El sufrimiento (I)

¿Qué es el sufrimiento?

Es lo que sentimos cuando nos consideramos separados Dios. Cuando creemos que lo que ocurre y lo que ocurrirá depende de nosotros y no de la voluntad divina.

Como en todas las cosas y temas podemos aproximarnos desde diferentes puntos de vista y planos de comprensión. Recuerda que todo depende de quién habla y de quién escucha, del nivel de comprensión desde el que cada uno se está comunicando y, sobre todo, del interés que guía el intercambio.

Por eso, también podríamos decir: El sufrimiento es el saldo de nuestro grado de resistencia a la voluntad divina. Esto no implica no actuar como consideramos mejor o correcto sino que se refiere al modo en que tomamos el resultado de las acciones. De allí que la actitud desde la cual vivimos configura la mayor parte del sufrimiento. Una situación ocurre y el modo en que la acojo o la recibo es mi actitud.

Si soy consciente de que ningún acontecimiento puede darse si no es por voluntad de Dios o al menos, porque Él lo ha permitido, la manera en que me abro a los hechos que suceden minimiza cualquier sufrimiento. Te recuerdo que el sufrimiento es mental y no estoy hablando del dolor que sentimos en el cuerpo. Pero aún en el caso del dolor físico, si nos hacemos conscientes que no puede darse sin mediación del designio divino, este resulta mucho más llevadero. La mayor parte del dolor es “sufrimiento” esto es un agregado de la mente vagabunda a lo que está ocurriendo.

Otro punto de vista complementario que podemos utilizar dice: El sufrimiento es el aviso de que debo rectificar el rumbo en aquel aspecto de mi vida donde se ha hecho manifiesto. Nosotros tendemos a quejarnos del sufrimiento en lugar de agradecer la indicación que llega hasta nosotros para que transformemos nuestra vida.

Cuando decimos “transformar la vida” nos referimos a vivir conforme a nuestro entendimiento más profundo. Por ejemplo: Si estoy convencido que la enseñanza evangélica es la mejor norma para orientarme en la vida diaria y ni siquiera pongo lo mejor de mí en ser coherente con ella, seguramente el sufrimiento me irá avisando a cada paso de esta contradicción. Incluso el sufrimiento tenderá aumentar mientras más sordo me haga a la voz del corazón o a la voz de la gracia en el fondo del alma.

Continúa…

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El Espíritu Santo viene

Texto de Hesiquio de Batos

Lo único necesario

Hay tantas cosas que manejar, que corregir, que planificar…

No es así en realidad. Lo único que hay que hacer es tratar de concentrarse en la adquisición del hábito de la oración continua, en nuestro caso la repetición de La oración de Jesús. El cuerpo y la mente trabajan muy bien por si solos en el cumplimiento de nuestros deberes y tareas si dejamos los pensamientos a un lado y nos centramos en la oración.

Cuando hacemos esto, solo surgen pensamientos funcionales que tienen que ver con las tareas a las que nos abocamos, son pertinentes a la acción y no obstaculizan. En cambio, cuando estamos con la atención puesta en “el relato” sobre nosotros mismos, en esa divagación constante de los pensamientos acerca de lo que pasó, lo que pasará, lo que deseamos y las dificultades para ello etc. etc.; en definitiva, cuando nos sumergimos en ese universo en el cual nuestra idea de nosotros mismos es el centro en torno al cual todas las galaxias giran y a lo cual todo se remite, quedamos presos del ego y esclavos de las apetencias.

Más allá de los progresos en la búsqueda de la oración incesante, nuestra intención de orar en forma ininterrumpida es el único baluarte en el que podemos apoyarnos. Mantener esta intención y llevarla a la acción lo mejor que podamos es todo lo que tenemos. Apenas despertamos en la mañana, vienen los pensamientos e imágenes en torno a nuestra imagen de nosotros mismos, a ese constante centro de referencia universal que se basa en lo que nos gusta y lo que nos disgusta, lo que deseamos y lo que rechazamos y si nos dejamos llevar empezamos una fatigosa tarea: la de adecuar lo que va ocurriendo a lo que pretendemos y esto es imposible.

Los hechos y las cosas se desenvuelven según la voluntad de Dios y no según la mezquina búsqueda personal del placer. Menos mal que es así, no sabemos lo que nos conviene. El designio divino es el bien puro en acción y todo es para bien. Solemos darnos cuenta de esto mucho tiempo después de los sucesos, pero en algún momento nos convencemos que siempre la voluntad de Dios es mejor que nuestro parecer. Hay que abandonarse en Dios, obrar con la confianza de los hijos ante un padre/madre benevolente, descansar en una misericordia infinita que nada puede doblegar o apagar.

Pero entonces, ¿qué debo hacer?

Cada vez que te descubras siguiendo con tu atención las divagaciones de la mente, sean las que sean, volver a la oración interior, a la oración de Jesús o la que sea de tu agrado. Así de simple y sencillo, contundente. Verás que aparece una resistencia, un deseo de seguir los pensamientos sobre esto y aquello, nos da la impresión de que al “pensar” controlamos y manejamos lo que ocurrirá. Esto no es verdad. Los pensamientos van y vienen, haciendo la digestión de las vivencias según leyes propias del psiquismo. A nadie se le ocurre prestar atención a los sonidos y movimientos que se producen en el estómago y los intestinos cuando procesan los alimentos. Este es un proceso que se deja a su propia suerte porque sabemos que no podemos controlar dichas funciones.

Pero con los pensamientos sucede que los identificamos como nuestra propia voz y entonces les damos crédito, les asignamos el valor de etiquetar y juzgar lo que ocurre, cuando no son más que la cacofonía que produce la digestión de las experiencias múltiples que los acontecimientos han producido. Pero esto es muy difícil de aceptar, tenemos muchos años de educación en sentido contrario. Se produce una inmediata rebelión contra esto. Pero volviendo a tu pregunta: lo único que debes hacer es volver a la oración. Es una amorosa persistencia. Una reiteración del amor y la entrega a Dios, a Su presencia y voluntad. Cada vez que repites La oración de Jesús en realidad estás diciendo que aceptas que nada sabes, que nada puedes y que te abandonas en Aquél a quién todo lo debes y que ha hecho todo lo que conoces y no conoces.

Anteponer la oración del corazón a la divagación mental es un acto de aceptación del no saber, es incorporar “la docta ignorancia” que magistralmente Nicolás de Cusa reseñara en sus escritos. Un náufrago, a la deriva en alta mar, que ha perdido su bote y su salvavidas, al encontrar un madero se aferra a él y no lo soltará jamás, sabedor de que es su única esperanza. La oración continua, esa apelación constante a lo que sabemos nos abarca, es lo único que tenemos, la verdadera libertad.

Textos propios del blog (de libro en preparación)

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El valor de la lentitud

Nuestra verdadera patria

¿Qué es la muerte?

Padre… ¿Qué es la muerte?

Un tránsito. Es un pasaje desde un estado hacia otro estado. Aunque nos resulta muy difícil verlo de ese modo debido a nuestra identificación con el cuerpo. Se nos presenta como una desgracia y en realidad, la muerte es parte de la obra de la gracia. La muerte corporal es la concreción del llamado de Dios a Su seno.

A todos nos alegra llegar a la graduación cuando nos apuntamos en una carrera profesional. ¿Quién no desea graduarse? La muerte es la graduación en la escuela de la vida, no hay que estar triste. Aunque es normal por el peso de la ausencia del ser querido, es bueno espabilarse rápido y agradecer esa presencia que nos fue dada para compartir, ese modo en que Dios se nos ha mostrado, a través del otro, del semejante. Espabilarse implica dejar la tristeza a un lado como se deja un bolso que se carga y al llegar a casa se deja en el estante. La tristeza abre la puerta a cosas que no nos sirven. Hay que transformarla en esperanza de unión futura.

Nosotros tratamos de evitar la muerte a toda costa, porque tenemos dudas respecto de si efectivamente hay un más allá y de si esa otra vida es como se nos ha dicho, fuente de bienaventuranza. Esa duda nos genera incertidumbre y esa incertidumbre nos produce temor. Como no conocemos suficiente la vida del espíritu, como estamos muy poco habituados a tomar contacto con lo que verdaderamente somos; la muerte se nos presenta como un tragedia, como algo doloroso y terrible, pero la realidad es muy otra.

El espíritu que somos se eleva libremente hacia su hogar verdadero. No hay que olvidar cual es nuestra ciudadanía. Gran parte del sufrimiento que padecemos aquí es resultado de este olvido, esto es en parte “la caída” original. Vivimos en el exilio y todo exiliado siente una extrañeza, una nostalgia indefinible… una falta de contento profundo que no se calma del todo ni siquiera en los mejores momentos. Hay un anhelo inefable de verdad y plenitud. Aquí, creyéndonos simples cuerpos/mentes, es imposible alcanzar la libertad y la bienaventuranza de los hijos de Dios.

Pero… ¿cómo hacer para que esto no sea solo una creencia? Yo veo que creo en la vida futura y en la bienaventuranza inmortal, pero me doy cuenta con dolor que no estoy totalmente convencido. La muerte de mis seres queridos me aterroriza, mi propia muerte me da temor y me pregunto cómo serán las cosas “del otro lado” realmente; lo que se me ha dicho por educación se me presenta a veces como una fábula o mitología al contrastar esas creencias con la ciencia actual. Me pregunto cuál será la verdad y esto me deja como desamparado, con el ánimo inestable y me veo tratando a toda costa de prolongar mi vida, como si esta fuera la única que tengo.

Es entendible y es lo que sucede a la mayoría de las personas. Algunas se dan cuenta de esto que tú describes con honestidad y otras no lo advierten, lo tienen sumido en lo inconsciente y sólo los momentos críticos en ocasiones permiten que esto aflore a la superficie. Esto sucede porque los sentidos espirituales permanecen adormecidos desde muy pequeños. Se nos ha educado para atender a los sentidos físicos y vivimos ignorando que hay una visión espiritual, una escucha del espíritu, una textura propia de la mística, un perfume de Cristo y un sabor espiritual que identifica a la verdad. Es una manera de hablar tan solo porque no podemos expresarnos de otro modo que con un lenguaje. Pero cuando los sentidos espirituales se abren comenzamos a percibir una realidad muy diferente a la que nos hemos acostumbrado, la percepción cambia enteramente.

Uno empieza a percibir la gracia en todas partes, tan presente en todo como si fuera el aire que está por doquier o como el espacio mismo que permite que todo se extienda y aparezca ante nosotros. O también se percibe como luz, una luz que no es solo la luz del sol, es como una irradiación que se hace patente aflorando o emanando de la creación entera. Y esto es el Espíritu Santo cuando se hace presente en nosotros. Puede ser más fuerte o más suave esa presencia dependiendo de las circunstancias, pero siempre está allí.

Continúa…

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15° Clase de Filocalía

Espiritualidad y salud mental

Hacerse disponible

Estás aquí en el centro de la vida cristiana, pues todo se reduce finalmente, a descubrir la voluntad de Dios y cumplirla. Pero si es verdad que te resulta fácil discernir esta voluntad a través de los mandamientos, dudas a menudo de que puedas descubrir lo que Dios espera de ti, en particular en tu situación presente.

Si quieres conocer la voluntad de Dios, la condición es “hacerte disponible”, es decir, ante una opción que tengas que hacer, el rehusar o preferir tal o cual alternativa, abandonando todo prejuicio que impida a Dios el darte a conocer en que dirección quiere que te comprometas. En una palabra no debes tener ninguna idea sobre la cuestión y aceptar entrar en los planes de otro que desvía siempre los tuyos.

Es tal vez la disposición fundamental para realizar una elección según Dios. Pero tal vez te hagas una pregunta: ¿cómo hacerme disponible si no lo estoy? Te diría que es preciso que te detengas, que te distancies de ti mismo y que interpeles a tu propio juicio. Son otras tantas actitudes que se viven bajo la mirada de Dios, en la oración, para descubrir las resistencias a la voluntad de Dios. Puede ocurrir que a través de esta oración, Dios te muestra claramente lo que espera de ti, pero no es ésta su costumbre; prefiere hablarte por medio de signos. No tomes demasiado pronto tus buenas intenciones por voluntades de Dios.

