
Esta semana ponemos el énfasis
en el ayuno
Textos de apoyo
«El espíritu que no se dispersa por el exterior, que no se disipa por el mundo a través de los sentidos, vuelve a sí mismo y se eleva al pensamiento de Dios. Entonces, brillante y resplandeciente con la belleza divina, olvida su propia naturaleza… libre de todo cuidado terreno, dirige todo su celo a adquirir los bienes eternos».
García M. Colombás, El monacato primitivo, p. 691 (citando a San Basilio, Epístola 2).
«Si se abre la puerta de un baño, pronto pierde su calor; lo mismo sucede con el alma, que no piensa más que en hablar: y, aunque únicamente diga cosas buenas, pronto perderá y disipará su memoria… El silencio es pues algo excelente: es el padre de todos los buenos pensamientos»
Diádoco de Fótice, citado en I Hausherr «Soledad y vida contemplativa» (Burgos 1979) págs. 86 y 87 (Citado a su vez en la introducción del tomo I de la Filocalía pág. 69)
Práctica sugerida
Abrirnos paso entre los estímulos
Actualmente un ayuno imprescindible, si queremos adentrarnos cada vez más en la ermita interior, para compartir allí la vida cotidiana con el Cristo del corazón; es el que podemos hacer de los estímulos digitales o de las llamadas «redes sociales». Enajenados y alienados, tironeados por mil llamadas de atención… vivimos extraviados, fuera de nosotros mismos. Estos escaparates, por lo general vitrinas del falso yo, que quiere construir una imagen de sí mismo para reemplazar así la ausencia de sentido; nos encadenan más de lo que nos damos cuenta. Vivir mirando un pequeño rectángulo de color no es vivir. Aunque la fascinación de tal instrumento puede simularlo con destreza.
Proponernos ayunar de veras de esta actividad que nos exterioriza es quizá una utopía. Pero podríamos empezar por caer en la cuenta de la feroz dependencia en la que estamos. Para ello, interrumpir (poner modo avión) una hora a la mañana, dos horas a la tarde, apagar antes de lo habitual el móvil a la noche… puede poner en evidencia el ahogo que se experimenta al quedar a solas con uno mismo. O a solas aunque tenga alguien al lado.
Ese «desconocido/a» porque lo damos tanto por sentado que ya ni lo miramos ni lo escuchamos.
No nos engañemos, lo que la dependencia del móvil o las redes pone de manifiesto es nuestra vida en la exterioridad, es decir que solemos vivir sin una verdadera presencia interior; quizá con el espíritu aletargado debido al peso de una vida ilusoria, fragmentada y presa del sin sentido. La gracia siempre ayuda, pero más cuando nos ayudamos. Vale decir, cuando ponemos lo mejor de nosotros para permitir la transmutación interior a la que estamos llamados.
Imitemos a Jesús que imperturbable se abrió paso y siguió su camino.
elsantonombre.org
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