Reunir las fuerzas

25º día

cuarta semana

Texto y práctica sugeridas

Una cosa fundamental es definir algunas reglas básicas para nosotros mismos, que nos sirvan de pauta para ir evaluando nuestro caminar. En ese sentido, destinar unos pocos minutos al final de la jornada a evaluar lo hecho, es de gran utilidad. No es fácil acostumbrarse a ello. Ya cuando uno se va hacia el descanso, detenerse y examinar las acciones del día transcurrido, produce mucha resistencia mental. No nos dan ganas por decirlo simple. Pero si nos acostumbramos incrementa muchísimo la atención al día siguiente. Notaremos como permanecemos más atentos en aquellos temas que detectamos flojos en la evaluación de la noche. ¿Qué debo evaluar?

Depende de tu modelo de conducta y de las virtudes que necesites cultivar para alinearte con él o ella. Pero si lo queremos simple, pues hay que evaluar nuestro grado de atención a la presencia de Dios. Si hemos estado atentos a ella o al menos a buscar lo sagrado entre las actividades; no será difícil detectar los momentos en que esta consciencia estuvo ausente o muy debilitada. Seguro se ha notado en el comportamiento.

No es para mortificarse, ni culparse, ni deprimirse. Al contrario, darse cuenta de los automatismos que nos hacen vivir medio dormidos es la mitad de la victoria. Por eso, esta evaluación que en cinco minutos nos de la medida de nuestra atención, en actitud orante, nos dejará un residuo de consciencia que notaremos en la nueva jornada. Esta evaluación o examen de lo vivido, tiene que ser como lavarse los dientes o ir al servicio, es algo que uno no se plantea abandonar.

Por supuesto lo que ya vimos repetidamente: al despertar sintonizar la frecuencia correcta para iniciar las acciones. No empezar con el pie izquierdo sino bien emplazados, anclados a La oración de Jesús o la propia forma de oración personal, tiene que ser tan importante como ponerse los pantalones o la camisa. Uno no sale a la calle en paños menores. Del mismo modo, no debemos ponernos en marcha sin entregarnos a Su voluntad providente y sin invocar desde el corazón su asistencia y cobijo. Al fin de cuentas estamos vivos porque Dios lo quiere. Tratar las horas que transcurren con el respeto atencional que se merecen nos hace mucho bien.

Y el resto del día buscar la concentración de fuerzas, evitar la dispersión. ¿A que hora voy a leer o ver las noticias? Pues a tal y por tanto tiempo y nada más. De otro modo nutrimos a la mente de mil elementos que están sobrando en nuestro propósito y eso no es gratuito, nos fragmenta interiormente. Cuidar nuestras percepciones porque son también un alimento. No ser golosos de percepciones, practicar lo moderado. Y esto incluye las cosas también llamadas espirituales, hacia las cuales vamos a veces como si de caramelos se tratara. Tarde o temprano nos indigestamos.

Centrarnos en pocas cosas, cavando profundo en aquello a lo que nos abocamos. Abandonar el perpetuo turismo de los sentidos y de la mente. Sobre todo, no justificarlo como “nuestro modo personal de vivir”, sino reconocer que los automatismos nos van ganando y proponerse un cambio radical para esa dispersión. En este mundo actual, esto último es muy necesario. Nadie duda de que si vas al mar y no llevas el timón terminarás naufragando en cualquier costa. Los valores y estímulos reinantes son peores que un mar embravecido. Nos hace falta mano firme en el timón, conocer bien la carta de navegación y sobre todo… invocar a Jesús para que venga a calmar la tempestad. (Marcos 4, 35-41​​)

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Dos audios diferentes:

Sobre la movilidad de nuestros pensamientos” de Casiano en (Youtube) y aquí en MP3

Hermanas y hermanos en Cristo Jesús, el próximo viernes 24 de septiembre a las 19 horas de España, 14 hs. de Argentina y equivalentes, si Dios quiere; nos encontraremos por Zoom con el Padre Javier Melloni SJ. Nos brindará una exposición sobre el tema “Los sentidos espirituales” y luego habrá un tiempo para efectuar preguntas. Aquí les dejamos el enlace para la reunión:

https://us02web.zoom.us/j/83083782051

La actitud precedente

24º día

cuarta semana

La vida espiritual no es un camino llano. Por lo general, presenta numerosos altibajos. Colinas, valles pronunciados, desvíos, senderos, sorpresivas cumbres y peligrosos desfiladeros, son figuras que muestran con claridad las experiencias que atraviesan quienes se han dispuesto en la búsqueda de Dios. Son los que han emprendido el viaje hacia lo profundo del corazón, aquellos que indagan en busca de la perla escondida; los que sumergiéndose en pos del silencio van tras el secreto que en aquel se oculta.

Hoy en día son extraños en un mundo extraño. Peregrinos que vienen de lejos, con una mirada forastera, poco tienen en común con una época en la que todo brilla y suena reclamando atención, prometiendo bonanzas inmediatas a cambio de la luz que anima el espíritu. Llamados a una vida de silencio y oración, atraídos misteriosamente hacia el recogimiento y la contemplación; dudan a veces de si mismos, se preguntan por su propia cordura, cuando no logran aceptar del todo la vocación con la que han sido marcados.

Es que lo que nos rodea tiende a incorporarse, los valores imperantes pugnan por agregarse al alma, buscando de ella, sumisión y entrega en la alienación. ¿Qué haremos entonces? Esto se refiere a la actitud previa a cualquier acción. A un porte del ánimo, a una manera de estar posicionados frente a lo que viene en el momento siguiente. Hace falta que nos centremos en la disposición con la cual encaramos la jornada y cada actividad. El corredor adopta una postura muy precisa antes de lanzarse a la carrera, se agazapa, se apoya con precisión para obtener impulso, todo en él se dispone para salir disparado con velocidad hacia la meta. Permanece estático en espera de la señal.

Todos los atletas saben de la importancia de estar preparados para la tarea. Se ejercitan desde antes de la competencia misma. Siguen una rutina de descanso, nutrición y entrenamiento. La vida espiritual precisa de una ascesis, sin ella desvaría sin rumbo el caminante. Pero hay que distinguir; ascesis no es rigidez, ni escrúpulo, ni forzamiento. Es más bien un ordenamiento en función de lo querido, un establecernos pautas que nos faciliten el ascenso.

Pero el problema se presenta cuando teniendo intención y ascesis, no encontramos el ánimo para practicarla, cuando nos extraviamos de nuestra misma meta y las decisiones de ayer nos resultan ajenas, como si hubiera sido otro el que se consagró o el que decidió seguir la puerta estrecha. De eso se trata, de encontrar la disposición adecuada. Sin este ordenamiento anímico, que es también físico y espiritual, la ascesis queda relegada como un proyecto bien intencionado pero impracticable.

No hacer las cosas apresurados y sin más. Negarse al apremio, resistir la prisa que viene de adentro y a la de afuera. Buscar entonces esa manera de situarnos que nos permite hacer bien lo que sea que hagamos. Lo primero en cada jornada y lo más importante en cada momento ha de ser encontrar la disposición adecuada. Aplicar esto cuando advertimos que nos perdimos, que empezamos a perder la “frecuencia” espiritual, esa “sintonía” con lo sagrado. Uno ha de mantenerse en el camino y para eso necesitamos estar atentos a nosotros mismos y traernos al centro nuevamente, cada vez que empezamos a ser zarandeados por los estímulos del medio.

¿Esto es gracia? Si, es gracia y también disposición de nuestra parte. Porque la fuerza de la gracia esta siempre disponible, pero hay que permanecer abiertos a su acción, interesados en recibirla. Vivir en la Presencia de Aquél que amamos y en Quién nos refugiamos es la meta del peregrino espiritual. Queremos vivir con Cristo y en Cristo. Quisiéramos limpiar el corazón para que este se haga morada de lo trascendente. Esto es don y también disposición, determinación inflexible del corazón… (*)

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Práctica sugerida:

Atentos a la guía de nuestro modelo de conducta y a las virtudes que nos resultan más destacadas en su forma de ser; intentaremos llevar nuestra atención hacia la actitud previa de cada acción particular. Se trata de permanecer lo más vigilantes que nos sea posible hacia aquello que precede a las acciones más relevantes del día. Por ejemplo: Antes de levantarme, antes de desayunar, antes de salir de casa, antes de llegar al trabajo o al sitio de las compras; antes de la caminata, antes de aquel encuentro con tal, antes de la oración o de la lectura y así con la mayor cantidad de acciones de las que podamos estar conscientes.

Tratamos entonces de sintonizar con aquella frecuencia espiritual que sentimos acorde con aquel que nos guía y orienta en el caminar. En cierto modo, queremos abrazar sus virtudes. Primero imaginamos como sería conducirnos de ese modo, luego vemos de interiorizar la esencia de tal conducta. Puedo preguntarme en breve reflexión: ¿Cómo puedo ser amable con el prójimo con verdad interior y no solo como cortesía exterior? ¿Cómo puedo estar tranquilo y sereno en el corazón para que eso se traslade a mis movimientos? Luego, mejor hacia el final del día, evaluar: ¿Qué encuentro en mí que se opone a encarnar aquellas virtudes que tanto admiro? Tomar nota de las dificultades y comprensiones surgidas y si es posible, compartirlas.

(*) Publicado originalmente en 2011

Aquí el texto y la práctica en MP3Aquí el audio en Youtube

Audio complementario que sugerimos escuchar:

Aquí el mismo audio en MP3

Caminar hacia el ahora

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23º día

cuarta semana

Una aspecto importante de cualquier proyecto personal al cual vayamos a dedicar nuestra atención e intención, consiste en que alcance su consumación en el instante mismo en el que estamos. Ha de tener su manifestación en el ahora mismo, aunque existan imágenes que nos direccionan la actividad hacia los tiempos futuros.

¿Cómo sería eso? Me parece una contradicción.

Vamos a suponer que quieres pintar un cuadro. Te imaginas la pintura terminada, exhibida en alguna galería de arte y el día en que se inaugurará la muestra de tus obras con la asistencia del público y demás. Bien, eso sería el objetivo manifiesto, de algún modo la imagen que guía tu acción. Sin embargo mejor que poner toda la carga de tu proyecto en el momento aquél en el que presentarás la obra, será más útil que lo que haces cada día, reúna ya las características de aquello a lo que aspiras.

Ya en el modo de mirar las cosas estarás atento a las intensidades de la luz que permite el surgimiento de la gama de colores, por ejemplo. Y en tu manera de enfocarte en los objetos, estarás buscando incorporar en ti, los matices de la pintura final que pretendes. En ese sentido, un pintor vive pintando aun cuando se halle lejos del lienzo. Todo su modo de existencia está atravesado por esa especie de obsesión estética que sintetiza su vocación de artista.

Por otra parte, lo material y lo inmaterial de un proyecto deberían fundirse continuamente en una misma expresión. De otro modo, el propósito podría llegar a realizarse solo por fuera, pero quedando vacío de su sentido original o degradado en una mera cuestión conceptual. No podrá entonces arraigar en el mundo. En suma, encuentra una forma de vivir el proyecto en tu misma situación actual, aunque la imagen ideal aparezca distante en el tiempo.

¿Cómo compatibilizar aquello de vivir sin ansiedad, sin expectativas que sueles mencionar, con el hecho de tener un proyecto?

Tu sales ahora caminando hacia la casa distante de un amigo a quién quieres visitar. Tienes claro el norte, sin embargo eso no implica de por sí a la ansiedad, ni a las expectativas. Llevar una dirección clara en tus pasos no quiere decir que te has externalizado. La caminata tiene que ser un fin en si misma. Vas a la casa de tu amigo a compartir tu alegría, la que ya vives incluso en la caminata. Es muy diferente a ir de visita para ver si encuentras allá la alegría. Puede parecer tan solo una cuestión semántica, pero es mucho más. Hace a un modo de vivir.

¿No es cierto que nuestra alma sonríe con admiración cuando nos enteramos de que alguien partió de este mundo en su propia ley? Por ejemplo, un monje orando; un bailarín danzando; un cantante cantando o un alpinista trepando la montaña… la oración quedó sin terminar, la danza o la canción no se completaron y la cumbre no fue alcanzada; sin embargo, uno presiente allí el sabor de la consumación. En ese gesto final estuvo todo, la foto justa que contiene una vida entera. Por eso, la pequeña regla de vida que podemos ir bocetando para nuestras jornadas, debería ser la escena actual de aquello mismo adonde vamos.

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Práctica sugerida: (*)

1. Observa atentamente en tu interior la imagen de quién eliges como modelo de conducta. Toma nota de dos o tres virtudes particulares que destacan en él o ellos si has elegido más de uno. 2. Luego, con tus propias palabras, define a cada una de estas virtudes y toma nota nuevamente. 3. Lleva en el recuerdo a tu modelo de conducta en todas las actividades. Hazte acompañar por su suave presencia y pídele consejo y guía en las diferentes situaciones. ¿Qué haría él o ella en esta situación particular o qué me diría? 4. Lee varias veces el versículo elegido de la escritura e imprégnate del espíritu que transmite la Palabra allí contenida.

(*) Si no has podido efectuar la práctica del día anterior, conviene que te tomes el tiempo que necesites, pero que puedas hacerla bien. No hay prisa. Un modelo de conducta bien definido y una divisa personal basada en la sagrada escritura, pueden otorgar mucha fuerza a nuestra actitud y acción cotidiana. Consulta cualquier dificultad que encuentres en esta tarea, a través de los diferentes medios disponibles.

Recomendamos como apoyo estos audios o textos:

Unos pocos fundamentos para la jornada (audio en Youtube) y aquí el texto

Haz clic aquí para los textos de Nicetas Stethatos de esta semana y aquí el audio en MP3

Proyecto personal y regla de vida

22º día

cuarta semana

Queridas hermanas y hermanos, os dejamos aquí abajo el vídeo del 4º encuentro virtual en relación a los ejercicios espirituales en torno a Filocalía. Allí realizamos algún intercambio y nos aproximamos al tema eje de la cuarta semana: “Proyecto personal y regla de vida”; al final oramos en comunidad apoyados en La oración de Jesús y dos salmos. Hoy os planteamos un ejercicio para hacer este domingo de manera distensa y en algún momento oportuno a fin de preparar los trabajos de la semana. Un abrazo fraterno para todos, invocando siempre, sin cesar, el Santo Nombre del Señor Jesús.

Práctica sugerida:

1. ¿A quién tomas o te gustaría tomar como modelo de conducta? Elige solo uno o dos que susciten notable admiración en ti.

2. Si tuvieras que elegir solo uno o dos versículos de toda la sagrada escritura como divisa personal o norma a seguir, ¿cuáles serían? o dicho de otro modo: ¿qué versículos consideras como síntesis de la espiritualidad que quieres profundizar en ti?

3. Dedicar unos minutos de nuestra oración al finalizar el domingo o tal vez al final de la Eucaristía, donde invocamos la luz necesaria de la gracia para reconocer esa particularidad con la que fuimos creados y que queremos devolver al Señor acrecentada, en el tiempo de vida que nos queda. (Mateo 25, 14-30)

En esta cuarta semana nos apoyaremos en la segunda mitad de la tercera centuria de Nicetas Stethatos. El día lunes ya contaremos con audios y transcripciones de los que nos servirán de apoyo particular.

Haz clic aquí para la homilía de este domingo

Reglas de vida

La película de Clara y Francisco

El conocimiento de uno mismo

21º día

tercera semana

Entonces estamos claros que una dirección adecuada hacia la cual encaminarnos tiene que ver con retornar a esa forma original según la cual fuimos creados. Y que esa naturaleza primera y esencial consiste más que nada de vivir en la presencia de Dios. También vimos que es necesario fortalecer y poner al mando del cuerpo y de la mente a nuestro espíritu, para alinearnos así con la voluntad divina y ser capaces de seguir la enseñanza evangélica.

Sabemos que tomamos contacto con la voluntad, esa manifestación del espíritu en nosotros; aplicando todo lo que podemos la no reacción, para que no domine la ley que se apoderó de nuestros miembros, eso que nos esclaviza a través de los automatismos. Nos vamos haciendo conscientes también de como las emociones negativas pueden ser tomadas como un llamado de la gracia para que volvamos a situarnos en sintonía con el supremo designio. Advertimos que el sufrimiento mental deriva de un posicionamiento equivocado ante la vida y los hechos que se van presentando.

En la última semana hemos ido reconociendo algunos obstáculos que es necesario despejar para dejar el camino libre al paso de la gracia; esa fuerza espiritual que siempre está disponible si vivimos con atención e intención precisa. Nos vamos dando cuenta de que no podemos vivir dignamente si estamos a merced de los pensamientos y que hacer de cualquier acción un modo de oración es algo que necesitamos priorizar.

Encauzar nuestra vida en dirección coherente y definitiva es una necesidad. Para ello hace falta nuestro mejor empeño. Un proyecto de vida y una regla mínima de vida en lo cotidiano; permiten que la atención y la intención profunda se canalicen adecuadamente, evitando así la dispersión de nuestras fuerzas. Veremos de acercarnos a esos temas en está última semana de los ejercicios. Un abrazo fraterno invocando el Santo Nombre del Señor Jesús.

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Práctica sugerida:

1 . Detenerme varias veces al día unos instantes y mirar con mucha atención la escena que estoy presenciando, cualquiera sea; como si tomara una fotografía con una muy buena cámara digital. Buscar la belleza en “la toma fotográfica”, al igual que cuando queremos guardar un valioso recuerdo. Invocar al Señor en ese momento para que silencie nuestros pensamientos y nos regale una pequeña muestra de como es su creación sin el velo del constante diálogo interno.

2 . Repasar con tranquilidad aquellos días o prácticas que siento haber pasado muy por encima o que merecen mayor atención de nuestra parte. Sugerimos leer el texto o escuchar el audio de aquí abajo sobre los obstáculos del buscador espiritual.

Aquí el audio de abajo en MP3 y aquí el texto leído

Haz clic aquí para el encuentro virtual del sábado 18/9 a las 20 hs. de España

Vaciar el templo de pensamientos

20º día

tercera semana

Comprendo lo que explica, pero ¿cómo salirse de la mente? ¿cómo poder vivir desde el lugar en el que se percibe lo real?

… Una vez que uno ha aceptado al menos intelectualmente lo dicho, en cuanto a que uno no es ese proceso continuo de discurrir divagatorio de diálogos y consideraciones sin fin sobre todo y todas las cosas, es posible dirigirse hacia otro modo de estar. En este cambio es decisivo orientar la atención hacia los sentidos, quitándola en principio del acontecer mental. Aclaremos bien esto para que no se mal entienda: Lo común es vivir “ensimismado”, es decir girando en torno a si mismo de manera egoica, abrumado por los propios problemas y temáticas, absortos de nuestros procesos sicológicos, esclavizados por lo que nos contraría, pujando por alcanzar aquello que se nos antoja como la felicidad.

Por eso te decía que es importante sacar la atención de ese discurrir mental y empezar a atender a lo que percibimos. No podemos caer en cuenta de la divina presencia en lo cotidiano mientras miremos sin mirar, escuchemos sin escuchar, percibamos en general sin percibir. Es como si nunca estuviéramos realmente donde estamos. Tenemos mucho de simulación porque nosotros en verdad queremos siempre estar en otro lugar, allá donde nos tironean las ansias…(Sigue leyendo en el PDF abajo)

Haz clic aquí para ir al PDF

Prácticas sugeridas:

1 . En diferentes momentos del día, deja lo que estás haciendo y lleva toda tu atención a lo que percibes con tus oídos. Pon toda la intención en escuchar completamente alguno de los sonidos que llegan hasta ti. Elige el que más agradable te resulte de la enorme cantidad de estímulos presentes en ese momento. Entrégate a ello con todo tu ser. Luego de unos pocos instantes o minutos sigue con la actividad habitual. Trata de hacer esto un buen número de veces en la jornada, si te es posible en diferentes entornos. Si tienes la oportunidad, aplica la misma práctica cuando hables con alguien, escuchando a esa persona con una dedicación completa.

2 . Al terminar el día, antes del descanso, haz lo mismo pero llevando toda tu atención hacia la oración que se realiza en tu templo interior. Puede servir para empezar, escuchar al corazón o el sonido de la propia respiración. Luego atiende al sonido interior que produce la recitación de la oración.

3 . Durante estas próximas horas, leer o escuchar lo más detenidamente posible el PDF “Síntesis sobre el tema del pensamiento” que dejamos arriba. Tomar nota para comentar o consultar cualquier cuestión que se considere de interés. Si es posible traer dichos comentarios al encuentro virtual del sábado 18 de septiembre a las 15 hs. de Argentina, 20 hs.de España y equivalentes.

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Haz clic aquí para ir a la reunión del sábado

Enlaces de hoy:

Aquí el audio en MP3 de “Vaciar el templo de pensamientos”

La duda perpetua

19ª día

tercera semana

¿Por qué cuesta tanto quitarse los automatismos? A los dos o tres días he vuelto a lo mismo, incluso si se trata de cosas mínimas? ¿La inercia de la costumbre lo explica todo?

No. Además de la costumbre hay otro aspecto a tener en cuenta: dejar un hábito arraigado es morir un poco. Casi como perder un brazo o una pierna; nuestro modo de vida se ha articulado en base a una serie de mecanismos automáticos que hemos identificado con nosotros mismos. Si de pronto abandono la queja y el fastidio con que me levanto desde hace treinta años, me parece que no soy yo. Si adopto actitudes confiadas y resueltas me sentiré extraño. Si dejo de culpar a tal por mi situación sentiré un vacío repentino y así con todo.

El consejo evangélico del negarse a sí mismo alude en gran parte a esa masa de apetitos informes y esclavizantes que hemos confundido con lo que somos. Por el contrario, es una ley que se apoderó de nuestros miembros, pero que está muy lejos de lo que esencialmente somos. Nunca olvidaré aquellos primeros días al dejar de fumar. Abría los ojos a la mañana y un pensamiento decía: “pues, ¿para qué vivir el día si no puedo fumar?”. Vagaba sin sentido por la jornada, sorprendido de que todo el significado de mis días estuviera ligado a encender un cigarrillo después del café, después de comer, al salir a la compra, al volver de ella, al conversar, al sentarse…

Pero luego del desierto de los primeros días, la libertad surgida ante la ausencia de la dependencia fue como agua fresca en un tórrido verano. Por eso insistimos; el primer paso es dejar de defender los automatismos, que equivale a decir: no confundirlos como cosa nuestra o nosotros mismos sino como una infección cultural y ancestral que con paciencia y fe puede curarse. ¿El remedio cuál es? Atención vigilante, oración fervorosa e intención precisa. Atención para estar despiertos en el momento que nos toca. Oración para que la gracia nos de la perseverancia que nos permita conquistar la propia voluntad. Intención precisa para saber por dónde empezar, cuál o cuáles serán las cabezas de playa en las que nos haremos fuertes. 

Pero hay que abandonar la duda, eso nos abre la puerta a la intención verdadera. Este es un vicio que tiene la cualidad de disfrazarse como reflexión profunda o sensata deliberación. La duda nos mantiene en una víspera perpetua, simulando la inminencia de algo importante. La postergación se esconde detrás de la duda frecuente eludiendo el compromiso, la entrega y la consagración al propio camino. ¿Toda duda es negativa? Claro que no, pero cuando el estado de cavilación se asienta por meses, años y hasta décadas, hay que espabilarse.

Detrás de la duda recurrente puede haber un afán de posesión del éxito. Temor a equivocarse y búsqueda de seguridad. No nos atrevemos a renunciar, es un querer esto y lo otro. Definirse es esencial. Por otra parte, la duda nos mantiene en un suspenso que brinda cierta intensidad y eso también puede ser adictivo.

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Prácticas sugeridas:

1. Leer este texto “Compromisos” atentos a lo que nos suscita. 2. Al igual que ayer, volvamos al mapa o esquema de nuestra vida, verificando en que ámbitos persiste una duda debilitante y/o actitudes vacilantes que nos quitan fuerza y entrega. Tomar alguna decisión, aunque sea en un tema menor; que nos permita sentir la fuerza que brinda eliminar algo que estaba pendiente. 3. Destinar un rato a la oración de invocación donde pedimos la fuerza que necesitamos para tomar las decisiones que venimos postergando.

Citas bíblicas recomendadas: Lucas, 9, 23; Filipenses 1, 21; Santiago 1, 5-8; Mateo 14, 31; Romanos 7, 23

Haz clic aquí para el texto en MP3 y aquí para la versión en Youtube

Enlaces de hoy:

Recuerden hermanas y hermanos que pueden mandar enlaces para que agreguemos al final de cada post sin costo alguno. Un abrazo fraterno en Cristo Jesús.

Por el silencio

Meditación cristiana en España

El lado luminoso de la cruz

Gracias Raquel por la foto!

18º día

tercera semana

El temor sicológico es la anticipación del mal. Es el intento mental de evitar los posibles peligros que imagina en su afán de supervivencia. Nos hace mirar a los lados antes de cruzar la calle, nos indica que no conviene conducir muy de prisa o pasearse en noche oscura por barrios peligrosos. Hasta allí, nada que decir. Sin embargo, cuando este automatismo se apodera de la voluntad, envenena la vida y pone en cautiverio al espíritu. (Isaías 41, 10)

Teniéndonos contraídos nos va cerrando puertas y se acostumbra a dirigir nuestra atención hacia la posibilidad de lo fallido. De tanto atender a lo que podría salir mal, solemos cruzarnos con frecuencia con lo mismo que imaginamos. Luego decimos “tenía razón” y con esto impulsamos a la mente para que cumpla nuevas profecías. El temor nos protege en demasía, mayormente de fantasmas y luego nos entrega en manos de la tristeza. (Salmo 23,4) (1 Juan 4, 18)

Es otra de las formas vanas mediante las cuales queremos tener el control. Nos ilusionamos con cierta seguridad pariente del tedio en el que luego nos quedamos. Nos sentimos separados y solos en medio de un mundo hostil, olvidando las muchas providencias que a diario nos sostienen. (Flp 4, 6-7) Necesitamos reconocer en esta tibieza vital los condicionamientos que actúan, que priorizan durar en lugar de vivir. No se trata de volvernos temerarios e insensatos ni de competir en audacias pueriles. Sino de vivir conformes a nuestra naturaleza original.

Parte del retorno a esa condición edénica es escuchar la propia vocación y manifestar los talentos que Dios nos ha concedido. Nada sobra en el concierto de la creación, todo tiene su razón de ser y en ello también estamos incluidos. Manifestar ese llamado y estos dones es también ponernos “en línea” con la voluntad divina. Por más difícil que parezca y por más años que pesen en la memoria, siempre estamos a tiempo de cambiar la dirección y reencontrar el sentido.

Cargar nuestra cruz, no es solo llevar nuestros dolores o aceptar las situaciones que nos van tocando, sino también, disponernos a hacer aquello para lo cual fuimos concebidos. Atendamos al lado luminoso de la cruz de Cristo. Vivir en el bien, libres de esclavitud y activos desde el reposo espiritual, no solo es posible sino aquello a lo que Dios nos llama.

Prácticas sugeridas:

Durante toda la jornada, estemos atentos a la presencia del temor como fondo de muchas de nuestras actividades. Luego, busquemos un momento propicio e invoquemos la ayuda del Señor. En actitud orante, volvamos al mapa o esquema de nuestra vida, que revisamos días atrás. Examinemos los diferentes ámbitos atentos al tema del temor sicológico que pudiera estar influyendo como condicionante de tal o cuál área de mi vida. Reconozcamos con humildad que proyectos, acciones o iniciativas estamos dejando de lado o postergando debido a la presencia del temor que nos promete una falsa seguridad. Puede ayudarnos tomar nota respondiendo a la pregunta: ¿Si tuviera confianza en Dios y me dejara llevar por la gracia, cómo cambiaría mi vida?

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Capítulos de Nicetas Stethatos recomendados para la semana en MP3

Aquí el audio del texto en MP3 y en Youtube

Enlaces para hoy:

Los miedos

Novedades editoriales Narcea y Web de la editorial

Cuidar el bien de la gracia

17º día

tercera semana

Se trate de una compulsión a un hábito o vicio, de una emoción negativa que quiere posesionarse de nosotros o de cualquier conducta que quiere producirse y a la cual no adherimos desde nuestra esencia espiritual (el hombre interior – Romanos 7, 22-23) los pasos que necesitamos seguir son similares. Lo primero e ineludible es invocar al Señor Jesús con la fuerza de nuestro deseo de libertad y de bien. Incluso, al sentir el ardor del automatismo, podemos usarlo para darle fervor a nuestra invocación.

De este modo ya en el primer minuto, con las primeras invocaciones, nos encontramos en posición diferente. Observamos la fuerza de un deseo en nuestros miembros (por ejemplo la gula, la queja o la ira) y vemos también el objeto del deseo (esa comida de más, el fastidio que quiere imponerse en nuestros gestos y actitudes o las agresiones que quieren salir hacia esa otra persona) y es en este momento donde debemos reconocernos como el que mira, como aquel inmaterial que testificando lo visto se sitúa en la colina, desplegando el mapa del campo de batalla.

Es ahora cuando a la persistente oración hemos de agregarle nuestro mayor coraje. ¿Coraje para qué? Para esperar unos minutos, postergando la sumisión a la esclavitud de la costumbre. Porque la naturaleza espectral de nuestras dependencias las muestra fugaces, ceden al poco tiempo. Se parecen a una ola que asciende y luego baja, disminuyendo en tamaño e intensidad. ¿Volverá luego la ola? Claro que sí, pero si advertimos su naturaleza vana, que seduce con promesas vacías, no estaremos tan dispuestos a dejarnos engañar las próximas veces.

Al fin de cuentas, ¿qué nos promete la gula, la ira o lo que sea que tanto nos fascina? Un breve momento de intensa satisfacción que muta luego en malestar, culpa, desasosiego o simplemente pérdida de fuerza y confianza en nosotros mismos. En cambio, cuando somos pacientes hasta llegar a sentir la dicha que nos reporta la libertad derivada de la renuncia, todo se hace más fácil. Es una vitalidad nueva que nos anima, que reconocemos como propia pero venida de la gracia. Es la sensación en que nos deja el acuerdo con la voluntad de Dios.

Superar un temor antiguo; consagrarse a la vocación particular; atreverse a la alegría sin objeto; dejar ir los resentimientos y perdonar; servir a los demás sin orgullo ni sacrificio; vivir en oración, ser capaces de callar o de esperar con suma paciencia; discernir lo necesario de lo superfluo; poder consolar, organizar y amar, se descubren como dones gratuitos del Espíritu; que nos ha perseguido pacientemente en cada esquina y encrucijada de la vida. Agradecer se hace fácil pues descubrimos que la vida es muy simple, que nosotros la complicamos al cargarla sobre los hombros.

Un nuevo hálito espiritual nos invade y tan solo hemos necesitado empezar por alguna pequeña no reacción, por cualquier pequeña victoria del espíritu sobre el automatismo de los miembros. Luego vendrá el perseverante acopio de fuerzas para acometer mayores desafíos al ritmo de la gracia. Pero ya sabemos que no estamos solos, que nunca lo estuvimos; solo precisábamos mirar en la dirección correcta.

Prácticas sugeridas:

1. A la luz del texto anterior, intentar en esta jornada acopiar fuerzas merced a una pequeña victoria no reactiva, en cada ámbito por el cuál transitemos el día. Por ejemplo en el transporte al trabajo en vez de oír las noticias repetir una oración o llevar al trabajo algo de la panadería para obsequiar a los compañeros o hacer aquello que vengo postergando hace tiempo… etc. etc. Lo importante será verificar la posibilidad cierta, en cada lugar, de hacer crecer el espíritu mediante la sola conducta intencional. Volvernos cuidadosos de la gracia que se nos otorga cada día.

2. Escuchar el audio sobre meditación y respiración y de ser posible, dedicar unos minutos a su puesta en práctica. Tomar nota de si hemos podido hacer más profunda nuestra oración habitual. (El método respiratorio es en sí mismo una gran tarea desde el punto de vista de la no reacción)

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Aquí el audio del texto en MP3 y aquí en formato para Youtube

Haz clic aquí para el audio de meditación en MP3

El obstáculo del ansia

16º día

tercera semana

Admitamos aunque sea de manera conceptual, que la gracia está disponible siempre y que lo único que necesitamos para sentir en nosotros la presencia del Espíritu Santo, es despejar los obstáculos que una vida de confusión e incoherencia han puesto en su sendero. Tengamos en cuenta que no estamos hablando de “caernos del caballo camino de Damasco” o de teofanías espectaculares, sino simplemente de vivir en el suave contento propio de los hijos de Dios; de esa serena alegría que nos permite escuchar al otro, ver lo que vemos, estar bien vivos y atentos en la situación que nos toque y contar en nosotros con una gran confianza en la providencia divina. (1ª Tes 5, 16-18)

Veamos hoy un obstáculo muy habitual en la vida de todos, la ansiedad. ¿Qué es la ansiedad? Lo que siento cuando he puesto mi dicha en algo que no es Dios. O sea, cuando he puesto mi esperanza de bienestar en algo que no es Su voluntad. En otras palabras, he puesto el centro de gravedad de mi vida en algo de fuera. Me he externalizado y dejado llevar por la ley del automatismo de cuerpo y mente (la ley de la carne en términos del apóstol Pablo). El deseo por un objeto, persona o situación determinada, me agarró de las narices y me lleva a olvidar que nunca nada transitorio podrá colmar mi verdadero deseo: la plenitud de vivir en la sagrada presencia.

Puede suceder que la mente se ponga a discutir esto argumentando todas las razones posibles que justifican nuestra ansiedad. Debemos desatender estos diálogos interiores y probar de efectuar actos de entrega o abandono al supremo designio. ¿Cómo se hace esto? Tomando conciencia primero de que no hay forma que nosotros, limitados como somos, podamos prever los múltiples factores que inciden en la ocurrencia de un suceso. (Rom 12, 2) Y, reconociendo luego, que no es posible que el hacedor de estrellas y galaxias innumerables haya dejado cabos sueltos. La perfección y sincronía de todo lo creado son una buena muestra de la descomunal y amorosa inteligencia que puso en marcha lo que llamamos luz, tiempo, espacio y todo lo que allí existe.

Y finalmente, dándonos cuenta, que el bien hacer con actitud impecable, aquello que nos indica el deber del instante es todo lo que está a nuestra mano. Patear el penal con la mayor potencia y precisión posible, sí. Adonde se tirará el arquero, si habrá una ráfaga de viento repentina o si habrá que volverlo a patear… no depende de nosotros. Cuando esta comprensión se traslada a todos los hechos de la vida y nos acostumbramos al bien hacer humilde, aceptando que no podemos controlar los resultados de la acción, respiramos tranquilos y en lugar de permanecer ansiosos llevamos la atención hacia los múltiples signos de su cariñosa providencia.

