Belleza de reflexión. Como todo lo que comparten Felices pascuas
La paz del corazón
Son fragmentos extraídos de la lectura de Mariam en el vídeo de abajo
«Lo que se nos pide en primer lugar y constantemente es una llamada, un grito de confianza y de amor, de profundis, desde el fondo del abismo o simplemente un instante de vértigo, el vacío de una angustia, el relámpago del despertar que desgarra la cerrada seguridad de la dicha o de la virtud. La entrada en la existencia cristiana exige pues ese descubrimiento simultáneo de mi finitud y de mi sed de infinito. Y también de que el hombre no puede satisfacerse, que no tiene en sí mismo la fuente de la alegría, que debe ampararse a cada instante en la mano misericordiosa del Padre.
En el evangelio, la raíz misma del pecado está en esa pretensión del hombre de salvarse por sí mismo, lo que sería posible a través de la observación rigurosa de la ley, como en el caso de los fariseos. Pero para salvarse hay que desposeerse de toda seguridad, de toda suficiencia. Hay que maravillarse de toda existencia. Y recibirla con gratitud. Gratitud cargada de un misterio y un sentido infinito y que todo, el mundo, la historia, el otro y yo mismo sea revelación, porque a través de todo aparece en filigrana, el rostro del resucitado y el amigo comparte con todos en lo secreto el pan del sufrimiento y el vino de la alegría.
El arrepentimiento consiste en llegar a ser conscientemente hombre de deseo y en comprender al mismo tiempo el carácter irrisorio de todos los ídolos con los que quiero engañar a ese deseo. El carácter irrisorio de este mundo, es decir, de esta red de pasiones en la que la humanidad, querría capturar la creación, olvidando al creador, el carácter irrisorio de mis personajes, en el gran teatro de este mundo…
Hacer del pecado una simple culpabilidad individual sería prescindir de Dios, ya que bastaría para tranquilizarse con cumplir la ley. Pero como observa Pablo, la ley no puede producir la vida. Para el que toma conciencia de su muerte cotidiana, es decir, del asesinato cotidiano del amor, solo la victoria de Cristo sobre el infierno y la muerte puede producir la vida. El hombre que ha atravesado el diluvio de la gran conversión y que ha presentido las revelaciones de la muerte, está lleno de una dolorosa alegría. Se muestra penetrado de una ternura por todo ser, que no es simple negación de la pasión, sino pasión transfigurada por la del Señor…»
Un artículo a propósito de la conversión en Olivier Clement
Este domingo en el blog del padre José Antonio
Aquí 3 clases sobre San Juan de la Cruz,
ofrecidas por Pepe Guirado
1º clase – 2º clase – 3º clase
Gracias Mariam por este precioso y profundo texto que tanto bien me hace. Son cosas que de una u otra manera, a veces sentimos en lo más profundo, y que no sabemos bien de que se trata. Este texto arroja luz sobre esas zonas algo oscuras y desordenadas que a veces vivimos.
Muchas gracias…al pensar que el releer o re- escuchar todas estas cosas nos hace mucho bien gracias por vuestro trabajo