Hay también otra manera de descubrir esta voluntad, y es interrogar a tu afectividad profunda. Si gozas de una paz duradera y de una verdadera alegría, puedes decir que los proyectos que acompañan a tus sentimientos son queridos por Dios, pues el Espíritu Santo obra siempre en la alegría, la paz y la dulzura. Si por el contrario estás triste, desanimado e inquieto, puedes suponer que el proyecto está inspirado por el espíritu del mal. No puedes tener ninguna certeza si te fías del sentimiento de un solo instante. Por el contrario, si, a lo largo de un período más o menos dilatado, tal decisión va siempre ligada a la alegría y su contraria a la tristeza, hay motivo para creer que es Dios quien te envía la consolación del Espíritu y te sugiere que realices la acción correspondiente.

Con mucha frecuencia la paz se estabiliza en tu corazón después de esa opción libre. La experiencia de consolación o desolación que sigue a la elección confirmará esto último y te indicará claramente si estás en la voluntad de Dios.

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Abandono

Oración y pensamientos

Tengo dificultades para centrarme en la oración de Jesús, porque me aparecen pensamientos diversos acerca de Cristo, de si debo orar a Él o al Padre o de si esta oración me acercará o no a la paz interior; si debería elegir otra devoción o si cambiar la frase de la oración etc. etc. son muchos pensamientos y algunos de ellos se presentan como discusiones teológicas.

Hermano en Cristo Jesús, es muy normal que la mente ponga todo tipo de obstáculos a la oración de Jesús. Esta oración cuando su práctica es constante y firme arraiga en el corazón y aquieta la mente. Con esto quiero decir que nos acostumbramos a no pensar (en el pasado o en el futuro ni a deliberar acerca de las cosas) y a una acción espontánea más eficaz dejándonos guiar por la gracia. Nos quedan solo los pensamientos funcionales, que se requieren para el hacer las cosas cuando son necesarias. La mente se resistirá a esto ya que su naturaleza es divagación, manipulación de lo que pasa, continua deliberación en pos de objetivos para sentir placeres diversos.

Algunos practicantes son acosados por pensamientos malsanos otros por un discurrir más teológico o filosófico como parece ser tu caso. Pero en definitiva, sea cual sea la índole de los pensamientos, estas disquisiciones cumplen la función de distraer de la oración de Jesús. No conviene tratar de resolver las controversias que le suscita la mente, sino más bien llevar la atención de vuelta al corazón; esto puede ser en el sentido de órgano cardíaco o en el  significado de centro de la persona o esencia de los sentimientos de la persona.

Toda duda, toda ambivalencia emotiva es resuelta por la práctica constante de la oración de Jesús; pero es claro que esta perseverancia no es fácil de adquirir, porque a ello se oponen muchos años de hábitos nocivos en cuanto a dar a la mente el primer lugar. Tanto es así, que hemos llegado a creer que los pensamientos que se van presentando en el espacio consciente son nuestra propia voz. Esto es clave: mientras creemos que lo que piensa la mente es “lo que yo pienso” nos será muy difícil concentrarnos en la oración. Esto en un primer momento suele causar sorpresa y hasta una negación de plano.

¿Cómo que lo que pienso no lo pienso yo? ¿Quién lo piensa? Pues, se piensa por si mismo al influjo de los humores corporales, de los estímulos diversos del medio y según la impronta de supervivencia del organismo. No nos asombra que el hígado segregue las sustancias necesarias sin nuestra voluntad o que el corazón persista en su latido sin que hagamos nada para ello; o que crezca el cabello o que el diafragma suba y baje permitiendo que la atmósfera entre y salga de nuestro cuerpo. El cerebro es un órgano más que va procesando la información de los sentidos y clasificando y ordenando la memoria de las vivencias etc.. Pero no nos representa.

No hace falta creer en esto, solo observar con atención cómo es que se produce un pensamiento. ¿Cuando decidimos pensar en esto o en aquello? Es un tema a revisar en detalle y conviene hacerlo. Pero no será bueno extender demasiado este escrito. Solo le digo que en esta cuestión radica una clave importante que nos permite libertad respecto de los contenidos mentales o continuar con una cierta esclavitud hacia ellos. El camino de la oración de Jesús requiere un cambio de perspectiva respecto del valor de nuestros pensamientos como se dice en el libro La oración de Jesús, (Iniciación a la práctica) del cual aquí le dejo el enlace a la carta 1 que especialmente trata este tema.

Un saludo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesús.

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De la creencia a la experiencia

Colaciones de Casiano

Apatía por la oración

Hermano, desde hace varios meses siento tanta apatía por hacer oración. Me cuesta hasta la oración del corazón. No sé si será madurez o es otro proceso. Pero ya no es igual a hace unos años cuando me entusiasmaban tanto esos temas. Lectio divina hace muchos años que no hago, el santo rosario ocasionalmente. La confesión hace dos años que no voy. ¿Puedes decirme algo?

Hola hermano, saludos en Cristo. A todos nos suceden los ciclos o las subidas y bajadas en nuestra vida espiritual. Una cosa que ayuda, es que al caerse ahí nomás tratar de irse levantando. No quedarse “rascando la herida” porque es la oportunidad que tienen nuestras tendencias negativas para fortalecerse. Acuérdate que dicen en Filocalía: “Todo aquello sobre lo que se pone la atención se ve reforzado o crece”. Entonces lo más rápido que se puede hay que incorporarse, pedir la gracia de la sensación de la divina presencia y seguir adelante.

A la vez, el hacer un examen de conciencia y confesar por supuesto que sirve, pese a que implica poner la atención brevemente sobre lo hecho. En este caso la atención es hacia la purificación interior del alma y las crisis suelen prolongarse si se posterga la reconciliación. La sensación de estar en falta se va acumulando por el paso del tiempo y esto aplasta aún más la buena intención de elevar nuestro espíritu.

También, sucede que nos interesamos por un tema, lo descubrimos y nos agrada (por ejemplo la espiritualidad de la oración de Jesús) y comenzamos una especie de “luna de miel” en donde el entusiasmo es lo que prima. Pero claro, luego de varios meses esto declina naturalmente, porque la novedad ha pasado y es precisamente allí donde puede iniciarse el trabajo espiritual más profundo y cierto. Por lo general el ego espera resultados rápidos y cuando no los obtiene pierde el ánimo y se aboca a otra búsqueda que vuelva a entusiasmarlo. Esto suele llevarnos a un “turismo espiritual” al que luego cuesta ponerle fin. A la vez, si nada nuevo se encuentra vuelve la apatía.

Hay que recomenzar el camino, con paciencia, no pretendiendo mucho y sabiendo que sin la gracia nada podemos. ¿Que se necesita de nuestra parte? Poner lo mejor que podamos, hacer el mejor esfuerzo, nos damos cuenta de esto si nos miramos con verdad interna. No te andes comparando, ni siquiera contigo mismo años anteriores; son balances imaginarios que hacemos sin base real; todo va cambiando, en el cuerpo, en la mente, en el medio que nos rodea, en el mundo, por eso no es legítimo comparar un recuerdo que idealizamos de nosotros mismos años atrás con el ahora que percibimos en este momento de crisis.

La lectio divina, el santo rosario, son medios muy eficaces de crecimiento interior para quién se siente inclinado o llamado a esas formas de devoción. Puede que no sea tu caso o tal vez este momento que atraviesas necesite de otro acercamiento a la unción interior. Empieza la subida con aquello que sientas como una suave alegría secreta. Con esa forma de oración que te brinde calidez y confianza. No la evalúes en función de otros criterios. Lo importante ahora es recuperar el ritmo, los pasos ágiles y livianos que acerquen al sabor de la divina presencia. Cuando eso aparece ya te resulta más fácil guiarte. Un abrazo fraterno hermano, invocando el Santo Nombre.

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La Virgen de los desamparados

La mirada contemplativa

Preguntas sobre la contemplación

Quería hacerte unas preguntas sobre el curso y lo que voy leyendo en la página. En cuanto a la contemplación: Se habla de abrir los sentidos, atender a un sentido y centrarse en él y también se habla de cerrar los sentidos para la contemplación.  Pero como cerramos los sentidos? En mi meditación sedente procuro llevar mi mente al corazón y seguir la respiración acompasándola con la repetición de la plegaria.  ¿Es correcto? Al cabo de un tiempo, a veces, la plegaria va disminuyendo hasta quedarme en un silencio con la atención a… ¿Como decirlo?… Un vacío que me llena de atención, amor, consuelo… ¿Presencia? Es como estar atento a un vacío donde hay mucha atención y ningún pensamiento pasa por mi mente. Me imagino que es lo que debo hacer también en activo, aunque sea más difícil.

Hola hermano. Cuando decimos de abrir los sentidos, nos referimos a los sentidos espirituales, que suelen permanecer apagados, como dormidos o cerrados; lo que nos deja sin la percepción de ciertas realidades propias de la vida espiritual, de la “vida secreta del alma” como creo que dice algún autor. Una buena forma de despertarles es haciendo las cosas más lentamente, quedándose en silencio de a ratos solo estando sin atender a nada en particular o prestando atención a la intuición antes que al razonamiento posterior a esta, que suele pasar desapercibida. La intuición es una manifestación clara de estos sentidos espirituales.

Cuando nos referimos a atender a un sentido, (en este caso sentido físico) nos referimos a un modo útil de concentrar la mente. Puede ser un paso previo a la oración de Jesús o a la contemplación silenciosa. Como puedes comprobar: si pones tu atención en un sonido lejano, los demás sentidos disminuyen en su acción, luego los sonidos cercanos se escuchan con menos intensidad y “aumenta” aquél sonido lejano. Un minuto o dos y ya se siente una mayor calma y centramiento.

Cerrar los sentidos para la contemplación, tiene que ver con desatender a lo que llega por los sentidos físicos y dirigir la atención hacia la sensación de estar consciente. Por supuesto los estímulos siguen llegando a los sentidos, incluso desde el interior mismo del cuerpo, pero se trata de ignorarlos, atendiendo a lo que tú dices muy bien: “Al cabo de un tiempo, a veces, la plegaria va disminuyendo hasta quedarme en un silencio con la atención a… ¿Cómo decirlo?… Un vacío que me llena de atención, amor…” Podríamos decir llevar la atención desde el tumulto de percepciones, sensaciones y pensamientos hacia el silencio que está en el interior y que en cierto modo clama ser escuchado. Es un silencio que puede llegar a ser fuerte y mientras más intenso el silencio más nos sentimos inundados de paz e incluso como si fuéramos parte de esa paz. Una paz viva no adormecida. Lo de acompasar la respiración a la plegaria a alguna gente le sirve y a otra no. Lo esencial es atender al fondo de silencio que siempre está en lugar de al tumulto constante de los sentidos y pensamientos.

En la vida en activo no se puede desatender del mismo modo a los sentidos y percepciones. Lo que nos puede servir es tener la oración de Jesús como fondo constante de todo lo percibido. Cuando las actividades nos requieren mucho, este fondo de oración y/o adoración, queda apenas como un murmullo de tranquilidad y cuando hay espacios de menor acción vuelve a sonar con fuerza. Incluso hay veces que no se puede orar de tanto requerimiento exterior hacia nosotros. Pero en ese caso, podemos descansar en el fondo de confianza absoluta en la voluntad divina, que hemos ido cultivando durante la oración sedente o silenciosa.

En cuanto a la atención: Quería preguntarte también por ese tipo de atención que nos contabas creo que en la clase 12 que se caracteriza por ser como una atención en la que el que mira y la mirada es lo mismo. Esa atención  creo que decías “como desde atras”.

Claro si, mientras más nos acostumbramos a no reaccionar automáticamente a lo que sucede, se produce en nosotros una tendencia a crear un “espacio” entre el estímulo y la reacción. Este espacio nos permite testificar lo que ocurre, es una especie de constatación sin juicio o con menos juicios ocurriendo. Si esto se fortalece mucho, fruto de la práctica frecuente, puede pasar que por instantes deje de haber un alguien que es testigo y en ese sentido decimos que el que mira y la mirada se hacen lo mismo. La observación no reactiva suele sentirse como detrás de lo que acontece, como si uno mirara desde la parte posterior de la cabeza o incluso desde más atrás de ella. Bueno hermano, muchas gracias por tus preguntas que sirven para aclararnos a nosotros mismos, al recordar lo que se nos enseñara con mucho cariño en alguna oportunidad. Cristo nos cuida y sabe lo que necesitamos.

Texto propio del blog

Anexo a la 13 ° Clase de Filocalía

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Esta crisis ¿Nos hace más fuertes?

Blog Anawim

¿Soy el cuerpo o no lo soy?

Depende. Hay que establecer primero el plano de abstracción desde el cual se está preguntando. La primera distinción debería establecerse entre el ser y el poseer. ¿Puedo yo ser lo que poseo? Para que exista posesión es necesario que haya un poseedor. Es decir establecer diferencias entre un sujeto y un objeto. Este es mi auto, pero es claro para todos que no soy mi auto. Y si digo este es mi cuerpo quedaría claro desde ese plano expositivo que no soy mi cuerpo. Y si digo que soy mi cuerpo, ¿porqué lo sitúo en el mismo plano que mi auto al reclamar su posesión?

