Tratado de la sobriedad y del cuidado del corazón

¿Qué es la atención, cuáles son sus propiedades?

Escuchadme bien. La atención es la señal de la penitencia cumplida; la atención es la llamada del alma, el odio hacia el mundo y el retorno a Dios. La atención es el despojamiento de las pasiones para revestir la virtud. La atención es la certidumbre indudable del perdón de los pecados. La atención es el principio de la contemplación, su base permanente. Gracias a ella, Dios se inclina sobre el espíritu para manifestarse a él. La atención es la ataraxia del espíritu, su fijación mediante la misericordia que Dios otorga al alma.

La atención es la purificación de los pensamientos, el templo del recuerdo de Dios, el tesoro que permite soportar las pruebas. La atención es la auxiliar de la fe, la esperanza y la caridad. Sin la fe, no se soportarán las pruebas que vienen de afuera; aquel que no acepta las pruebas con alegría no puede decir al Señor: «Tú eres mi refugio y mi asilo» (Sal 3, 4). Y si no coloca su refugio en el muy Alto, no poseerá el amor en el fondo de su corazón”.

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10° Clase de Filocalía – Nicéforo, El Solitario

Eucaristía del Domingo de Ramos

El piloto de nuestra vida

Dicen que el virus del COV-19 penetra hasta el fondo del pulmón y bloquea todo el proceso respiratorio, de manera que endurece los alvéolos, empobreciendo la capacidad de que el oxígeno fluya y llegue al corazón.

Estos días me estoy dando cuenta de que, pese a ser una persona de fe, de oración (con matices), de practicar los actos de piedad y asistencia periódica a los sacramentos, de estar en grupos parroquiales y activa militancia durante muchos años en Cursillos de Cristiandad, y diversas parroquias, no he llegado a ese estado que definía el Papa en su oración por la pandemia.

Tener fe no es creer que Jesús existió, que vino enviado por el Padre. Tener fe es confiar en que Él es el piloto de nuestra vida, que todo es para bien. Ser creyente es estar imbuido del espíritu de Jesús, ser cauces del amor de Dios. Estar infectado de ese espíritu de forma que a nuestro alrededor florezcan sus frutos. Contra el virus de esta pandemia, intentamos poner muchas barreras, guantes, mascarillas, batas o pijamas aislantes, las pantallas de metacrilato, para que no nos infecte. También ponemos muchas barreras, a veces inconscientes, a veces mediatizadas por la costumbre de una sociedad que cada vez se aparta más de lo que vivifica, barreras que hacen que nos sintamos como reza la secuencia de Pentecostés: “mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro”.

Por eso quiero infectarme de ese Espíritu, que entre hasta el fondo de mi alma, y me transforme. Que, a través de mis torpes acciones, sea cauce de regar la tierra en sequía, de sanar el corazón enfermo, de lavar las manchas, de infundir calor de vida en el hielo de los que me rodean. Así donde haya odio, podré poner amor, donde ofensa, perdón, dónde tristeza alegría.

Del original “Quiero infectarme” de Antonio Gutiérrez Blanco

Misa de hoy, viernes de la 5° semana de Cuaresma

San Clemente de Alejandría

Escuela de silencio*

Amigos, la oración contemplativa es una dimensión de la vida espiritual a la que todo cristiano está llamado, a ese “cara a cara” con el Señor, y sin lugar a dudas el silencio es un medio necesario y eficaz para lograrlo, pero, ¿qué silencio?  Es tan rica la acción del Espíritu que hay gran variedad de caminos, escuelas de espiritualidad, métodos y propuestas para rezar en el silencio, pero el ideal es que cada uno encuentre el suyo, su estilo. En este tiempo cuaresmal, tiempo de desierto y oración, queremos compartirles sobre uno en especial: “La Escuela del Silencio”. Para ello nos encontramos con Alexandra Arana, 65 años, casada con Hugo, tienen 4 hijos y 4 nietos, ella pertenece a la Fraternidad Laical Dominicana, y conversamos: Alexandra, ¿cuándo y cómo nació la Escuela del Silencio?

La Escuela del Silencio nació en España con José Moratiel, fraile Dominico, pero no tiene una fecha de inicio, tal vez sea porque fue algo que se fué dando y fué creciendo con el transcurrir del tiempo. Es que el silencio es patrimonio humano y existe desde siempre, desde que el ser humano comenzó a relacionarse con Dios, trasciende culturas y religiones. Lo que hizo Moratiel es darlo a conocer y al igual que Jesús, hizo de la oración de silencio algo sencillo, simple y lo sacó del claustro de los monasterios y lo sembró en el corazón de nuestra vida cotidiana.

¿Cuál fué tu primer encuentro con esta experiencia y qué le aportó a tu vida que hace que hoy estés tan comprometida con ella? El primer Encuentro de silencio que realicé fue en 2004, en Orense, España. Fueron 3 días de total silencio acompañados por Moratiel, pero la búsqueda de la oración de silencio comenzó mucho antes en mí. Lo que sí me aportó fue darle un nombre, encontrar una forma, un estilo concreto para poder vivirlo ¡al fin había encontrado lo que tanto buscaba! En cuanto a lo que aportó a mi vida fué en primer lugar un autoconocimiento, al quedarse en silencio cuando todo se va acallando comienza a emerger todo lo que somos, surge así la aceptación de lo que uno es y por último aprender a “olfatear” el rumbo, el camino, por dónde ir o por dónde no.

El camino del silencio es un andar sin brújula, sin mapa, se parece más bien a una aventura. En definitiva es caminar y vivir en la fe. Cuando uno descubre que el silencio es nuestro aliado, se “caen” todas las resistencias ante el Dios de la vida. en definitiva es una oración de total abandono…

Texto sugerido por el Hno. Jorge Pompeyano de la Frat. Monástica Virtual

Aquí el texto completo

Misa del Jueves de la 5° semana de Cuaresma

De dioses y hombres

Eucaristía del Miércoles 1° de Abril, 5° semana de Cuaresma

Desierto de los Anawim

Hermanas y hermanos, la próxima reunión virtual, será el día viernes próximo, 3 de abril, a las 20 horas de España, (Se adelantó una hora), 15 hs. de Argentina, 13 hs.de Colombia y 12 hs. de México central. Debes descargar en tu ordenador la aplicación “zoom” y hacer click en el siguiente enlace, que estará operativo 5 minutos antes.

Aquí para el enlace 

El papel de un cristiano

¿Cual sería, según tu punto de vista, el papel de un cristiano en la hora actual que atraviesa el mundo?


El papel del Cristiano en el mundo, independientemente de la época que este atraviese, siempre es y será buscar a Cristo y mantenerse lo más unido posible a Él. Según la época, las tinieblas adoptan distintas manifestaciones pero su realidad sigue siendo la misma. Solo la Luz de Dios puede disiparlas. El papel de los cristianos es mantener nuestras lámparas encendidas estando en comunión con Cristo y traer su Luz al mundo.

Pienso que en nuestra era actual la ausencia de una interpretación de la realidad en la que lo espiritual tenga cabida es el mayor de los males. Todo lo demás son síntomas consecuencia de la profunda desesperación que hay en el corazón del hombre a raíz de esto. El arte moderno, algunas absurdas reivindicaciones progresistas que revelan una profunda crisis de identidad de la humanidad a nivel global…, pero repito que el antídoto es siempre el mismo, unirnos lo más posible a Dios para traer su Luz al mundo y disipar las tinieblas; que en esta época se manifiestan así pero en otra época se manifestaron quizás en una moralidad puritana exacerbada no menos nociva.

La experiencia de Dios en el corazón del hombre es lo único que lo puede liberar de la oscuridad y solo hombres en comunión con Dios, unidos a la fuente de la vida, a la vid verdadera, regados por la sangre, la vida de Cristo, pueden traer, desde Cristo, esa Luz capaz de disipar las tinieblas en el corazón de sus hermanos, aún cautivos independientemente de cual sea la manifestación exterior, que esas tinieblas hayan adoptado según la época.

En cuanto a la vocación, nuestras obras exteriores siempre deben estar orientadas y deben llevarnos a una relación más intima con Cristo. No debemos forzarnos haciendo muchas buenas obras en lo exterior si estas nos apartan de su presencia. Las buenas obras que estén en armonía con la voluntad de Dios siempre fortalecerán nuestra relación con Él.  Se trasciende la dicotomía entre acción / oración cuando, en comunión con Cristo, recibimos nuestras obras exteriores desde Su Presencia en nuestro interior y nuestra vida pasa a ser Oración.

Mucho se ha hablado acerca de la vocación. En mi opinión hay una vocación que es la principal que es común a todos los Cristianos: La búsqueda de la unión con Cristo. Solo desde esa comunión, ya establecidos en nuestro centro, en el lugar de Su Presencia, roto el velo y abierto el Santo Sagrario en nuestro corazón, iluminado todo nuestro ser desde él  y llena toda nuestra casa de su Gloria, podremos recibir, desde Cristo, nuestra vocación. Una vez ubicados en este centro y recibiendo nuestras obras de Dios, no hay esfuerzo sino más bien asentimiento y permisión a Dios y el apostolado es involuntario y no nace de un esfuerzo personal sino que surge espontáneamente y es más efectivo porque nace desde Dios y da vida.

De otra forma solo proferimos palabras muertas sin capacidad transformante.  Una vez ubicados en este centro el bien se hace solo, no nace de nuestros esfuerzos sino que es Dios el que lo obra a través de nosotros. Pienso que el verdadero bien no es tanto fruto del esfuerzo sino que sucede espontáneamente. Intuyo que más ilumina al mundo el amor involuntario e irrefrenable de un matrimonio común que el esfuerzo cansado y sacrificado de las obras de caridad forzadas. Más bien le hace a alguien deprimido la amistad espontánea que surge sin querer que los esfuerzos voluntarios de alguien por ayudarle, aún movido por la misericordia. Así como las heridas cicatrizan y sanan sin nosotros hacer nada,  las flores crecen y la vida sucede, el verdadero bien sucede por sí mismo independiente de nuestro esfuerzo personal. Las espirales de la vida.

Intercambio epistolar entre dos hermanos de la Fraternidad monástica virtual

Eucaristía del Martes 31 de Marzo, 5° semana de Cuaresma

Pastoresgregis

Sinceridad y pureza

Mediante dos alas las personas se elevan sobre las limitaciones humanas: ellas son la sinceridad y la pureza. Sinceridad debe haber en la intención, pureza en los afectos. La sinceridad orienta hacia Dios, la pureza lo abraza y aprecia. Ninguna buena acción te obstaculizará si estás libre interiormente de afectos desordenados. Si nada intentas ni deseas fuera de la voluntad de Dios y la utilidad de tu prójimo, podrás gozar enteramente de la libertad interior. Si tu corazón fuese recto entonces toda la naturaleza sería para ti espejo de vida y libro de santa enseñanza. No existe ninguna criatura tan pequeña o tan vulgar que no represente de alguna manera la bondad de Dios.

Kempis” Imitación de Cristo” – Enviado por Gabriel de Sta. María

Eucaristía de hoy Domingo 29 de Marzo

9° Clase de Filocalía, 2° sobre Antonio El Grande

Pequeña Escuela de Oración

2° Clase de filocalía

Estimadas/os en Cristo Jesús, como hemos dicho, mientras dure el confinamiento en España y otros países, iremos publicando semanalmente, sin restricción, las clases del curso de Filocalía para contribuir en nuestra pequeña medida a la situación general. Solo mantenemos privados los comentarios e intercambios efectuados entre los alumnos regulares. Cualquier duda o aporte lo podéis realizar al final del post. Que Cristo os cuide.

Casiano, El Romano.

La continencia del estómago y el espíritu de fornicación.

