Dóciles en Sus manos

De dos recursos espirituales que pueden aprovechar a los principiantes en la contemplación. Te hablaré también un poco sobre dos técnicas para dominar las distracciones. Pruébalas y mejóralas si puedes.

“Cuando te sientas molestado por pensamientos impertinentes, trata de no enterarte de su presencia ni de como se han colado entre ti y tu Dios. Mira más allá de ellos -por encima de sus hombros, como si dijéramos- como si estuvieras contemplando algo distinto, como así es en verdad. Pues más allá de ellos está oculto Dios en la oscura nube del no-saber. Haz esto y estate seguro de que pronto te sentirás aliviado de la angustia que te producen. Te puedo garantizar la ortodoxia de esta técnica, porque en realidad significa un anhelo hacia Dios, un ansia de verlo y gustarlo en cuanto es posible en esta vida. Y un deseo como este ya es amor, que siempre trae paz.

Existe otra estrategia que deberías intentar también. Cuando te sientas totalmente exhausto de luchar contra tus pensamientos, dite a ti mismo: “Es inútil luchar más con ellos”, y después ríndete a sus pies como un cobarde o cautivo. Pues, al hacer esto, te encomiendas a Dios en medio de tus enemigos y admites la radical impotencia de tu naturaleza. Te aconsejo que recuerdes esta estratagema particular, pues al emplearla te haces completamente dócil en las manos de Dios. Y ciertamente, cuando esta actitud es auténtica, equivale a un autoconocimiento, ya que te ves a ti mismo como realmente eres, una miserable y corrompida criatura, menos que nada sin Dios. Es, en realidad, una humildad experiencial.

Cuando Dios te ve apoyado sólo en esta verdad, no puede menos que apresurarse a ayudarte desquitándose en tus enemigos. Luego como padre que corre a rescatar a su hijo pequeño de las mandíbulas del jabalí o de los osos salvajes, te cogerá y te estrechará en sus brazos, enjugando tiernamente tus lágrimas espirituales.”

Capítulo 32 de “La Nube del No Saber”

Aquí debajo la lista de audios de “La Nube…” del 1 al 35 (Seguimos agregando los días siguientes)

La oración y la contemplación en la vida del monje (Audio)

Invitación a encuentro de oración (Oficio breve de la oración de Jesús)

El aburrimiento

¿Qué es el aburrimiento, ese tedio o abulia que suele agarrarnos y donde todo nos parece monótono y perdemos la motivación?

El aburrimiento es el estado de ánimo que se impone cuando vivimos desde la memoria. Es decir, no miro sino que proyecto lo ya visto; no escucho sino que proyecto lo ya escuchado… es una simulación que se nos produce debido a un funcionamiento erróneo de la mente. Creemos vivir momentos nuevos que nos aburren cuando en verdad re-vivimos una especie de relato interior que habla desde la memoria.

No lo entiendo bien, ¿Podría explicarlo mejor?

Cada momento es irrepetible; lo que ocurre es siempre nuevo y trae significados e indicadores nuevos. Sin embargo la mente lo da por supuesto, por ya conocido, debido a que parece similar a otros momentos anteriores. Es como un relato, una voz en off que se va repitiendo mientras vivimos, sin que nos demos cuenta. Este relato dice algo así: “Ya sé lo que voy a sentir haciendo esto; ya sé lo que esa persona va a decir o hacer; esto es lo mismo de siempre y mañana será también lo mismo; ya sé lo que va a pasar con esto otro…” etc. etc.

Este dar por sentado pone un velo sobre los sentidos y en ese velo se proyecta la elaboración que hizo la memoria de los hechos ya ocurridos. El aburrimiento no deriva de lo que está pasando sino de una cierta anestesia de los propios sentidos y esto a raíz de un permanecer a la deriva en medio de las divagaciones, del murmullo constante de los pensamientos. Esto adormece, nos quita capacidad de percibir, de realmente estar entre las cosas y en el mundo. Es lo que solemos llamar cultura del “como si”. Como si fuera que te escucho, como si fuera que estoy haciendo esto, como si fuera que estoy realmente vivo y viviendo la vida que tengo. Es como si estuviéramos fuera de fase, desalineados respecto de lo que es en cada instante.

¿Por qué nos pasa esto?

Debido a que la mente siempre está integrando lo que ya pasó (haciendo digestión de las vivencias) o imaginando lo que podría pasar; (especulando sobre como utilizar los elementos de que dispone en su beneficio) y como nosotros vivimos identificados con la vida de la mente, (como si los pensamientos fueran voluntarios y nuestra propia voz) nunca estamos donde estamos. Para verificar esto basta al final del día con sentarse un momento e intentar recordar el día. Y uno se sorprende de lo poco que recuerda. Esto es a raíz de que estuve “durmiendo” mientras estaba en medio de las actividades. Recuerdas que fuiste a la compra y que luego comiste… pero de eso ¿Qué y cuanto recuerdas? Por supuesto no porque haya que andar recordando lo vivido sino para tener una muestra de cuánto sonambulismo hay en nuestra jornada.

Nos ayudará revisar nuestras prioridades. Aprender a estar verdaderamente atentos es un modo de ser y estar que nos cambia por completo la vida. Se transforma la vida física, la mental y la percepción del mundo espiritual…

Continúa…

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La imagen fue extraída de Langosta literaria

Enlaces de hoy:

Tradicionalismo, progresismo y espiritualidad

Estrújame Jesús

El lenguaje de Dios

¡Gracias Inés por las fotos!

¿Dónde está Dios? Se me hace tan difícil percibirlo en la vida cotidiana… y más cuando empieza una semana, muchas veces lamento la carga de tareas que se me vienen encima y todo lo que tengo que hacer.

Ese deseo de encontrar a Dios, es la gracia actuando en ti. Ya cuando te das cuenta de que todo se ha hecho un fardo pesado que cargar y surge la lamentación, ese deseo de que la vida fuera distinta o que pudieras vivirla desde otra actitud… eso es Dios en ti que se manifiesta. A la sagrada presencia se la puede percibir “afuera” por así decir; como belleza, armonía, ternura, tempestad, sincronías, encuentros y en casi todos los hechos de la vida.

Pero solemos desatender también su presencia como los movimientos íntimos del corazón. Tu ves la casa hecha un desastre y algo en ti desea que estuviera ordenada y limpia. Ese deseo es gracia. Ves a alguien sufriendo o a ti misma en angustia y aparece un clamor interno de que las cosas fueran distintas. Es Dios que te habla y te incita a responder a la situación. Todo se ha puesto gris y aburrido y anhelas el entusiasmo y el fervor, el gusto por la vida… he ahí al Espíritu que te recuerda la actitud necesaria.

Recuerda que muchas sensaciones negativas o sufrientes son un indicador, una señal de una posición incorrecta en tu alma. Hay que aprovechar la angustia, el aburrimiento, la desazón o el agobio como síntomas de un padecimiento espiritual y entonces podemos resolver la raíz y no solo apaciguar los síntomas adormeciéndonos de distintos modos. Por ejemplo: tenemos una actividad que no nos agrada mucho por delante, puede ser que la realizamos sin considerar lo útil que es para los demás que nos rodean, la estamos haciendo como en un “para nosotros mismos” y eso suele quitar el gozo de la acción.

O muchas veces abordamos lo por hacer como cargas o responsabilidades de la vida en lugar de tomarlas como la tarea que Dios nos pide para continuar desarrollando la Creación. A la vez, olvidamos que es mediante el desempeño en lo que nos va tocando como nuestro espíritu crece, se fortalece y se hace a semejanza de Dios. Nada de lo que nos ocurre deriva del azar. Lo que llamamos casualidad o azar de los hechos es providencia ignorada. No hemos aprendido el lenguaje de Dios en los acontecimientos. Todo es sagrado y nosotros lo leemos en clave profana, ahí tenemos el problema. Nuestro espíritu dormita y dejamos al mando a la mente frenética y al cuerpo anhelante.

¿Y entonces que hacer?

Escuchar los mejores deseos, eso que nos dicta el corazón en cada situación. Todos sabemos lo que sería obrar bien en cada momento si atendemos un poco. Cuando nos disponemos a actuar en la dirección correcta, aunque pueda ser difícil, la gracia fluye como una potente cascada, porque nos hemos alineado con el plan de Dios. Con eso que Él tiene previsto para nosotros desde antes que existiera el tiempo…

Es continuación del post “¿Qué es la ansiedad?

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Enlaces de hoy:

El glosario de Filocalía en audio

Invitación a encuentro virtual de oración

El fuego sagrado

Grafía de “El Peregrino ruso”

El Papa ha pronunciado este miércoles la penúltima de las catequesis que pronunciará sobre la oración durante la Audiencia General, y en esta ocasión ha querido centrarse en la “perseverancia al rezar”.

Para ello, empezó citando un clásico sobre la oración. “El itinerario espiritual del Peregrino ruso empieza cuando se encuentra con una frase de san Pablo en la primera carta a los Tesalonicenses: ‘Orad constantemente. En todo dad gracias’ (5,17-18). La palabra del Apóstol toca a ese hombre y él se pregunta cómo es posible rezar sin interrupción, dado que nuestra vida está fragmentada en muchos momentos diferentes, que no siempre hacen posible la concentración. De este interrogante empieza su búsqueda, que lo conducirá a descubrir la llamada oración del corazón. Esta consiste en repetir con fe: “¡Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí pecador!’”.

Francisco recordó que aquella era “una oración sencilla, pero muy bonita. Una oración que, poco a poco, se adapta al ritmo de la respiración y se extiende a toda la jornada. De hecho, la respiración no cesa nunca, ni siquiera mientras dormimos; y la oración es la respiración de la vida”. De este modo, el Santo Padre recalcó que el Catecismo ofrece “citas bellísimas” para ayudar a “custodiar siempre un estado de oración”.

“Afirma el monje Evagrio Póntico: ‘No nos ha sido prescrito trabajar, vigilar y ayunar constantemente —no, esto no se nos ha pedido— pero sí tenemos una ley que nos manda orar sin cesar’ (n. 2742). El corazón en oración. Hay por tanto un ardor en la vida cristiana, que nunca debe faltar. Es un poco como ese fuego sagrado que se custodiaba en los templos antiguos, que ardía sin interrupción y que los sacerdotes tenían la tarea de mantener alimentado. Así es: debe haber un fuego sagrado también en nosotros, que arda en continuación y que nada pueda apagar. Y no es fácil, pero debe ser así”, indicó el Papa en la catequesis.

Por su parte, San Juan Crisóstomo afirmaba: “Conviene que el hombre ore atentamente, bien estando en la plaza o mientras da un paseo: igualmente el que está sentado ante su mesa de trabajo o el que dedica su tiempo a otras labores, que levante su alma a Dios… Por tanto, -insiste Francisco- “la oración es una especie de pentagrama musical, donde nosotros colocamos la melodía de nuestra vida. No es contraria a la laboriosidad cotidiana, no entra en contradicción con las muchas pequeñas obligaciones y encuentros, si acaso es el lugar donde toda acción encuentra su sentido, su porqué y su paz…”

Por ello, antes de concluir, Francisco animó a repetir durante el día esta sencilla oración: “Señor Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí pecador”.

Lee el texto completo en “Religión en libertad”

Queridas hermanas/os, un día 9 de junio como hoy pero del año 2009, se hacía la primera publicación en “Hesiquía” blog, hoy centralizado en este blog, pero que continúa activo periódicamente como complemento de lo aquí publicado. Damos gracias a Dios por aquel impulso inicial y a todos aquellos que a lo largo del tiempo han alentado y ayudado de muy diferentes maneras. Nos alegra mucho que desde la cabeza de la Iglesia se aliente la práctica de la oración de Jesús; un gran regalo del Espíritu para todos los cristianos sin distinción. Un abrazo fraterno agradecido, invocando el Santo Nombre de Jesús.

Te mudarás en mí

¡Gracias Inés por la foto!

“San Agustín nos ayuda a comprender la dinámica de la comunión eucarística cuando hace referencia a una especie de visión que tuvo, en la cual Jesús le dijo: «Manjar soy de grandes: crece y me comerás. Ni tú me mudarás en ti como al manjar de tu carne, sino tú te mudarás en mí» (Confesiones VII, 10, 18).

Por eso, mientras que el alimento corporal es asimilado por nuestro organismo y contribuye a su sustento, en el caso de la Eucaristía se trata de un Pan diferente: no somos nosotros quienes lo asimilamos, sino él nos asimila a sí, para llegar de este modo a ser como Jesucristo, miembros de su cuerpo, una cosa sola con él. Esta transformación es decisiva. Precisamente porque es Cristo quien, en la comunión eucarística, nos transforma en él; nuestra individualidad, en este encuentro, se abre, se libera de su egocentrismo y se inserta en la Persona de Jesús, que a su vez está inmersa en la comunión trinitaria.

De este modo, la Eucaristía, mientras nos une a Cristo, nos abre también a los demás, nos hace miembros los unos de los otros: ya no estamos divididos, sino que somos uno en él. La comunión eucarística me une a la persona que tengo a mi lado, y con la cual tal vez ni siquiera tengo una buena relación, y también a los hermanos lejanos, en todas las partes del mundo”…

No hay nada de mágico en el cristianismo. No hay atajos, sino que todo pasa a través de la lógica humilde y paciente del grano de trigo que muere para dar vida, la lógica de la fe que mueve montañas con la fuerza apacible de Dios. Por esto Dios quiere seguir renovando a la humanidad, la historia y el cosmos a través de esta cadena de transformaciones, de la cual la Eucaristía es el sacramento…”

Benedicto XVI en la homilía de Corpus Christi de 2011

Enlaces de hoy:

Domingo del Corpus Christi

Del cuerpo místico de Cristo

La hora de la mística

Encuentro virtual con el Padre Pablo D´ors – 58° Clase de Filocalía –

Agradecemos al padre Pablo su disposición a encontrarse con nosotros y el regalo que la gracia nos hace a través de sus palabras.

Haz click aquí para ver el encuentro con otra vista de cámara

Amigos del desierto

Monacato secular Tabor

¿Qué es la ansiedad?

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¿Qué es la ansiedad?

La ansiedad es una sensación corporal que viene a ser traducción de una creencia. Esta creencia es de origen mental y dice así: “Lo que ocurra depende de mí”. Cuando nos vamos dando cuenta de que, en realidad, todo depende de la voluntad divina, la ansiedad disminuye por si sola. Mientras más me abandono a la voluntad divina menos ansiedad. Las pre-ocupaciones mentales ceden y las tensiones corporales van desapareciendo.

¿Cómo se hace para encontrar la actitud de entrega a la voluntad de Dios?

La actitud surge y se instala por si sola a medida que observamos los hechos de la vida con atención. Si miramos bien percibimos como todo obedece a factores que no dependen de nosotros. Todos esos elementos reunidos son la manifestación del designio divino. Es solo un tomar consciencia. La órbita del planeta, el clima meteorológico, las nubes y los vientos, la política de tu país, el surgimiento de una pandemia, los autos por la calle, las personas que te cruzas, los latidos de tu corazón y la respiración… el fallecimiento o el nacimiento de un ser querido etc., todo ello está sostenido en Él.

¿Qué depende de mí?

Estar atentos a lo sagrado en la vida cotidiana y ejecutar lo que nos toca con la mayor impecabilidad posible. Todo es sagrado y forma parte de una liturgia cósmica. Sin embargo hay observaciones que nos facilitan sintonizar con esa corriente. Atender a la belleza en las situaciones aparentemente triviales, a la bondad inherente en ciertas relaciones, al agradecimiento que nace en el corazón cuando miramos a quién amamos, no olvidar lo que de verdad buscamos detrás de todo lo que hacemos… eso ayuda, nos va abriendo los sentidos espirituales.

Pero esto está muy lejos de mi vida en cada momento. No tiene nada que ver con lo que vivo.

Esa mirada que ya advirtió la sensación de aparente lejanía entre lo dicho y tu propia vida, es la puerta a lo sacro. No se le encuentra sentido a la vida sino desde una mirada espiritual. Materialmente vista es un absurdo: Nacer, crecer, luchar, envejecer, enfermar y morir no lo puedes significar. En cambio cuando te descubres espíritu inmaterial o cuando empiezas a vislumbrar a Cristo en el corazón todo cambia. Todo empieza a rezumar significado, se adivina una armonía detrás de lo aparente. Ese ordenamiento que entreteje lo que ocurre te enamora y ya no buscas otra cosa…

Continúa…

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Hoy dos enlaces:

Audio de los escritos de Macario, el Egipcio

En todas partes…

El icono de “La Trinidad” del Antiguo TestamentoGalería Tretiakov de Moscú.

“Me hicieron la siguiente pregunta: Que algunas personas se aislaban rigurosamente de los hombres y les gustaba estar siempre solos y de ahí provenía su paz así como del hecho de que se hallaban en la iglesia ¿si esto era lo mejor? Entonces dije: «¡No!» y ¡presta atención porque [no es así]! Quien está bien encaminado en medio de la verdad, se siente a gusto en todos los lugares y con todas las personas. Mas, quien anda mal, se siente mal en todos los lugares y entre todas las personas. Pero aquel que anda por buen camino, en verdad lleva consigo a Dios. Mas, aquel que bien [y] en verdad posee a Dios, lo tiene en todos los lugares y en la calle y en medio de toda la gente exactamente lo mismo que en la iglesia o en el desierto o en la celda; con tal de que lo tenga en verdad y solamente a Él, nadie podrá estorbar a semejante hombre.

¿Por qué? Porque posee únicamente a Dios y pone sus miras sólo en Dios, y todas las cosas se le convierten en puro Dios. Semejante hombre lleva consigo a Dios en todas sus obras y en todos los lugares, y todas las obras de este hombre las opera sólo Dios; pues, la obra pertenece más propia y verdaderamente a quien es causa de ella que a quien la ejecuta. Si concentramos, pues, nuestra vista pura y exclusivamente en Dios, Él, en verdad, habrá de hacer nuestras obras y nadie, ni la muchedumbre ni el lugar, son capaces de detenerlo en sus obras. Resulta, pues, que a tal hombre nadie lo puede estorbar porque no ambiciona ni busca ni le gusta nada fuera de Dios; porque Él se une con el hombre en todas sus aspiraciones. Y así como ninguna multiplicidad lo puede distraer a Dios, así nada puede distraer ni diversificar a este hombre ya que es uno solo en lo Uno, donde toda multiplicidad es una sola cosa y una no-multiplicidad.

El hombre debe aprehender a Dios en todas las cosas y ha de acostumbrar a su ánimo a tener siempre presente a Dios en ese ánimo y en su disposición y en su amor. Observa cuál es tu disposición hacia Dios cuando te encuentras en la iglesia o en la celda: esta misma disposición consérvala y llévala contigo en medio de la muchedumbre y de la intranquilidad y de la desigualdad. Y cuando se habla de igualdad no se afirma que todas las obras o todos los lugares o toda la gente tengan que considerarse como iguales. Esto sería un gran error, porque rezar es una obra mejor que hilar y la iglesia es un lugar más digno que la calle. Debes conservar, empero, en todas tus obras un ánimo y una confianza y un amor hacia Dios y una seriedad siempre iguales. A fe mía, si estuvieras así equilibrado, nadie te impediría tener presente a tu Dios…”.

“Del desasimiento y de la posesión de Dios” del MAESTRO ECKHART

Enlaces de hoy:

Domingo de la Santísima Trinidad

57° Clase de Filocalía – “La escalera del conocimiento”

La acción de la gracia lo abraza todo

“Ante el nacimiento de la vida interior, ante la manifestación sensible de la acción de la gracia y de la unión con Dios, es frecuente que el hombre actúe todavía por su propia iniciativa, en tanto que sus fuerzas se lo permiten. Pero cuando está agotado por el fracaso de sus esfuerzos, renuncia finalmente a su propia actividad y se abandona con todo su corazón a la acción todopoderosa de la gracia. Entonces el Señor lo visita en su misericordia y enciende la llama de la vida espiritual; aprende por su propia experiencia que no son sus esfuerzos los que realizaron en él esta gran transformación; por otra parte, las retiradas más menos frecuentes de la gracia le enseñan que el mantenimiento de esa llama de vida no depende ya de él.

La aparición frecuente de buenos pensamientos y de buenas inspiraciones, su invasión por el espíritu de oración, que viene no se sabe de dónde ni cómo, todo esto lo convence, por experiencia, de que todo ese bien no es posible para él más que por la acción de la gracia divina, siempre presente por la misericordia de Dios, que salva a todos aquéllos que buscan la salvación. El se da al Señor y solo el Señor actúa en él. La experiencia le muestra que no tiene éxito más que cuando se entrega enteramente a Dios. Entonces, ya no vuelve hacia atrás, sino preserva esa gracia por todos los medios posibles.

Los amantes de teorías están muy preocupados por la cuestión de las relaciones entre la gracia y la libertad. Para cualquiera que posea en sí la gracia, la cuestión está resuelta por la experiencia práctica. Aquél que lleva la gracia en su corazón, se abandona íntegramente a la acción de la gracia y es la gracia la que actúa por él. Esta verdad es más evidente para él que cualquier verdad matemática y que cualquier otra experiencia de la vida exterior, porque ha cesado de vivir en la superficie de sí mismo y está enteramente concentrado en el interior. No hay más que una sola preocupación: ser siempre fiel a la gracia que está en él.

La infidelidad ofende a la gracia, hace que ella se aleje o reduzca su acción. El hombre testimonia su fidelidad a la gracia —o al Señor— no permitiéndose nada, ya sea pensamiento, sentimiento, acción o palabra, que sea contraria a la voluntad del Señor. Por el contrario, no desdeña ninguna obra, ninguna empresa, desde que sabe que Dios quiere que la cumpla, discerniendo esta voluntad según las circunstancias y las indicaciones que provienen de sus deseos y movimientos interiores. Esto exige a veces muchos esfuerzos, de renunciamiento de sí mismo y de resistencia a sus instintos, pero él es feliz de sacrificarlo todo al Señor pues, después de cada uno de estos sacrificios, recibe una recompensa interior: la paz, la alegría y un espíritu de oración más audazmente confiado.

Esa fidelidad a la gracia, que va a la par con la oración (la cual, en ese estadio, es continua), hace que el don de la gracia crezca en fervor y en calor. Cuando se enciende un fuego es necesario que el movimiento del aire mantenga la llama y la fortifique. Igualmente, cuando el fuego de la gracia está encendido en el corazón, la oración es necesaria, pues actúa corno una corriente de aire espiritual en el corazón. ¿Qué es esta oración?. Es el incesante movimiento del intelecto hacia el Señor en el corazón, es permanecer constantemente en presencia de Dios, con el intelecto en el corazón, ya sea que esté acompañado o no de oración vocal, pero con sentimientos de devoción, de abandono y de arrepentimiento en el corazón.

Es esta actividad, esta disposición del intelecto, lo que constituye el mejor medio para conservar el calor del corazón y todo el orden interior, para dispersar los pensamientos y las actividades malas o simplemente inútiles y para fortificar los buenos pensamientos y las buenas empresas. Los pensamientos y las intenciones buenas vienen; el hombre se hunde más en la oración, y entonces, según esas intenciones se fortifiquen o debiliten, sabe si ellas son agradables o no a Dios. Cuando vienen los malos pensamientos, cuando algo comienza a turbarlo, se hunde nuevamente en la oración sin prestar atención a lo que pasa en él, y los pensamientos turbadores se desvanecen.

De esta manera, la oración interior se establece en él como la principal fuerza que conduce y regula la vida espiritual. Es necesario no sorprenderse si todas las instrucciones de los Santos Padres tienden principalmente a enseñarnos a orar interiormente”.

Extraído de pags. 118/119 en “El arte de la oración” de Teófano, el Recluso – Ed. Lumen

Dos recomendaciones:

Libres de temor

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Pentecostés

“La presencia del Espíritu enardece el corazón y lo colma de entusiasmo, de dulzura, de gozo inenarrable. Nuestros autores no se cansan de insistir en este punto, revelándonos a menudo su propia experiencia. Así, Ammonas promete a sus discípulos para cuando reciban al Espíritu Santo: «Estaréis libre de todo temor y se apoderará de vosotros un gozo celestial, de manera que, permaneciendo aún en el cuerpo, seréis como si ya hubierais sido transportados al reino».

Y Macario no sabe cómo expresar la felicidad y el gozo interior, y apela a diferentes imágenes tomadas de los placeres más espléndidos de la vida humana: un banquete real, una boda. Y señala a continuación como uno de los frutos más estimados del Espíritu, esto es, la perfección de la gnosis, la iluminación (photismós), cuando añade: «Otras veces, la gracia lo introduce en el conocimiento de misterios que ninguna lengua ni ninguna boca puede expresar, dándole una clarividencia, una sabiduría, una ciencia del Espíritu inefables e insondables».

Y en otro pasaje escribe el Santo: «Noche y día estoy rogando para que la fuerza divina crezca en vosotros y os revele los mayores misterios de la divinidad, que no me es fácil pronunciar con la lengua, porque son grandes, y no son de este mundo, y no se revelan sino a quienes limpiaron su corazón de toda mancha y de toda la vanidad de este siglo, y a aquellos que tomaron sus cruces y aun fortificaron sus almas y fueron obedientes a Dios en todas las cosas».

La acción del Espíritu transforma profundamente al «hombre interior». Lo diviniza, lo deifica. El «hombre espiritual» es la réplica cristiana del «hombre divino», el imposible ideal pagano, soñado a la vez por el pueblo y la minoría de los filósofos. En el «espiritual» cristiano se transparenta una semejanza con Dios muy superior a la imagen inscrita en la humana naturaleza cuando fue creada. El mismo «hombre exterior» refleja esta profunda transformación bajo la acción del Espíritu, como lo comprobaba San Antonio: «Todo el cuerpo es transformado y se somete al poder del Espíritu. Y pienso que se le concede ya alguna parte del cuerpo espiritual que recibirá en la resurrección de los justos»…”

de pags. 671/2 en “El bautismo del Espíritu Santo”, en “Historia del monacato primitivo” de García Colombás.

Enlaces de hoy:

Distracciones, sequedad y acedia

Homilía dominical del Padre José

Cristología interior

Encuentro virtual con el Padre Javier Melloni SJ – 56° Clase de Filocalía –

Agradecemos al padre Javier su disposición a encontrarse con nosotros y el regalo que la gracia nos hace a través de sus palabras. ¡Un profundo y luminoso Pentecostés para todos!

La Cueva, lugar de peregrinación y culto

El Centro internacional de Espiritualidad

Conectarnos con la Presencia

“La verdad que nos libera es saber que no procedemos del capricho de la nada, del azar o de la necesidad, sino de una Fuente indecible de amor, permanente y continua, que Jesús experimentó manando de una profundidad que llamó Abbá. Saber que procedemos de tal Origen nos abre a una confianza y a una libertad siempre por inaugurar. De esta verdad brota libertad porque nos revela que la existencia es puro don dado para dar. Lo que nos impide ser libres es el temor a perdernos.

Vivimos aferrados a todo sin saberlo, en estado de shock. Si descubrimos que la existencia es don, no hay nada que podamos perder, porque nunca lo hemos tenido. Sólo somos sus depositarios. Vivir así nos libera. Pero esta verdad, que es libertad, es difícil de alcanzar y está pendiente de ser desplegada en sus múltiples ámbitos y matices: en los complejos enredos con nosotros mismos, en nuestras relaciones de dominación o de dependencia de los demás, en el significado que damos a nuestras creencias y en los códigos de comportamiento que hemos aprendido para contenernos, creando identidades tanto personales como colectivas en las que quedamos constreñidos. Con frecuencia quedamos atrapados en todo ello en lugar de ser alas que nos impulsen a alcanzar mayores horizontes.

La capacidad liberadora de la verdad consiste en conectarnos con la Presencia que da consistencia a cada momento, posibilitando que alcancemos el núcleo de cada situación, persona y cosa sin aferrarnos a ellas. Cuando estamos arraigados en lo real, podemos fluir y co-crear. En cambio, la inautenticidad hace que vivamos en un mundo falso en el que nos replegamos para defendernos por temor a la pérdida…

No podemos apropiarnos de la vida. No podemos arrancarla. Sólo la podemos recibir. En Getsemaní, el Hijo del hombre renuncia a su pulsión de apropiación —hacer su voluntad a toda costa— para entregarse a una Voluntad que le sostiene. Getsemaní está a las puertas de Jerusalén, ciudad de la paz, puerta del Paraíso para la tradición hebrea. Para pasar por ella hay que ceder a la propia voluntad de afirmación y renunciar a toda forma de arrebatamiento: «No vine a hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado» (Jn 5,30); «el que me envió está siempre conmigo, porque yo hago siempre lo que es de su agrado» (Jn 8,29)…

Como cristianos, exclamamos: «¡Ven, Señor Jesús!» (Ap 22,20). Y él nos responde: «Yo vengo en la medida en que vosotros venís a mí». Nuestro venir a él pasa por vivir del modo como él vivió, dejando que se siga encarnando en nosotros. Vamos hacia El-que-viene. Así se va gestando el Cristo interior y vamos siendo engendrados como prolongación suya en el desarrollo del cosmos y de la historia, acercando esos cielos nuevos y esa tierra nueva que laten en la calidad de nuestro existir.

Extractos del libro “El Cristo Interior” de Javier Melloni SJ

Enlaces de hoy:

El camino más fácil a la oración continua

Atizar el fuego

Serie sobre la oración VI

La oración de Jesús recitada vocalmente, de manera audible para uno mismo, es muy útil para enfocar la atención en ella y en cierto modo ponerse en “sintonía” orante. Sin embargo, una vez que uno se siente ya en estado de oración conviene seguir repitiéndola mentalmente. De otro modo puede suceder que mientras la boca repite la oración, la mente divague siguiendo otros pensamientos. Pero esto ha de alternarse según el momento de cada uno.

Como no es posible tener dos pensamientos al mismo tiempo, si uno puede llevar la atención hacia la repetición de la oración y seguir con el entendimiento las palabras de la frase elegida, las distracciones constantes de la mente no encuentran espacio para dilatarse en la forma de pensamientos. Seguirán apareciendo sin duda, pero al menos disminuirán mucho. Cuando la repetición de la oración de Jesús se hace junto al sentimiento ya todo cambia. Es decir, la repetición mental junto al sentimiento de devoción, compunción, amor o simplemente con el anhelo ferviente de búsqueda de Dios; modifica su cualidad, se hace más profunda y empieza a encarnarse y a descender hacia el corazón o el fondo del alma.

Después solo necesitas paciencia y perseverancia; todos los días regar el campo donde cultivas la oración. Así como alimentas tu cuerpo en diferentes horarios o limpias la casa un poco cada día o vas a comprar víveres con frecuencia; de igual manera debes volver a atizar el fuego de la oración hasta que se vuelve constante y cálido. Ese calor y esa luz abastecerán toda tu vida. Poco a poco te das cuenta que no necesitas nada más. O dicho de otro modo, que de allí surge sin interrupción todo lo que te haga falta, lo que es necesario y bueno para tu vida.

Más adelante por obra de la gracia sucede un hecho extraordinario: Orar ya no requiere esfuerzo sino al contrario. Igual que comer cuando estás hambriento no implica esfuerzo o inspirar luego de cada expiración es algo del todo natural, así mismo se vuelve de fácil y grata la oración. Para disponerse a orar y tomar la oración como la actividad más importante de la vida fue necesario antes que te dieras de bruces una y otra vez con tu voluntad personal. Uno ha de haberse convencido de que todo depende de la voluntad de Dios y de que no hay nada que ocurra si Él no lo quiere o lo permite. El fracaso de las expectativas personales es una gran ayuda para la oración. En verdad, no conozco gracia más grande…

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Enlaces de hoy:

Comunidad de Silencio y Oración Centrante de Rep. Dominicana invita: MARTES 18 Mayo
9:30-11:00 am hora Rep Dom – Tema: LOS DONES DEL ESPÍRITU por el
Padre Thomas Keating – Link directo a reunión: haz click Aquí

55° Clase de Filocalía

La cálida ternura

Icono extraído de “El visitante”

“Deben descender de la cabeza hasta su corazón. Por el momento, sus pensamientos están en su cabeza. Y parece que Dios está fuera de ustedes; también su oración y todos sus ejercicios espirituales permanecen en el exterior. En tanto que permanezcan en su cabeza, no podrán dominar sus pensamientos, que continuarán remolineando como la nieve con el viento del invierno o los mosquitos con el calor del verano…”

Teófano el Recluso

“Es esencial que en el momento de la oración el intelecto esté unido al espíritu y que reciten juntos la oración; pero en tanto el intelecto trabaja con las palabras, pronunciadas mentalmente o en voz alta, el espíritu ora por un sentimiento de cálida ternura o a través de lágrimas.

La unión de los dos es otorgada en el momento determinado por la gracia divina; pero, para el principiante, es suficiente con que el espíritu simpatice y obre con el intelecto. Si la atención es mantenida por el intelecto, el espíritu sentirá un verdadero calor y ternura. A veces, al espíritu se lo llama corazón, como a veces al intelecto se lo llama cabeza”.

Obispo Ignacio

“Sublimidad de la oración interior” – Antología de autores espirituales – Pág. 92 y 98 – Editorial Lumen (2011)

La ascensión

Pinturas hesicastas

El lugar del corazón

“El tiempo de las búsquedas infructuosas termina por pasar y el feliz buscador encuentra lo que buscaba. Descubre el lugar del corazón y se instala allí con su intelecto, en presencia de Dios. Permanece ahí como un súbdito fiel ante su rey y recibe de este último el poder de gobernar su vida interior y exterior como le agrada a Dios. En ese momento, el reino de Dios ha entrado en él y comienza a manifestarse con su fuerza natural”. (Pág. 71)

“Preserva la atención interior y la soledad del corazón. Que Dios te ayude a permanecer siempre así, pues es lo más importante en nuestra vida espiritual. Cuando la conciencia está en el corazón, el Señor también se encuentra allí. Entonces los dos se unen y la obra de salvación avanza con éxito. la entrada al corazón está cerrada a los malos pensamientos, a las impresiones y emociones mundanas. El nombre del Señor por sí mismo, dispersa todo lo que le es extraño y atrae todo lo que está emparentado con él. ¿Qué temes por encima de todo? La propia estima, la satisfacción por uno mismo, la fatuidad por uno mismo y todo lo que ronda en torno a uno mismo…” (Pag 98)

“Debemos trabajar sin prisa, intensificando nuestros esfuerzos progresivamente, de manera que no sobrepasemos nuestras fuerzas. Sino nuestro trabajo será como una pieza nueva sobre un vestido viejo. La decisión de emprender un esfuerzo ascético debe provenir del interior. A veces ocurre que un enfermo encuentra por intuición el remedio o el antídoto para su mal, porque siente un poderoso deseo de ello”. (Pag.142)

Teófano el Recluso en “Sublimidad de la oración interior” – Colección Ichthys – Editorial Lumen – 2011

Enlaces de hoy:

Geografia mística

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“Del mismo modo, en la oración, la prueba de la aridez es la de la semilla que, antes de madurar y de dar frutos, debe podrirse y morir en la tierra. Semejante prueba forma parte obligatoriamente del aprendizaje siempre doloroso de lo que es la condición esencial para la oración, esto es, la humildad. Gracias a una comparación, totalmente “ecológica”, san Bernardo cantará las ventajas místicas de lo que él llama el “valle de la humildad”, que reconoce en las valles húmedos adonde a los cistercienses les gustaba establecerse, porque son el lugar fértil donde destellan las aguas que descienden a lo largo de los flancos escarpados de las montañas.

Ruusbroec, que le copiará la imagen, agregará otro rasgo a lo que alguien ha llamado la “geografía mística” de los cistercienses, un rasgo que es también muy ecológico. Él hace notar que las pendientes de un valle vuelven a enviar la luz del sol hacia el fondo y así redoblan su efecto: “Cuando el sol envía sus rayos a un valle profundo, situado entre dos montañas, y el astro se mantiene en el cenit del firmamento de modo que sus rayos alcanzan la depresión y el fondo del valle, ocurren allí tres cosas. El valle recibe más luz y la refleja mejor a causa de las montañas; se recalienta y es más fértil que la tierra llana de la planicie”.

Es un fenómeno análogo, considera, al que se produce en un corazón humilde que expone sus deseos no satisfechos ante Cristo, porque, frente a la humildad, la liberalidad de Dios no puede contenerse –afirma Ruusbroec–; ella debe fluir y derramarse casi como a pesar de sí. Y continúa: “Este valle que es el corazón humilde, recibe entonces tres cosas: es más iluminado e inundado de luz; es mejor recalentado por la caridad; se vuelve más fértil en virtudes perfectas y en buenas obras”.

Ya sea bajo la figura de la noche, del invierno o del valle, el hombre de oración se amolda así, no solamente a los ritmos exteriores de la naturaleza, a la sucesión de los días y de las estaciones, sino también a un dinamismo espiritual más profundo, a aquel que hace progresar el conjunto de la creación presente hacia su paso a la nueva creación. Ese paso es doloroso, y su dolor repercutirá en la oración…”

Extraído de “La vida de oración…” en “Cuadernos monásticos…”

Dos audios para hoy:

El guía de las almas

Óleo sobre tela – 50 x 70 cms. – Propio del blog –

De esta manera, el monje, desde su misma «conversión» hasta su muerte, se sentía sometido a la constante acción del Paráclito. Las cartas de San Antonio ya subrayan con fuerte realismo esta acción santificadora. «No penséis»—escribe el Santo a sus discípulos—«que ni vuestro ingreso ni vuestro progreso
en el servicio de Dios sea obra vuestra, sino de un poder divino que siempre os está asistiendo». El Espíritu Santo es quien los llama al combate, «fija el modo de la penitencia en los cuerpos y en las almas», les ilustra acerca de las pasiones y cómo vencerlas, les abre los ojos para que vean cómo la propia santificación es el fin de todo ascetismo. El es «el guía de las almas»; si el monje se deja conducir por él, alcanzará la victoria.

Los escritores del monacato primitivo coinciden asimismo cuando se trata de enseñar cómo prepararse para la recepción del Paráclito, la «fuerza de Dios», el «carisma máximo», el «don del Espíritu». Oigamos a San Ammonas: «Si queréis recibirlo, entregaos al trabajo del cuerpo [ = ascetismo corporal] y al trabajo del corazón [ = ascetismo espiritual]. Y dirigid vuestros pensamientos hacia el cielo noche y día, pidiendo de todo corazón el Espíritu Santo, y se os dará… Yo, que soy vuestro padre, rogaré por vosotros para que lo recibáis…»

Pero esto no será posible sin la perfecta pureza de corazón, sin la extinción completa del espíritu de vanagloria, sin la total abnegación de la propia voluntad y del propio juicio, sin mucho reposo, soledad y silencio en lo recóndito del desierto. «Purificarse de la fealdad adquirida por los vicios, escribe San Basilio, volver a la belleza de la naturaleza, restaurar, por así decirlo, la forma primitiva de la imagen real por la pureza: sólo mediante esta condición es posible acercarse al Paráclito». En una palabra, es necesario haber superado la empinada cuesta de la «vida práctica» tal como la exponen nuestros maestros. La gran ley para llegar a ser «espiritual» la formuló con clásico laconismo uno de los padres del yermo cuando dijo: «Da la sangre y recibe el Espíritu».

Sólo por el martirio de la praxis se obtiene esta calidad inapreciable. Para penetrar en el reino es preciso que preceda una muerte mística: «Si alguien pudiera, ya en esta vida, morir a causa de los trabajos [de la ascesis], se convertiría enteramente en la mansión del Espíritu.

Extraído de pags. 668/9 “El paraíso recobrado” dentro de “Historia del monacato primitivo” de G. Colombás

Enlaces de hoy:

Clase 54° de Filocalía – “La morada del corazón”.

Clase 11° de Fenomenología – “La ira, las compulsiones, el testigo ecuánime y otros temas.


La espera de la aurora

“El hombre que no cree que cada día contiene una hora más temprana, más sagrada y rosada que la que él ya ha profanado, ha desesperado de la vida, y está avanzando por un camino descendente y oscuro. Luego de un paro parcial de su vida sensitiva, el alma de un hombre, o más bien sus órganos, se re-fortalecen cada día, y su genio de nuevo ensaya si puede hacer otra vida noble. Debiera decir que todos los sucesos memorables ocurren durante la mañana y en una atmósfera matutina…

Debemos aprender a volvernos a despertar, y a mantenernos despiertos, no con ayuda mecánica, sino por medio de una infinita espera de la aurora, que no nos abandone en nuestro sueño más profundo. No sé de un hecho que anime más que la incuestionable capacidad del hombre para elevar su vida gracias a un esfuerzo consciente. Es algo poder pintar un cuadro, o esculpir una estatua, y de esa forma hacer bellos unos pocos objetos, pero mucho más glorioso es esculpir y pintar la atmósfera a través de la cual miramos, cosa que podemos realizar moralmente. La más elevada de las artes consiste en alterar la calidad del día…

En la eternidad hay realmente algo verdadero y sublime, pero todos esos tiempos y lugares y ocasiones existen ahora y aquí. El mismo Dios culmina en el momento presente, y nunca, en el lapso de todas las edades, será más divino. Y podemos percibir todo lo que es sublime y noble tan sólo por la perpetua inspiración e instilación de la realidad que nos rodea…”

Extraído de “Walden o la vida en los bosques” de Henry David Thoreau

Invitación de Hno. Carlos:

𝗖𝗮𝘀𝗮 𝗱𝗲 𝗦𝗶𝗹𝗲𝗻𝗰𝗶𝗼 𝘆 𝗢𝗿𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝗖𝗲𝗻𝘁𝗿𝗮𝗻𝘁𝗲
𝗥𝗲𝗽. 𝗗𝗼𝗺 invita:

RETIRO DE PENTECOSTES:
“Contemplando al Espíritu Santo en nuestro corazón”

𝗙𝗘𝗖𝗛𝗔 𝗬 𝗛𝗢𝗥𝗔𝗥𝗜𝗢: Sábado 22 mayo 9:30 am-1 pm y 5:30-8:00 pm Domingo 23 mayo, 9:30 am-1 pm
Hora Rep. Dominicana y Miami

POR ZOOM…Link directo a reunión…
https://us02web.zoom.us/j/6026775777?pwd=ZWw3MXpCZlRiSzltTUpXQmE2NHhUZz09

𝗜𝗻𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮𝗰𝗶ó𝗻
+1 8295211177 𝗔𝗺𝗲𝗹𝗶𝗮
𝗜𝗻𝘀𝗰𝗿𝗶𝗽𝗰𝗶ó𝗻
+1 8297500906 𝗠𝗮𝘆𝗿𝗲

Adquiere la inocencia

“Si un pensamiento te oprime, no te desalientes sopórtalo con valor diciendo: Todos me rodearon, pero yo en el nombre del Señor los rechacé (Sal 117,11). De improviso te llega el auxilio de Dios, los alejas de ti, Dios te protege y la gloria divina camina contigo, porque el coraje camina con el que es humilde y tú serás saciado como lo desea tu alma (Is 58,11). Los caminos de Dios son la humildad de corazón y la bondad. Pues está escrito: ¿A quién cuidaré sino al humilde y al pacífico? (Is 66,2). Si caminas por las sendas del Señor, él te custodiará , te dará fuerza, te colmará de ciencia y de sabiduría, pensara en ti en todo tiempo, te liberará del diablo y en tu muerte te dará la gracia en su paz”…

Adquiere la inocencia, sé como esas ovejas inocentes, que si se les quita la lana no dicen ni una palabra. No vayas de un lugar a otro diciendo: “Aquí o allá encontraré a Dios”. Dios ha dicho: Yo lleno el cielo, Yo lleno la tierra (Jr 23,24). Y de nuevo: Si pasaras a través del agua, Yo estoy contigo (Is 43,2). Y: Los ríos no te sumergirán (Is 43,2). Debes saber, hijo mío, que Dios vive dentro de ti, para que permanezcas en su ley y en sus mandamientos…”

Del catecismo de San Pacomio

Dos retiros espirituales en los próximos días:

Retiro de preparación hacia Pentecostés

 Retiro “María, modelo de Fe”. 7 días – Whatsapp aquí.

Cristo es aquí

Serie sobre la oración V

¡Gracias Hna. Bibiana por enviar la foto!

Tu redención es ahora mismo. No importa lo que ha pasado ni lo que vendrá; todo ello está en ti y reunido en este mismo punto, en el presente mismo. La acción del momento cambia los significados hacia el antes y el después. Tus gestos de hoy lo atraviesan todo, iluminan todo lo que has amado y purifican tus desamores. Cristo es aquí en el centro del corazón y sus latidos pugnan por hacerse gracia en movimiento.

Todo pensamiento acerca de ti, déjalo con ligereza, como se espanta una mosca repentina. Cualquier preocupación nos indica alguna soberbia, la de creernos capaces de alterar Su designio. Afincados en el deber del momento, concentrados en el mejor hacer posible, respiramos Su nombre, presentimos su cercanía. ¿Mi refugio? En el muy alto. Depositemos las prisas al amparo del Altísimo. Él sabe, Él ama; apenas velado en las cosas y las situaciones, no hace más que buscarnos.

elsantonombre.org

Enlaces de hoy:

La perfecta sinfonía

Evangelio del día

La obra del momento

La divinización de las actividades

Gracias Leonor por la foto de la paloma en su ermita..!

“… Dios, en lo que tiene de más viviente y de más encarnado, no se halla lejos de nosotros, fuera de la esfera tangible, sino que nos espera a cada instante en la acción, en la obra del momento. En cierto modo, se halla en la punta de mi pluma, de mi pico, de mi pincel, de mi aguja, de mi corazón y de mi pensamiento. Llevando hasta su última terminación natural el rasgo, el golpe, el punto en que me ocupa, aprehenderé el Fin último a que tiende mi profunda voluntad.

Semejante a esas temibles energías físicas que el Hombre llega a disciplinar hasta lograr que realicen prodigios de delicadeza, el enorme poder del atractivo divino se aplica a nuestros frágiles deseos, a nuestros microscópicos objetos, sin romper su punta. Esta potencia es exultante y, por tanto, no perturba ni ahoga nada. Es exultante; por tanto, introduce en nuestra vida espiritual un principio superior de unidad, cuyo efecto específico es, con arreglo al punto de vista que se adopte, santificar el esfuerzo humano o humanizar la vida cristiana…”

Extraido de Escritos esenciales de Pierre Teilhard de Chardin

Enlaces de hoy:

Epifanía

En la tormenta

Conocimiento de sí mismo

“No podemos confiar excesivamente en nosotros mismos porque con frecuencia nos falta la gracia y el criterio. Poca lucidez hay en nosotros y ésta, muy pronto por negligencia, la perdemos. Muchas veces se nos pasa inadvertido lo ciegos que estamos interiormente. Muchas veces actuamos mal y peor lo disculpamos. A veces nos motivan las pasiones y estimamos que es afán por servir a Dios. Reprendemos a los otros por pequeñeces y pasamos tranquilamente sobre nuestras grandes fallas. Pronto sentimos y ponderamos lo que tenemos que soportar de los demás y no nos damos cuenta de lo mucho que los otros nos soportan. Quien bien y justamente califica lo propio no encontrará nada grave de juzgar en el otro.

La persona atenta a su vida en Dios antepone su propia vigilancia a la de los demás. Y quien se reconoce a sí mismo con atención con facilidad prefiere callar lo que corresponde a otros. Nunca serás persona interior y consagrada a menos que silencies lo ajeno y te examines especialmente a ti mismo. Si te orientas totalmente hacia Dios y hacia ti mismo muy poco te moverá lo que percibas de fuera. ¿Dónde estás, cuando no estás presente a ti mismo?. Y cuando terminaste de recorrer todo, olvidado de ti, ¿Qué aprovechaste?. Si deseas tener paz y unión verdadera conviene que pospongas todo hasta aquí y tengas ojos solamente para ti…”

de “La imitación de Cristo” de Tomás de Kempis

Homilía dominical del Padre José Antonio

53° Clase de Filocalía – La necesidad de la humildad

Encuentro virtual

Queridas hermanas y hermanos, aquí les dejamos el vínculo al encuentro virtual de mañana Sábado 1° de Mayo, para quién desee conversar un rato; nos enfocaremos especialmente sobre lo tratado en la clase 52° de Filocalía o acerca del tema de la “No reacción” que publicamos ayer. Será si Dios quiere a las 15 horas de Argentina, 20 horas de España y equivalentes. Un abrazo fraterno, invocando el Santo Nombre de Jesús.

http://meet.google.com/yew-stip-dio

Enlaces de hoy:

Santa Catalina de Siena

Aceptación de la vida

Momentos de la oración

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“Hay momentos en que la oración surge con mucha facilidad. Como si nunca se fuera a ir. Como si siempre hubiera estado y fuera a estarlo por siempre. De pronto desaparece, forma como manchas de ausencia. Sabemos que está ahí, nada más desocuparnos volverá. Los días se vuelven lisos, resbalamos por ellos sin dejar huella.

Retornamos conscientemente a la oración y los días se hacen porosos, sin darnos cuenta, como si donde había un muro de cemento armado hubiera aparecido una pared ladrillos, con huecos para poner libros o macetas o donde se puede echar a dormitar un gato. Una pared donde la vida puede demorarse.

Y vuelve la demora, el sosiego. La oración, que se desenvuelve en el tiempo, nos regala esos huecos de eternidad, donde se instala la vida. Sin que notemos saltos o interrupciones, apenas un pozo aquí y allá donde las aguas se demoran y podemos dejarnos estar, sin nada que nos turbe”.

Andrés Schmidt – Escritor – Practicante del Camino del Nombre.

Centro de Espiritualidad Ignaciana

La práctica de la “No-Reacción” 1° parte y 2° parte

La vida oculta en Dios

“Según San Gregorio el Magno, la vida contemplativa y la vida eterna no son dos cosas diferentes, sino una sola realidad; una es la aurora, la otra el mediodía. La vida contemplativa es el principio de la dicha eterna, su saboreo anticipado. Que la Reina del cielo nos conceda, pues, la gracia de comprender el estrecho vínculo que une esas dos vidas para vivir aquí abajo como si estuviéramos ya en el cielo.

Un alma interior es un alma que ha encontrado a Dios en el fondo de su corazón y que vive siempre con Él. Dios está en el fondo del alma, pero está allí escondido. La vida interior es como una eclosión de Dios en el alma. Mantengámonos en el centro de nuestra alma, en ese punto preciso desde el que podemos vigilar todos sus movimientos, para detenerlos o dirigirlos, según los casos. Vivamos o de Dios o para Dios, pero repitámonos que no se obra del todo para Dios sino cuando ya no se hace absolutamente nada para uno mismo. Se obra entonces porque Dios lo quiere, cuando Él quiere y como Él quiere, por estar siempre unidos en el fondo con Aquel de quien uno no es más que un dichoso instrumento.

… Elevaos hacia Dios constantemente. Dejad en tierra a la tierra. Vivid poco con los demás; menos todavía con vosotros mismos, pero lo más posible, si no en Dios, por lo menos cerca de Él. Cuando en el fondo de vuestra alma oigáis, dos voces contradictorias, conviene que escuchéis generalmente a la que habla más bajo. En todo caso, ésa es la que pide más sacrificios. ¡Y tiene tanto valor el sufrimiento bien entendido! Desliga y aproxima a Dios…”

Extraído de “La vida oculta en Dios” Robert de Langeac

En biblioteca de Cristianismo espiritual

Enlace de hoy:

Timete Deum

El corazón desierto

Cuando uno no sabe a dónde va… y eres como un ciego caminando a tientas…

Él te coge de la mano y te lleva.

Cuando el pensamiento está vacío… y el corazón está Desierto…

Es cuando dejas espacio libre para que Él cumpla en ti la Divinidad.

Es sólo en estado de inocencia… que Él te concede la Gracia.

Es sólo cuando ya no quieres nada y permaneces completamente vacío y desnudo…

que Él puede llenar tu corazón con su aliento… con su Amor.

Y… entonces te llega una gran Joya…

La Fe, la certeza, la confianza.

Monasterio de Vallbona, Lérida.1980 Eulalia Framis

Enlace de hoy:

Humildemente desde la debilidad

La calma posible

Serie sobre la oración IV

¿Qué vas a hacer hoy?

