El retiro del Peregrino Ruso

Estimadas/os en el amor a Jesucristo. Antes de iniciar los ejercicios propios de Cuaresma, habilitaremos para todos, los vídeos expositivos del retiro del Peregrino Ruso, que realizáramos los días 2, 3 y 4 de diciembre de 2019. Aunque en aquella ocasión también hubo encuentros virtuales que ayudaban a intercambiar sobre los temas, creemos que puede servir igualmente para ustedes seguir la parte teórica y práctica de dicho retiro. Si lo desean pueden compartir y participar a través de los comentarios. El día lunes iniciaremos los ejercicios específicos de la Cuaresma mediante audios y ocasionalmente videos. Entre todos podemos apoyarnos en este tiempo de purificación, reflexión y conversión profunda. Saludos Fraternos invocando el Santo Nombre de Jesús.

Os agradecemos cualquier donación que podáis hacer, por mínima que sea, ya que de ese modo podemos dedicar cada vez más tiempo a esta labor que hacemos con mucho gusto. Aquí la página a tal efecto: Donaciones

Blogs del día:

Munaysonqo

Evangelio del Día

Seamos parte del misterio

Estimadas hermanas y hermanos en el amor a Cristo Jesús: En este tiempo de reflexión, purificación y conversión que hoy iniciamos litúrgicamente, os proponemos recorrer juntos estos días hacia el misterio supremo de nuestra fe, el significado profundo de la muerte y de la resurrección; que no son parte del pasado sino que se actualizan en nosotros si nos abrimos a la acción de la gracia, ese factor imprescindible para una conversión de vida. Os dejamos aquí cuatro textos breves, mensajes de cuaresma de diferentes años, de cuatro pontífices diferentes. Encontramos en ellos mucho material para aprovechar en estos días de Cuaresma.

Volver al misterio con la mente y el corazón

La fe como respuesta

Despojarse de sí mismo

Ruptura con el apego

Como siempre, agradecemos vuestros comentarios, aportes, reflexiones y consultas. Apoyarse, sostenerse, alentarse mutuamente es hoy más necesario que nunca, en un mundo que parece ir cada vez más rápido hacia una exterioridad vacía en lugar de hacia una interioridad plena. Ese mundo lo hacemos nosotros, somos partícipes de lo que ocurre. Anclados en el Santo Nombre de Jesús, permitamos la expresión de los talentos que nos han sido dados en favor de una nueva humanidad. Un saludo fraterno a todos.

La imagen del post es de “La mirada contemplativa”

El velo de las pasiones

Fragmento de “Espiritualidad en Filocalía”, de Javier Melloni

… El punto de partida es la oscuridad y la ignorancia. Una ignorancia muy diferente de la que se encontrará al término del camino. Porque la ignorancia de los inicios está envuelta en tinieblas, mientras que la otra, la sublime Ignorancia del término, está envuelta en luz, en una deslumbrante Luz divina, tal como veremos.

La ignorancia del comienzo no es accidental, sino que es un estado en que se encuentra el mundo tras la Caída Original. Para los Padres filocálicos, esta Caída no es una hipótesis teológica, sino un dato de la experiencia. Sin embargo, ese estado «caído» de nuestra naturaleza, ese nuestro estado de pecado, separados de Dios, sólo se puede descubrir precisamente a partir de la experiencia de Dios. Percibir esta separación u opacidad inicial no es evidente por sí mismo, porque estamos sumergidos en las tinieblas, que nos impiden tomar conciencia de ello. Sólo cuando el hombre tiene la experiencia de la Luz de Dios, puede descubrir cuál es su origen y a qué destino está llamado: creado a imagen y semejanza de Dios (Gn 2,26-27), está destinado a restaurar esa imagen y semejanza y a convertirse en Dios por adopción, hijo en el Hijo de Dios.

Dos obstáculos se interponen a este destino: el velo de las pasiones y la espesura de una carne que debe ser liberada, transformada. Las pasiones son una carga pesada que retiene al hombre en los bajos fondos y le impide ver a Dios y verse a sí mismo. Las pasiones habitan la carne, pero la carne es otra realidad distinta de las pasiones. La carne, como el mundo, no es mala por sí misma, sino que está llamada a transfigurarse ya en esta vida, a participar de la irradiación del Cuerpo resucitado de Cristo. El mal está sólo en las pasiones, que retienen a la carne en su tiranía:
«A causa de la pasión por el dinero, de la vanagloria y del placer, es por lo que hemos recibido la orden de no amar al mundo ni nada de lo que hay en el mundo; no para odiar sin discernimiento a las criaturas de Dios, sino para extirpar de raíz las causas de estas tres pasiones», dice Marcos el Asceta con toda claridad.

El alma que está atrapada por sus pasiones «no siente sus heridas y, llevada por un gran vicio y un endurecimiento sin medida, es incapaz de ver el gran mal que hay en ella». Este endurecimiento de corazón es lo que Jesús tantas veces había deplorado en los escribas y fariseos, incapaces de reconocer sus propias faltas, incapaces de percibir la viga que hacía de pantalla en sus propios ojos (Lc 6,42).
Los Padres difieren a la hora de identificar la raíz última de este endurecimiento de corazón, de esta tiniebla que hay en el hombre. Tres son las causas que aparecen a lo largo de sus escritos: la avidez de placeres, el amor de sí mismo y el orgullo. Aquí trataremos de mostrar que, a pesar de sus acentos diferentes, se trata de una misma y única causa, que se desplaza, de la zona más exterior del hombre (el cuerpo y su avidez de placeres), a la zona más profunda (el corazón endurecido por el orgullo), a causa de la absolutización de uno mismo.

Lo importante es percibir la unidad que constituye al ser humano y, a la vez, tratar de descubrir las conexiones de las pasiones (y de las virtudes) con sus diferentes partes. No se trata de separar ni desmembrar la naturaleza humana, sino de distinguir las causas de sus males, para sanarlas, y descubrir las fuentes de sus virtudes, para abrirlas y permitir que fluyan todas sus potencialidades. Tal es la sabiduría de los Padres: son médicos del género humano, perspicaces observadores de ese misterio que somos nosotros para nosotros mismos. …

Fragmento de “Espiritualidad en Filocalía, de Javier Melloni

Hermanas/os en Cristo Jesús: Podéis sumaros al curso de Filocalía en cualquier momento del año ya que se lleva adelante por módulos mensuales no correlativos sino abordando escritos de diferentes monjes.

Texto preparatorio al cursoInfo sobre el curso

bloghesiquia@gmail.com

La respuesta que damos II

Viene del post anterior

¿Pero cómo llegar a construir ese lugar o cómo acceder a él?

No es labor de un día, pero tampoco tiene porque ser muy lenta. La clave es aprender a fundarse en lo permanente y no en lo transitorio. Estar muy atento para descubrir en que cosa estoy fundando mi bienestar. Es preciso acostumbrarnos e ir haciendo real en nuestra vida, lo que afirma nuestra fe. Dice el salmista:

“Yo te amo, Señor, mi fuerza, Señor, mi roca, mi fortaleza y mi libertador, mi Dios, el peñasco en que me refugio, mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte…” (Sal. 18, 2-3)  

Es preciso darnos cuenta de aquello en lo que nos apoyamos cotidianamente. Quizás en la compra de aquel objeto, en lograr aquel reconocimiento, en poder encontrar tal persona, en modificar aquello otro de la casa… No podemos anclarnos en lo que es mudable, transitorio y perecedero. Ninguna situación humana puede darnos la felicidad que anhelamos porque todo lo nuestro tiene la característica de lo variable y lo finito.

Puede ser desagradable escuchar estas cosas. Sobre todo si uno está afirmado en una situación particular. No se trata de desechar lo bueno y valioso de nuestra vida, sino de no poner la base en alguna cuestión particular, que al modificarse, nos deje debilitados. Cualquier alegría de la existencia ha surgido porque antes nos ha sido dada la vida. Esta existencia es el verdadero don y la conciencia de ese existir nos señala en dirección al Creador, al Padre de todo lo que hay.

Tus manos me hicieron y me formaron; instrúyeme, para que aprenda tus mandamientos” (Sal. 119, 73)

Y esta existencia tiene un sentido en función del cual hay que orientar las acciones. Un aspecto importante de ese sentido y significado de la vida, tiene que ver con eso de las respuestas que se dan a los acontecimientos y del papel que uno intenta cumplir, favoreciendo la elevación de todo aquello en lo que participamos.

Continúa en un próximo post

La imagen que encabeza el post fue agregada con permiso del blog “La mirada contemplativa

La respuesta que damos

Diariamente vivimos distintos acontecimientos. Situaciones se van resolviendo y generando de continuo en los diferentes ámbitos en los cuáles desplegamos nuestra intención. Estos aconteceres son de diversa índole y algunos de ellos vienen portando un signo negativo. Son sucesos desdichados o desagradables; pueden ser encontronazos, desajustes, simples desacuerdos y hasta malos entendidos. A veces se trata del fracaso de un proyecto, de una desilusión o de sufrir una injusticia.

Hay algo de suma importancia: la respuesta que demos ante estas circunstancias.

Hay que tratar de que la propia reacción sea siempre superadora en relación a lo recibido. Debo tratar de devolver el bien ante el mal. Por cierto no es más que la enseñanza de Cristo transmitida en el evangelio, lo estamos diciendo con otras palabras, pero es lo mismo. Nos hace falta escuchar lo mismo una y otra vez y de distinto modo, hasta que ocurre que eso que escuchamos llega en nuestro momento correcto y nos sentimos más dispuestos a aplicarlo.

Es como si nos dispusieramos a ser transformadores, un factor transformador. Que todo aquello que entre en nuestro campo de influencia se vea mejorado a través de nuestra actitud. Pero claro, para ello es necesario que uno permanezca situado en un lugar interior que se encuentre al abrigo de las contingencias y de la variabilidad y de toda oscuridad. Vivir desde la celda interior y desde allí dar las respuestas a lo que va aconteciendo.

¿Pero cómo llegar a construir ese lugar o cómo acceder a él?

Sigue en el próximo post

La imagen del Post fue extraída de La mirada contemplativa

El padre Sergio

Hermanas y hermanos en Cristo Jesús: Os dejamos aquí el texto de un cuento de León Tolstoi, muy relacionado con La Oración de Jesús y las vicisitudes de la vida espiritual. No es un cuento breve, pero creemos que será de utilidad. Cualquier intercambio sobre el mismo será bienvenido. La imagen es un óleo que retrata al escritor de N. Gue. Un abrazo fraterno a todos invocando el Santo Nombre de Jesús.

Cuento completo de León Tolstoi

I

Alrededor del año 1840, en Petersburgo, tuvo lugar un suceso que sorprendió a cuantos de él tuvieron noticias: un oficial de coraceros del regimiento imperial, guapo joven de aristocrática familia en quien todo el mundo veía al futuro ayudante de campo del emperador Nicolás I y a quien todos auguraban una brillantísima carrera, un mes antes de su enlace matrimonial con una hermosa dama tenida en mucha estima por la emperatriz, solicitó ser relevado de sus funciones, rompió su compromiso de matrimonio, cedió sus propiedades, no muy extensas, a una hermana suya, y se retiró a un monasterio, decidido a hacerse monje. El suceso pareció insólito e inexplicable a las personas que desconocían las causas internas que lo provocaron; para el joven aristócrata, Stepán Kasatski, su modo de proceder fue tan natural, que ni siquiera cabía en su imaginación el que hubiera podido obrar de manera distinta.

Stepán Kasatski tenía doce años cuando murió su padre, coronel de la Guardia, retirado, quien dispuso en su testamento que si él faltaba no se retuviera al hijo en su casa, sino que se le hiciera ingresar en el Cuerpo de cadetes. Por doloroso que a la madre le resultara separarse de su hijo, no se atrevió a infringir la voluntad de su difunto esposo, y Stepán entró en el cuerpo indicado. La viuda, empero, decidió trasladarse a Petersburgo junto con su hija Várvara a fin de vivir en la misma ciudad que su hijo y poder tenerlo consigo los días de fiesta.

El muchacho se distinguió por sus brillantes dotes y por su enorme amor propio. Fue el primero en ciencias, sobre todo en matemáticas, por las que sentía notoria preferencia, en instrucción militar y equitación. A pesar de su excesiva estatura, era un joven apuesto y ágil. También por su conducta habría sido un cadete modelo de haber dominado sus arrebatos de ira. No bebía, no llevaba una vida licenciosa y era muy sincero. Lo único que le impedía ser ejemplarmente irreprochable eran sus estallidos de cólera, durante los cuales perdía el dominio de sí mismo y se convertía en una fiera. Un día estuvo a punto de echar por la ventana a un cadete a quien se le había ocurrido burlarse de su colección de minerales. Otra vez por poco se hunde irremisiblemente: arrojó un plato lleno de chuletas a un oficial veedor de la Escuela, y, según dicen, lo abofeteó por haberse retractado éste de sus palabras y haber mentido insolentemente. Sin duda lo habrían degradado si el director no hubiera echado tierra al asunto y no hubiera despedido al veedor.

A los dieciocho años lo destinaron al aristocrático regimiento de la Guardia. El emperador Nikolái Pávlovich había conocido a Stepán Kasatski en la Escuela de cadetes, y después, en el regimiento, siguió haciéndolo objeto de su distinción, por lo cual se pronosticaba que Kasatski sería el ayudante de campo del soberano. Kasatski lo esperaba con toda el alma y no sólo por amor propio, sino ante todo porque desde sus años de cadete quería profundamente, con auténtica pasión, a Nikolái Pávlovich. Cada vez que el emperador visitaba la Escuela -lo cual ocurría con frecuencia-, entraba con paso marcial, alto, vistiendo uniforme militar, abombado el pecho, curva la nariz sobre el bigote, cuidadosamente recortadas las patillas, y saludaba con potente voz a los cadetes, Kasatski sentía la exaltación del enamorado, como la experimentó más tarde al encontrar el objeto de su amor. Pero el entusiasmo que sentía por Nikolái Pávlovich era aún más fuerte: habría querido mostrarle que su fidelidad no tenía límites, habría querido sacrificar algo por él incluso su vida. Nikolái Pávlovich sabía que despertaba semejante fervor y lo estimulaba conscientemente. Participaba en los juegos de los cadetes, alternaba con ellos, los trataba ora con infantil sencillez, ora amistosamente o con solemne majestuosidad. Después del último incidente de Kasatski con el oficial, Nikolái Pávlovich nada dijo al cadete, pero cuando éste se le quiso acercar, lo apartó con un gesto teatral y, frunciendo el seño, lo amenazó con el dedo. Al marcharse dijo:

-No olvides que lo sé todo, pero algunas cosas no quiero saberlas. Sin embargo están aquí.

Y señaló el corazón.

Cuando los cadetes terminaron la Escuela y se presentaron ante el emperador, Nikolái Pávlovich ya no hizo alusión al incidente y dijo, como siempre, que todos ellos podían dirigírsele en persona, que debían servirle fielmente, a él y a la patria, y que siempre seguiría siendo para ellos su mejor amigo. Todos se sintieron emocionados, y Kasatski lloró y se juró entregarse en cuerpo y alma al servicio del adorado zar.

Cuando se incorporó al regimiento, su madre se trasladó a Moscú, acompañada de su hija, y luego a la aldea. Kasatski cedió a su hermana la mitad de su herencia. Con la parte que le quedó estaba en condiciones de hacerle frente a las necesidades que imponía servir en un regimiento de tanto rango como el suyo.

Aparentemente, Kasatski era como cualquier otro oficial del regimiento de la Guardia dispuesto a hacer una brillante carrera; pero en su interior se verificaba un complicado y duro trabajo que dio comienzo, por lo visto, en su propia infancia y tomó formas muy diversas, aunque la esencia era siempre la misma: alcanzar la perfección y el éxito en todas las ocupaciones que requerían su concurso hasta ganarse el aplauso y la admiración de las gentes. Cuando se trató del estudio y de las ciencias, trabajó de firme hasta que lo encomiaron y lo presentaron como ejemplo a los demás. Alcanzando un objetivo, se lanzaba a la consecución de otro. Obteniendo el primer puesto en el estudio, y hallándose todavía en la Escuela de cadetes, creyó notar que hablaba el francés con poca soltura y trabajó hasta dominar este idioma tan perfectamente como el ruso. Más tarde se aficionó al ajedrez, y antes de salir de la Escuela logró jugar magistralmente.

Aparte del objetivo fundamental de su vida, que consistía en servir al zar y a la patria, Kasatski siempre se proponía alcanzar algún otro fin. Por insignificante que éste fuera, se entregaba plenamente a su consecución y hasta haberlo conseguido no vivía para otra cosa. Pero, una vez ganada esta meta, un nuevo fin surgía en su conciencia ocupando el lugar del anterior. Este afán de distinguirse y lograrlo entregándose a la consecución de algún objetivo, llenaban por entero su vida. Cuando ingresó en el regimiento se propuso ser un modelo de perfección en el cumplimiento de sus obligaciones, y al poco tiempo llegó a ser un oficial ejemplar pese a sus arranques de cólera, defecto que también en el regimiento lo llevó a realizar actos reprobables y perjudiciales para el buen éxito de su carrera. Más tarde, conversando con personas de la alta sociedad, entendió que su formación general cojeaba en algunos aspectos, y decidió acabar con ello, lo que logró estudiando tenazmente. Se propuso luego llegar a una posición brillante en la alta sociedad, aprendió a bailar de forma insuperable y al poco tiempo lo invitaban a todos los bailes aristocráticos y a algunas veladas. Sin embargo, no se sintió satisfecho. Estaba acostumbrado a ser el primero en todo y en ese terreno se hallaba muy lejos de haberlo logrado.

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La liturgia del ahora

Entiendo los conceptos y las ideas que me transmite, pero siento que no logro llevarlas hacia mi vida concreta de todos los días. ¿Cómo se hace para encontrar y situarse en esa disposición de la que habla?

Veamos con paciencia. ¿De que estado estamos hablando? ¿Que es en definitiva lo que buscamos? Un estado de unión con Dios; un estarse en la Presencia, una paz interior inalterable, no dependiente de los avatares exteriores. Pretendemos esa disposición del ánimo que nos permite advertir el significado de lo que ocurre, percibir el tránsito de lo trascendente en medio de lo cotidiano. Si queremos esa plenitud, esa hesiquía del corazón, es porque ya la hemos conocido. Hemos atravesado esos estados del alma, la dificultad esta en hacerlos estables, contar con ellos como patrimonio disponible, en suma: vivir en Cristo.