Práctica sugerida:

1. Prestar atención durante toda la jornada hacia el estado interior en base al criterio de ansiedad o tranquilidad. Cuando registramos ansiedad, verificar si estamos haciendo lo mejor que podemos en relación a la acción del momento. Una vez encontrada la actitud impecable, hacer una breve oración según nuestro personal modo, donde ofrendamos a Dios nuestra conducta y nos abandonamos a Su voluntad.

2. Verifiquemos si la práctica encarna en nosotros despejando el obstáculo de la ansiedad* o si solo se queda en un mero ejercicio de tipo mental.

* Entendemos por ansiedad no solo el notorio estado de agitación para el que suele usarse el término, sino cualquier manifestación en nosotros de prisa, inquietud o en todo caso, tendencia a ir hacia el momento siguiente en desmedro del buen hacer en el ahora.

Citas bíblicas recomendadas: Juan 15, 5; 1ª Pedro 2, 16; Eclesiastés 3, 12-13; Sal 130, 5, 7; Rom 12, 2; 1ª Tes 5, 16-18

Aquí el PDF que contiene la 3º Centuria de Nicetas Stethatos

Aquí el texto leído en MP3

Preparar los caminos al Señor

15º día

tercera semana

Los obstáculos que tenemos durante la oración o la meditación son los mismos que nos impiden vivir el confiado contento de los hijos de Dios en la vida cotidiana. Ansiedad, temor, angustia, inseguridad, tristeza, ira, sensación de desamparo, disgusto conmigo o con otros, tedio, fatiga anímica, confusión, desorientación, impotencia, frustración y una lista que podría alargarse en innumerables matices según cada quién.

Durante la oración o meditación estas cuestiones se manifiestan más en la forma de pensamientos y en el ajetreo diario son más notables como sentimientos y comportamientos específicos; pero son distintas expresiones de lo mismo: un modo de ser y estar en la vida. Si nos ponemos atentos, nos damos cuenta que no soy yo que me enojo, sino que la ira surge en mí. Y así con casi todas las emociones, pensamientos y actitudes. El espíritu en nosotros es nuestra parte esencial, esa que no quiere sucumbir a la cólera. Yo soy más el que se lamenta del error que el que yerra. Y esto, no para generar una división esquizoide, sino para reconocer como vivimos las cosas en nuestra experiencia íntima.

Entonces las palabras del apóstol nos resultan tan propias… (Rom 7, 14 – 25) y el verdadero lío se nos arma cuando llegamos al capítulo 8 versículo 9 “pero ustedes no están animados por la carne (lo automático diríamos nosotros) sino por el espíritu…” porque no es lo espiritual lo que nos orienta y conduce en el día a día. Son las ansias, las inquietudes, apetencias y todo lo demás. ¿Qué hacer entonces? Pues lo primero es dejar de defender nuestras reacciones. Aceptar con honestidad interna que esas reacciones y conductas incoherentes, aunque las he defendido durante años e identificado con lo que soy, simplemente me suceden.

Este paso es la mitad del camino por así decir. No hacer de mis automatismos mi bandera, no engalanarme con ellos como si fueran la particularidad de mi “carácter tan especial”. Eres una persona perfeccionista o te fastidias apenas las cosas no salen como quieres… eres alguien muy exigente y con altos estándares o de tanta inseguridad no puedes adaptarte tranquilo a lo que ocurre… por dar dos ejemplos de cosecha propia. Este tipo de reconocimientos habilita la preparación de los caminos del Señor. Es decir, nos hacemos más receptivos a los impulsos de la gracia.

Como decía una hermana en el encuentro de hoy: no siempre lo que ilumina una situación es lo que me gustaría… en un primer momento. Luego comprendemos que sí, que hay un gusto espiritual; la dicha de la autonomía creciente, de la ampliación del margen de libertad, el gozo de la renuncia sin esperar a cambio… la tranquila alegría de quién se sabe acompañado y sostenido…

Prácticas sugeridas:

1.Leer tranquilamente o en actitud orante (Romanos 7, 14-25 y 8, 1 -13)

2.Tomar nota de como nos impacta el texto. ¿Lo traduzco con facilidad a mi vida o lenguaje actual? ¿Se producen en mi mente discusiones con lo dicho por el apóstol? ¿Veo con claridad como se manifiesta en mi cotidiano la ley de lo mecánico/carnal?, dejar que alumbren comprensiones y llevarlas a la oración personal al final del día.

Buen domingo para todos invocando el Santo Nombre de Jesús.

Apoyo para la semana, en la 3º centuria de Nicetas Stethatos; caps. 19, 20, 29, 30, 33, 36 y 40. Página 453 del III volumen.

Invitación al encuentro virtual

Queridas hermanas /os, ante algunas dudas surgidas, confirmamos que la reunión es hoy, sábado 11 de septiembre a las 15 horas de Argentina, 20 horas de España y horarios equivalentes, por la aplicación Zoom, tendremos el tercer encuentro virtual de estos ejercicios (Breve exposición, intercambio y oración comunitaria) podéis asistir o visualizar el vídeo con posterioridad cuando resulte oportuno. Un abrazo en Cristo Jesús. Aquí os dejamos el enlace:

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Oración explícita e implícita

El icono de María del Silencio 

día 14º

segunda semana

Queridas hermanas y hermanos en Cristo Jesús: En estas próximas dos semanas, si Dios quiere, abordaremos el tema de la oración explícita e implícita en nuestra vida, trabajando para despejar obstáculos que nos impiden vivenciar los sentidos espirituales y aquello de “La liturgia en el hacer” o “La ceremonia del instante”. De este modo, resultará más provechosa la última semana, donde nos acercaremos al tema del proyecto personal a futuro y el diseño de la propia regla de vida.

Prácticas sugeridas para hoy:

1. Leer el texto: “El tamiz de la oración”

2. Buscar una hora de nuestro tiempo para dedicar exclusivamente a la oración o meditación. Trataremos de hacer profunda esta oración mediante el método que más nos ayude a permanecer en la presencia divina y que nos resulte más entrañable. Luego de esto sugerimos tomar nota de las dificultades u obstáculos que hayan surgido. (Cuanta más precisión en esto mejor será) Si no fuera posible tomarnos una hora entera, podemos hacerlo en dos medias horas. (Mateo 6, 7) (1 Juan 5, 14)

3. Buscar una actividad muy concreta la cual trataremos de transformar en oración implícita. No se trata solamente de orar interiormente mientras actuamos, sino también de llevar esta posición orante a nuestros modos, movimientos y actitudes. (1 Tes 5, 16-18) Situarnos como oficiantes de la ceremonia que esa actividad implica. (Pueden ser muy favorables tareas como cocinar, limpiar u ordenar; trabajar en el jardín, restaurar o pintar un mueble y un largo etc. que podemos elegir). Lo importante será comprobar si hemos podido llevar la oración a la acción. Tomemos nota también de los obstáculos encontrados.

Hoy a las 15 horas de Argentina, 20 horas de España y horarios equivalentes, por la aplicación Zoom, tendremos el tercer encuentro virtual de estos ejercicios (Breve exposición, intercambio y oración comunitaria) podéis asistir o visualizar el vídeo con posterioridad cuando resulte oportuno. Aquí os dejamos el enlace:

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Os dejamos una hermosa película y un audio para hoy:

San Agustín – Película completa

El mensaje de la gracia

13º día

segunda semana

El sufrimiento nos indica el desacuerdo entre cuerpo, alma y espíritu. No hablamos del dolor físico, sino de ese malestar mental que adopta numerosas formas, pero que englobamos bajo el término sufrimiento o infelicidad. Cuando vivimos según la ley del espíritu, (Juan 6, 63) nos sentimos en palabras de Nicetas, “como un general con plenos poderes entre los pensamientos”.(*) Es decir, podemos desechar pensamientos que son inadecuados a la situación que toca y respaldarnos en aquellos que son necesarios o funcionales. (**)

Pero, antes que nada, hace falta que tomemos a la ansiedad, al temor, la preocupación, la angustia o la ira etc. como el llamado de la gracia a la conversión. Sin un cambio de óptica profundo volvemos rápidamente a lo mismo. Es decir, a tomar el sufrimiento como derivado de lo que ocurre fuera y no como el resultado de nuestra actitud ante los sucesos. Por eso es importante recordar que Dios nos habla a través de los acontecimientos. Aprender ese lenguaje necesita que tomemos las cosas de ese modo, estar dispuestos a escuchar el mensaje.

En vez de complicarnos con discusiones en torno a esto, es mejor probar en uno mismo. Veamos un ejemplo: en una comunidad monástica en la que viví un tiempo, cada uno tenía sus enseres separados en una alacena. Allí estaba la taza, los cubiertos, la servilleta y hasta el frasquito de miel que cada uno usaba. Un día veo que mi frasco de miel tenía mucho menos cantidad de la debida. Es decir, alguien había usado de lo mío. La reacción me llevó hacia la ira de inmediato. ¿Cómo era posible¡ ¡Y en un monasterio? ¡Esto es una violación! decía mi mente. Ahora… si en lugar de “irme hacia afuera”, buscando culpables o alimentando la sensación de injusticia, yo atendía a esto como un llamado de la gracia… (1 Pe 5, 10)

Hubiera descubierto el mensaje que decía: “te has apegado a un objeto”; “ya te has hecho esclavo de un frasquito de dulce”; “allí donde está tu tesoro, estará también tu corazón”. (Mateo 6, 21) “¿Crees que te dejaré sin lo necesario para tu vida?” (Sal 121, 7- 8) Había puesto mi confianza en algo que no era Dios, sino en mis pequeñas cosas y costumbres. Finalmente, al ver esto, la ira cede y podemos agradecer lo ocurrido. De no haber surgido la ira no podríamos haber visto tan claramente lo que estaba ocurriendo, esa autocomplacencia que nos toma a veces y nos ubica sutilmente como el centro del universo.

Por eso insistimos, antes de ir corriendo hacia el exterior para remediar nuestros presuntos males, hagamos un alto y tomándonos un momento, miremos si podemos atender a la emoción desagradable como un aviso que nos da la gracia desde el corazón. (Heb. 4, 16) Un llamado a la conversión. Por supuesto que adoptar esta actitud no implica la negligencia, ni el abandono de los deberes y responsabilidades. Al contrario, cuando nos hacemos conscientes de esta errónea disposición a la que nos acostumbramos durante tantos años, nos volvemos más eficaces. Hacemos lo debido sin el peso de una mente opresiva que todo el tiempo masculla amargura ante lo que no se acomoda a sus deseos.

Práctica sugerida:

1. Durante todo el tiempo que puedas, en el día de hoy, permanece atento a tu modo de estar. Y cuando aparezca cualquier emoción negativa, intenta escucharla como el llamado de la gracia a re-alinearte, a poner el espíritu al mando de mente y cuerpo. Y pregúntate con calma… ¿y si el problema estuviera en mi actitud?, ¿y si doy yo lo que estoy reclamando, qué pasaría? ¿Cuál es la conducta errónea que estoy poniendo en esta situación? Y con humildad escucha el mensaje que llega hasta ti desde lo profundo. (***)

2. Si las preguntas nos han dado algo de claridad, sentiremos humildad ante lo comprendido. Agradezcamos entonces y pidamos la fuerza para llevar al comportamiento concreto la modificación necesaria en alguno de los ámbitos de nuestra vida.

(*) Cap. 26 de la primera centuria de Nicetas Stethatos.

(**) Pensamiento y sentimiento son dos manifestaciones diferentes de un mismo fenómeno: la respuesta/reacción a lo que ocurre. No se dan separadamente. La conducta es el reflejo tangible de esta respuesta interior.

(***) En la parte final del audio comentamos la fuerte resistencia que suele ocasionar la práctica sugerida, sobre todo en el primer punto.

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Recomendamos leer:

Criterios de acción

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El tercer elemento

12º día

segunda semana

No pude terminar de despejar la habitación de los trastos en un solo día. Me llevará varios y no sé si puedo dedicarme más de una vez a la semana.

No hay ningún problema. Pon esa actividad en agenda y no la abandones. Cada vez que toque, concentras tu intención en ir dejando espacio, en quitar todo lo superfluo e innecesario y, a la vez, de establecer cierta relación con lo que anhelas para el espacio del alma. Preparar la casa para la venida del Señor, (Ap. 3, 20) es un buen modo de decirlo.

También estoy manteniendo dos “cabezas de playa” para hacerme fuerte, aunque me cuestan mucho. Apago el móvil en dos períodos al día de tres horas cada uno y es increíble lo que cuesta y la dependencia que tengo se pone en evidencia. Y me he propuesto tratar bien a “x”, no reprocharle el desgano y la negligencia con las que hace sus tareas. Lo voy logrando por fuera pero hiervo por dentro. No reacciono por fuera pero si continúa la molestia por dentro.

¿Qué has podido ver de este automatismo? ¿Has aprendido algo?

Pues sí. Compruebo que todo apunta a relajarme, busco quitarme los nervios que la indignación me produce. Siento injusticia, que las cosas no debieran ser así. Y es cierto lo que se decía, que en lugar de aflojar por dentro e invocar a Dios para que me asista, tengo la inercia de buscar la descarga de la tensión reprochando o criticando, juzgo a “x” muy duro y eso parece aliviarme un poco.

Muy bien. Al principio esto de no reaccionar parece represivo; pero en tanto vamos comprendiendo lo que ocurre en nosotros y orando en medio de la tormenta, lo de no reaccionar se transforma poco a poco en ofrenda. Ya internalizas que lo mejor que puedes hacer para mejorar la relación es acrecentar la paz del corazón más allá de la conducta de esta otra persona. Digamos… crecer en tu ecuánime autonomía del ánimo. (2ª Tim. 1, 7) Vas haciéndote fuerte a partir de un bastión interior y no permaneces a expensas de los vaivenes de la conducta ajena. Cuando captas esto realmente, la utilidad que tiene esta forma de “ponerse” en las diferentes situaciones, le tomas el gusto. Y te alegras luego al ver como te habitúas a descansar en esa tranquilidad.

Luego ves que tal descanso solo puede hacerse firme si confiamos en la voluntad de Dios. (Prov. 3, 5-6) Entonces en la oración puedes aspirar a que la relación sea armónica, que crezca el afecto entre ambos etc., pero dices: “Que se haga tu voluntad y no la mía” y mientras entregas el devenir de ello en las manos de Dios haces tu aporte. (Prov. 16, 3) Es decir no reaccionas. No agregas leña al fuego. No criticas ni juzgas, ni reprochas. Tratas de dar tiempo y espacio al proceso de ese semejante que vive contigo. ¿Y cómo vas con esto de permanecer conectado a la presencia de Dios en el cotidiano, lo del sexto día?

Me olvido mucho. Lo recuerdo, pero cada día menos, vuelvo al ajetreo de siempre. Un día o dos me acordé bastante, después…

Práctica:

Una forma que también ayuda y que fue muy usada por algunos santos, es imaginarse a Dios presente como una persona de carne y hueso allí mismo. Es decir, si Jesús estuviera presente aquí mismo, corporalmente, en medio de esta situación… ¿Cómo sería mi comportamiento? Y entonces actuar conforme a ello. Porque claro, Dios siempre está con nosotros, pero la mente no se lo cree del todo y las emociones menos. Entonces, esta tarea de imaginar, surge desde lo mental, pero puede servir para situarnos mejor. No lo cuestiones, primero pruébalo y ves. Otra forma no religiosa de lo mismo sería: Si estuviera yo en cámara y me estuvieran viendo por televisión muchas personas, en mi diario vivir… ¿Cómo me comportaría?

Es tan solo un ejercicio. Uno comprueba que es la presencia de este tercer elemento lo que hace mucha diferencia. Un factor es la situación, otro tu mismo en ella y el tercero este considerar a Dios presente. Esto equivale, a nivel sicológico, a tu atención atestiguando lo que ocurre. Ya cuando la percepción de la presencia divina es viva en ti realmente, todo se hace más fácil. Pero al principio, estos recursos pueden ayudarnos mucho; nos sirven para actuar más en consonancia con el ideal evangélico de conducta que tenemos y a descubrir que no era tan difícil volverse coherentes…

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Lecturas recomendadas para hoy:

3 citas de Máximo, el Confesor.

Atención y libertad

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Abandonar lo accesorio

11º día

segunda semana

Sí, lo entiendo, pero no hay caso. Por más que me siento y trato de estar en silencio o ponerme ante la presencia, me vienen un montón de pensamientos. Es increíble, pero son una multitud; nunca antes había visto tantos. Me desaliento. Apenas a veces me parece que hay alguna mirada distinta, pero es como si lo forzara desde la cabeza, no cambia de verdad.

Por supuesto. No es algo que se produzca igual que accionar una perilla. La mirada no cambia porque caigamos en cuenta de la necesidad de transformación. Hace falta más. Lo que está de nuestra parte es despejar obstáculos. Hay varias limitaciones o barreras que nos impiden recibir y dejarnos llevar por la gracia. Necesitamos ampliar nuestra capacidad de entrega. Abandonarnos crecientemente a la voluntad de Dios es un proceso que puede llevar tiempo, pero está cargado de sentido. (Lucas 12, 22-31) Es el significado profundo en el que apoyarnos.

La ansiedad, el temor sicológico, la preocupación, la angustia, la tristeza, la ira y la aversión visceral hacia alguien, son solo algunos ejemplos de estos obstáculos de los que hablamos. (Génesis 35, 2) Son como trastos en una habitación y no dejan espacio. Falta el aire, no podemos movernos con libertad por allí, es tanto el desorden que dan ganas de cerrar con llave y no entrar nunca más. Esto suele emerger con más fuerza cuando nos ponemos a orar o meditar.

La acumulación excesiva y el desorden se resuelven tirando lo que sobra y acomodando (Mateo 6, 19). No hay mucha ciencia especial en esto. En una casa el espacio es limitado. Del mismo modo, nuestras fuerzas físicas y síquicas también tienen sus límites. Si queremos encontrar y dedicarnos a lo importante hemos de abandonar lo accesorio. No podemos servir a dos señores o comer el pan y también la torta (Mateo 6, 24).

¿Pero que significa en lo concreto?

Definir claramente las prioridades; abandonar actividades que no encuadran dentro de ellas y evitar la dispersión y el desorden, tanto afuera como adentro. Te propongo algo: Elige una habitación o unos cajones que tengas especialmente desordenados. A lo mejor un rincón en el patio o el balcón, unos estantes llenos de cosas o incluso tu biblioteca. Dedica un buen rato a poner orden. No temas tirar, desechar o separar cosas para regalar a quién pueda necesitarlo. Necesitamos aprender a soltar. Si no encuentras un lugar preciso puedes hacer una buena limpieza en tu casa o en tu cuarto con el mismo fin.

Pero disponte en actitud de práctica espiritual. Si lo permites, lo que vas haciendo afuera en los objetos irá produciendo repercusiones en tus contenidos internos. Intenta orar mientras haces este ejercicio. Debes realizarlo con calma e impecablemente. Si te falta tiempo dedícate un rato durante varios días. En adelante, puedes establecer una relación intencional entre la armonía exterior y el alineamiento de tus potencias. Puede ser de gran ayuda. Ten paciencia. Si aprendes bien esto puedes luego hacer lo mismo en las moradas del alma.

Vuelve si puedes al mapa que hiciste días atrás y revisa lo que anotaste. O dedícale más tiempo. Hay que detectar bien las prioridades, los excesos y obstáculos en los diferentes ámbitos. Sin la pretensión de implementar modificaciones apresuradamente. Primero ver bien, luego invocar mucho a la gracia y al final los cambios sobrevienen suavemente, más por una conjunción entre intención y oración que por alguna acción determinada. (Marcos 4, 30-32)

Observa luego como ha quedado todo luego de tu labor. ¿Es de tu agrado? Aspira entonces a esa misma armonía para tu vida. La adecuada proporción en todos los aspectos es la raíz de la sobriedad. “Una voz grita en el desierto; preparen el camino del Señor, allanen sus senderos…” (Marcos 1, 3) empezará a cobrar un nuevo sentido. Un abrazo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesús.

(Continúa)

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Aquí el audio en MP3

Dos enlaces:

Lo mismo con atención

Preparación para el silencio

Metanoia de la percepción

10º día

segunda semana

Pero entonces, la cualidad que hace que un sitio me guste tanto y me sienta tan a gusto… ¿Dónde está?

¿Qué notaste tú, cuando hiciste el ejercicio? Empecemos por ahí.

Bueno, las cosas tenían una disposición que era de mi agrado. Mi lugar elegido fue la habitación, mi estudio como le llamo. Tengo mis libros, algunas fotos, me gustan los muebles que tengo allí. Hay un reloj de péndulo que me gusta mucho el sonido que hace… incluso lo que veo por la ventana, el aroma del cuarto también…

Bien. Las cosas tienen afuera, en lo percibido, una cierta forma que resulta compatible con una forma interior. Hay resonancia. Lo que veo me es afín. Es como un encaje de piezas que se acomodan perfectamente. Pones a otro en tu habitación y no se siente bien o hasta se encuentra a disgusto. No se siente reflejado en lo que hay. Esto es porque su “habitación interior” es diferente. La música que suena en su alma es distinta y requiere de otros instrumentos, de otra disposición de las cosas.

A la vez, y atiende bien esto, hay algo en ti que se “derrama” sobre lo que hay allí en tu habitación. Como si fuera un efluvio que va desde el interior de tu corazón hacia lo percibido. Si atiendes, te das cuenta que adhieres a lo que ves, que lo aprecias; es como un cariño y valoración que partiendo de ti se deposita sobre aquello a partir de tu mirada. Hay una historia también que se desplegó en ese lugar, vivencias e instantes, que tienen en común el amor y la intención que te guiaba.

Cuando amamos a alguien, por ejemplo, puedes ver como empiezas a amar cualquier objeto que se relaciona con esa persona. Y ves como aquel sitio que visitaron juntos nunca vuelve a ser el mismo. Ahora ese paraje está teñido de aquel recuerdo. Y no del solo recuerdo, sino que evocas el afecto que los unía y llega hasta ti ahora actualizado, el aroma de aquella unión. En suma, nos orientamos hacia lugares, personas o situaciones que reflejan algo que está ya vivo en nosotros. Se produce un eco, una re-percusión en el alma ante aquella percepción.

No me queda claro entonces, ¿lo que me gusta o atrae de un lugar o de alguien esta afuera o dentro de mi?

En ambos planos podemos decir; pero para ser honestos, debemos admitir que se llega a comprender que lo de fuera y lo de adentro es tan solo un modo de organizar las cosas. Estos dos mundos se entremezclan de continuo, a punto tal, que sería más propio decir que son el mismo mundo. Es cierto, hay un más allá y un más aquí de la piel y eso señala una frontera a la que estamos muy acostumbrados. Pero viene a resultar que hay alguien que se da cuenta de lo que pasa en el exterior y en el interior a la vez. Yo veo una flor y a la vez, veo que me gusta esa flor.

Esa mirada no está en ninguno de los mundos sino que los trasciende. Por eso puede dar testimonio de ellos. Esto es atención. Dicha atención puede dirigirse hacia la luz o hacia la oscuridad. Puede ir hacia abajo o hacia arriba. Esa atención no es ni más ni menos que la gracia del espíritu presente en nosotros. Esa luz pura de la gracia que ha llegado hasta nosotros, puede quedar envuelta por las pasiones y ser arrastrada por ellas hacia el abismo de lo que muere, de las cosas vanas, de los muchos infiernos… (los automatismos egoístas) o puede traer a nuestra vida y al mundo el amor y la mirada de Dios.

Este amor indescriptible puede ser sentido y descubierto por sus obras. Se hace evidente cuando transforma profundamente nuestra mirada (metanoia de la percepción) y ahora vemos lo que aborrecíamos, envuelto en una luz que nos resulta agradable y querible. Terminas siendo amigo de tu enemigo o encariñado de un trabajo que detestabas o, también ocurre; te descubres con nuevos amigos y nuevo trabajo sin saber bien como ha sucedido… (continúa)

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Citas bíblicas recomendadas: Salmo 19, 9; 1ª Cor 13, 12; Efesios 1, 18-19; Juan 3, 3; Santiago 1, 5-6; 3, 17

*Recomendamos leer el cap- 19 de la primera centuria de Nicetas

Práctica sugerida:

Elijamos una situación particular que vivimos con frecuencia. Puede ser una relación cotidiana o un ámbito en el que solemos permanecer bastante tiempo; tal vez solo aquella hora del día donde siempre recurre tal estado del ánimo. Apelemos al mayor fervor que nos sea posible concentrar. Juntemos como en un mismo haz todo el deseo acumulado durante tanto tiempo de encontrar a Dios. Evoquemos aquel sentimiento que siempre nos ha acompañado en el fondo de lo que ocurría y que clama por lo divino. Ese anhelo de sentido. Oremos profundamente, invocando la gracia del Espíritu Santo, pidiendo esa mirada capaz de redimir, en un solo vistazo, aquello sobre lo que se posa.

Os dejamos aquí un pequeño modelo de oración, que cada cual podrá modificar según sus preferencias por si fuera útil al momento de la práctica:

¡Oh Señor! perdona mis faltas, líbrame de sus consecuencias y ayúdame a no pecar más. Dame la atención pura, para que orando sin cesar pueda vivir en tu presencia. Envía tu Espíritu Santo, para que limpiando mi mirada, derrame tu amor sobre el mundo.

Audio del texto en MP3

¿Qué hay aquí?

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9º día

segunda semana

Texto y práctica:

Vete al sitio de tu hogar donde te sientas más a gusto. Quizá la cocina, la alcoba o junto a esa ventana desde donde ves el jardín y la calle más allá. O ese rincón de tu celda junto al icono o tal vez un sitio público acogedor; a lo mejor puedes llegarte hasta un entorno natural. En definitiva, escoge aquel lugar donde te sientas a tus anchas. Mientras disfrutas de esta sensación revisa con calma los atributos del lugar. ¿Qué hay aquí en este espacio en el cual me siento tan bien? ¿Es algo en este espacio o es algo en mí? Y si fuera algo en mí, ¿de que cosa se trata? Atendamos con espíritu reflexivo a esta cuestión.

Luego, o antes si así fue el caso; compara esto con aquello que vivencias en el sitio opuesto. Esa habitación donde nunca quieres estar, ese punto donde la molestia es frecuente. Si tienes tiempo ve un momento allí. Y toma nota de las diferencias, de las características del lugar. Y vuelve a interrogar ¿Es algo fuera de mí o dentro de mí? ¿Es en lo exterior e interior al mismo tiempo? ¿Y de que se trata en cualquier caso? Sin forzamiento ni sesudos razonamientos, solo dejemos que aparezcan comprensiones en el campo de nuestra atención. No demos por sentada la respuesta.

Toda la jornada podemos tener esto en la co-presencia atencional. Tenemos presente la intención de estar en ese tema; incluso cuando nos desplazamos, en el trabajo o en la compra, en la capilla o en el claustro… ¿Cómo me siento aquí? ¿Es el ámbito o soy yo? ¿Ambos? ¿Qué origina estas variaciones? Y así siguiendo, sin obsesionarnos, sino con una suave mirada hacia la cuestión. Llevar La oración de Jesús como fondo constante nos ayudará mucho a permitir que la gracia nos revele la raíz del asunto. Y eso es todo por hoy *.

Un abrazo fraterno a todos, invocando el Santo Nombre de Jesús.

Citas bíblicas recomendadas: Flp 4, 6-7; Sal 139, 7-8; Jer 29,13 Ez 28, 13a

Recomendamos leer el cap. 51 y 52 de la Primera centuria de Nicetas Stethatos

* Recordemos mantener activa nuestra “cabeza de playa de la no-reacción”; ese aspecto que hemos elegido y en base al cual iremos acopiando fuerzas y voluntad, para luego llevar luz a diferentes ámbitos del mapa de nuestra vida.

Aquí el audio en MP3 con los capítulos 19, 51,52, 74 y 86 recomendados para esta semana

Estar en casa

8º día

segunda semana

Hermanas y hermanos, en este día dedicado a la acción de gracias, a la familia y los afectos, descansemos. Si nos fuera posible, tengamos un momento de intensa oración, recordando y cobijando en el corazón nuestro deseo de transformación profunda. Ese llamado a la conversión verdadera que tantas veces hemos sentido, que en muchas ocasiones hemos negado o abandonado a poco de intentarlo. Pidamos el don de una nueva mirada y una nueva fuerza; que ahora sí nos dejemos arrebatar por los impulsos de la gracia y seamos iluminados por el espíritu.

Un abrazo fraterno para todos, invocando el Santo Nombre de Jesús. ¡Buen domingo!

Domingo 23º del tiempo ordinario

Una enlace y una película con muchos contenidos para profundizar:

Los miedos 2º parte

San Antonio de Padua

Repaso y oración

7º día

primera semana

Queridas hermanas y hermanos: En este séptimo día de los ejercicios nos limitamos a evaluar la tarea realizada y volvemos a retomar aquella práctica donde descubrimos necesidad de profundizar. (Prestar especial atención a las prácticas del 3º y 6º día) Hacemos un repaso lo más tranquilo posible, evocando nuestras dificultades y comprensiones o momentos de interés y simplemente llevamos todo eso a nuestra oración nocturna al final del día. Pedimos la gracia de la paciencia para progresar sin prisas pero con solidez. Agradecemos cualquier pequeña luz que haya llegado a nuestro corazón y entendimiento.

Este sábado 4 de septiembre, si Dios quiere, quién lo desee puede participar de un encuentro virtual, donde podremos intercambiar con otras hermanas y hermanos acerca de estos primeros días de los ejercicios; haremos una exposición sobre un tema específico y al finalizar tendremos un rato de oración entre los participantes. El encuentro será a las 15 horas de Argentina, 20 hs. de España y demás horarios equivalentes. Pueden hacer clic en el enlace de abajo para acceder a la reunión. La reunión será grabada y publicada al poco rato de realizada.

Un abrazo fraterno para todos, invocando el Santo Nombre de Jesús.

Encuentro virtual para el día 7 de los ejercicios en torno a Filocalía

Aquí lo publicado desde el 1º día

Enlace de hoy:

“La vida de María” de San Máximo, el confesor (Extraído de Academia.edu)

La tranquila alegría de la plenitud

6º día

primera semana

Sin la percepción de la presencia divina, todo parece perder sentido. El Dios conceptual ayuda un poco, puede orientar algo… pero el Dios presencia en el cotidiano lo cambia todo.  

Nunca termino de entender esto con lo cual se insiste tanto…  

Es que no se trata de entenderlo, eso es algo mental y su influencia es muy relativa, allí se queda. Se trata de vivenciar lo sagrado. De advertir la influencia de ello en todas las cosas y sobre todo en tu propia vida. (Hechos 17, 28) Es un darse cuenta integral que incluye la acción, las emociones y los pensamientos y que trasciende todo eso, dejándote en el terreno del espíritu.  

Usemos de ejemplo nuestra relación con el móvil, que es algo que está a la mano y casi todo el mundo tiene. Imagina que se corta la conexión a internet. No tenemos wifi ni datos, ni nada, se queda en cero. El objeto pierde gran parte de su sentido. No sabes muy bien que hacer con él, lo dejas hasta que vuelve la conexión. Pues con nuestra vida es igual. Sino estamos conectados a lo trascendente que es Dios, lo sagrado se ausenta y con ello los significados se nos van perdiendo. Ya no sabes para que estudiabas eso o para que te relacionabas con tal o para que formaste una familia o te hiciste consagrado etc. etc.

Pero a la vez no podemos destruir o abandonar todo lo que tenemos en la vida por esta falta de sentido profundo que detectamos; entonces seguimos andando, la inercia nos va guiando, el motor de las múltiples necesidades sigue en marcha, pero el conductor destaca por su ausencia. Es fundamental restablecer la conexión con lo esencial, que proviene del origen y es Dios en el corazón. El corazón espiritual tiene que estar vivo y latir tranquilo pero fuerte, constante y profundo. La gracia tiene que fluir por las venas, la sangre sola no nos basta.

¿Cómo conectarse a esa presencia divina? Suena muy bonito pero no tengo idea de como empezar a vivirlo.

Para sentirnos conectados a Dios necesitamos estar conectados con nosotros mismos, ya que Él es quién nos sostiene. Sin estar conscientes de nosotros no podemos descubrir lo divino en el presente. Por eso es necesario vivir más tranquilos y recogidos, más silenciosos; un estilo de vida simple, preciso y potente, que no se dispersa en las mil cosas. Puede llevar tiempo y paciencia pero esa es la dirección válida para lo que buscamos. ¿Qué buscamos? Una paz viva no dependiente. La tranquila alegría de la plenitud. La quietud interior aún durante las actividades. Puede resultar en paradoja: queremos la autonomía e independencia de quién vive entregado a Dios.

Deberíamos poner la atención en esta sensación de estar conectados o desconectados del Cristo cotidiano. Igual que con el móvil. Cuando quedamos sin internet enseguida nos fijamos que ha pasado. Se salió el cable del modem o será una falla general… ¿Cómo puede ser! nos decimos y andamos buscando la señal nuevamente. Pues en esto lo mismo. Hemos de tener registro claro de cuando estamos bien sintonizados a la gracia o cuando nos vamos desconectando… y buscar la conexión con ahínco, viendo la importancia de permanecer en Dios (2 Crónicas 15, 2b).

Prácticas sugeridas:

1) Vamos a centrarnos en verificar nuestro grado de conexión o desconexión con lo que para cada uno es la presencia divina. Vamos a ponernos algunas alarmas, tres, cuatro, cinco, cada uno verá. Durante toda la jornada. Al sonar la señal nos tomamos un momento a solas, bastarán dos minutos sino se cuenta con más disponibilidad, para evaluar nuestro emplazamiento interior (2ª Cor 10, 3). Debemos preguntarnos: ¿Estaba actuando en conexión con lo divino? ¿Estaba llevando adelante esa secreta liturgia interior? ¿Me sentía partícipe del misterio? Por supuesto todo esto admite grados y profundidades. Lo esencial será la respuesta íntima que surge.

2) Al final de este viernes, sexto día de ejercicios, introduzcamos estas dos preguntas que siguen en el corazón y dejemos que trabajen por si solas alumbrando comprensiones: ¿Qué caracteriza mis momentos de presencia? ¿Por qué digo que en tal momento percibí lo sagrado? Se puede tomar nota de comprensiones o dificultades y hacer comentarios en el blog o traerlas al encuentro virtual del próximo sábado.

