Geografia mística

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“Del mismo modo, en la oración, la prueba de la aridez es la de la semilla que, antes de madurar y de dar frutos, debe podrirse y morir en la tierra. Semejante prueba forma parte obligatoriamente del aprendizaje siempre doloroso de lo que es la condición esencial para la oración, esto es, la humildad. Gracias a una comparación, totalmente “ecológica”, san Bernardo cantará las ventajas místicas de lo que él llama el “valle de la humildad”, que reconoce en las valles húmedos adonde a los cistercienses les gustaba establecerse, porque son el lugar fértil donde destellan las aguas que descienden a lo largo de los flancos escarpados de las montañas.

Ruusbroec, que le copiará la imagen, agregará otro rasgo a lo que alguien ha llamado la “geografía mística” de los cistercienses, un rasgo que es también muy ecológico. Él hace notar que las pendientes de un valle vuelven a enviar la luz del sol hacia el fondo y así redoblan su efecto: “Cuando el sol envía sus rayos a un valle profundo, situado entre dos montañas, y el astro se mantiene en el cenit del firmamento de modo que sus rayos alcanzan la depresión y el fondo del valle, ocurren allí tres cosas. El valle recibe más luz y la refleja mejor a causa de las montañas; se recalienta y es más fértil que la tierra llana de la planicie”.

Es un fenómeno análogo, considera, al que se produce en un corazón humilde que expone sus deseos no satisfechos ante Cristo, porque, frente a la humildad, la liberalidad de Dios no puede contenerse –afirma Ruusbroec–; ella debe fluir y derramarse casi como a pesar de sí. Y continúa: “Este valle que es el corazón humilde, recibe entonces tres cosas: es más iluminado e inundado de luz; es mejor recalentado por la caridad; se vuelve más fértil en virtudes perfectas y en buenas obras”.

Ya sea bajo la figura de la noche, del invierno o del valle, el hombre de oración se amolda así, no solamente a los ritmos exteriores de la naturaleza, a la sucesión de los días y de las estaciones, sino también a un dinamismo espiritual más profundo, a aquel que hace progresar el conjunto de la creación presente hacia su paso a la nueva creación. Ese paso es doloroso, y su dolor repercutirá en la oración…”

Extraído de “La vida de oración…” en “Cuadernos monásticos…”

Dos audios para hoy:

El guía de las almas

Óleo sobre tela – 50 x 70 cms. – Propio del blog –

De esta manera, el monje, desde su misma «conversión» hasta su muerte, se sentía sometido a la constante acción del Paráclito. Las cartas de San Antonio ya subrayan con fuerte realismo esta acción santificadora. «No penséis»—escribe el Santo a sus discípulos—«que ni vuestro ingreso ni vuestro progreso
en el servicio de Dios sea obra vuestra, sino de un poder divino que siempre os está asistiendo». El Espíritu Santo es quien los llama al combate, «fija el modo de la penitencia en los cuerpos y en las almas», les ilustra acerca de las pasiones y cómo vencerlas, les abre los ojos para que vean cómo la propia santificación es el fin de todo ascetismo. El es «el guía de las almas»; si el monje se deja conducir por él, alcanzará la victoria.

Los escritores del monacato primitivo coinciden asimismo cuando se trata de enseñar cómo prepararse para la recepción del Paráclito, la «fuerza de Dios», el «carisma máximo», el «don del Espíritu». Oigamos a San Ammonas: «Si queréis recibirlo, entregaos al trabajo del cuerpo [ = ascetismo corporal] y al trabajo del corazón [ = ascetismo espiritual]. Y dirigid vuestros pensamientos hacia el cielo noche y día, pidiendo de todo corazón el Espíritu Santo, y se os dará… Yo, que soy vuestro padre, rogaré por vosotros para que lo recibáis…»

Pero esto no será posible sin la perfecta pureza de corazón, sin la extinción completa del espíritu de vanagloria, sin la total abnegación de la propia voluntad y del propio juicio, sin mucho reposo, soledad y silencio en lo recóndito del desierto. «Purificarse de la fealdad adquirida por los vicios, escribe San Basilio, volver a la belleza de la naturaleza, restaurar, por así decirlo, la forma primitiva de la imagen real por la pureza: sólo mediante esta condición es posible acercarse al Paráclito». En una palabra, es necesario haber superado la empinada cuesta de la «vida práctica» tal como la exponen nuestros maestros. La gran ley para llegar a ser «espiritual» la formuló con clásico laconismo uno de los padres del yermo cuando dijo: «Da la sangre y recibe el Espíritu».

Sólo por el martirio de la praxis se obtiene esta calidad inapreciable. Para penetrar en el reino es preciso que preceda una muerte mística: «Si alguien pudiera, ya en esta vida, morir a causa de los trabajos [de la ascesis], se convertiría enteramente en la mansión del Espíritu.

Extraído de pags. 668/9 “El paraíso recobrado” dentro de “Historia del monacato primitivo” de G. Colombás

Enlaces de hoy:

Clase 54° de Filocalía – “La morada del corazón”.

Clase 11° de Fenomenología – “La ira, las compulsiones, el testigo ecuánime y otros temas.


La espera de la aurora

“El hombre que no cree que cada día contiene una hora más temprana, más sagrada y rosada que la que él ya ha profanado, ha desesperado de la vida, y está avanzando por un camino descendente y oscuro. Luego de un paro parcial de su vida sensitiva, el alma de un hombre, o más bien sus órganos, se re-fortalecen cada día, y su genio de nuevo ensaya si puede hacer otra vida noble. Debiera decir que todos los sucesos memorables ocurren durante la mañana y en una atmósfera matutina…

Debemos aprender a volvernos a despertar, y a mantenernos despiertos, no con ayuda mecánica, sino por medio de una infinita espera de la aurora, que no nos abandone en nuestro sueño más profundo. No sé de un hecho que anime más que la incuestionable capacidad del hombre para elevar su vida gracias a un esfuerzo consciente. Es algo poder pintar un cuadro, o esculpir una estatua, y de esa forma hacer bellos unos pocos objetos, pero mucho más glorioso es esculpir y pintar la atmósfera a través de la cual miramos, cosa que podemos realizar moralmente. La más elevada de las artes consiste en alterar la calidad del día…

En la eternidad hay realmente algo verdadero y sublime, pero todos esos tiempos y lugares y ocasiones existen ahora y aquí. El mismo Dios culmina en el momento presente, y nunca, en el lapso de todas las edades, será más divino. Y podemos percibir todo lo que es sublime y noble tan sólo por la perpetua inspiración e instilación de la realidad que nos rodea…”

Extraído de “Walden o la vida en los bosques” de Henry David Thoreau

Invitación de Hno. Carlos:

𝗖𝗮𝘀𝗮 𝗱𝗲 𝗦𝗶𝗹𝗲𝗻𝗰𝗶𝗼 𝘆 𝗢𝗿𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗖𝗲𝗻𝘁𝗿𝗮𝗻𝘁𝗲
𝗥𝗲𝗽. 𝗗𝗼𝗺 invita:

RETIRO DE PENTECOSTES:
“Contemplando al Espíritu Santo en nuestro corazón”

𝗙𝗘𝗖𝗛𝗔 𝗬 𝗛𝗢𝗥𝗔𝗥𝗜𝗢: Sábado 22 mayo 9:30 am-1 pm y 5:30-8:00 pm Domingo 23 mayo, 9:30 am-1 pm
Hora Rep. Dominicana y Miami

POR ZOOM…Link directo a reunión…
https://us02web.zoom.us/j/6026775777?pwd=ZWw3MXpCZlRiSzltTUpXQmE2NHhUZz09

𝗜𝗻𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮𝗰𝗶ó𝗻
+1 8295211177 𝗔𝗺𝗲𝗹𝗶𝗮
𝗜𝗻𝘀𝗰𝗿𝗶𝗽𝗰𝗶ó𝗻
+1 8297500906 𝗠𝗮𝘆𝗿𝗲

Adquiere la inocencia

“Si un pensamiento te oprime, no te desalientes sopórtalo con valor diciendo: Todos me rodearon, pero yo en el nombre del Señor los rechacé (Sal 117,11). De improviso te llega el auxilio de Dios, los alejas de ti, Dios te protege y la gloria divina camina contigo, porque el coraje camina con el que es humilde y tú serás saciado como lo desea tu alma (Is 58,11). Los caminos de Dios son la humildad de corazón y la bondad. Pues está escrito: ¿A quién cuidaré sino al humilde y al pacífico? (Is 66,2). Si caminas por las sendas del Señor, él te custodiará , te dará fuerza, te colmará de ciencia y de sabiduría, pensara en ti en todo tiempo, te liberará del diablo y en tu muerte te dará la gracia en su paz”…

Adquiere la inocencia, sé como esas ovejas inocentes, que si se les quita la lana no dicen ni una palabra. No vayas de un lugar a otro diciendo: “Aquí o allá encontraré a Dios”. Dios ha dicho: Yo lleno el cielo, Yo lleno la tierra (Jr 23,24). Y de nuevo: Si pasaras a través del agua, Yo estoy contigo (Is 43,2). Y: Los ríos no te sumergirán (Is 43,2). Debes saber, hijo mío, que Dios vive dentro de ti, para que permanezcas en su ley y en sus mandamientos…”

Del catecismo de San Pacomio

Dos retiros espirituales en los próximos días:

Retiro de preparación hacia Pentecostés

 Retiro “María, modelo de Fe”. 7 días – Whatsapp aquí.

Cristo es aquí

Gracias Hna. Bibiana por enviar la foto!

Tu redención es ahora mismo. No importa lo que ha pasado ni lo que vendrá; todo ello está en ti y reunido en este mismo punto, en el presente mismo. La acción del momento cambia los significados hacia el antes y el después. Tus gestos de hoy lo atraviesan todo, iluminan todo lo que has amado y purifican tus desamores. Cristo es aquí en el centro del corazón y sus latidos pugnan por hacerse gracia en movimiento.

Todo pensamiento acerca de ti, déjalo con ligereza, como se espanta una mosca repentina. Cualquier preocupación nos indica alguna soberbia, la de creernos capaces de alterar Su designio. Afincados en el deber del momento, concentrados en el mejor hacer posible, respiramos Su nombre, presentimos su cercanía. ¿Mi refugio? En el muy alto. Depositemos las prisas al amparo del Altísimo. Él sabe, Él ama; apenas velado en las cosas y las situaciones, no hace más que buscarnos.

elsantonombre.org

Enlaces de hoy:

La perfecta sinfonía

Evangelio del día

La obra del momento

La divinización de las actividades

Gracias Leonor por la foto de la paloma en su ermita..!

“… Dios, en lo que tiene de más viviente y de más encarnado, no se halla lejos de nosotros, fuera de la esfera tangible, sino que nos espera a cada instante en la acción, en la obra del momento. En cierto modo, se halla en la punta de mi pluma, de mi pico, de mi pincel, de mi aguja, de mi corazón y de mi pensamiento. Llevando hasta su última terminación natural el rasgo, el golpe, el punto en que me ocupa, aprehenderé el Fin último a que tiende mi profunda voluntad.

Semejante a esas temibles energías físicas que el Hombre llega a disciplinar hasta lograr que realicen prodigios de delicadeza, el enorme poder del atractivo divino se aplica a nuestros frágiles deseos, a nuestros microscópicos objetos, sin romper su punta. Esta potencia es exultante y, por tanto, no perturba ni ahoga nada. Es exultante; por tanto, introduce en nuestra vida espiritual un principio superior de unidad, cuyo efecto específico es, con arreglo al punto de vista que se adopte, santificar el esfuerzo humano o humanizar la vida cristiana…”

Extraido de Escritos esenciales de Pierre Teilhard de Chardin

Enlaces de hoy:

Epifanía

En la tormenta

Conocimiento de sí mismo

“No podemos confiar excesivamente en nosotros mismos porque con frecuencia nos falta la gracia y el criterio. Poca lucidez hay en nosotros y ésta, muy pronto por negligencia, la perdemos. Muchas veces se nos pasa inadvertido lo ciegos que estamos interiormente. Muchas veces actuamos mal y peor lo disculpamos. A veces nos motivan las pasiones y estimamos que es afán por servir a Dios. Reprendemos a los otros por pequeñeces y pasamos tranquilamente sobre nuestras grandes fallas. Pronto sentimos y ponderamos lo que tenemos que soportar de los demás y no nos damos cuenta de lo mucho que los otros nos soportan. Quien bien y justamente califica lo propio no encontrará nada grave de juzgar en el otro.

La persona atenta a su vida en Dios antepone su propia vigilancia a la de los demás. Y quien se reconoce a sí mismo con atención con facilidad prefiere callar lo que corresponde a otros. Nunca serás persona interior y consagrada a menos que silencies lo ajeno y te examines especialmente a ti mismo. Si te orientas totalmente hacia Dios y hacia ti mismo muy poco te moverá lo que percibas de fuera. ¿Dónde estás, cuando no estás presente a ti mismo?. Y cuando terminaste de recorrer todo, olvidado de ti, ¿Qué aprovechaste?. Si deseas tener paz y unión verdadera conviene que pospongas todo hasta aquí y tengas ojos solamente para ti…”

de “La imitación de Cristo” de Tomás de Kempis

Homilía dominical del Padre José Antonio

53° Clase de Filocalía – La necesidad de la humildad

Encuentro virtual

Queridas hermanas y hermanos, aquí les dejamos el vínculo al encuentro virtual de mañana Sábado 1° de Mayo, para quién desee conversar un rato; nos enfocaremos especialmente sobre lo tratado en la clase 52° de Filocalía o acerca del tema de la “No reacción” que publicamos ayer. Será si Dios quiere a las 15 horas de Argentina, 20 horas de España y equivalentes. Un abrazo fraterno, invocando el Santo Nombre de Jesús.

http://meet.google.com/yew-stip-dio

Enlaces de hoy:

Santa Catalina de Siena

Aceptación de la vida

Momentos de la oración

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“Hay momentos en que la oración surge con mucha facilidad. Como si nunca se fuera a ir. Como si siempre hubiera estado y fuera a estarlo por siempre. De pronto desaparece, forma como manchas de ausencia. Sabemos que está ahí, nada más desocuparnos volverá. Los días se vuelven lisos, resbalamos por ellos sin dejar huella.

Retornamos conscientemente a la oración y los días se hacen porosos, sin darnos cuenta, como si donde había un muro de cemento armado hubiera aparecido una pared ladrillos, con huecos para poner libros o macetas o donde se puede echar a dormitar un gato. Una pared donde la vida puede demorarse.