Citas bíblicas recomendadas y Transcripción en Word

Eucaristía de hoy sábado 28 de marzo

Que domine en mí

Una oración de abandono

Paz y abandono en ti, Jesús. Verbo de Dios, Jesús, dame tu paz. Dame completo dominio de la cabeza y de los nervios, perfecta calma interior y exterior. Calma del espíritu, del corazón, de la imaginación, de los pensamientos y de los sentimientos. Dame esa plena seguridad, esa santa lentitud y placidez que es necesaria en los momentos difíciles, para colocar mi espíritu delante de Ti, en una atmósfera de suavidad. Dame algo de la extraordinaria impasibilidad que denota un alma completamente tranquila y feliz, porque en Ti, Jesús, todo sale bien, pues para los que aman a Dios, todo contribuye al bien.

Derrama tu paz sobre mí. Que domine en mí el sentimiento de que nada me oprime, ni las prisas ni el ansia de hacer cosas. El tiempo nunca está mejor empleado que cuando me ocupo en vivir según la voluntad de Dios. Que tenga presente que el buen pensar lleva a proyectos constructivos y creativos que Dios quiere. El mal pensar lleva a la tensión y a la angustia. Ayúdame para vivir serenamente. No intentando nada por sobre mis fuerzas físicas, psicológicas o espirituales ni agotarme queriendo meter en un día o en una hora el trabajo de dos.

Que domine en mí el sentimiento de que nada me ata, nada me obliga ni me coacciona, nada me tiene apegado ni me lleva como a un esclavo con la lengua afuera, a pesar quizá de las impresiones contrarias. Quisiera hacer todo despacio, por ejemplo, acostarme, levantarme, sentarme, comer; tener cuidado de hacer todo lo que haga con calma y lentamente. Prohíbe en mí expresamente el apresuramiento, que es imperfección, madre de muchas imperfecciones. Que domine en mi el sentimiento de que en la vida personal de cada día, tú Jesús, no me exiges un esfuerzo sobrehumano. El camino de perfección lo debo tomar a un ritmo constante, pero pacífico; sin angustias por soñar con una perfección excesiva. Tu me mandas ejercer mis cualidades, no las de un super genio que no soy.

Hago bastante, si hago lo que puedo, según la voluntad de Dios sobre mí. Que domine en mí el sentimiento de que en el trato con los demás, en el desempeño de mi trabajo, nada me preocupa porque estoy seguro de ti, de tu ayuda, de tu bondad. También estoy un poco seguro de la buena voluntad de los demás e incluso de la mía propia. El sentimiento de que tú favoreces aquellos a los que yo quiero y no puedo ayudar estará presente, Tú los consuelas en sus sufrimientos mejor que lo que yo mismo quisiera hacerlo.

Que domine en mí el sentimiento de abandono en tus manos y de una seguridad completa bajo las alas de tu providencia ya que Tú me guías y el futuro no debe preocuparme ni angustiarme en absoluto. Que domine en mí el sentimiento de que no me falta nada de cuanto pueda desear que me sea necesario y provechoso. Infunde en mí, el conocimiento de la riqueza que poseo en Tí. Y la tendencia a ver el lado bueno de las cosas y todo lo bueno que tengo gracias a Tí y no lo que me falta o echo de menos.

Que domine en mí la tendencia de ver todo lo que tengo que hacer no por el lado difícil y molesto sino por el lado atrayente, suave y consolador que procede de Ti, Jesús. Que domine en mí el sentimiento de que nada me preocupa salvo tu sagrada voluntad y de que no estoy apegado a nada, ni siquiera a la misma vida. Es decir el sentimiento de quién por amor a ti se hace indiferente a todo lo demás. Libre de toda atadura, libre de todo plan demasiado programado, de toda envidia, de toda obligación dañosa a la libertad de espíritu propia de un hijo tuyo. De toda preocupación excesiva, de todo deseo exagerado, de toda imperfección libre.

Que procure desear pocas cosas y que las que desee las desee poco y que lo que desee lo sea en Tu voluntad. Que domine en mí el sentimiento de la caridad más perfecta, cultivando la cortesía, la corrección, la amabilidad, evitando toda brusquedad de carácter, agresividad o aspereza. Que me sienta animado siempre a perdonar, a soportar olvidos, faltas de atención y actitudes hostiles. Que nunca pronuncie una palabra de crítica, de juicio; que tenga compasión de los afligidos de todas clases; la caridad más gratuita sin ningún provecho personal. Dice el salmo 41: Dichoso el que cuida al pobre y al desvalido, el Señor lo sostendrá en el lecho del dolor y calmará los dolores de su enfermedad.

Que domine en mí el sentimiento de la confianza en Ti, Jesús. Mi salvador.

Dice San Ignacio de Loyola: “Que esta sea la primera norma de actuar: Confiar en Dios porque el resultado depende solo de Él pero trabaja como si Dios no fuera a hacer nada y tuvieras tú que hacerlo todo”. No temas, te he redimido, te he llamado por tu nombre, eres mío. Cuando cruces el aluvión, yo estaré contigo, y la corriente no te ahogará. Cuando pases por el fuego no te quemarás y las llamas no te abrasarán. Porque yo El Señor soy tu Dios, tu salvador. Eres de gran precio a mis ojos, eres valioso y yo te amo. No temas que contigo estoy Yo. Amén.

Enviada por el Hno. Sergio Cardona de la Fraternidad Monástica Virtual

Aquí el audio con la oración completa

Eucaristía de hoy viernes 27 de marzo, 4° Semana de Cuaresma, oficiada por el Padre José, OP

Cristianismo original – II

Viene de un post anterior

¿Entonces, el problema parece ser que creemos que tenemos fe en la vida espiritual y posterior a la muerte pero que esa creencia es superficial?

En cierto modo sí, ese es un aspecto del problema. Difiere mucho una creencia de una experiencia. La creencia por sí sola puede ser superficial o profunda. Cuando la creencia involucra el corazón se transforma en la fe. La fe es un tipo de experiencia íntima que se va asentando en el corazón hasta llegar a hacerse certeza en el alma. La diferencia entre la creencia y la fe verdadera, es tan diferente como gustar de alguien y amar a alguien.

Cuando alguien te agrada manifiestas una adhesión a su modo de ser o de estar; cuando amas, te involucras hasta el punto de la entrega a la otra persona, en cierto modo te haces uno con el objeto de tu amor. ¿Y cómo llegas a amar a alguien que en principio solo te agrada o te atrae? Por el conocimiento. Sólo conociendo cada vez más a ella o a él es que el amor se manifiesta. Conocer es abrirse a la experiencia de ese otro y al abrirse se produce una fusión paulatina que es en definitiva lo que llamamos amor. Dejo de ser “yo”, de sentirme un ser separado para sentir que soy uno con aquél a quién amo.

Entonces, para llegar a la fe profunda, debo amar a Dios y para amarle necesito conocerle y para conocerle necesito abrirme a Él, a su influencia, a su acción constante y cotidiana. En suma, volvemos siempre a lo mismo: Es preciso acceder a la experiencia de la presencia de Dios en mi vida y en mi cotidiano, esa presencia me permite el conocimiento necesario que me lleva a amar, a entregarme sin limitación y sin temor.

¿Te has enamorado alguna vez? De eso se trata. La fe profunda implica una experiencia de absorción, de apertura y conocimiento del otro, que te lleva a dejarte a ti mismo y a fundirte con quién amas. Para enamorarte necesitas el trato, el diálogo, la mirada, el estarse juntos en el conocimiento mutuo. Por eso para enamorarse de Dios se necesita hacerse consciente de Su suave presencia, dejarse estar ante Él y permitir que nos abrace con el toque de Su gracia.

Estamos diciendo que para llegar a amar a Dios y por lo tanto para ser poseedor de una fe profunda (La casa construida sobre roca, Mateo 7, 21-29) hace falta ser conscientes de la presencia divina en todo y todas las cosas y que a ello se llega en la vida cotidiana. Dios está muy cerca, tan cerca que nos pasa desapercibido y solo basta descorrer el velo que los pensamientos ponen sobre Él, la divagación mental nos produce una ceguera espiritual…

Continúa

Eucaristía de hoy desde Valencia, España; en casa natalicia de San Vicente Ferrer

La consagración

Hermanas y hermanos, os agradecemos cualquier donación que podáis hacer, por mínima que sea, para el sostenimiento de los que participamos del equipo del blog y sus páginas subsidiarias. También haremos llegar una parte de vuestros aportes para colaborar con el Padre José y su labor apostólica. Aquí el enlace respectivo: Donaciones. Saludos fraternos en Cristo.

La pertenencia del corazón

– La oración de Jesús es un camino a lo esencial, una vía hacia el centro de uno mismo. ¿Porque será que sintiendo un deseo tan intenso, que hasta considero un llamado, me cuesta tanto permanecer en ella?

– Es la costumbre generada por una vida dispersa. Te has acostumbrado a estar de aquí para allá en el cuerpo y en la mente. El hábito de ser “viajantes” de los sentidos nos hace la cosa difícil por la inercia que implica. “Todo acto que se repite, acrecienta su tendencia a una nueva repetición”.

Esto lo comprendes fácilmente al examinar los vicios. Sucede que  mientras mas se fuma mas se quiere fumar por ejemplo, el período de saciedad se va acortando; mientras mas comes mas quieres comer. Lo bueno de esta especie de ley de la inercia, es que la puedes usar a favor para acostumbrarte a nuevos hábitos saludables para el cuerpo y el alma.

En el caso de la oración de Jesús, mientras más la repitas, mas fácil será a futuro acordarse de ella. Tiende a transformarla en la melodía constante que suaviza el fondo de tu mente y en el ritmo que te marca el paso en tus actividades.

Deja a un lado la preocupación por sus variaciones en ti. En algún momento será ferviente, en otro sin emoción que la acompañe, mas tarde se repetirá sin conciencia de ello; en otro momento la dirás agradecido por aquello bueno que has vivido, llegarás a decirla cada vez que te asalte la angustia…

No te vayas juzgando como buen o mal alumno respecto de la adquisición de la oración de Jesús. Es un don y un bien que no puede medirse. Muchas veces la puedes usar como calmante interior ante las variadas afrentas del mundo. Otras como una fuente que te da la fuerza necesaria para hacer con entusiasmo lo que emprendes.

Que la oración de Jesús sea como una bandera que se iza en tu alma al amanecer. Ella señala tu filiación, tu identidad profunda. Luego haces las cosas que el día reclama, pero la bandera queda allí, movida por la brisa de tu intención, señalando la pertenencia del corazón.

Texto propio del blog

Audio del texto con la voz de Carolina

Eucaristía del lunes 23 de Marzo oficiada por el Padre José

Respuesta de oración al Covid-19

Eucaristía de hoy

4° Domingo de Cuaresma

Haz click debajo para ir a la Eucaristía

Primera parteSegunda parte

Desde la Casa natalicia de San Vicente Ferrer, en Valencia, España – Oficiada por el Padre José A. miembro de la Orden de Predicadores y miembro de la Fraternidad Monástica Virtual

mayor conciencia

Más le busco, más lejos me encuentro y más fuerte se hace entonces esa soledad, que no es la común que en algunas ocasiones, tiempo atrás, he sentido.

Es una soledad que no te lleva a buscar a nadie en este mundo, está en lo profundo allí en donde ni sé yo que lugar es, y sólo la puedo identificar como un ansia de Dios que no se sacia y me hace llorar, (como en este momento), el solo pensarlo.

Es como si en mi propia existencia faltase algo, un algo vital cuya ausencia me produce un vacío, una pena, una nostalgia. Toda alegría, y soy muy alegre, queda en la periferia de mí, esa nostalgia o soledad de Dios ocupa todo mi interior. Y me preocupa...

