Celebración

El canto de los primeros pájaros le anunciaba el inicio del oficio. Era una singular concordancia.

Las aves desplazaban su propio horario conforme el planeta desarrollaba su traslación y se sentía regulado por la Providencia.

Repetía las oraciones de manera lenta, muy tranquila, nada lo apuraba. Paladeaba las invocaciones con sentida reverencia, procedía con sencilla unción. Se sentía parte de un clamor universal.

Por momentos, inundado de silencio, adhería quedo a la alabanza del entorno. Era entonces cuando mas leve se sentía.

La caminata iniciaba junto al sol tocando la copa de los árboles mas altos. Le resultaba sublime la alborada, celebración gozosa de la vida múltiple, teofanía de la especies.

Las cuentas discurrían entre los dedos curtidos y el ritmo del corazón se insinuaba en los pasos acostumbrados ya a la oración.

La mirada se estiraba hacia el frente como si bebiera el horizonte, mientras los labios musitaban el Nombre Aquél que daba significado a todas las cosas.

La paz largamente aposentada, le resplandecía en el ánimo; un fuego extraño de a ratos lo inflamaba y le parecía llevar en los brazos multitud de dolores desconocidos y sin embargo muy queridos.

Misteriosa es la presencia invocada por el Santo Nombre de Jesús, que purifica, renueva y orienta, haciendo de la nada un todo.

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