De la propia voluntad

Ermita de Valldemossa en las islas Baleares

La gente dice: «Ah sí, señor, me gustaría que yo también estuviese en tan buenas relaciones con Dios y que tuviera tanta devoción y tanta paz para con Dios como otras personas, y querría que me pasara lo mismo [que a ellos] o que fuera igualmente pobre», o: «Conmigo las cosas nunca irán bien con tal de que no esté allá o acullá o haga así o asá, tengo que vivir en el extranjero o en una ermita o en un convento».

De veras, en todo esto se manifiesta tu yo y ninguna otra cosa. Es tu propia voluntad por más que no lo sepas o no te parezca así: en tu fuero íntimo no surge nunca ninguna discordia que no provenga de la propia voluntad, no importa si se la nota o no.

En todos nuestros pareceres de que el hombre debería huir de esa cosa y buscar otra —por ejemplo, esos lugares y esas personas y esos modos o esa multitud o esa actuación— en todo esto la culpa de la perturbación, no la tienen los modos [de proceder] ni las cosas: quien te perturba eres tú mismo a través de las cosas, porque te comportas desordenadamente frente a ellas.

Por ende, comienza primero contigo mismo y ¡renuncia a ti mismo! De cierto, sino huyes primero de tu propio yo, adondequiera que huyas encontrarás estorbos y discordia, sea donde fuere. La gente que busca la paz en las cosas exteriores, sea en lugares o en modos o en personas o en obras, o en el extranjero o en la pobreza o en la humillación, por grandes que sean o lo que sean, todo esto no es nada, sin embargo, y no da la paz.

Quienes buscan así, lo hacen en forma completamente equivocada: cuanto más lejos vayan, tanto menos encontrarán lo que buscan. Caminan como alguien que pierde el camino: cuanto más lejos va, tanto más se extravía. Pero entonces ¿qué debe hacer? En primer término debe renunciar a sí mismo, con lo cual ha renunciado a todas las cosas. En verdad, si un hombre dejara un reino o todo el mundo, y se quedara consigo mismo, no habría renunciado a nada.

Ah sí, cuando el hombre renuncia a sí mismo —no importa la cosa que retenga, riquezas, honores o lo que sea— entonces ha renunciado a todo.

Con respecto a las palabras de San Pedro cuando dijo: «Mira, Señor, hemos renunciado a todo» (Mateo 19, 27) —y sin embargo, no había dejado nada más que una simple red y su barquito— advierte un santo[1] diciendo: Quien renuncia voluntariamente a lo pequeño, no sólo renuncia a esto sino que deja todo cuanto la gente mundana puede obtener y hasta aquello que [sólo] puede apetecer.

Pues, quien renuncia a su voluntad y a sí mismo, ha renunciado tan efectivamente a todas las cosas como si hubieran sido de su libre propiedad y él las hubiese poseído con pleno poder.

Porque aquello que no quieres apetecer, lo has entregado y dejado todo por amor de Dios. Por ello dijo Nuestro Señor: «Bienaventurados son los pobres en espíritu (Mateo 5, 3), o sea, en la voluntad. Y nadie debe dudar de esto: si existiera un modo mejor, Nuestro Señor lo habría mencionado, así como dijo también: «Quien me quiere seguir que se niegue primero a sí mismo» (Mateo 16, 24); de esto depende todo. Presta atención a ti mismo; y allí donde te encuentras a ti, allí renuncia a ti; esto es lo mejor de todo.

– De las personas no desapegadas que están llenas de propia voluntad –

«Pláticas Instructivas» de Maestro Eckhart


[1] Santo: en algún texto se habla de San Jerónimo. Sin embargo, parece más convincente —según señala Quint (tomo V p. 317)— atribuir la cita a Gregorius M., Homiliae in Evangelia, I hom. 5 n. 2. También se ha hecho referencia a Augustinus, Enarrationes in Psalmos CIII sermo 3 n. 16.

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4 Comments on “De la propia voluntad

  1. Saludos hermanos en el Señor JESÚS.
    Las grandes cosas se encuentran en las situaciónes aparentemente «simples». Por eso hay que pedirle a nuestro Señor, que nos enseñe ese caminar.
    Hay que estar conscientes en la medida de lo posible, de pasar de una fe muy elaborada; a una que nos lleve con la simplicidad he inocencia de niños, siguiendo sus mandatos. Y no lo que nos dicta nuestro Ego……….
    Que el Señor y nuestra Madre, nos enseñe ese caminar; como el de Santa Teresita: La infancia espiritual.

  2. Ese ejercicio del abandonarse solo a Jesús nos hace verdaderamente libres y consecuentemente con El solo en el corazón somos felices , alegres y amantes de nuestros semejantes y de las creaturas solo porque Dios los Ama .El Señor nos dé fuerzas para conseguirlo y perseverar .

  3. Cuando uno hace esa ofrenda de ir dejando cosas para que Dios ocupe más lugar en el alma, es cuando uno experimenta la verdadera alegría, esa que fue capaz de proclamar San Francisco en su canto de las criaturas.
    Gracias. Abrazos

  4. Gracias por la leccion. Es una lucha frecuente del hombre tanto consciente como inconscientemente el apego,ocasionado un desgracia en la vida del ser humano.Solamente renunciando a todo podemos ser libres y así poner nuestra voluntad en las manos de Dios y seguir sus mandamientos.

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