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Aquí el audio del texto con la voz de Carolina

Enlaces recomendados

Homilía del Padre José – 4° Domingo de Cuaresma – Ciclo A

Análisis del mundo moderno

Filocalía 2020

Hermanas/os en el amor a Cristo Jesús: A raíz de la situación general que es de público conocimiento, hemos decidido abrir cada semana una clase del curso de Filocalía, para hacer nuestra pequeña aportación a la situación de confinamiento de muchos de vosotros. Os enviamos un gran abrazo a todos, invocando siempre el Santo Nombre del Señor Jesús.

1° ClaseSíntesis del núcleo de las enseñanzas filocálicas

Muy estimadas/os en Cristo Jesús. Cualquier duda o pregunta, recordad que estamos a vuestra disposición por correo, whatsapp o a través de los comentarios en esta misma página. Un saludo fraterno, invocando a Jesús.

Aquí un texto sugerido:

El Poder del Nombre

Un enlace recomendado

De la era actual, el nihilismo y Jesucristo

Cristianismo original

Parte 1

Estimado hermano, ¿Qué me comentaría a propósito de la situación actual?

Bueno podrían decirse muchas cosas. Destaco sobre todo el hecho de que, aunque todos sabemos que en algún momento vamos a morir, ese conocimiento no está internalizado, no es una comprensión profunda. Es decir, intelectualmente lo sabemos, pero el corazón no lo asume. Y considero que esto nos sucede debido a que tampoco hemos comprendido nuestra verdadera naturaleza de Hijos de Dios. Se produce una clara contradicción entre lo que decimos que sabemos y lo que verdaderamente creemos.

Esto nos lleva, en mi opinión, a vivir como si fuéramos un mero cuerpo y la parte inmortal como dice Antonio el Grande, precisamente en Filocalía, permanece lejos de nuestra experiencia, como una simple creencia más declamativa que efectiva. Quiero decir, como una creencia que no trae consecuencias a nuestra vida. De allí que la muerte nos produce horror y que desesperemos ante la posibilidad. Estas situaciones nos muestran con claridad y sería bueno asumirlo para pedir la gracia que nos transforme, lo endeble de nuestra fe.

La fe es endeble cuando no está anclada o apoyada en la experiencia íntima de la presencia de Dios, viva y operante en nuestra vida. Porque no estamos hablando del dolor, cosa que es muy razonable que se trate de evitar, sino que escapamos tan desesperadamente de la posibilidad de morir, como si hubiera una creencia más de fondo que dijera: “En realidad no hay nada después que muere el cuerpo, desapareces de una vez y para siempre”. Entonces, cuando miramos la conducta social, de creyentes y no creyentes, vemos que en general se asemejan.

No estoy hablando de que no se deban tomar medidas protectivas como se están tomando o que uno debiera ser un irresponsable que anda por ahí expuesto al contagio y a contagiar a otros. Estoy hablando de la experiencia interna del espanto ante la posibilidad de morir. Por eso es tan distintivo el testimonio de los mártires o de algunos santos en la historia que afrontaban con verdadero valor o indiferencia la posibilidad de la muerte. ¿Cómo hacían semejante cosa? ¿Cómo es posible? Porque tenían una fe profunda cuyo fundamento era el conocimiento íntimo de la presencia del Creador providente.

Por eso, el cristianismo creció tanto en sus primeros siglos y soportó penurias y finalmente se extendió por el mundo, porque los cristianos de entonces, como comunidad, tenían más fresca la experiencia del Espíritu Santo luego de la vida de Jesús, como se narra por caso en el libro de los Hechos de los apóstoles. Luego siguió habiendo grandes espirituales y santos y mártires, pero no en la misma proporción. Como comunidad de creyentes, fuimos pasando de una comunidad imbuida del Espíritu Santo a una más declamativa y externalizada.

No me malentiendas; el cristianismo de todas las épocas, incluso el actual, muestra el ejemplo de muchos creyentes coherentes y santos que con su propia vida nos señalan el camino hacia el corazón de Cristo. Hablo de que como conjunto de creyentes hemos ido adoptando la fe externa de la religión del dinero o del consumismo o del hedonismo etc. Se nos ha ido apagando aquél fuego sagrado y muchas veces nos tornamos cristianos aparentes, como si esa palabra se hubiera desvinculado del discipulado de Cristo.

Este post continúa Dios mediante el lunes 23/3

Texto propio del blog

Enlaces recomendados

Hechos de Los Apóstoles

De Karol Wojtila en 1960 sobre San José

Abandonar el temor

Cuaresma 2020

El temor es la anticipación del mal.

Merced a la imaginación, anticipamos los posibles escenarios del acontecer futuro. Cuando este suponer se hace con signo negativo, engendra el temor. El temor en el cuerpo produce contracción, tensión diversa. En la mente ansiedad, inquietud, un clima de desasosiego que exacerba la previsión.

Esta forma de vivir temiendo, configurada en etapas de formación y debido a una equivocada forma de educación o a sucesos traumáticos que no se han podido reconciliar, proyecta también la imagen de un “Dios – Juez” en el cual la bondad y el amor quedan relegados…

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Comunidad de oración – La respuesta de oración al Covid-19

la preocupación

La preocupación se alimenta de dos creencias que permanecen tras la bruma de la divagación mental y que por esto mismo suelen pasar inadvertidas. La una se manifiesta afirmando que las cosas dependen de lo que hagamos exclusivamente, como si tuviéramos el control de lo que ocurre. La otra creencia sostiene que si permanecemos en tensión, adheridos de ese modo al deseo de lo que pretendemos, aumentan las probabilidades de obtener lo que anhelamos.

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Audio “La preocupación” del libro “La Oración de Jesús”

Espacio de intercambio

Cuaresma 2020

Estimadas hermanas y hermanos en el amor a Cristo Jesús.

¿Cómo estáis viviendo la situación que se ha generado a partir de la pandemia de Coronavirus? Lo preguntamos intentando generar un espacio para el intercambio de vivencias que pueda servir a todos los lectores. Nos referimos sobre todo a la experiencia interior del temor, de la fe, de la presencia divina en nuestras vidas, de la oración…

Como sabéis los comentarios pueden hacerse anónimamente o con seudónimo si así lo preferís. Cualquier aporte que hagáis o cualquier consulta puede resultar en beneficio de todos. Debajo les dejamos un vínculo a una comunidad de oración por este tema específico de la pandemia, que la hermana María Jesús, miembro de la Fraternidad, ha creado para converger en la plegaria. También os dejamos un texto que puede aportar que publicamos hace unos años. Un saludo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesús.

Comunidad de oración – La respuesta de oración al Covid-19

El temor y la presencia

El miedo y el temor

Cuaresma 2020

Hermanas y hermanos en el amor a Cristo Jesús.

En estos tiempos particularmente difíciles quiero aportar el recuerdo de una conversación que tuve hace muchos años ya con mi padre espiritual. Le preguntaba sobre el miedo y el temor en un contexto muy diferente pero creo que puede servir.

Me decía que el miedo es como un reflejo físico que actúa sin mediación mental, que es como un seguro del cuerpo para salvarse del peligro y en ese sentido no veía ningún problema con ello. Si nos ataca un animal salvaje o vemos que viene hacia nosotros un coche a gran velocidad, el cuerpo reacciona evitando el peligro con toda eficacia y recién después caemos en cuenta de lo sucedido. Se ponen en marcha toda una serie de cuestiones fisiológicas, necesarias para que el cuerpo se proteja.

En cambio, me decía, el temor es de naturaleza sicológica, es fruto de la imaginación. Y, si bien cumple a veces una función previsora, en general produce una tensión y sofocamiento del alma que no sirve a ningún fin bueno. El temor surge de la anticipación imaginativa del mal. Él enfatizaba que a veces el temor sirve al miedo en su función de preservación de la vida y otras es totalmente innecesario y dañino para la persona. Por ejemplo me digo, en base a lo que recuerdo de su enseñanza: Si evito salir a la calle en estos días para disminuir las posibilidades de contagio, ese temor sería una prevención fundada que no hace mal a nadie, evito salir de casa. Si, en cambio, permito a la mente imaginar mil situaciones posibles, acerca de lo que ocurriría si me enfermo o si se enferma tal o si esto o aquello, el temor ha dejado de cumplir su función y se torna en mi enemigo. Es allí, cuando debo recordar que me he salido de la oración. Poner el Nombre de Jesús en lugar de la imaginación. Le quito la atención a las imágenes que genera el temor y pongo mi atención en el surgimiento de la oración interior.

Me decía también, que el temor tiene su raíz en el deseo. En el deseo de que no ocurra esto o aquello, de que las cosas sean como yo quiero que sean. Nos olvidamos de que toda nuestra existencia y lo que hay en ella nos ha sido dado por Dios y este olvido nos lleva a creer que la existencia misma es nuestra propiedad, que nos pertenece. Este olvido, que nos lleva a dar la vida por sentada, también nos induce a creer que está en nuestras manos lo que ocurra, como si fuéramos capaces con nuestra acción, de cambiar la voluntad de Dios y su designio. ¿No es verdad?

Volvemos al siempre recurrente tema de la libertad humana y de la acción de la providencia. Debemos actuar lo mejor posible según nuestra percepción. Nos parece que cuidando nuestra higiene y permaneciendo en casa disminuimos las probabilidades de enfermar… está muy bien, así hay que hacerlo y cumpliendo también con lo que las leyes van señalando. Pero en nuestro corazón, cuando el temor se impone, debemos recordar que todo depende de Dios. Todo es para bien y conforme a su designio; el hecho de que uno a veces no entienda para que suceden algunas cosas, no quiere decir que carezcan de significado o que son una especie de “error de Dios”.

Debo actuar lo mejor posible en cada situación, sabiendo que lo que ocurra finalmente depende de una voluntad infinitamente mayor que la mía, que es la de Aquél que lo hizo todo. Miraba también hace un rato un mapa sobre cómo a raíz de esta pandemia era observable la disminución de la contaminación ambiental. ¿Será que aprenderemos algo acerca del consumismo desenfrenado en el que estamos inmersos como humanidad? También, esto de no poder salir, viene a llevarnos en cierto modo hacia adentro, al seno de nuestras familias, a estar menos volcados hacia afuera.

No deberíamos gastar el tiempo en seguir hipnotizados las noticias, en una especie de morbo que se retroalimenta de continuo. Eso hace crecer el temor y la imaginación temerosa. Recabar información una o dos veces al día bastará para estar al corriente. Volvamos nuestro rostro a Dios; es en estas situaciones donde solemos caer en cuenta, que más allá de nuestro aparente poderío como especie humana, siempre dependemos de Aquél que nos creó. De ese misterio tremendo, de ese amor sin límites que nos puso un día en esta pequeña esfera, tan bella como frágil. Y lo más misterioso resulta, que ese Ser infinito en ocasiones, nos habla en el corazón. Un saludo fraterno para todos invocando el Santo Nombre de Jesús.

La homilía del Padre José

Comunidad de oración a raíz de la Pandemia de Corona virus

El mejor esfuerzo

Ejercicios de Cuaresma 2020

La imagen pertenece a “La mirada contemplativa”

¿Estoy poniendo mi mejor esfuerzo en acostumbrar la mente a la oración de Jesús? Para ello debo antes descreer del valor de mis divagaciones.

¿Estoy poniendo en marcha alguna mínima ascesis corporal y material que me permita ir adquiriendo el control sobre mi cuerpo? Para ello debo considerar lo necesario y lo superfluo en mi vida.

¿He elegido una o dos actividades para ejercitarme en ese modo particular de hacer que veíamos tan emparentado con la plena atención y la devoción litúrgica? Debo actuar consciente de Su Presencia.