Pondré mi intención en hacer las cosas que tocan con la mayor calma posible. Buscaré cierta posición interior de confianza en la providencia. Cuando mi corazón se sitúa allí, todas las acciones son importantes, cobran significado aunque este permanezca sin formulación precisa. Los movimientos se vuelven tranquilos y armónicos. No me cuesta sentirme parte de una liturgia vital que se manifiesta en todos y en todas partes. Así da gusto vivir.

Pero hay dificultades, apremios, obligaciones, contratiempos… ¿Cómo hacer allí?

Dios quiere que lo encuentre en todo. ¿Puedes encontrarme en esto? ¿Y en esto otro? ¿Y también en esta situación particular? Su amor juega a las escondidas solo para que lo busque. Pretende que lo descubra también en la misma búsqueda. Quiero percibir su sagrada presencia en el día a día y a veces me doy cuenta de que ese “querer percibirlo” ya es Él mismo que me llama. Esta es una de las tantas formas de la oración.

elsantonombre.org

Enlaces:

San Rafael Arnaiz

Camino Cisterciense

El roce de la cercanía

“La oración está presente en todos los seres como un impulso hacia su fuente. En el reino del amor hay siempre un Tú por invocar, porque ese Tú es la condición misma de amar. Cuando el Amado se acerca, el amante desea que no se aproxime del todo para poder seguir yendo tras Él y seguir sintiendo el ardor que lo consume. Tal es el sentido de la oración  que todavía no es unión. Aunque vagamente lo desea, el “yo” no está maduro para morir.

La oración es posible porque hay dos. Cuando todo sea colmado, no habrá palabra ni hará falta oración porque todo estará repleto de Presenciación. Todavía no ha llegado el momento. Es el tiempo del gozo que produce el roce de la cercanía antes de que se consume la unión. Somos pasaje. No podemos ser si retenemos. Existimos como acto de donación de Quien comparte y cede su ser sin cesar. Nuestra existencia es pasar, dejarnos traspasar, convertirnos en oquedad, en umbrales por donde el Ser nos atraviese. La Fuente está siempre vertiéndose, derramándose por doquier.

Cuanta más apertura a la Apertura que nos origina, más crece la capacidad de ofrecernos. Nos hace partícipes de su condición. Lo que existe, existe como desbordamiento de la abundancia del Ser. Abiertos, nos damos en su darse. Tal es la paradoja de nuestro existir: Somos más cuanto más a través de nuestro vacío dejamos ser al Ser. El Ser es calmo y calma la sed. Cuando la criatura regresa, amansa su sed y queda anegada en lo que supera su capacidad de concebir y de comprender.

El vacío no se puede circunscribir, no es asible para el pensamiento capturador. Es plenitud porque colma los bordes del receptáculo. Desborda su razón de ser por aquello que contiene y no puede retener. No siendo es cuando más somos sin serlo, porque Dios tiene en nosotros la oportunidad de nacer. Lo que aparece en el término estaba en el origen, pero no lo sabíamos. Para eso venimos a la vida, para conocerlo, para experienciarlo en los diversos estratos de nuestro devenir…”

Javier Melloni sj

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El texto es una transcripción parcial del vídeo: “Sed de Ser” disponible aquí

IV Domingo de Pascua – Homilía Padre José

El velo de las pasiones

Serie sobre la oración III

¿Cómo hacer con las pasiones del cuerpo? Con ese apego a lo sensible, con los apetitos varios, con la avidez de lo corporal?

Hemos consentido al cuerpo desde siempre por imperativo cultural. Lo hemos considerado lo más importante y lo hemos sobreprotegido. Nos pusimos al servicio de nuestro cuerpo en vez de situarlo como herramienta al servicio del espíritu. De tal manera, hoy se ha transformado en un niño malcriado y caprichoso, que nos tiraniza y que cuando no consentimos se pone a chillar para doblegarnos. Hemos de reeducarlo con astucia e inteligencia. Con afecto pero con firmeza. Hemos de ir quitándole caprichos muy poco a poco, hasta que se conforme con lo necesario, con aquello que le hace bien, que lo hace sentirse mejor de verdad. Cuando al cuerpo le damos solo lo necesario deja de ser un velo que oculta la presencia de Dios. Pero hay que ser pacientes y humildes. Puede llevar años dependiendo de cuan oprimidos estemos bajo su yugo. De todos modos, cualquier esclavitud por pequeña que sea de la que te libres es un buen alimento que hace crecer al espíritu.

¿Qué es lo que más daña al cuerpo?

La inmoderación, en cualquier aspecto y la preocupación mental; que se manifiesta como múltiples tensiones contractivas que impiden el buen funcionamiento orgánico. Has de apreciarlo correctamente. Si odias tu cuerpo por la razón que sea, termina sintiéndose mal como una mascota a la que no damos cariño. El cuerpo está a tu servicio y no a la inversa. Cuando lo acostumbras a esto se siente bien porque así fue creado, como instrumento al servicio del espíritu que es tu verdadera esencia, el hijo de Dios inmaterial que vive en ti.

En síntesis, no le pidas al cuerpo que cumpla el papel de Dios. No podrá darte la plenitud que buscas y que solo la presencia divina puede dar. Utiliza una ascética inteligente y humilde sumada a una oración fervorosa en la forma que tu prefieras y verás que empieza a hacerse dócil y a servirte…

elsantonombre.org

Clase 52° de Filocalía – “El velo de las pasiones”

Filocalía de Editorial Lumen

El arte de la oración

INFINITAS VECES LA MISMA INVOCACIÓN

“El Santo Padre también señaló que, la primera oración humana es siempre una recitación vocal. En primer lugar, se mueven siempre los labios. Aunque como todos sabemos rezar no significa repetir palabras, sin embargo, la oración vocal es la más segura y siempre es posible ejercerla. Los sentimientos, sin embargo, aunque sean nobles, son siempre inciertos: van y vienen, nos abandonan y regresan. No solo eso, también las gracias de la oración son imprevisibles: en algún momento las consolaciones abundan, pero en los días más oscuros parecen evaporarse del todo. La oración del corazón es misteriosa y en ciertos momentos se ausenta. La oración de los labios, la que se susurra o se recita en coro, sin embargo, está siempre disponible, y es necesaria como el trabajo manual…

En este sentido, el Santo Padre afirmó que todos tenemos que aprender de la constancia de ese peregrino ruso, del que habla una célebre obra de espiritualidad, el cual aprendió el arte de la oración repitiendo infinitas veces la misma invocación: “¡Jesús, Cristo, Hijo de Dios, Señor, ten piedad de nosotros, pecadores!”. Si llegarán gracias en su vida, si la oración se hace un día suficientemente caliente como para percibir la presencia del Reino aquí en medio de nosotros, si su mirada se transforma hasta a ser como la de un niño, es porque ha insistido en la recitación de una sencilla jaculatoria cristiana. Al final, esta se convierte en parte de su respiración.

Por tanto, no debemos despreciar la oración vocal, concluyó el Papa Francisco, no es una cosa de niños o para la gente ignorante, no debemos caer en la soberbia de despreciar la oración vocal, ya que es una oración sencilla, nos la ha enseñado Jesús. Y sobre todo son las únicas, de forma segura, que dirigen a Dios las preguntas que Él quiere escuchar. Jesús no nos ha dejado en la niebla. Nos ha dicho: “¡Ustedes, cuando recen, digan así!”. Y ha enseñado la oración del Padre Nuestro…”

Extraído de Vatican News

Aquí el vídeo donde el Papa Francisco recomienda el Peregrino Ruso y la oración de Jesús

Los Salmos de hoy:

EL MURMULLO FILOCÁLICO

“Un murmullo, un impulso atraviesa esos mil años de oración, esos mil años de búsqueda: el deseo de contemplar la belleza de Dios oculta en la Creación y el deseo de contemplar esa Belleza que está por encima de toda creación. Una sed incontenible, una sed insaciable. Pero, al mismo tiempo, una sed serena, apacible, una sed humilde, que aprende a esperar, a alcanzar su meta sin violentar nada ni a nadie. Sed de ver a Dios…

Hablamos de «visión» para referirnos al conocimiento perfecto, al conocimiento que ha alcanzado su plenitud. Un conocimiento que es amor al mismo tiempo, porque conocer a Dios es conocer el amor, ya que Dios es amor (1 Jn 4,8). Y conocer ese Amor supone ir transformándose en él y dejarse transformar por él. Así se van los tres dilatando (el conocimiento, la visión y el amor), a medida que crece la humildad, esa disposición del corazón que permite ir acogiendo más y más a Dios. Disposición interior que no es otra cosa que la limpieza, la pureza de corazón.

«Los Padres vigilantes»

El término griego para hablar de la vigilancia es nepsis, una virtud que es condición fundamental para comenzar, mantenerse y progresar en la vida espiritual: «La continuidad engendra la costumbre, y ésta otorga a la vigilancia una cierta densidad natural», escribía Hesiquio de Batos. Esta atención continua es la que hizo prudentes y sabias a las vírgenes del Evangelio (Mt 25, 1-13). En la doctrina filocálica, la vigilancia presenta una progresión: para los que comienzan, está vinculada al miedo a la muerte y al Juicio Final: «Velad, porque no sabéis cuándo será el día ni la hora» (Mt 25,13). Después, la vigilancia se convierte en un austero ejercicio de atención frente a todos los pensamientos que asaltan a la mente, para suprimirlos de raíz.

Gracias a esta rigurosa vigilancia, el espíritu alcanza una claridad interior muy equilibrada y penetrante, que lo defiende de toda turbación. De este modo, la vigilancia introduce en la plena hesiquía, palabra griega de difícil traducción que significa, a la vez, una paz, una calma, una ternura y dulzura inefables y permanentes en el corazón, gracias a la cual todo pensamiento se apacigua, y el monje puede entregarse a la contemplación pura, sin ser distraído por ningún movimiento interior ni exterior. Con palabras de Hesiquio de Batos:

«La vigilancia es un método espiritual que, mantenido con perseverancia y ardor con la ayuda de Dios, libera totalmente al hombre tanto de sus pensamientos y palabras llenos de pasión como de sus acciones perniciosas. La vigilancia proporciona también un conocimiento certero del Dios incomprensible y abre a los misterios divinos y escondidos. La vigilancia hace observar todos los mandamientos de Dios, tanto los del Antiguo como los del Nuevo Testamento, y concede todos los bienes de la vida futura. La vigilancia es propiamente la limpieza de corazón… una pureza que raramente se encuentra hoy en día, por culpa de nuestra negligencia. Ésta es la vigilancia que Cristo exaltó cuando dijo: `Felices los limpios de corazón, porque verán a Dios’»…

Extraído del libro “Conocimiento espiritual en Filocalía” de Javier Melloni.

Haz click aquí para el audio del primer capítulo

Vídeo anexo de Filocalía – Fin del primer módulo

Dos enlaces:

Caprichos celestiales

Monasterio de Armenteira

El vigor de tu empeño

“Cuando la oración salmódica es guiada por la constancia y la atención, la cantidad es una cosa muy buena; pero es la calidad lo que le da vida al alma y también da fruto. La calidad de la salmodia y de la oración es el orar con el espíritu y con el intelecto…

… Cuando te suceda algo parecido(1) mientras salmodias con destreza, no te dejes sorprender por la acedia a causa del desánimo ni tengas más en cuenta el descanso del cuerpo que la utilidad de la oración en virtud de la lentitud del paso del tiempo; pero, donde tu intelecto sea tomado prisionero, allí detente. Si ello ocurre cuando finalizas el salmo, recomienza con buena predisposición y, cuando hayas encontrado el principio, continúa nuevamente con el curso del salmo, aun cuando tu intelecto permanezca prisionero más de una vez en una hora. Si procedes de esta manera, los demonios(2), al no soportar la paciencia de tu constancia y el vigor de tu empeño, se alejarán de ti llenos de vergüenza.

Debes saber con certeza que la oración continua es aquella que no concluye en el alma ni de día ni de noche; la que no es percibida por quién mira, ni en la rigidez de las manos, ni en la firmeza del cuerpo o el sonido de la lengua; pero es comprendida por quién sabe comprender, en la meditación espiritual del intelecto activo y del recuerdo de Dios, mediante una perseverante compunción…

Caps. 70, 73 y 74 en la Segunda Centuria (Capítulos naturales) de Nicetas Sthetatos en Filocalía – Vol. III de Ed. Lumen, pág. 440/1.

Notas: 1) Se refiere a lo dicho en el cap. 72 respecto del olvido respecto de lo que se está leyendo y a la sensación de que el tiempo pesa en cuanto a que transcurre con lentitud. 2) En Filocalía los demonios eran entendidos a veces como entidades angélicas caídas que asediaban al asceta; otras como medios de ayuda divina para percibir la debilidad del orante y quitarle su soberbia, o como los “logismoi“, es decir pensamientos erráticos y vagabundos. En ocasiones los monjes se referían a las propias tendencias encadenantes del alma del practicante tales como el apego a determinadas pasiones. (Comentario propio del blog)

Enlaces de hoy:

La consagración

Iniciación a la lectura de los padres

Acción y gozo

Prestancia del hombre interior: su vivir en conciencia

“… Volvamos a nuestro propósito. Decimos: El hombre es semejante a Dios cuando puede unir al mismo tiempo acción y gozo.  Pero ¿Cuándo se alcanza esto? Esto tiene lugar cuando el hombre interior se une íntimamente a Dios, de manera inseparable, por su pureza e intención profunda.

Mas este deseo habitual de Dios no es lo que comúnmente se entiende por ello; difiere de ello como el correr del estar sentado. Ese deseo es un tomar conciencia de Dios presente en el fondo del alma y desearle vivamente. Es conciencia interior que causa gozo al hombre, y, si bajo el impulso de la buena voluntad se aplica a las obras exteriores, según sea necesario,  no sale de la conciencia interior más que para volver a ella.

Es así como el hombre interior guía por la mano, muy sujeto, al hombre exterior. Algo así como el maestro cantero que tiene a sus órdenes a muchos aprendices y operarios; él no trabaja directamente, aparece rara vez por el taller, rápidamente pergeña el plan y la disposición de la obra, que cada cual luego ha de ejecutar. Esta dirección y maestría bastan para considerarle como el autor de todo… La obra se le atribuye por razón de sus órdenes e indicaciones y le es más personal que a cualquiera de los obreros que la han ejecutado.

Eso es exactamente lo que hace el hombre interior y transfigurado. Interiormente está en su gozo y, gracias a la luz de su prudencia, con un golpe de vista supervisa las facultades exteriores y asigna a cada una su tarea, de suerte que no quede ni un punto, por pequeño que fuere, sin concurrir al mismo fin… Así las obras más diversas convergen en la unidad…”

Extraído de “Sermón 13” de Juan Taulero

Enlaces de hoy:

La humillación

La vía del Desierto

Amigos de la Hesiquía

“La hesychía es una realidad algo compleja. Los latinos solían traducir este vocablo por quies, pax, tranquillitas, silentium… El término griego significa en los textos monásticos de la época que nos ocupa y en otros posteriores: a) «tranquilidad, quietud, como estado de alma necesario para la contemplación»; b) «tranquilidad, como estado de separación del mundo», y equivale a «soledad». En esta última acepción implica una doble connotación de silencio y soledad, y a veces va unida a anachóresis; como término técnico designa la «vida solitaria del hesicasta, concedida a monjes que la desean, sea temporal, sea permanentemente».

«El amor del silencio y de la soledad—ha escrito Hausherr—es la dialéctica de la oración». La hesychía, en fin de cuentas, es el amor, efectivo y convertido en género de vida, del silencio y la soledad en orden a alcanzar la verdadera oración y la auténtica contemplación. Es llevar la lucha por la oración hasta el último extremo. «Cuando yo vivía en el estado monástico—escribe el obispo Teodoreto de Ciro—, a todos los bienes de la tierra prefería la hesychía». «Ante todo, sed amigos de la hesychía», leemos en una carta del gran hesicasta que fue San Arsenio. Las recomendaciones, los elogios de la hesychía, son frecuentes y entusiastas en nuestros autores. Hesychía, en los textos monásticos, suele tener dos sentidos principales, como hemos visto. A veces designa un estado de vida; otras, un estado del alma. Hay, por tanto, dos clases de hesychía: una física y otra espiritual.

Extraído de “Historia del monacato primitivo” de García Colombás, (BAC) pág. 692 – “Oración y contemplación”

Homilía del Padre José Antonio

Mística de la tiniebla

Gregorio de Nisa elabora su teoría—llamada «mística de la tiniebla»—dentro del marco de las visiones de Moisés. Según la Biblia, Dios se manifestó a Moisés primero a la luz del día, luego en la nube y, finalmente, en la tiniebla. He aquí la imagen del progreso en la verdadera gnosis. La teofanía luminosa simboliza la remoción de toda idea falsa sobre Dios; la manifestación en la nube, la remoción de lo sensible para contemplar las realidades escondidas; en fin, la manifestación en la tiniebla, el ingreso del alma, despojada de toda ayuda humana, en el santuario del conocimiento de Dios.

Esta última es la gnosis verdadera y plena. «Dios permanece siempre infinitamente misterioso; la verdadera visión consiste en no ver; y, en este remontarse más allá de todo conocimiento, el alma experimenta el ‘sentimiento de la presencia’ divina en la noche. Presencia de Dios en el alma, y del alma en Dios. ‘Compenetración mutua: Dios viene al alma, y el alma, a su vez, se transporta en Dios’: la misma gnosis es dejada atrás» He aquí el texto tal vez más significativo:

«La gnosis religiosa es, en primer lugar, luz cuando empieza a aparecer… Pero cuanto más llega a comprender el espíritu, en su caminar hacia adelante, qué cosa sea el conocimiento de las realidades y se acerca más a la contemplación, tanto más comprende que la naturaleza divina es invisible. Habiendo dejado todas las apariencias, no sólo lo que perciben los sentidos, sino lo que la inteligencia cree ver, se dirige cada vez más hacia el interior, hasta que penetra por el esfuerzo del espíritu, hasta el Invisible y el Incognoscible, y allí ve a Dios. En efecto, el verdadero conocimiento de aquel a quien está buscando y su verdadera visión consiste en no ver, porque aquel a quien busca excede todo conocimiento, rodeado por todas partes por su incomprensibilidad como por una tiniebla»

De “El paraíso recobrado” en “Historia del Monacato primitivo” de García Colombás; pag. 659 (BAC)
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Estimadas hermanas y hermanos en Cristo Jesús: Mañana viernes 16 de abril, estaremos disponibles a las 19 hs. de Argentina y horarios equivalentes, por si alguien quiere conversar sobre las temáticas que tratamos en el blog. Será en la aplicación Meet en este enlace:

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El recuerdo de sí

Serie sobre la oración II

Hermano… ¿Cómo hacer para recordarnos a nosotros mismos durante la jornada y no caer en las divagaciones? Sobre todo al principio le pregunto, porque ya me dijo usted que una vez que se agarra la costumbre esto se hace más fácil, como cuando uno echa a andar una rueda por una pendiente. ¿Pero en los comienzos, cuando uno anhela la oración incesante y apenas si se acuerda del propósito durante el día?

Uno debe apelar a cualquier medio a la mano. A mi me ha servido mucho usar elementos que me llamaran la atención. Durante años he llevado una cruz pequeña de madera, lisa y simple nomás, entre los dedos de una mano. Durante todo el día en cualquier actividad, sostener esta pequeña cruz en una de las manos. ¿Qué sucedía? Que a cada rato se me extraviaba la cruz y por lo tanto caía en la cuenta que había perdido la división atencional. Me había ido tras los pensamientos interminables. Así es que me ponía a buscarla por todas partes. Y cuando la encontraba solía darme cuenta sin esfuerzo de como es que se había perdido el recuerdo de mí mismo y por lo tanto el recuerdo de la oración y el recuerdo de la presencia de Dios.

¿Qué entiende usted por recuerdo de sí mismo? Observar todo siendo consciente de que lo estás observando. Es como si te situaras como un sujeto que observa objetos. “Aquí estoy yo que miro las nubes o la flor o el perro… y allá está el objeto”. Esto es una fase inicial tan solo, te hace consciente del espacio entre las cosas y ya te lleva sin que te des mucha cuenta hacia una consciencia más global y amplia que es propiamente el ámbito de la oración. La oración que se da en ese espacio encarna en ti con mayor facilidad.

Antes de cocinar las verduras las debes lavar, pelar, poner la olla al fuego y demás. Del mismo modo, antes de la oración incesante debes preparar el ámbito en ti. Esto implica ser consciente de tu propia presencia durante la jornada. Te haces consciente de ser y estar y dejas de vivir en el piloto automático, en esa duerme-vela distraída donde la vida no se vive sino que pasa muy levemente como algo casi onírico. Antes de percibir la presencia de Dios hay que percibir la propia presencia que es consciencia. Luego cuando esto es fuerte e intenso llega el momento de vaciarse de sí mismo para ser consciente solo del Ser de Dios.

Utiliza un recordatorio como el de la cruz en la mano o poner carteles pequeños en diversos lugares de la casa o lo que a ti te sirva para recordarte, ponerte consciente y atento y volver a la oración. Por cierto esto no se puede hacer si vives muy de prisa. Introduce la calma en tus acciones, en la medida que puedas. Para percibir el espacio entre las cosas y eso que hay entre cada sonido o pensamiento hay que estar muy presente y vivo. Eso requiere atención decidida pero amable, sin forzamientos. Primero eres un sujeto que observa objetos mientras repites la oración. Luego eres como un testigo del sujeto y el objeto mientras la oración se hace casi por si sola. Mas tarde, por decirlo de algún modo, descubres que la oración o esa búsqueda de Dios es lo que realmente eres. Un acto en pos de lo divino, solo eso…

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Enlaces de hoy:

Homilía sobre San Vicente Ferrer en la catedral de Valencia del Padre José Antonio y Texto de la homilía en español

Respirar el Nombre

Meditación y respiración acompasada en el Hesicasmo


Dentro de la tradición cristiana, el «hesicasmo», expresión que deriva de hesiquía (quietud, paz), es la vía contemplativa que más ha desarrollado las técnicas psicofísicas de meditación. En cuanto que el objetivo inmediato de este método es el silencio de la mente, se puede hablar de “mística” hesicasta. Uno de los grandes místicos hesicastas, Gregorio Palamás († 1357), invocaba la autoridad de Moisés para legitimar tal práctica: “Estáte atento a ti mismo», dice Moisés (Dt 15, 9), ¿Con qué? Con la mente, bajo toda mirada.

Con nada más es posible estar atento a sí mismo de modo completo. Tal método se basa en fijar la atención de una manera especial: “Hay un arte espiritual, es decir un método, que conduce rápidamente a quien lo adopta a la impasibilidad y a la visión de Dios, es la atención (prosoché). Algunos santos han llamado a la atención custodia de la mente, otros custodia del corazón, otros sobriedad (nepsis), otros hesiquía mental” (Filocalia, vol. I, Simeón el nuevo teólogo). Como en otras tradiciones contemplativas, el método hesicasta propone reconducir la mente hacia el corazón mediante la quietud de los pensamientos, pero con la novedosa incorporación de la atención simultánea a la propia respiración como medio de sustraerse al flujo de los pensamientos mientras se mantiene ocupada la mente con la recitación de una oración: Si quieres “vivir en recogimiento espiritual, y tener un corazón sobrio con facilidad, que la oración a Jesús se una a tu respiración, y en pocos días verás cómo esto se verifica” (Filocalia, vol. I, Hesiquio, Discurso sobre la sobriedad). «Que cada respiración te recuerde a Jesús, y entonces tocarás con la mano las ventajas de la soledad» (San Juan Clímaco).

Tal práctica se basa en que resulta imposible respirar con un ritmo plácido y estar al mismo tiempo presos de la ira, la envidia, la gula, la lujuria, la soberbia, la avaricia y la deseación en general. Se afirma que la atención sobre la respiración tiene efectos espirituales porque ayuda a domeñar la mente-ego. Ciertamente, se trata de un método de respiración que encuentra antecedentes en otras tradiciones contemplativas como en el taoísmo o el hinduismo y que incluso prendió en órdenes religiosas católicas tan recelosas del recogimiento como la Compañía de Jesús. Así, su fundador, San Ignacio de Loyola, recomendaba como modo de orar “que con cada aliento o respiración se ha de orar mentalmente diciendo una palabra del Pater noster o de otra oración que se rece, de manera que una sola palabra se diga entre un aliento y el otro, y mientras durare el tiempo de un aliento a otro, se mire principalmente en la significación de la tal palabra, o en la persona a quien reza, o en la bajeza de sí mismo, o en la diferencia de tanta alteza a tanta bajeza propia; y por la misma forma y regla procederá en las otras palabras del Pater noster” (San Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales).

de pags. 331 y ss. en “Historia de los métodos de meditación no dual” de Javier Alvarado

La santa escala de Juan Clímaco

Debajo la VIII Clase de Fenomenología 2021

El sitio de la oración

– Pregunta acerca de las imágenes para orar y de cómo organizar el sitio destinado específicamente a la oración.

Estimado Amigo y hermano, te saludo invocando el Santo Nombre. Todo lugar es propicio para orar y nuestra vida misma es oración si nos ubicamos en la actitud correcta de confianza en Dios y de entrega a lo que percibamos como Su voluntad. Pero es cierto también, que mucho necesitamos de momentos especiales de oración y recogimiento, de dedicación exclusiva a la repetición del Nombre de Jesús, momentos en los cuales abrimos particularmente nuestros sentidos espirituales al abrazo de Su presencia.

Estos fragmentos de tiempo que intercalamos a lo largo de nuestra jornada, tienen también una expresión en el espacio. Un lugar consagrado a la oración y al silencio, a la espera de Su palabra. Es muy bueno, necesario y útil, reservar un sitio en nuestra casa solo para la oración. Este pequeño oratorio y sus disposiciones son sin duda muy personales, tanto como nuestros sentimientos al orar. Me pides algún consejo a este respecto; antes que nada ten en cuenta que en esto rige también, aquello que vale para la oración de Jesús y la frase a utilizar.

El modo será el que más nos facilite el contacto con lo sagrado. Personalmente utilizo iconos, de los cuales valoro sobre todo su peculiar morfología, que tiende a destacar las virtudes de aquél que se evoca a través de la imagen. Tienen los rasgos y la disposición de los gestos y la estilizada figura en general algo que nos induce a elevar el espíritu, aunque muchas veces ni nos demos cuenta. Representaciones de iconos antiguos, escritos por manos diestras y orantes, son de mucha ayuda; siempre y cuando su particular estética resuene en vuestro interior. Nuestra biografía nos “educa” un particular gusto y muchas veces lo bello para unos es desagradable para otros. Uno debe sentir afecto hacia la imagen, antes que nada por aquello que evoca, por lo que representa.

No adoramos a las imágenes sino lo que ellas nos traen a la memoria, lo que ellas suscitan en nosotros. Hay gente que prefiere las representaciones escultóricas, otros figuras al óleo, otros recurren a los crucifijos o a diversas estampas. En ocasiones no es la imagen en si lo que ayuda a recordar a Dios sino la persona aquella a la que la tenemos asociada. Organiza y dispone tu sitio de oración con verdadera unción y reverencia, con afecto hacia Quién nos ha dado todo lo que somos y tenemos. Es importante que sientas que se corresponde a tu espacio interior de oración, que en cierto modo, representa a tu corazón. Tal es así que muchas veces el oratorio va cambiando según la etapa espiritual que se atraviese. Los hay cargados y detallados, ornamentados y otros despojados, casi desérticos. Así somos, distintos y es desde nuestra diversidad como llegaremos a la unidad.

Es importante también, en la medida de las posibilidades, que no se utilice para otra cosa o lo menos posible. Es muy común reservar y cuidar mucho el ámbito para recibir a las visitas, ¿no merece otro tanto Nuestro Señor? Es cierto que tendemos al silencio, que queremos ir hacia lo simple, que la oración de Jesús nos va preparando para una concentración en lo único necesario. Pero aceptemos que estamos de camino y que mientras nos dirigimos a eso anhelado, todavía dependemos de algún sentido para orientarnos. Por eso, tanto las imágenes, como los lugares, las luminarias y hasta algún canto pueden servirnos para apoyarnos y desde allí, elevarnos.

Publicado originalmente en 2012 en el Blog Hesiquía

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Enlaces de hoy:

Los dulces de mi convento

Del blog Caminante

Imagen extraída de Domingo Cosenza

El recuerdo de Dios

Óleo sobre tela 50 x 70 cms. con bastidor – bloghesiquia@gmail.com

La práctica del «recuerdo de Dios» ha sido y sigue siendo una de las más útiles para facilitar la rendición y anonadamiento del ego; “Cuando cerramos todas sus salidas con el recuerdo de Dios, el intelecto exige absolutamente de nosotros una obra que satisfaga su necesidad de actividad. Por lo tanto, deberemos darle solamente el Señor Jesús, como íntegra aplicación para su objetivo” (Filocalía, vol. I, Diádoco de Fótice, Definiciones)

La recordación, es decir, el hábito de tener la mente ocupada en pronunciar o invocar los nombres de Dios, debe prolongarse hasta llegar a ser casi incesante; “cuando andas, cuando comes, cuando bebes y cuando no haces nada”. Su fin es recoger los pensamientos dispersos en las preocupaciones terrenas para dirigir hacia Dios el espíritu concentrado y purificado. De esta manera, cuando la mente es privada de su alimento ordinario (los pensamientos erráticos) se vuelve sobre sí misma.

O dicho en otros términos, cuando el ego deja de apropiarse o de alimentarse de deseos y pensamientos, se debilita y acaba por fenecer de inanición; “Cuantas veces suceda que se multipliquen en nosotros los pensamientos, les arrojaremos nuestra invocación a nuestro Señor Jesucristo y los veremos de inmediato disueltos como humo en el aire, tal como la experiencia nos enseña; y entonces habiendo dejado solo al intelecto, empezaremos de nuevo con la atención continua y la invocación.

Y cada vez que pasemos por esta prueba, actuaremos así… manteniendo siempre la hesiquía (quietud) de nuestro intelecto, incluso respecto de los pensamientos que parecen ser buenos; teniendo cuidado de estar vacío de pensamientos, de modo que los ladrones no se escondan allí” (Filocalía, vol. I, Hesiquio, Discurso sobre la sobriedad).”

de pags. 329/330 en “Historia de los métodos de meditación no dual” de Javier Alvarado

Enlaces de hoy:

2° domingo de Pascua

Los salmos

En la noche luce la estrella

Queridas hermanas y hermanos: hoy 10 de abril estaremos disponibles por si alguien quiere conversar un rato sobre las temáticas del blog o cualquier otro tema que les parezca de interés, a las 15 hs. de Argentina, 20 hs. de España y horarios equivalentes. Aquí el enlace a la reunión: meet.google.com/zue-kkja-mrv

Os dejamos también aquí la publicación correspondiente al día de hoy, con un breve extracto de texto y una entrevista al Padre Moratiel, que nos parece muy clara, simple y profunda; la recomendamos mucho. Un abrazo fraterno, para todos invocando a Cristo Jesús.

“Frecuentemente me han preguntado cómo ha aparecido en mi vida el silencio; por qué me he decidido a vivir esta aventura. La respuesta, de repente, es bien sencilla. Por debilidad, por necesidad. Como si fuera mi punto flaco. No hay nada extraordinario ni asombroso en todo esto. Y es como una herida que no tiene cura. Hay edades en que uno vive más bien pasión por la palabra; otras, en cambio, se experimenta pasión por el silencio.

Uno se puede sentir como arrojado al silencio gracias a las insatisfacciones que es innecesario nombrar. Pero no puede por menos que confesar que la insatisfacción que preside las bienaventuranzas de Jesús, las que dice el evangelio y las que sugiere, son provocadoras del silencio. Y es cierto que se desembarca en el silencio al cerrarse todas las puertas y todas las salidas, aunque el verdadero callejón sin salida es el silencio mismo. Pues, ¿Dónde ir si estás en un mar sin costas, sin periferias?; pero esa plenitud es la más inmensa belleza…

… Otro interrogante que me han propuesto es cómo siendo dominico he puesto el acento, de alguna manera, en el silencio. Mi padre santo Domingo es el santo de la Palabra. Pero también, y antes, es el santo del silencio. Y es que la palabra no es nada sin el silencio. Como si la palabra buscara su contrario o su aparente enemigo, en el silencio. Y así el silencio viene a ser como el lecho y el alumbramiento de la Palabra. La misma oración se puede expresar como la alianza, las bodas, del silencio y la Palabra. Palabra y silencio no son rivales. En la oración, uno el hombre pone el silencio y Dios pone la Palabra. Es en la noche donde luce la estrella, y es en el silencio donde es vista la Palabra. La Palabra desprendida del silencio se vuelve plenamente palabra al ser acogida en el silencio que le da sonoridad”.

Extraído de “Conversando desde el silencio”

¡Gracias Andrea por enviarnos la entrevista!

Camino de Contemplación

Hay un silencio el cual es médico y terapeuta.

Hay un silencio ante Dios en el cual el recogimiento es un buscador de perlas, donde se sumerge en las profundidades del ser humano y asciende a la superficie con la herida que no había sanado ni reconocido y que le oprimía. Su descubrimiento duele, pero Dios puede hacerse cargo de la herida y sanarla, pues el recogimiento verdadero es Dios mismo.

Trae a la consciencia las heridas ocultas y desconocidas y puede curarlas por completo. Sólo debes dejar que emerjan a la consciencia y padecerlas ante la mirada amante de Dios. Esta mirada sanadora tiene una delicadeza que más de un terapeuta envidiaría. Trae a la consciencia las heridas en el orden en que se hallan en el interior del ser humano. Nunca expone una llaga más profunda que otras que deben sanar antes.

La persona no tiene que curar sus heridas por si mismas, ni tan siquiera analizarlas. No tiene necesidad de desmenuzarlas. Basta con que las contemple y las padezca en presencia de Dios.

Sólo su mirada…sólo Dios las disolverá.

Frank Jalics

¡Gracias Encarna por el texto!

“Haz la salmodia con la boca, pero con la voz en silencio y la guía del intelecto, no soportando dejar sin consideración nada de lo que dices; pero, si alguna cosa huye de tu intelecto, retoma el verso cada vez que suceda, hasta que tengas el intelecto atento a seguir lo que dices, puesto que el es capaz, mientras salmodias con la boca, de recordar a Dios”. Teolepto de Filadelfia en Filocalía

El detenimiento

Serie sobre la oración I

Una de las prácticas más útiles para la vida de oración que he conocido es la del detenimiento. Como pasa en esas películas que vienen en velocidad normal y de repente cambian la música y se enlentece el fluir de las imágenes. Todo se aprecia mejor. Uno ve la hoja que cae danzando detrás del actor y una paloma que vuela despacito como flotando allá detrás y a lo lejos. Y se observa mejor como se construyen los gestos del personaje mientras camina introspectivo… luego todo se detiene y la cámara mira desde diferentes ángulos.

Bueno eso mismo podemos hacerlo en nuestra vida. Efectuar pequeños altos a lo largo del día. Sencillamente disminuimos nuestro ritmo para quedarnos quietos unos momentos y permanecer presentes a ese instante completamente. Es decir me quedo quieto y atiendo. ¿A qué? A todo. Puedo ir focalizando en distintas partes o atender globalmente. Hay que ver lo que mejor le sienta a cada uno. El punto es parar y si hay verdadera atención en pocos instantes aparece la oración. Veamos con más detalle.

Uno puede detenerse en cualquier momento propicio sin llamar mucho la atención. Durante la caminata en el parque, en algún momento oportuno en la oficina o en casa durante las tareas, en fin, cuando se pueda. Tratamos allí de ser un punto fijo que mira el movimiento alrededor. Sentir el cuerpo ayuda para anclarse o por ejemplo sentir las plantas de los pies contra el suelo, eso nos sitúa. Luego miro el panorama que esta en frente. Lo que sea. Y puede ser mejor si trato de mirar sin fijar nada en particular sino la escena global.

Me hago consciente del cielo encima, con algunas nubes, de los árboles allá que se mecen suave, de un perro que se hace el distraído mientras se acerca, de los sonidos distantes de los coches, de la brisa en la cara, de las asociaciones de pensamientos que desde la memoria “hablan” sobre lo que se ve, etc. Aquí estoy yo, “el sujeto” que mira “objetos” diversos. Respirar, simplemente tratando de estar ahí, viendo, sintiendo, viviendo eso y nada más. Testifico. Cómo si fuera una cámara que registra algo para la posteridad, una milésima del tiempo en el espacio irrepetible.

Esto realizado con frecuencia provoca cambios; es curioso pero nos va transformando el modo de ser y de estar. En ocasiones, estando allí mirando, sintiendo, respirando y existiendo… aparece una especie de presencia envolvente, como si hubiera un espectador que no está a la vista. Que no es el sujeto ni los objetos. Uno se descubre mirado y a la vez amado. No se puede decir mucho porque sino se arruina lo que se quiere decir. En realidad todos sabemos de esto, de esta intuición o presentimiento de lo sagrado. Es como un aire que no es aire pero que está en todos lados.

¿Y la oración donde está en todo esto? La oración empezó en el momento mismo en que tuviste el coraje de detenerte. De salirte brevemente al costado del frenesí. O en el momento en que te diste cuenta que se te estaba llamando a la oración. Empezó como un mínimo acto de conciencia: “Voy a parar un instante”. Y se continuó en todo lo demás. Mirar con atención es orar con la mirada. Y lo mismo al escuchar, al sentir y lo demás. Y suele suceder, puede llevar algún tiempo; que en algún momento de este atender en cierta quietud, uno escucha algo extraño que parece venir del corazón. Como un ritmo o un aliento indefinible y sin saber porque se siente como sagrado.

Se siente sagrado lo visto y uno mismo parece sacralizarse y entonces se comprende mejor a los que dicen que dentro de todos hay un recinto secreto o un templo escondido en el cual se entonan los salmos de alabanza. ¿Y si hago esto pero sin embargo no siento nada de eso que se describe? ¿Si por el contrario me quedo quieto y no sé que hacer o me siento extraño y confundido? Buena pregunta. En ese caso miras la confusión y la extrañeza, las sientes, las vives enteramente y puedes decir:

¡Oh Señor no me doy cuenta de tu presencia… pero como me gustaría percibirte! ¡Cómo me gustaría que dejaras de ser idea o anhelo o creencia y que fueras para mí certeza inamovible… cómo me gustaría! Pues pocas oraciones dan tanto fruto como esa. Es un clamor milenario de la humanidad toda, presente en el propio corazón y que se hace desde el ahora.

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Leer algún salmo con voz audible, en la calma del cuarto, con tranquilidad y saboreándolo con el corazón, es una forma muy útil para acercarse a la profundidad del alma. Incluso, repetir su lectura varias veces, permite que afloren significados nuevos que dan luz a nuestras situaciones. La vida monástica se asienta mucho en la salmodia y los autores de Filocalía la utilizaban mucho también. Si tu practicas con frecuencia la salmodia y quieres contar tu experiencia o tienes alguna duda respecto al tema de la oración, escribe en los comentarios del blog. Un abrazo fraterno en la invocación de Jesús resucitado.

La meditación continua y el recuerdo de DIos

Queridas hermanas y hermanos: Iniciamos estos días de prácticas en torno al tema de la oración en sus diversas formas sugiriendo la lectura del texto que sigue. Nos parece adecuado para iniciar un intercambio sobre los varios temas que están incluidos en estos pocos párrafos. En base ellos basaremos las reflexiones de los primeros días en esta ejercitación. Cualquier comentario es bienvenido. También os dejamos abajo un audio con los cinco primeros salmos leídos con cadencia meditativa. Su lectura o escucha puede predisponer el ánimo a la oración para un posterior aquietamiento. Un saludo fraterno para todos invocando el Santo Nombre de Jesús.

“Si bien se aconseja la práctica de la meditación o de la contemplación durante ciertos momentos del día, el resto del tiempo puede ser empleado en evitar que la mente vague errática presa de sus ensoñaciones. Algunos maestros espirituales recomiendan ocupar la mente en la recitación lo más constante posible de una frase para propiciar el recogimiento continuo. Desde los primeros siglos del cristianismo han existido diversas fórmulas breves de oración para facilitar la recordación continua. Casiano recomendaba: “Oh Dios, ven en mi ayuda, Señor apúrate en socorrerme”.

La más antigua y común es Señor, ten piedad de mí, o también: Oh Dios, ¡ten compasión de mí, que soy pecador!, cuyo origen se hacía retrotraer nada más y nada menos que al propio Adán; “Que se siente vuelto hacia el oriente como antiguamente Adán y que medite así. Adán en su tiempo se sentó y lloró frente a las delicias del Paraíso. Con sus manos se golpeaba el rostro y decía: “Oh Misericordioso, ten piedad de mí que he caído” (Pedro Damasceno, Filocalia, vol. III). Con ello la mente va perdiendo paulatinamente el hábito de apropiarse de los pensamientos.

Así, al alejarse de los pensamientos, también se irá perdiendo progresivamente el interés por los objetos pensados. Ese es el camino del desapego. En suma, debemos “buscar la morada y golpear a la puerta, con perseverancia, mediante la oración [Mt 7, 7]” (Filocalia, vol. I, Marcos el asceta). De esta manera, “en cuanto Dios, está siempre dentro de mí, recógete en Dios, que toda la noche estás en oración o por lo menos se cuenta como si la tuvieras…”. Cualquier momento del día o de la noche es apto para la meditación, incluidos los momentos aparentemente más triviales; “Adonde quieras que te hallares que no tienes qué hacer, recógete con Dios, aun estando haciendo tus necesidades, has de procurar estar recogido”.

La verdadera paz interior consiste en tener el corazón “siempre fijo y firme en el amor de Dios por un continuo y nunca interrumpido deseo, de manera que ninguna otra cosa apetezca”. De esta manera, llegará un momento en que el otrora hábito de “estar en presencia de Dios” se tornará tan natural y espontáneo que acabará dando paso a una forma sutil, constante y superior de existencia en la que el ego es desactivado y transcendido para dar paso a un estado de autoconsciencia lúcida y serena. La oración continua, también llamada recordación de Dios, no es un exceso, sino un mandamiento del Señor: Hay que rezar siempre sin cansarse, rezad incesantemente.”

Pag. 328 en Capítulo XI de “La ciencia y el arte de la meditación en el cristianismo” en el libro “Historia de los métodos de meditación no dual” de Javier Alvarado

En los Salmos, encontramos dos formas principales de la oración: El pedido de ayuda y la alabanza a Dios. Sin embargo, atravesado el significado literal y luego el simbólico, la oración se convierte en silencio donde no hay necesidad de palabras y pensamientos.

Orad sin cesar

Diversas prácticas de oración hasta Pentecostés

Hermanas y hermanos, queridos en Cristo Jesús: en el vídeo les presentamos la intención de estos próximos días de ejercitación, que iniciaremos mañana jueves; en torno a las diversas formas de oración que podemos practicar según la etapa espiritual en la que nos encontremos, según la preferencia personal y/o la circunstancia que atravesamos en nuestra vida. Utilizaremos para ello los salmos, los evangelios, textos de diversos místicos cristianos y haremos también nuestros propios comentarios y reflexiones. Están invitados a comentar, realizar aportes de vuestras propias experiencias de oración o meditación, a efectuar consultas y a participar en las reuniones virtuales que realizaremos. Quizá, ayudados por la gracia siempre presente, podamos profundizar en esta temática, para que nuestra vida misma se convierta en oración incesante del corazón. Un abrazo fraterno para todos, invocando el Santo Nombre de Jesús.

Próximos encuentros virtuales: Sábado 10 de abril a las 20 hs. de España (15 hs. de Argentina) y viernes 16 de abril a las 19 hs. de Argentina (00 hs. de España) y equivalentes. Será por la aplicación Meet a través del enlace que publicaremos esos mismos días, aquí en la portada del blog.

Si quieres mandar textos, audios o vídeos donde aportas sobre estos temas, o difundir un sitio web envíalos a bloghesiquia@gmail.com

Si puedes y quieres haznos llegar alguna aportación económica en esta página: Donaciones

Dios en el corazón

¡Feliz Pascua de Resurrección hermanas y hermanos! Invoquemos al resucitado para que aprendamos a morir a nosotros mismos, y de este modo, resucitar cada día mediante una conversión continua. Un abrazo fraterno para todos, invocando el Santo Nombre de Jesús.

Anoche cuando dormía

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que una fontana fluía
dentro de mi corazón.

Di, ¿por qué acequia escondida,
agua, vienes hasta mí,
manantial de nueva vida
de donde nunca bebí?

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que una colmena tenía
dentro de mi corazón;

y las doradas abejas
iban fabricando en él,
con las amarguras viejas
blanca cera y dulce miel.

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que un ardiente sol lucía
dentro de mi corazón.

Era ardiente porque daba
calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba
y porque hacía llorar.

Anoche cuando dormía
soñé, ¡bendita ilusión!,
que era Dios lo que tenía
dentro de mi corazón.

Antonio Machado

Enlaces de hoy:

Domingo de resurrección

La gran fiesta

La muerte no es lo que parece

Queridas hermanas y hermanos, amigas y amigos, lectores del blog: os dejamos aquí un bello texto que expresa de manera clara lo que alienta en nuestro corazón la resurrección de Jesucristo. Debajo también unos enlaces que pueden servir o gustar a algunos de ustedes. Os agradecemos mucho vuestra compañía, el aliento que nos llega a través de diversos medios y el permitirnos, de algún modo, formar parte de vuestra vida. Que la gracia inunde vuestros corazones y vaya apareciendo la certeza de que, en realidad, la muerte no existe.

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Parábola de los dos gemelos

Dos seres iban –juntos– de camino hacia la vida y sucedió que se pusieron a conversar entre ellos sobre qué era lo que les esperaba cuando llegasen al término del camino… Fueron concebidos los dos gemelos en un seno. Pasaron las semanas y éstos crecieron. A medida que fueron tomando conciencia, su alegría rebosaba:
-Dime: -¿No es increíble que vivamos? ¿No es maravilloso estar aquí?

Los gemelos empezaron a descubrir su mundo. Cuando encontraron el cordón que los unía a su madre y a través del cual les llegaba el alimento, exclamaron llenos de gozo: ¡Tanto nos ama nuestra madre que comparte su vida con nosotros! Pasaron las semanas, luego los meses. De repente se dieron cuenta de cuánto habían cambiado. ¿Qué significará esto? –preguntó uno.
– Esto significa –respondió el otro– que pronto no cabremos aquí dentro.
– No podemos quedarnos aquí: naceremos.
-¡En ningún caso quiero verme fuera de aquí –objetó el primero.
-¡Yo quiero quedarme siempre aquí!
-Reflexiona. No tenemos otra salida –dijo su hermano–.
-Acaso haya otra vida después del nacimiento.
-¿Cómo puede ser esto? –repuso el primero con energía–.
-Sin el cordón de la vida no es posible vivir. Además, otros antes de nosotros han abandonado el seno materno y ninguno de ellos ha vuelto a decirnos que hay una vida tras el nacimiento. -¡No, con el nacimiento se acaba todo! ¡Es el final!

El otro guardó las palabras de su hermano en su corazón y quedó hondamente preocupado. Pensaba:

-Si la concepción acaba con el nacimiento, ¿Qué sentido tiene ésta vida aquí? No tiene ningún sentido. A lo mejor resulta que ni existe una madre como siempre hemos creído.
-Sí que debe existir –protestaba el primero. De lo contrario, ya no nos queda nada.
-¿Has visto alguna vez a nuestra madre? –preguntó el otro–. A lo mejor sólo nos la hemos inventado. Nos la hemos forjado para podernos explicar mejor nuestra vida aquí”.

Así, entre dudas y preguntas, sumidos en profunda angustia, trascurrieron los últimos días de los dos hermanos en el seno materno. Por fin llegó el momento del nacimiento. Cuando los dos gemelos dejaron su mundo, abrieron los ojos y lanzaron un grito. Lo que vieron superó sus más atrevidos sueños.

en el libro: Our Greatest Gift de Henri J.M. Nouwen

Vigilia pascual

Significado de la resurrección de Jesús – Conferencia

Dos audios:

Ninguno más libre

Cuán pocos son los que aman la Cruz de Cristo.

1. Jesucristo tiene ahora muchos amadores de su reino celestial, mas muy pocos que lleven su cruz. Tiene muchos que desean la consolación, y muy pocos que quieran la tribulación. Muchos compañeros halla para la mesa, y pocos para la abstinencia. Todos quieren gozar con Él, mas pocos quieren sufrir algo por Él. Muchos siguen a Jesús hasta el partir del pan, mas pocos hasta beber el cáliz de la pasión. Muchos honran sus milagros, mas pocos siguen el vituperio de la cruz. Muchos aman a Jesús, cuando no hay adversidades. Muchos le alaban y bendicen en el tiempo que reciben de Él algunas consolaciones: mas si Jesús se escondiese y los dejase un poco, luego de quejarían o desesperarían mucho.

2. Mas los que aman a Jesús, por el mismo Jesús, y no por alguna propia consolación suya, bendícenle en toda la tribulación y angustia del corazón, tan bien como en consolación. Y aunque nunca más les quisiese dar consolación, siempre le alabarían, y le querrían dar gracias.

3. ¡Oh! ¡Cuánto puede el amor puro de Jesús sin mezcla del propio provecho o amor! ¿No se pueden llamar propiamente mercenarios los que siempre buscan consolaciones? ¿No se aman a sí mismos más que a Cristo, los que de continuo piensan en sus provechos y ganancias? ¿Dónde se hallará alguno tal, que quiera servir a Dios de balde?

4. Pocas veces se halla ninguno tan espiritual, que esté desnudo de todas las cosas. Pues ¿Quién hallará el verdadero pobre de espíritu y desnudo de toda criatura? Es tesoro inestimable y de lejanas tierras. Si el hombre diere su hacienda toda, aún no es nada. Si hiciere gran penitencia, aún es poco. Aunque tenga toda la ciencia, aún está lejos: y si tuviere gran virtud y muy ferviente devoción, aún le falta mucho; le falta cosa que le es más necesaria. Y esta ¿Cuál es? Que dejadas todas las cosas, deje a sí mismo y salga de sí del todo, y que no le quede nada de amor propio. Y cuando ha hecho todo lo que conociere que debe hacer, aún piense no haber hecho nada.

5. No tenga en mucho que le puedan estimar por grande, mas llámese en la verdad siervo sin provecho, como dice Jesucristo. Cuando hubiereis hecho todo lo que os está mandado, aún decid: Siervos somos sin provecho. Y así podrás ser pobre y desnudo de espíritu, y decir con el profeta: Porque uno solo y pobre soy. Ninguno todavía hay más rico, ninguno más poderoso, ninguno más libre, que aquel que sabe dejarse a sí y a toda cosa, y ponerse en el más bajo lugar.

Extraído del Libro Segundo, Capítulo XI, de “La Imitación de Cristo” de Tomás de Kempis

Imagen extraída de: Misioneros y peregrinos

Enlaces:

La pasión de Cristo (film)

Viernes Santo

En Getsemaní

Conciencia de Cristo

Unitas mentis

Conciencia amorosa del cristiano “monje”

“El amor progresa hasta alcanzar una cierta semejanza con aquel amor que hizo a Dios semejante al hombre por la humillación de la condición humana, para hacer al hombre semejante a Dios por la glorificación de la participación en la divinidad. Entonces se hace dulce al hombre con-humillarse con la majestad suprema, con-empobrecerse con el Hijo de Dios; conformarse a la sabiduría divina, teniendo en sí los mismos sentimientos de Cristo Jesús, nuestro Señor.

El corazón piadoso tiende con tal ardor hacia este Bien, por amor del Bien en sí mismo, que no puede apartarse de él hasta que no se haya hecho una sola cosa o un solo espíritu con él… por la fe y la esperanza ya goza en su conciencia de aquel a quién ama… y el que hasta ahora había sido solitario, o solo, deviene uno; la soledad de su cuerpo se transforma para él en unidad de mente. «in unitatem mentis»

Esta unidad del hombre con Dios «unitas hominis cum Deo» o semejanza divina, en la medida que se aproxima a Dios, hace que la parte más elevada del hombre conforme a sí misma a lo que está debajo y ésta, a su vez, a la más inferior, de modo que el espíritu, el alma y el cuerpo ordenados a su fin… hagan que el hombre comience a conocerse perfectamente a sí mismo, y por ese conocimiento de sí, se eleve hacia el conocimiento de Dios”.

