En la noche luce la estrella

Queridas hermanas y hermanos: hoy estaremos disponibles por si alguien quiere conversar un rato sobre las temáticas del blog o cualquier otro tema que les parezca de interés, a las 15 hs. de Argentina, 20 hs. de España y horarios equivalentes. Aquí el enlace a la reunión: meet.google.com/zue-kkja-mrv

Os dejamos también aquí la publicación correspondiente al día de hoy, con un breve extracto de texto y una entrevista al Padre Moratiel, que nos parece muy clara, simple y profunda; la recomendamos mucho. Un abrazo fraterno, para todos invocando a Cristo Jesús.

“Frecuentemente me han preguntado cómo ha aparecido en mi vida el silencio; por qué me he decidido a vivir esta aventura. La respuesta, de repente, es bien sencilla. Por debilidad, por necesidad. Como si fuera mi punto flaco. No hay nada extraordinario ni asombroso en todo esto. Y es como una herida que no tiene cura. Hay edades en que uno vive más bien pasión por la palabra; otras, en cambio, se experimenta pasión por el silencio.

Uno se puede sentir como arrojado al silencio gracias a las insatisfacciones que es innecesario nombrar. Pero no puede por menos que confesar que la insatisfacción que preside las bienaventuranzas de Jesús, las que dice el evangelio y las que sugiere, son provocadoras del silencio. Y es cierto que se desembarca en el silencio al cerrarse todas las puertas y todas las salidas, aunque el verdadero callejón sin salida es el silencio mismo. Pues, ¿Dónde ir si estás en un mar sin costas, sin periferias?; pero esa plenitud es la más inmensa belleza…

… Otro interrogante que me han propuesto es cómo siendo dominico he puesto el acento, de alguna manera, en el silencio. Mi padre santo Domingo es el santo de la Palabra. Pero también, y antes, es el santo del silencio. Y es que la palabra no es nada sin el silencio. Como si la palabra buscara su contrario o su aparente enemigo, en el silencio. Y así el silencio viene a ser como el lecho y el alumbramiento de la Palabra. La misma oración se puede expresar como la alianza, las bodas, del silencio y la Palabra. Palabra y silencio no son rivales. En la oración, uno el hombre pone el silencio y Dios pone la Palabra. Es en la noche donde luce la estrella, y es en el silencio donde es vista la Palabra. La Palabra desprendida del silencio se vuelve plenamente palabra al ser acogida en el silencio que le da sonoridad”.

Extraído de “Conversando desde el silencio”

¡Gracias Andrea por enviarnos la entrevista!

Camino de Contemplación

Hay un silencio el cual es médico y terapeuta.

Hay un silencio ante Dios en el cual el recogimiento es un buscador de perlas, donde se sumerge en las profundidades del ser humano y asciende a la superficie con la herida que no había sanado ni reconocido y que le oprimía. Su descubrimiento duele, pero Dios puede hacerse cargo de la herida y sanarla, pues el recogimiento verdadero es Dios mismo.

Trae a la consciencia las heridas ocultas y desconocidas y puede curarlas por completo. Sólo debes dejar que emerjan a la consciencia y padecerlas ante la mirada amante de Dios. Esta mirada sanadora tiene una delicadeza que más de un terapeuta envidiaría. Trae a la consciencia las heridas en el orden en que se hallan en el interior del ser humano. Nunca expone una llaga más profunda que otras que deben sanar antes.

La persona no tiene que curar sus heridas por si mismas, ni tan siquiera analizarlas. No tiene necesidad de desmenuzarlas. Basta con que las contemple y las padezca en presencia de Dios.

Sólo su mirada…sólo Dios las disolverá.

Frank Jalics

¡Gracias Encarna por el texto!

“Haz la salmodia con la boca, pero con la voz en silencio y la guía del intelecto, no soportando dejar sin consideración nada de lo que dices; pero, si alguna cosa huye de tu intelecto, retoma el verso cada vez que suceda, hasta que tengas el intelecto atento a seguir lo que dices, puesto que el es capaz, mientras salmodias con la boca, de recordar a Dios”. Teolepto de Filadelfia en Filocalía

El detenimiento

Serie sobre la oración I

Una de las prácticas más útiles para la vida de oración que he conocido es la del detenimiento. Como pasa en esas películas que vienen en velocidad normal y de repente cambian la música y se enlentece el fluir de las imágenes. Todo se aprecia mejor. Uno ve la hoja que cae danzando detrás del actor y una paloma que vuela despacito como flotando allá detrás y a lo lejos. Y se observa mejor como se construyen los gestos del personaje mientras camina introspectivo… luego todo se detiene y la cámara mira desde diferentes ángulos.

Bueno eso mismo podemos hacerlo en nuestra vida. Efectuar pequeños altos a lo largo del día. Sencillamente disminuimos nuestro ritmo para quedarnos quietos unos momentos y permanecer presentes a ese instante completamente. Es decir me quedo quieto y atiendo. ¿A qué? A todo. Puedo ir focalizando en distintas partes o atender globalmente. Hay que ver lo que mejor le sienta a cada uno. El punto es parar y si hay verdadera atención en pocos instantes aparece la oración. Veamos con más detalle.

Uno puede detenerse en cualquier momento propicio sin llamar mucho la atención. Durante la caminata en el parque, en algún momento oportuno en la oficina o en casa durante las tareas, en fin, cuando se pueda. Tratamos allí de ser un punto fijo que mira el movimiento alrededor. Sentir el cuerpo ayuda para anclarse o por ejemplo sentir las plantas de los pies contra el suelo, eso nos sitúa. Luego miro el panorama que esta en frente. Lo que sea. Y puede ser mejor si trato de mirar sin fijar nada en particular sino la escena global.

Me hago consciente del cielo encima, con algunas nubes, de los árboles allá que se mecen suave, de un perro que se hace el distraído mientras se acerca, de los sonidos distantes de los coches, de la brisa en la cara, de las asociaciones de pensamientos que desde la memoria “hablan” sobre lo que se ve, etc. Aquí estoy yo, “el sujeto” que mira “objetos” diversos. Respirar, simplemente tratando de estar ahí, viendo, sintiendo, viviendo eso y nada más. Testifico. Cómo si fuera una cámara que registra algo para la posteridad, una milésima del tiempo en el espacio irrepetible.

Esto realizado con frecuencia provoca cambios; es curioso pero nos va transformando el modo de ser y de estar. En ocasiones, estando allí mirando, sintiendo, respirando y existiendo… aparece una especie de presencia envolvente, como si hubiera un espectador que no está a la vista. Que no es el sujeto ni los objetos. Uno se descubre mirado y a la vez amado. No se puede decir mucho porque sino se arruina lo que se quiere decir. En realidad todos sabemos de esto, de esta intuición o presentimiento de lo sagrado. Es como un aire que no es aire pero que está en todos lados.

¿Y la oración donde está en todo esto? La oración empezó en el momento mismo en que tuviste el coraje de detenerte. De salirte brevemente al costado del frenesí. O en el momento en que te diste cuenta que se te estaba llamando a la oración. Empezó como un mínimo acto de conciencia: “Voy a parar un instante”. Y se continuó en todo lo demás. Mirar con atención es orar con la mirada. Y lo mismo al escuchar, al sentir y lo demás. Y suele suceder, puede llevar algún tiempo; que en algún momento de este atender en cierta quietud, uno escucha algo extraño que parece venir del corazón. Como un ritmo o un aliento indefinible y sin saber porque se siente como sagrado.

Se siente sagrado lo visto y uno mismo parece sacralizarse y entonces se comprende mejor a los que dicen que dentro de todos hay un recinto secreto o un templo escondido en el cual se entonan los salmos de alabanza. ¿Y si hago esto pero sin embargo no siento nada de eso que se describe? ¿Si por el contrario me quedo quieto y no sé que hacer o me siento extraño y confundido? Buena pregunta. En ese caso miras la confusión y la extrañeza, las sientes, las vives enteramente y puedes decir:

¡Oh Señor no me doy cuenta de tu presencia… pero como me gustaría percibirte! ¡Cómo me gustaría que dejaras de ser idea o anhelo o creencia y que fueras para mí certeza inamovible… cómo me gustaría! Pues pocas oraciones dan tanto fruto como esa. Es un clamor milenario de la humanidad toda, presente en el propio corazón y que se hace desde el ahora.

elsantonombre.org

Leer algún salmo con voz audible, en la calma del cuarto, con tranquilidad y saboreándolo con el corazón, es una forma muy útil para acercarse a la profundidad del alma. Incluso, repetir su lectura varias veces, permite que afloren significados nuevos que dan luz a nuestras situaciones. La vida monástica se asienta mucho en la salmodia y los autores de Filocalía la utilizaban mucho también. Si tu practicas con frecuencia la salmodia y quieres contar tu experiencia o tienes alguna duda respecto al tema de la oración, escribe en los comentarios del blog. Un abrazo fraterno en la invocación de Jesús resucitado.

La meditación continua y el recuerdo de DIos

Queridas hermanas y hermanos: Iniciamos estos días de prácticas en torno al tema de la oración en sus diversas formas sugiriendo la lectura del texto que sigue. Nos parece adecuado para iniciar un intercambio sobre los varios temas que están incluidos en estos pocos párrafos. En base ellos basaremos las reflexiones de los primeros días en esta ejercitación. Cualquier comentario es bienvenido. También os dejamos abajo un audio con los cinco primeros salmos leídos con cadencia meditativa. Su lectura o escucha puede predisponer el ánimo a la oración para un posterior aquietamiento. Un saludo fraterno para todos invocando el Santo Nombre de Jesús.

“Si bien se aconseja la práctica de la meditación o de la contemplación durante ciertos momentos del día, el resto del tiempo puede ser empleado en evitar que la mente vague errática presa de sus ensoñaciones. Algunos maestros espirituales recomiendan ocupar la mente en la recitación lo más constante posible de una frase para propiciar el recogimiento continuo. Desde los primeros siglos del cristianismo han existido diversas fórmulas breves de oración para facilitar la recordación continua. Casiano recomendaba: “Oh Dios, ven en mi ayuda, Señor apúrate en socorrerme”.

La más antigua y común es Señor, ten piedad de mí, o también: Oh Dios, ¡ten compasión de mí, que soy pecador!, cuyo origen se hacía retrotraer nada más y nada menos que al propio Adán; “Que se siente vuelto hacia el oriente como antiguamente Adán y que medite así. Adán en su tiempo se sentó y lloró frente a las delicias del Paraíso. Con sus manos se golpeaba el rostro y decía: “Oh Misericordioso, ten piedad de mí que he caído” (Pedro Damasceno, Filocalia, vol. III). Con ello la mente va perdiendo paulatinamente el hábito de apropiarse de los pensamientos.

Así, al alejarse de los pensamientos, también se irá perdiendo progresivamente el interés por los objetos pensados. Ese es el camino del desapego. En suma, debemos “buscar la morada y golpear a la puerta, con perseverancia, mediante la oración [Mt 7, 7]” (Filocalia, vol. I, Marcos el asceta). De esta manera, “en cuanto Dios, está siempre dentro de mí, recógete en Dios, que toda la noche estás en oración o por lo menos se cuenta como si la tuvieras…”. Cualquier momento del día o de la noche es apto para la meditación, incluidos los momentos aparentemente más triviales; “Adonde quieras que te hallares que no tienes qué hacer, recógete con Dios, aun estando haciendo tus necesidades, has de procurar estar recogido”.

La verdadera paz interior consiste en tener el corazón “siempre fijo y firme en el amor de Dios por un continuo y nunca interrumpido deseo, de manera que ninguna otra cosa apetezca”. De esta manera, llegará un momento en que el otrora hábito de “estar en presencia de Dios” se tornará tan natural y espontáneo que acabará dando paso a una forma sutil, constante y superior de existencia en la que el ego es desactivado y transcendido para dar paso a un estado de autoconsciencia lúcida y serena. La oración continua, también llamada recordación de Dios, no es un exceso, sino un mandamiento del Señor: Hay que rezar siempre sin cansarse, rezad incesantemente.”

Pag. 328 en Capítulo XI de “La ciencia y el arte de la meditación en el cristianismo” en el libro “Historia de los métodos de meditación no dual” de Javier Alvarado

En los Salmos, encontramos dos formas principales de la oración: El pedido de ayuda y la alabanza a Dios. Sin embargo, atravesado el significado literal y luego el simbólico, la oración se convierte en silencio donde no hay necesidad de palabras y pensamientos.

Orad sin cesar

Diversas prácticas de oración hasta Pentecostés

Hermanas y hermanos, queridos en Cristo Jesús: en el vídeo les presentamos la intención de estos próximos días de ejercitación, que iniciaremos mañana jueves; en torno a las diversas formas de oración que podemos practicar según la etapa espiritual en la que nos encontremos, según la preferencia personal y/o la circunstancia que atravesamos en nuestra vida. Utilizaremos para ello los salmos, los evangelios, textos de diversos místicos cristianos y haremos también nuestros propios comentarios y reflexiones. Están invitados a comentar, realizar aportes de vuestras propias experiencias de oración o meditación, a efectuar consultas y a participar en las reuniones virtuales que realizaremos. Quizá, ayudados por la gracia siempre presente, podamos profundizar en esta temática, para que nuestra vida misma se convierta en oración incesante del corazón. Un abrazo fraterno para todos, invocando el Santo Nombre de Jesús.

Próximos encuentros virtuales: Sábado 10 de abril a las 20 hs. de España (15 hs. de Argentina) y viernes 16 de abril a las 19 hs. de Argentina (00 hs. de España) y equivalentes. Será por la aplicación Meet a través del enlace que publicaremos esos mismos días, aquí en la portada del blog.

Si quieres mandar textos, audios o vídeos donde aportas sobre estos temas, o difundir un sitio web envíalos a bloghesiquia@gmail.com

Si puedes y quieres haznos llegar alguna aportación económica en esta página: Donaciones

Dios en el corazón

¡Feliz Pascua de Resurrección hermanas y hermanos! Invoquemos al resucitado para que aprendamos a morir a nosotros mismos, y de este modo, resucitar cada día mediante una conversión continua. Un abrazo fraterno para todos, invocando el Santo Nombre de Jesús.

Anoche cuando dormía

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que una fontana fluía
dentro de mi corazón.

Di, ¿por qué acequia escondida,
agua, vienes hasta mí,
manantial de nueva vida
de donde nunca bebí?

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que una colmena tenía
dentro de mi corazón;

y las doradas abejas
iban fabricando en él,
con las amarguras viejas
blanca cera y dulce miel.

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que un ardiente sol lucía
dentro de mi corazón.

Era ardiente porque daba
calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba
y porque hacía llorar.

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que era Dios lo que tenía
dentro de mi corazón.

Antonio Machado

Enlaces de hoy:

Domingo de resurrección

La gran fiesta

La muerte no es lo que parece

Queridas hermanas y hermanos, amigas y amigos, lectores del blog: os dejamos aquí un bello texto que expresa de manera clara lo que alienta en nuestro corazón la resurrección de Jesucristo. Debajo también unos enlaces que pueden servir o gustar a algunos de ustedes. Os agradecemos mucho vuestra compañía, el aliento que nos llega a través de diversos medios y el permitirnos, de algún modo, formar parte de vuestra vida. Que la gracia inunde vuestros corazones y vaya apareciendo la certeza de que, en realidad, la muerte no existe.

elsantonombre.org

Parábola de los dos gemelos

Dos seres iban –juntos– de camino hacia la vida y sucedió que se pusieron a conversar entre ellos sobre qué era lo que les esperaba cuando llegasen al término del camino… Fueron concebidos los dos gemelos en un seno. Pasaron las semanas y éstos crecieron. A medida que fueron tomando conciencia, su alegría rebosaba:
-Dime: -¿No es increíble que vivamos? ¿No es maravilloso estar aquí?

Los gemelos empezaron a descubrir su mundo. Cuando encontraron el cordón que los unía a su madre y a través del cual les llegaba el alimento, exclamaron llenos de gozo: ¡Tanto nos ama nuestra madre que comparte su vida con nosotros! Pasaron las semanas, luego los meses. De repente se dieron cuenta de cuánto habían cambiado. ¿Qué significará esto? –preguntó uno.
– Esto significa –respondió el otro– que pronto no cabremos aquí dentro.
– No podemos quedarnos aquí: naceremos.
-¡En ningún caso quiero verme fuera de aquí –objetó el primero.
-¡Yo quiero quedarme siempre aquí!
-Reflexiona. No tenemos otra salida –dijo su hermano–.
-Acaso haya otra vida después del nacimiento.
-¿Cómo puede ser esto? –repuso el primero con energía–.
-Sin el cordón de la vida no es posible vivir. Además, otros antes de nosotros han abandonado el seno materno y ninguno de ellos ha vuelto a decirnos que hay una vida tras el nacimiento. -¡No, con el nacimiento se acaba todo! ¡Es el final!

El otro guardó las palabras de su hermano en su corazón y quedó hondamente preocupado. Pensaba:

-Si la concepción acaba con el nacimiento, ¿Qué sentido tiene ésta vida aquí? No tiene ningún sentido. A lo mejor resulta que ni existe una madre como siempre hemos creído.
-Sí que debe existir –protestaba el primero. De lo contrario, ya no nos queda nada.
-¿Has visto alguna vez a nuestra madre? –preguntó el otro–. A lo mejor sólo nos la hemos inventado. Nos la hemos forjado para podernos explicar mejor nuestra vida aquí”.

Así, entre dudas y preguntas, sumidos en profunda angustia, trascurrieron los últimos días de los dos hermanos en el seno materno. Por fin llegó el momento del nacimiento. Cuando los dos gemelos dejaron su mundo, abrieron los ojos y lanzaron un grito. Lo que vieron superó sus más atrevidos sueños.

en el libro: Our Greatest Gift de Henri J.M. Nouwen

Vigilia pascual

Significado de la resurrección de Jesús – Conferencia

Dos audios:

Ninguno más libre

Cuán pocos son los que aman la Cruz de Cristo.

