Algo sobre la acedia

Estimado Padre, se ha recibido una consulta acerca de la acedia, sobre los escrúpulos y también referida al tema del temor, como trasfondo en el cual algunas personas viven. En este caso particularmente, temor a la condenación. Quisiera que nos comente algo sobre estos temas.

El ánimo es una manifestación del estado del alma. La situación de esta se revela a través del estado de ánimo, que como sabemos, informa al cuerpo, a la gestualidad, se traduce en el lenguaje y por supuesto en la mirada con la cual se interpreta el mundo.

La acedia, por lo general aceptada como un estado de tristeza profunda y duradera, deriva de la ausencia de sentido.

No se encuentra significado a lo que ocurre, la vida ha perdido su color. Nada entusiasma porque nada resuelve la carencia, que no se puede desde ese estado, ni formular ni remediar. Quién vive en la acedia no sabe para que vive, ha perdido el rumbo, no puede percibir la belleza de la vida.

Esta persona ha perdido la fe o la profundidad de la fe. Esto no es para recriminarse sino solo para comprender. En algún momento no se pudo advertir el “para qué” de lo que ocurría y eso generó una negatividad que permanece alojada oscureciendo el corazón.

Si se cree que Dios existe y que esta existencia es activa, en cuanto a que se continúa en el desarrollo de los aconteceres; si se cree en un Dios vivo en el presente y cuya enseñanza se descubre detrás del velo que ponen las circunstancias, la acedia desaparece. No puede sobrevivir la melancolía, ni la depresión, ni la negatividad si se ha cimentado la fe.

Este estado que puede afectar a cualquier persona, sobrevive asentado en un nihilismo que es necesario desterrar. La forma de percibir desde la acedia, suele ser sombría, plagada de oscuridades, cargada de obstáculos y temores. Y ante esto, la persona sin querer, se anestesia, prefiriendo la abulia de la tristeza antes que el espanto surgido del miedo.

Dentro de los límites de este breve intercambio, ¿puede sugerir algún modo para ir transformando este estado que suele hacerse crónico en el ánimo?

Es fundamental lo que se haga al despertar. Apenas sale uno del sueño, darse cuenta de la mirada con la cuál se inicia el día. Entonces, buscar con ahínco interior, la mejor disposición posible para afrontar el misterio de la existencia que se desenvuelve a través de la jornada.

Al no encontrarse esta ubicación favorable, invocar a Cristo con el ardor que brinda el dolor del vacío que se está viviendo. Reconocerse abrumado por la angustia, incapaz de reconocer significado. Tratar allí de retardar el momento de iniciar las actividades. Resistirse a abordar los quehaceres sin el apoyo de la confianza en la bondad del Padre de todos, que a todos provee y que por todos vela.

Es preciso radicarse en una actitud positiva. La actitud es la postura previa al suceso, el modo en que estamos cuando los hechos nos encuentran. Una actitud positiva que sugiero, es aquella posición del corazón en la que uno mismo, refugiándose en el más Alto, actúa con la mayor dedicación aquí, en lo bajo.

Ver los temores y depositarlos en el seno de Dios, en esa hondura sin límites, la más de las veces incomprensible para nosotros simples mortales, pero portadores de un misterio que nos hace Hijos y miembros del cuerpo místico de Cristo.

Algo de ese misterio se clarifica en la intimidad personal, cuando decido en un acto de rebeldía ante la oscuridad del alma, abrazar la fe en lo luminoso, que no es sino la expresión multiforme del amor de Dios.

Como lo dijera el gran escritor León Tolstoi en el párrafo final de su novela -Ana Karenina – : “Pero ahora toda mi vida… ¡poseerá el sentido indudable del bien que soy capaz de infundir en ella!

Continúa en los días siguientes.

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