Una vida simple

No necesitar mucho, no pretender mucho, no hacerse demasiado problema por nada, depositar todo en manos de Dios y sobre todo, ignorar los pensamientos, no tomarlos como nuestra propia voz. Esto no es una actitud de pasividad o nihilismo como pudiera mal entenderse. Es simplemente ser conscientes y sentirnos herramientas en manos de nuestro Dios.

Lo que quita simpleza a la vida es esa deliberación que nos ocurre en la mente que nos pide decidir lo que haremos a cada paso. Si debemos hacer esto o lo otro. Quién se consagra a Dios mediante una vida simple lo somete todo a la obediencia, no se cuestiona lo que debe hacer, lo ha dejado en manos de Dios que actúa a través del superior. No se pregunta si el superior está a la altura o no, eso es cuestión de la providencia, que puede actuar a través de las personas que ella elige por motivos que solo Dios sabe y puede comprender. Y quién vive su consagración fuera del ámbito monástico puede tomar el evangelio simplemente como norma de vida y buscar acompañamiento espiritual cuando parezca necesario en situaciones donde no encontramos claridad.

Al levantarme e iniciar el día, ¿que debo hacer? 


En el intelecto: Atender a la oración de Jesús que se está efectuando ya en el templo del corazón. (Esto debe hacerse como si se atendiera a un sonido lejano) En lugar de atender a los pensamientos llevo mi conciencia a la repetición de la oración de Jesús. Nada más. Y durante el día, cuando me descubro “pensando” en cualquier cosa, vuelvo a la oración o a la escucha de la oración.

En los sentimientos o las emociones: Buscar el contento, la buena disposición a lo que se mande o al deber que toca. Contento porque nos sabemos hijos de Dios destinados a la inmortalidad en la beatitud divina, que aunque no podemos imaginar cabalmente, es la felicidad innombrable que supera todo lo que hasta ahora hemos conocido. Buena disposición porque es como uno trata naturalmente a un Padre bueno que nos conduce con infinita sabiduría.

Si no hay contento, he perdido la fe. Suena muy duro pero es verdad, basta solo examinarnos. La fe deriva en inmediato contento del alma. Si encuentro que no la tengo en ese momento, es decir que me he dejado ganar por la mente automática, me pongo a rogar por el don de la fe profunda e inquebrantable. Y si demora en venir actúo como si tuviera el contento. San Ignacio fue maestro de esto cuando decía que había que adoptar la postura del que tiene fe y que veríamos como pronto acudiría a nosotros la gracia.

En la acción: Ser impecables, buscar la perfección en lo que sea. No para gloria personal sino de Dios de quién somos instrumentos. Buscar la perfección en lo que se hace no es caer en los escrúpulos, sino en el actuar por amor. Si uno hace un regalo a quién ama, lo hace con detalles, envuelve bien la caja, busca un papel adecuado, se fija que todo esté bien, porque eso refleja el amor que transmitimos con el obsequio. Entonces: cada acción es un regalo/ofrenda a Dios. No hacer nada con descuido.

Al final del día antes del reposo, orar con mente, corazón y cuerpo. La mente repite el Santo Nombre o la plegaria que necesita ocasionalmente por alguna circunstancia. Con la emoción buscar la devoción, la unción de lo sagrado y si no aparece, rogarla con gemidos interiores como quién llama al ser amado que ha perdido. Y en el cuerpo utilizar aquella posición que más nos ayude a expresar el sentimiento del momento. Esto usaban mucho los monjes del desierto.Tenían ellos largas vigilias de postración y adoración hasta que los rendía el sueño. En nuestra secreta soledad orar con plena libertad y el cuerpo puede ser medio de expresión del anhelo de unión con Dios.

La beatitud de la vida en la sagrada presencia que transfigura el mundo no depende de lo que hagamos, es puro don de la gracia. Quiero decir: No esperemos consuelos. Encontremos la perseverancia de consagrar la vida hasta la muerte aunque nunca venga a nosotros el sentimiento especial que han tenido los místicos. Hacer sin esperar, vivir la vida secreta y solitaria de una fe encendida. La respuesta más profunda que se ha dado en este sentido de la vida simple es el sermón del hombre pobre del Maestro Eckhart. Lo que allí se lee nos resulta inalcanzable, sin embargo a ello debemos aspirar. 

Enlaces de hoy:

Novena a Santo Domingo

Del cuerpo místico de Cristo

2 Comments on “Una vida simple

  1. Gracias María! por participar siempre. No ha de ser tan difícil, poco a poco se puede ir sacando lo que sobra. Con la gracia de fondo, poniendo lo mejor, ahí vamos. un abrazo fraterno en Cristo Jesús.

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  2. Sí, tal vez sea una vida simple, pero no sencilla.
    Feliz día. Que María nos lleve con Ella al cielo, al menos en los deseos.
    Un saludo en Cristo Jesús

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