Estas preguntas no son para juzgarse sino para situarse. Al evaluar con verdad interior uno puede saber adónde debe aplicarse con mayor empeño.

de la carta  4 “La proporción necesaria”

Evangelio del día

El amor más grande

Ejercicio de Cuaresma 2020

No creo que haya nadie que necesite tanto de la ayuda y gracia de Dios como yo. A veces me siento impotente y débil. Creo que por eso Dios me utiliza. Puesto que no puedo fiarme de mis fuerzas, me fío de Él las veinticuatro horas del día. Y si el día tuviera más horas más necesitaría su ayuda y la gracia. Todos debemos aferrarnos de Dios a través de la oración. Mi secreto es muy sencillo: La oración. Mediante la oración me uno en el amor con Cristo. Comprendo que orarle es amarlo…

La gente está hambrienta de la palabra de Dios para que les dé paz, unidad y alegría. Pero no se puede dar lo que no se tiene, por lo que es necesario intensificar la vida de oración.

Sé sincero en tus oraciones. La sinceridad es humildad y ésta solo se consigue aceptando las humillaciones. Todo lo que se ha dicho y hemos leído sobre la humildad no es suficiente para enseñarnos la humildad. La humildad solo se aprende aceptando las humillaciones, a las que nos enfrentamos durante toda la vida. Y la mayor de ellas es saber que uno no es nada. Este conocimiento se adquiere cuando uno se enfrenta a Dios en la oración. Por lo general, una profunda y ferviente mirada a Cristo es la mejor oración: yo le miro y Él me mira. Y en el momento en que te encuentras con Él cara a cara adviertes sin poderlo evitar que no eres nada, que no tienes nada.

Comentario al Evangelio del día

Santa Teresa de Calcuta, fundadora de las Hermanas Misioneras de la Caridad
El amor más grande, pág. 1 ss

El texto fue extraído de “Hozana”

El Nombre entre nosotros

Ejercicios de Cuaresma 2020

En consonancia con el Evangelio de hoy Lucas 6, 36-38 voy a intentar durante esta jornada, observar los juicios que constantemente realiza la mente sobre aquellos con los que me relaciono; Verificar de que modo tengo ya “etiquetada” a esa o esta persona de cierta manera y como esta “pre-disposición”, condiciona la relación.

No conozco el corazón de mi hermano, aunque esté convencido de que miro objetivamente su conducta. No conozco su momento espiritual íntimo, ni las condiciones en que se desarrolló y se despliega su vida, ni la cruz secreta que le toca cargar. En suma, no soy Dios, por lo cual he de tratar a los demás como a mí me gustaría que me traten y con la misericordia que pido para mí, cuando invoco al Señor.

El trato que dispenso a los demás, no puede depender del comportamiento de ellos hacia mí, sino de mi compromiso como discípulo de Cristo. Entonces, lo primero es ver, darme cuenta del juicio mental continuo que la mente lanza sobre las personas y los sucesos. Lo segundo, depositar en la voluntad de Dios todos mis pareceres y reemplazar la verborrea mental por el Nombre de Jesús. Dejo de juzgar a los hermanos, pruebo secreta y cálidamente de poner el Santo Nombre entre nosotros.

Evangelio del día

Hacia la pureza de corazón

Partir de donde estamos

Ejercicios de Cuaresma 2020

En relación al post: “La pérdida del propósito”

Muchas veces nuestra falta de perseverancia en los propósitos de enmienda tiene que ver con el tamaño de nuestras metas, con que aquello que nos proponemos no tiene proporción con la situación actual que atravesamos. Suele pasarnos que nuestro ego, siempre deseoso de grandezas, nos traza objetivos demasiado elevados o demasiado distantes de nuestro momento espiritual. Entonces, lógicamente, ante el previsible fracaso, caemos en el desánimo.

Conversando con Carolina días atrás, ella comentaba un ejemplo que me pareció muy atinado, me decía: “El GPS, para orientarnos en el camino, necesita siempre saber nuestra localización, detectar en dónde estamos, a partir de allí nos organiza el camino hacia el destino que pretendemos”. Con esas palabras o similares quería expresar la necesidad de atrevernos a ver nuestra situación real actual, sin disimular nuestras propias falencias o caídas, nuestras debilidades, a fin de poder dar el paso necesario. El paso que necesitamos dar para acercarnos a Dios precisa ser coherente con el momento en que nos encontramos. Parece una obviedad pero se nos pasa por alto con frecuencia.

Proponernos cambios simples, quizá pequeños para las aspiraciones de nuestro orgullo, puede ser un paso a paso que nos permita luego llegar a una conversión más profunda. Tal vez no sea ayunar hasta la tarde, sino sólo suprimir el dulce en el postre o comer una porción menor de aquello que tanto me gusta. Quizá no pueda dar de mi dinero a los necesitados porque estoy en situación muy justa, pero puedo tratar mejor a mi vecino o prestar más atención a esa persona que vive conmigo y que tanto necesita que la escuchen. Puede que me halle lejos de la conversión profunda a la que aspiro, aunque tal vez pueda regar el jardín un rato, repitiendo suavemente el Nombre de Jesús.

En cualquier situación que nos encontremos, rutinaria y sencilla o extraordinaria y difícil, atendamos al bien que podemos aportar a ella. Un saludo fraterno, invocando El Nombre de Jesús.

Homilía del Padre José – 2° Domingo de Cuaresma

Link recomendado:

¿Quién es la persona más feliz del mundo?

La epidemia del miedo

Sobre el Corona virus y el miedo a la muerte

Más que a la epidemia de coronavirus, debemos temer a la epidemia del miedo. Por mi parte, me niego a ceder al pánico colectivo y a someterme al principio de precaución que parece mover a las instituciones civiles.

Así que no tengo la intención de emitir instrucciones específicas para mi diócesis: ¿los cristianos dejarán de reunirse para rezar? ¿Renunciarán a tratar y a ayudar a sus semejantes? Aparte de las precauciones elementales que todos toman espontáneamente para no contaminar a otros cuando están enfermos, no resulta oportuno agregar más.

Deberíamos recordar que en situaciones mucho más serias, las de las grandes plagas, y cuando los medios sanitarios no eran los de hoy, las poblaciones cristianas se ilustraron con pasos de oración colectiva, así como por la ayuda a los enfermos, la asistencia a los moribundos y la sepultura de los fallecidos. En resumen, los discípulos de Cristo no se apartaron de Dios ni se escondieron de sus semejantes, sino todo lo contrario.

¿El pánico colectivo que estamos presenciando hoy no revela nuestra relación distorsionada con la realidad de la muerte? ¿No manifiesta la ansiedad que provoca la pérdida de Dios? Queremos ocultarnos que somos mortales y, al estar cerrados a la dimensión espiritual de nuestro ser, perdemos terreno. Disponiendo de técnicas cada vez más sofisticadas y más eficientes, pretendemos dominarlo todo y nos ocultamos que no somos los señores de la vida.

De paso, tengamos en cuenta que la coincidencia de esta epidemia con los debates sobre las leyes de bioética nos recuerda oportunamente nuestra fragilidad humana. Esta crisis global tiene al menos la ventaja de recordarnos que vivimos en una casa común, que todos somos vulnerables e interdependientes, y que es más urgente cooperar que cerrar nuestras fronteras.

Además, parece que todos hemos perdido la cabeza. En cualquier caso, vivimos en la mentira. ¿Por qué de repente enfocamos nuestra atención sólo en el coronavirus? ¿Por qué ocultarnos que cada año en Francia, la banal gripe estacional afecta a entre 2 y 6 millones de personas y causa alrededor de 8000 muertes? También parece que hemos eliminado de nuestra memoria colectiva el hecho de que el alcohol es responsable de 41000 muertes por año, y que se estima en 73000 las provocadas por el tabaco.

Lejos de mí, entonces, la idea de prescribir el cierre de iglesias, la supresión de misas, el abandono del gesto de paz durante la Eucaristía, la imposición de este o aquel modo de comunión considerado más higiénico (dicho esto, cada uno podrá hacer como quiera), porque una iglesia no es un lugar de riesgo, sino un lugar de salvación. Es un espacio donde acogemos al que es Vida, Jesucristo, y donde, a través de Él, con Él y en Él, aprendemos juntos a vivir. Una iglesia debe seguir siendo lo que es: un lugar de esperanza.

¿Deberíamos calafatear nuestras casas? ¿Deberíamos saquear el supermercado del barrio y acumular reservas para prepararnos para un asedio? ¡No! Porque un cristiano no teme a la muerte. Es consciente de que es mortal, pero sabe en quién ha puesto su confianza. Él cree en Jesús, que le afirma: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá para siempre”(Juan 11, 25-26). Él se sabe habitado y animado por “el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos” (Romanos 8:11).

Además, un cristiano no se pertenece a sí mismo, su vida debe ofrecerse, porque sigue a Jesús, quien enseña: “El que quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y el Evangelio, la salvará ”(Marcos 8:35). Ciertamente, no se expone indebidamente, pero tampoco trata de preservarse. Siguiendo a su Maestro y Señor crucificado, el cristiano aprende a entregarse generosamente al servicio de sus hermanos más frágiles, con miras a la vida eterna.

Entonces, no cedamos ante la epidemia de miedo. No seamos muertos vivientes. Como diría el Papa Francisco: ¡no os dejéis robar la esperanza!

+ Pascal Roland, Obispo de Belley-Ars (Francia)

Enviado al blog por Hermano Gabriel de Santa María

Hermanas/os, cualquier comentario será bienvenido para intercambiar opiniones sobre este tema que suscita controversia

7° Clase del curso de Filocalía sobre “La custodia del intelecto”



La pérdida del propósito

Ejercicios de Cuaresma 2020

Año tras año empieza la Cuaresma y se habla de conversión, de purificación, de prepararnos para recibir a Cristo en nosotros, de resucitar con Él en la Pascua… me ilusiono y nace como una devoción o un deseo de cambio, de mejoramiento. Pero con el paso de los días todo eso se va apagando y pierdo los propósitos de enmienda. Llega la Pascua y de nuevo algo quiere resucitar en mí, una alegría de ser cristiana y nuevamente al poco tiempo vuelvo a mirar el mundo a través de un lente opaco, la rutina me adormece y vivo en una sorda letanía de quejas y fastidio, enojada conmigo misma por ser así, tan poco consecuente y me siento tan mal que ni rezar puedo muchas veces. Hace tanto que me pasa esto que pierdo la fe, no en Dios sino en mi misma. No me siento una gran pecadora pero me siento tan poco cristiana o tan mediocre en mi vida religiosa. ¿Pueden decirme algo? “.

Hermanas y hermanos en Cristo Jesús: Quien lo desee puede aportar un comentario a esta inquietud. Aportar nuestra propia experiencia o parecer, puede servir a todos y como suele pasar cuando contestamos alguna consulta, a nosotros mismos. Un saludo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesús.

Aquí tres enlaces:

Encuesta para alumnos de Filocalía

Tres formas de afrontar una crisis

Evangelio del día

Revístanse del amor

Ejercicios de Cuaresma 2020

Me siento en la tranquilidad de mi cuarto. Intento tranquilizarme, dejo que se alejen de mi mente las preocupaciones residuales que se han formado debido a las actividades del día. Respiro suavemente buscando relajar las tensiones que han quedado en mi cuerpo como resultado de las preocupaciones; el saldo de las oscilaciones de mi fe.

Llevo mi atención hacia el deseo que tengo de unión con Dios, mi anhelo profundo de cobijo, de entendimiento, de paz profunda y comunión con Su designio. Invoco el Santo Nombre de Jesús calmadamente, una y otra vez. Sin prisa y sin pausa y luego de unos momentos me pregunto: ¿Que debo cambiar por sobre todas las cosas para permitir la conversión de mi vida?

