La paz del corazón
Era un tema que nunca olvidaba en sus orientaciones, el de la dirección de la energía interior. Venía a ser como un modo «técnico» de abordar el problema de nuestra mirada hacia el mundo, la vida y las situaciones. «Lo que tienes que considerar es hacia donde se dirige tu fuerza vital, hacia abajo o hacia arriba…»; y señalar estas alturas era lo mismo para él que hablar de niveles de luminosidad o de alineación con la voluntad divina.
Me decía que cambiar la dirección descendente en una fuerza «hacia arriba» era una conversión cotidiana. Que no era un problema moral sino funcional. Era el modo en que el espíritu o el hombre interior tomaba el mando sobre las fuerzas caóticas de lo automático /instintivo. Poner paz en medio del tumulto mental u orden en el caos de los impulsos requería un pequeño instante de consciencia que permitía invertir el sentido en el que circulaba la energía, la vida, la savia de Dios que animaba el cuerpo.
También cuando yo le cuestionaba acerca de la presencia de Dios dentro de nosotros y que cómo podía ser encontrado «El reino en el corazón»; me decía que Cristo estaba a un paso. Que cuando en mí se producía un reclamo de alegría o un ansia de felicidad esa era la misma voz de Dios en mí. «No sos vos el que quiere plenitud, es Dios que te llama hacia Él».
Entonces poner lo mejor de mí mismo para elevar la energía y salir adelante era responder a ese llamado. Me gustaba mucho esto que me decía, venía a ser un modo en que yo podía entender al Misterio y no sentirlo incomprensible o lejano. Todo el quid de la cuestión, radicaba en ese «clic» que cambiaba la dirección. Esto necesitaba una oración sentida o una pequeña acción bien hecha por mínima que fuera. O un acto de amor simple como regar una plantita, acariciar una mascota o darle un saludo afectuoso a quién vivía conmigo.
A partir de allí la mirada sutilmente se modificaba y era una subida lenta pero constante. «No te pongas a rumiar los males que crees padecer, eleva tu espíritu y recién allí si es necesario podrás aprender para no repetir». El panorama se ve mucho mejor desde lo alto afirmaba sonriendo. Y tenía una fórmula sencilla que desarmaba mis laberintos confusos aunque reconozco que era un poco extrema o pudiera ofender a quién no conocía el cariño con el que la decía: «Si te angustias no crees en Dios… por que si crees que Dios es, ¿de qué te angustias?
Al final siempre me llevaba al mismo punto. La existencia no es azar, es amor manifestado. Pero como no comprendemos sino una minúscula parte del cuadro universal, nos debatimos sufrientes. Traducimos mal lo que ocurre al pasar por alto la naturaleza espiritual de todo…


La pintura que ilustra el post es de Nesterov Mikhail y puedes ir a la fuente haciendo clic
Gracias! 💫
Gracias por estas reflexiones que es una apertura en la dimensión del Espiritu en Dios . Bendiciones
Mi nombre es Silvina desde Argentina quiero agradecer infinitamente por los espacios de oración, en especial la contemplativa, porque en…
Bello y hermoso camino
gracias, Mario por compartir estas palabras de sabiduría!! No había reparado en la importancia de dejar el manto. Que la…