El espíritu consagrado

¿Cómo ordenarme? ¿Cómo salir de la dispersión constante? Me es muy difícil mantenerme atento a la presencia o por lo menos evitar la divagación. A veces me paso horas sin darme cuenta de que estaba en ensoñaciones, haciendo lo que hacía sin estar yo ahí.

Primero disponerse en serio. Como si uno fuera a tomar un voto, aunque sea por una semana de prueba. Con el espíritu consagrado a la tarea propuesta; en este caso, la concentración que evite la dispersión. No consentir el piloto automático, permanecer en el instante. Dios esta en el presente eterno, por eso es la verdadera Presencia. Si yo no estoy poniendo lo mejor en el ahora que me toca, me pierdo a Dios.

Lavar la vajilla como si fueran cálices; cortar el pan como si de una hostia se tratara; beber el agua como a un vino consagrado; barrer como si se caminara por la nave de un templo silencioso; trabajar en lo de uno, en lo que sea, oficiando la secreta liturgia del servicio… invocar a Dios en todo tiempo y lugar, es tan necesario como respirar, aunque nos hemos olvidado de ello.

_Suena exagerado…

Lo entiendo, puede ser. Pero ¿no es exagerado vivir en la mente sombría, siempre murmurando preocupaciones y dislates? ¿No es acaso desventura estarse entre recuerdos e imaginaciones varias, viviendo como sonámbulos, mientras el tiempo se escurre entre las manos? Ser en Dios y estarse en su presencia es lo único que llena de significado la vida. Incluso las circunstancias difíciles se ven bajo una luz nueva cuando las alumbra esta plenitud.

_¿Cómo hacer? Fácil es decirlo, yo me olvido a cada paso. Cualquier propósito se me diluye a las pocas horas.

Difícil es vivir como vivimos. Siempre pendientes de lo de afuera. Haciendo depender el contento de esto o de aquello. Como si fuéramos incapaces de cultivar la alegría en el corazón. El bienestar en Dios es lo natural, lo propio del ser humano. Nos hemos creído otra cosa, hay mucha inercia de una cultura que desconoce la interioridad.

¿Cómo hacer? A cada rato detente un minuto. No es mucho. Puedes ponerte alarmas, carteles en distintos lugares de la casa o pedirle a un amigo que te lo recuerde unas cuantas veces. En ese minuto te preguntas: ¿Estoy con prisa? ¿Me guía la ansiedad? ¿Estoy haciendo esto que hago impecablemente? Si no es así, reiniciarse. Igual que con el ordenador. Arrancar de nuevo invocando la gracia.

Lo que precisamos es darnos cuenta que esto no es poco importante. Que hace y afecta a todos los aspectos de la vida. Vivir calmos aunque activos; conectados siempre a la fuente de nuestra existencia, sacralizando con la mirada los momentos, es fundamental. Pedir esta gracia a cada rato y poner delante todo el valor que podamos. Es el coraje de ir contra una corriente masiva que nos arrastra. Esa tendencia general nos impulsa a consumir, a alimentarnos de cosas, de personas, de situaciones; como si fuéramos un cuerpo voraz carente de espíritu. Seguir a Jesucristo nunca fue fácil.

_ Usted siempre dice más o menos lo mismo.

_ Es cierto. No tengo mucho más que decir…

elsantonombre.org

Hoy una lectura y dos carismas:

Iesu Communio

Familia monástica de Belén

4 Comments on “El espíritu consagrado

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