«Desde los primeros tiempos, los cristianos fueron conscientes de que la oración mística y la práctica ascética caminaban mano a mano. San Pablo estaba fascinado por los atletas que tomaban parte en los juegos ístmicos. «Todo atleta es continente en todo», escribe. «Y sólo para alcanzar una corona perecedera; al paso que nosotros la esperamos eterna» (1 Cor 9, 25). Exhortaba a los corintios a entrenarse como si fueran atletas para obtener el premio que ofrece Jesucristo, y de hecho, él se consideraba un corredor que nunca miraba atrás: «Ir corriendo hacia la meta, con la vista en el premio a que Dios llama desde lo alto en Jesucristo» (Filipenses 3, 14).
Tenía que disciplinarse a sí mismo —nos dice—, porque si no lo hiciera así, después de exhortar a otros, quedaría desacreditado. Esta disciplina obraba sobre él un efecto poderoso: abría su corazón a la gracia mística, y alardeaba de haber sido atrapado en el Paraíso y de haber oído cosas que no se pueden contar, que a ningún mortal le está permitido repetir.
Siguiendo los pasos de Pablo y aprendiendo generosamente de la cultura circundante, los Padres del desierto enseñaban a sus discípulos el arte del ascetismo. Debían saber que aunque la experiencia mística puede golpear a la persona inesperadamente, como le ocurrió a Pablo de camino a Damasco, por lo general es la recompensa a la perseverancia en un esfuerzo. De modo que enseñaron a sus discípulos cómo comer y cómo ayunar, cómo sentarse, cómo respirar, y sobre todo, cómo leer las Escrituras y cómo orar.
Estas enseñanzas pasaron al monaquismo oriental, donde los monjes desarrollaron formas hesicastas de orar que hoy siguen vivas con toda su fuerza en el Monte Athos y en todo el mundo ortodoxo. También pasaron a la regla de san Benito y a las órdenes religiosas occidentales, donde fueron desarrolladas, elaboradas y conformadas en todo un cuerpo doctrinario que enseñaba a hombres y mujeres a seguir una vida de oración de acuerdo con la doctrina de los Evangelios».
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Capítulo 8 del libro «Teología Mística» – La ciencia del amor – de William Johnston
Este domingo en el blog del padre José Antonio
¿Me dejas amarte? (Texto de Pilar de Mambré)
Dormición de María (de Hna. Cristina)
Este lunes próximo 17 de agosto, a las 18 hs. de España, 13 hs. de Argentina, se realiza la «Enseñanza del corazón» coordinada por Marco y equipo. Si quieres sumarte escribe a elsantonombre.edcorazon@gmail.com
La pintura que ilustra el post es El sembrador al atardecer (junio de 1888) de Vincent van Gogh (Museo Kroller Muller)
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