Y vuelve la demora, el sosiego. La oración, que se desenvuelve en el tiempo, nos regala esos huecos de eternidad, donde se instala la vida. Sin que notemos saltos o interrupciones, apenas un pozo aquí y allá donde las aguas se demoran y podemos dejarnos estar, sin nada que nos turbe”.

Andrés Schmidt – Escritor – Practicante del Camino del Nombre.

Centro de Espiritualidad Ignaciana

La práctica de la “No-Reacción” 1° parte y 2° parte

La vida oculta en Dios

“Según San Gregorio el Magno, la vida contemplativa y la vida eterna no son dos cosas diferentes, sino una sola realidad; una es la aurora, la otra el mediodía. La vida contemplativa es el principio de la dicha eterna, su saboreo anticipado. Que la Reina del cielo nos conceda, pues, la gracia de comprender el estrecho vínculo que une esas dos vidas para vivir aquí abajo como si estuviéramos ya en el cielo.

Un alma interior es un alma que ha encontrado a Dios en el fondo de su corazón y que vive siempre con Él. Dios está en el fondo del alma, pero está allí escondido. La vida interior es como una eclosión de Dios en el alma. Mantengámonos en el centro de nuestra alma, en ese punto preciso desde el que podemos vigilar todos sus movimientos, para detenerlos o dirigirlos, según los casos. Vivamos o de Dios o para Dios, pero repitámonos que no se obra del todo para Dios sino cuando ya no se hace absolutamente nada para uno mismo. Se obra entonces porque Dios lo quiere, cuando Él quiere y como Él quiere, por estar siempre unidos en el fondo con Aquel de quien uno no es más que un dichoso instrumento.

… Elevaos hacia Dios constantemente. Dejad en tierra a la tierra. Vivid poco con los demás; menos todavía con vosotros mismos, pero lo más posible, si no en Dios, por lo menos cerca de Él. Cuando en el fondo de vuestra alma oigáis, dos voces contradictorias, conviene que escuchéis generalmente a la que habla más bajo. En todo caso, ésa es la que pide más sacrificios. ¡Y tiene tanto valor el sufrimiento bien entendido! Desliga y aproxima a Dios…”

Extraído de “La vida oculta en Dios” Robert de Langeac

En biblioteca de Cristianismo espiritual

Enlace de hoy:

Timete Deum

El corazón desierto

Cuando uno no sabe a dónde va… y eres como un ciego caminando a tientas…

Él te coge de la mano y te lleva.

Cuando el pensamiento está vacío… y el corazón está Desierto…

Es cuando dejas espacio libre para que Él cumpla en ti la Divinidad.

Es sólo en estado de inocencia… que Él te concede la Gracia.

Es sólo cuando ya no quieres nada y permaneces completamente vacío y desnudo…

que Él puede llenar tu corazón con su aliento… con su Amor.

Y… entonces te llega una gran Joya…

La Fe, la certeza, la confianza.

Monasterio de Vallbona, Lérida.1980 Eulalia Framis

Enlace de hoy:

Humildemente desde la debilidad

La calma posible

¿Qué vas a hacer hoy?

Pondré mi intención en hacer las cosas que tocan con la mayor calma posible. Buscaré cierta posición interior de confianza en la providencia. Cuando mi corazón se sitúa allí, todas las acciones son importantes, cobran significado aunque este permanezca sin formulación precisa. Los movimientos se vuelven tranquilos y armónicos. No me cuesta sentirme parte de una liturgia vital que se manifiesta en todos y en todas partes. Así da gusto vivir.

Pero hay dificultades, apremios, obligaciones, contratiempos… ¿Cómo hacer allí?

Dios quiere que lo encuentre en todo. ¿Puedes encontrarme en esto? ¿Y en esto otro? ¿Y también en esta situación particular? Su amor juega a las escondidas solo para que lo busque. Pretende que lo descubra también en la misma búsqueda. Quiero percibir su sagrada presencia en el día a día y a veces me doy cuenta de que ese “querer percibirlo” ya es Él mismo que me llama. Esta es una de las tantas formas de la oración.

elsantonombre.org

Enlaces:

San Rafael Arnaiz

Camino Cisterciense

El roce de la cercanía

“La oración está presente en todos los seres como un impulso hacia su fuente. En el reino del amor hay siempre un Tú por invocar, porque ese Tú es la condición misma de amar. Cuando el Amado se acerca, el amante desea que no se aproxime del todo para poder seguir yendo tras Él y seguir sintiendo el ardor que lo consume. Tal es el sentido de la oración  que todavía no es unión. Aunque vagamente lo desea, el “yo” no está maduro para morir.

La oración es posible porque hay dos. Cuando todo sea colmado, no habrá palabra ni hará falta oración porque todo estará repleto de Presenciación. Todavía no ha llegado el momento. Es el tiempo del gozo que produce el roce de la cercanía antes de que se consume la unión. Somos pasaje. No podemos ser si retenemos. Existimos como acto de donación de Quien comparte y cede su ser sin cesar. Nuestra existencia es pasar, dejarnos traspasar, convertirnos en oquedad, en umbrales por donde el Ser nos atraviese. La Fuente está siempre vertiéndose, derramándose por doquier.

Cuanta más apertura a la Apertura que nos origina, más crece la capacidad de ofrecernos. Nos hace partícipes de su condición. Lo que existe, existe como desbordamiento de la abundancia del Ser. Abiertos, nos damos en su darse. Tal es la paradoja de nuestro existir: Somos más cuanto más a través de nuestro vacío dejamos ser al Ser. El Ser es calmo y calma la sed. Cuando la criatura regresa, amansa su sed y queda anegada en lo que supera su capacidad de concebir y de comprender.

El vacío no se puede circunscribir, no es asible para el pensamiento capturador. Es plenitud porque colma los bordes del receptáculo. Desborda su razón de ser por aquello que contiene y no puede retener. No siendo es cuando más somos sin serlo, porque Dios tiene en nosotros la oportunidad de nacer. Lo que aparece en el término estaba en el origen, pero no lo sabíamos. Para eso venimos a la vida, para conocerlo, para experienciarlo en los diversos estratos de nuestro devenir…”

Javier Melloni sj

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El texto es una transcripción parcial del vídeo: “Sed de Ser” disponible aquí

IV Domingo de Pascua – Homilía Padre José

El velo de las pasiones

¿Cómo hacer con las pasiones del cuerpo? Con ese apego a lo sensible, con los apetitos varios, con la avidez de lo corporal?

Hemos consentido al cuerpo desde siempre por imperativo cultural. Lo hemos considerado lo más importante y lo hemos sobreprotegido. Nos pusimos al servicio de nuestro cuerpo en vez de situarlo como herramienta al servicio del espíritu. De tal manera, hoy se ha transformado en un niño malcriado y caprichoso, que nos tiraniza y que cuando no consentimos se pone a chillar para doblegarnos. Hemos de reeducarlo con astucia e inteligencia. Con afecto pero con firmeza. Hemos de ir quitándole caprichos muy poco a poco, hasta que se conforme con lo necesario, con aquello que le hace bien, que lo hace sentirse mejor de verdad. Cuando al cuerpo le damos solo lo necesario deja de ser un velo que oculta la presencia de Dios. Pero hay que ser pacientes y humildes. Puede llevar años dependiendo de cuan oprimidos estemos bajo su yugo. De todos modos, cualquier esclavitud por pequeña que sea de la que te libres es un buen alimento que hace crecer al espíritu.

¿Qué es lo que más daña al cuerpo?

La inmoderación, en cualquier aspecto y la preocupación mental; que se manifiesta como múltiples tensiones contractivas que impiden el buen funcionamiento orgánico. Has de apreciarlo correctamente. Si odias tu cuerpo por la razón que sea, termina sintiéndose mal como una mascota a la que no damos cariño. El cuerpo está a tu servicio y no a la inversa. Cuando lo acostumbras a esto se siente bien porque así fue creado, como instrumento al servicio del espíritu que es tu verdadera esencia, el hijo de Dios inmaterial que vive en ti.

En síntesis, no le pidas al cuerpo que cumpla el papel de Dios. No podrá darte la plenitud que buscas y que solo la presencia divina puede dar. Utiliza una ascética inteligente y humilde sumada a una oración fervorosa en la forma que tu prefieras y verás que empieza a hacerse dócil y a servirte…

elsantonombre.org

Clase 52° de Filocalía – “El velo de las pasiones”

Filocalía de Editorial Lumen

El arte de la oración

INFINITAS VECES LA MISMA INVOCACIÓN

“El Santo Padre también señaló que, la primera oración humana es siempre una recitación vocal. En primer lugar, se mueven siempre los labios. Aunque como todos sabemos rezar no significa repetir palabras, sin embargo, la oración vocal es la más segura y siempre es posible ejercerla. Los sentimientos, sin embargo, aunque sean nobles, son siempre inciertos: van y vienen, nos abandonan y regresan. No solo eso, también las gracias de la oración son imprevisibles: en algún momento las consolaciones abundan, pero en los días más oscuros parecen evaporarse del todo. La oración del corazón es misteriosa y en ciertos momentos se ausenta. La oración de los labios, la que se susurra o se recita en coro, sin embargo, está siempre disponible, y es necesaria como el trabajo manual…

En este sentido, el Santo Padre afirmó que todos tenemos que aprender de la constancia de ese peregrino ruso, del que habla una célebre obra de espiritualidad, el cual aprendió el arte de la oración repitiendo infinitas veces la misma invocación: “¡Jesús, Cristo, Hijo de Dios, Señor, ten piedad de nosotros, pecadores!”. Si llegarán gracias en su vida, si la oración se hace un día suficientemente caliente como para percibir la presencia del Reino aquí en medio de nosotros, si su mirada se transforma hasta a ser como la de un niño, es porque ha insistido en la recitación de una sencilla jaculatoria cristiana. Al final, esta se convierte en parte de su respiración.

Por tanto, no debemos despreciar la oración vocal, concluyó el Papa Francisco, no es una cosa de niños o para la gente ignorante, no debemos caer en la soberbia de despreciar la oración vocal, ya que es una oración sencilla, nos la ha enseñado Jesús. Y sobre todo son las únicas, de forma segura, que dirigen a Dios las preguntas que Él quiere escuchar. Jesús no nos ha dejado en la niebla. Nos ha dicho: “¡Ustedes, cuando recen, digan así!”. Y ha enseñado la oración del Padre Nuestro…”

Extraído de Vatican News

Aquí el vídeo donde el Papa Francisco recomienda el Peregrino Ruso y la oración de Jesús

Los Salmos de hoy:

EL MURMULLO FILOCÁLICO

“Un murmullo, un impulso atraviesa esos mil años de oración, esos mil años de búsqueda: el deseo de contemplar la belleza de Dios oculta en la Creación y el deseo de contemplar esa Belleza que está por encima de toda creación. Una sed incontenible, una sed insaciable. Pero, al mismo tiempo, una sed serena, apacible, una sed humilde, que aprende a esperar, a alcanzar su meta sin violentar nada ni a nadie. Sed de ver a Dios…

Hablamos de «visión» para referirnos al conocimiento perfecto, al conocimiento que ha alcanzado su plenitud. Un conocimiento que es amor al mismo tiempo, porque conocer a Dios es conocer el amor, ya que Dios es amor (1 Jn 4,8). Y conocer ese Amor supone ir transformándose en él y dejarse transformar por él. Así se van los tres dilatando (el conocimiento, la visión y el amor), a medida que crece la humildad, esa disposición del corazón que permite ir acogiendo más y más a Dios. Disposición interior que no es otra cosa que la limpieza, la pureza de corazón.

«Los Padres vigilantes»

El término griego para hablar de la vigilancia es nepsis, una virtud que es condición fundamental para comenzar, mantenerse y progresar en la vida espiritual: «La continuidad engendra la costumbre, y ésta otorga a la vigilancia una cierta densidad natural», escribía Hesiquio de Batos. Esta atención continua es la que hizo prudentes y sabias a las vírgenes del Evangelio (Mt 25, 1-13). En la doctrina filocálica, la vigilancia presenta una progresión: para los que comienzan, está vinculada al miedo a la muerte y al Juicio Final: «Velad, porque no sabéis cuándo será el día ni la hora» (Mt 25,13). Después, la vigilancia se convierte en un austero ejercicio de atención frente a todos los pensamientos que asaltan a la mente, para suprimirlos de raíz.

Gracias a esta rigurosa vigilancia, el espíritu alcanza una claridad interior muy equilibrada y penetrante, que lo defiende de toda turbación. De este modo, la vigilancia introduce en la plena hesiquía, palabra griega de difícil traducción que significa, a la vez, una paz, una calma, una ternura y dulzura inefables y permanentes en el corazón, gracias a la cual todo pensamiento se apacigua, y el monje puede entregarse a la contemplación pura, sin ser distraído por ningún movimiento interior ni exterior. Con palabras de Hesiquio de Batos:

«La vigilancia es un método espiritual que, mantenido con perseverancia y ardor con la ayuda de Dios, libera totalmente al hombre tanto de sus pensamientos y palabras llenos de pasión como de sus acciones perniciosas. La vigilancia proporciona también un conocimiento certero del Dios incomprensible y abre a los misterios divinos y escondidos. La vigilancia hace observar todos los mandamientos de Dios, tanto los del Antiguo como los del Nuevo Testamento, y concede todos los bienes de la vida futura. La vigilancia es propiamente la limpieza de corazón… una pureza que raramente se encuentra hoy en día, por culpa de nuestra negligencia. Ésta es la vigilancia que Cristo exaltó cuando dijo: `Felices los limpios de corazón, porque verán a Dios’»…

Extraído del libro “Conocimiento espiritual en Filocalía” de Javier Melloni.

Haz click aquí para el audio del primer capítulo

Vídeo anexo de Filocalía – Fin del primer módulo

Dos enlaces:

Caprichos celestiales

Monasterio de Armenteira

El vigor de tu empeño

“Cuando la oración salmódica es guiada por la constancia y la atención, la cantidad es una cosa muy buena; pero es la calidad lo que le da vida al alma y también da fruto. La calidad de la salmodia y de la oración es el orar con el espíritu y con el intelecto…

… Cuando te suceda algo parecido(1) mientras salmodias con destreza, no te dejes sorprender por la acedia a causa del desánimo ni tengas más en cuenta el descanso del cuerpo que la utilidad de la oración en virtud de la lentitud del paso del tiempo; pero, donde tu intelecto sea tomado prisionero, allí detente. Si ello ocurre cuando finalizas el salmo, recomienza con buena predisposición y, cuando hayas encontrado el principio, continúa nuevamente con el curso del salmo, aun cuando tu intelecto permanezca prisionero más de una vez en una hora. Si procedes de esta manera, los demonios(2), al no soportar la paciencia de tu constancia y el vigor de tu empeño, se alejarán de ti llenos de vergüenza.

