Día 28 – Perpetuas alabanzas

Texto del día

Por supuesto, la incorporación de la oración de Jesús a la propia vida, no se producirá por la sola práctica de una técnica, ni tampoco por mucha determinación que pongamos. Además de la gracia de Dios que siempre necesitamos como ayuda para cualquier obra que emprendamos; nos hace falta un ambiente interior, un terreno en el cual pueda germinar la semilla de la oración del corazón. Esta oración que pretendemos incesante requiere de un clima de confianza en la Providencia de Dios.

Es necesario creer que la vida humana tiene un sentido, que Dios es el depositario del significado último de nuestros días y que además tenemos para Él valor como individuos, como seres humanos que somos. No puede la planta echar raíces sin tierra, sin agua y sin sol que la atraiga hacia sí. Nuestra oración no llegará a ser continua, ni brotará del corazón, ni transformará radicalmente nuestro modo de ser y de estar en la vida, sino contamos en nuestro mundo interior (el campo de cultivo) con esas convicciones, que yo diría, son necesarias, resultan imprescindibles para que crezca nuestro espíritu.

Por cierto esta fe profunda en el sentido de la vida, en el plan divino que la creó y sostiene y en nuestro valor específico como persona humana irrepetible (*), son una misma cosa con nuestra fe en la trascendencia. Creemos que hay una vida más allá de esta y que precisamente en ella se encuentra la respuesta a todas las preguntas. Los cristianos no creemos en la realidad de la muerte o, en todo caso, sabemos que es un mero tránsito, una pascua hacia nuestro verdadero hogar. Nos sabemos exiliados, peregrinos en tierra extranjera como tantas veces se ha dicho y por eso es que oramos y que tratamos de no enajenarnos y de vivir recordando nuestra verdadera naturaleza de hijos de Dios, nuestra estirpe espiritual.

Esta fe con ciertas creencias que nos afirman y guían, son el clima adecuado desde donde podrá crecer y hacerse fuerte la oración de Jesús. Una rápida lectura de los relatos del peregrino ruso, nos muestra que era alguien con profunda fe. No vacilaba. Esto le permitía buscar el modo de cumplir con lo que la biblia le pedía “Orad sin cesar” y lo alentaba a seguir las orientaciones que recibía de su maestro. ¡Oh Señor Jesucristo, que nuestro corazón se transforme en un templo interior en el que se canten perpetuas alabanzas !

(*) Nuestra existencia individual muestra una intención particular de Dios, esto irrepetible que somos muestra uno de los rostros de Dios que nos ha querido en la creación por alguna razón, también única.

Práctica sugerida

Hermanas/os, para hoy os sugerimos el tomarse unos momentos varias veces al día, para agradecer. Encontremos en las horas previas a ese momento aquello que sentimos agradecer. Cosas grandes o pequeñas, que valoremos. Lo hagamos en silencio, sintiendo la calidez que al corazón trae el agradecimiento. Agradecer necesita que reconozcamos los dones. Mientras repetimos La Oración de Jesús todo lo que nos es posible, intentamos vivir el día en un clima de fondo de gratitud.

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