Extraído del anexo a “Carta de oro” de Guillermo de Saint Thierry: “El crecimiento dinámico de la vida espiritual” del padre Juan Carlos Leardi, o.c.s.o – Monasterio Trapense Nuestra Señora de los Ángeles, Azul, Argentina, 2003

Imagen: “LA MÍSTICA CENA DEL SEÑOR”, icono ruso, s. XV.

Aquí la homilía del Padre José Antonio op

Sacred Print

Domingo de Ramos

Queridas hermanas y hermanos, en este domingo de Ramos os dejamos la homilía del Padre José Antonio, extraída de su blog Contemplar y Proclamar; una lista de reproducción que hemos encontrado, con el audio-libro del Peregrino Ruso, muy bien leído que es de mucha utilidad para escuchar caminando o en medio de actividades muy rutinarias. Llevando la atención al audio se van desplazando los pensamientos y favorece luego la continuidad de la oración interior. Debajo también os dejamos el muy buen texto “Jesús el Paradigma”. Finalmente una invitación a un encuentro virtual para participantes de los cursos del blog y lectores en general. Un abrazo fraterno para todos haciendo votos para que en esta Semana Santa Jesucristo resucite en nuestros corazones.

Jesús, el paradigma

Invitación:

El próximo miércoles 31 de Marzo a las 20 hora española, 15 horas de Argentina; puedes participar de un encuentro virtual a través de la aplicación “Meet”, para intercambiar sobre aspectos de Filocalía, Fenomenología o temas generales referidos a la temática del blog. Si quieres participar avisa a bloghesiquia@gmail.com

Formas y fondo

¿Qué es el dolor?

Pues depende. Es bueno distinguir antes entre dolor y sufrimiento. El dolor es más bien físico y el sufrimiento es más que nada mental. Hay gente que padece dolores corporales y sin embargo no sufren. Les duele la pierna pero no la mente. Desde un punto de vista, el dolor implica un aviso, una alarma que te alerta de un posible daño en una parte del cuerpo. Por ejemplo, como si dijéramos: “Oye, deja de hacer fuerza con ese brazo, la bolsa que llevas es demasiado pesada… te puedes dañar.” Esa es la principal función del dolor y salta a la vista. Indica con cierta premura imperativa la necesidad de cambiar alguna conducta, postura, situación, ingesta etc. que no está beneficiando al cuerpo.

El sufrimiento es igual pero a nivel de la mente. Implica colisión, conflicto de fuerzas internas. Ese choque es dañino y entonces aparece el sufrimiento como indicación de la necesidad de reorientar las fuerzas interiores. Por ejemplo, si deseo dos cosas incompatibles entre sí, que no podrán sostenerse juntas con coherencia en mi vida, eso activa una alarma a la que llamamos sufrimiento o dolor mental. Usando un ejemplo muy burdo, pero para que sea claro: Si quiero tener un cuerpo delgado y a la vez pretendo comer seis tortas azucaradas por día, se produce un conflicto. Por lo tanto sufro. En este sentido, el sufrimiento muestra deseos contradictorios y es una bendición de la gracia; y mientras más sufrimiento más fuerte está sonando la alarma que indica… y atención con esto: Necesidad de recomponer la dirección de las fuerzas que se oponen.

El dolor es siempre en el presente; el sufrimiento deriva muchas veces de la memoria o la imaginación. Recuerdo algo doloroso o imagino alguna tragedia en el futuro. Por esto hay que prestar atención con más detalle a este tema. Quiero decir; a veces el sufrimiento es espectral, es simplemente mal funcionamiento de la herramienta. Imaginar que algo va a salir mal podría tener sentido como una de las alternativas que se barajan al inicio de una planificación, podría ser necesario. Inauguramos un empresa y manejamos distintos escenarios posibles: que dé tal ganancia, que no, que haya una pérdida y haya que pagar a los empleados de nuestros ahorros. Está bien, puede ser una función necesaria a considerar para tener cierto capital de respaldo.

Pero vivir con temor o con aquella sensación de que todo va a salir mal de un momento a otro, o andar recordando aquella situación de desamor o aquél día en que envejecidos tal vez estemos enfermos y doloridos, es una mala función de la herramienta mental. Es como una cierta perversión de una buena función original. Ahora, es necesario aclarar esto: aunque el sufrimiento surge desde la mente se registra en el cuerpo como dolor. Ya sea como tensión, crispación, anestesia en ciertas partes… lo que llamamos angustia, ansiedad, depresión y fobias diversas; el cuerpo y la mente son una unidad completa, absoluta. No olvides que separar cuerpo de mente es un artificio de comprensión. En realidad no hay división.

Puede sonar muy molesto, pero el dolor y el sufrimiento nos recuerdan todo el tiempo la existencia de la provisoriedad, de la finitud de la vida; de nuestra falta de autonomía. Por más que deseamos ilusionarnos con nuestra pretendida libertad, esta resulta muy acotada. No nos hicimos a nosotros mismos, no sostenemos nuestra vida, no manejamos nuestro destino… la vida a veces nos parece hermosa, otras desastrosa. Si nos aferramos al cuerpo y nos identificamos con él, nos resultará difícil hallar cierto bienestar perdurable. El cuerpo pasa, igual que todo lo material. Entonces nos volcamos a la búsqueda del inmaterial en nosotros, del espíritu esencial que somos… ¿Lo encontramos? Pues si eso se encuentra y nos da registro cierto, todo cambia.

En un enorme y vasto campo de silencio, que no es vacío sino pleno… en ese fondo de consciencia previo, suena una hermosa melodía. De pronto irrumpe un ruido al cual llamamos dolor o sufrimiento. Es decir aparecen formas en un fondo. Sin embargo, hay alguien que percibe estas formas que aparecen y también el fondo en que se dan dichos cambios. ¿No es curioso? En el fondo de la vida edénica surgió el pecado; en ese fondo de pecado se presentó la redención. Y al que mira benevolente todos estos aconteceres, a ese amor incondicional, le llamamos El Cristo en el corazón…

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Hermanas y hermanos, recomendamos mucho el cuento de León Tolstoi que enlazamos debajo. Un abrazo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesús.

La muerte de Iván Ilich

Aquí la transcripción de la clase 43° de Filocalía, 2° sobre Simeón, el nuevo teólogo

Tu vida es oración

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Mi padre espiritual solía decirme: Tu vida es oración y el modo en que la vivas tu método particular. En ese sentido, puede estar muy bien tener “momentos fuertes” de oración como suele decirse, pero atentos a que luego no caigamos en el olvido.

Él siempre insistía con que la vida debía ser liturgia o ceremonia de alabanza. Que si de algún modo, separábamos lo que era oración o meditación del resto de nuestras acciones, podía producirse un paulatino desliz hacia la desacralización de ciertas actividades o momentos. Admitía sin dificultad que todos tenemos etapas y diferentes momentos en el camino espiritual; reconocía que entonces no acostumbraba ya a pedir y ni siquiera a agradecer especialmente, sino más bien a un “dejarse llevar”. Que ese dejarse guiar tenía indicadores claros y el principal de ellos era la percepción de la Presencia.

Yo le preguntaba mucho sobre este tema, acerca de como era posible que Dios pudiera percibirse. Y él me respondía que esa percepción era la oración continua a la que se refería. Que podía asumir muchas formas, como la oración de Jesús, el vivir en el “canto” del Nombre; que podían usarse otras muchas devociones varias o que incluso hubo quienes habían reemplazado los pensamientos por la repetición de los salmos o pasajes de la sagrada escritura. Pero que la principal pista que podía darme y a la vez la más simple era: Si estás en los pensamientos no Lo percibes. En el momento en que los desatiendes te acercas y que cuando hay silencio Él llega.

Esto me apasionaba como posibilidad y a la vez me sublevaba. ¿Cómo podía ser que el silencio fuera todo lo que se precisara? ¿Qué es hacer silencio le preguntaba? Al principio es detener la marcha, enlentecer todo y paradójicamente, escuchar los sonidos. Cuando te detienes se nota el movimiento del mundo, te transformas en punto fijo. Mientras más quieto más se mueve todo.

Al principio aquietas el cuerpo, luego disminuyes la respiración, después escuchas los sonidos cercanos y al ratito atiendes a los de lejos, bien lejanos. Y allí ya notas un cambio importante en el fluir de las cosas, que no es más que el río de tus pensamientos. No luches con los pensamientos, déjalos pasar sin darles importancia. Este era un modo que le servía en medio del bullicio. Salirse del ritmo general y atender. ¿Atender a qué? Al silencio que estaba al fondo de todos los ruidos, a la quietud que abraza todos los movimientos.

No se refería a una meditación en particular, sino a un modo de “ponerse” en plena ciudad o en medio de las tareas. Pero decía que todos tenemos nuestra impronta singular o el modo mediante el cual Dios se nos hace notar. Hay a quienes los conecta la observación de la belleza, esa especial armonía que produce la combinación de las cosas en un momento dado. A otros les era útil la entrega absoluta a la actividad del momento. Unos pocos se habían enamorado del Santo Nombre y no podían ya dejar de escucharlo en el corazón o en una cierta forma de “eco” interior.

Solía decirme que el único propósito de la vida humana era “dejarse tomar” por Dios. Que venimos para ser encendidos por su Espíritu y que en esa unión fogosa estaban todas las respuestas a todas las preguntas y que era vano antes tratar de comprender. Querer comprender a Dios y el sagrado designio con nuestro entendimiento es como pretender navegar en un barco de piedra. Los dientes están para masticar, los pulmones para respirar, la mente para implementar cuestiones bien funcionales. No es el órgano para unirse a Él.

Sin embargo dejaba claro que la razón no debía oponerse a la fe, porque sino en los momentos difíciles la fe perdía sustancia y era vencida por las contradicciones de la razón. También insistía en que la fe no es lo que comúnmente entendemos por ella. Que la fe en realidad no es creer sino ya, de algún modo, saber y saber con certeza. Pese a recibir toda esta enseñanza, Dios me parecía esquivo, ausente por completo y la belleza que veía en todo estaba envuelta en la nostalgia de la finitud.

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Los enlaces de hoy:

¿Es este escrito el final de la duda?

Invitación a retiro de Hermana Hodet de Ecuador:

Que el Señor los colme de bien a cada uno y sus seres queridos. Con profunda alegría invito el retiro Virtual *”Un Camino de Amor y Dolor”, el mismo que iniciaremos el lunes 22 y culminaremos el jueves 25 de marzo. Pueden hacer extensiva la invitación a sus familiares, amigos, conocidos y vecinos. Saludos cariñosos. Shalom. Abre este enlace para unirte a mi grupo de WhatsApp: https://chat.whatsapp.com/I39YwJAWVmEJCENY9nXfGh

Memorias del desierto

El sol fatiga, de tanto brillo lastima. Nuestros pasos se suceden lentos y cadenciosos. A la prisa por la meta le oponemos la reclusión de la mente en el momento. El fulgor de las dunas nubla el horizonte y rara vez percibimos alguna forma que a manera de sombra desprenden las ruinas.

La oración fluye, viene y se va, se concentra o se diluye según vive en la intención. El Santo Nombre surge a veces del ritmo de la marcha y deslizándose en la respiración termina goteando en la arena junto a las gotas de sudor. Al abrigo de un pequeño promontorio tomamos agua y oramos las vísperas, salmodiar es un oasis para el corazón. La oscuridad se anuncia con pequeños remolinos repartiendo polvo como llovizna fina.

Aquí se teme la noche tanto como se la desea. Nos acobarda el frío y nos extasían las estrellas. Nos vamos durmiendo arrebujados, mirando joya tras joya del mapa estelar, con ojos fijos en los incontables rostros de Dios. En algún giro del cuerpo se vuelve a la conciencia en plena madrugada y se observa que no hay brisa, ni sonido, ni tiempo alguno que se mueva. El firmamento anonada, muestra al planeta extraño y parece desconocido.

Carlo reza “Jesucristo, Jesucristo…” pero está dormido, plácido. Amanece cuando entonamos laudes de cara al sol que todavía no se muestra. No nos falta el vigor y tampoco la pena por la muerte de aquél que nos hizo hermanos. Al rato, divisamos claramente el macizo y las salientes y las varias cuevas bajas junto al espacio de verdor. Varias horas después llegamos. Nos esperaban animosos. Nos abrazamos en silencio, conmovidos por todo.

Apenas refrescados nos llevan junto al cuerpo, ya preparado, en la pequeña ermita. A cada uno dejó un presente. Para nosotros son reliquias. Un rosario, algunas cruces, tres iconos, dos libros, unas mantas, algunos cuadernos. Con sorpresa encontramos dos fotos viejas detrás de la Virgen. Es él, de niño, junto a sus padres. La otra lo muestra sonriendo al  lado de un triciclo con gorrita de verano. Todos nos emocionamos mucho y no puede evitarse algún sollozo. Es que nos ha parecido conocerlo ahora por completo.

La misa fue muy sentida y en lugar de homilía se leyó una carta suya, escrita unos meses antes, previendo su final cercano. Ha dicho algo para cada quién haciéndonos sonreír por esa capacidad suya de ir a la médula de nuestros rasgos. También resumió su experiencia de vida en palabras simples que nunca olvidaremos. Luego, junto al fuego, con los testimonios y las anécdotas logramos situarnos en la alegría. ¡Es que la bondad de Dios se muestra de tantas formas!

Al día siguiente volvemos por donde vinimos. Nunca tan extranjeros y peregrinos.

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Hermanas y hermanos, la imagen de hoy es un óleo sobre tela de 50 x 60 cms. autoría del blog y lo ofrecemos a la venta para el sostenimiento del mismo. Si os interesa u otros similares escribid a nuestro correo: bloghesiquia@gmail.com

Enlace de hoy:

Cursos de Liderazgo cristiano

La irrupción de lo sagrado

Serie sobre la conversión III

A veces, en la historia humana, lo sagrado irrumpe de manera manifiesta transfigurando el mundo. Esos momentos especiales donde la gracia se muestra de modo más evidente para muchos implican una experiencia. Episodios como los de Moisés o Elías son una muestra de aquello a lo que nos referimos y por supuesto la vida de Jesucristo y todo lo implicado en ella.

Esta experiencia en el cristianismo original fue la del Cristo en el corazón o la de los dones del Espíritu Santo y que puede verse también en la vida de muchos santos o espirituales luego a través de los siglos posteriores. ¿Pero en qué consiste esta experiencia capaz de modificar por entero la vida del que la vive, de transformar sus ámbitos de relación, su conducta cotidiana y que transforma completamente la visión que se tenía hasta entonces?

Antes que nada parece implicar la confianza. Los que viven esta presencia nueva se sienten de pronto confiados. Una cierta certeza los colma y les provoca descanso más allá de la aparente agitación o actividad que sus deberes les acarrean. Este descanso del corazón que se apoya en la providencia divina, es entrega y abandono que los “despreocupa”; aunque puedan verse muy ocupados. Ellos viven “la gran vacación del alma” no como ociosidad, letargo o entrega al hedonismo consumista sino como frescura, tranquilidad en medio del bullicio y ausencia de temores.

En todo caso, atraviesan el desierto de los temores en oración continua, conscientes de los ataques que una noción de desamparo y soledad puede insinuarles. No buscan el martirio ni la confrontación, no quieren llevar la razón; en todo caso persisten vigilantes a la paz del corazón. Y ¿de donde deriva la paz imperturbable que parece poseerlos? Se han dado cuenta que todo depende de Dios, tratan de hacer lo mejor que pueden donde están, en cada momento y quedan libres de la expectativa por los resultados. Al fin y al cabo se saben de paso.

Antes o después el viaje termina y no se olvidan de ello. La consciencia de la finitud los torna veraces y decididos, se dejan actuar por una fuerza intangible que no puede apresarse pero que sienten y reconocen. Contrariamente a lo que pudiera suponerse no son personas especiales. No son extraordinarios sino como nosotros, como todos nosotros. Primero buscaron la satisfacción en los innumerables objetos, personas y situaciones que ofrece el mundo. Luego reconocieron que ni el éxito ni el fracaso les daba lo que buscaban; que el vacío interior persistía con terquedad.

Entonces buscaron con ahínco “hacia adentro”, sin saber que seguían tendidos hacia afuera. Afanosamente fueron tras doctrinas, maestros, libros o métodos. Con vehemencia iban de aquí para allá y en esa búsqueda un día la mente se rindió. Y al rendirse la mente fue primero el corazón. Y este ponerse el corazón al mando no fueron emociones fugaces o sensiblería fácil; sino una firmeza calma que provenía de un sitio olvidado, de una vivencia oscuramente recordada o muy brevemente visitada.

Esta serena alegría que sin esfuerzo vive imperturbable, fue también llamada hesiquía del corazón. Esta ermita interior se asienta en la clara percepción de la divina presencia; en un “darse cuenta” de su providencia en todo y en el cierto presentimiento, íntimo e intransferible, de que la muerte al igual que la vida no son lo que parecen…

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Enlaces de hoy:

El hombre interior (San Demetrio de Rostov)

Historia de un alma (Audiolibro)

Permitirnos la presencia

Serie sobre la conversión II

Una forma de vida que se nos ha hecho costumbre es la de vivir tendidos, estirados hacia el futuro; por lo general hacia propósitos diversos en varias áreas de nuestra vida. Los deseos múltiples forman imágenes de situaciones ideales y hacia ellas emprendemos camino, por lo general presurosos.

¿Cómo empieza esto? Es un hábito adquirido a través de la familia, de los medios, de la cultura en general. Observamos nuestra situación vital con el prisma de los gustos y disgustos. A cada percepción le agregamos un “me gusta” o un “no me gusta” o un “mas o menos... pero mejor si fuera“… Lo que observamos en las redes sociales y en casi todos los medios, esto de poder dar un “like” o “dislike” a lo que aparece es en realidad el reflejo de lo que ya ocurría en nosotros. Percibimos tomando posición, agregando nuestra personal impronta, adhiriendo o rechazando. Esto no es percibir. Es desear. Vivimos deseando.

Vivimos tironeados por las carencias, casi todas aparentes. Pocas veces son tales. Esto no está ni mal ni bien, es un modo de funcionamiento muy propio de lo biológico que pretende alcanzar las mejores condiciones medio-ambientales para asegurar la supervivencia del organismo. Sin embargo la vida del espíritu es diferente. Es sobre todo una mirada atenta. Desde allí se observan las situaciones y también los deseos que aparecen como parte de la misma. Pero se permanece a cierta distancia. Hay un estarse abiertos a la enseñanza que traen los acontecimientos como resultado de la omnipresente voluntad de Dios. El supremo misterio se transparenta a través de lo que ocurre y revela significados accesibles a los sentidos espirituales.

Para ver hay que dejar entre paréntesis lo que quisiéramos. Permitirnos la presencia. Ayunar de los apetitos y de los tantos quereres, no reprimiendo sino atestiguando. Esto los transforma en objetos percibidos y los desnuda como simples impulsos que vienen y van. No hay porque vivir la vida a expensas de esos vientos variables y quedar sometidos a su antojo. De otro modo nunca estamos mas que estirados hacia donde creemos que vamos. No hay nada erróneo en dirigirse hacia alguna meta, en tener alguna planificación; el problema está en vivir más allá que acá; en extraer la fuerza vital de un futuro imaginado en lugar de un ahora actual y en ese sentido, más cierto y veraz.

¿Adónde vamos? ¿Qué desesperamos de alcanzar? Una sensación sin duda. Sensación de paz, de bienestar y plenitud. ¿Y si eso que buscamos estuviera ya presente pero escondido precisamente por ese modo inauténtico de vivir? ¿ Y si el problema no estuviera en lo que me falta en este o en aquel ámbito de la vida sino en mi modo de ser y estar? Si esto fuera así, si el centro de la cuestión fuera mi modo de existencia; la solución debería provenir necesariamente del interior. A veces la gracia se manifiesta como una comprensión profunda que permite la conversión genuina y estable. O puede ocurrir una caída en cuenta radical que descorre los velos, provoca la rendición de las fantasías y el aire se torna limpio como en una mañana fresca.

El sentido de la vida no deriva de un propósito en medio de la finitud inapelable o de metas diversas por alcanzar. El sentido es algo que atraviesa la vida ahora mismo y que permanece inalterable, disponible y abundante. Le han llamado el despertar de los sentidos espirituales; también El Cristo del corazón o la luz del Espíritu Santo. Más allá de nombres y formas es una presencia inequívoca que transfigura el mundo.

Suena bien pero me parece algo desconectado de mi realidad. ¿Cómo bajarlo desde las palabras a mi realidad concreta?

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Enlaces:

Homilía del Padre José

La Cuaresma interior

Serie sobre la conversión I

¿Qué me puede decir sobre la Cuaresma?

En cierta forma, la vida puede verse como una Cuaresma, como la preparación para el paso final, la Pascua a la resurrección. Será bueno interiorizar la cuaresma. Darle algo de ayuno al cuerpo nunca viene mal; nos muestra la dependencia que tenemos de la comida como medio para aplacar las ansiedades, deja expuesta nuestra esclavitud a los hábitos y las costumbres adquiridas. La principal purificación que nos muestra el ayuno o alguna privación; resulta de esta toma de conciencia que nos devuelve un poco a la humildad. Nos sitúa con más criterio en la realidad que vivimos y no en la que creemos vivir.

¿Qué realidad vivimos? La dependencia. Un sinfín de deseos que se nos han vuelto necesidades. Ya no es tomar agua lo que necesitamos sino tal o cual bebida saborizada. Ya no es comer lo que necesitamos sino aquel plato en particular que tanto nos apetece y que cuanto más paladeamos más deseamos. Y así como hacer el ejercicio de privar de algo habitual al cuerpo nos pone en presencia del sometimiento en que vivimos a sus impulsos; darle algo de ayuno a la mente nos deja sorprendidos; advertimos la duermevela vagabunda en la que solemos permanecer.

¿Qué sería ayunar en lo mental?

Dejar de rumiar los mismos pensamientos de siempre. Dejar de darle vueltas siempre a las mismas cosas como si en ese masticar las tensiones los problemas fueran a resolverse. Reconocer que, del mismo modo en que acostumbramos a comer cierto dulce en el desayuno, suelen discurrir los pensamientos por el mismo camino gastado, mas o menos a las mismas horas. Siempre tendemos a comer lo mismo, dependientes como somos de tales aromas y sabores. Igualmente, siempre tendemos a “pensar” lo mismo, dependientes como somos de ciertas sensaciones “preocupantes”, que si no estuvieran desnudarían el vacío de significado en nuestro cotidiano.

Desatender los pensamientos que aparecen y dirigir la atención hacia el propósito interior trazado es un formidable ayuno mental. Por ejemplo, dirigir la atención a la vía de oración a la cual nos hemos consagrado o hacia la percepción de la presencia de lo divino en lo que ocurre, o simplemente, concentrarnos en hacer lo mejor posible lo que tenemos entre manos en el instante; es conversión continua. Agarrar la atención que se nos escapa, una y otra vez y traerla de vuelta a casa, al corazón y llevarla allí donde queremos realmente depositarla, es ayuno, limosna, purificación y Cuaresma del alma.

Quién permanece presente en el sitio de la atención, tiende a comer menos naturalmente, solo lo necesario. Desde esta conciencia atenta se escucha más a los demás y surge una especie de caridad espontánea apropiada a cada situación. Esta misma vigilancia nos muestra la mezquindad constante que nos atrapa y entonces nos quedamos más humildes, pero sin tristeza. Es un quitarse el maquillaje y mirarse de frente y encontrar allí mismo el amor a nosotros mismos sin condiciones. Se supone este tiempo litúrgico como oportunidad de conversión, de cambio profundo… dejar de defender una imagen, dejar las pretensiones, ir soltando los cuidados y abandonar las razones vanas que nos atan al sufrimiento es volvernos auténticos y verdadera penitencia…

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Blog Caminar

Vive en Cristo

La aparición de la vida

Serie sobre los pensamientos VI

Un día me encontré aquí, en lo que todos llaman “el mundo” o “la vida”. No supe a ciencia cierta cómo es que esta aparición se produjo. Se me dijeron  muchas cosas sobre esto, pero fue siempre información de oídas y en cierto modo dudosa, al ser contrastada luego con otras opiniones e informaciones acerca del origen de todo. Aparecieron muchas personas, innumerables actividades, paisajes naturales diversos y de belleza incomparable. También surgieron emociones por doquier, alegrías brillantes y dolores inimaginables; comedia, drama y tragedia enlazados en todos los rincones. Un aparente mal, escondido siempre en lo imprevisto convivía con grandes espacios de bien y de un sentimiento parecido al amor.

Después se revelaron galaxias, millones de estrellas, el colapso de mundos distantes, la posibilidad de otras vidas, nebulosas coloridas y vacíos sin nada, densas oscuridades. Olas que vienen y van en el océano vital, caminos sin fin, vórtices hipnóticos, tendencias apremiantes… Mientras tanto, el mundo pequeño e íntimo de lo mental, también crecía y se hacía complejo. Como si fuera un mundo reflejo del otro veía en ambos, afuera y adentro, situaciones similares. Solo era distinta la escala, la medida, pero el argumento central aquello que gemía “allá” y “acá”, era lo mismo. La sorpresa ante el hecho de la vida, la pasión por ella y el miedo a perderla. El horror a dejar de ser y de estar. A partir de allí, todo lo demás, incluyendo el dolor y el sufrimiento como anuncios de la muerte, de la angustia primigenia.

Un buen día apareció Dios… primero como idea antojadiza, luego como concepto estructurado, más tarde se hizo creencia. Mucho tiempo después se transformó en lo que llamaría “experiencia” de Dios. Una vivencia íntima, intraducible al lenguaje que las palabras solo degradarían. Fue un conocerle de modo singular. En todo ese proceso, mientras Dios mutaba en mí desde la idea a la experiencia, quise usarlo, pedirle, negociar con Él. Quise verlo como un objeto, como pueden verse las cosas e incluso a veces las personas. Traté de poseerlo como visión magnífica en mi interior. Quise que respondiera con claridad para mi entendimiento, quise que se anunciara, que me acompañara, que de algún modo se mostrara.

Es decir Dios fue objeto de mi deseo y solo la frustración quedaba como residuo, como sucede con todo deseo. Si el deseo se logra deja ya de interesar; encaminándose la mente en pos de uno nuevo y si  no se logra se instala la frustración o el resentimiento. También, durante ese desarrollo vital, hubo el esfuerzo legítimo de controlar la vida, de encauzarla hacia donde yo quería. Hubo aparentes causas y efectos posibles; hubo lucha y fracaso y repetidos intentos de hacer que las cosas fueran como, según yo, tenían que ser. Nada de eso. Ni de cerca.

Curiosamente Dios empezaba en ese entonces a revelarse como la oposición a lo deseado. Yo no podía negarle el poder supremo, ya que había hecho la existencia misma con todo lo que incluye y sin embargo, cuando las cosas no iban como quería, me parecía una especie de error de Dios. Al menos conmigo, Dios se equivocaba. Así lo vivía, como injusticias de la divinidad para conmigo. No fue sino hasta mucho tiempo después cuando empecé a ver la concatenación oculta de los hechos. Los significados que estaban vivos tras los acontecimientos aparentemente desafortunados…

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Dos enlaces recomendados:

El espejo del alma

La moral en Santo Tomás

La pretensión imposible

Serie sobre los pensamientos V

… Por lo general intentamos controlarlo todo. Y la mente es el instrumento mediante el cual pretendemos lograr semejante cosa. Pero es imposible conseguir este propósito que la mente por si sola se pone como meta. No podemos manejar el curso de los acontecimientos. ¿Cómo podríamos, si ni siquiera somos dueños de nuestras propias reacciones? ¿Cómo podríamos conocer los innumerables factores que convergen para que ocurra un hecho determinado? ¿Cómo saber lo que conviene aquí y allí desde nuestra pequeña visión?

El plan divino se desarrolla en cada instante a través de los acontecimientos y no somos del todo capaces de percibir la esencia de su sentido ni la profundidad del significado que en ellos se encuentra. Atolondrados  queremos encauzar lo que ocurre en función de nuestros intereses. Sin embargo, lo bueno para nosotros no siempre es lo que la mente pretende. Acuciada por el ansia y el deseo constante va urdiendo planes para satisfacer a un cuerpo que se torna insaciable sin la primacía del espíritu. Y mientras más se colma más desea y en este frenesí ambiciona sin límites, pretendiendo forzar la trama de los hechos. En cada momento, si uno observa, puede detectarse que motivación va impulsando nuestros movimientos.

Esto que hago, ¿Qué propósito tiene? Si corro tras el placer, es el cuerpo el que me guía, quién ha tomado el mando. Y no es que el placer en sí mismo sea dañino, sino que lo nocivo es tenerlo por norte y centro de toda acción. ¿Vas tras la gloria? ¿Qué pretendes, tener la razón? La mente se ha hecho reina y busca el tipo de goce efímero que resulta de la comparación. La lista con ejemplos podría ser muy larga. Pero la clave para librarse no es compleja. Encontrar a Dios en el corazón es un descubrimiento factible cuanto más se suelta. No se lo encuentra a través de la contracción, ni de lo duro, ni del forzamiento. “Felices los mansos, porque heredarán la tierra” (Mt 5, 5) “Por el contrario, el fruto del Espíritu es: amor, alegría y paz, magnanimidad, afabilidad, bondad y confianza…” (Gal 5, 22)

La confianza en Dios es la llave que abre la puerta de la paz. No hay posibilidad de sosiego sin este fondo de entrega confiada hacia Aquél que es el origen y fin de todo lo que existe. El plan de la creación se desenvuelve sin fallas y mi lugar en él se evidencia cuando actúo con esa confianza. La actitud confiada, esa que sabe que no está solo el hombre en su camino y que todo tiene un sentido último en el corazón de la Trinidad, permite una acción eficaz que no siendo excesiva tampoco es negligente. ¿Esto qué hago surge del temor o de la confianza y la fe? Si me conduce el miedo, el temor a perder, el desespero de alcanzar, la furia de aquél querer lograr… la crispación y el conflicto mostrarán lo equivocado de ese modo de actuar.

Pero ¿Cómo confiar? Y ¿Cómo quedarse en la confianza? ¿Cómo vivir el gozo de quién sin prisas descansa en la voluntad de Dios?…

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Hermana Hodet desde Ecuador invita:

Saludos a todos, espero en Dios que cada uno de ustedes se encuentre bien.
El motivo de mi mensaje es para extenderles una invitación al retiro “VIDA FRATERNA”, el mismo que iniciará el día sábado 13 de febrero de 2021.
Los que deseen participar, pueden hacerlo, uniéndose al siguiente enlace. Millón de gracias, y bendiciones 🙏🏻
https://chat.whatsapp.com/LSZ1wZCry215zCZI1T1vtg

Y aquí un audio del equipo de Filocalía:

¿Dónde está Dios?

Serie sobre los pensamientos IV

Este modo singular consiste en hacer bien algo, cualquier cosa de que se trate. Para efectuar con corrección una tarea determinada es imprescindible estar presente uno mismo. Ser consciente de lo que se está haciendo. Es decir un estarse en eso y no con el ansia en otra parte o en el momento que sigue. Es un modo de tomar a la acción como oración. Un ponerse en particular disposición a fin de efectuar un trabajo impecable, sin error o con el mínimo error posible, ya que sabemos que a nuestra naturaleza le resulta esquiva la perfección.

Cuando uno era joven e iba a salir en plan de divertirse, todos recordaremos; había una preparación muy especial que se efectuaba, más allá de cuestiones de género. Toda una tarea de ponerse lo mejor posible. Uno se duchaba, se cambiaba, se perfumaba… a estas alturas da risa, pero es la verdad. Un deportista antes de la competencia actúa de modo similar. Realiza tareas pre-competitivas, se pone en posición, entrena los movimientos etc. A mí me ha servido eso muy especialmente, ese prepararse previamente a una acción determinada, como acercamiento a la experiencia de percepción de la presencia.

Por especial recomendación de mi padre espiritual, escogía una actividad y la transformaba en ceremonia y ofrenda. Me conectaba mediante ella a un sentimiento de unción y reverencia. Sin duda que la iconografía, la cerámica, tareas de precisión o artísticas sirven y facilitan esta conexión, pero cualquier menester permite introducir esta especie de “valor agregado” que surge mediante la atención y se consuma en la actitud de oración.

Pues si barres el cuarto, lo harás sin dejar rincón descuidado. Tratarás de estar en buena postura mientras te mueves, procurarás no levantar  tierra en el ambiente, recoger bien lo barrido… hacer sin prisa, estando en aquello en lo que estamos. No con la mente en otro sitio, como si hubiera en algún lugar algo de mayor preferencia. La prisa siempre indica la falta de atención a uno mismo y a lo que lo rodea y por lo tanto es imposible que en esa situación mental nos demos cuenta del aliento sagrado que mana y vive en todo y en cada instante.

La mejor recomendación que puedo dar para que quién se siente ajeno a la experiencia de Dios en lo cotidiano se aproxime a ella, es esta: Olvide todo y dispóngase a hacer algo lo mejor posible, sin apuro, con el mayor amor que encuentre en sí mismo, con una completa dedicación al instante en la tarea. Esto es poner toda la atención en ese momento. Implica una postura corporal correcta y adecuada a la actividad de que se trate; una respiración profunda y tranquila; una actitud sosegada sin ansia de terminar, ha de tomarse a la actividad como un fin en sí misma. En la mente, nada que no sea la tarea o, si la índole de esta lo permite, la oración de Jesús como fondo en el cual hacemos lo que hacemos. O la forma de oración que a uno le sea más afín.

No importa en ese momento como juzgue la marcha de mi vida. No importan mis fracasos, ni los errores o caídas, ni tampoco existe aquella cosa que me preocupa de un futuro que imagino con temor. Importa la ofrenda que ahora voy a hacerle al Señor, de una actividad sin mancha. O, en todo caso, este intento que realizo anhelando el bien hacer. Dios se percibe más fácilmente cuando uno se entrega. Y si hay divagación no hay entrega. Cada vez que divago me doy cuenta de que no estoy con la atención dispuesta y confiada. Debo volver a ella. Porque si no estoy atento, no percibo la presencia que busco.  Lo divino está en nosotros y fuera de nosotros, pero nosotros estamos en otro lado, por lo general en secundariedades. No es extraño entonces que nos pasemos buscando a Dios de un lado para el otro, sin nunca estar satisfechos del todo.

Dios, es más cercano e íntimo que nuestro propio corazón, pero nosotros estamos convencidos de que encontraremos la felicidad en aquello o en eso otro, o en lo de más allá; tenemos tremenda fe de que cuando consigamos estabilizar tal situación, o comprar tal cosa, o modificar tal otra, allí sí nos será posible algún otro tipo de experiencia.  Vivimos ilusionados con espejismos vanos. ¿Dónde está Dios? Allí donde no están tus divagaciones…

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La propia presencia

Serie sobre los pensamientos III

… Esto esta en la raíz de nuestra constante agitación en pos de logros exteriores. Hay muchas cosas que realmente no se necesitan o actividades que tampoco son necesarias; que encuentran su explicación en esta función que cumplen de acallar el dolor interno que producen la carencias. La mente es la que constantemente busca cambiar de situación y la que nos impulsa para seguir siempre hacia adelante, buscando el momento siguiente, impidiéndonos permanecer en el presente.

La mente por cierto es un mecanismo que al detectar tensiones corporales, va tratando de poner las imágenes necesarias, en forma de proyectos o de diálogos, que aflojen esas tensiones del cuerpo. Es una función que no está porque sí, tiene su utilidad. Pero claro, en tanto nos identificamos con esta actividad de la mente, padecemos mucho. Si nos dejamos llevar por lo que ella dice, creemos que es esto o aquello lo que nos intranquiliza y ese es el principal engaño. Porque a poco que logramos esto o aquello, la agitación vuelve. Se trate de un objeto material, de una relación afectiva, de un cargo de privilegio o de un reconocimiento social… el ansia vuelve y una vez más se apodera de nosotros, tironeándonos hacia el futuro, acosándonos con su aguijón para que desesperemos de alcanzar este nuevo espejismo, que se supone, ahora si nos dará la felicidad buscada.

Dios vive en el interior del hombre. Dios, está con nosotros. Y esa presencia divina es la que colma todas nuestras ansias actuales y posibles. Pero para que esto no sea solo un algo dicho o una creencia más, es necesario aceptar que el problema esta en nosotros y no en lo exterior. Por difícil que parezca o resulte, mientras no me convenza de que “la perla” esta en mi casa y no en otro lugar, será imposible encontrarla.

Pero hermano, usted habla desde una experiencia personal, ¿Cómo hace quién no la tiene para encontrarse con ella?¿Cómo hacer para acercarse a esa experiencia de vivir en la presencia de Dios o a ese estado en el cual se percibe lo sagrado en lo cotidiano?

Antes de percibir la divina presencia en todo, es necesario advertirse a uno mismo en el momento actual. Darse cuenta de la propia presencia. La atención* es la herramienta que recomiendan los padres del desierto desde antiguo y que uno mismo puede comprobar como esencial a poco de iniciar estos trabajos. Así como sin la gracia no se puede nada; en lo que concierne a la participación personal en estas tareas de elevación del alma, sin atención no hay ningún avance. Se utilice un método u otro de oración, más allá de las variaciones en la ascesis personal o de la situación de vida, la atención es el aporte que podemos hacer y está en nuestra mano para facilitar y abrirnos a la llegada del Espíritu Santo. Si tú me preguntas por dónde empezar, te digo que por un hacer muy particular…

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El sol de lo que acontece

Serie sobre los pensamientos II

Para encontrar el rumbo debo partir desde donde estoy y no desde donde ilusiono estar. ¿Y dónde está uno? Aquí y ahora. Con esto que percibo afuera de mí y en mí. Debo atreverme a penetrar en el desierto del presente desnudo de ilusiones y abrirme al sol de lo que acontece. Para ello, debo salirme del barullo y la agitación mental y situarme con actitud alerta ante el instante.

La oración de Jesús, cuando uno intenta practicarla con asiduidad, nos lleva primero que nada a tomar conciencia de esta alteración mental permanente, nos damos cuenta de que nos resulta imposible manejarla, de que, aunque queremos no podemos. Nos sorprendemos cayendo en cuenta de que la mente nos maneja a nosotros y que por lo pronto, no somos dueños de ella.

Nos sentimos diferentes a la mente. Porque teniendo nosotros la intención de acallarla y conducirla hacia la oración, nos vemos sometidos por la distracción. Estos primeros descubrimientos son muy buenos, porque uno comienza a des-identificarse de los pensamientos. Tu pregunta inicial días atrás era acerca de lo dicho sobre la necesidad de dejar a un lado los pensamientos y la de hoy un poco más en torno a cómo sería posible hacer tal cosa. Y muy de a poco intento responderte con mayor detalle de lo que se expresó en el libro. El acceso a la paz del corazón no es posible por la vía sicológica, esto es deliberando y “acomodando” los contenidos de la mente. Esto solo fortalece aquello que es preciso abandonar.

Cuando la mente se silencia la paz queda, porque es lo que siempre está detrás. Y la mente se silencia, cuando conduzco la atención. Cuando dirijo la atención con una intención precisa, el silencio viene de la mano. Sea que dirija mi atención hacia la repetición de la oración de Jesús, como una manera de centrar la mente, enlazando en torno a ella los contenidos de la dispersión; sea que dirija mi atención a lo que perciben mis sentidos en este instante, abriéndome por decirlo así a lo que ocurre en el presente, en cualquier caso estaré permitiendo el surgimiento del silencio. Silencio que siempre es el fondo de las cosas, silencio que es sostén y marco en el que se producen los acontecimientos, silencio que es gracia proveniente de lo alto y anticipo del soplo del Espíritu.

¿Por qué se produce este siempre querer estar en un lugar o situación diferente de aquella en la que nos encontramos?

Principalmente debido a que creemos que es lo exterior lo que nos brinda la felicidad que difusamente buscamos en todo lo que hacemos. Este es nuestro error básico. A lo largo de los años me encontré con una certeza: No hay nada afuera que pueda llenar el vacío interno. El ser humano se completa a partir de la interioridad o no se completa. Este vacío se me hacía evidente cuando me quedaba en quietud. Cuando me negaba a seguir “corriendo” en pos de algo y me quedaba un poco quieto, surgía rápidamente este desasosiego que me impulsaba a tapar y a llenar de cualquier modo, una sensación de ausencia y de carencia que se tornaba intolerable…

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Dos enlaces:

El principio

Si las palabras fueran agua

El vidrio opaco

Serie sobre los pensamientos I

Queridas hermanas y hermanos en Cristo Jesús: Iniciamos febrero con una serie de posts donde repasaremos textos antiguos del blog e incorporaremos otros nuevos, en torno al tema de los pensamientos, como el velo que nos oculta la percepción de la presencia de Dios en el cotidiano. Queremos de este modo continuar con la temática del último retiro y también con algo de tratamiento frecuente en los dos cursos que se ofrecen en este sitio. Hilar fino en este tema nos parece de mucha utilidad para nuestra forma de ser y estar en el mundo. Un abrazo fraterno invocando el Santo Nombre.

– En el libro La oración de Jesús” – Iniciación a la práctica – en la primera carta se dice: “Desde el punto de vista de la psiquis, el que esta oración abraza ha de irse despidiendo de los pensamientos. La principal dificultad no es acostumbrarse a la oración sino renegar de ellos. Y esto porque solemos identificar este discurrir de la mente con nosotros mismos”. – Quisiera si me puede aclarar más estos puntos. ¿Cómo es esto de que hay que despedirse de los pensamientos? Pienso que sin ellos no podríamos funcionar, seríamos semejantes a personas  con severo retardo mental.

– Entiendo perfectamente tus objeciones o interrogantes. Sucede que lo que hacemos habitualmente no es pensar. Y, en ese sentido, se ha dicho allí que debemos renegar de los pensamientos. Debemos abandonar un modo divagatorio de pensar, una manera errónea de organizar nuestra experiencia a medida que vamos viviendo. Por lo general, llamamos pensar a un cierto “etiquetar” los fenómenos que se nos van presentando en los sentidos.

También, consideramos pensamientos, a las asociaciones que se producen automáticamente en nuestra mente entre lo que percibimos y lo que recordamos. Cada cosa que vemos recibe desde nuestra mente un nombre y queda inmediatamente relacionada con nuestros registros de memoria, con lo que hemos vivido.  Esto puede ser un muy interesante mecanismo de supervivencia, pero no es pensar.

Estrictamente hablando, – pensar – no es algo que nosotros hagamos, sino que “se hace”, del mismo modo que la digestión, que la respiración o que la renovación de las células de la piel y otros fenómenos de similares características en nuestro cuerpo. Asimismo, inevitablemente, se elabora en la mente una imaginación respecto de aquello percibido; poniendo a lo que se ha visto en relación con nuestros intereses a futuro. Nunca vemos la cosa, sino en función de nuestras pretensiones, proyectos y temáticas de preferencia.

Esta situación forma parte de nuestra condición humana actual y en cierto modo, tiene que ver con lo mencionado en los primeros capítulos del libro del Génesis. Esta forma de funcionar la mente, nos desconecta de lo real, impidiéndonos ver lo que ocurre y reteniéndonos en un mundo con grandes dosis de fantasía. Además, nos hemos acostumbrado a “vivir dentro” de estos procesos autómatas de la mente y la equiparamos con nosotros mismos.

Es decir, nos identificamos con este suceder mental. Imagina que alguien tiene el poder de seguir los procesos digestivos y de darse cuenta cuando se segrega la bilis, cuando se van disolviendo los alimentos, cuando se incorporan los nutrientes y vitaminas al torrente sanguíneo… que esa persona va con su atención detrás de los movimientos peristálticos del intestino etc.  Mueve a risa, más aún si esto sucede todos los días y la persona continúa concentrada en seguir este discurrir metabólico. Imagínalo bien, día tras día, toda su vida. Lo que hacemos cuando creemos que pensamos es muy parecido.

Nos parece pensar, cuando en realidad vamos siendo llevados por una digestión mental de las experiencias que acontecen.  Cuando uno deja de “vivir allí” con su atención, cuando se abandona la identificación con estos procesos sicológicos, se abre un nuevo mundo que nos resulta desconocido… se produce una transfiguración del mundo.

Comprendo lo que explica, pero ¿Cómo salirse de la mente? O ¿Cómo poder vivir desde el lugar en el que se percibe lo real?

Una vez que uno ha aceptado al menos intelectualmente lo dicho, en cuanto a que uno no es ese proceso continuo de pensamientos que vienen y van, de diálogos y consideraciones sin fin sobre todo y todas las cosas; es posible dirigirse hacia otro modo de estar. En este cambio al principio, es decisivo orientar la atención hacia los sentidos, quitándola del acontecer mental. Aclaremos bien esto para que no se entienda mal:

Lo común es vivir “ensimismado”, es decir girando en torno a si mismo de manera egoica, abrumado por los propios problemas y temáticas, absortos en nuestros procesos sicológicos, esclavizados por lo que nos contraría, pujando por alcanzar aquello que se nos antoja como la felicidad. Por eso te decía que es importante sacar la atención de ese discurrir mental y empezar a atender a lo que percibimos. No podemos caer en cuenta de la divina presencia en lo cotidiano mientras miremos sin mirar, escuchemos sin escuchar, o proyectemos en lugar de percibir.

Es como si nunca estuviéramos realmente donde estamos. Nuestra vida tiene mucho de simulación porque en verdad queremos siempre estar en otro lugar, allá donde nos tironean las ansias. El particular modo de hacer que se menciona también en el libro en la carta tres y el llamado “sacramento del momento presente”, al que se hiciera referencia en los ejercicios espirituales del peregrino ruso, aluden también a esta. A la necesidad de situarnos primero donde estamos antes de acometer cualquier intento de mejorar nuestra situación de vida…

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Dos enlaces:

Liderazgo para responsables de equipos pastorales

Conoce los Testigos del Amor

Algo de Filocalía

Queridas hermanas /os en Cristo Jesús: Aquí les dejamos la transcripción de la primera parte de la clase 25° de Filocalía, para que puedan revisar si esta temática y el modo que se utiliza para su transmisión es de vuestro interés. Debajo el vídeo origen del texto. 

Si deseas participar y no estás anotado desde el año anterior, envía tu correo a cursofilocalia@gmail.com – Si puedes y quieres ayudarnos haz llegar una aportación económica voluntaria a través de alguno de estos medios: Página de contacto y donaciones

“Estimadas hermanas y hermanos. Estamos juntos nuevamente para abordar a Máximo, el confesor, en esta vigésimoquinta clase del curso de Filocalía 2020. Nos va a llevar quizás una clase más al menos. Este complejo y profundo maestro espiritual, que tiene matices muy diversos en su doctrina, en su enseñanza. Varios de los cuales pueden servirnos de mucho en nuestra práctica espiritual y en nuestra vida cotidiana. Recordamos que el primer significado de este curso de Filocalía era ver si podíamos aprender algo de estos monjes que pudiéramos llevar en nuestro día a día y así tratar de sumarnos de alguna manera a esta vía de la ascensión espiritual que ellos predicaban y practicaban.

Habrán visto ustedes una película que ya tiene bastantes años, llamada al menos acá en mi país, “La terminal”, una comedia romántica suave, donde Tom Hanks, actúa como un ciudadano de un ignoto país del centro de Asia, que queda varado en el aeropuerto de Nueva York por una cuestión de trámites legales. Y no puede entrar a Estados Unidos, pero tampoco puede regresar a su país. Esta comedia se desenvuelve casi toda en el aeropuerto de Nueva York. Donde el personaje permanece mucho tiempo y empieza a construir allí una vida, no tiene más alternativa que empezar a vivir en el aeropuerto. Bueno, y así se hace querido por los habitantes fijos de esta terminal aérea y la película sigue el curso de una comedia romántica. Ustedes dirán ¿Qué tiene que ver Máximo el confesor con la película “La Terminal”?

Es que Máximo, San Máximo, nos dice que el ser humano está en el medio, entre el cielo y la tierra. Que tiene cuerpo y que tiene alma. Y qué es un ser fronterizo. Que está al borde. Que su vida aquí es una duda. Es un movimiento permanente en busca de la unidad perdida. Nos sitúa como mediadores. Dice que el hombre es mediador entre lo celeste y lo terrestre. Somos un ser viviente, vinculante. Fíjense qué definición del ser humano, un ser viviente vinculante y tiene otras como, por ejemplo… “nexo universal” dice que somos el nexo universal.

También ustedes saben que Máximo divide a la creación en el mundo de los inteligibles o de los no visibles y en el mundo de los seres sensibles, que también son los visibles. Y habla de que el ser humano tiene una función mediadora también aquí, entre estos dos aspectos de la creación. En una parte de sus textos, dice que el alma es al ser humano, el alma es al cuerpo y al ser humano lo mismo que Dios al cosmos. Entonces sitúa al cosmos como un cuerpo y a Dios en su cúspide. Y hace una serie de simbolismos y analogías y recurre a pasajes bíblicos para usar ese significado, ese simbolismo. Pero no me quiero ir de tema: dice que el ser humano es el lazo de unión entre el cielo y la tierra. Que el alma está en una zona fronteriza. Quiero ver de qué otro modo lo dice… “el ser viviente vinculante”. Fíjense qué términos, qué forma de expresión que tiene.

Este ser viviente, vinculante, ya vamos a ver después la relación con Cristo; este ser viviente vinculante que somos; no es sólo un medio entre un mundo y otro, es también un transformador. Es como si, al resumir en nosotros mismos todo el cosmos; acuérdense ustedes que Máximo dice que el ser humano es un microcosmos. Al resumir en nosotros el cosmos entero y al estar nosotros unidos a todo. Nuestra transformación lo transforma todo, cambia el cosmos. Entonces tomamos nosotros la obra de la creación, las plantas, los animales, todo lo que se nos ha dado en la tierra y tenemos la misión de transformarlo y elevarlo a cada cosa lo más posible en ese movimiento intrínseco de unidad que tiene todo el cosmos.

Vamos de a poco. Dice San Máximo que todo el cosmos está atravesado por una fuerza invisible que tiende hacia la unidad. Más tarde o más temprano todo va hacia el Uno, hacia el que Es, hacia Dios. Las cosas, las personas, las montañas, las nubes, los planetas, cualquier cosa creada tiende hacia la unidad. Aunque a veces no nos parezca, ese es el movimiento universal hacia la unidad. ¿Y cuál es la función del hombre? Colaborar con este movimiento hacia la unidad. Él tiene que ir uniéndose en sí y unir todas las cosas que toca. Máximo nos aporta el significado de que nuestra vida tiene sentido en tanto se dirija a la unidad que es Dios. Y nos sitúa como liturgos. El ser humano como oficiante de una liturgia cósmica universal. De un sacrificio, de un sacro oficio. De una ofrenda a Dios constante en su vida a través de lo que hace por fuera y también dentro, en el alma.

En esa parte más elevada que, como ustedes saben, la Filocalía por una influencia griega llaman el Nous, el órgano de la contemplación. Este órgano de la contemplación, la parte elevada del alma, dice Máximo viene a ser para el hombre lo que es Dios, para el cosmos. Viene a ser el alma para el hombre, lo que es Dios para el cosmos. Es decir, el principio del orden, el principio ordenador general y universal. En esta… en esta liturgia cotidiana, nos volvemos mediadores. ¿Cómo? Como dijimos, transformando lo que tocamos y elevándolo espiritualmente. Máximo dice que mediante la contemplación de los seres sensibles, de los visibles: un animal, una planta, una roca, la lluvia, las nubes, lo que fuera; mediante la contemplación de los seres sensibles y visibles, nos elevamos hacia la contemplación de los seres inteligibles, es decir, aquellos que no se pueden tocar ni ver, pero que se pueden entender, conceptualizar, comprender.