1. Jesucristo tiene ahora muchos amadores de su reino celestial, mas muy pocos que lleven su cruz. Tiene muchos que desean la consolación, y muy pocos que quieran la tribulación. Muchos compañeros halla para la mesa, y pocos para la abstinencia. Todos quieren gozar con Él, mas pocos quieren sufrir algo por Él. Muchos siguen a Jesús hasta el partir del pan, mas pocos hasta beber el cáliz de la pasión. Muchos honran sus milagros, mas pocos siguen el vituperio de la cruz. Muchos aman a Jesús, cuando no hay adversidades. Muchos le alaban y bendicen en el tiempo que reciben de Él algunas consolaciones: mas si Jesús se escondiese y los dejase un poco, luego de quejarían o desesperarían mucho.

2. Mas los que aman a Jesús, por el mismo Jesús, y no por alguna propia consolación suya, bendícenle en toda la tribulación y angustia del corazón, tan bien como en consolación. Y aunque nunca más les quisiese dar consolación, siempre le alabarían, y le querrían dar gracias.

3. ¡Oh! ¡Cuánto puede el amor puro de Jesús sin mezcla del propio provecho o amor! ¿No se pueden llamar propiamente mercenarios los que siempre buscan consolaciones? ¿No se aman a sí mismos más que a Cristo, los que de continuo piensan en sus provechos y ganancias? ¿Dónde se hallará alguno tal, que quiera servir a Dios de balde?

4. Pocas veces se halla ninguno tan espiritual, que esté desnudo de todas las cosas. Pues ¿Quién hallará el verdadero pobre de espíritu y desnudo de toda criatura? Es tesoro inestimable y de lejanas tierras. Si el hombre diere su hacienda toda, aún no es nada. Si hiciere gran penitencia, aún es poco. Aunque tenga toda la ciencia, aún está lejos: y si tuviere gran virtud y muy ferviente devoción, aún le falta mucho; le falta cosa que le es más necesaria. Y esta ¿Cuál es? Que dejadas todas las cosas, deje a sí mismo y salga de sí del todo, y que no le quede nada de amor propio. Y cuando ha hecho todo lo que conociere que debe hacer, aún piense no haber hecho nada.

5. No tenga en mucho que le puedan estimar por grande, mas llámese en la verdad siervo sin provecho, como dice Jesucristo. Cuando hubiereis hecho todo lo que os está mandado, aún decid: Siervos somos sin provecho. Y así podrás ser pobre y desnudo de espíritu, y decir con el profeta: Porque uno solo y pobre soy. Ninguno todavía hay más rico, ninguno más poderoso, ninguno más libre, que aquel que sabe dejarse a sí y a toda cosa, y ponerse en el más bajo lugar.

Extraído del Libro Segundo, Capítulo XI, de “La Imitación de Cristo” de Tomás de Kempis

Imagen extraída de: Misioneros y peregrinos

Enlaces:

La pasión de Cristo (film)

Viernes Santo

En Getsemaní

Conciencia de Cristo

Unitas mentis

Conciencia amorosa del cristiano “monje”

“El amor progresa hasta alcanzar una cierta semejanza con aquel amor que hizo a Dios semejante al hombre por la humillación de la condición humana, para hacer al hombre semejante a Dios por la glorificación de la participación en la divinidad. Entonces se hace dulce al hombre con-humillarse con la majestad suprema, con-empobrecerse con el Hijo de Dios; conformarse a la sabiduría divina, teniendo en sí los mismos sentimientos de Cristo Jesús, nuestro Señor.

El corazón piadoso tiende con tal ardor hacia este Bien, por amor del Bien en sí mismo, que no puede apartarse de él hasta que no se haya hecho una sola cosa o un solo espíritu con él… por la fe y la esperanza ya goza en su conciencia de aquel a quién ama… y el que hasta ahora había sido solitario, o solo, deviene uno; la soledad de su cuerpo se transforma para él en unidad de mente. «in unitatem mentis»

Esta unidad del hombre con Dios «unitas hominis cum Deo» o semejanza divina, en la medida que se aproxima a Dios, hace que la parte más elevada del hombre conforme a sí misma a lo que está debajo y ésta, a su vez, a la más inferior, de modo que el espíritu, el alma y el cuerpo ordenados a su fin… hagan que el hombre comience a conocerse perfectamente a sí mismo, y por ese conocimiento de sí, se eleve hacia el conocimiento de Dios”.

Extraído del anexo a “Carta de oro” de Guillermo de Saint Thierry: “El crecimiento dinámico de la vida espiritual” del padre Juan Carlos Leardi, o.c.s.o – Monasterio Trapense Nuestra Señora de los Ángeles, Azul, Argentina, 2003

Imagen: “LA MÍSTICA CENA DEL SEÑOR”, icono ruso, s. XV.

Aquí la homilía del Padre José Antonio op

Sacred Print

Domingo de Ramos

Queridas hermanas y hermanos, en este domingo de Ramos os dejamos la homilía del Padre José Antonio, extraída de su blog Contemplar y Proclamar; una lista de reproducción que hemos encontrado, con el audio-libro del Peregrino Ruso, muy bien leído que es de mucha utilidad para escuchar caminando o en medio de actividades muy rutinarias. Llevando la atención al audio se van desplazando los pensamientos y favorece luego la continuidad de la oración interior. Debajo también os dejamos el muy buen texto “Jesús el Paradigma”. Finalmente una invitación a un encuentro virtual para participantes de los cursos del blog y lectores en general. Un abrazo fraterno para todos haciendo votos para que en esta Semana Santa Jesucristo resucite en nuestros corazones.

Jesús, el paradigma

Invitación:

El próximo miércoles 31 de Marzo a las 20 hora española, 15 horas de Argentina; puedes participar de un encuentro virtual a través de la aplicación “Meet”, para intercambiar sobre aspectos de Filocalía, Fenomenología o temas generales referidos a la temática del blog. Si quieres participar avisa a bloghesiquia@gmail.com

Formas y fondo

¿Qué es el dolor?

Pues depende. Es bueno distinguir antes entre dolor y sufrimiento. El dolor es más bien físico y el sufrimiento es más que nada mental. Hay gente que padece dolores corporales y sin embargo no sufren. Les duele la pierna pero no la mente. Desde un punto de vista, el dolor implica un aviso, una alarma que te alerta de un posible daño en una parte del cuerpo. Por ejemplo, como si dijéramos: “Oye, deja de hacer fuerza con ese brazo, la bolsa que llevas es demasiado pesada… te puedes dañar.” Esa es la principal función del dolor y salta a la vista. Indica con cierta premura imperativa la necesidad de cambiar alguna conducta, postura, situación, ingesta etc. que no está beneficiando al cuerpo.

El sufrimiento es igual pero a nivel de la mente. Implica colisión, conflicto de fuerzas internas. Ese choque es dañino y entonces aparece el sufrimiento como indicación de la necesidad de reorientar las fuerzas interiores. Por ejemplo, si deseo dos cosas incompatibles entre sí, que no podrán sostenerse juntas con coherencia en mi vida, eso activa una alarma a la que llamamos sufrimiento o dolor mental. Usando un ejemplo muy burdo, pero para que sea claro: Si quiero tener un cuerpo delgado y a la vez pretendo comer seis tortas azucaradas por día, se produce un conflicto. Por lo tanto sufro. En este sentido, el sufrimiento muestra deseos contradictorios y es una bendición de la gracia; y mientras más sufrimiento más fuerte está sonando la alarma que indica… y atención con esto: Necesidad de recomponer la dirección de las fuerzas que se oponen.

El dolor es siempre en el presente; el sufrimiento deriva muchas veces de la memoria o la imaginación. Recuerdo algo doloroso o imagino alguna tragedia en el futuro. Por esto hay que prestar atención con más detalle a este tema. Quiero decir; a veces el sufrimiento es espectral, es simplemente mal funcionamiento de la herramienta. Imaginar que algo va a salir mal podría tener sentido como una de las alternativas que se barajan al inicio de una planificación, podría ser necesario. Inauguramos un empresa y manejamos distintos escenarios posibles: que dé tal ganancia, que no, que haya una pérdida y haya que pagar a los empleados de nuestros ahorros. Está bien, puede ser una función necesaria a considerar para tener cierto capital de respaldo.

Pero vivir con temor o con aquella sensación de que todo va a salir mal de un momento a otro, o andar recordando aquella situación de desamor o aquél día en que envejecidos tal vez estemos enfermos y doloridos, es una mala función de la herramienta mental. Es como una cierta perversión de una buena función original. Ahora, es necesario aclarar esto: aunque el sufrimiento surge desde la mente se registra en el cuerpo como dolor. Ya sea como tensión, crispación, anestesia en ciertas partes… lo que llamamos angustia, ansiedad, depresión y fobias diversas; el cuerpo y la mente son una unidad completa, absoluta. No olvides que separar cuerpo de mente es un artificio de comprensión. En realidad no hay división.

Puede sonar muy molesto, pero el dolor y el sufrimiento nos recuerdan todo el tiempo la existencia de la provisoriedad, de la finitud de la vida; de nuestra falta de autonomía. Por más que deseamos ilusionarnos con nuestra pretendida libertad, esta resulta muy acotada. No nos hicimos a nosotros mismos, no sostenemos nuestra vida, no manejamos nuestro destino… la vida a veces nos parece hermosa, otras desastrosa. Si nos aferramos al cuerpo y nos identificamos con él, nos resultará difícil hallar cierto bienestar perdurable. El cuerpo pasa, igual que todo lo material. Entonces nos volcamos a la búsqueda del inmaterial en nosotros, del espíritu esencial que somos… ¿Lo encontramos? Pues si eso se encuentra y nos da registro cierto, todo cambia.

En un enorme y vasto campo de silencio, que no es vacío sino pleno… en ese fondo de consciencia previo, suena una hermosa melodía. De pronto irrumpe un ruido al cual llamamos dolor o sufrimiento. Es decir aparecen formas en un fondo. Sin embargo, hay alguien que percibe estas formas que aparecen y también el fondo en que se dan dichos cambios. ¿No es curioso? En el fondo de la vida edénica surgió el pecado; en ese fondo de pecado se presentó la redención. Y al que mira benevolente todos estos aconteceres, a ese amor incondicional, le llamamos El Cristo en el corazón…

elsantonombre.org

Hermanas y hermanos, recomendamos mucho el cuento de León Tolstoi que enlazamos debajo. Un abrazo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesús.

La muerte de Iván Ilich

Aquí la transcripción de la clase 43° de Filocalía, 2° sobre Simeón, el nuevo teólogo

Tu vida es oración

Óleo sobre tela de 60 x 50 cms. propio del blog. Ventas en bloghesiquia@gmail.com

Mi padre espiritual solía decirme: Tu vida es oración y el modo en que la vivas tu método particular. En ese sentido, puede estar muy bien tener “momentos fuertes” de oración como suele decirse, pero atentos a que luego no caigamos en el olvido.

Él siempre insistía con que la vida debía ser liturgia o ceremonia de alabanza. Que si de algún modo, separábamos lo que era oración o meditación del resto de nuestras acciones, podía producirse un paulatino desliz hacia la desacralización de ciertas actividades o momentos. Admitía sin dificultad que todos tenemos etapas y diferentes momentos en el camino espiritual; reconocía que entonces no acostumbraba ya a pedir y ni siquiera a agradecer especialmente, sino más bien a un “dejarse llevar”. Que ese dejarse guiar tenía indicadores claros y el principal de ellos era la percepción de la Presencia.

Yo le preguntaba mucho sobre este tema, acerca de como era posible que Dios pudiera percibirse. Y él me respondía que esa percepción era la oración continua a la que se refería. Que podía asumir muchas formas, como la oración de Jesús, el vivir en el “canto” del Nombre; que podían usarse otras muchas devociones varias o que incluso hubo quienes habían reemplazado los pensamientos por la repetición de los salmos o pasajes de la sagrada escritura. Pero que la principal pista que podía darme y a la vez la más simple era: Si estás en los pensamientos no Lo percibes. En el momento en que los desatiendes te acercas y que cuando hay silencio Él llega.

Esto me apasionaba como posibilidad y a la vez me sublevaba. ¿Cómo podía ser que el silencio fuera todo lo que se precisara? ¿Qué es hacer silencio le preguntaba? Al principio es detener la marcha, enlentecer todo y paradójicamente, escuchar los sonidos. Cuando te detienes se nota el movimiento del mundo, te transformas en punto fijo. Mientras más quieto más se mueve todo.

Al principio aquietas el cuerpo, luego disminuyes la respiración, después escuchas los sonidos cercanos y al ratito atiendes a los de lejos, bien lejanos. Y allí ya notas un cambio importante en el fluir de las cosas, que no es más que el río de tus pensamientos. No luches con los pensamientos, déjalos pasar sin darles importancia. Este era un modo que le servía en medio del bullicio. Salirse del ritmo general y atender. ¿Atender a qué? Al silencio que estaba al fondo de todos los ruidos, a la quietud que abraza todos los movimientos.

No se refería a una meditación en particular, sino a un modo de “ponerse” en plena ciudad o en medio de las tareas. Pero decía que todos tenemos nuestra impronta singular o el modo mediante el cual Dios se nos hace notar. Hay a quienes los conecta la observación de la belleza, esa especial armonía que produce la combinación de las cosas en un momento dado. A otros les era útil la entrega absoluta a la actividad del momento. Unos pocos se habían enamorado del Santo Nombre y no podían ya dejar de escucharlo en el corazón o en una cierta forma de “eco” interior.

Solía decirme que el único propósito de la vida humana era “dejarse tomar” por Dios. Que venimos para ser encendidos por su Espíritu y que en esa unión fogosa estaban todas las respuestas a todas las preguntas y que era vano antes tratar de comprender. Querer comprender a Dios y el sagrado designio con nuestro entendimiento es como pretender navegar en un barco de piedra. Los dientes están para masticar, los pulmones para respirar, la mente para implementar cuestiones bien funcionales. No es el órgano para unirse a Él.

Sin embargo dejaba claro que la razón no debía oponerse a la fe, porque sino en los momentos difíciles la fe perdía sustancia y era vencida por las contradicciones de la razón. También insistía en que la fe no es lo que comúnmente entendemos por ella. Que la fe en realidad no es creer sino ya, de algún modo, saber y saber con certeza. Pese a recibir toda esta enseñanza, Dios me parecía esquivo, ausente por completo y la belleza que veía en todo estaba envuelta en la nostalgia de la finitud.

elsantonombre.org

Los enlaces de hoy:

¿Es este escrito el final de la duda?

Invitación a retiro de Hermana Hodet de Ecuador:

Que el Señor los colme de bien a cada uno y sus seres queridos. Con profunda alegría invito el retiro Virtual *”Un Camino de Amor y Dolor”, el mismo que iniciaremos el lunes 22 y culminaremos el jueves 25 de marzo. Pueden hacer extensiva la invitación a sus familiares, amigos, conocidos y vecinos. Saludos cariñosos. Shalom. Abre este enlace para unirte a mi grupo de WhatsApp: https://chat.whatsapp.com/I39YwJAWVmEJCENY9nXfGh

Memorias del desierto

El sol fatiga, de tanto brillo lastima. Nuestros pasos se suceden lentos y cadenciosos. A la prisa por la meta le oponemos la reclusión de la mente en el momento. El fulgor de las dunas nubla el horizonte y rara vez percibimos alguna forma que a manera de sombra desprenden las ruinas.

La oración fluye, viene y se va, se concentra o se diluye según vive en la intención. El Santo Nombre surge a veces del ritmo de la marcha y deslizándose en la respiración termina goteando en la arena junto a las gotas de sudor. Al abrigo de un pequeño promontorio tomamos agua y oramos las vísperas, salmodiar es un oasis para el corazón. La oscuridad se anuncia con pequeños remolinos repartiendo polvo como llovizna fina.

Aquí se teme la noche tanto como se la desea. Nos acobarda el frío y nos extasían las estrellas. Nos vamos durmiendo arrebujados, mirando joya tras joya del mapa estelar, con ojos fijos en los incontables rostros de Dios. En algún giro del cuerpo se vuelve a la conciencia en plena madrugada y se observa que no hay brisa, ni sonido, ni tiempo alguno que se mueva. El firmamento anonada, muestra al planeta extraño y parece desconocido.

Carlo reza “Jesucristo, Jesucristo…” pero está dormido, plácido. Amanece cuando entonamos laudes de cara al sol que todavía no se muestra. No nos falta el vigor y tampoco la pena por la muerte de aquél que nos hizo hermanos. Al rato, divisamos claramente el macizo y las salientes y las varias cuevas bajas junto al espacio de verdor. Varias horas después llegamos. Nos esperaban animosos. Nos abrazamos en silencio, conmovidos por todo.

Apenas refrescados nos llevan junto al cuerpo, ya preparado, en la pequeña ermita. A cada uno dejó un presente. Para nosotros son reliquias. Un rosario, algunas cruces, tres iconos, dos libros, unas mantas, algunos cuadernos. Con sorpresa encontramos dos fotos viejas detrás de la Virgen. Es él, de niño, junto a sus padres. La otra lo muestra sonriendo al  lado de un triciclo con gorrita de verano. Todos nos emocionamos mucho y no puede evitarse algún sollozo. Es que nos ha parecido conocerlo ahora por completo.

La misa fue muy sentida y en lugar de homilía se leyó una carta suya, escrita unos meses antes, previendo su final cercano. Ha dicho algo para cada quién haciéndonos sonreír por esa capacidad suya de ir a la médula de nuestros rasgos. También resumió su experiencia de vida en palabras simples que nunca olvidaremos. Luego, junto al fuego, con los testimonios y las anécdotas logramos situarnos en la alegría. ¡Es que la bondad de Dios se muestra de tantas formas!

