La paz del corazón
No es invierno pero lo parece. El aire frío entra en el cuerpo y le destila los humores.
Se organiza una extraña belleza en torno a las ramas desnudas y las hojas amarillas, pese a las asimetrías de las veredas rotas y los autos desalineados.
Ya en el templo, las letánicas preces autómatas y repetitivas, dificultan, aunque sin impedir; la percepción del silencio. Es como una tela suave, muy tenue y transparente, que se deposita en los altares y en la sombra de los bancos y a un costado de la gente y por encima del fuego que arde sobre las velas.
El regreso en noche ya cerrada, gélida. Los pasos suenan mas fuertes, los ladridos lejanos, el barrio está mas quieto, refugiado.
La turba de la mente gimotea dudas y en sucesivos trazos dibuja los ecos de temores varios. Es que pareciera la razón haber perdido el bastión de la conducta y la encuentro con frecuencia queriendo trepanar la calidez del corazón.
Sin embargo no cede en su cobijo el centro, no agrieta la templanza que madura, bajo la sombra del Santo Nombre.

Nstra. Sra. de Jasna Gora
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