El corazón

Volvía de recoger leña, tarea imprescindible ese invierno en aquella región de la sierra. Eso me gustaba; una labor sin prisas, entre pajaritos, hojas crujientes mostrando un infinito menú de ocres y el olor del bosque. Al llegar al claro lo encontré sentado en el tronco habitual, como tantas veces.

Lo vi tranquilo, respirando despacio; lo sabía rezando. La alegría serena era constante, una emanación transformadora. No estaba haciendo nada, a menos que respirar y estarse siendo invocando el Santo Nombre se considere un hacer. Pero la oración se daba en él, como se da la luz cuando amanece, es algo que viene junto, sin esfuerzo.

Toda su labor había consistido, según me había dicho una vez, en hacerse disponible, en dejarse llenar de la gracia que trae el nombre de Jesucristo. Y eso ¿Cómo se hace? le dije. «El corazón tiene que vivir de vacaciones, sino se pone malo, se complica la vida…» Y eso ¿Cómo se hace? volví a insistir.

Ocúpate de las cosas del cielo y lo demás se te dará de regalo me decía, justo lo que necesitas en cada momento. Le gustaba mucho Mateo 6, 19-34 y hacía años que lo vivía a rajatabla. Me decía «No hay que preocuparse de nada, todo dejárselo a Dios. Hace lo que te toca sin inquietud, como cuando estás de vacaciones, confía por entero en la providencia. Viví a pura fe y orando sin cesar, El Señor te mandará las tareas y lo necesario para llevarlas a cabo».

elsantonombre.org

Texto de Andrea
con motivo del aniversario de la Fraternidad

Contentos con el don de Dios
(texto leído en la primera oración realizada)

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