Por ejemplo un ser inteligible serían los ángeles, que no se pueden ver, no se pueden sentir, pero que podemos concebir. Entonces, la liturgia consiste en, mediante la observación y la transformación de lo sensible, elevarnos en el entendimiento, para posteriormente abandonarlo todo y quedarnos con la tiniebla luminosa. Es decir, con ese no saber absoluto; que cuando nos rendimos a ese no saber profundo que el ser humano lleva en sí, cuando nos rendimos es cuando podemos hacer la oración pura; qué es lo más cerca que se está de la unión con Dios, al menos en lo que podemos comprender, según nos dice el confesor. ¿Cómo, cómo puedo hacer para elevar mi visión desde lo sensible a lo inteligible y posteriormente hacia la contemplación de la tiniebla luminosa?

¿Cómo puedo hacer? Acuérdense ustedes, permítanme la digresión… que Máximo toma conceptos de Orígenes, toma conceptos de Evagrio Póntico y de otros por ejemplo los Capadocios que lo preceden. Y hace de eso una mezcla, uniéndolas con la revelación bíblica y no sólo con la exégesis bíblica normal, con la interpretación normal de la Biblia, sino con un modo de leer la Sagrada Escritura muy cargado de simbolismo. Máximo ve en la Biblia, la Escritura, un simbolismo permanente, una alegoría tras otra, un significado encadenado al otro. Y de eso hace su propia cosecha de esta influencia que vino de Evagrio, vino de Orígenes, vino de los griegos, incluso del mismo Platón, a través de otros, con esto del mundo de las ideas o el mundo de lo inteligible y lo sensible. Pero yo me preguntaba recién cómo se hace para ir de lo visible a través de los seres sensibles, llegar a los inteligibles y después a la tiniebla luminosa que nos permite unirnos a Dios, a ese incognoscible tan apofático tan de Dionisio que también Máximo utiliza.

¿Cómo se hace? Hay que tratar de advertir en las cosas las razones de las cosas. Y a través de esta visión, que es una mezcla de intuición y de gracia y de atención plena; a través de esta visión, de las razones de las cosas, de las esencias que viven en las cosas, podemos intuir el mundo inteligible, es decir: el mundo que no se ve, pero que puede entenderse e intuirse, se ha patentizado en el mundo sensible, en el mundo de la materia. El mundo de la materia está informado de lo que no es materia. Es como si estuviera atravesado por lo inteligible. Dice Máximo en palabras casi textuales, después leeré algún párrafo, que lo inteligible y lo sensible se interpenetran constantemente en una relación circular. El uno necesita del otro y se informan mutuamente.

Pero veamos un ejemplo más, más práctico, más entendible: Giovanni Pico de la Mirándola, un nombre muy musical; Giovanni Pico de la Mirándola, un sacerdote, un monje de principios del renacimiento; no quiero decirles el año porque no lo sé, no lo recuerdo ahora… decía que había algo que hacía que el can, es decir, el perro, se comportara caninamente y había algo que hacía que el hombre se comportara humanamente. Y así con todo. Enfatizaba él, esto de la esencia de las cosas y de los seres, hay una esencia que proviene de lo inteligible, que es lo que hace que los seres actúen como actúan, que tengan esa índole particular que los caracteriza. Entonces, cuando nosotros vemos a una mascota, por ejemplo, nosotros observamos a nuestra mascota y nos vinculamos a ella mediante el afecto. Pero esta observación nos permite intuir, por ejemplo… esa, esa bondad innata de estos animales; este no rencor, esa ternura que siempre tienen. Es algo que nos permite adivinar su mirada, su comportamiento. Lo vemos sin esfuerzo. Nosotros percibimos en los distintos animales y particularmente en las mascotas, esa esencia de carácter, ese temperamento profundo que viene desde lo más íntimo de esa criatura. Eso que alumbra a través de sus manifestaciones es lo inteligible que lo atraviesa.

Y así con todo. Es lo que nosotros sentimos o intuimos cuando se desata una tormenta, que a la vez nos puede suscitar pavor o asombro extático, quedamos como maravillados ante una gran tormenta. O cómo se nos refresca el ánimo con la lluvia sobre la tierra recién mojada. Es decir, todo esto dice Máximo, tiene su correlato en el mundo no visible. El cosmos observable tiene su equivalencia en lo no observable… y eso es un camino hacia Dios. Nosotros como humanos tenemos que encontrar estas esencias y colaborar con la creación de Dios, elevándolo todo en consonancia, en armonía con ese otro mundo inteligible. En ese otro mundo de las ideas, diría en términos de Platón… que está más cerca del mundo celestial, pero que no lo es. Y el hombre se encuentra entonces entre-medio, entremedio del cielo y de la tierra.

¿Cómo se efectúa esta liturgia? En parte, como decíamos, observando o intentando con una atención plena, abierta, intuitiva, que invoca la gracia… en parte mediante esa observación esencial y en parte mediante la transformación de nuestras situaciones, de cualesquiera hechos de nuestra vida, en ceremonia de alabanza. Máximo es terminante, nos dice que el sentido de la vida humana no hay que buscarlo ni acá, ni allá, ni más allá; el sentido de la vida humana es ir hacia Dios. Y para eso nuestros actos han de ser liturgia, ofrenda, sacrificio. Máximo, el confesor, nos dice algo hermoso: Que la vida tiene que ser una ceremonia. Es como si fuera una gran eucaristía. Recuerdan que dije al principio que el ser humano está unido a todo; esto lo podemos comprobar… el aire que entra en nuestro cuerpo y nos vivifica, el agua que bebemos, el sol que nos ilumina, comemos elementos que surgen de la tierra. Es decir, todo está interpenetrado como decíamos recién… y al estar el ser humano unido a todo, importa mucho la transformación individual también. Porque aunque nuestros ojos materiales no sepan ver la influencia, mi transformación cambia el universo. Mi cambio lo cambia todo. Eso nos dice Máximo y dota así de un sentido profundo a nuestra vida y aun a los momentos que podríamos considerar más nimios o más pequeños. Cuando nos vamos a dormir, el modo en que nos vamos a dormir, el modo en que despertamos, el modo en que lavamos, el modo en que estudiamos y sobre todo, como ya lo dijimos en la clase pasada, el modo en que amamos.

¿Cuándo es que el ser humano se convierte realmente en un liturgo universal, en ese viviente vinculante, en ese nexo universal? Cuando ama. Amando se produce ya de por sí nuestra liturgia. El deber litúrgico es amar. Esa es nuestra vestimenta, ese nuestro cáliz, esa es nuestra forma sagrada. Ese es nuestro rito sacrificial: Amar, porque cuando amamos al ser microcosmos interpenetramos el cosmos entero. Y aquí viene la vinculación, por supuesto, con Cristo. Cristo, que tenía en palabras de Máximo las dos voluntades la humana y la divina… Cristo vino de modelo, vino a decirnos exactamente cómo se ha de santificar la creación entera. Cómo hemos de santificar el mundo y al mismo tiempo dotar a la vida de un profundo significado. ¿No han visto ustedes que… los hechos y las situaciones desagradables nos agobian mucho más cuando no le encontramos sentido, cuando nos parecen carentes de propósito los sucesos, los hechos? En cambio, cuando alumbra el simbolismo, cuando se nos aparece la alegoría clara todo cambia.

Había un autor, Víctor Frankl, que fue un psicólogo si no me equivoco un judío que estuvo en uno de los campos de concentración en la Segunda Guerra Mundial, era un psicólogo y escribió después un libro muy famoso que se llamó “El hombre en busca de sentido”, Viktor Frankl. Se los recomiendo mucho, es muy buen libro. Él observó, viviendo en el campo de concentración, observó que los que sobrevivían eran los que tenían un para qué. Por ejemplo, “quiero sobrevivir para volver a ver un hijo”… o para lo que fuera. Él, Viktor Frankl, encontró el modo de sobrevivir a esta atrocidad que le había tocado, proponiéndose crónicar lo vivido y escribir un libro. Él escribió gran parte de este libro en pequeños pedazos de papel, en servilletas, en elementos que había por allí, tomaba pequeñas notas. Vaya a saber con qué, porque no tenían nada. Y de esa manera él dotó, el llenó de significado la terrible penuria que atravesaba. Entonces nos dice nos deja esa enseñanza. Y dice algo así como que el ser humano puede soportar casi cualquier cosa en tanto tenga un para qué. Y Máximo, por supuesto, está totalmente alineado a esto, porque nos dice que el ser humano que es fronterizo, que no es de aquí ni es de allá, está en un permanente movimiento en busca del descanso que da la unidad.

Es decir, nos demos cuenta o no, pero a partir de ahora podemos atender a esto ¿No? Me doy cuenta de que esto abre una perspectiva muy interesante en el cotidiano. Nos demos cuenta o no, todo lo que buscamos es descanso. Y todo lo que hacemos busca la unidad desde la multiplicidad de la manifestación de lo creado, buscamos la unidad, una unidad que conocemos sólo por intuición, por cercanía… cuando atravesando lo sensible a través de lo inteligible, el nous, llegamos a la tiniebla luminosa donde el ser humano se rinde y dice “Señor, no sé nada”. Y anclados en este no saber rendirnos, rendirnos totalmente a la voluntad de Dios”.

Algo de Fenomenología

Queridas hermanas /os en Cristo Jesús: Aquí les dejamos la transcripción de uno de los vídeos de Fenomenología, para que puedan revisar si esta temática y el modo que se utiliza para su transmisión es de vuestro interés. Debajo el vídeo origen del texto. Mañana, Dios mediante, les entregaremos el texto con una clase del curso Filocalía

Si deseas participar y no estás anotado desde el año anterior, envía tu correo a fenomenologiacurso@gmail.com – Si puedes y quieres ayudarnos haz llegar una aportación económica voluntaria a través de alguno de estos medios: Página de contacto y donaciones

“Queridas amigas y amigos, estamos nuevamente juntos ahora en el ámbito de la Fenomenología. Trataremos hoy tres temas que surgen de consultas que ustedes me hacen llegar.

El primer tema es el de la duda o las dudas, que lo hemos tratado en alguna ocasión, con brevedad. Quizá por una cuestión cultural, no sabemos bien el origen de esta costumbre, tendemos a rumiar, a ponernos en una especie de reflexión introspectiva, sopesando las cargas cada vez que nos encontramos sumidos, sumergidos, en la duda o en las dudas. Desde el ámbito de fenomenología se entiende que cuando estamos en la duda es porque las cargas, las diferentes cargas entre distintas imágenes, no se han inclinado todavía en la balanza. Es como si hubiera demasiado equilibrio o demasiada paridad entre las distintas opciones de las cargas de nuestras imágenes.

¿Recuerdan, verdad? Entonces, ¿Qué es lo que se aconseja en Fenomenología o qué es lo que aconsejamos, recomendamos? Cuando estamos en la duda, ponernos en una sesuda reflexión, anotar los pros y los contras de cada una de las opciones? No. Debatirnos, ensimismarnos, darle vueltas y vueltas analizando factores, no. Cuando nos encontremos en la duda… no hacer nada. Es más, no sólo no hacer nada, sino tratar de desatender el tema.

Esto de desatender el tema implica, que la mente no va a ocupar el papel central en el proceso de la elección o del comportamiento que finalmente se va a producir. Esto lo podemos ver en la historia humana. Por ejemplo, con el famoso Eureka! Se acuerdan? Creo que era Arquímedes, verdad? Arquímedes, que hablaba del Eureka, que estando en una situación del todo alejada al objeto de su oficio, de repente sufre una especie de iluminación espontánea o de comprensión que le brinda una solución adecuada para aquello que era su problema. Yo ni siquiera me acuerdo bien cuál era su materia. Creo que era algo relacionado con la física y la teoría de los líquidos o algo así. Es decir, el científico o el pensador, el filósofo deja de aplicarse al punto en el cual estaba totalmente ensimismado, se pone a hacer otra cosa y ahí por sí misma, la solución aparece. A algunos científicos esto les ha ocurrido en el sueño onírico, que se le revela la solución del asunto. ¿Por qué? Porque se necesita de algo más profundo que el pensamiento para que todos los factores se co-engranen y brinden una percepción, o mejor dicho, una representación clara de lo que debemos hacer.

Esto es más propio del ámbito de la intuición. la intuición. Para que la intuición funcione en su plenitud, el pensamiento tiene que estar, si no ausente, al menos ser escaso. Por eso les decía al principio desatender el tema que nos preocupa o el tema sobre el cual tenemos dudas. Para terminar, ya saben que me gusta siempre repetir y sintetizar. Si hay duda, lo dejo estar. Lo dejo estar no hago nada, espero. Espero que sedimente un poco; vieron el papel de la sedimentación en los líquidos cuando el agua está turbia? Si la dejamos quieta, sedimenta el residuo y queda clara. Se hace la claridad. Ese es un buen ejemplo para este tema. Por supuesto, estamos hablando que no se está tratando de una situación de emergencia, de una cosa urgente que requiera solución. Por qué? Porque cuando la situación apremia, la solución emerge por sí misma. Difícilmente tengamos la duda. En situaciones de emergencia, el cuerpo y la mente se comportan adecuadamente, sin deliberación alguna. Ahora seguimos.

Bien. Otro de los temas que quería tratar hoy con ustedes, es a propósito de la última publicación que hicimos en el Santo Nombre; qué tiene que ver con esta especie de ayuno mental, referido sobre todo al uso que hacemos de los móviles, de las redes sociales, del ordenador, de la computadora, de la navegación en Internet. Pero particularmente de la función que hoy cumple el móvil, el teléfono celular, según la región en que estemos. La función que cumple como estímulo permanente que requiere nuestra atención. Como lo hablamos en alguna otra clase, ¿ustedes se acuerdan? Está la atención requerida, que es aquella donde el estímulo externo me llama. Es como si me golpeara la puerta de la atención. Y en cierto modo entrecomillas, me obliga a dirigirme hacia él, hacia el estímulo.

Algo que implica un mayor nivel de conciencia, una mejor cualidad de la atención es cuando la atención es dirigida desde mí hacia el estímulo. Alguien puede decir bueno, pero eso ha sucedido porque desde tu interior, desde tu paisaje interno, se produjo un estímulo mental que te hizo dirigir la atención en tal o cual dirección. Podría ser cierto, también podría ser el caso. Pero si nosotros estamos atentos a todos estos procesos, vamos a ver, a sentir una cualidad muy diferente, cuando nos ponemos en observadores y luego en directores de esta función atencional. Vamos al caso el móvil. Si nosotros tenemos encendidas las notificaciones que nos avisan con algún sonido de la llegada del nuevo WhatsApp, de un nuevo mensaje o un Telegram, algo en el Facebook, etcétera, etcétera. o las noticias de los diarios. Si tenemos encendidas las notificaciones; a cada minuto, cada dos o tres minutos, empiezan a llegar avisos a los cuales en teoría, tenemos que prestar atención. Este es el mejor modo de dispersar nuestra energía, de perder la energía, de desviarnos del propósito que nos habíamos puesto para esa jornada. Quizá de la oración interior. Cualquier ejercicio o práctica o ascética que nos hayamos planteado, muy probablemente sucumba, muy probablemente se diluya, si nosotros vamos a atender a estos estímulos, según van apareciendo.

En cambio, si nos limitamos a una cierta ascética en base a los horarios y decimos me voy a fijar en el móvil a tal hora, a tal otra y a tal otra. Y cada vez le voy a dedicar media hora en el caso, por ejemplo, en el caso nuestro, que tenemos que responder a veces cuestiones del blog o consultas y demás. Nos ponemos una hora y decimos vamos a dedicarnos a tal hora, durante tantos minutos o tanto tiempo a responder y después silenciamos. Y nos quedamos libres de ese estímulo para dedicarnos a lo que hemos decidido previamente dedicar. Por supuesto, en cuestiones laborales, si ustedes están en una oficina, yo no me imagino distintos tipos de trabajo que ustedes tengan de profesiones. Esto va admitir muy diferentes grados de flexibilidad o de precisión en la ascética, de desatender a la constante estimulación. Pero ustedes saben si se ponen a ver en ustedes mismos lo que su conciencia les indica a este respecto.

Todos sabemos cuando estamos ya divagando, cuando nos estamos dejando llevar o cuando realmente de manera ordenada, concentrada y atenta, nos aplicamos de un modo diferente a estas tareas. Ese es un punto de interés. La ascética en lo que hace a Internet y a los estímulos del móvil y demás. Hoy en día creo que es equivalente al más severo ayuno que los monjes antiguos practicaban respecto a la alimentación. Fíjense lo que digo es más difícil hoy prescindir de estos dispositivos que quizá hacer un ayuno alimentario. Porque nos hemos acostumbrado a vivenciar sensaciones diversas. Por lo general, de placer y displacer, como son la mayoría de las sensaciones referidas a esta interacción con esos presuntos otros a través de las redes, y digo presuntos otros porque es una interacción virtual. Ustedes vieron que estamos siempre en relación a una pantalla. Y esto también tiene una cualidad menor respecto de la interacción personal. Por supuesto que todas estas herramientas son muy útiles, pero está en el exceso y en el extremismo en el que hoy caemos en la relación con estos dispositivos. Lo que nos está perjudicando la interiorización y la dirección de nuestra atención.

Y un tercer tema que quería tratar con ustedes hoy es el tema de la consagración de vida. De la consagración desde el punto de vista de la Fenomenología. Cuando uno se consagra. Fenomenológicamente hablando, se ha polarizado. Todos sus centros de respuesta se acuerdan ustedes que teníamos el centro intelectual, el centro emocional, el centro motriz, el centro vegetativo que regulaba las funciones fisiológicas… y decíamos que todos estos centros podían funcionar con una mayor o menor cualidad, dependiendo de otro factor que es el nivel de conciencia. Si estábamos en una vigilia ordinaria, en el semi sueño que es esa duermevela, o si estábamos en el sueño onírico, etc..

Y también advertíamos, admitíamos la posibilidad de otros niveles de conciencia y de otros centros de respuesta. Como por ejemplo el Nous, que se hablaba en Filocalía, que en fenomenología se le llama un centro de percepción más objetiva, un centro superior. Un tipo de comprensión directa e intuitiva. Eso sería un nivel de conciencia más elevado. Y también admitíamos la existencia de como les llamaríamos… funciones o sentidos que no son habituales o no nos son manifiestos en nuestra normalidad, en nuestro cotidiano. Mientras más atentos nos ponemos, mientras más ejercitamos la atención estos niveles de conciencia y estos nuevos centros de respuesta empezarían a manifestarse. Por supuesto, esto está íntimamente relacionado con el tema del despertar del sentido espiritual o los sentidos espirituales.

Pero para no irnos de tema. El consagrado, aquella persona que se consagra a un objetivo, a un fin cualquiera sea, está reuniendo todas sus fuerzas, todas sus potencialidades en un solo punto. Habíamos dicho en alguna clase que es como el rayo láser. Ustedes saben que el rayo láser tiene ese gran poder debido a que se concentra la luz en un haz muy pequeño. Es decir, mucha energía en una extensión mínima muy precisa es la que logra provocar, por ejemplo, la rotura del material al cual se está aplicando este rayo láser. Es mucha energía concentrada, bueno; un consagrado, por ejemplo, un monje. Un monje de clausura, que se dedica a la oración la mayor parte de su día, al recuerdo de Dios. ¿Qué está haciendo? Está consagrando, está reuniendo todas sus energías en la oración. Y si practica la oración de Jesús o la oración monológica, mucho más, esta re-concentrando además todos los pensamientos en uno solo. Esto es, fenomenológicamente hablando, consagrarse. No dispersarse. Unificarse. Es como si habláramos de un propósito único, de una única referencia. Y esto suele venir concomitante, correspondientemente, con conductas muy claras.

Por ejemplo, el consagrado no lee de todo, lee sobre cierta temática o hasta llegan algunos ascetas a leer uno o dos libros a partir de su consagración y nada más; es lo que decíamos días atrás, de no andar dispersándonos en distintas fuentes de información y de conocimiento, sino dedicarnos, a elegir un solo director espiritual a través de este libro o aquel otro y ceñirnos a ello. Las reglas de vida que un tema que hemos empezado a tratar últimamente son una de las manifestaciones más claras de la consagración. La regla de vida. Me atengo a esto y de acá no me salgo. Ese cierto límite que en principio parecía acotar nuestra libertad y que en realidad está ampliando porque nos está liberando del resto de las esclavitudes que nos oprimen habitualmente en la dispersión.

Cuando yo me someto voluntariamente a una regla de vida, parece que pierdo libertad. Pero en realidad la estoy ganando al quedar libre de todas las esclavitudes que tenía antes… a los múltiples estímulos e impulsos del cuerpo y de la mente. Cómo podemos hacer, ya que estamos preparándonos un poco para el retiro, algunos. ¿Cómo podemos hacer para ir consagrándose o ir preparándonos para esta polarización de todas nuestras fuerzas? Esto hay que alimentarlo. Es lo mismo o muy similar a cualquier deportista, que cuida todos los aspectos de su vida en pos de la carrera que va a realizar, del partido que tiene por delante, de esa maratón. Entonces el deportista cuida la alimentación, cuida las horas de sueño, entrena de cierto modo y demás. Si nosotros queremos consagrarnos a la espiritualidad profunda, si queremos acercarnos a una oración continua; a una oración contemplativa o a un apostolado; pero digamos, en el gran ámbito de la espiritualidad, tenemos que alimentar con mucha frecuencia ese anhelo que surgió en nosotros.

Pero que como ustedes saben, cómo sabemos, debido a esa ley del estímulo constante decreciente, que vivimos en una de las primeras clases, esta ley, esta mecánica de la vida, hace que nos acostumbremos. Y aquel impulso fervoroso a aquel deseo de consagración y de unión con Dios va quedando relegado, tapado por las múltiples obligaciones y los estímulos que han ido surgiendo posteriormente a ese impulso. Cuando encontremos en nosotros el anhelo de consagración hay que alimentarlo, alimentarlo con mucha frecuencia y precisión. ¿Por qué? Por que las veinticuatro horas estamos siendo alimentados por una cultura que va contracorriente de lo que nosotros queremos. Permanentemente se nos está impulsando de modo manifiesto y de modo velado y hasta subliminal; permanentemente se nos está impulsando al consumo, a la búsqueda del placer mediante los sentidos físicos, al constante divagar de los sentidos, etcétera. Por eso tenemos que ejercitar mucho la lectura espiritual que hemos elegido… para darle letra al corazón, por así decirlo, para que nos inspire. Y esto tiene que ser cotidiano. Una vez por día o más, si es posible. La oración en el modo al que nosotros tenemos preferencia, que nos sentimos llamados también con frecuencia. El intercambio con otros hermanos, amigos que ustedes tengan, o a través del blog, etcétera. El intercambio quizá en la parroquia o en algún grupo que ustedes pertenecen. Pero esta confraternización en torno a un objetivo espiritual común es muy importante. Nos recarga las pilas las baterías para este objetivo.

Y periódicamente revisar, con frecuencia, revisar… ¿Me estoy manteniendo, estoy creciendo en mi consagración o me estoy desviando? ¿Ya está bajando la curva del entusiasmo? Se acuerdan ustedes que el entusiasmado de la palabra enthousiasmós? Quería decir el que estaba tomado por algún dios en la mitología griega. Poseído por un Dios. El entusiasmo en el ámbito cristiano implica la presencia de la gracia, del Espíritu Santo. Cuando va en dirección correcta, en la dirección espiritual del crecimiento y la elevación; entonces tenemos que estar atentos a conservar el entusiasmo. Para eso, al igual que con la energía que hablamos en alguna clase, hay que ahorrar, el entusiasmo no hay que dispersar. Y hay que alimentarlo, hay que nutrirlo para fortalecerlo. ¿Cómo fortalecemos el entusiasmo por la consagración de vida? Llevando con coherencia lo que éste nos pide a la vida diaria, lo que el entusiasmo me indica, lo que la gracia me avisa, tengo que llevarlo con coherencia a la vida cotidiana. Esto retroalimenta las ganas, el fervor, el deseo de Dios.

Bien, ese era otro tema.

Para terminar y no extendernos mucho, como habíamos acordado en este segundo módulo de Fenomenología. Les quiero pedir algo. Quien esté participando del curso y vea este video y llegue a esta parte del video. Le pido que me escriba mejor si puede en los comentarios del blog, sino por otros medios. ¿Cuál es aquel santo, aquella personalidad, aquella figura que le está sirviendo o le va a servir como modelo de conducta? Estoy prescindiendo, por supuesto, de la persona de Jesús que implícitamente en nuestro modelo de conducta, ¿No? a través de los Evangelios y a través de nuestra nuestra fe religiosa.

Quiero decir. Además de Jesús. ¿A quién voy a tomar como figura humana, como modelo que a mí me permita orientarme en cuanto a la incorporación y el desarrollo de ciertas virtudes? ¿Se acuerdan que hablábamos de la necesidad de elegir un camino espiritual preciso, un autor? Y esto es lo mismo si ustedes revisan, cuando hablamos de modelos de conducta, nos referíamos a una imagen con mucha carga energética que fuera a la vez colectora de otros factores y de otras imágenes, y es la que nos va a permitir polarizar. Por eso les pregunto si ustedes pueden contar. ¿Cuál es ese santo, esa santa, esa personalidad que a ustedes les sirve de modelo o quisieran que les sirva de modelo? Si me envían esto, vamos a ir tratando de hacer pequeñas semblanzas, ya sea por escrito, por videos de estos personajes, de esta persona, para compartirlas entre todos en el ámbito del curso. Creo que esto puede ser de utilidad, así que aquél que le parezca bien le pido que nos lo comente, nos haga ese comentario.

Bueno, amigas y amigos, poco a poco vamos avanzando en la Fenomenología y preparándonos para el retiro de diciembre, que espero encontrarlos a Uds. o a algunos de ustedes. Un abrazo grande para todos”.

Tocar el corazón de Dios

Si os sentáis en una habitación y os decís: Estoy en la presencia de Dios; al cabo de un instante os preguntaréis cómo se puede llenar esta presencia de una actividad que ahogue la inquietud. Durante los primeros momentos, os sentiréis bien, porque estáis cansados y sentarse supone un descanso; estáis confortablemente instalados en un sillón, el silencio de vuestra habitación os da una sensación de quietud. Todo esto es cierto, pero si superáis este momento de descanso natural y permanecéis en presencia de Dios, cuando ya hayáis recibido de la naturaleza física todo lo que de ella podéis recibir, veréis que es muy difícil no preguntarse: ¿Y ahora qué hago? ¿Qué puedo decir a Dios? ¿Cómo me dirijo a él? Es tan silencioso… ¿De veras está aquí? ¿Cómo podré tender un puente entre esta ausencia muda y mi inquieta presencia?” (1)

El silencio de Dios es la realidad más difícil de llevar al comienzo de la vida de oración y sin embargo es la única forma de presencia que podemos soportar, pues todavía no estamos preparados para afrontar el fuego de la zarza ardiendo. Es preciso aprender a sentarse, a no hacer nada delante de Dios, sino a esperar y gozarse de estar presente al Presente eterno. Esto no es brillante, pero si se persevera, irán surgiendo otras cosas en el fondo de este silencio e inmovilidad. ¿Qué sucede en el interior de este silencio? Tan sólo una bajada cada vez más vertiginosa hacia las profundidades de nuestro corazón, donde habita ese misterio de silencio que es Dios.

Por eso hay que callarse, mirar, escuchar, con un amor lleno de deseo. Si supiéramos tan sólo mirar con toda la profundidad de nuestro ser el rostro de Cristo, ese rostro invisible que no podemos ver sino volviéndonos hacia nuestra propia intimidad, y viéndole emerger de ella, quedaríamos deslumbrados ante ese rostro que no se parece en nada a lo que nosotros podemos imaginar. En su Cántico espiritual (estr. XI y XII), Juan de la Cruz dirá que los ojos del amado que buscamos sin cesar, están dibujados en nuestras entrañas.

La perseverancia en la oración no tiene, pues, como objeto enseñarnos este rostro desde fuera, sino hacernos excavar más profundamente para que surja de nuestra propia profundidad. Kierkegaard se ha acercado mucho a este misterio de la oración cuando dice: «La oración no está fundada en verdad cuando Dios escucha lo que se le pide. Lo es, cuando el que ora continúa rezando hasta que sea él mismo el que escuche lo que Dios quiere.

El que ora de verdad no hace más que escuchar.» La oración excava nuestro corazón de piedra y hace saltar un la bemol que toca el corazón de Dios. La oración perseverante nos hace alcanzar la verdad de nuestro ser. En el interior de este silencio, es donde brota nuestra oración, es un largo grito silencioso, una queja, un gemido que transforma todo nuestro ser en oración: «Oh Dios de mi alabanza no te quedes callado… Y yo soy sólo oración» (Sal. 109, 1-4).

(1) BLOOM, A.: Certitudedelafoi. Cerf, Paris, 1973, págs. 149-150.

Párrafos extraídos del libro “La oración del corazón” de Jean Lafrance editado por Narcea

Un artículo acerca del Santo Nombre

La oración de Jesús

La técnica de los Padres… enviado por blog Caminante

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  100. La depresión

Audios – “Desde la ermita” I

Estimadas hermanas y hermanos en Cristo Jesús: Iremos agregando periódicamente audios de los textos del blog que quizá sirvan como antesala de momentos de meditación o tal vez como reflexión a tener presente durante la jornada. Un abrazo fraterno para todos, invocando el Santo Nombre de Jesús.

Enlaces de hoy:

Blog Caminante

Síntesis de Fenomenología 2020

Unificación interior

–          ¿Qué entiendes por meditación silenciosa o meditación en silencio?

Entiendo por meditación todo intento por interiorizar la mirada.

En este ir hacia lo profundo, concentrando el interés en busca de cierta unificación interior, puede darse el acceso a un espacio tiempo de silencio, el cual resiste toda descripción; pero que sin embargo pudiera traducirse como “aquel lugar en el que todo se comprende, en el que los opuestos se ven conciliados y en donde la Presencia de Dios pareciera hacerse claramente perceptual”.

–          ¿Por qué resulta tan difícil silenciarse?

Las mayoría de las veces porque no se intenta lo suficiente o con el debido método; en general suelen abordarse estas prácticas con cierta precipitación, que termina grabando un recuerdo negativo, desalentando posteriores intentos.

Otra causa de fracaso suele ser el ponerse a buscar el silencio como una meta, cuando precisamente el silencio surge cuando la búsqueda se des-objetiviza, o sea cuando no se busca un fenómeno. Por eso es bueno que se vaya generando una actitud de unificación interior; hay cierto trabajo sobre uno mismo que puede hacerse para preparar la irrupción del silencio. Porque el silencio al que se puede acceder en un momento puntual de meditación no es igual al “fondo de silencio” en el cual puede vivirse lo cotidiano.

–          ¿A qué trabajo específico te refieres sobre uno mismo?

El silenciamiento es un proceso, un camino que se puede ir transitando en la vida, que va abarcando distintas áreas o aspectos de nuestra actividad. Este silenciamiento progresivo, que no por ser paulatino debe necesariamente llevar mucho tiempo, tiene que ver con un creciente dominio de aquello que nos controla mas allá de nuestra intención profunda.

Es un ir haciéndose dueño de lo que se llaman “las pasiones”. Esto es todo un problema en la época cultural actual, donde precisamente el -ser pasional- o -lo pasional- está bien visto y muy valorado. Lo pasional es lo que se padece, lo que ocurre superando la propia intencionalidad, lo que a mi pesar me sucede.

Se ha producido un cambio de significado con la palabra y también una mezcla de modelos arquetípicos. Se puede ser muy decidido, muy resuelto y determinado sin caer en la pasión. En su sentido originario, la pasión es algo que escapa a la propia voluntad, algo que va más allá del recto deseo. Es en este sentido que –lo pasional- es ruido y aleja del silencio. Es lo que perturba, lo que agita, aquello que saca del centro y del recuerdo de Dios y de Su presencia.

–          Se me aparece como algo muy frío y aburrido ese tipo de modelos de conducta, eso que se menciona de la impasibilidad. Creo que esa es la principal oposición que encuentro en mí hacia la oración de Jesús; esto de que la tengo relacionada con esa imagen de soledad y aburrimiento.

Claro, lo entiendo. La impasibilidad no es aburrida, por el contrario, es el no padecer. El no ser perturbado por los estímulos cambiantes de dentro y de fuera de uno mismo; el permanecer en un estado de contento y tranquilidad activa, no somnolienta.

Aburrido es necesitar siempre de algo para estar bien y tener que salir a buscarlo aquí y allá y al perderse eso, caer nuevamente en la tristeza o en la depresión. Da pesadez y tristeza el no percibir que se tiene la fuente del gozo en el interior de uno mismo, esto es: Dios en el corazón.

Muchos santos o sabios que se conocen a lo largo de la historia, fueron personas de gran valentía y vigor que se enfrentaron a difíciles circunstancias, venciendo el temor y sus propias pasiones; concentrando toda la fuerza de su espiritualidad, en seguir lo que percibían como la voluntad de Dios para ellos. Eso no tiene nada de aburrido, ni de frialdad.

–          Volviendo al tema inicial. Cuando he intentado sentarme para hacer lo que me indicaban como meditación en silencio, me agarra una especie de inquietud que no me parece nada agradable. ¿Qué debo hacer? ¿Solo aguantar y persistir?

No, no debes aguantar y persistir así como lo dices, porque eso te produciría una memoria negativa que haría que luego, en el futuro, no quieras ni oír hablar de meditación. Lo primero que te debes preguntar es porque estás allí, en situación de ponerte a meditar aspirando al silencio. Es decir, se supone que te sientes llamado o atraído a ese tipo de actividad y no que es algo que te has impuesto o te han impuesto.

Si esto es así, una cosa que puedes hacer al sentir esta inquietud que dices, es atenderla. Situarte como el testigo de esa ansiedad. Esto te permite advertir que tú no eres eso que estás observando, la sensación o los pensamientos agitados. Esto estará estará localizado en algún punto de tu cuerpo como una tensión, un picor, una molestia de algún tipo. Y también muy probablemente encuentres en el origen de la inquietud algún tema, algo que te preocupa o que no está en acuerdo en tu sicología, en tu interioridad. El desacuerdo con uno mismo es una de las principales fuentes de inquietud.

Esto de atender a aquello que te inquieta no te lleva a la meditación silenciosa, pero puede ser necesario si te encuentras en un estado de cierta alteración. Puede ser una necesidad previa, un imperativo de la situación. No estoy hablando de caer en una cuestión de introspección sicologista en donde a modo de sicoanálisis se empieza a discurrir en torno a los propios problemas e incluso a conversar con otros respecto de ellos. Eso es otro tipo de actividad, no muy aconsejable para quienes se sienten llamados al silencio.

Estoy más bien diciendo que a algunas personas pueden servirles simplemente sentarse a testificar lo que les ocurre; otras encontrarán más encaje en orar una oración mental repetitiva y otras irán entregando sus agitaciones en un espacio de confianza al que llaman la voluntad de Dios y otras formas. Es bueno empezar desde donde estamos y podemos…

–          ¿Cómo sería entonces?

… suele ser necesario un trabajo de unificación personal. Un cierto desmalezamiento del interior de uno mismo. Esto deja el panorama despejado y se sitúa la persona en un lugar más tranquilo, más predispuesto a la meditación y el silencio. Esta unificación o separación interior del trigo y la cizaña, vendría a ser el ponerse de acuerdo con uno mismo. Este ponerse de acuerdo es muy útil y necesario para todos, pero mucho más si uno pretende meditar accediendo al silencio.

–          ¿Puedes ser más específico respecto de que cosa sería hacer este trabajo de unificación interior o limpieza? ¿Quizás dando un ejemplo?

Si. Daré un ejemplo grueso. Una persona es cristiana, practicante de su fe y además tiene la intención de ser cada vez más fiel a la enseñanza de Cristo. Mientras esto ocurre en su interior, sucede que en su vida cotidiana es un empresario que mal paga a sus empleados; casi un explotador, paga menos de lo que debería según incluso sus propios criterios. O, dando otro ejemplo, maltratas a tu familia verbalmente etc.

Es decir esa persona está viviendo con una objeción en su mente, en su corazón. Eso es motivo de gran inquietud. No va a poder silenciarse esa persona, hasta que acuerde en su interior ligar su moral religiosa con su práctica de vida.

Vivir de acuerdo a lo que se comprende es fundamental. Puede costar hacer el viraje hacia la coherencia pero es una actividad que tiene sentido indudable. Este ya proponerse ser coherentes, actuar unificados , facilita la oración y la meditación, que es también para nosotros un modo de oración.

–          ¿Dónde entra la oración de Jesús en todo esto? ¿Antes, después?

Antes, durante y después. La oración de Jesús se puede hacer en cualquier momento o estado interno. La oración de Jesús es para todos en todas las situaciones. Si estoy disperso y con inquietudes, repetirla suavemente me va concentrando y unificando en torno a la fe en Jesús. Me voy poniendo en presencia de mi propia fe, que estaba como olvidada medio al costado y al fondo de mi vida.

Si en cambio estoy en acuerdo creciente conmigo mismo, si estoy de algún modo unificado, la oración de Jesús me conduce paulatinamente al silencio mental y corporal, a una situación benéfica de aquietamiento de las pasiones, que es la antesala del silencio.

Si me encuentro fortalecido en la fe, si mi vida diaria es una creciente convivencia con Cristo y su presencia redentora, en mí y en los demás; la oración de Jesús es simplemente la llave que me abre la puerta al espacio tiempo de silencio místico. Y digo místico, porque es un silencio sobre el cual no puede decirse mucho, en ese sentido es misterioso. Es para vivir, no para decir.

–          ¿O sea que lo ves como etapas de unificación, aquietamiento y meditación hacia el silencio?

Es algo muy esquemático como lo dices y las cosas nunca son así con la vida y las personas. Pero si es por esquematizar para facilitar de algún modo la comprensión de estas cosas, si. Yo diría que primero se impone una mínima reflexión, a modo de examen de conciencia respecto de la coherencia en las grandes áreas de mi vida.

Al detectar contradicciones, se puede hacer un plan para revertirlas y esto necesariamente son conductas. Luego, una práctica sostenida de la oración de Jesús o la que cada quién lleve adelante, facilitará y ayudará en los posteriores trabajos de meditación hacia el silencio.

Elsantonombre.org

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Estimadas amigas y amigos, tenemos a disposición de ustedes la parte inferior de las publicaciones para que puedan difundir sus blogs, iniciativas, eventos, artículos y demás. Avisen al correo del blog. Un abrazo fraterno para todos, invocando el Santo Nombre de Jesús.

Aquí también podemos difundir vuestras páginas o propuestas

Blog de la Fraternidad monástica virtual

Blog hesiquia

Vidas místicas

Lo que descubrimos en María

“Lo que descubrimos en María, debemos descubrirlo en nuestro propio ser. Lo que hay de divino en nosotros será siempre inmaculado. Tomar conciencia de esta realidad, sería el comienzo de una nueva manera de entendernos a nosotras mismos y de entender a los demás. Podemos decir que María es inmaculada, porque vivió esa realidad de Dios en ella…

Extraído de “Meditación décima”

La Inmaculada revela al Espíritu Santo

Inmaculada Concepción de María

3° día de retiro

Hermanas y hermanos, queridos en Cristo Jesús: Os dejamos aquí debajo el enlace al tercer día del retiro, y también un texto breve que tiene mucha profundidad con enlace que viene al caso con el tema del retiro. Un abrazo fraterno para todos, que la gracia os acompañe.

Click aquí para el 3° día de retiro

¿Hay algún modo secreto para encontrar este tesoro, este grano de mostaza, esta dracma? En absoluto. Es un tesoro que está en todas partes, y que se ofrece a nosotros en todo tiempo y lugar. Como Dios, las criaturas todas, amigas y enemigas, lo derraman a manos llenas, y lo hacen fluir por todas las facultades de nuestro cuerpo y potencias de nuestra alma, hasta el centro mismo del corazón. Abramos, pues, nuestra boca, y nos será llenada. Sí, la acción divina inunda el universo, penetra y envuelve todas las criaturas, y en cualquier parte que estén ellas, ella está, las adelanta, las acompaña, las sigue. Lo único que hay que hacer es dejarse llevar por su impulso.

Extraído de Fraternidad Monástica Virtual

Enlaces de hoy:

Lo más grande de todo, el Amor

2° día de retiro

Os dejamos un segundo poema, de la misma hermana que publicamos ayer. Un abrazo fraterno para todos, que la gracia os acompañe.

Dale aquí para el 2° día de retiro

Aquí el poema

“Postro mi frente en el Suelo,

porque me siento Amada.

Toda mi carne, todo mi Ser,

se rinde a tu Presencia.

Un sólo instante sin Mi,

es una Eternidad contigo, mi Dios.

Me postro ante ti vacía.

Me postro en la tierra que soy y en la que Tu Eres Semilla 

que germina cada momento de mi existencia.

Tú eres Todo.

Me postro en la Unidad Contigo….

donde Sólo TÚ ERES… Sólo Tú… Eterno Instante..”

De una amiga y lectora del blog

1° día de retiro

Compartimos para todos un hermoso poema enviado por una querida amiga y lectora del blog. Un saludo fraterno, invocando a Cristo Jesús.

Dale aquí para el 1° día de retiro

Aquí el poema

“Cuán lejos estoy de ti Señor, cuando te pienso…

Cuán lejos estoy de ti Señor, cuando te invento..

Saberte con el conocimiento, no es vivirte…

Más…

Cuán cerca estoy de ti Señor, cuando me abandono.

Cuando entro en esta oscuridad simple,

donde sabiendo es Saberte

donde viviendo es Vivirte.

Guarda esta Vida en Ti…

Escóndeme en Ti…

Fúndeme contigo mi Dios…

Sólo Tú en mi Ser Señor”

Aviso y libro sobre La inmaculada

Queridas hermanas/os, si alguno de ustedes se anotó para participar del Retiro espiritual virtual, “Consagrados a la Presencia” que inicia mañana viernes y no recibió ayer un correo informativo, por favor avisarnos al correo fraternidad.monastica@gmail.com para subsanar el error y agregaros a la lista de participantes. Un saludo fraterno para todos en Cristo Jesús.

Preciosa joya que contiene conversaciones y pláticas espirituales, hasta ahora inéditas en castellano, de San Maximiliano María Kolbe.

Testimonio se complace en ofrecer a los lectores esta traducción del hermoso libro “L’Immaculée révèle L’Esprit Saint” de Jean François Villepelée. Preciosa joya que contiene conversaciones y pláticas espirituales, hasta ahora inéditas en castellano, de San Maximiliano María Kolbe.

San Maximiliano María Kolbe, franciscano conventual, misionero y mártir de la caridad en Auschwitx. “¿Santo o loco?”, así se preguntaba uno de sus contemporáneos. Ciertamente fue un santo, un gran santo que coronó su vida con la entrega máxima de dar la vida por un desconocido. Y un loco, “Loco de Nuestra Señora”, loco de amor a la Virgen Inmaculada por quien trabajó y sufrió.

Estamos viviendo un resurgir de la devoción y amor a María Santísima. Este libro desea ser respuesta y estímulo en este proceso de “marianización”, de la mano de uno de los más grandes santo marianos, San Maximiliano Kolbe.

Dale aquí para ir al sitio de “Testimonio”

Más libros aquí

Pedagogía de la humildad

Preparando el retiro (IV)

¿Qué quieren decir los místicos de todas las tradiciones religiosas cuando coinciden en afirmar que la meditación sin objeto consiste en “no pensar nada”? Ciertamente, se ha dicho; “Retraed el pensamiento de todas las cosas materiales y no encontraréis nada en lo que pueda descansar vuestra alma” (Escala de perfección, I, 53). Aunque el concepto de “no pensar en nada” posee muchos registros, desde el punto de vista de la práctica meditativa significa no ocuparse en nada creado, no pensar, no desear, no imaginar, no sentir. Aunque ese “no pensar nada” parece una expresión tremenda que asusta, no es más que un verse sin ego...

Bajo la fórmula “no pensar nada” se esconde toda una pedagogía de la humildad como virtud imprescindible para acallar la mente. La verdadera humildad de la mente es el abandono de la apropiación de los pensamientos. La humildad nos enseña nuestra nadidad ante el Ser que es Dios, y el silencio es la paz de la mente necesaria para que se produzca la escucha. Ese silencio no es únicamente lo que más agrada a Dios sino que además es el medio más adecuado para que obre sobre el meditador.

La idea es que cuando el contemplativo no piensa o actúa, deja espacio para que Dios “piense” u obre en él. Cuando en la meditación “tuvieres quietud y silencio y no pensares nada, entonces obras y haces la obra del Señor, cuya justicia se sirve con silencio. Pues avísote que no pierdas el fruto de tus buenos pensamientos, ni después de cansado tu entendimiento lo lleves por fuerza, sino que cierres a todo la puerta de tu memoria, y tapes tus sentidos, y no pienses nada, sino con entero silencio interior debes acechar o escuchar a Dios y esperar en este sosiego, si quiera media hora… con entera y total negación…, si quieres gustar a Dios…, debes ablandar piadosamente el corazón”.

En el mismo sentido, para Fray Juan de los Ángeles “Verdad es que a los principiantes en este ejercicio se les aconseja que quiten el pensamiento, y que se presenten a Dios libres de imaginaciones, para que su Majestad les hable al corazón, como a gente que se convierte a él de las vanas distracciones y representaciones de las criaturas. Y este desterrar de pensamientos que distraen es perfección, y necesario para el recogimiento”

Walter Hilton en “Escala de perfección” (1494) , Francisco de Osuna, citado del “Tercer Abecedario” y “Quinto Abecedario” (1542) y Fray Juan de los Ángeles en “La conquista espiritual del Reino de Dios” (1595) comentados por Javier Alvarado en “Historia de los métodos de contemplación no-dual”, (Pags. 321/22/23)

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Enlaces de hoy:

Grupo “Amigos de Pablo D´Ors” en Facebook

Carlos de Foucauld, Amigo de todos

Algunos consejos sobre la oración

Extraído del “Breve tratado de oración contemplativa”

de un ermitaño anónimo

en la oración no se trata de pedir cosas a Aquel que todo lo conoce. La oración no es para decirle a Dios lo que quieres sino para escuchar lo que Él quiere para ti y que no es otra cosa que compartir lo que Él es: Tranquilidad profunda, Beatitud, Paz, Bondad, Belleza, Amor …

No se trata de pedir cosas sino de comprender que no necesitas nada más que la presencia de Dios y descansar en esa morada llena de sus cualidades. Antes de orar debes de comprender que detrás de todos tus deseos de objetos o de situaciones del mundo, solo hay un deseo: la paz profunda. Y ese deseo último que tanto anhelas y que proyectas en los objetos y situaciones del mundo solo lo puedes obtener en la interioridad. La tranquilidad y la plenitud solo están en tu espíritu, que es el espíritu de Dios.

Una persona se pone a orar cuando ha comprendido claramente la futilidad y la relatividad de todos los objetivos convencionales humanos que, aún teniendo su importancia relativa, no pueden darle la paz profunda, la plenitud que todo ser humano anhela con nostalgia. Es comprendiendo claramente esto, bien sea por la propia inteligencia, o movido por las constantes dificultades de la vida, cuando uno se acerca a la Paz, la Belleza, la Bondad, la Plenitud y la Alegría que proporciona el contacto con lo Absoluto y con lo Sagrado a través de la oración en su calidad más contemplativa.

Sumergirse en el “acto orante” es el síntoma más claro de que se ha llegado al discernimiento (entre lo verdadero y lo falso), al desapego (de las cosas del mundo), a la sumisión (a la presencia de Dios), a la humildad (respecto a nuestra capacidad humana), a la sabiduría (habiendo comprendido donde está la plenitud y el gozo verdaderos), a la caridad (al abrazar en nuestra oración a toda la creación), y a todas las demás virtudes… Todas las virtudes están contenidas en la oración.

Orar es un acto simple de colocación ante la presencia de lo Sagrado. No te compliques con rituales ni con palabrería o con lecturas excesivas. Orar es muy sencillo, no hace falta que te leas todos los libros que hay sobre el tema. Se trata de orar, no de leer sobre ello. Vale más un minuto de presencia en lo Sagrado que un año de lecturas sobre la oración.

El rato de oración es un paréntesis de tranquilidad en tu vida. Nunca tengas prisa. La prisa, la ansiedad, la complicación y la dispersión son los mayores enemigos del espíritu. Mantenlos a raya cueste lo que cueste. Nunca te dejes llevar por ellos. Mantente todo el tiempo que haga falta hasta que reconozcas la presencia de lo Sagrado. Esto puede llevarte desde unos pocos minutos hasta horas. Ten paciencia y espera. Evita hacerlo de manera mecánica y rutinaria; hazlo, no por obligación, sino por devoción. Eso te coloca en una actitud y en una atmósfera totalmente diferentes.

El pensamiento racional puede llegar a ser un gran enemigo del espíritu. No pienses, razones ni elucubres sobre lo que haces. Simplemente hazlo; simplemente reza. Entra en esa atmósfera, no pienses sobre ella. El pensamiento no entiende esos estados y antes, durante o después de la oración, pondrá todo tipo de impedimentos y de razonamientos haciéndote ver lo absurdo de la práctica. El pensamiento empleará todo tipo de argumentos de lo más convincentes e ingeniosos. ¡No hagas caso al pensamiento! Diga lo que diga la mente, tú continúa con tu práctica de oración.

Ten en cuenta que esto te sucederá, incluso, después de muchos años de práctica y de frecuentación de esos “lugares del Espíritu”. Muchos son los testimonios de personas de oración y de vida interior que así lo confirman. Nunca hagas caso a esos pensamientos. La mente pensante, hiper desarrollada en las personas actuales, no puede abarcar ciertas moradas y se resiste con todas sus fuerzas poniendo una barrera que debemos vencer con perseverancia e inspiración...

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Imagen extraída de Caminito espiritual

Enlaces de hoy:

Retiro espiritual virtual

Abandono.com

La mente del mundo

Reglas de vida para el mundo actual (II)

Los pensamientos van y vienen. A veces son un ruido sordo, otras un bullicio estridente. Muy rara vez se detienen. Sin embargo, poco a poco vamos aprendiendo a desatenderlos, a dejarlos pasar y de ese modo podemos centrar toda nuestra atención en el propósito que nos importa: descubrir a Dios en lo cotidiano y dejarnos guiar por esa suave presencia, que se hace notable por la pacificación del corazón.

El otro día conversábamos acerca de la necesidad de pautar nuestra interacción con los dispositivos móviles, las redes sociales y la internet en general. Decíamos que de este modo evitaríamos sufrir una permanente demanda hacia el exterior en un ida y vuelta de la curiosidad. De otra manera terminamos lejos de nosotros mismos, medio perdidos en una turba de banalidades y, sobre todo, desvitalizados.

Un particular aspecto de esto mismo se refiere a las noticias en general. Si estar en frecuente contacto con los amigos y los amigos de los amigos y los conocidos de estos y leyendo un montón de cosas de todo tipo nos dispersaba la energía; pasar demasiado tiempo en las noticias de diversos medios de prensa puede ser aniquilador. Sabido es desde mucho antes de la revolución tecnológica que la charlatanería y el chisme nos alejan de lo esencial y nos envuelven en un barullo mental que hace casi imposible la oración posterior. Ahora, todo eso se ha acrecentado.

La mayoría de nosotros coincide en que el mundo en general está bastante desquiciado, que su violencia y afán consumista no son buena referencia y que lo que sirve al espíritu difícilmente pueda encontrarse en los portales de noticias. ¿Por qué entonces nos dejamos llevar por ellos? Debido a que los muchos estímulos de los medios de prensa nos abastecen de variadas sensaciones. Es un hábito adquirido a lo largo de años, al punto de que si dos o tres días no leemos las noticias, nos parece que estamos en el aire, como extraños en un mundo extraño.

Tengamos esto en cuenta: Si prestar atención a los pensamientos de nuestra mente nos somete a los vientos variables de los estímulos, cuanto más denso será prestar atención a los pensamientos del mundo. Leer mucho los diarios es como dejarnos llevar por las divagaciones de la mente del mundo. La ambición, la competencia, la información interesada o tergiversada, la demanda de que compremos esto y aquello… Todo allí nos dice que lo importante es lo de fuera. Por lo general se nos induce a parecer y a tener no a Ser. No decimos que no haya que informarse un poco, pero lo necesario es muy poco. Cuando hay que enterarse de algo, la noticia llega a nosotros sin que la busquemos.

