de ello como el correr del estar sentado. Ese deseo es un tomar conciencia de Dios presente en el fondo del alma y desearle vivamente. Es conciencia interior que causa gozo al hombre, y, si bajo el impulso de la buena voluntad se aplica a las obras exteriores, según sea necesario,  no sale de la conciencia interior más que para volver a ella.

Es así como el hombre interior guía por la mano, muy sujeto, al hombre exterior. Algo así como el maestro cantero que tiene a sus órdenes a muchos aprendices y operarios; él no trabaja directamente, aparece rara vez por el taller, rápidamente pergeña el plan y la disposición de la obra, que cada cual luego ha de ejecutar. Esta dirección y maestría bastan para considerarle como el autor de todo… La obra se le atribuye por razón de sus órdenes e indicaciones y le es más personal que a cualquiera de los obreros que la han ejecutado.

Eso es exactamente lo que hace el hombre interior y transfigurado. Interiormente está en su gozo y, gracias a la luz de su prudencia, con un golpe de vista supervisa las facultades exteriores y asigna a cada una su tarea, de suerte que no quede ni un punto, por pequeño que fuere, sin concurrir al mismo fin… Así las obras más diversas convergen en la unidad…”

Extraído de “Sermón 13” de Juan Taulero

Enlaces de hoy:

La humillación

La vía del Desierto