Sabemos que la gracia del Espíritu está siempre accesible para quién le abre la puerta… ¿Cuál es nuestra parte? ¿A que aplicar la voluntad para facilitar la acción de lo divino en nosotros? Hay que empezar por lo que se tiene y lo primero que tenemos es el momento en el que estamos. Hay que dejar de lado las consideraciones sobre cuánto hemos pecado o si esto otro o lo de más allá: Debemos abstraernos de todo ello y poner atención, orden y pulcritud en lo que tenemos entre manos en ese instante preciso.

Esta simpleza nos re unifica el alma, nos eleva del estado disperso en que nos encontramos, nos impulsa “hacia arriba” y desde allí, uno puede volver a la oración o tomar nuevamente las riendas de la ascesis por la que venía. Insisto: No importa si nos hemos equivocado, si nos desviamos, si faltamos a los propósitos que con tanto fervor supimos hacer; lo decisivo ahora es retornar, elevarse y para ello hay que tomar el momento presente como herramienta. Sea lo que sea que estés por hacer o que te toque hacer en ese momento, pon atención a la tarea, buscando orden y pulcritud, busca el “bien hacer” en eso que te toca.

Supón que tienes que disponer la mesa para que coman los hermanos en el refectorio o para la cena familiar… Asegúrate de hacerlo bien, paso a paso. Limpia la mesa primero, ubica los platos en la posición correcta para cada uno, atiende a que no falte nada de lo necesario. Hazlo bien, con tendencia hacia la perfección, aunque nos sepamos imperfectos. Y esto no por una escrupulosidad banal, sino porque el poner lo mejor de nosotros en lo que hacemos, nos eleva el alma, nos acerca a Dios. Verás que vuelvo en nuestras charlas, una y otra vez al mismo punto: Hacer las cosas como si de liturgia se tratara. Con unción y reverencia hacia todo y hacia todos.

Y es que en cierto modo la vida es liturgia y nuestro corazón un altar y las acciones que ejecutamos y el modo en que lo hacemos la ofrenda de esta ceremonia existencial. Es un querer reconciliarse con Dios, con los demás y con uno mismo, usando el momento inmediato con el que contamos y la actividad que nos toca realizar en ese fragmento del tiempo.

Esta actitud está a la mano y podemos ponerla, depende de nosotros, si no ponemos eso… no hay excusas. Sea que te  sientas desalentado por aquella caída que una y otra vez te gana de mano, sea que no sepas cómo volver a la oración fervorosa que antes tenías, o que no encuentres claridad en tus metas… nada de eso se interpone ahora, para que apliques lo mejor que tengas en limpiar tu celda o en ordenar esos elementos dispersos del taller de trabajo o en regar prolijamente cada planta del vivero.

Y si fuera el caso de quién trabaja hostigado por los apremios de un ritmo vertiginoso; nada impide que respire profundamente, que acomode con precisión los elementos de trabajo, que atienda con deferencia al que se acerca y que invoque a Jesucristo con la mente aunque sea una sola vez, pidiendo fuerzas y confianza. Porque gran parte de los apremios de afuera, hacen mella en nosotros por los temores que llevamos dentro; que tienen su origen en las apetencias o en las posesiones a las que nos aferramos, para compensar nuestro vacío interior.

Cuando los niños pequeños están aprendiendo a caminar, los padres los agarran de las manos y con cuidado avanzan despacio mientras los impulsan hacia adelante. Pero verás que el niño, como mínimo, va moviendo sus piernas y lanzando pasos inseguros en la misma dirección. Eso se necesita de nosotros al menos. Eso nos compete. Es nuestro margen de libertad; el libre albedrío encuentra aquí gran parte de su sentido, en nuestra colaboración con la gracia de Dios.

Si uno en vez de considerar esto intelectualmente, lo aplica, verá que su estado interior después de haber hecho algo poniendo atención y esmero, es mucho mejor que el que tenía antes. Y comprobará que desde este nuevo escalón, puede acometer nuevos intentos; ya en la oración, ya en la meditación de las escrituras, ya en el trabajo manual, con una disposición anímica mucho más favorable y adecuada para la vida ascética.

Texto propio del blog

La imagen que ilustra el texto fue extraída con autorización del blog :

La Mirada Contemplativa

Homilía dominical del Padre José

La depresión

La depresión es un estado particular del ánimo. Se utiliza el término para agrupar distintas sensaciones tales como tristeza, angustia, falta de vitalidad, desesperanza, ausencia de entusiasmo, visión negativa de si mismo y del futuro, etc.

Es un estado pariente del “sin-sentido”, en el que nada colma y esta carencia contrariamente a lo que pudiera suponerse, no genera el ansia de completitud sino un aumento de la desazón. Esta última palabra -de-sazón- ilustra claramente lo que produce la depresión en el alma: Una falta de sabor, nada tiene condimento y por tanto todo da un poco lo mismo.

Los viejos intereses y proyectos ya no motivan y no aparecen nuevas metas vigorizantes ni las ganas de encontrarlas. Se ha perdido la voluntad y su soporte, el deseo de crecimiento.

Para quién se encuentra en esta situación, la oración de Jesús puede servir de gran ayuda. Uno debe situarse precisamente en la sensación de hastío en que se encuentra sumido por la depresión; uno debe llevar su atención allí mismo, al centro del dolor o de la nada nauseosa de lo gris que atormenta, y desde esa zona interior comenzar la repetición del llamado a la misericordia.

¡Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten misericordia de mí ! ha de repetirse con la conciencia de la sensación que estoy padeciendo. Algo en mí ha dejado de valorar el don de la vida, algo se torció, algo se rindió, he perdido el valor para hacer de la existencia una obra digna, por eso pido misericordia (el acercamiento de Dios al propio corazón).

Apelo a aquél que me ha creado y le pido su asistencia, su ayuda generosa y se la pido desde la nada en la que estoy sumido.

Si se puede mover el cuerpo, caminar haciendo el pedido lo más atentamente posible, sino hay fuerzas para moverse puede hacerse desde la silla o en la misma cama en la que nos encontramos postrados. Se requiere tan solo el acto interior, un movimiento del corazón hacia Dios, una apelación al más Alto.

Ese acto del alma que se abre a la gracia llamando la presencia del Salvador es basta para que todo el panorama cambie. Apenas se sienta la brisa nueva de la esperanza, apenas se advierta un leve cambio del clima en el propio corazón, hay que activarse siguiendo esas discretas mociones, como suaves voces interiores que nos impulsan a acometer nuevas proyectos.

La continuidad en la oración de Jesús y el transcurrir de unos pocos días nos permitirán ya re-ordenar nuestra vida hacia nuevos horizontes despejados y frescos. Quizás descubramos luego de un tiempo más, que aquello que llamábamos depresión no era sino el llamado de Cristo para que volviéramos el rumbo hacia la patria verdadera.

texto propio del blog

Links recomendados:

Nueva vida en Dios

Hacia la contemplación

La oración de Jesús nos libera

Que la verdad es liberadora lo podemos comprobar en todos los ámbitos de nuestra vida. Por ejemplo, en las relaciones con los demás no nos sentimos del todo cómodos si detectamos cierto clima de apariencia o falsedad. Ni el que se comunica de un modo superficial y aparente ni el que recibe la comunicación se sienten cómodos. Uno porque no quiere sentirse descubierto y el otro porque una relación así le provoca desconfianza. Sin embargo cuando estamos con alguien con el que podemos ser como somos y abrirnos y él a su vez deposita esa confianza en nosotros, que gran liberación y bienestar experimentamos ¿verdad?

Nos ocurre igual en nuestra relación con nosotros mismos. A veces esa relación es la que más nos cuesta. Muchas veces no entendemos nuestras reacciones o que es lo que nos ocurre. Nos gustaría vivir en verdad pero dudamos de nosotros mismos, de nuestras verdaderas intenciones o nos sorprendemos descubriendo zonas ocultas de nuestro ser. Y es que este trabajo de vivir en verdad e irnos liberando es un proceso continuo.

En ese camino de búsqueda de la verdad es muy liberador repetir verdades. A veces cuando nos embrollamos mentalmente y quedamos presos de nuestros pensamientos y sentimientos en realidad estamos siendo atrapados por la mentira. En esos momentos si afirmamos algo racional e indiscutible hasta nos sentimos mejor. Es decir, por ejemplo, si un día a consecuencia de un desencuentro con nuestro jefe, o con nuestra familia o en cualquier otra circunstancia hemos sufrido algún daño emocional, podemos sin darnos cuenta empezar a entrar en un bucle de negatividad.

De pronto nos encontramos repitiendo frases como, “Todo lo hago mal, no sirvo para nada, nadie me quiere…” Pero si nos paramos un momento y las analizamos veremos que no son verdades. No es posible que siempre lo hagamos todo mal o que no sirvamos para nada. Si lo analizamos racionalmente nos daremos cuenta de que servimos para muchas cosas y de que hacemos muchas cosas bien. En esos momentos repetir una verdad nos puede ayudar mucho a parar todo ese monólogo que nos está haciendo daño. Si repetimos la oración de Jesús estamos entrando en oración y dejándonos amar por Aquel que piensa que valemos mucho y que nos trata con Amor. Contactamos con el que es todo Amor para dejarnos amar por él y que a su vez nos ayude a amarnos a nosotros mismos.

La gran verdad que estamos repitiendo es: Jesús (al invocarle estamos reconociendo que está vivo y presente entre nosotros) Hijo de Dios (por tanto todopoderoso y capaz de entender y amar todo lo que nosotros no entendemos ni amamos), ten misericordia de mí (con esto reconocemos que es su misericordia y no nuestros méritos los que nos salvan) que soy un pecador (ante Dios nos mostramos como somos y no tenemos que aparentar otra cosa).

¿No es liberador poder presentarnos ante Dios reconociendo lo que Él es y lo que somos nosotros? ¿No nos introduce esta oración en la simplicidad, la sencillez y el Amor?

María Jesús

La hermana María Jesús administra el blog “El Soplo de la vida” y es miembro activo de la Fraternidad monástica virtual

El peregrino, el aviador y el astronauta

Un astronauta desciende de la nave y le preguntas: ¿Cómo son las cosas? Él dice: Pues hay un espacio inmenso que parece infinito, es oscuro muy oscuro pero tachonado de millones de puntos de luz brillante. Hay un sol, una esfera azul muy bonita que es La Tierra y una piedra gris que es La Luna. Y no hay mucho más.

Una persona baja de un planeador y le preguntas: ¿Cómo son las cosas? Él dice: hay campos cuadriculados sembrados de verde, pastizales y pasturas, montañas y valles e inmensas llanuras y lagos. Poblaciones pequeñas y grandes ciudades aquí y allá abarrotadas de gente y muchas nubes. Y no hay mucho más.

Un peregrino se sienta a descansar a la vera del camino y le preguntas: ¿Cómo son las cosas? Él dice: Pues hay árboles que bordean un largo y sinuoso camino, viandantes amables y hoscos, algunos perros te siguen largos trechos. De vez en cuando hay arroyos y algunas aldeas ocasionales. Y no mucho más.

Peregrino, aviador y astronauta tienen distintas percepciones de lo que hay debido a su diferente posición, sin embargo ninguno se equivoca. El peregrino tenderá a enfatizar en el valor del esfuerzo por llegar a destino y del caminar todos los días; el aviador hablará de la mixtura entre su manejo del timón y las corrientes de aire y el astronauta dirá que todo consiste en llegar a órbita y luego dejarse llevar. Y tendrán razón los tres.

Cuando hablamos desde el cotidiano, no podemos negar la percepción del valor del esfuerzo y de la decisión humana; y cuando nos vamos “elevando” con el sentimiento, la oración o la contemplación, tendemos a hablar cada vez más de la gracia y del escaso papel que nuestra libertad tiene en aquellas “alturas”. Pero no se opone una cosa a la otra ni tiene más valor una escala que la otra.

La mayor parte de los conflictos que se generan cuando nos abocamos a discernir el papel de la gracia divina o la voluntad de Dios y el libre albedrío, derivan de una mezcla entre los tres planos de observación antedichos. El conflicto se resuelve si conversamos sabiendo el “desde donde” hablamos.

Por eso dijo muy inspiradamente San Ignacio de Loyola: «Actúa como si todo dependiera de ti, sabiendo que en realidad todo depende de Dios» Benedicto XVI explica el tema aquí abajo, utilizando las parábolas de las semilla que crece por sí misma y la del grano de mostaza.

Angelus, 17 de Junio de 2012

El apremio y el temor

“¿Que hace quien está doce o catorce horas en el mundo de la acción, en un trabajo donde se sufren presiones; yo creo hermanos que no es fácil… como hacerlo? Un abrazo en Cristo.”

Estimado hermano, sin duda que no es fácil. Precisamente esta dificultad puede servir como medio para fortalecernos si sabemos usarla. Debes convencerte, tomar conciencia, de que esta situación que vives es la herramienta para transformarte y para transformar tu vida. Para usar un ejemplo simple: Cuando alguien pierde la vista, termina aguzando el oído, atendiendo mucho más al tacto, se hace perceptivo a los aromas…

Es decir que si estás sometido a presiones laborales habrás de desarrollar un espacio interno de calma, donde no pueda llegar la agitación exterior. Lo primero es ubicarte mentalmente allí, saber que no sales a sufrir en un trabajo agobiante y sin sentido, sino a cultivar tu alma y a fortalecer tu espíritu.  Y esto claro, no como un mero decirse, sino como un modo de hacer interior efectivo y real.

Se trata de que uses lo negativo como palanca interior para elevarte. Veámoslo con algo de detenimiento a fin de que resulte una recomendación práctica y no teórica. Cuando ocurre el suceso determinado, vamos a poner por caso cuando el jefe me dice con cierta agresividad  que me apure a cumplir mi tarea. Allí se abren rápidamente dos caminos. Uno el que es habitual y casi automático, salir impelido con toda ansiedad y preocupación, guiados por el temor a perder el trabajo, a cumplir lo exigido. Respiramos mal, seguramente perdemos eficacia, nos sentimos humillados, en suma sufrimos un acoso laboral y moral del que nos sentimos esclavizados y sin salida.

El otro camino es el de la confianza en Dios. Este camino te hace distender, aflojar el cuerpo mientras más te presionan. Si debes, vas y haces lo que te piden, pero sin el temor de perder el trabajo ya que sabes (recuerdas) que esto depende de Dios y no de la voluntad de tu jefe ocasional. Realizas la tarea lo mejor que puedes, poniendo atención y esmero pero sin prisa. Es más, la experiencia de todos indica que mientras más nos apuramos menos eficaces somos. Todo esto termina en el tema de la fe. No hay posibilidades de vivir tranquilos sin fe en Dios y en que Su providencia que no nos dejará a la deriva. Este es el tema central.

A más presión más debes adentrarte hacia la ermita interior. Si te hostigan y presionan de manera directa, repite interiormente la oración de Jesús o aquella tan buena de Juan Casiano que aconsejaba rezar en todo momento y lugar: “Dios mío ven en mi ayuda, apresúrate Señor a socorrerme”. Por supuesto, que también las personas vivimos un arrastre de opciones antiguas que hemos tomado. Quizás si uno busca lo esencial en la vida, lo verdaderamente importante, tenderá a buscar trabajos de menos horas o a desarrollar una actividad que le permita expresar lo mejor de sí. Aunque claro, esto llevará tiempo. Si mi vida se despojara de lo superfluo, ¿Tengo que trabajar este número de horas? ¿No podré prescindir de esto y de aquello, en pos de mayor espacio de tiempo para otras actividades y compañías? Pero nuevamente, lo que se decida depende en mucho de la fe que se tenga en el papel de Dios en nuestra vida.

En la raíz de los apremios esta el temor. En la raíz de la paciencia está la fe. La tranquilidad de espíritu nace de la fe. Porque la fe es también confianza y descanso en la providencia. Por experiencia te lo digo: Elige el modo en que quieres vivir, fija tus prioridades verdaderas y descansa en Dios. En la conducta tratar de ser coherente con el llamado que se ha recibido. Verdaderamente “lo demás viene por añadidura” pero debemos tener claro cual es El Reino de los cielos en nuestra vida. 

Ojalá pueda servirte esto un poco, seguiremos conversando si te parece, tratando entre todos de ir mejorando nuestras vidas mediante el encuentro con la paz de Cristo en el corazón. Un saludo fraterno, invocando a Jesucristo.

La imagen que ilustra esta página fue agregada con permiso del blog: La mirada contemplativa

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Página sobre Sta. Catalina de Siena

Aviso y breve texto

Estimadas/os en Cristo Jesús. Ya se encuentra disponible la segunda clase de Filocalía. Si os habéis inscripto y no os están llegando los correos de aviso por favor avisadnos al correo bloghesiquia@gmail.com o al Whatsapp +54-9-3513095309

Texto del día

Sucede que a los hombres se los llama, impropiamente, razonables. Sin embargo, no son razonables aquellos que han estudiado los discursos y los libros de los sabios de un tiempo; pero aquellos que tienen un alma razonable, y que están en condiciones de discernir entre lo que está bien y lo que está mal, aquellos que huyen de todo lo que es maldad y que daña el alma, mientras que se adhieren solícitamente a poner en práctica todo lo que es bueno y útil al alma, y hacen todo esto con mucha gratitud respecto de Dios, solamente estos últimos pueden ser llamados, en verdad, hombres razonables. El hombre verdaderamente razonable tiene un solo deseo: amar a Dios y agradarle en todo. En función de esto -y solamente de esto – formará su alma, de modo que sea del agrado de Dios, dándole gracias por el modo admirable con que su providencia gobierna todas las cosas, incluso los eventos fortuitos de la vida. Está, pues, fuera de lugar, agradecer a los médicos por la salud del cuerpo aun cuando nos suministran fármacos amargos y desagradables, y ser ingratos con respecto de Dios por las cosas que nos parecen penosas, sin reconocer que todo sucede de la forma debida, en nuestra ventaja, según su Providencia.