Al día siguiente volvemos por donde vinimos. Nunca tan extranjeros y peregrinos.

elsantonombre.org

Hermanas y hermanos, la imagen de hoy es un óleo sobre tela de 50 x 60 cms. autoría del blog y lo ofrecemos a la venta para el sostenimiento del mismo. Si os interesa u otros similares escribid a nuestro correo: bloghesiquia@gmail.com

Enlace de hoy:

Cursos de Liderazgo cristiano

La irrupción de lo sagrado

Serie sobre la conversión III

A veces, en la historia humana, lo sagrado irrumpe de manera manifiesta transfigurando el mundo. Esos momentos especiales donde la gracia se muestra de modo más evidente para muchos implican una experiencia. Episodios como los de Moisés o Elías son una muestra de aquello a lo que nos referimos y por supuesto la vida de Jesucristo y todo lo implicado en ella.

Esta experiencia en el cristianismo original fue la del Cristo en el corazón o la de los dones del Espíritu Santo y que puede verse también en la vida de muchos santos o espirituales luego a través de los siglos posteriores. ¿Pero en qué consiste esta experiencia capaz de modificar por entero la vida del que la vive, de transformar sus ámbitos de relación, su conducta cotidiana y que transforma completamente la visión que se tenía hasta entonces?

Antes que nada parece implicar la confianza. Los que viven esta presencia nueva se sienten de pronto confiados. Una cierta certeza los colma y les provoca descanso más allá de la aparente agitación o actividad que sus deberes les acarrean. Este descanso del corazón que se apoya en la providencia divina, es entrega y abandono que los “despreocupa”; aunque puedan verse muy ocupados. Ellos viven “la gran vacación del alma” no como ociosidad, letargo o entrega al hedonismo consumista sino como frescura, tranquilidad en medio del bullicio y ausencia de temores.

En todo caso, atraviesan el desierto de los temores en oración continua, conscientes de los ataques que una noción de desamparo y soledad puede insinuarles. No buscan el martirio ni la confrontación, no quieren llevar la razón; en todo caso persisten vigilantes a la paz del corazón. Y ¿de donde deriva la paz imperturbable que parece poseerlos? Se han dado cuenta que todo depende de Dios, tratan de hacer lo mejor que pueden donde están, en cada momento y quedan libres de la expectativa por los resultados. Al fin y al cabo se saben de paso.

Antes o después el viaje termina y no se olvidan de ello. La consciencia de la finitud los torna veraces y decididos, se dejan actuar por una fuerza intangible que no puede apresarse pero que sienten y reconocen. Contrariamente a lo que pudiera suponerse no son personas especiales. No son extraordinarios sino como nosotros, como todos nosotros. Primero buscaron la satisfacción en los innumerables objetos, personas y situaciones que ofrece el mundo. Luego reconocieron que ni el éxito ni el fracaso les daba lo que buscaban; que el vacío interior persistía con terquedad.

Entonces buscaron con ahínco “hacia adentro”, sin saber que seguían tendidos hacia afuera. Afanosamente fueron tras doctrinas, maestros, libros o métodos. Con vehemencia iban de aquí para allá y en esa búsqueda un día la mente se rindió. Y al rendirse la mente fue primero el corazón. Y este ponerse el corazón al mando no fueron emociones fugaces o sensiblería fácil; sino una firmeza calma que provenía de un sitio olvidado, de una vivencia oscuramente recordada o muy brevemente visitada.

Esta serena alegría que sin esfuerzo vive imperturbable, fue también llamada hesiquía del corazón. Esta ermita interior se asienta en la clara percepción de la divina presencia; en un “darse cuenta” de su providencia en todo y en el cierto presentimiento, íntimo e intransferible, de que la muerte al igual que la vida no son lo que parecen…

elsantonombre.org

Enlaces de hoy:

El hombre interior (San Demetrio de Rostov)

Historia de un alma (Audiolibro)

Permitirnos la presencia

Serie sobre la conversión II

Una forma de vida que se nos ha hecho costumbre es la de vivir tendidos, estirados hacia el futuro; por lo general hacia propósitos diversos en varias áreas de nuestra vida. Los deseos múltiples forman imágenes de situaciones ideales y hacia ellas emprendemos camino, por lo general presurosos.

¿Cómo empieza esto? Es un hábito adquirido a través de la familia, de los medios, de la cultura en general. Observamos nuestra situación vital con el prisma de los gustos y disgustos. A cada percepción le agregamos un “me gusta” o un “no me gusta” o un “mas o menos... pero mejor si fuera“… Lo que observamos en las redes sociales y en casi todos los medios, esto de poder dar un “like” o “dislike” a lo que aparece es en realidad el reflejo de lo que ya ocurría en nosotros. Percibimos tomando posición, agregando nuestra personal impronta, adhiriendo o rechazando. Esto no es percibir. Es desear. Vivimos deseando.

Vivimos tironeados por las carencias, casi todas aparentes. Pocas veces son tales. Esto no está ni mal ni bien, es un modo de funcionamiento muy propio de lo biológico que pretende alcanzar las mejores condiciones medio-ambientales para asegurar la supervivencia del organismo. Sin embargo la vida del espíritu es diferente. Es sobre todo una mirada atenta. Desde allí se observan las situaciones y también los deseos que aparecen como parte de la misma. Pero se permanece a cierta distancia. Hay un estarse abiertos a la enseñanza que traen los acontecimientos como resultado de la omnipresente voluntad de Dios. El supremo misterio se transparenta a través de lo que ocurre y revela significados accesibles a los sentidos espirituales.

Para ver hay que dejar entre paréntesis lo que quisiéramos. Permitirnos la presencia. Ayunar de los apetitos y de los tantos quereres, no reprimiendo sino atestiguando. Esto los transforma en objetos percibidos y los desnuda como simples impulsos que vienen y van. No hay porque vivir la vida a expensas de esos vientos variables y quedar sometidos a su antojo. De otro modo nunca estamos mas que estirados hacia donde creemos que vamos. No hay nada erróneo en dirigirse hacia alguna meta, en tener alguna planificación; el problema está en vivir más allá que acá; en extraer la fuerza vital de un futuro imaginado en lugar de un ahora actual y en ese sentido, más cierto y veraz.

¿Adónde vamos? ¿Qué desesperamos de alcanzar? Una sensación sin duda. Sensación de paz, de bienestar y plenitud. ¿Y si eso que buscamos estuviera ya presente pero escondido precisamente por ese modo inauténtico de vivir? ¿ Y si el problema no estuviera en lo que me falta en este o en aquel ámbito de la vida sino en mi modo de ser y estar? Si esto fuera así, si el centro de la cuestión fuera mi modo de existencia; la solución debería provenir necesariamente del interior. A veces la gracia se manifiesta como una comprensión profunda que permite la conversión genuina y estable. O puede ocurrir una caída en cuenta radical que descorre los velos, provoca la rendición de las fantasías y el aire se torna limpio como en una mañana fresca.

El sentido de la vida no deriva de un propósito en medio de la finitud inapelable o de metas diversas por alcanzar. El sentido es algo que atraviesa la vida ahora mismo y que permanece inalterable, disponible y abundante. Le han llamado el despertar de los sentidos espirituales; también El Cristo del corazón o la luz del Espíritu Santo. Más allá de nombres y formas es una presencia inequívoca que transfigura el mundo.

Suena bien pero me parece algo desconectado de mi realidad. ¿Cómo bajarlo desde las palabras a mi realidad concreta?

elsantonombre.org

Enlaces:

Homilía del Padre José

La Cuaresma interior

Serie sobre la conversión I

¿Qué me puede decir sobre la Cuaresma?

En cierta forma, la vida puede verse como una Cuaresma, como la preparación para el paso final, la Pascua a la resurrección. Será bueno interiorizar la cuaresma. Darle algo de ayuno al cuerpo nunca viene mal; nos muestra la dependencia que tenemos de la comida como medio para aplacar las ansiedades, deja expuesta nuestra esclavitud a los hábitos y las costumbres adquiridas. La principal purificación que nos muestra el ayuno o alguna privación; resulta de esta toma de conciencia que nos devuelve un poco a la humildad. Nos sitúa con más criterio en la realidad que vivimos y no en la que creemos vivir.

¿Qué realidad vivimos? La dependencia. Un sinfín de deseos que se nos han vuelto necesidades. Ya no es tomar agua lo que necesitamos sino tal o cual bebida saborizada. Ya no es comer lo que necesitamos sino aquel plato en particular que tanto nos apetece y que cuanto más paladeamos más deseamos. Y así como hacer el ejercicio de privar de algo habitual al cuerpo nos pone en presencia del sometimiento en que vivimos a sus impulsos; darle algo de ayuno a la mente nos deja sorprendidos; advertimos la duermevela vagabunda en la que solemos permanecer.

¿Qué sería ayunar en lo mental?

Dejar de rumiar los mismos pensamientos de siempre. Dejar de darle vueltas siempre a las mismas cosas como si en ese masticar las tensiones los problemas fueran a resolverse. Reconocer que, del mismo modo en que acostumbramos a comer cierto dulce en el desayuno, suelen discurrir los pensamientos por el mismo camino gastado, mas o menos a las mismas horas. Siempre tendemos a comer lo mismo, dependientes como somos de tales aromas y sabores. Igualmente, siempre tendemos a “pensar” lo mismo, dependientes como somos de ciertas sensaciones “preocupantes”, que si no estuvieran desnudarían el vacío de significado en nuestro cotidiano.

Desatender los pensamientos que aparecen y dirigir la atención hacia el propósito interior trazado es un formidable ayuno mental. Por ejemplo, dirigir la atención a la vía de oración a la cual nos hemos consagrado o hacia la percepción de la presencia de lo divino en lo que ocurre, o simplemente, concentrarnos en hacer lo mejor posible lo que tenemos entre manos en el instante; es conversión continua. Agarrar la atención que se nos escapa, una y otra vez y traerla de vuelta a casa, al corazón y llevarla allí donde queremos realmente depositarla, es ayuno, limosna, purificación y Cuaresma del alma.

Quién permanece presente en el sitio de la atención, tiende a comer menos naturalmente, solo lo necesario. Desde esta conciencia atenta se escucha más a los demás y surge una especie de caridad espontánea apropiada a cada situación. Esta misma vigilancia nos muestra la mezquindad constante que nos atrapa y entonces nos quedamos más humildes, pero sin tristeza. Es un quitarse el maquillaje y mirarse de frente y encontrar allí mismo el amor a nosotros mismos sin condiciones. Se supone este tiempo litúrgico como oportunidad de conversión, de cambio profundo… dejar de defender una imagen, dejar las pretensiones, ir soltando los cuidados y abandonar las razones vanas que nos atan al sufrimiento es volvernos auténticos y verdadera penitencia…

elsantonombre.org

Recomendamos hoy:

Blog Caminar

Vive en Cristo

La aparición de la vida

Serie sobre los pensamientos VI

Un día me encontré aquí, en lo que todos llaman “el mundo” o “la vida”. No supe a ciencia cierta cómo es que esta aparición se produjo. Se me dijeron  muchas cosas sobre esto, pero fue siempre información de oídas y en cierto modo dudosa, al ser contrastada luego con otras opiniones e informaciones acerca del origen de todo. Aparecieron muchas personas, innumerables actividades, paisajes naturales diversos y de belleza incomparable. También surgieron emociones por doquier, alegrías brillantes y dolores inimaginables; comedia, drama y tragedia enlazados en todos los rincones. Un aparente mal, escondido siempre en lo imprevisto convivía con grandes espacios de bien y de un sentimiento parecido al amor.

Después se revelaron galaxias, millones de estrellas, el colapso de mundos distantes, la posibilidad de otras vidas, nebulosas coloridas y vacíos sin nada, densas oscuridades. Olas que vienen y van en el océano vital, caminos sin fin, vórtices hipnóticos, tendencias apremiantes… Mientras tanto, el mundo pequeño e íntimo de lo mental, también crecía y se hacía complejo. Como si fuera un mundo reflejo del otro veía en ambos, afuera y adentro, situaciones similares. Solo era distinta la escala, la medida, pero el argumento central aquello que gemía “allá” y “acá”, era lo mismo. La sorpresa ante el hecho de la vida, la pasión por ella y el miedo a perderla. El horror a dejar de ser y de estar. A partir de allí, todo lo demás, incluyendo el dolor y el sufrimiento como anuncios de la muerte, de la angustia primigenia.

Un buen día apareció Dios… primero como idea antojadiza, luego como concepto estructurado, más tarde se hizo creencia. Mucho tiempo después se transformó en lo que llamaría “experiencia” de Dios. Una vivencia íntima, intraducible al lenguaje que las palabras solo degradarían. Fue un conocerle de modo singular. En todo ese proceso, mientras Dios mutaba en mí desde la idea a la experiencia, quise usarlo, pedirle, negociar con Él. Quise verlo como un objeto, como pueden verse las cosas e incluso a veces las personas. Traté de poseerlo como visión magnífica en mi interior. Quise que respondiera con claridad para mi entendimiento, quise que se anunciara, que me acompañara, que de algún modo se mostrara.

Es decir Dios fue objeto de mi deseo y solo la frustración quedaba como residuo, como sucede con todo deseo. Si el deseo se logra deja ya de interesar; encaminándose la mente en pos de uno nuevo y si  no se logra se instala la frustración o el resentimiento. También, durante ese desarrollo vital, hubo el esfuerzo legítimo de controlar la vida, de encauzarla hacia donde yo quería. Hubo aparentes causas y efectos posibles; hubo lucha y fracaso y repetidos intentos de hacer que las cosas fueran como, según yo, tenían que ser. Nada de eso. Ni de cerca.

Curiosamente Dios empezaba en ese entonces a revelarse como la oposición a lo deseado. Yo no podía negarle el poder supremo, ya que había hecho la existencia misma con todo lo que incluye y sin embargo, cuando las cosas no iban como quería, me parecía una especie de error de Dios. Al menos conmigo, Dios se equivocaba. Así lo vivía, como injusticias de la divinidad para conmigo. No fue sino hasta mucho tiempo después cuando empecé a ver la concatenación oculta de los hechos. Los significados que estaban vivos tras los acontecimientos aparentemente desafortunados…

elsantonombre.org

Dos enlaces recomendados:

El espejo del alma

La moral en Santo Tomás

La pretensión imposible

Serie sobre los pensamientos V

… Por lo general intentamos controlarlo todo. Y la mente es el instrumento mediante el cual pretendemos lograr semejante cosa. Pero es imposible conseguir este propósito que la mente por si sola se pone como meta. No podemos manejar el curso de los acontecimientos. ¿Cómo podríamos, si ni siquiera somos dueños de nuestras propias reacciones? ¿Cómo podríamos conocer los innumerables factores que convergen para que ocurra un hecho determinado? ¿Cómo saber lo que conviene aquí y allí desde nuestra pequeña visión?

El plan divino se desarrolla en cada instante a través de los acontecimientos y no somos del todo capaces de percibir la esencia de su sentido ni la profundidad del significado que en ellos se encuentra. Atolondrados  queremos encauzar lo que ocurre en función de nuestros intereses. Sin embargo, lo bueno para nosotros no siempre es lo que la mente pretende. Acuciada por el ansia y el deseo constante va urdiendo planes para satisfacer a un cuerpo que se torna insaciable sin la primacía del espíritu. Y mientras más se colma más desea y en este frenesí ambiciona sin límites, pretendiendo forzar la trama de los hechos. En cada momento, si uno observa, puede detectarse que motivación va impulsando nuestros movimientos.

Esto que hago, ¿Qué propósito tiene? Si corro tras el placer, es el cuerpo el que me guía, quién ha tomado el mando. Y no es que el placer en sí mismo sea dañino, sino que lo nocivo es tenerlo por norte y centro de toda acción. ¿Vas tras la gloria? ¿Qué pretendes, tener la razón? La mente se ha hecho reina y busca el tipo de goce efímero que resulta de la comparación. La lista con ejemplos podría ser muy larga. Pero la clave para librarse no es compleja. Encontrar a Dios en el corazón es un descubrimiento factible cuanto más se suelta. No se lo encuentra a través de la contracción, ni de lo duro, ni del forzamiento. “Felices los mansos, porque heredarán la tierra” (Mt 5, 5) “Por el contrario, el fruto del Espíritu es: amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza…” (Gal 5, 22)

La confianza en Dios es la llave que abre la puerta de la paz. No hay posibilidad de sosiego sin este fondo de entrega confiada hacia Aquél que es el origen y fin de todo lo que existe. El plan de la creación se desenvuelve sin fallas y mi lugar en él se evidencia cuando actúo con esa confianza. La actitud confiada, esa que sabe que no está solo el hombre en su camino y que todo tiene un sentido último en el corazón de la Trinidad, permite una acción eficaz que no siendo excesiva tampoco es negligente. ¿Esto qué hago surge del temor o de la confianza y la fe? Si me conduce el miedo, el temor a perder, el desespero de alcanzar, la furia de aquél querer lograr… la crispación y el conflicto mostrarán lo equivocado de ese modo de actuar.

Pero ¿Cómo confiar? Y ¿Cómo quedarse en la confianza? ¿Cómo vivir el gozo de quién sin prisas descansa en la voluntad de Dios?…

elsantonombre.org

Hermana Hodet desde Ecuador invita:

Saludos a todos, espero en Dios que cada uno de ustedes se encuentre bien.
El motivo de mi mensaje es para extenderles una invitación al retiro “VIDA FRATERNA”, el mismo que iniciará el día sábado 13 de febrero de 2021.
Los que deseen participar, pueden hacerlo, uniéndose al siguiente enlace. Millón de gracias, y bendiciones 🙏🏻
https://chat.whatsapp.com/LSZ1wZCry215zCZI1T1vtg

Y aquí un audio del equipo de Filocalía:

¿Dónde está Dios?

