Fuga de situación II

Acerca de hábitos compulsivos

En realidad la fuga hacia las cosas (objetos, personas, situaciones o representaciones) es el remedio equivocado que intenta ponerse sobre el problema que es el siguiente: Que para sentir algo placentero o benéfico o simplemente para sentir algo, necesito de otro u otra cosa que yo mismo.

Es tal el olvido de nuestro ser esencial, que sin agarrarnos a algo desesperamos. Nos hemos identificado con nuestro cuerpo y con el continuo flujo de pensamientos. De tal manera nos hemos acostumbrado a sentir, gracias a la interacción con los objetos, personas, etc. que sin esto a lo que aferrarnos, nos vemos inmersos en el tedio, el sopor fastidioso, el desánimo y a veces la depresión. Basta ver lo que se carga cuando se sale de viaje, para hacerse una idea de este mecanismo de necesidades ficticias.

Las necesidades reales, son pocas. Todo lo demas, se ha generado en esta búsqueda de compensación a que nos referíamos en el mail anterior. Surge un pensamiento con su adjunto de sensación física a lo que llamamos sensación de carencia. Por ejemplo surge el pensamiento: “¿que hago ahora?”, junto con una sensación de cierta tensión en la boca del estómago a la que se puede llamar ansiedad. Entonces, aparecen luego diversas imágenes de recuerdos de anteriores ocasiones y el modo en que fue anestesiada dicha sensación incómoda: Ver algo atrapante en la televisión, comer algo con gusto intenso o realizar esto o aquello según el caso.

Pensamientos y sensaciones van de la mano, por eso en nuestro caso, gente interesada en profundizar en la vida espiritual debido a un anhelo de libertad, fruto del toque de la gracia; esto puede convenir:

Al momento de presentarse el hábito o adicción (cualquiera sea) atender a la sensación corporal específica que sostiene el deseo surgido. Por ejemplo atender al lugar en el que se asienta esta inquietud a la que llamo ansiedad y que me impulsa a comer más de lo debido. Me fijo en esta sensación como si se tratara de cualquier objeto observado (un árbol, una taza o la mesa). Allí, advierto que hay un espacio entre yo (el que observa) y lo observado. Este espacio me brinda una “distancia” interior que tiende a despegarme un tanto de lo que sucede.

En ese momento, en ese espacio interior donde advierto que no soy lo mismo que observo, invocar la gracia de Dios (mediante la oración de Jesús o mediante aquel acto interior que mejor nos sirva para sentir la Presencia divina) siendo consciente de que sin la ayuda de Dios no me es posible sustraerme a ningún hábito o vicio en mi vida. Reconocer cabalmente que sin la gracia soy impotente para transformar cualquier cosa incluida mi propia conducta.

En este momento y en una primera etapa, conviene hacer otra cosa que canalice la tensión interior que no seguir la compulsión o la adicción generará. Por ejemplo en lugar de ver ese programa vacío y poco edificante, aplico mi energía a ordenar con perfección la habitación en que me encuentro etc. Esto es también una compensación, sin duda, pero al menos vamos aprendiendo a evitar ser arrastrados por los hábitos. Con humildad, nos ejercitamos en evitar lo que nos daña el alma.

Habrá una segunda etapa, en la cual no se haga necesario canalizar dicha tensión sino que observaremos tranquilos y en silencio interno como aquel deseo surgido se apaga o pasa de largo igual que una nube arrastrada por el viento. Los deseos son pensamientos y los pensamientos son fugaces. Si nos damos este espacio interior que hemos dicho, se crea también el tiempo para que lo pensado se modifique por si mismo.

Toda verdadera comprensión, (esto es que abarque no solo intelecto sino lo corporal también) lleva a la desaparición del fenómeno investigado. Hace las veces de luz en una habitación oscura, que acaba con temores o pisadas temerosas. La luz todo lo permite, pero es necesario que pase un tiempo hasta que lo comprendido sea asimilado e interiorizado.

Veremos finalmente que estas adicciones vienen a ser finalmente una ayuda del Señor, ya que sin ellas y el deseo de liberarse, no podría uno acercarse a estos temas que acercan a la verdad del corazón, donde habita Cristo y todas las gracias.

Texto propio del blog

4 Comments on “Fuga de situación II

  1. PAZ Y BIEN , Muy cierto, es tal el olvido de nuestro ser esencial, que sin agarrarnos a algo desesperamos….bendiciones hno

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  2. Buenos días, una consulta sobre cuando se dice: “Los deseos son pensamientos y los pensamientos son fugaces”. ¿Se está diciendo que los deseos son engendrados por pensamientos? Si es así: ¿No puede suceder en ocasiones al revés? Que lo primario es el deseo y este se concientiza y/o expresa en un pensamiento? ¿Por qué a veces “parece” (no afirmo que lo sea realmente) ineficaz la lucha desde lo cognitivo? ¿Puede estar relacionada esta duda con la experiencia de San Pablo de: no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero?

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    • Estimado hermano, le saludo invocando a Jesucristo.

      Según nuestra experiencia, deseo y pensamiento son lo mismo. Es decir, se los puede categorizar de manera diferente con fines didácticos o analíticos o de comprensión… pero no sabríamos como diferenciarlos realmente. Suele llamarse deseo a la sensación física asociada a determinado pensamiento por ejemplo: Siento una tensión en la garganta y aparece al mismo tiempo el pensamiento de comer un chocolate. En ese sentido puede ayudar dividir sensación de pensamiento, aludiendo a la predominancia corporal o mental de lo que se pretende enfatizar. Sin embargo la llamada sensación no se da como tal conscientemente sino es bajo la forma de pensamiento. Por otra parte toda lucha refuerza al oponente en tanto le da identidad y atención. La superación de obstáculos en el camino espiritual parece relacionado más a la gracia y al estado de entrega y abandono a la voluntad de Dios en todos los aspectos de la vida que a una lucha frontal. De hecho, la oración interior lleva la atención hacia la relación con Dios en lugar de a los obstáculos… Quizá convenga continuar estos intercambios por correo para no distraer innecesariamente a los lectores con estas complicaciones. Le saludamos fraternalmente en la invocación del Nombre.

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