Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz
La paz del corazón
«Cuando llegué estabas en la puerta de nuestra Casa de la Misericordia, encogida y tiritando de frío. Te temblaba la voz al saludar. Tu cuerpo entero expresaba el deseo de un espacio de calorcito y de cobijo. Habías pasado la noche bajo las estrellas y prontamente descubrí que además traías una urgencia de ternura en el corazón. Así ingresaste a nuestra casita. Te vi mezclarte entre tus compañeras, saborear el desayuno y reponer esas fuerzas que parecían haberte abandonado, pero la tristeza seguía habitándote en el fondo de tus ojos castaños.
La oración despertó en vos una corporalidad distinta. Parecías urgida por entrar en ese clima de silencio e intimidad . Te sentaste a mi lado y me dijiste despacito al oído:- Dormí en la calle y soñé que Jesús me pedía que hoy viniera aquí. Te sonreí. ¡Quién era yo para cuestionar tu sueño!
Y comenzamos nuestro encuentro compartiendo cuánto deseamos los humanos permanecer en medio de los que amamos. Imaginamos a Jesús a punto de irse con su Padre, atravesado por el deseo de quedarse con nosotros, buscando el modo de seguir acompañándonos en la tierra. Hablamos de la Eucaristía, el pan del amor, el alimento para nuestras fragilidades.
Y hablamos también de nuestros hambres de encuentro, de perdón, de pan …de presencia…Intentamos descubrir en nuestras vidas los distintos modos en que el Señor se nos revela al corazón. Y fue en este momento Irene donde las lágrimas comenzaron a brotar libremente de tus ojos mientras buscabas mi mano. Concluí la oración y me senté a tu lado, sin preguntas. No hacían falta… yo ya no estaba frente a tus ojos. Nadie lo estaba. Sólo el Señor.
La tristeza que traías se hizo transparente y las palabras te nacían sencillas, en intimidad confiada: – Trabajo en la calle. Tuve tres hijos que entregué en adopción. Quise retenerlos. Lo intenté, pero era condenarlos a una vida igual o peor que la mía. Cada tanto voy a hablar con la asistente social y le pregunto cómo están… ella dice que muy bien, pero hace un tiempo comencé a sentir el deseo de verlos… es un deseo que duele. ¡Qué puedo yo darles a mis hijos! Hay pocos clientes en la calle y muchas noches duermo bajo el cielo, porque no puedo pagar la pieza.
Te escuché en silencio Irene, pidiéndole al Señor que te mostrara que no estabas sola. Vos seguías entregándome tu experiencia de Dios. – ¿Sabes? – me dijiste – Cuando vos hablaste de los hambres que tenemos y de Jesús como alimento para nuestras debilidades, yo pensé en este hambre de mamá que siento en mi corazón . Necesito a Jesús para dejar que mis hijos sean felices. Hasta aquí llegó tu confidencia Irene. También Dios le había hablado a mi corazón. Por eso dirigí mis manos hacia tu vientre y te dije con infinita alegría: -“Vos les regalaste a tus hijos, algo único y maravilloso, la vida, -en tu seno crecieron, fueron cuidados, alimentados y sobre todo, amados. Tu amor fue generoso Irene.
Respiraste hondo, me pediste permiso para abrazarme; te quedaste un ratito acurrucada en mí pecho y agregaste. –Dios conoce mi hambre y hoy escuché que Él también lo tiene de nosotros-.
Me conmovió tu modo simple y concreto de entender el mensaje. Me quedé pensando en esta gracia inmensa que el Señor nos prodiga a a las voluntarias, la de comprobar el trabajo que hace su Palabra en el corazón de tantos; también en el nuestro. Recordé al Profeta Isaías … «Porque como descienden de los cielos la lluvia y la nieve y no vuelven a él sin haber regado la tierra, haciéndola producir y germinar, dando semilla al sembrador y pan al que come, así será la palabra que sale de mi boca, no volverá a mí vacía sin haber realizado lo que deseo, y logrado el propósito para el cual la envié».
Irene llegó a nuestra Casa de la Misericordia, empujada por un sueño y su corazón encontró la fuerza y la generosidad que estaba buscando».
El texto es de Mercedes Probst participante de la Fraternidad
mercedesdeprobst@gmail. com y fue enviado al blog por Pilar de Mambré
Enlaces de hoy:
Página de miembros a la cual puedes enviar material
¿Por qué estrellas y flores? (Stefano Cartabia)
Desde la fe conceptual a la fe experiencial… (Mario)
Gracias por estos testigos de fe viva
Gracias
Es un inmenso regalo este escrito de Mercedes. Es una persona maravillosa, que vive su encuentro con Jesús en contacto con los rostros más empobrecidos, desde su amor al Silencio y desde su don de escritura. Gracias Mercedes por regalarnos a la fraternidad de tu luz…