Muchas gracias por la información. Sería maravilloso que en los horarios pudieran incluir a Chile. Saludos, María Eliana González Serrano
La paz del corazón
«No deseaban nada y estaban tranquilos, no ansiaban conocer la vida como lo hacemos nosotros, porque sus vidas habían alcanzado toda la plenitud. Sin embargo, sus conocimientos eran más profundos y elevados que los de nuestra ciencia, pues esta busca explicar la vida, tendiendo a su vez a adquirir conciencia de ella con el fin de enseñar a vivir a otros; ellos, por el contrario, sabían cómo habían de vivir incluso sin la ciencia, y yo lo entendí, pero no conseguí comprender sus conocimientos.»
«Me mostraban sus árboles, y yo no conseguía comprender el grado de amor con que los contemplaban: parecía enteramente que hablaban con seres semejantes. Y ¿saben?: probablemente no me equivocaría si dijera que hablaban con ellos. Sí, habían encontrado su idioma y estoy convencido de que los árboles nos entendían. Del mismo modo contemplaban toda la naturaleza: a los animales que vivían en armonía con ellos, sin atacarlos y amándolos, subyugados por su amor. Me indicaban las estrellas y me decían algo sobre ellas que no conseguía entender, pero estoy convencido de que, de alguna manera, estaban en contacto con aquellos cuerpos celestes, y ya no solo con la idea, sino de un modo vivo»
«Hasta cabía pensar que se comunicaban con sus difuntos aun después de la muerte y que con la muerte no se interrumpía entre ellos la unión terrenal. Apenas me comprendían cuando les preguntaba acerca de la vida eterna, pero al parecer estaban tan convencidos de su existencia que eso no provocaba en ellos inquietud alguna. No tenían templos, pero sí un contacto vital e ininterrumpido con el Todo universal.»
Cuento sugerido para el blog por Beatriu Passarín
Puedes leer el cuento completo haciendo clic aquí: «El sueño de un hombre ridículo» de Fiódor Dostoyevski
Aquí tienes una versión en audio del mismo cuento
Muchas gracias, Beatriu. Benditos sueños 📖🩷🌷🙏🏼
PEPA-MAYOR
En La Comunidad Cristiana, debe reinar La Paz. –
Cuál debe ser la reacción nuestra frente al prójimo? Dios nos abre la gracia de su perdón de una manera insospechada, pero la retira ante los que lo niegan. Jesús nos enseña, especialmente, sobre la sagrada unidad del matrimonio. Los vínculos físicos, sexuales, psicológicos, económicos y amorosos entre un hombre y una mujer, tienen, en última instancia, un propósito sagrado:
«Actuar como conducto de la vida divina en el mundo»
Cómo funciona esto? En la unidad de un hombre y una mujer, que se vuelve fecunda de muchas maneras, vemos una imagen de la Santísima Trinidad. El Padre y el Hijo que se aman el uno al otro de manera tan perfecta que su amor da luz al Espíritu Santo.
Una pareja casada debería ver que su relación es como un ícono de la Santísima Trinidad, y más aún, un medio por el cual el amor trinitario irrumpe en el mundo. «La pareja tiene una misión ante Dios»:
La pareja debe ser símbolo del amor de Cristo y la Iglesia. Como un esposo ama a su esposa y como ella lo ama a él. Como una realidad profundamente alegre, porque es el compartir la vida divina.
PEPA – MAYOR – Sigamos siempre haciendo el bien ……..!
Es un gran desafío seguir haciendo el bien cuando no recibimos elogios, cuando nos enfrentamos a la incomprensión o cuando los resultados parecen tardan en llegar. Muchas veces somos tentados a rendirnos delante de las dificultades, del desánimo o de la aparente indiferencia de los demás.
Sin embargo, el cristiano no hace el bien esperando recompensa, sino porque desea reflejar el amor de Dios en el mundo. Jesús fue el mayor ejemplo de esta perseverancia. A lo largo de toda su vida, se dedicó a hacer el bien. En la cruz, llevó al extremo el amor y el perdón y venció el mal con el bien. No permitamos que la maldad ajena endurezca nuestro corazón, ni que el cansancio apague nuestra disposición de servir. Quien persevera en el bien se convierte en un instrumento de paz y un sembrador de esperanza en el mundo.
Es la misión más bonita que puede llevar a cabo un ser humano en la tierra, pero a veces el desánimo por la enfermedad, el estrés, la vida egoísta e individualista que vivimos nos desvía del camino. Pero siempre está ahí Nuestro Señor Jesucristo para levantarnos y recordarnos que hemos venido a amar.