Cuando te roban el auto sufres una pérdida pero a nadie se le ocurre decir que se a perdido a si mismo. Cuanto te amputan una pierna se siente una grave pérdida, pero nadie siente que se ha menguado la extensión de su ser. Uno se siente ser el mismo, aunque no tenga a disposición un miembro del que antes se disponía. Hemos de admitir que el cuerpo es para nosotros una prótesis de la intención. Por eso, a él nos referimos como “mi cuerpo”. El lenguaje evidencia lo que nos ocurre en el interior. No es solo “una forma de decir”, la forma en que se dicen las cosas muestra la organización interior que de ellas tenemos.

Si digo “mi cuerpo” me estoy sintiendo distinto de él que viene a ser un objeto de la percepción del cual reclamo propiedad y derechos consecuentes. Es decir, el cuerpo deviene objeto, lo percibo y lo manejo muy relativamente como a los demás objetos. Esto no quita su sacralidad, ni su especialísima función, ni que deba ser redimido, elevado, purificado o lo que fuera. No lo hace malo ni bueno ni le impide su función en la salvación del alma. No aparece, al menos hasta aquí, ninguna contradicción con el hecho de la encarnación del Verbo.

Continuemos dando matices: Porque por ejemplo: ¿Esta casa es mía? Podría responderse que si tienes el título de propiedad es tuya. Y será correcto. Pero también podría decirse: “Nada te pertenece pues finalmente todo lo dejarás cuando dejes este mundo”, apenas la tienes en préstamo, y también sería correcto. En el primer caso, la respuesta surge de un espacio cuyos confines se dan en la legalidad establecida por el estado y la noción de propiedad privada de la época actual etc. Toda respuesta se da en el marco hasta donde llegó en apariencia la pregunta. En cambio, en el segundo caso, los confines se han extendido y la respuesta incluye aspectos no contemplados en la primera. Se ha incluído, en este segundo caso, el tema de la finitud humana, lo cual modifica abruptamente lo que pueda considerarse como propio.

Hay varios aspectos a dilucidar y hay que ir muy poco a poco. No parece sencillo. ¿Qué queremos decir cuando aludimos a la palabra “ser” y de igual modo, a que nos referimos cuando aludimos al “poseer”. ¿Cuando viene a ser que algo es y cuando resulta que algo es poseído? Percibo mi cuerpo, un auto y una nube que pasa. Sin embargo reclamo propiedad sobre dos de esos objetos de percepción (mi cuerpo y mi auto) pero no reclamo propiedad sobre la nube. ¿Debido a qué? Y… ¿quién es el que reclama propiedad sobre el cuerpo y el auto? En el caso del auto y de mi cuerpo el criterio de propiedad aparece dado por el manejo que de ellos tengo. A la nube no la manejo en absoluto. Bueno… al cuerpo bastante poco. Son muy escasas las funciones corporales que responden a mi voluntad. En tal caso, el auto se atiene a mis dictados con mucha más facilidad. Si este fuera el criterio, por carácter transitivo, yo vendría a ser más el auto que el cuerpo…

Notas no demasiado rigurosas, han de tomarse como reflexiones en voz alta, buscando claridad, mientras preparamos el próximo vídeo, sobre Evagrio Póntico y ante consultas recibidas.

Enlaces de hoy:

La base del silencio

Contemplación y misericordia

Obstáculos a la contemplación

“No podrás contemplar con pureza si te atas a
las cosas materiales y estás agitado por continuas
preocupaciones; porque la contemplación es supresión
de los pensamientos” (Evagrio, Sobre la Oración, 71)

Evagrio denomina «bella travesía» (kale apodemia) al camino que conduce a la contemplación a través de la apatheia perfecta. También la califica como una inmigración gnóstica hacia un lugar o estado que, en otra obra, también define, recurriendo a un concepto platónico, como «región de los seres incorpóreos» ¿Cómo se accede a ese sutil estado? Mediante la purificación a través de la meditación (oración pura). La meditación es el medio más adecuado para facilitar el encuentro con la parte más oscura de nuestro ser y propiciar la auto-observación, el reconocimiento de nuestros defectos y el deseo de desprendernos de ellos.

En este examen de conciencia que tiene por finalidad ablandar el ego, no hay que confundir el arrepentimiento (que nace de la sincera humildad) con el sentimiento de culpabilidad que procede del orgullo. Para Evagrio, la contemplación sin objeto o, como el la llama, la «oración pura», es la vía más eficaz del místico o del buscador espiritual porque con ella puede alcanzarse la visión contemplativa; “dulce es la miel, pero la visión de Dios es lo más dulce de todo” (KG 3,64). Pero bien entendido que la cima de la perfección no es el éxtasis místico. Este es un acontecimiento por el que verificamos la verdadera naturaleza del alma y comprendemos la futilidad de todo aquello que impide al intelecto ser él mismo.

En el tratado De oratione y en Skemmata explica la naturaleza y pasos para llegar a ver la “Luz” o la faz de Dios. Ante todo, es preciso ser «gnóstico», es decir, haber adquirido la ciencia espiritual. En Skemmata 2 escribe: «si alguien quiere ver el intelecto, despójese de todo concepto y se verá a sí mismo, semejante al
zafiro o al color del cielo». Para describir esta visión del intelecto por el mismo intelecto, recurre a un pasaje del Éxodo (24, 9-11) en el que los Setenta sustituyeron el nombre «Dios» por la expresión «lugar de Dios». El intelecto es «el lugar de Dios» y, cuando en momentos fugaces, se ve a sí mismo, se ve luminoso; «el intelecto se ve a sí mismo, pero también ve, en cierto modo, a Dios, porque se ve iluminado por la luz que es Dios». …

Extraído de “Métodos de meditación no dual”

Hermanas y hermanos, cualquier duda, aporte o consulta no dudéis en comunicaros por el Whatsapp o el correo electrónico. Podemos reunirnos por ese medio para intercambiar impresiones y resolver dudas hasta tener la seguridad necesaria por los medios de comunicación virtual. Esta es la última clase abierta de Filocalía, si tenéis interés en participar del curso podéis escribir al mail: bloghesiquia@gmail.com

Si queréis comentar públicamente hacedlo en la página de los alumnos regulares: Aquí

La afinidad profunda

Viene del post anterior

¿Y cómo puede uno discernir el carisma adecuado para el propio temperamento, el camino, la orden o regla de vida más conveniente para uno?

La vocación se manifiesta diferente en cada uno. En algunos surge como sutil inclinación del corazón, que se va acrecentando en la medida que se responde. En otros en cambio, es un arrebato, un impulso de fuerza inusitada que se afirma con el correr del tiempo como decisión inquebrantable. Existe también el caso de aquellos que no logran responder sin equívocos o con la unanimidad del alma y entonces, el llamado se muestra durante el transcurrir de la vida una y otra vez, sin forzar pero con persistencia. Es una “idea” que no se puede abandonar, un deseo cíclico que urge y que más crece cuanto más se lo escucha y se responde.

La vocación es un llamado, es un gusto, un ardor del corazón. Está relacionada con un “por hacer”, pero también con un modo de “ser”. Se nos llama a vivir según aquello a lo que nos sentimos convocados. Es una forma en la que se nos manifiesta el amor de Dios. La vocación no tiene edad. Puede llegar en la niñez o cuando joven, en la plenitud de las fuerzas. Aunque también suele mostrarse en cierto momento tardío de la vida, ser escuchada recién cuando se han acallado los tumultos de la juventud. Es ante todo un misterio que se consuma en el momento mismo en que se asume y se acepta.

Lo decisivo es re-conocernos llamados a cierto modo de ser y de hacer. Es este “aceptar el designio” con el que fuimos creados por Dios personalmente, lo que nos termina de formar como individuos. Puede llegar a ser toda una tarea reconocer la propia vocación, porque a veces es necesario silenciar los ruidos de otros impulsos en el alma. En ocasiones la cultura imperante, con sus “valores”, nos hace creer que debemos ser o hacer esto y aquello.

Llegamos a creer que somos nosotros los que deseamos tal o cual objetivo, sin advertir que somos impulsados por un modelo cultural que secretamente nos invade el sistema de creencias. Más allá de la circunstancia en que tomemos conciencia de la propia vocación, hay una forma coherente de responder a ella. La profundidad y entrega de nuestra respuesta, tiene mucha relación con la paz y la dicha que podamos encontrar en esta vida.

Como en todo es importante escuchar la voz del corazón o esa paz del alma que se manifiesta cuando uno se pone de acuerdo con la voluntad de Dios. Hay un alineamiento, una sensación de encaje y de completitud repentina en uno mismo. El gusto puede ser un indicador pero es solo superficial, ya que el gusto por algo puede variar; deberse a la novedad, a una sensación de identidad, a la imagen de uno mismo, etc.

Hay que descubrir la afinidad. Una planta que gusta del sol quizá pueda crecer y desarrollarse a la sombra, pero no lo hará en todo su potencial. Siempre estará restringida por ese ambiente que no le resulta del todo adecuado. Es importante encontrar nuestro lugar, ese sitio en el que “encajamos”. Este encaje es interno pero se manifiesta en lo externo. Todo se acomoda y empieza a fluir más fácilmente cuando permanecemos en nuestro ambiente propicio. Puede pasar un tiempo hasta que esto sea claro, pero más temprano que tarde se hará evidente.

Nuestra adecuación a un determinado carisma, vocación, regla ascética o situación de vida en general no puede valerse nunca de un forzamiento. Obviamente puede necesitar aplicar nuestra energía y doblegar nuestras tendencias nocivas, pero todo dentro del fluir de la gracia. Uno se siente conducido y apoyado por el despliegue de los acontecimientos. En todo caso, la elección que hagamos tiene que ser orientada más por el amor que por cualquier deliberación.

Hermanas y hermanos, cualquier consulta será bienvenida si queréis continuidad en el intercambio sobre este tema. Muchas veces no podemos responder los comentarios uno a uno, por razones de tiempo debido a otras ocupaciones, pero siempre intentaremos hacerlo a través de las publicaciones. Un saludo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesús.

Dos enlaces sugeridos por hno. Sergio Cardona:

Comunidad Chemin Neuf

Comunidades Marianas de La Asunción

El turismo espiritual

Photo by Jens Johnsson on Pexels.com

La tendencia consumista a la que nos hemos acostumbrado desde pequeños, debido a la influencia social y cultural de la época, tiene raíces profundas en nuestra personalidad. Un arraigo del que la mayor parte de las veces no somos conscientes.

Embarcada en una búsqueda espiritual comienza la persona a recorrer diferentes caminos; se conocen distintas doctrinas religiosas o, dentro de una misma religión, se van conociendo carismas diversos, puntos de vista acerca de la mejor ascética, de la mejor manera para llevar adelante los mandamientos y el desarrollo espiritual etc. etc.

Hasta allí, nada inconveniente, es el discurrir lógico de toda búsqueda, en cualquier campo de que se trate. Se prueban diferentes opciones para conocerlas y verificar el grado de afinidad o el resonar del alma ante cada una de ellas. Pero al igual que cuando alguien busca encontrar agua cavando en la tierra, deberá ir hasta cierta profundidad para hallarla, el camino espiritual ha de seguirse con intensidad, perseverancia y en profundidad para hallar aquello que se busca; que no es más que el sentimiento de unión con Dios o la percepción de Su presencia o la certeza de seguir lo que pide Su voluntad.

Si se efectúan muchas perforaciones aquí y allá y aún más allá también pero sin profundidad, no encontraremos el agua que buscamos, nunca nos acercaremos al río subterráneo que fluye fresco y silente en las profundidades del corazón. Luego de cierta exploración, quizá imprescindible en ciertas etapas de la vida, hay que tomar una determinación y seguirla hasta el final. En la medida de lo posible claro está y sin que medien razones de fuerza mayor. ¿Esta mal el cambio? De ningún modo. ¿No puede ser que el alma de la persona vaya madurando y necesite un cambio de carisma o regla de vida? Por supuesto que sí y esto puede ocurrir cuando se cambia de etapa vital o cuando han ocurrido transformaciones que exigen el cambio.