Serie sobre los pensamientos IV

Este modo singular consiste en hacer bien algo, cualquier cosa de que se trate. Para efectuar con corrección una tarea determinada es imprescindible estar presente uno mismo. Ser consciente de lo que se está haciendo. Es decir un estarse en eso y no con el ansia en otra parte o en el momento que sigue. Es un modo de tomar a la acción como oración. Un ponerse en particular disposición a fin de efectuar un trabajo impecable, sin error o con el mínimo error posible, ya que sabemos que a nuestra naturaleza le resulta esquiva la perfección.

Cuando uno era joven e iba a salir en plan de divertirse, todos recordaremos; había una preparación muy especial que se efectuaba, más allá de cuestiones de género. Toda una tarea de ponerse lo mejor posible. Uno se duchaba, se cambiaba, se perfumaba… a estas alturas da risa, pero es la verdad. Un deportista antes de la competencia actúa de modo similar. Realiza tareas pre-competitivas, se pone en posición, entrena los movimientos etc. A mí me ha servido eso muy especialmente, ese prepararse previamente a una acción determinada, como acercamiento a la experiencia de percepción de la presencia.

Por especial recomendación de mi padre espiritual, escogía una actividad y la transformaba en ceremonia y ofrenda. Me conectaba mediante ella a un sentimiento de unción y reverencia. Sin duda que la iconografía, la cerámica, tareas de precisión o artísticas sirven y facilitan esta conexión, pero cualquier menester permite introducir esta especie de “valor agregado” que surge mediante la atención y se consuma en la actitud de oración.

Pues si barres el cuarto, lo harás sin dejar rincón descuidado. Tratarás de estar en buena postura mientras te mueves, procurarás no levantar  tierra en el ambiente, recoger bien lo barrido… hacer sin prisa, estando en aquello en lo que estamos. No con la mente en otro sitio, como si hubiera en algún lugar algo de mayor preferencia. La prisa siempre indica la falta de atención a uno mismo y a lo que lo rodea y por lo tanto es imposible que en esa situación mental nos demos cuenta del aliento sagrado que mana y vive en todo y en cada instante.

La mejor recomendación que puedo dar para que quién se siente ajeno a la experiencia de Dios en lo cotidiano se aproxime a ella, es esta: Olvide todo y dispóngase a hacer algo lo mejor posible, sin apuro, con el mayor amor que encuentre en sí mismo, con una completa dedicación al instante en la tarea. Esto es poner toda la atención en ese momento. Implica una postura corporal correcta y adecuada a la actividad de que se trate; una respiración profunda y tranquila; una actitud sosegada sin ansia de terminar, ha de tomarse a la actividad como un fin en sí misma. En la mente, nada que no sea la tarea o, si la índole de esta lo permite, la oración de Jesús como fondo en el cual hacemos lo que hacemos. O la forma de oración que a uno le sea más afín.

No importa en ese momento como juzgue la marcha de mi vida. No importan mis fracasos, ni los errores o caídas, ni tampoco existe aquella cosa que me preocupa de un futuro que imagino con temor. Importa la ofrenda que ahora voy a hacerle al Señor, de una actividad sin mancha. O, en todo caso, este intento que realizo anhelando el bien hacer. Dios se percibe más fácilmente cuando uno se entrega. Y si hay divagación no hay entrega. Cada vez que divago me doy cuenta de que no estoy con la atención dispuesta y confiada. Debo volver a ella. Porque si no estoy atento, no percibo la presencia que busco.  Lo divino está en nosotros y fuera de nosotros, pero nosotros estamos en otro lado, por lo general en secundariedades. No es extraño entonces que nos pasemos buscando a Dios de un lado para el otro, sin nunca estar satisfechos del todo.

Dios, es más cercano e íntimo que nuestro propio corazón, pero nosotros estamos convencidos de que encontraremos la felicidad en aquello o en eso otro, o en lo de más allá; tenemos tremenda fe de que cuando consigamos estabilizar tal situación, o comprar tal cosa, o modificar tal otra, allí sí nos será posible algún otro tipo de experiencia.  Vivimos ilusionados con espejismos vanos. ¿Dónde está Dios? Allí donde no están tus divagaciones…

elsantonombre.org

Dos audios del canal en Youtube

La propia presencia

Serie sobre los pensamientos III

… Esto esta en la raíz de nuestra constante agitación en pos de logros exteriores. Hay muchas cosas que realmente no se necesitan o actividades que tampoco son necesarias; que encuentran su explicación en esta función que cumplen de acallar el dolor interno que producen la carencias. La mente es la que constantemente busca cambiar de situación y la que nos impulsa para seguir siempre hacia adelante, buscando el momento siguiente, impidiéndonos permanecer en el presente.

La mente por cierto es un mecanismo que al detectar tensiones corporales, va tratando de poner las imágenes necesarias, en forma de proyectos o de diálogos, que aflojen esas tensiones del cuerpo. Es una función que no está porque sí, tiene su utilidad. Pero claro, en tanto nos identificamos con esta actividad de la mente, padecemos mucho. Si nos dejamos llevar por lo que ella dice, creemos que es esto o aquello lo que nos intranquiliza y ese es el principal engaño. Porque a poco que logramos esto o aquello, la agitación vuelve. Se trate de un objeto material, de una relación afectiva, de un cargo de privilegio o de un reconocimiento social… el ansia vuelve y una vez más se apodera de nosotros, tironeándonos hacia el futuro, acosándonos con su aguijón para que desesperemos de alcanzar este nuevo espejismo, que se supone, ahora si nos dará la felicidad buscada.

Dios vive en el interior del hombre. Dios, está con nosotros. Y esa presencia divina es la que colma todas nuestras ansias actuales y posibles. Pero para que esto no sea solo un algo dicho o una creencia más, es necesario aceptar que el problema esta en nosotros y no en lo exterior. Por difícil que parezca o resulte, mientras no me convenza de que “la perla” esta en mi casa y no en otro lugar, será imposible encontrarla.

Pero hermano, usted habla desde una experiencia personal, ¿Cómo hace quién no la tiene para encontrarse con ella?¿Cómo hacer para acercarse a esa experiencia de vivir en la presencia de Dios o a ese estado en el cual se percibe lo sagrado en lo cotidiano?

Antes de percibir la divina presencia en todo, es necesario advertirse a uno mismo en el momento actual. Darse cuenta de la propia presencia. La atención* es la herramienta que recomiendan los padres del desierto desde antiguo y que uno mismo puede comprobar como esencial a poco de iniciar estos trabajos. Así como sin la gracia no se puede nada; en lo que concierne a la participación personal en estas tareas de elevación del alma, sin atención no hay ningún avance. Se utilice un método u otro de oración, más allá de las variaciones en la ascesis personal o de la situación de vida, la atención es el aporte que podemos hacer y está en nuestra mano para facilitar y abrirnos a la llegada del Espíritu Santo. Si tú me preguntas por dónde empezar, te digo que por un hacer muy particular…

elsantonombre.org

Dos audios de nuestro canal en Youtube

El sol de lo que acontece

Serie sobre los pensamientos II

Para encontrar el rumbo debo partir desde donde estoy y no desde donde ilusiono estar. ¿Y dónde está uno? Aquí y ahora. Con esto que percibo afuera de mí y en mí. Debo atreverme a penetrar en el desierto del presente desnudo de ilusiones y abrirme al sol de lo que acontece. Para ello, debo salirme del barullo y la agitación mental y situarme con actitud alerta ante el instante.

La oración de Jesús, cuando uno intenta practicarla con asiduidad, nos lleva primero que nada a tomar conciencia de esta alteración mental permanente, nos damos cuenta de que nos resulta imposible manejarla, de que, aunque queremos no podemos. Nos sorprendemos cayendo en cuenta de que la mente nos maneja a nosotros y que por lo pronto, no somos dueños de ella.

Nos sentimos diferentes a la mente. Porque teniendo nosotros la intención de acallarla y conducirla hacia la oración, nos vemos sometidos por la distracción. Estos primeros descubrimientos son muy buenos, porque uno comienza a des-identificarse de los pensamientos. Tu pregunta inicial días atrás era acerca de lo dicho sobre la necesidad de dejar a un lado los pensamientos y la de hoy un poco más en torno a cómo sería posible hacer tal cosa. Y muy de a poco intento responderte con mayor detalle de lo que se expresó en el libro. El acceso a la paz del corazón no es posible por la vía sicológica, esto es deliberando y “acomodando” los contenidos de la mente. Esto solo fortalece aquello que es preciso abandonar.

Cuando la mente se silencia la paz queda, porque es lo que siempre está detrás. Y la mente se silencia, cuando conduzco la atención. Cuando dirijo la atención con una intención precisa, el silencio viene de la mano. Sea que dirija mi atención hacia la repetición de la oración de Jesús, como una manera de centrar la mente, enlazando en torno a ella los contenidos de la dispersión; sea que dirija mi atención a lo que perciben mis sentidos en este instante, abriéndome por decirlo así a lo que ocurre en el presente, en cualquier caso estaré permitiendo el surgimiento del silencio. Silencio que siempre es el fondo de las cosas, silencio que es sostén y marco en el que se producen los acontecimientos, silencio que es gracia proveniente de lo alto y anticipo del soplo del Espíritu.

¿Por qué se produce este siempre querer estar en un lugar o situación diferente de aquella en la que nos encontramos?

Principalmente debido a que creemos que es lo exterior lo que nos brinda la felicidad que difusamente buscamos en todo lo que hacemos. Este es nuestro error básico. A lo largo de los años me encontré con una certeza: No hay nada afuera que pueda llenar el vacío interno. El ser humano se completa a partir de la interioridad o no se completa. Este vacío se me hacía evidente cuando me quedaba en quietud. Cuando me negaba a seguir “corriendo” en pos de algo y me quedaba un poco quieto, surgía rápidamente este desasosiego que me impulsaba a tapar y a llenar de cualquier modo, una sensación de ausencia y de carencia que se tornaba intolerable…

elsantonombre.org

Dos enlaces:

El principio

Si las palabras fueran agua

El vidrio opaco

Serie sobre los pensamientos I

Queridas hermanas y hermanos en Cristo Jesús: Iniciamos febrero con una serie de posts donde repasaremos textos antiguos del blog e incorporaremos otros nuevos, en torno al tema de los pensamientos, como el velo que nos oculta la percepción de la presencia de Dios en el cotidiano. Queremos de este modo continuar con la temática del último retiro y también con algo de tratamiento frecuente en los dos cursos que se ofrecen en este sitio. Hilar fino en este tema nos parece de mucha utilidad para nuestra forma de ser y estar en el mundo. Un abrazo fraterno invocando el Santo Nombre.

– En el libro La oración de Jesús” – Iniciación a la práctica – en la primera carta se dice: “Desde el punto de vista de la psiquis, el que esta oración abraza ha de irse despidiendo de los pensamientos. La principal dificultad no es acostumbrarse a la oración sino renegar de ellos. Y esto porque solemos identificar este discurrir de la mente con nosotros mismos”. – Quisiera si me puede aclarar más estos puntos. ¿Cómo es esto de que hay que despedirse de los pensamientos? Pienso que sin ellos no podríamos funcionar, seríamos semejantes a personas  con severo retardo mental.

– Entiendo perfectamente tus objeciones o interrogantes. Sucede que lo que hacemos habitualmente no es pensar. Y, en ese sentido, se ha dicho allí que debemos renegar de los pensamientos. Debemos abandonar un modo divagatorio de pensar, una manera errónea de organizar nuestra experiencia a medida que vamos viviendo. Por lo general, llamamos pensar a un cierto “etiquetar” los fenómenos que se nos van presentando en los sentidos.

También, consideramos pensamientos, a las asociaciones que se producen automáticamente en nuestra mente entre lo que percibimos y lo que recordamos. Cada cosa que vemos recibe desde nuestra mente un nombre y queda inmediatamente relacionada con nuestros registros de memoria, con lo que hemos vivido.  Esto puede ser un muy interesante mecanismo de supervivencia, pero no es pensar.

Estrictamente hablando, – pensar – no es algo que nosotros hagamos, sino que “se hace”, del mismo modo que la digestión, que la respiración o que la renovación de las células de la piel y otros fenómenos de similares características en nuestro cuerpo. Asimismo, inevitablemente, se elabora en la mente una imaginación respecto de aquello percibido; poniendo a lo que se ha visto en relación con nuestros intereses a futuro. Nunca vemos la cosa, sino en función de nuestras pretensiones, proyectos y temáticas de preferencia.

Esta situación forma parte de nuestra condición humana actual y en cierto modo, tiene que ver con lo mencionado en los primeros capítulos del libro del Génesis. Esta forma de funcionar la mente, nos desconecta de lo real, impidiéndonos ver lo que ocurre y reteniéndonos en un mundo con grandes dosis de fantasía. Además, nos hemos acostumbrado a “vivir dentro” de estos procesos autómatas de la mente y la equiparamos con nosotros mismos.

Es decir, nos identificamos con este suceder mental. Imagina que alguien tiene el poder de seguir los procesos digestivos y de darse cuenta cuando se segrega la bilis, cuando se van disolviendo los alimentos, cuando se incorporan los nutrientes y vitaminas al torrente sanguíneo… que esa persona va con su atención detrás de los movimientos peristálticos del intestino etc.  Mueve a risa, más aún si esto sucede todos los días y la persona continúa concentrada en seguir este discurrir metabólico. Imagínalo bien, día tras día, toda su vida. Lo que hacemos cuando creemos que pensamos es muy parecido.

Nos parece pensar, cuando en realidad vamos siendo llevados por una digestión mental de las experiencias que acontecen.  Cuando uno deja de “vivir allí” con su atención, cuando se abandona la identificación con estos procesos sicológicos, se abre un nuevo mundo que nos resulta desconocido… se produce una transfiguración del mundo.

Comprendo lo que explica, pero ¿Cómo salirse de la mente? O ¿Cómo poder vivir desde el lugar en el que se percibe lo real?

Una vez que uno ha aceptado al menos intelectualmente lo dicho, en cuanto a que uno no es ese proceso continuo de pensamientos que vienen y van, de diálogos y consideraciones sin fin sobre todo y todas las cosas; es posible dirigirse hacia otro modo de estar. En este cambio al principio, es decisivo orientar la atención hacia los sentidos, quitándola del acontecer mental. Aclaremos bien esto para que no se entienda mal:

Lo común es vivir “ensimismado”, es decir girando en torno a si mismo de manera egoica, abrumado por los propios problemas y temáticas, absortos en nuestros procesos sicológicos, esclavizados por lo que nos contraría, pujando por alcanzar aquello que se nos antoja como la felicidad. Por eso te decía que es importante sacar la atención de ese discurrir mental y empezar a atender a lo que percibimos. No podemos caer en cuenta de la divina presencia en lo cotidiano mientras miremos sin mirar, escuchemos sin escuchar, o proyectemos en lugar de percibir.

Es como si nunca estuviéramos realmente donde estamos. Nuestra vida tiene mucho de simulación porque en verdad queremos siempre estar en otro lugar, allá donde nos tironean las ansias. El particular modo de hacer que se menciona también en el libro en la carta tres y el llamado “sacramento del momento presente”, al que se hiciera referencia en los ejercicios espirituales del peregrino ruso, aluden también a esta. A la necesidad de situarnos primero donde estamos antes de acometer cualquier intento de mejorar nuestra situación de vida…

elsantonombre.org

Dos enlaces:

Liderazgo para responsables de equipos pastorales

Conoce los Testigos del Amor

Algo de Filocalía

Queridas hermanas /os en Cristo Jesús: Aquí les dejamos la transcripción de la primera parte de la clase 25° de Filocalía, para que puedan revisar si esta temática y el modo que se utiliza para su transmisión es de vuestro interés. Debajo el vídeo origen del texto. 

Si deseas participar y no estás anotado desde el año anterior, envía tu correo a cursofilocalia@gmail.com – Si puedes y quieres ayudarnos haz llegar una aportación económica voluntaria a través de alguno de estos medios: Página de contacto y donaciones

“Estimadas hermanas y hermanos. Estamos juntos nuevamente para abordar a Máximo, el confesor, en esta vigésimoquinta clase del curso de Filocalía 2020. Nos va a llevar quizás una clase más al menos. Este complejo y profundo maestro espiritual, que tiene matices muy diversos en su doctrina, en su enseñanza. Varios de los cuales pueden servirnos de mucho en nuestra práctica espiritual y en nuestra vida cotidiana. Recordamos que el primer significado de este curso de Filocalía era ver si podíamos aprender algo de estos monjes que pudiéramos llevar en nuestro día a día y así tratar de sumarnos de alguna manera a esta vía de la ascensión espiritual que ellos predicaban y practicaban.

Habrán visto ustedes una película que ya tiene bastantes años, llamada al menos acá en mi país, “La terminal”, una comedia romántica suave, donde Tom Hanks, actúa como un ciudadano de un ignoto país del centro de Asia, que queda varado en el aeropuerto de Nueva York por una cuestión de trámites legales. Y no puede entrar a Estados Unidos, pero tampoco puede regresar a su país. Esta comedia se desenvuelve casi toda en el aeropuerto de Nueva York. Donde el personaje permanece mucho tiempo y empieza a construir allí una vida, no tiene más alternativa que empezar a vivir en el aeropuerto. Bueno, y así se hace querido por los habitantes fijos de esta terminal aérea y la película sigue el curso de una comedia romántica. Ustedes dirán ¿Qué tiene que ver Máximo el confesor con la película “La Terminal”?

