Que el Espíritu Santo nos siga impulsando en la construcción sólida de nuestra "casa interior"
La paz del corazón
Todo nacimiento implica una ruptura que puede ser dolorosa y a la vez una apertura. Se rompe la tierra cuando despunta el tallo; se rompe la cáscara cuando sale enérgico y agitándose el pollito a la vida. Ni hablar cuando nace un niño que rompiendo las fuentes de las que se alimentaba emerge al mundo para estallar en llanto. El dolor, un quiebre con la etapa anterior, pérdida de lo que se atesoraba, todo eso viene luego a ser alegría y regocijo.
El surgimiento de un nuevo país o la liberación de un pueblo oprimido son también ejemplo de lo que implica un nacimiento; la agitación y el conflicto colectivo preceden a un nuevo momento organizativo que se hace luego identidad. Que decir de la forma en que nacen los planetas o las galaxias, que mediante explosiones inimaginables por lo gigantescas, dan a luz el universo conocido.
El nacimiento de Jesucristo en el alma es un acontecimiento tremendo. A veces lo silente o lo invisible de su manifestación puede engañarnos y llegamos a creer que es solo una actitud o un fortalecimiento de las creencias o simplemente recrear la alegría de una fe que se trata de vivenciar. Nada de eso. Como una supernova deslumbrante te deja sin nada.
Nada vuelve a ser como era, no puedes ya reconocerte. Buscas tu vida anterior y parece un recuerdo ajeno, algo que te han contado. Los mapas se han volado y el volante no responde a tus mandos; asusta la velocidad de los cambios. La luz te parte y evapora aquellas seguridades, que ahora te mueven a risa. ¡Oh Cristo naciente! El mundo te ignora porque no puede verte mientras lo atraviesas haciéndolo nacer de nuevo. ¡Que no nos asuste el dolor que sobrevenga! Solo que estamos naciendo.
elsantonombre.org
Redactado en base a notas de conversaciones con Esteban
La nochebuena
en el blog del padre José Antonio
Inauguración de la capilla
el Cristo del Silencio
(Stefano Cartabia)
De una manera muy sencilla y a la vez exacta describe Lucas el principio de la predicación de Juan el Bautista.
A pesar de su escasa duración, juan el Bautista tuvo una repercusión extraordinaria. No se puede negar la importancia de su presencia en la historia incial del cristianismo y, como es natural, del judaísmo.
Sustancialmente, se centraba en un llamamiento a volverse hacia Dios porque la esperada consumación de los tiempos se hallaba cerca. El anuncio por utilizar los propios términos de Juan, era: «Arrepentíos porque el reino de los cielos se ha acercado»(Mateo 3,1-2).
En otras palabras, Dios iba a irrumpir en la historia de una manera extraordinariamente trascendental – posiblemente la más trascendental que podía pensarse – y la única salida coherente era la de la teshuwah, el volverse hacia Dios, el convertirse.
Hermoso texto acerca de resurgir. Que no hay evolución sin dolor.
Jesús, cuando mi corazón se pierde en el ajetreo de la vida diaria y parece que me faltan las fuerzas, recuerdo que mi verdadera fiesta es encontrarte. Que yo pueda buscarte en el silencio, donde tu voz me susurra y me calma, y también en el movimiento de la vida, donde tu presencia me acompaña sin que me dé cuenta. Enséñame a celebrar las cosas sencillas, a ver tus señales en las pequeñas alegrías y a reconocer tu abrazo incluso en los momentos difíciles. Que mi corazón no se distraiga con lo que pasa y se desvanece, sino que esté atento a lo que permanece: tu amor, que me llama por mi nombre. Mi fiesta, la más verdadera de todas, no está en las luces, ni en la música, ni en los aplausos del mundo, sino en el momento sagrado en el que te encuentro y me doy cuenta de que nunca estoy solo! Tú estás Siempre!