Abandonar lo accesorio

11º día

segunda semana

Sí, lo entiendo, pero no hay caso. Por más que me siento y trato de estar en silencio o ponerme ante la presencia, me vienen un montón de pensamientos. Es increíble, pero son una multitud; nunca antes había visto tantos. Me desaliento. Apenas a veces me parece que hay alguna mirada distinta, pero es como si lo forzara desde la cabeza, no cambia de verdad.

Por supuesto. No es algo que se produzca igual que accionar una perilla. La mirada no cambia porque caigamos en cuenta de la necesidad de transformación. Hace falta más. Lo que está de nuestra parte es despejar obstáculos. Hay varias limitaciones o barreras que nos impiden recibir y dejarnos llevar por la gracia. Necesitamos ampliar nuestra capacidad de entrega. Abandonarnos crecientemente a la voluntad de Dios es un proceso que puede llevar tiempo, pero está cargado de sentido. (Lucas 12, 22-31) Es el significado profundo en el que apoyarnos.

La ansiedad, el temor sicológico, la preocupación, la angustia, la tristeza, la ira y la aversión visceral hacia alguien, son solo algunos ejemplos de estos obstáculos de los que hablamos. (Génesis 35, 2) Son como trastos en una habitación y no dejan espacio. Falta el aire, no podemos movernos con libertad por allí, es tanto el desorden que dan ganas de cerrar con llave y no entrar nunca más. Esto suele emerger con más fuerza cuando nos ponemos a orar o meditar.

La acumulación excesiva y el desorden se resuelven tirando lo que sobra y acomodando (Mateo 6, 19). No hay mucha ciencia especial en esto. En una casa el espacio es limitado. Del mismo modo, nuestras fuerzas físicas y síquicas también tienen sus límites. Si queremos encontrar y dedicarnos a lo importante hemos de abandonar lo accesorio. No podemos servir a dos señores o comer el pan y también la torta (Mateo 6, 24).

¿Pero que significa en lo concreto?

Definir claramente las prioridades; abandonar actividades que no encuadran dentro de ellas y evitar la dispersión y el desorden, tanto afuera como adentro. Te propongo algo: Elige una habitación o unos cajones que tengas especialmente desordenados. A lo mejor un rincón en el patio o el balcón, unos estantes llenos de cosas o incluso tu biblioteca. Dedica un buen rato a poner orden. No temas tirar, desechar o separar cosas para regalar a quién pueda necesitarlo. Necesitamos aprender a soltar. Si no encuentras un lugar preciso puedes hacer una buena limpieza en tu casa o en tu cuarto con el mismo fin.

Pero disponte en actitud de práctica espiritual. Si lo permites, lo que vas haciendo afuera en los objetos irá produciendo repercusiones en tus contenidos internos. Intenta orar mientras haces este ejercicio. Debes realizarlo con calma e impecablemente. Si te falta tiempo dedícate un rato durante varios días. En adelante, puedes establecer una relación intencional entre la armonía exterior y el alineamiento de tus potencias. Puede ser de gran ayuda. Ten paciencia. Si aprendes bien esto puedes luego hacer lo mismo en las moradas del alma.

Vuelve si puedes al mapa que hiciste días atrás y revisa lo que anotaste. O dedícale más tiempo. Hay que detectar bien las prioridades, los excesos y obstáculos en los diferentes ámbitos. Sin la pretensión de implementar modificaciones apresuradamente. Primero ver bien, luego invocar mucho a la gracia y al final los cambios sobrevienen suavemente, más por una conjunción entre intención y oración que por alguna acción determinada. (Marcos 4, 30-32)

Observa luego como ha quedado todo luego de tu labor. ¿Es de tu agrado? Aspira entonces a esa misma armonía para tu vida. La adecuada proporción en todos los aspectos es la raíz de la sobriedad. “Una voz grita en el desierto; preparen el camino del Señor, allanen sus senderos…” (Marcos 1, 3) empezará a cobrar un nuevo sentido. Un abrazo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesús.

(Continúa)

elsantonombre.org

Aquí el audio en MP3

Dos enlaces:

Lo mismo con atención

Preparación para el silencio

2 Comments on “Abandonar lo accesorio

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