Las Jalicsquillas

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En la primavera de 2021, en esta tierra de Sanchos y Quijotes, Dios quiso, fiel a su Providencia, reunir a cinco mujeres en torno a un libro.

Laicas, manchegas, buscadoras, con una necesidad y un deseo común: «limpiar ruidos» y acercarnos al Misterio de una manera más personal y sencilla, al calor del libro Ejercicios de contemplación de Franz Jalics.

Quizá con este apunte lo de «Jalicsquillas», como cariñosamente nos llamamos entre nosotras, se comprenda mejor.

Las Jalicsquillas reunidas en Mambré

Realizamos los ejercicios de Franz Jalics tal como él los propone en su libro; fuimos fieles en la práctica y descubrimos una manera nueva de orar y de compartir en Comunidad.

En octubre de 2022 retomamos los ejercicios de contemplación para profundizar más en ellos, y se nos unieron cinco mujeres más con el mismo deseo e inquietud. Ya éramos diez, y la experiencia fue aún más rica por la variedad y el compromiso cada vez más fuerte.


Jalicsquillas en el paisaje manchego

Si Jalics supuso el trampolín de salida, su impulso nos llevó —con el mismo acento de silencio y contemplación— a profundizar y a abrirnos a otros maestros de oración como Thomas Keating o San Juan de la Cruz.

Nos reunimos una vez al mes en Mambré, casa de Pilar, una jalicsquilla, y en ese tiempo compartimos lo meditado y orado sobre el tema tratado. Hablamos todas desde la libertad de las hijas de Dios. Nos sentimos en confianza, nos respetamos e intentamos que las aportaciones sean desde nuestra experiencia de fe en la familia, los amigos, el trabajo… Damos prioridad a compartir vida desde lo que sentimos y somos; más desde el corazón que desde la cabeza.

Oramos, nos escuchamos, nos abrazamos, lloramos, reímos, y también comemos, bebemos y celebramos la Vida integrando todo nuestro ser desde la fe.

De nuestros encuentros salimos fortalecidas, esperanzadas, liberadas, más unidas… Quizá sea que el Espíritu deja alguna huella a su paso por nuestro corazón.

De esta manera sencilla, natural, sin grandes pretensiones, nos sentimos acompañadas en el Camino y volvemos renovadas, con ilusión, cada una a «nuestra Galilea», a la vida que nos ha tocado vivir.


Jalicsquillas en la capilla
Doy gracias a Dios por cada una de mis queridas jalicsquillas: Francis, Gema, Mari Carmen, Manuela, Conchi, Pilar, Antonia, Inma, Rosario y Montse. Me emociono al escribir sus nombres porque las quiero, y porque con cada una de ellas respiro distintos aromas de Dios; un regalo precioso.

Desde aquí también quiero dar las gracias a la Fraternidad del Santo Nombre, que nutre de manera exquisita a nuestra pequeña Comunidad de Jalicsquillas.

Recibid un gran abrazo fraterno.

Nieves, una jalicsquilla.