Recorro con el ojo interno del alma todos los ámbitos en los que se desenvuelve mi acción. La familia, el trabajo, las amistades, la Iglesia, mi relación con Dios a través de la oración, el estudio y aquellas otras varias actividades… ¿Que sería una conversión profunda? No un cambio de maquillaje, de mampostería, sino una verdadera transformación del corazón, que modifique mi mirada, mi sentimiento y mi conducta. ¿Cuál es ese factor que de modificarse lo transformaría todo? En silencio y en el secreto de mi alma surge la respuesta. Y la pongo ante los ojos de Jesús, del amado de mi vida. Pido con la mayor humildad de que soy capaz la gracia de la conversión profunda del corazón. Eso que quiero dejar atrás para siempre…

(Colosenses 3, 9 – 14)

“Tampoco se engañen los unos a los otros. Porque ustedes se despojaron del hombre viejo y de sus obras y se revistieron del hombre nuevo, aquel que avanza hacia el conocimiento perfecto, renovándose constantemente según la imagen de su Creador. Por eso, ya no hay pagano ni judío, circunciso ni incircunciso, bárbaro ni extranjero, esclavo ni hombre libre, sino sólo Cristo, que es todo y está en todos. Como elegidos de Dios, sus santos y amados, revístanse de sentimientos de profunda compasión. Practiquen la benevolencia, la humildad, la dulzura, la paciencia. Sopórtense los unos a los otros, y perdónense mutuamente siempre que alguien tenga motivo de queja contra otro. El Señor los ha perdonado: hagan ustedes lo mismo. Sobre todo, revístanse del amor, que es el vínculo de la perfección.

La oración llama, el ayuno intercede, la misericordia recibe

El ayuno que prefiere Dios

Evangelio de hoy

La fuga cotidiana

Ejercicios de Cuaresma 2020

Buenas noches, agradezco a Dios estos ejercicios de Cuaresma. Dios los bendiga. En Cuaresma el ayuno me cuesta, es increíble cómo se repite ésta situación cada año. Me determino a vivir la Cuaresma y en esto soy débil, quizás lo intento y lo logro a la mañana y durante la tarde no puedo. Bendecido descanso para todos. (Guaita María de Los Ángeles)

A todos nos cuesta hermana. Nuestras debilidades y dependencias se nos hacen evidentes cuando intentamos modificar los hábitos y es muy notable en lo alimentario. A veces es mejor empezar de a poco, suprimiendo esto o aquello en la comida, conscientes de nuestra debilidad y no pretender demasiado. Lo progresivo puede ser luego ocasión de un hábito nuevo más estable.

Una cosa que ayuda mucho y que practicaba un hermano muy querido por nosotros: Unir el ayuno a la limosna. De tal manera era sistemático, que aquello de lo que se privaba en el día lo acercaba a una familia cercana al convento al atardecer, antes de la misa. Al avanzar la cuaresma, otros hermanos se sumaban y lo asistían. Aquel “pequeño” gesto se transformó luego en un comedor permanente (Se sirve una merienda) en una dependencia cercana al monasterio y se continúa hoy durante el año ya con toda una organización y asistencia laical. Esto puede ayudarnos a encontrar más fuerza.

El ayuno, tiene varios sentidos y está cargado de significado, como iremos viendo a través de escritos, homilías y testimonios en toda la historia cristiana. Uno de ellos es hacernos conscientes de nuestra esencia espiritual, capaz de imponerse sobre lo corporal. Aprendemos que los impulsos automáticos del cuerpo no son superiores ni más fuertes que las inspiraciones que la gracia habla en nuestro corazón. Todo avance por pequeño que sea nos va entrenando y convenciendo de esta realidad. Un saludo fraterno en Cristo Jesús.

Aquí debajo el audio de Carolina

Y aquí el texto sobre “La fuga cotidiana”

La avidez

Evangeli.net

Anestesia general

Ejercicios de Cuaresma 2020

Ayuno del cuerpo y ayuno de la mente… el ayuno es un cierto vaciarse. Sucede que cuando no sentimos a Dios con nosotros, cuando nos parece estar separados de Él por no percibir la divina presencia en el cotidiano, vivimos en estado de carencia. Esta carencia se manifiesta como angustia, tristeza, preocupación, ansiedad o inquietud en general. Puede mostrarse también como temor, fastidio o aburrimiento, también como una sensación de “sin sentido” en el transcurrir.

La comida viene a ser el “anestésico” general más a mano. Comer, saborear y hasta digerir, nos proveen de una saciedad que viene a sustituir, por un corto tiempo, la plenitud que siempre anhelamos y que nos cuesta encontrar. En el plano de la mente, la actividad de atender a los pensamientos que vienen y van sin detenerse nunca, viene a ser la “comida” mental. Estar en los pensamientos nos saca del instante y nos torna ausentes de nosotros mismos, de los demás y de lo sagrado que permanece como fondo de la existencia.

La comida y los pensamientos son las drogas adictivas de uso más extendido y arraigado en todo el mundo. La particular astucia de estas “sustancias” es que no pasan como tales, no se identifican como drogas alienantes que favorecen la fuga hacia la nada. Son opioides aceptados e inadvertidos. Por supuesto que no hablamos de la alimentación necesaria ni de los pensamientos funcionales a la actividad presente; sino de aquella ingesta y divagación distractiva que nos adormece y nos hace extraños al ahora. En ese ahora está Dios presente envolviendo de luz el mundo y están los demás, hijos de Dios como nosotros, a quienes damos por sentados y solemos desatender o ignorar sino sirven a nuestros intereses.

Quizá podamos hoy comer un poco menos de aquello que tanto nos gusta y divagar un poco menos en aquel ensueño que tanto nos atrae. Probemos con humildad y sabiendo nuestra debilidad, de poner el Nombre de Jesús como reemplazo de aquello que suprimimos. Pidamos liberarnos de tantas adicciones que nos ausentan de Su amor siempre presente en innumerables formas.

Tres sitios para seguir el Evangelio del día

Evangelio del día

Evangelio de hoy

Hozana

Ejercicios de Cuaresma 2020

Estimadas/os en Cristo Jesús: Con todo gusto iniciamos hoy los ejercicios de Cuaresma 2020, buscando entre todos la purificación necesaria del alma, para acercarnos a la pureza del corazón, ese estado de gracia que nos permite compartir la resurrección de Cristo y convertir nuestra vida de manera radical. ¡Qué lejos estamos de ser verdaderos discípulos de Jesús! Y, sin embargo, si nos dejamos actuar por Él, estamos tan cerca…

Dios mediante, cada día postearemos un texto, un audio o un vídeo y será a través de vuestra participación en los comentarios como iremos entre todos preguntando y respondiendo para aclarar nuestras dudas y despejar el camino. Que la oración de Jesús nos unifique en el mismo amor.

El texto que algunos de ustedes conocen “Tres cuentas y un collar” nos permite establecer tres criterios firmes para evaluar nuestro caminar en dirección a la Pascua. En los tres próximos días abordaremos el significado interior del ayuno, de la oración y la limosna para una verdadera conversión. Un saludo fraterno para todos.

Aquí debajo el audio de Carolina

La imagen del post fue extraída de infoans.org

Texto del audio (Tres cuentas y un collar)

Texto sobre el ayuno y la oración

¿Cómo vivían los primeros cristianos la cuaresma?

Retiro del Peregrino – 2° día

Teoría y Práctica

Os agradecemos cualquier donación que podáis hacer, por mínima que sea, ya que de ese modo podemos dedicar cada vez más tiempo a esta labor que hacemos con mucho gusto. Aquí la página a tal efecto: Donaciones

Aquí el Evangelio del día

Retiro del Peregrino – 1° Día

Teoría y Práctica

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Evangelio de hoy 27 de Febrero – Mateo 9, 14 – 15

14 Entonces se acercaron los discípulos de Juan y le dijeron: «¿Por qué tus discípulos no ayunan, como lo hacemos nosotros y los fariseos?».

15 Jesús les respondió: «¿Acaso los amigos del esposo pueden estar tristes mientras el esposo está con ellos? Llegará el momento en que el esposo les será quitado, y entonces ayunarán.

El retiro del Peregrino Ruso

Estimadas/os en el amor a Jesucristo. Antes de iniciar los ejercicios propios de Cuaresma, habilitaremos para todos, los vídeos expositivos del retiro del Peregrino Ruso, que realizáramos los días 2, 3 y 4 de diciembre de 2019. Aunque en aquella ocasión también hubo encuentros virtuales que ayudaban a intercambiar sobre los temas, creemos que puede servir igualmente para ustedes seguir la parte teórica y práctica de dicho retiro. Si lo desean pueden compartir y participar a través de los comentarios. El día lunes iniciaremos los ejercicios específicos de la Cuaresma mediante audios y ocasionalmente videos. Entre todos podemos apoyarnos en este tiempo de purificación, reflexión y conversión profunda. Saludos Fraternos invocando el Santo Nombre de Jesús.

Os agradecemos cualquier donación que podáis hacer, por mínima que sea, ya que de ese modo podemos dedicar cada vez más tiempo a esta labor que hacemos con mucho gusto. Aquí la página a tal efecto: Donaciones

Blogs del día:

Munaysonqo

Evangelio del Día

Seamos parte del misterio

Estimadas hermanas y hermanos en el amor a Cristo Jesús: En este tiempo de reflexión, purificación y conversión que hoy iniciamos litúrgicamente, os proponemos recorrer juntos estos días hacia el misterio supremo de nuestra fe, el significado profundo de la muerte y de la resurrección; que no son parte del pasado sino que se actualizan en nosotros si nos abrimos a la acción de la gracia, ese factor imprescindible para una conversión de vida. Os dejamos aquí cuatro textos breves, mensajes de cuaresma de diferentes años, de cuatro pontífices diferentes. Encontramos en ellos mucho material para aprovechar en estos días de Cuaresma.

Volver al misterio con la mente y el corazón

La fe como respuesta

Despojarse de sí mismo

Ruptura con el apego

Como siempre, agradecemos vuestros comentarios, aportes, reflexiones y consultas. Apoyarse, sostenerse, alentarse mutuamente es hoy más necesario que nunca, en un mundo que parece ir cada vez más rápido hacia una exterioridad vacía en lugar de hacia una interioridad plena. Ese mundo lo hacemos nosotros, somos partícipes de lo que ocurre. Anclados en el Santo Nombre de Jesús, permitamos la expresión de los talentos que nos han sido dados en favor de una nueva humanidad. Un saludo fraterno a todos.

La imagen del post es de “La mirada contemplativa”

El velo de las pasiones

Fragmento de “Espiritualidad en Filocalía”, de Javier Melloni

… El punto de partida es la oscuridad y la ignorancia. Una ignorancia muy diferente de la que se encontrará al término del camino. Porque la ignorancia de los inicios está envuelta en tinieblas, mientras que la otra, la sublime Ignorancia del término, está envuelta en luz, en una deslumbrante Luz divina, tal como veremos.

La ignorancia del comienzo no es accidental, sino que es un estado en que se encuentra el mundo tras la Caída Original. Para los Padres filocálicos, esta Caída no es una hipótesis teológica, sino un dato de la experiencia. Sin embargo, ese estado «caído» de nuestra naturaleza, ese nuestro estado de pecado, separados de Dios, sólo se puede descubrir precisamente a partir de la experiencia de Dios. Percibir esta separación u opacidad inicial no es evidente por sí mismo, porque estamos sumergidos en las tinieblas, que nos impiden tomar conciencia de ello. Sólo cuando el hombre tiene la experiencia de la Luz de Dios, puede descubrir cuál es su origen y a qué destino está llamado: creado a imagen y semejanza de Dios (Gn 2,26-27), está destinado a restaurar esa imagen y semejanza y a convertirse en Dios por adopción, hijo en el Hijo de Dios.

