La perla preciosa

La mente, cuando hemos cerrado todas sus salidas por el recuerdo de Dios, exige absolutamente una actividad que ocupe sus impulsos. Se le dará entonces el “Señor Jesús” por única ocupación y para que responda por entero a su fin.

Esta escrito: Nadie puede decir “Jesús es el Señor” sino es en el Espíritu. Que ella (la mente) no deje de considerar con todo rigor estas palabras en su morada interior para no desviarse en imaginaciones; pues cualquiera que repita sin descanso ese santo y glorioso Nombre en las profundidades de su corazón, llegará a ver algún día la luz que vive en el fondo del alma.

Reteniéndolo con cuidadosa severidad en su interior, el Nombre consumirá todas las manchas en la superficie de su alma con un sentimiento poderoso. Tu Dios – dice la escritura- es fuego abrasador.

Por eso es que El Señor invita a un poderoso amor a Su gloria, ese Nombre glorioso totalmente deseable, fijado en el corazón, ardiente por la memoria del intelecto, hace nacer una disposición para amar en todo tiempo su bondad sin encontrar impedimentos.

He aquí la perla preciosa que se puede comprar, vendiendo todos los bienes y cuyo descubrimiento procura una alegría inenarrable.

Diádoco de Fótice, de “La Filocalia de la Oración de Jesús”, edición de único tomo, puntos 59 y 60.

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