No está mal el mundo en sí, no está mal la gente en sí, no están mal las cosas en sí… el problema está en el sistema de valores que lo impregna todo y en la actitud que asumimos ante ello. Si queremos una vida tranquila, un corazón que viva en serena alegría y una mente despejada y funcional; necesitamos alimentarla con contenidos que vayan en función del propósito que da sentido a nuestra vida. Así como con frecuencia lo que soñamos por la noche se nutre de lo visto durante el día, nuestra oración se ve influida por aquello a lo que atendemos en el cotidiano.

Necesitamos recordar que aquello a lo que prestamos atención, alimenta nuestra mente y colabora con la claridad o turbiedad de los pensamientos. Nuestra atención se orienta aquí o allá dependiendo del significado global que demos a nuestra vida. Un abrazo fraterno para todos, invocando a Cristo.

elsantonombre.org

Recomendados de hoy:

Amigos de desierto

Movimiento de los Focolares

Ayuno mental

Reglas de vida para el mundo actual (I)

Conversábamos el otro día con un hermano sobre el tema de las reglas de vida, tan propias de la vida monástica y tan necesarias a veces para nuestra propia vida, cuando estamos alejados de nuestro propio centro o no escuchamos la voz del corazón. Si uno siente la presencia de Dios o si permanece en oración o si vamos actuando desde el fervor espiritual, estas normas que sirven de guía pasan a un segundo plano, porque nos va orientando un impulso que sentimos proveniente de la gracia.

Sin embargo, esto no es lo habitual y allí cobran pleno sentido estos “mapas” de la vida interior que nos orientan en momentos de confusión, de duda o de medianía cotidiana. A raíz de esa conversación iremos incluyendo, de tanto en tanto, algunas publicaciones que tengan que ver con este tema de “Las reglas de vida” y sobre todo buscando adaptar las históricas (tan nutridas y profundas) a la época actual.

En ese sentido ¿cuál sería hoy un ayuno de la mente sumamente importante y una norma a la cual debiéramos tratar de atenernos con nuestra mayor determinación? Regular nuestra relación con el móvil y con la navegación en internet. Ponerle horarios a la atención que dedicamos a estos dos temas es de mucho fruto espiritual y resulta en una sensible mejoría de nuestro modo de ser y estar en el mundo cotidiano.

Resulta difícil al principio pero gustoso después, apenas le tomamos el sabor a la libertad en que nos deja esta autodisciplina. Sencillamente no mirar el móvil en estos horarios ni tampoco acudir a internet. Aparecerán las mil excusas, pensamientos en torno a lo laboral o a lo familiar etc. nos impulsarán a justificar un permanecer constantemente “en guardia” y conectados “al mundo”. Son mentiras que nos cuenta la mente para mantener su continua dispersión. De las emergencias nos enteramos sin esfuerzo, llegado el caso, descansemos en ello; lo necesario toca siempre a nuestra puerta.

Hagamos la prueba tan solo de ponerle horarios a nuestra relación con los dispositivos y veremos cuánto bien resulta de ello. Y si navegamos por internet, hagámoslo con un propósito definido previamente, esto será de mucha utilidad. Sobre todo no mirar muchas noticias, apenas lo imprescindible, ya que suelen convertirse en una formidable herramienta de divagación y de verdadera contaminación para el alma. Lo que ocurre en “el mundo” no es precisamente lo que vemos en las portadas de los medios masivos. Más bien se desarrolla en innumerables vidas anónimas que aportan lo mejor allí donde les toca actuar.

Un abrazo fraterno para todos invocando El Santo Nombre de Jesús

elsantonombre.org

Agradecemos la fotografía enviada por Leonor de Ecuador, participante del curso de Filocalía.

Enlaces de hoy:

Homilía del Padre José para este domingo

Información para interesados en el retiro virtual de diciembre

Pedido de un hermano y amigo:

Hola, soy Roberto, de Argentina, con más de 50 y algo más de equilibrio psico-físico. Continúo la búsqueda espiritual detrás de Cristo, comenzada hace mucho… pasé por varias experiencias, ya sea laborales, afectivas, monásticas y la semi-eremítica que siempre sentí propia y es, en general, de gran dificultad para ser entendida socialmente. La mayor parte de lo vivido me ayudó a crecer en todo sentido y estoy muy agradecido, pero como aún no se da en estos momentos algo más concreto, quisiera ir conectando con gente, (no necesariamente eclesial) para cuidar casas u otra actividad que se realice cerca de la naturaleza, ámbito tan necesario para esta forma de espiritualidad. ¡Gracias invocando a Jesús! robmilenium33@gmail.com

Las puertas del silencio

Queridas hermanas y hermanos en el amor a Cristo Jesús:

Conversando con algunos de ustedes se plantea con frecuencia el tema que podemos llamar “de las reglas de vida”, es decir aquella necesidad que surge a veces en nosotros de tener un esquema claro por el cual regir nuestra conducta en el día a día, buscando cierta precisión que nos oriente en momentos de confusión o cuando nos sentimos fuera del centro o del corazón espiritual.

De hecho, estar atentos a las indicaciones de la divina presencia en nosotros y al mensaje evangélico debería bastarnos, pero en nuestra debilidad y camino de aprendizaje, nunca viene mal reforzar nuestro propósito mediante estas otras indicaciones, que han nacido también al calor del amor a Dios. Compartimos hoy un texto muy inspirador para quien se sienta llamado a una vida de silenciosa comunión y de paso para continuar preparando el retiro de diciembre. Un abrazo para todos invocando El Santo Nombre de Jesús.

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Aquí puedes descargar el PDF completo “Las puertas del silencio.”

Entrevista a Mario sobre aspectos de Filocalía

“Consagrados a la presencia”

Preparación para el retiro del 4, 5 y 6 de diciembre de 2020

Queridas hermanas y hermanos en Cristo Jesús: Aquí disponible el texto y el audio del libro del hermano Lorenzo, que servirá como complemento en el retiro de los primeros días de diciembre. Su atenta lectura o escucha, permite advertir diferentes niveles de profundidad en el significado que transmite este monje, que vivió su consagración a Dios en el siglo XVII. Encontramos aquí una regla de vida simple y práctica para que quien sienta afinidad tome como propia. Puedes inscribirte al retiro en los medios que figuran al final de la página. Un abrazo fraterno invocando El Santo Nombre de Jesús.

Texto

La práctica de la Presencia de Dios

Audios

(Agradecemos a hna. Lourdes de la Fraternidad las grabaciones)

Prefacio

Primera conversación

Segunda conversación

Tercera conversación

Cuarta conversación

1°, 2° y 3° Carta

4°, 5° y 6° Carta

7° , 8° y 9° Carta

10°, 11° y 12° Carta

13°, 14° y 15° Carta

Contacto e inscripciones

+54-9-351-3095309

fraternidad.monastica@gmail.com

El único deseo

Un retiro espiritual puede ser un espacio-tiempo particular, un punto de inflexión, un remanso donde el río se tranquiliza y nos permite observar el paisaje de la costa y dejar de remar. El retiro asume su significado más profundo si lo allí vivido se incorpora a nosotros y nos acompaña luego en el regreso al cotidiano. ¿Será eso posible?

Dependerá de la acción de la gracia pero también de nuestra preparación y dedicación a ello y de algo no menos importante: el deseo profundo que tengamos de orientar nuestra vida hacia esa Presencia divina en la cual pretendemos vivir. La preparación importa. Del mismo modo que cuando observamos una pintura que nos deslumbra con su belleza, nos damos cuenta que fue realizada con arte (técnica más amor), dirigir nuestros pasos hacia la ermita interior y quedarnos a vivir allí, necesita de alguna ejercitación y de un ardiente anhelo de unión con Dios.

Una buena preparación para el retiro puede ser estar atentos a nuestro deseo de encontrar a Dios en cada momento de nuestra vida. No es algo que tenemos que construir ni alcanzar, eso ya nos ocurre. Todo lo que hacemos es buscar a Dios, desde el mismo momento en que aparecimos en este mundo. Pero no nos damos cuenta. Creemos que lo que buscamos es esto o aquello; determinada virtud, una pareja, más dinero, el reconocimiento de los demás, este objeto o aquella situación etc.

Sin embargo, si nos atendemos a nosotros mismos, descubrimos que detrás de esos deseos múltiples siempre deseamos la paz profunda, una felicidad que no termine, una vida que no se acabe. Eso es Dios mismo. Pero no el Dios idea o el Cristo conceptual, no una espiritualidad mental sino real. Deseamos la vida del Espíritu, esa certeza que nos torna serena y alegremente impasibles a las circunstancias de la vida.

Hacernos muy conscientes de esta búsqueda detrás de todas nuestras búsquedas, será un buen modo de preparar el alma a unos días de recogimiento y ejercitación. Aunque no basaremos el retiro en este librito específico, “La práctica de la presencia de Dios” del hermano Lorenzo, es un muy buen alimento que hemos de saborear despacio para regocijo del corazón. Un abrazo fraterno para todos, invocando el Santo Nombre del Señor Jesús.

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Aquí meditaciones diarias

Blog Caminante

Retiro espiritual virtual

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Consagrados a la Presencia

Queridas hermanas y hermanos en Cristo Jesús. Os queremos invitar a un retiro espiritual que haremos en modalidad virtual desde el viernes 4 de diciembre a la mañana hasta la noche del domingo 6. Lo hemos llamado “Consagrados a la Presencia”.

El propósito del retiro será facilitar la apertura de nuestros sentidos espirituales, habitualmente aletargados debido al modo en que nos hemos acostumbrado a percibir las cosas, las personas y el mundo en general. Por supuesto, somos conscientes de que tal apertura no es cosa de un día, ni de tres, pero sí es posible tener muestras de estos modos de enfocar y posicionarse ante la maravilla de la existencia. Tales vislumbres son de gran ayuda para alentarnos en el camino espiritual y direccionar nuestros esfuerzos adecuadamente.

Como nos dicen los padres nípticos (sobrios) en Filocalía; para despertar y usar los sentidos espirituales necesitamos reorientar y usar los sentidos físicos conforme al designio original. Esto también implica una cierta apertura. En suma, necesitamos advertir la espiritualidad presente en toda materialidad para entregarnos confiados a un Dios que nos envuelve y que nos llama a cada paso a la unión con Él.

Cada día os ofreceremos dos vídeos que tendrán aspectos teórico/prácticos y una meditación guiada para usar como antesala de los ejercicios de contemplación. Al final de cada día quienes lo deseen, podrán participar de un encuentro de intercambio para compartir lo vivido durante el día, a través de la plataforma Zoom. También habrá algún audio y textos para complementar las prácticas.

Si queréis participar escribid al correo fraternidad.monastica@gmail.com o en el Whatsapp/Telegram +54-9- 351-3095309

Texto recomendado:

Tres aspectos de la ascesis

El latido de Tu Nombre

Inicia el día… ocurre esto, luego aquello; hay que hacer tal cosa, después esa otra y más tarde la de más allá. Las horas se suceden, el ánimo fluctúa, esto agrada, aquello no tanto. Apremios varios, situaciones, deseos, idas y venidas en torno a tantas cosas…

Pero que distinto se presenta el día cuando me dispongo a recibir todo lo que ocurre recordando que viene de Ti. ¿De quién podría venir sino? Y cuando me asiento en la actitud de tomarlo todo para la elevación del espíritu, lo sagrado empieza a teñir el mundo. Las cosas, las personas y los diferentes escenarios por donde transita el día empiezan a estar cargados de sentido. Un significado que siempre ha estado pero que permanecía velado se descubre sin esfuerzo.

Que tremendo misterio ese rayo de luz que proveniente de una esfera inflamada en el fuego de Tu amor ha venido a tocar las hojas del árbol en mi patio. Que misterio el verde brillante en el jardín, la calidez de mi perrita junto al muslo, este aire fresco que entra y sale del cuerpo, el discurrir del texto en el teclado…

Entonces surgen deseos de devolver Tu amor. De hacer bien las cosas, de oficiar esa liturgia de las horas mediante los actos que tocan, atentos al significado que portan. Todo es para algo y el sentido profundo lo sabes Tú, solo Tú. Pero el corazón lo intuye, le sigue el rastro y adivina las huellas de un propósito que parece íntimo y familiar. Como si siempre lo hubiéramos sabido.

Oh Señor! ¡Que grande eres, fuente de toda inmensidad..! En todas las cosas te manifiestas, cualquier mirada es la tuya, siempre y en todo estás. Y más te manifiestas mientras más nos entregamos. ¡Oh Cristo en el corazón! ¡Aparta cualquier pensamiento con el viento de Tu gracia y deja en esa nueva claridad el solo latido de Tu Nombre!

elsantonombre.org

Imagen extraída de “La mirada contemplativa”

El sufrimiento

Impotencia

La gracia y la desgracia

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El jardín era un desastre. Tierra arrasada luego de la catástrofe. El granizo lo había destrozado todo. La huerta, las flores y hasta las hierbas aromáticas que estaban dispuestas junto al cobertizo. Las dos vides que supo plantar mi padre, que estaban a punto de floración habían perdido todo el verde. Y no era la primera vez. Mi ánimo reflejaba lo que veía. Estaba deshecho. Tanto cariño puesto en la labor parecía no tener sentido. Ya se me había dicho en ocasiones que no importaba lo de fuera sino el modo interior en el que hacía las cosas, sin embargo no lograba evitar la desazón.

¿No eras Tú el que me llamó a la soledad del campo? ¿No eras Tú quién me inspiró para vivir frugal del fruto de mi huerto? ¿Quién plantó en mí la semilla y el gusto por la vida eremítica? Clamaba en mi interior: ¿Quién te entiende Dios mío? El desorden del alma se reflejaba también en mi pequeña vivienda. Y ni siquiera La Biblia comentada tan gruesa y perfecta que había comprado con duro esfuerzo económico me inspiraba la lectura. Otras veces solo verla y hojear sus páginas tan suaves y perfumadas encendía la devoción. Ahora nada. Todo estaba gris y sentía al cuerpo sin fuerzas.

Me eché en la cama boca arriba sin mirar más que el techo vacío, sin rezar, casi sin pensar. En la duermevela que siguió, soñando sin sueños venían imágenes sueltas de mi maestro y de sus palabras y ejemplos. Con énfasis insistía en la metáfora del carozo de durazno. En cuán abrigado se había sentido dentro de la fruta y como ese cobijo le había parecido eterno y plácido. En como se había desesperado al ver la maduración excesiva de la fruta y luego al desprenderse del árbol y caer a tierra, el dolor de la putrefacción de lo que había sido su refugio. Poco a poco el carozo se quedó solo, en ubicación desconocida, ante un cielo que no comprendía y el mismo árbol en el que había nacido le resultaba extraño.

Gesticulando con vehemencia me decía: “Te das cuenta la desesperación que sentiría el carozo de un durazno al sentir una fuerza interna inexplicable que lo destruye abriéndolo al medio, que lo desarma y luego cuando le brotan pequeños miembros que lo atan a la tierra?”. “Cómo podría entender que lo que le acontece es su misma vocación, aquello por lo cual se lo ha llamado a la vida: enraizar y ser semilla de un nuevo árbol.”

“Con nosotros es igual, mal interpretamos el infortunio. Confundimos muchas veces la gracia con la desgracia. Hemos sido creados y seguimos siendo formados por un escultor muy sabio y amoroso. Con maravilloso arte se suceden los hechos de la vida para nuestro bien, para que nos orientemos hacia aquello por y para lo cual fuimos concebidos. ¿Cómo quitar la piedra que sobra para que aparezca la bella escultura? ¿Cómo escribir un icono sin devastar antes la madera o pintar al óleo sin tratar antes la tela?” ¡Confía, confía!, siempre me decía.

Unas horas después, agradecido ya en el corazón, volví a trazar los lindes de la nueva huerta. Dejaría la tierra bien fina y trabajada y organizaría las distintas especies con más coherencia que antes. Pondría de mí lo mejor en un intento impecable. Me dejaré labrar por Ti Señor, ¡Quita toda la maleza de mi corazón soberbio! Yo seguiré aquí esperando tus tormentas y buscaré no rendirme al miedo o al desánimo. Recordaré que soy tierra trabajada entre Tus hermosas manos.

elsantonombre.org

(Juan 12, 24)

Recomendamos:

Retiro con Santa Teresa de Jesús

Sanación interior con San Juan de la Cruz

Mucho más allá

Sube la estrecha y angosta colina del silencio,

Sumérgete en su tierra, con tus pies resecos,

Tropieza con las piedras de las dudas,

Riega su sequedad con tus lágrimas.

Más allá, mucho más allá…Vacío.

Acá, mucho más acá…. Oscuridad.

Sube la estrecha colina llena de pensamientos,

Sumérgete en la soledad y tropieza con el miedo.

Riega la Vida con la certeza del Rocío de la mañana.

Más allá, mucho más allá está El Amor.

Acá, mucho más Acá…. Está el Hoy…

Hoy… Yo Soy…

Eterno Presente…

Eterno AMOR..

Enviado por un lector/a del blog

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Enlaces de hoy:

Meditaciones diarias

Ejercicios dominicos

Dejar lo que sobra

Lo exterior muestra lo interior. En realidad somos una unidad y todo lo que sucede en nuestra vida tiene íntima relación con lo que ocurre en el alma. ¿Acaso no comprobamos que cuando nuestra casa o habitación está revuelta y hecha un desorden, esto coincide con una alteración del ánimo? Todos lo hemos vivido. Ordenar por fuera nos armoniza las fuerzas dentro y tranquilizar la mente y las emociones nos lleva a ser precisos y atentos en lo de fuera.

Pero el trasfondo necesario para todo esto es el deseo de una vida simple. Cuando nos manejamos por lo necesario todo se va tornando simple. Hábitos sencillos, comportamientos claros y una libertad creciente de las circunstancias se instala en nuestra jornada. Evitar complicaciones, abandonar todo lo que sobra, elegir el silencio cada vez que sea posible, nos va amansando las pasiones que nos alejan de Dios y nos acercan a la única pasión que no conoce la desilusión, la devoción que arde en el corazón.

En realidad todos amamos mucho a Dios. No nos damos mucha cuenta porque ese vínculo profundo se nos ha traducido en diversas formas que disfrazan ese amor. Pero como dicen algunos monjes en Filocalía: es a Dios mismo a quién buscamos cuando andamos presurosos tras alguna cosa, persona o situación determinada. ¿Podemos maravillarnos de una comida exquisita sin recordar a quién la cocinó? ¿Podemos admirar un paisaje, una mañana de primavera o el aroma de la tierra húmeda sin pensar en el Creador de ellas?

Y esa persona que tanto amamos, ¿no se sostiene acaso en la voluntad de Dios? ¿Quién creemos que nos mira a través de los ojos de un hijo o de cualquier persona? Solo Él. Dios está presente de veras en cada momento. Se nos muestra en todo. Sin embargo tenemos aletargados los sentidos del alma que son los que nos permiten percibirlo ya desde este mundo. ¿Cómo hacer para quitarles el velo que los opaca?

Es importante empezar a simplificar todo. Diferenciar necesidad de deseo. Hacer más despacio. No comprometernos con muchas cosas. Y darle a los momentos de oración o silencio el valor que tienen. Pero no le daremos valor real a los momentos específicos de oración si no aprendemos a salirnos de la mente y a sumergirnos en el espíritu o el “nous”, esa parte contemplativa del alma según los orantes filocálicos. Y difícil será serenar la mente mientras permanezcamos esclavos de los automatismos que gobiernan nuestra vida.

Hay un comprender necesario y una actitud necesaria que nos abren a un nuevo comportamiento. Nuestra conducta es el resultado de aquello que portamos (llevamos) dentro. ¿Y que es lo que no puede faltar en nuestro interior? El deseo de Dios, el anhelo de Él, la pasión por encontrar eso que no muere nunca. Ya no importa lo hecho, no importa lo que vendrá, fundarse desde este instante mismo es lo que cuenta. Abandonarnos a lo que Su voluntad nos trae a cada paso y actuar sabiendo que es Dios mismo quien nos habla a través de lo que ocurre.

elsantonombre.org

Imagen extraída de “La Mirada Contemplativa”

Meditaciones diarias hasta el adviento

Te necesito a Ti

Espiritualizar los actos

¿Que se entiende por “Espiritualizar los actos”?

Desde un punto de vista, un acto se espiritualiza cuando se hace con atención. Esto es, consciente de sí mismo mientras se ejecuta la acción y consciente de lo que se está realizando. Esta doble dirección de la atención, en realidad es aparente. Para ser capaces de lo dicho, hay que situarse fuera del actor y de lo actuado, en una explanada desde la cual testificamos lo que ocurre. Esta mirada que abarca al que hace y a lo hecho proviene desde los sentidos espirituales.

Otra característica esencial es actuar recordando a Dios o dicho de otra manera, atentos a su presencia en el momento mismo. Actuamos ante Él y junto a Su Espíritu que nos envuelve. Esto se vincula también con un hacer para Dios, situándonos en actitud de ofrenda o agradecimiento. Es como si dijéramos: “Señor, esto lo hago para Ti, quiero que llegue a Ti, te lo entrego”.

La espiritualización de los actos implica también un sentido o significado. En una de sus acepciones, –sentido– implica un sendero, un camino. Se quiere decir que las acciones con sentido involucran un propósito, el transitar un proceso consciente. En la misma tónica, algo tiene significado cuando es –signo– de algo más. Está manifestando algo que no está a la vista pero sí presente en el acto mismo como cualidad.

En suma, intentamos actuar ante la presencia de Dios, buscando esa postura interior que nos permite ser oficiantes, buscando sacralizar lo que hacemos, cargados de cierta unción que transforma aun lo más cotidiano en ceremonia y ofrenda. Esto invierte la dirección habitual de nuestro comportamiento. El cambio conlleva un movimiento desde la plenitud hacia el mundo y no ir hacia las cosas para buscar en ellas la plenitud.

No será cuestión de un momento generar esta metanoia en nosotros, pero si podemos determinarnos profundamente a ir por este sendero que sigue el rastro a lo sagrado en cualquier momento, situación o lugar. De otro modo la vida pierde su sustancia, dejamos lo esencial de lado y nos alejamos de lo significativo. La vida tiene un sentido profundo, ese sentido está presente en cada momento y trasciende la muerte aparente. ¡Oh Señor, despierta en nosotros el corazón espiritual para que podamos descubrirte en todo y en todos!

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Enlaces de hoy:

Encuesta en la Fraternidad

Caminante

Los condenados

Entré al templo apresurado, sin tener motivo para el apuro. Al sentarme pensé que era el mismo ritmo del mundo el que me hacía ir de prisa, como si algo me corriera o como si tuviera que llegar siempre a algún lugar preciso.

Nada de eso. nada me corría, no ahora, ya no más. Y nunca más cierto que a ninguna parte iba. Me acababan de dar el diagnóstico y era cuanto menos cruel. Cómo siempre en situaciones difíciles volvía a la fe. Como si esta sirviera solo como salvavidas, como refugio en las tormentas.

Que papel el de Dios en mi vida. Lo había buscado siempre pero me resultaba esquivo. Aparecía de cuando en cuando deslumbrante a través de alguna persona, situación o hecho particular y me enardecía de amor.

Luego parecía alejarse, se marchitaba la flor de nuestro encuentro y me preguntaba siempre porque razón así tenían que ser las cosas, ¡tan difíciles! Afuera el bullicio ensordecía, había bocinas, voces de todo tipo y sobre todo ansiedad, anhelo, deseo sin fin; en mí, en todos, en todas las cosas.

Dentro, la iglesia estaba silenciosa, pero también fría, vacía de gente y de sentimiento en mí. Estaba yo y estaba el miedo, allá al fondo bien lejos, la luz del Santísimo.

Era el frío del gran espacio sin gente, un templo solitario cada vez menos visitado. Poco a poco las religiones de la ciencia y del dinero fueron atrayendo nuevos y numerosos feligreses. Por si eso fuera poco, los escándalos y la maldad obscena brotaban de la misma Iglesia también, como si desde su propio corazón se le quisiera dar el golpe de gracia.

No tenía de que quejarme, en mi también la diosa razón, cada vez más apoyada tecnológicamente y el dios consumo, cada día con más ofertas y opciones me habían seducido hasta el cansancio. Las cosas que se descubrían, insoslayables, innegables, que durante décadas habían carcomido las almas, salían a la luz y servían para autojustificar el abandono y el alejamiento de aquello que antaño fue una luz sin mancha, un fuego de amor, un afán de servicio y oblación por Dios, por los demás, por el mundo todo.

Allí estaba yo, el condenado a la muerte corporal o el sentenciado a la espera de indulto. Lejos, sobre el altar, una figura macilenta, con manchas de sangre, cabizbaja, pendía de una cruz antigua y oscura. Estaba iluminado pobremente por una luz a mitad de la nave y por el resplandor rojizo que emitía el Sagrario, no muy distante del altar.

Continúa…

Desaparecer en Ti

Oh Amado del corazón! Creador de todo lo existente! Tú que alientas detrás de los átomos y que impulsas el viaje danzante de las galaxias..! Tú que sostienes las innumerables formas de vida y que alimentas el fuego de los soles más distantes..!

Permite que quitemos la coraza de soberbia que cubre nuestros corazones para que podamos sentir tu abrazo en medio de lo cotidiano. Ayúdanos a sentir tus pasos mientras cae la tarde en el jardín de nuestra vida. Deja caer la lluvia de Tu gracia, envía el trueno de Tu Espíritu, silencia el ruido de nuestra mente con el viento de Tu amor.

Ayúdanos a recordar que es a Ti a quién amamos detrás de los deseos múltiples que nos encadenan. Refresca nuestras sequedades con el agua del asombro y devuelve a nuestros ojos la mirada que teníamos cuando niños. Permite que podamos adivinarte en los demás y a ignorar las aparentes diferencias. Sacraliza nuestros pasos y danos luz para ser oficiantes en la ceremonia del instante.

Convierte nuestra vida entera en parte de la liturgia cósmica, usa nuestros pasos para manifestarte en el mundo, consume nuestro ánimo mezquino para que podamos, de una vez por todas, desaparecer en Ti.

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Enlaces de hoy:

Comunidades de oración en Hozana.org

Evangelio del día

Invitación

Hermanas y hermanos en Cristo Jesús, el hermano David nos comenta y os invita: hasta el domingo, podremos acudir a la parroquia Sta. Teresita del Niño Jesús de 18:00 a 20:30 horas (jueves, viernes y sábado) y el domingo de 11 a 14 horas, a rezar y venerar una de las reliquias de Santa Teresita del niño Jesús y otras actividades. Un saludo fraterno para todos invocando el Santo Nombre.

Enlace al sitio de la Parroquia Sta. Teresita del Niño Jesús

Aquí “Historia de un alma” de Santa Teresita

Imagen extraída de “Canta y Camina”

Abrir los sentidos espirituales

El gran matemático y filósofo Blaise Pascal supo decir en su momento que la mayor parte de los problemas del ser humano surgían de su incapacidad para quedarse quieto sin hacer nada en su habitación. ¡Cuánta razón tenía! Reflexionemos un poco sobre esto.

Carentes de plenitud, es decir de una sensación de bienestar autónoma en nosotros mismos, nos lanzamos hacia las cosas, las personas y las situaciones pretendiendo que el contacto con ellas nos produzca esa saciedad que nunca alcanzamos. Carentes de la percepción de la divina presencia, la vida se nos presenta desacralizada, sin sentido o con significados que cambian continuamente y se muestran transitorios.

Se vive para alcanzar esto y luego aquello y después lo de más allá, apresurados vamos en pos de un espejismo que siempre estará por delante. Un objeto, un título, una persona, un viaje, un encuentro amoroso, un reconocimiento, una comida… en nuestro interior un murmullo constante nos dice: “Cuando tengas esto o aquello ya podrás descansar y ser feliz…” “Este ahora no es importante, apresúrate para alcanzar aquello, eso es lo que te falta…” y afirmaciones similares.

El hecho es que si nos quedamos quietos nos desesperamos al poco rato. “¡Ve hacia el interior!”, “El cielo está dentro de nosotros”, “Encuentra a Dios en tu corazón”, nos dicen los textos espirituales, pero cuando nos quedamos quietos y atendemos dentro nos recibe la ansiedad, el tedio, el temor, pensamientos negativos, recuerdos opresivos, imaginaciones fatalistas, ira, preocupaciones y un extenso menú a la carta que nos hace salir despavoridos hacia cualquier actividad que nos permita anestesiar y olvidar esta ausencia en nosotros: la ausencia del contento que deriva de una fe quebradiza, de dependencias múltiples, de un sentirnos separados de Dios.

¡Qué dicha la de aquél que no teme porque nada necesita! Y nada necesita porque lo tiene todo. Tiene un corazón pleno de certeza, siente a Dios vivo actuando en él, tan presente y real como se siente el sol en la cara o el sonido del trueno y luego la lluvia fuerte. Parece necesario abrir y fortalecer la capacidad de nuestros sentidos espirituales; los ojos del corazón, los oídos del alma, el tacto del Espíritu en el interior. ¿Cómo haremos esto?

¿Cuántas actividades hice hoy alimentando dependencias o hábitos que me esclavizan? ¿Cuántas actividades fueron para anestesiar el dolor que me provoca Tú ausencia? ¿He tratado de hacer las cosas, por pequeñas que fueran como liturgia de alabanza? ¿Cómo hacer para oficiar la ceremonia del instante? Para que un músculo crezca hay que ejercitarlo, para alcanzar una pericia hay que dedicarse a ello, cualquier desarrollo depende de la gracia pero requiere también aplicación de nuestra energía y atención.

Veamos si podemos ir abordando luego alguna ejercitación que nos permita despertar y fortalecer los sentidos espirituales que yacen intactos pero dormidos en lo profundo del alma.

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El don del liderazgo cristiano

Charles de Foucauld

Cambio de hábitos

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Una de las mejores enseñanzas que he recibido respecto de los hábitos y de su modificación dice: “El primer paso para cambiar un hábito es reemplazarlo por otro”. En este caso claro, la instrucción se refería a dejar un hábito nocivo por otro bueno o al menos, que no fuera tan dañino como el anterior.

Esto permite el desplazamiento de la energía que se usaba en una actividad hacia otra. Es algo transitorio y en cierto modo viene a compensar una carencia y no a resolverla o trascenderla, sin embargo es un buen inicio de la transformación. Entonces, cada vez que surge la compulsión o el impulso hacia la realización de aquél hábito que quiero abandonar, inmediatamente pongo en marcha la nueva conducta con la que pretendo reemplazarlo.

Recordarán el ejemplo que se da en “El peregrino ruso”, donde un alcohólico practicaba esto. Cada vez que le venían ganas de beber se ponía a leer los Evangelios y al poco rato el ansia de beber había pasado. Y esto sirve de ejemplo que podemos adaptar a nuestra propia vida. Este reemplazo inmediato de una conducta por otra nos muestra que los vicios tienen como “un pico de la ola” y que luego disminuye por sí mismo. Es preciso atravesar esta especie de “momento crítico”, hasta que uno puede superar con la intención el estímulo que nos presiona con un fuerte deseo.

Los hábitos se forman por simple repetición. Hay que repetir el nuevo comportamiento que se quiere instalar cada vez que aparece el deseo del hábito anterior. En unos pocos días nos sentiremos más fuertes, cada vez más capaces de superar el momento difícil. Posteriormente, nos acostumbramos a atravesar el momento crítico sin necesidad de reemplazar la conducta. Simplemente permanecemos atentos a este deseo que surge con fuerza de repetir algún comportamiento y al observar lo que ocurre de algún modo nos diferenciamos, tomamos distancia y aparece un espacio que da algún margen de libertad.

Así es que primero reemplazar, luego aprender a atravesar y mientras esto ocurre ir comprendiendo lo que se esconde detrás del hábito. Un hábito nocivo es un síntoma, ha surgido como respuesta a ciertas situaciones interiores y exteriores. En cierto modo sirvió de analgésico, fue como un anestésico para el dolor que había en aquel momento. Pero no se puede vivir de calmantes, hay que descubrir y solucionar el origen del dolor.

En términos muy generales, una vida en la que no encontramos significado y donde no percibimos con frecuencia la presencia de Dios en lo cotidiano, es caldo de cultivo para una multitud de hábitos nocivos. La respuesta integral radica en la sacralización de la vida. O, mejor dicho, en atender a lo sagrado que se va mostrando en el transcurrir. Pero esto no se puede impostar ha de experimentarse. Para ello, es necesario cultivar la atención y entrenar la mirada. La mirada (hacia donde orientamos la percepción) también puede acostumbrarse y llegar al hábito de buscar a Dios en todo y todas las cosas.

Un abrazo fraterno a todas/os invocando el Santo Nombre de Jesús.

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Tabla de contenidos de Fenomenología (Módulo 1- PDF)

Primeros Cristianos

El desierto de lo imprevisto

Nuestra particular situación interna se manifiesta clara cuando estamos en medio del desierto. Cuando nos quedamos sin poder disponer de aquello a lo que nos aferramos. De pronto, no podemos repetir la ejecución de aquél hábito o entablar conversación con aquella persona, no podemos ya contar con lo que contábamos. El desierto puede sobrevenir al surgir la enfermedad, el desempleo, la soledad no querida o una repentina variación del ánimo que nos deja en la acedia.

El desierto, aquello que no tiene confines, nos deja sin asideros, nos arranca las dependencias, nos desnuda; nos muestra el propio rostro, ese que no queremos ver, para no sentir el dolor de nuestra constante postergación del cambio. Esta figura –la del desierto– a la que siempre se menciona en la historia de la espiritualidad, refleja la situación del alma humana: Estamos aquí, en medio de la inmensidad, incluídos en lo que no se puede medir ni comprender.

Es en esta situación de perplejidad ante la existencia misteriosa, cuando pueden manifestarse en nosotros las verdaderas preguntas. Por ello, La Voz clama en el desierto,  (Juan 1, 23) llamándonos a la transformación profunda, a un vivir más verdadero, nos inspira el deseo de sacralizar la vida. ¿Es que acaso la vida tiene sentido sin lo sagrado en ella?

La irrupción del desierto en nuestra vida, -el surgimiento de lo no deseado o la caída de las ilusiones- es una forma en la que Dios nos llama al despertar del espíritu. El vacío del desierto nos anonada, desmantela las falsas seguridades, nos revela lo que es. ¿Qué pasa si no voy a hacer aquella compra? ¿O si no voy a conversar con aquella persona? ¿O si no enciendo la televisión o no acudo a Internet? ¿Qué pasa si permito que el desierto ingrese a mi vida? Y, en ese caso, ¿Cómo atravesarlo realmente en lo cotidiano?

Despejemos el camino, para que se manifieste en nuestra vida aquella Luz de la que Juan era testigo. (Juan 1, 6-8 ) Y entonces ¿cómo despejar el camino?

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Estimadas/os en Cristo Jesús: En las próximas horas, si Dios lo permite, estarán disponibles la 29° Clase de Filocalía y la 11° de Fenomenología. También lidiamos con imprevistos que nos superan y de allí el retraso. Un abrazo fraterno, invocando el Santo Nombre de Jesús.

La cualidad de lo eterno

¿Qué es lo más importante a su criterio en la vida religiosa? ¿Qué es lo esencial, eso que no puede faltar?

La experiencia íntima de Dios en el corazón. Esa certeza de su existencia, ese sentido de su presencia en cada instante mientras discurre lo cotidiano. El propósito de la vida religiosa es facilitar el acceso a esta experiencia interior. Por supuesto cada quién la vive en su particularidad y se acerca o se aleja de ella según el camino de su propio desarrollo espiritual.

Es bueno recordar esto, no olvidar el sentido último de lo que hacemos. Más aun en estos tiempos, en los que, ademàs de una desacralización continua de las actividades humanas, impera un cierto relativismo de la fe, que creo manifiesta un nihilismo de fondo.

En cierto modo, es como si tendiera a instalarse un “hábito de la decepción”, un modo de mirar condescendiente, como si supiéramos como son todas las cosas y lo que puede esperarse de la vida. Más que una rutina en si de los aconteceres es una rutina de la mirada, un vicio en el modo de ver.

¿A su juicio, que es lo que más acerca a esta experiencia de Dios en el corazón?

La oración. Y esta, entendida no solo en su acepción particular litúrgica y/o personal, sino también como un modo de ser y de estar en la vida, como un modo de ser la conciencia pendiente de Dios, de su presencia y manifestación mientras transcurre el tiempo.

Vivimos desplegando nuestra intención entre las categorías del espacio y del tiempo; sin embargo ellas no son absolutas sino que se ven atravesadas por lo que llamaríamos la cualidad de lo eterno. Esta cualidad divina de los aconteceres que está presente como fondo de la existencia, puede hacerse perceptible para quién con atención y amor, busca lo sagrado en los acontecimientos.

Lo que sucede puede sernos agradable o desagradable, puede darnos felicidad o en ocasiones mucho dolor; incluso muchas veces nos resulta incomprensible, no asimilable. La conducta ajena y hasta la propia suele dejarnos perplejos y atemorizados. Sin embargo, la inteligencia de la redención también se encuentra actuando allí.

¿Podría explicar un poco más esto último?

Difícilmente. Es algo que puede intuirse no del todo explicarse. Te diría que todo está hecho para nuestra redención y transformación, que el destino del hombre individual y social es bueno y perfecto, aunque no podamos verlo en ocasiones.

¿Y como puede uno hacerse oración, cómo llegar a ese estado de oración continua?

La oración de Jesús es mi camino, la invocación del Nombre, que tiende a reemplazar las divagaciones y las apetencias y que poco a poco nos va centrando en lo único necesario. Sin embargo hay diferentes maneras de orar y de acercarse a Dios. Cada uno es llamado a recorrer cierto sendero y eso es por algo, alguna particularidad tiene esa forma a la que se inclina el corazón de cada cual que la hace necesaria, adecuada para cada quién.

En general te diría que ayuda el no gastarse en secundariedades, el centrarse en lo que es importante. No hay que olvidarse de ciertas verdades, que no nos gusta mucho recordar. Hay que acordarse de que esta vida es transitoria, de que existe la vejez, la enfermedad y la muerte y que solo ante ellas situamos las cosas en la perspectiva necesaria.

Cuando uno se acuerda de estas cosas inmediatamente se vuelve a Dios y se pregunta por el sentido de la vida. Esa pregunta, esa lacerante inquietud es la primera forma de oración que he conocido y, a la vez, la primera manifestación del amor de Dios, de su llamado íntimo y personal.

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Links de hoy

Fin del primer módulo de Fenomenología

Ya a la venta el 5° tomo de Filocalía

Gozar de la divina belleza

Cuando el intelecto, por el amor hacia Dios, sale de sí mismo, no percibe las cosas existentes. En efecto, iluminado por la divina luz infinita, se vuelve insensible a todas las cosas hechas por ella, como el ojo respecto de las estrellas, cuando sale el Sol.

Quién ama a Dios no puede no amar a cada hombre como a sí mismo, aunque se moleste por las pasiones de los que aún no han sido purificados. Precisamente por esto, goza de alegría sin límite e inefable cuando se corrigen.

Bienaventurado el hombre que no se aferra a ninguna cosa corruptible o pasajera. Bienaventurado el intelecto que ha sobrepasado todas las cosas existentes y goza continuamente de la divina belleza.

Párrafos 10, 13, 18 y 19 de “Sobre la Caridad” – Primera centuria –

Máximo El Confesor, Volumen segundo, pags. 54 y 55 de editorial Lumen Argentina – 2003.

Estimadas/os hermanas/os: Me voy a tomar el sábado para seguir preparando la 2° clase sobre Máximo, el Confesor, que me ha ofrecido una complejidad extra a la hora de decidir los temas a tratar y la profundidad de los mismos. Así es que os estaré publicando las clases de Filocalía y Fenomenología recién en las primeras horas del domingo 9 de Agosto. Esperamos que la demora sea compensada con una mejor presentación de los contenidos de la clase de este excepcional autor. Un saludo fraterno para todos.

Links de hoy:

Dejar de buscar consuelo

En la desesperación…

Una vida simple

No necesitar mucho, no pretender mucho, no hacerse demasiado problema por nada, depositar todo en manos de Dios y sobre todo, ignorar los pensamientos, no tomarlos como nuestra propia voz. Esto no es una actitud de pasividad o nihilismo como pudiera mal entenderse. Es simplemente ser conscientes y sentirnos herramientas en manos de nuestro Dios.

Lo que quita simpleza a la vida es esa deliberación que nos ocurre en la mente que nos pide decidir lo que haremos a cada paso. Si debemos hacer esto o lo otro. Quién se consagra a Dios mediante una vida simple lo somete todo a la obediencia, no se cuestiona lo que debe hacer, lo ha dejado en manos de Dios que actúa a través del superior. No se pregunta si el superior está a la altura o no, eso es cuestión de la providencia, que puede actuar a través de las personas que ella elige por motivos que solo Dios sabe y puede comprender. Y quién vive su consagración fuera del ámbito monástico puede tomar el evangelio simplemente como norma de vida y buscar acompañamiento espiritual cuando parezca necesario en situaciones donde no encontramos claridad.

Al levantarme e iniciar el día, ¿que debo hacer? 


En el intelecto: Atender a la oración de Jesús que se está efectuando ya en el templo del corazón. (Esto debe hacerse como si se atendiera a un sonido lejano) En lugar de atender a los pensamientos llevo mi conciencia a la repetición de la oración de Jesús. Nada más. Y durante el día, cuando me descubro “pensando” en cualquier cosa, vuelvo a la oración o a la escucha de la oración.

En los sentimientos o las emociones: Buscar el contento, la buena disposición a lo que se mande o al deber que toca. Contento porque nos sabemos hijos de Dios destinados a la inmortalidad en la beatitud divina, que aunque no podemos imaginar cabalmente, es la felicidad innombrable que supera todo lo que hasta ahora hemos conocido. Buena disposición porque es como uno trata naturalmente a un Padre bueno que nos conduce con infinita sabiduría.

Si no hay contento, he perdido la fe. Suena muy duro pero es verdad, basta solo examinarnos. La fe deriva en inmediato contento del alma. Si encuentro que no la tengo en ese momento, es decir que me he dejado ganar por la mente automática, me pongo a rogar por el don de la fe profunda e inquebrantable. Y si demora en venir actúo como si tuviera el contento. San Ignacio fue maestro de esto cuando decía que había que adoptar la postura del que tiene fe y que veríamos como pronto acudiría a nosotros la gracia.

En la acción: Ser impecables, buscar la perfección en lo que sea. No para gloria personal sino de Dios de quién somos instrumentos. Buscar la perfección en lo que se hace no es caer en los escrúpulos, sino en el actuar por amor. Si uno hace un regalo a quién ama, lo hace con detalles, envuelve bien la caja, busca un papel adecuado, se fija que todo esté bien, porque eso refleja el amor que transmitimos con el obsequio. Entonces: cada acción es un regalo/ofrenda a Dios. No hacer nada con descuido.

Al final del día antes del reposo, orar con mente, corazón y cuerpo. La mente repite el Santo Nombre o la plegaria que necesita ocasionalmente por alguna circunstancia. Con la emoción buscar la devoción, la unción de lo sagrado y si no aparece, rogarla con gemidos interiores como quién llama al ser amado que ha perdido. Y en el cuerpo utilizar aquella posición que más nos ayude a expresar el sentimiento del momento. Esto usaban mucho los monjes del desierto.Tenían ellos largas vigilias de postración y adoración hasta que los rendía el sueño. En nuestra secreta soledad orar con plena libertad y el cuerpo puede ser medio de expresión del anhelo de unión con Dios.

La beatitud de la vida en la sagrada presencia que transfigura el mundo no depende de lo que hagamos, es puro don de la gracia. Quiero decir: No esperemos consuelos. Encontremos la perseverancia de consagrar la vida hasta la muerte aunque nunca venga a nosotros el sentimiento especial que han tenido los místicos. Hacer sin esperar, vivir la vida secreta y solitaria de una fe encendida. La respuesta más profunda que se ha dado en este sentido de la vida simple es el sermón del hombre pobre del Maestro Eckhart. Lo que allí se lee nos resulta inalcanzable, sin embargo a ello debemos aspirar. 

Enlaces de hoy:

Novena a Santo Domingo

Del cuerpo místico de Cristo

No hay prisa

Existe la respuesta inmediata, reactiva, aquella que ocurre sin conciencia ninguna. Es algo automático, fruto de mecanismos diversos inscriptos en el cuerpo y la mente. Y también existe lo que podríamos llamar “respuesta diferida”, en la cual entre el estímulo y la respuesta que damos transcurre un mayor espacio de tiempo. Lo que suele decirse “me he tomado un tiempo antes de responder”.

Este último caso presenta una mejor cualidad. Al haber más tiempo entre lo que ocurrió y lo que haremos ante ese acontecimiento, se hace posible un mayor conocimiento de todo lo que está implicado. La motivación propia, la de la otra persona, la circunstancia en la que se está dando todo ello y, al recordar nuestro propósito vital o coyuntural, aplicar un comportamiento más adecuado a ese fin. En definitiva le quitamos un poco lo mecánico a lo que hacemos. Somos menos automáticos, menos reflejos; nuestra vida toma algo más de volumen, de cuerpo intencional. La coherencia surge como posibilidad.

Por lo general, nuestros automatismos nos conducen a conductas centradas en un “para mí” o en un aparente “para el otro”, cuando en verdad son también posesivas para el propio beneficio. Por eso, atender a la motivación que impulsa la acción es importante. Hacernos conscientes de lo que nos mueve. Suele ser algo molesto descubrir estas cosas porque desarma la imagen que nos hicimos de nuestra historia, de nosotros mismos y hasta de nuestro futuro.

Es similar a lo que sucede en las partidas de ajedrez. Mientras más tiempo nos tomamos entre movimiento y movimiento, más posibilidades aparecen de posibles jugadas. Nos hacemos conscientes de alternativas que no advertimos si jugamos apresurados. Por eso una recomendación que puede ser útil: Mientras más apurados nos descubramos, más deberíamos enlentecer nuestra conducta. Poner el freno de mano. Ansiedad y apresuramiento van de la mano, el uno expresa al otro.

El ansia que nos lleva a querer estar ya en el momento siguiente, en la próxima situación, a estar viviendo lo que no estamos viviendo ahora, repercute como prisa, agitación, inquietud mental y física. Al descubrirnos en esto, detenerse. Pausar la acción. Respirar suave y profundo, observar el entorno; aflojar toda la musculatura tensa, sobre todo la de rostro que tanto nos influye y reiniciar los movimientos atentos a la oración interior del corazón.

Si estoy apurado sé que no estoy percibiendo Su presencia. Si estoy presuroso estoy creyendo que las cosas dependen de mí y no de Él. Si me agito no descanso en Su providencia, me creo que conozco mejor las razones de las cosas y que conozco mejor que nadie lo que me conviene. Así, de prisa en prisa quedamos en la ignorancia y en la soledad que resulta de sentirnos desconectados de nuestra fuente, del amor infinito de Dios.

En este sentido entonces, la agitación, la ansiedad y el apresuramiento son excelentes señales y avisos que se nos brindan para rectificar la actitud desde la cual estamos viviendo. No criticarnos por esto, no juzgarnos ni sentirnos mal. Agradecer la indicación que nos llega desde la inquietud y poniendo un freno, rectificar. Un saludo fraterno, invocando el Santo Nombre de Jesús.

Textos propios del blog

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Inmunidad

Homilía del Padre José – Domingo 26 de Julio

Extracto de la 5° Clase de Fenomenología

Atención y adoración

Deja el pasado. No hay nada que puedas modificar allí. Cada vez que caigas en cuenta de que los pensamientos te llevan hacia ello, lleva tu atención hacia lo que está ocurriendo en este momento mismo, en el ahora. Detén el movimiento del cuerpo un segundo. Respira hondo y suave dos o tres veces. Invoca luego al amor de Dios que vive en tu corazón.

Aplícate entonces a lo que tienes entre manos, sea lo que sea, poniendo lo mejor que tienes. Entrégate a la tarea uniendo atención y adoración. Ama a Dios mediante la impecabilidad máxima que puedas encontrar en el actuar mismo y la atención puede ser el vehículo de ese amor.

Deja el futuro. Cuando te des cuenta de que los pensamientos te llevan hacia esas manipulaciones quítales la atención y repite el procedimiento anterior. Vuelve a ti y al instante. La paz que buscas está presente ya mismo en el silencio que hay entre los sonidos; en la quietud entre los movimientos; en ese deseo que sientes de hacer el bien y de que todo salga bien.

No decaigas, no desesperes, descansa en la voluntad de Aquél que es la raíz y la razón de todo lo que existe. Quién hizo las galaxias y los átomos bien sabrá cuidar de ti. No lo olvides, hay algo que atraviesa el espacio y el tiempo infinitos… un hálito de redención. Crucificar el ego en la cruz del cuerpo resucita el alma.

Texto propio del blog

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Edith Stein – Fenomenología, fe y verdad

Permanece al abrigo

Hay tiempos de tormenta. Vientos muy fuertes y fríos que soplan noche y día. Incluso puede llover o arreciar la ventisca blanca. ¿Qué puede hacerse sino quedarse al abrigo? Dentro de la cabaña, protegido y confortable, se permanece en quietud orando, leyendo o simplemente contemplando. Esto resulta en verdadero descanso.

Y ¿Qué se contempla? Primero que nada la tormenta. Un ir y venir incesante de pensamientos, sentimientos y acciones que quieren surgir para manipular lo que ocurre. Ver ese devenir, dándose cuenta que uno no es ese transcurrir. Uno está mirando la tormenta, no es la tormenta. Y en esa observación se encuentra cobijo.

La oración es el fuego, la cabaña la actitud de buscar su presencia, el ocupante un testigo impasible. Cualquier cosa que ocurra contamos con Su Santo Nombre y con la mirada atenta que vigila todo aquello que no somos. Descansar en ese observador silencioso, apoyados en la búsqueda de lo sagrado, ese aroma indefinible que tarde o temprano a todos nos embriaga.

Y ¿Qué hacer ante la agresión, la constante exigencia, la ambición que nos hace herramientas? Hacerse transparente. Los hechos duros se fortalecen cuando oponemos la resistencia de un ego, de un orgullo, de cualquier pretensión. Imaginarse sin forma, claridad transparente; las palabras pasan, la violencia sigue de largo. Respirar profundo sabiendo que el Espíritu también está presente en ese aire que me nutre.

Voy apilando los leños mientras huelo la madera. Miro la calidez que el fuego deja sobre los pocos muebles; camino hacia el ángulo donde está el icono de la mirada pacífica, el del Salvador impasible, hierático. Situado en frente y quieto le miro y me dejo mirar.

Texto propio del blog

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Meditaciones sobre cómo vivir el tiempo que nos queda

Donde yo vaya Él está conmigo

el temor y la presencia

Al despertar, angustia. Una cierta presión que atenaza la garganta, un modo crispado de levantarse; una mirada cargada de pesos y de obligaciones por hacer. En rápido desfile mental, las distintas tareas pendientes atan de manos cualquier intento de expansión del alma. ¿Pero será este o aquel hacer el que resulta hostil? ¿O, más bien, el temor que llevo a todas partes, la afanosa búsqueda de control y seguridad que persigo en cada acción?

Es esto último sin duda, porque recuerdo claramente estar haciendo las mismas cosas –hoy asfixiantes- disfrutando de serena alegría. Es esta presencia interna del temor lo que transforma las cosas y los hechos en un peso para el alma y no los aconteceres en sí mismos. ¿ Y porque el temor? Este surge cuando perdiendo la sensación de la sagrada presencia, vivo como si no existiera la Providencia. Mano de Dios que una y otra vez se ha mostrado y se muestra en los acontecimientos, de manera indubitable para el que lo vive.

¿Y porque se pierde la sensación aquella que todo lo sacraliza? Esta ausencia se corporiza en el mismo instante en que he creído que de mí dependía esto o aquello. Volvemos nuevamente hacia el primer versículo del salmo 127:

“Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los albañiles; si el Señor no custodia la ciudad en vano vigila el centinela.”

