La paz del corazón
«Antes de orar debes de comprender que detrás de todos tus deseos de objetos o de situaciones del mundo, solo hay un deseo: la paz profunda. Y ese deseo último que tanto anhelas y que proyectas en los objetos y situaciones del mundo solo lo puedes obtener en la interioridad. La tranquilidad y la plenitud solo están en tu espíritu, que es el espíritu de Dios.
Una persona se pone a orar cuando ha comprendido claramente la futilidad y la relatividad de todos los objetivos convencionales humanos que, aún teniendo su importancia relativa, no pueden darle la paz profunda, la plenitud que todo ser humano anhela con nostalgia. Es comprendiendo claramente esto, bien sea por la propia inteligencia, o movido por las constantes dificultades de la vida, cuando uno se acerca a la Paz, la Belleza, la Bondad, la Plenitud y la Alegría que proporciona el contacto con lo Absoluto y con lo Sagrado a través de la oración en su calidad más contemplativa.
Sumergirse en el «acto orante» es el síntoma más claro de que se ha llegado al discernimiento (entre lo verdadero y lo falso), al desapego (de las cosas del mundo), a la sumisión (a la presencia de Dios), a la humildad (respecto a nuestra capacidad humana), a la sabiduría (habiendo comprendido donde está la plenitud y el gozo verdaderos), a la caridad (al abrazar en nuestra oración a toda la creación), y a todas las demás virtudes… Todas las virtudes están contenidas en la oración.
Orar es un acto simple de colocación ante la presencia de lo Sagrado...»
extraído de
Breve tratado de oración contemplativa
disponible aquí
Y aquí un audio en el canal de Alejandro

No importa que repitas esas cosas, pués ojalá pudiera recordarlas a cada instante. GRACIAS
Claro que sí, escribe al equipo de Acogida a este correo: elsantonombreblog@gmail.com Cualquier persona puede participar. Te esperamos!
Hola. Me gustaría pertenecer a esta fraternidad. Gracias
Inmensamente agradecida de haberlos encontrado! Se unen las búsquedas dispersas de muchos años! 🙏🏼 Gracias Señor!
Puede que sea lo mismo, pero nunca es igual. Un abrazo grande suplicando el Don. Santo y feliz día.