
Textos de apoyo
«…Pero un alma… puede fácilmente enmendar todo, incluso lo que es difícil de enderezar; si ella está ayudada por la gracia divina que nos manifiesta su amor al hombre y su paciencia; nos llama al arrepentimiento y en las entrañas inefables de su compasión, recibe a los que regresan, como nos lo recuerda en los Evangelios la parábola del hijo pródigo»
«… Me preguntas qué hacer… no hagas nada. Solo ve al centro del dolor o de la angustia o del tedio y allí aguza el oído interior. Calla y escucha… espera quedamente y oye la eterna salmodia que se eleva desde el corazón humano, un canto suave que es súplica y alabanza. Algo está rezando en ti, unas manos invisibles se elevan como plegaria y ofrenda, es el Espíritu inmaterial que comulga sin interrupción con la divinidad. Eres tú que llamas al Padre, el hijo pródigo que regresa a casa, el que busca la unidad»
Anexo uno, «La huella de tu nombre» – Pág. 252 – Autoedición de elsantonombre.org
Práctica sugerida
Siempre para la práctica del día, es necesario detenerse, tomarnos un momento, estar tranquilos o recogidos. En este caso la parábola del hijo pródigo, uno de los pasajes más bellos y profundo de los evangelios; nos permite vernos en las tres situaciones y de ese modo recibir luz e inspiración para nuestro momento actual interior.
Si me ubico como el padre, puedo preguntarme a quién le estoy debiendo un perdón. ¿A quién puedo perdonar explícitamente en persona o espiritualmente si aquello no es posible?
Si me ubico como el hijo pródigo… ¿de que me arrepiento profundamente y siento la necesidad del perdón de Dios, o de alguien? No importa si es algo viejo, actual o ya visto e incluso confesado; atiende a si todavía sientes pendiente el perdón. Esto suele pasar cuando no nos hemos arrepentido del todo; es decir, cuando no hemos comprendido acabadamente el modo en que se entrelazó el mal con nuestro corazón en esa acción.
Si me ubico como el hijo fiel, que nunca se fue de casa… ¿Puedo detectar esa misma actitud de celos y de búsqueda de llamar la atención o de ser priorizado o de sentir que no se me trata con justicia etc.?
En cualquier caso, no atendamos al intelecto y sus razones, dejemos que Dios nos hable al corazón y sedimente la comprensión que necesitamos a la luz de esta hermosa parábola. Leer la biblia orando es entregarse a una gracia transformante que nos convierte más de lo que imaginamos.
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Texto de apoyo «¿Quieres entrar en comunión con Dios en tu espíritu?, hacerte una misma mente con Él y experimentar aquel gozo que no está subyugado a los sentidos? ¡Persigue la misericordia! De hecho si aquella santa belleza de la unión con Dios llega…