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Recomendamos la lectura atenta del párrafo 92 de la segunda centuria de Nicetas Stethatos

Aquí el audio en MP3

Colisión de fuerzas

5º día

primera semana

¿Has podido ejercitarte con alguno de los ejemplos sugeridos? 

Sí, pero me ha resultado muy, muy difícil. Hice el de apagar el móvil y lo he sufrido. En una ocasión tuve que encenderlo para tranquilizarme y lo volví a apagar para cumplir lo que me había propuesto. Fue duro. Y también fue duro el juicio hacia mí mismo, por verme tan dependiente de esto. 

No hay que mortificarse. Comprender, antes que nada. Hay que ver como es el automatismo, de que se está agarrando. Si podemos crecer en esto, tendremos fuerza luego para ir a cualquier ámbito de la vida y, con la ayuda del espíritu, convertir el sentido de aquello que se encuentra oscurecido por la inercia de muchos años. (Mateo 3, 8)

¿Qué habría que comprender en concreto? 

Lo primero es darse cuenta que aparece una tensión interior, (1ª Cor 6,12) en este caso asociada al deseo de tener alguna novedad (¿Quién me habrá escrito?, ¿Qué noticia nueva habrá?, ¿Ya me habrá contestado tal?) O simplemente uno no sabe bien porque, pero aparece la tensión que deriva de la carencia del hábito. Tenemos la costumbre de dispersar la atención (solemos pasear la mente al igual que a un perro; y ella va de aquí para allá olfateando por doquier), y al no poder repetir ese hábito el organismo manifiesta tensión de búsqueda para completar ese faltante. 

Surge el impulso de la curiosidad que aumenta la tensión mientras más tiempo pasa sin saciarse. Y cada vez que le damos el gusto, se produce una relajación visceral en el cuerpo y la mente. Y esto nos agrada. Y entonces al rato reiniciamos el circuito, vuelta a empezar. A una tensión le sigue una actividad que nos da distensión. Es decir, al dolor le sucede el placer y al rato de vuelta el dolor y así siguiendo interminablemente. Esto, en otros términos, es la esclavitud de las pasiones (Tito 2, 11-12).  

En la región de la sexualidad o en el área del dinero o en la del prestigio ante los demás, se manifiesta lo mismo. Un círculo vicioso de tensión y relajación o de dolor y placer interminable. Pero has comprobado que puedes sustraerte a esa mecanicidad. Por momentos pudiste imponerte a ello. ¿Cómo es que has podido? ¿De dónde salió y cómo surgió y se sostuvo la intención de no ceder a ese impulso? 

Pues bien no lo sé. Había en mi un deseo de hacer bien lo planteado o de ser capaz de dominarme.  

Ese deseo es una fuerza; el impulso del vicio o del hábito otra fuerza. Entran en colisión. Al principio esta lucha es desagradable, parece poner más tensión en el asunto. Pero apenas alcanzas unas cuantas pequeñas victorias, la fuerza del deseo de libertad crece. Y en cierto modo, le encuentras el gusto a pasar por encima de los apetitos mecánicos. Algo en lo profundo del alma nos hace saber que vamos por buen camino. Hay que redoblar entonces ahí La oración de Jesús o la que a ti te produzca mayor devoción.  

Este invocar la gracia es reconocer y agradecer. Reconoces que sin ella no hubieras conseguido esos pequeños triunfos, ya que fue quién te condujo a interesarte por estos temas y pides con fervor más de aquello que te hace bien, es decir: libertad creciente de lo que te esclaviza. Lo que nos ata y nos pesa como un lastre es la dependencia de cosas, personas o situaciones. Para elevar el alma a Dios; para orar con frecuencia, para ser capaz de seguir la orientación de los evangelios y hasta para no contestar mal a quién mal nos trata, necesitamos de esta conexión con Dios en el cotidiano. Sin su presencia no hay nada que valga la pena. Con ella, aún las cosas mínimas se dignifican y cobran sentido. 

¿Cómo sigo entonces..? 

Práctica sugerida para el 5º día de los ejercicios

Ten en cuenta no ponerte una práctica muy fácil ni muy difícil. Define bien si vas a seguir con la práctica de ayer. A lo mejor no te sientes conforme con la elección que has hecho y quieres empezar por otra costumbre, por otro de los ejemplos o inercias. Pero decide bien, ya que se trata de seguir con ella al menos durante el resto de los ejercicios. Una vez definido, tomarás esta práctica como punta de lanza. De ella nos ayudaremos para ir creciendo en libertad.  

Ahora, en el 5º día, cada vez que aparezca el impulso de ceder o incumplir con aquello que te propusiste, harás oración. Repite La oración de Jesús, o el solo Nombre de Jesucristo o la frase que más quieras; pero durante dos, tres o cinco minutos, persiste en la oración del modo más ferviente que puedas. Usa la fuerza del impulso hacia el vicio y condúcela hacia la oración. Allí contarás además con la fuerza de tu deseo de cambio profundo. Estarás reuniendo tropas a tu favor y abrirás paso a la gracia inefable del Espíritu que nos transforma más allá de lo que podemos prever.  

Necesitamos confiar unos días y sacar a la superficie cierto coraje dormido* que todos llevamos dentro y que olvidamos con frecuencia. Somos mucho más fuertes de lo que creemos y cuando nos hacemos conscientes de que Dios está de nuestro lado, por así decir, empezamos a convertirnos desde la raíz… 

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* Hoy sugerimos además de los capítulos ya recomendados el 47 de la segunda centuria de Nicetas

Aquí el audio en MP3

Dos enlaces:

Glosario de Filocalía en audio

Fuerza purificadora

El margen de libertad

Gracias Inés por la foto!

4º día

primera semana

He visto cuán diferente es el actuar del reaccionar. Me doy cuenta que la reacción es como una especie de reflejo, un repentino estallido de impulsos que ocurren sin mi voluntad. Cada vez que puedo no reaccionar compruebo como, la verdadera acción, es aquella que lleva en sí conciencia de su ejecución y un propósito intencional. Coincido con aquella afirmación que dice: lo automático oscurece, lo consciente ilumina.

También he visto que hay áreas de mi vida que necesitan de una firme intención para permitir que la luz de la gracia purifique y transforme esos aspectos contradictorios, que permanecen en tinieblas o que no son coherentes con la dirección espiritual que Jesús nos indica en los evangelios. Veo que es necesario sin dilación poner manos a la obra.

Sin embargo, no cuento plenamente con la herramienta de mi voluntad. Debo asumir que muy pocas veces hago el bien que quiero (Rom 7, 19) y mis proyectos y buenas intenciones suelen diluirse víctimas de la inconstancia y volubilidad de mi atención. Por eso debo pulir este instrumento de libertad. En otras palabras: Quiero ser dueño de mí mismo. Ser capaz de la coherencia. Aprender a pensar, sentir y actuar alineadamente.

Vamos a entrenar estos días la capacidad de optar, esta libertad de elegir. Quién es fiel en lo poco es fiel en lo mucho (Lucas 16, 10)(Mateo 25, 23) Por lo cual, hagámonos diestros en el manejo de elementos mínimos de nuestro cotidiano. Seamos humildes como para admitir que ningún cambio, ninguna metanoia vamos a favorecer sino podemos ser firmes en las cosas pequeñas del día a día.

Así es que cada uno puede ver por donde empezar. Sin sobre exigirse, sino con paciencia. Dejamos aquí algunos ejemplos arbitrarios tratando de mostrar por donde se puede comenzar a fortalecer la voluntad y, sobre todo, a detectar empíricamente como se produce esta capacidad de conversión, que no es otra cosa sino la gracia del espíritu en acción.

Práctica sugerida para el 4º día de los ejercicios*

Elegir uno o dos de estos ejemplos o cualquiera similar que parezca útil en la propia vida:

  • Apagaré el móvil de tal hora a tal hora y no cederé al deseo de ver si hay alguna novedad.
  • No probaré tal comida, bebida o condimento por tal número de días, bajo ningún concepto.
  • Cada día caminaré o haré ejercicio durante tal cantidad de tiempo y no cederé a la inercia corporal.
  • Cada día haré oración ante los iconos durante al menos tanto tiempo, con devoción o sin ella o meditaré en quietud tanto tiempo más allá de los vaivenes de la mente o los deseos que tenga etc.
  • Cuando me alimente me limitaré a comer, no miraré el móvil o la tv. y no hablaré sino es necesario…y/o haré una acción de gracias antes de cada comida sin falta.
  • Durante todo el día no voy a decirle nada negativo a tal, aunque lo considere justificado por su acción. Etc. etc *

La variedad de posibilidades es muy grande. Conviene elegir algo que nos permita sentir el impulso fuerte de la inercia de la costumbre, (es decir lo reactivo en mí) y a la vez ejercitar esta atención transformadora de la conducta.

* Recomendamos leer cap. 43 de la segunda centuria de Nicetas Stethatos

El 4º día en audio con dos formatos:

Haz clic aquí para escuchar en MP3

Tu campo de labranza

3º día

primera semana

Lo primero es aprender a diferenciar una acción de una reacción. La primera se hace con atención dirigida (intención, propósito); la segunda es automática y con nula o escasa consciencia. La acción atenta ilumina, la reacción nos oscurece y suele producir confusión, malestar, esclavitud creciente, contradicción o al menos adormecimiento del alma.*

Lo segundo es aprender a optar en cada momento por el camino ascendente que nos pone en presencia de Dios y nos conduce a encarnar el mandamiento principal (Mt 22, 36-40). En cualquier circunstancia elegir lo que mejora, lo que enaltece y dignifica, lo que está alineado con la enseñanza de Cristo. No dejarse llevar por la inercias (Rom 7, 14-25) que sugieren el cuerpo y la mente y rechazar con decisión la oscuridad del nihilismo que impulsa a la negligencia y a creer que no hay sentido en la vida.

Lo tercero es tomar la propia vida como un campo de labranza. En esto todos tenemos la misma misión, que es espiritualizar nuestra vida, adecuarla a la voluntad divina, purificarla para que sea ofrenda digna. Cultivar una vida clara, fuerte, orientada, solidaria, valerosa, que busque profundamente entretejerse con lo sagrado. “Un modo de ser que rechazando el modo de sentir del mundo… en todo rinde gracias a Dios y no arrastra su pensamiento hacia abajo (Cap. 59 de la 2ª Centuria de Nicetas). Es preciso sembrar las virtudes que nos permitirán cosechar la paz y la serena alegría.

Necesitamos invocar la gracia de la determinación firme, el valor de seguir un camino hasta el final, la audacia de entregarse al amado. En suma, vivir de veras.

* (Las reacciones son útiles cuando aparecen para protegerse de un peligro inminente o para proteger a otros. En ese caso las llamamos reflejos).

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Práctica del día

Sin olvidar lo sugerido en los días anteriores, tratemos de hacer lo siguiente en este tercer día: Escojamos un momento y oremos pidiendo claridad y honestidad interna. Dibujemos luego un esquema o mapa de la propia vida en el momento actual. Tracemos un círculo por cada área de nuestro diario vivir (trabajo, familia, estudio, salud, espiritualidad, amigos, deportes, parroquia, esparcimiento etc. etc.) y detectemos allí, con la mayor precisión posible, las zonas que necesitan ser iluminadas. Esas partes del terreno que necesitan ser trabajadas, rotuladas, regadas y atendidas con amorosa atención. Tomemos nota simplemente de esto, visualizando claramente lo que sería necesario hacer o no hacer, activar o suspender etc. si fuéramos capaces de firme voluntad. ¿Qué cambios o aportes haría en esta área si fuera dueño de mi mismo?, sería una buena pregunta para concretar la práctica. Luego de esta tarea permanecer un rato repitiendo interiormente y con calma la oración de Jesús o aquella oración que nos resulte más querida.

La práctica del día en dos formatos:

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Haz clic aquí para la lista completa de los ejercicios

La opción constante

2º día

primera semana

Todo el tiempo se abren ante nosotros dos caminos. Un sendero va hacia abajo y se va oscureciendo conforme descendemos. La otra vía es ascendente y se ilumina a cada paso.

Cuando hablamos de oscuridad nos referimos a pérdida de consciencia, a confusión en las motivaciones; a desconcierto, inquietud, pesar y una multitud de sensaciones parecidas. Por lo general, todo lo automático nos lleva al crecimiento de lo animal en nosotros, nos hunde en la esclavitud de las dependencias variables. Poco a poco nos vamos asfixiando de malestar.

Cuando hablamos de luz, nos referimos a claridad y paz que aumenta. Hay precisión en la acción que brota de una recta intención; hay sentimientos de benevolencia, de confianza y una creciente hermandad con todo lo viviente. Al seguir hacia arriba los pensamientos disminuyen, el silencio mental es frecuente y aparecen comprensiones espontáneas e intuitivas. Nos sentimos guiados por la providencia.

Esta opción se da a cada instante. La advertimos con nitidez cuando estar atentos se nos ha hecho costumbre. De hecho la libertad humana se funda en esta cualidad atencional que se abre paso hacia la luz como intención primera. Está en el origen de lo que somos, es una impronta matriz que tenemos desde que fuimos creados. Es el “hágase la luz” (Génesis 1, 3-5) que está inscripto en lo más profundo de nuestra naturaleza. Ese es nuestro destino y la sustancia misma de lo que somos.

Me resulta chocante esta dualidad, esto de bien o mal, de luz y oscuridad… no puede ser que la vida sea lucha…

Lo entiendo. Sin embargo hemos de aceptar que a la unidad se llega a través de la dualidad. Primero asumir lo que ocurre; nuestra sensación de soledad, separación, desamparo a veces; nuestra constante búsqueda anhelante de la paz… y desde allí que es nuestra verdad actual, elevarnos hacia la unidad que es Dios. No te hablo en términos de que un ser maligno rige a las fuerzas oscuras que pelean contra las fuerzas de la luz comandadas por Dios. En realidad todo es luz, la oscuridad no es. Míralo de este modo: Nuestro origen y destino es Dios. Cuando nos adecuamos al patrón o al molde con que hizo lo existente brillamos y encontramos significado y plenitud.

En otras palabras: la imagen de Dios es Cristo y cuando dejamos que se transparente en nosotros devolvemos a Dios la imagen según la cual nos hizo. (leer cap. 86 de la segunda centuria de Nicetas) Pon tu atención en no reaccionar sino en un actuar intencionalmente según los evangelios. No hay situación en la vida para la cual no sirvan los dichos de Jesús. (Lucas 6, 31-38) Allí, en esos versículos está resumido todo esto de la acción y la reacción, de lo automático o lo intencional en nosotros. Hacer lo que dijo Cristo necesita de nuestra atención en el día a día, de otro modo miramos sin ver, oímos sin escuchar…(Mateo 13, 13).

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Práctica del día

En cada momento, ante cada nueva situación, decidir que acción sería intencional, es decir portadora de luz y que me elevaría hacia Dios; y cual sería la reacción (automatismo) que me llevaría hacia la oscuridad o hacia la ausencia de lo sagrado. Por ejemplo, ante una actividad imprevista que aparece y que no deseaba; puedo empezar a quejarme y hacerla con fastidio y a las apuradas o invocar a Jesucristo y llevarla a cabo con la mayor devoción posible.

Haz clic aquí para el audio donde se comenta sobre la práctica sugerida

Haz clic aquí para un vídeo sobre la no-reacción que puede ser útil como complemento

Descubrir al espíritu

primera semana

1º día – La intención

Una cosa es la reacción, que podría ser llamada acción aparente o falsa acción y otra muy distinta la intención consciente que se manifiesta en el mundo. Esta última se transforma en acción veraz. Tiene virtud y calidez, suave firmeza y esparce semillas de la gracia amansando los corazones. Nuestros actos oscurecen o iluminan el lugar donde se despliegan y a las personas implicadas. “Yo Soy la luz del mundo”, dijo Dios hecho hombre. “El que me sigue no andará en tinieblas sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8, 12).

Para seguir a Jesucristo hace falta atención concentrada (intención, determinación de propósito, decisión profunda); sin ella seguimos la ley de los automatismos, la ley de la carne y del mundo (vamos detrás de una multitud de apetitos que hacen de nuestra vida un desvarío).

Durante toda la semana, con diferentes prácticas, trataremos de tener fuerte experiencia de la diferencia entre la acción y la reacción. Y de verificar como el grado de atención es lo que define el signo de lo que hacemos. Esta atención es una clara manifestación del espíritu de Dios actuando en nosotros (Job 32, 8). Iniciaremos la semana atendiendo a esta diferencia en nosotros. A nuestra ausencia o presencia, según se produzcan reacciones mecánicas o acciones derivadas de intenciones precisas.

Invocar al Señor apenas despiertos y pedir la gracia de la vigilancia, (nepsis) de la atención pura, de velar custodiando nuestros pasos. Todas las actividades de este primer día, deben ser observadas en función de la oscuridad o la luz que aportan. ¿Esto que voy a hacer tiene recta intención o es mera reacción? y así toda la jornada; volviendo una y otra vez a sostener el propósito de observarnos.

Un abrazo fraterno para todos invocando el Santo Nombre de Jesús.

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Aquí debajo un audio con los capítulos recomendados para la semana

Homilía del 22º domingo del tiempo ordinario

Silencio

Reunión inicial de los ejercicios

Queridas hermanas y hermanos: Aquí les compartimos el primer encuentro virtual que inicia los 30 días de ejercicios en torno a Filocalía. En breve al iniciar el domingo tendrán disponible el contenido del primer día de ejercitación. Un abrazo fraterno, invocando el Santo Nombre de Jesús.

Aquí debajo los textos de Nicetas Stethatos:

La 1º Centuria

2º y 3º Centurias

Ejercicios espirituales

en base a Filocalía

Capilla en la Familia monástica de Belén

Queridas hermanas y hermanos, Cristo los cuide.

Desde el próximo sábado 28 de Agosto y hasta el domingo 26 de septiembre, si Dios quiere; realizaremos 30 días de ejercicios espirituales apoyados en los textos de Filocalía. Particularmente usaremos las tres centurias de Nicetas Stethatos como base de las prácticas, aunque utilizaremos también algunos textos de otros hesicastas como complemento.

Cada sábado quienes lo deseen pueden participar de un encuentro virtual, donde se expondrá un tema específico que sirva como material básico para la semana; podremos intercambiar y hacer consultas y habrá también un momento de oración comunitaria. El primer encuentro será este sábado 28 de agosto, a las 15 horas de Argentina, 20 horas de España y demás equivalentes. Pueden entrar a través de este enlace:

https://us02web.zoom.us/j/86705562730

Todas los días haremos breves publicaciones aquí, tendientes a fortalecer el proceso de interiorización que intentamos a través del curso de Filocalía. Estaremos disponibles a través de los comentarios y demás formas de contacto por cualquier apoyo que necesitéis durante las prácticas. Les sugerimos suscribirse a este blog (arriba de todo en la barra lateral derecha si entras por ordenador) de manera que la consigna del día y otros materiales les lleguen por correo electrónico. La participación es libre y gratuita para cualquier persona. Quienes puedan y quieran hacer una aportación económica tienen los medios disponibles en esta página:

Contacto

Que la gracia siempre presente nos acompañe en la medida que la voluntad de Dios lo disponga. Os dejamos aquí abajo parte del capítulo 18 de la tercera centuria de Nicetas Stethatos. Un abrazo fraterno para todos, invocando el Santo Nombre de Jesús.

“Mientras estamos divididos por la inestabilidad de los pensamientos, y en nosotros la ley de la carne domina y es observada, nos dispersamos y dividimos en muchas partes, y somos así repelidos y alejados de la unidad divina, puesto que no nos hemos enriquecido con esta. Pero, cuando nuestro cuerpo sea engullido por la potencia unificante… y el intelecto se vuelva su propio patrón… el alma cerrada en la unidad a la manera divina se volverá -uno- en lugar de las muchas distinciones y… será unificada en la simplicidad a imitación de Dios. Esta es la reintegración del estado primitivo del alma y nuestra renovación respecto de lo que es mejor”.

La forma original

Gracias Inés por la foto!

Imagina que desde que tienes recuerdo ves a todo el mundo cojear. O si quieres usar un ejemplo más exagerado: Ves a todas las personas caminar con las manos y andar con los pies para arriba, como esos contorsionistas en los circos. No te resulta extraño. Al ir creciendo viste que así eran las cosas y tus padres desde muy pequeño te enseñaron a caminar de ese modo. Todo el mundo hace lo mismo y hoy en día te resulta completamente natural.

De vez en cuando lees alguna historia de gente excepcional. Les dicen santos o sabios y lo llamativo es que caminan con las piernas apoyando los pies en el suelo y así se impulsan hacia adelante… algo que te resulta difícil de creer. Pero así lo aseguran estas historias; dicen que esta gente poco a poco fue contraviniendo lo acostumbrado, que permaneciendo confiados en Dios, hacían lo mejor que podían en aquello que les tocaba y empezaron a mostrar particulares destrezas o dones. El más asombroso de ellos, este asunto de caminar con los pies y usar las manos para otras cosas. Y parece que esto les hizo bien y se volvieron eficaces, tranquilos y contentos.

Pero claro, cuando te pones a intentarlo, a imitar esos modos y a leer mucho sobre estas cosas, tu familia empieza a preocuparse y piensan que a lo mejor estás fuera de sí o que eres un exaltado. Sin embargo, siempre has sentido que algo no andaba bien. Que algo no es correcto en el modo en que vives la vida tú y los demás. En ocasiones te has preguntado ¿Cómo es posible que lo pasado se haga nostalgia? ¿Cómo puede ser que toda alegría vaya desdibujándose hasta terminar en pálido reflejo de lo que se sintió al principio? ¿Cuál es la razón de tanta lucha, de tanto esfuerzo y por qué cualquier meta o conquista parece diluirse o esfumarse sin que podamos atraparla?

Y persistes en tu búsqueda y medio en secreto sigues indagando en la vida de estas personas tan particulares, tan distintas y que pese a todo reconoces como familiares, de algún modo cercanas. Y descubres que todos ellos te hablan con sus dichos o modos de vida y te dicen a ti y a todos: “Estáis viviendo equivocados” o “la vida no ha sido hecha para el uso que le dais” o lo más sorprendente… “los pies son para caminar, usad adecuadamente los dones de Dios”. E intuyes que por ellos habla la verdad, una realidad misteriosa pero accesible que te invita a transformarte por completo.

¿Y si fuera que todos los problemas que tenemos; personales, familiares, sociales y globales derivaran de un error básico, que de tan a la vista resulta inadvertido? ¿Y si fuera que lo único necesario es restablecer en nosotros la naturaleza original, esa particular forma en que fuimos creados?

¡Semejante cosa! No parece fácil.

No lo es, pero si posible. Basta para ello tomarse en serio los consejos de esos seres tan extraños, alegres y confiados en Dios, que se han atrevido a caminar usando los pies.

Continúa…

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Enlaces de hoy:

¿Qué atrae la felicidad, la alegría?

La revelación del amor

Clase 69º de Filocalía

La legión en mí

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… uno ha querido tantas cosas; tan contradictorias y orientadas en distintas direcciones. El endemoniado de Gerasa (San Marcos 5, 1-20), que tenía una multitud adentro muestra con claridad esta experiencia. Ser muchos… en realidad uno es solo uno, pero en lo superficial podemos identificarnos con los múltiples deseos y esto constituye la legión.

Se puede reconocer en la propia vida ese andar entre los sepulcros (cosas muertas, tonterías y deseos vanos); gritando y lastimándose con piedras (cayendo de bruces con fracasos diversos y quejándose inútilmente sin aprender de los errores); intentando sujetarse o amarrarse con cadenas (disciplinarse forzadamente, buscando no caer en las compulsiones pero sin poder cambiar nunca…)

Y hemos sentido muchas veces impulsos de acercarnos a Dios, de volvernos profundamente hacia lo sagrado y nos hemos puesto de rodillas buscando la presencia… pero la mente nos ha dicho: ¿Qué tengo yo que ver contigo Jesús, hijo del Dios altísimo? Y hemos rogado que no nos atormentara que nos dejara ir a pacer todavía con los cerdos (y volvimos al ruedo de dejarnos esclavizar por los espejismos, una y otra vez).

Hasta que tocamos fondo y de tan hondo el fondo asumimos la impotencia y en esa debilidad vinimos a encontrar la paz, el alivio y la firmeza de convicción y propósito (el que había tenido la legión estaba sentado, vestido y en su sano juicio). Y hasta es posible que nos pongamos a proclamar todo lo que Dios ha hecho por nosotros (empezó a proclamar por la Decápolis todo lo que Jesús había hecho con él…)

Pero a uno no se le aparece Jesús por el camino… como en los versículos que usted cita.

No es cierto. Se te aparece a cada rato. Si estás atento ves los impulsos silentes del corazón; deseos de transformación profunda, de consagrarse a una causa que valga la pena; de no actuar sino en base a un mismo significado; anhelo de dejar salir al esencial que siempre hemos sido y que nos negamos a mostrar… ¿Cuántos acontecimientos en tu vida pueden ser vistos como la irrupción de lo sagrado que indicaba nuevos rumbos? Ah… pero solemos estar embotados de tanto divagar.

En ocasiones la voz del enemigo disfrazado de sentido común o la voz de la seguridad o la comodidad; tal vez ese cierto nihilismo de trasfondo que se viste de “no hay nada que hacer”. Al final lo que salvó al endemoniado de Gerasa fue reconocer a Dios en el camino y, aún protestando, ponerse a sus pies. Reconocer las indicaciones divinas en medio del cotidiano, eso nos basta. Deponer nuestra gorra de capitán y dejar de pretender, asumir el cultivo de nuestra parcela con esmero, cariño y fortaleza.

¿Cómo discernir correctamente ese rumbo con el cual uno debe unificarse?

Si el camino elegido te exalta demasiado, por ahí no es. Eso denota compensación. Si no da gusto, tampoco es. La dirección correcta se apoya en una serena alegría que se sacia en sí misma del propio caminar y permanece independiente de la meta misma. Es como tener un propósito unificado pero que es en el ahora vertical y no hacia un futuro al cual tendemos. Dicho de otra manera: Lo que se plasmaría en el proyecto a futuro, debes tenerlo en semilla ahora mismo en el corazón. Debe ya, de algún modo, vivir en ti.

No lo entiendo del todo a esto último.

Digo que ningún proyecto, objeto, persona, situación o lugar te dará la felicidad. En cambio el bienestar que halles en ti hoy puede acrecentarse en el porvenir. Lo primero es dejar de buscar fuera o en el futuro. Encuentra ahora el capital que ya tienes en tu espíritu.

Lo que dice me irrita mucho.

Continúa...

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Dos películas recomendadas por amigos:

Fisherman´s friends

El juego perfecto

Atención y libertad

San Lucas1, 39-56

¿En qué funda usted su vida espiritual?

En la atención. Sin ella erramos de continuo en el blanco. Pecamos a cada paso. Atravesamos las horas como dormidos sin darnos cuenta del extremo egoísmo que domina nuestras acciones. Con la atención aparece la libertad y la oración toma cuerpo y se profundiza. Cuando estamos atentos la gracia nos acompaña.

¿No nos acompaña siempre la gracia?

Sì, pero la ignoramos. Es como si una amiga llega de visita y tu ni la saludas, ni la atiendes y sigues perdido entre tus cosas. Aquello de “Vete y no vuelvas a pecar” (Juan 8,11) implica la atención.

¿Què es la atención?

Saber que soy y no olvidarlo. Esta consciencia de que yo soy no puede estar separada del recuerdo de Dios. Cuando sabes que eres, que estás vivo y presente, se hace evidente que estás sostenido por Dios. Sin Él no somos. Por eso atención, consciencia del presente y recuerdo de Dios son una misma cosa.

¿Cómo adquirir la atención?

Amando la vida o mejor dicho… dándose cuenta del amor que tenemos por la vida. Vivir nos gusta mucho. Entonces le damos valor a la atención que nos permite ser conscientes de la vida y no pasarle por encima como algo abundante y sin valor. Dormir un poco hace bien, vivir adormilados hace mal. Hay que entrenar la atención y para ello nada mejor que la oración.

¿Cómo hacer entonces?

Hay que tener algunos momentos especìficos de oración cada jornada y una actitud orante en cualquier actividad. Se nos muestra así la constante divagación. Quedamos algo horrorizados de nosotros mismos y esto nos da la fuerza para anclarnos en el instante. Si no atiendo a este mismo momento, la presencia de Dios se me escapa; me parece que no está y ahí nos quedamos con un Cristo conceptual, que no encarna. Hay que darse cuenta de que Dios no aparece porque nosotros estamos ausentes. Es decir estamos rumiando fantasmas y preocupaciones en el mundo mental.

¿Eso es lo que pide usted cuando repite la oración de Jesùs?

Sí, atención y libertad. Permanecer en esa actitud donde percibo lo sagrado.

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Fiesta de La Asunción

Encuentro virtual vocacional

Podcast “Filocalìa y espiritualidad hesicasta”

La libertad de la renuncia

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Estimadas hermanas y hermanos en Cristo Jesùs: Hoy viernes les compartimos una entrevista, un vìdeo y enlace compartido por lectores del blog. Tambièn la clase 68 de Filocalìa. Cualquier intercambio serà bienvenido. Un abrazo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesùs.

Entrevista a Javier Melloni SJ (2016)

” …¡Magnífico! ¿Alguna otra sugerencia?

Renuncie a algo. La renuncia no quita; la renuncia da. Da libertad. Experiméntela. Libérese de algo de lo que cree depender.

¿Librarme de algo que necesito?

Progresará: el narcisismo y la adicción son estancamientos, fijaciones. Cuando los supere tendrá una autoestima sana. El siguiente paso es convertirla en realización y después en trascendencia. Es un proceso de superación personal –ontogénesis– que luego se repite –filogénesis– en toda la especie…

… La mística sólo anticipaba el camino de la ciencia. Por eso, un poco de ciencia te hace ateo, mucha ciencia te hace creyente. Las religiones orientales son la aceptación del ya es, y las occidentales añaden su rebeldía profética: la ascensión hacia lo que todavía no es…”

Puedes leer el texto completo haciendo clic aquì.

La Virgen dió vuelta todo

Vìdeo sobre Monte Athos

La clase 68º de Filocalìa

El espíritu consagrado

¿Cómo ordenarme? ¿Cómo salir de la dispersión constante? Me es muy difícil mantenerme atento a la presencia o por lo menos evitar la divagación. A veces me paso horas sin darme cuenta de que estaba en ensoñaciones, haciendo lo que hacía sin estar yo ahí.

Primero disponerse en serio. Como si uno fuera a tomar un voto, aunque sea por una semana de prueba. Con el espíritu consagrado a la tarea propuesta; en este caso, la concentración que evite la dispersión. No consentir el piloto automático, permanecer en el instante. Dios esta en el presente eterno, por eso es la verdadera Presencia. Si yo no estoy poniendo lo mejor en el ahora que me toca, me pierdo a Dios.

Lavar la vajilla como si fueran cálices; cortar el pan como si de una hostia se tratara; beber el agua como a un vino consagrado; barrer como si se caminara por la nave de un templo silencioso; trabajar en lo de uno, en lo que sea, oficiando la secreta liturgia del servicio… invocar a Dios en todo tiempo y lugar, es tan necesario como respirar, aunque nos hemos olvidado de ello.

_Suena exagerado…

Lo entiendo, puede ser. Pero ¿no es exagerado vivir en la mente sombría, siempre murmurando preocupaciones y dislates? ¿No es acaso desventura estarse entre recuerdos e imaginaciones varias, viviendo como sonámbulos, mientras el tiempo se escurre entre las manos? Ser en Dios y estarse en su presencia es lo único que llena de significado la vida. Incluso las circunstancias difíciles se ven bajo una luz nueva cuando las alumbra esta plenitud.

_¿Cómo hacer? Fácil es decirlo, yo me olvido a cada paso. Cualquier propósito se me diluye a las pocas horas.

Difícil es vivir como vivimos. Siempre pendientes de lo de afuera. Haciendo depender el contento de esto o de aquello. Como si fuéramos incapaces de cultivar la alegría en el corazón. El bienestar en Dios es lo natural, lo propio del ser humano. Nos hemos creído otra cosa, hay mucha inercia de una cultura que desconoce la interioridad.

¿Cómo hacer? A cada rato detente un minuto. No es mucho. Puedes ponerte alarmas, carteles en distintos lugares de la casa o pedirle a un amigo que te lo recuerde unas cuantas veces. En ese minuto te preguntas: ¿Estoy con prisa? ¿Me guía la ansiedad? ¿Estoy haciendo esto que hago impecablemente? Si no es así, reiniciarse. Igual que con el ordenador. Arrancar de nuevo invocando la gracia.

Lo que precisamos es darnos cuenta que esto no es poco importante. Que hace y afecta a todos los aspectos de la vida. Vivir calmos aunque activos; conectados siempre a la fuente de nuestra existencia, sacralizando con la mirada los momentos, es fundamental. Pedir esta gracia a cada rato y poner delante todo el valor que podamos. Es el coraje de ir contra una corriente masiva que nos arrastra. Esa tendencia general nos impulsa a consumir, a alimentarnos de cosas, de personas, de situaciones; como si fuéramos un cuerpo voraz carente de espíritu. Seguir a Jesucristo nunca fue fácil.

_ Usted siempre dice más o menos lo mismo.

_ Es cierto. No tengo mucho más que decir…

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Hoy una lectura y dos carismas:

Iesu Communio

Familia monástica de Belén

Consciencia de su Presencia

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Fragmento de “La oración y sus efectos”

“Cuando alguien decide iniciar una rutina de oración con la esperanza de acercarse al Señor es frecuente que le cueste mantener la atención y tenga que traerla una y otra vez desde las numerosas distracciones hacia el Señor. Los días que nos sentimos mas fríos, sin ánimos para orar, la atención es mas volátil pero, si perseveramos, cada vez habrá mas días en los que nuestra oración será mas centrada y menos distraída.

En esta etapa es necesario utilizar las palabras como un apoyo ya que, en el sabernos y sentirnos escuchados y mirados por el Señor se establece ese vínculo que permite mantener la atención centrada en Él. Sin embargo, debemos evitar que nuestro tiempo de oración se convierta en un monólogo que acapare nuestra atención apartándola de Él. Para ello es útil dedicar unos minutos al inicio de nuestro tiempo de oración a tomar conciencia de que El Señor esta ahí escuchándonos. También podemos utilizar esta herramienta en los momentos de nuestra oración en los que veamos que nuestra atención se ha apartado de Él y ha derivado en un monólogo.