San Antonio el grande – Filocalía

Día 30 – La luz divina

Texto sugerido

En la vida de Simeón, el nuevo teólogo, se cuenta que un día, repitiendo según su costumbre la oración: “Señor, ten piedad de mí, que soy un pecador”, de pronto lo cegó una luz maravillosa. Él parecía haberse convertido en luz y en ese estado luminoso, identificado con Dios, fue colmado de una inmensa alegría e inundado de cálidas lágrimas de amor; y lo más extraño de ese maravilloso acontecimiento es que, para su sorpresa, gritaba en alta voz: “Señor, ten piedad de mí… Más tarde, habiéndose retirado poco a poco la luz, volvió a su cuerpo y al interior de su celda, y encontró su corazón colmado de una alegría inefable y su boca gritando en alta voz: Señor, ten piedad de mí…

La luz divina II

La luz divina III

Práctica sugerida

Estimados/as en Cristo Jesús.

¿Existe en vuestra casa o  habitación un sitio destinado especialmente a la oración? Es importante que se disponga. Lo exterior va progresivamente mostrando lo que ocurre en el interior. Muchas veces, el acondicionamiento material de un lugar destinado a la oración, coincide con el arraigo de cierta disposición espiritual a perseverar en la plegaria.

Igual, lo que puede encontrarse en este sitio especial, manifiesta rasgos de nuestra espiritualidad personal. Generemos fuera de nosotros el espacio que queremos construir dentro. Y si ya existe quitémosle el polvo y si lo usamos a diario hagamos algo mínimo que lo mejore, que lo asimile más a lo sagrado que ese espacio nos evoca.

Sabemos que no se trata de caer en alguna idolatría, ni con las imágenes, ni con las disposiciones que necesitamos para la oración. Pero podemos darnos el permiso de ayudarnos a evocar este contacto con lo divino, mediante aquellas imágenes que nos suscitan su recuerdo.

No puede faltar en ese pequeño ámbito la sagrada escritura, alimento diario que meditado en profundidad nos guía hacia la vida en Dios. Y si no tenemos posibilidades de crear ese espacio en nuestra casa, al menos llevemos algo en nuestra agenda  o en la cartera, dejemos un pequeño icono en el lugar de trabajo, que a manera de recordatorio nos inspire a recomenzar la oración si la hemos perdido.

Ha sido un gusto hermanas y hermanos compartir estos 30 días de ejercicios espirituales. Seguimos a disposición de ustedes para lo que necesitéis. Un abrazo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesús.

Día 29 – Regla de vida

Estimadas/os hermanas/os en el amor a Cristo. En estos dos días que nos quedan de ejercicios os proponemos la lectura atenta de este texto:

Regla para eremitas

Esta regla, que consideramos de mucha utilidad para quienes queremos vivir la consagración de vida aún en medio del mundo, puede servir de guía o inspiración para una ascesis personal. Las normativas u orientaciones para el cotidiano, son apenas una orientación, pero pueden encauzar nuestro anhelo de Dios y darnos una ayuda para evitar desvíos. Esto resulta elemento necesario si se pretende ir purificando la mente y hacernos más dispuestos a recibir las transformaciones que la gracia quiera operar en nosotros.

¿Con qué párrafos os sentís más identificados o cercanos? ¿Tenéis alguna duda o comentario que hacer al respecto? Al parecer, así como al peregrino ruso, una guía y una cierta observancia en el cotidiano parecen necesarias, como modo de encauzar las energías y estímulos tan variables con los que nos enfrentamos a diario. Todo intercambio será bienvenido. Mañana realizaremos también una breve conclusión. Un saludo fraterno invocando a Jesucristo.

Día 28 – Perpetuas alabanzas

Texto del día

Por supuesto, la incorporación de la oración de Jesús a la propia vida, no se producirá por la sola práctica de una técnica, ni tampoco por mucha determinación que pongamos. Además de la gracia de Dios que siempre necesitamos como ayuda para cualquier obra que emprendamos; nos hace falta un ambiente interior, un terreno en el cual pueda germinar la semilla de la oración del corazón. Esta oración que pretendemos incesante requiere de un clima de confianza en la Providencia de Dios.

Es necesario creer que la vida humana tiene un sentido, que Dios es el depositario del significado último de nuestros días y que además tenemos para Él valor como individuos, como seres humanos que somos. No puede la planta echar raíces sin tierra, sin agua y sin sol que la atraiga hacia sí. Nuestra oración no llegará a ser continua, ni brotará del corazón, ni transformará radicalmente nuestro modo de ser y de estar en la vida, sino contamos en nuestro mundo interior (el campo de cultivo) con esas convicciones, que yo diría, son necesarias, resultan imprescindibles para que crezca nuestro espíritu.

Por cierto esta fe profunda en el sentido de la vida, en el plan divino que la creó y sostiene y en nuestro valor específico como persona humana irrepetible (*), son una misma cosa con nuestra fe en la trascendencia. Creemos que hay una vida más allá de esta y que precisamente en ella se encuentra la respuesta a todas las preguntas. Los cristianos no creemos en la realidad de la muerte o, en todo caso, sabemos que es un mero tránsito, una pascua hacia nuestro verdadero hogar. Nos sabemos exiliados, peregrinos en tierra extranjera como tantas veces se ha dicho y por eso es que oramos y que tratamos de no enajenarnos y de vivir recordando nuestra verdadera naturaleza de hijos de Dios, nuestra estirpe espiritual.

Esta fe con ciertas creencias que nos afirman y guían, son el clima adecuado desde donde podrá crecer y hacerse fuerte la oración de Jesús. Una rápida lectura de los relatos del peregrino ruso, nos muestra que era alguien con profunda fe. No vacilaba. Esto le permitía buscar el modo de cumplir con lo que la biblia le pedía “Orad sin cesar” y lo alentaba a seguir las orientaciones que recibía de su maestro. ¡Oh Señor Jesucristo, que nuestro corazón se transforme en un templo interior en el que se canten perpetuas alabanzas !

(*) Nuestra existencia individual muestra una intención particular de Dios, esto irrepetible que somos muestra uno de los rostros de Dios que nos ha querido en la creación por alguna razón, también única.

Práctica sugerida

Hermanas/os, para hoy os sugerimos el tomarse unos momentos varias veces al día, para agradecer. Encontremos en las horas previas a ese momento aquello que sentimos agradecer. Cosas grandes o pequeñas, que valoremos. Lo hagamos en silencio, sintiendo la calidez que al corazón trae el agradecimiento. Agradecer necesita que reconozcamos los dones. Mientras repetimos La Oración de Jesús todo lo que nos es posible, intentamos vivir el día en un clima de fondo de gratitud.

Día 27 – La desesperación

Texto del día

¿Cómo fue que llegaste a conocer y aficionarte a La Oración de Jesús? Porque no parecía algo lógico o previsible según por donde estabas caminando tus búsquedas e investigaciones…

Es verdad, nada lo hacía suponer. Si te digo con crudeza y sin decorar el asunto, llegué debido a la desesperación. De otro modo la soberbia intelectual en la que me hallaba sumergido hubiera seguido obstaculizando el acceso a este camino. Estaba muy imbuído del espíritu de época y de la “mala prensa” que este tipo de actitudes tienen hoy en día. Andar por allí pidiendo la compasión de Dios está alejado del modelo conductual de éxito y fortaleza que se supone uno ha de tener.

¿Qué fue lo que pasó?

No me siento libre de comentar esto públicamente, pero sí puedo decirte que de pronto me encontré en una situación desesperada. Muy alejada de lo que cualquiera puede desear para sí mismo o para otros. Por decirlo así me encontraba al borde de una tragedia personal y familiar. Restaban unas pocas horas para que se resolviera una cuestión que se vivía como de mucha gravedad. Fue en esa situación, que el libro del peregrino ruso aparece ante mí. No recuerdo ahora las circunstancias exactas. Pero sí recuerdo con claridad que al visualizar los primeros relatos mi corazón se aferró con toda la fuerza de que era capaz. El dolor, el miedo, la angustia de lo que podía venir, barrieron con cualquier objeción que la mente pudiera anteponer como reparos a la práctica de la oración.

De esta manera se manifestó esto de que el mal transmuta en bien. O que, en todo caso, puede transformarse en un bien. Sin aquellos sucesos desgraciados no me hubiera acercado a practicar esta forma de oración de la que me siento tan agradecido. Como te imaginarás aparecían pensamientos de todo tipo. La imaginación elaboraba las alternativas a un futuro que se presentaba como pleno de oscuridad por donde se le mirara. Entonces allí, era solo recitar la oración y expulsar con fuerza cualquiera de esos otros pensamientos. Y no pasaron muchas horas hasta que de manera incomprensible intelectualmente hablando, el corazón se dulcificara y hallara una cierta paz en medio de la tormenta.

A partir de allí y gracias a la gracia que siempre nos está llamando desde el interior, fue un ir profundizando. La lectura de Filocalía, del Evangelio y consultas con quienes tienen más experiencia en esto han ayudado mucho. El camino de La oración de Jesús, no está libre en mi experiencia de las subidas y bajadas tan propias de la vida humana, pero es un ancla muy segura en cualquier situación. Y ciertamente creo que El Nombre en sí mismo es portador de una luz que no puede explicarse de manera mental o con el mero intelecto…

Práctica sugerida

La práctica que os sugerimos hoy es la siguiente: Elegir una persona cualesquiera de entre vuestros seres queridos o puede que sea alguien que no pertenezca a vuestro círculo íntimo, que os parezca necesita mucho de una ayuda para cambiar o mejorar la situación que atraviesa.

Orar todo el día por esa persona. Llevarla en vuestro corazón. Repetir el Santo Nombre de Jesús sintiendo el deseo de que la gracia favorezca a ese prójimo en situación difícil o dolorosa. O tal vez oremos por el/ella solo porque sentimos que puede beneficiarle. El Nombre del Salvador invocado en favor de alguien opera transformaciones que escapan a las explicaciones de nuestro pobre intelecto. Haced la prueba y se os mostrará el poder del Santo Nombre.

¿Así sin más?

Esto depende de la fe y la fe no es más que un atreverse a confiar, un salto al vacío donde nos importa más amar que ser amados. No es posible que la vida sea un fenómeno carente de sentido. Hay algo detrás que no puede ser nombrado porque es el Nombre sobre todo Nombre.

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Día 26 – La llave de la oración

Texto del día

“Obedeciendo a esta regla, pasé todo el verano repitiendo sin cesar la oración de Jesús, y sentí una gran tranquilidad. Mientras dormía, soñaba a veces que estaba rezando la oración. Y durante el día, cuando me ocurría encontrarme algunas personas, me parecían tan amables como si hubieran sido de mi familia.

Los pensamientos se habían calmado y sólo vivía en oración; comencé ya a inclinar mi espíritu a escucharla, y a veces mi corazón sentía como un gran ardor y una gran alegría. Cuando entraba en la iglesia, el largo servicio litúrgico me parecía corto y no me cansaba como antes…. ya no estaba en la indigencia, como antes; la invocación del nombre de Jesucristo me alegraba a todo lo largo del camino y todo el mundo me trataba con bondad; parecía como si todos se hubieran propuesto quererme”.

de El Peregrino Ruso

Práctica sugerida

El ejercicio sugerido para hoy consiste en repetir la frase elegida de la Oración de Jesús, cada vez que inicio una actividad y cada vez que la termino. Por supuesto, que se trata de que intentemos llevarla con nosotros durante toda la jornada, pero hoy ponemos el énfasis en esto de utilizarla como “llave” que abre y que cierra los distintos actos que vamos desplegando.

Esto de orar antes de la acción y como cierre de ella, ayuda mucho a efectuar las acciones como si de una liturgia se tratara, con reverencia y atención suma.  Esas dos frases, la que abre y la que cierra la actividad, las deberíamos repetir lentamente y con el mayor de los afectos, al tiempo que pedimos ayuda interiormente para santificar eso que vamos a hacer.

Texto recomendado: ¿POR QUÉ SOY TODAVÍA CRISTIANO?

Aviso

Estimadas/os hermanas y hermanos: Si alguien se ha inscripto en el curso de Filocalía y no ha recibido las instrucciones de ingreso por favor avisadnos al mail bloghesiquia@gmail.com

Hemos tenido una dificultad con el teléfono móvil, nos llevará uno o dos días recuperar la línea, así es que no podremos atender sus consultas por Whatsapp durante estas horas. Os enviamos un saludo fraterno, invocando el Santo Nombre de Jesucristo.

Días 24 y 25 – Caminar y orar

Estimadas/os en el amor a Cristo Jesús. Este fin de semana que se inicia, donde habitualmente hay menos actividades que durante la semana, aprovechemos para incrementar la frecuencia e intensidad de La oración de Jesús.

Como práctica os sugerimos la caminata con invocación vocal, audible para vosotros mismos. Aunque poco a poco hay que ir interiorizando la jaculatoria hasta que llegue a ser mental y luego, más interior aún; la recitación vocal con voz queda es de mucha utilidad para cimentar el hábito de la oración continua. Esto se debe en parte a que la frase de la oración penetra en nosotros a través de distintos sentidos al mismo tiempo.

Hay hermanos que la recitan caminando muy lento lo que permite en ocasiones acompasar los pasos a ella; produciéndose una inmersión en el Nombre de Jesús o en la frase elegida muy completa, ya que la decimos con los labios, la escuchamos por eso mismo con los oídos, la pensamos con la mente y la afirmamos con nuestros pasos. Todo lo que pueda acostumbrarnos a la oración esta bien hermanos. Incluso la práctica que algunos lectores sostienen de escucharla en diferentes momentos, merced a su propia grabación de la frase.

Os dejamos aquí un sitio en Youtube que tiene grabado íntegros los relatos de El Peregrino ruso, aunque no es voz humana sino mecánica, tiene cierta calidad que permite seguir el texto con corrección y sin desencaje. Si podéis releer el libro o escuchar estos audios sin duda será de utilidad para “contagiarnos” más aún del carisma de esta bella forma de oración.

Abordaremos a partir del lunes los últimos días de estos ejercicios, roguemos al Señor dedicarnos enteramente para sacarles provecho. Un saludo fraterno invocando el Nombre de Jesús.

Anexo al día 23 de los ejercicios

Todo es para bien

Una apreciada hermana comentó el día 15

Dices que : “Lo que ocurre es para nuestro bien, todas las veces.” ¿Cómo expresarle esto a una madre cuya hija fue violada o cuya nieta esta viva un lunes y el miércoles muere de meningitis? Disculpen la pregunta pero siempre le pido a Jesús la palabra justa para quienes la necesitan; sólo por ello me animo a preguntar. Cuando creo que no tengo palabras para dar, digo interiormente: Señor Jesucristo Hijo de Dios ten misericordia de … ( aquí pronuncio el nombre de la persona que necesita la ayuda) pecador. Un saludo en nombre del Señor Jesús.

Aquí respondimos algo acerca del “Ser recipiente para el dolor del otro” y ahora continuamos:

La película “Ostrov” nos da la oportunidad de entender mejor este tema de que “Todo es para bien”, debido a que lo que ocurre, en última instancia, depende de la voluntad Divina. En el film, una acción fruto del miedo, como resultado de la cobardía, termina en el asesinato de un hermano. la conciencia de este pecado sumerge a quién lo cometió en un abismo de culpa. Gracias a este hecho esa persona se abrazó a la oración y consagró su vida a Dios buscando el perdón y la expiación. Debido a esta entrega total de la vida y a la oración continua, la gracia infunde cierta sabiduría en este monje y así ayuda a numerosos hermanas/os que acuden a pedir su ayuda. Curaciones, orientaciones y transformaciones ocurren en quienes a él acuden en busca de ayuda. Finalmente todos los involucrados terminan “envueltos en la gracia” y no hay quién no reciba un beneficio profundo, incluido nuestro protagonista, el pecador del principio.

¿Cómo pueden nuestras mentes tan limitadas comprender la vastedad, profundidad y complejidad del plan divino? ¿Quién iba a imaginar luego del crimen inicial, los sucesos del final? Con nuestra vida acontece de modo similar. Todo es para bien, aunque muchas veces es incomprensible hasta mucho tiempo después. Hay quienes recién en momentos cercanos a la muerte, nos han dicho de como les cambiaba la perspectiva y una nueva luz venía a mostrarles el significado de sucesos acontecidos décadas antes.

¿Cómo entender una violación? ¿Una muerte dolorosa y prematura? ¿Cómo entendería el pueblo elegido el porqué del endurecimiento en el corazón del faraón? (Éxodo 7:3-4) Pues, aún el mal encuentra sitio, utilidad y redención en el inconmensurable plan de Dios. Entonces presos de este no saber ¿que nos queda? ¿Solo la fe? No diríamos solo la fe, sino una fe sustentada en una comprensión cabal de que el Creador de este maravilloso universo no puede haber cometido errores. Y una cierta y silenciosa intuición, bien al fondo del corazón, que nos hace saber de un Amor incomparable que no dejará nada ni a nadie a oscuras para siempre.

Queridas/os hermanas/os: Este tema no es nada sencillo y por cierto de mucha utilidad si se tiene bien integrado. Cualquier comentario que enriquezca el intercambio será bienvenido, durante o más allá de los ejercicios que estamos compartiendo. Saludos en Cristo.

Día 23 – Firme decisión

Texto del día

“Durante toda una semana, permanecí en mi solitaria cabaña recitando cada día mis seis mil oraciones sin ocuparme de cosa alguna y sin tener que luchar contra los pensamientos; únicamente pensé en cumplir el mandato del starets. ¿Y qué sucedió? Me acostumbré tan bien a la oración que, si me detenía un solo instante, sentía un vacío como si hubiera perdido alguna cosa; y en cuanto volvía a mi oración, sentíame de nuevo aliviado y feliz.

