Cambio de hábitos

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Una de las mejores enseñanzas que he recibido respecto de los hábitos y de su modificación dice: “El primer paso para cambiar un hábito es reemplazarlo por otro”. En este caso claro, la instrucción se refería a dejar un hábito nocivo por otro bueno o al menos, que no fuera tan dañino como el anterior.

Esto permite el desplazamiento de la energía que se usaba en una actividad hacia otra. Es algo transitorio y en cierto modo viene a compensar una carencia y no a resolverla o trascenderla, sin embargo es un buen inicio de la transformación. Entonces, cada vez que surge la compulsión o el impulso hacia la realización de aquél hábito que quiero abandonar, inmediatamente pongo en marcha la nueva conducta con la que pretendo reemplazarlo.

Recordarán el ejemplo que se da en “El peregrino ruso”, donde un alcohólico practicaba esto. Cada vez que le venían ganas de beber se ponía a leer los Evangelios y al poco rato el ansia de beber había pasado. Y esto sirve de ejemplo que podemos adaptar a nuestra propia vida. Este reemplazo inmediato de una conducta por otra nos muestra que los vicios tienen como “un pico de la ola” y que luego disminuye por sí mismo. Es preciso atravesar esta especie de “momento crítico”, hasta que uno puede superar con la intención el estímulo que nos presiona con un fuerte deseo.

Los hábitos se forman por simple repetición. Hay que repetir el nuevo comportamiento que se quiere instalar cada vez que aparece el deseo del hábito anterior. En unos pocos días nos sentiremos más fuertes, cada vez más capaces de superar el momento difícil. Posteriormente, nos acostumbramos a atravesar el momento crítico sin necesidad de reemplazar la conducta. Simplemente permanecemos atentos a este deseo que surge con fuerza de repetir algún comportamiento y al observar lo que ocurre de algún modo nos diferenciamos, tomamos distancia y aparece un espacio que da algún margen de libertad.

Así es que primero reemplazar, luego aprender a atravesar y mientras esto ocurre ir comprendiendo lo que se esconde detrás del hábito. Un hábito nocivo es un síntoma, ha surgido como respuesta a ciertas situaciones interiores y exteriores. En cierto modo sirvió de analgésico, fue como un anestésico para el dolor que había en aquel momento. Pero no se puede vivir de calmantes, hay que descubrir y solucionar el origen del dolor.

En términos muy generales, una vida en la que no encontramos significado y donde no percibimos con frecuencia la presencia de Dios en lo cotidiano, es caldo de cultivo para una multitud de hábitos nocivos. La respuesta integral radica en la sacralización de la vida. O, mejor dicho, en atender a lo sagrado que se va mostrando en el transcurrir. Pero esto no se puede impostar ha de experimentarse. Para ello, es necesario cultivar la atención y entrenar la mirada. La mirada (hacia donde orientamos la percepción) también puede acostumbrarse y llegar al hábito de buscar a Dios en todo y todas las cosas.

Un abrazo fraterno a todas/os invocando el Santo Nombre de Jesús.

elsantonombre.org

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Primeros Cristianos

7 Comments on “Cambio de hábitos

  1. Pingback: 3ª Clase: El Líder virtuoso – El Don Espiritual del Liderazgo Cristiano

  2. Estimados hermanas y hermanos; me pregunto: ¿Y si nos hiciéramos conscientes que nuestra propia voluntad estaría unida a la Voluntad en mayúsculas de Dios?…¿Y si no cambiamos nada y solo vemos… aceptamos? ¿Y si fuésemos conscientes del fondo donde se dan dicho hábitos es un fondo de Amor Misericordioso?..
    Mi experiencia con los hábitos nunca los he podido dispersar con la voluntad…Los he puesto en manos de Dios…Los he acogido y aceptado…Han sido hermanos caminando conmigo. Me han enseñado la humildad de saber que por mi misma nada puedo.
    Los hábitos se dan en el cuerpo, no en el Alma. Y somos Esencia Divina…

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    • Hola Encarna! Gracias por comentar. Es cierto lo que comentas. Como lo hemos conversado… creo que todo depende mucho del momento espiritual en el que nos encontramos cada uno. En mi propia experiencia, a veces he necesitado afirmarme en “mi voluntad personal” o en lo que percibía como tal y usar esa percepción como escalón para intentar ascensos. En otras ocasiones, la entrega que comentas y esa aceptación amable a lo que iba surgiendo se mostró como el medio más adecuado. Es como si cada situación trajera en sí la misma solución, cuando estamos atentos al significado que le damos a los acontecimientos. En ese sentido, trabajar los hechos como alegorías simbólicas sirve de mucho. Te mando un abrazo, invocando a Cristo Jesús.

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  3. Buenos días, gracias, es verdad cambiar un habito no es nada fácil ya que implicar una constancia firme yo por momento quiero abandonarlo todo y no seguir ya que cada vez que intento cambiar un habito se me hace una eternidad y la paso muy mal, y muchas veces es fácil quedarme como estoy en realidad crecer en los caminos del Señor, pues no es fácil pero hay que seguir aunque no se vea claro , gracias y pido vuestras oraciones.

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    • Hola Ana, Cristo te cuide. Creo que muchas veces lo que nos frustra en los intentos de cambiar hábitos, es que empezamos por cosas muy difíciles. Hay que ir muy de a poco intentando pequeños cambios, a veces hasta muy pequeños, pero que van abriendo la brecha en medio de “la espesura” de nuestros automatismos. El orgullo nos suele presentar objetivos muy ambiciosos y a lo mejor logramos dos o tres días algún cambio grande y luego nos desbarrancamos más abajo que antes. Pedir la gracia, sin ella no hay nada y luego poner lo mejor que tenemos. Sobre todo la intención profunda de querer ser mejores personas. Un saludo fraterno, invocando a Cristo.

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  4. Entrenar la mirada (hacia donde entrenamos la percepción) y buscar a Dios en todo y en todas las cosas, me parece que es fundamental para mantenernos libres de hábitos que nos pueden esclavizar y que por tanto son nocivos. Necesitamos ante ellos un margen de actuación y de libertad que a lo mejor ha quedado muy reducido o que tal vez no existe.

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    • Así es Padre José. Sumergidos en lo automático, nos cuesta encontrar una rendija de libertad. Creo que la atención es la virtud fundamental en este tema. Sin ese “darnos cuenta” lo que nos ocurre es imposible cualquier modificación. No sabemos si el esclavo podrá liberarse, pero si sabemos que si no se advierte su esclavitud cualquier liberación será imposible. Un abrazo y gracias por tu continua participación. Cristo te cuide.

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