Necesitamos evitar la caída en una mirada restringida que a veces se apodera de nosotros, que nos hace creernos hacedores olvidando que somos meros colaboradores. (Lucas 17, 10) La Creación continúa desarrollándose y la gracia actuando y el Espíritu sopla donde quiere (Juan 3, 8 ) La pérdida del asombro por la existencia misma, a la cual solemos dar por sentada y la organización de nuestra vida excluyendo el corazón, momifican el alma y nos dejan privados de la percepción de lo divino.

Dios Es y está… incluso en la angustia que nos lleva nuevamente a Él.

Texto propio del blog

Aquí un vídeo aproximando al tema del post

Links de hoy:

Homilía dominical del Padre José

Monasterio de Oseira

La distancia y la atención

La distancia

Tenemos que saber distanciar nuestra conciencia o mirada interior de nosotros mismos para poder ver bien nuestra agitación interior como meros espectadores. Así alcanzaremos el sosiego interior. “Dejar que todo aflore, dejarlo salir todo sin hacer ningún juicio, sin más, como si sólo fuéramos unos observadores. No como comisarios, no como inquisidores, sino imparcialmente, como si nuestra capacidad enjuiciadora estuviera en punto muerto.

No se puede ver bien si no se está a una cierta distancia. A medida que todo sale, nos vamos liberando” (Desde, 13).

La atención

Podemos vivir el silencio interior en la vida cotidiana estando atentos a lo que hacemos en el presente. Sólo conocemos cosas nuevas observando la vida presente. La mente no aporta nada nuevo, sólo repite. El viaje del silencio consiste en llegar a este ahora y a este aquí. Para permanecer atentos a nuestro interior sin distraerse, necesitamos un “ancla”. Tenemos dos posibles anclas: estar atentos a la respiración o estar atentos a una palabra –o pequeña jaculatoria–.

Pero este segundo ancla tiene el inconveniente de que puede movernos a la reflexión. No hay ninguna palabra milagrosa. Lo milagroso es quedarse en silencio. Si nos distraemos o nos adormecemos: volvemos al ancla. Dejamos de estar distraídos cuando somos conscientes de que estamos distraídos.

“En la meditación hay que estar atentos porque tenemos dos grandes riesgos: fugarnos hacia arriba –pensando, divagando, discurriendo, imaginando–, o fugarnos hacia abajo –relajándonos, durmiéndonos, evadiéndonos–. Cuando nos demos cuenta de que algo de esto nos está sucediendo, nos tenemos que volver de nuevo hacia el centro de nuestra atención, es decir, nuestra respiración” (Conversando, 14).

La respiración no hay que pensarla, solo atenderla. A Dios no hay que pensarlo, sólo atenderlo. Es bueno tener los ojos entreabiertos, viendo sin mirar. Si cerramos los ojos se excita nuestra imaginación. “La oración no es un asunto de memoria, de recuerdo; la oración es régimen de atención, de la pureza de tu atención” (Alcoba, 231).

“En el encuentro de Moisés en la zarza ardiendo [cf. Ex 3], Dios se define como el que Es, no como el que ha sido […]. La oración es el encuentro con el que Es” (Sementera, 104). “Y es que un instante puede valer para ver. Al igual que una gota de agua contiene todo el sabor del océano, así puede suceder en el silencio. Vivirlo al cien por cien es estar atento.

La atención que requiere el silencio nos puede llevar a que la experiencia sea costosa. El camino hacia nosotros mismos es el más costoso. Hay viajes turísticos que ofrecen promesas de pasarlo bien. El silencio no promete nada y además no existe ruta ni mapa para recorrerlo. Es virgen. No precisa la ceremonia ni el ritual” (Conversando, 68).

“Unos monjes del desierto hablaban de la oración y la expresión de uno de ellos fue: ‘Cuando vayas a meditar, espía a Dios como el gato espía al ratón’ […]. Y es que hay que tomar este estilo de atención. Cuando el gato ‘está trabajando’ da la sensación de que no hace nada. Así caza al ratón. Está presente, espera atento y… […].

También es verdad que el gato, para estar atento al ratón, tiene que tener ‘hambre’” (Conversando, 105). “El presente es siempre tan humilde, tan poco llamativo, que no le damos importancia. Pero es nuestra felicidad” (Conversando, 75).

“…el monje es el que ha aprendido a ‘estar donde está’: si ara, está arando; si poda las viñas, está podando; si riega, está regando; y si reza, está rezando” (Desde, 26). “El silencio, como el amor, es un gran compromiso con el ahora” (Alcoba, 122). “Cada instante es el mejor que Dios ha creado para ti” (Alcoba, 229).

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Disponible la 2° clase de Fenomenología

Disponible la 21° clase de Filocalía

El sentido del sufrimiento* (1)

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Al fin de cuentas… ¿Qué es el sufrimiento? ¿Cuál es su función o su sentido? En definitiva nuestra religiosidad aparece alimentada por el sufrimiento. Si no sintiéramos carencias o incompletitud quizá ni nos interesaríamos por cuestiones religiosas.

Es cierto. De no ser por la finitud sería difícil que nos pusiéramos a buscar algo que no sea lo material, lo físico. En cambio la presencia de la muerte ineludible nos impide “perdernos” totalmente en el mundo. Aunque no queremos acordarnos de la muerte nunca podemos olvidarnos del todo. Quiero decir, la muerte está a la base del sufrimiento. No lo parece pero es su raíz. La muerte nos avisa de la transitoriedad de cualquier construcción que hagamos.

Aun si se alcanzara la tan renombrada felicidad esta se acabaría llegado el momento de la muerte. Es el recordatorio último. Y el sufrimiento es el anticipo. El sufrimiento puede ser visto como una señal de alerta temprana ante nuestro olvido de que estamos aquí de visita, solo estamos con permiso de residencia, nuestra ciudadanía no es de este mundo. Entonces cuando nos olvidamos de esto y nos creemos que esto es todo, empieza el sufrimiento (dolor mental). Es un aviso inscripto en nuestra naturaleza íntima que nos indica la necesidad de cambio en las fuerzas que se oponen en nosotros.

¿Qué debemos cambiar? Aquello de comportarnos diariamente como si fuéramos a vivir en este mundo por siempre. Esta fuerza, la que nos hace aferrarnos a lo de aquí, que es fugaz; se opone a la otra fuerza de nuestro saber que vamos a morir. Imagina que estás por atravesar con un camión pesado un endeble puente colgante hecho de sogas, con el abismo por debajo. Antes de subir al puente sentirás un montón de incomodidades, tensiones y crispaciones que pretenden avisar del error que estás por cometer.

Cuando duele una parte del cuerpo, esto es el aviso de un daño en los tejidos o al menos de la necesidad de atender esa zona y ver que sucede. Gran parte de las enfermedades son descubiertas gracias al dolor que sus primeras fases implican y allí se puede muchas veces poner remedio. El sufrimiento mental indica con claridad cuando nos equivocamos en la posición que adoptamos ante la vida. Si me olvido que mi esencia es espíritu inmortal y me llego a considerar un simple cuerpo de carne y sangre, el sufrimiento será mi compañía constante. Y así con una larga lista de cuestiones.

Si hago depender mi bienestar de la opinión ajena (la reputación) o de las riquezas (que finalmente perderé el último día) o de la degustación de los placeres físicos (sexo, comida, adicciones varias) que encadenan en una espiral de dependencia cada vez mayor; el sufrimiento estará susurrándome y hasta gritándome al oído para que transforme mi mirada y encamine mejor mis afanes. Esto no es un brazo castigador que desciende desde un padre colérico e intolerante. Son las leyes de la creación interactuando en lo cotidiano.

Todo tiene una esencia y un modo de manifestación que se corresponde a dicha esencia. Si vivimos ahogando nuestro espíritu u olvidados de nuestro verdadero hogar, esto provoca un contraste con nuestro ser íntimo que se hará notar mediante el sufrimiento. Por lo general, personal y socialmente tratamos de anestesiar el sufrimiento, de amordazarlo de manera que poco nos llega su mensaje. Ni nos damos el tiempo de atender que es lo que nos quiere decir. Simples correcciones que debemos hacer la mayor parte de las veces.

En varias formas muy diferentes, el sufrimiento no es un enemigo ni la manifestación de un castigo por nuestras culpas, sino sobre todo, la consecuencia de una actitud equivocada ante el misterio de Dios de la vida y del universo. Cambiar la actitud (la posición que se asume frente a algo) es fundamental para convertir el significado de las situaciones y sacralizar nuestra existencia.

Textos propios del blog

* Se habla del sufrimiento en su carácter de manifestación mental. No del dolor físico o del sufrimiento mental que deriva estrictamente del dolor físico.

Si has perdido…

No sé como alabarte

Primer contacto

Lo conocí a raíz de un inconveniente familiar. Pariente entre mis parientes, en casa se lo mencionaba muy de tanto en tanto y no con buen talante. Al parecer era excéntrico, con tendencia al aislamiento y según alguna opinión padecía de “delirios místicos”. Se había hecho religioso desde muy joven despreciando un futuro prometedor en la cátedra de filosofía a la cual por entonces asistía.

Quiso Dios a través de los acontecimientos regalarme la ocasión de conocerlo. Obligado a llevarle una encomienda familiar manejé buen rato a unos 100 kilómetros de mi ciudad, hacia una zona montañosa granítica y mayormente agreste. Su cabaña se hallaba en un claro del único bosque en la región. Como una mancha verde gris caída del cielo, las coníferas abundantes parecían fuera de lugar en esa inmensidad de roca.

Apenas verlo desde la distancia me produjo alegría y a medida que me acercaba se iban disipando los temores y prevenciones familiares. Estaba acomodando leña en un hermoso montón simétrico a un costado de la puerta de entrada. ¿Habéis tenido a veces “recuerdos del futuro”? Yo lo viví en ese instante. Cuando conocí a Serafín de Sarov a través de algún libro o imagen unos años después, me di cuenta que a ese santo me hizo acordar. ¿Cómo puede ser – diréis – si aún no conocía yo al monje ruso? Pues ahí lo tenéis, eso es un “recuerdo del futuro”.

Pero al saludarlo y recibir su sonrisa la alegría trocó en paz. Estar con él me volvía una persona serena y así fue hasta su último día. Esta tranquilidad no tenía motivo a la vista. Podría decir que emanaba de él si se me forzara a explicar lo que ocurría. Intento describir aquellos hechos del pasado, pero sin poder evitarlo lo hago desde mi presente, sabiendo todo lo que después supe y habiendo conversado como lo hicimos durante tantas horas en tantos años.

Creo que la paz que sentía en su presencia provenía de su ausencia total de juicio. No de su sano juicio que estaba muy presente sino de la condena. Él no me juzgaba, dijera yo lo que dijera o hiciera lo que hiciera no adhería ni rechazaba, permanecía en actitud de acogida, de recepción abierta. En el budismo le dicen ecuanimidad, entre nosotros… santa indiferencia. Con el tiempo pude ver que su tranquilidad provenía de la ausencia de temor. Necesitaba muy pocas cosas para vivir y eso también le permitía el descanso.

Mientras él revisaba lo que le había llevado y escribía una carta de respuesta, permanecí en silencio, medio arrobado por el canto de las aves. Los rayos del sol pasando entre las agujas de los pinos daban a la escena cierta poesía. Faltaba mucho tiempo entonces, para que yo me diera cuenta, que no eran los sonidos ni la visión ni su acogedora presencia lo que provocaba el gozo que sentía.

Textos propios del blog

Blog Caminar

Noche oscura, crisis existencial o depresión

Una regla simple

La oración de Jesús requiere que ignoremos a los pensamientos, al darnos cuenta que no nos pertenecen sino que vienen y van como nubes en el cielo. Uno puede mirar las nubes pero no les presta atención realmente ya que cambian de continuo en formas caprichosas. Algunas veces las nubes pueden ser muy bellas y dignas de admiración por la sutileza de sus formas y combinaciones, pero lo que nos importa en verdad es el cielo limpio y claro en el cual se dan las nubes. A ese cielo azul-celeste totalmente inmaculado nos debemos, atender allí. Al fondo silencioso en el que surgen y pasan las nubes, no a los contenidos de la mente.

Un propósito muy útil y adecuado consiste en tener una sola meta durante la jornada: En la mente la oración de Jesús. En la emoción el suave contento de vivir entregado a la providencia. En la acción el cumplimiento impecable del deber que toca. En lo mental hay que volver a la repetición de la oración cada vez que me doy cuenta que estoy siguiendo las divagaciones, que he sido “hipnotizada/o” por los argumentos que se van pensando automáticamente. Repetirla con unción y amor es lo mejor, pero si esto falta, hay que repetirla con la obstinación propia de los niños que reclaman a sus padres el objeto que desean.

El contento del corazón se instala si vivimos sabiéndonos hijos de Dios y por lo tanto al cuidado de un Amor que sabe todo lo que necesitamos. Vivir rendidos a la voluntad divina. Es realmente un “¡Que sea lo que Dios quiera!” y conscientes de que lo que suceda es para nuestro bien. Cualquier preocupación o enfado o fastidio y queja nos muestran la desconfianza en Dios y nuestra falta de fe. Esto solo bastaría para conducir toda la ascética cristiana. Limitarnos a permanecer confiados a lo que Dios nos mande.

En la acción la obediencia fiel a lo que consideramos nuestro deber. Un “deber hacer” que puede surgir de un estado determinado como forma de vida o de un propósito que hayamos elegido o de una situación determinada que nos pide cierto tipo de acción. Ninguna duda o deliberación nos servirá. Cuando hay duda es la mente la que interviene. En cambio la intuición del camino que la gracia indica es seguir el corazón.

La mente al servicio del corazón, alegrarse de lo que nos toca porque viene de Dios y hacer impecablemente lo que hay que hacer nos va “corriendo a un costado” como egos/personas y permite que vayamos siendo permeables a la inspiración del Espíritu. Dejarnos actuar por la luz que es Cristo hasta que solo Él permanezca.

Textos propios del blog – Cuaderno de notas (3)

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La ley del hombre interior

¿Cuál es el mayor obstáculo para el crecimiento espiritual?

Sin duda que depende de la persona y del momento en que se encuentre en su desarrollo, pero hablando muy en general lo que más nos dificulta la elevación del alma son los automatismos, las reacciones mecánicas. Esa involuntariedad que está a la base de las reacciones que se suceden continuamente en lo cotidiano y en todos los ámbitos de nuestra vida.

¿Cómo superar los automatismos?

Antes de eso hay que conocerlos. Mientras permanecemos ignorantes de estos mecanismos reactivos nos atribuimos la autoría de muchas conductas y por lo tanto culpas y méritos que no nos pertenecen. Primero hay que observar la propia experiencia diaria con valentía, sin relatos auto-tranquilizantes o afeites y entonces surge la comprensión de los condicionamientos en que nos dejó la caída original. Una vez que hay comprensión cabal aparece la posibilidad de la libertad y entonces la opción de la acción consciente.

¿Pero entonces como inscribir el tema del pecado en este contexto de mecanismos automáticos?

Bueno, por dar un ejemplo muy simple: Si caminas por tu patio a mirar el cielo y las plantas luego de la lluvia y pisas un caracol… ¿eres culpable por así decir de haberlo matado? No. No lo hiciste adrede, no te diste cuenta, no lo habías previsto. Sales otro día y sucede lo mismo, tu responsabilidad crece un tanto y mientras más se repita la acción empiezas a ser consciente de que luego de la lluvia aparecen los caracoles y que si caminas con descuido los pisarás. Una vez conscientes de lo que ocurre aparece la responsabilidad. El pecado para ser tal necesita el conocimiento y el consentimiento al mal.

¿Cuál es el origen de estos automatismos?

El propio funcionamiento orgánico tiene mucho que ver en ello y también la estructura de la mente. Cuerpo y mente están impulsadas por un mandato principal que sería el deseo de supervivencia, en ese contexto surgen la mayoría de las reacciones y reflejos condicionados o incondicionados. Es una especie de egoísmo básico. Nuestro espíritu es el que está llamado a ser consciente de esto y a ser el regente del cuerpo y de la mente. Todo se ordena armónicamente cuando la luz del espíritu, la chispa divina en nosotros que heredamos por imagen y semejanza a raíz de nuestra filiación divina, se torna consciente y restablece el ordenamiento original. Cuerpo y mente al servicio del espíritu y de la voluntad de Dios.

Imagina una situación trágica, como la que ocurre muchas veces en regiones muy empobrecidas del mundo, donde la hambruna es la norma. Allí ante la llegada de un camión con comida, la multitud se abalanza con violencia y sin ningún reparo, el cuerpo hambriento domina con una fuerza propia de la naturaleza indómita. Podría haber allí alguna persona que conserva vigor intelectual y que tiene apego a cierto tipo de ética o moral de respeto a los demás y de no ejercer violencia. Esto la llevará a querer dominarse, a no caer en la animalidad a la cual nos conduce la carencia extrema. ¿Podrá oponerse a los instintos? Será muy difícil. Por eso decía el apóstol:

Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. !!Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado”. Romanos 7, 19-25

La clave está en Romanos 8, 13 : “…porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis”.

Es necesario conocer esta ley de los miembros (las reacciones condicionadas) y dotar a la mente de fuerza espiritual para que sea capaz de imponerse y dejarse guiar por la ley según el hombre interior al que se refiere San Pablo. Para eso hay que hacerse consciente del Espíritu que mora en nosotros y dejarse orientar por su gracia.

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Romanos 8,16

¿Que hemos de hacer entonces? ¿Por donde empezar?

Es necesario comprender esta ley de lo mecánico que domina el organismo y ver sus “engranajes”; luego ir viviendo conforme a lo comprendido, es decir ser coherente con lo visto y ante la imposibilidad de la completa coherencia, orar sin descanso para que el silencio inefable de la gracia nos transforme para siempre…

Texto propio del blog

A propósito del post, nueva pestaña en el blog:

Fenomenología del psiquismo humano

Cómo se ha de hacer la contemplación

De su excelencia sobre las demás actividades

He aquí lo que has de hacer. Eleva tu corazón al Señor; con un suave movimiento de amor, deseándole por si mismo y no por sus dones. Centra tu atención y deseo en él y deja que sea esta la única preocupación de tu mente y tu corazón. Haz todo lo que esté en tu mano para olvidar todo lo demás, procurando que tus pensamientos y deseos se vean libres de todo afecto a las criaturas del Señor o a sus asuntos tanto en general como en particular.

Quizá pueda parecer una actitud irresponsable, pero, créeme, déjate guiar; no les prestes atención. Lo que estoy describiendo es la obra contemplativa del espíritu. Es la que más agrada a Dios. Pues cuando pones tu amor en él y te olvidas de todo lo demás, los santos y los ángeles se regocijan y se apresuran a asistirte en todos los sentidos, aunque los demonios rabien y conspiren sin cesar para perderte.

Los hombres, tus semejantes, se enriquecen de modo maravilloso por esta actividad tuya, aunque no sepas bien cómo. Las mismas almas del purgatorio se benefician, pues sus sufrimientos se ven aliviados por los efectos de esta actividad. Y por supuesto, tu propio espíritu queda purificado y fortalecido por esta actividad contemplativa más que por todas las demás juntas.

En compensación, cuando la gracia de Dios llegue a entusiasmarte, se convierte en la actividad más liviana y una de las que se hacen con más agrado. Sin su gracia, en cambio, es muy difícil y, casi diría yo, fuera de tu alcance. Persevera, pues, hasta que sientas gozo en ella. Es natural que al comienzo no sientas más que una especie de oscuridad sobre tu mente o, si se quiere, una nube del no-saber.

Te parecerá que no conoces ni sientes nada a excepción de un puro impulso hacia Dios en las profundidades de tu ser. Hagas lo que hagas, esta oscuridad y esta nube se interpondrán entre ti y tu Dios. Te sentirás frustrado, ya que tu mente será incapaz de captarlo y tu corazón no disfrutará las delicias de su amor.

Pero aprende a permanecer en esa oscuridad. Vuelve a ella tantas veces como puedas, dejando que tu espíritu grite en aquel a quien amas. Pues si en esta vida esperas sentir y ver a Dios tal como es, ha de ser dentro de esta oscuridad y de esta nube. Pero si te esfuerzas en fijar tu amor en Él olvidando todo lo demás -y en esto consiste la obra de contemplación que te insto a que emprendas-, tengo la confianza de que Dios en su bondad te dará una experiencia profunda de si mismo.

Extraído de “La Nube del No Saber” (Pdf completo)

Aquí el cap. 3 en Word

Audio del texto con la voz de Carolina

Enlaces de hoy:

La Santisima Trinidad – homilía del Padre José

Espíritu Santo, Amor eterno

El inicio y el fin del camino

¿Cómo empezar el camino hacia la oración incesante?

El camino ya empezó a transitarse en el minuto mismo en que sentimos el deseo de orar continuamente. Ese anhelo de permanecer en comunión, de percibir la divina presencia, de vivir en continua interacción con lo sagrado es el inicio imprescindible de esta vía de oración. Camino que busca el silencio contemplativo.

La oración se manifiesta en la acción como un hacer tranquilo y preciso que considera liturgia las tareas que las situaciones van demandando. Un hacer que nace de la confianza en la voluntad de Dios. La oración se manifiesta en la emoción como paz del corazón. Una suave alegría que permea los momentos. Es un contento sin objeto que brota al ser conscientes de nuestra filiación divina. Y finalmente, la oración se manifiesta en la mente como silencio. Una atención anclada en el silencio que no se ve alterada por la presencia o ausencia de pensamientos. Es una claridad sin esfuerzo.

El camino inicia con la necesidad de comprensión y de práctica. La práctica es sencilla: Repetir la oración cada vez que nos acordamos, durante todo el día, en cualquier momento y lugar. Repetimos la frase elegida, con la mente o con los labios cada vez que podemos. Uno tiene que estar presto a escuchar como la oración se hace en el fondo de nosotros mientras se suceden pensamientos, acciones y percepciones varias. De veras que es el Espíritu Santo el que ora en nosotros de continuo y no somos nosotros los que oramos. Pero nosotros si podemos atender a esta oración del corazón y para ello necesitamos tranquilizarnos un poco.

La parte que hace a la comprensión necesaria implica descubrir que es lo que produce que mi hacer sea presuroso y agitado. Descubrir lo que siempre nos quita la paz dejándonos en la ansiedad y en el tumulto mental. Por donde sea que abordemos la búsqueda de la causa de nuestra inquietud la encontraremos en la falta de confianza en la voluntad de Dios. Nos creemos o sentimos dejados de lado por Él, como si pudiéramos estar separados de quién es nuestro único sustento. Poco nos falta a veces para llegar a creer que vivimos por nosotros mismos, como si fuéramos los que sostenemos la existencia y olvidamos la Providencia.

Si cada vez que nos inquietamos recordamos que “En efecto, en él vivimos, nos movemos y existimos, como muy bien lo dijeron algunos poetas de ustedes: «Nosotros somos también de su raza»”. (Hechos 17,28) empezaremos a acostumbrarnos a descansar en Su designio mientras hacemos lo mejor que podemos aquello que nos toca. Y si cada vez que nos acordamos repetimos La Oración de Jesús, en la forma que más nos agrade; esto irá llevando nuestro hacer, sentir y pensar hacia la función original para la que fueron concebidos.

Esto es todo, persistir con paciencia atentos a lo anterior, es todo lo que se necesita para transitar el camino hacia la oración incesante del corazón. Plegaria universal de la creación que busca regresar al origen y de la que participamos apenas inclinamos el oído del alma hacia el interior. Sumarnos conscientemente a la salmodia del corazón es todo lo que necesitamos.

Texto propio del blog

Dos enlaces:

La canción de las canciones

Estoy contenta de ser pobre

esa silenciosa presencia

«La religión cristiana es una religión del milagro, de la presencia del Espíritu Santo, de esa fuerza que primero en la actividad de Jesús y luego en la de los apóstoles, irrumpe en medio de lo cotidiano de manera extraordinaria, modificando las leyes que parecían inmutables. Leer los Evangelios es asistir a una permanente muestra del poder de Dios que actúa en el mundo transformándolo. Jesucristo cura a los enfermos y lo hace de una manera especialísima: limpiándoles de sus pecados, porque la enfermedad del cuerpo suele estar asociada a los padecimientos del alma y la acción del Espíritu Santo puede trascender incluso las leyes de la vida y de la muerte.

El cristianismo se expandió gracias a las persecuciones… El Espíritu Santo realizaba curaciones y señales prodigiosas al paso de los apóstoles y sus seguidores dotándoles de diversos carismas. Sin embargo, la historia de la Iglesia nos muestra la desaparición progresiva de esta acción del Espíritu Santo, al menos de modo manifiesto; pese a ello es verdad que hubo y hay santos y fundadores que han recibido esta gracia inestimable. Parece que la persona receptora del Espíritu Santo necesita cierta preparación; aunque este don se dé según la voluntad divina allí donde Él lo quiere y más allá de cualquier acción humana. “El viento sopla donde quiere” pero uno puede ponerse en posición de recibirlo.

Pentecostés no se produce inmediatamente, sino que antes hubo una oración permanente y una intensa comunión entre los primeros cristianos. También se transmitía por la imposición de manos de los que poseían el Espíritu en sí mismos y lo donaban al que estaba capacitado para recibirlo. La lectura de los Evangelios y de los Hechos de los Apóstoles, deja muy claro que la persona de Cristo Jesús, evidenciaba su filiación divina mediante claros signos y señales asociadas a la curación de los cuerpos y las almas a una purificación de los pecados.

También se muestra que el Espíritu Santo enviado por mediación del Cristo desciende sobre los que le siguen, los cuales si actúan en Su Nombre, participan de signos y carismas para edificación y conversión del prójimo. Este Espíritu se manifiesta donde quiere sin mérito de nuestra parte, aunque suele estar relacionado con la práctica de la oración continua, la comunión sincera y fraterna, la profunda devoción a la persona de Jesús y la identificación con su tarea de redención.

El Espíritu Santo provoca conversiones masivas, motivadas no solo por la manifestación de signos extraordinarios, sino también por la elocuencia de los que lo poseen, que penetra los corazones y los transforma, como es notorio en la tarea apostólica de Pedro y de Pablo, por ejemplo. Pero cuando los hombres dejan de escuchar la inspiración del Espíritu, a medida que su vida deja de adecuarse a la enseñanza de Cristo, esta presencia comienza a declinar en ellos. Por lo general, la falta de coherencia entre lo que comprendemos del Evangelio y lo que practicamos, produce una desviación de la práctica que resulta en laxitud de nuestra vida.

No en vano, luego de pocos siglos, los Padres del desierto se apartaron del común de los fieles huyendo literalmente al desierto, intentando conservar viva la presencia del Espíritu que se iba perdiendo en las comunidades. Es posible ver en estos monjes antiguos, en su historia y relatos, como actuaba esta Presencia extraordinaria y salvífica en sus vidas para bien de innumerables almas. Mucho tiempo ha pasado desde entonces y múltiples quebrantos ha sufrido el cuerpo místico de Cristo a través de cismas, reformas y mucha degradación muestra el mundo, dominado hoy más que nunca por la oscuridad y la confusión. Actualmente pareciera triunfar el nihilismo a través del consumo; los bancos son los nuevos templos y el dinero un dios omnipresente. La búsqueda desesperada de placeres no logra anestesiar el profundo vacío que vive en el alma de las gentes y los pueblos.

Leyendo los Evangelios y los Hechos de los Apóstoles, observamos que había conversiones profundas debido a la predicación inflamada por el Espíritu Santo; se producían verdaderas “metanoias” gracias a esa fuerza santa. Se curaba el alma y el cuerpo, se convertían las gentes a una vida nueva, porque los transmisores vivían una gracia viva que les venía de Dios. Vivían en sí mismos la experiencia de lo Divino.

¿Reverdecerá el árbol en una nueva primavera colmando sus ramas de flores y frutos? Mucho dependerá de si nos vaciamos de nosotros mismos, de si abandonando los pensamientos que son fruto de nuestra voluntad nos rendimos a lo que Dios nos pide. Entonces se hará un silencio y se escuchará el murmullo de la brisa suave, la misma que llevó a Elías a cubrir su rostro en profunda reverencia. 1RE 19, 3-15

¡Oh Señor, envía tu Espíritu!»

Texto propio del blog (Actualizado)

Publicado originalmente en “Dios habla en la soledad”

La vida cristiana bajo la acción del Espíritu Santo

El sufrimiento (I)

¿Qué es el sufrimiento?

Es lo que sentimos cuando nos consideramos separados Dios. Cuando creemos que lo que ocurre y lo que ocurrirá depende de nosotros y no de la voluntad divina.

Como en todas las cosas y temas podemos aproximarnos desde diferentes puntos de vista y planos de comprensión. Recuerda que todo depende de quién habla y de quién escucha, del nivel de comprensión desde el que cada uno se está comunicando y, sobre todo, del interés que guía el intercambio.

Por eso, también podríamos decir: El sufrimiento es el saldo de nuestro grado de resistencia a la voluntad divina. Esto no implica no actuar como consideramos mejor o correcto sino que se refiere al modo en que tomamos el resultado de las acciones. De allí que la actitud desde la cual vivimos configura la mayor parte del sufrimiento. Una situación ocurre y el modo en que la acojo o la recibo es mi actitud.

Si soy consciente de que ningún acontecimiento puede darse si no es por voluntad de Dios o al menos, porque Él lo ha permitido, la manera en que me abro a los hechos que suceden minimiza cualquier sufrimiento. Te recuerdo que el sufrimiento es mental y no estoy hablando del dolor que sentimos en el cuerpo. Pero aún en el caso del dolor físico, si nos hacemos conscientes que no puede darse sin mediación del designio divino, este resulta mucho más llevadero. La mayor parte del dolor es “sufrimiento” esto es un agregado de la mente vagabunda a lo que está ocurriendo.

Otro punto de vista complementario que podemos utilizar dice: El sufrimiento es el aviso de que debo rectificar el rumbo en aquel aspecto de mi vida donde se ha hecho manifiesto. Nosotros tendemos a quejarnos del sufrimiento en lugar de agradecer la indicación que llega hasta nosotros para que transformemos nuestra vida.

Cuando decimos “transformar la vida” nos referimos a vivir conforme a nuestro entendimiento más profundo. Por ejemplo: Si estoy convencido que la enseñanza evangélica es la mejor norma para orientarme en la vida diaria y ni siquiera pongo lo mejor de mí en ser coherente con ella, seguramente el sufrimiento me irá avisando a cada paso de esta contradicción. Incluso el sufrimiento tenderá aumentar mientras más sordo me haga a la voz del corazón o a la voz de la gracia en el fondo del alma.

Continúa…

Texto propio del blog

Dos enlaces:

El Espíritu Santo viene

Texto de Hesiquio de Batos

Lo único necesario

Hay tantas cosas que manejar, que corregir, que planificar…

No es así en realidad. Lo único que hay que hacer es tratar de concentrarse en la adquisición del hábito de la oración continua, en nuestro caso la repetición de La oración de Jesús. El cuerpo y la mente trabajan muy bien por si solos en el cumplimiento de nuestros deberes y tareas si dejamos los pensamientos a un lado y nos centramos en la oración.

Cuando hacemos esto, solo surgen pensamientos funcionales que tienen que ver con las tareas a las que nos abocamos, son pertinentes a la acción y no obstaculizan. En cambio, cuando estamos con la atención puesta en “el relato” sobre nosotros mismos, en esa divagación constante de los pensamientos acerca de lo que pasó, lo que pasará, lo que deseamos y las dificultades para ello etc. etc.; en definitiva, cuando nos sumergimos en ese universo en el cual nuestra idea de nosotros mismos es el centro en torno al cual todas las galaxias giran y a lo cual todo se remite, quedamos presos del ego y esclavos de las apetencias.

Más allá de los progresos en la búsqueda de la oración incesante, nuestra intención de orar en forma ininterrumpida es el único baluarte en el que podemos apoyarnos. Mantener esta intención y llevarla a la acción lo mejor que podamos es todo lo que tenemos. Apenas despertamos en la mañana, vienen los pensamientos e imágenes en torno a nuestra imagen de nosotros mismos, a ese constante centro de referencia universal que se basa en lo que nos gusta y lo que nos disgusta, lo que deseamos y lo que rechazamos y si nos dejamos llevar empezamos una fatigosa tarea: la de adecuar lo que va ocurriendo a lo que pretendemos y esto es imposible.

Los hechos y las cosas se desenvuelven según la voluntad de Dios y no según la mezquina búsqueda personal del placer. Menos mal que es así, no sabemos lo que nos conviene. El designio divino es el bien puro en acción y todo es para bien. Solemos darnos cuenta de esto mucho tiempo después de los sucesos, pero en algún momento nos convencemos que siempre la voluntad de Dios es mejor que nuestro parecer. Hay que abandonarse en Dios, obrar con la confianza de los hijos ante un padre/madre benevolente, descansar en una misericordia infinita que nada puede doblegar o apagar.

Pero entonces, ¿qué debo hacer?

Cada vez que te descubras siguiendo con tu atención las divagaciones de la mente, sean las que sean, volver a la oración interior, a la oración de Jesús o la que sea de tu agrado. Así de simple y sencillo, contundente. Verás que aparece una resistencia, un deseo de seguir los pensamientos sobre esto y aquello, nos da la impresión de que al “pensar” controlamos y manejamos lo que ocurrirá. Esto no es verdad. Los pensamientos van y vienen, haciendo la digestión de las vivencias según leyes propias del psiquismo. A nadie se le ocurre prestar atención a los sonidos y movimientos que se producen en el estómago y los intestinos cuando procesan los alimentos. Este es un proceso que se deja a su propia suerte porque sabemos que no podemos controlar dichas funciones.

Pero con los pensamientos sucede que los identificamos como nuestra propia voz y entonces les damos crédito, les asignamos el valor de etiquetar y juzgar lo que ocurre, cuando no son más que la cacofonía que produce la digestión de las experiencias múltiples que los acontecimientos han producido. Pero esto es muy difícil de aceptar, tenemos muchos años de educación en sentido contrario. Se produce una inmediata rebelión contra esto. Pero volviendo a tu pregunta: lo único que debes hacer es volver a la oración. Es una amorosa persistencia. Una reiteración del amor y la entrega a Dios, a Su presencia y voluntad. Cada vez que repites La oración de Jesús en realidad estás diciendo que aceptas que nada sabes, que nada puedes y que te abandonas en Aquél a quién todo lo debes y que ha hecho todo lo que conoces y no conoces.

Anteponer la oración del corazón a la divagación mental es un acto de aceptación del no saber, es incorporar “la docta ignorancia” que magistralmente Nicolás de Cusa reseñara en sus escritos. Un náufrago, a la deriva en alta mar, que ha perdido su bote y su salvavidas, al encontrar un madero se aferra a él y no lo soltará jamás, sabedor de que es su única esperanza. La oración continua, esa apelación constante a lo que sabemos nos abarca, es lo único que tenemos, la verdadera libertad.

Textos propios del blog (de libro en preparación)

Dos enlaces:

El valor de la lentitud

Nuestra verdadera patria

¿Qué es la muerte?

Padre… ¿Qué es la muerte?

Un tránsito. Es un pasaje desde un estado hacia otro estado. Aunque nos resulta muy difícil verlo de ese modo debido a nuestra identificación con el cuerpo. Se nos presenta como una desgracia y en realidad, la muerte es parte de la obra de la gracia. La muerte corporal es la concreción del llamado de Dios a Su seno.

A todos nos alegra llegar a la graduación cuando nos apuntamos en una carrera profesional. ¿Quién no desea graduarse? La muerte es la graduación en la escuela de la vida, no hay que estar triste. Aunque es normal por el peso de la ausencia del ser querido, es bueno espabilarse rápido y agradecer esa presencia que nos fue dada para compartir, ese modo en que Dios se nos ha mostrado, a través del otro, del semejante. Espabilarse implica dejar la tristeza a un lado como se deja un bolso que se carga y al llegar a casa se deja en el estante. La tristeza abre la puerta a cosas que no nos sirven. Hay que transformarla en esperanza de unión futura.

Nosotros tratamos de evitar la muerte a toda costa, porque tenemos dudas respecto de si efectivamente hay un más allá y de si esa otra vida es como se nos ha dicho, fuente de bienaventuranza. Esa duda nos genera incertidumbre y esa incertidumbre nos produce temor. Como no conocemos suficiente la vida del espíritu, como estamos muy poco habituados a tomar contacto con lo que verdaderamente somos; la muerte se nos presenta como un tragedia, como algo doloroso y terrible, pero la realidad es muy otra.

El espíritu que somos se eleva libremente hacia su hogar verdadero. No hay que olvidar cual es nuestra ciudadanía. Gran parte del sufrimiento que padecemos aquí es resultado de este olvido, esto es en parte “la caída” original. Vivimos en el exilio y todo exiliado siente una extrañeza, una nostalgia indefinible… una falta de contento profundo que no se calma del todo ni siquiera en los mejores momentos. Hay un anhelo inefable de verdad y plenitud. Aquí, creyéndonos simples cuerpos/mentes, es imposible alcanzar la libertad y la bienaventuranza de los hijos de Dios.

Pero… ¿cómo hacer para que esto no sea solo una creencia? Yo veo que creo en la vida futura y en la bienaventuranza inmortal, pero me doy cuenta con dolor que no estoy totalmente convencido. La muerte de mis seres queridos me aterroriza, mi propia muerte me da temor y me pregunto cómo serán las cosas “del otro lado” realmente; lo que se me ha dicho por educación se me presenta a veces como una fábula o mitología al contrastar esas creencias con la ciencia actual. Me pregunto cuál será la verdad y esto me deja como desamparado, con el ánimo inestable y me veo tratando a toda costa de prolongar mi vida, como si esta fuera la única que tengo.

Es entendible y es lo que sucede a la mayoría de las personas. Algunas se dan cuenta de esto que tú describes con honestidad y otras no lo advierten, lo tienen sumido en lo inconsciente y sólo los momentos críticos en ocasiones permiten que esto aflore a la superficie. Esto sucede porque los sentidos espirituales permanecen adormecidos desde muy pequeños. Se nos ha educado para atender a los sentidos físicos y vivimos ignorando que hay una visión espiritual, una escucha del espíritu, una textura propia de la mística, un perfume de Cristo y un sabor espiritual que identifica a la verdad. Es una manera de hablar tan solo porque no podemos expresarnos de otro modo que con un lenguaje. Pero cuando los sentidos espirituales se abren comenzamos a percibir una realidad muy diferente a la que nos hemos acostumbrado, la percepción cambia enteramente.

Uno empieza a percibir la gracia en todas partes, tan presente en todo como si fuera el aire que está por doquier o como el espacio mismo que permite que todo se extienda y aparezca ante nosotros. O también se percibe como luz, una luz que no es solo la luz del sol, es como una irradiación que se hace patente aflorando o emanando de la creación entera. Y esto es el Espíritu Santo cuando se hace presente en nosotros. Puede ser más fuerte o más suave esa presencia dependiendo de las circunstancias, pero siempre está allí.

Continúa…

Textos propios del blog (De libro en preparación)

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Enlaces:

15° Clase de Filocalía

Espiritualidad y salud mental

Hacerse disponible

Estás aquí en el centro de la vida cristiana, pues todo se reduce finalmente, a descubrir la voluntad de Dios y cumplirla. Pero si es verdad que te resulta fácil discernir esta voluntad a través de los mandamientos, dudas a menudo de que puedas descubrir lo que Dios espera de ti, en particular en tu situación presente.

Si quieres conocer la voluntad de Dios, la condición es “hacerte disponible”, es decir, ante una opción que tengas que hacer, el rehusar o preferir tal o cual alternativa, abandonando todo prejuicio que impida a Dios el darte a conocer en que dirección quiere que te comprometas. En una palabra no debes tener ninguna idea sobre la cuestión y aceptar entrar en los planes de otro que desvía siempre los tuyos.

Es tal vez la disposición fundamental para realizar una elección según Dios. Pero tal vez te hagas una pregunta: ¿cómo hacerme disponible si no lo estoy? Te diría que es preciso que te detengas, que te distancies de ti mismo y que interpeles a tu propio juicio. Son otras tantas actitudes que se viven bajo la mirada de Dios, en la oración, para descubrir las resistencias a la voluntad de Dios. Puede ocurrir que a través de esta oración, Dios te muestra claramente lo que espera de ti, pero no es ésta su costumbre; prefiere hablarte por medio de signos. No tomes demasiado pronto tus buenas intenciones por voluntades de Dios.

Hay también otra manera de descubrir esta voluntad, y es interrogar a tu afectividad profunda. Si gozas de una paz duradera y de una verdadera alegría, puedes decir que los proyectos que acompañan a tus sentimientos son queridos por Dios, pues el Espíritu Santo obra siempre en la alegría, la paz y la dulzura. Si por el contrario estás triste, desanimado e inquieto, puedes suponer que el proyecto está inspirado por el espíritu del mal. No puedes tener ninguna certeza si te fías del sentimiento de un solo instante. Por el contrario, si, a lo largo de un período más o menos dilatado, tal decisión va siempre ligada a la alegría y su contraria a la tristeza, hay motivo para creer que es Dios quien te envía la consolación del Espíritu y te sugiere que realices la acción correspondiente.

Con mucha frecuencia la paz se estabiliza en tu corazón después de esa opción libre. La experiencia de consolación o desolación que sigue a la elección confirmará esto último y te indicará claramente si estás en la voluntad de Dios.

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Abandono

Oración y pensamientos

Tengo dificultades para centrarme en la oración de Jesús, porque me aparecen pensamientos diversos acerca de Cristo, de si debo orar a Él o al Padre o de si esta oración me acercará o no a la paz interior; si debería elegir otra devoción o si cambiar la frase de la oración etc. etc. son muchos pensamientos y algunos de ellos se presentan como discusiones teológicas.

Hermano en Cristo Jesús, es muy normal que la mente ponga todo tipo de obstáculos a la oración de Jesús. Esta oración cuando su práctica es constante y firme arraiga en el corazón y aquieta la mente. Con esto quiero decir que nos acostumbramos a no pensar (en el pasado o en el futuro ni a deliberar acerca de las cosas) y a una acción espontánea más eficaz dejándonos guiar por la gracia. Nos quedan solo los pensamientos funcionales, que se requieren para el hacer las cosas cuando son necesarias. La mente se resistirá a esto ya que su naturaleza es divagación, manipulación de lo que pasa, continua deliberación en pos de objetivos para sentir placeres diversos.

Algunos practicantes son acosados por pensamientos malsanos otros por un discurrir más teológico o filosófico como parece ser tu caso. Pero en definitiva, sea cual sea la índole de los pensamientos, estas disquisiciones cumplen la función de distraer de la oración de Jesús. No conviene tratar de resolver las controversias que le suscita la mente, sino más bien llevar la atención de vuelta al corazón; esto puede ser en el sentido de órgano cardíaco o en el  significado de centro de la persona o esencia de los sentimientos de la persona.

Toda duda, toda ambivalencia emotiva es resuelta por la práctica constante de la oración de Jesús; pero es claro que esta perseverancia no es fácil de adquirir, porque a ello se oponen muchos años de hábitos nocivos en cuanto a dar a la mente el primer lugar. Tanto es así, que hemos llegado a creer que los pensamientos que se van presentando en el espacio consciente son nuestra propia voz. Esto es clave: mientras creemos que lo que piensa la mente es “lo que yo pienso” nos será muy difícil concentrarnos en la oración. Esto en un primer momento suele causar sorpresa y hasta una negación de plano.

¿Cómo que lo que pienso no lo pienso yo? ¿Quién lo piensa? Pues, se piensa por si mismo al influjo de los humores corporales, de los estímulos diversos del medio y según la impronta de supervivencia del organismo. No nos asombra que el hígado segregue las sustancias necesarias sin nuestra voluntad o que el corazón persista en su latido sin que hagamos nada para ello; o que crezca el cabello o que el diafragma suba y baje permitiendo que la atmósfera entre y salga de nuestro cuerpo. El cerebro es un órgano más que va procesando la información de los sentidos y clasificando y ordenando la memoria de las vivencias etc.. Pero no nos representa.

No hace falta creer en esto, solo observar con atención cómo es que se produce un pensamiento. ¿Cuando decidimos pensar en esto o en aquello? Es un tema a revisar en detalle y conviene hacerlo. Pero no será bueno extender demasiado este escrito. Solo le digo que en esta cuestión radica una clave importante que nos permite libertad respecto de los contenidos mentales o continuar con una cierta esclavitud hacia ellos. El camino de la oración de Jesús requiere un cambio de perspectiva respecto del valor de nuestros pensamientos como se dice en el libro La oración de Jesús, (Iniciación a la práctica) del cual aquí le dejo el enlace a la carta 1 que especialmente trata este tema.

Un saludo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesús.

Textos propios del blog

Dos enlaces:

De la creencia a la experiencia

Colaciones de Casiano

Apatía por la oración

Hermano, desde hace varios meses siento tanta apatía por hacer oración. Me cuesta hasta la oración del corazón. No sé si será madurez o es otro proceso. Pero ya no es igual a hace unos años cuando me entusiasmaban tanto esos temas. Lectio divina hace muchos años que no hago, el santo rosario ocasionalmente. La confesión hace dos años que no voy. ¿Puedes decirme algo?

Hola hermano, saludos en Cristo. A todos nos suceden los ciclos o las subidas y bajadas en nuestra vida espiritual. Una cosa que ayuda, es que al caerse ahí nomás tratar de irse levantando. No quedarse “rascando la herida” porque es la oportunidad que tienen nuestras tendencias negativas para fortalecerse. Acuérdate que dicen en Filocalía: “Todo aquello sobre lo que se pone la atención se ve reforzado o crece”. Entonces lo más rápido que se puede hay que incorporarse, pedir la gracia de la sensación de la divina presencia y seguir adelante.

A la vez, el hacer un examen de conciencia y confesar por supuesto que sirve, pese a que implica poner la atención brevemente sobre lo hecho. En este caso la atención es hacia la purificación interior del alma y las crisis suelen prolongarse si se posterga la reconciliación. La sensación de estar en falta se va acumulando por el paso del tiempo y esto aplasta aún más la buena intención de elevar nuestro espíritu.

También, sucede que nos interesamos por un tema, lo descubrimos y nos agrada (por ejemplo la espiritualidad de la oración de Jesús) y comenzamos una especie de “luna de miel” en donde el entusiasmo es lo que prima. Pero claro, luego de varios meses esto declina naturalmente, porque la novedad ha pasado y es precisamente allí donde puede iniciarse el trabajo espiritual más profundo y cierto. Por lo general el ego espera resultados rápidos y cuando no los obtiene pierde el ánimo y se aboca a otra búsqueda que vuelva a entusiasmarlo. Esto suele llevarnos a un “turismo espiritual” al que luego cuesta ponerle fin. A la vez, si nada nuevo se encuentra vuelve la apatía.

Hay que recomenzar el camino, con paciencia, no pretendiendo mucho y sabiendo que sin la gracia nada podemos. ¿Que se necesita de nuestra parte? Poner lo mejor que podamos, hacer el mejor esfuerzo, nos damos cuenta de esto si nos miramos con verdad interna. No te andes comparando, ni siquiera contigo mismo años anteriores; son balances imaginarios que hacemos sin base real; todo va cambiando, en el cuerpo, en la mente, en el medio que nos rodea, en el mundo, por eso no es legítimo comparar un recuerdo que idealizamos de nosotros mismos años atrás con el ahora que percibimos en este momento de crisis.

La lectio divina, el santo rosario, son medios muy eficaces de crecimiento interior para quién se siente inclinado o llamado a esas formas de devoción. Puede que no sea tu caso o tal vez este momento que atraviesas necesite de otro acercamiento a la unción interior. Empieza la subida con aquello que sientas como una suave alegría secreta. Con esa forma de oración que te brinde calidez y confianza. No la evalúes en función de otros criterios. Lo importante ahora es recuperar el ritmo, los pasos ágiles y livianos que acerquen al sabor de la divina presencia. Cuando eso aparece ya te resulta más fácil guiarte. Un abrazo fraterno hermano, invocando el Santo Nombre.

Textos propios del blog

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Dos enlaces:

La Virgen de los desamparados

La mirada contemplativa

Preguntas sobre la contemplación

Quería hacerte unas preguntas sobre el curso y lo que voy leyendo en la página. En cuanto a la contemplación: Se habla de abrir los sentidos, atender a un sentido y centrarse en él y también se habla de cerrar los sentidos para la contemplación.  Pero como cerramos los sentidos? En mi meditación sedente procuro llevar mi mente al corazón y seguir la respiración acompasándola con la repetición de la plegaria.  ¿Es correcto? Al cabo de un tiempo, a veces, la plegaria va disminuyendo hasta quedarme en un silencio con la atención a… ¿Como decirlo?… Un vacío que me llena de atención, amor, consuelo… ¿Presencia? Es como estar atento a un vacío donde hay mucha atención y ningún pensamiento pasa por mi mente. Me imagino que es lo que debo hacer también en activo, aunque sea más difícil.

Hola hermano. Cuando decimos de abrir los sentidos, nos referimos a los sentidos espirituales, que suelen permanecer apagados, como dormidos o cerrados; lo que nos deja sin la percepción de ciertas realidades propias de la vida espiritual, de la “vida secreta del alma” como creo que dice algún autor. Una buena forma de despertarles es haciendo las cosas más lentamente, quedándose en silencio de a ratos solo estando sin atender a nada en particular o prestando atención a la intuición antes que al razonamiento posterior a esta, que suele pasar desapercibida. La intuición es una manifestación clara de estos sentidos espirituales.

Cuando nos referimos a atender a un sentido, (en este caso sentido físico) nos referimos a un modo útil de concentrar la mente. Puede ser un paso previo a la oración de Jesús o a la contemplación silenciosa. Como puedes comprobar: si pones tu atención en un sonido lejano, los demás sentidos disminuyen en su acción, luego los sonidos cercanos se escuchan con menos intensidad y “aumenta” aquél sonido lejano. Un minuto o dos y ya se siente una mayor calma y centramiento.

Cerrar los sentidos para la contemplación, tiene que ver con desatender a lo que llega por los sentidos físicos y dirigir la atención hacia la sensación de estar consciente. Por supuesto los estímulos siguen llegando a los sentidos, incluso desde el interior mismo del cuerpo, pero se trata de ignorarlos, atendiendo a lo que tú dices muy bien: “Al cabo de un tiempo, a veces, la plegaria va disminuyendo hasta quedarme en un silencio con la atención a… ¿Cómo decirlo?… Un vacío que me llena de atención, amor…” Podríamos decir llevar la atención desde el tumulto de percepciones, sensaciones y pensamientos hacia el silencio que está en el interior y que en cierto modo clama ser escuchado. Es un silencio que puede llegar a ser fuerte y mientras más intenso el silencio más nos sentimos inundados de paz e incluso como si fuéramos parte de esa paz. Una paz viva no adormecida. Lo de acompasar la respiración a la plegaria a alguna gente le sirve y a otra no. Lo esencial es atender al fondo de silencio que siempre está en lugar de al tumulto constante de los sentidos y pensamientos.

En la vida en activo no se puede desatender del mismo modo a los sentidos y percepciones. Lo que nos puede servir es tener la oración de Jesús como fondo constante de todo lo percibido. Cuando las actividades nos requieren mucho, este fondo de oración y/o adoración, queda apenas como un murmullo de tranquilidad y cuando hay espacios de menor acción vuelve a sonar con fuerza. Incluso hay veces que no se puede orar de tanto requerimiento exterior hacia nosotros. Pero en ese caso, podemos descansar en el fondo de confianza absoluta en la voluntad divina, que hemos ido cultivando durante la oración sedente o silenciosa.

En cuanto a la atención: Quería preguntarte también por ese tipo de atención que nos contabas creo que en la clase 12 que se caracteriza por ser como una atención en la que el que mira y la mirada es lo mismo. Esa atención  creo que decías “como desde atras”.

Claro si, mientras más nos acostumbramos a no reaccionar automáticamente a lo que sucede, se produce en nosotros una tendencia a crear un “espacio” entre el estímulo y la reacción. Este espacio nos permite testificar lo que ocurre, es una especie de constatación sin juicio o con menos juicios ocurriendo. Si esto se fortalece mucho, fruto de la práctica frecuente, puede pasar que por instantes deje de haber un alguien que es testigo y en ese sentido decimos que el que mira y la mirada se hacen lo mismo. La observación no reactiva suele sentirse como detrás de lo que acontece, como si uno mirara desde la parte posterior de la cabeza o incluso desde más atrás de ella. Bueno hermano, muchas gracias por tus preguntas que sirven para aclararnos a nosotros mismos, al recordar lo que se nos enseñara con mucho cariño en alguna oportunidad. Cristo nos cuida y sabe lo que necesitamos.