Pero debemos estar alertas para no caer en el turismo espiritual. ¿Cuál es la conducta del turista? Mira esto y aquello, saborea las comidas típicas del lugar, visita los lugares más renombrados, compra los souvenirs que allí se venden, saca un millar de fotos para agregar al “álbum de adquisiciones” y vuelve a casa, a sus viejos hábitos. Y esto puede favorecer la industria y renovar el ánimo transitoriamente, no puede criticarse; pero en el campo del crecimiento espiritual no ayuda sino que más bien dificulta.

La mente se llena de tantos contenidos, a veces contradictorios y disímiles, que la mente encuentra terreno fértil para hacer crecer la divagación. Al crecer la divagación y la circulación de los pensamientos, puede haber la sensación ocasional de progreso, pero no lo habrá realmente. El crecimiento espiritual es diferente de la especulación y de la deliberación interminable. Me dijo una vez mi maestro: “Has de elegir un camino y seguirlo hasta el final”. Y más aún: “Llegado el caso de que el camino o carisma elegido no fuera el más adecuado para tu temperamento interior, si lo sigues con firmeza y paciencia hasta el final, llegarás al mismo sitio al que vamos todos”.

¿Y cómo puede uno discernir el carisma adecuado para el propio temperamento, el camino o la orden o regla de vida más conveniente para uno?

Continúa

Hermanas y hermanos, cualquier lector que desee difundir un blog o página que considere útil para nuestra audiencia, puede enviarnos el enlace que si lo vemos adecuado lo difundiremos sin costo alguno. Un saludo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesús.

La libertad interior

Este libro pretende abordar un aspecto fundamental de la vida cristiana: el de la libertad interior. Su objeto es muy sencillo: considero esencial que cada cristiano descubra que, incluso en las circunstancias externas más adversas, dispone en su interior de un espacio de libertad que nadie puede arrebatarle, porque Dios es su fuente y su garantía. Sin este descubrimiento, nos pasaremos la vida agobiados y no llegaremos a gozar nunca de la auténtica felicidad. Por el contrario, si hemos sabido desarrollar dentro de nosotros este espacio interior de libertad, sin duda serán muchas las cosas que nos hagan sufrir, pero ninguna logrará hundimos ni agobiamos del todo.

Texto completo para descargar aquí

Estimadas hermanas y hermanos en Cristo Jesús: El próximo lunes 20 de Abril realizaremos un encuentro virtual para los lectores en general y también para quienes participan del curso de Filocalía. Lo haremos Dios mediante, a las 20 horas de España, 15 horas de Argentina, 13 horas de Colombia y 12 horas de México central. Aquí les dejamos el enlace de la aplicación Zoom, en la cual continuaremos, ya que han realizado actualizaciones de seguridad en ella y funciona mejor. Hacer click aquí para el enlace .

La desesperación

“Ya no me aguanto este encierro. A veces siento desesperación, me agarra el miedo y no sé que hacer, es como si fuera a darme un ataque de pánico. Tengo ganas de gritar y no sé cómo calmar mi enojo con “NN” que vive conmigo. Dime una palabra por favor hermano que me ayude”.

Bien. Lo primero es detener la escalada de eso que llamas “desesperación”, que quiere decir “ya no puedo esperar”, uno pierde la capacidad de esperar y eso detona las llamadas crisis de pánico o alteración general que quitan toda posibilidad de situarse en la atención, en un posición consciente que te permita observar y poner freno a las reacciones automáticas.

Aunque parezca una tontería, no hay nada más eficaz al principio que dedicarse a darle un ritmo a la respiración. Sucede que respiración y frecuencia de los pensamientos van juntos. Son como los asientos del “subibaja” o balancín al que jugábamos cuando niños. La respiración es la manifestación más evidente de lo que ocurre en la mente y a la inversa también vale. Si la respiración es lenta y profunda no es posible que haya pensamientos agitados, no hay forma. De tal manera, es más sencillo dedicarse a darle un ritmo pausado al respirar, que intentar modificar los pensamientos desesperantes.

Lo primero entonces es darle profundidad y espacio al respirar, a ello debe dedicarse toda tu atención los primeros minutos. Suave y profundamente respiras, una y otra vez, hasta que en dos o tres minutos notas ya claramente un cambio en el descontrol en el que te hallabas inmerso, algo vuelve a ti, un cierto centrado que te devuelve tu humanidad, te pone atento en tí. Allí mismo empieza a repetir la oración de Jesús o la frase que a ti te resulte más entrañable y querida. Esa que te dulcifique el corazón, que te traiga la memoria del cobijo, del abrazo del amado de nuestra vida, Dios nuestro Señor.

Allí, ya se empieza a ganar la batalla. Respiración y oración se van alternando en la atención y me doy cuenta que yo me encuentro detrás de la alteración, que no soy la respiración ni soy la oración; me descubro como el espacio de silencio en el cual se dan el aire inspirado y espirado y el Santo Nombre que va y viene inundando de gracia todo lo que soy. Persiste allí, relaja el cuerpo que estaba tenso queriendo controlar en angustiada defensa lo que consideraba su final inminente. Deja tus cuidados en Dios; hazte consciente que tu vida en Él está sostenida y en nada más. Por más que parezca que tu salud depende de esto y de aquello, sabes que en definitiva, nada ocurre si Dios no lo quiere. ¿Cómo podría algo suceder sin el conocimiento de quién creó todo lo existente y de quién todo lo sostiene?

Descansa, el amor todo lo puede. Apóyate en Él a quién conoces bien a través de cada momento de paz y felicidad. Es él mismo quién yace como fondo de la desesperación, del miedo y del dolor. No temas, aunque no lo parezca a nuestra mente, nunca sucede nada malo, todo es para bien. No te dejes atrapar por la ilusión del control, de aquella voz que dice que las cosas dependen de ti… permite que la confianza inunde tu alma, abraza en tu corazón la resurrección del Cristo cósmico, de esa certeza inmutable que nunca muere; reconoce en todos los abrazos que ocurrieron en tu vida la misma calidez, el mismo amparo, la misma seguridad y abrigo. Repite junto al salmista:

¡Mi refugio está en el Muy Alto, mi amparo junto al Altísimo!

Texto propio del blog

Enlaces:

Blog del Padre José

La mirada contemplativa

Undécima clase de Filocalía

Estimadas/os en el amor a Cristo Jesús: Como os habíamos prometido, a raíz de la continuidad del confinamiento en España y otros países, ofrecemos una nueva clase de Filocalía para todos los lectores del blog sin restricción. Cualquier duda o consulta podéis comunicaros a través de los comentarios en esta misma publicación. Un saludo fraterno para todas/os invocando el Santo Nombre de Jesús resucitado.

El Pseudo Simeón

Haz click aquí para ir al Pseudo Simeón en Filocalía

Aquí debajo el audio del texto en el que se basa la 11° clase de Filocalía

Si te es posible efectúa una donación aquí

Una Pascua Nueva

Estimadas hermanas y hermanos en el amor a Cristo Jesús: Gracias por acompañarnos y compartir con nosotros el camino del Santo Nombre hacia la paz del corazón. Elevamos la voz de nuestras almas hacia el Señor de las alturas, para que nos fortalezca en la confianza, para que podamos entregarnos a Su designio y para que comprendamos el sentido profundo que nos muestra la evidencia: Todo es para bien. Un abrazo para todos en medio de la luz pascual.

Lockdown

Poema del Hermano Richard Hendrick

Sí, hay miedo.

Sí, hay aislamiento.

Sí, hay compras de pánico.

Sí, hay enfermedad.

Sí, incluso hay muerte.

Pero,

dicen que en Wuhan después de tantos años de ruido

puedes escuchar los pájaros otra vez.

Dicen que después de sólo unas semanas de silencio

el cielo ya no está lleno de humo

Es azul y gris claro.

Dicen que en las calles de Asís

la gente se está cantando

a través de las cuadrados vacíos,

manteniendo sus ventanas abiertas

para que los que están solos

puedan escuchar sonidos de familia alrededor.

Dicen que un hotel en el oeste de Irlanda

ofrece comidas gratis y entregas a domicilio.

Hoy una mujer joven que conozco

está ocupada difundiendo folletos con su número

a través del barrio,

para que los ancianos tengan alguien a quien llamar.

Hoy iglesias, sinagogas, mezquitas y templos

se están preparando para dar la bienvenida

y refugio a los sin hogar, a los enfermos y a los cansados.

En todo el mundo la gente se está desacelerando y reflexionando.

En todo el mundo las personas miran a sus vecinos de una manera nueva.

En todo el mundo la gente está despertando a una nueva realidad.

A lo grande que realmente somos.

Al poco control que realmente tenemos.

A lo que realmente importa.

Amar.

Así que rezamos y recordamos que…

Sí, hay miedo.

Pero no tiene que haber odio.

Sí, hay aislamiento.

Pero no tiene que haber soledad.

Sí, hay compras de pánico.

Pero no tiene que haber maldad.

Sí, hay enfermedad.

Pero no tiene que haber enfermedad del alma.

Sí, incluso hay muerte.

Pero siempre puede haber un renacimiento del amor.

Despierta con las decisiones que tomas en cuanto a cómo vivir ahora.

Hoy, respira.

Escucha, detrás de los ruidos que produce el pánico.

Los pájaros están cantando de nuevo,

El cielo se está despejando,

La primavera está llegando,

Y siempre estamos abarcados por el amor.

Abre las ventanas de tu alma

y aunque no seas capaz

de tocar a través de la plaza vacía,

Canta.

5° Meditación de Semana Santa

Ánimo, con Dios nada está perdido

Para mí la vida es Cristo…

Homilía antes de partir al exilio – San Juan Crisóstomo

Muchas son las olas que nos ponen en peligro, y una gran tempestad nos amenaza: sin embargo, no tememos ser sumergidos porque permanecemos de pie sobre la roca. Aun cuando el mar se desate, no romperá esta roca aunque se levanten las olas, nada podrán contra la barca de Jesús. Decidme, ¿qué podemos temer? ¿La muerte? Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. ¿El destierro? Del Señor es la tierra y cuanto la llena. ¿La confiscación de los bienes? Sin nada vinimos al mundo, y sin nada nos iremos de él. Yo me río de todo lo que es temible en este mundo y de sus bienes. No temo la muerte ni envidio las riquezas. No tengo deseos de vivir, si no es para vuestro bien espiritual. Por eso, os hablo de lo que sucede ahora exhortando vuestra caridad a la confianza.

¿No has oído aquella palabra del Señor: Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos? Y, allí donde un pueblo numeroso esté reunido por los lazos de la caridad, ¿no estará presente el Señor? Él me ha garantizado su protección, no es en mis fuerzas que me apoyo. Tengo en mis manos su palabra escrita. Este es mi báculo, ésta es mi seguridad, éste es mi puerto tranquilo. Aunque se turbe el mundo entero, yo leo esta palabra escrita que llevo conmigo, porque ella es mi muro y mi defensa. ¿Qué es lo que ella me dice? Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Cristo está conmigo, ¿qué puedo temer? Que vengan a asaltarme las olas del mar y la ira de los poderosos; todo eso no pesa más que una tela de araña. Si no me hubiese retenido el amor que os tengo, no hubiese esperado a mañana para marcharme. En toda ocasión yo digo: «Señor, hágase tu voluntad: no lo que quiere éste o aquél, sino lo que tú quieres que haga.» Éste es mi alcázar, ésta es mi roca inamovible, éste es mi báculo seguro. Si esto es lo que quiere Dios, que así se haga. Si quiere que me quede aquí, le doy gracias. En cualquier lugar donde me mande, le doy gracias también.

Además, donde yo esté estaréis también vosotros, donde estéis vosotros estaré también yo: formamos todos un solo cuerpo, y el cuerpo no puede separarse de la cabeza, ni la cabeza del cuerpo. Aunque estemos separados en cuanto al lugar, permanecemos unidos por la caridad, y ni la misma muerte será capaz de desunirnos. Porque, aunque muera mi cuerpo, mi espíritu vivirá y no echará en olvido a su pueblo.

Vosotros sois mis conciudadanos, mis padres, mis hermanos, mis hijos, mis miembros, mi cuerpo y mi luz, una luz más agradable que esta luz material. Porque, para mí, ninguna luz es mejor que la de vuestra caridad. La luz material me es útil en la vida presente, pero vuestra caridad es la que va preparando mi corona para el futuro.

Dos enlaces para hoy

Aquí la película Garabandal – Sólo Dios sabe –

Meditaciones de Semana Santa

Tratado de la sobriedad y del cuidado del corazón

¿Qué es la atención, cuáles son sus propiedades?