Dos obstáculos se interponen a este destino: el velo de las pasiones y la espesura de una carne que debe ser liberada, transformada. Las pasiones son una carga pesada que retiene al hombre en los bajos fondos y le impide ver a Dios y verse a sí mismo. Las pasiones habitan la carne, pero la carne es otra realidad distinta de las pasiones. La carne, como el mundo, no es mala por sí misma, sino que está llamada a transfigurarse ya en esta vida, a participar de la irradiación del Cuerpo resucitado de Cristo. El mal está sólo en las pasiones, que retienen a la carne en su tiranía:
«A causa de la pasión por el dinero, de la vanagloria y del placer, es por lo que hemos recibido la orden de no amar al mundo ni nada de lo que hay en el mundo; no para odiar sin discernimiento a las criaturas de Dios, sino para extirpar de raíz las causas de estas tres pasiones», dice Marcos el Asceta con toda claridad.

El alma que está atrapada por sus pasiones «no siente sus heridas y, llevada por un gran vicio y un endurecimiento sin medida, es incapaz de ver el gran mal que hay en ella». Este endurecimiento de corazón es lo que Jesús tantas veces había deplorado en los escribas y fariseos, incapaces de reconocer sus propias faltas, incapaces de percibir la viga que hacía de pantalla en sus propios ojos (Lc 6,42).
Los Padres difieren a la hora de identificar la raíz última de este endurecimiento de corazón, de esta tiniebla que hay en el hombre. Tres son las causas que aparecen a lo largo de sus escritos: la avidez de placeres, el amor de sí mismo y el orgullo. Aquí trataremos de mostrar que, a pesar de sus acentos diferentes, se trata de una misma y única causa, que se desplaza, de la zona más exterior del hombre (el cuerpo y su avidez de placeres), a la zona más profunda (el corazón endurecido por el orgullo), a causa de la absolutización de uno mismo.

Lo importante es percibir la unidad que constituye al ser humano y, a la vez, tratar de descubrir las conexiones de las pasiones (y de las virtudes) con sus diferentes partes. No se trata de separar ni desmembrar la naturaleza humana, sino de distinguir las causas de sus males, para sanarlas, y descubrir las fuentes de sus virtudes, para abrirlas y permitir que fluyan todas sus potencialidades. Tal es la sabiduría de los Padres: son médicos del género humano, perspicaces observadores de ese misterio que somos nosotros para nosotros mismos. …

Fragmento de “Espiritualidad en Filocalía, de Javier Melloni

Hermanas/os en Cristo Jesús: Podéis sumaros al curso de Filocalía en cualquier momento del año ya que se lleva adelante por módulos mensuales no correlativos sino abordando escritos de diferentes monjes.

Texto preparatorio al cursoInfo sobre el curso

bloghesiquia@gmail.com

La respuesta que damos II

Viene del post anterior

¿Pero cómo llegar a construir ese lugar o cómo acceder a él?

No es labor de un día, pero tampoco tiene porque ser muy lenta. La clave es aprender a fundarse en lo permanente y no en lo transitorio. Estar muy atento para descubrir en que cosa estoy fundando mi bienestar. Es preciso acostumbrarnos e ir haciendo real en nuestra vida, lo que afirma nuestra fe. Dice el salmista:

“Yo te amo, Señor, mi fuerza, Señor, mi roca, mi fortaleza y mi libertador, mi Dios, el peñasco en que me refugio, mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte…” (Sal. 18, 2-3)  

Es preciso darnos cuenta de aquello en lo que nos apoyamos cotidianamente. Quizás en la compra de aquel objeto, en lograr aquel reconocimiento, en poder encontrar tal persona, en modificar aquello otro de la casa… No podemos anclarnos en lo que es mudable, transitorio y perecedero. Ninguna situación humana puede darnos la felicidad que anhelamos porque todo lo nuestro tiene la característica de lo variable y lo finito.

Puede ser desagradable escuchar estas cosas. Sobre todo si uno está afirmado en una situación particular. No se trata de desechar lo bueno y valioso de nuestra vida, sino de no poner la base en alguna cuestión particular, que al modificarse, nos deje debilitados. Cualquier alegría de la existencia ha surgido porque antes nos ha sido dada la vida. Esta existencia es el verdadero don y la conciencia de ese existir nos señala en dirección al Creador, al Padre de todo lo que hay.

Tus manos me hicieron y me formaron; instrúyeme, para que aprenda tus mandamientos” (Sal. 119, 73)

Y esta existencia tiene un sentido en función del cual hay que orientar las acciones. Un aspecto importante de ese sentido y significado de la vida, tiene que ver con eso de las respuestas que se dan a los acontecimientos y del papel que uno intenta cumplir, favoreciendo la elevación de todo aquello en lo que participamos.

Continúa en un próximo post

La imagen que encabeza el post fue agregada con permiso del blog “La mirada contemplativa

La respuesta que damos

Diariamente vivimos distintos acontecimientos. Situaciones se van resolviendo y generando de continuo en los diferentes ámbitos en los cuáles desplegamos nuestra intención. Estos aconteceres son de diversa índole y algunos de ellos vienen portando un signo negativo. Son sucesos desdichados o desagradables; pueden ser encontronazos, desajustes, simples desacuerdos y hasta malos entendidos. A veces se trata del fracaso de un proyecto, de una desilusión o de sufrir una injusticia.

Hay algo de suma importancia: la respuesta que demos ante estas circunstancias.

Hay que tratar de que la propia reacción sea siempre superadora en relación a lo recibido. Debo tratar de devolver el bien ante el mal. Por cierto no es más que la enseñanza de Cristo transmitida en el evangelio, lo estamos diciendo con otras palabras, pero es lo mismo. Nos hace falta escuchar lo mismo una y otra vez y de distinto modo, hasta que ocurre que eso que escuchamos llega en nuestro momento correcto y nos sentimos más dispuestos a aplicarlo.

Es como si nos dispusieramos a ser transformadores, un factor transformador. Que todo aquello que entre en nuestro campo de influencia se vea mejorado a través de nuestra actitud. Pero claro, para ello es necesario que uno permanezca situado en un lugar interior que se encuentre al abrigo de las contingencias y de la variabilidad y de toda oscuridad. Vivir desde la celda interior y desde allí dar las respuestas a lo que va aconteciendo.

¿Pero cómo llegar a construir ese lugar o cómo acceder a él?

Sigue en el próximo post

La imagen del Post fue extraída de La mirada contemplativa

El padre Sergio

Hermanas y hermanos en Cristo Jesús: Os dejamos aquí el texto de un cuento de León Tolstoi, muy relacionado con La Oración de Jesús y las vicisitudes de la vida espiritual. No es un cuento breve, pero creemos que será de utilidad. Cualquier intercambio sobre el mismo será bienvenido. La imagen es un óleo que retrata al escritor de N. Gue. Un abrazo fraterno a todos invocando el Santo Nombre de Jesús.

Cuento completo de León Tolstoi

I

Alrededor del año 1840, en Petersburgo, tuvo lugar un suceso que sorprendió a cuantos de él tuvieron noticias: un oficial de coraceros del regimiento imperial, guapo joven de aristocrática familia en quien todo el mundo veía al futuro ayudante de campo del emperador Nicolás I y a quien todos auguraban una brillantísima carrera, un mes antes de su enlace matrimonial con una hermosa dama tenida en mucha estima por la emperatriz, solicitó ser relevado de sus funciones, rompió su compromiso de matrimonio, cedió sus propiedades, no muy extensas, a una hermana suya, y se retiró a un monasterio, decidido a hacerse monje. El suceso pareció insólito e inexplicable a las personas que desconocían las causas internas que lo provocaron; para el joven aristócrata, Stepán Kasatski, su modo de proceder fue tan natural, que ni siquiera cabía en su imaginación el que hubiera podido obrar de manera distinta.

Stepán Kasatski tenía doce años cuando murió su padre, coronel de la Guardia, retirado, quien dispuso en su testamento que si él faltaba no se retuviera al hijo en su casa, sino que se le hiciera ingresar en el Cuerpo de cadetes. Por doloroso que a la madre le resultara separarse de su hijo, no se atrevió a infringir la voluntad de su difunto esposo, y Stepán entró en el cuerpo indicado. La viuda, empero, decidió trasladarse a Petersburgo junto con su hija Várvara a fin de vivir en la misma ciudad que su hijo y poder tenerlo consigo los días de fiesta.

El muchacho se distinguió por sus brillantes dotes y por su enorme amor propio. Fue el primero en ciencias, sobre todo en matemáticas, por las que sentía notoria preferencia, en instrucción militar y equitación. A pesar de su excesiva estatura, era un joven apuesto y ágil. También por su conducta habría sido un cadete modelo de haber dominado sus arrebatos de ira. No bebía, no llevaba una vida licenciosa y era muy sincero. Lo único que le impedía ser ejemplarmente irreprochable eran sus estallidos de cólera, durante los cuales perdía el dominio de sí mismo y se convertía en una fiera. Un día estuvo a punto de echar por la ventana a un cadete a quien se le había ocurrido burlarse de su colección de minerales. Otra vez por poco se hunde irremisiblemente: arrojó un plato lleno de chuletas a un oficial veedor de la Escuela, y, según dicen, lo abofeteó por haberse retractado éste de sus palabras y haber mentido insolentemente. Sin duda lo habrían degradado si el director no hubiera echado tierra al asunto y no hubiera despedido al veedor.

A los dieciocho años lo destinaron al aristocrático regimiento de la Guardia. El emperador Nikolái Pávlovich había conocido a Stepán Kasatski en la Escuela de cadetes, y después, en el regimiento, siguió haciéndolo objeto de su distinción, por lo cual se pronosticaba que Kasatski sería el ayudante de campo del soberano. Kasatski lo esperaba con toda el alma y no sólo por amor propio, sino ante todo porque desde sus años de cadete quería profundamente, con auténtica pasión, a Nikolái Pávlovich. Cada vez que el emperador visitaba la Escuela -lo cual ocurría con frecuencia-, entraba con paso marcial, alto, vistiendo uniforme militar, abombado el pecho, curva la nariz sobre el bigote, cuidadosamente recortadas las patillas, y saludaba con potente voz a los cadetes, Kasatski sentía la exaltación del enamorado, como la experimentó más tarde al encontrar el objeto de su amor. Pero el entusiasmo que sentía por Nikolái Pávlovich era aún más fuerte: habría querido mostrarle que su fidelidad no tenía límites, habría querido sacrificar algo por él incluso su vida. Nikolái Pávlovich sabía que despertaba semejante fervor y lo estimulaba conscientemente. Participaba en los juegos de los cadetes, alternaba con ellos, los trataba ora con infantil sencillez, ora amistosamente o con solemne majestuosidad. Después del último incidente de Kasatski con el oficial, Nikolái Pávlovich nada dijo al cadete, pero cuando éste se le quiso acercar, lo apartó con un gesto teatral y, frunciendo el seño, lo amenazó con el dedo. Al marcharse dijo:

-No olvides que lo sé todo, pero algunas cosas no quiero saberlas. Sin embargo están aquí.

Y señaló el corazón.

Cuando los cadetes terminaron la Escuela y se presentaron ante el emperador, Nikolái Pávlovich ya no hizo alusión al incidente y dijo, como siempre, que todos ellos podían dirigírsele en persona, que debían servirle fielmente, a él y a la patria, y que siempre seguiría siendo para ellos su mejor amigo. Todos se sintieron emocionados, y Kasatski lloró y se juró entregarse en cuerpo y alma al servicio del adorado zar.

Cuando se incorporó al regimiento, su madre se trasladó a Moscú, acompañada de su hija, y luego a la aldea. Kasatski cedió a su hermana la mitad de su herencia. Con la parte que le quedó estaba en condiciones de hacerle frente a las necesidades que imponía servir en un regimiento de tanto rango como el suyo.