Texto propio del blog

Anexo a la 13 ° Clase de Filocalía

Dos enlaces:

Esta crisis ¿Nos hace más fuertes?

Blog Anawim

¿Soy el cuerpo o no lo soy?

Depende. Hay que establecer primero el plano de abstracción desde el cual se está preguntando. La primera distinción debería establecerse entre el ser y el poseer. ¿Puedo yo ser lo que poseo? Para que exista posesión es necesario que haya un poseedor. Es decir establecer diferencias entre un sujeto y un objeto. Este es mi auto, pero es claro para todos que no soy mi auto. Y si digo este es mi cuerpo quedaría claro desde ese plano expositivo que no soy mi cuerpo. Y si digo que soy mi cuerpo, ¿porqué lo sitúo en el mismo plano que mi auto al reclamar su posesión?

Cuando te roban el auto sufres una pérdida pero a nadie se le ocurre decir que se a perdido a si mismo. Cuanto te amputan una pierna se siente una grave pérdida, pero nadie siente que se ha menguado la extensión de su ser. Uno se siente ser el mismo, aunque no tenga a disposición un miembro del que antes se disponía. Hemos de admitir que el cuerpo es para nosotros una prótesis de la intención. Por eso, a él nos referimos como “mi cuerpo”. El lenguaje evidencia lo que nos ocurre en el interior. No es solo “una forma de decir”, la forma en que se dicen las cosas muestra la organización interior que de ellas tenemos.

Si digo “mi cuerpo” me estoy sintiendo distinto de él que viene a ser un objeto de la percepción del cual reclamo propiedad y derechos consecuentes. Es decir, el cuerpo deviene objeto, lo percibo y lo manejo muy relativamente como a los demás objetos. Esto no quita su sacralidad, ni su especialísima función, ni que deba ser redimido, elevado, purificado o lo que fuera. No lo hace malo ni bueno ni le impide su función en la salvación del alma. No aparece, al menos hasta aquí, ninguna contradicción con el hecho de la encarnación del Verbo.

Continuemos dando matices: Porque por ejemplo: ¿Esta casa es mía? Podría responderse que si tienes el título de propiedad es tuya. Y será correcto. Pero también podría decirse: “Nada te pertenece pues finalmente todo lo dejarás cuando dejes este mundo”, apenas la tienes en préstamo, y también sería correcto. En el primer caso, la respuesta surge de un espacio cuyos confines se dan en la legalidad establecida por el estado y la noción de propiedad privada de la época actual etc. Toda respuesta se da en el marco hasta donde llegó en apariencia la pregunta. En cambio, en el segundo caso, los confines se han extendido y la respuesta incluye aspectos no contemplados en la primera. Se ha incluído, en este segundo caso, el tema de la finitud humana, lo cual modifica abruptamente lo que pueda considerarse como propio.

Hay varios aspectos a dilucidar y hay que ir muy poco a poco. No parece sencillo. ¿Qué queremos decir cuando aludimos a la palabra “ser” y de igual modo, a que nos referimos cuando aludimos al “poseer”. ¿Cuando viene a ser que algo es y cuando resulta que algo es poseído? Percibo mi cuerpo, un auto y una nube que pasa. Sin embargo reclamo propiedad sobre dos de esos objetos de percepción (mi cuerpo y mi auto) pero no reclamo propiedad sobre la nube. ¿Debido a qué? Y… ¿quién es el que reclama propiedad sobre el cuerpo y el auto? En el caso del auto y de mi cuerpo el criterio de propiedad aparece dado por el manejo que de ellos tengo. A la nube no la manejo en absoluto. Bueno… al cuerpo bastante poco. Son muy escasas las funciones corporales que responden a mi voluntad. En tal caso, el auto se atiene a mis dictados con mucha más facilidad. Si este fuera el criterio, por carácter transitivo, yo vendría a ser más el auto que el cuerpo…

Notas no demasiado rigurosas, han de tomarse como reflexiones en voz alta, buscando claridad, mientras preparamos el próximo vídeo, sobre Evagrio Póntico y ante consultas recibidas.

Enlaces de hoy:

La base del silencio

Contemplación y misericordia

Obstáculos a la contemplación

“No podrás contemplar con pureza si te atas a
las cosas materiales y estás agitado por continuas
preocupaciones; porque la contemplación es supresión
de los pensamientos” (Evagrio, Sobre la Oración, 71)

Evagrio denomina «bella travesía» (kale apodemia) al camino que conduce a la contemplación a través de la apatheia perfecta. También la califica como una inmigración gnóstica hacia un lugar o estado que, en otra obra, también define, recurriendo a un concepto platónico, como «región de los seres incorpóreos» ¿Cómo se accede a ese sutil estado? Mediante la purificación a través de la meditación (oración pura). La meditación es el medio más adecuado para facilitar el encuentro con la parte más oscura de nuestro ser y propiciar la auto-observación, el reconocimiento de nuestros defectos y el deseo de desprendernos de ellos.

En este examen de conciencia que tiene por finalidad ablandar el ego, no hay que confundir el arrepentimiento (que nace de la sincera humildad) con el sentimiento de culpabilidad que procede del orgullo. Para Evagrio, la contemplación sin objeto o, como el la llama, la «oración pura», es la vía más eficaz del místico o del buscador espiritual porque con ella puede alcanzarse la visión contemplativa; “dulce es la miel, pero la visión de Dios es lo más dulce de todo” (KG 3,64). Pero bien entendido que la cima de la perfección no es el éxtasis místico. Este es un acontecimiento por el que verificamos la verdadera naturaleza del alma y comprendemos la futilidad de todo aquello que impide al intelecto ser él mismo.

En el tratado De oratione y en Skemmata explica la naturaleza y pasos para llegar a ver la “Luz” o la faz de Dios. Ante todo, es preciso ser «gnóstico», es decir, haber adquirido la ciencia espiritual. En Skemmata 2 escribe: «si alguien quiere ver el intelecto, despójese de todo concepto y se verá a sí mismo, semejante al
zafiro o al color del cielo». Para describir esta visión del intelecto por el mismo intelecto, recurre a un pasaje del Éxodo (24, 9-11) en el que los Setenta sustituyeron el nombre «Dios» por la expresión «lugar de Dios». El intelecto es «el lugar de Dios» y, cuando en momentos fugaces, se ve a sí mismo, se ve luminoso; «el intelecto se ve a sí mismo, pero también ve, en cierto modo, a Dios, porque se ve iluminado por la luz que es Dios». …

Extraído de “Métodos de meditación no dual”

Hermanas y hermanos, cualquier duda, aporte o consulta no dudéis en comunicaros por el Whatsapp o el correo electrónico. Podemos reunirnos por ese medio para intercambiar impresiones y resolver dudas hasta tener la seguridad necesaria por los medios de comunicación virtual. Esta es la última clase abierta de Filocalía, si tenéis interés en participar del curso podéis escribir al mail: bloghesiquia@gmail.com

Si queréis comentar públicamente hacedlo en la página de los alumnos regulares: Aquí

13° Clase de Filocalía

Evagrio Póntico, el monje

Aquí el texto digitalizado compendiado en Filocalía.

Aquí el texto “La práctica contemplativa en Evagrio”

Aquí abajo el audio del texto “La práctica contemplativa”

Aquí el texto: “Las implicancias psicopatológicas de la
acedia en Evagrio Póntico

Tres textos:

(Audio) (43,05 min.) de “La práctica contemplativa…”

El mismo audio dividido en temas:

Breve historia de Evagrio – (9,50 min.)

La entrada en la bella travesía – (8, 19 min.)

Obstáculos a la contemplación – (8, 57 min.)

Cómo combatir los logismoi – (3, 43 min.)

El método de la oración sin objeto – (10, 43 min.)

Aclaración sobre el esoterismo de Evagrio – (1, 58 min.)

Anexo a la clase 13°

bloghesiquia@gmail.com

La afinidad profunda

Viene del post anterior

¿Y cómo puede uno discernir el carisma adecuado para el propio temperamento, el camino, la orden o regla de vida más conveniente para uno?

La vocación se manifiesta diferente en cada uno. En algunos surge como sutil inclinación del corazón, que se va acrecentando en la medida que se responde. En otros en cambio, es un arrebato, un impulso de fuerza inusitada que se afirma con el correr del tiempo como decisión inquebrantable. Existe también el caso de aquellos que no logran responder sin equívocos o con la unanimidad del alma y entonces, el llamado se muestra durante el transcurrir de la vida una y otra vez, sin forzar pero con persistencia. Es una “idea” que no se puede abandonar, un deseo cíclico que urge y que más crece cuanto más se lo escucha y se responde.

La vocación es un llamado, es un gusto, un ardor del corazón. Está relacionada con un “por hacer”, pero también con un modo de “ser”. Se nos llama a vivir según aquello a lo que nos sentimos convocados. Es una forma en la que se nos manifiesta el amor de Dios. La vocación no tiene edad. Puede llegar en la niñez o cuando joven, en la plenitud de las fuerzas. Aunque también suele mostrarse en cierto momento tardío de la vida, ser escuchada recién cuando se han acallado los tumultos de la juventud. Es ante todo un misterio que se consuma en el momento mismo en que se asume y se acepta.

Lo decisivo es re-conocernos llamados a cierto modo de ser y de hacer. Es este “aceptar el designio” con el que fuimos creados por Dios personalmente, lo que nos termina de formar como individuos. Puede llegar a ser toda una tarea reconocer la propia vocación, porque a veces es necesario silenciar los ruidos de otros impulsos en el alma. En ocasiones la cultura imperante, con sus “valores”, nos hace creer que debemos ser o hacer esto y aquello.

Llegamos a creer que somos nosotros los que deseamos tal o cual objetivo, sin advertir que somos impulsados por un modelo cultural que secretamente nos invade el sistema de creencias. Más allá de la circunstancia en que tomemos conciencia de la propia vocación, hay una forma coherente de responder a ella. La profundidad y entrega de nuestra respuesta, tiene mucha relación con la paz y la dicha que podamos encontrar en esta vida.

Como en todo es importante escuchar la voz del corazón o esa paz del alma que se manifiesta cuando uno se pone de acuerdo con la voluntad de Dios. Hay un alineamiento, una sensación de encaje y de completitud repentina en uno mismo. El gusto puede ser un indicador pero es solo superficial, ya que el gusto por algo puede variar; deberse a la novedad, a una sensación de identidad, a la imagen de uno mismo, etc.

Hay que descubrir la afinidad. Una planta que gusta del sol quizá pueda crecer y desarrollarse a la sombra, pero no lo hará en todo su potencial. Siempre estará restringida por ese ambiente que no le resulta del todo adecuado. Es importante encontrar nuestro lugar, ese sitio en el que “encajamos”. Este encaje es interno pero se manifiesta en lo externo. Todo se acomoda y empieza a fluir más fácilmente cuando permanecemos en nuestro ambiente propicio. Puede pasar un tiempo hasta que esto sea claro, pero más temprano que tarde se hará evidente.

Nuestra adecuación a un determinado carisma, vocación, regla ascética o situación de vida en general no puede valerse nunca de un forzamiento. Obviamente puede necesitar aplicar nuestra energía y doblegar nuestras tendencias nocivas, pero todo dentro del fluir de la gracia. Uno se siente conducido y apoyado por el despliegue de los acontecimientos. En todo caso, la elección que hagamos tiene que ser orientada más por el amor que por cualquier deliberación.

Hermanas y hermanos, cualquier consulta será bienvenida si queréis continuidad en el intercambio sobre este tema. Muchas veces no podemos responder los comentarios uno a uno, por razones de tiempo debido a otras ocupaciones, pero siempre intentaremos hacerlo a través de las publicaciones. Un saludo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesús.

Dos enlaces sugeridos por hno. Sergio Cardona:

Comunidad Chemin Neuf

Comunidades Marianas de La Asunción

El turismo espiritual

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La tendencia consumista a la que nos hemos acostumbrado desde pequeños, debido a la influencia social y cultural de la época, tiene raíces profundas en nuestra personalidad. Un arraigo del que la mayor parte de las veces no somos conscientes.

Embarcada en una búsqueda espiritual comienza la persona a recorrer diferentes caminos; se conocen distintas doctrinas religiosas o, dentro de una misma religión, se van conociendo carismas diversos, puntos de vista acerca de la mejor ascética, de la mejor manera para llevar adelante los mandamientos y el desarrollo espiritual etc. etc.

Hasta allí, nada inconveniente, es el discurrir lógico de toda búsqueda, en cualquier campo de que se trate. Se prueban diferentes opciones para conocerlas y verificar el grado de afinidad o el resonar del alma ante cada una de ellas. Pero al igual que cuando alguien busca encontrar agua cavando en la tierra, deberá ir hasta cierta profundidad para hallarla, el camino espiritual ha de seguirse con intensidad, perseverancia y en profundidad para hallar aquello que se busca; que no es más que el sentimiento de unión con Dios o la percepción de Su presencia o la certeza de seguir lo que pide Su voluntad.

Si se efectúan muchas perforaciones aquí y allá y aún más allá también pero sin profundidad, no encontraremos el agua que buscamos, nunca nos acercaremos al río subterráneo que fluye fresco y silente en las profundidades del corazón. Luego de cierta exploración, quizá imprescindible en ciertas etapas de la vida, hay que tomar una determinación y seguirla hasta el final. En la medida de lo posible claro está y sin que medien razones de fuerza mayor. ¿Esta mal el cambio? De ningún modo. ¿No puede ser que el alma de la persona vaya madurando y necesite un cambio de carisma o regla de vida? Por supuesto que sí y esto puede ocurrir cuando se cambia de etapa vital o cuando han ocurrido transformaciones que exigen el cambio.

Pero debemos estar alertas para no caer en el turismo espiritual. ¿Cuál es la conducta del turista? Mira esto y aquello, saborea las comidas típicas del lugar, visita los lugares más renombrados, compra los souvenirs que allí se venden, saca un millar de fotos para agregar al “álbum de adquisiciones” y vuelve a casa, a sus viejos hábitos. Y esto puede favorecer la industria y renovar el ánimo transitoriamente, no puede criticarse; pero en el campo del crecimiento espiritual no ayuda sino que más bien dificulta.

La mente se llena de tantos contenidos, a veces contradictorios y disímiles, que la mente encuentra terreno fértil para hacer crecer la divagación. Al crecer la divagación y la circulación de los pensamientos, puede haber la sensación ocasional de progreso, pero no lo habrá realmente. El crecimiento espiritual es diferente de la especulación y de la deliberación interminable. Me dijo una vez mi maestro: “Has de elegir un camino y seguirlo hasta el final”. Y más aún: “Llegado el caso de que el camino o carisma elegido no fuera el más adecuado para tu temperamento interior, si lo sigues con firmeza y paciencia hasta el final, llegarás al mismo sitio al que vamos todos”.

¿Y cómo puede uno discernir el carisma adecuado para el propio temperamento, el camino o la orden o regla de vida más conveniente para uno?

Continúa

Hermanas y hermanos, cualquier lector que desee difundir un blog o página que considere útil para nuestra audiencia, puede enviarnos el enlace que si lo vemos adecuado lo difundiremos sin costo alguno. Un saludo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesús.

La libertad interior

Este libro pretende abordar un aspecto fundamental de la vida cristiana: el de la libertad interior. Su objeto es muy sencillo: considero esencial que cada cristiano descubra que, incluso en las circunstancias externas más adversas, dispone en su interior de un espacio de libertad que nadie puede arrebatarle, porque Dios es su fuente y su garantía. Sin este descubrimiento, nos pasaremos la vida agobiados y no llegaremos a gozar nunca de la auténtica felicidad. Por el contrario, si hemos sabido desarrollar dentro de nosotros este espacio interior de libertad, sin duda serán muchas las cosas que nos hagan sufrir, pero ninguna logrará hundimos ni agobiamos del todo.

Texto completo para descargar aquí

Estimadas hermanas y hermanos en Cristo Jesús: El próximo lunes 20 de Abril realizaremos un encuentro virtual para los lectores en general y también para quienes participan del curso de Filocalía. Lo haremos Dios mediante, a las 20 horas de España, 15 horas de Argentina, 13 horas de Colombia y 12 horas de México central. Aquí les dejamos el enlace de la aplicación Zoom, en la cual continuaremos, ya que han realizado actualizaciones de seguridad en ella y funciona mejor. Hacer click aquí para el enlace .

La desesperación

“Ya no me aguanto este encierro. A veces siento desesperación, me agarra el miedo y no sé que hacer, es como si fuera a darme un ataque de pánico. Tengo ganas de gritar y no sé cómo calmar mi enojo con “NN” que vive conmigo. Dime una palabra por favor hermano que me ayude”.

Bien. Lo primero es detener la escalada de eso que llamas “desesperación”, que quiere decir “ya no puedo esperar”, uno pierde la capacidad de esperar y eso detona las llamadas crisis de pánico o alteración general que quitan toda posibilidad de situarse en la atención, en un posición consciente que te permita observar y poner freno a las reacciones automáticas.

Aunque parezca una tontería, no hay nada más eficaz al principio que dedicarse a darle un ritmo a la respiración. Sucede que respiración y frecuencia de los pensamientos van juntos. Son como los asientos del “subibaja” o balancín al que jugábamos cuando niños. La respiración es la manifestación más evidente de lo que ocurre en la mente y a la inversa también vale. Si la respiración es lenta y profunda no es posible que haya pensamientos agitados, no hay forma. De tal manera, es más sencillo dedicarse a darle un ritmo pausado al respirar, que intentar modificar los pensamientos desesperantes.

Lo primero entonces es darle profundidad y espacio al respirar, a ello debe dedicarse toda tu atención los primeros minutos. Suave y profundamente respiras, una y otra vez, hasta que en dos o tres minutos notas ya claramente un cambio en el descontrol en el que te hallabas inmerso, algo vuelve a ti, un cierto centrado que te devuelve tu humanidad, te pone atento en tí. Allí mismo empieza a repetir la oración de Jesús o la frase que a ti te resulte más entrañable y querida. Esa que te dulcifique el corazón, que te traiga la memoria del cobijo, del abrazo del amado de nuestra vida, Dios nuestro Señor.

Allí, ya se empieza a ganar la batalla. Respiración y oración se van alternando en la atención y me doy cuenta que yo me encuentro detrás de la alteración, que no soy la respiración ni soy la oración; me descubro como el espacio de silencio en el cual se dan el aire inspirado y espirado y el Santo Nombre que va y viene inundando de gracia todo lo que soy. Persiste allí, relaja el cuerpo que estaba tenso queriendo controlar en angustiada defensa lo que consideraba su final inminente. Deja tus cuidados en Dios; hazte consciente que tu vida en Él está sostenida y en nada más. Por más que parezca que tu salud depende de esto y de aquello, sabes que en definitiva, nada ocurre si Dios no lo quiere. ¿Cómo podría algo suceder sin el conocimiento de quién creó todo lo existente y de quién todo lo sostiene?

Descansa, el amor todo lo puede. Apóyate en Él a quién conoces bien a través de cada momento de paz y felicidad. Es él mismo quién yace como fondo de la desesperación, del miedo y del dolor. No temas, aunque no lo parezca a nuestra mente, nunca sucede nada malo, todo es para bien. No te dejes atrapar por la ilusión del control, de aquella voz que dice que las cosas dependen de ti… permite que la confianza inunde tu alma, abraza en tu corazón la resurrección del Cristo cósmico, de esa certeza inmutable que nunca muere; reconoce en todos los abrazos que ocurrieron en tu vida la misma calidez, el mismo amparo, la misma seguridad y abrigo. Repite junto al salmista:

¡Mi refugio está en el Muy Alto, mi amparo junto al Altísimo!

Texto propio del blog

Enlaces:

Blog del Padre José

La mirada contemplativa

Una Pascua Nueva

Estimadas hermanas y hermanos en el amor a Cristo Jesús: Gracias por acompañarnos y compartir con nosotros el camino del Santo Nombre hacia la paz del corazón. Elevamos la voz de nuestras almas hacia el Señor de las alturas, para que nos fortalezca en la confianza, para que podamos entregarnos a Su designio y para que comprendamos el sentido profundo que nos muestra la evidencia: Todo es para bien. Un abrazo para todos en medio de la luz pascual.

Lockdown

Poema del Hermano Richard Hendrick

Sí, hay miedo.

Sí, hay aislamiento.

Sí, hay compras de pánico.

Sí, hay enfermedad.

Sí, incluso hay muerte.

Pero,

dicen que en Wuhan después de tantos años de ruido

puedes escuchar los pájaros otra vez.

Dicen que después de sólo unas semanas de silencio

el cielo ya no está lleno de humo

Es azul y gris claro.

Dicen que en las calles de Asís

la gente se está cantando

a través de las cuadrados vacíos,

manteniendo sus ventanas abiertas

para que los que están solos

puedan escuchar sonidos de familia alrededor.

Dicen que un hotel en el oeste de Irlanda

ofrece comidas gratis y entregas a domicilio.

Hoy una mujer joven que conozco

está ocupada difundiendo folletos con su número

a través del barrio,

para que los ancianos tengan alguien a quien llamar.

Hoy iglesias, sinagogas, mezquitas y templos

se están preparando para dar la bienvenida

y refugio a los sin hogar, a los enfermos y a los cansados.

En todo el mundo la gente se está desacelerando y reflexionando.

En todo el mundo las personas miran a sus vecinos de una manera nueva.

En todo el mundo la gente está despertando a una nueva realidad.

A lo grande que realmente somos.

Al poco control que realmente tenemos.

A lo que realmente importa.

Amar.

Así que rezamos y recordamos que…

Sí, hay miedo.

Pero no tiene que haber odio.

Sí, hay aislamiento.

Pero no tiene que haber soledad.

Sí, hay compras de pánico.

Pero no tiene que haber maldad.

Sí, hay enfermedad.

Pero no tiene que haber enfermedad del alma.

Sí, incluso hay muerte.

Pero siempre puede haber un renacimiento del amor.

Despierta con las decisiones que tomas en cuanto a cómo vivir ahora.

Hoy, respira.

Escucha, detrás de los ruidos que produce el pánico.

Los pájaros están cantando de nuevo,

El cielo se está despejando,

La primavera está llegando,

Y siempre estamos abarcados por el amor.

Abre las ventanas de tu alma

y aunque no seas capaz

de tocar a través de la plaza vacía,

Canta.

5° Meditación de Semana Santa

Ánimo, con Dios nada está perdido

Para mí la vida es Cristo…

Homilía antes de partir al exilio – San Juan Crisóstomo

Muchas son las olas que nos ponen en peligro, y una gran tempestad nos amenaza: sin embargo, no tememos ser sumergidos porque permanecemos de pie sobre la roca. Aun cuando el mar se desate, no romperá esta roca aunque se levanten las olas, nada podrán contra la barca de Jesús. Decidme, ¿qué podemos temer? ¿La muerte? Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. ¿El destierro? Del Señor es la tierra y cuanto la llena. ¿La confiscación de los bienes? Sin nada vinimos al mundo, y sin nada nos iremos de él. Yo me río de todo lo que es temible en este mundo y de sus bienes. No temo la muerte ni envidio las riquezas. No tengo deseos de vivir, si no es para vuestro bien espiritual. Por eso, os hablo de lo que sucede ahora exhortando vuestra caridad a la confianza.

¿No has oído aquella palabra del Señor: Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos? Y, allí donde un pueblo numeroso esté reunido por los lazos de la caridad, ¿no estará presente el Señor? Él me ha garantizado su protección, no es en mis fuerzas que me apoyo. Tengo en mis manos su palabra escrita. Este es mi báculo, ésta es mi seguridad, éste es mi puerto tranquilo. Aunque se turbe el mundo entero, yo leo esta palabra escrita que llevo conmigo, porque ella es mi muro y mi defensa. ¿Qué es lo que ella me dice? Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Cristo está conmigo, ¿qué puedo temer? Que vengan a asaltarme las olas del mar y la ira de los poderosos; todo eso no pesa más que una tela de araña. Si no me hubiese retenido el amor que os tengo, no hubiese esperado a mañana para marcharme. En toda ocasión yo digo: «Señor, hágase tu voluntad: no lo que quiere éste o aquél, sino lo que tú quieres que haga.» Éste es mi alcázar, ésta es mi roca inamovible, éste es mi báculo seguro. Si esto es lo que quiere Dios, que así se haga. Si quiere que me quede aquí, le doy gracias. En cualquier lugar donde me mande, le doy gracias también.

Además, donde yo esté estaréis también vosotros, donde estéis vosotros estaré también yo: formamos todos un solo cuerpo, y el cuerpo no puede separarse de la cabeza, ni la cabeza del cuerpo. Aunque estemos separados en cuanto al lugar, permanecemos unidos por la caridad, y ni la misma muerte será capaz de desunirnos. Porque, aunque muera mi cuerpo, mi espíritu vivirá y no echará en olvido a su pueblo.

Vosotros sois mis conciudadanos, mis padres, mis hermanos, mis hijos, mis miembros, mi cuerpo y mi luz, una luz más agradable que esta luz material. Porque, para mí, ninguna luz es mejor que la de vuestra caridad. La luz material me es útil en la vida presente, pero vuestra caridad es la que va preparando mi corona para el futuro.

Dos enlaces para hoy

Aquí la película Garabandal – Sólo Dios sabe –

Meditaciones de Semana Santa

Tratado de la sobriedad y del cuidado del corazón

¿Qué es la atención, cuáles son sus propiedades?

Escuchadme bien. La atención es la señal de la penitencia cumplida; la atención es la llamada del alma, el odio hacia el mundo y el retorno a Dios. La atención es el despojamiento de las pasiones para revestir la virtud. La atención es la certidumbre indudable del perdón de los pecados. La atención es el principio de la contemplación, su base permanente. Gracias a ella, Dios se inclina sobre el espíritu para manifestarse a él. La atención es la ataraxia del espíritu, su fijación mediante la misericordia que Dios otorga al alma.

La atención es la purificación de los pensamientos, el templo del recuerdo de Dios, el tesoro que permite soportar las pruebas. La atención es la auxiliar de la fe, la esperanza y la caridad. Sin la fe, no se soportarán las pruebas que vienen de afuera; aquel que no acepta las pruebas con alegría no puede decir al Señor: «Tú eres mi refugio y mi asilo» (Sal 3, 4). Y si no coloca su refugio en el muy Alto, no poseerá el amor en el fondo de su corazón”.

Click aquí para el texto completo

10° Clase de Filocalía – Nicéforo, El Solitario

Eucaristía del Domingo de Ramos

El piloto de nuestra vida

Dicen que el virus del COV-19 penetra hasta el fondo del pulmón y bloquea todo el proceso respiratorio, de manera que endurece los alvéolos, empobreciendo la capacidad de que el oxígeno fluya y llegue al corazón.

Estos días me estoy dando cuenta de que, pese a ser una persona de fe, de oración (con matices), de practicar los actos de piedad y asistencia periódica a los sacramentos, de estar en grupos parroquiales y activa militancia durante muchos años en Cursillos de Cristiandad, y diversas parroquias, no he llegado a ese estado que definía el Papa en su oración por la pandemia.

Tener fe no es creer que Jesús existió, que vino enviado por el Padre. Tener fe es confiar en que Él es el piloto de nuestra vida, que todo es para bien. Ser creyente es estar imbuido del espíritu de Jesús, ser cauces del amor de Dios. Estar infectado de ese espíritu de forma que a nuestro alrededor florezcan sus frutos. Contra el virus de esta pandemia, intentamos poner muchas barreras, guantes, mascarillas, batas o pijamas aislantes, las pantallas de metacrilato, para que no nos infecte. También ponemos muchas barreras, a veces inconscientes, a veces mediatizadas por la costumbre de una sociedad que cada vez se aparta más de lo que vivifica, barreras que hacen que nos sintamos como reza la secuencia de Pentecostés: “mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro”.

Por eso quiero infectarme de ese Espíritu, que entre hasta el fondo de mi alma, y me transforme. Que, a través de mis torpes acciones, sea cauce de regar la tierra en sequía, de sanar el corazón enfermo, de lavar las manchas, de infundir calor de vida en el hielo de los que me rodean. Así donde haya odio, podré poner amor, donde ofensa, perdón, dónde tristeza alegría.

Del original “Quiero infectarme” de Antonio Gutiérrez Blanco

Misa de hoy, viernes de la 5° semana de Cuaresma

San Clemente de Alejandría

Escuela de silencio*

Amigos, la oración contemplativa es una dimensión de la vida espiritual a la que todo cristiano está llamado, a ese “cara a cara” con el Señor, y sin lugar a dudas el silencio es un medio necesario y eficaz para lograrlo, pero, ¿qué silencio?  Es tan rica la acción del Espíritu que hay gran variedad de caminos, escuelas de espiritualidad, métodos y propuestas para rezar en el silencio, pero el ideal es que cada uno encuentre el suyo, su estilo. En este tiempo cuaresmal, tiempo de desierto y oración, queremos compartirles sobre uno en especial: “La Escuela del Silencio”. Para ello nos encontramos con Alexandra Arana, 65 años, casada con Hugo, tienen 4 hijos y 4 nietos, ella pertenece a la Fraternidad Laical Dominicana, y conversamos: Alexandra, ¿cuándo y cómo nació la Escuela del Silencio?

La Escuela del Silencio nació en España con José Moratiel, fraile Dominico, pero no tiene una fecha de inicio, tal vez sea porque fue algo que se fué dando y fué creciendo con el transcurrir del tiempo. Es que el silencio es patrimonio humano y existe desde siempre, desde que el ser humano comenzó a relacionarse con Dios, trasciende culturas y religiones. Lo que hizo Moratiel es darlo a conocer y al igual que Jesús, hizo de la oración de silencio algo sencillo, simple y lo sacó del claustro de los monasterios y lo sembró en el corazón de nuestra vida cotidiana.

¿Cuál fué tu primer encuentro con esta experiencia y qué le aportó a tu vida que hace que hoy estés tan comprometida con ella? El primer Encuentro de silencio que realicé fue en 2004, en Orense, España. Fueron 3 días de total silencio acompañados por Moratiel, pero la búsqueda de la oración de silencio comenzó mucho antes en mí. Lo que sí me aportó fue darle un nombre, encontrar una forma, un estilo concreto para poder vivirlo ¡al fin había encontrado lo que tanto buscaba! En cuanto a lo que aportó a mi vida fué en primer lugar un autoconocimiento, al quedarse en silencio cuando todo se va acallando comienza a emerger todo lo que somos, surge así la aceptación de lo que uno es y por último aprender a “olfatear” el rumbo, el camino, por dónde ir o por dónde no.

El camino del silencio es un andar sin brújula, sin mapa, se parece más bien a una aventura. En definitiva es caminar y vivir en la fe. Cuando uno descubre que el silencio es nuestro aliado, se “caen” todas las resistencias ante el Dios de la vida. en definitiva es una oración de total abandono…

Texto sugerido por el Hno. Jorge Pompeyano de la Frat. Monástica Virtual

Aquí el texto completo

Misa del Jueves de la 5° semana de Cuaresma

De dioses y hombres

Eucaristía del Miércoles 1° de Abril, 5° semana de Cuaresma

Desierto de los Anawim

Hermanas y hermanos, la próxima reunión virtual, será el día viernes próximo, 3 de abril, a las 20 horas de España, (Se adelantó una hora), 15 hs. de Argentina, 13 hs.de Colombia y 12 hs. de México central. Debes descargar en tu ordenador la aplicación “zoom” y hacer click en el siguiente enlace, que estará operativo 5 minutos antes.

Aquí para el enlace 

El papel de un cristiano

¿Cual sería, según tu punto de vista, el papel de un cristiano en la hora actual que atraviesa el mundo?


El papel del Cristiano en el mundo, independientemente de la época que este atraviese, siempre es y será buscar a Cristo y mantenerse lo más unido posible a Él. Según la época, las tinieblas adoptan distintas manifestaciones pero su realidad sigue siendo la misma. Solo la Luz de Dios puede disiparlas. El papel de los cristianos es mantener nuestras lámparas encendidas estando en comunión con Cristo y traer su Luz al mundo.

Pienso que en nuestra era actual la ausencia de una interpretación de la realidad en la que lo espiritual tenga cabida es el mayor de los males. Todo lo demás son síntomas consecuencia de la profunda desesperación que hay en el corazón del hombre a raíz de esto. El arte moderno, algunas absurdas reivindicaciones progresistas que revelan una profunda crisis de identidad de la humanidad a nivel global…, pero repito que el antídoto es siempre el mismo, unirnos lo más posible a Dios para traer su Luz al mundo y disipar las tinieblas; que en esta época se manifiestan así pero en otra época se manifestaron quizás en una moralidad puritana exacerbada no menos nociva.

La experiencia de Dios en el corazón del hombre es lo único que lo puede liberar de la oscuridad y solo hombres en comunión con Dios, unidos a la fuente de la vida, a la vid verdadera, regados por la sangre, la vida de Cristo, pueden traer, desde Cristo, esa Luz capaz de disipar las tinieblas en el corazón de sus hermanos, aún cautivos independientemente de cual sea la manifestación exterior, que esas tinieblas hayan adoptado según la época.

En cuanto a la vocación, nuestras obras exteriores siempre deben estar orientadas y deben llevarnos a una relación más intima con Cristo. No debemos forzarnos haciendo muchas buenas obras en lo exterior si estas nos apartan de su presencia. Las buenas obras que estén en armonía con la voluntad de Dios siempre fortalecerán nuestra relación con Él.  Se trasciende la dicotomía entre acción / oración cuando, en comunión con Cristo, recibimos nuestras obras exteriores desde Su Presencia en nuestro interior y nuestra vida pasa a ser Oración.

Mucho se ha hablado acerca de la vocación. En mi opinión hay una vocación que es la principal que es común a todos los Cristianos: La búsqueda de la unión con Cristo. Solo desde esa comunión, ya establecidos en nuestro centro, en el lugar de Su Presencia, roto el velo y abierto el Santo Sagrario en nuestro corazón, iluminado todo nuestro ser desde él  y llena toda nuestra casa de su Gloria, podremos recibir, desde Cristo, nuestra vocación. Una vez ubicados en este centro y recibiendo nuestras obras de Dios, no hay esfuerzo sino más bien asentimiento y permisión a Dios y el apostolado es involuntario y no nace de un esfuerzo personal sino que surge espontáneamente y es más efectivo porque nace desde Dios y da vida.

De otra forma solo proferimos palabras muertas sin capacidad transformante.  Una vez ubicados en este centro el bien se hace solo, no nace de nuestros esfuerzos sino que es Dios el que lo obra a través de nosotros. Pienso que el verdadero bien no es tanto fruto del esfuerzo sino que sucede espontáneamente. Intuyo que más ilumina al mundo el amor involuntario e irrefrenable de un matrimonio común que el esfuerzo cansado y sacrificado de las obras de caridad forzadas. Más bien le hace a alguien deprimido la amistad espontánea que surge sin querer que los esfuerzos voluntarios de alguien por ayudarle, aún movido por la misericordia. Así como las heridas cicatrizan y sanan sin nosotros hacer nada,  las flores crecen y la vida sucede, el verdadero bien sucede por sí mismo independiente de nuestro esfuerzo personal. Las espirales de la vida.

Intercambio epistolar entre dos hermanos de la Fraternidad monástica virtual

Eucaristía del Martes 31 de Marzo, 5° semana de Cuaresma

Pastoresgregis

Sinceridad y pureza

Mediante dos alas las personas se elevan sobre las limitaciones humanas: ellas son la sinceridad y la pureza. Sinceridad debe haber en la intención, pureza en los afectos. La sinceridad orienta hacia Dios, la pureza lo abraza y aprecia. Ninguna buena acción te obstaculizará si estás libre interiormente de afectos desordenados. Si nada intentas ni deseas fuera de la voluntad de Dios y la utilidad de tu prójimo, podrás gozar enteramente de la libertad interior. Si tu corazón fuese recto entonces toda la naturaleza sería para ti espejo de vida y libro de santa enseñanza. No existe ninguna criatura tan pequeña o tan vulgar que no represente de alguna manera la bondad de Dios.

Kempis” Imitación de Cristo” – Enviado por Gabriel de Sta. María

Eucaristía de hoy Domingo 29 de Marzo

9° Clase de Filocalía, 2° sobre Antonio El Grande

Pequeña Escuela de Oración

2° Clase de filocalía

Estimadas/os en Cristo Jesús, como hemos dicho, mientras dure el confinamiento en España y otros países, iremos publicando semanalmente, sin restricción, las clases del curso de Filocalía para contribuir en nuestra pequeña medida a la situación general. Solo mantenemos privados los comentarios e intercambios efectuados entre los alumnos regulares. Cualquier duda o aporte lo podéis realizar al final del post. Que Cristo os cuide.

Casiano, El Romano.

La continencia del estómago y el espíritu de fornicación.

Citas bíblicas recomendadas y Transcripción en Word

Eucaristía de hoy sábado 28 de marzo

Que domine en mí

Una oración de abandono

Paz y abandono en ti, Jesús. Verbo de Dios, Jesús, dame tu paz. Dame completo dominio de la cabeza y de los nervios, perfecta calma interior y exterior. Calma del espíritu, del corazón, de la imaginación, de los pensamientos y de los sentimientos. Dame esa plena seguridad, esa santa lentitud y placidez que es necesaria en los momentos difíciles, para colocar mi espíritu delante de Ti, en una atmósfera de suavidad. Dame algo de la extraordinaria impasibilidad que denota un alma completamente tranquila y feliz, porque en Ti, Jesús, todo sale bien, pues para los que aman a Dios, todo contribuye al bien.

Derrama tu paz sobre mí. Que domine en mí el sentimiento de que nada me oprime, ni las prisas ni el ansia de hacer cosas. El tiempo nunca está mejor empleado que cuando me ocupo en vivir según la voluntad de Dios. Que tenga presente que el buen pensar lleva a proyectos constructivos y creativos que Dios quiere. El mal pensar lleva a la tensión y a la angustia. Ayúdame para vivir serenamente. No intentando nada por sobre mis fuerzas físicas, psicológicas o espirituales ni agotarme queriendo meter en un día o en una hora el trabajo de dos.

Que domine en mí el sentimiento de que nada me ata, nada me obliga ni me coacciona, nada me tiene apegado ni me lleva como a un esclavo con la lengua afuera, a pesar quizá de las impresiones contrarias. Quisiera hacer todo despacio, por ejemplo, acostarme, levantarme, sentarme, comer; tener cuidado de hacer todo lo que haga con calma y lentamente. Prohíbe en mí expresamente el apresuramiento, que es imperfección, madre de muchas imperfecciones. Que domine en mi el sentimiento de que en la vida personal de cada día, tú Jesús, no me exiges un esfuerzo sobrehumano. El camino de perfección lo debo tomar a un ritmo constante, pero pacífico; sin angustias por soñar con una perfección excesiva. Tu me mandas ejercer mis cualidades, no las de un super genio que no soy.

Hago bastante, si hago lo que puedo, según la voluntad de Dios sobre mí. Que domine en mí el sentimiento de que en el trato con los demás, en el desempeño de mi trabajo, nada me preocupa porque estoy seguro de ti, de tu ayuda, de tu bondad. También estoy un poco seguro de la buena voluntad de los demás e incluso de la mía propia. El sentimiento de que tú favoreces aquellos a los que yo quiero y no puedo ayudar estará presente, Tú los consuelas en sus sufrimientos mejor que lo que yo mismo quisiera hacerlo.

Que domine en mí el sentimiento de abandono en tus manos y de una seguridad completa bajo las alas de tu providencia ya que Tú me guías y el futuro no debe preocuparme ni angustiarme en absoluto. Que domine en mí el sentimiento de que no me falta nada de cuanto pueda desear que me sea necesario y provechoso. Infunde en mí, el conocimiento de la riqueza que poseo en Tí. Y la tendencia a ver el lado bueno de las cosas y todo lo bueno que tengo gracias a Tí y no lo que me falta o echo de menos.

Que domine en mí la tendencia de ver todo lo que tengo que hacer no por el lado difícil y molesto sino por el lado atrayente, suave y consolador que procede de Ti, Jesús. Que domine en mí el sentimiento de que nada me preocupa salvo tu sagrada voluntad y de que no estoy apegado a nada, ni siquiera a la misma vida. Es decir el sentimiento de quién por amor a ti se hace indiferente a todo lo demás. Libre de toda atadura, libre de todo plan demasiado programado, de toda envidia, de toda obligación dañosa a la libertad de espíritu propia de un hijo tuyo. De toda preocupación excesiva, de todo deseo exagerado, de toda imperfección libre.

Que procure desear pocas cosas y que las que desee las desee poco y que lo que desee lo sea en Tu voluntad. Que domine en mí el sentimiento de la caridad más perfecta, cultivando la cortesía, la corrección, la amabilidad, evitando toda brusquedad de carácter, agresividad o aspereza. Que me sienta animado siempre a perdonar, a soportar olvidos, faltas de atención y actitudes hostiles. Que nunca pronuncie una palabra de crítica, de juicio; que tenga compasión de los afligidos de todas clases; la caridad más gratuita sin ningún provecho personal. Dice el salmo 41: Dichoso el que cuida al pobre y al desvalido, el Señor lo sostendrá en el lecho del dolor y calmará los dolores de su enfermedad.

Que domine en mí el sentimiento de la confianza en Ti, Jesús. Mi salvador.

Dice San Ignacio de Loyola: “Que esta sea la primera norma de actuar: Confiar en Dios porque el resultado depende solo de Él pero trabaja como si Dios no fuera a hacer nada y tuvieras tú que hacerlo todo”. No temas, te he redimido, te he llamado por tu nombre, eres mío. Cuando cruces el aluvión, yo estaré contigo, y la corriente no te ahogará. Cuando pases por el fuego no te quemarás y las llamas no te abrasarán. Porque yo El Señor soy tu Dios, tu salvador. Eres de gran precio a mis ojos, eres valioso y yo te amo. No temas que contigo estoy Yo. Amén.

Enviada por el Hno. Sergio Cardona de la Fraternidad Monástica Virtual

Aquí el audio con la oración completa

Eucaristía de hoy viernes 27 de marzo, 4° Semana de Cuaresma, oficiada por el Padre José, OP

Cristianismo original – II

Viene de un post anterior

¿Entonces, el problema parece ser que creemos que tenemos fe en la vida espiritual y posterior a la muerte pero que esa creencia es superficial?

En cierto modo sí, ese es un aspecto del problema. Difiere mucho una creencia de una experiencia. La creencia por sí sola puede ser superficial o profunda. Cuando la creencia involucra el corazón se transforma en la fe. La fe es un tipo de experiencia íntima que se va asentando en el corazón hasta llegar a hacerse certeza en el alma. La diferencia entre la creencia y la fe verdadera, es tan diferente como gustar de alguien y amar a alguien.

Cuando alguien te agrada manifiestas una adhesión a su modo de ser o de estar; cuando amas, te involucras hasta el punto de la entrega a la otra persona, en cierto modo te haces uno con el objeto de tu amor. ¿Y cómo llegas a amar a alguien que en principio solo te agrada o te atrae? Por el conocimiento. Sólo conociendo cada vez más a ella o a él es que el amor se manifiesta. Conocer es abrirse a la experiencia de ese otro y al abrirse se produce una fusión paulatina que es en definitiva lo que llamamos amor. Dejo de ser “yo”, de sentirme un ser separado para sentir que soy uno con aquél a quién amo.

Entonces, para llegar a la fe profunda, debo amar a Dios y para amarle necesito conocerle y para conocerle necesito abrirme a Él, a su influencia, a su acción constante y cotidiana. En suma, volvemos siempre a lo mismo: Es preciso acceder a la experiencia de la presencia de Dios en mi vida y en mi cotidiano, esa presencia me permite el conocimiento necesario que me lleva a amar, a entregarme sin limitación y sin temor.

¿Te has enamorado alguna vez? De eso se trata. La fe profunda implica una experiencia de absorción, de apertura y conocimiento del otro, que te lleva a dejarte a ti mismo y a fundirte con quién amas. Para enamorarte necesitas el trato, el diálogo, la mirada, el estarse juntos en el conocimiento mutuo. Por eso para enamorarse de Dios se necesita hacerse consciente de Su suave presencia, dejarse estar ante Él y permitir que nos abrace con el toque de Su gracia.

Estamos diciendo que para llegar a amar a Dios y por lo tanto para ser poseedor de una fe profunda (La casa construida sobre roca, Mateo 7, 21-29) hace falta ser conscientes de la presencia divina en todo y todas las cosas y que a ello se llega en la vida cotidiana. Dios está muy cerca, tan cerca que nos pasa desapercibido y solo basta descorrer el velo que los pensamientos ponen sobre Él, la divagación mental nos produce una ceguera espiritual…

Continúa

Eucaristía de hoy desde Valencia, España; en casa natalicia de San Vicente Ferrer

La consagración

Hermanas y hermanos, os agradecemos cualquier donación que podáis hacer, por mínima que sea, para el sostenimiento de los que participamos del equipo del blog y sus páginas subsidiarias. También haremos llegar una parte de vuestros aportes para colaborar con el Padre José y su labor apostólica. Aquí el enlace respectivo: Donaciones. Saludos fraternos en Cristo.

La pertenencia del corazón

– La oración de Jesús es un camino a lo esencial, una vía hacia el centro de uno mismo. ¿Porque será que sintiendo un deseo tan intenso, que hasta considero un llamado, me cuesta tanto permanecer en ella?

– Es la costumbre generada por una vida dispersa. Te has acostumbrado a estar de aquí para allá en el cuerpo y en la mente. El hábito de ser “viajantes” de los sentidos nos hace la cosa difícil por la inercia que implica. “Todo acto que se repite, acrecienta su tendencia a una nueva repetición”.

Esto lo comprendes fácilmente al examinar los vicios. Sucede que  mientras mas se fuma mas se quiere fumar por ejemplo, el período de saciedad se va acortando; mientras mas comes mas quieres comer. Lo bueno de esta especie de ley de la inercia, es que la puedes usar a favor para acostumbrarte a nuevos hábitos saludables para el cuerpo y el alma.

En el caso de la oración de Jesús, mientras más la repitas, mas fácil será a futuro acordarse de ella. Tiende a transformarla en la melodía constante que suaviza el fondo de tu mente y en el ritmo que te marca el paso en tus actividades.

Deja a un lado la preocupación por sus variaciones en ti. En algún momento será ferviente, en otro sin emoción que la acompañe, mas tarde se repetirá sin conciencia de ello; en otro momento la dirás agradecido por aquello bueno que has vivido, llegarás a decirla cada vez que te asalte la angustia…

No te vayas juzgando como buen o mal alumno respecto de la adquisición de la oración de Jesús. Es un don y un bien que no puede medirse. Muchas veces la puedes usar como calmante interior ante las variadas afrentas del mundo. Otras como una fuente que te da la fuerza necesaria para hacer con entusiasmo lo que emprendes.

Que la oración de Jesús sea como una bandera que se iza en tu alma al amanecer. Ella señala tu filiación, tu identidad profunda. Luego haces las cosas que el día reclama, pero la bandera queda allí, movida por la brisa de tu intención, señalando la pertenencia del corazón.

Texto propio del blog

Audio del texto con la voz de Carolina

Eucaristía del lunes 23 de Marzo oficiada por el Padre José

Respuesta de oración al Covid-19

Eucaristía de hoy

4° Domingo de Cuaresma

Haz click debajo para ir a la Eucaristía

Primera parteSegunda parte

Desde la Casa natalicia de San Vicente Ferrer, en Valencia, España – Oficiada por el Padre José A. miembro de la Orden de Predicadores y miembro de la Fraternidad Monástica Virtual

mayor conciencia

Más le busco, más lejos me encuentro y más fuerte se hace entonces esa soledad, que no es la común que en algunas ocasiones, tiempo atrás, he sentido.

Es una soledad que no te lleva a buscar a nadie en este mundo, está en lo profundo allí en donde ni sé yo que lugar es, y sólo la puedo identificar como un ansia de Dios que no se sacia y me hace llorar, (como en este momento), el solo pensarlo.

Es como si en mi propia existencia faltase algo, un algo vital cuya ausencia me produce un vacío, una pena, una nostalgia. Toda alegría, y soy muy alegre, queda en la periferia de mí, esa nostalgia o soledad de Dios ocupa todo mi interior. Y me preocupa...

Haz click aquí para el texto completo

Aquí el audio del texto con la voz de Carolina

Enlaces recomendados

Homilía del Padre José – 4° Domingo de Cuaresma – Ciclo A

Análisis del mundo moderno

Filocalía 2020

Hermanas/os en el amor a Cristo Jesús: A raíz de la situación general que es de público conocimiento, hemos decidido abrir cada semana una clase del curso de Filocalía, para hacer nuestra pequeña aportación a la situación de confinamiento de muchos de vosotros. Os enviamos un gran abrazo a todos, invocando siempre el Santo Nombre del Señor Jesús.

1° ClaseSíntesis del núcleo de las enseñanzas filocálicas

Muy estimadas/os en Cristo Jesús. Cualquier duda o pregunta, recordad que estamos a vuestra disposición por correo, whatsapp o a través de los comentarios en esta misma página. Un saludo fraterno, invocando a Jesús.

Aquí un texto sugerido:

El Poder del Nombre

Un enlace recomendado

De la era actual, el nihilismo y Jesucristo

Cristianismo original

Parte 1

Estimado hermano, ¿Qué me comentaría a propósito de la situación actual?

Bueno podrían decirse muchas cosas. Destaco sobre todo el hecho de que, aunque todos sabemos que en algún momento vamos a morir, ese conocimiento no está internalizado, no es una comprensión profunda. Es decir, intelectualmente lo sabemos, pero el corazón no lo asume. Y considero que esto nos sucede debido a que tampoco hemos comprendido nuestra verdadera naturaleza de Hijos de Dios. Se produce una clara contradicción entre lo que decimos que sabemos y lo que verdaderamente creemos.

Esto nos lleva, en mi opinión, a vivir como si fuéramos un mero cuerpo y la parte inmortal como dice Antonio el Grande, precisamente en Filocalía, permanece lejos de nuestra experiencia, como una simple creencia más declamativa que efectiva. Quiero decir, como una creencia que no trae consecuencias a nuestra vida. De allí que la muerte nos produce horror y que desesperemos ante la posibilidad. Estas situaciones nos muestran con claridad y sería bueno asumirlo para pedir la gracia que nos transforme, lo endeble de nuestra fe.

La fe es endeble cuando no está anclada o apoyada en la experiencia íntima de la presencia de Dios, viva y operante en nuestra vida. Porque no estamos hablando del dolor, cosa que es muy razonable que se trate de evitar, sino que escapamos tan desesperadamente de la posibilidad de morir, como si hubiera una creencia más de fondo que dijera: “En realidad no hay nada después que muere el cuerpo, desapareces de una vez y para siempre”. Entonces, cuando miramos la conducta social, de creyentes y no creyentes, vemos que en general se asemejan.

No estoy hablando de que no se deban tomar medidas protectivas como se están tomando o que uno debiera ser un irresponsable que anda por ahí expuesto al contagio y a contagiar a otros. Estoy hablando de la experiencia interna del espanto ante la posibilidad de morir. Por eso es tan distintivo el testimonio de los mártires o de algunos santos en la historia que afrontaban con verdadero valor o indiferencia la posibilidad de la muerte. ¿Cómo hacían semejante cosa? ¿Cómo es posible? Porque tenían una fe profunda cuyo fundamento era el conocimiento íntimo de la presencia del Creador providente.

Por eso, el cristianismo creció tanto en sus primeros siglos y soportó penurias y finalmente se extendió por el mundo, porque los cristianos de entonces, como comunidad, tenían más fresca la experiencia del Espíritu Santo luego de la vida de Jesús, como se narra por caso en el libro de los Hechos de los apóstoles. Luego siguió habiendo grandes espirituales y santos y mártires, pero no en la misma proporción. Como comunidad de creyentes, fuimos pasando de una comunidad imbuida del Espíritu Santo a una más declamativa y externalizada.