Debes saber con certeza que la oración continua es aquella que no concluye en el alma ni de día ni de noche; la que no es percibida por quién mira, ni en la rigidez de las manos, ni en la firmeza del cuerpo o el sonido de la lengua; pero es comprendida por quién sabe comprender, en la meditación espiritual del intelecto activo y del recuerdo de Dios, mediante una perseverante compunción…

Caps. 70, 73 y 74 en la Segunda Centuria (Capítulos naturales) de Nicetas Sthetatos en Filocalía – Vol. III de Ed. Lumen, pág. 440/1.

Notas: 1) Se refiere a lo dicho en el cap. 72 respecto del olvido respecto de lo que se está leyendo y a la sensación de que el tiempo pesa en cuanto a que transcurre con lentitud. 2) En Filocalía los demonios eran entendidos a veces como entidades angélicas caídas que asediaban al asceta; otras como medios de ayuda divina para percibir la debilidad del orante y quitarle su soberbia, o como los “logismoi“, es decir pensamientos erráticos y vagabundos. En ocasiones los monjes se referían a las propias tendencias encadenantes del alma del practicante tales como el apego a determinadas pasiones. (Comentario propio del blog)

Enlaces de hoy:

La consagración

Iniciación a la lectura de los padres

Acción y gozo

Prestancia del hombre interior: su vivir en conciencia

“… Volvamos a nuestro propósito. Decimos: El hombre es semejante a Dios cuando puede unir al mismo tiempo acción y gozo.  Pero ¿Cuándo se alcanza esto? Esto tiene lugar cuando el hombre interior se une íntimamente a Dios, de manera inseparable, por su pureza e intención profunda.

Mas este deseo habitual de Dios no es lo que comúnmente se entiende por ello; difiere de ello como el correr del estar sentado. Ese deseo es un tomar conciencia de Dios presente en el fondo del alma y desearle vivamente. Es conciencia interior que causa gozo al hombre, y, si bajo el impulso de la buena voluntad se aplica a las obras exteriores, según sea necesario,  no sale de la conciencia interior más que para volver a ella.

Es así como el hombre interior guía por la mano, muy sujeto, al hombre exterior. Algo así como el maestro cantero que tiene a sus órdenes a muchos aprendices y operarios; él no trabaja directamente, aparece rara vez por el taller, rápidamente pergeña el plan y la disposición de la obra, que cada cual luego ha de ejecutar. Esta dirección y maestría bastan para considerarle como el autor de todo… La obra se le atribuye por razón de sus órdenes e indicaciones y le es más personal que a cualquiera de los obreros que la han ejecutado.

Eso es exactamente lo que hace el hombre interior y transfigurado. Interiormente está en su gozo y, gracias a la luz de su prudencia, con un golpe de vista supervisa las facultades exteriores y asigna a cada una su tarea, de suerte que no quede ni un punto, por pequeño que fuere, sin concurrir al mismo fin… Así las obras más diversas convergen en la unidad…”

Extraído de “Sermón 13” de Juan Taulero

Enlaces de hoy:

La humillación

La vía del Desierto

Amigos de la Hesiquía

“La hesychía es una realidad algo compleja. Los latinos solían traducir este vocablo por quies, pax, tranquillitas, silentium… El término griego significa en los textos monásticos de la época que nos ocupa y en otros posteriores: a) «tranquilidad, quietud, como estado de alma necesario para la contemplación»; b) «tranquilidad, como estado de separación del mundo», y equivale a «soledad». En esta última acepción implica una doble connotación de silencio y soledad, y a veces va unida a anachóresis; como término técnico designa la «vida solitaria del hesicasta, concedida a monjes que la desean, sea temporal, sea permanentemente».

«El amor del silencio y de la soledad—ha escrito Hausherr—es la dialéctica de la oración». La hesychía, en fin de cuentas, es el amor, efectivo y convertido en género de vida, del silencio y la soledad en orden a alcanzar la verdadera oración y la auténtica contemplación. Es llevar la lucha por la oración hasta el último extremo. «Cuando yo vivía en el estado monástico—escribe el obispo Teodoreto de Ciro—, a todos los bienes de la tierra prefería la hesychía». «Ante todo, sed amigos de la hesychía», leemos en una carta del gran hesicasta que fue San Arsenio. Las recomendaciones, los elogios de la hesychía, son frecuentes y entusiastas en nuestros autores. Hesychía, en los textos monásticos, suele tener dos sentidos principales, como hemos visto. A veces designa un estado de vida; otras, un estado del alma. Hay, por tanto, dos clases de hesychía: una física y otra espiritual.

Extraído de “Historia del monacato primitivo” de García Colombás, (BAC) pág. 692 – “Oración y contemplación”

Homilía del Padre José Antonio

Mística de la tiniebla

Gregorio de Nisa elabora su teoría—llamada «mística de la tiniebla»—dentro del marco de las visiones de Moisés. Según la Biblia, Dios se manifestó a Moisés primero a la luz del día, luego en la nube y, finalmente, en la tiniebla. He aquí la imagen del progreso en la verdadera gnosis. La teofanía luminosa simboliza la remoción de toda idea falsa sobre Dios; la manifestación en la nube, la remoción de lo sensible para contemplar las realidades escondidas; en fin, la manifestación en la tiniebla, el ingreso del alma, despojada de toda ayuda humana, en el santuario del conocimiento de Dios.

Esta última es la gnosis verdadera y plena. «Dios permanece siempre infinitamente misterioso; la verdadera visión consiste en no ver; y, en este remontarse más allá de todo conocimiento, el alma experimenta el ‘sentimiento de la presencia’ divina en la noche. Presencia de Dios en el alma, y del alma en Dios. ‘Compenetración mutua: Dios viene al alma, y el alma, a su vez, se transporta en Dios’: la misma gnosis es dejada atrás» He aquí el texto tal vez más significativo:

«La gnosis religiosa es, en primer lugar, luz cuando empieza a aparecer… Pero cuanto más llega a comprender el espíritu, en su caminar hacia adelante, qué cosa sea el conocimiento de las realidades y se acerca más a la contemplación, tanto más comprende que la naturaleza divina es invisible. Habiendo dejado todas las apariencias, no sólo lo que perciben los sentidos, sino lo que la inteligencia cree ver, se dirige cada vez más hacia el interior, hasta que penetra por el esfuerzo del espíritu, hasta el Invisible y el Incognoscible, y allí ve a Dios. En efecto, el verdadero conocimiento de aquel a quien está buscando y su verdadera visión consiste en no ver, porque aquel a quien busca excede todo conocimiento, rodeado por todas partes por su incomprensibilidad como por una tiniebla»

De “El paraíso recobrado” en “Historia del Monacato primitivo” de García Colombás; pag. 659 (BAC)
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Estimadas hermanas y hermanos en Cristo Jesús: Mañana viernes 16 de abril, estaremos disponibles a las 19 hs. de Argentina y horarios equivalentes, por si alguien quiere conversar sobre las temáticas que tratamos en el blog. Será en la aplicación Meet en este enlace:

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El recuerdo de sí

Serie sobre la oración II

Hermano… ¿Cómo hacer para recordarnos a nosotros mismos durante la jornada y no caer en las divagaciones? Sobre todo al principio le pregunto, porque ya me dijo usted que una vez que se agarra la costumbre esto se hace más fácil, como cuando uno echa a andar una rueda por una pendiente. ¿Pero en los comienzos, cuando uno anhela la oración incesante y apenas si se acuerda del propósito durante el día?

Uno debe apelar a cualquier medio a la mano. A mi me ha servido mucho usar elementos que me llamaran la atención. Durante años he llevado una cruz pequeña de madera, lisa y simple nomás, entre los dedos de una mano. Durante todo el día en cualquier actividad, sostener esta pequeña cruz en una de las manos. ¿Qué sucedía? Que a cada rato se me extraviaba la cruz y por lo tanto caía en la cuenta que había perdido la división atencional. Me había ido tras los pensamientos interminables. Así es que me ponía a buscarla por todas partes. Y cuando la encontraba solía darme cuenta sin esfuerzo de como es que se había perdido el recuerdo de mí mismo y por lo tanto el recuerdo de la oración y el recuerdo de la presencia de Dios.

¿Qué entiende usted por recuerdo de sí mismo? Observar todo siendo consciente de que lo estás observando. Es como si te situaras como un sujeto que observa objetos. “Aquí estoy yo que miro las nubes o la flor o el perro… y allá está el objeto”. Esto es una fase inicial tan solo, te hace consciente del espacio entre las cosas y ya te lleva sin que te des mucha cuenta hacia una consciencia más global y amplia que es propiamente el ámbito de la oración. La oración que se da en ese espacio encarna en ti con mayor facilidad.

Antes de cocinar las verduras las debes lavar, pelar, poner la olla al fuego y demás. Del mismo modo, antes de la oración incesante debes preparar el ámbito en ti. Esto implica ser consciente de tu propia presencia durante la jornada. Te haces consciente de ser y estar y dejas de vivir en el piloto automático, en esa duerme-vela distraída donde la vida no se vive sino que pasa muy levemente como algo casi onírico. Antes de percibir la presencia de Dios hay que percibir la propia presencia que es consciencia. Luego cuando esto es fuerte e intenso llega el momento de vaciarse de sí mismo para ser consciente solo del Ser de Dios.

Utiliza un recordatorio como el de la cruz en la mano o poner carteles pequeños en diversos lugares de la casa o lo que a ti te sirva para recordarte, ponerte consciente y atento y volver a la oración. Por cierto esto no se puede hacer si vives muy de prisa. Introduce la calma en tus acciones, en la medida que puedas. Para percibir el espacio entre las cosas y eso que hay entre cada sonido o pensamiento hay que estar muy presente y vivo. Eso requiere atención decidida pero amable, sin forzamientos. Primero eres un sujeto que observa objetos mientras repites la oración. Luego eres como un testigo del sujeto y el objeto mientras la oración se hace casi por si sola. Mas tarde, por decirlo de algún modo, descubres que la oración o esa búsqueda de Dios es lo que realmente eres. Un acto en pos de lo divino, solo eso…

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Enlaces de hoy:

Homilía sobre San Vicente Ferrer en la catedral de Valencia del Padre José Antonio y Texto de la homilía en español

Respirar el Nombre

Meditación y respiración acompasada en el Hesicasmo


Dentro de la tradición cristiana, el «hesicasmo», expresión que deriva de hesiquía (quietud, paz), es la vía contemplativa que más ha desarrollado las técnicas psicofísicas de meditación. En cuanto que el objetivo inmediato de este método es el silencio de la mente, se puede hablar de “mística” hesicasta. Uno de los grandes místicos hesicastas, Gregorio Palamás († 1357), invocaba la autoridad de Moisés para legitimar tal práctica: “Estáte atento a ti mismo», dice Moisés (Dt 15, 9), ¿Con qué? Con la mente, bajo toda mirada.

Con nada más es posible estar atento a sí mismo de modo completo. Tal método se basa en fijar la atención de una manera especial: “Hay un arte espiritual, es decir un método, que conduce rápidamente a quien lo adopta a la impasibilidad y a la visión de Dios, es la atención (prosoché). Algunos santos han llamado a la atención custodia de la mente, otros custodia del corazón, otros sobriedad (nepsis), otros hesiquía mental” (Filocalia, vol. I, Simeón el nuevo teólogo). Como en otras tradiciones contemplativas, el método hesicasta propone reconducir la mente hacia el corazón mediante la quietud de los pensamientos, pero con la novedosa incorporación de la atención simultánea a la propia respiración como medio de sustraerse al flujo de los pensamientos mientras se mantiene ocupada la mente con la recitación de una oración: Si quieres “vivir en recogimiento espiritual, y tener un corazón sobrio con facilidad, que la oración a Jesús se una a tu respiración, y en pocos días verás cómo esto se verifica” (Filocalia, vol. I, Hesiquio, Discurso sobre la sobriedad). «Que cada respiración te recuerde a Jesús, y entonces tocarás con la mano las ventajas de la soledad» (San Juan Clímaco).

Tal práctica se basa en que resulta imposible respirar con un ritmo plácido y estar al mismo tiempo presos de la ira, la envidia, la gula, la lujuria, la soberbia, la avaricia y la deseación en general. Se afirma que la atención sobre la respiración tiene efectos espirituales porque ayuda a domeñar la mente-ego. Ciertamente, se trata de un método de respiración que encuentra antecedentes en otras tradiciones contemplativas como en el taoísmo o el hinduismo y que incluso prendió en órdenes religiosas católicas tan recelosas del recogimiento como la Compañía de Jesús. Así, su fundador, San Ignacio de Loyola, recomendaba como modo de orar “que con cada aliento o respiración se ha de orar mentalmente diciendo una palabra del Pater noster o de otra oración que se rece, de manera que una sola palabra se diga entre un aliento y el otro, y mientras durare el tiempo de un aliento a otro, se mire principalmente en la significación de la tal palabra, o en la persona a quien reza, o en la bajeza de sí mismo, o en la diferencia de tanta alteza a tanta bajeza propia; y por la misma forma y regla procederá en las otras palabras del Pater noster” (San Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales).

de pags. 331 y ss. en “Historia de los métodos de meditación no dual” de Javier Alvarado

La santa escala de Juan Clímaco

Debajo la VIII Clase de Fenomenología 2021

El sitio de la oración

– Pregunta acerca de las imágenes para orar y de cómo organizar el sitio destinado específicamente a la oración.

Estimado Amigo y hermano, te saludo invocando el Santo Nombre. Todo lugar es propicio para orar y nuestra vida misma es oración si nos ubicamos en la actitud correcta de confianza en Dios y de entrega a lo que percibamos como Su voluntad. Pero es cierto también, que mucho necesitamos de momentos especiales de oración y recogimiento, de dedicación exclusiva a la repetición del Nombre de Jesús, momentos en los cuales abrimos particularmente nuestros sentidos espirituales al abrazo de Su presencia.

Estos fragmentos de tiempo que intercalamos a lo largo de nuestra jornada, tienen también una expresión en el espacio. Un lugar consagrado a la oración y al silencio, a la espera de Su palabra. Es muy bueno, necesario y útil, reservar un sitio en nuestra casa solo para la oración. Este pequeño oratorio y sus disposiciones son sin duda muy personales, tanto como nuestros sentimientos al orar. Me pides algún consejo a este respecto; antes que nada ten en cuenta que en esto rige también, aquello que vale para la oración de Jesús y la frase a utilizar.