… sólo deseaba estar en la soledad y recitar mis oraciones; tanto me había acostumbrado a ellas en una sola semana.  El starets, que no me había visto desde hacía diez días, vino para saber qué me sucedía, y yo se lo expliqué. Después de haberme escuchado, me dijo: —Ya estás acostumbrado a la oración. Mira: ahora has de conservar esta costumbre y fortalecerte en ella…

Al principio sentí fatiga, una especie de endurecimiento de la lengua y cierta rigidez en las mandíbulas, pero nada desagradable; luego noté una ligera molestia en el paladar, después en el pulgar de la mano izquierda que pasaba el rosario, mientras que el brazo se me calentaba hasta el codo, lo que me producía una deliciosa sensación. Y todo esto no hacía sino incitarme a recitar mejor mi oración. De esta manera, durante cinco días, terminé con toda fidelidad mis doce mil oraciones, y al mismo tiempo que la costumbre, iba recibiendo el placer y el gusto de la oración…

de “El peregrino ruso”

Práctica sugerida

Se trata de que al final del día, podamos decir con sinceridad. “Hoy he orado mucho más que lo habitual en mí”. Hoy he puesto todas la decisión y energía de que fui capaz para dedicar más tiempo al crecimiento en La oración de Jesús. Si pasamos de veinte repeticiones a cincuenta será tan importante para nuestro proceso como para el peregrino pasar de seis mil a doce mil, lo que lo llevó finalmente a la oración del corazón. Cada uno tiene su medida, como aquella viuda que dio todo lo que tenía aunque fuera poco dinero comparado con lo que aportaban otros (Lucas 21, 1-4) . El ejercicio de hoy consiste en encontrar un nuevo límite, en terminar la jornada habiendo registrado un crecimiento importante, no tanto por el número de oraciones sino por la profundidad y seriedad de nuestro intento. La gracia de la oración del corazón está disponible para todos, pero nosotros ¿a que atendemos?

Haz click aquí para ir a “Todo es para bien”

Día 22 – Vivir en el centro

Encuadre y práctica sugerida

A todos nos es posible distinguir aquella sensación de estar centrados, de cuando algo alienados, nos encontramos como fuera de nosotros mismos. Actuar desde el corazón también suele llamarse o teniendo a Cristo presente en uno mismo, obrar recordando la divina presencia y de maneras similares. Todo lo que hacemos, desde lo más trivial a lo más importante se debate entre estos dos polos. En definitiva se trata de la atención que ponemos en el instante que vivimos, que es lo que Dios nos pone ahí, delante nuestro, para nuestro crecimiento y elevación espiritual.

La práctica que trataremos de llevar adelante en este día 22 de los ejercicios, consiste en permanecer atentos al centrado desde el cual actuamos. Y, cuando nos descubramos fuera de nosotros mismos, retornaremos a través de La oración de Jesús al hogar del corazón.

¿Cómo saber fácilmente, sin demasiado análisis, si estamos o no actuando desde ese centro que es a la vez Presencia? Si hay prisa estoy fuera. Si me siento como “persiguiendo” algo, aún cuando legítimo, estoy fuera. Si hay apremio, una actitud posesiva, ansiedad, ya nos queda claro. ¿Estoy perdido en las cosas o estoy en mí actuando entre las cosas? En fin, es una forma de abordar el tema que siempre nos ocupa: Vivir en la presencia del Señor.

Respuesta a un comentario del día 15

Dices que : “Lo que ocurre es para nuestro bien, todas las veces.” ¿Cómo expresarle esto a una madre cuya hija fue violada o cuya nieta esta viva un lunes y el miércoles muere de meningitis? Disculpen la pregunta pero siempre le pido a Jesús la palabra justa para quienes la necesitan; sólo por ello me animo a preguntar. Cuando creo que no tengo palabras para dar, digo interiormente: Señor Jesucristo Hijo de Dios ten misericordia de … (aquí pronuncio el nombre de la persona que necesita la ayuda) pecador. Un saludo en nombre del Señor Jesús.

Estimada hermana, sin duda que ante esas situaciones, invocar a Jesús por esa persona que padece y por nosotros mismos para dejar que la gracia nos ayude a responder, es lo mejor. En la situación misma, es decir, si estoy con alguien que está viviendo momentos terribles como los que usted describe, de ningún modo haría referencia a dicho comentario de que “Todo es para bien”. Aunque esto sea así, el momento sería del todo inoportuno ya que la persona afectada no tendría la capacidad emotiva para poder comprender la afirmación en ese trance que atraviesa. En esos momentos, según nuestra experiencia, lo mejor es ser ámbito para que el dolor pueda expresarse con libertad absoluta. Es decir, abrirse uno totalmente y del modo más simple posible, recibir las expresiones de dolor, queja, ira e impotencia que suelen producirse. Incluso si son imprecaciones contra Dios, el destino y demás. Transformarnos en un “acoger total”, en un recipiente del dolor de ese prójimo que padece. La mayor parte de las veces, este recibir a la escucha suele ser el mejor servicio que puede prestarse. Sentir compasión desde la paz decía mi maestro espiritual. Esto es: Comparto el dolor del otro, lo siento en mí, pero conservando detrás un fondo de paz. Es esa paz lo que el alma de quién sufre percibirá bajo el velo del incomprensible dolor que se abate sobre nosotros en situaciones tales.

En cuanto al “Todo es para bien” que afirmamos en algún post anterior, es lo que la experiencia nos demuestra. Sólo que a veces necesitamos tiempo o mucho tiempo para caer en la cuenta de que ha sido mejor como han sucedido las cosas. Es como si el designio divino abarcara realidades mucho más completas y totales de lo que nuestras pequeñas mentes pueden comprender. Mi maestro espiritual decía: Revisa aquél proyecto que salió mal y que tanta frustración te causó hace varios años. ¿Cómo ves hoy el tema? ¿Puede que haya sido mejor que no se concretara entonces? Yo revisaba con sinceridad lo sucedido y no podía sino reconocer que tenía razón. Hay muchas facetas a tener en cuenta, para no extendernos demasiado hoy lo continuaremos en la publicación de mañana. Muchas gracias por su comentario que permite profundizar en estos temas. Saludos fraternos en Cristo Jesús.

Algunos párrafos sobre la vanagloria de Casiano, El Romano.

Día 21 – Película y respuestas

Estimadas y estimados en el amor a Cristo Jesús. Como práctica para el día 21, les dejamos aquí una hermosa película que la mayoría habrá visto pero que viene a cuento de estos ejercicios volver a ver. Debajo están también las respuestas que quedaban pendientes de los comentarios del día 14. Un abrazo fraterno a todas/os en la efusión del Santo Nombre.

Queridos hermanos en Cristo Jesús. 1- En meditación sedente el principal problema son los pensamientos que vienen a la cabeza. Ante esto los dejo pasar y vuelvo a la repetición. 2- a la vez que repito la plegaria no sé si fijar mi atención a la respiración, al corazón, a la frase… 3-me cuesta más en activo, cuando estoy haciendo cosas, sobre todo trabajando. Pero también tengo que decir que son muchos los momentos de paz y atención y la necesidad de repetir constantemente la plegaria. Oraciones. Un fuerte abrazo.

Estimado en Cristo Jesús: Dejar pasar los pensamientos es lo correcto, no prestarles atención, al igual que se hace con los autos que pasan por la calle. Cuando repite la plegaria, en general, conviene empezar por concentrarse en la frase misma de la oración buscando conectarla con el sentimiento imperante en esos momentos en nosotros. Podrá ser agradecimiento, angustia, temor etc. pero al iniciar lo mejor es establecer esta conexión, entre la frase elegida y la emoción predominante. Atender a la respiración o regularla puede ser muy útil para serenarse si uno llega al momento sedente con cierta alteración. Pero no es imprescindible. Dirigir la atención al corazón debe ser algo a lo que se sienta llamado naturalmente. Hay quienes sienten atracción hacia este modo y otros lo contrario. Establecida la conexión entre emoción y oración, suele venir por si misma una profundización que puede ligarse a los latidos o solo a la conciencia de estar orando. Esa necesidad de estar repitiendo la plegaria que surge espontáneamente ocurre luego de cierto tiempo de practicarla y es un muy buen indicador de la acción de la gracia que “nos reclama” y convoca al templo interior.

Mi mayor dificultad es repetir siempre lo mismo, las mismas palabras dichas de la misma manera, me hacen perder la atención me producen fatiga mental. De toda la ascesis, la oración de Jesús, es la ascesis que más me cuesta. La oración de Jesús encierra en sí misma una gran sabiduría, no sé cómo sucede esto, pero sé que sucede. He aprendido muchas cosas desde que estoy rezando esta oración (sólo 15 días), y eso que me distraigo, y me olvido de rezarla, y vuelvo, y a veces me equivoco de palabras, y digo otra cosa. Pues a pesar de rezarla mal, y he aprendido mucho de ella. Nunca con ninguna oración, ni siquiera recitando los Himnos y los Salmos de las 7 horas canónicas, ni con la Lectio divina, ni con el rosario, ni siquiera con la Eucaristía, me he aproximado tanto a Jesús. Pero vivo mis dificultades de la oración de Jesús con paz, sin regañarme y confiando en que lo conseguiré. Me consta que en la gracia de Dios actúa en la mayoría de nosotros, pasito a pasito, nunca he conseguido nada dando saltos, por eso es cuestión de esperar de tener paciencia, y de seguir intentándolo, con la gracia de Dios, hasta conseguirlo. Muchas gracias a todos ustedes. Que Dios les bendiga.

Así es hermana/o. Nuestra mente está acostumbrada a vagar y cuando la queremos poner a atender solo una cosa, se resiste y nos fatiga. No se fuerce porque quedará en la memoria una huella negativa de la oración. Lo mejor en este caso es “convocar” a la oración mediante una aspiración del corazón. Es como si nos dijéramos en el alma: “¡Cómo me gustaría estar constantemente en oración y viviendo en Tu presencia… Señor! Este hacernos conscientes del deseo de unión con Dios, nos conduce suavemente a la oración. Elegir bien la frase previamente y luego aspirar a esta oración bastarán. Cristo nos guía. Inmensa alegría por supuesto al leer sus palabras. Ese es el poder del Santo Nombre. El Nombre de Dios porta en sí la presencia que se llama y opera transformaciones que solo se explican por acción sobrenatural. ¿Que hace falta para que ello ocurra? Pues el deseo de orar y unirse a Dios y firme decisión de nuestra parte de consagrar el alma al amado de nuestra vida. Saludos fraternos.

No es fácil llevar esta pequeña oración ya que todo la pensamientos y preocupaciones es como si te atacaran y terminas distrayendo de la oración y entra en mi un desanimo y una gran tristeza de no poder ser fiel a la oración gracias.

No se preocupe hermana/o, ni se desanime. El ser consciente de nuestras dificultades y de la acción de la mente sobre nosotros es ya un gran paso. Siempre están los pensamientos y preocupaciones pero el intento de orar los pone de manifiesto, los hace evidentes. Por eso nos asombramos del caos mental en que vivimos. Paciencia y perseverancia, la oración irá ocupando el lugar de los pensamientos. Un saludo fraterno.

Muchas Gracias por estos ejercicios espirituales, a pesar de las preocupaciones siempre estoy pendiente de repetir el Santo Nombre, me acompaña en todas las dificultades, y cuando algo me es adverso digo: bueno JESUS tú quieres que así sea por eso me envías esta dificultades y la acepto con agrado repitiendo la oración y todo se va allanando. Gracias por esta formación espiritual ..SEÑOR JESUCRISTO HIJO DE DIOS VIVO TEN PIEDAD DE MI PECADOR.

Pues tal cual usted lo dice. Todo es para nuestro bien, aunque a veces debe pasar un tiempo para que caigamos en cuenta de ello. Esa actitud de entrega que describe abre las puertas del corazón a la oración ininterrumpida. Usted ya tiene las señales al estar siempre pendiente de repetir el Santo Nombre. Saludos fraternos!

Día 20 – Respiración y pensamientos

Texto del día

Más respuestas a comentarios del día 14 de los ejercicios

Mi dificultad también es la distracción, siempre me vienen a la mente muchos otros pensamientos. Sobre todo cuando intento orar durante el trabajo, la atención se me va enseguida. Y también tengo a veces la sensación de estar repitiendo la Oración como una máquina, sin ningún sentimiento de amor hacia el Señor, como si estuviera repitiendo cualquier otra frase. ¡Gracias por estos preciosos ejercicios, me ayudan mucho a profundizar en la Oración!

Es muy cierto hermana/o, el trabajo suele requerir la atención de la mente y nos vemos obligados a desatender la oración. Sin embargo dos cosas: Cuando la oración de Jesús se hace verdadera costumbre, verá que apenas la mente se desocupa usted vuelve a la oración sin haberlo pretendido; con alegría nos descubrimos orando en el interior y allí solo resta abrir el corazón para que este se vea penetrado por el espíritu de la oración. En segundo lugar, aún sin tener el hábito, puede usted disponerse previamente al momento laboral, donde tal vez sea inevitable la distracción, de una manera orante en espíritu mediante la actitud. Pedir al Señor que nos asista a realizar la tarea que nos toca del mejor modo posible, se la ofrendamos por el bien de todos y nos entregamos a ella con anhelo de perfección; sabiendo que dicha meta es apenas un deseo que nos señala el camino. Esta acción atenta, que busca “el bien hacer”, es sin duda oración.

Estimados hermanos en Cristo Jesús.
El mayor obstáculo tanto interno como externo, son la cantidad de tareas que tengo que realizar al día, observándome a mi misma veo como si hubiera alguien que me empuja a realizar las tareas que tengo pendientes de hacer. En el día es esa situación y en la noche me quedo dormida.
Sin embargo, me refiero a hacer la oración con unción, ya que durante todo el día, está la oración en mi interior como si fuera una música suave que está ahí, cuando se me complican los asuntos traigo la oración al asunto del momento, y envuelvo a las personas con las que trato con la oración de Jesús.
A veces hago la oración caminando pues una de mis tareas en hacer como mínimo 6000 pasos al día, recurro a un rosario y observo que en media hora recito la oración 750 veces. Sin embargo, creo que fallo al Señor por no estar concentrada en su Divina presencia y lo hago mas por cantidad que por calidad. Al estar hoy orando la oración ante el Santísimo, la preocupación por la salud de mi esposo me distrajo.
Como todos los días manejo 90 minutos diarios, escucho en ese tiempo el audiolibro del peregrino ruso. Muchas gracias por todos los textos de gran sabiduría que nos comparten. Los saludo invocando el nombre de Jesucristo.

Muy estimada/o en Cristo. Además de lo dicho más arriba, que puede servir, es bueno atender a esta especie de apremio interior que nos lleva a la actividad. En ocasiones es un impulso que trata de anestesiar la angustia, el temor o sensaciones interiores desagradables. Y esto si bien es un medio que utiliza el organismo para evitar el dolor, no nos ayuda a ser conscientes de lo que nos sucede, para de ese modo poder transformarlo o pedir la conversión de ese aspecto de nuestra vida. Hay cosas necesarias e ineludibles, otras pueden irse haciendo poco a poco. En general, si hay prisa o demasiada actividad es un alerta de que estamos “escapando”. Deberíamos tender a un cierto equilibrio entre acción y contemplación, nada fácil en la vida actual. Por eso mismo, la oración de Jesús es una herramienta que nos guía hacia el silencio en medio del ruido, nos enseña contemplación en la acción. Si las tareas son muchas e inevitables, trate de hacerlas un poco más lento de lo habitual, eso abrirá un espacio de atención a la oración más profunda. Pero por lo que comenta, no dude que esa cantidad dará fruto como ya lo está haciendo. Persevere con fe y a veces, recite la oración con lentitud para que se interiorice, como por ejemplo durante el viaje o las caminatas. Saludos fraternos!

Buenas tardes . Comparto muchas de las dificultades expresadas anteriormente. Las distracciones, es difícil aquietar los pensamientos que van y vienen. Parece que en el momento que me dispongo a rezar cualquier preocupación o actividad pendiente se vuelve urgente. Y da vueltas en mi cabeza y la Oración se convierte en algo mecánico. Las veces que logro concentrarme, me da mucha paz la Oración.
A veces mientras voy rumbo al trabajo y debo caminar unas cuadras, para evitar la distracción llevo en mis manos un denario. El contacto de mis dedos con las cuentas me devuelven a la Oración.
También el cansancio después del trabajo no me permite concentrarme en la Oración. Además hay tentaciones como son el celular , la televisión, que dispersan y atraen mucho.
Muy agradecida por todo lo que me brindan a través de éste retiro.
Un saludo invocando el Santo Nombre.

Estimada hermana/o en Jesús, la primera parte de su comentario puede responderse un poco con lo dicho en los dos anteriores. Respecto al tema que bien menciona del celular y los medios tecnológicos que sirven como evasión, es gran verdad, nos facilitan el permanecer extraviados de nosotros mismos. Como en todo la moderación ha de ser la norma. Es obvio sin embargo vale recalcarlo, que es preciso apagar el móvil cuando nos disponemos al recogimiento. ¿Por qué nos ocurre esto? Porque la mente ansía variedad de estímulos, quiere estar “entre-tenida”, mantenerse entre un objeto de atención y otro objeto de atención. ¿ Por qué la mente quiere entretenerse? Debido a su misma naturaleza de cambio constante. Es como el paladar, que busca sabores diversos y que nunca se sacia totalmente. Hasta que se abren los sentidos espirituales que permanecen adormecidos, la lucha es constante. Sucede que al principio, suspender la actividad de los sentidos físicos nos deja sumidos en el vacío; afloran la angustia y el temor alimentados por el miedo a la finitud que parece ser la constante de nuestra vida. Pero si se atraviesa ese desierto, los sentidos espirituales empiezan a percibir la gracia que sacia de modo permanente en todos los sentidos. Es un tema extenso que continuaremos en otras publicaciones si nos permite. Un saludo fraterno invocando a Jesús.

Práctica sugerida

Hoy intentaremos concentrarnos en la respiración durante todo lo que hacemos, tanto en quietud como en movimiento, en el bienestar como en el malestar ocasional. Dejemos que la oración surja por sí sola. Llevemos desde el despertar mismo nuestra atención a la respiración y veremos como esta acompaña los movimientos mentales. Si la mente se agita, temerosa, ansiosa, confundida, angustiada etc. la respiración se acompasa a ese desorden y se hace corta y frecuente. En cambio cuando la mente está en calma y confiada en Dios, el aire entra y sale con mesura como si lo bebiéramos con calma. Por esta simultaneidad intrínseca es que podemos calmando la respiración serenar a la mente. Simplemente observemos esta dinámica y mientras atendemos a esto veremos a la oración surgir por sí sola en varios momentos del día. Comenten luego hermanas y hermanos como les ha ido en esta práctica. Saludos en la efusión del Santo Nombre.

Dia 19 – La motivación

Texto del día

… Respecto de la acción, importa mucho saber que es lo que busco con ella, el deseo que lleva inscripto en su interior. Lo que la motiva es en verdad lo que hacemos cuando actuamos. Es fundamental la transparencia, la verdad en la acción. Debe coincidir la motivación interior con aquello que se ve en mi actuar, sino habrá doblez e hipocresía.

Lo que hagamos debe ser útil en el presente y en el futuro y no generarse nunca una contradicción entre estos tiempos. Porque de ninguna manera el fin justifica los medios y porque tampoco es importante solo el ahora sino también las consecuencias que derivan hacia el mañana.

Todo lo que hagamos ha de poder realizarse ante la vista de Dios y de los semejantes, de otro modo no se debe hacer, porque esconde en sí algo que nos avergüenza. Esta vergüenza es signo de un alerta de la conciencia. Cuando Adán y Eva se cubren no esconden sus cuerpos sino el deseo de posesión del otro que los avergüenza...

Click aquí para leer el texto completo

Práctica sugerida

Mientras redoblamos nuestro paciente y amable esfuerzo para repetir interiormente La Oración de Jesús en todo momento y lugar, atendamos a lo que motiva nuestras acciones, aquello que las pone en marcha. Como escuchamos decir una vez en un monasterio: “Puedes ponerte a barrer el refectorio para que se encuentre limpio a la hora de la cena o puedes hacerlo como reproche velado al encargado de hacer la tarea que no se ha presentado… o para que te vea el Prior y te tome en consideración…” ¿Para que diré esto a esta persona? ¿Para qué realizaré esta acción? No solo es lo que se hace sino el “desde donde” se lo hace.

Aquí más intercambio de impresiones con quienes han comentado el día 14 de los ejercicios. Muy buena semana invocando el Nombre de Jesús

Una especie de “pelea de oraciones” , si bien la oración de Jesús me dá mucha paz y siento realmente me une a Dios , tengo que luchar contra por un tiempo con la idea de que “le saca lugar a mi oración preferida” … Seguro debe de haber algo de acostumbramientos o apegos , aún en cosas santas …. Gracias.

Sin duda hermano/a que nuestra tendencia a apegarnos, o dicho más suavemente, a encariñarnos con las cosas, personas y situaciones, abarca también aspectos de la vida espiritual. Pese a ello, en esta materia, si uno se siente encaminado con cierto tipo de oración, si se perciben en el alma sus frutos y si estos se manifiestan también en la vida diaria, orientando el comportamiento en función del Evangelio, no habría porque cambiarla. Debería continuarse en ese tipo o modo de oración y profundizar en ese mismo camino. La oración de Jesús puede ser útil para quienes se sienten llamados a ella (una fuerte atracción o deseo de ser capaz de practicarla) o para quienes atraviesan fuertes crisis. Algunos más se acercan a ella motivados por una búsqueda de simplicidad en la propia vida, que incluye la forma de orar. Pero sin ninguna duda que muchos espirituales en la historia han visto su corazón lleno de gracia debido a la práctica de la oración discursiva o al Oficio de las Horas, al Rosario de María Santísima o a muchas otras devociones particulares. Si fuera el caso de que se siente atracción pero aún no se decide uno por uno u otro tipo de oración, convendrá practicar esos diferentes modos en distintos momentos de la jornada, pero no entablar “lucha” entre ellas. Gracias por el comentario que ayuda a explicitar estas temáticas.

Al leer sus comentarios me siento acompañada por todos uds. queridos hermanos. Pase lo pase, Jesús siempre nos guía y acompaña. Lluvia de bendiciones.

Gracias por sus bendiciones. A nosotros también nos brinda compañía vuestra presencia leyendo y comentando lo que compartimos. Los textos e intercambios antes que nada nos sirven a nosotros mismos, recordándonos continuamente la necesidad de buscar la coherencia con lo que publicamos. Saludos fraternos.

Mis dificultades para perseverar en la oración de Jesús son la disipación de ideas y la tristeza, incluso ira, por la situación que atraviesa la Iglesia.

Muy estimado/a sin duda que la situación que atraviesa la Iglesia en los últimos tiempos es harto dolorosa por varios motivos. Sin embargo aún cuando en el jardín pueda verse mucho desorden, plantas sin podar, canteros desarmados y demás; también pueden encontrarse bellas flores y hojas jóvenes plenas de verdor. ¿Cuántas semillas estarán listas para brotar apenas llegue la primavera? Al alba le precede la oscuridad más oscura, dicen por allí, es posible que esa frase aplique en este caso. No deja de resultar claro también, que una purificación se va llevando a cabo mediante los acontecimientos, intuimos que ese es el medio que usa Dios para depurar las cosas. Como sea, esa tristeza e ira, pueden canalizarse como ardor en la oración, como fuego que la alimente y enriquezca. Ella misma calmará las aguas y concentrará la disipación de las ideas. Gracias por su honestidad al comentar. Saludos en Cristo.

Para mí la dificultad que estoy viviendo es el cansancio del trabajo, iniciar la oración se me hace difícil ya no es como en otros momentos que podía hacerla sin dificultad y por otro lado dedicar un espacio durante el día para la oración del corazón pero viene muy bien que ese espacio sea en cualquier momento y lugar.

Pues sí así es. El cansancio del cuerpo y de la mente pueden dificultar la oración como momento específico. En esa situación sirve ofrendar a Dios esa fatiga, como si uno dijera: “Ya ves Señor, aquí me tienes sin fuerzas, pero ven igual conmigo y dame descanso”. También, darse cuenta que el trabajo también es oración y ofrenda. Bastará la intención de hacerlo lo mejor posible y según nuestras mejores luces del momento. Si la labor es muy agotadora y demandante, bastarán unas pocas repeticiones del Nombre del Salvador, entre aliento y aliento para volvernos al centro y sentir que actuamos en Su presencia. Cristo le cuida hermano, un abrazo fraterno.

La brisa suave

Algunos intercambios derivados de los comentarios del día 14 de los ejercicios

Muchas gracias hermanas/os por comentar y participar tan activamente. Aquí algunas respuestas.

Hola a todos y a todas:
El problema que yo percibo cuando hago la oración es que, no sé si lo expresare bien, comienzo con la oración en primer plano pero poco a poco va pasando a segundo plano y su lugar lo van ocupando las preocupaciones, las ocupaciones y las inquietudes, intento pasarla a primer plano pero entonces se hace costoso y es entonces cuando aparece el cansancio y la distracción, acompañado todo ello por el reproche. Creo que me irá bien dedicar espacios de tiempo exclusivamente a la oración, como propone la práctica de hoy.

Estimado hermano, usted describe perfecto un proceso que suele ocurrir. Las ocupaciones, inquietudes empiezan a imponerse. Conviene quizá previamente a la oración, recordarse que todo depende de la voluntad de Dios. Esta conciencia de la primacía del designio divino, nos permite abandonarnos, de tal modo, cuando surgen las inquietudes, nos recordamos que hemos entregado a Él toda preocupación y se facilita el dejar atrás los pensamientos. Cuando estos pensamientos aparecen uno debiera decirse: “Yo haré lo mejor posible en mi acción, los resultados dependen de Tí, Señor”. Y entonces uno vuelve la atención a la oración sin tanta dificultad. La tendencia a “rumiar” los pensamientos deriva en gran parte de esta creencia de fondo, de que somos nosotros los que manejamos el rumbo de los acontecimientos y no la suprema voluntad de Dios.

Sentado en silla de meditación. Atento a la respiración, al ritmo cardíaco, repitiendo la oración de Jesús. No pasa mucho tiempo en que te ves envuelto en pensamientos que te sacan de tu concentración. Una y otra vez volver a la respiración, al ritmo cardíaco, a la oración de Jesús. El tiempo transcurre despacio, el cuerpo te reclama, dolor en las rodillas, molestias distintas. Nuevamente la imaginación que anticipa soluciones a los problemas ordinarios. Vuelta al ejercicio: atención y dejar pasar los pensamientos. Un saludo fraterno.

Estimado hermano, usted lo dice bien; hay que volver una y otra vez a la oración. Esta persistencia nos genera un saludable hábito que en cierto momento se transforma en segunda naturaleza. Es decir, nos acostumbramos a desechar los pensamientos y a poner la atención en la oración de Jesús o en su Nombre solo. Por lo demás, creo que vale también lo conversado en el comentario precedente.

Estimados hermanos.
Tras realizar la practica y todo este tiempo de la oración del corazón que llevo haciendo comentaré mis mayores dificultades. En principio tengo deseos de la oración de Jesús, tengo mi frase, la acompaño con la respiración, y me acuerdo durante el día de rezarla en las más diversas situaciones. Pero mis dificultades son:
1. Las preocupaciones que vienen de continuo, sobre todo económicas. No me dejan en paz.
2. Encontrar ese centro interior, el corazón, para no vagar busco técnicas de visualización, o miro una imagen de Jesús o imagino un momento evangélico.
3. No llega la alegría. Debido a mis preocupaciones no encuentro la alegría espiritual por mucho que rece. Paz si encuentro, pues es un momento agradable de relajación. Pero al salir de ella y enfrentar el mundo salgo sin alegría o pronto se disipa. Con la gracia de Dios y su ayuda voy adelantando. Saludos cordiales en el Señor Jesús.

Muy estimada/o: En cuanto al punto 1 vale lo recomendado en los dos comentarios anteriores. En todo caso agregamos: Ante una dificultad, tomarse un momento y decidir un curso de acción preciso. Supongamos que se trata de una deuda. Uno hace una lista: – Trabajaré tantas horas extras, le pediré un préstamo a mi amigo tal, hablaré con el acreedor pidiendo una extensión del plazo, venderé aquél objeto innecesario que tengo en casa etc. etc. Una vez trazado el plan, entregarse completamente a Dios. Nuestra parte es solo la acción debida y correcta. Lo que ocurra es enteramente de Él. Dios nos hará pasar por las experiencias que necesitemos pasar a fin de cultivar el alma y elevar nuestro espíritu hacia El Padre. Preocuparnos no es nuestra acción correcta, intentamos con nuestra deliberación sustituir el papel divino en el curso de los acontecimientos. Por favor, a todos nos pasa, y debemos recordarnos esto continuamente. Leer Mateo 6, 14 y otras partes de la escritura que enfatizan la misma actitud necesaria. En cuanto a lo demás que comenta, esa relajación y paz que encuentra en la oración, por si solas lo irán acercando al corazón, el centro de la persona. Ayuda mucho también pararse interiormente en medio del dolor y desde allí pedir o repetir la invocación de Jesús. Mirar o visualizar un icono de Jesús puede ayudar también como usted dice. Muchas gracias por comentar.

Me siento identificada en algunas de las aportaciones que agradezco, de mi parte comparto. Las distracciones son lo que más me aleja de la oración de Jesús, pero reconozco que la oración continua es DON ¿entonces qué hacer? retomarla cada vez que el Señor me hace consciente de mi propia limitación al distraerme. Pero también es cierto que en ocasiones en el rezo del rosario por ejemplo, me “sale” la oración de Jesús. Gracias por estos días, propician el mayor adentramiento en nuestro deseo de vivir sólo para Jesús. Un saludo invocando el Nombre del Señor Jesús.

Además de lo comentado antes, ese ponernos a orar, sea en momentos exclusivos o en medio de las actividades, nos prepara para recibir el don de la oración continua. Y es ese deseo de vivir solo para Jesús que menciona el que más nos va vaciando de lo que sobra para que podamos recibir la gracia. Cristo nos guía siempre.

Mucha sequedad. Mucho esfuerzo para decir la oración. Como una especie de muro. Como si no hubiera Nadie. Como si todo fuese inútil. Para mi rezar a veces es ese desierto sin final. Un buscar en la oscuridad . A tientas. Una Paz que se sueña. Un sueño que se anhela. Seré digna? Querrá Dios esta nada que le doy? No lo sé. ….seguimos….no obstante.

Claro testimonio de la aridez desértica de la que tanto hablan los santos en sus biografías. Así es. Es la mente que todos tenemos, ávida por naturaleza, inquieta, demandante de estímulos placenteros a toda hora, la que se queja cuando le quitamos todos los esparcimientos y la ponemos ante una actitud de silencio en busca de oración. Y la mente protesta cuestionando el sentido de lo que hacemos, invitándonos mediante imágenes diversas a cambiar de actividad o finalmente, nos castiga con la aridez y la planicie del ánimo. Allí hay que estar alertas. Llegados a ese punto, si persistimos firmes en la invocación del Nombre, sin pedir consuelos, como si estuviéramos dispuestos a perseverar aunque el desierto se extienda sin fin… suele alumbrar la brisa suave que percibiera Elías. Le recomiendo la lectura de esta homilía del Papa sobre la purificación que Dios efectúa en el orante para la misión que le tiene destinada. Muchas gracias por comentar.

Días 17 y 18 – Un cambio real

Texto del día

¡Tantas veces he querido cambiar! Y sin embargo me parece que sigo siendo el mismo, con las mismas viejas inercias… con ese temperamento, con aquel hábito, con esa melancolía…

Para que se produzca un cambio real, una cierta conversión de vida, hace falta que varios factores se junten. Un factor importante sin duda es nuestro profundo deseo de cambiar, de dejar de ser el que somos, de abandonar el hombre viejo sin guardarse partes de él que puedan parecernos convenientes. El hombre viejo es un todo integral, lo dejas entero o te sigue persiguiendo.

Para sentir ese profundo deseo de cambiar es necesario que seamos conscientes de nuestras verdades dolorosas, de vernos sin maquillaje, de reconocer nuestra miseria en distintos aspectos de nuestras vidas. El egoísmo extremo que tenemos como encarnado en nosotros. Si reconocemos esto, la gracia que siempre está disponible fluye hacia nosotros de manera abundante; nos dejamos empapar de su luz pura y Cristo mismo se manifiesta en el corazón.

Cuando esto ocurre, el cambio se va dando como natural y espontáneamente sin demasiada lucha. La apertura del corazón a los demás y el recuerdo de la acción correcta, alineada con el Evangelio, se vuelve constante y nos impulsa a la coherencia. Ahora, hay que dar un primer paso, esto es necesario. El médico está disponible, la medicación también, pero hay que tomar un vaso, llenarlo con agua y tomar la medicina. Solo nosotros podemos. La gracia no es invasiva, Dios no se impone se ofrenda. El Espíritu Santo nos convierte solo hasta donde estamos dispuestos a convertirnos. Esto es vital y debe comprenderse.

Este primer paso o este nuevo paso puedes hacerlo ahora mismo. Este fin de semana es una oportunidad tan buena como cualquier otra. Porque cuando el alma saborea un cambio real y el aroma de la gracia comienza a ser percibido, se entusiasma y el resto de la transformación es más fácil. Estos dos días pueden ser el cimiento de lo por venir. Las primeras luces del nuevo día. ¿Por qué no? Aunque hayas fracasado y caído mucho en el pasado, nada te inhabilita para volver a casa. El Padre espera y es paciente y rico en misericordia.

El médico es Jesús, la oración del Santo Nombre la medicina, nuestra parte es poner atención en lo que hacemos para hacerlo bien, mientras repetimos la oración cada vez que lo recordamos.

Recomendamos esta lectura bíblica a propósito del post

Práctica sugerida

Este fin de semana vamos a ir contra la corriente. Vamos a tratar muy bien a la persona que habitualmente tratamos con descortesía, descuido o indiferencia. Y vamos a hacer bien, con afán de perfección, aquella actividad cotidiana que siempre hacemos a desgano, descuidadamente, fastidiados o a las apuradas. Vamos a actuar en general en contra de la reacción frecuente que nos tiene sometidos con su inercia. Puede ser una acción que parezca trivial como el modo de lavar la vajilla o algo importante como el trato que damos a nuestro anciano padre. Cambiar la tendencia. Esto puede ser nuestra pequeña nueva fundación. La semilla que alumbre luego una profunda conversión. Si es posible todas las actividades del fin de semana deberían estar “teñidas” de este anhelo de conversión. Buscar en el Nombre de Jesús la fuerza adicional que falta en nuestra voluntad para actuar contra la inercia.

Muy estimadas/os en Cristo Jesús, en pocas horas publicaremos las respuestas al resto de los comentarios del día 14 y a algún otro que se ha puesto por allí sobre una problemática muy dolorosa. Muchas gracias por vuestra participación y acogida que hace posible este encuentro entre hermanos cristianos.

Día 16 – En todo tiempo y lugar

Texto del día

“—Celebráis los oficios con gran piedad, Padre mío, pero también con mucha lentitud. —Ciertamente —me respondió—; y esto no gusta mucho a mis parroquianos y por ello murmuran. Pero pierden el tiempo, porque a mí me gusta meditar y ponderar cada palabra antes de pronunciarla; si se les priva de este sentimiento interior, las palabras no tienen ningún valor ni para uno mismo ni para los demás.

Todo está en la vida interior y en la oración atenta. ¡Ah, y qué poco interesa a nadie la actividad interior! —añadió—. No hay voluntad ni preocupación alguna por la iluminación espiritual interior. Yo volví a preguntar: —¿Pero cómo llegar a ella? ¡Es una cosa tan difícil! —No es difícil en modo alguno. Para recibir la iluminación espiritual y llegar a ser un hombre interior, hay que tomar un texto cualquiera de la Escritura y concentrar en él toda la atención tanto tiempo como se pueda. Por este camino se llega a descubrir la luz de la inteligencia.

Para orar, hay que proceder de la misma manera: Si quieres que tu oración sea pura y recta y que produzca buenos efectos, hay que elegir una oración corta, compuesta de algunas palabras breves, pero enérgicas, y repetirla durante mucho tiempo y con mucha frecuencia; por ahí se llega a tomar gusto a la oración. Esta enseñanza del sacerdote me agradó mucho por ser práctica y fácil y al mismo tiempo profunda y sabia. Di gracias a Dios en espíritu por haberme hecho conocer a un verdadero pastor de su Iglesia…”

del 4° relato en “El peregrino ruso”

Práctica sugerida

La práctica sugerida para hoy consiste en tomarse entre dos y cinco minutos durante cada hora de nuestra vigilia para repetir La oración de Jesús o su Santo Nombre solo. Esto puede hacerse estando en cualquier actividad. Bastará enlentecer los movimientos un poco o excusarse un momento para abrir ese breve espacio de oración interior. Hay quienes para esta práctica programan las alarmas del reloj o el móvil. Esto aparentemente trivial, nos va acostumbrando a orar en todo tiempo y lugar.

Respuestas a comentarios del día 14

Estimadas/os en Cristo Jesús: Tres hermanas publicaron durante el día 14 estos comentarios. Ponemos algunas consideraciones a ese respecto.

Mi dificultad es que a veces repito la oración mentalmente o la digo y no siempre conecto con el corazón. Otras veces siento que al decirla pareciera que mi pecho se abre y ahí sí me siento más conectada. El otro día estaba angustiada por un tema de salud y empece a decir la oración en forma constante y me fui tranquilizando…

Esto es del todo normal hermana. Al principio sobre todo la repetición es meramente vocal o mental y suele desconectarse con frecuencia del sentimiento. No importa, la cantidad hace a la calidad si somos persistentes y queremos unirnos a Dios y seguir Su voluntad. Como puede ver en el libro de El Peregrino Ruso, el staretz le indica a este que empiece por cierta cantidad y que eso por si mismo le guiará al corazón. También conviene, si esa desconexión del sentimiento es persistente, detenerse y ubicar la necesidad espiritual del momento o un dolor del alma que nos persiga siempre. La conciencia de ese dolor, vacío o angustia, nos dará el fuego necesario para reconectar el corazón a la oración. Muchas gracias por compartir.

Mi mayor dificultad creo consiste en la frase elegida: “Señor Jesucristo Hijo de Dios ten misericordia de mi pecador”….Me pierdo porque la considero es muy extensa.
En cambio el nombre de Jesús resuena en mi mente y corazón la mayor parte de día. Cuando estoy en silencio, cuando hablo con alguien, cuando comienzo a preocuparme, mientras cocino, cuando corto el pasto o miro el paisaje. Parece que no fuese yo quien lo pronuncia, sino que es como si estuviera dentro mío. Cuando me doy cuenta que hace un rato no siento la presencia del Señor entonces ahí soy yo quien invoca Su nombre. Es como no tener que repetir el nombre porque simplemente Jesús está.
Un saludo fraterno en el Señor.

Mejor dicho imposible hermana. Efectivamente no somos nosotros sino el Espíritu que ora en nosotros. (Romanos, 8, 26) Y efectivamente cuando Dios se nos hace ausencia, debemos poner nuestro esfuerzo para pedirle la gracia de Su presencia. Y en efecto, muchas veces la oración de Jesús se detiene dicen los padres filocálicos, porque al hacerse presente El Señor, llamarlo sobra, entonces solo el silencio amoroso es lo que prima. De eso ya no se puede hablar. Nos alegra mucho lo que cuenta. Respecto de la frase y su extensión, puede acortarla sin dificultad mientras mantenga en ella el Nombre del Salvador. Muchas gracias.

Buenos días hermanos. El deseo de la oración continua está en mi corazón desde el principio de mi vida en Dios, después de que Él me concediera la conversión. Probé otras espiritualidades o “métodos” que no dieron resultado pues caía en una ascesis voluntarista. Hace años que sigo este blog, que muchas veces suena a respuesta. Ahora con estos ejercicios me parece percibir el modo. En ocasiones no sé si busco la oración continua por amor a Dios o por querer estar mejor, pero dejo con paz esta inquietud o imperfección en el Sagrado Corazón. Él sabe de mi debilidad. La mayor dificultad de la oración del corazón para mí es no olvidarla cuando me dejo absorber por otras actividades: vida en familia, trabajo… pero vivo esta dificultad también con paz. Yo tengo que perseverar y Dios me irá dando lo que quiera. Esta escuela de pequeñez (con Santa Teresita) y de abandono confiado en el Padre partiendo de mí propia debilidad y mis limitaciones me están dando, por fin, paz.
En todo hacer Su voluntad.
Mi frase para la oración de Jesús es: ¡Sagrado corazón de Jesús en Vos confío!
Que Dios los bendiga.

Está muy bien y que contento cuando describe esa confianza en Dios que sabe de nuestras debilidades y nos va entregando la gracia que podemos recibir en cada etapa del camino. En nuestra experiencia, cuando las actividades absorben, vale atender a la ejecución de la acción correcta y consciente para que ese hacer mismo se transforme en oración. Por caso, si está con la familia y le hablan, corresponde atender íntegramente a ese ser querido que se comunica y dejamos la oración aparentemente a un lado. Sin embargo, si atiendo verdaderamente a ese prójimo y le escucho con apertura, estoy orando igualmente. Luego con el paso del tiempo, se descubre que el Nombre de Jesús sigue recitándose en el trasfondo de todo lo que hacemos. Como bien dice: Solo perseverar que Dios nos va dando lo que necesitamos. Un abrazo fraterno en la efusión del Nombre.

Día 15 – La queja

Estimadas/os en Cristo Jesús: Muchas gracias por sus comentarios y participación, contando con honestidad lo que ocurre durante la práctica de La Oración de Jesús. Agradecemos al Señor poder convocarnos por este tema y ayudarnos unos a otros, que todos vamos en peregrinación hacia el mismo hogar con el Padre de todos.

Hemos leído cada comentario del día 14 (os sugerimos hacer lo mismo pues son muy instructivos) e intentaremos hacer aportes en los sucesivos posts. Del mismo modo cualquier lector o participante puede aportar sus experiencias para ayudar a alguien que haya comentado, sois libres para hacerlo, publicaremos lo que aportéis. No faltará la ocasión en la que dos puntos de vista diferentes lleven hacia una tercera mirada de mayor equilibrio.

Un hermano publicó en el post del día 14:

Queridos hermanos Paz y bien. Llevo varios días poniendo en práctica la invocación del Santo Nombre, y la mayor dificultad es “sosegar” a la “loca de la casa”, al decir de Santa Teresa de Jesús; la mente, la imaginación, las distracciones… pero se abrió mi alma y mi corazón a una sed interior de cada vez más practicar esta santa invocación, o sea a mas costosa concentración, más oración, más y más, me he vuelto terco en esto, y me está dando resultados, y como dice la Santa en sus Moradas, no hay que temer volver a comenzar cuantas veces sea necesario. En esas luchas sigo y trato de no desmayar. Gracias a Dios todopoderoso y a ustedes hermanos por sus oraciones y por compartir sus experiencias para edificación de los que hemos decidido comenzar a recorrer este camino. Invocando el Santo Nombre los saludo con la Paz del Señor.

Apreciado hermano, que alegría! Precisamente esa sed interior de la que habla es una de las manifestaciones más claras de la gracia que lo empuja a la oración de Jesús y le llama a ese camino. Y allí se entabla la lucha, de un lado la gracia y vuestra voluntad, por el otro las inercias y hábitos mentales de toda nuestra vida. Pues el vencedor es evidente, solo se requiere que nos dejemos enamorar por la oración del Santo Nombre.

Una hermana publicó en el post de ayer:

Mi mayor obstáculo es que me cuesta mucho concentrarme por una enfermedad cerebral que tengo. Pero cuando recuerdo que tengo que hacerlo lo hago sin alterarme, para no dar pie a que el enemigo aproveche. Me sirvió mucho el post donde dice que la preocupación sea el indicador de que he olvidado La Oración de Jesús y es verdad, así que cuando me siento preocupada invoco a Jesús y trato de confiar en él. Le entrego mis preocupaciones y pido compasión.

Pues está muy bien hermana. Entregar toda preocupación y pedir compasión, que nos enseñe a rendirnos a Su voluntad. Eso mismo tenemos que intentar en este día 15, pero poniendo énfasis en nuestras quejas habituales. Cada vez que nos quejamos estamos en cierto modo, oponiéndonos a lo que Dios nos ha enviado o al menos permitido para nuestra vida. No nos resulta fácil pero es preciso comprender: Lo que ocurre es para nuestro bien, todas las veces. A veces nos lleva tiempo darnos cuenta. Gracias hermana por su participación que nos da pie para comentar.

Práctica sugerida

Todos conocemos de sobra ese ánimo de queja que a veces nos toma y nos maneja. Esa disposición del ánimo que siempre está lista para ver lo aparentemente negativo de las situaciones y a quejarse por esto y por lo otro y a comparar como serían las cosas si hubiera sucedido aquello de más allá en lugar de esto que ha tocado…

La práctica de hoy es la de apelar a La Oración de Jesús cada vez que veáis aparecer la queja. Abandonar las quejas a un lado y agarrar con firmeza el “Señor Jesús”, con los labios, la mente o el corazón, como podáis. No ceder a las quejas. Estas nos encierran en un círculo vicioso que va apagando la luz del espíritu en nosotros. Y esto, aún cuando la situación que provoque la queja pueda justificar una reacción de ese tipo. Poner la oración ante todo nos transforma y también modifica lo que ocurre.

Arzobispo de Los Ángeles sobre La Oración de Jesús

Día 14 – La santa indiferencia

Texto del día

” —Reza sobre todo la oración de Jesús; ella nos acerca a Dios más que todas las demás oraciones y por ella conseguirás la salvación de tu alma.

La joven me escuchó con atención y se condujo con toda sencillez según mis consejos. ¿Y lo creeréis? Poco tiempo después me anunció que se había acostumbrado a la oración de Jesús y que sentía el deseo de repetirla incesantemente siempre que le era posible.

Cuando rezaba, sentía alegría y finalmente un gran gozo, así como el deseo de continuar rezando. Todo esto me causó gran contento, y le aconsejé que siguiera rezando cada día más, invocando el nombre de Jesucristo…

Y sin añadir una palabra más, el preboste se levantó y se fue a dormir. A mí, me devolvieron a la prisión. Al día siguiente, muy de mañana, vinieron dos gañanes que me dieron mis buenos azotes dejándome luego en libertad.

Yo me alejé, dando gracias a Dios que me había permitido padecer en nombre suyo. Todo esto me llenó de grandísimo consuelo y me animó más y más a la oración.

Estos acontecimientos no me causaron la más pequeña aflicción. Parecía como si se le acaecieran a otra persona y yo no fuera más que un espectador; y esto aún cuando me estaban dando los azotes.

La oración, que llenaba de alegría mi corazón, no me permitía prestar atención a cosa alguna.”

del 2° relato en “El peregrino ruso”

Pedido a los participantes

Estimadas/os hermanas/os en Cristo Jesús.

Hoy casi en la mitad del ejercicio espiritual que tiene como base la espiritualidad del Peregrino ruso, para crecer en la práctica personal de la Oración de Jesús; queremos pedirles que pongan un comentario donde simplemente y con toda verdad, compartan cual es la mayor dificultad que viven para realizar esta oración cotidianamente. Recuerden que si es necesario pueden comentar en forma anónima o poniendo un seudónimo.

En cuanto a la práctica para hoy, tratemos de dedicar al menos 30 minutos seguidos a la práctica de la oración de Jesús. Si lo hacéis en un solo período, esto os dará material para que nos comentéis los obstáculos que aparecen. Mucho más si llegáis a haceros el tiempo de rezar una hora o más. Esto pone en evidencia otras dificultades. Estos minutos exclusivos para la oración, hacedlos como os acomode mejor: caminando, sentados en quietud, en una capilla, en vuestra casa… lo central es la exclusividad que deberíais dar al momento.

Partiendo del hecho de que se sienten atraídos hacia este modo de oración, de que tienen interés en practicarla o de crecer en ella… ¿Cuál es el mayor obstáculo, interno o externo con el cual se encuentran? Esos comentarios servirán para efectuar posts durante el resto del ejercicio, complementando la lectura de los textos que seguirán, para facilitar con ellos la superación de esas dificultades.

Un saludo fraterno para todos invocando a Jesucristo.

Día 13 – La gracia y el esfuerzo

Texto del día

… Si por ejemplo te encuentras enojada/o con algún ser querido o incluso con alguien que no siendo cercano se halla vinculado contigo frecuentemente. O si te fastidias con esa persona cada día por su mera presencia, por las incomodidades que te provoca en tu diario vivir… ¿Qué hacer? Aquí hay una oportunidad para comprender como actúa nuestra voluntad y como opera la gracia y de como nosotros “abrimos la puerta” a la acción de la gracia.

Si al darme cuenta que estoy enojado o fastidiado, en lugar de reforzar ese enojo con pensamientos que justifican mi malestar, invoco El Santo Nombre de Jesús y le pido que ablande mi corazón, que lo inunde de misericordia y le permita comprender la naturaleza de ese prójimo, de lo que le lleva a actuar como actúa y estando enojado todavía, anhelo el don de la serenidad y el perdón… estoy abriendo paso a la gracia divina que transformará la situación.

La gracia ya estaba allí actuando pero yo no la escuchaba por el ruido ensordecedor de mi mente que fastidiada mascullaba y despotricaba. La cercanía constante de la gracia divina es sutil pero puede ser escuchada si uno intenta actuar desde el corazón y no desde la cabeza o el mero impulso corporal.

¿Todo es gracia? Pues sí. Sin embargo está reservada para nosotros la libertad de abrirle las puertas o de resistirnos a su acción. Imagina la gracia como la luz del sol al principiar la mañana en un hermoso día de primavera. Está allí, disponible. ¿Le abrirás las puertas y ventanas de tu casa? ¿Dejarás que penetre y renueve el aire de tu hogar? Allí nuestra porción de libertad, de libre albedrío.

En el ejemplo del enojo; debo abrirme a la posibilidad de permitir que este fastidio pase, que deje lugar a la calma y a la comprensión del otro. La gracia actúa del modo inmaterial propio de Dios, a través de la sutil voz en el corazón de cada cual. Y actúa a través del modo material mediante nuestra voluntad partícipe de la creación. Dejarnos invadir por Dios es nuestra mayor libertad.

Otro ejemplo: Me siento insatisfecha/o por la situación general que estoy viviendo. Apenas levantarme ya acuden las quejas a mi mente y los sentimientos de auto-compasión y reproche. Pero acabo de darme cuenta (ahí está la gracia) y entonces invoco a Jesús para que me enseñe a aceptar lo que vivo y me brinde la clave para transformarlo (ahí está mi voluntad).

Y así con todo…

Práctica sugerida

Esta misma noche o al empezar este día 13 de los ejercicios, detectar aquella conducta en mi cotidiano en la que soy particularmente incoherente con la conducta de un cristiano. Ese comportamiento que no es fiel al Evangelio y a la enseñanza de Cristo. Puede ser una actitud con alguien, un hábito nocivo, una situación en la que me dejo envolver o tantas otras. Usar ese comportamiento para verificar el impulso de la gracia y nuestra voluntad que suele resistirse. Abrirse allí de lleno a la purificación y unir nuestra voluntad en la dirección a la que nos lleva el Espíritu. Permitamos que la gracia nos transforme.

Extracto del 4° relato del peregrino de lectura sugerida

Día 12 – Orar sin cesar

Texto del día

¿De verdad quieres orar sin cesar? De verdad anhelas La oración de Jesús llamada también La oración del corazón? ¿Deseas esa forma de vivir en Dios que algunos han llamado oración continua o ininterrumpida?

Pues bien, en ese caso hay que apartar la atención de los pensamientos y conducirla a la oración que ya se está realizando en nosotros, en nuestra ermita del corazón o templo del alma. Pero para que los pensamientos no sean tan dominantes y fuertes es necesario que confiemos en la voluntad de Dios. Si no confiamos en la voluntad divina, le daremos valor a lo que pensamos en la resolución de nuestros problemas y en la obtención de los deseos.

Lo único que resuelve nuestros problemas es la entrega a Dios de que seamos capaces. No dejar de actuar, pero si un actuar enteramente confiados a que lo que Dios decida será el mejor curso que puedan tomar los acontecimientos. Cuando me sitúo en ese estado de confianza los pensamientos disminuyen mucho, hay menos deliberación mental, se produce un aquietamiento progresivo.

Si a eso le sumas una fuerte determinación de guiar la atención de regreso a la oración, cada vez que la descubres perdida entre los pensamientos varios, gran parte del camino está hecho. La gracia que empezó el trabajo lo terminará también y el corazón se iluminará con la presencia sin velo de la gracia deificante.

Si a la mente le damos la oración, el cuerpo actúa eficazmente según su deber y funciones y el corazón reposa en Dios. Se vive en el descanso aún en medio de lo que pudieran parecer fatigosos trabajos… el peregrino ruso habla de las delicias celestiales que llegó a vivir en el corazón, que a veces nos parecen increíbles. Pues en realidad, la diferencia que tenemos con el peregrino ruso no es el modo de vida que llevamos, sino la consagración de su deseo y propósito en la vida. Él solo quería permanecer centrado, vivía buscando a Dios mediante la continua oración.

Práctica sugerida:

Intentemos pasar la mayor parte del día en oración, mientras realizamos las actividades habituales. Empieza la rutina semanal, pero no por ello debe empezar la rutina mental de preocupaciones, inquietudes y ansiedades. Cada vez que descubramos la atención posada en la divagación, la regresemos nuevamente a la oración de Jesús. Con paciencia y con valor, volvamos una y otra vez a la oración.

Puede ser útil programar varias alarmas durante el día en el móvil que nos recuerde el propósito de orar. Hermanas y hermanos, efectúen cualquier consulta que necesiten al respecto, estamos para eso. Un abrazo fraterno invocando sin cesar El Santo Nombre de Jesús.

Aquí un audio del 1° relato del libro “El peregrino ruso”. (Hay algo de ruido hasta el minuto 5 pero luego se ha depurado)

Día 11 – Repaso y elección

Práctica sugerida:

Estimadas/os en el amor a Cristo: Aprovechemos el día domingo para hacer un repaso de lo ejercitado hasta aquí. Elegid aquella práctica que os resulte más entrañable o que os facilite más el ubicaros en la divina presencia. Y recomenzad su aplicación en vuestro cotidiano. La usaréis de trasfondo constante mientras avancemos en la continuidad de los ejercicios.

Aquí puedes ver el listado con las 10 prácticas

Haz click para descargar las 10 prácticas

Aquí puedes descargar el PDF de “El Peregrino ruso”

Enlace del día

Día 10 – El Rastro del amor

La práctica de la oración de Jesús, admite diferencias, porque todos somos diferentes. Hay diferencias en la frase que elegimos, en nuestros momentos “fuertes” de práctica, en si nos ayuda más la quietud, el movimiento, la respiración o la atención al corazón… algunos quieren probarla, otros adoptarla para siempre.