Es que Máximo, San Máximo, nos dice que el ser humano está en el medio, entre el cielo y la tierra. Que tiene cuerpo y que tiene alma. Y qué es un ser fronterizo. Que está al borde. Que su vida aquí es una duda. Es un movimiento permanente en busca de la unidad perdida. Nos sitúa como mediadores. Dice que el hombre es mediador entre lo celeste y lo terrestre. Somos un ser viviente, vinculante. Fíjense qué definición del ser humano, un ser viviente vinculante y tiene otras como, por ejemplo… “nexo universal” dice que somos el nexo universal.

También ustedes saben que Máximo divide a la creación en el mundo de los inteligibles o de los no visibles y en el mundo de los seres sensibles, que también son los visibles. Y habla de que el ser humano tiene una función mediadora también aquí, entre estos dos aspectos de la creación. En una parte de sus textos, dice que el alma es al ser humano, el alma es al cuerpo y al ser humano lo mismo que Dios al cosmos. Entonces sitúa al cosmos como un cuerpo y a Dios en su cúspide. Y hace una serie de simbolismos y analogías y recurre a pasajes bíblicos para usar ese significado, ese simbolismo. Pero no me quiero ir de tema: dice que el ser humano es el lazo de unión entre el cielo y la tierra. Que el alma está en una zona fronteriza. Quiero ver de qué otro modo lo dice… “el ser viviente vinculante”. Fíjense qué términos, qué forma de expresión que tiene.

Este ser viviente, vinculante, ya vamos a ver después la relación con Cristo; este ser viviente vinculante que somos; no es sólo un medio entre un mundo y otro, es también un transformador. Es como si, al resumir en nosotros mismos todo el cosmos; acuérdense ustedes que Máximo dice que el ser humano es un microcosmos. Al resumir en nosotros el cosmos entero y al estar nosotros unidos a todo. Nuestra transformación lo transforma todo, cambia el cosmos. Entonces tomamos nosotros la obra de la creación, las plantas, los animales, todo lo que se nos ha dado en la tierra y tenemos la misión de transformarlo y elevarlo a cada cosa lo más posible en ese movimiento intrínseco de unidad que tiene todo el cosmos.

Vamos de a poco. Dice San Máximo que todo el cosmos está atravesado por una fuerza invisible que tiende hacia la unidad. Más tarde o más temprano todo va hacia el Uno, hacia el que Es, hacia Dios. Las cosas, las personas, las montañas, las nubes, los planetas, cualquier cosa creada tiende hacia la unidad. Aunque a veces no nos parezca, ese es el movimiento universal hacia la unidad. ¿Y cuál es la función del hombre? Colaborar con este movimiento hacia la unidad. Él tiene que ir uniéndose en sí y unir todas las cosas que toca. Máximo nos aporta el significado de que nuestra vida tiene sentido en tanto se dirija a la unidad que es Dios. Y nos sitúa como liturgos. El ser humano como oficiante de una liturgia cósmica universal. De un sacrificio, de un sacro oficio. De una ofrenda a Dios constante en su vida a través de lo que hace por fuera y también dentro, en el alma.

En esa parte más elevada que, como ustedes saben, la Filocalía por una influencia griega llaman el Nous, el órgano de la contemplación. Este órgano de la contemplación, la parte elevada del alma, dice Máximo viene a ser para el hombre lo que es Dios, para el cosmos. Viene a ser el alma para el hombre, lo que es Dios para el cosmos. Es decir, el principio del orden, el principio ordenador general y universal. En esta… en esta liturgia cotidiana, nos volvemos mediadores. ¿Cómo? Como dijimos, transformando lo que tocamos y elevándolo espiritualmente. Máximo dice que mediante la contemplación de los seres sensibles, de los visibles: un animal, una planta, una roca, la lluvia, las nubes, lo que fuera; mediante la contemplación de los seres sensibles y visibles, nos elevamos hacia la contemplación de los seres inteligibles, es decir, aquellos que no se pueden tocar ni ver, pero que se pueden entender, conceptualizar, comprender.

Por ejemplo un ser inteligible serían los ángeles, que no se pueden ver, no se pueden sentir, pero que podemos concebir. Entonces, la liturgia consiste en, mediante la observación y la transformación de lo sensible, elevarnos en el entendimiento, para posteriormente abandonarlo todo y quedarnos con la tiniebla luminosa. Es decir, con ese no saber absoluto; que cuando nos rendimos a ese no saber profundo que el ser humano lleva en sí, cuando nos rendimos es cuando podemos hacer la oración pura; qué es lo más cerca que se está de la unión con Dios, al menos en lo que podemos comprender, según nos dice el confesor. ¿Cómo, cómo puedo hacer para elevar mi visión desde lo sensible a lo inteligible y posteriormente hacia la contemplación de la tiniebla luminosa?

¿Cómo puedo hacer? Acuérdense ustedes, permítanme la digresión… que Máximo toma conceptos de Orígenes, toma conceptos de Evagrio Póntico y de otros por ejemplo los Capadocios que lo preceden. Y hace de eso una mezcla, uniéndolas con la revelación bíblica y no sólo con la exégesis bíblica normal, con la interpretación normal de la Biblia, sino con un modo de leer la Sagrada Escritura muy cargado de simbolismo. Máximo ve en la Biblia, la Escritura, un simbolismo permanente, una alegoría tras otra, un significado encadenado al otro. Y de eso hace su propia cosecha de esta influencia que vino de Evagrio, vino de Orígenes, vino de los griegos, incluso del mismo Platón, a través de otros, con esto del mundo de las ideas o el mundo de lo inteligible y lo sensible. Pero yo me preguntaba recién cómo se hace para ir de lo visible a través de los seres sensibles, llegar a los inteligibles y después a la tiniebla luminosa que nos permite unirnos a Dios, a ese incognoscible tan apofático tan de Dionisio que también Máximo utiliza.

¿Cómo se hace? Hay que tratar de advertir en las cosas las razones de las cosas. Y a través de esta visión, que es una mezcla de intuición y de gracia y de atención plena; a través de esta visión, de las razones de las cosas, de las esencias que viven en las cosas, podemos intuir el mundo inteligible, es decir: el mundo que no se ve, pero que puede entenderse e intuirse, se ha patentizado en el mundo sensible, en el mundo de la materia. El mundo de la materia está informado de lo que no es materia. Es como si estuviera atravesado por lo inteligible. Dice Máximo en palabras casi textuales, después leeré algún párrafo, que lo inteligible y lo sensible se interpenetran constantemente en una relación circular. El uno necesita del otro y se informan mutuamente.

Pero veamos un ejemplo más, más práctico, más entendible: Giovanni Pico de la Mirándola, un nombre muy musical; Giovanni Pico de la Mirándola, un sacerdote, un monje de principios del renacimiento; no quiero decirles el año porque no lo sé, no lo recuerdo ahora… decía que había algo que hacía que el can, es decir, el perro, se comportara caninamente y había algo que hacía que el hombre se comportara humanamente. Y así con todo. Enfatizaba él, esto de la esencia de las cosas y de los seres, hay una esencia que proviene de lo inteligible, que es lo que hace que los seres actúen como actúan, que tengan esa índole particular que los caracteriza. Entonces, cuando nosotros vemos a una mascota, por ejemplo, nosotros observamos a nuestra mascota y nos vinculamos a ella mediante el afecto. Pero esta observación nos permite intuir, por ejemplo… esa, esa bondad innata de estos animales; este no rencor, esa ternura que siempre tienen. Es algo que nos permite adivinar su mirada, su comportamiento. Lo vemos sin esfuerzo. Nosotros percibimos en los distintos animales y particularmente en las mascotas, esa esencia de carácter, ese temperamento profundo que viene desde lo más íntimo de esa criatura. Eso que alumbra a través de sus manifestaciones es lo inteligible que lo atraviesa.

Y así con todo. Es lo que nosotros sentimos o intuimos cuando se desata una tormenta, que a la vez nos puede suscitar pavor o asombro extático, quedamos como maravillados ante una gran tormenta. O cómo se nos refresca el ánimo con la lluvia sobre la tierra recién mojada. Es decir, todo esto dice Máximo, tiene su correlato en el mundo no visible. El cosmos observable tiene su equivalencia en lo no observable… y eso es un camino hacia Dios. Nosotros como humanos tenemos que encontrar estas esencias y colaborar con la creación de Dios, elevándolo todo en consonancia, en armonía con ese otro mundo inteligible. En ese otro mundo de las ideas, diría en términos de Platón… que está más cerca del mundo celestial, pero que no lo es. Y el hombre se encuentra entonces entre-medio, entremedio del cielo y de la tierra.

¿Cómo se efectúa esta liturgia? En parte, como decíamos, observando o intentando con una atención plena, abierta, intuitiva, que invoca la gracia… en parte mediante esa observación esencial y en parte mediante la transformación de nuestras situaciones, de cualesquiera hechos de nuestra vida, en ceremonia de alabanza. Máximo es terminante, nos dice que el sentido de la vida humana no hay que buscarlo ni acá, ni allá, ni más allá; el sentido de la vida humana es ir hacia Dios. Y para eso nuestros actos han de ser liturgia, ofrenda, sacrificio. Máximo, el confesor, nos dice algo hermoso: Que la vida tiene que ser una ceremonia. Es como si fuera una gran eucaristía. Recuerdan que dije al principio que el ser humano está unido a todo; esto lo podemos comprobar… el aire que entra en nuestro cuerpo y nos vivifica, el agua que bebemos, el sol que nos ilumina, comemos elementos que surgen de la tierra. Es decir, todo está interpenetrado como decíamos recién… y al estar el ser humano unido a todo, importa mucho la transformación individual también. Porque aunque nuestros ojos materiales no sepan ver la influencia, mi transformación cambia el universo. Mi cambio lo cambia todo. Eso nos dice Máximo y dota así de un sentido profundo a nuestra vida y aun a los momentos que podríamos considerar más nimios o más pequeños. Cuando nos vamos a dormir, el modo en que nos vamos a dormir, el modo en que despertamos, el modo en que lavamos, el modo en que estudiamos y sobre todo, como ya lo dijimos en la clase pasada, el modo en que amamos.

¿Cuándo es que el ser humano se convierte realmente en un liturgo universal, en ese viviente vinculante, en ese nexo universal? Cuando ama. Amando se produce ya de por sí nuestra liturgia. El deber litúrgico es amar. Esa es nuestra vestimenta, ese nuestro cáliz, esa es nuestra forma sagrada. Ese es nuestro rito sacrificial: Amar, porque cuando amamos al ser microcosmos interpenetramos el cosmos entero. Y aquí viene la vinculación, por supuesto, con Cristo. Cristo, que tenía en palabras de Máximo las dos voluntades la humana y la divina… Cristo vino de modelo, vino a decirnos exactamente cómo se ha de santificar la creación entera. Cómo hemos de santificar el mundo y al mismo tiempo dotar a la vida de un profundo significado. ¿No han visto ustedes que… los hechos y las situaciones desagradables nos agobian mucho más cuando no le encontramos sentido, cuando nos parecen carentes de propósito los sucesos, los hechos? En cambio, cuando alumbra el simbolismo, cuando se nos aparece la alegoría clara todo cambia.

Había un autor, Víctor Frankl, que fue un psicólogo si no me equivoco un judío que estuvo en uno de los campos de concentración en la Segunda Guerra Mundial, era un psicólogo y escribió después un libro muy famoso que se llamó “El hombre en busca de sentido”, Viktor Frankl. Se los recomiendo mucho, es muy buen libro. Él observó, viviendo en el campo de concentración, observó que los que sobrevivían eran los que tenían un para qué. Por ejemplo, “quiero sobrevivir para volver a ver un hijo”… o para lo que fuera. Él, Viktor Frankl, encontró el modo de sobrevivir a esta atrocidad que le había tocado, proponiéndose crónicar lo vivido y escribir un libro. Él escribió gran parte de este libro en pequeños pedazos de papel, en servilletas, en elementos que había por allí, tomaba pequeñas notas. Vaya a saber con qué, porque no tenían nada. Y de esa manera él dotó, el llenó de significado la terrible penuria que atravesaba. Entonces nos dice nos deja esa enseñanza. Y dice algo así como que el ser humano puede soportar casi cualquier cosa en tanto tenga un para qué. Y Máximo, por supuesto, está totalmente alineado a esto, porque nos dice que el ser humano que es fronterizo, que no es de aquí ni es de allá, está en un permanente movimiento en busca del descanso que da la unidad.

Es decir, nos demos cuenta o no, pero a partir de ahora podemos atender a esto ¿No? Me doy cuenta de que esto abre una perspectiva muy interesante en el cotidiano. Nos demos cuenta o no, todo lo que buscamos es descanso. Y todo lo que hacemos busca la unidad desde la multiplicidad de la manifestación de lo creado, buscamos la unidad, una unidad que conocemos sólo por intuición, por cercanía… cuando atravesando lo sensible a través de lo inteligible, el nous, llegamos a la tiniebla luminosa donde el ser humano se rinde y dice “Señor, no sé nada”. Y anclados en este no saber rendirnos, rendirnos totalmente a la voluntad de Dios”.

Una actitud amigable

Un caminante cansado tropieza en el camino de tierra. Cae de bruces y se lastima un poco, nada serio. Sin embargo aporrea el suelo y despotrica largo rato. Luego, se levanta y camina de aquí para allá, a veces en círculos preguntándose la razón de su tropiezo; se cuestiona si es merecedor de seguir en el camino; si debería volver al principio o abandonarlo todo… en suma, pierde tiempo y energías que no era necesario perder. Y con toda probabilidad, el comportamiento posterior a la caída hizo más daño que el golpe mismo.

Sin duda encontraremos en nuestra vida momentos parecidos a los cuales podemos poner nuestro argumento particular. ¿No es verdad que un remordimiento mal entendido a veces nos oscurece más que aquello que provocó la caída? No pocas son las ocasiones en las cuales el tropiezo viene bien, nos muestra una imagen de nosotros mismos que no queremos ver, nos quita unas capas de orgullo, nos deja más cerca de la verdadera humildad que permite el surgimiento de la gracia.

Apenas caídos hay que levantarse, sacudir el polvo de las ropas y emprender el camino trazado con la misma energía que antes del magullón. La actitud para reanudar la marcha debe ser “como si nada hubiera pasado”, ignorando los pensamientos que nos descalifican para el resto del viaje y que nos llevan a una autocrítica que no es tal, sino solo un ritual autocompasivo. Al fin de cuentas esta actitud nos predispone a nuevas caídas. Recién después de un buen trecho, con las fuerzas renovadas, será bueno sentarse a la sombra de un árbol amigable, tal vez al fresco del atardecer y examinarse, reflexionar y reconciliándonos, buscar la comprensión de la raíz de nuestro andar dubitativo e inseguro. Pero estas revisiones sirven cuando estamos con el ánimo alto y con la fuerza suficiente.

Hay que tratarse como se trataría a un amigo muy querido y con el cuál hay confianza. Amablemente, poniendo nuestra fe en su posibilidad de cambio y valorando la intención de mejoramiento. Podemos ser firmes con él, pero siempre desde el afecto incondicional que da la amistad verdadera. No se puede amar al prójimo sino nos amamos a nosotros mismos. Esto no implica aplaudir cualquier conducta o ser permisivos sin discernimiento, sino incorporar en nosotros algo de la misericordia infinita de Dios. ¿Qué quieres tú hermano, ser santo? Decía un monje a otro. Pues no sé, intento al menos no ser mañana peor persona que hoy”.

Hermanos queridos, este puede ser buen tema para el intercambio. Un abrazo fraterno para todos invocando el Santo Nombre de Jesús. elsantonombre.org

Enlaces de hoy:

Una exigencia del corazón

Una invitación del sitio Hozana.es

Libre de vanos cuidados

Hoy se conmemora a San Antonio Abad, también llamado “el grande”, considerado por muchos padre de la vida monástica. Su modo de vida puede resultarnos hoy completamente ajeno. ¿En que sentido puede ayudarnos hoy su ejemplo como modelo de conducta?

Hay que leer el significado que portan las imágenes del relato de su vida. Más allá de lo pintoresco del relato, de lo que pueda tener o no de fábula en busca de la conversión del lector de su tiempo; nos transmite un mensaje de mucho interés. Me parece que la búsqueda de la coherencia entre su vida y la enseñanza evangélica, precisamente al modo que se describe en los Hechos de los Apóstoles, se había transformado en un propósito fuerte de sus días. Andaba en el tema diríamos hoy.

Antonio reflexionaba sobre la escritura, asistía con frecuencia a los oficios y escuchaba la palabra con una actitud verdadera. Esta convergencia lo acercó a la radicalidad que vemos después. Hoy podríamos preguntarnos: ¿En qué pongo mi atención? Por que esta se dirige hacia lo que nos interesa. A veces nos decimos que un tema es importante para nosotros pero no lo es tanto. Para eso nada mejor que observar la conducta de cada día.

No se nos antoja siquiera posible venderlo todo y darlo a los pobres o irnos a vivir solos al desierto en condiciones de extrema austeridad. Es cierto. Pero sí podemos ir aumentando la prioridad que damos a lo espiritual sobre lo material o mejor aún, vivir nuestra relación con lo material desde lo espiritual. Sí podemos volvernos solitarios en cuanto a no dispersar nuestra atención en múltiples cuestiones secundarias y centrarnos en lo que es importante.

Reemplazar la divagación mental constante por la oración interior frecuente o no seguir el discurrir de las películas mentales retirándoles la atención; llevando toda nuestra percepción al estado donde se percibe la divina presencia, es hacer efectivo y real el desierto en nuestra vida. Al fin de cuentas, para ello se retiró Antonio y muchos otros, para facilitar el encuentro con esto mismo. Entonces si nuestra vocación o circunstancias nos permiten la soledad y la austeridad extremas muy bien; pero ya mismo podemos irnos a vivir a la ermita interior, despojados de vanos cuidados, del todo entregados a la voluntad divina.