Aparentemente, Kasatski era como cualquier otro oficial del regimiento de la Guardia dispuesto a hacer una brillante carrera; pero en su interior se verificaba un complicado y duro trabajo que dio comienzo, por lo visto, en su propia infancia y tomó formas muy diversas, aunque la esencia era siempre la misma: alcanzar la perfección y el éxito en todas las ocupaciones que requerían su concurso hasta ganarse el aplauso y la admiración de las gentes. Cuando se trató del estudio y de las ciencias, trabajó de firme hasta que lo encomiaron y lo presentaron como ejemplo a los demás. Alcanzando un objetivo, se lanzaba a la consecución de otro. Obteniendo el primer puesto en el estudio, y hallándose todavía en la Escuela de cadetes, creyó notar que hablaba el francés con poca soltura y trabajó hasta dominar este idioma tan perfectamente como el ruso. Más tarde se aficionó al ajedrez, y antes de salir de la Escuela logró jugar magistralmente.

Aparte del objetivo fundamental de su vida, que consistía en servir al zar y a la patria, Kasatski siempre se proponía alcanzar algún otro fin. Por insignificante que éste fuera, se entregaba plenamente a su consecución y hasta haberlo conseguido no vivía para otra cosa. Pero, una vez ganada esta meta, un nuevo fin surgía en su conciencia ocupando el lugar del anterior. Este afán de distinguirse y lograrlo entregándose a la consecución de algún objetivo, llenaban por entero su vida. Cuando ingresó en el regimiento se propuso ser un modelo de perfección en el cumplimiento de sus obligaciones, y al poco tiempo llegó a ser un oficial ejemplar pese a sus arranques de cólera, defecto que también en el regimiento lo llevó a realizar actos reprobables y perjudiciales para el buen éxito de su carrera. Más tarde, conversando con personas de la alta sociedad, entendió que su formación general cojeaba en algunos aspectos, y decidió acabar con ello, lo que logró estudiando tenazmente. Se propuso luego llegar a una posición brillante en la alta sociedad, aprendió a bailar de forma insuperable y al poco tiempo lo invitaban a todos los bailes aristocráticos y a algunas veladas. Sin embargo, no se sintió satisfecho. Estaba acostumbrado a ser el primero en todo y en ese terreno se hallaba muy lejos de haberlo logrado.

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La liturgia del ahora

Entiendo los conceptos y las ideas que me transmite, pero siento que no logro llevarlas hacia mi vida concreta de todos los días. ¿Cómo se hace para encontrar y situarse en esa disposición de la que habla?

Veamos con paciencia. ¿De que estado estamos hablando? ¿Que es en definitiva lo que buscamos? Un estado de unión con Dios; un estarse en la Presencia, una paz interior inalterable, no dependiente de los avatares exteriores. Pretendemos esa disposición del ánimo que nos permite advertir el significado de lo que ocurre, percibir el tránsito de lo trascendente en medio de lo cotidiano. Si queremos esa plenitud, esa hesiquía del corazón, es porque ya la hemos conocido. Hemos atravesado esos estados del alma, la dificultad esta en hacerlos estables, contar con ellos como patrimonio disponible, en suma: vivir en Cristo.

Sabemos que la gracia del Espíritu está siempre accesible para quién le abre la puerta… ¿Cuál es nuestra parte? ¿A que aplicar la voluntad para facilitar la acción de lo divino en nosotros? Hay que empezar por lo que se tiene y lo primero que tenemos es el momento en el que estamos. Hay que dejar de lado las consideraciones sobre cuánto hemos pecado o si esto otro o lo de más allá: Debemos abstraernos de todo ello y poner atención, orden y pulcritud en lo que tenemos entre manos en ese instante preciso.

Esta simpleza nos re unifica el alma, nos eleva del estado disperso en que nos encontramos, nos impulsa “hacia arriba” y desde allí, uno puede volver a la oración o tomar nuevamente las riendas de la ascesis por la que venía. Insisto: No importa si nos hemos equivocado, si nos desviamos, si faltamos a los propósitos que con tanto fervor supimos hacer; lo decisivo ahora es retornar, elevarse y para ello hay que tomar el momento presente como herramienta. Sea lo que sea que estés por hacer o que te toque hacer en ese momento, pon atención a la tarea, buscando orden y pulcritud, busca el “bien hacer” en eso que te toca.

Supón que tienes que disponer la mesa para que coman los hermanos en el refectorio o para la cena familiar… Asegúrate de hacerlo bien, paso a paso. Limpia la mesa primero, ubica los platos en la posición correcta para cada uno, atiende a que no falte nada de lo necesario. Hazlo bien, con tendencia hacia la perfección, aunque nos sepamos imperfectos. Y esto no por una escrupulosidad banal, sino porque el poner lo mejor de nosotros en lo que hacemos, nos eleva el alma, nos acerca a Dios. Verás que vuelvo en nuestras charlas, una y otra vez al mismo punto: Hacer las cosas como si de liturgia se tratara. Con unción y reverencia hacia todo y hacia todos.

Y es que en cierto modo la vida es liturgia y nuestro corazón un altar y las acciones que ejecutamos y el modo en que lo hacemos la ofrenda de esta ceremonia existencial. Es un querer reconciliarse con Dios, con los demás y con uno mismo, usando el momento inmediato con el que contamos y la actividad que nos toca realizar en ese fragmento del tiempo.

Esta actitud está a la mano y podemos ponerla, depende de nosotros, si no ponemos eso… no hay excusas. Sea que te  sientas desalentado por aquella caída que una y otra vez te gana de mano, sea que no sepas cómo volver a la oración fervorosa que antes tenías, o que no encuentres claridad en tus metas… nada de eso se interpone ahora, para que apliques lo mejor que tengas en limpiar tu celda o en ordenar esos elementos dispersos del taller de trabajo o en regar prolijamente cada planta del vivero.

Y si fuera el caso de quién trabaja hostigado por los apremios de un ritmo vertiginoso; nada impide que respire profundamente, que acomode con precisión los elementos de trabajo, que atienda con deferencia al que se acerca y que invoque a Jesucristo con la mente aunque sea una sola vez, pidiendo fuerzas y confianza. Porque gran parte de los apremios de afuera, hacen mella en nosotros por los temores que llevamos dentro; que tienen su origen en las apetencias o en las posesiones a las que nos aferramos, para compensar nuestro vacío interior.

Cuando los niños pequeños están aprendiendo a caminar, los padres los agarran de las manos y con cuidado avanzan despacio mientras los impulsan hacia adelante. Pero verás que el niño, como mínimo, va moviendo sus piernas y lanzando pasos inseguros en la misma dirección. Eso se necesita de nosotros al menos. Eso nos compete. Es nuestro margen de libertad; el libre albedrío encuentra aquí gran parte de su sentido, en nuestra colaboración con la gracia de Dios.

Si uno en vez de considerar esto intelectualmente, lo aplica, verá que su estado interior después de haber hecho algo poniendo atención y esmero, es mucho mejor que el que tenía antes. Y comprobará que desde este nuevo escalón, puede acometer nuevos intentos; ya en la oración, ya en la meditación de las escrituras, ya en el trabajo manual, con una disposición anímica mucho más favorable y adecuada para la vida ascética.

Texto propio del blog

La imagen que ilustra el texto fue extraída con autorización del blog :

La Mirada Contemplativa

Homilía dominical del Padre José

La depresión

La depresión es un estado particular del ánimo. Se utiliza el término para agrupar distintas sensaciones tales como tristeza, angustia, falta de vitalidad, desesperanza, ausencia de entusiasmo, visión negativa de si mismo y del futuro, etc.

Es un estado pariente del “sin-sentido”, en el que nada colma y esta carencia contrariamente a lo que pudiera suponerse, no genera el ansia de completitud sino un aumento de la desazón. Esta última palabra -de-sazón- ilustra claramente lo que produce la depresión en el alma: Una falta de sabor, nada tiene condimento y por tanto todo da un poco lo mismo.

Los viejos intereses y proyectos ya no motivan y no aparecen nuevas metas vigorizantes ni las ganas de encontrarlas. Se ha perdido la voluntad y su soporte, el deseo de crecimiento.

Para quién se encuentra en esta situación, la oración de Jesús puede servir de gran ayuda. Uno debe situarse precisamente en la sensación de hastío en que se encuentra sumido por la depresión; uno debe llevar su atención allí mismo, al centro del dolor o de la nada nauseosa de lo gris que atormenta, y desde esa zona interior comenzar la repetición del llamado a la misericordia.

¡Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten misericordia de mí ! ha de repetirse con la conciencia de la sensación que estoy padeciendo. Algo en mí ha dejado de valorar el don de la vida, algo se torció, algo se rindió, he perdido el valor para hacer de la existencia una obra digna, por eso pido misericordia (el acercamiento de Dios al propio corazón).

Apelo a aquél que me ha creado y le pido su asistencia, su ayuda generosa y se la pido desde la nada en la que estoy sumido.

Si se puede mover el cuerpo, caminar haciendo el pedido lo más atentamente posible, sino hay fuerzas para moverse puede hacerse desde la silla o en la misma cama en la que nos encontramos postrados. Se requiere tan solo el acto interior, un movimiento del corazón hacia Dios, una apelación al más Alto.

Ese acto del alma que se abre a la gracia llamando la presencia del Salvador es basta para que todo el panorama cambie. Apenas se sienta la brisa nueva de la esperanza, apenas se advierta un leve cambio del clima en el propio corazón, hay que activarse siguiendo esas discretas mociones, como suaves voces interiores que nos impulsan a acometer nuevas proyectos.

La continuidad en la oración de Jesús y el transcurrir de unos pocos días nos permitirán ya re-ordenar nuestra vida hacia nuevos horizontes despejados y frescos. Quizás descubramos luego de un tiempo más, que aquello que llamábamos depresión no era sino el llamado de Cristo para que volviéramos el rumbo hacia la patria verdadera.

texto propio del blog

Links recomendados:

Nueva vida en Dios

Hacia la contemplación

La oración de Jesús nos libera

Que la verdad es liberadora lo podemos comprobar en todos los ámbitos de nuestra vida. Por ejemplo, en las relaciones con los demás no nos sentimos del todo cómodos si detectamos cierto clima de apariencia o falsedad. Ni el que se comunica de un modo superficial y aparente ni el que recibe la comunicación se sienten cómodos. Uno porque no quiere sentirse descubierto y el otro porque una relación así le provoca desconfianza. Sin embargo cuando estamos con alguien con el que podemos ser como somos y abrirnos y él a su vez deposita esa confianza en nosotros, que gran liberación y bienestar experimentamos ¿verdad?

Nos ocurre igual en nuestra relación con nosotros mismos. A veces esa relación es la que más nos cuesta. Muchas veces no entendemos nuestras reacciones o que es lo que nos ocurre. Nos gustaría vivir en verdad pero dudamos de nosotros mismos, de nuestras verdaderas intenciones o nos sorprendemos descubriendo zonas ocultas de nuestro ser. Y es que este trabajo de vivir en verdad e irnos liberando es un proceso continuo.

En ese camino de búsqueda de la verdad es muy liberador repetir verdades. A veces cuando nos embrollamos mentalmente y quedamos presos de nuestros pensamientos y sentimientos en realidad estamos siendo atrapados por la mentira. En esos momentos si afirmamos algo racional e indiscutible hasta nos sentimos mejor. Es decir, por ejemplo, si un día a consecuencia de un desencuentro con nuestro jefe, o con nuestra familia o en cualquier otra circunstancia hemos sufrido algún daño emocional, podemos sin darnos cuenta empezar a entrar en un bucle de negatividad.

