Muchas gracias
La paz del corazón
¿Por qué es tan importante para usted el tema de la actitud y la acción ceremonial?
Debido a que uno de los principales condicionamientos de nuestra condición humana caída es la de vivir una vida mental y esto implica una permanente tensión hacia el futuro. Quiero decir; debido a un cierto pasado no hacemos más que estar tendidos hacia un cierto futuro. Y esto no es una vida real.
Siempre estamos viviendo “para algo” estirados hacia algún objetivo. Este circuito autómata no es la vida humana, es apenas una imitación, una apariencia. Entonces, cuando te hablo de actitud ceremonial, de oficiar la liturgia del instante y de que cuando estás en tu presencia lo sagrado se hace evidente, la intención es que salgas de ese tiovivo sin fin entre carencia y compensación.
Sin embargo todo esto permanece en el nivel de los conceptos, de la misma mente que nos condiciona. Para salir de ahí tienes que vivir la presencia como experiencia real en ti.
¿Cómo hago eso? Lo anhelo de verdad.
Cada acción debe ser un fin en sí misma. Toda tu vida ha de concentrarse en este mismo momento. De hecho así es. ¿Recuerdas que los monjes decían que había que vivir cada día como el último? Bien, yo te digo: vive cada momento y la acción que en ella se desarrolla como el último momento. Es tu regalo final, el gesto de amor que cierra el paquete, la ofrenda última.
Te doy dos ejemplos: imaginemos a una madre está muriendo, no importa porque, ella lo sabe, es inminente. Sus hijos aun no regresan del colegio. Les prepara la merienda. Hasta les unta el dulce en los panes. Deja la tetera lista, la manteca cubierta y fresca. Todo es aromático, bello y armónico. Incluso busca esa otra cucharita que sabe le gusta usar al niño más pequeño… sabe que morirá en tres minutos pero por eso mismo no se guarda ni una pizca de amor. Lo deja todo en la mesa, en la disposición de los enseres, en los detalles mínimos. ¿Me comprendes?
Sí y me conmueve.
Es un ejemplo al acaso, pero muestra bien de lo que se trata. De dejarlo todo, de amar desde ahora y hasta el final. La acción impecable de la cual tanto hablamos es al final de cuentas, el hacer sin egoísmo. Que no es hacer perjudicándose, al revés. Me doy todo, por entero en cada momento y eso me unifica inmediatamente con el destino de mi vida entera.
¿Y el otro ejemplo?
El de la parcela en el huerto. Concéntrate en el almácigo que tienes entre manos, no importa cuanto falte o las tareas venideras, solo esos terrones, esos dos metros por uno que estás preparando para los tomates o lo que sea. Ahí está Dios entero, en esos pocos centímetros que tu acción abarca. Lo encuentras vivo en ti y fuera de ti, mediante tu atención total. Ese nivel de atención no se puede encarnar sin un amor ardiente y agradecido por la existencia misma. También es el caso de los enfermeros en las guerras. Mira la escena: por doquier hay heridos y agonizantes, la gritería es infernal. Pero el enfermero está concentrado en hacer el torniquete a este que se desangra junto a él. Todo lo demás no importa. ¿Tu crees que hay allí funcionamiento mental? No. Es solo lo funcional y una entrega absoluta a la tarea.
No hay consideraciones respecto a cual es el sentido de hacer esto si mueren cientos por todas partes en el campo de batalla… y de si este mismo se salvará, etc. etc. No, lo único que hay es ofrenda completa y es en ello que encontramos a Dios y lo sagrado retumba de tan evidente.
Pero ten en cuenta, la escena de la batalla resulta épica y legendaria. No obstante, ir a comprar lo necesario para el almuerzo o limpiar tu casa o lo que sea que se haga en la oficina es igual para este tema de la liturgia cotidiana. No hay actos insignificantes, porque cada proceso espiritual se despliega en la circunstancia que le corresponde de acuerdo con la impronta inicial. O sea, conforme a la voluntad de Dios que lo puso en marcha desde antes de su concepción.
Si, es así. No sé como puedo olvidarme con tanta frecuencia y volverme ignorante de lo que ya sé.
Porque no te detienes. Te permites la prisa y vivir tendido hacia objetos o fines que supones te darán lo que buscas. Es mentira, nada te dará lo que buscas. Dios es ahora y no después. Es en esto y no en aquello. Dios te habla si sosegadamente lo escuchas y pones tu confianza completamente en Él. Para eso, abandona la inquietud y la búsqueda exterior de satisfacción.
Muy recomendado:
Etimologías de «Creer» y «Condena»
a raíz de San Marcos 16, 16
La historia de Marie Heurtin – Película
Muchas gracias