El modo será el que más nos facilite el contacto con lo sagrado. Personalmente utilizo iconos, de los cuales valoro sobre todo su peculiar morfología, que tiende a destacar las virtudes de aquél que se evoca a través de la imagen. Tienen los rasgos y la disposición de los gestos y la estilizada figura en general algo que nos induce a elevar el espíritu, aunque muchas veces ni nos demos cuenta. Representaciones de iconos antiguos, escritos por manos diestras y orantes, son de mucha ayuda; siempre y cuando su particular estética resuene en vuestro interior. Nuestra biografía nos “educa” un particular gusto y muchas veces lo bello para unos es desagradable para otros. Uno debe sentir afecto hacia la imagen, antes que nada por aquello que evoca, por lo que representa.

No adoramos a las imágenes sino lo que ellas nos traen a la memoria, lo que ellas suscitan en nosotros. Hay gente que prefiere las representaciones escultóricas, otros figuras al óleo, otros recurren a los crucifijos o a diversas estampas. En ocasiones no es la imagen en si lo que ayuda a recordar a Dios sino la persona aquella a la que la tenemos asociada. Organiza y dispone tu sitio de oración con verdadera unción y reverencia, con afecto hacia Quién nos ha dado todo lo que somos y tenemos. Es importante que sientas que se corresponde a tu espacio interior de oración, que en cierto modo, representa a tu corazón. Tal es así que muchas veces el oratorio va cambiando según la etapa espiritual que se atraviese. Los hay cargados y detallados, ornamentados y otros despojados, casi desérticos. Así somos, distintos y es desde nuestra diversidad como llegaremos a la unidad.

Es importante también, en la medida de las posibilidades, que no se utilice para otra cosa o lo menos posible. Es muy común reservar y cuidar mucho el ámbito para recibir a las visitas, ¿no merece otro tanto Nuestro Señor? Es cierto que tendemos al silencio, que queremos ir hacia lo simple, que la oración de Jesús nos va preparando para una concentración en lo único necesario. Pero aceptemos que estamos de camino y que mientras nos dirigimos a eso anhelado, todavía dependemos de algún sentido para orientarnos. Por eso, tanto las imágenes, como los lugares, las luminarias y hasta algún canto pueden servirnos para apoyarnos y desde allí, elevarnos.

Publicado originalmente en 2012 en el Blog Hesiquía

Elsantonombre.org

Enlaces de hoy:

Los dulces de mi convento

Del blog Caminante

Imagen extraída de Domingo Cosenza

El recuerdo de Dios

Óleo sobre tela 50 x 70 cms. con bastidor – bloghesiquia@gmail.com

La práctica del «recuerdo de Dios» ha sido y sigue siendo una de las más útiles para facilitar la rendición y anonadamiento del ego; “Cuando cerramos todas sus salidas con el recuerdo de Dios, el intelecto exige absolutamente de nosotros una obra que satisfaga su necesidad de actividad. Por lo tanto, deberemos darle solamente el Señor Jesús, como íntegra aplicación para su objetivo” (Filocalía, vol. I, Diádoco de Fótice, Definiciones)

La recordación, es decir, el hábito de tener la mente ocupada en pronunciar o invocar los nombres de Dios, debe prolongarse hasta llegar a ser casi incesante; “cuando andas, cuando comes, cuando bebes y cuando no haces nada”. Su fin es recoger los pensamientos dispersos en las preocupaciones terrenas para dirigir hacia Dios el espíritu concentrado y purificado. De esta manera, cuando la mente es privada de su alimento ordinario (los pensamientos erráticos) se vuelve sobre sí misma.

O dicho en otros términos, cuando el ego deja de apropiarse o de alimentarse de deseos y pensamientos, se debilita y acaba por fenecer de inanición; “Cuantas veces suceda que se multipliquen en nosotros los pensamientos, les arrojaremos nuestra invocación a nuestro Señor Jesucristo y los veremos de inmediato disueltos como humo en el aire, tal como la experiencia nos enseña; y entonces habiendo dejado solo al intelecto, empezaremos de nuevo con la atención continua y la invocación.

Y cada vez que pasemos por esta prueba, actuaremos así… manteniendo siempre la hesiquía (quietud) de nuestro intelecto, incluso respecto de los pensamientos que parecen ser buenos; teniendo cuidado de estar vacío de pensamientos, de modo que los ladrones no se escondan allí” (Filocalía, vol. I, Hesiquio, Discurso sobre la sobriedad).”

de pags. 329/330 en “Historia de los métodos de meditación no dual” de Javier Alvarado

Enlaces de hoy:

2° domingo de Pascua

Los salmos

En la noche luce la estrella

Queridas hermanas y hermanos: hoy 10 de abril estaremos disponibles por si alguien quiere conversar un rato sobre las temáticas del blog o cualquier otro tema que les parezca de interés, a las 15 hs. de Argentina, 20 hs. de España y horarios equivalentes. Aquí el enlace a la reunión: meet.google.com/zue-kkja-mrv

Os dejamos también aquí la publicación correspondiente al día de hoy, con un breve extracto de texto y una entrevista al Padre Moratiel, que nos parece muy clara, simple y profunda; la recomendamos mucho. Un abrazo fraterno, para todos invocando a Cristo Jesús.

“Frecuentemente me han preguntado cómo ha aparecido en mi vida el silencio; por qué me he decidido a vivir esta aventura. La respuesta, de repente, es bien sencilla. Por debilidad, por necesidad. Como si fuera mi punto flaco. No hay nada extraordinario ni asombroso en todo esto. Y es como una herida que no tiene cura. Hay edades en que uno vive más bien pasión por la palabra; otras, en cambio, se experimenta pasión por el silencio.

Uno se puede sentir como arrojado al silencio gracias a las insatisfacciones que es innecesario nombrar. Pero no puede por menos que confesar que la insatisfacción que preside las bienaventuranzas de Jesús, las que dice el evangelio y las que sugiere, son provocadoras del silencio. Y es cierto que se desembarca en el silencio al cerrarse todas las puertas y todas las salidas, aunque el verdadero callejón sin salida es el silencio mismo. Pues, ¿Dónde ir si estás en un mar sin costas, sin periferias?; pero esa plenitud es la más inmensa belleza…

… Otro interrogante que me han propuesto es cómo siendo dominico he puesto el acento, de alguna manera, en el silencio. Mi padre santo Domingo es el santo de la Palabra. Pero también, y antes, es el santo del silencio. Y es que la palabra no es nada sin el silencio. Como si la palabra buscara su contrario o su aparente enemigo, en el silencio. Y así el silencio viene a ser como el lecho y el alumbramiento de la Palabra. La misma oración se puede expresar como la alianza, las bodas, del silencio y la Palabra. Palabra y silencio no son rivales. En la oración, uno el hombre pone el silencio y Dios pone la Palabra. Es en la noche donde luce la estrella, y es en el silencio donde es vista la Palabra. La Palabra desprendida del silencio se vuelve plenamente palabra al ser acogida en el silencio que le da sonoridad”.

Extraído de “Conversando desde el silencio”

¡Gracias Andrea por enviarnos la entrevista!

Camino de Contemplación

Hay un silencio el cual es médico y terapeuta.

Hay un silencio ante Dios en el cual el recogimiento es un buscador de perlas, donde se sumerge en las profundidades del ser humano y asciende a la superficie con la herida que no había sanado ni reconocido y que le oprimía. Su descubrimiento duele, pero Dios puede hacerse cargo de la herida y sanarla, pues el recogimiento verdadero es Dios mismo.

Trae a la consciencia las heridas ocultas y desconocidas y puede curarlas por completo. Sólo debes dejar que emerjan a la consciencia y padecerlas ante la mirada amante de Dios. Esta mirada sanadora tiene una delicadeza que más de un terapeuta envidiaría. Trae a la consciencia las heridas en el orden en que se hallan en el interior del ser humano. Nunca expone una llaga más profunda que otras que deben sanar antes.

La persona no tiene que curar sus heridas por si mismas, ni tan siquiera analizarlas. No tiene necesidad de desmenuzarlas. Basta con que las contemple y las padezca en presencia de Dios.

Sólo su mirada…sólo Dios las disolverá.

Frank Jalics

¡Gracias Encarna por el texto!

“Haz la salmodia con la boca, pero con la voz en silencio y la guía del intelecto, no soportando dejar sin consideración nada de lo que dices; pero, si alguna cosa huye de tu intelecto, retoma el verso cada vez que suceda, hasta que tengas el intelecto atento a seguir lo que dices, puesto que el es capaz, mientras salmodias con la boca, de recordar a Dios”. Teolepto de Filadelfia en Filocalía

El detenimiento

Serie sobre la oración I

Una de las prácticas más útiles para la vida de oración que he conocido es la del detenimiento. Como pasa en esas películas que vienen en velocidad normal y de repente cambian la música y se enlentece el fluir de las imágenes. Todo se aprecia mejor. Uno ve la hoja que cae danzando detrás del actor y una paloma que vuela despacito como flotando allá detrás y a lo lejos. Y se observa mejor como se construyen los gestos del personaje mientras camina introspectivo… luego todo se detiene y la cámara mira desde diferentes ángulos.

Bueno eso mismo podemos hacerlo en nuestra vida. Efectuar pequeños altos a lo largo del día. Sencillamente disminuimos nuestro ritmo para quedarnos quietos unos momentos y permanecer presentes a ese instante completamente. Es decir me quedo quieto y atiendo. ¿A qué? A todo. Puedo ir focalizando en distintas partes o atender globalmente. Hay que ver lo que mejor le sienta a cada uno. El punto es parar y si hay verdadera atención en pocos instantes aparece la oración. Veamos con más detalle.

Uno puede detenerse en cualquier momento propicio sin llamar mucho la atención. Durante la caminata en el parque, en algún momento oportuno en la oficina o en casa durante las tareas, en fin, cuando se pueda. Tratamos allí de ser un punto fijo que mira el movimiento alrededor. Sentir el cuerpo ayuda para anclarse o por ejemplo sentir las plantas de los pies contra el suelo, eso nos sitúa. Luego miro el panorama que esta en frente. Lo que sea. Y puede ser mejor si trato de mirar sin fijar nada en particular sino la escena global.

Me hago consciente del cielo encima, con algunas nubes, de los árboles allá que se mecen suave, de un perro que se hace el distraído mientras se acerca, de los sonidos distantes de los coches, de la brisa en la cara, de las asociaciones de pensamientos que desde la memoria “hablan” sobre lo que se ve, etc. Aquí estoy yo, “el sujeto” que mira “objetos” diversos. Respirar, simplemente tratando de estar ahí, viendo, sintiendo, viviendo eso y nada más. Testifico. Cómo si fuera una cámara que registra algo para la posteridad, una milésima del tiempo en el espacio irrepetible.

Esto realizado con frecuencia provoca cambios; es curioso pero nos va transformando el modo de ser y de estar. En ocasiones, estando allí mirando, sintiendo, respirando y existiendo… aparece una especie de presencia envolvente, como si hubiera un espectador que no está a la vista. Que no es el sujeto ni los objetos. Uno se descubre mirado y a la vez amado. No se puede decir mucho porque sino se arruina lo que se quiere decir. En realidad todos sabemos de esto, de esta intuición o presentimiento de lo sagrado. Es como un aire que no es aire pero que está en todos lados.

¿Y la oración donde está en todo esto? La oración empezó en el momento mismo en que tuviste el coraje de detenerte. De salirte brevemente al costado del frenesí. O en el momento en que te diste cuenta que se te estaba llamando a la oración. Empezó como un mínimo acto de conciencia: “Voy a parar un instante”. Y se continuó en todo lo demás. Mirar con atención es orar con la mirada. Y lo mismo al escuchar, al sentir y lo demás. Y suele suceder, puede llevar algún tiempo; que en algún momento de este atender en cierta quietud, uno escucha algo extraño que parece venir del corazón. Como un ritmo o un aliento indefinible y sin saber porque se siente como sagrado.

Se siente sagrado lo visto y uno mismo parece sacralizarse y entonces se comprende mejor a los que dicen que dentro de todos hay un recinto secreto o un templo escondido en el cual se entonan los salmos de alabanza. ¿Y si hago esto pero sin embargo no siento nada de eso que se describe? ¿Si por el contrario me quedo quieto y no sé que hacer o me siento extraño y confundido? Buena pregunta. En ese caso miras la confusión y la extrañeza, las sientes, las vives enteramente y puedes decir:

¡Oh Señor no me doy cuenta de tu presencia… pero como me gustaría percibirte! ¡Cómo me gustaría que dejaras de ser idea o anhelo o creencia y que fueras para mí certeza inamovible… cómo me gustaría! Pues pocas oraciones dan tanto fruto como esa. Es un clamor milenario de la humanidad toda, presente en el propio corazón y que se hace desde el ahora.

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Leer algún salmo con voz audible, en la calma del cuarto, con tranquilidad y saboreándolo con el corazón, es una forma muy útil para acercarse a la profundidad del alma. Incluso, repetir su lectura varias veces, permite que afloren significados nuevos que dan luz a nuestras situaciones. La vida monástica se asienta mucho en la salmodia y los autores de Filocalía la utilizaban mucho también. Si tu practicas con frecuencia la salmodia y quieres contar tu experiencia o tienes alguna duda respecto al tema de la oración, escribe en los comentarios del blog. Un abrazo fraterno en la invocación de Jesús resucitado.

La meditación continua y el recuerdo de DIos

Queridas hermanas y hermanos: Iniciamos estos días de prácticas en torno al tema de la oración en sus diversas formas sugiriendo la lectura del texto que sigue. Nos parece adecuado para iniciar un intercambio sobre los varios temas que están incluidos en estos pocos párrafos. En base ellos basaremos las reflexiones de los primeros días en esta ejercitación. Cualquier comentario es bienvenido. También os dejamos abajo un audio con los cinco primeros salmos leídos con cadencia meditativa. Su lectura o escucha puede predisponer el ánimo a la oración para un posterior aquietamiento. Un saludo fraterno para todos invocando el Santo Nombre de Jesús.

“Si bien se aconseja la práctica de la meditación o de la contemplación durante ciertos momentos del día, el resto del tiempo puede ser empleado en evitar que la mente vague errática presa de sus ensoñaciones. Algunos maestros espirituales recomiendan ocupar la mente en la recitación lo más constante posible de una frase para propiciar el recogimiento continuo. Desde los primeros siglos del cristianismo han existido diversas fórmulas breves de oración para facilitar la recordación continua. Casiano recomendaba: “Oh Dios, ven en mi ayuda, Señor apúrate en socorrerme”.