Escuchadme bien. La atención es la señal de la penitencia cumplida; la atención es la llamada del alma, el odio hacia el mundo y el retorno a Dios. La atención es el despojamiento de las pasiones para revestir la virtud. La atención es la certidumbre indudable del perdón de los pecados. La atención es el principio de la contemplación, su base permanente. Gracias a ella, Dios se inclina sobre el espíritu para manifestarse a él. La atención es la ataraxia del espíritu, su fijación mediante la misericordia que Dios otorga al alma.

La atención es la purificación de los pensamientos, el templo del recuerdo de Dios, el tesoro que permite soportar las pruebas. La atención es la auxiliar de la fe, la esperanza y la caridad. Sin la fe, no se soportarán las pruebas que vienen de afuera; aquel que no acepta las pruebas con alegría no puede decir al Señor: «Tú eres mi refugio y mi asilo» (Sal 3, 4). Y si no coloca su refugio en el muy Alto, no poseerá el amor en el fondo de su corazón”.

Click aquí para el texto completo

10° Clase de Filocalía – Nicéforo, El Solitario

Eucaristía del Domingo de Ramos

El piloto de nuestra vida

Dicen que el virus del COV-19 penetra hasta el fondo del pulmón y bloquea todo el proceso respiratorio, de manera que endurece los alvéolos, empobreciendo la capacidad de que el oxígeno fluya y llegue al corazón.

Estos días me estoy dando cuenta de que, pese a ser una persona de fe, de oración (con matices), de practicar los actos de piedad y asistencia periódica a los sacramentos, de estar en grupos parroquiales y activa militancia durante muchos años en Cursillos de Cristiandad, y diversas parroquias, no he llegado a ese estado que definía el Papa en su oración por la pandemia.

Tener fe no es creer que Jesús existió, que vino enviado por el Padre. Tener fe es confiar en que Él es el piloto de nuestra vida, que todo es para bien. Ser creyente es estar imbuido del espíritu de Jesús, ser cauces del amor de Dios. Estar infectado de ese espíritu de forma que a nuestro alrededor florezcan sus frutos. Contra el virus de esta pandemia, intentamos poner muchas barreras, guantes, mascarillas, batas o pijamas aislantes, las pantallas de metacrilato, para que no nos infecte. También ponemos muchas barreras, a veces inconscientes, a veces mediatizadas por la costumbre de una sociedad que cada vez se aparta más de lo que vivifica, barreras que hacen que nos sintamos como reza la secuencia de Pentecostés: “mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro”.

Por eso quiero infectarme de ese Espíritu, que entre hasta el fondo de mi alma, y me transforme. Que, a través de mis torpes acciones, sea cauce de regar la tierra en sequía, de sanar el corazón enfermo, de lavar las manchas, de infundir calor de vida en el hielo de los que me rodean. Así donde haya odio, podré poner amor, donde ofensa, perdón, dónde tristeza alegría.

Del original “Quiero infectarme” de Antonio Gutiérrez Blanco

Misa de hoy, viernes de la 5° semana de Cuaresma

San Clemente de Alejandría

Escuela de silencio*

Amigos, la oración contemplativa es una dimensión de la vida espiritual a la que todo cristiano está llamado, a ese “cara a cara” con el Señor, y sin lugar a dudas el silencio es un medio necesario y eficaz para lograrlo, pero, ¿qué silencio?  Es tan rica la acción del Espíritu que hay gran variedad de caminos, escuelas de espiritualidad, métodos y propuestas para rezar en el silencio, pero el ideal es que cada uno encuentre el suyo, su estilo. En este tiempo cuaresmal, tiempo de desierto y oración, queremos compartirles sobre uno en especial: “La Escuela del Silencio”. Para ello nos encontramos con Alexandra Arana, 65 años, casada con Hugo, tienen 4 hijos y 4 nietos, ella pertenece a la Fraternidad Laical Dominicana, y conversamos: Alexandra, ¿cuándo y cómo nació la Escuela del Silencio?

La Escuela del Silencio nació en España con José Moratiel, fraile Dominico, pero no tiene una fecha de inicio, tal vez sea porque fue algo que se fué dando y fué creciendo con el transcurrir del tiempo. Es que el silencio es patrimonio humano y existe desde siempre, desde que el ser humano comenzó a relacionarse con Dios, trasciende culturas y religiones. Lo que hizo Moratiel es darlo a conocer y al igual que Jesús, hizo de la oración de silencio algo sencillo, simple y lo sacó del claustro de los monasterios y lo sembró en el corazón de nuestra vida cotidiana.

¿Cuál fué tu primer encuentro con esta experiencia y qué le aportó a tu vida que hace que hoy estés tan comprometida con ella? El primer Encuentro de silencio que realicé fue en 2004, en Orense, España. Fueron 3 días de total silencio acompañados por Moratiel, pero la búsqueda de la oración de silencio comenzó mucho antes en mí. Lo que sí me aportó fue darle un nombre, encontrar una forma, un estilo concreto para poder vivirlo ¡al fin había encontrado lo que tanto buscaba! En cuanto a lo que aportó a mi vida fué en primer lugar un autoconocimiento, al quedarse en silencio cuando todo se va acallando comienza a emerger todo lo que somos, surge así la aceptación de lo que uno es y por último aprender a “olfatear” el rumbo, el camino, por dónde ir o por dónde no.

El camino del silencio es un andar sin brújula, sin mapa, se parece más bien a una aventura. En definitiva es caminar y vivir en la fe. Cuando uno descubre que el silencio es nuestro aliado, se “caen” todas las resistencias ante el Dios de la vida. en definitiva es una oración de total abandono…

Texto sugerido por el Hno. Jorge Pompeyano de la Frat. Monástica Virtual

Aquí el texto completo

Misa del Jueves de la 5° semana de Cuaresma

De dioses y hombres

Eucaristía del Miércoles 1° de Abril, 5° semana de Cuaresma

Desierto de los Anawim

Hermanas y hermanos, la próxima reunión virtual, será el día viernes próximo, 3 de abril, a las 20 horas de España, (Se adelantó una hora), 15 hs. de Argentina, 13 hs.de Colombia y 12 hs. de México central. Debes descargar en tu ordenador la aplicación “zoom” y hacer click en el siguiente enlace, que estará operativo 5 minutos antes.

Aquí para el enlace 

El papel de un cristiano

¿Cual sería, según tu punto de vista, el papel de un cristiano en la hora actual que atraviesa el mundo?


El papel del Cristiano en el mundo, independientemente de la época que este atraviese, siempre es y será buscar a Cristo y mantenerse lo más unido posible a Él. Según la época, las tinieblas adoptan distintas manifestaciones pero su realidad sigue siendo la misma. Solo la Luz de Dios puede disiparlas. El papel de los cristianos es mantener nuestras lámparas encendidas estando en comunión con Cristo y traer su Luz al mundo.

Pienso que en nuestra era actual la ausencia de una interpretación de la realidad en la que lo espiritual tenga cabida es el mayor de los males. Todo lo demás son síntomas consecuencia de la profunda desesperación que hay en el corazón del hombre a raíz de esto. El arte moderno, algunas absurdas reivindicaciones progresistas que revelan una profunda crisis de identidad de la humanidad a nivel global…, pero repito que el antídoto es siempre el mismo, unirnos lo más posible a Dios para traer su Luz al mundo y disipar las tinieblas; que en esta época se manifiestan así pero en otra época se manifestaron quizás en una moralidad puritana exacerbada no menos nociva.

La experiencia de Dios en el corazón del hombre es lo único que lo puede liberar de la oscuridad y solo hombres en comunión con Dios, unidos a la fuente de la vida, a la vid verdadera, regados por la sangre, la vida de Cristo, pueden traer, desde Cristo, esa Luz capaz de disipar las tinieblas en el corazón de sus hermanos, aún cautivos independientemente de cual sea la manifestación exterior, que esas tinieblas hayan adoptado según la época.

En cuanto a la vocación, nuestras obras exteriores siempre deben estar orientadas y deben llevarnos a una relación más intima con Cristo. No debemos forzarnos haciendo muchas buenas obras en lo exterior si estas nos apartan de su presencia. Las buenas obras que estén en armonía con la voluntad de Dios siempre fortalecerán nuestra relación con Él.  Se trasciende la dicotomía entre acción / oración cuando, en comunión con Cristo, recibimos nuestras obras exteriores desde Su Presencia en nuestro interior y nuestra vida pasa a ser Oración.

Mucho se ha hablado acerca de la vocación. En mi opinión hay una vocación que es la principal que es común a todos los Cristianos: La búsqueda de la unión con Cristo. Solo desde esa comunión, ya establecidos en nuestro centro, en el lugar de Su Presencia, roto el velo y abierto el Santo Sagrario en nuestro corazón, iluminado todo nuestro ser desde él  y llena toda nuestra casa de su Gloria, podremos recibir, desde Cristo, nuestra vocación. Una vez ubicados en este centro y recibiendo nuestras obras de Dios, no hay esfuerzo sino más bien asentimiento y permisión a Dios y el apostolado es involuntario y no nace de un esfuerzo personal sino que surge espontáneamente y es más efectivo porque nace desde Dios y da vida.

De otra forma solo proferimos palabras muertas sin capacidad transformante.  Una vez ubicados en este centro el bien se hace solo, no nace de nuestros esfuerzos sino que es Dios el que lo obra a través de nosotros. Pienso que el verdadero bien no es tanto fruto del esfuerzo sino que sucede espontáneamente. Intuyo que más ilumina al mundo el amor involuntario e irrefrenable de un matrimonio común que el esfuerzo cansado y sacrificado de las obras de caridad forzadas. Más bien le hace a alguien deprimido la amistad espontánea que surge sin querer que los esfuerzos voluntarios de alguien por ayudarle, aún movido por la misericordia. Así como las heridas cicatrizan y sanan sin nosotros hacer nada,  las flores crecen y la vida sucede, el verdadero bien sucede por sí mismo independiente de nuestro esfuerzo personal. Las espirales de la vida.

Intercambio epistolar entre dos hermanos de la Fraternidad monástica virtual

Eucaristía del Martes 31 de Marzo, 5° semana de Cuaresma

Pastoresgregis

Sinceridad y pureza

Mediante dos alas las personas se elevan sobre las limitaciones humanas: ellas son la sinceridad y la pureza. Sinceridad debe haber en la intención, pureza en los afectos. La sinceridad orienta hacia Dios, la pureza lo abraza y aprecia. Ninguna buena acción te obstaculizará si estás libre interiormente de afectos desordenados. Si nada intentas ni deseas fuera de la voluntad de Dios y la utilidad de tu prójimo, podrás gozar enteramente de la libertad interior. Si tu corazón fuese recto entonces toda la naturaleza sería para ti espejo de vida y libro de santa enseñanza. No existe ninguna criatura tan pequeña o tan vulgar que no represente de alguna manera la bondad de Dios.

Kempis” Imitación de Cristo” – Enviado por Gabriel de Sta. María

Eucaristía de hoy Domingo 29 de Marzo

9° Clase de Filocalía, 2° sobre Antonio El Grande

Pequeña Escuela de Oración

2° Clase de filocalía

Estimadas/os en Cristo Jesús, como hemos dicho, mientras dure el confinamiento en España y otros países, iremos publicando semanalmente, sin restricción, las clases del curso de Filocalía para contribuir en nuestra pequeña medida a la situación general. Solo mantenemos privados los comentarios e intercambios efectuados entre los alumnos regulares. Cualquier duda o aporte lo podéis realizar al final del post. Que Cristo os cuide.

Casiano, El Romano.

La continencia del estómago y el espíritu de fornicación.

Citas bíblicas recomendadas y Transcripción en Word

Eucaristía de hoy sábado 28 de marzo

Que domine en mí

Una oración de abandono

Paz y abandono en ti, Jesús. Verbo de Dios, Jesús, dame tu paz. Dame completo dominio de la cabeza y de los nervios, perfecta calma interior y exterior. Calma del espíritu, del corazón, de la imaginación, de los pensamientos y de los sentimientos. Dame esa plena seguridad, esa santa lentitud y placidez que es necesaria en los momentos difíciles, para colocar mi espíritu delante de Ti, en una atmósfera de suavidad. Dame algo de la extraordinaria impasibilidad que denota un alma completamente tranquila y feliz, porque en Ti, Jesús, todo sale bien, pues para los que aman a Dios, todo contribuye al bien.

Derrama tu paz sobre mí. Que domine en mí el sentimiento de que nada me oprime, ni las prisas ni el ansia de hacer cosas. El tiempo nunca está mejor empleado que cuando me ocupo en vivir según la voluntad de Dios. Que tenga presente que el buen pensar lleva a proyectos constructivos y creativos que Dios quiere. El mal pensar lleva a la tensión y a la angustia. Ayúdame para vivir serenamente. No intentando nada por sobre mis fuerzas físicas, psicológicas o espirituales ni agotarme queriendo meter en un día o en una hora el trabajo de dos.

