«En cada instante se presenta Dios disfrazado bajo la apariencia de alguna pena, deber o precisión. Su acción divina, aunque invisible, está realmente en nosotros, alrededor de nosotros y en cuanto nos rodea; y si nos sorprende, es porque no conocemos su presencia sino cuando cesa.
Pero si, vigilantes y atentos, rasgásemos el velo que nos oculta la presencia de nuestro Dios, le veríamos sin cesar, y disfrutaríamos el inmenso placer de conocer su acción en todo cuanto nos sucede. En todo y en todas las cosas diríamos con San Juan: Dominus est, es el Señor; y siempre y en todas las ocurrencias (eventos), reconoceríamos un don con que Dios nos regala.
Miraríamos a las criaturas como lo que realmente son; es decir, como instrumentos de que Dios se sirve, por más débiles que en sí sean, para distribuirnos todo lo que nos conviene, porque su infinita bondad quiere que nada nos falte; por lo que, si nosotros tuviéramos una fe viva y sencilla, amaríamos y acariciaríamos a las criaturas, agradeciéndolas interiormente lo que hacen y sirven para nuestra perfección, gobernadas por la mano de nuestro Padre celestial.
Las criaturas viven en Dios y por Dios, mas los sentidos no perciben sino la acción de la criatura; la fe, por el contrario, descubre en todo y por todo la acción divina. Con esta luz sobrenatural, el alma cree que Jesucristo es quien obra y vive en la extensión de los siglos, encerrando en el menor instante, en el más pequeño átomo, una parte de esta vida oculta y de su acción misteriosa, cubierta, sin embargo, bajo el velo de la acción de las criaturas, que no deja ver a los ojos materiales los profundos misterios de la acción divina».
Aquí el PDF que utilizamos en el vídeo de aquí

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