La más antigua y común es Señor, ten piedad de mí, o también: Oh Dios, ¡ten compasión de mí, que soy pecador!, cuyo origen se hacía retrotraer nada más y nada menos que al propio Adán; “Que se siente vuelto hacia el oriente como antiguamente Adán y que medite así. Adán en su tiempo se sentó y lloró frente a las delicias del Paraíso. Con sus manos se golpeaba el rostro y decía: “Oh Misericordioso, ten piedad de mí que he caído” (Pedro Damasceno, Filocalia, vol. III). Con ello la mente va perdiendo paulatinamente el hábito de apropiarse de los pensamientos.

Así, al alejarse de los pensamientos, también se irá perdiendo progresivamente el interés por los objetos pensados. Ese es el camino del desapego. En suma, debemos “buscar la morada y golpear a la puerta, con perseverancia, mediante la oración [Mt 7, 7]” (Filocalia, vol. I, Marcos el asceta). De esta manera, “en cuanto Dios, está siempre dentro de mí, recógete en Dios, que toda la noche estás en oración o por lo menos se cuenta como si la tuvieras…”. Cualquier momento del día o de la noche es apto para la meditación, incluidos los momentos aparentemente más triviales; “Adonde quieras que te hallares que no tienes qué hacer, recógete con Dios, aun estando haciendo tus necesidades, has de procurar estar recogido”.

La verdadera paz interior consiste en tener el corazón “siempre fijo y firme en el amor de Dios por un continuo y nunca interrumpido deseo, de manera que ninguna otra cosa apetezca”. De esta manera, llegará un momento en que el otrora hábito de “estar en presencia de Dios” se tornará tan natural y espontáneo que acabará dando paso a una forma sutil, constante y superior de existencia en la que el ego es desactivado y transcendido para dar paso a un estado de autoconsciencia lúcida y serena. La oración continua, también llamada recordación de Dios, no es un exceso, sino un mandamiento del Señor: Hay que rezar siempre sin cansarse, rezad incesantemente.”

Pag. 328 en Capítulo XI de “La ciencia y el arte de la meditación en el cristianismo” en el libro “Historia de los métodos de meditación no dual” de Javier Alvarado

En los Salmos, encontramos dos formas principales de la oración: El pedido de ayuda y la alabanza a Dios. Sin embargo, atravesado el significado literal y luego el simbólico, la oración se convierte en silencio donde no hay necesidad de palabras y pensamientos.

Orad sin cesar

Diversas prácticas de oración hasta Pentecostés

Hermanas y hermanos, queridos en Cristo Jesús: en el vídeo les presentamos la intención de estos próximos días de ejercitación, que iniciaremos mañana jueves; en torno a las diversas formas de oración que podemos practicar según la etapa espiritual en la que nos encontremos, según la preferencia personal y/o la circunstancia que atravesamos en nuestra vida. Utilizaremos para ello los salmos, los evangelios, textos de diversos místicos cristianos y haremos también nuestros propios comentarios y reflexiones. Están invitados a comentar, realizar aportes de vuestras propias experiencias de oración o meditación, a efectuar consultas y a participar en las reuniones virtuales que realizaremos. Quizá, ayudados por la gracia siempre presente, podamos profundizar en esta temática, para que nuestra vida misma se convierta en oración incesante del corazón. Un abrazo fraterno para todos, invocando el Santo Nombre de Jesús.

Próximos encuentros virtuales: Sábado 10 de abril a las 20 hs. de España (15 hs. de Argentina) y viernes 16 de abril a las 19 hs. de Argentina (00 hs. de España) y equivalentes. Será por la aplicación Meet a través del enlace que publicaremos esos mismos días, aquí en la portada del blog.

Si quieres mandar textos, audios o vídeos donde aportas sobre estos temas, o difundir un sitio web envíalos a bloghesiquia@gmail.com

Si puedes y quieres haznos llegar alguna aportación económica en esta página: Donaciones

Dios en el corazón

¡Feliz Pascua de Resurrección hermanas y hermanos! Invoquemos al resucitado para que aprendamos a morir a nosotros mismos, y de este modo, resucitar cada día mediante una conversión continua. Un abrazo fraterno para todos, invocando el Santo Nombre de Jesús.

Anoche cuando dormía

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que una fontana fluía
dentro de mi corazón.

Di, ¿por qué acequia escondida,
agua, vienes hasta mí,
manantial de nueva vida
de donde nunca bebí?

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que una colmena tenía
dentro de mi corazón;

y las doradas abejas
iban fabricando en él,
con las amarguras viejas
blanca cera y dulce miel.

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que un ardiente sol lucía
dentro de mi corazón.

Era ardiente porque daba
calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba
y porque hacía llorar.

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que era Dios lo que tenía
dentro de mi corazón.

Antonio Machado

Enlaces de hoy:

Domingo de resurrección

La gran fiesta

La muerte no es lo que parece

Queridas hermanas y hermanos, amigas y amigos, lectores del blog: os dejamos aquí un bello texto que expresa de manera clara lo que alienta en nuestro corazón la resurrección de Jesucristo. Debajo también unos enlaces que pueden servir o gustar a algunos de ustedes. Os agradecemos mucho vuestra compañía, el aliento que nos llega a través de diversos medios y el permitirnos, de algún modo, formar parte de vuestra vida. Que la gracia inunde vuestros corazones y vaya apareciendo la certeza de que, en realidad, la muerte no existe.

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Parábola de los dos gemelos

Dos seres iban –juntos– de camino hacia la vida y sucedió que se pusieron a conversar entre ellos sobre qué era lo que les esperaba cuando llegasen al término del camino… Fueron concebidos los dos gemelos en un seno. Pasaron las semanas y éstos crecieron. A medida que fueron tomando conciencia, su alegría rebosaba:
-Dime: -¿No es increíble que vivamos? ¿No es maravilloso estar aquí?

Los gemelos empezaron a descubrir su mundo. Cuando encontraron el cordón que los unía a su madre y a través del cual les llegaba el alimento, exclamaron llenos de gozo: ¡Tanto nos ama nuestra madre que comparte su vida con nosotros! Pasaron las semanas, luego los meses. De repente se dieron cuenta de cuánto habían cambiado. ¿Qué significará esto? –preguntó uno.
– Esto significa –respondió el otro– que pronto no cabremos aquí dentro.
– No podemos quedarnos aquí: naceremos.
-¡En ningún caso quiero verme fuera de aquí –objetó el primero.
-¡Yo quiero quedarme siempre aquí!
-Reflexiona. No tenemos otra salida –dijo su hermano–.
-Acaso haya otra vida después del nacimiento.
-¿Cómo puede ser esto? –repuso el primero con energía–.
-Sin el cordón de la vida no es posible vivir. Además, otros antes de nosotros han abandonado el seno materno y ninguno de ellos ha vuelto a decirnos que hay una vida tras el nacimiento. -¡No, con el nacimiento se acaba todo! ¡Es el final!

El otro guardó las palabras de su hermano en su corazón y quedó hondamente preocupado. Pensaba:

-Si la concepción acaba con el nacimiento, ¿Qué sentido tiene ésta vida aquí? No tiene ningún sentido. A lo mejor resulta que ni existe una madre como siempre hemos creído.
-Sí que debe existir –protestaba el primero. De lo contrario, ya no nos queda nada.
-¿Has visto alguna vez a nuestra madre? –preguntó el otro–. A lo mejor sólo nos la hemos inventado. Nos la hemos forjado para podernos explicar mejor nuestra vida aquí”.

Así, entre dudas y preguntas, sumidos en profunda angustia, trascurrieron los últimos días de los dos hermanos en el seno materno. Por fin llegó el momento del nacimiento. Cuando los dos gemelos dejaron su mundo, abrieron los ojos y lanzaron un grito. Lo que vieron superó sus más atrevidos sueños.

en el libro: Our Greatest Gift de Henri J.M. Nouwen

Vigilia pascual

Significado de la resurrección de Jesús – Conferencia

Dos audios:

Ninguno más libre

Cuán pocos son los que aman la Cruz de Cristo.

1. Jesucristo tiene ahora muchos amadores de su reino celestial, mas muy pocos que lleven su cruz. Tiene muchos que desean la consolación, y muy pocos que quieran la tribulación. Muchos compañeros halla para la mesa, y pocos para la abstinencia. Todos quieren gozar con Él, mas pocos quieren sufrir algo por Él. Muchos siguen a Jesús hasta el partir del pan, mas pocos hasta beber el cáliz de la pasión. Muchos honran sus milagros, mas pocos siguen el vituperio de la cruz. Muchos aman a Jesús, cuando no hay adversidades. Muchos le alaban y bendicen en el tiempo que reciben de Él algunas consolaciones: mas si Jesús se escondiese y los dejase un poco, luego de quejarían o desesperarían mucho.

2. Mas los que aman a Jesús, por el mismo Jesús, y no por alguna propia consolación suya, bendícenle en toda la tribulación y angustia del corazón, tan bien como en consolación. Y aunque nunca más les quisiese dar consolación, siempre le alabarían, y le querrían dar gracias.

3. ¡Oh! ¡Cuánto puede el amor puro de Jesús sin mezcla del propio provecho o amor! ¿No se pueden llamar propiamente mercenarios los que siempre buscan consolaciones? ¿No se aman a sí mismos más que a Cristo, los que de continuo piensan en sus provechos y ganancias? ¿Dónde se hallará alguno tal, que quiera servir a Dios de balde?

4. Pocas veces se halla ninguno tan espiritual, que esté desnudo de todas las cosas. Pues ¿Quién hallará el verdadero pobre de espíritu y desnudo de toda criatura? Es tesoro inestimable y de lejanas tierras. Si el hombre diere su hacienda toda, aún no es nada. Si hiciere gran penitencia, aún es poco. Aunque tenga toda la ciencia, aún está lejos: y si tuviere gran virtud y muy ferviente devoción, aún le falta mucho; le falta cosa que le es más necesaria. Y esta ¿Cuál es? Que dejadas todas las cosas, deje a sí mismo y salga de sí del todo, y que no le quede nada de amor propio. Y cuando ha hecho todo lo que conociere que debe hacer, aún piense no haber hecho nada.

5. No tenga en mucho que le puedan estimar por grande, mas llámese en la verdad siervo sin provecho, como dice Jesucristo. Cuando hubiereis hecho todo lo que os está mandado, aún decid: Siervos somos sin provecho. Y así podrás ser pobre y desnudo de espíritu, y decir con el profeta: Porque uno solo y pobre soy. Ninguno todavía hay más rico, ninguno más poderoso, ninguno más libre, que aquel que sabe dejarse a sí y a toda cosa, y ponerse en el más bajo lugar.

Extraído del Libro Segundo, Capítulo XI, de “La Imitación de Cristo” de Tomás de Kempis

Imagen extraída de: Misioneros y peregrinos

Enlaces:

La pasión de Cristo (film)

Viernes Santo

En Getsemaní

Conciencia de Cristo

Unitas mentis

Conciencia amorosa del cristiano “monje”

“El amor progresa hasta alcanzar una cierta semejanza con aquel amor que hizo a Dios semejante al hombre por la humillación de la condición humana, para hacer al hombre semejante a Dios por la glorificación de la participación en la divinidad. Entonces se hace dulce al hombre con-humillarse con la majestad suprema, con-empobrecerse con el Hijo de Dios; conformarse a la sabiduría divina, teniendo en sí los mismos sentimientos de Cristo Jesús, nuestro Señor.

El corazón piadoso tiende con tal ardor hacia este Bien, por amor del Bien en sí mismo, que no puede apartarse de él hasta que no se haya hecho una sola cosa o un solo espíritu con él… por la fe y la esperanza ya goza en su conciencia de aquel a quién ama… y el que hasta ahora había sido solitario, o solo, deviene uno; la soledad de su cuerpo se transforma para él en unidad de mente. «in unitatem mentis»

Esta unidad del hombre con Dios «unitas hominis cum Deo» o semejanza divina, en la medida que se aproxima a Dios, hace que la parte más elevada del hombre conforme a sí misma a lo que está debajo y ésta, a su vez, a la más inferior, de modo que el espíritu, el alma y el cuerpo ordenados a su fin… hagan que el hombre comience a conocerse perfectamente a sí mismo, y por ese conocimiento de sí, se eleve hacia el conocimiento de Dios”.

Extraído del anexo a “Carta de oro” de Guillermo de Saint Thierry: “El crecimiento dinámico de la vida espiritual” del padre Juan Carlos Leardi, o.c.s.o – Monasterio Trapense Nuestra Señora de los Ángeles, Azul, Argentina, 2003

Imagen: “LA MÍSTICA CENA DEL SEÑOR”, icono ruso, s. XV.

Aquí la homilía del Padre José Antonio op

Sacred Print

Domingo de Ramos

Queridas hermanas y hermanos, en este domingo de Ramos os dejamos la homilía del Padre José Antonio, extraída de su blog Contemplar y Proclamar; una lista de reproducción que hemos encontrado, con el audio-libro del Peregrino Ruso, muy bien leído que es de mucha utilidad para escuchar caminando o en medio de actividades muy rutinarias. Llevando la atención al audio se van desplazando los pensamientos y favorece luego la continuidad de la oración interior. Debajo también os dejamos el muy buen texto “Jesús el Paradigma”. Finalmente una invitación a un encuentro virtual para participantes de los cursos del blog y lectores en general. Un abrazo fraterno para todos haciendo votos para que en esta Semana Santa Jesucristo resucite en nuestros corazones.

Jesús, el paradigma

Invitación:

El próximo miércoles 31 de Marzo a las 20 hora española, 15 horas de Argentina; puedes participar de un encuentro virtual a través de la aplicación “Meet”, para intercambiar sobre aspectos de Filocalía, Fenomenología o temas generales referidos a la temática del blog. Si quieres participar avisa a bloghesiquia@gmail.com

Formas y fondo

¿Qué es el dolor?

Pues depende. Es bueno distinguir antes entre dolor y sufrimiento. El dolor es más bien físico y el sufrimiento es más que nada mental. Hay gente que padece dolores corporales y sin embargo no sufren. Les duele la pierna pero no la mente. Desde un punto de vista, el dolor implica un aviso, una alarma que te alerta de un posible daño en una parte del cuerpo. Por ejemplo, como si dijéramos: “Oye, deja de hacer fuerza con ese brazo, la bolsa que llevas es demasiado pesada… te puedes dañar.” Esa es la principal función del dolor y salta a la vista. Indica con cierta premura imperativa la necesidad de cambiar alguna conducta, postura, situación, ingesta etc. que no está beneficiando al cuerpo.