De pronto nos encontramos repitiendo frases como, “Todo lo hago mal, no sirvo para nada, nadie me quiere…” Pero si nos paramos un momento y las analizamos veremos que no son verdades. No es posible que siempre lo hagamos todo mal o que no sirvamos para nada. Si lo analizamos racionalmente nos daremos cuenta de que servimos para muchas cosas y de que hacemos muchas cosas bien. En esos momentos repetir una verdad nos puede ayudar mucho a parar todo ese monólogo que nos está haciendo daño. Si repetimos la oración de Jesús estamos entrando en oración y dejándonos amar por Aquel que piensa que valemos mucho y que nos trata con Amor. Contactamos con el que es todo Amor para dejarnos amar por él y que a su vez nos ayude a amarnos a nosotros mismos.

La gran verdad que estamos repitiendo es: Jesús (al invocarle estamos reconociendo que está vivo y presente entre nosotros) Hijo de Dios (por tanto todopoderoso y capaz de entender y amar todo lo que nosotros no entendemos ni amamos), ten misericordia de mí (con esto reconocemos que es su misericordia y no nuestros méritos los que nos salvan) que soy un pecador (ante Dios nos mostramos como somos y no tenemos que aparentar otra cosa).

¿No es liberador poder presentarnos ante Dios reconociendo lo que Él es y lo que somos nosotros? ¿No nos introduce esta oración en la simplicidad, la sencillez y el Amor?

María Jesús

La hermana María Jesús administra el blog “El Soplo de la vida” y es miembro activo de la Fraternidad monástica virtual

El peregrino, el aviador y el astronauta

Un astronauta desciende de la nave y le preguntas: ¿Cómo son las cosas? Él dice: Pues hay un espacio inmenso que parece infinito, es oscuro muy oscuro pero tachonado de millones de puntos de luz brillante. Hay un sol, una esfera azul muy bonita que es La Tierra y una piedra gris que es La Luna. Y no hay mucho más.

Una persona baja de un planeador y le preguntas: ¿Cómo son las cosas? Él dice: hay campos cuadriculados sembrados de verde, pastizales y pasturas, montañas y valles e inmensas llanuras y lagos. Poblaciones pequeñas y grandes ciudades aquí y allá abarrotadas de gente y muchas nubes. Y no hay mucho más.

Un peregrino se sienta a descansar a la vera del camino y le preguntas: ¿Cómo son las cosas? Él dice: Pues hay árboles que bordean un largo y sinuoso camino, viandantes amables y hoscos, algunos perros te siguen largos trechos. De vez en cuando hay arroyos y algunas aldeas ocasionales. Y no mucho más.

Peregrino, aviador y astronauta tienen distintas percepciones de lo que hay debido a su diferente posición, sin embargo ninguno se equivoca. El peregrino tenderá a enfatizar en el valor del esfuerzo por llegar a destino y del caminar todos los días; el aviador hablará de la mixtura entre su manejo del timón y las corrientes de aire y el astronauta dirá que todo consiste en llegar a órbita y luego dejarse llevar. Y tendrán razón los tres.

Cuando hablamos desde el cotidiano, no podemos negar la percepción del valor del esfuerzo y de la decisión humana; y cuando nos vamos “elevando” con el sentimiento, la oración o la contemplación, tendemos a hablar cada vez más de la gracia y del escaso papel que nuestra libertad tiene en aquellas “alturas”. Pero no se opone una cosa a la otra ni tiene más valor una escala que la otra.

La mayor parte de los conflictos que se generan cuando nos abocamos a discernir el papel de la gracia divina o la voluntad de Dios y el libre albedrío, derivan de una mezcla entre los tres planos de observación antedichos. El conflicto se resuelve si conversamos sabiendo el “desde donde” hablamos.

Por eso dijo muy inspiradamente San Ignacio de Loyola: «Actúa como si todo dependiera de ti, sabiendo que en realidad todo depende de Dios» Benedicto XVI explica el tema aquí abajo, utilizando las parábolas de las semilla que crece por sí misma y la del grano de mostaza.

Angelus, 17 de Junio de 2012

El apremio y el temor

“¿Que hace quien está doce o catorce horas en el mundo de la acción, en un trabajo donde se sufren presiones; yo creo hermanos que no es fácil… como hacerlo? Un abrazo en Cristo.”

Estimado hermano, sin duda que no es fácil. Precisamente esta dificultad puede servir como medio para fortalecernos si sabemos usarla. Debes convencerte, tomar conciencia, de que esta situación que vives es la herramienta para transformarte y para transformar tu vida. Para usar un ejemplo simple: Cuando alguien pierde la vista, termina aguzando el oído, atendiendo mucho más al tacto, se hace perceptivo a los aromas…

Es decir que si estás sometido a presiones laborales habrás de desarrollar un espacio interno de calma, donde no pueda llegar la agitación exterior. Lo primero es ubicarte mentalmente allí, saber que no sales a sufrir en un trabajo agobiante y sin sentido, sino a cultivar tu alma y a fortalecer tu espíritu.  Y esto claro, no como un mero decirse, sino como un modo de hacer interior efectivo y real.

Se trata de que uses lo negativo como palanca interior para elevarte. Veámoslo con algo de detenimiento a fin de que resulte una recomendación práctica y no teórica. Cuando ocurre el suceso determinado, vamos a poner por caso cuando el jefe me dice con cierta agresividad  que me apure a cumplir mi tarea. Allí se abren rápidamente dos caminos. Uno el que es habitual y casi automático, salir impelido con toda ansiedad y preocupación, guiados por el temor a perder el trabajo, a cumplir lo exigido. Respiramos mal, seguramente perdemos eficacia, nos sentimos humillados, en suma sufrimos un acoso laboral y moral del que nos sentimos esclavizados y sin salida.

El otro camino es el de la confianza en Dios. Este camino te hace distender, aflojar el cuerpo mientras más te presionan. Si debes, vas y haces lo que te piden, pero sin el temor de perder el trabajo ya que sabes (recuerdas) que esto depende de Dios y no de la voluntad de tu jefe ocasional. Realizas la tarea lo mejor que puedes, poniendo atención y esmero pero sin prisa. Es más, la experiencia de todos indica que mientras más nos apuramos menos eficaces somos. Todo esto termina en el tema de la fe. No hay posibilidades de vivir tranquilos sin fe en Dios y en que Su providencia que no nos dejará a la deriva. Este es el tema central.

A más presión más debes adentrarte hacia la ermita interior. Si te hostigan y presionan de manera directa, repite interiormente la oración de Jesús o aquella tan buena de Juan Casiano que aconsejaba rezar en todo momento y lugar: “Dios mío ven en mi ayuda, apresúrate Señor a socorrerme”. Por supuesto, que también las personas vivimos un arrastre de opciones antiguas que hemos tomado. Quizás si uno busca lo esencial en la vida, lo verdaderamente importante, tenderá a buscar trabajos de menos horas o a desarrollar una actividad que le permita expresar lo mejor de sí. Aunque claro, esto llevará tiempo. Si mi vida se despojara de lo superfluo, ¿Tengo que trabajar este número de horas? ¿No podré prescindir de esto y de aquello, en pos de mayor espacio de tiempo para otras actividades y compañías? Pero nuevamente, lo que se decida depende en mucho de la fe que se tenga en el papel de Dios en nuestra vida.

En la raíz de los apremios esta el temor. En la raíz de la paciencia está la fe. La tranquilidad de espíritu nace de la fe. Porque la fe es también confianza y descanso en la providencia. Por experiencia te lo digo: Elige el modo en que quieres vivir, fija tus prioridades verdaderas y descansa en Dios. En la conducta tratar de ser coherente con el llamado que se ha recibido. Verdaderamente “lo demás viene por añadidura” pero debemos tener claro cual es El Reino de los cielos en nuestra vida. 

Ojalá pueda servirte esto un poco, seguiremos conversando si te parece, tratando entre todos de ir mejorando nuestras vidas mediante el encuentro con la paz de Cristo en el corazón. Un saludo fraterno, invocando a Jesucristo.

La imagen que ilustra esta página fue agregada con permiso del blog: La mirada contemplativa

Recomendamos:

Página sobre Sta. Catalina de Siena

Aviso y breve texto

Estimadas/os en Cristo Jesús. Ya se encuentra disponible la segunda clase de Filocalía. Si os habéis inscripto y no os están llegando los correos de aviso por favor avisadnos al correo bloghesiquia@gmail.com o al Whatsapp +54-9-3513095309

Texto del día

Sucede que a los hombres se los llama, impropiamente, razonables. Sin embargo, no son razonables aquellos que han estudiado los discursos y los libros de los sabios de un tiempo; pero aquellos que tienen un alma razonable, y que están en condiciones de discernir entre lo que está bien y lo que está mal, aquellos que huyen de todo lo que es maldad y que daña el alma, mientras que se adhieren solícitamente a poner en práctica todo lo que es bueno y útil al alma, y hacen todo esto con mucha gratitud respecto de Dios, solamente estos últimos pueden ser llamados, en verdad, hombres razonables. El hombre verdaderamente razonable tiene un solo deseo: amar a Dios y agradarle en todo. En función de esto -y solamente de esto – formará su alma, de modo que sea del agrado de Dios, dándole gracias por el modo admirable con que su providencia gobierna todas las cosas, incluso los eventos fortuitos de la vida. Está, pues, fuera de lugar, agradecer a los médicos por la salud del cuerpo aun cuando nos suministran fármacos amargos y desagradables, y ser ingratos con respecto de Dios por las cosas que nos parecen penosas, sin reconocer que todo sucede de la forma debida, en nuestra ventaja, según su Providencia.

San Antonio el grande – Filocalía

Día 30 – La luz divina

Texto sugerido

En la vida de Simeón, el nuevo teólogo, se cuenta que un día, repitiendo según su costumbre la oración: “Señor, ten piedad de mí, que soy un pecador”, de pronto lo cegó una luz maravillosa. Él parecía haberse convertido en luz y en ese estado luminoso, identificado con Dios, fue colmado de una inmensa alegría e inundado de cálidas lágrimas de amor; y lo más extraño de ese maravilloso acontecimiento es que, para su sorpresa, gritaba en alta voz: “Señor, ten piedad de mí… Más tarde, habiéndose retirado poco a poco la luz, volvió a su cuerpo y al interior de su celda, y encontró su corazón colmado de una alegría inefable y su boca gritando en alta voz: Señor, ten piedad de mí…

La luz divina II

La luz divina III

Práctica sugerida

Estimados/as en Cristo Jesús.

¿Existe en vuestra casa o  habitación un sitio destinado especialmente a la oración? Es importante que se disponga. Lo exterior va progresivamente mostrando lo que ocurre en el interior. Muchas veces, el acondicionamiento material de un lugar destinado a la oración, coincide con el arraigo de cierta disposición espiritual a perseverar en la plegaria.

Igual, lo que puede encontrarse en este sitio especial, manifiesta rasgos de nuestra espiritualidad personal. Generemos fuera de nosotros el espacio que queremos construir dentro. Y si ya existe quitémosle el polvo y si lo usamos a diario hagamos algo mínimo que lo mejore, que lo asimile más a lo sagrado que ese espacio nos evoca.

Sabemos que no se trata de caer en alguna idolatría, ni con las imágenes, ni con las disposiciones que necesitamos para la oración. Pero podemos darnos el permiso de ayudarnos a evocar este contacto con lo divino, mediante aquellas imágenes que nos suscitan su recuerdo.

No puede faltar en ese pequeño ámbito la sagrada escritura, alimento diario que meditado en profundidad nos guía hacia la vida en Dios. Y si no tenemos posibilidades de crear ese espacio en nuestra casa, al menos llevemos algo en nuestra agenda  o en la cartera, dejemos un pequeño icono en el lugar de trabajo, que a manera de recordatorio nos inspire a recomenzar la oración si la hemos perdido.

Ha sido un gusto hermanas y hermanos compartir estos 30 días de ejercicios espirituales. Seguimos a disposición de ustedes para lo que necesitéis. Un abrazo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesús.