Igual que hoy era la Solemnidad de la Santísima Trinidad. Me acuerdo porque ese día andaríamos bastante hasta el camino, donde íbamos a tomar el único transporte que llegaba al pueblo los domingos. Allí asistiríamos a Misa y luego visitaríamos a S. a quién solíamos dejar iconos para su venta. No me daban muchas ganas, hubiera preferido quedarme al abrigo del bosque. Era todavía temprano en la mañana y conversábamos de distintas cosas al ritmo de mis preguntas y a veces sobre las lecturas del día. Nos había quedado pendiente la del ciego de Jericó que era uno de los pasajes que más lo entusiasmaban. Decía que en esos pocos versículos respiraba una completa regla de vida. Me hizo leer una vez más los siete versículos y me dijo algo bastante aproximado a esto:
Lo primero es que necesitas estar junto al camino y no divagando en cualquier parte. Tienes que estar a la escucha y en espera de la presencia del que viene. Es decir hay que estar atento, porque Jesús viene pero rodeado de una gran multitud, hay bullicio de parte de los que lo acompañan y también de los que están junto a ti. Estos son los pensamientos, las dudas y sobre todo las esclavitudes que te mantienen atado al suelo y dificultan tu elevación. El ciego se entera de que Jesús viene, tuvo entonces un pequeño espacio de silencio entre tanto tumulto y pudo oír su deseo de sanación. Ahí empieza todo el proceso espiritual de Bartimeo y es en ese momento cuando tiene que primar la voluntad, ese deseo profundo hecho intención y atención que se transforma en plegaria incesante. «Jesús, hijo de David, ten piedad de mí!»
Siguió diciéndome: pero siempre que aparece el anhelo de transformación surgen las resistencias, muchos lo hacían callar. Mira cuantas resistencias existen hacia la vida de oración y sobre todo hacia la oración continua. Los razonamientos de la ciencia, los valores de la época y hasta las espiritualidades de moda se visten de gran prestigio y te brindan una mejor imagen de ti mismo que la que puede darte orar. Pedir constantemente la compasión de un Dios invisible no es muy glamoroso. El mayor obstáculo es la mirada opaca de nuestro nivel de consciencia habitual…
(en base a Marcos 10, 46 – 52)
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La Santísima Trinidad en el blog del padre José Antonio
Reflexión de Hna. Cristina en la fiesta de la Santísima Trinidad
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