El sufrimiento es igual pero a nivel de la mente. Implica colisión, conflicto de fuerzas internas. Ese choque es dañino y entonces aparece el sufrimiento como indicación de la necesidad de reorientar las fuerzas interiores. Por ejemplo, si deseo dos cosas incompatibles entre sí, que no podrán sostenerse juntas con coherencia en mi vida, eso activa una alarma a la que llamamos sufrimiento o dolor mental. Usando un ejemplo muy burdo, pero para que sea claro: Si quiero tener un cuerpo delgado y a la vez pretendo comer seis tortas azucaradas por día, se produce un conflicto. Por lo tanto sufro. En este sentido, el sufrimiento muestra deseos contradictorios y es una bendición de la gracia; y mientras más sufrimiento más fuerte está sonando la alarma que indica… y atención con esto: Necesidad de recomponer la dirección de las fuerzas que se oponen.

El dolor es siempre en el presente; el sufrimiento deriva muchas veces de la memoria o la imaginación. Recuerdo algo doloroso o imagino alguna tragedia en el futuro. Por esto hay que prestar atención con más detalle a este tema. Quiero decir; a veces el sufrimiento es espectral, es simplemente mal funcionamiento de la herramienta. Imaginar que algo va a salir mal podría tener sentido como una de las alternativas que se barajan al inicio de una planificación, podría ser necesario. Inauguramos un empresa y manejamos distintos escenarios posibles: que dé tal ganancia, que no, que haya una pérdida y haya que pagar a los empleados de nuestros ahorros. Está bien, puede ser una función necesaria a considerar para tener cierto capital de respaldo.

Pero vivir con temor o con aquella sensación de que todo va a salir mal de un momento a otro, o andar recordando aquella situación de desamor o aquél día en que envejecidos tal vez estemos enfermos y doloridos, es una mala función de la herramienta mental. Es como una cierta perversión de una buena función original. Ahora, es necesario aclarar esto: aunque el sufrimiento surge desde la mente se registra en el cuerpo como dolor. Ya sea como tensión, crispación, anestesia en ciertas partes… lo que llamamos angustia, ansiedad, depresión y fobias diversas; el cuerpo y la mente son una unidad completa, absoluta. No olvides que separar cuerpo de mente es un artificio de comprensión. En realidad no hay división.

Puede sonar muy molesto, pero el dolor y el sufrimiento nos recuerdan todo el tiempo la existencia de la provisoriedad, de la finitud de la vida; de nuestra falta de autonomía. Por más que deseamos ilusionarnos con nuestra pretendida libertad, esta resulta muy acotada. No nos hicimos a nosotros mismos, no sostenemos nuestra vida, no manejamos nuestro destino… la vida a veces nos parece hermosa, otras desastrosa. Si nos aferramos al cuerpo y nos identificamos con él, nos resultará difícil hallar cierto bienestar perdurable. El cuerpo pasa, igual que todo lo material. Entonces nos volcamos a la búsqueda del inmaterial en nosotros, del espíritu esencial que somos… ¿Lo encontramos? Pues si eso se encuentra y nos da registro cierto, todo cambia.

En un enorme y vasto campo de silencio, que no es vacío sino pleno… en ese fondo de consciencia previo, suena una hermosa melodía. De pronto irrumpe un ruido al cual llamamos dolor o sufrimiento. Es decir aparecen formas en un fondo. Sin embargo, hay alguien que percibe estas formas que aparecen y también el fondo en que se dan dichos cambios. ¿No es curioso? En el fondo de la vida edénica surgió el pecado; en ese fondo de pecado se presentó la redención. Y al que mira benevolente todos estos aconteceres, a ese amor incondicional, le llamamos El Cristo en el corazón…

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Hermanas y hermanos, recomendamos mucho el cuento de León Tolstoi que enlazamos debajo. Un abrazo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesús.

La muerte de Iván Ilich

Aquí la transcripción de la clase 43° de Filocalía, 2° sobre Simeón, el nuevo teólogo

Tu vida es oración

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Mi padre espiritual solía decirme: Tu vida es oración y el modo en que la vivas tu método particular. En ese sentido, puede estar muy bien tener “momentos fuertes” de oración como suele decirse, pero atentos a que luego no caigamos en el olvido.

Él siempre insistía con que la vida debía ser liturgia o ceremonia de alabanza. Que si de algún modo, separábamos lo que era oración o meditación del resto de nuestras acciones, podía producirse un paulatino desliz hacia la desacralización de ciertas actividades o momentos. Admitía sin dificultad que todos tenemos etapas y diferentes momentos en el camino espiritual; reconocía que entonces no acostumbraba ya a pedir y ni siquiera a agradecer especialmente, sino más bien a un “dejarse llevar”. Que ese dejarse guiar tenía indicadores claros y el principal de ellos era la percepción de la Presencia.

Yo le preguntaba mucho sobre este tema, acerca de como era posible que Dios pudiera percibirse. Y él me respondía que esa percepción era la oración continua a la que se refería. Que podía asumir muchas formas, como la oración de Jesús, el vivir en el “canto” del Nombre; que podían usarse otras muchas devociones varias o que incluso hubo quienes habían reemplazado los pensamientos por la repetición de los salmos o pasajes de la sagrada escritura. Pero que la principal pista que podía darme y a la vez la más simple era: Si estás en los pensamientos no Lo percibes. En el momento en que los desatiendes te acercas y que cuando hay silencio Él llega.

Esto me apasionaba como posibilidad y a la vez me sublevaba. ¿Cómo podía ser que el silencio fuera todo lo que se precisara? ¿Qué es hacer silencio le preguntaba? Al principio es detener la marcha, enlentecer todo y paradójicamente, escuchar los sonidos. Cuando te detienes se nota el movimiento del mundo, te transformas en punto fijo. Mientras más quieto más se mueve todo.

Al principio aquietas el cuerpo, luego disminuyes la respiración, después escuchas los sonidos cercanos y al ratito atiendes a los de lejos, bien lejanos. Y allí ya notas un cambio importante en el fluir de las cosas, que no es más que el río de tus pensamientos. No luches con los pensamientos, déjalos pasar sin darles importancia. Este era un modo que le servía en medio del bullicio. Salirse del ritmo general y atender. ¿Atender a qué? Al silencio que estaba al fondo de todos los ruidos, a la quietud que abraza todos los movimientos.

No se refería a una meditación en particular, sino a un modo de “ponerse” en plena ciudad o en medio de las tareas. Pero decía que todos tenemos nuestra impronta singular o el modo mediante el cual Dios se nos hace notar. Hay a quienes los conecta la observación de la belleza, esa especial armonía que produce la combinación de las cosas en un momento dado. A otros les era útil la entrega absoluta a la actividad del momento. Unos pocos se habían enamorado del Santo Nombre y no podían ya dejar de escucharlo en el corazón o en una cierta forma de “eco” interior.

Solía decirme que el único propósito de la vida humana era “dejarse tomar” por Dios. Que venimos para ser encendidos por su Espíritu y que en esa unión fogosa estaban todas las respuestas a todas las preguntas y que era vano antes tratar de comprender. Querer comprender a Dios y el sagrado designio con nuestro entendimiento es como pretender navegar en un barco de piedra. Los dientes están para masticar, los pulmones para respirar, la mente para implementar cuestiones bien funcionales. No es el órgano para unirse a Él.

Sin embargo dejaba claro que la razón no debía oponerse a la fe, porque sino en los momentos difíciles la fe perdía sustancia y era vencida por las contradicciones de la razón. También insistía en que la fe no es lo que comúnmente entendemos por ella. Que la fe en realidad no es creer sino ya, de algún modo, saber y saber con certeza. Pese a recibir toda esta enseñanza, Dios me parecía esquivo, ausente por completo y la belleza que veía en todo estaba envuelta en la nostalgia de la finitud.

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Los enlaces de hoy:

¿Es este escrito el final de la duda?

Invitación a retiro de Hermana Hodet de Ecuador:

Que el Señor los colme de bien a cada uno y sus seres queridos. Con profunda alegría invito el retiro Virtual *”Un Camino de Amor y Dolor”, el mismo que iniciaremos el lunes 22 y culminaremos el jueves 25 de marzo. Pueden hacer extensiva la invitación a sus familiares, amigos, conocidos y vecinos. Saludos cariñosos. Shalom. Abre este enlace para unirte a mi grupo de WhatsApp: https://chat.whatsapp.com/I39YwJAWVmEJCENY9nXfGh

Memorias del desierto

El sol fatiga, de tanto brillo lastima. Nuestros pasos se suceden lentos y cadenciosos. A la prisa por la meta le oponemos la reclusión de la mente en el momento. El fulgor de las dunas nubla el horizonte y rara vez percibimos alguna forma que a manera de sombra desprenden las ruinas.

La oración fluye, viene y se va, se concentra o se diluye según vive en la intención. El Santo Nombre surge a veces del ritmo de la marcha y deslizándose en la respiración termina goteando en la arena junto a las gotas de sudor. Al abrigo de un pequeño promontorio tomamos agua y oramos las vísperas, salmodiar es un oasis para el corazón. La oscuridad se anuncia con pequeños remolinos repartiendo polvo como llovizna fina.

Aquí se teme la noche tanto como se la desea. Nos acobarda el frío y nos extasían las estrellas. Nos vamos durmiendo arrebujados, mirando joya tras joya del mapa estelar, con ojos fijos en los incontables rostros de Dios. En algún giro del cuerpo se vuelve a la conciencia en plena madrugada y se observa que no hay brisa, ni sonido, ni tiempo alguno que se mueva. El firmamento anonada, muestra al planeta extraño y parece desconocido.

Carlo reza “Jesucristo, Jesucristo…” pero está dormido, plácido. Amanece cuando entonamos laudes de cara al sol que todavía no se muestra. No nos falta el vigor y tampoco la pena por la muerte de aquél que nos hizo hermanos. Al rato, divisamos claramente el macizo y las salientes y las varias cuevas bajas junto al espacio de verdor. Varias horas después llegamos. Nos esperaban animosos. Nos abrazamos en silencio, conmovidos por todo.

Apenas refrescados nos llevan junto al cuerpo, ya preparado, en la pequeña ermita. A cada uno dejó un presente. Para nosotros son reliquias. Un rosario, algunas cruces, tres iconos, dos libros, unas mantas, algunos cuadernos. Con sorpresa encontramos dos fotos viejas detrás de la Virgen. Es él, de niño, junto a sus padres. La otra lo muestra sonriendo al  lado de un triciclo con gorrita de verano. Todos nos emocionamos mucho y no puede evitarse algún sollozo. Es que nos ha parecido conocerlo ahora por completo.

La misa fue muy sentida y en lugar de homilía se leyó una carta suya, escrita unos meses antes, previendo su final cercano. Ha dicho algo para cada quién haciéndonos sonreír por esa capacidad suya de ir a la médula de nuestros rasgos. También resumió su experiencia de vida en palabras simples que nunca olvidaremos. Luego, junto al fuego, con los testimonios y las anécdotas logramos situarnos en la alegría. ¡Es que la bondad de Dios se muestra de tantas formas!

Al día siguiente volvemos por donde vinimos. Nunca tan extranjeros y peregrinos.

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Hermanas y hermanos, la imagen de hoy es un óleo sobre tela de 50 x 60 cms. autoría del blog y lo ofrecemos a la venta para el sostenimiento del mismo. Si os interesa u otros similares escribid a nuestro correo: bloghesiquia@gmail.com

Enlace de hoy:

Cursos de Liderazgo cristiano

La irrupción de lo sagrado

Serie sobre la conversión III

A veces, en la historia humana, lo sagrado irrumpe de manera manifiesta transfigurando el mundo. Esos momentos especiales donde la gracia se muestra de modo más evidente para muchos implican una experiencia. Episodios como los de Moisés o Elías son una muestra de aquello a lo que nos referimos y por supuesto la vida de Jesucristo y todo lo implicado en ella.

Esta experiencia en el cristianismo original fue la del Cristo en el corazón o la de los dones del Espíritu Santo y que puede verse también en la vida de muchos santos o espirituales luego a través de los siglos posteriores. ¿Pero en qué consiste esta experiencia capaz de modificar por entero la vida del que la vive, de transformar sus ámbitos de relación, su conducta cotidiana y que transforma completamente la visión que se tenía hasta entonces?

Antes que nada parece implicar la confianza. Los que viven esta presencia nueva se sienten de pronto confiados. Una cierta certeza los colma y les provoca descanso más allá de la aparente agitación o actividad que sus deberes les acarrean. Este descanso del corazón que se apoya en la providencia divina, es entrega y abandono que los “despreocupa”; aunque puedan verse muy ocupados. Ellos viven “la gran vacación del alma” no como ociosidad, letargo o entrega al hedonismo consumista sino como frescura, tranquilidad en medio del bullicio y ausencia de temores.

En todo caso, atraviesan el desierto de los temores en oración continua, conscientes de los ataques que una noción de desamparo y soledad puede insinuarles. No buscan el martirio ni la confrontación, no quieren llevar la razón; en todo caso persisten vigilantes a la paz del corazón. Y ¿de donde deriva la paz imperturbable que parece poseerlos? Se han dado cuenta que todo depende de Dios, tratan de hacer lo mejor que pueden donde están, en cada momento y quedan libres de la expectativa por los resultados. Al fin y al cabo se saben de paso.

Antes o después el viaje termina y no se olvidan de ello. La consciencia de la finitud los torna veraces y decididos, se dejan actuar por una fuerza intangible que no puede apresarse pero que sienten y reconocen. Contrariamente a lo que pudiera suponerse no son personas especiales. No son extraordinarios sino como nosotros, como todos nosotros. Primero buscaron la satisfacción en los innumerables objetos, personas y situaciones que ofrece el mundo. Luego reconocieron que ni el éxito ni el fracaso les daba lo que buscaban; que el vacío interior persistía con terquedad.

Entonces buscaron con ahínco “hacia adentro”, sin saber que seguían tendidos hacia afuera. Afanosamente fueron tras doctrinas, maestros, libros o métodos. Con vehemencia iban de aquí para allá y en esa búsqueda un día la mente se rindió. Y al rendirse la mente fue primero el corazón. Y este ponerse el corazón al mando no fueron emociones fugaces o sensiblería fácil; sino una firmeza calma que provenía de un sitio olvidado, de una vivencia oscuramente recordada o muy brevemente visitada.

Esta serena alegría que sin esfuerzo vive imperturbable, fue también llamada hesiquía del corazón. Esta ermita interior se asienta en la clara percepción de la divina presencia; en un “darse cuenta” de su providencia en todo y en el cierto presentimiento, íntimo e intransferible, de que la muerte al igual que la vida no son lo que parecen…

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Enlaces de hoy:

El hombre interior (San Demetrio de Rostov)

Historia de un alma (Audiolibro)

Permitirnos la presencia

Serie sobre la conversión II

Una forma de vida que se nos ha hecho costumbre es la de vivir tendidos, estirados hacia el futuro; por lo general hacia propósitos diversos en varias áreas de nuestra vida. Los deseos múltiples forman imágenes de situaciones ideales y hacia ellas emprendemos camino, por lo general presurosos.