Nos detenemos y tomamos conciencia de la presencia del Señor considerando que está ahí, que existe realmente y que esta ahí escuchándonos. En mi experiencia es útil continuar dedicando un tiempo a desahogarnos con El Señor contándole nuestras preocupaciones y todo lo que sintamos que le queremos decir y después, ya mas sosegados…

Continúa leyendo el texto completo aquí

Dos enlaces:

Clase 67° de Filocalía sobre Juan Damasceno, la alimentación integral y varios

Película recomendada:

Haz clic aquí

Una lágrima brillante

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Siéntate un momento… relaja tu cuerpo y aquieta la mente; deja ir los cuidados y las preocupaciones… Estate solo aquí…

Imagina entonces que te elevas lenta y suavemente, como si flotaras sin esfuerzo poco a poco… Sales ya de tu casa y observas desde lo alto los tejados vecinos… Es de noche… Por fuera las actividades disminuyen, dentro, las luces en las ventanas muestran la actividad de las familias. Te haces consciente de la vida que bulle en los hogares, esos refugios íntimos donde buscamos consuelo para el miedo. Te parece sentir el dolor humano…

Te elevas un poco más y ves las montañas oscuras a lo lejos e innumerables estrellas sobre ellas y entre el aquí y el allí manchas de luz que son las ciudades y poblados de los hombres… Cuanto dolor, cuanta prisa… cuánto miedo… y también.. cuánta alegría, cuánto amor y cobijo solidario… sientes pena y dicha a la vez…

Entonces, inclinas el oído interno hacia el corazón…! haces silencio mientras sigues alejándote y tu punto de vista cobra mayor altura… divisas ya la esfera planetaria… Cuánta belleza la Tierra hermosa… que perla selecta en medio del espacio inabarcable, parece una lágrima brillante colgada en la inmensidad…

Mientras la tierra se empequeñece, lentamente vuelves a llevar la atención al corazón tratando de escuchar su movimiento íntimo, el murmullo secreto de su existir… suspende los demás sentidos y solo escucha… Señor Jesucristo… Señor Jesucristo… Señor Jesucristo… Percibes el cálido oleaje de la gracia que llega con los latidos… Jesucristo… Jesucristo… Jesucristo…

Vas sumergiéndote en el Santo Nombre mientras inicias un suave descenso, vuelves a casa, a la magnífica esfera burbujeante de vida… no es aún el tiempo de las estrellas… ven aquí, vuelve a la humanidad doliente, acércate a los continentes y a las regiones… vuela suavemente sobre los mares y las ciudades… desciende en los poblados… Jesucristo, Jesucristo, Jesucristo…

¿Cuántos ojos te buscan? ¿Cuántas manos se alzan hacia ti? Tanto llanto Señor, tanto dolor…  ¿No es acaso la alegría el anuncio de tu venida? ¿No es el amor el signo de tu presencia?… Vuelve a nosotros tu luz… vuelve a nosotros luz de mis ojos, Altísimo omnipotente!

De nuevo en tu habitación… sientes la respiración, el movimiento de la vida en el cuerpo… agradeces la intuición que ha llegado hasta ti, esa certeza profunda que te dice: La vida tiene un sentido, tu vida tiene sentido… lo que ocurre es puro significado... vuelves al mundo cotidiano para encarnar a Cristo en tus labores… respira Su nombre, camina Su nombre, trabaja en Su nombre… Jesucristo… Jesucristo… Jesucristo…. (1)

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Aquí el audio del texto anterior:

(1) Queridas hermanas y hermanos en Cristo Jesús: El texto y el audio que ha realizado Lourdes en base a él, puede ser útil para ampliar el pedido cuando se repite La oración de Jesús con frecuencia. Facilita la ampliación de la sensación interior para incluir a la humanidad toda en nuestro plegaria de piedad, compasión o misericordia. Sea que se diga “… ten misericordia de mí o de nosotros”; puede atenderse a una actitud de llamada a Jesucristo de todos los que vivimos en esta Tierra… como si le pidiéramos que venga pronto.

Para hoy dos enlaces:

Hacia la contemplación

Escenarios del porvenir

¿Y esta semana?

“Hacer de la propia vida un elogio de lo simple”. 

Despojarse de lo innecesario, liberarnos de cargas externas y de tumultos internos. Vivir la vida apacible que recomiendan los Padres, quedar vacíos para tener tiempo y espacio para Dios.

Esta semana concentrarnos en eso. Buscar lo simple, evitar lo superfluo, en todos los aspectos. Hacer el paciente esfuerzo de aquel que limpia y ordena su casa, del que tira lo que sobra y estorba. Es un esfuerzo dichoso porque anticipamos el gozo de lo mínimo, la alegría de lo esencial. Miramos luego el limpio desierto que ha quedado en los espacios y en el alma.

Dedicarse solo a lo importante y abandonar sin pena lo accesorio. Lo primero que sobra es la prisa; compartamos con paciencia esta tarea de irnos purificando, invocando a cada instante el Nombre de Jesús, Dios que viene a salvarnos.

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Hoy recomendamos una película a través del blog de una amiga:

El Caso de Cristo

Cova Manresa

Venga tu reino

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¿Cuál es para usted la clave de la vida espiritual?

Encontrar a Dios en la propia vida y vivir en Su presencia.

¿A qué ese refiere con encontrar a Dios?

A que no sea para nosotros un mero concepto o una imagen sino una muy clara sensación, como la que se tiene cuando no estamos solos en una habitación. A pesar de que no estamos mirando a esa persona con la que compartimos el mismo espacio sabemos que está. Uno se sabe acompañado, es algo que se intuye primero y que luego se percibe. Vivir en la presencia es atender continuamente a esta misma percepción.

¿Cómo saber que no es mera imaginación de uno o simple autosugestión?

Por la dulzura que se vive en el corazón. Es algo que irradia sin esfuerzo hacia los que te rodean o toman contacto contigo. Aparece una afabilidad no impostada, una alegría suave sin objeto que la justifique; un descanso de las preocupaciones aún cuando te ocupes de lo necesario. Eso no se produce sin la efectiva presencia de la gracia o del espíritu actuando. Lo impostado o la autosugestión no se sostienen, implican esfuerzo en el mal sentido del término y eso no tiene continuidad.

¿Cómo hacer para no olvidarse de esa presencia?

Negándose a vivir una vida desacralizada, carente de sentido; donde navegas entre apetencias variables sin rumbo fijo, a expensas de apetitos innumerables. Esta rebelión interior contra el automatismo cotidiano es importante. Entonces, cada vez que te sientes ausente de lo sagrado lo empiezas a buscar. Le sigues el rastro en el modo en que haces las cosas, en la mirada que lanzas hacia tu alrededor… imploras que el misterio de Cristo se haga presente y te devuelva el gozo de vivir. Una vez que has sido “tocado” por la divina presencia te queda una nostalgia y eso te lleva a buscarla el resto de tu vida.

La nostalgia de lo perdido no asegura su retorno

Es cierto. Porque el retorno al hogar interior es ahora mismo, no en el futuro. Y esto se asegura cuando clavas el ancla bien profundo en la oración. La oración constante e ininterrumpida o el acendrado anhelo de ella, nos mantienen firmes en la atención. Esa atención es vigilancia alerta y despierta sin forzamiento ni cansancio. Es claridad de intención. Vivir tendidos a Dios en el corazón bien plantados en la tierra del cotidiano. Eso es el… “Venga a nosotros Tu reino”. La causa justa de la especie humana es hacer “bajar” a Dios a fuerza de oración. Es clamor y petición pero también entrega silenciosa a un designio inabarcable.

Continúa…

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Enlaces de hoy:

En el monasterio: vivir en solitario

El blog caminante

Ten piedad de nosotros

Estimadas hermanas y hermanos, quienes lo deseen puede participar del 2° encuentro virtual de “La oración de Jesús”, este sábado 24 de Julio a las 15 hs. de Argentina, 20 hs. de España a través de la aplicación Zoom en este enlace:

Haz click aquí para ir al encuentro de oración

Aquí abajo les dejamos los primeros 12 minutos de la clase 65 de Filocalía donde hacemos un comentario a propósito de la oración de Jesús y del encuentro virtual del sábado 24/7

Dos enlaces para hoy:

Vida con María

La conversación

La decisión sensata

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Afuera tremendo frío y algo de viento. Adentro, amistad tranquila y segura. ¿Cómo hace para estar tan tranquilo siempre y además contento o de buen ánimo?

Confío en la voluntad de Dios y me abandono a ella.

Sí, me lo ha dicho varias veces; ¿pero cómo puede hacer uno para vivir eso con naturalidad y sin un forzamiento a permanecer en una actitud que se pierde a cada momento?

No. Lo forzado no sirve porque muy pronto vuelve todo al sitio inicial. La diferencia es tan notable como sostener un peso con la mano o asentar el objeto sobre la mesa. Ya si lo dejas apoyado eso puede durar mucho tiempo, pero lo que sostienes por fuerza solo anuncia su caída. Las actitudes, los comportamientos y el modo de vivir han de ir por su cauce, por allí donde cada uno sabe según el corazón.

¿Cómo confiar en la voluntad divina de veras y cómo encontrar el abandono sin forzamiento?

Todo nace de un darse cuenta. Supongamos que alguien te ha regalado un auto, luego una casa; después te ha dado dinero para abrir un negocio, te ha enviado gente recomendada para que se haga cliente en tu establecimiento… ¿no confiarías en esa persona? ¿Tendrías dudas de que quiere tu bien, aunque a veces el auto no funcione perfecto, la casa tenga humedad en alguna pared y el negocio tengas sus vaivenes estacionales? Pues con aquel que nos ha dado la existencia es igual. Pero hemos dado por sentado el hecho de ser, como si fuera algo hecho por nosotros mismos.

¿Cuándo fue que diseñaste el cuerpo y su mecanismo respiratorio o que pusiste en marcha el corazón? ¿Cuándo generaste la visión o la audición y esa posibilidad hermosa de dirigir la atención? ¿Cómo colaboraste para generar las especies vegetales y animales y la interacción de ellas con el Sol? ¿Cuál ha sido tu participación en la creación del mundo, de los cielos y los astros, de las órbitas perfectas? A mi me parece que Dios merece un voto de confianza, al fin y al cabo todo le debemos. Podemos preguntarnos porque en la existencia hay esto o aquello que nos disgusta, pero siempre confiando y sabiendo que no podemos tener todas las respuestas, al menos por ahora.

Bastaban cinco de sus frases para que mi perspectiva cambiara. No solo su corazón era firme y cálido, sino que hasta su lógica me resultaba demoledora. Los leños crepitaban y el fuego ponía una hermosa tonalidad naranja sobre las paredes de madera; al fondo los iconos parecían moverse según oscilaban las llamas.

Su voluntad todo lo abarca -decía a menudo- ¿Quién puede esconderse a su mirada? -insistía recordando al salmista- Así las cosas, abandonarse a la voluntad del más Alto es la única decisión sensata que puede tomar un ser humano. Pero este abandono no implica acedia, negligencia o pasividad fatalista ante los sucesos, sino que puede manifestarse de modo activo, resuelto y determinado a la manera apostólica. Vivir el abandono es no vivir pendientes de los resultados de las acciones, sino limitarse a ejecutar lo que nos toca del mejor modo que somos capaces.

Risueñamente, mencionaba con frecuencia, que iríamos a Su designio contentos y tranquilos o protestando y magullándonos en el camino. Pero que esto no se vivía como una resignación determinista, sino como el gozo de colaborar en la obra de la creación que aún se desplegaba. Imagina a la flor negándose al sol… ¿Lo concibes? y ¿No está en ese dejarse atraer por la luz gran parte del sentido y la belleza de la flor? Al igual que el niño con sus padres, cuando toma la mano que le ofrecen para caminar seguro; vivir confiados y contentos haciendo lo nuestro, quizá sea nuestro mayor acto de libertad.

¿Qué es exactamente “lo nuestro”?

Continúa…

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Para hoy un texto y un vídeo:

El perfil del gobernante

Desaprender

¡Gracias Encarna por enviar el poema!

Aquí un libro de la autora

Dos audios para hoy:

Respirar el Nombre

Meditación y respiración acompasada en el Hesicasmo


Dentro de la tradición cristiana, el «hesicasmo», expresión que deriva de hesiquía (quietud, paz), es la vía contemplativa que más ha desarrollado las técnicas psicofísicas de meditación. En cuanto que el objetivo inmediato de este método es el silencio de la mente, se puede hablar de “mística” hesicasta. Uno de los grandes místicos hesicastas, Gregorio Palamás († 1357), invocaba la autoridad de Moisés para legitimar tal práctica: “Estáte atento a ti mismo», dice Moisés (Dt 15, 9), ¿Con qué? Con la mente, bajo toda mirada.

Con nada más es posible estar atento a sí mismo de modo completo. Tal método se basa en fijar la atención de una manera especial: “Hay un arte espiritual, es decir un método, que conduce rápidamente a quien lo adopta a la impasibilidad y a la visión de Dios, es la atención (prosoché). Algunos santos han llamado a la atención custodia de la mente, otros custodia del corazón, otros sobriedad (nepsis), otros hesiquía mental” (Filocalia, vol. I, Simeón el nuevo teólogo). Como en otras tradiciones contemplativas, el método hesicasta propone reconducir la mente hacia el corazón mediante la quietud de los pensamientos, pero con la novedosa incorporación de la atención simultánea a la propia respiración como medio de sustraerse al flujo de los pensamientos mientras se mantiene ocupada la mente con la recitación de una oración: Si quieres “vivir en recogimiento espiritual, y tener un corazón sobrio con facilidad, que la oración a Jesús se una a tu respiración, y en pocos días verás cómo esto se verifica” (Filocalia, vol. I, Hesiquio, Discurso sobre la sobriedad). «Que cada respiración te recuerde a Jesús, y entonces tocarás con la mano las ventajas de la soledad» (San Juan Clímaco).

Tal práctica se basa en que resulta imposible respirar con un ritmo plácido y estar al mismo tiempo presos de la ira, la envidia, la gula, la lujuria, la soberbia, la avaricia y la deseación en general. Se afirma que la atención sobre la respiración tiene efectos espirituales porque ayuda a domeñar la mente-ego. Ciertamente, se trata de un método de respiración que encuentra antecedentes en otras tradiciones contemplativas como en el taoísmo o el hinduismo y que incluso prendió en órdenes religiosas católicas tan recelosas del recogimiento como la Compañía de Jesús. Así, su fundador, San Ignacio de Loyola, recomendaba como modo de orar “que con cada aliento o respiración se ha de orar mentalmente diciendo una palabra del Pater noster o de otra oración que se rece, de manera que una sola palabra se diga entre un aliento y el otro, y mientras durare el tiempo de un aliento a otro, se mire principalmente en la significación de la tal palabra, o en la persona a quien reza, o en la bajeza de sí mismo, o en la diferencia de tanta alteza a tanta bajeza propia; y por la misma forma y regla procederá en las otras palabras del Pater noster” (San Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales).

de pags. 331 y ss. en “Historia de los métodos de meditación no dual” de Javier Alvarado

La santa escala de Juan Clímaco

Debajo la VIII Clase de Fenomenología 2021

La muerte no es lo que parece

Queridas hermanas y hermanos, amigas y amigos, lectores del blog: os dejamos aquí un bello texto que expresa de manera clara lo que alienta en nuestro corazón la resurrección de Jesucristo. Debajo también unos enlaces que pueden servir o gustar a algunos de ustedes. Os agradecemos mucho vuestra compañía, el aliento que nos llega a través de diversos medios y el permitirnos, de algún modo, formar parte de vuestra vida. Que la gracia inunde vuestros corazones y vaya apareciendo la certeza de que, en realidad, la muerte no existe.

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Parábola de los dos gemelos

Dos seres iban –juntos– de camino hacia la vida y sucedió que se pusieron a conversar entre ellos sobre qué era lo que les esperaba cuando llegasen al término del camino… Fueron concebidos los dos gemelos en un seno. Pasaron las semanas y éstos crecieron. A medida que fueron tomando conciencia, su alegría rebosaba:
-Dime: -¿No es increíble que vivamos? ¿No es maravilloso estar aquí?

Los gemelos empezaron a descubrir su mundo. Cuando encontraron el cordón que los unía a su madre y a través del cual les llegaba el alimento, exclamaron llenos de gozo: ¡Tanto nos ama nuestra madre que comparte su vida con nosotros! Pasaron las semanas, luego los meses. De repente se dieron cuenta de cuánto habían cambiado. ¿Qué significará esto? –preguntó uno.
– Esto significa –respondió el otro– que pronto no cabremos aquí dentro.
– No podemos quedarnos aquí: naceremos.
-¡En ningún caso quiero verme fuera de aquí –objetó el primero.
-¡Yo quiero quedarme siempre aquí!
-Reflexiona. No tenemos otra salida –dijo su hermano–.
-Acaso haya otra vida después del nacimiento.
-¿Cómo puede ser esto? –repuso el primero con energía–.
-Sin el cordón de la vida no es posible vivir. Además, otros antes de nosotros han abandonado el seno materno y ninguno de ellos ha vuelto a decirnos que hay una vida tras el nacimiento. -¡No, con el nacimiento se acaba todo! ¡Es el final!

El otro guardó las palabras de su hermano en su corazón y quedó hondamente preocupado. Pensaba:

-Si la concepción acaba con el nacimiento, ¿Qué sentido tiene ésta vida aquí? No tiene ningún sentido. A lo mejor resulta que ni existe una madre como siempre hemos creído.
-Sí que debe existir –protestaba el primero. De lo contrario, ya no nos queda nada.
-¿Has visto alguna vez a nuestra madre? –preguntó el otro–. A lo mejor sólo nos la hemos inventado. Nos la hemos forjado para podernos explicar mejor nuestra vida aquí”.

Así, entre dudas y preguntas, sumidos en profunda angustia, trascurrieron los últimos días de los dos hermanos en el seno materno. Por fin llegó el momento del nacimiento. Cuando los dos gemelos dejaron su mundo, abrieron los ojos y lanzaron un grito. Lo que vieron superó sus más atrevidos sueños.

en el libro: Our Greatest Gift de Henri J.M. Nouwen

Vigilia pascual

Significado de la resurrección de Jesús – Conferencia

Dos audios:

Preguntas sobre la contemplación

Quería hacerte unas preguntas sobre el curso y lo que voy leyendo en la página. En cuanto a la contemplación: Se habla de abrir los sentidos, atender a un sentido y centrarse en él y también se habla de cerrar los sentidos para la contemplación.  Pero como cerramos los sentidos? En mi meditación sedente procuro llevar mi mente al corazón y seguir la respiración acompasándola con la repetición de la plegaria.  ¿Es correcto? Al cabo de un tiempo, a veces, la plegaria va disminuyendo hasta quedarme en un silencio con la atención a… ¿Como decirlo?… Un vacío que me llena de atención, amor, consuelo… ¿Presencia? Es como estar atento a un vacío donde hay mucha atención y ningún pensamiento pasa por mi mente. Me imagino que es lo que debo hacer también en activo, aunque sea más difícil.

Hola hermano. Cuando decimos de abrir los sentidos, nos referimos a los sentidos espirituales, que suelen permanecer apagados, como dormidos o cerrados; lo que nos deja sin la percepción de ciertas realidades propias de la vida espiritual, de la “vida secreta del alma” como creo que dice algún autor. Una buena forma de despertarles es haciendo las cosas más lentamente, quedándose en silencio de a ratos solo estando sin atender a nada en particular o prestando atención a la intuición antes que al razonamiento posterior a esta, que suele pasar desapercibida. La intuición es una manifestación clara de estos sentidos espirituales.

Cuando nos referimos a atender a un sentido, (en este caso sentido físico) nos referimos a un modo útil de concentrar la mente. Puede ser un paso previo a la oración de Jesús o a la contemplación silenciosa. Como puedes comprobar: si pones tu atención en un sonido lejano, los demás sentidos disminuyen en su acción, luego los sonidos cercanos se escuchan con menos intensidad y “aumenta” aquél sonido lejano. Un minuto o dos y ya se siente una mayor calma y centramiento.

Cerrar los sentidos para la contemplación, tiene que ver con desatender a lo que llega por los sentidos físicos y dirigir la atención hacia la sensación de estar consciente. Por supuesto los estímulos siguen llegando a los sentidos, incluso desde el interior mismo del cuerpo, pero se trata de ignorarlos, atendiendo a lo que tú dices muy bien: “Al cabo de un tiempo, a veces, la plegaria va disminuyendo hasta quedarme en un silencio con la atención a… ¿Cómo decirlo?… Un vacío que me llena de atención, amor…” Podríamos decir llevar la atención desde el tumulto de percepciones, sensaciones y pensamientos hacia el silencio que está en el interior y que en cierto modo clama ser escuchado. Es un silencio que puede llegar a ser fuerte y mientras más intenso el silencio más nos sentimos inundados de paz e incluso como si fuéramos parte de esa paz. Una paz viva no adormecida. Lo de acompasar la respiración a la plegaria a alguna gente le sirve y a otra no. Lo esencial es atender al fondo de silencio que siempre está en lugar de al tumulto constante de los sentidos y pensamientos.

En la vida en activo no se puede desatender del mismo modo a los sentidos y percepciones. Lo que nos puede servir es tener la oración de Jesús como fondo constante de todo lo percibido. Cuando las actividades nos requieren mucho, este fondo de oración y/o adoración, queda apenas como un murmullo de tranquilidad y cuando hay espacios de menor acción vuelve a sonar con fuerza. Incluso hay veces que no se puede orar de tanto requerimiento exterior hacia nosotros. Pero en ese caso, podemos descansar en el fondo de confianza absoluta en la voluntad divina, que hemos ido cultivando durante la oración sedente o silenciosa.

En cuanto a la atención: Quería preguntarte también por ese tipo de atención que nos contabas creo que en la clase 12 que se caracteriza por ser como una atención en la que el que mira y la mirada es lo mismo. Esa atención  creo que decías “como desde atras”.

Claro si, mientras más nos acostumbramos a no reaccionar automáticamente a lo que sucede, se produce en nosotros una tendencia a crear un “espacio” entre el estímulo y la reacción. Este espacio nos permite testificar lo que ocurre, es una especie de constatación sin juicio o con menos juicios ocurriendo. Si esto se fortalece mucho, fruto de la práctica frecuente, puede pasar que por instantes deje de haber un alguien que es testigo y en ese sentido decimos que el que mira y la mirada se hacen lo mismo. La observación no reactiva suele sentirse como detrás de lo que acontece, como si uno mirara desde la parte posterior de la cabeza o incluso desde más atrás de ella. Bueno hermano, muchas gracias por tus preguntas que sirven para aclararnos a nosotros mismos, al recordar lo que se nos enseñara con mucho cariño en alguna oportunidad. Cristo nos cuida y sabe lo que necesitamos.

Texto propio del blog

Anexo a la 13 ° Clase de Filocalía

Dos enlaces:

Esta crisis ¿Nos hace más fuertes?

Blog Anawim

Acerca del pensamiento V

“Felices los mansos, porque heredarán la tierra”

Viene de un post anterior

Por lo general intentamos controlarlo todo. Y la mente es el instrumento mediante el cual pretendemos lograr semejante cosa.

Pero es imposible conseguir este propósito que la mente por si sola se pone como meta. No podemos manejar el curso de los acontecimientos. ¿Cómo podríamos, si ni siquiera somos dueños de nuestras propias reacciones?

El plan divino se desarrolla en cada instante a través de los acontecimientos y no somos del todo capaces de percibir la esencia de su sentido ni la profundidad del significado que en ellos se encuentra.

Atolondrados  queremos encauzar los hechos en función de nuestros intereses. Sin embargo, lo bueno para nosotros no es lo que la mente pretende. Acuciada por el ansia y el deseo constante va urdiendo planes para satisfacer a un cuerpo que se torna insaciable sin la primacía del espíritu.

Y mientras más se colma más desea y en este frenesí ambiciona sin límites, pretendiendo forzar la trama de los hechos. En cada momento, si uno se observa, puede detectarse que motor está impulsando nuestros movimientos.

Esto que hago, ¿qué motivación tiene? Si corro tras el placer, es el cuerpo el que me guía, quién ha tomado el mando. Y no es que el placer en sí mismo sea dañino, sino que lo nocivo es tenerlo por norte y centro de toda acción.

¿Vas tras la gloria? ¿Qué pretendes, tener la razón? La mente se ha hecho reina y busca el tipo de goce efímero que resulta de la comparación.

La lista con ejemplos podría ser muy larga. Pero la clave para librarse no es compleja. Encontrar a Dios en el corazón es un descubrimiento factible cuanto más se suelta. No se lo encuentra a través de la contracción, ni de lo duro, ni del forzamiento. “Felices los mansos, porque heredarán la tierra” (Mt 5, 5) “Por el contrario, el fruto del Espíritu es: amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza…” (Gal 5, 22)

La confianza en Dios es la llave que abre la puerta de la paz. No hay posibilidad de sosiego sin este fondo de entrega confiada hacia Aquél que es el origen y fin de todo lo que existe. El plan de la creación se desenvuelve sin fallas y mi lugar en él se evidencia cuando actúo con esa confianza.

La actitud confiada, esa que sabe que no está solo el hombre en su camino y que todo tiene un sentido último en el corazón de la Trinidad, permite una acción eficaz que no siendo excesiva tampoco es negligente.

¿Esto qué hago surge del temor o de la confianza y la fe? Si me conduce el miedo, el temor a perder, el desespero de alcanzar, la furia de aquél querer lograr; la crispación y el conflicto mostrarán lo equivocado de ese modo de actuar.

Pero ¿Cómo confiar? Y ¿Cómo quedarse en la confianza? ¿Cómo vivir el gozo de quién sin prisas descansa en la voluntad de Dios?

Texto propio del blog

Acerca del pensamiento IV

“…el aliento sagrado que mana y vive en todo y en cada instante”.

Viene de un post anterior

¿Cómo hacer para acercarse a esa experiencia de vivir en la presencia de Dios o a ese estado en el cual se percibe lo sagrado en lo cotidiano?

Antes de percibir la divina presencia en todo, es necesario advertirse a uno mismo en el momento actual. Darse cuenta de la propia presencia.

La atención es la herramienta que recomiendan ya los padres del desierto desde antiguo y que uno mismo puede comprobar como esencial a poco de iniciar estos trabajos.

Así como sin la gracia no se puede nada; en lo que concierne a la participación personal en estas tareas de elevación del alma, sin atención no hay ningún avance.

Se utilice un método u otro de oración, más allá de las variaciones en la ascesis personal o de la situación de vida, la atención es el aporte que podemos hacer y está en nuestra mano para facilitar y abrirnos a la llegada del Espíritu.

Si tú me preguntas por dónde empezar, te digo que por un hacer muy particular.  Aquél al que nos referíamos en su oportunidad en la 3° carta sobre la oración de Jesús.

Hacer bien algo, cualquier cosa de que se trate. Para efectuar con corrección una tarea determinada es imprescindible estar presente uno mismo. Ser consciente de lo que se está haciendo. Es decir un estarse en eso y no con el ansia en otra parte o en el momento que sigue.

Es un modo de tomar a la acción como oración. Un ponerse en particular disposición a fin de efectuar un trabajo impecable, sin error o con el mínimo error posible, ya que sabemos que a nuestra naturaleza le resulta esquiva la perfección.

Cuando uno era joven e iba a salir en plan de divertirse, todos recordaremos, había una preparación muy especial que se efectuaba, más allá de cuestiones de género. Toda una tarea de ponerse lo mejor posible. Uno se duchaba, se cambiaba, se perfumaba… a estas alturas da risa, pero es la verdad. Un deportista antes de la competencia actúa de modo similar. Realiza tareas pre competitivas, se pone en posición, entrena los movimientos etc.

A mí me ha servido eso muy especialmente, ese prepararse previamente a una acción determinada, como acercamiento a la experiencia de percepción de la presencia.

Por especial recomendación de Padre Valentín, escogía una actividad y la transformaba en ceremonia y ofrenda. Me conectaba mediante ella a un sentimiento de unción y reverencia.

Sin duda que la iconografía, la cerámica, tareas de precisión o artísticas sirven y facilitan esta conexión, pero cualquier menester permite introducir esta especie de “valor agregado” que surge mediante la atención y se consuma en la actitud de oración.

Pues si barres el cuarto, lo harás sin dejar rincón descuidado. Tratarás de estar en buena postura mientras te mueves, procurarás no levantar  tierra en el ambiente, recoger bien lo barrido… hacer sin prisa, estando en aquello en lo que estamos. No con la mente en otro sitio, como si hubiera en algún lugar algo de mayor preferencia.

La prisa siempre indica la falta de atención a uno mismo y a lo que lo rodea y por lo tanto es imposible que en esa situación mental nos demos cuenta del aliento sagrado que mana y vive en todo y en cada instante.

La mejor recomendación que puedo dar para que quién se siente ajeno a la experiencia de Dios en lo cotidiano se aproxime a ella, es esta: Olvide todo y dispóngase a hacer algo lo mejor posible, sin apuro, con el mayor amor que encuentre en sí mismo, con una completa dedicación al instante de la tarea.

Esto es poner toda la atención en ese momento. Implica una postura corporal correcta y adecuada a la actividad de que se trate; una respiración profunda y tranquila; una actitud sosegada sin ansia de terminar, ha de tomarse a la actividad como un fin en sí misma. En la mente, nada que no sea la tarea o, si la índole de esta lo permite, la oración de Jesús como fondo en el cual hacemos lo que hacemos.

No importa en ese momento como juzgue la marcha de mi vida. No importan mis fracasos, ni los errores o caídas, ni tampoco existe aquella cosa que me preocupa de un futuro que imagino con temor. Importa la ofrenda que ahora voy a hacerte Señor, de una actividad sin mancha. O, en todo caso, este intento que te doy anhelando el bien hacer.

Dios se percibe más fácilmente cuando uno se entrega. Y si hay divagación no hay entrega. Cada vez que divago me doy cuenta de que no estoy con la atención dispuesta y confiada. Debo volver a ella. Porque si no estoy atento, no percibo la presencia que busco.  

Lo divino está en nosotros y fuera de nosotros, pero nosotros estamos en otro lado, por lo general en secundariedades. No es extraño entonces que nos pasemos buscando a Dios de un lado para el otro, sin nunca estar satisfechos del todo.

Él nos es más cercano e íntimo que nuestro propio corazón, pero nosotros estamos convencidos de que encontraremos la felicidad en aquello o en eso otro, o en lo de más allá; tenemos tremenda fe de que cuando consigamos estabilizar tal situación, o comprar tal cosa, o modificar tal otra, allí si nos será posible algún otro tipo de experiencia.  Vivimos ilusionados con espejismos vanos.

¿Dónde está Dios? Allí donde no están tus divagaciones. 

Continúa en próximos posts

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Cuestiones del camino

Extraños en un mundo extraño

La vida espiritual no es un camino llano. Por lo general, presenta numerosos altibajos. Colinas, valles pronunciados, desvíos, senderos, sorpresivas cumbres y peligrosos desfiladeros, son figuras que muestran con claridad las experiencias que atraviesan quienes se han dispuesto en la búsqueda de Dios. Son los que han emprendido el viaje hacia lo profundo del corazón, aquellos que indagan en busca de la perla escondida; los que sumergiéndose en pos del silencio van tras el secreto que en aquel se oculta.

Hoy en día son extraños en un mundo extraño. Peregrinos que vienen de lejos, con una mirada forastera, poco tienen en común con una época en la que todo brilla y suena reclamando atención, prometiendo bonanzas inmediatas a cambio de la luz que anima el espíritu. Llamados a una vida de silencio y oración, atraídos misteriosamente hacia el recogimiento y la contemplación; dudan a veces de si mismos, se preguntan por su propia cordura, cuando no logran aceptar del todo la vocación con la que han sido marcados.

Es que lo que nos rodea tiende a incorporarse, los valores imperantes pugnan por agregarse al alma, buscando de ella, sumisión y entrega en la alienación. ¿Qué haremos entonces? Esto se refiere a la actitud previa a cualquier acción. A un porte del ánimo, a una manera de estar posicionados frente a lo que viene en el momento siguiente. Hace falta que nos centremos en la disposición con la cual encaramos la jornada y cada actividad. El corredor adopta una postura muy precisa antes de lanzarse a la carrera, se agazapa, se apoya con precisión para obtener impulso, todo en él se dispone para salir disparado con velocidad hacia la meta. Permanece estático en espera de la señal.

Todos los atletas saben de la importancia de estar preparados para la tarea. Se ejercitan desde antes de la competencia misma. Siguen una rutina de descanso, nutrición y entrenamiento. La vida espiritual precisa de una ascesis, sin ella desvaría sin rumbo el caminante. Pero hay que distinguir; ascesis no es rigidez, ni escrúpulo, ni forzamiento. Es más bien un ordenamiento en función de lo querido, un establecernos pautas que nos faciliten el ascenso.

Pero el problema se presenta cuando teniendo intención y ascesis, no encontramos el ánimo para practicarla, cuando nos extraviamos de nuestra misma meta y las decisiones de ayer nos resultan ajenas, como si hubiera sido otro el que se consagró o el que decidió seguir la puerta estrecha. De eso se trata, de encontrar la disposición adecuada. Sin este ordenamiento anímico, que es también físico y espiritual, la ascesis queda relegada como un proyecto bien intencionado pero impracticable.

No hacer las cosas apresurados y sin más. Negarse al apremio, resistir la prisa que viene de adentro y a la de afuera. Buscar entonces esa manera de situarnos que nos permite hacer bien lo que sea que hagamos. Lo primero en cada jornada y lo más importante en cada momento ha de ser encontrar la disposición adecuada. Aplicar esto cuando advertimos que nos perdimos, que empezamos a perder la “frecuencia” espiritual, esa “sintonía” con lo sagrado. Uno ha de mantenerse en el camino y para eso necesitamos estar atentos a nosotros mismos y traernos al centro nuevamente, cada vez que empezamos a ser zarandeados por los estímulos del medio.

¿Esto es gracia? Si, es gracia y también disposición de nuestra parte. Porque la fuerza de la gracia esta siempre disponible, pero hay que permanecer abiertos a su acción, interesados en recibirla. Vivir en la Presencia de Aquél que amamos y en Quién nos refugiamos es la meta del peregrino espiritual. Queremos vivir con Cristo y en Cristo. Quisiéramos limpiar el corazón para que este se haga morada de lo trascendente. Esto es don y también disposición, determinación inflexible del corazón…

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Unos pocos fundamentos

Soledades

“Quisiera unas pocas pautas para guiarme en la jornada, unas nociones básicas que me orienten desde la base, para mantenerme y crecer en la vida espiritual.”