El desierto en uno de sus significados alegóricos muestra esta desnudez del hombre frente a la vastedad del cosmos. Otro de los pasajes significativos de la “Vita…” tiene que ver con la lucha de Antonio frente a los demonios. Algo cercano a nosotros son nuestros miedos, todas aquellas imaginaciones que nos cercan y limitan, nuestras propias apetencias que nos esclavizan y demandan de continuo. Vivir con lo necesario, prescriben los espirituales en toda época y lugar. ¿Qué es lo necesario?

Sin duda, lo imprescindible para la vida material, pero también y que suele obviarse, lo necesario es la vida espiritual. Atravesar los días sin el sentido de la presencia o sintiéndonos librados a nuestras propias fuerzas es un estado de indigencia que nos aliena de nosotros mismos. Indaguemos entre líneas en todas estas vidas célebres y descubriremos algunos pocos atributos en común que podemos traer a nuestro momento actual. Vivir conforme a lo que se comprende, aumentando la coherencia en nuestra vida, podría ser un atributos que todos estos grandes modelos de conducta tienen en común.

Un abrazo fraterno para todos, invocando el Santo Nombre de Jesús.

elsantonombre.org

Mistica vita

Homilía dominical del Padre José

Para sumarte al Curso de Filocalía 2021 escribe a cursofilocalia@gmail.com

Para sumarte al Curso de Fenomenología 2021 fenomenologiacurso@gmail.com

El lugar del descanso

A poco de andar el día podemos darnos cuenta si estamos centrados, descentrados o perdiendo el rumbo. Atendamos a la prisa que hay en nuestros actos. Si hay apresuramiento ya tenemos la medida de nuestro alejamiento del corazón. Es un criterio muy sencillo que nos libra del error. Cuando pasamos de un momento al otro muy a las corridas o cuando estamos deseando ya acabar con esto y pasar a lo otro… nos hemos ido hacia la periferia de nosotros mismos.

Mientras más cerca del centro más calma se encuentra y habita allí una estabilidad que es claridad. Antiguamente solían construirse torres muy altas en la cima de montañas elevadas, que permanecían al abrigo de tormentas porque estaban encima de las nubes. Eran sitios inexpugnables y aunque del todo expuestos permanecían al abrigo. Estar allí implicaba distancia y observación fácil de todo el entorno.

Vivir en la ermita interior, en el corazón espiritual, permite lo mismo. Es una capacidad de darse cuenta de los distintos hechos que convergen en un mismo suceso y a la vez, mantener una cierta distancia de ellos. Se abre un espacio disponible que permite respirar en todo sentido y no ser avasallados por las reacciones que se produzcan en el medio, en la mente y en el cuerpo.

Estar situados allí se siente con frescura y no implica esfuerzo en el sentido con el que acostumbramos usar la palabra. Estar allí no fatiga. Acceder a ese sitio donde somos auténticos impregna de sentido los días y nos hace sentirnos familiares con la gracia. Y es esta misma familiaridad la que nos llama de regreso cuando nos ausentamos por distracción, hábito o inercias varias.

Muy diferentes métodos se usan para llegar a ese fondo del alma y son apropiados a distintas personas en cada situación o momento particular. Pero darse cuenta de que el resultado de las acciones no depende de nosotros sino de la providencia divina es muy necesario. Sin esa convicción se hace difícil ir al lugar del verdadero descanso. Si lo que ocurre depende de nosotros nos ponemos a la espalda una carga muy pesada y que no podemos sobrellevar.

Se me decía una vez: ¿Hiciste tú hoy aparecer el sol? ¿Has decidido la dirección que seguirán las nubes? ¿Sabes ya cuantas personas vendrán al mundo o lo dejarán al terminar el día? Pues no. ¿Le dices al corazón cuando latir, al diafragma como respirar o a la sangre por donde debe circular? Pues no. Revisa tu vida y verás que la persona con la que estás, el lugar donde vives, ese trabajo y aquella otra circunstancia han sucedido más allá de tu intención. En todo caso se ha producido una interacción que no puedes precisar.

Atenernos a nuestro ámbito, hacer lo mejor que podemos en cada momento y situación es nuestro campo de acción. Y ese pequeño espacio de libertad aparece cuando dejamos que la gracia de la atención se haga presente en nosotros. Esta atención vigilante necesita distensión no contracción. Y ese descanso surge cuando somos conscientes de nuestro papel en la obra de la creación. Si viajamos en uno de los asientos del bus y nos comportamos como si fuéramos el chofer, viajaremos amargados. Nos quejaremos de que no se sigue nuestro rumbo y no entenderemos que estamos haciendo mal.

La práctica de la oración de Jesús por ejemplo u otras formas de oración y meditación pretenden el silenciamiento de la mente. Y esto debido a que la mente no es la herramienta adecuada para orientar nuestra vida. Si ponemos al mando a “la loca de la casa” nos encontramos con vidas plagadas de sufrimiento e inconsistencia. Sigamos conversando sobre esto los días siguientes si les parece.

Un abrazo fraterno para todos invocando el Santo Nombre de Jesús

elsantonombre.org

Enlaces de hoy:

El Bautismo del Señor

Nuestro canal en Youtube

Tocar el corazón de Dios

Si os sentáis en una habitación y os decís: Estoy en la presencia de Dios; al cabo de un instante os preguntaréis cómo se puede llenar esta presencia de una actividad que ahogue la inquietud. Durante los primeros momentos, os sentiréis bien, porque estáis cansados y sentarse supone un descanso; estáis confortablemente instalados en un sillón, el silencio de vuestra habitación os da una sensación de quietud. Todo esto es cierto, pero si superáis este momento de descanso natural y permanecéis en presencia de Dios, cuando ya hayáis recibido de la naturaleza física todo lo que de ella podéis recibir, veréis que es muy difícil no preguntarse: ¿Y ahora qué hago? ¿Qué puedo decir a Dios? ¿Cómo me dirijo a él? Es tan silencioso… ¿De veras está aquí? ¿Cómo podré tender un puente entre esta ausencia muda y mi inquieta presencia?” (1)

El silencio de Dios es la realidad más difícil de llevar al comienzo de la vida de oración y sin embargo es la única forma de presencia que podemos soportar, pues todavía no estamos preparados para afrontar el fuego de la zarza ardiendo. Es preciso aprender a sentarse, a no hacer nada delante de Dios, sino a esperar y gozarse de estar presente al Presente eterno. Esto no es brillante, pero si se persevera, irán surgiendo otras cosas en el fondo de este silencio e inmovilidad. ¿Qué sucede en el interior de este silencio? Tan sólo una bajada cada vez más vertiginosa hacia las profundidades de nuestro corazón, donde habita ese misterio de silencio que es Dios.

Por eso hay que callarse, mirar, escuchar, con un amor lleno de deseo. Si supiéramos tan sólo mirar con toda la profundidad de nuestro ser el rostro de Cristo, ese rostro invisible que no podemos ver sino volviéndonos hacia nuestra propia intimidad, y viéndole emerger de ella, quedaríamos deslumbrados ante ese rostro que no se parece en nada a lo que nosotros podemos imaginar. En su Cántico espiritual (estr. XI y XII), Juan de la Cruz dirá que los ojos del amado que buscamos sin cesar, están dibujados en nuestras entrañas.

La perseverancia en la oración no tiene, pues, como objeto enseñarnos este rostro desde fuera, sino hacernos excavar más profundamente para que surja de nuestra propia profundidad. Kierkegaard se ha acercado mucho a este misterio de la oración cuando dice: «La oración no está fundada en verdad cuando Dios escucha lo que se le pide. Lo es, cuando el que ora continúa rezando hasta que sea él mismo el que escuche lo que Dios quiere.

El que ora de verdad no hace más que escuchar.» La oración excava nuestro corazón de piedra y hace saltar un la bemol que toca el corazón de Dios. La oración perseverante nos hace alcanzar la verdad de nuestro ser. En el interior de este silencio, es donde brota nuestra oración, es un largo grito silencioso, una queja, un gemido que transforma todo nuestro ser en oración: «Oh Dios de mi alabanza no te quedes callado… Y yo soy sólo oración» (Sal. 109, 1-4).

(1) BLOOM, A.: Certitudedelafoi. Cerf, Paris, 1973, págs. 149-150.

Párrafos extraídos del libro “La oración del corazón” de Jean Lafrance editado por Narcea

Un artículo acerca del Santo Nombre

La oración de Jesús

La técnica de los Padres… enviado por blog Caminante

El silencio esta vivo

En esta época suele ser habitual el surgimiento de propósitos, de deseos para el nuevo año, aparecen ciertos objetivos o metas a conseguir… ¿Qué me puede comentar sobre este tema?

Bueno sí, es muy frecuente; al guiarnos por el calendario se advierte un cambio, una especie de nueva etapa u oportunidad para recomenzar. Es un poco aquello del cuaderno en blanco que te decía, ese gusto que se tiene por comenzar bien de cero, aquello de hacer buena letra y con prolijidad. Están muy bien todas esas propuestas de cambio, de mejoría, de hacer las cosas de otro modo, sirven a cada uno según el momento del camino que se transita.

Pero diría que el mejor propósito o meta es aquella que se alcanza en el instante mismo en que nos encontramos. Algo que se tiene ya mismo y que por su misma naturaleza no puede perderse. Todos buscamos una paz y un bienestar estables que pretendemos alcanzar en el futuro y a través de esto o aquello. Sin embargo, esa suave alegría y sereno contento están aquí mismo y ahora y son independientes de lo que ocurra en nuestra percepción, es decir de lo que observamos en el mundo o en la mente.

Precisamente este que observa vive en el centro del corazón espiritual en un ámbito de sonoro silencio… es un silencio que retumba y hace ecos porque es pleno. No es el silencio de los vacíos muertos, de las cosas inertes irreparablemente. Es un silencio muy vivo, como si fuera un líquido fresco e inmaterial o un aroma viviente que ondula en todas partes.

¿Cómo llegar allí?

Precisamente cuando lo ves como algo que está “allá” o en el futuro se te escapa la esencia de lo que hablamos. Tienes que hacer la prueba de creer lo que te digo y probar, tomar una muestra por propia experiencia para ver si es verdad lo que te digo. Apenas tengas un momento en el ajetreo cotidiano siéntate un momento, donde estés cómodo. Deja el cuerpo quieto unos momentos, sin rigidez pero más o menos quieto. Desatiende los vaivenes incontables de la mente, apenas unos instantes. Permanece presente y atiende al silencio… es como un espacio que hay entre los sonidos, un algo intangible que sin embargo percibirás. O, si prefieres, atiende al espacio entre las cosas, a ese “vacío” que separa un objeto de otro… No puedo decirte más… es algo que adviertes o tal vez no, depende mucho de la disposición y entrega que pongas en esa atención.

¿Cómo darme cuenta si he descubierto aquello a lo que se refiere?

Nuevamente te sitúas desde la mente y tratas desde allí de apresar algo que no se puede agarrar ni poseer porque es inmaterial. Pero no es la nada, es más bien el todo de la sutil presencia de Dios, o como me gusta más decir: es Cristo que te abraza. Es probable que sientas surgir un agradecimiento desde tu corazón que no tiene objeto, agradeces y es como sin motivo. Cuando nos damos cuenta de que en realidad siempre estamos envueltos en la gracia, agradecer parece lo único que se puede “hacer”. Nos descubrimos siempre protegidos, al abrigo; desaparece el desamparo escondido con el que solemos vivir. Se nos hace una verdad propia aquello que decía el salmista y cantan algunos monjes: “¡Mi refugio está en el muy Alto… mi amparo junto al Altísimo..!

Pero es difícil, no por sentarme un rato quieto y atender voy a encontrar lo que dice. He probado similares actitudes y la mente se ha impuesto y me he intranquilizado.

Es posible. En ese caso, ofrece tu inquietud y desasosiego a ese Dios que buscas y no encuentras. Reclama tu derecho a descubrir el significado de la vida, que es lo que nos pone en línea con Su voluntad. Clama con respeto pero con vehemencia tu derecho a la paz y al sentido, el acceso a lo sagrado. Cuando ese clamor es profundo, cuando te das cuenta que es lo único que deseas realmente detrás de todo lo que buscas… reconoces en tu acto mismo de consagración y búsqueda aquello que reclamas. Todo lo que ocurre tiene sentido, descansa en ello…

elsantonombre.org

Enlaces de hoy:

Santa María, Madre de Dios

El Monte de Dios

En la guerra o en la paz

“… Si quieres centrar todo tu deseo en una simple palabra que tu mente pueda retener fácilmente, elige una palabra breve mejor que una larga. Palabras tan sencillas como ”Dios” o ”Amor” resultan muy adecuadas. Pero has de elegir una que tenga significado para ti. Fíıjala luego en tu mente, de manera que permanezca allí suceda lo que suceda. Esta palabra será tu defensa tanto en la guerra como en la paz. Sírvete de ella para golpear la nube de la oscuridad que está sobre ti y para dominar todas las distracciones, fijándolas en la nube del olvido, que tienes debajo de ti.

Si algún pensamiento te siguiera molestando queriendo saber lo que tú haces, respóndele con esta única palabra. Si tu mente comienza a intelectualizar el sentido y las connotaciones de esta ”palabrita”, acuérdate de que su valor estriba en su simplicidad. Haz esto y te aseguro que tales pensamientos desaparecerán. ¿Por qué? Porque te has negado a desarrollarlos discutiendo con ellos”.

Como puede verse, la palabrita se usa para barrer de la mente toda imagen y pensamiento dejándola libre para amar con el ímpetu ciego que tiende hacia Dios. En la Orientación Particular el autor habla de dos pasos bien definidos en el camino de la iluminación. El primero es el rechazo de todos los pensamientos acerca de qué soy yo y qué es Dios, con el fin de quedar consciente únicamente de que yo existo y de que Dios existe. Quisiera llamar a esta oración existencial, por razón de su abandono de todas las esencias o modos de ser. Pero es solo el primer paso.

El segundo es el rechazo de todo pensamiento y sentimiento de mi propio ser, para estar consciente solamente del ser de Dios. De este modo, el autor lleva a un total auto-olvido, a una pérdida total de sí mismo para pasar a una conciencia exclusiva del ser a quien amamos.

Introducción a la edición inglesa de “La Nube del No Saber” y “El Libro de la orientación particular” de William Johnston, Universidad de Sophia, Tokyo, 1973 – La imagen es “Star of the hero” de Nicholas Roerich

Aquí el PDF completo

Queridas amigas y amigos: Cualquier aporte de vuestra experiencia, intercambio o consulta que quieran hacer sobre este hermoso tema, utilicen los comentarios al final del post para que esto pueda enriquecer a todos los lectores. Aquí debajo les dejamos una lista de reproducción que estamos creando con el audio del libro, que poco a poco iremos completando si Dios quiere. Agradecemos a la hermana María José quién nos ha regalado esta labor.

La gruta del corazón

“La atención fortalece aquello a lo que se aplica”. La frase me impactó en su momento. Luego apareció formulada de manera similar en otros ámbitos, épocas y situaciones. Intuía que ella manifestaba un secreto a voces; eso que está a la mano, que es una maravilla y que solemos desaprovechar.

El punto donde focalizamos la atención constituye “nuestro mundo” y se amplía o se reduce, se profundiza, cobra volumen y se expande dependiendo de lo que alienta esa atención. ¿Donde va mi atención? ¿Qué impulso la orienta? Los temas y elementos a los que atendemos son como las hebras con las que luego hilamos la tela de nuestra vida. ¿En que textura se asentará mi mundo?

La Navidad puede ser ocasión para des-cubrir a Jesús en el corazón. Cristo vive en nosotros pero por lo general, no nos damos cuenta. Nos hemos acostumbrado a pensar sobre Él, a escuchar sobre Él, a leer sobre Él y a evocarlo a través de las diversas imágenes que nos suscita su recuerdo. Y todo eso está muy bien. Pero… ¿cómo es eso de que vive en el corazón?

Cuando de nosotros valoramos más la intención que el resultado de la acción; cuando atendemos a las mejores cualidades de las demás personas; cuando en las situaciones vemos más la posibilidad que la dificultad; empezamos a descubrir una cierta fuerza interna que no se alimenta de lo mudable. Es como el soplo de un aire fresco que limpia una habitación viciada. No es algo complejo, es el corazón haciéndose gruta, pesebre, ámbito para la Luz que viene al mundo.

Dios vino pero todavía viene. Jesús nació pero todavía está por nacer. Es algo muy grande que penetra el mundo y lo envuelve. Es un misterio inmenso esto de Dios que se hace hombre. Atender a la paz siempre presente en el fondo del corazón es una perpetua Navidad.