Que domine en mí el sentimiento de que nada me ata, nada me obliga ni me coacciona, nada me tiene apegado ni me lleva como a un esclavo con la lengua afuera, a pesar quizá de las impresiones contrarias. Quisiera hacer todo despacio, por ejemplo, acostarme, levantarme, sentarme, comer; tener cuidado de hacer todo lo que haga con calma y lentamente. Prohíbe en mí expresamente el apresuramiento, que es imperfección, madre de muchas imperfecciones. Que domine en mi el sentimiento de que en la vida personal de cada día, tú Jesús, no me exiges un esfuerzo sobrehumano. El camino de perfección lo debo tomar a un ritmo constante, pero pacífico; sin angustias por soñar con una perfección excesiva. Tu me mandas ejercer mis cualidades, no las de un super genio que no soy.

Hago bastante, si hago lo que puedo, según la voluntad de Dios sobre mí. Que domine en mí el sentimiento de que en el trato con los demás, en el desempeño de mi trabajo, nada me preocupa porque estoy seguro de ti, de tu ayuda, de tu bondad. También estoy un poco seguro de la buena voluntad de los demás e incluso de la mía propia. El sentimiento de que tú favoreces aquellos a los que yo quiero y no puedo ayudar estará presente, Tú los consuelas en sus sufrimientos mejor que lo que yo mismo quisiera hacerlo.

Que domine en mí el sentimiento de abandono en tus manos y de una seguridad completa bajo las alas de tu providencia ya que Tú me guías y el futuro no debe preocuparme ni angustiarme en absoluto. Que domine en mí el sentimiento de que no me falta nada de cuanto pueda desear que me sea necesario y provechoso. Infunde en mí, el conocimiento de la riqueza que poseo en Tí. Y la tendencia a ver el lado bueno de las cosas y todo lo bueno que tengo gracias a Tí y no lo que me falta o echo de menos.

Que domine en mí la tendencia de ver todo lo que tengo que hacer no por el lado difícil y molesto sino por el lado atrayente, suave y consolador que procede de Ti, Jesús. Que domine en mí el sentimiento de que nada me preocupa salvo tu sagrada voluntad y de que no estoy apegado a nada, ni siquiera a la misma vida. Es decir el sentimiento de quién por amor a ti se hace indiferente a todo lo demás. Libre de toda atadura, libre de todo plan demasiado programado, de toda envidia, de toda obligación dañosa a la libertad de espíritu propia de un hijo tuyo. De toda preocupación excesiva, de todo deseo exagerado, de toda imperfección libre.

Que procure desear pocas cosas y que las que desee las desee poco y que lo que desee lo sea en Tu voluntad. Que domine en mí el sentimiento de la caridad más perfecta, cultivando la cortesía, la corrección, la amabilidad, evitando toda brusquedad de carácter, agresividad o aspereza. Que me sienta animado siempre a perdonar, a soportar olvidos, faltas de atención y actitudes hostiles. Que nunca pronuncie una palabra de crítica, de juicio; que tenga compasión de los afligidos de todas clases; la caridad más gratuita sin ningún provecho personal. Dice el salmo 41: Dichoso el que cuida al pobre y al desvalido, el Señor lo sostendrá en el lecho del dolor y calmará los dolores de su enfermedad.

Que domine en mí el sentimiento de la confianza en Ti, Jesús. Mi salvador.

Dice San Ignacio de Loyola: “Que esta sea la primera norma de actuar: Confiar en Dios porque el resultado depende solo de Él pero trabaja como si Dios no fuera a hacer nada y tuvieras tú que hacerlo todo”. No temas, te he redimido, te he llamado por tu nombre, eres mío. Cuando cruces el aluvión, yo estaré contigo, y la corriente no te ahogará. Cuando pases por el fuego no te quemarás y las llamas no te abrasarán. Porque yo El Señor soy tu Dios, tu salvador. Eres de gran precio a mis ojos, eres valioso y yo te amo. No temas que contigo estoy Yo. Amén.

Enviada por el Hno. Sergio Cardona de la Fraternidad Monástica Virtual

Aquí el audio con la oración completa

Eucaristía de hoy viernes 27 de marzo, 4° Semana de Cuaresma, oficiada por el Padre José, OP

Cristianismo original – II

Viene de un post anterior

¿Entonces, el problema parece ser que creemos que tenemos fe en la vida espiritual y posterior a la muerte pero que esa creencia es superficial?

En cierto modo sí, ese es un aspecto del problema. Difiere mucho una creencia de una experiencia. La creencia por sí sola puede ser superficial o profunda. Cuando la creencia involucra el corazón se transforma en la fe. La fe es un tipo de experiencia íntima que se va asentando en el corazón hasta llegar a hacerse certeza en el alma. La diferencia entre la creencia y la fe verdadera, es tan diferente como gustar de alguien y amar a alguien.

Cuando alguien te agrada manifiestas una adhesión a su modo de ser o de estar; cuando amas, te involucras hasta el punto de la entrega a la otra persona, en cierto modo te haces uno con el objeto de tu amor. ¿Y cómo llegas a amar a alguien que en principio solo te agrada o te atrae? Por el conocimiento. Sólo conociendo cada vez más a ella o a él es que el amor se manifiesta. Conocer es abrirse a la experiencia de ese otro y al abrirse se produce una fusión paulatina que es en definitiva lo que llamamos amor. Dejo de ser “yo”, de sentirme un ser separado para sentir que soy uno con aquél a quién amo.

Entonces, para llegar a la fe profunda, debo amar a Dios y para amarle necesito conocerle y para conocerle necesito abrirme a Él, a su influencia, a su acción constante y cotidiana. En suma, volvemos siempre a lo mismo: Es preciso acceder a la experiencia de la presencia de Dios en mi vida y en mi cotidiano, esa presencia me permite el conocimiento necesario que me lleva a amar, a entregarme sin limitación y sin temor.

¿Te has enamorado alguna vez? De eso se trata. La fe profunda implica una experiencia de absorción, de apertura y conocimiento del otro, que te lleva a dejarte a ti mismo y a fundirte con quién amas. Para enamorarte necesitas el trato, el diálogo, la mirada, el estarse juntos en el conocimiento mutuo. Por eso para enamorarse de Dios se necesita hacerse consciente de Su suave presencia, dejarse estar ante Él y permitir que nos abrace con el toque de Su gracia.

Estamos diciendo que para llegar a amar a Dios y por lo tanto para ser poseedor de una fe profunda (La casa construida sobre roca, Mateo 7, 21-29) hace falta ser conscientes de la presencia divina en todo y todas las cosas y que a ello se llega en la vida cotidiana. Dios está muy cerca, tan cerca que nos pasa desapercibido y solo basta descorrer el velo que los pensamientos ponen sobre Él, la divagación mental nos produce una ceguera espiritual…

Continúa

Eucaristía de hoy desde Valencia, España; en casa natalicia de San Vicente Ferrer

La consagración

Hermanas y hermanos, os agradecemos cualquier donación que podáis hacer, por mínima que sea, para el sostenimiento de los que participamos del equipo del blog y sus páginas subsidiarias. También haremos llegar una parte de vuestros aportes para colaborar con el Padre José y su labor apostólica. Aquí el enlace respectivo: Donaciones. Saludos fraternos en Cristo.

La pertenencia del corazón

– La oración de Jesús es un camino a lo esencial, una vía hacia el centro de uno mismo. ¿Porque será que sintiendo un deseo tan intenso, que hasta considero un llamado, me cuesta tanto permanecer en ella?

– Es la costumbre generada por una vida dispersa. Te has acostumbrado a estar de aquí para allá en el cuerpo y en la mente. El hábito de ser “viajantes” de los sentidos nos hace la cosa difícil por la inercia que implica. “Todo acto que se repite, acrecienta su tendencia a una nueva repetición”.

Esto lo comprendes fácilmente al examinar los vicios. Sucede que  mientras mas se fuma mas se quiere fumar por ejemplo, el período de saciedad se va acortando; mientras mas comes mas quieres comer. Lo bueno de esta especie de ley de la inercia, es que la puedes usar a favor para acostumbrarte a nuevos hábitos saludables para el cuerpo y el alma.

En el caso de la oración de Jesús, mientras más la repitas, mas fácil será a futuro acordarse de ella. Tiende a transformarla en la melodía constante que suaviza el fondo de tu mente y en el ritmo que te marca el paso en tus actividades.

Deja a un lado la preocupación por sus variaciones en ti. En algún momento será ferviente, en otro sin emoción que la acompañe, mas tarde se repetirá sin conciencia de ello; en otro momento la dirás agradecido por aquello bueno que has vivido, llegarás a decirla cada vez que te asalte la angustia…

No te vayas juzgando como buen o mal alumno respecto de la adquisición de la oración de Jesús. Es un don y un bien que no puede medirse. Muchas veces la puedes usar como calmante interior ante las variadas afrentas del mundo. Otras como una fuente que te da la fuerza necesaria para hacer con entusiasmo lo que emprendes.

Que la oración de Jesús sea como una bandera que se iza en tu alma al amanecer. Ella señala tu filiación, tu identidad profunda. Luego haces las cosas que el día reclama, pero la bandera queda allí, movida por la brisa de tu intención, señalando la pertenencia del corazón.

Texto propio del blog

Audio del texto con la voz de Carolina

Eucaristía del lunes 23 de Marzo oficiada por el Padre José

Respuesta de oración al Covid-19

Eucaristía de hoy

4° Domingo de Cuaresma

Haz click debajo para ir a la Eucaristía

Primera parteSegunda parte

Desde la Casa natalicia de San Vicente Ferrer, en Valencia, España – Oficiada por el Padre José A. miembro de la Orden de Predicadores y miembro de la Fraternidad Monástica Virtual

mayor conciencia

Más le busco, más lejos me encuentro y más fuerte se hace entonces esa soledad, que no es la común que en algunas ocasiones, tiempo atrás, he sentido.

Es una soledad que no te lleva a buscar a nadie en este mundo, está en lo profundo allí en donde ni sé yo que lugar es, y sólo la puedo identificar como un ansia de Dios que no se sacia y me hace llorar, (como en este momento), el solo pensarlo.

Es como si en mi propia existencia faltase algo, un algo vital cuya ausencia me produce un vacío, una pena, una nostalgia. Toda alegría, y soy muy alegre, queda en la periferia de mí, esa nostalgia o soledad de Dios ocupa todo mi interior. Y me preocupa...

Haz click aquí para el texto completo

Aquí el audio del texto con la voz de Carolina

Enlaces recomendados

Homilía del Padre José – 4° Domingo de Cuaresma – Ciclo A

Análisis del mundo moderno

Filocalía 2020

Hermanas/os en el amor a Cristo Jesús: A raíz de la situación general que es de público conocimiento, hemos decidido abrir cada semana una clase del curso de Filocalía, para hacer nuestra pequeña aportación a la situación de confinamiento de muchos de vosotros. Os enviamos un gran abrazo a todos, invocando siempre el Santo Nombre del Señor Jesús.

1° ClaseSíntesis del núcleo de las enseñanzas filocálicas

Muy estimadas/os en Cristo Jesús. Cualquier duda o pregunta, recordad que estamos a vuestra disposición por correo, whatsapp o a través de los comentarios en esta misma página. Un saludo fraterno, invocando a Jesús.

Aquí un texto sugerido:

El Poder del Nombre

Un enlace recomendado

De la era actual, el nihilismo y Jesucristo

Cristianismo original

Parte 1

Estimado hermano, ¿Qué me comentaría a propósito de la situación actual?

Bueno podrían decirse muchas cosas. Destaco sobre todo el hecho de que, aunque todos sabemos que en algún momento vamos a morir, ese conocimiento no está internalizado, no es una comprensión profunda. Es decir, intelectualmente lo sabemos, pero el corazón no lo asume. Y considero que esto nos sucede debido a que tampoco hemos comprendido nuestra verdadera naturaleza de Hijos de Dios. Se produce una clara contradicción entre lo que decimos que sabemos y lo que verdaderamente creemos.

Esto nos lleva, en mi opinión, a vivir como si fuéramos un mero cuerpo y la parte inmortal como dice Antonio el Grande, precisamente en Filocalía, permanece lejos de nuestra experiencia, como una simple creencia más declamativa que efectiva. Quiero decir, como una creencia que no trae consecuencias a nuestra vida. De allí que la muerte nos produce horror y que desesperemos ante la posibilidad. Estas situaciones nos muestran con claridad y sería bueno asumirlo para pedir la gracia que nos transforme, lo endeble de nuestra fe.