Un aspecto fundamental es el inicio de tu jornada, y de esto, la disposición con la que la iniciamos. Ya desde los primeros tiempos de la vida monástica, se advirtió la necesidad de ubicarse adecuadamente para acometer las tareas, fueran estas de vida apostólica como de contemplación.

Esta ubicación es espiritual, se refiere al emplazamiento desde el cual se va a vivir la experiencia del día. Alude al “desde donde” actuaré, al origen y a los motivos de mis movimientos. Al principiar el día pesa mucho el cuerpo, nos ofrece resistencia, quiere continuar en su letargo. Por eso es importante levantarse mediante una acción enérgica y efectuar una vigorosa higiene que nos despabile.

Algunos padres recomendaban efectuar algunos movimientos de estiramiento o de gimnasia adecuados a cada cual, para que el organismo se vigorizara y se dispusiera con un buen tono vital. En todo caso, ya en estos preliminares de higiene y movimiento ha de ir la oración nutriendo de gracia al alma. Toda oración es acción de la gracia al tiempo que la convoca.

Mediante la oración de Jesús en nuestro caso o con la devoción particular que a cada quién convenga, toda jornada debe comenzar con la oración y mediante esta se va encontrando la disposición correcta. Este predisponerse radica básicamente, en una actitud de entrega a lo que la voluntad de Dios quiera para nosotros hoy. Una conciencia de nuestra relación de hijos, una actitud de agradecimiento por el don de la existencia y un propósito de actuar con nuestra mejor posibilidad.

Es importante que iniciemos nuestras tareas con la conciencia de la existencia de Dios. Eso sintetiza el disponerse adecuadamente. El recuerdo de Dios pone todo en perspectiva; da la medida para todas las cuestiones y sobre todo, sitúa mi propia persona en la proporción que tiene. En segundo lugar es necesario atender al plano de la relación con nuestro prójimo. Sean estos los hermanos del monasterio o cualquier otra persona con la que me toque interactuar. Debo recordar la actitud de Jesucristo, su enseñanza y su mansedumbre. Puedo prepararme para que todo lo que haga relacionándome con los demás, esté teñido de este anhelo de imitación del Cristo.

Los demás no están ahí para servirme o para agradarme haciendo lo que a mí me resulta preferible, sino que por el contrario, son una oportunidad para ejercer actos de desprendimiento y de ayuda. Mediante la relación con los hermanos ejercito el Evangelio, lo trato de encarnar en mi persona. Es con quienes me rodean donde crece o decrece la coherencia de vida. En esto, mejor escuchar que hablar, mejor dar que pedir, estar atentos a poner los propios dones al servicio de lo necesario en cada momento.

Estar pronto para disculpar y para disculparse, abierto a superar interiormente lo que me molesta y no intentar que cambie lo exterior para contentarme. En ese sentido, la alegría serena que nace de una buena disposición del ánimo, es un excelente regalo que puedo hacer allí donde me encuentre. Un tercer pilar de la jornada lo constituye la comunión, la misa y toda acción litúrgica en la que pueda participar. Aquí es menester poner atención. Estar por completo atento a lo que dice el oficiante, a las lecturas, a la recitación de los salmos. A veces comentamos con pena lo “mal” oficiada que esta una misa o el escaso fervor del recitante, sin darnos cuenta que si pusiéramos la atención debida, lo sagrado de cada oficio se nos manifestaría sin dificultad.

Al margen del oficiante, del modo que tengan los hermanos e incluso más allá de lo bien llevada que esté una liturgia, es en mi interior donde se efectúa la ofrenda y es a partir de las condiciones dadas desde donde ofrezco mi oblación. Este o aquel modo me resultará mas afín a mi particular manera, pero eso nada dice de lo sagrado que allí se muestra y que puede evidenciarse al calor de mi corazón atento.

Así es que el recuerdo de Dios, en cuanto a conciencia de su existencia que se manifiesta por doquier en lo que vemos; el permanecer dispuestos a practicar la norma evangélica en nuestra relación con todos y la atenta participación en la liturgia cotidiana son una base sobre la cual puedes apoyarte para cultivar el crecimiento espiritual. Y estos tres fundamentos es bueno recordarlos al iniciar el día, predisponerse a su seguimiento.

Solo agregaría tres consideraciones más que reconozco como de mucha utilidad: Intenta llevar la unción propia de los actos ceremoniales y litúrgicos, hacia las actividades que efectúes cualesquiera sean, procurando ser calmo, ordenado y cuidadoso. Busca la oración continua mediante la repetición constante en tu mente de una frase que te sea muy querida y que entrañablemente te mantenga unido con Aquél a quien amamos. Y no dejes de efectuar cada día alguna lectura espiritual, que te permita permanecer en comunión con aquellos que antes que nosotros, han recorrido el camino hacia la celda interior.

Invoco a Jesucristo, para que crezca en todos la paz del corazón.

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Desde la ermita

Imagen extraída de: Soledad en Alaska

el último gesto

No puedo evitar pasar de prisa por ciertas actividades… trato de hacerlas bien, pero se me presentan menos apetecibles que otras que vienen más adelante en el día; y eso es como si me llamara desde allí y me siento apresurado para ya haber terminado esto que tengo aquí entre manos.

Buena descripción de algo automático que nos ocurre a todos con distinta intensidad según el momento. Esto puede ser aprovechado como un indicador de nuestra ubicación interior. Mientras más quiero librarme de esta o de aquella actividad, más de prisa voy y entonces me doy cuenta que lo importante para mí se ha desplazado hacia afuera. En ese momento estoy convencido de que el bienestar depende de la actividad que esté realizando y no del modo en que la efectúe.

No todas las actividades son iguales, es cierto. Sin embargo hay una manera de llevarlas a cabo que las iguala para bien; empieza a importar menos si nos toca esto o aquello porque descubrimos un algo que brota desde nosotros hacia las cosas que comienza a hacerlas agradables. Pero antes de vivir esto es necesario darse cuenta o aceptar en principio al menos, que existe algo en mí y no fuera de mí, que es la fuente del bienestar.

El modo de hacer al que nos referimos puede resumirse así: Efectuar cualquier actividad poniendo lo mejor de nuestros recursos, el máximo de nuestras capacidades. Ponernos todo nosotros en ello, no guardarnos nada. Vamos a suponer que esta actividad que ahora nos toca es la última que haremos en esta vida. A cualquiera nos puede ocurrir aunque estemos en perfecta salud y aunque nada lo anticipe. No la haríamos al acaso.

Imaginemos que son los últimos instantes… y quizá será regando las plantas, de camino a la compra, mientras vamos a la casa de una amiga; tal vez cuando te diriges al coro para recitar vísperas; en el ascensor… en el momento en que te quitas los zapatos antes de acostarte o al dar ese abrazo de despedida o tal vez, cuando revolvemos el café con la cucharita. ¿Cuándo será? No lo sabemos. Pero si sabemos que si se nos dijera que los próximos tres minutos son los últimos, pediríamos la gracia de concentrar en ellos todo el amor y el coraje que hemos sentido en la vida.

Que todas nuestras búsquedas, que todo nuestro anhelo de verdad y de eternidad, pudieran concentrarse en ese instante. Quisiéramos tener la oportunidad de rendir homenaje a través de esa mínima acción a todos aquellos con quienes nos hemos cruzado en el camino y… a la vez, con ese último gesto, darnos a nosotros mismos el digno tributo a tanto esfuerzo, a todo lo hecho. Quisiéramos en esos segundos finales, agradecer incluso las oscuridades que nos permitieron conocer la luz.

¿No sería bueno obrar de ese modo? ¿No dotaría a nuestro andar de una cierta particularidad que podríamos llamar sagrada? Vivir oficiando la liturgia de nuestra vida es el único modo que conozco de vivir contento y tranquilo. Pero para esto es necesario antes asumir que las cosas no son lo que parecen. Nos han contado mal el cuento…

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Para hoy, un audio y una película:

La danza de los fragmentos

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“Tantos fragmentos nos parten. Innúmeros nombres balbucean la misma y única aspiración: felicidad. La mayoría afirma que sólo es feliz aquel que tiene todo, aquel que al más agrega más… Llamando plenitud a lo mucho se nos escapa todo, se nos escapa lo propio. El omnipotente todo nos empuja de aquí para allí, de una cosa a la otra, de cada cosa tomamos un poco, de ese poco suele no quedarnos nada.

De actividad en actividad comenzamos a sentir el vértigo del vacío, vacíos comenzamos a escapar arrojándonos al tráfago del activismo con el que tratamos de cubrir nuestro vacío. En cada actividad esperamos encontrar lo que la anterior tampoco nos dio, tratamos de cubrir lo que la anterior tampoco cubrió. Ni en la lejanía del corazón, ni en el desierto de chatura de nuestra cotidianeidad conocemos la paz. Todo lo que nuestras manos tocan, todo lo que nuestros dedos aferran, traduce la impronta de la insatisfacción, de la incisión que parte nuestro corazón.

El desasosiego sube desde el interior al exterior, corre como una marea fangosa que nos arrastra, como un trozo más en una corriente de objetos sin significado, una marea que nos va dejando sin tierra firme donde detenernos, donde reflexionar, donde esperar. El hombre no escribe ya el diario de su vida, el hombre de hoy llena agendas. Su historia es una retahíla de números, una cifra operatoria sin resultado final, sin factor constante.

El latir de su corazón, el ritmo orgánico y cósmico que lleva en su interior ha sido dejado atrás, desatendido por la urgencia, por los designios del dios Kronos: su tic-tac acompasa y acelera la marcha del desenfreno, el girar que suple al avanzar, la danza de los fragmentos. Lo esencial, la riqueza de lo propio, es primero relegado y después olvidado; relegado entre las cosas por hacer: las nunca hechas. Lo esencial queda postergado hasta tanto se tenga tiempo, mientras, el tiempo tiene al hombre, el tiempo que le va restando su vida.

Imagen dramática de un siglo que busca su fundamento no en lo perenne y permanente sino, sola y exclusivamente, en lo siempre nuevo, en lo siempre último, no en lo originario sino en lo original, en lo novedoso. No en el éxtasis sino en el vértigo. “

Fragmento del libro de Hugo Mujica “Kyrie Eleison”

Aquí la Web de Hugo Mujica

Enlaces de hoy:

Dos virtudes de Jesucristo

Psicología para la trascendencia

Vivir despacio

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Imagina que vas en un descapotable por alguna de esas rutas de montaña, en los Alpes o lugares así de hermosísimos, como suelen verse en las películas… pero que lo haces a gran velocidad. ¿Qué has visto del paisaje? ¿Qué te ha quedado de esa luz esplendorosa que iluminaba los valles verdes? ¿Recuerdas el aroma de las flores a la vera del camino? ¿Cómo era la posada aquella que apoyada al borde de un acantilado invitaba a detenerse..? Casi no recuerdo nada.

La prisa lo desdibuja todo. Aún los momentos mejores, las etapas luminosas de la vida, pierden mucho del color que las envuelve cuando las atravesamos presurosos. Y contrariamente, los momentos más simples y comunes, esa trama de actos repetidos y necesarios de los cuales está tejido el cotidiano; cobran vida nueva y muestran un fulgor inusitado cuando nos tomamos el tiempo… ¿El tiempo de qué? Pues de vivir.

Siempre pondrá la mente excusas que justifiquen el frenesí en que nos sumerge la inquietud. Ansiedades, temores, angustias varias se visten con el respetable nombre de “responsabilidades”. Pero hay que estar atentos. “El que va despacio llega antes” me decía la abuela. Y solía contarme algún cuento alusivo con personajes tales como una liebre y un caracol, en la que por supuesto este último se llevaba la victoria.

Es que aún desde el punto de vista de la eficacia la tranquilidad y el sosiego nos resultan útiles. Hacemos más y mejor. Nos volvemos contundentes en la acción. Si hablamos mucho se nos escucha menos y si de prisa, menos todavía. Con las acciones es igual y con las percepciones y sensaciones, con todas las cosas. La más hermosa y significativa de las películas se vuelve risible si la vemos en cámara rápida.

Es necesario vivir despacio. Aunque activos ir descansando sosegados en la providencia divina, ella nos envuelve y sabe lo que necesitamos. Seamos parte de la liturgia cósmica, concelebremos respetuosamente la misteriosa Eucaristía de la existencia.

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Dos sugerencias:

Homilía de este Domingo

Y un día Dios viene…

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Ya teníamos confianza, por la índole de lo que solíamos conversar. Pero mi cercanía era a la vez distante. Lo admiraba mucho y esto mismo me separaba. Él estaba allá arriba viviendo un ideal inalcanzable y yo acá abajo deseando que alguna de sus virtudes se me quedara adherida. Llegué a pensar que la paz del corazón se transmitía por ósmosis porque a su lado mis problemas se iban y no solo eso, parecían quimeras o pura ilusión.

Él estaba en las alturas pero no por altivo, que bien humilde era, sino por independencia. Desplegaba una paciente autonomía de todo lo que a nosotros nos afecta. Ni el clima, ni la salud, ni el dinero, ni el aprecio o el desprecio lo tocaban. Y no por resbaladizo sino al contrario, a todo lo recibía. Su capacidad de acogida era enorme. Igual con las personas, los animales, las plantas y las situaciones; todo era bienvenido. “Los modos de Dios no se discuten” me decía o frases parecidas, cuando yo planteaba alguna objeción a lo que ocurría.

A medida que pasaba el tiempo me di cuenta que lo amaba. Y entonces se me hacía cercano y me atrevía a preguntarle cosas sobre su vida. Cuando me preguntaba algo no podía mentirle, a lo sumo me quedaba callado o sonreía. Él ya sabía, las preguntas eran un modo amable de hacerme caer en cuenta. Una tarde de mucho frío estuvimos casi todo el día adentro, tomé coraje y le pregunté: ¿Ud. reza todo el tiempo? ¿No se cansa nunca?

“No me canso nunca”, me dijo. “Vivir sin Dios me cansa y ya no me lo aguanto”. ¿Y qué le dice a Dios? le pregunté. “Depende. Muchas veces cosas del momento, lo entretengo. Y otras veces lo llamo por su nombre cuando no lo veo”. Yo sonreí un poco y le pregunté como era eso de entretener a Dios. Y me dijo que siempre se sentía como los discípulos de Emaús, en un paisaje atardecido y que hablaba con Dios para que no se le fuera la percepción de la Presencia. Una vez me dijo riendo que era como un alérgico. Que la oración de Jesús lo había acostumbrado tanto a sentir lo divino, que cuando la mirada se le volvía profana le daba sarpullido.

Y que por eso rezaba, porque le gustaba ver como el mundo se ponía sagrado cuando la oración se hacía profunda. Y que, sinceramente, ya no quería vivir sino de esa manera. Y que no entendía como había podido vivir de la otra, donde todo parecía depender de sus torpes acciones y estar uno sujeto a innumerables peligros, en un mundo plagado de cosas inciertas. De distintos modos, a lo largo de los días, le iba yo tirando de la lengua para que me dijera como hacer para vivir como él vivía. Y también con maneras diferentes me decía siempre lo mismo:

“Necesitas desearlo con todo lo que eres. Cuando no quieres otra cosa sino a Dios, o mejor dicho, cuando adviertes que él es la suma de todos lo bienes, abandonas los otros apetitos. Te vuelves hambriento de Dios y como alguien que no come hace días se la pasaría gritando por un pedazo de pan, así se vuelve uno medio enloquecido de deseo por Dios… Y un día Dios viene y te abraza y ya no te hallas por ninguna parte. Y te das cuenta de pronto, que te llevaba siempre en andas, por donde quisieras y que era solo para darte el gusto. Cuando le das el mando te lleva a casa y se queda a vivir contigo”.

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Dos audios:

Si quieres que publiquemos un enlace a tu blog, página o servicio en el marco de una espiritualidad afín, escribe la información del enlace en los comentarios de esta entrada; lo publicaremos como enlace en el próximo post. Un abrazo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesús.

Nuestro elemento

¿Cómo es eso de vivir en función de un solo propósito? ¿A qué se refiere y como hacerlo de manera práctica?

Imagina alguien que practica un deporte, por ejemplo el tenis. Y que se lo toma en serio de modo profesional. Esa persona empieza, en cierto sentido, a vivir para y por el tenis. Todo lo que hace está orientado en función de eso. ¿Qué alimentos ingiere? Los que potencian su rendimiento físico y descarta aquellos que le perjudican. Su descanso se programa según los torneos y los horarios en los que jugará. Sus actividades de entrenamiento y hasta las recreativas se verán condicionadas por el calendario de partidos. Es decir, todo se adecúa a su prioridad de vida que es su carrera deportiva.

O toma el caso de un banquero ambicioso. Todas sus actividades buscan incrementar el capital de su banca, cada inversión que realiza, los préstamos que brinda y todo emprendimiento va a lo mismo y seguramente la mayoría de sus pensamientos giran en torno al tema.

En el caso de quienes queremos vivir en la percepción de la presencia de Dios; afincarnos en un estado de oración incesante del corazón o adecuar nuestro cotidiano a la enseñanza evangélica; según como quieras formular el propósito o sentido de tu vida, es algo similar. Tiene semejanza en cuanto al grado de dedicación y atención que se necesita. Todo lo que haces debe realizarse según aquello a lo que aspiras y debe descartarse todo lo que pueda alejarte o hacerte las cosas más difíciles. Y eso involucra sin duda todos los momentos de tu día a día. Pero, antes que nada, es preciso consagrarse interiormente a ese propósito y esto debe surgir de un apasionado deseo o amor por el objeto de nuestra búsqueda.

Uno puede ver que el gran atleta deportivo antes de sus logros y conquistas, ha hecho un largo camino de entrenamiento que a veces a involucrado grandes esfuerzos y tareas. Y ha sido guiado por el apetito de gloria o por un gusto muy grande por el deporte que practica y la competencia. En la cancha se siente en su elemento. Encontrar la gracia de Dios en el corazón o hacer una realidad perceptible aquello de que en Dios somos, nos movemos y existimos… o ser a consciencia discípulos de Cristo, requiere una intencionalidad profunda. Desatender los pensamientos divagatorios y volver una y otra vez al momento en el que estamos, o poner lo mejor en lo que sea que estemos haciendo o volver a llevar la mente hacia la oración que se ha elegido, requiere de gran determinación. La atención vigilante es entonces nuestro elemento.

Sin embargo esta atención debe ser distensa. Estar atentos debe llegar a ser un descanso, un ser y estar sin esfuerzo. Es preciso darnos cuenta que el seguimiento de la propia vocación es fundamental para alinearnos con la voluntad de Dios. Si te atrae un tipo de oración o espiritualidad has de consagrarte a ella con todo lo que tienes, sin dejarte nada en el camino. Allí aparece entonces claro tu propósito que aunque se imagine en el futuro ya es ahora mismo, en cada movimiento que haces. Así, los talentos que te han sido dados comienzan a desplegarse…

¿Cómo es eso de que el futuro es ahora? Si busco algo estoy tendido hacia un momento que no es presente…

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Enlaces de hoy:

Homilía del domingo

¿Quién es mi madre y mis hermanos?

Dóciles en Sus manos

De dos recursos espirituales que pueden aprovechar a los principiantes en la contemplación. Te hablaré también un poco sobre dos técnicas para dominar las distracciones. Pruébalas y mejóralas si puedes.

“Cuando te sientas molestado por pensamientos impertinentes, trata de no enterarte de su presencia ni de como se han colado entre ti y tu Dios. Mira más allá de ellos -por encima de sus hombros, como si dijéramos- como si estuvieras contemplando algo distinto, como así es en verdad. Pues más allá de ellos está oculto Dios en la oscura nube del no-saber. Haz esto y estate seguro de que pronto te sentirás aliviado de la angustia que te producen. Te puedo garantizar la ortodoxia de esta técnica, porque en realidad significa un anhelo hacia Dios, un ansia de verlo y gustarlo en cuanto es posible en esta vida. Y un deseo como este ya es amor, que siempre trae paz.

Existe otra estrategia que deberías intentar también. Cuando te sientas totalmente exhausto de luchar contra tus pensamientos, dite a ti mismo: “Es inútil luchar más con ellos”, y después ríndete a sus pies como un cobarde o cautivo. Pues, al hacer esto, te encomiendas a Dios en medio de tus enemigos y admites la radical impotencia de tu naturaleza. Te aconsejo que recuerdes esta estratagema particular, pues al emplearla te haces completamente dócil en las manos de Dios. Y ciertamente, cuando esta actitud es auténtica, equivale a un autoconocimiento, ya que te ves a ti mismo como realmente eres, una miserable y corrompida criatura, menos que nada sin Dios. Es, en realidad, una humildad experiencial.

Cuando Dios te ve apoyado sólo en esta verdad, no puede menos que apresurarse a ayudarte desquitándose en tus enemigos. Luego como padre que corre a rescatar a su hijo pequeño de las mandíbulas del jabalí o de los osos salvajes, te cogerá y te estrechará en sus brazos, enjugando tiernamente tus lágrimas espirituales.”

Capítulo 32 de “La Nube del No Saber”

Aquí debajo la lista de audios de “La Nube…” del 1 al 35 (Seguimos agregando los días siguientes)

La oración y la contemplación en la vida del monje (Audio)

Invitación a encuentro de oración (Oficio breve de la oración de Jesús)

El aburrimiento

¿Qué es el aburrimiento, ese tedio o abulia que suele agarrarnos y donde todo nos parece monótono y perdemos la motivación?

El aburrimiento es el estado de ánimo que se impone cuando vivimos desde la memoria. Es decir, no miro sino que proyecto lo ya visto; no escucho sino que proyecto lo ya escuchado… es una simulación que se nos produce debido a un funcionamiento erróneo de la mente. Creemos vivir momentos nuevos que nos aburren cuando en verdad re-vivimos una especie de relato interior que habla desde la memoria.

No lo entiendo bien, ¿Podría explicarlo mejor?

Cada momento es irrepetible; lo que ocurre es siempre nuevo y trae significados e indicadores nuevos. Sin embargo la mente lo da por supuesto, por ya conocido, debido a que parece similar a otros momentos anteriores. Es como un relato, una voz en off que se va repitiendo mientras vivimos, sin que nos demos cuenta. Este relato dice algo así: “Ya sé lo que voy a sentir haciendo esto; ya sé lo que esa persona va a decir o hacer; esto es lo mismo de siempre y mañana será también lo mismo; ya sé lo que va a pasar con esto otro…” etc. etc.

Este dar por sentado pone un velo sobre los sentidos y en ese velo se proyecta la elaboración que hizo la memoria de los hechos ya ocurridos. El aburrimiento no deriva de lo que está pasando sino de una cierta anestesia de los propios sentidos y esto a raíz de un permanecer a la deriva en medio de las divagaciones, del murmullo constante de los pensamientos. Esto adormece, nos quita capacidad de percibir, de realmente estar entre las cosas y en el mundo. Es lo que solemos llamar cultura del “como si”. Como si fuera que te escucho, como si fuera que estoy haciendo esto, como si fuera que estoy realmente vivo y viviendo la vida que tengo. Es como si estuviéramos fuera de fase, desalineados respecto de lo que es en cada instante.

¿Por qué nos pasa esto?

Debido a que la mente siempre está integrando lo que ya pasó (haciendo digestión de las vivencias) o imaginando lo que podría pasar; (especulando sobre como utilizar los elementos de que dispone en su beneficio) y como nosotros vivimos identificados con la vida de la mente, (como si los pensamientos fueran voluntarios y nuestra propia voz) nunca estamos donde estamos. Para verificar esto basta al final del día con sentarse un momento e intentar recordar el día. Y uno se sorprende de lo poco que recuerda. Esto es a raíz de que estuve “durmiendo” mientras estaba en medio de las actividades. Recuerdas que fuiste a la compra y que luego comiste… pero de eso ¿Qué y cuanto recuerdas? Por supuesto no porque haya que andar recordando lo vivido sino para tener una muestra de cuánto sonambulismo hay en nuestra jornada.

Nos ayudará revisar nuestras prioridades. Aprender a estar verdaderamente atentos es un modo de ser y estar que nos cambia por completo la vida. Se transforma la vida física, la mental y la percepción del mundo espiritual…

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La imagen fue extraída de Langosta literaria

Enlaces de hoy:

Tradicionalismo, progresismo y espiritualidad

Estrújame Jesús

El lenguaje de Dios

¡Gracias Inés por las fotos!

¿Dónde está Dios? Se me hace tan difícil percibirlo en la vida cotidiana… y más cuando empieza una semana, muchas veces lamento la carga de tareas que se me vienen encima y todo lo que tengo que hacer.

Ese deseo de encontrar a Dios, es la gracia actuando en ti. Ya cuando te das cuenta de que todo se ha hecho un fardo pesado que cargar y surge la lamentación, ese deseo de que la vida fuera distinta o que pudieras vivirla desde otra actitud… eso es Dios en ti que se manifiesta. A la sagrada presencia se la puede percibir “afuera” por así decir; como belleza, armonía, ternura, tempestad, sincronías, encuentros y en casi todos los hechos de la vida.

Pero solemos desatender también su presencia como los movimientos íntimos del corazón. Tu ves la casa hecha un desastre y algo en ti desea que estuviera ordenada y limpia. Ese deseo es gracia. Ves a alguien sufriendo o a ti misma en angustia y aparece un clamor interno de que las cosas fueran distintas. Es Dios que te habla y te incita a responder a la situación. Todo se ha puesto gris y aburrido y anhelas el entusiasmo y el fervor, el gusto por la vida… he ahí al Espíritu que te recuerda la actitud necesaria.

Recuerda que muchas sensaciones negativas o sufrientes son un indicador, una señal de una posición incorrecta en tu alma. Hay que aprovechar la angustia, el aburrimiento, la desazón o el agobio como síntomas de un padecimiento espiritual y entonces podemos resolver la raíz y no solo apaciguar los síntomas adormeciéndonos de distintos modos. Por ejemplo: tenemos una actividad que no nos agrada mucho por delante, puede ser que la realizamos sin considerar lo útil que es para los demás que nos rodean, la estamos haciendo como en un “para nosotros mismos” y eso suele quitar el gozo de la acción.

O muchas veces abordamos lo por hacer como cargas o responsabilidades de la vida en lugar de tomarlas como la tarea que Dios nos pide para continuar desarrollando la Creación. A la vez, olvidamos que es mediante el desempeño en lo que nos va tocando como nuestro espíritu crece, se fortalece y se hace a semejanza de Dios. Nada de lo que nos ocurre deriva del azar. Lo que llamamos casualidad o azar de los hechos es providencia ignorada. No hemos aprendido el lenguaje de Dios en los acontecimientos. Todo es sagrado y nosotros lo leemos en clave profana, ahí tenemos el problema. Nuestro espíritu dormita y dejamos al mando a la mente frenética y al cuerpo anhelante.

¿Y entonces que hacer?

Escuchar los mejores deseos, eso que nos dicta el corazón en cada situación. Todos sabemos lo que sería obrar bien en cada momento si atendemos un poco. Cuando nos disponemos a actuar en la dirección correcta, aunque pueda ser difícil, la gracia fluye como una potente cascada, porque nos hemos alineado con el plan de Dios. Con eso que Él tiene previsto para nosotros desde antes que existiera el tiempo…

Es continuación del post “¿Qué es la ansiedad?

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Enlaces de hoy:

El glosario de Filocalía en audio

Invitación a encuentro virtual de oración

El fuego sagrado

Grafía de “El Peregrino ruso”

El Papa ha pronunciado este miércoles la penúltima de las catequesis que pronunciará sobre la oración durante la Audiencia General, y en esta ocasión ha querido centrarse en la “perseverancia al rezar”.

Para ello, empezó citando un clásico sobre la oración. “El itinerario espiritual del Peregrino ruso empieza cuando se encuentra con una frase de san Pablo en la primera carta a los Tesalonicenses: ‘Orad constantemente. En todo dad gracias’ (5,17-18). La palabra del Apóstol toca a ese hombre y él se pregunta cómo es posible rezar sin interrupción, dado que nuestra vida está fragmentada en muchos momentos diferentes, que no siempre hacen posible la concentración. De este interrogante empieza su búsqueda, que lo conducirá a descubrir la llamada oración del corazón. Esta consiste en repetir con fe: “¡Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí pecador!’”.

Francisco recordó que aquella era “una oración sencilla, pero muy bonita. Una oración que, poco a poco, se adapta al ritmo de la respiración y se extiende a toda la jornada. De hecho, la respiración no cesa nunca, ni siquiera mientras dormimos; y la oración es la respiración de la vida”. De este modo, el Santo Padre recalcó que el Catecismo ofrece “citas bellísimas” para ayudar a “custodiar siempre un estado de oración”.

“Afirma el monje Evagrio Póntico: ‘No nos ha sido prescrito trabajar, vigilar y ayunar constantemente —no, esto no se nos ha pedido— pero sí tenemos una ley que nos manda orar sin cesar’ (n. 2742). El corazón en oración. Hay por tanto un ardor en la vida cristiana, que nunca debe faltar. Es un poco como ese fuego sagrado que se custodiaba en los templos antiguos, que ardía sin interrupción y que los sacerdotes tenían la tarea de mantener alimentado. Así es: debe haber un fuego sagrado también en nosotros, que arda en continuación y que nada pueda apagar. Y no es fácil, pero debe ser así”, indicó el Papa en la catequesis.

Por su parte, San Juan Crisóstomo afirmaba: “Conviene que el hombre ore atentamente, bien estando en la plaza o mientras da un paseo: igualmente el que está sentado ante su mesa de trabajo o el que dedica su tiempo a otras labores, que levante su alma a Dios… Por tanto, -insiste Francisco- “la oración es una especie de pentagrama musical, donde nosotros colocamos la melodía de nuestra vida. No es contraria a la laboriosidad cotidiana, no entra en contradicción con las muchas pequeñas obligaciones y encuentros, si acaso es el lugar donde toda acción encuentra su sentido, su porqué y su paz…”

Por ello, antes de concluir, Francisco animó a repetir durante el día esta sencilla oración: “Señor Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí pecador”.

Lee el texto completo en “Religión en libertad”

Queridas hermanas/os, un día 9 de junio como hoy pero del año 2009, se hacía la primera publicación en “Hesiquía” blog, hoy centralizado en este blog, pero que continúa activo periódicamente como complemento de lo aquí publicado. Damos gracias a Dios por aquel impulso inicial y a todos aquellos que a lo largo del tiempo han alentado y ayudado de muy diferentes maneras. Nos alegra mucho que desde la cabeza de la Iglesia se aliente la práctica de la oración de Jesús; un gran regalo del Espíritu para todos los cristianos sin distinción. Un abrazo fraterno agradecido, invocando el Santo Nombre de Jesús.

Te mudarás en mí

¡Gracias Inés por la foto!

“San Agustín nos ayuda a comprender la dinámica de la comunión eucarística cuando hace referencia a una especie de visión que tuvo, en la cual Jesús le dijo: «Manjar soy de grandes: crece y me comerás. Ni tú me mudarás en ti como al manjar de tu carne, sino tú te mudarás en mí» (Confesiones VII, 10, 18).

Por eso, mientras que el alimento corporal es asimilado por nuestro organismo y contribuye a su sustento, en el caso de la Eucaristía se trata de un Pan diferente: no somos nosotros quienes lo asimilamos, sino él nos asimila a sí, para llegar de este modo a ser como Jesucristo, miembros de su cuerpo, una cosa sola con él. Esta transformación es decisiva. Precisamente porque es Cristo quien, en la comunión eucarística, nos transforma en él; nuestra individualidad, en este encuentro, se abre, se libera de su egocentrismo y se inserta en la Persona de Jesús, que a su vez está inmersa en la comunión trinitaria.

De este modo, la Eucaristía, mientras nos une a Cristo, nos abre también a los demás, nos hace miembros los unos de los otros: ya no estamos divididos, sino que somos uno en él. La comunión eucarística me une a la persona que tengo a mi lado, y con la cual tal vez ni siquiera tengo una buena relación, y también a los hermanos lejanos, en todas las partes del mundo”…

No hay nada de mágico en el cristianismo. No hay atajos, sino que todo pasa a través de la lógica humilde y paciente del grano de trigo que muere para dar vida, la lógica de la fe que mueve montañas con la fuerza apacible de Dios. Por esto Dios quiere seguir renovando a la humanidad, la historia y el cosmos a través de esta cadena de transformaciones, de la cual la Eucaristía es el sacramento…”

Benedicto XVI en la homilía de Corpus Christi de 2011

Enlaces de hoy:

Domingo del Corpus Christi

Del cuerpo místico de Cristo

La hora de la mística

Encuentro virtual con el Padre Pablo D´ors – 58° Clase de Filocalía –

Agradecemos al padre Pablo su disposición a encontrarse con nosotros y el regalo que la gracia nos hace a través de sus palabras.

Haz click aquí para ver el encuentro con otra vista de cámara

Amigos del desierto

Monacato secular Tabor

¿Qué es la ansiedad?

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¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una sensación corporal que viene a ser traducción de una creencia. Esta creencia es de origen mental y dice así: “Lo que ocurra depende de mí”. Cuando nos vamos dando cuenta de que, en realidad, todo depende de la voluntad divina, la ansiedad disminuye por si sola. Mientras más me abandono a la voluntad divina menos ansiedad. Las pre-ocupaciones mentales ceden y las tensiones corporales van desapareciendo.

¿Cómo se hace para encontrar la actitud de entrega a la voluntad de Dios?

La actitud surge y se instala por si sola a medida que observamos los hechos de la vida con atención. Si miramos bien percibimos como todo obedece a factores que no dependen de nosotros. Todos esos elementos reunidos son la manifestación del designio divino. Es solo un tomar consciencia. La órbita del planeta, el clima meteorológico, las nubes y los vientos, la política de tu país, el surgimiento de una pandemia, los autos por la calle, las personas que te cruzas, los latidos de tu corazón y la respiración… el fallecimiento o el nacimiento de un ser querido etc., todo ello está sostenido en Él.

¿Qué depende de mí?

Estar atentos a lo sagrado en la vida cotidiana y ejecutar lo que nos toca con la mayor impecabilidad posible. Todo es sagrado y forma parte de una liturgia cósmica. Sin embargo hay observaciones que nos facilitan sintonizar con esa corriente. Atender a la belleza en las situaciones aparentemente triviales, a la bondad inherente en ciertas relaciones, al agradecimiento que nace en el corazón cuando miramos a quién amamos, no olvidar lo que de verdad buscamos detrás de todo lo que hacemos… eso ayuda, nos va abriendo los sentidos espirituales.

