Muchas gracias por la información. Sería maravilloso que en los horarios pudieran incluir a Chile. Saludos, María Eliana González Serrano
La paz del corazón
¿Que hace una mujer del siglo XXI, mientras va o regresa de su trabajo en transporte público rezando una oración de casi dos mil años? ¿Qué atracción existe en esta oración? ¿Qué sentido tiene?
¿Cuál es el enigma de leer textos de hace tantos años? Fácil respuesta: su sabiduría de vida atenta muestra el valor de conocernos en profundidad y encontrar en nuestra interioridad un modo de vivir lleno de belleza, bondad, consciencia y verdad disponible para todas y todos.
Hace cinco años aproximadamente aprendí la Oración de Jesús, la cual se remonta al año 180 D.C. conocida a través de los llamados Padres del desierto; así como en el Evangelio de Juan Jesús pide a los discípulos que oren en su Nombre.
Más allá de estas breves descripciones, me resulta más fácil compartir una experiencia a partir de estar caminando una tarde de lluvia por la ciudad. De repente, ves ese cielo nublado y no hay nada más, solo eso, como cuando decís la oración o estás en silencio contemplando el cielo. Sólo vos observando ese cielo, entonces en ese instante, nace desde el corazón un agradecimiento por ese momento, que se siente como encuentro, saciedad, serenidad, plenitud y quisieras besar el cielo por la gratitud de ese momento.
Una noche participando en la oración comunitaria sentí «La Oración de Jesús es una oración sin tiempo», aunque la pronuncie en este siglo y en este momento la Oración existe en el presente y más allá del tiempo; se ha repetido en dos mil años ¿cuántos millones de veces?
Decir el Nombre de Jesús desde el corazón, a veces, es como un instante sin tiempo, vivo y eterno. Su Nombre creo, es energía luminosa, impregnada de las madres y padres del desierto y de cantidad de personas que durante miles de años lo han pronunciado, creo que tiene esa carga llena de poder y amor.
Siento que pronunciar su Nombre en estos tiempos es muy necesario, es un acto en sí mismo lleno de amor. Al decir su Nombre descubrimos algo de eso que llamamos amor y a sentirlo incluso por desconocidos que viajan en el mismo transporte; de los cuales no tenés idea, ni de sus historias de vida, ni de sus necesidades, ni de sus dolores y sin embargo, desde lo profundo de tu corazón deseas que todos sean felices. De repente tu corazón siente ese sentimiento por gente que nunca más volverás a cruzarte y les deseas eso.
Pronunciar su Nombre me ha transformado, lo sigue haciendo y estaré agradecida por siempre. Paradójicamente decir el Nombre tiene un sentido inexplicable, tiene más sentido quizás que todo lo que «hago», aunque no suela estar tan frecuentemente en contacto con ese sentido de lo cual apenas percibo una llamita.
Hoy siento que quizás toda mi existencia tenga real sentido gracias al Nombre y a la contemplación. Es como si uno se pusiera en contacto con un mundo interno desconocido con una profundidad bondadosa inimaginable experiencialmente.
Pronunciar su Nombre, sólo eso y al mismo tiempo Es todo. Gracias Fraternidad. Feliz cumple¡¡¡ Bendiciones.
Señor Jesucristo hijo de Dios, ten piedad de nosotros. 

Andrea Montoni de «Descubriendo a Etty»
Hermoso testimonio, Andre. Contemplativa en la vida diaria 🙂
André, gracias por compartir, coincido contigo hay una extraña atracción, al repetir el nombre, gracias a la fraternidad que nos une en el mismo camino, Cristo te acompaña siempre,
Gracias