¿Cómo empieza esto? Es un hábito adquirido a través de la familia, de los medios, de la cultura en general. Observamos nuestra situación vital con el prisma de los gustos y disgustos. A cada percepción le agregamos un “me gusta” o un “no me gusta” o un “mas o menos... pero mejor si fuera“… Lo que observamos en las redes sociales y en casi todos los medios, esto de poder dar un “like” o “dislike” a lo que aparece es en realidad el reflejo de lo que ya ocurría en nosotros. Percibimos tomando posición, agregando nuestra personal impronta, adhiriendo o rechazando. Esto no es percibir. Es desear. Vivimos deseando.

Vivimos tironeados por las carencias, casi todas aparentes. Pocas veces son tales. Esto no está ni mal ni bien, es un modo de funcionamiento muy propio de lo biológico que pretende alcanzar las mejores condiciones medio-ambientales para asegurar la supervivencia del organismo. Sin embargo la vida del espíritu es diferente. Es sobre todo una mirada atenta. Desde allí se observan las situaciones y también los deseos que aparecen como parte de la misma. Pero se permanece a cierta distancia. Hay un estarse abiertos a la enseñanza que traen los acontecimientos como resultado de la omnipresente voluntad de Dios. El supremo misterio se transparenta a través de lo que ocurre y revela significados accesibles a los sentidos espirituales.

Para ver hay que dejar entre paréntesis lo que quisiéramos. Permitirnos la presencia. Ayunar de los apetitos y de los tantos quereres, no reprimiendo sino atestiguando. Esto los transforma en objetos percibidos y los desnuda como simples impulsos que vienen y van. No hay porque vivir la vida a expensas de esos vientos variables y quedar sometidos a su antojo. De otro modo nunca estamos mas que estirados hacia donde creemos que vamos. No hay nada erróneo en dirigirse hacia alguna meta, en tener alguna planificación; el problema está en vivir más allá que acá; en extraer la fuerza vital de un futuro imaginado en lugar de un ahora actual y en ese sentido, más cierto y veraz.

¿Adónde vamos? ¿Qué desesperamos de alcanzar? Una sensación sin duda. Sensación de paz, de bienestar y plenitud. ¿Y si eso que buscamos estuviera ya presente pero escondido precisamente por ese modo inauténtico de vivir? ¿ Y si el problema no estuviera en lo que me falta en este o en aquel ámbito de la vida sino en mi modo de ser y estar? Si esto fuera así, si el centro de la cuestión fuera mi modo de existencia; la solución debería provenir necesariamente del interior. A veces la gracia se manifiesta como una comprensión profunda que permite la conversión genuina y estable. O puede ocurrir una caída en cuenta radical que descorre los velos, provoca la rendición de las fantasías y el aire se torna limpio como en una mañana fresca.

El sentido de la vida no deriva de un propósito en medio de la finitud inapelable o de metas diversas por alcanzar. El sentido es algo que atraviesa la vida ahora mismo y que permanece inalterable, disponible y abundante. Le han llamado el despertar de los sentidos espirituales; también El Cristo del corazón o la luz del Espíritu Santo. Más allá de nombres y formas es una presencia inequívoca que transfigura el mundo.

Suena bien pero me parece algo desconectado de mi realidad. ¿Cómo bajarlo desde las palabras a mi realidad concreta?

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Enlaces:

Homilía del Padre José

La Cuaresma interior

Serie sobre la conversión I

¿Qué me puede decir sobre la Cuaresma?

En cierta forma, la vida puede verse como una Cuaresma, como la preparación para el paso final, la Pascua a la resurrección. Será bueno interiorizar la cuaresma. Darle algo de ayuno al cuerpo nunca viene mal; nos muestra la dependencia que tenemos de la comida como medio para aplacar las ansiedades, deja expuesta nuestra esclavitud a los hábitos y las costumbres adquiridas. La principal purificación que nos muestra el ayuno o alguna privación; resulta de esta toma de conciencia que nos devuelve un poco a la humildad. Nos sitúa con más criterio en la realidad que vivimos y no en la que creemos vivir.

¿Qué realidad vivimos? La dependencia. Un sinfín de deseos que se nos han vuelto necesidades. Ya no es tomar agua lo que necesitamos sino tal o cual bebida saborizada. Ya no es comer lo que necesitamos sino aquel plato en particular que tanto nos apetece y que cuanto más paladeamos más deseamos. Y así como hacer el ejercicio de privar de algo habitual al cuerpo nos pone en presencia del sometimiento en que vivimos a sus impulsos; darle algo de ayuno a la mente nos deja sorprendidos; advertimos la duermevela vagabunda en la que solemos permanecer.

¿Qué sería ayunar en lo mental?

Dejar de rumiar los mismos pensamientos de siempre. Dejar de darle vueltas siempre a las mismas cosas como si en ese masticar las tensiones los problemas fueran a resolverse. Reconocer que, del mismo modo en que acostumbramos a comer cierto dulce en el desayuno, suelen discurrir los pensamientos por el mismo camino gastado, mas o menos a las mismas horas. Siempre tendemos a comer lo mismo, dependientes como somos de tales aromas y sabores. Igualmente, siempre tendemos a “pensar” lo mismo, dependientes como somos de ciertas sensaciones “preocupantes”, que si no estuvieran desnudarían el vacío de significado en nuestro cotidiano.

Desatender los pensamientos que aparecen y dirigir la atención hacia el propósito interior trazado es un formidable ayuno mental. Por ejemplo, dirigir la atención a la vía de oración a la cual nos hemos consagrado o hacia la percepción de la presencia de lo divino en lo que ocurre, o simplemente, concentrarnos en hacer lo mejor posible lo que tenemos entre manos en el instante; es conversión continua. Agarrar la atención que se nos escapa, una y otra vez y traerla de vuelta a casa, al corazón y llevarla allí donde queremos realmente depositarla, es ayuno, limosna, purificación y Cuaresma del alma.

Quién permanece presente en el sitio de la atención, tiende a comer menos naturalmente, solo lo necesario. Desde esta conciencia atenta se escucha más a los demás y surge una especie de caridad espontánea apropiada a cada situación. Esta misma vigilancia nos muestra la mezquindad constante que nos atrapa y entonces nos quedamos más humildes, pero sin tristeza. Es un quitarse el maquillaje y mirarse de frente y encontrar allí mismo el amor a nosotros mismos sin condiciones. Se supone este tiempo litúrgico como oportunidad de conversión, de cambio profundo… dejar de defender una imagen, dejar las pretensiones, ir soltando los cuidados y abandonar las razones vanas que nos atan al sufrimiento es volvernos auténticos y verdadera penitencia…

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Recomendamos hoy:

Blog Caminar

Vive en Cristo

La aparición de la vida

Serie sobre los pensamientos VI

Un día me encontré aquí, en lo que todos llaman “el mundo” o “la vida”. No supe a ciencia cierta cómo es que esta aparición se produjo. Se me dijeron  muchas cosas sobre esto, pero fue siempre información de oídas y en cierto modo dudosa, al ser contrastada luego con otras opiniones e informaciones acerca del origen de todo. Aparecieron muchas personas, innumerables actividades, paisajes naturales diversos y de belleza incomparable. También surgieron emociones por doquier, alegrías brillantes y dolores inimaginables; comedia, drama y tragedia enlazados en todos los rincones. Un aparente mal, escondido siempre en lo imprevisto convivía con grandes espacios de bien y de un sentimiento parecido al amor.

Después se revelaron galaxias, millones de estrellas, el colapso de mundos distantes, la posibilidad de otras vidas, nebulosas coloridas y vacíos sin nada, densas oscuridades. Olas que vienen y van en el océano vital, caminos sin fin, vórtices hipnóticos, tendencias apremiantes… Mientras tanto, el mundo pequeño e íntimo de lo mental, también crecía y se hacía complejo. Como si fuera un mundo reflejo del otro veía en ambos, afuera y adentro, situaciones similares. Solo era distinta la escala, la medida, pero el argumento central aquello que gemía “allá” y “acá”, era lo mismo. La sorpresa ante el hecho de la vida, la pasión por ella y el miedo a perderla. El horror a dejar de ser y de estar. A partir de allí, todo lo demás, incluyendo el dolor y el sufrimiento como anuncios de la muerte, de la angustia primigenia.

Un buen día apareció Dios… primero como idea antojadiza, luego como concepto estructurado, más tarde se hizo creencia. Mucho tiempo después se transformó en lo que llamaría “experiencia” de Dios. Una vivencia íntima, intraducible al lenguaje que las palabras solo degradarían. Fue un conocerle de modo singular. En todo ese proceso, mientras Dios mutaba en mí desde la idea a la experiencia, quise usarlo, pedirle, negociar con Él. Quise verlo como un objeto, como pueden verse las cosas e incluso a veces las personas. Traté de poseerlo como visión magnífica en mi interior. Quise que respondiera con claridad para mi entendimiento, quise que se anunciara, que me acompañara, que de algún modo se mostrara.

Es decir Dios fue objeto de mi deseo y solo la frustración quedaba como residuo, como sucede con todo deseo. Si el deseo se logra deja ya de interesar; encaminándose la mente en pos de uno nuevo y si  no se logra se instala la frustración o el resentimiento. También, durante ese desarrollo vital, hubo el esfuerzo legítimo de controlar la vida, de encauzarla hacia donde yo quería. Hubo aparentes causas y efectos posibles; hubo lucha y fracaso y repetidos intentos de hacer que las cosas fueran como, según yo, tenían que ser. Nada de eso. Ni de cerca.

Curiosamente Dios empezaba en ese entonces a revelarse como la oposición a lo deseado. Yo no podía negarle el poder supremo, ya que había hecho la existencia misma con todo lo que incluye y sin embargo, cuando las cosas no iban como quería, me parecía una especie de error de Dios. Al menos conmigo, Dios se equivocaba. Así lo vivía, como injusticias de la divinidad para conmigo. No fue sino hasta mucho tiempo después cuando empecé a ver la concatenación oculta de los hechos. Los significados que estaban vivos tras los acontecimientos aparentemente desafortunados…

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Dos enlaces recomendados:

El espejo del alma

La moral en Santo Tomás

La pretensión imposible

Serie sobre los pensamientos V

… Por lo general intentamos controlarlo todo. Y la mente es el instrumento mediante el cual pretendemos lograr semejante cosa. Pero es imposible conseguir este propósito que la mente por si sola se pone como meta. No podemos manejar el curso de los acontecimientos. ¿Cómo podríamos, si ni siquiera somos dueños de nuestras propias reacciones? ¿Cómo podríamos conocer los innumerables factores que convergen para que ocurra un hecho determinado? ¿Cómo saber lo que conviene aquí y allí desde nuestra pequeña visión?

El plan divino se desarrolla en cada instante a través de los acontecimientos y no somos del todo capaces de percibir la esencia de su sentido ni la profundidad del significado que en ellos se encuentra. Atolondrados  queremos encauzar lo que ocurre en función de nuestros intereses. Sin embargo, lo bueno para nosotros no siempre es lo que la mente pretende. Acuciada por el ansia y el deseo constante va urdiendo planes para satisfacer a un cuerpo que se torna insaciable sin la primacía del espíritu. Y mientras más se colma más desea y en este frenesí ambiciona sin límites, pretendiendo forzar la trama de los hechos. En cada momento, si uno observa, puede detectarse que motivación va impulsando nuestros movimientos.

Esto que hago, ¿Qué propósito tiene? Si corro tras el placer, es el cuerpo el que me guía, quién ha tomado el mando. Y no es que el placer en sí mismo sea dañino, sino que lo nocivo es tenerlo por norte y centro de toda acción. ¿Vas tras la gloria? ¿Qué pretendes, tener la razón? La mente se ha hecho reina y busca el tipo de goce efímero que resulta de la comparación. La lista con ejemplos podría ser muy larga. Pero la clave para librarse no es compleja. Encontrar a Dios en el corazón es un descubrimiento factible cuanto más se suelta. No se lo encuentra a través de la contracción, ni de lo duro, ni del forzamiento. “Felices los mansos, porque heredarán la tierra” (Mt 5, 5) “Por el contrario, el fruto del Espíritu es: amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza…” (Gal 5, 22)

La confianza en Dios es la llave que abre la puerta de la paz. No hay posibilidad de sosiego sin este fondo de entrega confiada hacia Aquél que es el origen y fin de todo lo que existe. El plan de la creación se desenvuelve sin fallas y mi lugar en él se evidencia cuando actúo con esa confianza. La actitud confiada, esa que sabe que no está solo el hombre en su camino y que todo tiene un sentido último en el corazón de la Trinidad, permite una acción eficaz que no siendo excesiva tampoco es negligente. ¿Esto qué hago surge del temor o de la confianza y la fe? Si me conduce el miedo, el temor a perder, el desespero de alcanzar, la furia de aquél querer lograr… la crispación y el conflicto mostrarán lo equivocado de ese modo de actuar.

Pero ¿Cómo confiar? Y ¿Cómo quedarse en la confianza? ¿Cómo vivir el gozo de quién sin prisas descansa en la voluntad de Dios?…

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Hermana Hodet desde Ecuador invita:

Saludos a todos, espero en Dios que cada uno de ustedes se encuentre bien.
El motivo de mi mensaje es para extenderles una invitación al retiro “VIDA FRATERNA”, el mismo que iniciará el día sábado 13 de febrero de 2021.
Los que deseen participar, pueden hacerlo, uniéndose al siguiente enlace. Millón de gracias, y bendiciones 🙏🏻
https://chat.whatsapp.com/LSZ1wZCry215zCZI1T1vtg

Y aquí un audio del equipo de Filocalía:

¿Dónde está Dios?

Serie sobre los pensamientos IV

Este modo singular consiste en hacer bien algo, cualquier cosa de que se trate. Para efectuar con corrección una tarea determinada es imprescindible estar presente uno mismo. Ser consciente de lo que se está haciendo. Es decir un estarse en eso y no con el ansia en otra parte o en el momento que sigue. Es un modo de tomar a la acción como oración. Un ponerse en particular disposición a fin de efectuar un trabajo impecable, sin error o con el mínimo error posible, ya que sabemos que a nuestra naturaleza le resulta esquiva la perfección.