Pero todos buscamos la unión con Dios. Seamos conscientes o no de ello, todos Le amamos. Él es El Amado de nuestra vida. Es a Él a quién perseguimos en cada acto que ejecutamos, desde los más triviales a los más significativos. Nunca hemos querido otra cosa. Recordemos cuan presurosos seguíamos a nuestra madre cuando se alejaba apenas un poco de nosotros. Cómo esperábamos ansiosos aquél regalo prometido; la alegría luego de aquél primer beso, la anticipación de un viaje, la reunión de amigos.

El gozo del nacimiento, el abrazo de reconciliación, la satisfacción ante una obra terminada… ese brillo en aquella mirada. Que particulares aquellas sensaciones, cuando tronaba y ya se olía la lluvia próxima, cuando esperábamos la comida en la mesa, cuando papá volvía del trabajo, ¡Que alegría! ¿A quién sino a Él hemos buscado en todo ello? Sin Su invisible presencia no está el buscador ni lo buscado y tampoco lo encontrado. Sin Él no hay nada, porque como han dicho algunos santos: “Solo Él Es”.

Pero todo momento  luego expiró y todo encuentro se transformó en nueva búsqueda, cada cosa maravillosa llevaba en sí la impronta de lo fugaz. Aquellas luces se opacaban, un velo de nostalgia nos envolvía hasta desaparecer también bajo un rutinario olvido. Las presencias trocaban siempre en ausencias. ¿Señor donde estás?

Aunque cueste creerlo, la luminosidad de todo aquello no estaba en las cosas sino que fluía desde dentro a través de la mirada. Era Él que se hacía presente y transmutaba el mundo. ¿No hay acaso amor en cada uno de esos recuerdos? Sigamos el rastro a ese amor que vive en nuestro corazón, percibamos cuanto amamos lo que vemos, cada instante que vivimos. Porque cuando allí nos situamos, cuando esa calidez enorme encontramos, es que nos hemos acercado. No nos engañemos, cuando amamos es su manto el que tocamos.

Práctica sugerida

Ya al despertarnos, iniciar invocando interiormente el Nombre de Jesús. Con suavidad, como si escucháramos una entrañable música de fondo. Luego, durante el día, cada vez que nos demos cuenta que el ánimo se aleja del simple contento, de la suave alegría; buscamos la sensación del amor, por todos bien conocida, y tratamos de aplicarla sobre la situación precisa en que nos encontramos. Es como si nos dijéramos “Quiero amar esto que vivo en este momento, sea lo que sea, porque es Dios mismo el que me habla en cada acontecimiento”. Dejamos que brote entonces la cálida sensación de la gracia dulcificando la mirada.

Día 9 – El lugar del corazón

Haz click aquí para ir al Texto para meditar

Práctica sugerida:

Tratemos de imitar al Peregrino en la práctica que se comenta en el texto de arriba, sin forzamientos, por algunos minutos en el tiempo que encontremos disponible y según el impulso del Espíritu. Aquí el párrafo principal:

“Para conseguirlo, miraba mentalmente a mi corazón, inspiraba el aire y lo retenía en mi pecho diciendo: «Señor Jesucristo», y lo espiraba añadiendo: «tened piedad de mí».”

Hay personas que rápidamente encuentran en esta forma de orar el lugar de la paz del corazón; otras lo encuentran dificultoso o nos les agrada atender al órgano cardíaco. No hay problema, para ellas recomendamos:

Sentarse en quietud con el cuerpo relajado y cómodo. Respirad varias veces de forma lenta y profunda, con suavidad. Llevad vuestra atención al fondo más pacífico del alma y desde allí con toda calma repetid mentalmente el Nombre de Jesús. Poco a poco, desatiende a la respiración y te quedas solo con el Nombre, una y otra vez, como si en Él te recostaras.

Comenten cualquier duda hermanas/os. Un saludo fraterno en la invocación del Santo Nombre.

Enlace del día: Sermones de San Bernardo

Día 8 – La preocupación

Texto para meditar

De pronto, advierto que estoy preocupado. Con el ánimo ensombrecido, camino presuroso y encorvado rumiando pensamientos donde manda el temor.

¿Qué haré con esto? ¿Y con aquello? ¿Y con lo de más allá? ¿Que será de mí si esto o lo otro resulta de esa o aquella manera?

Deudas, malos entendidos, atrasos en el trabajo, reproches del ser querido, presiones diversas desde todos los ángulos… la vida misma de hoy en día, en un mundo angustiado que corre con desesperación hacia un adelante vacío lleno de promesas vanas.

Pero me he dado cuenta de que estoy preocupado… si estoy preocupado no confío en la voluntad de Dios. Así de sencillo, aunque nos duela o no nos agrade aceptarlo. No tiene vueltas.

Porque no se trata de no hacer, de no ser eficaz o práctico en los quehaceres cotidianos. Se trata de hacerlos bien, con serenidad interior, con adecuación exterior; teniendo plena conciencia de que los resultados de la acción dependen enteramente de la voluntad divina.

En mis manos está la posibilidad de ejecutar las acciones lo mejor posible, un poco como se decía ayer, ofreciendo con unción el afán de hacerlo bien, poner la atención, hacer ordenadamente… pero las cosas resultan como Dios quiere. “Si Dios quiere” suele decirse. Pues así es en efecto, aunque actualmente suelen ser frases hechas dichas al acaso.

¿Creo que yo soy capaz de torcer Su voluntad? ¿Creo que mi pequeña persona puede torcer el rumbo de las incontables causas y los innumerables efectos que entretejen la creación universal? Mueve a risa ¿verdad? Es que en eso caemos diariamente cuando nos preocupamos.

Preocuparse muestra un poco nuestra soberbia. Hay que rendirse a los designios de Quién nos lo ha dado todo, todo lo que tenemos, la existencia misma. Nos olvidamos de ello. Nos quejamos de cosas que la vida ha traído, olvidando la vida en la cual todo se da. Nuestra acción es el altar cotidiano donde hacemos la humilde ofrenda de nuestras manos… pero el universo hermanos, el universo entero es el altar en el que Dios oficia la más sagrada y amorosa de las liturgias.

Práctica sugerida

Usemos la preocupación como señal de que hemos perdido el centro, de que hemos dejado de confiar en Dios, de que pretendemos ingenuamente ser los hacedores del universo. Cada vez que nos demos cuenta de la preocupación, reiniciemos La oración de Jesús en nuestro interior. Una y otra vez, sin dudar con perseverancia firme. Que el Nombre de Jesús sea nuestra ancla a la realidad. Que con cada repetición del Santo Nombre crezca el entregarse a los brazos amorosos del Padre universal, que muy bien sabe lo que nos conviene y cuando nos conviene. Un abrazo hermana/os, invocando sin cesar el Nombre de Jesús.

Día 7 – El altar de la acción

Texto del día

El hacer reverente en la vida cotidiana, la unción que puede transparentarse en todo lo que hacemos es algo muy relevante y de trascendencia para el alma… lleva tiempo acostumbrarse a ese modo de actuar, de tal manera que luego se convierte en algo similar a una segunda naturaleza.

Es una muy grata sensación aquella en que -arreciando la tormenta o atacando el enemigo- se advierte que, sin esfuerzo, nada perturba la ceremonia del “hacer-estando-allí“.

Si te encuentras en ocasiones descentrada o habiendo perdido el hilo de la jornada, concentra tu atención en cualquier actividad que tengas por delante, aplicándote especialmente al comienzo de la misma, recuperando el tono correcto. Hemos de tender a la pulcritud en todo.

El orden en el cual nos desenvolvemos, la limpieza de nuestro cuerpo, de nuestros vestidos, de nuestros enseres, la sistemática con la que organizamos nuestros días, han de estar teñidos de lo usual en la liturgia. Se trata de un modo especial de tratar con los objetos, con las personas y las situaciones, en las que lo más importante radica en el modo, no tanto en el “qué”. Porque en este caso, es todo ante Dios y para Dios, sea lo que sea lo que nos toque emprender.

Un buen indicador de que estamos encontrando el ajuste adecuado, será cuando notes la misma reverencia y cuidado en el lavado de la vajilla que en el propio caminar, en el barrido de los pisos que en el movimiento con el que tu brazo descorre las cortinas.  Será entonces “la ceremonia interior” de tender la mesa para la comida, de hablar con tu vecino o de escribir un icono.

Uno se transforma en oficiante de la vida y cada día en un altar. No erraban los Padres antiguos cuando hablaban de la vida como misa y sacrificio eucarístico, en su pleno sentido de acción de gracias. Cuando esto se instala, hablar con el prójimo resulta trabajo simbólico de transformación espiritual, en donde los significados se recrean conforme se avanza en el camino.

Hazte consciente de esto: Ese modo de hacer es oración en la acción que no vale ni más ni menos que otras formas de oración, sencillamente porque la oración no es un bien que puede medirse o compararse, no es algo a lo que pueda asignarse valor. la oración es el acto humano por excelencia, que nos hace verdaderamente humanos.

La oración de Jesús o del corazón, es una forma de orar que no nos aparta de la acción sino que eleva nuestra conducta y la hace eficaz para uno y el prójimo.

Práctica sugerida

Buscar un modo de estarse en la acción, con tranquilidad, orden y pulcritud general; poniendo especial atención en hacer bien aquello que toca hacer. Elegir especialmente una acción concreta en la jornada (cualquiera sea) y poner en ella lo mejor de uno; en el cuidado, la atención a los detalles y sobretodo el espíritu de unción y ofrenda a Dios de ese hacer concreto. Este momento elegido, en el que uno actuará con mayor lentitud que la habitual, es ideal para recitar mentalmente la oración de Jesús. Que El Santo Nombre acompañe este modo “ceremonial” de actuar, recordando a Dios como destinatario de todo lo que hacemos.

Día 6 – Hesiquía y compunción

Click aquí para texto del 6° día

Práctica sugerida:

En este sexto día de los ejercicios, vamos a repasar lo hecho en los 5 días anteriores, para no avanzar sin darle mayor profundidad a lo ejercitado. Para facilitar les ponemos un enlace a documento con las prácticas de los 5 días.

Hacer click aquí

Tratar a su vez de intensificar la práctica de la oración de Jesús en todo momento y lugar. De forma vocal, mental, como simple aspiración del corazón… mientras intentamos tener algunos momentos para repasar textos y prácticas de los 5 días anteriores. Un saludo fraterno invocando sin cesar El Santo Nombre de Jesús.

Día 5 – No amo a Dios

Texto para meditar

Confesión que conduce al hombre interior a la humildad

“Volviendo la mirada atentamente sobre mí mismo, y observando el curso de mi estado interior, he comprobado por experiencia que no amo a Dios, que no amo a mis semejantes, que no tengo fe, y que estoy lleno de orgullo y de sensualidad. Todo esto lo descubro realmente en mí como resultado del examen minucioso de mis sentimientos y de mi conducta, de este modo:

»1. No amo a Dios. —Puesto que si amase a Dios, estaría continuamente pensando en Él con profundo gozo. Cada pensamiento de Dios me daría alegría y deleite. Por el contrario, pienso mucho más a menudo, y con mucho más anhelo, en las cosas terrenales, y el pensar en Dios me resulta fatigoso y árido. Si amase a Dios, hablar con Él en la oración sería entonces mi alimento y mi deleite, y me llevaría a una ininterrumpida comunión con Él. Pero, por el contrario, no sólo no encuentro deleite en la oración, sino que incluso representa un esfuerzo para mí. Lucho con desgana, me debilita la pereza, y estoy siempre dispuesto a ocuparme con afán en cualquier fruslería, con tal de que acorte la oración y me aparte de ella. El tiempo se me va sin advertirlo en ocupaciones vanas, pero cuando estoy ocupado con Dios, cuando me pongo en Su presencia, cada hora me parece un año.

Quien ama a otra persona, piensa en ella todo el día sin cesar, se la representa en la imaginación, se preocupa por ella, y en cualquier circunstancia no se le va nunca del pensamiento. Pero yo, a lo largo del día apenas si reservo una hora para sumirme en meditación sobre Dios, para inflamar mi corazón con amor por Él, mientras que entrego con ansia veintitrés horas como fervorosas ofrendas a los ídolos de mis pasiones. Soy pronto a la charla sobre asuntos frívolos y cosas que desagradan al espíritu; eso me da placer. Pero cuando se trata de la consideración de Dios, todo es aridez, fastidio e indolencia. Aun cuando sea llevado sin querer por otros hacia una conversación espiritual, rápidamente intento cambiar el tema por otro que dé satisfacción a mis deseos.

Tengo una curiosidad incansable por las novedades, sean acontecimientos ciudadanos o asuntos políticos. Busco con ahínco la satisfacción de mi amor por el conocimiento en la ciencia y en el arte, y en la manera de obtener cosas que quiero poseer. Pero el estudio de la Ley de Dios, el conocimiento de Dios y de la religión, no me causan efecto, y no sacian ningún apetito de mi alma. Veo estas cosas no sólo como una ocupación no esencial para un cristiano, sino ocasionalmente como una especie de cuestión secundaria en que ocupar quizá el ocio, a ratos perdidos.

Para resumir: Si el amor a Dios se reconoce por la observancia de sus mandamientos (Si me amáis, guardaréis mis mandamientos, dice Nuestro Señor Jesucristo), y yo no sólo no los guardo sino que incluso lo procuro poco, se concluye verdaderamente que no amo a Dios. Esto es lo que Basilio el Grande dice: “La prueba de que un hombre no ama a Dios y a Su Cristo está en el hecho de que no guarda Sus mandamientos.”

Extraído de “Relatos de un peregrino ruso – 2° Parte – Aquí el PDF

Práctica sugerida :

Si fuera posible, leer el texto más de una vez durante el día. Preguntarse ¿Qué rasgo de mi persona es el que más me aleja del amor a Dios? Puede verse como un tipo de conducta, sentimiento o pensamiento; pero si preguntamos con sinceridad, la respuesta vendrá desde el fondo del alma. Pedir con fuerza la conversión en este aspecto específico de mi vida.

Día 4 – En pos de la verdad

Muy estimadas/os en el amor a Jesucristo. Para el cuarto día os pedimos que leais los párrafos de “El peregrino es atacado por los ladrones” que es parte del libro “El peregrino ruso”.

Luego de ello releer este párrafo nuevamente:

Dios quiere que el cristiano renuncie a su propia voluntad y a todo apego a ella, para poder ponerse así enteramente en los brazos de la voluntad divina. Todo lo que Él hace es para el bien y la salvación de los hombres. Él quiere que todos los hombres sean salvos.

De modo que ten ánimo y cree que Dios dispondrá con la tentación el éxito para que podáis resistirla. Pronto recibirás un consuelo mayor que todas tus penas. Al oír estas palabras, desperté y sentí en mi cuerpo fuerzas renovadas y en mi alma como una aurora y una nueva tranquilidad. ¡Qué se cumpla la voluntad de Dios!, dije. Me levanté, hice la señal de la cruz y partí. La oración obraba de nuevo en mi corazón como antes, y durante tres días seguí tranquilo mi camino. 

Práctica sugerida:

Revisemos en algún momento del día, nuestra propia vida a la luz de esos párrafos. No hace falta que sea de modo exhaustivo o minucioso, más bien de manera silenciosa e intuitiva, como si tanteáramos en el propio corazón en pos de la verdad. Si uno mira eso que aparece en la profundidad del alma, si miramos de manera limpia y clara, resultará evidente aquello que nos falta poner de nuestra parte para permitir que la gracia transforme nuestra vida enteramente.

Homilía del Padre José

Blog recomendado:

La mirada contemplativa

Día 3 – El saludo interior

Texto del día

Práctica sugerida

Muy estimadas/os en La Oración del Santo Nombre:

Mi entrañable padre espiritual me recomendó hace ya muchos años, cuando acudí a él en consulta, aquejado por problemas en mis relaciones interpersonales, el siguiente ejercicio:

“Intenta con toda la atención y determinación de que seas capaz, de saludar secreta e interiormente a cada persona con la que te relaciones, invocando sobre él o ella el Santo Nombre de Jesús.

Así como habitualmente la gente se saluda con frases tales como… “¡Qué dice usted?”, “¿Cómo está hoy?”, “¿Qué tal?”, “Hola ¿Cómo estás? y así con otras similares, tu debes saludar en tu interior repitiendo el Nombre de Jesús en favor de ese semejante con quién te relacionas. Por fuera, saluda como todo el mundo, por dentro invocas la gracia divina para ese prójimo, conocido u ocasional y, al mismo tiempo, pides la luz para esa relación concreta…”

Esta práctica es muy poderosa para generar cambios favorables en nuestro entorno y si bien es simple, exige toda nuestra atención y un creciente sentimiento de empatía y afecto hacia el prójimo. Quién se habitúa a esta práctica suele llevarla en adelante siempre sin esfuerzo y este mismo ejercicio es un constante recordatorio de La oración de Jesús en el cotidiano.

Un saludo fraterno para todas/os de parte del Equipo del blog

Día del Santísimo Nombre de Jesús

Cada 3 de enero la Iglesia celebra el Día del Santísimo Nombre de Jesús. “Éste es aquel santísimo nombre anhelado por los patriarcas, esperado con ansiedad, demandado con gemidos, invocado con suspiros, requerido con lágrimas, donado al llegar la plenitud de la gracia”, decía San Bernardino de Siena.

La palabra Jesús es la forma latina del griego “Iesous”, que a su vez es la transliteración del hebreo “Jeshua” o “Joshua” o también “Jehoshua”, que significa “Yahveh es salvación”.

El Santísimo Nombre de Jesús comenzó a ser venerado en las celebraciones litúrgicas del siglo XIV. San Bernardino de Siena y sus discípulos propagaron el culto al Nombre de Jesús. En 1530 el Papa Clemente VII concedió por primera vez a la Orden Franciscana la celebración del Oficio del Santísimo Nombre de Jesús.

San Bernardino solía llevar una tablilla que mostraba la Eucaristía con rayos saliendo de ella y, en el medio, se veía el monograma “IHS”, abreviación del Nombre de Jesús en griego (ιησουσ). Más adelante la tradición devocional le añade un significado a las siglas: “I”, Iesus (Jesús), “H”, Hominum (de los hombres), “S”, Salvator” (Salvador). Juntos quieren decir “Jesús, Salvador de los hombres”.