Pero esto está muy lejos de mi vida en cada momento. No tiene nada que ver con lo que vivo.

Esa mirada que ya advirtió la sensación de aparente lejanía entre lo dicho y tu propia vida, es la puerta a lo sacro. No se le encuentra sentido a la vida sino desde una mirada espiritual. Materialmente vista es un absurdo: Nacer, crecer, luchar, envejecer, enfermar y morir no lo puedes significar. En cambio cuando te descubres espíritu inmaterial o cuando empiezas a vislumbrar a Cristo en el corazón todo cambia. Todo empieza a rezumar significado, se adivina una armonía detrás de lo aparente. Ese ordenamiento que entreteje lo que ocurre te enamora y ya no buscas otra cosa…

Continúa…

elsantonombre.org

Hoy dos enlaces:

Audio de los escritos de Macario, el Egipcio

En todas partes…

El icono de “La Trinidad” del Antiguo TestamentoGalería Tretiakov de Moscú.

“Me hicieron la siguiente pregunta: Que algunas personas se aislaban rigurosamente de los hombres y les gustaba estar siempre solos y de ahí provenía su paz así como del hecho de que se hallaban en la iglesia ¿si esto era lo mejor? Entonces dije: «¡No!» y ¡presta atención porque [no es así]! Quien está bien encaminado en medio de la verdad, se siente a gusto en todos los lugares y con todas las personas. Mas, quien anda mal, se siente mal en todos los lugares y entre todas las personas. Pero aquel que anda por buen camino, en verdad lleva consigo a Dios. Mas, aquel que bien [y] en verdad posee a Dios, lo tiene en todos los lugares y en la calle y en medio de toda la gente exactamente lo mismo que en la iglesia o en el desierto o en la celda; con tal de que lo tenga en verdad y solamente a Él, nadie podrá estorbar a semejante hombre.

¿Por qué? Porque posee únicamente a Dios y pone sus miras sólo en Dios, y todas las cosas se le convierten en puro Dios. Semejante hombre lleva consigo a Dios en todas sus obras y en todos los lugares, y todas las obras de este hombre las opera sólo Dios; pues, la obra pertenece más propia y verdaderamente a quien es causa de ella que a quien la ejecuta. Si concentramos, pues, nuestra vista pura y exclusivamente en Dios, Él, en verdad, habrá de hacer nuestras obras y nadie, ni la muchedumbre ni el lugar, son capaces de detenerlo en sus obras. Resulta, pues, que a tal hombre nadie lo puede estorbar porque no ambiciona ni busca ni le gusta nada fuera de Dios; porque Él se une con el hombre en todas sus aspiraciones. Y así como ninguna multiplicidad lo puede distraer a Dios, así nada puede distraer ni diversificar a este hombre ya que es uno solo en lo Uno, donde toda multiplicidad es una sola cosa y una no-multiplicidad.

El hombre debe aprehender a Dios en todas las cosas y ha de acostumbrar a su ánimo a tener siempre presente a Dios en ese ánimo y en su disposición y en su amor. Observa cuál es tu disposición hacia Dios cuando te encuentras en la iglesia o en la celda: esta misma disposición consérvala y llévala contigo en medio de la muchedumbre y de la intranquilidad y de la desigualdad. Y cuando se habla de igualdad no se afirma que todas las obras o todos los lugares o toda la gente tengan que considerarse como iguales. Esto sería un gran error, porque rezar es una obra mejor que hilar y la iglesia es un lugar más digno que la calle. Debes conservar, empero, en todas tus obras un ánimo y una confianza y un amor hacia Dios y una seriedad siempre iguales. A fe mía, si estuvieras así equilibrado, nadie te impediría tener presente a tu Dios…”.

“Del desasimiento y de la posesión de Dios” del MAESTRO ECKHART

Enlaces de hoy:

Domingo de la Santísima Trinidad

57° Clase de Filocalía – “La escalera del conocimiento”

La acción de la gracia lo abraza todo

“Ante el nacimiento de la vida interior, ante la manifestación sensible de la acción de la gracia y de la unión con Dios, es frecuente que el hombre actúe todavía por su propia iniciativa, en tanto que sus fuerzas se lo permiten. Pero cuando está agotado por el fracaso de sus esfuerzos, renuncia finalmente a su propia actividad y se abandona con todo su corazón a la acción todopoderosa de la gracia. Entonces el Señor lo visita en su misericordia y enciende la llama de la vida espiritual; aprende por su propia experiencia que no son sus esfuerzos los que realizaron en él esta gran transformación; por otra parte, las retiradas más menos frecuentes de la gracia le enseñan que el mantenimiento de esa llama de vida no depende ya de él.

La aparición frecuente de buenos pensamientos y de buenas inspiraciones, su invasión por el espíritu de oración, que viene no se sabe de dónde ni cómo, todo esto lo convence, por experiencia, de que todo ese bien no es posible para él más que por la acción de la gracia divina, siempre presente por la misericordia de Dios, que salva a todos aquéllos que buscan la salvación. El se da al Señor y solo el Señor actúa en él. La experiencia le muestra que no tiene éxito más que cuando se entrega enteramente a Dios. Entonces, ya no vuelve hacia atrás, sino preserva esa gracia por todos los medios posibles.

Los amantes de teorías están muy preocupados por la cuestión de las relaciones entre la gracia y la libertad. Para cualquiera que posea en sí la gracia, la cuestión está resuelta por la experiencia práctica. Aquél que lleva la gracia en su corazón, se abandona íntegramente a la acción de la gracia y es la gracia la que actúa por él. Esta verdad es más evidente para él que cualquier verdad matemática y que cualquier otra experiencia de la vida exterior, porque ha cesado de vivir en la superficie de sí mismo y está enteramente concentrado en el interior. No hay más que una sola preocupación: ser siempre fiel a la gracia que está en él.

La infidelidad ofende a la gracia, hace que ella se aleje o reduzca su acción. El hombre testimonia su fidelidad a la gracia —o al Señor— no permitiéndose nada, ya sea pensamiento, sentimiento, acción o palabra, que sea contraria a la voluntad del Señor. Por el contrario, no desdeña ninguna obra, ninguna empresa, desde que sabe que Dios quiere que la cumpla, discerniendo esta voluntad según las circunstancias y las indicaciones que provienen de sus deseos y movimientos interiores. Esto exige a veces muchos esfuerzos, de renunciamiento de sí mismo y de resistencia a sus instintos, pero él es feliz de sacrificarlo todo al Señor pues, después de cada uno de estos sacrificios, recibe una recompensa interior: la paz, la alegría y un espíritu de oración más audazmente confiado.

Esa fidelidad a la gracia, que va a la par con la oración (la cual, en ese estadio, es continua), hace que el don de la gracia crezca en fervor y en calor. Cuando se enciende un fuego es necesario que el movimiento del aire mantenga la llama y la fortifique. Igualmente, cuando el fuego de la gracia está encendido en el corazón, la oración es necesaria, pues actúa corno una corriente de aire espiritual en el corazón. ¿Qué es esta oración?. Es el incesante movimiento del intelecto hacia el Señor en el corazón, es permanecer constantemente en presencia de Dios, con el intelecto en el corazón, ya sea que esté acompañado o no de oración vocal, pero con sentimientos de devoción, de abandono y de arrepentimiento en el corazón.

Es esta actividad, esta disposición del intelecto, lo que constituye el mejor medio para conservar el calor del corazón y todo el orden interior, para dispersar los pensamientos y las actividades malas o simplemente inútiles y para fortificar los buenos pensamientos y las buenas empresas. Los pensamientos y las intenciones buenas vienen; el hombre se hunde más en la oración, y entonces, según esas intenciones se fortifiquen o debiliten, sabe si ellas son agradables o no a Dios. Cuando vienen los malos pensamientos, cuando algo comienza a turbarlo, se hunde nuevamente en la oración sin prestar atención a lo que pasa en él, y los pensamientos turbadores se desvanecen.

De esta manera, la oración interior se establece en él como la principal fuerza que conduce y regula la vida espiritual. Es necesario no sorprenderse si todas las instrucciones de los Santos Padres tienden principalmente a enseñarnos a orar interiormente”.

Extraído de pags. 118/119 en “El arte de la oración” de Teófano, el Recluso – Ed. Lumen

Dos recomendaciones:

Libres de temor

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Pentecostés

“La presencia del Espíritu enardece el corazón y lo colma de entusiasmo, de dulzura, de gozo inenarrable. Nuestros autores no se cansan de insistir en este punto, revelándonos a menudo su propia experiencia. Así, Ammonas promete a sus discípulos para cuando reciban al Espíritu Santo: «Estaréis libre de todo temor y se apoderará de vosotros un gozo celestial, de manera que, permaneciendo aún en el cuerpo, seréis como si ya hubierais sido transportados al reino».

Y Macario no sabe cómo expresar la felicidad y el gozo interior, y apela a diferentes imágenes tomadas de los placeres más espléndidos de la vida humana: un banquete real, una boda. Y señala a continuación como uno de los frutos más estimados del Espíritu, esto es, la perfección de la gnosis, la iluminación (photismós), cuando añade: «Otras veces, la gracia lo introduce en el conocimiento de misterios que ninguna lengua ni ninguna boca puede expresar, dándole una clarividencia, una sabiduría, una ciencia del Espíritu inefables e insondables».

Y en otro pasaje escribe el Santo: «Noche y día estoy rogando para que la fuerza divina crezca en vosotros y os revele los mayores misterios de la divinidad, que no me es fácil pronunciar con la lengua, porque son grandes, y no son de este mundo, y no se revelan sino a quienes limpiaron su corazón de toda mancha y de toda la vanidad de este siglo, y a aquellos que tomaron sus cruces y aun fortificaron sus almas y fueron obedientes a Dios en todas las cosas».

La acción del Espíritu transforma profundamente al «hombre interior». Lo diviniza, lo deifica. El «hombre espiritual» es la réplica cristiana del «hombre divino», el imposible ideal pagano, soñado a la vez por el pueblo y la minoría de los filósofos. En el «espiritual» cristiano se transparenta una semejanza con Dios muy superior a la imagen inscrita en la humana naturaleza cuando fue creada. El mismo «hombre exterior» refleja esta profunda transformación bajo la acción del Espíritu, como lo comprobaba San Antonio: «Todo el cuerpo es transformado y se somete al poder del Espíritu. Y pienso que se le concede ya alguna parte del cuerpo espiritual que recibirá en la resurrección de los justos»…”

de pags. 671/2 en “El bautismo del Espíritu Santo”, en “Historia del monacato primitivo” de García Colombás.

Enlaces de hoy:

Distracciones, sequedad y acedia

Homilía dominical del Padre José

Cristología interior

Encuentro virtual con el Padre Javier Melloni SJ – 56° Clase de Filocalía –

Agradecemos al padre Javier su disposición a encontrarse con nosotros y el regalo que la gracia nos hace a través de sus palabras. ¡Un profundo y luminoso Pentecostés para todos!

La Cueva, lugar de peregrinación y culto

El Centro internacional de Espiritualidad

Conectarnos con la Presencia

“La verdad que nos libera es saber que no procedemos del capricho de la nada, del azar o de la necesidad, sino de una Fuente indecible de amor, permanente y continua, que Jesús experimentó manando de una profundidad que llamó Abbá. Saber que procedemos de tal Origen nos abre a una confianza y a una libertad siempre por inaugurar. De esta verdad brota libertad porque nos revela que la existencia es puro don dado para dar. Lo que nos impide ser libres es el temor a perdernos.

Vivimos aferrados a todo sin saberlo, en estado de shock. Si descubrimos que la existencia es don, no hay nada que podamos perder, porque nunca lo hemos tenido. Sólo somos sus depositarios. Vivir así nos libera. Pero esta verdad, que es libertad, es difícil de alcanzar y está pendiente de ser desplegada en sus múltiples ámbitos y matices: en los complejos enredos con nosotros mismos, en nuestras relaciones de dominación o de dependencia de los demás, en el significado que damos a nuestras creencias y en los códigos de comportamiento que hemos aprendido para contenernos, creando identidades tanto personales como colectivas en las que quedamos constreñidos. Con frecuencia quedamos atrapados en todo ello en lugar de ser alas que nos impulsen a alcanzar mayores horizontes.

La capacidad liberadora de la verdad consiste en conectarnos con la Presencia que da consistencia a cada momento, posibilitando que alcancemos el núcleo de cada situación, persona y cosa sin aferrarnos a ellas. Cuando estamos arraigados en lo real, podemos fluir y co-crear. En cambio, la inautenticidad hace que vivamos en un mundo falso en el que nos replegamos para defendernos por temor a la pérdida…

No podemos apropiarnos de la vida. No podemos arrancarla. Sólo la podemos recibir. En Getsemaní, el Hijo del hombre renuncia a su pulsión de apropiación —hacer su voluntad a toda costa— para entregarse a una Voluntad que le sostiene. Getsemaní está a las puertas de Jerusalén, ciudad de la paz, puerta del Paraíso para la tradición hebrea. Para pasar por ella hay que ceder a la propia voluntad de afirmación y renunciar a toda forma de arrebatamiento: «No vine a hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado» (Jn 5,30); «el que me envió está siempre conmigo, porque yo hago siempre lo que es de su agrado» (Jn 8,29)…

Como cristianos, exclamamos: «¡Ven, Señor Jesús!» (Ap 22,20). Y él nos responde: «Yo vengo en la medida en que vosotros venís a mí». Nuestro venir a él pasa por vivir del modo como él vivió, dejando que se siga encarnando en nosotros. Vamos hacia El-que-viene. Así se va gestando el Cristo interior y vamos siendo engendrados como prolongación suya en el desarrollo del cosmos y de la historia, acercando esos cielos nuevos y esa tierra nueva que laten en la calidad de nuestro existir.

Extractos del libro “El Cristo Interior” de Javier Melloni SJ

Enlaces de hoy:

El camino más fácil a la oración continua

Atizar el fuego

Serie sobre la oración VI

La oración de Jesús recitada vocalmente, de manera audible para uno mismo, es muy útil para enfocar la atención en ella y en cierto modo ponerse en “sintonía” orante. Sin embargo, una vez que uno se siente ya en estado de oración conviene seguir repitiéndola mentalmente. De otro modo puede suceder que mientras la boca repite la oración, la mente divague siguiendo otros pensamientos. Pero esto ha de alternarse según el momento de cada uno.

Como no es posible tener dos pensamientos al mismo tiempo, si uno puede llevar la atención hacia la repetición de la oración y seguir con el entendimiento las palabras de la frase elegida, las distracciones constantes de la mente no encuentran espacio para dilatarse en la forma de pensamientos. Seguirán apareciendo sin duda, pero al menos disminuirán mucho. Cuando la repetición de la oración de Jesús se hace junto al sentimiento ya todo cambia. Es decir, la repetición mental junto al sentimiento de devoción, compunción, amor o simplemente con el anhelo ferviente de búsqueda de Dios; modifica su cualidad, se hace más profunda y empieza a encarnarse y a descender hacia el corazón o el fondo del alma.

Después solo necesitas paciencia y perseverancia; todos los días regar el campo donde cultivas la oración. Así como alimentas tu cuerpo en diferentes horarios o limpias la casa un poco cada día o vas a comprar víveres con frecuencia; de igual manera debes volver a atizar el fuego de la oración hasta que se vuelve constante y cálido. Ese calor y esa luz abastecerán toda tu vida. Poco a poco te das cuenta que no necesitas nada más. O dicho de otro modo, que de allí surge sin interrupción todo lo que te haga falta, lo que es necesario y bueno para tu vida.

Más adelante por obra de la gracia sucede un hecho extraordinario: Orar ya no requiere esfuerzo sino al contrario. Igual que comer cuando estás hambriento no implica esfuerzo o inspirar luego de cada expiración es algo del todo natural, así mismo se vuelve de fácil y grata la oración. Para disponerse a orar y tomar la oración como la actividad más importante de la vida fue necesario antes que te dieras de bruces una y otra vez con tu voluntad personal. Uno ha de haberse convencido de que todo depende de la voluntad de Dios y de que no hay nada que ocurra si Él no lo quiere o lo permite. El fracaso de las expectativas personales es una gran ayuda para la oración. En verdad, no conozco gracia más grande…

elsantonombre.org

Enlaces de hoy:

Comunidad de Silencio y Oración Centrante de Rep. Dominicana invita: MARTES 18 Mayo
9:30-11:00 am hora Rep Dom – Tema: LOS DONES DEL ESPÍRITU por el
Padre Thomas Keating – Link directo a reunión: haz click Aquí

55° Clase de Filocalía

La cálida ternura

Icono extraído de “El visitante”

“Deben descender de la cabeza hasta su corazón. Por el momento, sus pensamientos están en su cabeza. Y parece que Dios está fuera de ustedes; también su oración y todos sus ejercicios espirituales permanecen en el exterior. En tanto que permanezcan en su cabeza, no podrán dominar sus pensamientos, que continuarán remolineando como la nieve con el viento del invierno o los mosquitos con el calor del verano…”

Teófano el Recluso

“Es esencial que en el momento de la oración el intelecto esté unido al espíritu y que reciten juntos la oración; pero en tanto el intelecto trabaja con las palabras, pronunciadas mentalmente o en voz alta, el espíritu ora por un sentimiento de cálida ternura o a través de lágrimas.

La unión de los dos es otorgada en el momento determinado por la gracia divina; pero, para el principiante, es suficiente con que el espíritu simpatice y obre con el intelecto. Si la atención es mantenida por el intelecto, el espíritu sentirá un verdadero calor y ternura. A veces, al espíritu se lo llama corazón, como a veces al intelecto se lo llama cabeza”.

Obispo Ignacio

“Sublimidad de la oración interior” – Antología de autores espirituales – Pág. 92 y 98 – Editorial Lumen (2011)

La ascensión

Pinturas hesicastas

El lugar del corazón

“El tiempo de las búsquedas infructuosas termina por pasar y el feliz buscador encuentra lo que buscaba. Descubre el lugar del corazón y se instala allí con su intelecto, en presencia de Dios. Permanece ahí como un súbdito fiel ante su rey y recibe de este último el poder de gobernar su vida interior y exterior como le agrada a Dios. En ese momento, el reino de Dios ha entrado en él y comienza a manifestarse con su fuerza natural”. (Pág. 71)

“Preserva la atención interior y la soledad del corazón. Que Dios te ayude a permanecer siempre así, pues es lo más importante en nuestra vida espiritual. Cuando la conciencia está en el corazón, el Señor también se encuentra allí. Entonces los dos se unen y la obra de salvación avanza con éxito. la entrada al corazón está cerrada a los malos pensamientos, a las impresiones y emociones mundanas. El nombre del Señor por sí mismo, dispersa todo lo que le es extraño y atrae todo lo que está emparentado con él. ¿Qué temes por encima de todo? La propia estima, la satisfacción por uno mismo, la fatuidad por uno mismo y todo lo que ronda en torno a uno mismo…” (Pag 98)

“Debemos trabajar sin prisa, intensificando nuestros esfuerzos progresivamente, de manera que no sobrepasemos nuestras fuerzas. Sino nuestro trabajo será como una pieza nueva sobre un vestido viejo. La decisión de emprender un esfuerzo ascético debe provenir del interior. A veces ocurre que un enfermo encuentra por intuición el remedio o el antídoto para su mal, porque siente un poderoso deseo de ello”. (Pag.142)

Teófano el Recluso en “Sublimidad de la oración interior” – Colección Ichthys – Editorial Lumen – 2011

Enlaces de hoy:

Geografia mística

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“Del mismo modo, en la oración, la prueba de la aridez es la de la semilla que, antes de madurar y de dar frutos, debe podrirse y morir en la tierra. Semejante prueba forma parte obligatoriamente del aprendizaje siempre doloroso de lo que es la condición esencial para la oración, esto es, la humildad. Gracias a una comparación, totalmente “ecológica”, san Bernardo cantará las ventajas místicas de lo que él llama el “valle de la humildad”, que reconoce en las valles húmedos adonde a los cistercienses les gustaba establecerse, porque son el lugar fértil donde destellan las aguas que descienden a lo largo de los flancos escarpados de las montañas.

Ruusbroec, que le copiará la imagen, agregará otro rasgo a lo que alguien ha llamado la “geografía mística” de los cistercienses, un rasgo que es también muy ecológico. Él hace notar que las pendientes de un valle vuelven a enviar la luz del sol hacia el fondo y así redoblan su efecto: “Cuando el sol envía sus rayos a un valle profundo, situado entre dos montañas, y el astro se mantiene en el cenit del firmamento de modo que sus rayos alcanzan la depresión y el fondo del valle, ocurren allí tres cosas. El valle recibe más luz y la refleja mejor a causa de las montañas; se recalienta y es más fértil que la tierra llana de la planicie”.

Es un fenómeno análogo, considera, al que se produce en un corazón humilde que expone sus deseos no satisfechos ante Cristo, porque, frente a la humildad, la liberalidad de Dios no puede contenerse –afirma Ruusbroec–; ella debe fluir y derramarse casi como a pesar de sí. Y continúa: “Este valle que es el corazón humilde, recibe entonces tres cosas: es más iluminado e inundado de luz; es mejor recalentado por la caridad; se vuelve más fértil en virtudes perfectas y en buenas obras”.

Ya sea bajo la figura de la noche, del invierno o del valle, el hombre de oración se amolda así, no solamente a los ritmos exteriores de la naturaleza, a la sucesión de los días y de las estaciones, sino también a un dinamismo espiritual más profundo, a aquel que hace progresar el conjunto de la creación presente hacia su paso a la nueva creación. Ese paso es doloroso, y su dolor repercutirá en la oración…”

Extraído de “La vida de oración…” en “Cuadernos monásticos…”

Dos audios para hoy:

El guía de las almas

Óleo sobre tela – 50 x 70 cms. – Propio del blog –

De esta manera, el monje, desde su misma «conversión» hasta su muerte, se sentía sometido a la constante acción del Paráclito. Las cartas de San Antonio ya subrayan con fuerte realismo esta acción santificadora. «No penséis»—escribe el Santo a sus discípulos—«que ni vuestro ingreso ni vuestro progreso
en el servicio de Dios sea obra vuestra, sino de un poder divino que siempre os está asistiendo». El Espíritu Santo es quien los llama al combate, «fija el modo de la penitencia en los cuerpos y en las almas», les ilustra acerca de las pasiones y cómo vencerlas, les abre los ojos para que vean cómo la propia santificación es el fin de todo ascetismo. El es «el guía de las almas»; si el monje se deja conducir por él, alcanzará la victoria.

Los escritores del monacato primitivo coinciden asimismo cuando se trata de enseñar cómo prepararse para la recepción del Paráclito, la «fuerza de Dios», el «carisma máximo», el «don del Espíritu». Oigamos a San Ammonas: «Si queréis recibirlo, entregaos al trabajo del cuerpo [ = ascetismo corporal] y al trabajo del corazón [ = ascetismo espiritual]. Y dirigid vuestros pensamientos hacia el cielo noche y día, pidiendo de todo corazón el Espíritu Santo, y se os dará… Yo, que soy vuestro padre, rogaré por vosotros para que lo recibáis…»

Pero esto no será posible sin la perfecta pureza de corazón, sin la extinción completa del espíritu de vanagloria, sin la total abnegación de la propia voluntad y del propio juicio, sin mucho reposo, soledad y silencio en lo recóndito del desierto. «Purificarse de la fealdad adquirida por los vicios, escribe San Basilio, volver a la belleza de la naturaleza, restaurar, por así decirlo, la forma primitiva de la imagen real por la pureza: sólo mediante esta condición es posible acercarse al Paráclito». En una palabra, es necesario haber superado la empinada cuesta de la «vida práctica» tal como la exponen nuestros maestros. La gran ley para llegar a ser «espiritual» la formuló con clásico laconismo uno de los padres del yermo cuando dijo: «Da la sangre y recibe el Espíritu».

Sólo por el martirio de la praxis se obtiene esta calidad inapreciable. Para penetrar en el reino es preciso que preceda una muerte mística: «Si alguien pudiera, ya en esta vida, morir a causa de los trabajos [de la ascesis], se convertiría enteramente en la mansión del Espíritu.

Extraído de pags. 668/9 “El paraíso recobrado” dentro de “Historia del monacato primitivo” de G. Colombás

Enlaces de hoy:

Clase 54° de Filocalía – “La morada del corazón”.

Clase 11° de Fenomenología – “La ira, las compulsiones, el testigo ecuánime y otros temas.


La espera de la aurora

“El hombre que no cree que cada día contiene una hora más temprana, más sagrada y rosada que la que él ya ha profanado, ha desesperado de la vida, y está avanzando por un camino descendente y oscuro. Luego de un paro parcial de su vida sensitiva, el alma de un hombre, o más bien sus órganos, se re-fortalecen cada día, y su genio de nuevo ensaya si puede hacer otra vida noble. Debiera decir que todos los sucesos memorables ocurren durante la mañana y en una atmósfera matutina…

Debemos aprender a volvernos a despertar, y a mantenernos despiertos, no con ayuda mecánica, sino por medio de una infinita espera de la aurora, que no nos abandone en nuestro sueño más profundo. No sé de un hecho que anime más que la incuestionable capacidad del hombre para elevar su vida gracias a un esfuerzo consciente. Es algo poder pintar un cuadro, o esculpir una estatua, y de esa forma hacer bellos unos pocos objetos, pero mucho más glorioso es esculpir y pintar la atmósfera a través de la cual miramos, cosa que podemos realizar moralmente. La más elevada de las artes consiste en alterar la calidad del día…

En la eternidad hay realmente algo verdadero y sublime, pero todos esos tiempos y lugares y ocasiones existen ahora y aquí. El mismo Dios culmina en el momento presente, y nunca, en el lapso de todas las edades, será más divino. Y podemos percibir todo lo que es sublime y noble tan sólo por la perpetua inspiración e instilación de la realidad que nos rodea…”

Extraído de “Walden o la vida en los bosques” de Henry David Thoreau

Invitación de Hno. Carlos:

𝗖𝗮𝘀𝗮 𝗱𝗲 𝗦𝗶𝗹𝗲𝗻𝗰𝗶𝗼 𝘆 𝗢𝗿𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗖𝗲𝗻𝘁𝗿𝗮𝗻𝘁𝗲
𝗥𝗲𝗽. 𝗗𝗼𝗺 invita:

RETIRO DE PENTECOSTES:
“Contemplando al Espíritu Santo en nuestro corazón”

𝗙𝗘𝗖𝗛𝗔 𝗬 𝗛𝗢𝗥𝗔𝗥𝗜𝗢: Sábado 22 mayo 9:30 am-1 pm y 5:30-8:00 pm Domingo 23 mayo, 9:30 am-1 pm
Hora Rep. Dominicana y Miami

POR ZOOM…Link directo a reunión…
https://us02web.zoom.us/j/6026775777?pwd=ZWw3MXpCZlRiSzltTUpXQmE2NHhUZz09

𝗜𝗻𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮𝗰𝗶ó𝗻
+1 8295211177 𝗔𝗺𝗲𝗹𝗶𝗮
𝗜𝗻𝘀𝗰𝗿𝗶𝗽𝗰𝗶ó𝗻
+1 8297500906 𝗠𝗮𝘆𝗿𝗲

Adquiere la inocencia

“Si un pensamiento te oprime, no te desalientes sopórtalo con valor diciendo: Todos me rodearon, pero yo en el nombre del Señor los rechacé (Sal 117,11). De improviso te llega el auxilio de Dios, los alejas de ti, Dios te protege y la gloria divina camina contigo, porque el coraje camina con el que es humilde y tú serás saciado como lo desea tu alma (Is 58,11). Los caminos de Dios son la humildad de corazón y la bondad. Pues está escrito: ¿A quién cuidaré sino al humilde y al pacífico? (Is 66,2). Si caminas por las sendas del Señor, él te custodiará , te dará fuerza, te colmará de ciencia y de sabiduría, pensara en ti en todo tiempo, te liberará del diablo y en tu muerte te dará la gracia en su paz”…

Adquiere la inocencia, sé como esas ovejas inocentes, que si se les quita la lana no dicen ni una palabra. No vayas de un lugar a otro diciendo: “Aquí o allá encontraré a Dios”. Dios ha dicho: Yo lleno el cielo, Yo lleno la tierra (Jr 23,24). Y de nuevo: Si pasaras a través del agua, Yo estoy contigo (Is 43,2). Y: Los ríos no te sumergirán (Is 43,2). Debes saber, hijo mío, que Dios vive dentro de ti, para que permanezcas en su ley y en sus mandamientos…”

Del catecismo de San Pacomio

Dos retiros espirituales en los próximos días:

Retiro de preparación hacia Pentecostés

 Retiro “María, modelo de Fe”. 7 días – Whatsapp aquí.

Cristo es aquí

Serie sobre la oración V

¡Gracias Hna. Bibiana por enviar la foto!

Tu redención es ahora mismo. No importa lo que ha pasado ni lo que vendrá; todo ello está en ti y reunido en este mismo punto, en el presente mismo. La acción del momento cambia los significados hacia el antes y el después. Tus gestos de hoy lo atraviesan todo, iluminan todo lo que has amado y purifican tus desamores. Cristo es aquí en el centro del corazón y sus latidos pugnan por hacerse gracia en movimiento.

Todo pensamiento acerca de ti, déjalo con ligereza, como se espanta una mosca repentina. Cualquier preocupación nos indica alguna soberbia, la de creernos capaces de alterar Su designio. Afincados en el deber del momento, concentrados en el mejor hacer posible, respiramos Su nombre, presentimos su cercanía. ¿Mi refugio? En el muy alto. Depositemos las prisas al amparo del Altísimo. Él sabe, Él ama; apenas velado en las cosas y las situaciones, no hace más que buscarnos.

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La perfecta sinfonía

Evangelio del día

La obra del momento

La divinización de las actividades

Gracias Leonor por la foto de la paloma en su ermita..!

“… Dios, en lo que tiene de más viviente y de más encarnado, no se halla lejos de nosotros, fuera de la esfera tangible, sino que nos espera a cada instante en la acción, en la obra del momento. En cierto modo, se halla en la punta de mi pluma, de mi pico, de mi pincel, de mi aguja, de mi corazón y de mi pensamiento. Llevando hasta su última terminación natural el rasgo, el golpe, el punto en que me ocupa, aprehenderé el Fin último a que tiende mi profunda voluntad.

Semejante a esas temibles energías físicas que el Hombre llega a disciplinar hasta lograr que realicen prodigios de delicadeza, el enorme poder del atractivo divino se aplica a nuestros frágiles deseos, a nuestros microscópicos objetos, sin romper su punta. Esta potencia es exultante y, por tanto, no perturba ni ahoga nada. Es exultante; por tanto, introduce en nuestra vida espiritual un principio superior de unidad, cuyo efecto específico es, con arreglo al punto de vista que se adopte, santificar el esfuerzo humano o humanizar la vida cristiana…”

Extraido de Escritos esenciales de Pierre Teilhard de Chardin

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Epifanía

En la tormenta

Conocimiento de sí mismo

“No podemos confiar excesivamente en nosotros mismos porque con frecuencia nos falta la gracia y el criterio. Poca lucidez hay en nosotros y ésta, muy pronto por negligencia, la perdemos. Muchas veces se nos pasa inadvertido lo ciegos que estamos interiormente. Muchas veces actuamos mal y peor lo disculpamos. A veces nos motivan las pasiones y estimamos que es afán por servir a Dios. Reprendemos a los otros por pequeñeces y pasamos tranquilamente sobre nuestras grandes fallas. Pronto sentimos y ponderamos lo que tenemos que soportar de los demás y no nos damos cuenta de lo mucho que los otros nos soportan. Quien bien y justamente califica lo propio no encontrará nada grave de juzgar en el otro.

La persona atenta a su vida en Dios antepone su propia vigilancia a la de los demás. Y quien se reconoce a sí mismo con atención con facilidad prefiere callar lo que corresponde a otros. Nunca serás persona interior y consagrada a menos que silencies lo ajeno y te examines especialmente a ti mismo. Si te orientas totalmente hacia Dios y hacia ti mismo muy poco te moverá lo que percibas de fuera. ¿Dónde estás, cuando no estás presente a ti mismo?. Y cuando terminaste de recorrer todo, olvidado de ti, ¿Qué aprovechaste?. Si deseas tener paz y unión verdadera conviene que pospongas todo hasta aquí y tengas ojos solamente para ti…”

de “La imitación de Cristo” de Tomás de Kempis

Homilía dominical del Padre José Antonio

53° Clase de Filocalía – La necesidad de la humildad

Encuentro virtual

Queridas hermanas y hermanos, aquí les dejamos el vínculo al encuentro virtual de mañana Sábado 1° de Mayo, para quién desee conversar un rato; nos enfocaremos especialmente sobre lo tratado en la clase 52° de Filocalía o acerca del tema de la “No reacción” que publicamos ayer. Será si Dios quiere a las 15 horas de Argentina, 20 horas de España y equivalentes. Un abrazo fraterno, invocando el Santo Nombre de Jesús.

http://meet.google.com/yew-stip-dio

Enlaces de hoy:

Santa Catalina de Siena

Aceptación de la vida

Momentos de la oración

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“Hay momentos en que la oración surge con mucha facilidad. Como si nunca se fuera a ir. Como si siempre hubiera estado y fuera a estarlo por siempre. De pronto desaparece, forma como manchas de ausencia. Sabemos que está ahí, nada más desocuparnos volverá. Los días se vuelven lisos, resbalamos por ellos sin dejar huella.

Retornamos conscientemente a la oración y los días se hacen porosos, sin darnos cuenta, como si donde había un muro de cemento armado hubiera aparecido una pared ladrillos, con huecos para poner libros o macetas o donde se puede echar a dormitar un gato. Una pared donde la vida puede demorarse.

Y vuelve la demora, el sosiego. La oración, que se desenvuelve en el tiempo, nos regala esos huecos de eternidad, donde se instala la vida. Sin que notemos saltos o interrupciones, apenas un pozo aquí y allá donde las aguas se demoran y podemos dejarnos estar, sin nada que nos turbe”.

Andrés Schmidt – Escritor – Practicante del Camino del Nombre.

Centro de Espiritualidad Ignaciana

La práctica de la “No-Reacción” 1° parte y 2° parte

La vida oculta en Dios

“Según San Gregorio el Magno, la vida contemplativa y la vida eterna no son dos cosas diferentes, sino una sola realidad; una es la aurora, la otra el mediodía. La vida contemplativa es el principio de la dicha eterna, su saboreo anticipado. Que la Reina del cielo nos conceda, pues, la gracia de comprender el estrecho vínculo que une esas dos vidas para vivir aquí abajo como si estuviéramos ya en el cielo.

