La paz del corazón

Esta breve semilla de tu Reino,
en cada uno tiene su cadencia,
su ritmo personal de crecimiento,
hasta elevar sus ramos sobre tierra.
Tú, sembrador, aguardas el mañana
sin perder la esperanza y la paciencia.
No tiras de los tallos más pequeños
para que todos, igualados, crezcan.
Pero sí te señalas en cuidados
donde es más pobre y áspera la gleba,
comprensivo de cómo la simiente
debe luchar para dar grano en la espera.
A veces, ¡ay de mí! débil matojo,
envidio a los que ya la espiga muestran,
o desprecio a las otras hierbecillas
que en tu trigal a despuntar empiezan.
No consigo aceptar, aunque lo vivo,
que tu Reino da fruto en forma lenta.
Me fascina lo fácil, lo inmediato,
lo que se alcanza sin sudor ni pena.
Siéntate junto a mí –las plantas aman
la lluvia fiel de tu Palabra eterna–,
y enséñame a esperar con alegría
el momento estival de la cosecha.
Luis Carlos Flores Mateos, sj
Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz
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