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La paz del corazón
son fragmentos, enlace al texto completo debajo
«Se cuenta que un día Jôshû Jushin, un anciano maestro zen chino que vivió a caballo entre los siglos VIII-IX, al ver llegar el largo cortejo fúnebre en el entierro de uno de sus monjes, exclamó: “¡Qué es eso! ¡Una procesión tan larga de muertos tras un único ser vivo!”»…
«Por una parte, nuestro verdadero yo mismo inmortal; por otra, a la vez, nuestro yo limitado, que nace y muere en un momento concreto. La tarea del yo limitado es manifestar la vida verdadera en esta existencia suya limitada por el nacimiento y la muerte. Lo ilimitado en lo limitado. Actuar desde allí, es la virtud en el sentido más auténtico y verdadero. Es la “vocación” de cada uno y cada una, a pesar de que esta palabra vocación se haya reservado muchas veces solo para determinados casos».
Que en la muerte corporal la persona como tal no desaparece es un hecho reconocido por las diferentes tradiciones de la humanidad… en la tradición cristiana se invoca a aquellos que han muerto tras haber vivido entregados a Dios y a los demás, y también a los seres queridos, en los que se confió mientras vivían y que ya han pasado por el umbral de la muerte.
La identidad individual no se pierde. La imagen de la muñeca de sal, que va siendo lamida por las olas hasta disolverse completamente en el agua del mar, no acaba de ser una explicación cabal. La muerte no consiste tampoco en disolverse en un supuesto río eterno, como se tiende a pensar en algunos ambientes…
Subsiste la persona con su historia concreta, con sus heridas. A Cristo resucitado se le representa con las heridas de los clavos en los pies y las manos y con la de la lanza en el costado. Esto es muy significativo. Las heridas de la vida no desaparecen, se transforman; se convierten incluso en joyas preciosas. Pero aunque la historia personal, que forma parte de la identidad individual, no desaparece, los acontecimientos dolorosos pierden su veneno.
Algo semejante ocurre cuando, a partir de un cierto momento, un hecho doloroso empieza a vivirse con paz; sigue estando allí, pero ya no nos desquicia, incluso nos ha hecho madurar. Como la ostra que hace una perla del granito de arena que amenaza su vida…»
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Vida y muerte, el gran asunto
por Ana María Schlüter Rodés
(Barcelona, 07-04-1935– Brihuega, 30-10-2025)
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Aquí abajo una entrevista
realizada desde nuestra Fraternidad
en mayo 2024
Gracias. Os sigo. Me siento «acompañada»