Un alma interior es un alma que ha encontrado a Dios en el fondo de su corazón y que vive siempre con Él. Dios está en el fondo del alma, pero está allí escondido. La vida interior es como una eclosión de Dios en el alma. Mantengámonos en el centro de nuestra alma, en ese punto preciso desde el que podemos vigilar todos sus movimientos, para detenerlos o dirigirlos, según los casos. Vivamos o de Dios o para Dios, pero repitámonos que no se obra del todo para Dios sino cuando ya no se hace absolutamente nada para uno mismo. Se obra entonces porque Dios lo quiere, cuando Él quiere y como Él quiere, por estar siempre unidos en el fondo con Aquel de quien uno no es más que un dichoso instrumento.

… Elevaos hacia Dios constantemente. Dejad en tierra a la tierra. Vivid poco con los demás; menos todavía con vosotros mismos, pero lo más posible, si no en Dios, por lo menos cerca de Él. Cuando en el fondo de vuestra alma oigáis, dos voces contradictorias, conviene que escuchéis generalmente a la que habla más bajo. En todo caso, ésa es la que pide más sacrificios. ¡Y tiene tanto valor el sufrimiento bien entendido! Desliga y aproxima a Dios…”

Extraído de “La vida oculta en Dios” Robert de Langeac

En biblioteca de Cristianismo espiritual

Enlace de hoy:

Timete Deum

El corazón desierto

Cuando uno no sabe a dónde va… y eres como un ciego caminando a tientas…

Él te coge de la mano y te lleva.

Cuando el pensamiento está vacío… y el corazón está Desierto…

Es cuando dejas espacio libre para que Él cumpla en ti la Divinidad.

Es sólo en estado de inocencia… que Él te concede la Gracia.

Es sólo cuando ya no quieres nada y permaneces completamente vacío y desnudo…

que Él puede llenar tu corazón con su aliento… con su Amor.

Y… entonces te llega una gran Joya…

La Fe, la certeza, la confianza.

Monasterio de Vallbona, Lérida.1980 Eulalia Framis

Enlace de hoy:

Humildemente desde la debilidad

La calma posible

Serie sobre la oración IV

¿Qué vas a hacer hoy?

Pondré mi intención en hacer las cosas que tocan con la mayor calma posible. Buscaré cierta posición interior de confianza en la providencia. Cuando mi corazón se sitúa allí, todas las acciones son importantes, cobran significado aunque este permanezca sin formulación precisa. Los movimientos se vuelven tranquilos y armónicos. No me cuesta sentirme parte de una liturgia vital que se manifiesta en todos y en todas partes. Así da gusto vivir.

Pero hay dificultades, apremios, obligaciones, contratiempos… ¿Cómo hacer allí?

Dios quiere que lo encuentre en todo. ¿Puedes encontrarme en esto? ¿Y en esto otro? ¿Y también en esta situación particular? Su amor juega a las escondidas solo para que lo busque. Pretende que lo descubra también en la misma búsqueda. Quiero percibir su sagrada presencia en el día a día y a veces me doy cuenta de que ese “querer percibirlo” ya es Él mismo que me llama. Esta es una de las tantas formas de la oración.

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Enlaces:

San Rafael Arnaiz

Camino Cisterciense

El roce de la cercanía

“La oración está presente en todos los seres como un impulso hacia su fuente. En el reino del amor hay siempre un Tú por invocar, porque ese Tú es la condición misma de amar. Cuando el Amado se acerca, el amante desea que no se aproxime del todo para poder seguir yendo tras Él y seguir sintiendo el ardor que lo consume. Tal es el sentido de la oración  que todavía no es unión. Aunque vagamente lo desea, el “yo” no está maduro para morir.

La oración es posible porque hay dos. Cuando todo sea colmado, no habrá palabra ni hará falta oración porque todo estará repleto de Presenciación. Todavía no ha llegado el momento. Es el tiempo del gozo que produce el roce de la cercanía antes de que se consume la unión. Somos pasaje. No podemos ser si retenemos. Existimos como acto de donación de Quien comparte y cede su ser sin cesar. Nuestra existencia es pasar, dejarnos traspasar, convertirnos en oquedad, en umbrales por donde el Ser nos atraviese. La Fuente está siempre vertiéndose, derramándose por doquier.

Cuanta más apertura a la Apertura que nos origina, más crece la capacidad de ofrecernos. Nos hace partícipes de su condición. Lo que existe, existe como desbordamiento de la abundancia del Ser. Abiertos, nos damos en su darse. Tal es la paradoja de nuestro existir: Somos más cuanto más a través de nuestro vacío dejamos ser al Ser. El Ser es calmo y calma la sed. Cuando la criatura regresa, amansa su sed y queda anegada en lo que supera su capacidad de concebir y de comprender.

El vacío no se puede circunscribir, no es asible para el pensamiento capturador. Es plenitud porque colma los bordes del receptáculo. Desborda su razón de ser por aquello que contiene y no puede retener. No siendo es cuando más somos sin serlo, porque Dios tiene en nosotros la oportunidad de nacer. Lo que aparece en el término estaba en el origen, pero no lo sabíamos. Para eso venimos a la vida, para conocerlo, para experienciarlo en los diversos estratos de nuestro devenir…”

Javier Melloni sj

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El texto es una transcripción parcial del vídeo: “Sed de Ser” disponible aquí

IV Domingo de Pascua – Homilía Padre José

El velo de las pasiones

Serie sobre la oración III

¿Cómo hacer con las pasiones del cuerpo? Con ese apego a lo sensible, con los apetitos varios, con la avidez de lo corporal?

Hemos consentido al cuerpo desde siempre por imperativo cultural. Lo hemos considerado lo más importante y lo hemos sobreprotegido. Nos pusimos al servicio de nuestro cuerpo en vez de situarlo como herramienta al servicio del espíritu. De tal manera, hoy se ha transformado en un niño malcriado y caprichoso, que nos tiraniza y que cuando no consentimos se pone a chillar para doblegarnos. Hemos de reeducarlo con astucia e inteligencia. Con afecto pero con firmeza. Hemos de ir quitándole caprichos muy poco a poco, hasta que se conforme con lo necesario, con aquello que le hace bien, que lo hace sentirse mejor de verdad. Cuando al cuerpo le damos solo lo necesario deja de ser un velo que oculta la presencia de Dios. Pero hay que ser pacientes y humildes. Puede llevar años dependiendo de cuan oprimidos estemos bajo su yugo. De todos modos, cualquier esclavitud por pequeña que sea de la que te libres es un buen alimento que hace crecer al espíritu.

¿Qué es lo que más daña al cuerpo?

La inmoderación, en cualquier aspecto y la preocupación mental; que se manifiesta como múltiples tensiones contractivas que impiden el buen funcionamiento orgánico. Has de apreciarlo correctamente. Si odias tu cuerpo por la razón que sea, termina sintiéndose mal como una mascota a la que no damos cariño. El cuerpo está a tu servicio y no a la inversa. Cuando lo acostumbras a esto se siente bien porque así fue creado, como instrumento al servicio del espíritu que es tu verdadera esencia, el hijo de Dios inmaterial que vive en ti.

En síntesis, no le pidas al cuerpo que cumpla el papel de Dios. No podrá darte la plenitud que buscas y que solo la presencia divina puede dar. Utiliza una ascética inteligente y humilde sumada a una oración fervorosa en la forma que tu prefieras y verás que empieza a hacerse dócil y a servirte…

elsantonombre.org

Clase 52° de Filocalía – “El velo de las pasiones”

Filocalía de Editorial Lumen

El arte de la oración

INFINITAS VECES LA MISMA INVOCACIÓN

“El Santo Padre también señaló que, la primera oración humana es siempre una recitación vocal. En primer lugar, se mueven siempre los labios. Aunque como todos sabemos rezar no significa repetir palabras, sin embargo, la oración vocal es la más segura y siempre es posible ejercerla. Los sentimientos, sin embargo, aunque sean nobles, son siempre inciertos: van y vienen, nos abandonan y regresan. No solo eso, también las gracias de la oración son imprevisibles: en algún momento las consolaciones abundan, pero en los días más oscuros parecen evaporarse del todo. La oración del corazón es misteriosa y en ciertos momentos se ausenta. La oración de los labios, la que se susurra o se recita en coro, sin embargo, está siempre disponible, y es necesaria como el trabajo manual…

En este sentido, el Santo Padre afirmó que todos tenemos que aprender de la constancia de ese peregrino ruso, del que habla una célebre obra de espiritualidad, el cual aprendió el arte de la oración repitiendo infinitas veces la misma invocación: “¡Jesús, Cristo, Hijo de Dios, Señor, ten piedad de nosotros, pecadores!”. Si llegarán gracias en su vida, si la oración se hace un día suficientemente caliente como para percibir la presencia del Reino aquí en medio de nosotros, si su mirada se transforma hasta a ser como la de un niño, es porque ha insistido en la recitación de una sencilla jaculatoria cristiana. Al final, esta se convierte en parte de su respiración.

Por tanto, no debemos despreciar la oración vocal, concluyó el Papa Francisco, no es una cosa de niños o para la gente ignorante, no debemos caer en la soberbia de despreciar la oración vocal, ya que es una oración sencilla, nos la ha enseñado Jesús. Y sobre todo son las únicas, de forma segura, que dirigen a Dios las preguntas que Él quiere escuchar. Jesús no nos ha dejado en la niebla. Nos ha dicho: “¡Ustedes, cuando recen, digan así!”. Y ha enseñado la oración del Padre Nuestro…”

Extraído de Vatican News

Aquí el vídeo donde el Papa Francisco recomienda el Peregrino Ruso y la oración de Jesús

Los Salmos de hoy:

EL MURMULLO FILOCÁLICO

Vídeo anexo de Filocalía – Fin del primer módulo

“Un murmullo, un impulso atraviesa esos mil años de oración, esos mil años de búsqueda: el deseo de contemplar la belleza de Dios oculta en la Creación y el deseo de contemplar esa Belleza que está por encima de toda creación. Una sed incontenible, una sed insaciable. Pero, al mismo tiempo, una sed serena, apacible, una sed humilde, que aprende a esperar, a alcanzar su meta sin violentar nada ni a nadie. Sed de ver a Dios…

Hablamos de «visión» para referirnos al conocimiento perfecto, al conocimiento que ha alcanzado su plenitud. Un conocimiento que es amor al mismo tiempo, porque conocer a Dios es conocer el amor, ya que Dios es amor (1 Jn 4,8). Y conocer ese Amor supone ir transformándose en él y dejarse transformar por él. Así se van los tres dilatando (el conocimiento, la visión y el amor), a medida que crece la humildad, esa disposición del corazón que permite ir acogiendo más y más a Dios. Disposición interior que no es otra cosa que la limpieza, la pureza de corazón.

«Los Padres vigilantes»

El término griego para hablar de la vigilancia es nepsis, una virtud que es condición fundamental para comenzar, mantenerse y progresar en la vida espiritual: «La continuidad engendra la costumbre, y ésta otorga a la vigilancia una cierta densidad natural», escribía Hesiquio de Batos. Esta atención continua es la que hizo prudentes y sabias a las vírgenes del Evangelio (Mt 25, 1-13). En la doctrina filocálica, la vigilancia presenta una progresión: para los que comienzan, está vinculada al miedo a la muerte y al Juicio Final: «Velad, porque no sabéis cuándo será el día ni la hora» (Mt 25,13). Después, la vigilancia se convierte en un austero ejercicio de atención frente a todos los pensamientos que asaltan a la mente, para suprimirlos de raíz.

Gracias a esta rigurosa vigilancia, el espíritu alcanza una claridad interior muy equilibrada y penetrante, que lo defiende de toda turbación. De este modo, la vigilancia introduce en la plena hesiquía, palabra griega de difícil traducción que significa, a la vez, una paz, una calma, una ternura y dulzura inefables y permanentes en el corazón, gracias a la cual todo pensamiento se apacigua, y el monje puede entregarse a la contemplación pura, sin ser distraído por ningún movimiento interior ni exterior. Con palabras de Hesiquio de Batos:

«La vigilancia es un método espiritual que, mantenido con perseverancia y ardor con la ayuda de Dios, libera totalmente al hombre tanto de sus pensamientos y palabras llenos de pasión como de sus acciones perniciosas. La vigilancia proporciona también un conocimiento certero del Dios incomprensible y abre a los misterios divinos y escondidos. La vigilancia hace observar todos los mandamientos de Dios, tanto los del Antiguo como los del Nuevo Testamento, y concede todos los bienes de la vida futura. La vigilancia es propiamente la limpieza de corazón… una pureza que raramente se encuentra hoy en día, por culpa de nuestra negligencia. Ésta es la vigilancia que Cristo exaltó cuando dijo: `Felices los limpios de corazón, porque verán a Dios’»…

Extraído del libro “Conocimiento espiritual en Filocalía” de Javier Melloni.

Haz click aquí para el audio del primer capítulo

Dos enlaces:

Caprichos celestiales

Monasterio de Armenteira

El vigor de tu empeño

“Cuando la oración salmódica es guiada por la constancia y la atención, la cantidad es una cosa muy buena; pero es la calidad lo que le da vida al alma y también da fruto. La calidad de la salmodia y de la oración es el orar con el espíritu y con el intelecto…

… Cuando te suceda algo parecido(1) mientras salmodias con destreza, no te dejes sorprender por la acedia a causa del desánimo ni tengas más en cuenta el descanso del cuerpo que la utilidad de la oración en virtud de la lentitud del paso del tiempo; pero, donde tu intelecto sea tomado prisionero, allí detente. Si ello ocurre cuando finalizas el salmo, recomienza con buena predisposición y, cuando hayas encontrado el principio, continúa nuevamente con el curso del salmo, aun cuando tu intelecto permanezca prisionero más de una vez en una hora. Si procedes de esta manera, los demonios(2), al no soportar la paciencia de tu constancia y el vigor de tu empeño, se alejarán de ti llenos de vergüenza.

Debes saber con certeza que la oración continua es aquella que no concluye en el alma ni de día ni de noche; la que no es percibida por quién mira, ni en la rigidez de las manos, ni en la firmeza del cuerpo o el sonido de la lengua; pero es comprendida por quién sabe comprender, en la meditación espiritual del intelecto activo y del recuerdo de Dios, mediante una perseverante compunción…

Caps. 70, 73 y 74 en la Segunda Centuria (Capítulos naturales) de Nicetas Sthetatos en Filocalía – Vol. III de Ed. Lumen, pág. 440/1.

Notas: 1) Se refiere a lo dicho en el cap. 72 respecto del olvido respecto de lo que se está leyendo y a la sensación de que el tiempo pesa en cuanto a que transcurre con lentitud. 2) En Filocalía los demonios eran entendidos a veces como entidades angélicas caídas que asediaban al asceta; otras como medios de ayuda divina para percibir la debilidad del orante y quitarle su soberbia, o como los “logismoi“, es decir pensamientos erráticos y vagabundos. En ocasiones los monjes se referían a las propias tendencias encadenantes del alma del practicante tales como el apego a determinadas pasiones. (Comentario propio del blog)

Enlaces de hoy:

La consagración

Iniciación a la lectura de los padres

Acción y gozo

Prestancia del hombre interior: su vivir en conciencia

“… Volvamos a nuestro propósito. Decimos: El hombre es semejante a Dios cuando puede unir al mismo tiempo acción y gozo.  Pero ¿Cuándo se alcanza esto? Esto tiene lugar cuando el hombre interior se une íntimamente a Dios, de manera inseparable, por su pureza e intención profunda.

Mas este deseo habitual de Dios no es lo que comúnmente se entiende por ello; difiere de ello como el correr del estar sentado. Ese deseo es un tomar conciencia de Dios presente en el fondo del alma y desearle vivamente. Es conciencia interior que causa gozo al hombre, y, si bajo el impulso de la buena voluntad se aplica a las obras exteriores, según sea necesario,  no sale de la conciencia interior más que para volver a ella.

Es así como el hombre interior guía por la mano, muy sujeto, al hombre exterior. Algo así como el maestro cantero que tiene a sus órdenes a muchos aprendices y operarios; él no trabaja directamente, aparece rara vez por el taller, rápidamente pergeña el plan y la disposición de la obra, que cada cual luego ha de ejecutar. Esta dirección y maestría bastan para considerarle como el autor de todo… La obra se le atribuye por razón de sus órdenes e indicaciones y le es más personal que a cualquiera de los obreros que la han ejecutado.

Eso es exactamente lo que hace el hombre interior y transfigurado. Interiormente está en su gozo y, gracias a la luz de su prudencia, con un golpe de vista supervisa las facultades exteriores y asigna a cada una su tarea, de suerte que no quede ni un punto, por pequeño que fuere, sin concurrir al mismo fin… Así las obras más diversas convergen en la unidad…”

Extraído de “Sermón 13” de Juan Taulero

Enlaces de hoy:

La humillación

La vía del Desierto

Amigos de la Hesiquía

“La hesychía es una realidad algo compleja. Los latinos solían traducir este vocablo por quies, pax, tranquillitas, silentium… El término griego significa en los textos monásticos de la época que nos ocupa y en otros posteriores: a) «tranquilidad, quietud, como estado de alma necesario para la contemplación»; b) «tranquilidad, como estado de separación del mundo», y equivale a «soledad». En esta última acepción implica una doble connotación de silencio y soledad, y a veces va unida a anachóresis; como término técnico designa la «vida solitaria del hesicasta, concedida a monjes que la desean, sea temporal, sea permanentemente».

«El amor del silencio y de la soledad—ha escrito Hausherr—es la dialéctica de la oración». La hesychía, en fin de cuentas, es el amor, efectivo y convertido en género de vida, del silencio y la soledad en orden a alcanzar la verdadera oración y la auténtica contemplación. Es llevar la lucha por la oración hasta el último extremo. «Cuando yo vivía en el estado monástico—escribe el obispo Teodoreto de Ciro—, a todos los bienes de la tierra prefería la hesychía». «Ante todo, sed amigos de la hesychía», leemos en una carta del gran hesicasta que fue San Arsenio. Las recomendaciones, los elogios de la hesychía, son frecuentes y entusiastas en nuestros autores. Hesychía, en los textos monásticos, suele tener dos sentidos principales, como hemos visto. A veces designa un estado de vida; otras, un estado del alma. Hay, por tanto, dos clases de hesychía: una física y otra espiritual.

Extraído de “Historia del monacato primitivo” de García Colombás, (BAC) pág. 692 – “Oración y contemplación”

Homilía del Padre José Antonio

Mística de la tiniebla

Gregorio de Nisa elabora su teoría—llamada «mística de la tiniebla»—dentro del marco de las visiones de Moisés. Según la Biblia, Dios se manifestó a Moisés primero a la luz del día, luego en la nube y, finalmente, en la tiniebla. He aquí la imagen del progreso en la verdadera gnosis. La teofanía luminosa simboliza la remoción de toda idea falsa sobre Dios; la manifestación en la nube, la remoción de lo sensible para contemplar las realidades escondidas; en fin, la manifestación en la tiniebla, el ingreso del alma, despojada de toda ayuda humana, en el santuario del conocimiento de Dios.

Esta última es la gnosis verdadera y plena. «Dios permanece siempre infinitamente misterioso; la verdadera visión consiste en no ver; y, en este remontarse más allá de todo conocimiento, el alma experimenta el ‘sentimiento de la presencia’ divina en la noche. Presencia de Dios en el alma, y del alma en Dios. ‘Compenetración mutua: Dios viene al alma, y el alma, a su vez, se transporta en Dios’: la misma gnosis es dejada atrás» He aquí el texto tal vez más significativo:

«La gnosis religiosa es, en primer lugar, luz cuando empieza a aparecer… Pero cuanto más llega a comprender el espíritu, en su caminar hacia adelante, qué cosa sea el conocimiento de las realidades y se acerca más a la contemplación, tanto más comprende que la naturaleza divina es invisible. Habiendo dejado todas las apariencias, no sólo lo que perciben los sentidos, sino lo que la inteligencia cree ver, se dirige cada vez más hacia el interior, hasta que penetra por el esfuerzo del espíritu, hasta el Invisible y el Incognoscible, y allí ve a Dios. En efecto, el verdadero conocimiento de aquel a quien está buscando y su verdadera visión consiste en no ver, porque aquel a quien busca excede todo conocimiento, rodeado por todas partes por su incomprensibilidad como por una tiniebla»

De “El paraíso recobrado” en “Historia del Monacato primitivo” de García Colombás; pag. 659 (BAC)
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Estimadas hermanas y hermanos en Cristo Jesús: Mañana viernes 16 de abril, estaremos disponibles a las 19 hs. de Argentina y horarios equivalentes, por si alguien quiere conversar sobre las temáticas que tratamos en el blog. Será en la aplicación Meet en este enlace:

http://meet.google.com/cva-bzkg-cme

El recuerdo de sí

Serie sobre la oración II

Hermano… ¿Cómo hacer para recordarnos a nosotros mismos durante la jornada y no caer en las divagaciones? Sobre todo al principio le pregunto, porque ya me dijo usted que una vez que se agarra la costumbre esto se hace más fácil, como cuando uno echa a andar una rueda por una pendiente. ¿Pero en los comienzos, cuando uno anhela la oración incesante y apenas si se acuerda del propósito durante el día?

Uno debe apelar a cualquier medio a la mano. A mi me ha servido mucho usar elementos que me llamaran la atención. Durante años he llevado una cruz pequeña de madera, lisa y simple nomás, entre los dedos de una mano. Durante todo el día en cualquier actividad, sostener esta pequeña cruz en una de las manos. ¿Qué sucedía? Que a cada rato se me extraviaba la cruz y por lo tanto caía en la cuenta que había perdido la división atencional. Me había ido tras los pensamientos interminables. Así es que me ponía a buscarla por todas partes. Y cuando la encontraba solía darme cuenta sin esfuerzo de como es que se había perdido el recuerdo de mí mismo y por lo tanto el recuerdo de la oración y el recuerdo de la presencia de Dios.

¿Qué entiende usted por recuerdo de sí mismo? Observar todo siendo consciente de que lo estás observando. Es como si te situaras como un sujeto que observa objetos. “Aquí estoy yo que miro las nubes o la flor o el perro… y allá está el objeto”. Esto es una fase inicial tan solo, te hace consciente del espacio entre las cosas y ya te lleva sin que te des mucha cuenta hacia una consciencia más global y amplia que es propiamente el ámbito de la oración. La oración que se da en ese espacio encarna en ti con mayor facilidad.

Antes de cocinar las verduras las debes lavar, pelar, poner la olla al fuego y demás. Del mismo modo, antes de la oración incesante debes preparar el ámbito en ti. Esto implica ser consciente de tu propia presencia durante la jornada. Te haces consciente de ser y estar y dejas de vivir en el piloto automático, en esa duerme-vela distraída donde la vida no se vive sino que pasa muy levemente como algo casi onírico. Antes de percibir la presencia de Dios hay que percibir la propia presencia que es consciencia. Luego cuando esto es fuerte e intenso llega el momento de vaciarse de sí mismo para ser consciente solo del Ser de Dios.

Utiliza un recordatorio como el de la cruz en la mano o poner carteles pequeños en diversos lugares de la casa o lo que a ti te sirva para recordarte, ponerte consciente y atento y volver a la oración. Por cierto esto no se puede hacer si vives muy de prisa. Introduce la calma en tus acciones, en la medida que puedas. Para percibir el espacio entre las cosas y eso que hay entre cada sonido o pensamiento hay que estar muy presente y vivo. Eso requiere atención decidida pero amable, sin forzamientos. Primero eres un sujeto que observa objetos mientras repites la oración. Luego eres como un testigo del sujeto y el objeto mientras la oración se hace casi por si sola. Mas tarde, por decirlo de algún modo, descubres que la oración o esa búsqueda de Dios es lo que realmente eres. Un acto en pos de lo divino, solo eso…

elsantonombre.org

Enlaces de hoy:

Homilía sobre San Vicente Ferrer en la catedral de Valencia del Padre José Antonio y Texto de la homilía en español

El sitio de la oración

– Pregunta acerca de las imágenes para orar y de cómo organizar el sitio destinado específicamente a la oración.

Estimado Amigo y hermano, te saludo invocando el Santo Nombre. Todo lugar es propicio para orar y nuestra vida misma es oración si nos ubicamos en la actitud correcta de confianza en Dios y de entrega a lo que percibamos como Su voluntad. Pero es cierto también, que mucho necesitamos de momentos especiales de oración y recogimiento, de dedicación exclusiva a la repetición del Nombre de Jesús, momentos en los cuales abrimos particularmente nuestros sentidos espirituales al abrazo de Su presencia.

Estos fragmentos de tiempo que intercalamos a lo largo de nuestra jornada, tienen también una expresión en el espacio. Un lugar consagrado a la oración y al silencio, a la espera de Su palabra. Es muy bueno, necesario y útil, reservar un sitio en nuestra casa solo para la oración. Este pequeño oratorio y sus disposiciones son sin duda muy personales, tanto como nuestros sentimientos al orar. Me pides algún consejo a este respecto; antes que nada ten en cuenta que en esto rige también, aquello que vale para la oración de Jesús y la frase a utilizar.

El modo será el que más nos facilite el contacto con lo sagrado. Personalmente utilizo iconos, de los cuales valoro sobre todo su peculiar morfología, que tiende a destacar las virtudes de aquél que se evoca a través de la imagen. Tienen los rasgos y la disposición de los gestos y la estilizada figura en general algo que nos induce a elevar el espíritu, aunque muchas veces ni nos demos cuenta. Representaciones de iconos antiguos, escritos por manos diestras y orantes, son de mucha ayuda; siempre y cuando su particular estética resuene en vuestro interior. Nuestra biografía nos “educa” un particular gusto y muchas veces lo bello para unos es desagradable para otros. Uno debe sentir afecto hacia la imagen, antes que nada por aquello que evoca, por lo que representa.

No adoramos a las imágenes sino lo que ellas nos traen a la memoria, lo que ellas suscitan en nosotros. Hay gente que prefiere las representaciones escultóricas, otros figuras al óleo, otros recurren a los crucifijos o a diversas estampas. En ocasiones no es la imagen en si lo que ayuda a recordar a Dios sino la persona aquella a la que la tenemos asociada. Organiza y dispone tu sitio de oración con verdadera unción y reverencia, con afecto hacia Quién nos ha dado todo lo que somos y tenemos. Es importante que sientas que se corresponde a tu espacio interior de oración, que en cierto modo, representa a tu corazón. Tal es así que muchas veces el oratorio va cambiando según la etapa espiritual que se atraviese. Los hay cargados y detallados, ornamentados y otros despojados, casi desérticos. Así somos, distintos y es desde nuestra diversidad como llegaremos a la unidad.

Es importante también, en la medida de las posibilidades, que no se utilice para otra cosa o lo menos posible. Es muy común reservar y cuidar mucho el ámbito para recibir a las visitas, ¿no merece otro tanto Nuestro Señor? Es cierto que tendemos al silencio, que queremos ir hacia lo simple, que la oración de Jesús nos va preparando para una concentración en lo único necesario. Pero aceptemos que estamos de camino y que mientras nos dirigimos a eso anhelado, todavía dependemos de algún sentido para orientarnos. Por eso, tanto las imágenes, como los lugares, las luminarias y hasta algún canto pueden servirnos para apoyarnos y desde allí, elevarnos.

Publicado originalmente en 2012 en el Blog Hesiquía

Elsantonombre.org

Enlaces de hoy:

Los dulces de mi convento

Del blog Caminante

Imagen extraída de Domingo Cosenza

El recuerdo de Dios

Óleo sobre tela 50 x 70 cms. con bastidor – bloghesiquia@gmail.com

La práctica del «recuerdo de Dios» ha sido y sigue siendo una de las más útiles para facilitar la rendición y anonadamiento del ego; “Cuando cerramos todas sus salidas con el recuerdo de Dios, el intelecto exige absolutamente de nosotros una obra que satisfaga su necesidad de actividad. Por lo tanto, deberemos darle solamente el Señor Jesús, como íntegra aplicación para su objetivo” (Filocalía, vol. I, Diádoco de Fótice, Definiciones)

La recordación, es decir, el hábito de tener la mente ocupada en pronunciar o invocar los nombres de Dios, debe prolongarse hasta llegar a ser casi incesante; “cuando andas, cuando comes, cuando bebes y cuando no haces nada”. Su fin es recoger los pensamientos dispersos en las preocupaciones terrenas para dirigir hacia Dios el espíritu concentrado y purificado. De esta manera, cuando la mente es privada de su alimento ordinario (los pensamientos erráticos) se vuelve sobre sí misma.

O dicho en otros términos, cuando el ego deja de apropiarse o de alimentarse de deseos y pensamientos, se debilita y acaba por fenecer de inanición; “Cuantas veces suceda que se multipliquen en nosotros los pensamientos, les arrojaremos nuestra invocación a nuestro Señor Jesucristo y los veremos de inmediato disueltos como humo en el aire, tal como la experiencia nos enseña; y entonces habiendo dejado solo al intelecto, empezaremos de nuevo con la atención continua y la invocación.

Y cada vez que pasemos por esta prueba, actuaremos así… manteniendo siempre la hesiquía (quietud) de nuestro intelecto, incluso respecto de los pensamientos que parecen ser buenos; teniendo cuidado de estar vacío de pensamientos, de modo que los ladrones no se escondan allí” (Filocalía, vol. I, Hesiquio, Discurso sobre la sobriedad).”

de pags. 329/330 en “Historia de los métodos de meditación no dual” de Javier Alvarado

Enlaces de hoy:

2° domingo de Pascua

Los salmos

En la noche luce la estrella

Queridas hermanas y hermanos: hoy 10 de abril estaremos disponibles por si alguien quiere conversar un rato sobre las temáticas del blog o cualquier otro tema que les parezca de interés, a las 15 hs. de Argentina, 20 hs. de España y horarios equivalentes. Aquí el enlace a la reunión: meet.google.com/zue-kkja-mrv

Os dejamos también aquí la publicación correspondiente al día de hoy, con un breve extracto de texto y una entrevista al Padre Moratiel, que nos parece muy clara, simple y profunda; la recomendamos mucho. Un abrazo fraterno, para todos invocando a Cristo Jesús.

“Frecuentemente me han preguntado cómo ha aparecido en mi vida el silencio; por qué me he decidido a vivir esta aventura. La respuesta, de repente, es bien sencilla. Por debilidad, por necesidad. Como si fuera mi punto flaco. No hay nada extraordinario ni asombroso en todo esto. Y es como una herida que no tiene cura. Hay edades en que uno vive más bien pasión por la palabra; otras, en cambio, se experimenta pasión por el silencio.

Uno se puede sentir como arrojado al silencio gracias a las insatisfacciones que es innecesario nombrar. Pero no puede por menos que confesar que la insatisfacción que preside las bienaventuranzas de Jesús, las que dice el evangelio y las que sugiere, son provocadoras del silencio. Y es cierto que se desembarca en el silencio al cerrarse todas las puertas y todas las salidas, aunque el verdadero callejón sin salida es el silencio mismo. Pues, ¿Dónde ir si estás en un mar sin costas, sin periferias?; pero esa plenitud es la más inmensa belleza…

… Otro interrogante que me han propuesto es cómo siendo dominico he puesto el acento, de alguna manera, en el silencio. Mi padre santo Domingo es el santo de la Palabra. Pero también, y antes, es el santo del silencio. Y es que la palabra no es nada sin el silencio. Como si la palabra buscara su contrario o su aparente enemigo, en el silencio. Y así el silencio viene a ser como el lecho y el alumbramiento de la Palabra. La misma oración se puede expresar como la alianza, las bodas, del silencio y la Palabra. Palabra y silencio no son rivales. En la oración, uno el hombre pone el silencio y Dios pone la Palabra. Es en la noche donde luce la estrella, y es en el silencio donde es vista la Palabra. La Palabra desprendida del silencio se vuelve plenamente palabra al ser acogida en el silencio que le da sonoridad”.

Extraído de “Conversando desde el silencio”

¡Gracias Andrea por enviarnos la entrevista!

Camino de Contemplación

Hay un silencio el cual es médico y terapeuta.

Hay un silencio ante Dios en el cual el recogimiento es un buscador de perlas, donde se sumerge en las profundidades del ser humano y asciende a la superficie con la herida que no había sanado ni reconocido y que le oprimía. Su descubrimiento duele, pero Dios puede hacerse cargo de la herida y sanarla, pues el recogimiento verdadero es Dios mismo.

Trae a la consciencia las heridas ocultas y desconocidas y puede curarlas por completo. Sólo debes dejar que emerjan a la consciencia y padecerlas ante la mirada amante de Dios. Esta mirada sanadora tiene una delicadeza que más de un terapeuta envidiaría. Trae a la consciencia las heridas en el orden en que se hallan en el interior del ser humano. Nunca expone una llaga más profunda que otras que deben sanar antes.

La persona no tiene que curar sus heridas por si mismas, ni tan siquiera analizarlas. No tiene necesidad de desmenuzarlas. Basta con que las contemple y las padezca en presencia de Dios.

Sólo su mirada…sólo Dios las disolverá.

Frank Jalics

¡Gracias Encarna por el texto!

“Haz la salmodia con la boca, pero con la voz en silencio y la guía del intelecto, no soportando dejar sin consideración nada de lo que dices; pero, si alguna cosa huye de tu intelecto, retoma el verso cada vez que suceda, hasta que tengas el intelecto atento a seguir lo que dices, puesto que el es capaz, mientras salmodias con la boca, de recordar a Dios”. Teolepto de Filadelfia en Filocalía

El detenimiento

Serie sobre la oración I

Una de las prácticas más útiles para la vida de oración que he conocido es la del detenimiento. Como pasa en esas películas que vienen en velocidad normal y de repente cambian la música y se enlentece el fluir de las imágenes. Todo se aprecia mejor. Uno ve la hoja que cae danzando detrás del actor y una paloma que vuela despacito como flotando allá detrás y a lo lejos. Y se observa mejor como se construyen los gestos del personaje mientras camina introspectivo… luego todo se detiene y la cámara mira desde diferentes ángulos.

Bueno eso mismo podemos hacerlo en nuestra vida. Efectuar pequeños altos a lo largo del día. Sencillamente disminuimos nuestro ritmo para quedarnos quietos unos momentos y permanecer presentes a ese instante completamente. Es decir me quedo quieto y atiendo. ¿A qué? A todo. Puedo ir focalizando en distintas partes o atender globalmente. Hay que ver lo que mejor le sienta a cada uno. El punto es parar y si hay verdadera atención en pocos instantes aparece la oración. Veamos con más detalle.