Queridas amigas y amigos, hermanos del corazón: ¡Que tengáis una muy feliz Navidad! Os enviamos un gran abrazo por lo compartido este año. En un rápido recorrido aparecen las imágenes de todo lo vivido y entonces agradecidos, invocamos El Santo Nombre del Señor Jesús.

elsantonombre.org

Imagen extraída de “Anawim blog”

Una Navidad diferente

La Justicia es inmortal

Últimas 100 publicaciones

  1. Audios – “Desde la ermita” I
  2. Unificación interior
  3. Lo que descubrimos en María
  4. 3° día de retiro
  5. 2° día de retiro
  6. 1° día de retiro
  7. Aviso y libro sobre La inmaculada
  8. Pedagogía de la humildad
  9. Algunos consejos sobre la oración
  10. La mente del mundo
  11. Ayuno mental
  12. Las puertas del silencio
  13. “Consagrados a la presencia”
  14. El único deseo
  15. Retiro espiritual virtual
  16. El latido de Tu Nombre
  17. La gracia y la desgracia
  18. Mucho más allá
  19. Dejar lo que sobra
  20. Espiritualizar los actos
  21. Los condenados
  22. Desaparecer en Ti
  23. Invitación
  24. Abrir los sentidos espirituales
  25. Cambio de hábitos
  26. Renovar el jardín
  27. El desierto de lo imprevisto
  28. La cualidad de lo eterno
  29. Vivir en lo sagrado
  30. Dejarse atrapar
  31. El gran escultor
  32. Gozar de la divina belleza
  33. Una vida simple
  34. No hay prisa
  35. Atención y adoración
  36. Permanece al abrigo
  37. el temor y la presencia
  38. La distancia y la atención
  39. El sentido del sufrimiento* (1)
  40. Primer contacto
  41. Una regla simple
  42. La ley del hombre interior
  43. Cómo se ha de hacer la contemplación
  44. El inicio y el fin del camino
  45. esa silenciosa presencia
  46. El sufrimiento (I)
  47. Lo único necesario
  48. ¿Qué es la muerte?
  49. Hacerse disponible
  50. Oración y pensamientos
  51. Apatía por la oración
  52. Preguntas sobre la contemplación
  53. ¿Soy el cuerpo o no lo soy?
  54. Obstáculos a la contemplación
  55. La afinidad profunda
  56. El turismo espiritual
  57. La libertad interior
  58. La desesperación
  59. Undécima clase de Filocalía
  60. Una Pascua Nueva
  61. Para mí la vida es Cristo…
  62. la atención es libertad
  63. Tratado de la sobriedad y del cuidado del corazón
  64. El piloto de nuestra vida
  65. Escuela de silencio*
  66. De dioses y hombres
  67. El papel de un cristiano
  68. Sinceridad y pureza
  69. Que domine en mí
  70. Entrenar la mirada
  71. Solemnidad de la Anunciación del Señor y texto adjunto
  72. Cristianismo original – II
  73. La pertenencia del corazón
  74. Eucaristía de hoy
  75. Mayor conciencia
  76. Filocalía 2020
  77. Cristianismo original
  78. El Hacedor de estrellas
  79. Abandonar el temor
  80. la preocupación
  81. Espacio de intercambio
  82. El miedo y el temor
  83. La voluntad de Dios
  84. El mejor esfuerzo
  85. El amor más grande
  86. El Nombre entre nosotros
  87. Partir de donde estamos
  88. La epidemia del miedo
  89. La pérdida del propósito
  90. Revístanse del amor
  91. La fuga cotidiana
  92. Anestesia general
  93. Ejercicios de Cuaresma 2020
  94. Seamos parte del misterio
  95. El velo de las pasiones
  96. La respuesta que damos II
  97. La respuesta que damos
  98. El padre Sergio
  99. La liturgia del ahora
  100. La depresión

Audios – “Desde la ermita” I

Estimadas hermanas y hermanos en Cristo Jesús: Iremos agregando periódicamente audios de los textos del blog que quizá sirvan como antesala de momentos de meditación o tal vez como reflexión a tener presente durante la jornada. Un abrazo fraterno para todos, invocando el Santo Nombre de Jesús.

Enlaces de hoy:

Blog Caminante

Síntesis de Fenomenología 2020

Unificación interior

–          ¿Qué entiendes por meditación silenciosa o meditación en silencio?

Entiendo por meditación todo intento por interiorizar la mirada.

En este ir hacia lo profundo, concentrando el interés en busca de cierta unificación interior, puede darse el acceso a un espacio tiempo de silencio, el cual resiste toda descripción; pero que sin embargo pudiera traducirse como “aquel lugar en el que todo se comprende, en el que los opuestos se ven conciliados y en donde la Presencia de Dios pareciera hacerse claramente perceptual”.

–          ¿Por qué resulta tan difícil silenciarse?

Las mayoría de las veces porque no se intenta lo suficiente o con el debido método; en general suelen abordarse estas prácticas con cierta precipitación, que termina grabando un recuerdo negativo, desalentando posteriores intentos.

Otra causa de fracaso suele ser el ponerse a buscar el silencio como una meta, cuando precisamente el silencio surge cuando la búsqueda se des-objetiviza, o sea cuando no se busca un fenómeno. Por eso es bueno que se vaya generando una actitud de unificación interior; hay cierto trabajo sobre uno mismo que puede hacerse para preparar la irrupción del silencio. Porque el silencio al que se puede acceder en un momento puntual de meditación no es igual al “fondo de silencio” en el cual puede vivirse lo cotidiano.

–          ¿A qué trabajo específico te refieres sobre uno mismo?

El silenciamiento es un proceso, un camino que se puede ir transitando en la vida, que va abarcando distintas áreas o aspectos de nuestra actividad. Este silenciamiento progresivo, que no por ser paulatino debe necesariamente llevar mucho tiempo, tiene que ver con un creciente dominio de aquello que nos controla mas allá de nuestra intención profunda.

Es un ir haciéndose dueño de lo que se llaman “las pasiones”. Esto es todo un problema en la época cultural actual, donde precisamente el -ser pasional- o -lo pasional- está bien visto y muy valorado. Lo pasional es lo que se padece, lo que ocurre superando la propia intencionalidad, lo que a mi pesar me sucede.

Se ha producido un cambio de significado con la palabra y también una mezcla de modelos arquetípicos. Se puede ser muy decidido, muy resuelto y determinado sin caer en la pasión. En su sentido originario, la pasión es algo que escapa a la propia voluntad, algo que va más allá del recto deseo. Es en este sentido que –lo pasional- es ruido y aleja del silencio. Es lo que perturba, lo que agita, aquello que saca del centro y del recuerdo de Dios y de Su presencia.

–          Se me aparece como algo muy frío y aburrido ese tipo de modelos de conducta, eso que se menciona de la impasibilidad. Creo que esa es la principal oposición que encuentro en mí hacia la oración de Jesús; esto de que la tengo relacionada con esa imagen de soledad y aburrimiento.

Claro, lo entiendo. La impasibilidad no es aburrida, por el contrario, es el no padecer. El no ser perturbado por los estímulos cambiantes de dentro y de fuera de uno mismo; el permanecer en un estado de contento y tranquilidad activa, no somnolienta.

Aburrido es necesitar siempre de algo para estar bien y tener que salir a buscarlo aquí y allá y al perderse eso, caer nuevamente en la tristeza o en la depresión. Da pesadez y tristeza el no percibir que se tiene la fuente del gozo en el interior de uno mismo, esto es: Dios en el corazón.

Muchos santos o sabios que se conocen a lo largo de la historia, fueron personas de gran valentía y vigor que se enfrentaron a difíciles circunstancias, venciendo el temor y sus propias pasiones; concentrando toda la fuerza de su espiritualidad, en seguir lo que percibían como la voluntad de Dios para ellos. Eso no tiene nada de aburrido, ni de frialdad.

–          Volviendo al tema inicial. Cuando he intentado sentarme para hacer lo que me indicaban como meditación en silencio, me agarra una especie de inquietud que no me parece nada agradable. ¿Qué debo hacer? ¿Solo aguantar y persistir?

No, no debes aguantar y persistir así como lo dices, porque eso te produciría una memoria negativa que haría que luego, en el futuro, no quieras ni oír hablar de meditación. Lo primero que te debes preguntar es porque estás allí, en situación de ponerte a meditar aspirando al silencio. Es decir, se supone que te sientes llamado o atraído a ese tipo de actividad y no que es algo que te has impuesto o te han impuesto.

Si esto es así, una cosa que puedes hacer al sentir esta inquietud que dices, es atenderla. Situarte como el testigo de esa ansiedad. Esto te permite advertir que tú no eres eso que estás observando, la sensación o los pensamientos agitados. Esto estará estará localizado en algún punto de tu cuerpo como una tensión, un picor, una molestia de algún tipo. Y también muy probablemente encuentres en el origen de la inquietud algún tema, algo que te preocupa o que no está en acuerdo en tu sicología, en tu interioridad. El desacuerdo con uno mismo es una de las principales fuentes de inquietud.

Esto de atender a aquello que te inquieta no te lleva a la meditación silenciosa, pero puede ser necesario si te encuentras en un estado de cierta alteración. Puede ser una necesidad previa, un imperativo de la situación. No estoy hablando de caer en una cuestión de introspección sicologista en donde a modo de sicoanálisis se empieza a discurrir en torno a los propios problemas e incluso a conversar con otros respecto de ellos. Eso es otro tipo de actividad, no muy aconsejable para quienes se sienten llamados al silencio.

Estoy más bien diciendo que a algunas personas pueden servirles simplemente sentarse a testificar lo que les ocurre; otras encontrarán más encaje en orar una oración mental repetitiva y otras irán entregando sus agitaciones en un espacio de confianza al que llaman la voluntad de Dios y otras formas. Es bueno empezar desde donde estamos y podemos…

–          ¿Cómo sería entonces?

… suele ser necesario un trabajo de unificación personal. Un cierto desmalezamiento del interior de uno mismo. Esto deja el panorama despejado y se sitúa la persona en un lugar más tranquilo, más predispuesto a la meditación y el silencio. Esta unificación o separación interior del trigo y la cizaña, vendría a ser el ponerse de acuerdo con uno mismo. Este ponerse de acuerdo es muy útil y necesario para todos, pero mucho más si uno pretende meditar accediendo al silencio.

–          ¿Puedes ser más específico respecto de que cosa sería hacer este trabajo de unificación interior o limpieza? ¿Quizás dando un ejemplo?

Si. Daré un ejemplo grueso. Una persona es cristiana, practicante de su fe y además tiene la intención de ser cada vez más fiel a la enseñanza de Cristo. Mientras esto ocurre en su interior, sucede que en su vida cotidiana es un empresario que mal paga a sus empleados; casi un explotador, paga menos de lo que debería según incluso sus propios criterios. O, dando otro ejemplo, maltratas a tu familia verbalmente etc.

Es decir esa persona está viviendo con una objeción en su mente, en su corazón. Eso es motivo de gran inquietud. No va a poder silenciarse esa persona, hasta que acuerde en su interior ligar su moral religiosa con su práctica de vida.

Vivir de acuerdo a lo que se comprende es fundamental. Puede costar hacer el viraje hacia la coherencia pero es una actividad que tiene sentido indudable. Este ya proponerse ser coherentes, actuar unificados , facilita la oración y la meditación, que es también para nosotros un modo de oración.

–          ¿Dónde entra la oración de Jesús en todo esto? ¿Antes, después?

Antes, durante y después. La oración de Jesús se puede hacer en cualquier momento o estado interno. La oración de Jesús es para todos en todas las situaciones. Si estoy disperso y con inquietudes, repetirla suavemente me va concentrando y unificando en torno a la fe en Jesús. Me voy poniendo en presencia de mi propia fe, que estaba como olvidada medio al costado y al fondo de mi vida.

Si en cambio estoy en acuerdo creciente conmigo mismo, si estoy de algún modo unificado, la oración de Jesús me conduce paulatinamente al silencio mental y corporal, a una situación benéfica de aquietamiento de las pasiones, que es la antesala del silencio.

Si me encuentro fortalecido en la fe, si mi vida diaria es una creciente convivencia con Cristo y su presencia redentora, en mí y en los demás; la oración de Jesús es simplemente la llave que me abre la puerta al espacio tiempo de silencio místico. Y digo místico, porque es un silencio sobre el cual no puede decirse mucho, en ese sentido es misterioso. Es para vivir, no para decir.

–          ¿O sea que lo ves como etapas de unificación, aquietamiento y meditación hacia el silencio?

Es algo muy esquemático como lo dices y las cosas nunca son así con la vida y las personas. Pero si es por esquematizar para facilitar de algún modo la comprensión de estas cosas, si. Yo diría que primero se impone una mínima reflexión, a modo de examen de conciencia respecto de la coherencia en las grandes áreas de mi vida.

Al detectar contradicciones, se puede hacer un plan para revertirlas y esto necesariamente son conductas. Luego, una práctica sostenida de la oración de Jesús o la que cada quién lleve adelante, facilitará y ayudará en los posteriores trabajos de meditación hacia el silencio.

Elsantonombre.org

Photo by Samuel Silitonga on Pexels.com

Estimadas amigas y amigos, tenemos a disposición de ustedes la parte inferior de las publicaciones para que puedan difundir sus blogs, iniciativas, eventos, artículos y demás. Avisen al correo del blog. Un abrazo fraterno para todos, invocando el Santo Nombre de Jesús.

Aquí también podemos difundir vuestras páginas o propuestas

Blog de la Fraternidad monástica virtual

Blog hesiquia

Vidas místicas

Lo que descubrimos en María

“Lo que descubrimos en María, debemos descubrirlo en nuestro propio ser. Lo que hay de divino en nosotros será siempre inmaculado. Tomar conciencia de esta realidad, sería el comienzo de una nueva manera de entendernos a nosotras mismos y de entender a los demás. Podemos decir que María es inmaculada, porque vivió esa realidad de Dios en ella…

Extraído de “Meditación décima”

La Inmaculada revela al Espíritu Santo

Inmaculada Concepción de María

3° día de retiro

Hermanas y hermanos, queridos en Cristo Jesús: Os dejamos aquí debajo el enlace al tercer día del retiro, y también un texto breve que tiene mucha profundidad con enlace que viene al caso con el tema del retiro. Un abrazo fraterno para todos, que la gracia os acompañe.

Click aquí para el 3° día de retiro

¿Hay algún modo secreto para encontrar este tesoro, este grano de mostaza, esta dracma? En absoluto. Es un tesoro que está en todas partes, y que se ofrece a nosotros en todo tiempo y lugar. Como Dios, las criaturas todas, amigas y enemigas, lo derraman a manos llenas, y lo hacen fluir por todas las facultades de nuestro cuerpo y potencias de nuestra alma, hasta el centro mismo del corazón. Abramos, pues, nuestra boca, y nos será llenada. Sí, la acción divina inunda el universo, penetra y envuelve todas las criaturas, y en cualquier parte que estén ellas, ella está, las adelanta, las acompaña, las sigue. Lo único que hay que hacer es dejarse llevar por su impulso.

Extraído de Fraternidad Monástica Virtual

Enlaces de hoy:

Lo más grande de todo, el Amor

2° día de retiro

Os dejamos un segundo poema, de la misma hermana que publicamos ayer. Un abrazo fraterno para todos, que la gracia os acompañe.

Dale aquí para el 2° día de retiro

Aquí el poema

“Postro mi frente en el Suelo,

porque me siento Amada.

Toda mi carne, todo mi Ser,

se rinde a tu Presencia.

Un sólo instante sin Mi,

es una Eternidad contigo, mi Dios.

Me postro ante ti vacía.

Me postro en la tierra que soy y en la que Tu Eres Semilla 

que germina cada momento de mi existencia.

Tú eres Todo.

Me postro en la Unidad Contigo….

donde Sólo TÚ ERES… Sólo Tú… Eterno Instante..”

De una amiga y lectora del blog

1° día de retiro

Compartimos para todos un hermoso poema enviado por una querida amiga y lectora del blog. Un saludo fraterno, invocando a Cristo Jesús.

Dale aquí para el 1° día de retiro

Aquí el poema

“Cuán lejos estoy de ti Señor, cuando te pienso…

Cuán lejos estoy de ti Señor, cuando te invento..

Saberte con el conocimiento, no es vivirte…

Más…

Cuán cerca estoy de ti Señor, cuando me abandono.

Cuando entro en esta oscuridad simple,

donde sabiendo es Saberte

donde viviendo es Vivirte.

Guarda esta Vida en Ti…

Escóndeme en Ti…

Fúndeme contigo mi Dios…

Sólo Tú en mi Ser Señor”

Aviso y libro sobre La inmaculada

Queridas hermanas/os, si alguno de ustedes se anotó para participar del Retiro espiritual virtual, “Consagrados a la Presencia” que inicia mañana viernes y no recibió ayer un correo informativo, por favor avisarnos al correo fraternidad.monastica@gmail.com para subsanar el error y agregaros a la lista de participantes. Un saludo fraterno para todos en Cristo Jesús.

Preciosa joya que contiene conversaciones y pláticas espirituales, hasta ahora inéditas en castellano, de San Maximiliano María Kolbe.

Testimonio se complace en ofrecer a los lectores esta traducción del hermoso libro “L’Immaculée révèle L’Esprit Saint” de Jean François Villepelée. Preciosa joya que contiene conversaciones y pláticas espirituales, hasta ahora inéditas en castellano, de San Maximiliano María Kolbe.

San Maximiliano María Kolbe, franciscano conventual, misionero y mártir de la caridad en Auschwitx. “¿Santo o loco?”, así se preguntaba uno de sus contemporáneos. Ciertamente fue un santo, un gran santo que coronó su vida con la entrega máxima de dar la vida por un desconocido. Y un loco, “Loco de Nuestra Señora”, loco de amor a la Virgen Inmaculada por quien trabajó y sufrió.

Estamos viviendo un resurgir de la devoción y amor a María Santísima. Este libro desea ser respuesta y estímulo en este proceso de “marianización”, de la mano de uno de los más grandes santo marianos, San Maximiliano Kolbe.

Dale aquí para ir al sitio de “Testimonio”

Más libros aquí

Pedagogía de la humildad

Preparando el retiro (IV)

¿Qué quieren decir los místicos de todas las tradiciones religiosas cuando coinciden en afirmar que la meditación sin objeto consiste en “no pensar nada”? Ciertamente, se ha dicho; “Retraed el pensamiento de todas las cosas materiales y no encontraréis nada en lo que pueda descansar vuestra alma” (Escala de perfección, I, 53). Aunque el concepto de “no pensar en nada” posee muchos registros, desde el punto de vista de la práctica meditativa significa no ocuparse en nada creado, no pensar, no desear, no imaginar, no sentir. Aunque ese “no pensar nada” parece una expresión tremenda que asusta, no es más que un verse sin ego...