La fe es endeble cuando no está anclada o apoyada en la experiencia íntima de la presencia de Dios, viva y operante en nuestra vida. Porque no estamos hablando del dolor, cosa que es muy razonable que se trate de evitar, sino que escapamos tan desesperadamente de la posibilidad de morir, como si hubiera una creencia más de fondo que dijera: “En realidad no hay nada después que muere el cuerpo, desapareces de una vez y para siempre”. Entonces, cuando miramos la conducta social, de creyentes y no creyentes, vemos que en general se asemejan.

No estoy hablando de que no se deban tomar medidas protectivas como se están tomando o que uno debiera ser un irresponsable que anda por ahí expuesto al contagio y a contagiar a otros. Estoy hablando de la experiencia interna del espanto ante la posibilidad de morir. Por eso es tan distintivo el testimonio de los mártires o de algunos santos en la historia que afrontaban con verdadero valor o indiferencia la posibilidad de la muerte. ¿Cómo hacían semejante cosa? ¿Cómo es posible? Porque tenían una fe profunda cuyo fundamento era el conocimiento íntimo de la presencia del Creador providente.

Por eso, el cristianismo creció tanto en sus primeros siglos y soportó penurias y finalmente se extendió por el mundo, porque los cristianos de entonces, como comunidad, tenían más fresca la experiencia del Espíritu Santo luego de la vida de Jesús, como se narra por caso en el libro de los Hechos de los apóstoles. Luego siguió habiendo grandes espirituales y santos y mártires, pero no en la misma proporción. Como comunidad de creyentes, fuimos pasando de una comunidad imbuida del Espíritu Santo a una más declamativa y externalizada.

No me malentiendas; el cristianismo de todas las épocas, incluso el actual, muestra el ejemplo de muchos creyentes coherentes y santos que con su propia vida nos señalan el camino hacia el corazón de Cristo. Hablo de que como conjunto de creyentes hemos ido adoptando la fe externa de la religión del dinero o del consumismo o del hedonismo etc. Se nos ha ido apagando aquél fuego sagrado y muchas veces nos tornamos cristianos aparentes, como si esa palabra se hubiera desvinculado del discipulado de Cristo.

Este post continúa Dios mediante el lunes 23/3

Texto propio del blog

Enlaces recomendados

Hechos de Los Apóstoles

De Karol Wojtila en 1960 sobre San José

Abandonar el temor

Cuaresma 2020

El temor es la anticipación del mal.

Merced a la imaginación, anticipamos los posibles escenarios del acontecer futuro. Cuando este suponer se hace con signo negativo, engendra el temor. El temor en el cuerpo produce contracción, tensión diversa. En la mente ansiedad, inquietud, un clima de desasosiego que exacerba la previsión.

Esta forma de vivir temiendo, configurada en etapas de formación y debido a una equivocada forma de educación o a sucesos traumáticos que no se han podido reconciliar, proyecta también la imagen de un “Dios – Juez” en el cual la bondad y el amor quedan relegados…

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Comunidad de oración – La respuesta de oración al Covid-19

la preocupación

La preocupación se alimenta de dos creencias que permanecen tras la bruma de la divagación mental y que por esto mismo suelen pasar inadvertidas. La una se manifiesta afirmando que las cosas dependen de lo que hagamos exclusivamente, como si tuviéramos el control de lo que ocurre. La otra creencia sostiene que si permanecemos en tensión, adheridos de ese modo al deseo de lo que pretendemos, aumentan las probabilidades de obtener lo que anhelamos.

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Audio “La preocupación” del libro “La Oración de Jesús”

Espacio de intercambio

Cuaresma 2020

Estimadas hermanas y hermanos en el amor a Cristo Jesús.

¿Cómo estáis viviendo la situación que se ha generado a partir de la pandemia de Coronavirus? Lo preguntamos intentando generar un espacio para el intercambio de vivencias que pueda servir a todos los lectores. Nos referimos sobre todo a la experiencia interior del temor, de la fe, de la presencia divina en nuestras vidas, de la oración…

Como sabéis los comentarios pueden hacerse anónimamente o con seudónimo si así lo preferís. Cualquier aporte que hagáis o cualquier consulta puede resultar en beneficio de todos. Debajo les dejamos un vínculo a una comunidad de oración por este tema específico de la pandemia, que la hermana María Jesús, miembro de la Fraternidad, ha creado para converger en la plegaria. También os dejamos un texto que puede aportar que publicamos hace unos años. Un saludo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesús.

Comunidad de oración – La respuesta de oración al Covid-19

El temor y la presencia

El miedo y el temor

Cuaresma 2020

Hermanas y hermanos en el amor a Cristo Jesús.

En estos tiempos particularmente difíciles quiero aportar el recuerdo de una conversación que tuve hace muchos años ya con mi padre espiritual. Le preguntaba sobre el miedo y el temor en un contexto muy diferente pero creo que puede servir.

Me decía que el miedo es como un reflejo físico que actúa sin mediación mental, que es como un seguro del cuerpo para salvarse del peligro y en ese sentido no veía ningún problema con ello. Si nos ataca un animal salvaje o vemos que viene hacia nosotros un coche a gran velocidad, el cuerpo reacciona evitando el peligro con toda eficacia y recién después caemos en cuenta de lo sucedido. Se ponen en marcha toda una serie de cuestiones fisiológicas, necesarias para que el cuerpo se proteja.

En cambio, me decía, el temor es de naturaleza sicológica, es fruto de la imaginación. Y, si bien cumple a veces una función previsora, en general produce una tensión y sofocamiento del alma que no sirve a ningún fin bueno. El temor surge de la anticipación imaginativa del mal. Él enfatizaba que a veces el temor sirve al miedo en su función de preservación de la vida y otras es totalmente innecesario y dañino para la persona. Por ejemplo me digo, en base a lo que recuerdo de su enseñanza: Si evito salir a la calle en estos días para disminuir las posibilidades de contagio, ese temor sería una prevención fundada que no hace mal a nadie, evito salir de casa. Si, en cambio, permito a la mente imaginar mil situaciones posibles, acerca de lo que ocurriría si me enfermo o si se enferma tal o si esto o aquello, el temor ha dejado de cumplir su función y se torna en mi enemigo. Es allí, cuando debo recordar que me he salido de la oración. Poner el Nombre de Jesús en lugar de la imaginación. Le quito la atención a las imágenes que genera el temor y pongo mi atención en el surgimiento de la oración interior.

Me decía también, que el temor tiene su raíz en el deseo. En el deseo de que no ocurra esto o aquello, de que las cosas sean como yo quiero que sean. Nos olvidamos de que toda nuestra existencia y lo que hay en ella nos ha sido dado por Dios y este olvido nos lleva a creer que la existencia misma es nuestra propiedad, que nos pertenece. Este olvido, que nos lleva a dar la vida por sentada, también nos induce a creer que está en nuestras manos lo que ocurra, como si fuéramos capaces con nuestra acción, de cambiar la voluntad de Dios y su designio. ¿No es verdad?

Volvemos al siempre recurrente tema de la libertad humana y de la acción de la providencia. Debemos actuar lo mejor posible según nuestra percepción. Nos parece que cuidando nuestra higiene y permaneciendo en casa disminuimos las probabilidades de enfermar… está muy bien, así hay que hacerlo y cumpliendo también con lo que las leyes van señalando. Pero en nuestro corazón, cuando el temor se impone, debemos recordar que todo depende de Dios. Todo es para bien y conforme a su designio; el hecho de que uno a veces no entienda para que suceden algunas cosas, no quiere decir que carezcan de significado o que son una especie de “error de Dios”.

Debo actuar lo mejor posible en cada situación, sabiendo que lo que ocurra finalmente depende de una voluntad infinitamente mayor que la mía, que es la de Aquél que lo hizo todo. Miraba también hace un rato un mapa sobre cómo a raíz de esta pandemia era observable la disminución de la contaminación ambiental. ¿Será que aprenderemos algo acerca del consumismo desenfrenado en el que estamos inmersos como humanidad? También, esto de no poder salir, viene a llevarnos en cierto modo hacia adentro, al seno de nuestras familias, a estar menos volcados hacia afuera.

No deberíamos gastar el tiempo en seguir hipnotizados las noticias, en una especie de morbo que se retroalimenta de continuo. Eso hace crecer el temor y la imaginación temerosa. Recabar información una o dos veces al día bastará para estar al corriente. Volvamos nuestro rostro a Dios; es en estas situaciones donde solemos caer en cuenta, que más allá de nuestro aparente poderío como especie humana, siempre dependemos de Aquél que nos creó. De ese misterio tremendo, de ese amor sin límites que nos puso un día en esta pequeña esfera, tan bella como frágil. Y lo más misterioso resulta, que ese Ser infinito en ocasiones, nos habla en el corazón. Un saludo fraterno para todos invocando el Santo Nombre de Jesús.

La homilía del Padre José

Comunidad de oración a raíz de la Pandemia de Corona virus

El mejor esfuerzo

Ejercicios de Cuaresma 2020

La imagen pertenece a “La mirada contemplativa”

¿Estoy poniendo mi mejor esfuerzo en acostumbrar la mente a la oración de Jesús? Para ello debo antes descreer del valor de mis divagaciones.

¿Estoy poniendo en marcha alguna mínima ascesis corporal y material que me permita ir adquiriendo el control sobre mi cuerpo? Para ello debo considerar lo necesario y lo superfluo en mi vida.

¿He elegido una o dos actividades para ejercitarme en ese modo particular de hacer que veíamos tan emparentado con la plena atención y la devoción litúrgica? Debo actuar consciente de Su Presencia.

Estas preguntas no son para juzgarse sino para situarse. Al evaluar con verdad interior uno puede saber adónde debe aplicarse con mayor empeño.

de la carta  4 “La proporción necesaria”

Evangelio del día

El amor más grande

Ejercicio de Cuaresma 2020

No creo que haya nadie que necesite tanto de la ayuda y gracia de Dios como yo. A veces me siento impotente y débil. Creo que por eso Dios me utiliza. Puesto que no puedo fiarme de mis fuerzas, me fío de Él las veinticuatro horas del día. Y si el día tuviera más horas más necesitaría su ayuda y la gracia. Todos debemos aferrarnos de Dios a través de la oración. Mi secreto es muy sencillo: La oración. Mediante la oración me uno en el amor con Cristo. Comprendo que orarle es amarlo…

La gente está hambrienta de la palabra de Dios para que les dé paz, unidad y alegría. Pero no se puede dar lo que no se tiene, por lo que es necesario intensificar la vida de oración.

Sé sincero en tus oraciones. La sinceridad es humildad y ésta solo se consigue aceptando las humillaciones. Todo lo que se ha dicho y hemos leído sobre la humildad no es suficiente para enseñarnos la humildad. La humildad solo se aprende aceptando las humillaciones, a las que nos enfrentamos durante toda la vida. Y la mayor de ellas es saber que uno no es nada. Este conocimiento se adquiere cuando uno se enfrenta a Dios en la oración. Por lo general, una profunda y ferviente mirada a Cristo es la mejor oración: yo le miro y Él me mira. Y en el momento en que te encuentras con Él cara a cara adviertes sin poderlo evitar que no eres nada, que no tienes nada.

Comentario al Evangelio del día

Santa Teresa de Calcuta, fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad
El amor más grande, pág. 1 ss

El texto fue extraído de “Hozana”

El Nombre entre nosotros

Ejercicios de Cuaresma 2020

En consonancia con el Evangelio de hoy Lucas 6, 36-38 voy a intentar durante esta jornada, observar los juicios que constantemente realiza la mente sobre aquellos con los que me relaciono; Verificar de que modo tengo ya “etiquetada” a esa o esta persona de cierta manera y como esta “pre-disposición”, condiciona la relación.

No conozco el corazón de mi hermano, aunque esté convencido de que miro objetivamente su conducta. No conozco su momento espiritual íntimo, ni las condiciones en que se desarrolló y se despliega su vida, ni la cruz secreta que le toca cargar. En suma, no soy Dios, por lo cual he de tratar a los demás como a mí me gustaría que me traten y con la misericordia que pido para mí, cuando invoco al Señor.

El trato que dispenso a los demás, no puede depender del comportamiento de ellos hacia mí, sino de mi compromiso como discípulo de Cristo. Entonces, lo primero es ver, darme cuenta del juicio mental continuo que la mente lanza sobre las personas y los sucesos. Lo segundo, depositar en la voluntad de Dios todos mis pareceres y reemplazar la verborrea mental por el Nombre de Jesús. Dejo de juzgar a los hermanos, pruebo secreta y cálidamente de poner el Santo Nombre entre nosotros.