Uno puede detenerse en cualquier momento propicio sin llamar mucho la atención. Durante la caminata en el parque, en algún momento oportuno en la oficina o en casa durante las tareas, en fin, cuando se pueda. Tratamos allí de ser un punto fijo que mira el movimiento alrededor. Sentir el cuerpo ayuda para anclarse o por ejemplo sentir las plantas de los pies contra el suelo, eso nos sitúa. Luego miro el panorama que esta en frente. Lo que sea. Y puede ser mejor si trato de mirar sin fijar nada en particular sino la escena global.

Me hago consciente del cielo encima, con algunas nubes, de los árboles allá que se mecen suave, de un perro que se hace el distraído mientras se acerca, de los sonidos distantes de los coches, de la brisa en la cara, de las asociaciones de pensamientos que desde la memoria “hablan” sobre lo que se ve, etc. Aquí estoy yo, “el sujeto” que mira “objetos” diversos. Respirar, simplemente tratando de estar ahí, viendo, sintiendo, viviendo eso y nada más. Testifico. Cómo si fuera una cámara que registra algo para la posteridad, una milésima del tiempo en el espacio irrepetible.

Esto realizado con frecuencia provoca cambios; es curioso pero nos va transformando el modo de ser y de estar. En ocasiones, estando allí mirando, sintiendo, respirando y existiendo… aparece una especie de presencia envolvente, como si hubiera un espectador que no está a la vista. Que no es el sujeto ni los objetos. Uno se descubre mirado y a la vez amado. No se puede decir mucho porque sino se arruina lo que se quiere decir. En realidad todos sabemos de esto, de esta intuición o presentimiento de lo sagrado. Es como un aire que no es aire pero que está en todos lados.

¿Y la oración donde está en todo esto? La oración empezó en el momento mismo en que tuviste el coraje de detenerte. De salirte brevemente al costado del frenesí. O en el momento en que te diste cuenta que se te estaba llamando a la oración. Empezó como un mínimo acto de conciencia: “Voy a parar un instante”. Y se continuó en todo lo demás. Mirar con atención es orar con la mirada. Y lo mismo al escuchar, al sentir y lo demás. Y suele suceder, puede llevar algún tiempo; que en algún momento de este atender en cierta quietud, uno escucha algo extraño que parece venir del corazón. Como un ritmo o un aliento indefinible y sin saber porque se siente como sagrado.

Se siente sagrado lo visto y uno mismo parece sacralizarse y entonces se comprende mejor a los que dicen que dentro de todos hay un recinto secreto o un templo escondido en el cual se entonan los salmos de alabanza. ¿Y si hago esto pero sin embargo no siento nada de eso que se describe? ¿Si por el contrario me quedo quieto y no sé que hacer o me siento extraño y confundido? Buena pregunta. En ese caso miras la confusión y la extrañeza, las sientes, las vives enteramente y puedes decir:

¡Oh Señor no me doy cuenta de tu presencia… pero como me gustaría percibirte! ¡Cómo me gustaría que dejaras de ser idea o anhelo o creencia y que fueras para mí certeza inamovible… cómo me gustaría! Pues pocas oraciones dan tanto fruto como esa. Es un clamor milenario de la humanidad toda, presente en el propio corazón y que se hace desde el ahora.

elsantonombre.org

Leer algún salmo con voz audible, en la calma del cuarto, con tranquilidad y saboreándolo con el corazón, es una forma muy útil para acercarse a la profundidad del alma. Incluso, repetir su lectura varias veces, permite que afloren significados nuevos que dan luz a nuestras situaciones. La vida monástica se asienta mucho en la salmodia y los autores de Filocalía la utilizaban mucho también. Si tu practicas con frecuencia la salmodia y quieres contar tu experiencia o tienes alguna duda respecto al tema de la oración, escribe en los comentarios del blog. Un abrazo fraterno en la invocación de Jesús resucitado.

La meditación continua y el recuerdo de DIos

Queridas hermanas y hermanos: Iniciamos estos días de prácticas en torno al tema de la oración en sus diversas formas sugiriendo la lectura del texto que sigue. Nos parece adecuado para iniciar un intercambio sobre los varios temas que están incluidos en estos pocos párrafos. En base ellos basaremos las reflexiones de los primeros días en esta ejercitación. Cualquier comentario es bienvenido. También os dejamos abajo un audio con los cinco primeros salmos leídos con cadencia meditativa. Su lectura o escucha puede predisponer el ánimo a la oración para un posterior aquietamiento. Un saludo fraterno para todos invocando el Santo Nombre de Jesús.

“Si bien se aconseja la práctica de la meditación o de la contemplación durante ciertos momentos del día, el resto del tiempo puede ser empleado en evitar que la mente vague errática presa de sus ensoñaciones. Algunos maestros espirituales recomiendan ocupar la mente en la recitación lo más constante posible de una frase para propiciar el recogimiento continuo. Desde los primeros siglos del cristianismo han existido diversas fórmulas breves de oración para facilitar la recordación continua. Casiano recomendaba: “Oh Dios, ven en mi ayuda, Señor apúrate en socorrerme”.

La más antigua y común es Señor, ten piedad de mí, o también: Oh Dios, ¡ten compasión de mí, que soy pecador!, cuyo origen se hacía retrotraer nada más y nada menos que al propio Adán; “Que se siente vuelto hacia el oriente como antiguamente Adán y que medite así. Adán en su tiempo se sentó y lloró frente a las delicias del Paraíso. Con sus manos se golpeaba el rostro y decía: “Oh Misericordioso, ten piedad de mí que he caído” (Pedro Damasceno, Filocalia, vol. III). Con ello la mente va perdiendo paulatinamente el hábito de apropiarse de los pensamientos.

Así, al alejarse de los pensamientos, también se irá perdiendo progresivamente el interés por los objetos pensados. Ese es el camino del desapego. En suma, debemos “buscar la morada y golpear a la puerta, con perseverancia, mediante la oración [Mt 7, 7]” (Filocalia, vol. I, Marcos el asceta). De esta manera, “en cuanto Dios, está siempre dentro de mí, recógete en Dios, que toda la noche estás en oración o por lo menos se cuenta como si la tuvieras…”. Cualquier momento del día o de la noche es apto para la meditación, incluidos los momentos aparentemente más triviales; “Adonde quieras que te hallares que no tienes qué hacer, recógete con Dios, aun estando haciendo tus necesidades, has de procurar estar recogido”.

La verdadera paz interior consiste en tener el corazón “siempre fijo y firme en el amor de Dios por un continuo y nunca interrumpido deseo, de manera que ninguna otra cosa apetezca”. De esta manera, llegará un momento en que el otrora hábito de “estar en presencia de Dios” se tornará tan natural y espontáneo que acabará dando paso a una forma sutil, constante y superior de existencia en la que el ego es desactivado y transcendido para dar paso a un estado de autoconsciencia lúcida y serena. La oración continua, también llamada recordación de Dios, no es un exceso, sino un mandamiento del Señor: Hay que rezar siempre sin cansarse, rezad incesantemente.”

Pag. 328 en Capítulo XI de “La ciencia y el arte de la meditación en el cristianismo” en el libro “Historia de los métodos de meditación no dual” de Javier Alvarado

En los Salmos, encontramos dos formas principales de la oración: El pedido de ayuda y la alabanza a Dios. Sin embargo, atravesado el significado literal y luego el simbólico, la oración se convierte en silencio donde no hay necesidad de palabras y pensamientos.

Orad sin cesar

Diversas prácticas de oración hasta Pentecostés

Hermanas y hermanos, queridos en Cristo Jesús: en el vídeo les presentamos la intención de estos próximos días de ejercitación, que iniciaremos mañana jueves; en torno a las diversas formas de oración que podemos practicar según la etapa espiritual en la que nos encontremos, según la preferencia personal y/o la circunstancia que atravesamos en nuestra vida. Utilizaremos para ello los salmos, los evangelios, textos de diversos místicos cristianos y haremos también nuestros propios comentarios y reflexiones. Están invitados a comentar, realizar aportes de vuestras propias experiencias de oración o meditación, a efectuar consultas y a participar en las reuniones virtuales que realizaremos. Quizá, ayudados por la gracia siempre presente, podamos profundizar en esta temática, para que nuestra vida misma se convierta en oración incesante del corazón. Un abrazo fraterno para todos, invocando el Santo Nombre de Jesús.

Próximos encuentros virtuales: Sábado 10 de abril a las 20 hs. de España (15 hs. de Argentina) y viernes 16 de abril a las 19 hs. de Argentina (00 hs. de España) y equivalentes. Será por la aplicación Meet a través del enlace que publicaremos esos mismos días, aquí en la portada del blog.

Si quieres mandar textos, audios o vídeos donde aportas sobre estos temas, o difundir un sitio web envíalos a bloghesiquia@gmail.com

Si puedes y quieres haznos llegar alguna aportación económica en esta página: Donaciones

Dios en el corazón

¡Feliz Pascua de Resurrección hermanas y hermanos! Invoquemos al resucitado para que aprendamos a morir a nosotros mismos, y de este modo, resucitar cada día mediante una conversión continua. Un abrazo fraterno para todos, invocando el Santo Nombre de Jesús.

Anoche cuando dormía

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que una fontana fluía
dentro de mi corazón.

Di, ¿por qué acequia escondida,
agua, vienes hasta mí,
manantial de nueva vida
de donde nunca bebí?

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que una colmena tenía
dentro de mi corazón;

y las doradas abejas
iban fabricando en él,
con las amarguras viejas
blanca cera y dulce miel.

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que un ardiente sol lucía
dentro de mi corazón.

Era ardiente porque daba
calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba
y porque hacía llorar.

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que era Dios lo que tenía
dentro de mi corazón.

Antonio Machado

Enlaces de hoy:

Domingo de resurrección

La gran fiesta

Ninguno más libre

Cuán pocos son los que aman la Cruz de Cristo.

1. Jesucristo tiene ahora muchos amadores de su reino celestial, mas muy pocos que lleven su cruz. Tiene muchos que desean la consolación, y muy pocos que quieran la tribulación. Muchos compañeros halla para la mesa, y pocos para la abstinencia. Todos quieren gozar con Él, mas pocos quieren sufrir algo por Él. Muchos siguen a Jesús hasta el partir del pan, mas pocos hasta beber el cáliz de la pasión. Muchos honran sus milagros, mas pocos siguen el vituperio de la cruz. Muchos aman a Jesús, cuando no hay adversidades. Muchos le alaban y bendicen en el tiempo que reciben de Él algunas consolaciones: mas si Jesús se escondiese y los dejase un poco, luego de quejarían o desesperarían mucho.

2. Mas los que aman a Jesús, por el mismo Jesús, y no por alguna propia consolación suya, bendícenle en toda la tribulación y angustia del corazón, tan bien como en consolación. Y aunque nunca más les quisiese dar consolación, siempre le alabarían, y le querrían dar gracias.

3. ¡Oh! ¡Cuánto puede el amor puro de Jesús sin mezcla del propio provecho o amor! ¿No se pueden llamar propiamente mercenarios los que siempre buscan consolaciones? ¿No se aman a sí mismos más que a Cristo, los que de continuo piensan en sus provechos y ganancias? ¿Dónde se hallará alguno tal, que quiera servir a Dios de balde?

4. Pocas veces se halla ninguno tan espiritual, que esté desnudo de todas las cosas. Pues ¿Quién hallará el verdadero pobre de espíritu y desnudo de toda criatura? Es tesoro inestimable y de lejanas tierras. Si el hombre diere su hacienda toda, aún no es nada. Si hiciere gran penitencia, aún es poco. Aunque tenga toda la ciencia, aún está lejos: y si tuviere gran virtud y muy ferviente devoción, aún le falta mucho; le falta cosa que le es más necesaria. Y esta ¿Cuál es? Que dejadas todas las cosas, deje a sí mismo y salga de sí del todo, y que no le quede nada de amor propio. Y cuando ha hecho todo lo que conociere que debe hacer, aún piense no haber hecho nada.

5. No tenga en mucho que le puedan estimar por grande, mas llámese en la verdad siervo sin provecho, como dice Jesucristo. Cuando hubiereis hecho todo lo que os está mandado, aún decid: Siervos somos sin provecho. Y así podrás ser pobre y desnudo de espíritu, y decir con el profeta: Porque uno solo y pobre soy. Ninguno todavía hay más rico, ninguno más poderoso, ninguno más libre, que aquel que sabe dejarse a sí y a toda cosa, y ponerse en el más bajo lugar.

Extraído del Libro Segundo, Capítulo XI, de “La Imitación de Cristo” de Tomás de Kempis

Imagen extraída de: Misioneros y peregrinos

Enlaces:

La pasión de Cristo (film)

Viernes Santo

En Getsemaní

Conciencia de Cristo

Unitas mentis

Conciencia amorosa del cristiano “monje”

“El amor progresa hasta alcanzar una cierta semejanza con aquel amor que hizo a Dios semejante al hombre por la humillación de la condición humana, para hacer al hombre semejante a Dios por la glorificación de la participación en la divinidad. Entonces se hace dulce al hombre con-humillarse con la majestad suprema, con-empobrecerse con el Hijo de Dios; conformarse a la sabiduría divina, teniendo en sí los mismos sentimientos de Cristo Jesús, nuestro Señor.

El corazón piadoso tiende con tal ardor hacia este Bien, por amor del Bien en sí mismo, que no puede apartarse de él hasta que no se haya hecho una sola cosa o un solo espíritu con él… por la fe y la esperanza ya goza en su conciencia de aquel a quién ama… y el que hasta ahora había sido solitario, o solo, deviene uno; la soledad de su cuerpo se transforma para él en unidad de mente. «in unitatem mentis»

Esta unidad del hombre con Dios «unitas hominis cum Deo» o semejanza divina, en la medida que se aproxima a Dios, hace que la parte más elevada del hombre conforme a sí misma a lo que está debajo y ésta, a su vez, a la más inferior, de modo que el espíritu, el alma y el cuerpo ordenados a su fin… hagan que el hombre comience a conocerse perfectamente a sí mismo, y por ese conocimiento de sí, se eleve hacia el conocimiento de Dios”.

Extraído del anexo a “Carta de oro” de Guillermo de Saint Thierry: “El crecimiento dinámico de la vida espiritual” del padre Juan Carlos Leardi, o.c.s.o – Monasterio Trapense Nuestra Señora de los Ángeles, Azul, Argentina, 2003

Imagen: “LA MÍSTICA CENA DEL SEÑOR”, icono ruso, s. XV.

Aquí la homilía del Padre José Antonio op

Sacred Print

Domingo de Ramos

Queridas hermanas y hermanos, en este domingo de Ramos os dejamos la homilía del Padre José Antonio, extraída de su blog Contemplar y Proclamar; una lista de reproducción que hemos encontrado, con el audio-libro del Peregrino Ruso, muy bien leído que es de mucha utilidad para escuchar caminando o en medio de actividades muy rutinarias. Llevando la atención al audio se van desplazando los pensamientos y favorece luego la continuidad de la oración interior. Debajo también os dejamos el muy buen texto “Jesús el Paradigma”. Finalmente una invitación a un encuentro virtual para participantes de los cursos del blog y lectores en general. Un abrazo fraterno para todos haciendo votos para que en esta Semana Santa Jesucristo resucite en nuestros corazones.

Jesús, el paradigma

Invitación:

El próximo miércoles 31 de Marzo a las 20 hora española, 15 horas de Argentina; puedes participar de un encuentro virtual a través de la aplicación “Meet”, para intercambiar sobre aspectos de Filocalía, Fenomenología o temas generales referidos a la temática del blog. Si quieres participar avisa a bloghesiquia@gmail.com

Formas y fondo

¿Qué es el dolor?

Pues depende. Es bueno distinguir antes entre dolor y sufrimiento. El dolor es más bien físico y el sufrimiento es más que nada mental. Hay gente que padece dolores corporales y sin embargo no sufren. Les duele la pierna pero no la mente. Desde un punto de vista, el dolor implica un aviso, una alarma que te alerta de un posible daño en una parte del cuerpo. Por ejemplo, como si dijéramos: “Oye, deja de hacer fuerza con ese brazo, la bolsa que llevas es demasiado pesada… te puedes dañar.” Esa es la principal función del dolor y salta a la vista. Indica con cierta premura imperativa la necesidad de cambiar alguna conducta, postura, situación, ingesta etc. que no está beneficiando al cuerpo.

El sufrimiento es igual pero a nivel de la mente. Implica colisión, conflicto de fuerzas internas. Ese choque es dañino y entonces aparece el sufrimiento como indicación de la necesidad de reorientar las fuerzas interiores. Por ejemplo, si deseo dos cosas incompatibles entre sí, que no podrán sostenerse juntas con coherencia en mi vida, eso activa una alarma a la que llamamos sufrimiento o dolor mental. Usando un ejemplo muy burdo, pero para que sea claro: Si quiero tener un cuerpo delgado y a la vez pretendo comer seis tortas azucaradas por día, se produce un conflicto. Por lo tanto sufro. En este sentido, el sufrimiento muestra deseos contradictorios y es una bendición de la gracia; y mientras más sufrimiento más fuerte está sonando la alarma que indica… y atención con esto: Necesidad de recomponer la dirección de las fuerzas que se oponen.

El dolor es siempre en el presente; el sufrimiento deriva muchas veces de la memoria o la imaginación. Recuerdo algo doloroso o imagino alguna tragedia en el futuro. Por esto hay que prestar atención con más detalle a este tema. Quiero decir; a veces el sufrimiento es espectral, es simplemente mal funcionamiento de la herramienta. Imaginar que algo va a salir mal podría tener sentido como una de las alternativas que se barajan al inicio de una planificación, podría ser necesario. Inauguramos un empresa y manejamos distintos escenarios posibles: que dé tal ganancia, que no, que haya una pérdida y haya que pagar a los empleados de nuestros ahorros. Está bien, puede ser una función necesaria a considerar para tener cierto capital de respaldo.

Pero vivir con temor o con aquella sensación de que todo va a salir mal de un momento a otro, o andar recordando aquella situación de desamor o aquél día en que envejecidos tal vez estemos enfermos y doloridos, es una mala función de la herramienta mental. Es como una cierta perversión de una buena función original. Ahora, es necesario aclarar esto: aunque el sufrimiento surge desde la mente se registra en el cuerpo como dolor. Ya sea como tensión, crispación, anestesia en ciertas partes… lo que llamamos angustia, ansiedad, depresión y fobias diversas; el cuerpo y la mente son una unidad completa, absoluta. No olvides que separar cuerpo de mente es un artificio de comprensión. En realidad no hay división.

Puede sonar muy molesto, pero el dolor y el sufrimiento nos recuerdan todo el tiempo la existencia de la provisoriedad, de la finitud de la vida; de nuestra falta de autonomía. Por más que deseamos ilusionarnos con nuestra pretendida libertad, esta resulta muy acotada. No nos hicimos a nosotros mismos, no sostenemos nuestra vida, no manejamos nuestro destino… la vida a veces nos parece hermosa, otras desastrosa. Si nos aferramos al cuerpo y nos identificamos con él, nos resultará difícil hallar cierto bienestar perdurable. El cuerpo pasa, igual que todo lo material. Entonces nos volcamos a la búsqueda del inmaterial en nosotros, del espíritu esencial que somos… ¿Lo encontramos? Pues si eso se encuentra y nos da registro cierto, todo cambia.

En un enorme y vasto campo de silencio, que no es vacío sino pleno… en ese fondo de consciencia previo, suena una hermosa melodía. De pronto irrumpe un ruido al cual llamamos dolor o sufrimiento. Es decir aparecen formas en un fondo. Sin embargo, hay alguien que percibe estas formas que aparecen y también el fondo en que se dan dichos cambios. ¿No es curioso? En el fondo de la vida edénica surgió el pecado; en ese fondo de pecado se presentó la redención. Y al que mira benevolente todos estos aconteceres, a ese amor incondicional, le llamamos El Cristo en el corazón…

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Hermanas y hermanos, recomendamos mucho el cuento de León Tolstoi que enlazamos debajo. Un abrazo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesús.

La muerte de Iván Ilich

Aquí la transcripción de la clase 43° de Filocalía, 2° sobre Simeón, el nuevo teólogo

Tu vida es oración

Óleo sobre tela de 60 x 50 cms. propio del blog. Ventas en bloghesiquia@gmail.com

Mi padre espiritual solía decirme: Tu vida es oración y el modo en que la vivas tu método particular. En ese sentido, puede estar muy bien tener “momentos fuertes” de oración como suele decirse, pero atentos a que luego no caigamos en el olvido.

Él siempre insistía con que la vida debía ser liturgia o ceremonia de alabanza. Que si de algún modo, separábamos lo que era oración o meditación del resto de nuestras acciones, podía producirse un paulatino desliz hacia la desacralización de ciertas actividades o momentos. Admitía sin dificultad que todos tenemos etapas y diferentes momentos en el camino espiritual; reconocía que entonces no acostumbraba ya a pedir y ni siquiera a agradecer especialmente, sino más bien a un “dejarse llevar”. Que ese dejarse guiar tenía indicadores claros y el principal de ellos era la percepción de la Presencia.

Yo le preguntaba mucho sobre este tema, acerca de como era posible que Dios pudiera percibirse. Y él me respondía que esa percepción era la oración continua a la que se refería. Que podía asumir muchas formas, como la oración de Jesús, el vivir en el “canto” del Nombre; que podían usarse otras muchas devociones varias o que incluso hubo quienes habían reemplazado los pensamientos por la repetición de los salmos o pasajes de la sagrada escritura. Pero que la principal pista que podía darme y a la vez la más simple era: Si estás en los pensamientos no Lo percibes. En el momento en que los desatiendes te acercas y que cuando hay silencio Él llega.

Esto me apasionaba como posibilidad y a la vez me sublevaba. ¿Cómo podía ser que el silencio fuera todo lo que se precisara? ¿Qué es hacer silencio le preguntaba? Al principio es detener la marcha, enlentecer todo y paradójicamente, escuchar los sonidos. Cuando te detienes se nota el movimiento del mundo, te transformas en punto fijo. Mientras más quieto más se mueve todo.

Al principio aquietas el cuerpo, luego disminuyes la respiración, después escuchas los sonidos cercanos y al ratito atiendes a los de lejos, bien lejanos. Y allí ya notas un cambio importante en el fluir de las cosas, que no es más que el río de tus pensamientos. No luches con los pensamientos, déjalos pasar sin darles importancia. Este era un modo que le servía en medio del bullicio. Salirse del ritmo general y atender. ¿Atender a qué? Al silencio que estaba al fondo de todos los ruidos, a la quietud que abraza todos los movimientos.

No se refería a una meditación en particular, sino a un modo de “ponerse” en plena ciudad o en medio de las tareas. Pero decía que todos tenemos nuestra impronta singular o el modo mediante el cual Dios se nos hace notar. Hay a quienes los conecta la observación de la belleza, esa especial armonía que produce la combinación de las cosas en un momento dado. A otros les era útil la entrega absoluta a la actividad del momento. Unos pocos se habían enamorado del Santo Nombre y no podían ya dejar de escucharlo en el corazón o en una cierta forma de “eco” interior.

Solía decirme que el único propósito de la vida humana era “dejarse tomar” por Dios. Que venimos para ser encendidos por su Espíritu y que en esa unión fogosa estaban todas las respuestas a todas las preguntas y que era vano antes tratar de comprender. Querer comprender a Dios y el sagrado designio con nuestro entendimiento es como pretender navegar en un barco de piedra. Los dientes están para masticar, los pulmones para respirar, la mente para implementar cuestiones bien funcionales. No es el órgano para unirse a Él.

Sin embargo dejaba claro que la razón no debía oponerse a la fe, porque sino en los momentos difíciles la fe perdía sustancia y era vencida por las contradicciones de la razón. También insistía en que la fe no es lo que comúnmente entendemos por ella. Que la fe en realidad no es creer sino ya, de algún modo, saber y saber con certeza. Pese a recibir toda esta enseñanza, Dios me parecía esquivo, ausente por completo y la belleza que veía en todo estaba envuelta en la nostalgia de la finitud.

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Los enlaces de hoy:

¿Es este escrito el final de la duda?

Invitación a retiro de Hermana Hodet de Ecuador:

Que el Señor los colme de bien a cada uno y sus seres queridos. Con profunda alegría invito el retiro Virtual *”Un Camino de Amor y Dolor”, el mismo que iniciaremos el lunes 22 y culminaremos el jueves 25 de marzo. Pueden hacer extensiva la invitación a sus familiares, amigos, conocidos y vecinos. Saludos cariñosos. Shalom. Abre este enlace para unirte a mi grupo de WhatsApp: https://chat.whatsapp.com/I39YwJAWVmEJCENY9nXfGh

Memorias del desierto

El sol fatiga, de tanto brillo lastima. Nuestros pasos se suceden lentos y cadenciosos. A la prisa por la meta le oponemos la reclusión de la mente en el momento. El fulgor de las dunas nubla el horizonte y rara vez percibimos alguna forma que a manera de sombra desprenden las ruinas.

La oración fluye, viene y se va, se concentra o se diluye según vive en la intención. El Santo Nombre surge a veces del ritmo de la marcha y deslizándose en la respiración termina goteando en la arena junto a las gotas de sudor. Al abrigo de un pequeño promontorio tomamos agua y oramos las vísperas, salmodiar es un oasis para el corazón. La oscuridad se anuncia con pequeños remolinos repartiendo polvo como llovizna fina.

Aquí se teme la noche tanto como se la desea. Nos acobarda el frío y nos extasían las estrellas. Nos vamos durmiendo arrebujados, mirando joya tras joya del mapa estelar, con ojos fijos en los incontables rostros de Dios. En algún giro del cuerpo se vuelve a la conciencia en plena madrugada y se observa que no hay brisa, ni sonido, ni tiempo alguno que se mueva. El firmamento anonada, muestra al planeta extraño y parece desconocido.

Carlo reza “Jesucristo, Jesucristo…” pero está dormido, plácido. Amanece cuando entonamos laudes de cara al sol que todavía no se muestra. No nos falta el vigor y tampoco la pena por la muerte de aquél que nos hizo hermanos. Al rato, divisamos claramente el macizo y las salientes y las varias cuevas bajas junto al espacio de verdor. Varias horas después llegamos. Nos esperaban animosos. Nos abrazamos en silencio, conmovidos por todo.

Apenas refrescados nos llevan junto al cuerpo, ya preparado, en la pequeña ermita. A cada uno dejó un presente. Para nosotros son reliquias. Un rosario, algunas cruces, tres iconos, dos libros, unas mantas, algunos cuadernos. Con sorpresa encontramos dos fotos viejas detrás de la Virgen. Es él, de niño, junto a sus padres. La otra lo muestra sonriendo al  lado de un triciclo con gorrita de verano. Todos nos emocionamos mucho y no puede evitarse algún sollozo. Es que nos ha parecido conocerlo ahora por completo.

La misa fue muy sentida y en lugar de homilía se leyó una carta suya, escrita unos meses antes, previendo su final cercano. Ha dicho algo para cada quién haciéndonos sonreír por esa capacidad suya de ir a la médula de nuestros rasgos. También resumió su experiencia de vida en palabras simples que nunca olvidaremos. Luego, junto al fuego, con los testimonios y las anécdotas logramos situarnos en la alegría. ¡Es que la bondad de Dios se muestra de tantas formas!

Al día siguiente volvemos por donde vinimos. Nunca tan extranjeros y peregrinos.

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Enlace de hoy:

Cursos de Liderazgo cristiano

La irrupción de lo sagrado

Serie sobre la conversión III

A veces, en la historia humana, lo sagrado irrumpe de manera manifiesta transfigurando el mundo. Esos momentos especiales donde la gracia se muestra de modo más evidente para muchos implican una experiencia. Episodios como los de Moisés o Elías son una muestra de aquello a lo que nos referimos y por supuesto la vida de Jesucristo y todo lo implicado en ella.

Esta experiencia en el cristianismo original fue la del Cristo en el corazón o la de los dones del Espíritu Santo y que puede verse también en la vida de muchos santos o espirituales luego a través de los siglos posteriores. ¿Pero en qué consiste esta experiencia capaz de modificar por entero la vida del que la vive, de transformar sus ámbitos de relación, su conducta cotidiana y que transforma completamente la visión que se tenía hasta entonces?

Antes que nada parece implicar la confianza. Los que viven esta presencia nueva se sienten de pronto confiados. Una cierta certeza los colma y les provoca descanso más allá de la aparente agitación o actividad que sus deberes les acarrean. Este descanso del corazón que se apoya en la providencia divina, es entrega y abandono que los “despreocupa”; aunque puedan verse muy ocupados. Ellos viven “la gran vacación del alma” no como ociosidad, letargo o entrega al hedonismo consumista sino como frescura, tranquilidad en medio del bullicio y ausencia de temores.

En todo caso, atraviesan el desierto de los temores en oración continua, conscientes de los ataques que una noción de desamparo y soledad puede insinuarles. No buscan el martirio ni la confrontación, no quieren llevar la razón; en todo caso persisten vigilantes a la paz del corazón. Y ¿de donde deriva la paz imperturbable que parece poseerlos? Se han dado cuenta que todo depende de Dios, tratan de hacer lo mejor que pueden donde están, en cada momento y quedan libres de la expectativa por los resultados. Al fin y al cabo se saben de paso.

Antes o después el viaje termina y no se olvidan de ello. La consciencia de la finitud los torna veraces y decididos, se dejan actuar por una fuerza intangible que no puede apresarse pero que sienten y reconocen. Contrariamente a lo que pudiera suponerse no son personas especiales. No son extraordinarios sino como nosotros, como todos nosotros. Primero buscaron la satisfacción en los innumerables objetos, personas y situaciones que ofrece el mundo. Luego reconocieron que ni el éxito ni el fracaso les daba lo que buscaban; que el vacío interior persistía con terquedad.

Entonces buscaron con ahínco “hacia adentro”, sin saber que seguían tendidos hacia afuera. Afanosamente fueron tras doctrinas, maestros, libros o métodos. Con vehemencia iban de aquí para allá y en esa búsqueda un día la mente se rindió. Y al rendirse la mente fue primero el corazón. Y este ponerse el corazón al mando no fueron emociones fugaces o sensiblería fácil; sino una firmeza calma que provenía de un sitio olvidado, de una vivencia oscuramente recordada o muy brevemente visitada.

Esta serena alegría que sin esfuerzo vive imperturbable, fue también llamada hesiquía del corazón. Esta ermita interior se asienta en la clara percepción de la divina presencia; en un “darse cuenta” de su providencia en todo y en el cierto presentimiento, íntimo e intransferible, de que la muerte al igual que la vida no son lo que parecen…

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Enlaces de hoy:

El hombre interior (San Demetrio de Rostov)

Historia de un alma (Audiolibro)

Permitirnos la presencia

Serie sobre la conversión II

Una forma de vida que se nos ha hecho costumbre es la de vivir tendidos, estirados hacia el futuro; por lo general hacia propósitos diversos en varias áreas de nuestra vida. Los deseos múltiples forman imágenes de situaciones ideales y hacia ellas emprendemos camino, por lo general presurosos.

¿Cómo empieza esto? Es un hábito adquirido a través de la familia, de los medios, de la cultura en general. Observamos nuestra situación vital con el prisma de los gustos y disgustos. A cada percepción le agregamos un “me gusta” o un “no me gusta” o un “mas o menos... pero mejor si fuera“… Lo que observamos en las redes sociales y en casi todos los medios, esto de poder dar un “like” o “dislike” a lo que aparece es en realidad el reflejo de lo que ya ocurría en nosotros. Percibimos tomando posición, agregando nuestra personal impronta, adhiriendo o rechazando. Esto no es percibir. Es desear. Vivimos deseando.

Vivimos tironeados por las carencias, casi todas aparentes. Pocas veces son tales. Esto no está ni mal ni bien, es un modo de funcionamiento muy propio de lo biológico que pretende alcanzar las mejores condiciones medio-ambientales para asegurar la supervivencia del organismo. Sin embargo la vida del espíritu es diferente. Es sobre todo una mirada atenta. Desde allí se observan las situaciones y también los deseos que aparecen como parte de la misma. Pero se permanece a cierta distancia. Hay un estarse abiertos a la enseñanza que traen los acontecimientos como resultado de la omnipresente voluntad de Dios. El supremo misterio se transparenta a través de lo que ocurre y revela significados accesibles a los sentidos espirituales.

Para ver hay que dejar entre paréntesis lo que quisiéramos. Permitirnos la presencia. Ayunar de los apetitos y de los tantos quereres, no reprimiendo sino atestiguando. Esto los transforma en objetos percibidos y los desnuda como simples impulsos que vienen y van. No hay porque vivir la vida a expensas de esos vientos variables y quedar sometidos a su antojo. De otro modo nunca estamos mas que estirados hacia donde creemos que vamos. No hay nada erróneo en dirigirse hacia alguna meta, en tener alguna planificación; el problema está en vivir más allá que acá; en extraer la fuerza vital de un futuro imaginado en lugar de un ahora actual y en ese sentido, más cierto y veraz.

¿Adónde vamos? ¿Qué desesperamos de alcanzar? Una sensación sin duda. Sensación de paz, de bienestar y plenitud. ¿Y si eso que buscamos estuviera ya presente pero escondido precisamente por ese modo inauténtico de vivir? ¿ Y si el problema no estuviera en lo que me falta en este o en aquel ámbito de la vida sino en mi modo de ser y estar? Si esto fuera así, si el centro de la cuestión fuera mi modo de existencia; la solución debería provenir necesariamente del interior. A veces la gracia se manifiesta como una comprensión profunda que permite la conversión genuina y estable. O puede ocurrir una caída en cuenta radical que descorre los velos, provoca la rendición de las fantasías y el aire se torna limpio como en una mañana fresca.

El sentido de la vida no deriva de un propósito en medio de la finitud inapelable o de metas diversas por alcanzar. El sentido es algo que atraviesa la vida ahora mismo y que permanece inalterable, disponible y abundante. Le han llamado el despertar de los sentidos espirituales; también El Cristo del corazón o la luz del Espíritu Santo. Más allá de nombres y formas es una presencia inequívoca que transfigura el mundo.

Suena bien pero me parece algo desconectado de mi realidad. ¿Cómo bajarlo desde las palabras a mi realidad concreta?

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Enlaces:

Homilía del Padre José