San Ignacio de Loyola y los jesuitas hicieron de este monograma el emblema de la Compañía de Jesús.

El Nombre de Jesús, invocado con confianza:

  • Brinda ayuda en las necesidades corporales, según la promesa de Cristo: “En mi nombre agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien” (Mc. 16,17-18). En el Nombre de Jesús los Apóstoles dieron fuerza a los lisiados (Hch. 3,6; 9,34) y vida a los muertos (Hch. 9,40).
  • Da consuelo en las pruebas espirituales. El Nombre de Jesús le recuerda al pecador el “padre del hijo pródigo” y el buen samaritano; al justo le recuerda el sufrimiento y la muerte del inocente Cordero de Dios.
  • Nos protege de Satanás y sus artimañas, ya que el diablo le teme al Nombre de Jesús, quien lo ha vencido en la Cruz.
  • En el nombre de Jesús obtenemos toda bendición y gracia en el tiempo y la eternidad, pues Cristo dijo: “lo que pidan al Padre se los dará en mi nombre.” (Jn. 16,23). Por lo tanto, la Iglesia concluye todas sus oraciones con las palabras: “Por Jesucristo Nuestro Señor”, etc. Así se cumple la palabra de San Pablo: “Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos.” (Flp. 2,10).

Texto extraído de ACI – Prensa

La veneración del Nombre divino

El Santo Nombre en el catecismo

El dulce Nombre de Jesús

Día 2 – La gracia que irrumpe

Breve reflexión

Consagrar todo el día a la oración significa ubicarla como lo más importante. Ya tenemos experiencia de lo dificultoso que es sosegar la mente que oscila de continuo.

Solo un lacerante dolor o un deseo muy grande de unión con Dios pueden darnos la fuerza para hacer de La oración de Jesús nuestra prioridad diaria. Concentrando el fuego interior del corazón, que se alimenta de nuestro dolor o amor por Dios, se abre un espacio propicio en nuestra vida para la manifestación de la oración incesante.

Esta gracia inmensa de la oración continua, contiene la suma de las aspiraciones humanas, nos pone en presencia del Amado; ese Dios a quién todo le debemos y que vive ignorado detrás del velo de nuestros deseos mezquinos. La única felicidad duradera está en la unión con Dios en el propio corazón. El peregrino ruso nos muestra un camino hacia ella.

Práctica sugerida

El ejercicio que proponemos hoy consiste en hallar un momento especial en medio de las rutinas cotidianas. La búsqueda de un espacio/tiempo que interrumpa el devenir por lo general automático de los aconteceres ya establecidos. Tanto en el trabajo como en vacaciones los hechos parecen sucederse con cierta prisa, sin espacio entre las distintas tareas, con una cierta agitación de fondo por conseguir, llegar, alcanzar, solucionar…

La presencia de lo sagrado, la irrupción de la gracia, el aroma de lo divino, necesita apenas de un momento. Hacer un alto, si es posible en una plaza, en un costado del camino, bajo aquél árbol o simplemente mirando por la ventana. Detener el incesante fluir y mirar un momento. En silencio. Tomar conciencia de la propia mirada, de uno estando allí mirando allá… y dejar que aparezca nuestro deseo de felicidad, de plenitud, de cobijo en Dios. Dejar que se eleve el anhelo de paz, de bienestar para todos. Invocar silenciosamente con todo el amor que nos sea posible, el Santo Nombre de Jesús.

“Relatos de un peregrino ruso”

Día 1 – La gratitud

Hermanas y hermanos invoquemos

El Santo Nombre de Jesús.

Damos comienzo a estos 30 días de ejercicios espirituales en base a la espiritualidad de El Peregrino ruso y La Oración de Jesús. Cada día se publicará un texto o reflexión seguida de una recomendación para la práctica personal. El equipo del blog estará a disposición para responder vuestras consultas o publicar vuestras aportaciones a través de los comentarios al final de cada post.

Texto del día

“—La oración interior —dijo él—, es cosa difícil y aun casi imposible para los que viven en el mundo; aun para que hagamos sin pereza la oración ordinaria tiene que ayudarnos el Señor con todo su favor.

—No habléis así, repliqué. Si fuera una empresa que sobrepuja a las fuerzas humanas, Dios no la hubiera exigido a todos. En la flaqueza se perfecciona mi poder, y los Padres nos ofrecen medios que facilitan el camino a la oración interior.

—Nunca he leído cosa alguna referente a esto, dijo mi interlocutor.

—Si queréis, yo puedo leeros algunos extractos de la Filocalía. Tomé este libro, busqué un pasaje de Pedro Damasceno en la tercera parte, y leí lo que sigue: «Debemos ejercitarnos en invocar el nombre del Señor, más que en la respiración, en todo momento, en todo lugar y en toda situación. Orad sin cesar, dice el Apóstol; y con estas palabras enseña que nos hemos de acordar de Dios en todo tiempo, en todo lugar y en toda ocupación.

Si haces alguna cosa, has de pensar en el Creador de todo lo que existe; si ves la luz, acuérdate de quien te la dio; si te acontece contemplar el cielo, la tierra, el mar y las cosas que en ellos están contenidas, admira y glorifica a Aquel que las creó; si te pones un vestido, piensa en Aquel a quien se lo debes y dale gracias por él, a Él que provee a tu existencia. En una palabra, que todo movimiento te sea motivo para celebrar al Señor, y así orarás sin cesar y tu alma estará siempre en la alegría.»”

Extraído de “Relatos de un peregrino ruso”

Práctica sugerida:

En este primer día os recomendamos ni más ni menos que lo que el mismo peregrino nos sugiere: Recordar a Dios al observar cualquier manifestación, haciéndonos conscientes del don de la existencia. Cada vez que recordemos a Dios, invoquemos interiormente Su Santo Nombre con sentimiento de gratitud. Este agradecimiento en el secreto del corazón puede hacerse en todo momento y lugar. Apliquemos la fuerza de nuestra alma para ver a Dios en todo y todas las cosas.

Percepción de la Presencia

¿Cuál es el sentido de practicar La oración de Jesús?

Encontrar la presencia de Dios en medio de lo cotidiano y permanecer junto a ella. La gracia está todo el tiempo disponible, pero los múltiples apetitos y deseos, de la mente y el cuerpo, nos distraen en las diversas cosas y nos vuelven insensibles al Espíritu Santo que está como el trasfondo en toda percepción.

¿Pero qué se supone entonces, que no hemos de desear nada o que tenemos que negar a la mente y al cuerpo?

No. Pero hay deseos y apetitos que responden a necesidades y que al saciarse quedan en reposo. Reclaman su cuota natural y después se calman, hasta que se reactiva su ciclo previsto. Toma el caso del comer y el dormir o de la necesidad de abrigo. El cuerpo siente una necesidad para su supervivencia y reclama que se le atienda. Pero luego de comer o dormir el reclamo termina.

En cambio hay deseos y apetitos que mientras más saciamos más reclaman y se cae en un torbellino descendente donde quedamos esclavizados de tantas cosas y aparentes necesidades que no queda espacio para lo espiritual. Nos convertimos en solo un cuerpo o en solo una mente inquieta y lo que esencialmente somos, espíritus hijos de Dios, permanece adormecido o aletargado. Es en este contexto que La oración de Jesús viene a salvarnos.

¿De qué manera?

Si habiendo tomado conciencia de nuestra situación de dependencia y esclavitud a tantas cosas, personas y situaciones, nos damos cuenta del dolor que ello nos provoca y con la humildad en que este dolor nos deja, hacemos La oración de Jesús, todo lo cambia para bien. Es decir: si conscientes de nuestra miseria, repetimos el Santo Nombre o la frase elegida, la mente tenderá a centrarse en la oración. Nos acostumbramos a recordar la Presencia de Dios con frecuencia y este recuerdo nos habilita, poco a poco, la percepción de esa Presencia. Como hemos dicho en otras ocasiones, lo que es creencia se convierte en experiencia.

Entonces, ¿sin dolor no hay verdadera oración?

La conciencia de nuestra situación de esclavitud o de dependencia, por usar una palabra más suave, nos muestra cierta impotencia de fondo en la cual vivimos. Esto nos torna más humildes y desde esa humildad la oración se enciende, ese fuego la eleva y nos hace conscientes de la gracia que ya se nos estaba dando, antes de que la pidiéramos. La oración vocal o la oración mental sin el sentimiento que la alimente se vuelve vacía. Aunque al principio habrá mucha oscilación en nuestras emociones. A veces rezaremos sin sentir la oración y otras surgirá el fervor. Sin perseverar con firme determinación, no se llegan a gozar los primeros frutos, la mayoría abandona antes.

Continuaremos agregando la continuidad del diálogo durante los 30 días de ejercicios. Puedes participar del mismo efectuando tus preguntas en los comentarios debajo de cada publicación que hagamos.

Enlace del día:

Activos y contemplativos

La torre inexpugnable

Texto breve para meditar – 2 –

Si en medio de alguna actividad te encuentras ausente de ella, divagando en cualquier sentido; vuelve al centro, repite El Santo Nombre.

Si en la relación con otros te descubres pugnando por la razón, queriendo cierta primacía; regresa a lo esencial, repite el Nombre de Jesucristo.

Si de repente fueras invadido por una adormilada tristeza y una mirada negativa quisiera instalarse en tu vida, fortalece tu espíritu practicando la oración de Jesús.

Sitúate en medio de una torre inexpugnable, al abrigo de todo mal; vístete con la oración del Nombre.

Queridas hermanas y hermanos: Cómo ya les anunciamos, desde el día 2 de enero y hasta el día 31 os postearemos ejercicios espirituales en torno al Peregrino Ruso, en base a los realizados en 2012 con actualizaciones que se han considerado oportunas. Cada día os agregaremos un breve texto y una consigna para la práctica concreta. En los comentarios al final del post de cada jornada, podéis ir dejando vuestras consultas o aportes que queráis compartir. Elevamos oraciones para que estos ejercicios den fruto en el corazón y para que aumente la entrega de todos a la voluntad de Dios, único camino a la plenitud eterna.

Enlaces del día:

Homilía del Padre José

Divinas vocaciones

No hay prisa

Texto breve para meditar – 1 –

“Me levanto como de costumbre. No hay prisa, no “hay que hacer” nada especial.

Miro el retrato del Amado. Invoco el Santo Nombre con dulzura. Dejo que resuene en mi interior. Paso las cuentas una a una al ritmo de la inspiración y espiración.

Intento ser el recinto a través del cual se manifieste lo Sagrado. Está fuera de mí, está dentro de mí.

Lo pongo todo en sus manos, dudas, miedos, deseos, aspiraciones. Miro todas las cosas con reverencia, y amor. Existen a partir Suya, son el marco de Su manifestación.”

Extraído de intercambios por mail, con lectores del blog

Extraños en un mundo extraño

Cerca de Magdala en el Lago de Galilea

La vida espiritual no es un camino llano. Por lo general, presenta numerosos altibajos.

Colinas, valles pronunciados, desvíos, senderos, sorpresivas cumbres y peligrosos desfiladeros, son figuras que muestran con claridad las experiencias que atraviesan quienes se han dispuesto en la búsqueda de Dios.

Son los que han emprendido el viaje hacia lo profundo del corazón, aquellos que indagan en busca de la perla escondida; los que sumergiéndose en pos del silencio van tras el secreto que en aquel se oculta.

Hoy en día son extraños en un mundo extraño. Peregrinos que vienen de lejos, con una mirada forastera, poco tienen en común con una época en la que todo brilla y suena reclamando atención, prometiendo bonanzas inmediatas a cambio de la luz que anima el espíritu.

Llamados a una vida de silencio y oración, atraídos misteriosamente hacia el recogimiento y la contemplación; dudan a veces de si mismos, se preguntan por su propia cordura, cuando no logran aceptar del todo la vocación con la que han sido marcados.

Es que lo que nos rodea tiende a incorporarse, los valores imperantes pugnan por agregarse al alma, buscando de ella, sumisión y entrega en la alienación.

¿Qué haremos entonces?

Esto se refiere a la actitud previa a cualquier acción. A un porte del ánimo, a una manera de estar posicionados frente a lo que viene en el momento siguiente. Hace falta que nos centremos en la disposición con la cual encaramos la jornada y cada actividad.

El corredor adopta una postura muy precisa antes de lanzarse a la carrera, se agazapa, se apoya con precisión para obtener impulso, todo en él se dispone para salir disparado con velocidad hacia la meta. Permanece estático en espera de la señal.

Todos los atletas saben de la importancia de estar preparados para la tarea. Se ejercitan desde antes de la competencia misma. Siguen una rutina de descanso, nutrición y entrenamiento.

La vida espiritual precisa de una ascesis, sin ella desvaría sin rumbo el caminante. Pero hay que distinguir; ascesis no es rigidez, ni escrúpulo, ni forzamiento. Es más bien un ordenamiento en función de lo querido, un establecernos pautas que nos faciliten el ascenso.

Pero el problema se presenta cuando teniendo intención y ascesis, no encontramos el ánimo para practicarla, cuando nos extraviamos de nuestra misma meta y las decisiones de ayer nos resultan ajenas, como si hubiera sido otro el que se consagró o el que decidió seguir la puerta estrecha.

De eso se trata, de encontrar la disposición adecuada. Sin este ordenamiento anímico, que es también físico y espiritual, la ascesis queda relegada como un proyecto bien intencionado pero impracticable.

No hacer las cosas apresurados y sin más. Negarse al apremio, resistir la prisa que viene de adentro y a la de afuera. Buscar entonces esa manera de situarnos que nos permite hacer bien lo que sea que hagamos.

Lo primero en cada jornada y lo más importante en cada momento ha de ser encontrar la disposición adecuada. Aplicar esto cuando advertimos que nos perdimos, que empezamos a perder la “frecuencia” espiritual, esa “sintonía” con lo sagrado.

Uno ha de mantenerse en el camino y para eso necesitamos estar atentos a nosotros mismos y traernos al centro nuevamente, cada vez que empezamos a ser zarandeados por los estímulos del medio.

¿Esto es gracia? Si, es gracia y también disposición de nuestra parte. Porque la fuerza de la gracia esta siempre disponible, pero hay que permanecer abiertos a su acción, interesados en recibirla.

Vivir en la Presencia de Aquél que amamos y en Quién nos refugiamos es la meta del peregrino espiritual. Queremos vivir con Cristo y en Cristo. Quisiéramos limpiar el corazón para este se haga morada de lo trascendente.

Esto es don y también disposición, determinación inflexible del corazón…

Continúa…

Texto propio del blog

Cuestiones del camino

Cerca de Magdala en el Lago de Galilea

La vida espiritual no es un camino llano. Por lo general, presenta numerosos altibajos.

Colinas, valles pronunciados, desvíos, senderos, sorpresivas cumbres y peligrosos desfiladeros, son figuras que muestran con claridad las experiencias que atraviesan quienes se han dispuesto en la búsqueda de Dios.

Son los que han emprendido el viaje hacia lo profundo del corazón, aquellos que indagan en busca de la perla escondida; los que sumergiéndose en pos del silencio van tras el secreto que en aquel se oculta.

Hoy en día son extraños en un mundo extraño. Peregrinos que vienen de lejos, con una mirada forastera, poco tienen en común con una época en la que todo brilla y suena reclamando atención, prometiendo bonanzas inmediatas a cambio de la luz que anima el espíritu.

Llamados a una vida de silencio y oración, atraídos misteriosamente hacia el recogimiento y la contemplación; dudan a veces de si mismos, se preguntan por su propia cordura, cuando no logran aceptar del todo la vocación con la que han sido marcados.

Es que lo que nos rodea tiende a incorporarse, los valores imperantes pugnan por agregarse al alma, buscando de ella, sumisión y entrega en la alienación.

¿Qué haremos entonces?

Esto se refiere a la actitud previa a cualquier acción. A un porte del ánimo, a una manera de estar posicionados frente a lo que viene en el momento siguiente. Hace falta que nos centremos en la disposición con la cual encaramos la jornada y cada actividad.

El corredor adopta una postura muy precisa antes de lanzarse a la carrera, se agazapa, se apoya con precisión para obtener impulso, todo en él se dispone para salir disparado con velocidad hacia la meta. Permanece estático en espera de la señal.

Todos los atletas saben de la importancia de estar preparados para la tarea. Se ejercitan desde antes de la competencia misma. Siguen una rutina de descanso, nutrición y entrenamiento.

La vida espiritual precisa de una ascesis, sin ella desvaría sin rumbo el caminante. Pero hay que distinguir; ascesis no es rigidez, ni escrúpulo, ni forzamiento. Es más bien un ordenamiento en función de lo querido, un establecernos pautas que nos faciliten el ascenso.

Pero el problema se presenta cuando teniendo intención y ascesis, no encontramos el ánimo para practicarla, cuando nos extraviamos de nuestra misma meta y las decisiones de ayer nos resultan ajenas, como si hubiera sido otro el que se consagró o el que decidió seguir la puerta estrecha.

De eso se trata, de encontrar la disposición adecuada. Sin este ordenamiento anímico, que es también físico y espiritual, la ascesis queda relegada como un proyecto bien intencionado pero impracticable.

No hacer las cosas apresurados y sin más. Negarse al apremio, resistir la prisa que viene de adentro y a la de afuera. Buscar entonces esa manera de situarnos que nos permite hacer bien lo que sea que hagamos.

Lo primero en cada jornada y lo más importante en cada momento ha de ser encontrar la disposición adecuada. Aplicar esto cuando advertimos que nos perdimos, que empezamos a perder la “frecuencia” espiritual, esa “sintonía” con lo sagrado.

Uno ha de mantenerse en el camino y para eso necesitamos estar atentos a nosotros mismos y traernos al centro nuevamente, cada vez que empezamos a ser zarandeados por los estímulos del medio.

¿Esto es gracia? Si, es gracia y también disposición de nuestra parte. Porque la fuerza de la gracia esta siempre disponible, pero hay que permanecer abiertos a su acción, interesados en recibirla.

Vivir en la Presencia de Aquél que amamos y en Quién nos refugiamos es la meta del peregrino espiritual. Queremos vivir con Cristo y en Cristo. Quisiéramos limpiar el corazón para este se haga morada de lo trascendente.

Esto es don y también disposición, determinación inflexible del corazón…

Continúa…

Texto propio del blog