La atmósfera del corazón

«La invocación constante de Jesús, acompañada por un ardiente deseo pleno de suave alegría, tiene por efecto inundar de paz y dulzura la atmósfera del corazón al amparo de la rigurosa atención… Cuando no queda ninguna imaginación en el corazón, el espíritu se encuentra en un estado natural, todo dispuesto a la contemplación espiritual agradable a Dios. De este modo, sobriedad y oración de Jesús se complementan y sostienen la una a la otra. La atención perfecta refuerza la oración continua y, a su vez, la oración refuerza la sobriedad y atención perfectas».

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