Abrir los sentidos espirituales

El gran matemático y filósofo Blaise Pascal supo decir en su momento que la mayor parte de los problemas del ser humano surgían de su incapacidad para quedarse quieto sin hacer nada en su habitación. ¡Cuánta razón tenía! Reflexionemos un poco sobre esto.

Carentes de plenitud, es decir de una sensación de bienestar autónoma en nosotros mismos, nos lanzamos hacia las cosas, las personas y las situaciones pretendiendo que el contacto con ellas nos produzca esa saciedad que nunca alcanzamos. Carentes de la percepción de la divina presencia, la vida se nos presenta desacralizada, sin sentido o con significados que cambian continuamente y se muestran transitorios.

Se vive para alcanzar esto y luego aquello y después lo de más allá, apresurados vamos en pos de un espejismo que siempre estará por delante. Un objeto, un título, una persona, un viaje, un encuentro amoroso, un reconocimiento, una comida… en nuestro interior un murmullo constante nos dice: “Cuando tengas esto o aquello ya podrás descansar y ser feliz…” “Este ahora no es importante, apresúrate para alcanzar aquello, eso es lo que te falta…” y afirmaciones similares.

El hecho es que si nos quedamos quietos nos desesperamos al poco rato. “¡Ve hacia el interior!”, “El cielo está dentro de nosotros”, “Encuentra a Dios en tu corazón”, nos dicen los textos espirituales, pero cuando nos quedamos quietos y atendemos dentro nos recibe la ansiedad, el tedio, el temor, pensamientos negativos, recuerdos opresivos, imaginaciones fatalistas, ira, preocupaciones y un extenso menú a la carta que nos hace salir despavoridos hacia cualquier actividad que nos permita anestesiar y olvidar esta ausencia en nosotros: la ausencia del contento que deriva de una fe quebradiza, de dependencias múltiples, de un sentirnos separados de Dios.

¡Qué dicha la de aquél que no teme porque nada necesita! Y nada necesita porque lo tiene todo. Tiene un corazón pleno de certeza, siente a Dios vivo actuando en él, tan presente y real como se siente el sol en la cara o el sonido del trueno y luego la lluvia fuerte. Parece necesario abrir y fortalecer la capacidad de nuestros sentidos espirituales; los ojos del corazón, los oídos del alma, el tacto del Espíritu en el interior. ¿Cómo haremos esto?

¿Cuántas actividades hice hoy alimentando dependencias o hábitos que me esclavizan? ¿Cuántas actividades fueron para anestesiar el dolor que me provoca Tú ausencia? ¿He tratado de hacer las cosas, por pequeñas que fueran como liturgia de alabanza? ¿Cómo hacer para oficiar la ceremonia del instante? Para que un músculo crezca hay que ejercitarlo, para alcanzar una pericia hay que dedicarse a ello, cualquier desarrollo depende de la gracia pero requiere también aplicación de nuestra energía y atención.

Veamos si podemos ir abordando luego alguna ejercitación que nos permita despertar y fortalecer los sentidos espirituales que yacen intactos pero dormidos en lo profundo del alma.

elsantonombre.org

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12 Comments on “Abrir los sentidos espirituales

  1. ¡Cuán cierto es lo que dices! Creo y percibo en mí que es precisamente mi incapacidad de percibir la presencia de Dios, en todo momento, lo que me deja en la angustia de la separación. Sí, efectivamente es necesario entrenar los “músculos” espirituales. Gracias, hermano. Que el Señor te bendiga.

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    • Gracias a ti Edith! Sí, sobre todo necesitamos empezar por fortalecer la capacidad de orientar la atención, para apartarla de los pensamientos. Allí se siente poco a poco un atisbo de la gracia divina, que siempre está con nosotros. Un abrazo fraterno en Cristo Jesús.

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  2. Siempre pensamos en lo que hice o en lo que tengo que hacer y pocas veces en lo que vivo ahora. El «ahora» pasa desapercibido y la ceremonia del «instante» se queda sin celebrar. Qué importante saber estar quieto, sin hacer nada en la habitación.

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    • Así es Padre José! Que la gracia nos regale el don de la quietud interior y de la tranquilidad exterior. Si solo de nosotros dependiera estaríamos perdidos! un abrazo hermano y que Cristo te cuide.

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    • Es verdad el ahora está desvalorizado al ser ” improductivo”, ” tiempo muerto”, pero cuánto hay detrás de ese ” no hacer nada” que nos devuelve los pensamientos. Últimamente cada vez con más frecuencia encuentro momentos para ” no hacer nada” simplemente estando quieto corporal y mentalmente solo evocando la oración” aquí estoy señor para hacer tu voluntad”. Saludos y gracias a todos los que hacen el santo nombre.

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      • Gracias a usted hermana/o. La quietud corporal nos pone en la situación más difícil y a la vez más posibilitaria para que Dios actúe en nosotros. Que Dios le de la gracia de persistir en esta tarea de evocar la oración en quietud! Un saludo fraterno en Cristo Jesús.

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  3. Qué hermosa reflexión que describe medularmente nuestra situación, al menos la mía. Muchas gracias Mario. La llevaré a la oración, para que el Señor me ayude con su gracia.
    Angélica

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  4. Gracias , es verdad , y al mismo tiempo que dificil hacer que nuestro interior se acalle, pero con la gracias del Señor todo es posible, gracias

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    • Así es, hay que pedir la gracia del silenciamiento. Evitar el dispersarnos en cosas que nos profundizan la esclavitud. El hacer despacio las cosas, cuando nos sea posible ayuda mucho, al menos en mi experiencia. Un saludo fraterno y que Cristo te cuide.

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