Bajo la fórmula “no pensar nada” se esconde toda una pedagogía de la humildad como virtud imprescindible para acallar la mente. La verdadera humildad de la mente es el abandono de la apropiación de los pensamientos. La humildad nos enseña nuestra nadidad ante el Ser que es Dios, y el silencio es la paz de la mente necesaria para que se produzca la escucha. Ese silencio no es únicamente lo que más agrada a Dios sino que además es el medio más adecuado para que obre sobre el meditador.

La idea es que cuando el contemplativo no piensa o actúa, deja espacio para que Dios “piense” u obre en él. Cuando en la meditación “tuvieres quietud y silencio y no pensares nada, entonces obras y haces la obra del Señor, cuya justicia se sirve con silencio. Pues avísote que no pierdas el fruto de tus buenos pensamientos, ni después de cansado tu entendimiento lo lleves por fuerza, sino que cierres a todo la puerta de tu memoria, y tapes tus sentidos, y no pienses nada, sino con entero silencio interior debes acechar o escuchar a Dios y esperar en este sosiego, si quiera media hora… con entera y total negación…, si quieres gustar a Dios…, debes ablandar piadosamente el corazón”.

En el mismo sentido, para Fray Juan de los Ángeles “Verdad es que a los principiantes en este ejercicio se les aconseja que quiten el pensamiento, y que se presenten a Dios libres de imaginaciones, para que su Majestad les hable al corazón, como a gente que se convierte a él de las vanas distracciones y representaciones de las criaturas. Y este desterrar de pensamientos que distraen es perfección, y necesario para el recogimiento”

Walter Hilton en “Escala de perfección” (1494) , Francisco de Osuna, citado del “Tercer Abecedario” y “Quinto Abecedario” (1542) y Fray Juan de los Ángeles en “La conquista espiritual del Reino de Dios” (1595) comentados por Javier Alvarado en “Historia de los métodos de contemplación no-dual”, (Pags. 321/22/23)

Photo by Zino Bang on Pexels.com

Enlaces de hoy:

Grupo “Amigos de Pablo D´Ors” en Facebook

Carlos de Foucauld, Amigo de todos

Algunos consejos sobre la oración

Extraído del “Breve tratado de oración contemplativa”

de un ermitaño anónimo

en la oración no se trata de pedir cosas a Aquel que todo lo conoce. La oración no es para decirle a Dios lo que quieres sino para escuchar lo que Él quiere para ti y que no es otra cosa que compartir lo que Él es: Tranquilidad profunda, Beatitud, Paz, Bondad, Belleza, Amor …

No se trata de pedir cosas sino de comprender que no necesitas nada más que la presencia de Dios y descansar en esa morada llena de sus cualidades. Antes de orar debes de comprender que detrás de todos tus deseos de objetos o de situaciones del mundo, solo hay un deseo: la paz profunda. Y ese deseo último que tanto anhelas y que proyectas en los objetos y situaciones del mundo solo lo puedes obtener en la interioridad. La tranquilidad y la plenitud solo están en tu espíritu, que es el espíritu de Dios.

Una persona se pone a orar cuando ha comprendido claramente la futilidad y la relatividad de todos los objetivos convencionales humanos que, aún teniendo su importancia relativa, no pueden darle la paz profunda, la plenitud que todo ser humano anhela con nostalgia. Es comprendiendo claramente esto, bien sea por la propia inteligencia, o movido por las constantes dificultades de la vida, cuando uno se acerca a la Paz, la Belleza, la Bondad, la Plenitud y la Alegría que proporciona el contacto con lo Absoluto y con lo Sagrado a través de la oración en su calidad más contemplativa.

Sumergirse en el “acto orante” es el síntoma más claro de que se ha llegado al discernimiento (entre lo verdadero y lo falso), al desapego (de las cosas del mundo), a la sumisión (a la presencia de Dios), a la humildad (respecto a nuestra capacidad humana), a la sabiduría (habiendo comprendido donde está la plenitud y el gozo verdaderos), a la caridad (al abrazar en nuestra oración a toda la creación), y a todas las demás virtudes… Todas las virtudes están contenidas en la oración.

Orar es un acto simple de colocación ante la presencia de lo Sagrado. No te compliques con rituales ni con palabrería o con lecturas excesivas. Orar es muy sencillo, no hace falta que te leas todos los libros que hay sobre el tema. Se trata de orar, no de leer sobre ello. Vale más un minuto de presencia en lo Sagrado que un año de lecturas sobre la oración.

El rato de oración es un paréntesis de tranquilidad en tu vida. Nunca tengas prisa. La prisa, la ansiedad, la complicación y la dispersión son los mayores enemigos del espíritu. Mantenlos a raya cueste lo que cueste. Nunca te dejes llevar por ellos. Mantente todo el tiempo que haga falta hasta que reconozcas la presencia de lo Sagrado. Esto puede llevarte desde unos pocos minutos hasta horas. Ten paciencia y espera. Evita hacerlo de manera mecánica y rutinaria; hazlo, no por obligación, sino por devoción. Eso te coloca en una actitud y en una atmósfera totalmente diferentes.

El pensamiento racional puede llegar a ser un gran enemigo del espíritu. No pienses, razones ni elucubres sobre lo que haces. Simplemente hazlo; simplemente reza. Entra en esa atmósfera, no pienses sobre ella. El pensamiento no entiende esos estados y antes, durante o después de la oración, pondrá todo tipo de impedimentos y de razonamientos haciéndote ver lo absurdo de la práctica. El pensamiento empleará todo tipo de argumentos de lo más convincentes e ingeniosos. ¡No hagas caso al pensamiento! Diga lo que diga la mente, tú continúa con tu práctica de oración.

Ten en cuenta que esto te sucederá, incluso, después de muchos años de práctica y de frecuentación de esos “lugares del Espíritu”. Muchos son los testimonios de personas de oración y de vida interior que así lo confirman. Nunca hagas caso a esos pensamientos. La mente pensante, hiper desarrollada en las personas actuales, no puede abarcar ciertas moradas y se resiste con todas sus fuerzas poniendo una barrera que debemos vencer con perseverancia e inspiración...

Continúa leyendo aquí

Imagen extraída de Caminito espiritual

Enlaces de hoy:

Retiro espiritual virtual

Abandono.com

La mente del mundo

Reglas de vida para el mundo actual (II)

Los pensamientos van y vienen. A veces son un ruido sordo, otras un bullicio estridente. Muy rara vez se detienen. Sin embargo, poco a poco vamos aprendiendo a desatenderlos, a dejarlos pasar y de ese modo podemos centrar toda nuestra atención en el propósito que nos importa: descubrir a Dios en lo cotidiano y dejarnos guiar por esa suave presencia, que se hace notable por la pacificación del corazón.

El otro día conversábamos acerca de la necesidad de pautar nuestra interacción con los dispositivos móviles, las redes sociales y la internet en general. Decíamos que de este modo evitaríamos sufrir una permanente demanda hacia el exterior en un ida y vuelta de la curiosidad. De otra manera terminamos lejos de nosotros mismos, medio perdidos en una turba de banalidades y, sobre todo, desvitalizados.

Un particular aspecto de esto mismo se refiere a las noticias en general. Si estar en frecuente contacto con los amigos y los amigos de los amigos y los conocidos de estos y leyendo un montón de cosas de todo tipo nos dispersaba la energía; pasar demasiado tiempo en las noticias de diversos medios de prensa puede ser aniquilador. Sabido es desde mucho antes de la revolución tecnológica que la charlatanería y el chisme nos alejan de lo esencial y nos envuelven en un barullo mental que hace casi imposible la oración posterior. Ahora, todo eso se ha acrecentado.

La mayoría de nosotros coincide en que el mundo en general está bastante desquiciado, que su violencia y afán consumista no son buena referencia y que lo que sirve al espíritu difícilmente pueda encontrarse en los portales de noticias. ¿Por qué entonces nos dejamos llevar por ellos? Debido a que los muchos estímulos de los medios de prensa nos abastecen de variadas sensaciones. Es un hábito adquirido a lo largo de años, al punto de que si dos o tres días no leemos las noticias, nos parece que estamos en el aire, como extraños en un mundo extraño.

Tengamos esto en cuenta: Si prestar atención a los pensamientos de nuestra mente nos somete a los vientos variables de los estímulos, cuanto más denso será prestar atención a los pensamientos del mundo. Leer mucho los diarios es como dejarnos llevar por las divagaciones de la mente del mundo. La ambición, la competencia, la información interesada o tergiversada, la demanda de que compremos esto y aquello… Todo allí nos dice que lo importante es lo de fuera. Por lo general se nos induce a parecer y a tener no a Ser. No decimos que no haya que informarse un poco, pero lo necesario es muy poco. Cuando hay que enterarse de algo, la noticia llega a nosotros sin que la busquemos.

No está mal el mundo en sí, no está mal la gente en sí, no están mal las cosas en sí… el problema está en el sistema de valores que lo impregna todo y en la actitud que asumimos ante ello. Si queremos una vida tranquila, un corazón que viva en serena alegría y una mente despejada y funcional; necesitamos alimentarla con contenidos que vayan en función del propósito que da sentido a nuestra vida. Así como con frecuencia lo que soñamos por la noche se nutre de lo visto durante el día, nuestra oración se ve influida por aquello a lo que atendemos en el cotidiano.

Necesitamos recordar que aquello a lo que prestamos atención, alimenta nuestra mente y colabora con la claridad o turbiedad de los pensamientos. Nuestra atención se orienta aquí o allá dependiendo del significado global que demos a nuestra vida. Un abrazo fraterno para todos, invocando a Cristo.

elsantonombre.org

Recomendados de hoy:

Amigos de desierto

Movimiento de los Focolares

Ayuno mental

Reglas de vida para el mundo actual (I)

Conversábamos el otro día con un hermano sobre el tema de las reglas de vida, tan propias de la vida monástica y tan necesarias a veces para nuestra propia vida, cuando estamos alejados de nuestro propio centro o no escuchamos la voz del corazón. Si uno siente la presencia de Dios o si permanece en oración o si vamos actuando desde el fervor espiritual, estas normas que sirven de guía pasan a un segundo plano, porque nos va orientando un impulso que sentimos proveniente de la gracia.

Sin embargo, esto no es lo habitual y allí cobran pleno sentido estos “mapas” de la vida interior que nos orientan en momentos de confusión, de duda o de medianía cotidiana. A raíz de esa conversación iremos incluyendo, de tanto en tanto, algunas publicaciones que tengan que ver con este tema de “Las reglas de vida” y sobre todo buscando adaptar las históricas (tan nutridas y profundas) a la época actual.

En ese sentido ¿cuál sería hoy un ayuno de la mente sumamente importante y una norma a la cual debiéramos tratar de atenernos con nuestra mayor determinación? Regular nuestra relación con el móvil y con la navegación en internet. Ponerle horarios a la atención que dedicamos a estos dos temas es de mucho fruto espiritual y resulta en una sensible mejoría de nuestro modo de ser y estar en el mundo cotidiano.

Resulta difícil al principio pero gustoso después, apenas le tomamos el sabor a la libertad en que nos deja esta autodisciplina. Sencillamente no mirar el móvil en estos horarios ni tampoco acudir a internet. Aparecerán las mil excusas, pensamientos en torno a lo laboral o a lo familiar etc. nos impulsarán a justificar un permanecer constantemente “en guardia” y conectados “al mundo”. Son mentiras que nos cuenta la mente para mantener su continua dispersión. De las emergencias nos enteramos sin esfuerzo, llegado el caso, descansemos en ello; lo necesario toca siempre a nuestra puerta.

Hagamos la prueba tan solo de ponerle horarios a nuestra relación con los dispositivos y veremos cuánto bien resulta de ello. Y si navegamos por internet, hagámoslo con un propósito definido previamente, esto será de mucha utilidad. Sobre todo no mirar muchas noticias, apenas lo imprescindible, ya que suelen convertirse en una formidable herramienta de divagación y de verdadera contaminación para el alma. Lo que ocurre en “el mundo” no es precisamente lo que vemos en las portadas de los medios masivos. Más bien se desarrolla en innumerables vidas anónimas que aportan lo mejor allí donde les toca actuar.

Un abrazo fraterno para todos invocando El Santo Nombre de Jesús

elsantonombre.org

Agradecemos la fotografía enviada por Leonor de Ecuador, participante del curso de Filocalía.

Enlaces de hoy:

Homilía del Padre José para este domingo

Información para interesados en el retiro virtual de diciembre

Pedido de un hermano y amigo:

Hola, soy Roberto, de Argentina, con más de 50 y algo más de equilibrio psico-físico. Continúo la búsqueda espiritual detrás de Cristo, comenzada hace mucho… pasé por varias experiencias, ya sea laborales, afectivas, monásticas y la semi-eremítica que siempre sentí propia y es, en general, de gran dificultad para ser entendida socialmente. La mayor parte de lo vivido me ayudó a crecer en todo sentido y estoy muy agradecido, pero como aún no se da en estos momentos algo más concreto, quisiera ir conectando con gente, (no necesariamente eclesial) para cuidar casas u otra actividad que se realice cerca de la naturaleza, ámbito tan necesario para esta forma de espiritualidad. ¡Gracias invocando a Jesús! robmilenium33@gmail.com

Las puertas del silencio

Queridas hermanas y hermanos en el amor a Cristo Jesús:

Conversando con algunos de ustedes se plantea con frecuencia el tema que podemos llamar “de las reglas de vida”, es decir aquella necesidad que surge a veces en nosotros de tener un esquema claro por el cual regir nuestra conducta en el día a día, buscando cierta precisión que nos oriente en momentos de confusión o cuando nos sentimos fuera del centro o del corazón espiritual.

De hecho, estar atentos a las indicaciones de la divina presencia en nosotros y al mensaje evangélico debería bastarnos, pero en nuestra debilidad y camino de aprendizaje, nunca viene mal reforzar nuestro propósito mediante estas otras indicaciones, que han nacido también al calor del amor a Dios. Compartimos hoy un texto muy inspirador para quien se sienta llamado a una vida de silenciosa comunión y de paso para continuar preparando el retiro de diciembre. Un abrazo para todos invocando El Santo Nombre de Jesús.

Photo by Tatiana Syrikova on Pexels.com

Aquí puedes descargar el PDF completo “Las puertas del silencio.”

Entrevista a Mario sobre aspectos de Filocalía

“Consagrados a la presencia”

Preparación para el retiro del 4, 5 y 6 de diciembre de 2020

Queridas hermanas y hermanos en Cristo Jesús: Aquí disponible el texto y el audio del libro del hermano Lorenzo, que servirá como complemento en el retiro de los primeros días de diciembre. Su atenta lectura o escucha, permite advertir diferentes niveles de profundidad en el significado que transmite este monje, que vivió su consagración a Dios en el siglo XVII. Encontramos aquí una regla de vida simple y práctica para que quien sienta afinidad tome como propia. Puedes inscribirte al retiro en los medios que figuran al final de la página. Un abrazo fraterno invocando El Santo Nombre de Jesús.

Texto

La práctica de la Presencia de Dios

Audios

(Agradecemos a hna. Lourdes de la Fraternidad las grabaciones)

Prefacio

Primera conversación

Segunda conversación

Tercera conversación

Cuarta conversación

1°, 2° y 3° Carta

4°, 5° y 6° Carta

7° , 8° y 9° Carta

10°, 11° y 12° Carta

13°, 14° y 15° Carta

Contacto e inscripciones

+54-9-351-3095309

fraternidad.monastica@gmail.com

El único deseo

Un retiro espiritual puede ser un espacio-tiempo particular, un punto de inflexión, un remanso donde el río se tranquiliza y nos permite observar el paisaje de la costa y dejar de remar. El retiro asume su significado más profundo si lo allí vivido se incorpora a nosotros y nos acompaña luego en el regreso al cotidiano. ¿Será eso posible?

Dependerá de la acción de la gracia pero también de nuestra preparación y dedicación a ello y de algo no menos importante: el deseo profundo que tengamos de orientar nuestra vida hacia esa Presencia divina en la cual pretendemos vivir. La preparación importa. Del mismo modo que cuando observamos una pintura que nos deslumbra con su belleza, nos damos cuenta que fue realizada con arte (técnica más amor), dirigir nuestros pasos hacia la ermita interior y quedarnos a vivir allí, necesita de alguna ejercitación y de un ardiente anhelo de unión con Dios.

Una buena preparación para el retiro puede ser estar atentos a nuestro deseo de encontrar a Dios en cada momento de nuestra vida. No es algo que tenemos que construir ni alcanzar, eso ya nos ocurre. Todo lo que hacemos es buscar a Dios, desde el mismo momento en que aparecimos en este mundo. Pero no nos damos cuenta. Creemos que lo que buscamos es esto o aquello; determinada virtud, una pareja, más dinero, el reconocimiento de los demás, este objeto o aquella situación etc.

Sin embargo, si nos atendemos a nosotros mismos, descubrimos que detrás de esos deseos múltiples siempre deseamos la paz profunda, una felicidad que no termine, una vida que no se acabe. Eso es Dios mismo. Pero no el Dios idea o el Cristo conceptual, no una espiritualidad mental sino real. Deseamos la vida del Espíritu, esa certeza que nos torna serena y alegremente impasibles a las circunstancias de la vida.

Hacernos muy conscientes de esta búsqueda detrás de todas nuestras búsquedas, será un buen modo de preparar el alma a unos días de recogimiento y ejercitación. Aunque no basaremos el retiro en este librito específico, “La práctica de la presencia de Dios” del hermano Lorenzo, es un muy buen alimento que hemos de saborear despacio para regocijo del corazón. Un abrazo fraterno para todos, invocando el Santo Nombre del Señor Jesús.

elsantonombre.org

Photo by eberhard grossgasteiger on Pexels.com

Aquí meditaciones diarias

Blog Caminante