No me malentiendas; el cristianismo de todas las épocas, incluso el actual, muestra el ejemplo de muchos creyentes coherentes y santos que con su propia vida nos señalan el camino hacia el corazón de Cristo. Hablo de que como conjunto de creyentes hemos ido adoptando la fe externa de la religión del dinero o del consumismo o del hedonismo etc. Se nos ha ido apagando aquél fuego sagrado y muchas veces nos tornamos cristianos aparentes, como si esa palabra se hubiera desvinculado del discipulado de Cristo.

Este post continúa Dios mediante el lunes 23/3

Texto propio del blog

Enlaces recomendados

Hechos de Los Apóstoles

De Karol Wojtila en 1960 sobre San José

Abandonar el temor

Cuaresma 2020

El temor es la anticipación del mal.

Merced a la imaginación, anticipamos los posibles escenarios del acontecer futuro. Cuando este suponer se hace con signo negativo, engendra el temor. El temor en el cuerpo produce contracción, tensión diversa. En la mente ansiedad, inquietud, un clima de desasosiego que exacerba la previsión.

Esta forma de vivir temiendo, configurada en etapas de formación y debido a una equivocada forma de educación o a sucesos traumáticos que no se han podido reconciliar, proyecta también la imagen de un “Dios – Juez” en el cual la bondad y el amor quedan relegados…

Haz click aquí para el texto completo

Comunidad de oración – La respuesta de oración al Covid-19

la preocupación

La preocupación se alimenta de dos creencias que permanecen tras la bruma de la divagación mental y que por esto mismo suelen pasar inadvertidas. La una se manifiesta afirmando que las cosas dependen de lo que hagamos exclusivamente, como si tuviéramos el control de lo que ocurre. La otra creencia sostiene que si permanecemos en tensión, adheridos de ese modo al deseo de lo que pretendemos, aumentan las probabilidades de obtener lo que anhelamos.

Haz click aquí para ir al texto completo

Audio “La preocupación” del libro “La Oración de Jesús”

Espacio de intercambio

Cuaresma 2020

Estimadas hermanas y hermanos en el amor a Cristo Jesús.

¿Cómo estáis viviendo la situación que se ha generado a partir de la pandemia de Coronavirus? Lo preguntamos intentando generar un espacio para el intercambio de vivencias que pueda servir a todos los lectores. Nos referimos sobre todo a la experiencia interior del temor, de la fe, de la presencia divina en nuestras vidas, de la oración…

Como sabéis los comentarios pueden hacerse anónimamente o con seudónimo si así lo preferís. Cualquier aporte que hagáis o cualquier consulta puede resultar en beneficio de todos. Debajo les dejamos un vínculo a una comunidad de oración por este tema específico de la pandemia, que la hermana María Jesús, miembro de la Fraternidad, ha creado para converger en la plegaria. También os dejamos un texto que puede aportar que publicamos hace unos años. Un saludo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesús.

Comunidad de oración – La respuesta de oración al Covid-19

El temor y la presencia

El miedo y el temor

Cuaresma 2020

Hermanas y hermanos en el amor a Cristo Jesús.

En estos tiempos particularmente difíciles quiero aportar el recuerdo de una conversación que tuve hace muchos años ya con mi padre espiritual. Le preguntaba sobre el miedo y el temor en un contexto muy diferente pero creo que puede servir.

Me decía que el miedo es como un reflejo físico que actúa sin mediación mental, que es como un seguro del cuerpo para salvarse del peligro y en ese sentido no veía ningún problema con ello. Si nos ataca un animal salvaje o vemos que viene hacia nosotros un coche a gran velocidad, el cuerpo reacciona evitando el peligro con toda eficacia y recién después caemos en cuenta de lo sucedido. Se ponen en marcha toda una serie de cuestiones fisiológicas, necesarias para que el cuerpo se proteja.

En cambio, me decía, el temor es de naturaleza sicológica, es fruto de la imaginación. Y, si bien cumple a veces una función previsora, en general produce una tensión y sofocamiento del alma que no sirve a ningún fin bueno. El temor surge de la anticipación imaginativa del mal. Él enfatizaba que a veces el temor sirve al miedo en su función de preservación de la vida y otras es totalmente innecesario y dañino para la persona. Por ejemplo me digo, en base a lo que recuerdo de su enseñanza: Si evito salir a la calle en estos días para disminuir las posibilidades de contagio, ese temor sería una prevención fundada que no hace mal a nadie, evito salir de casa. Si, en cambio, permito a la mente imaginar mil situaciones posibles, acerca de lo que ocurriría si me enfermo o si se enferma tal o si esto o aquello, el temor ha dejado de cumplir su función y se torna en mi enemigo. Es allí, cuando debo recordar que me he salido de la oración. Poner el Nombre de Jesús en lugar de la imaginación. Le quito la atención a las imágenes que genera el temor y pongo mi atención en el surgimiento de la oración interior.

Me decía también, que el temor tiene su raíz en el deseo. En el deseo de que no ocurra esto o aquello, de que las cosas sean como yo quiero que sean. Nos olvidamos de que toda nuestra existencia y lo que hay en ella nos ha sido dado por Dios y este olvido nos lleva a creer que la existencia misma es nuestra propiedad, que nos pertenece. Este olvido, que nos lleva a dar la vida por sentada, también nos induce a creer que está en nuestras manos lo que ocurra, como si fuéramos capaces con nuestra acción, de cambiar la voluntad de Dios y su designio. ¿No es verdad?

Volvemos al siempre recurrente tema de la libertad humana y de la acción de la providencia. Debemos actuar lo mejor posible según nuestra percepción. Nos parece que cuidando nuestra higiene y permaneciendo en casa disminuimos las probabilidades de enfermar… está muy bien, así hay que hacerlo y cumpliendo también con lo que las leyes van señalando. Pero en nuestro corazón, cuando el temor se impone, debemos recordar que todo depende de Dios. Todo es para bien y conforme a su designio; el hecho de que uno a veces no entienda para que suceden algunas cosas, no quiere decir que carezcan de significado o que son una especie de “error de Dios”.

Debo actuar lo mejor posible en cada situación, sabiendo que lo que ocurra finalmente depende de una voluntad infinitamente mayor que la mía, que es la de Aquél que lo hizo todo. Miraba también hace un rato un mapa sobre cómo a raíz de esta pandemia era observable la disminución de la contaminación ambiental. ¿Será que aprenderemos algo acerca del consumismo desenfrenado en el que estamos inmersos como humanidad? También, esto de no poder salir, viene a llevarnos en cierto modo hacia adentro, al seno de nuestras familias, a estar menos volcados hacia afuera.

No deberíamos gastar el tiempo en seguir hipnotizados las noticias, en una especie de morbo que se retroalimenta de continuo. Eso hace crecer el temor y la imaginación temerosa. Recabar información una o dos veces al día bastará para estar al corriente. Volvamos nuestro rostro a Dios; es en estas situaciones donde solemos caer en cuenta, que más allá de nuestro aparente poderío como especie humana, siempre dependemos de Aquél que nos creó. De ese misterio tremendo, de ese amor sin límites que nos puso un día en esta pequeña esfera, tan bella como frágil. Y lo más misterioso resulta, que ese Ser infinito en ocasiones, nos habla en el corazón. Un saludo fraterno para todos invocando el Santo Nombre de Jesús.

La homilía del Padre José

Comunidad de oración a raíz de la Pandemia de Corona virus

El mejor esfuerzo

Ejercicios de Cuaresma 2020

La imagen pertenece a “La mirada contemplativa”

¿Estoy poniendo mi mejor esfuerzo en acostumbrar la mente a la oración de Jesús? Para ello debo antes descreer del valor de mis divagaciones.

¿Estoy poniendo en marcha alguna mínima ascesis corporal y material que me permita ir adquiriendo el control sobre mi cuerpo? Para ello debo considerar lo necesario y lo superfluo en mi vida.

¿He elegido una o dos actividades para ejercitarme en ese modo particular de hacer que veíamos tan emparentado con la plena atención y la devoción litúrgica? Debo actuar consciente de Su Presencia.

Estas preguntas no son para juzgarse sino para situarse. Al evaluar con verdad interior uno puede saber adónde debe aplicarse con mayor empeño.

de la carta  4 “La proporción necesaria”

Evangelio del día

El amor más grande

Ejercicio de Cuaresma 2020

No creo que haya nadie que necesite tanto de la ayuda y gracia de Dios como yo. A veces me siento impotente y débil. Creo que por eso Dios me utiliza. Puesto que no puedo fiarme de mis fuerzas, me fío de Él las veinticuatro horas del día. Y si el día tuviera más horas más necesitaría su ayuda y la gracia. Todos debemos aferrarnos de Dios a través de la oración. Mi secreto es muy sencillo: La oración. Mediante la oración me uno en el amor con Cristo. Comprendo que orarle es amarlo…

La gente está hambrienta de la palabra de Dios para que les dé paz, unidad y alegría. Pero no se puede dar lo que no se tiene, por lo que es necesario intensificar la vida de oración.

Sé sincero en tus oraciones. La sinceridad es humildad y ésta solo se consigue aceptando las humillaciones. Todo lo que se ha dicho y hemos leído sobre la humildad no es suficiente para enseñarnos la humildad. La humildad solo se aprende aceptando las humillaciones, a las que nos enfrentamos durante toda la vida. Y la mayor de ellas es saber que uno no es nada. Este conocimiento se adquiere cuando uno se enfrenta a Dios en la oración. Por lo general, una profunda y ferviente mirada a Cristo es la mejor oración: yo le miro y Él me mira. Y en el momento en que te encuentras con Él cara a cara adviertes sin poderlo evitar que no eres nada, que no tienes nada.

Comentario al Evangelio del día

Santa Teresa de Calcuta, fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad
El amor más grande, pág. 1 ss

El texto fue extraído de “Hozana”

El Nombre entre nosotros

Ejercicios de Cuaresma 2020

En consonancia con el Evangelio de hoy Lucas 6, 36-38 voy a intentar durante esta jornada, observar los juicios que constantemente realiza la mente sobre aquellos con los que me relaciono; Verificar de que modo tengo ya “etiquetada” a esa o esta persona de cierta manera y como esta “pre-disposición”, condiciona la relación.

No conozco el corazón de mi hermano, aunque esté convencido de que miro objetivamente su conducta. No conozco su momento espiritual íntimo, ni las condiciones en que se desarrolló y se despliega su vida, ni la cruz secreta que le toca cargar. En suma, no soy Dios, por lo cual he de tratar a los demás como a mí me gustaría que me traten y con la misericordia que pido para mí, cuando invoco al Señor.

El trato que dispenso a los demás, no puede depender del comportamiento de ellos hacia mí, sino de mi compromiso como discípulo de Cristo. Entonces, lo primero es ver, darme cuenta del juicio mental continuo que la mente lanza sobre las personas y los sucesos. Lo segundo, depositar en la voluntad de Dios todos mis pareceres y reemplazar la verborrea mental por el Nombre de Jesús. Dejo de juzgar a los hermanos, pruebo secreta y cálidamente de poner el Santo Nombre entre nosotros.

Evangelio del día

Hacia la pureza de corazón

Partir de donde estamos

Ejercicios de Cuaresma 2020

En relación al post: “La pérdida del propósito”

Muchas veces nuestra falta de perseverancia en los propósitos de enmienda tiene que ver con el tamaño de nuestras metas, con que aquello que nos proponemos no tiene proporción con la situación actual que atravesamos. Suele pasarnos que nuestro ego, siempre deseoso de grandezas, nos traza objetivos demasiado elevados o demasiado distantes de nuestro momento espiritual. Entonces, lógicamente, ante el previsible fracaso, caemos en el desánimo.

Conversando con Carolina días atrás, ella comentaba un ejemplo que me pareció muy atinado, me decía: “El GPS, para orientarnos en el camino, necesita siempre saber nuestra localización, detectar en dónde estamos, a partir de allí nos organiza el camino hacia el destino que pretendemos”. Con esas palabras o similares quería expresar la necesidad de atrevernos a ver nuestra situación real actual, sin disimular nuestras propias falencias o caídas, nuestras debilidades, a fin de poder dar el paso necesario. El paso que necesitamos dar para acercarnos a Dios precisa ser coherente con el momento en que nos encontramos. Parece una obviedad pero se nos pasa por alto con frecuencia.

Proponernos cambios simples, quizá pequeños para las aspiraciones de nuestro orgullo, puede ser un paso a paso que nos permita luego llegar a una conversión más profunda. Tal vez no sea ayunar hasta la tarde, sino sólo suprimir el dulce en el postre o comer una porción menor de aquello que tanto me gusta. Quizá no pueda dar de mi dinero a los necesitados porque estoy en situación muy justa, pero puedo tratar mejor a mi vecino o prestar más atención a esa persona que vive conmigo y que tanto necesita que la escuchen. Puede que me halle lejos de la conversión profunda a la que aspiro, aunque tal vez pueda regar el jardín un rato, repitiendo suavemente el Nombre de Jesús.

En cualquier situación que nos encontremos, rutinaria y sencilla o extraordinaria y difícil, atendamos al bien que podemos aportar a ella. Un saludo fraterno, invocando El Nombre de Jesús.

Homilía del Padre José – 2° Domingo de Cuaresma

Link recomendado:

¿Quién es la persona más feliz del mundo?

La epidemia del miedo

Sobre el Corona virus y el miedo a la muerte

Más que a la epidemia de coronavirus, debemos temer a la epidemia del miedo. Por mi parte, me niego a ceder al pánico colectivo y a someterme al principio de precaución que parece mover a las instituciones civiles.

Así que no tengo la intención de emitir instrucciones específicas para mi diócesis: ¿los cristianos dejarán de reunirse para rezar? ¿Renunciarán a tratar y a ayudar a sus semejantes? Aparte de las precauciones elementales que todos toman espontáneamente para no contaminar a otros cuando están enfermos, no resulta oportuno agregar más.

Deberíamos recordar que en situaciones mucho más serias, las de las grandes plagas, y cuando los medios sanitarios no eran los de hoy, las poblaciones cristianas se ilustraron con pasos de oración colectiva, así como por la ayuda a los enfermos, la asistencia a los moribundos y la sepultura de los fallecidos. En resumen, los discípulos de Cristo no se apartaron de Dios ni se escondieron de sus semejantes, sino todo lo contrario.

¿El pánico colectivo que estamos presenciando hoy no revela nuestra relación distorsionada con la realidad de la muerte? ¿No manifiesta la ansiedad que provoca la pérdida de Dios? Queremos ocultarnos que somos mortales y, al estar cerrados a la dimensión espiritual de nuestro ser, perdemos terreno. Disponiendo de técnicas cada vez más sofisticadas y más eficientes, pretendemos dominarlo todo y nos ocultamos que no somos los señores de la vida.

De paso, tengamos en cuenta que la coincidencia de esta epidemia con los debates sobre las leyes de bioética nos recuerda oportunamente nuestra fragilidad humana. Esta crisis global tiene al menos la ventaja de recordarnos que vivimos en una casa común, que todos somos vulnerables e interdependientes, y que es más urgente cooperar que cerrar nuestras fronteras.

Además, parece que todos hemos perdido la cabeza. En cualquier caso, vivimos en la mentira. ¿Por qué de repente enfocamos nuestra atención sólo en el coronavirus? ¿Por qué ocultarnos que cada año en Francia, la banal gripe estacional afecta a entre 2 y 6 millones de personas y causa alrededor de 8000 muertes? También parece que hemos eliminado de nuestra memoria colectiva el hecho de que el alcohol es responsable de 41000 muertes por año, y que se estima en 73000 las provocadas por el tabaco.

Lejos de mí, entonces, la idea de prescribir el cierre de iglesias, la supresión de misas, el abandono del gesto de paz durante la Eucaristía, la imposición de este o aquel modo de comunión considerado más higiénico (dicho esto, cada uno podrá hacer como quiera), porque una iglesia no es un lugar de riesgo, sino un lugar de salvación. Es un espacio donde acogemos al que es Vida, Jesucristo, y donde, a través de Él, con Él y en Él, aprendemos juntos a vivir. Una iglesia debe seguir siendo lo que es: un lugar de esperanza.

¿Deberíamos calafatear nuestras casas? ¿Deberíamos saquear el supermercado del barrio y acumular reservas para prepararnos para un asedio? ¡No! Porque un cristiano no teme a la muerte. Es consciente de que es mortal, pero sabe en quién ha puesto su confianza. Él cree en Jesús, que le afirma: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá para siempre”(Juan 11, 25-26). Él se sabe habitado y animado por “el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos” (Romanos 8:11).

Además, un cristiano no se pertenece a sí mismo, su vida debe ofrecerse, porque sigue a Jesús, quien enseña: “El que quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y el Evangelio, la salvará ”(Marcos 8:35). Ciertamente, no se expone indebidamente, pero tampoco trata de preservarse. Siguiendo a su Maestro y Señor crucificado, el cristiano aprende a entregarse generosamente al servicio de sus hermanos más frágiles, con miras a la vida eterna.

Entonces, no cedamos ante la epidemia de miedo. No seamos muertos vivientes. Como diría el Papa Francisco: ¡no os dejéis robar la esperanza!

+ Pascal Roland, Obispo de Belley-Ars (Francia)

Enviado al blog por Hermano Gabriel de Santa María

Hermanas/os, cualquier comentario será bienvenido para intercambiar opiniones sobre este tema que suscita controversia

7° Clase del curso de Filocalía sobre “La custodia del intelecto”



La pérdida del propósito

Ejercicios de Cuaresma 2020

Año tras año empieza la Cuaresma y se habla de conversión, de purificación, de prepararnos para recibir a Cristo en nosotros, de resucitar con Él en la Pascua… me ilusiono y nace como una devoción o un deseo de cambio, de mejoramiento. Pero con el paso de los días todo eso se va apagando y pierdo los propósitos de enmienda. Llega la Pascua y de nuevo algo quiere resucitar en mí, una alegría de ser cristiana y nuevamente al poco tiempo vuelvo a mirar el mundo a través de un lente opaco, la rutina me adormece y vivo en una sorda letanía de quejas y fastidio, enojada conmigo misma por ser así, tan poco consecuente y me siento tan mal que ni rezar puedo muchas veces. Hace tanto que me pasa esto que pierdo la fe, no en Dios sino en mi misma. No me siento una gran pecadora pero me siento tan poco cristiana o tan mediocre en mi vida religiosa. ¿Pueden decirme algo? “.

Hermanas y hermanos en Cristo Jesús: Quien lo desee puede aportar un comentario a esta inquietud. Aportar nuestra propia experiencia o parecer, puede servir a todos y como suele pasar cuando contestamos alguna consulta, a nosotros mismos. Un saludo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesús.

Aquí tres enlaces:

Encuesta para alumnos de Filocalía

Tres formas de afrontar una crisis

Evangelio del día

Revístanse del amor

Ejercicios de Cuaresma 2020

Me siento en la tranquilidad de mi cuarto. Intento tranquilizarme, dejo que se alejen de mi mente las preocupaciones residuales que se han formado debido a las actividades del día. Respiro suavemente buscando relajar las tensiones que han quedado en mi cuerpo como resultado de las preocupaciones; el saldo de las oscilaciones de mi fe.

Llevo mi atención hacia el deseo que tengo de unión con Dios, mi anhelo profundo de cobijo, de entendimiento, de paz profunda y comunión con Su designio. Invoco el Santo Nombre de Jesús calmadamente, una y otra vez. Sin prisa y sin pausa y luego de unos momentos me pregunto: ¿Que debo cambiar por sobre todas las cosas para permitir la conversión de mi vida?

Recorro con el ojo interno del alma todos los ámbitos en los que se desenvuelve mi acción. La familia, el trabajo, las amistades, la Iglesia, mi relación con Dios a través de la oración, el estudio y aquellas otras varias actividades… ¿Que sería una conversión profunda? No un cambio de maquillaje, de mampostería, sino una verdadera transformación del corazón, que modifique mi mirada, mi sentimiento y mi conducta. ¿Cuál es ese factor que de modificarse lo transformaría todo? En silencio y en el secreto de mi alma surge la respuesta. Y la pongo ante los ojos de Jesús, del amado de mi vida. Pido con la mayor humildad de que soy capaz la gracia de la conversión profunda del corazón. Eso que quiero dejar atrás para siempre…

(Colosenses 3, 9 – 14)

“Tampoco se engañen los unos a los otros. Porque ustedes se despojaron del hombre viejo y de sus obras y se revistieron del hombre nuevo, aquel que avanza hacia el conocimiento perfecto, renovándose constantemente según la imagen de su Creador. Por eso, ya no hay pagano ni judío, circunciso ni incircunciso, bárbaro ni extranjero, esclavo ni hombre libre, sino sólo Cristo, que es todo y está en todos. Como elegidos de Dios, sus santos y amados, revístanse de sentimientos de profunda compasión. Practiquen la benevolencia, la humildad, la dulzura, la paciencia. Sopórtense los unos a los otros, y perdónense mutuamente siempre que alguien tenga motivo de queja contra otro. El Señor los ha perdonado: hagan ustedes lo mismo. Sobre todo, revístanse del amor, que es el vínculo de la perfección.

La oración llama, el ayuno intercede, la misericordia recibe

El ayuno que prefiere Dios

Evangelio de hoy

La fuga cotidiana

Ejercicios de Cuaresma 2020

Buenas noches, agradezco a Dios estos ejercicios de Cuaresma. Dios los bendiga. En Cuaresma el ayuno me cuesta, es increíble cómo se repite ésta situación cada año. Me determino a vivir la Cuaresma y en esto soy débil, quizás lo intento y lo logro a la mañana y durante la tarde no puedo. Bendecido descanso para todos. (Guaita María de Los Ángeles)

A todos nos cuesta hermana. Nuestras debilidades y dependencias se nos hacen evidentes cuando intentamos modificar los hábitos y es muy notable en lo alimentario. A veces es mejor empezar de a poco, suprimiendo esto o aquello en la comida, conscientes de nuestra debilidad y no pretender demasiado. Lo progresivo puede ser luego ocasión de un hábito nuevo más estable.

Una cosa que ayuda mucho y que practicaba un hermano muy querido por nosotros: Unir el ayuno a la limosna. De tal manera era sistemático, que aquello de lo que se privaba en el día lo acercaba a una familia cercana al convento al atardecer, antes de la misa. Al avanzar la cuaresma, otros hermanos se sumaban y lo asistían. Aquel “pequeño” gesto se transformó luego en un comedor permanente (Se sirve una merienda) en una dependencia cercana al monasterio y se continúa hoy durante el año ya con toda una organización y asistencia laical. Esto puede ayudarnos a encontrar más fuerza.

El ayuno, tiene varios sentidos y está cargado de significado, como iremos viendo a través de escritos, homilías y testimonios en toda la historia cristiana. Uno de ellos es hacernos conscientes de nuestra esencia espiritual, capaz de imponerse sobre lo corporal. Aprendemos que los impulsos automáticos del cuerpo no son superiores ni más fuertes que las inspiraciones que la gracia habla en nuestro corazón. Todo avance por pequeño que sea nos va entrenando y convenciendo de esta realidad. Un saludo fraterno en Cristo Jesús.

Aquí debajo el audio de Carolina

Y aquí el texto sobre “La fuga cotidiana”

La avidez

Evangeli.net

Anestesia general

Ejercicios de Cuaresma 2020

Ayuno del cuerpo y ayuno de la mente… el ayuno es un cierto vaciarse. Sucede que cuando no sentimos a Dios con nosotros, cuando nos parece estar separados de Él por no percibir la divina presencia en el cotidiano, vivimos en estado de carencia. Esta carencia se manifiesta como angustia, tristeza, preocupación, ansiedad o inquietud en general. Puede mostrarse también como temor, fastidio o aburrimiento, también como una sensación de “sin sentido” en el transcurrir.

La comida viene a ser el “anestésico” general más a mano. Comer, saborear y hasta digerir, nos proveen de una saciedad que viene a sustituir, por un corto tiempo, la plenitud que siempre anhelamos y que nos cuesta encontrar. En el plano de la mente, la actividad de atender a los pensamientos que vienen y van sin detenerse nunca, viene a ser la “comida” mental. Estar en los pensamientos nos saca del instante y nos torna ausentes de nosotros mismos, de los demás y de lo sagrado que permanece como fondo de la existencia.

La comida y los pensamientos son las drogas adictivas de uso más extendido y arraigado en todo el mundo. La particular astucia de estas “sustancias” es que no pasan como tales, no se identifican como drogas alienantes que favorecen la fuga hacia la nada. Son opioides aceptados e inadvertidos. Por supuesto que no hablamos de la alimentación necesaria ni de los pensamientos funcionales a la actividad presente; sino de aquella ingesta y divagación distractiva que nos adormece y nos hace extraños al ahora. En ese ahora está Dios presente envolviendo de luz el mundo y están los demás, hijos de Dios como nosotros, a quienes damos por sentados y solemos desatender o ignorar sino sirven a nuestros intereses.

Quizá podamos hoy comer un poco menos de aquello que tanto nos gusta y divagar un poco menos en aquel ensueño que tanto nos atrae. Probemos con humildad y sabiendo nuestra debilidad, de poner el Nombre de Jesús como reemplazo de aquello que suprimimos. Pidamos liberarnos de tantas adicciones que nos ausentan de Su amor siempre presente en innumerables formas.

Tres sitios para seguir el Evangelio del día

Evangelio del día

Evangelio de hoy

Hozana

Ejercicios de Cuaresma 2020

Estimadas/os en Cristo Jesús: Con todo gusto iniciamos hoy los ejercicios de Cuaresma 2020, buscando entre todos la purificación necesaria del alma, para acercarnos a la pureza del corazón, ese estado de gracia que nos permite compartir la resurrección de Cristo y convertir nuestra vida de manera radical. ¡Qué lejos estamos de ser verdaderos discípulos de Jesús! Y, sin embargo, si nos dejamos actuar por Él, estamos tan cerca…

Dios mediante, cada día postearemos un texto, un audio o un vídeo y será a través de vuestra participación en los comentarios como iremos entre todos preguntando y respondiendo para aclarar nuestras dudas y despejar el camino. Que la oración de Jesús nos unifique en el mismo amor.

El texto que algunos de ustedes conocen “Tres cuentas y un collar” nos permite establecer tres criterios firmes para evaluar nuestro caminar en dirección a la Pascua. En los tres próximos días abordaremos el significado interior del ayuno, de la oración y la limosna para una verdadera conversión. Un saludo fraterno para todos.

Aquí debajo el audio de Carolina

La imagen del post fue extraída de infoans.org

Texto del audio (Tres cuentas y un collar)

Texto sobre el ayuno y la oración

¿Cómo vivían los primeros cristianos la cuaresma?

Retiro del Peregrino – 2° día

Teoría y Práctica

Os agradecemos cualquier donación que podáis hacer, por mínima que sea, ya que de ese modo podemos dedicar cada vez más tiempo a esta labor que hacemos con mucho gusto. Aquí la página a tal efecto: Donaciones

Aquí el Evangelio del día

Retiro del Peregrino – 1° Día

Teoría y Práctica

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Evangelio de hoy 27 de Febrero – Mateo 9, 14 – 15

14 Entonces se acercaron los discípulos de Juan y le dijeron: «¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?».

15 Jesús les respondió: «¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.

El retiro del Peregrino Ruso

Estimadas/os en el amor a Jesucristo. Antes de iniciar los ejercicios propios de Cuaresma, habilitaremos para todos, los vídeos expositivos del retiro del Peregrino Ruso, que realizáramos los días 2, 3 y 4 de diciembre de 2019. Aunque en aquella ocasión también hubo encuentros virtuales que ayudaban a intercambiar sobre los temas, creemos que puede servir igualmente para ustedes seguir la parte teórica y práctica de dicho retiro. Si lo desean pueden compartir y participar a través de los comentarios. El día lunes iniciaremos los ejercicios específicos de la Cuaresma mediante audios y ocasionalmente videos. Entre todos podemos apoyarnos en este tiempo de purificación, reflexión y conversión profunda. Saludos Fraternos invocando el Santo Nombre de Jesús.

Os agradecemos cualquier donación que podáis hacer, por mínima que sea, ya que de ese modo podemos dedicar cada vez más tiempo a esta labor que hacemos con mucho gusto. Aquí la página a tal efecto: Donaciones

Blogs del día:

Munaysonqo

Evangelio del Día

Seamos parte del misterio

Estimadas hermanas y hermanos en el amor a Cristo Jesús: En este tiempo de reflexión, purificación y conversión que hoy iniciamos litúrgicamente, os proponemos recorrer juntos estos días hacia el misterio supremo de nuestra fe, el significado profundo de la muerte y de la resurrección; que no son parte del pasado sino que se actualizan en nosotros si nos abrimos a la acción de la gracia, ese factor imprescindible para una conversión de vida. Os dejamos aquí cuatro textos breves, mensajes de cuaresma de diferentes años, de cuatro pontífices diferentes. Encontramos en ellos mucho material para aprovechar en estos días de Cuaresma.

Volver al misterio con la mente y el corazón

La fe como respuesta

Despojarse de sí mismo

Ruptura con el apego

Como siempre, agradecemos vuestros comentarios, aportes, reflexiones y consultas. Apoyarse, sostenerse, alentarse mutuamente es hoy más necesario que nunca, en un mundo que parece ir cada vez más rápido hacia una exterioridad vacía en lugar de hacia una interioridad plena. Ese mundo lo hacemos nosotros, somos partícipes de lo que ocurre. Anclados en el Santo Nombre de Jesús, permitamos la expresión de los talentos que nos han sido dados en favor de una nueva humanidad. Un saludo fraterno a todos.

La imagen del post es de “La mirada contemplativa”

El velo de las pasiones

Fragmento de “Espiritualidad en Filocalía”, de Javier Melloni

… El punto de partida es la oscuridad y la ignorancia. Una ignorancia muy diferente de la que se encontrará al término del camino. Porque la ignorancia de los inicios está envuelta en tinieblas, mientras que la otra, la sublime Ignorancia del término, está envuelta en luz, en una deslumbrante Luz divina, tal como veremos.

La ignorancia del comienzo no es accidental, sino que es un estado en que se encuentra el mundo tras la Caída Original. Para los Padres filocálicos, esta Caída no es una hipótesis teológica, sino un dato de la experiencia. Sin embargo, ese estado «caído» de nuestra naturaleza, ese nuestro estado de pecado, separados de Dios, sólo se puede descubrir precisamente a partir de la experiencia de Dios. Percibir esta separación u opacidad inicial no es evidente por sí mismo, porque estamos sumergidos en las tinieblas, que nos impiden tomar conciencia de ello. Sólo cuando el hombre tiene la experiencia de la Luz de Dios, puede descubrir cuál es su origen y a qué destino está llamado: creado a imagen y semejanza de Dios (Gn 2,26-27), está destinado a restaurar esa imagen y semejanza y a convertirse en Dios por adopción, hijo en el Hijo de Dios.

Dos obstáculos se interponen a este destino: el velo de las pasiones y la espesura de una carne que debe ser liberada, transformada. Las pasiones son una carga pesada que retiene al hombre en los bajos fondos y le impide ver a Dios y verse a sí mismo. Las pasiones habitan la carne, pero la carne es otra realidad distinta de las pasiones. La carne, como el mundo, no es mala por sí misma, sino que está llamada a transfigurarse ya en esta vida, a participar de la irradiación del Cuerpo resucitado de Cristo. El mal está sólo en las pasiones, que retienen a la carne en su tiranía:
«A causa de la pasión por el dinero, de la vanagloria y del placer, es por lo que hemos recibido la orden de no amar al mundo ni nada de lo que hay en el mundo; no para odiar sin discernimiento a las criaturas de Dios, sino para extirpar de raíz las causas de estas tres pasiones», dice Marcos el Asceta con toda claridad.

El alma que está atrapada por sus pasiones «no siente sus heridas y, llevada por un gran vicio y un endurecimiento sin medida, es incapaz de ver el gran mal que hay en ella». Este endurecimiento de corazón es lo que Jesús tantas veces había deplorado en los escribas y fariseos, incapaces de reconocer sus propias faltas, incapaces de percibir la viga que hacía de pantalla en sus propios ojos (Lc 6,42).
Los Padres difieren a la hora de identificar la raíz última de este endurecimiento de corazón, de esta tiniebla que hay en el hombre. Tres son las causas que aparecen a lo largo de sus escritos: la avidez de placeres, el amor de sí mismo y el orgullo. Aquí trataremos de mostrar que, a pesar de sus acentos diferentes, se trata de una misma y única causa, que se desplaza, de la zona más exterior del hombre (el cuerpo y su avidez de placeres), a la zona más profunda (el corazón endurecido por el orgullo), a causa de la absolutización de uno mismo.

Lo importante es percibir la unidad que constituye al ser humano y, a la vez, tratar de descubrir las conexiones de las pasiones (y de las virtudes) con sus diferentes partes. No se trata de separar ni desmembrar la naturaleza humana, sino de distinguir las causas de sus males, para sanarlas, y descubrir las fuentes de sus virtudes, para abrirlas y permitir que fluyan todas sus potencialidades. Tal es la sabiduría de los Padres: son médicos del género humano, perspicaces observadores de ese misterio que somos nosotros para nosotros mismos. …

Fragmento de “Espiritualidad en Filocalía, de Javier Melloni

Hermanas/os en Cristo Jesús: Podéis sumaros al curso de Filocalía en cualquier momento del año ya que se lleva adelante por módulos mensuales no correlativos sino abordando escritos de diferentes monjes.

Texto preparatorio al cursoInfo sobre el curso

bloghesiquia@gmail.com

La respuesta que damos II

Viene del post anterior

¿Pero cómo llegar a construir ese lugar o cómo acceder a él?

No es labor de un día, pero tampoco tiene porque ser muy lenta. La clave es aprender a fundarse en lo permanente y no en lo transitorio. Estar muy atento para descubrir en que cosa estoy fundando mi bienestar. Es preciso acostumbrarnos e ir haciendo real en nuestra vida, lo que afirma nuestra fe. Dice el salmista:

“Yo te amo, Señor, mi fuerza, Señor, mi roca, mi fortaleza y mi libertador, mi Dios, el peñasco en que me refugio, mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte…” (Sal. 18, 2-3)  

Es preciso darnos cuenta de aquello en lo que nos apoyamos cotidianamente. Quizás en la compra de aquel objeto, en lograr aquel reconocimiento, en poder encontrar tal persona, en modificar aquello otro de la casa… No podemos anclarnos en lo que es mudable, transitorio y perecedero. Ninguna situación humana puede darnos la felicidad que anhelamos porque todo lo nuestro tiene la característica de lo variable y lo finito.

Puede ser desagradable escuchar estas cosas. Sobre todo si uno está afirmado en una situación particular. No se trata de desechar lo bueno y valioso de nuestra vida, sino de no poner la base en alguna cuestión particular, que al modificarse, nos deje debilitados. Cualquier alegría de la existencia ha surgido porque antes nos ha sido dada la vida. Esta existencia es el verdadero don y la conciencia de ese existir nos señala en dirección al Creador, al Padre de todo lo que hay.

Tus manos me hicieron y me formaron; instrúyeme, para que aprenda tus mandamientos” (Sal. 119, 73)

Y esta existencia tiene un sentido en función del cual hay que orientar las acciones. Un aspecto importante de ese sentido y significado de la vida, tiene que ver con eso de las respuestas que se dan a los acontecimientos y del papel que uno intenta cumplir, favoreciendo la elevación de todo aquello en lo que participamos.

Continúa en un próximo post

La imagen que encabeza el post fue agregada con permiso del blog “La mirada contemplativa

La respuesta que damos

Diariamente vivimos distintos acontecimientos. Situaciones se van resolviendo y generando de continuo en los diferentes ámbitos en los cuáles desplegamos nuestra intención. Estos aconteceres son de diversa índole y algunos de ellos vienen portando un signo negativo. Son sucesos desdichados o desagradables; pueden ser encontronazos, desajustes, simples desacuerdos y hasta malos entendidos. A veces se trata del fracaso de un proyecto, de una desilusión o de sufrir una injusticia.

Hay algo de suma importancia: la respuesta que demos ante estas circunstancias.

Hay que tratar de que la propia reacción sea siempre superadora en relación a lo recibido. Debo tratar de devolver el bien ante el mal. Por cierto no es más que la enseñanza de Cristo transmitida en el evangelio, lo estamos diciendo con otras palabras, pero es lo mismo. Nos hace falta escuchar lo mismo una y otra vez y de distinto modo, hasta que ocurre que eso que escuchamos llega en nuestro momento correcto y nos sentimos más dispuestos a aplicarlo.

Es como si nos dispusieramos a ser transformadores, un factor transformador. Que todo aquello que entre en nuestro campo de influencia se vea mejorado a través de nuestra actitud. Pero claro, para ello es necesario que uno permanezca situado en un lugar interior que se encuentre al abrigo de las contingencias y de la variabilidad y de toda oscuridad. Vivir desde la celda interior y desde allí dar las respuestas a lo que va aconteciendo.

¿Pero cómo llegar a construir ese lugar o cómo acceder a él?

Sigue en el próximo post

La imagen del Post fue extraída de La mirada contemplativa

El padre Sergio

Hermanas y hermanos en Cristo Jesús: Os dejamos aquí el texto de un cuento de León Tolstoi, muy relacionado con La Oración de Jesús y las vicisitudes de la vida espiritual. No es un cuento breve, pero creemos que será de utilidad. Cualquier intercambio sobre el mismo será bienvenido. La imagen es un óleo que retrata al escritor de N. Gue. Un abrazo fraterno a todos invocando el Santo Nombre de Jesús.

Cuento completo de León Tolstoi

I

Alrededor del año 1840, en Petersburgo, tuvo lugar un suceso que sorprendió a cuantos de él tuvieron noticias: un oficial de coraceros del regimiento imperial, guapo joven de aristocrática familia en quien todo el mundo veía al futuro ayudante de campo del emperador Nicolás I y a quien todos auguraban una brillantísima carrera, un mes antes de su enlace matrimonial con una hermosa dama tenida en mucha estima por la emperatriz, solicitó ser relevado de sus funciones, rompió su compromiso de matrimonio, cedió sus propiedades, no muy extensas, a una hermana suya, y se retiró a un monasterio, decidido a hacerse monje. El suceso pareció insólito e inexplicable a las personas que desconocían las causas internas que lo provocaron; para el joven aristócrata, Stepán Kasatski, su modo de proceder fue tan natural, que ni siquiera cabía en su imaginación el que hubiera podido obrar de manera distinta.

Stepán Kasatski tenía doce años cuando murió su padre, coronel de la Guardia, retirado, quien dispuso en su testamento que si él faltaba no se retuviera al hijo en su casa, sino que se le hiciera ingresar en el Cuerpo de cadetes. Por doloroso que a la madre le resultara separarse de su hijo, no se atrevió a infringir la voluntad de su difunto esposo, y Stepán entró en el cuerpo indicado. La viuda, empero, decidió trasladarse a Petersburgo junto con su hija Várvara a fin de vivir en la misma ciudad que su hijo y poder tenerlo consigo los días de fiesta.

El muchacho se distinguió por sus brillantes dotes y por su enorme amor propio. Fue el primero en ciencias, sobre todo en matemáticas, por las que sentía notoria preferencia, en instrucción militar y equitación. A pesar de su excesiva estatura, era un joven apuesto y ágil. También por su conducta habría sido un cadete modelo de haber dominado sus arrebatos de ira. No bebía, no llevaba una vida licenciosa y era muy sincero. Lo único que le impedía ser ejemplarmente irreprochable eran sus estallidos de cólera, durante los cuales perdía el dominio de sí mismo y se convertía en una fiera. Un día estuvo a punto de echar por la ventana a un cadete a quien se le había ocurrido burlarse de su colección de minerales. Otra vez por poco se hunde irremisiblemente: arrojó un plato lleno de chuletas a un oficial veedor de la Escuela, y, según dicen, lo abofeteó por haberse retractado éste de sus palabras y haber mentido insolentemente. Sin duda lo habrían degradado si el director no hubiera echado tierra al asunto y no hubiera despedido al veedor.

A los dieciocho años lo destinaron al aristocrático regimiento de la Guardia. El emperador Nikolái Pávlovich había conocido a Stepán Kasatski en la Escuela de cadetes, y después, en el regimiento, siguió haciéndolo objeto de su distinción, por lo cual se pronosticaba que Kasatski sería el ayudante de campo del soberano. Kasatski lo esperaba con toda el alma y no sólo por amor propio, sino ante todo porque desde sus años de cadete quería profundamente, con auténtica pasión, a Nikolái Pávlovich. Cada vez que el emperador visitaba la Escuela -lo cual ocurría con frecuencia-, entraba con paso marcial, alto, vistiendo uniforme militar, abombado el pecho, curva la nariz sobre el bigote, cuidadosamente recortadas las patillas, y saludaba con potente voz a los cadetes, Kasatski sentía la exaltación del enamorado, como la experimentó más tarde al encontrar el objeto de su amor. Pero el entusiasmo que sentía por Nikolái Pávlovich era aún más fuerte: habría querido mostrarle que su fidelidad no tenía límites, habría querido sacrificar algo por él incluso su vida. Nikolái Pávlovich sabía que despertaba semejante fervor y lo estimulaba conscientemente. Participaba en los juegos de los cadetes, alternaba con ellos, los trataba ora con infantil sencillez, ora amistosamente o con solemne majestuosidad. Después del último incidente de Kasatski con el oficial, Nikolái Pávlovich nada dijo al cadete, pero cuando éste se le quiso acercar, lo apartó con un gesto teatral y, frunciendo el seño, lo amenazó con el dedo. Al marcharse dijo:

-No olvides que lo sé todo, pero algunas cosas no quiero saberlas. Sin embargo están aquí.

Y señaló el corazón.

Cuando los cadetes terminaron la Escuela y se presentaron ante el emperador, Nikolái Pávlovich ya no hizo alusión al incidente y dijo, como siempre, que todos ellos podían dirigírsele en persona, que debían servirle fielmente, a él y a la patria, y que siempre seguiría siendo para ellos su mejor amigo. Todos se sintieron emocionados, y Kasatski lloró y se juró entregarse en cuerpo y alma al servicio del adorado zar.

Cuando se incorporó al regimiento, su madre se trasladó a Moscú, acompañada de su hija, y luego a la aldea. Kasatski cedió a su hermana la mitad de su herencia. Con la parte que le quedó estaba en condiciones de hacerle frente a las necesidades que imponía servir en un regimiento de tanto rango como el suyo.

Aparentemente, Kasatski era como cualquier otro oficial del regimiento de la Guardia dispuesto a hacer una brillante carrera; pero en su interior se verificaba un complicado y duro trabajo que dio comienzo, por lo visto, en su propia infancia y tomó formas muy diversas, aunque la esencia era siempre la misma: alcanzar la perfección y el éxito en todas las ocupaciones que requerían su concurso hasta ganarse el aplauso y la admiración de las gentes. Cuando se trató del estudio y de las ciencias, trabajó de firme hasta que lo encomiaron y lo presentaron como ejemplo a los demás. Alcanzando un objetivo, se lanzaba a la consecución de otro. Obteniendo el primer puesto en el estudio, y hallándose todavía en la Escuela de cadetes, creyó notar que hablaba el francés con poca soltura y trabajó hasta dominar este idioma tan perfectamente como el ruso. Más tarde se aficionó al ajedrez, y antes de salir de la Escuela logró jugar magistralmente.

Aparte del objetivo fundamental de su vida, que consistía en servir al zar y a la patria, Kasatski siempre se proponía alcanzar algún otro fin. Por insignificante que éste fuera, se entregaba plenamente a su consecución y hasta haberlo conseguido no vivía para otra cosa. Pero, una vez ganada esta meta, un nuevo fin surgía en su conciencia ocupando el lugar del anterior. Este afán de distinguirse y lograrlo entregándose a la consecución de algún objetivo, llenaban por entero su vida. Cuando ingresó en el regimiento se propuso ser un modelo de perfección en el cumplimiento de sus obligaciones, y al poco tiempo llegó a ser un oficial ejemplar pese a sus arranques de cólera, defecto que también en el regimiento lo llevó a realizar actos reprobables y perjudiciales para el buen éxito de su carrera. Más tarde, conversando con personas de la alta sociedad, entendió que su formación general cojeaba en algunos aspectos, y decidió acabar con ello, lo que logró estudiando tenazmente. Se propuso luego llegar a una posición brillante en la alta sociedad, aprendió a bailar de forma insuperable y al poco tiempo lo invitaban a todos los bailes aristocráticos y a algunas veladas. Sin embargo, no se sintió satisfecho. Estaba acostumbrado a ser el primero en todo y en ese terreno se hallaba muy lejos de haberlo logrado.

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La liturgia del ahora

Entiendo los conceptos y las ideas que me transmite, pero siento que no logro llevarlas hacia mi vida concreta de todos los días. ¿Cómo se hace para encontrar y situarse en esa disposición de la que habla?

Veamos con paciencia. ¿De que estado estamos hablando? ¿Que es en definitiva lo que buscamos? Un estado de unión con Dios; un estarse en la Presencia, una paz interior inalterable, no dependiente de los avatares exteriores. Pretendemos esa disposición del ánimo que nos permite advertir el significado de lo que ocurre, percibir el tránsito de lo trascendente en medio de lo cotidiano. Si queremos esa plenitud, esa hesiquía del corazón, es porque ya la hemos conocido. Hemos atravesado esos estados del alma, la dificultad esta en hacerlos estables, contar con ellos como patrimonio disponible, en suma: vivir en Cristo.

Sabemos que la gracia del Espíritu está siempre accesible para quién le abre la puerta… ¿Cuál es nuestra parte? ¿A que aplicar la voluntad para facilitar la acción de lo divino en nosotros? Hay que empezar por lo que se tiene y lo primero que tenemos es el momento en el que estamos. Hay que dejar de lado las consideraciones sobre cuánto hemos pecado o si esto otro o lo de más allá: Debemos abstraernos de todo ello y poner atención, orden y pulcritud en lo que tenemos entre manos en ese instante preciso.

Esta simpleza nos re unifica el alma, nos eleva del estado disperso en que nos encontramos, nos impulsa “hacia arriba” y desde allí, uno puede volver a la oración o tomar nuevamente las riendas de la ascesis por la que venía. Insisto: No importa si nos hemos equivocado, si nos desviamos, si faltamos a los propósitos que con tanto fervor supimos hacer; lo decisivo ahora es retornar, elevarse y para ello hay que tomar el momento presente como herramienta. Sea lo que sea que estés por hacer o que te toque hacer en ese momento, pon atención a la tarea, buscando orden y pulcritud, busca el “bien hacer” en eso que te toca.

Supón que tienes que disponer la mesa para que coman los hermanos en el refectorio o para la cena familiar… Asegúrate de hacerlo bien, paso a paso. Limpia la mesa primero, ubica los platos en la posición correcta para cada uno, atiende a que no falte nada de lo necesario. Hazlo bien, con tendencia hacia la perfección, aunque nos sepamos imperfectos. Y esto no por una escrupulosidad banal, sino porque el poner lo mejor de nosotros en lo que hacemos, nos eleva el alma, nos acerca a Dios. Verás que vuelvo en nuestras charlas, una y otra vez al mismo punto: Hacer las cosas como si de liturgia se tratara. Con unción y reverencia hacia todo y hacia todos.

Y es que en cierto modo la vida es liturgia y nuestro corazón un altar y las acciones que ejecutamos y el modo en que lo hacemos la ofrenda de esta ceremonia existencial. Es un querer reconciliarse con Dios, con los demás y con uno mismo, usando el momento inmediato con el que contamos y la actividad que nos toca realizar en ese fragmento del tiempo.

Esta actitud está a la mano y podemos ponerla, depende de nosotros, si no ponemos eso… no hay excusas. Sea que te  sientas desalentado por aquella caída que una y otra vez te gana de mano, sea que no sepas cómo volver a la oración fervorosa que antes tenías, o que no encuentres claridad en tus metas… nada de eso se interpone ahora, para que apliques lo mejor que tengas en limpiar tu celda o en ordenar esos elementos dispersos del taller de trabajo o en regar prolijamente cada planta del vivero.

Y si fuera el caso de quién trabaja hostigado por los apremios de un ritmo vertiginoso; nada impide que respire profundamente, que acomode con precisión los elementos de trabajo, que atienda con deferencia al que se acerca y que invoque a Jesucristo con la mente aunque sea una sola vez, pidiendo fuerzas y confianza. Porque gran parte de los apremios de afuera, hacen mella en nosotros por los temores que llevamos dentro; que tienen su origen en las apetencias o en las posesiones a las que nos aferramos, para compensar nuestro vacío interior.

Cuando los niños pequeños están aprendiendo a caminar, los padres los agarran de las manos y con cuidado avanzan despacio mientras los impulsan hacia adelante. Pero verás que el niño, como mínimo, va moviendo sus piernas y lanzando pasos inseguros en la misma dirección. Eso se necesita de nosotros al menos. Eso nos compete. Es nuestro margen de libertad; el libre albedrío encuentra aquí gran parte de su sentido, en nuestra colaboración con la gracia de Dios.

Si uno en vez de considerar esto intelectualmente, lo aplica, verá que su estado interior después de haber hecho algo poniendo atención y esmero, es mucho mejor que el que tenía antes. Y comprobará que desde este nuevo escalón, puede acometer nuevos intentos; ya en la oración, ya en la meditación de las escrituras, ya en el trabajo manual, con una disposición anímica mucho más favorable y adecuada para la vida ascética.

Texto propio del blog

La imagen que ilustra el texto fue extraída con autorización del blog :

La Mirada Contemplativa

Homilía dominical del Padre José

La depresión

La depresión es un estado particular del ánimo. Se utiliza el término para agrupar distintas sensaciones tales como tristeza, angustia, falta de vitalidad, desesperanza, ausencia de entusiasmo, visión negativa de si mismo y del futuro, etc.

Es un estado pariente del “sin-sentido”, en el que nada colma y esta carencia contrariamente a lo que pudiera suponerse, no genera el ansia de completitud sino un aumento de la desazón. Esta última palabra -de-sazón- ilustra claramente lo que produce la depresión en el alma: Una falta de sabor, nada tiene condimento y por tanto todo da un poco lo mismo.

Los viejos intereses y proyectos ya no motivan y no aparecen nuevas metas vigorizantes ni las ganas de encontrarlas. Se ha perdido la voluntad y su soporte, el deseo de crecimiento.

Para quién se encuentra en esta situación, la oración de Jesús puede servir de gran ayuda. Uno debe situarse precisamente en la sensación de hastío en que se encuentra sumido por la depresión; uno debe llevar su atención allí mismo, al centro del dolor o de la nada nauseosa de lo gris que atormenta, y desde esa zona interior comenzar la repetición del llamado a la misericordia.

¡Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten misericordia de mí ! ha de repetirse con la conciencia de la sensación que estoy padeciendo. Algo en mí ha dejado de valorar el don de la vida, algo se torció, algo se rindió, he perdido el valor para hacer de la existencia una obra digna, por eso pido misericordia (el acercamiento de Dios al propio corazón).

Apelo a aquél que me ha creado y le pido su asistencia, su ayuda generosa y se la pido desde la nada en la que estoy sumido.

Si se puede mover el cuerpo, caminar haciendo el pedido lo más atentamente posible, sino hay fuerzas para moverse puede hacerse desde la silla o en la misma cama en la que nos encontramos postrados. Se requiere tan solo el acto interior, un movimiento del corazón hacia Dios, una apelación al más Alto.

Ese acto del alma que se abre a la gracia llamando la presencia del Salvador es basta para que todo el panorama cambie. Apenas se sienta la brisa nueva de la esperanza, apenas se advierta un leve cambio del clima en el propio corazón, hay que activarse siguiendo esas discretas mociones, como suaves voces interiores que nos impulsan a acometer nuevas proyectos.

La continuidad en la oración de Jesús y el transcurrir de unos pocos días nos permitirán ya re-ordenar nuestra vida hacia nuevos horizontes despejados y frescos. Quizás descubramos luego de un tiempo más, que aquello que llamábamos depresión no era sino el llamado de Cristo para que volviéramos el rumbo hacia la patria verdadera.

texto propio del blog

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