Cuando uno era joven e iba a salir en plan de divertirse, todos recordaremos; había una preparación muy especial que se efectuaba, más allá de cuestiones de género. Toda una tarea de ponerse lo mejor posible. Uno se duchaba, se cambiaba, se perfumaba… a estas alturas da risa, pero es la verdad. Un deportista antes de la competencia actúa de modo similar. Realiza tareas pre-competitivas, se pone en posición, entrena los movimientos etc. A mí me ha servido eso muy especialmente, ese prepararse previamente a una acción determinada, como acercamiento a la experiencia de percepción de la presencia.

Por especial recomendación de mi padre espiritual, escogía una actividad y la transformaba en ceremonia y ofrenda. Me conectaba mediante ella a un sentimiento de unción y reverencia. Sin duda que la iconografía, la cerámica, tareas de precisión o artísticas sirven y facilitan esta conexión, pero cualquier menester permite introducir esta especie de “valor agregado” que surge mediante la atención y se consuma en la actitud de oración.

Pues si barres el cuarto, lo harás sin dejar rincón descuidado. Tratarás de estar en buena postura mientras te mueves, procurarás no levantar  tierra en el ambiente, recoger bien lo barrido… hacer sin prisa, estando en aquello en lo que estamos. No con la mente en otro sitio, como si hubiera en algún lugar algo de mayor preferencia. La prisa siempre indica la falta de atención a uno mismo y a lo que lo rodea y por lo tanto es imposible que en esa situación mental nos demos cuenta del aliento sagrado que mana y vive en todo y en cada instante.

La mejor recomendación que puedo dar para que quién se siente ajeno a la experiencia de Dios en lo cotidiano se aproxime a ella, es esta: Olvide todo y dispóngase a hacer algo lo mejor posible, sin apuro, con el mayor amor que encuentre en sí mismo, con una completa dedicación al instante en la tarea. Esto es poner toda la atención en ese momento. Implica una postura corporal correcta y adecuada a la actividad de que se trate; una respiración profunda y tranquila; una actitud sosegada sin ansia de terminar, ha de tomarse a la actividad como un fin en sí misma. En la mente, nada que no sea la tarea o, si la índole de esta lo permite, la oración de Jesús como fondo en el cual hacemos lo que hacemos. O la forma de oración que a uno le sea más afín.

No importa en ese momento como juzgue la marcha de mi vida. No importan mis fracasos, ni los errores o caídas, ni tampoco existe aquella cosa que me preocupa de un futuro que imagino con temor. Importa la ofrenda que ahora voy a hacerle al Señor, de una actividad sin mancha. O, en todo caso, este intento que realizo anhelando el bien hacer. Dios se percibe más fácilmente cuando uno se entrega. Y si hay divagación no hay entrega. Cada vez que divago me doy cuenta de que no estoy con la atención dispuesta y confiada. Debo volver a ella. Porque si no estoy atento, no percibo la presencia que busco.  Lo divino está en nosotros y fuera de nosotros, pero nosotros estamos en otro lado, por lo general en secundariedades. No es extraño entonces que nos pasemos buscando a Dios de un lado para el otro, sin nunca estar satisfechos del todo.

Dios, es más cercano e íntimo que nuestro propio corazón, pero nosotros estamos convencidos de que encontraremos la felicidad en aquello o en eso otro, o en lo de más allá; tenemos tremenda fe de que cuando consigamos estabilizar tal situación, o comprar tal cosa, o modificar tal otra, allí sí nos será posible algún otro tipo de experiencia.  Vivimos ilusionados con espejismos vanos. ¿Dónde está Dios? Allí donde no están tus divagaciones…

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La propia presencia

Serie sobre los pensamientos III

… Esto esta en la raíz de nuestra constante agitación en pos de logros exteriores. Hay muchas cosas que realmente no se necesitan o actividades que tampoco son necesarias; que encuentran su explicación en esta función que cumplen de acallar el dolor interno que producen la carencias. La mente es la que constantemente busca cambiar de situación y la que nos impulsa para seguir siempre hacia adelante, buscando el momento siguiente, impidiéndonos permanecer en el presente.

La mente por cierto es un mecanismo que al detectar tensiones corporales, va tratando de poner las imágenes necesarias, en forma de proyectos o de diálogos, que aflojen esas tensiones del cuerpo. Es una función que no está porque sí, tiene su utilidad. Pero claro, en tanto nos identificamos con esta actividad de la mente, padecemos mucho. Si nos dejamos llevar por lo que ella dice, creemos que es esto o aquello lo que nos intranquiliza y ese es el principal engaño. Porque a poco que logramos esto o aquello, la agitación vuelve. Se trate de un objeto material, de una relación afectiva, de un cargo de privilegio o de un reconocimiento social… el ansia vuelve y una vez más se apodera de nosotros, tironeándonos hacia el futuro, acosándonos con su aguijón para que desesperemos de alcanzar este nuevo espejismo, que se supone, ahora si nos dará la felicidad buscada.

Dios vive en el interior del hombre. Dios, está con nosotros. Y esa presencia divina es la que colma todas nuestras ansias actuales y posibles. Pero para que esto no sea solo un algo dicho o una creencia más, es necesario aceptar que el problema esta en nosotros y no en lo exterior. Por difícil que parezca o resulte, mientras no me convenza de que “la perla” esta en mi casa y no en otro lugar, será imposible encontrarla.

Pero hermano, usted habla desde una experiencia personal, ¿Cómo hace quién no la tiene para encontrarse con ella?¿Cómo hacer para acercarse a esa experiencia de vivir en la presencia de Dios o a ese estado en el cual se percibe lo sagrado en lo cotidiano?

Antes de percibir la divina presencia en todo, es necesario advertirse a uno mismo en el momento actual. Darse cuenta de la propia presencia. La atención* es la herramienta que recomiendan los padres del desierto desde antiguo y que uno mismo puede comprobar como esencial a poco de iniciar estos trabajos. Así como sin la gracia no se puede nada; en lo que concierne a la participación personal en estas tareas de elevación del alma, sin atención no hay ningún avance. Se utilice un método u otro de oración, más allá de las variaciones en la ascesis personal o de la situación de vida, la atención es el aporte que podemos hacer y está en nuestra mano para facilitar y abrirnos a la llegada del Espíritu Santo. Si tú me preguntas por dónde empezar, te digo que por un hacer muy particular…

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El sol de lo que acontece

Serie sobre los pensamientos II

Para encontrar el rumbo debo partir desde donde estoy y no desde donde ilusiono estar. ¿Y dónde está uno? Aquí y ahora. Con esto que percibo afuera de mí y en mí. Debo atreverme a penetrar en el desierto del presente desnudo de ilusiones y abrirme al sol de lo que acontece. Para ello, debo salirme del barullo y la agitación mental y situarme con actitud alerta ante el instante.

La oración de Jesús, cuando uno intenta practicarla con asiduidad, nos lleva primero que nada a tomar conciencia de esta alteración mental permanente, nos damos cuenta de que nos resulta imposible manejarla, de que, aunque queremos no podemos. Nos sorprendemos cayendo en cuenta de que la mente nos maneja a nosotros y que por lo pronto, no somos dueños de ella.

Nos sentimos diferentes a la mente. Porque teniendo nosotros la intención de acallarla y conducirla hacia la oración, nos vemos sometidos por la distracción. Estos primeros descubrimientos son muy buenos, porque uno comienza a des-identificarse de los pensamientos. Tu pregunta inicial días atrás era acerca de lo dicho sobre la necesidad de dejar a un lado los pensamientos y la de hoy un poco más en torno a cómo sería posible hacer tal cosa. Y muy de a poco intento responderte con mayor detalle de lo que se expresó en el libro. El acceso a la paz del corazón no es posible por la vía sicológica, esto es deliberando y “acomodando” los contenidos de la mente. Esto solo fortalece aquello que es preciso abandonar.

Cuando la mente se silencia la paz queda, porque es lo que siempre está detrás. Y la mente se silencia, cuando conduzco la atención. Cuando dirijo la atención con una intención precisa, el silencio viene de la mano. Sea que dirija mi atención hacia la repetición de la oración de Jesús, como una manera de centrar la mente, enlazando en torno a ella los contenidos de la dispersión; sea que dirija mi atención a lo que perciben mis sentidos en este instante, abriéndome por decirlo así a lo que ocurre en el presente, en cualquier caso estaré permitiendo el surgimiento del silencio. Silencio que siempre es el fondo de las cosas, silencio que es sostén y marco en el que se producen los acontecimientos, silencio que es gracia proveniente de lo alto y anticipo del soplo del Espíritu.

¿Por qué se produce este siempre querer estar en un lugar o situación diferente de aquella en la que nos encontramos?

Principalmente debido a que creemos que es lo exterior lo que nos brinda la felicidad que difusamente buscamos en todo lo que hacemos. Este es nuestro error básico. A lo largo de los años me encontré con una certeza: No hay nada afuera que pueda llenar el vacío interno. El ser humano se completa a partir de la interioridad o no se completa. Este vacío se me hacía evidente cuando me quedaba en quietud. Cuando me negaba a seguir “corriendo” en pos de algo y me quedaba un poco quieto, surgía rápidamente este desasosiego que me impulsaba a tapar y a llenar de cualquier modo, una sensación de ausencia y de carencia que se tornaba intolerable…

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Dos enlaces:

El principio

Si las palabras fueran agua

El vidrio opaco

Serie sobre los pensamientos I

Queridas hermanas y hermanos en Cristo Jesús: Iniciamos febrero con una serie de posts donde repasaremos textos antiguos del blog e incorporaremos otros nuevos, en torno al tema de los pensamientos, como el velo que nos oculta la percepción de la presencia de Dios en el cotidiano. Queremos de este modo continuar con la temática del último retiro y también con algo de tratamiento frecuente en los dos cursos que se ofrecen en este sitio. Hilar fino en este tema nos parece de mucha utilidad para nuestra forma de ser y estar en el mundo. Un abrazo fraterno invocando el Santo Nombre.

– En el libro La oración de Jesús” – Iniciación a la práctica – en la primera carta se dice: “Desde el punto de vista de la psiquis, el que esta oración abraza ha de irse despidiendo de los pensamientos. La principal dificultad no es acostumbrarse a la oración sino renegar de ellos. Y esto porque solemos identificar este discurrir de la mente con nosotros mismos”. – Quisiera si me puede aclarar más estos puntos. ¿Cómo es esto de que hay que despedirse de los pensamientos? Pienso que sin ellos no podríamos funcionar, seríamos semejantes a personas  con severo retardo mental.

– Entiendo perfectamente tus objeciones o interrogantes. Sucede que lo que hacemos habitualmente no es pensar. Y, en ese sentido, se ha dicho allí que debemos renegar de los pensamientos. Debemos abandonar un modo divagatorio de pensar, una manera errónea de organizar nuestra experiencia a medida que vamos viviendo. Por lo general, llamamos pensar a un cierto “etiquetar” los fenómenos que se nos van presentando en los sentidos.

También, consideramos pensamientos, a las asociaciones que se producen automáticamente en nuestra mente entre lo que percibimos y lo que recordamos. Cada cosa que vemos recibe desde nuestra mente un nombre y queda inmediatamente relacionada con nuestros registros de memoria, con lo que hemos vivido.  Esto puede ser un muy interesante mecanismo de supervivencia, pero no es pensar.

Estrictamente hablando, – pensar – no es algo que nosotros hagamos, sino que “se hace”, del mismo modo que la digestión, que la respiración o que la renovación de las células de la piel y otros fenómenos de similares características en nuestro cuerpo. Asimismo, inevitablemente, se elabora en la mente una imaginación respecto de aquello percibido; poniendo a lo que se ha visto en relación con nuestros intereses a futuro. Nunca vemos la cosa, sino en función de nuestras pretensiones, proyectos y temáticas de preferencia.

Esta situación forma parte de nuestra condición humana actual y en cierto modo, tiene que ver con lo mencionado en los primeros capítulos del libro del Génesis. Esta forma de funcionar la mente, nos desconecta de lo real, impidiéndonos ver lo que ocurre y reteniéndonos en un mundo con grandes dosis de fantasía. Además, nos hemos acostumbrado a “vivir dentro” de estos procesos autómatas de la mente y la equiparamos con nosotros mismos.

Es decir, nos identificamos con este suceder mental. Imagina que alguien tiene el poder de seguir los procesos digestivos y de darse cuenta cuando se segrega la bilis, cuando se van disolviendo los alimentos, cuando se incorporan los nutrientes y vitaminas al torrente sanguíneo… que esa persona va con su atención detrás de los movimientos peristálticos del intestino etc.  Mueve a risa, más aún si esto sucede todos los días y la persona continúa concentrada en seguir este discurrir metabólico. Imagínalo bien, día tras día, toda su vida. Lo que hacemos cuando creemos que pensamos es muy parecido.

Nos parece pensar, cuando en realidad vamos siendo llevados por una digestión mental de las experiencias que acontecen.  Cuando uno deja de “vivir allí” con su atención, cuando se abandona la identificación con estos procesos sicológicos, se abre un nuevo mundo que nos resulta desconocido… se produce una transfiguración del mundo.

Comprendo lo que explica, pero ¿Cómo salirse de la mente? O ¿Cómo poder vivir desde el lugar en el que se percibe lo real?

Una vez que uno ha aceptado al menos intelectualmente lo dicho, en cuanto a que uno no es ese proceso continuo de pensamientos que vienen y van, de diálogos y consideraciones sin fin sobre todo y todas las cosas; es posible dirigirse hacia otro modo de estar. En este cambio al principio, es decisivo orientar la atención hacia los sentidos, quitándola del acontecer mental. Aclaremos bien esto para que no se entienda mal:

Lo común es vivir “ensimismado”, es decir girando en torno a si mismo de manera egoica, abrumado por los propios problemas y temáticas, absortos en nuestros procesos sicológicos, esclavizados por lo que nos contraría, pujando por alcanzar aquello que se nos antoja como la felicidad. Por eso te decía que es importante sacar la atención de ese discurrir mental y empezar a atender a lo que percibimos. No podemos caer en cuenta de la divina presencia en lo cotidiano mientras miremos sin mirar, escuchemos sin escuchar, o proyectemos en lugar de percibir.

Es como si nunca estuviéramos realmente donde estamos. Nuestra vida tiene mucho de simulación porque en verdad queremos siempre estar en otro lugar, allá donde nos tironean las ansias. El particular modo de hacer que se menciona también en el libro en la carta tres y el llamado “sacramento del momento presente”, al que se hiciera referencia en los ejercicios espirituales del peregrino ruso, aluden también a esta. A la necesidad de situarnos primero donde estamos antes de acometer cualquier intento de mejorar nuestra situación de vida…

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Dos enlaces:

Liderazgo para responsables de equipos pastorales

Conoce los Testigos del Amor