Bendita la santa que nos ha hecho pasar estos ratos tan buenos dejando por un ratito nuestra alma en sus…
La paz del corazón
¡Oh Tú, el más allá de todo!
¿Qué otro nombre te cabe?
¿Qué canto podrá alabarte?
Ninguna palabra te expresa.
¿Qué mente podrá contemplarte?
Ningún espíritu te abarca.
Solo Tú eres inefable,
pues todo lo que se dice nace de Ti.
Solo Tú eres incognoscible,
pues todo lo que se piensa nace de Ti.
Todo lo creado te proclama,
tanto lo que habla como lo que es mudo.
Todo lo creado te rinde tributo,
tanto lo que piensa como lo que no tiene razón.
El deseo común y los dolores de todos
están volcados hacia Ti.
A Ti se dirigen todas las cosas
y a Ti todo el universo eleva su plegaria.
A Ti todo ser que contempla tu creación
te entona un himno silencioso.
En Ti todo permanece,
a Ti todo acude en su término.
Tú eres el fin de todo, eres Uno y eres Todo;
Tú no eres ninguno de ellos, no eres una parte ni el todo.
Tú, a quien todos los nombres corresponden,
¿cómo te llamaré, a Ti, el único innombrable?
¿Qué espíritu celestial podrá atravesar las nubes
que te ocultan a la vista?
Sé propicio, ¡oh Tú, el más allá de todo!
¿Qué otro nombre te cabe?
(Ὦ πάντων ἐπέκεινα) San Gregorio Nacianceno, Himno a Dios (Poema II, 1, 29 / Patrología de Migne 37, 507-508). La imagen que ilustra el post es
«El monje a orillas del mar» de Caspar David Friedrich, 1808-10)
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«La oración incesante»

PEPA – MAYOR
Estamos celebrando hoy, o deberíamos celebrarlo, «El Santísimo Nombre de María» , una memoria dedicada a la Virgen, cuyo nombre, está inseparablemente unido al de su Hijo y puede convertirse para los cristianos en una fuente de esperanza y fortaleza.
En medio de las dificultades y sufrimientos del mundo, los creyentes podemos encontrar en María “el rostro de la Madre, que nos da valentía para seguir adelante”. Contemplar a María nos conduce, necesariamente, hacia Jesucristo, la verdadera Luz que vence el mal y la muerte.
La celebración del Santísimo Nombre de María no se limita, por tanto, a recordar un nombre. Es una oportunidad para contemplar la misión que Dios confió a la Virgen y para reconocer en ella a la Mujer que respondió con un “sí” generoso al plan divino.
“Y el nombre de la virgen era María”
El Evangelio de San Lucas presenta a la Madre de Jesús con una frase sencilla, pero de enorme significado: “El nombre de la virgen era María.” (Lc 1,27).
A partir de ese “sí”, la historia de la salvación adquiere una dimensión nueva: el Hijo de Dios entra en la historia humana tomando carne de María. Y, al mismo tiempo, colaborando Ella, sin reservas , en la obra de la Salvación de Su Hijo.
Es precioso este himno aunque a veces me encantaría que hablátamos en femenino a la divinidad, no solo en masculino.