Evangelio del día

Hacia la pureza de corazón

Partir de donde estamos

Ejercicios de Cuaresma 2020

En relación al post: “La pérdida del propósito”

Muchas veces nuestra falta de perseverancia en los propósitos de enmienda tiene que ver con el tamaño de nuestras metas, con que aquello que nos proponemos no tiene proporción con la situación actual que atravesamos. Suele pasarnos que nuestro ego, siempre deseoso de grandezas, nos traza objetivos demasiado elevados o demasiado distantes de nuestro momento espiritual. Entonces, lógicamente, ante el previsible fracaso, caemos en el desánimo.

Conversando con Carolina días atrás, ella comentaba un ejemplo que me pareció muy atinado, me decía: “El GPS, para orientarnos en el camino, necesita siempre saber nuestra localización, detectar en dónde estamos, a partir de allí nos organiza el camino hacia el destino que pretendemos”. Con esas palabras o similares quería expresar la necesidad de atrevernos a ver nuestra situación real actual, sin disimular nuestras propias falencias o caídas, nuestras debilidades, a fin de poder dar el paso necesario. El paso que necesitamos dar para acercarnos a Dios precisa ser coherente con el momento en que nos encontramos. Parece una obviedad pero se nos pasa por alto con frecuencia.

Proponernos cambios simples, quizá pequeños para las aspiraciones de nuestro orgullo, puede ser un paso a paso que nos permita luego llegar a una conversión más profunda. Tal vez no sea ayunar hasta la tarde, sino sólo suprimir el dulce en el postre o comer una porción menor de aquello que tanto me gusta. Quizá no pueda dar de mi dinero a los necesitados porque estoy en situación muy justa, pero puedo tratar mejor a mi vecino o prestar más atención a esa persona que vive conmigo y que tanto necesita que la escuchen. Puede que me halle lejos de la conversión profunda a la que aspiro, aunque tal vez pueda regar el jardín un rato, repitiendo suavemente el Nombre de Jesús.

En cualquier situación que nos encontremos, rutinaria y sencilla o extraordinaria y difícil, atendamos al bien que podemos aportar a ella. Un saludo fraterno, invocando El Nombre de Jesús.

Homilía del Padre José – 2° Domingo de Cuaresma

Link recomendado:

¿Quién es la persona más feliz del mundo?

La epidemia del miedo

Sobre el Corona virus y el miedo a la muerte

Más que a la epidemia de coronavirus, debemos temer a la epidemia del miedo. Por mi parte, me niego a ceder al pánico colectivo y a someterme al principio de precaución que parece mover a las instituciones civiles.

Así que no tengo la intención de emitir instrucciones específicas para mi diócesis: ¿los cristianos dejarán de reunirse para rezar? ¿Renunciarán a tratar y a ayudar a sus semejantes? Aparte de las precauciones elementales que todos toman espontáneamente para no contaminar a otros cuando están enfermos, no resulta oportuno agregar más.

Deberíamos recordar que en situaciones mucho más serias, las de las grandes plagas, y cuando los medios sanitarios no eran los de hoy, las poblaciones cristianas se ilustraron con pasos de oración colectiva, así como por la ayuda a los enfermos, la asistencia a los moribundos y la sepultura de los fallecidos. En resumen, los discípulos de Cristo no se apartaron de Dios ni se escondieron de sus semejantes, sino todo lo contrario.

¿El pánico colectivo que estamos presenciando hoy no revela nuestra relación distorsionada con la realidad de la muerte? ¿No manifiesta la ansiedad que provoca la pérdida de Dios? Queremos ocultarnos que somos mortales y, al estar cerrados a la dimensión espiritual de nuestro ser, perdemos terreno. Disponiendo de técnicas cada vez más sofisticadas y más eficientes, pretendemos dominarlo todo y nos ocultamos que no somos los señores de la vida.

De paso, tengamos en cuenta que la coincidencia de esta epidemia con los debates sobre las leyes de bioética nos recuerda oportunamente nuestra fragilidad humana. Esta crisis global tiene al menos la ventaja de recordarnos que vivimos en una casa común, que todos somos vulnerables e interdependientes, y que es más urgente cooperar que cerrar nuestras fronteras.

Además, parece que todos hemos perdido la cabeza. En cualquier caso, vivimos en la mentira. ¿Por qué de repente enfocamos nuestra atención sólo en el coronavirus? ¿Por qué ocultarnos que cada año en Francia, la banal gripe estacional afecta a entre 2 y 6 millones de personas y causa alrededor de 8000 muertes? También parece que hemos eliminado de nuestra memoria colectiva el hecho de que el alcohol es responsable de 41000 muertes por año, y que se estima en 73000 las provocadas por el tabaco.

Lejos de mí, entonces, la idea de prescribir el cierre de iglesias, la supresión de misas, el abandono del gesto de paz durante la Eucaristía, la imposición de este o aquel modo de comunión considerado más higiénico (dicho esto, cada uno podrá hacer como quiera), porque una iglesia no es un lugar de riesgo, sino un lugar de salvación. Es un espacio donde acogemos al que es Vida, Jesucristo, y donde, a través de Él, con Él y en Él, aprendemos juntos a vivir. Una iglesia debe seguir siendo lo que es: un lugar de esperanza.

¿Deberíamos calafatear nuestras casas? ¿Deberíamos saquear el supermercado del barrio y acumular reservas para prepararnos para un asedio? ¡No! Porque un cristiano no teme a la muerte. Es consciente de que es mortal, pero sabe en quién ha puesto su confianza. Él cree en Jesús, que le afirma: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá para siempre”(Juan 11, 25-26). Él se sabe habitado y animado por “el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos” (Romanos 8:11).

Además, un cristiano no se pertenece a sí mismo, su vida debe ofrecerse, porque sigue a Jesús, quien enseña: “El que quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y el Evangelio, la salvará ”(Marcos 8:35). Ciertamente, no se expone indebidamente, pero tampoco trata de preservarse. Siguiendo a su Maestro y Señor crucificado, el cristiano aprende a entregarse generosamente al servicio de sus hermanos más frágiles, con miras a la vida eterna.

Entonces, no cedamos ante la epidemia de miedo. No seamos muertos vivientes. Como diría el Papa Francisco: ¡no os dejéis robar la esperanza!

+ Pascal Roland, Obispo de Belley-Ars (Francia)

Enviado al blog por Hermano Gabriel de Santa María

Hermanas/os, cualquier comentario será bienvenido para intercambiar opiniones sobre este tema que suscita controversia

7° Clase del curso de Filocalía sobre “La custodia del intelecto”



La pérdida del propósito

Ejercicios de Cuaresma 2020

Año tras año empieza la Cuaresma y se habla de conversión, de purificación, de prepararnos para recibir a Cristo en nosotros, de resucitar con Él en la Pascua… me ilusiono y nace como una devoción o un deseo de cambio, de mejoramiento. Pero con el paso de los días todo eso se va apagando y pierdo los propósitos de enmienda. Llega la Pascua y de nuevo algo quiere resucitar en mí, una alegría de ser cristiana y nuevamente al poco tiempo vuelvo a mirar el mundo a través de un lente opaco, la rutina me adormece y vivo en una sorda letanía de quejas y fastidio, enojada conmigo misma por ser así, tan poco consecuente y me siento tan mal que ni rezar puedo muchas veces. Hace tanto que me pasa esto que pierdo la fe, no en Dios sino en mi misma. No me siento una gran pecadora pero me siento tan poco cristiana o tan mediocre en mi vida religiosa. ¿Pueden decirme algo? “.

Hermanas y hermanos en Cristo Jesús: Quien lo desee puede aportar un comentario a esta inquietud. Aportar nuestra propia experiencia o parecer, puede servir a todos y como suele pasar cuando contestamos alguna consulta, a nosotros mismos. Un saludo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesús.

Aquí tres enlaces:

Encuesta para alumnos de Filocalía

Tres formas de afrontar una crisis

Evangelio del día

Revístanse del amor

Ejercicios de Cuaresma 2020

Me siento en la tranquilidad de mi cuarto. Intento tranquilizarme, dejo que se alejen de mi mente las preocupaciones residuales que se han formado debido a las actividades del día. Respiro suavemente buscando relajar las tensiones que han quedado en mi cuerpo como resultado de las preocupaciones; el saldo de las oscilaciones de mi fe.

Llevo mi atención hacia el deseo que tengo de unión con Dios, mi anhelo profundo de cobijo, de entendimiento, de paz profunda y comunión con Su designio. Invoco el Santo Nombre de Jesús calmadamente, una y otra vez. Sin prisa y sin pausa y luego de unos momentos me pregunto: ¿Que debo cambiar por sobre todas las cosas para permitir la conversión de mi vida?

Recorro con el ojo interno del alma todos los ámbitos en los que se desenvuelve mi acción. La familia, el trabajo, las amistades, la Iglesia, mi relación con Dios a través de la oración, el estudio y aquellas otras varias actividades… ¿Que sería una conversión profunda? No un cambio de maquillaje, de mampostería, sino una verdadera transformación del corazón, que modifique mi mirada, mi sentimiento y mi conducta. ¿Cuál es ese factor que de modificarse lo transformaría todo? En silencio y en el secreto de mi alma surge la respuesta. Y la pongo ante los ojos de Jesús, del amado de mi vida. Pido con la mayor humildad de que soy capaz la gracia de la conversión profunda del corazón. Eso que quiero dejar atrás para siempre…

(Colosenses 3, 9 – 14)

“Tampoco se engañen los unos a los otros. Porque ustedes se despojaron del hombre viejo y de sus obras y se revistieron del hombre nuevo, aquel que avanza hacia el conocimiento perfecto, renovándose constantemente según la imagen de su Creador. Por eso, ya no hay pagano ni judío, circunciso ni incircunciso, bárbaro ni extranjero, esclavo ni hombre libre, sino sólo Cristo, que es todo y está en todos. Como elegidos de Dios, sus santos y amados, revístanse de sentimientos de profunda compasión. Practiquen la benevolencia, la humildad, la dulzura, la paciencia. Sopórtense los unos a los otros, y perdónense mutuamente siempre que alguien tenga motivo de queja contra otro. El Señor los ha perdonado: hagan ustedes lo mismo. Sobre todo, revístanse del amor, que es el vínculo de la perfección.

La oración llama, el ayuno intercede, la misericordia recibe

El ayuno que prefiere Dios

Evangelio de hoy

La fuga cotidiana

Ejercicios de Cuaresma 2020

Buenas noches, agradezco a Dios estos ejercicios de Cuaresma. Dios los bendiga. En Cuaresma el ayuno me cuesta, es increíble cómo se repite ésta situación cada año. Me determino a vivir la Cuaresma y en esto soy débil, quizás lo intento y lo logro a la mañana y durante la tarde no puedo. Bendecido descanso para todos. (Guaita María de Los Ángeles)

A todos nos cuesta hermana. Nuestras debilidades y dependencias se nos hacen evidentes cuando intentamos modificar los hábitos y es muy notable en lo alimentario. A veces es mejor empezar de a poco, suprimiendo esto o aquello en la comida, conscientes de nuestra debilidad y no pretender demasiado. Lo progresivo puede ser luego ocasión de un hábito nuevo más estable.

Una cosa que ayuda mucho y que practicaba un hermano muy querido por nosotros: Unir el ayuno a la limosna. De tal manera era sistemático, que aquello de lo que se privaba en el día lo acercaba a una familia cercana al convento al atardecer, antes de la misa. Al avanzar la cuaresma, otros hermanos se sumaban y lo asistían. Aquel “pequeño” gesto se transformó luego en un comedor permanente (Se sirve una merienda) en una dependencia cercana al monasterio y se continúa hoy durante el año ya con toda una organización y asistencia laical. Esto puede ayudarnos a encontrar más fuerza.

El ayuno, tiene varios sentidos y está cargado de significado, como iremos viendo a través de escritos, homilías y testimonios en toda la historia cristiana. Uno de ellos es hacernos conscientes de nuestra esencia espiritual, capaz de imponerse sobre lo corporal. Aprendemos que los impulsos automáticos del cuerpo no son superiores ni más fuertes que las inspiraciones que la gracia habla en nuestro corazón. Todo avance por pequeño que sea nos va entrenando y convenciendo de esta realidad. Un saludo fraterno en Cristo Jesús.

Aquí debajo el audio de Carolina

Y aquí el texto sobre “La fuga cotidiana”

La avidez

Evangeli.net