Percepción de la Presencia

¿Cuál es el sentido de practicar La oración de Jesús?

Encontrar la presencia de Dios en medio de lo cotidiano y permanecer junto a ella. La gracia está todo el tiempo disponible, pero los múltiples apetitos y deseos, de la mente y el cuerpo, nos distraen en las diversas cosas y nos vuelven insensibles al Espíritu Santo que está como el trasfondo en toda percepción.

¿Pero qué se supone entonces, que no hemos de desear nada o que tenemos que negar a la mente y al cuerpo?

No. Pero hay deseos y apetitos que responden a necesidades y que al saciarse quedan en reposo. Reclaman su cuota natural y después se calman, hasta que se reactiva su ciclo previsto. Toma el caso del comer y el dormir o de la necesidad de abrigo. El cuerpo siente una necesidad para su supervivencia y reclama que se le atienda. Pero luego de comer o dormir el reclamo termina.

En cambio hay deseos y apetitos que mientras más saciamos más reclaman y se cae en un torbellino descendente donde quedamos esclavizados de tantas cosas y aparentes necesidades que no queda espacio para lo espiritual. Nos convertimos en solo un cuerpo o en solo una mente inquieta y lo que esencialmente somos, espíritus hijos de Dios, permanece adormecido o aletargado. Es en este contexto que La oración de Jesús viene a salvarnos.

¿De qué manera?

Si habiendo tomado conciencia de nuestra situación de dependencia y esclavitud a tantas cosas, personas y situaciones, nos damos cuenta del dolor que ello nos provoca y con la humildad en que este dolor nos deja, hacemos La oración de Jesús, todo lo cambia para bien. Es decir: si conscientes de nuestra miseria, repetimos el Santo Nombre o la frase elegida, la mente tenderá a centrarse en la oración. Nos acostumbramos a recordar la Presencia de Dios con frecuencia y este recuerdo nos habilita, poco a poco, la percepción de esa Presencia. Como hemos dicho en otras ocasiones, lo que es creencia se convierte en experiencia.

Entonces, ¿sin dolor no hay verdadera oración?

La conciencia de nuestra situación de esclavitud o de dependencia, por usar una palabra más suave, nos muestra cierta impotencia de fondo en la cual vivimos. Esto nos torna más humildes y desde esa humildad la oración se enciende, ese fuego la eleva y nos hace conscientes de la gracia que ya se nos estaba dando, antes de que la pidiéramos. La oración vocal o la oración mental sin el sentimiento que la alimente se vuelve vacía. Aunque al principio habrá mucha oscilación en nuestras emociones. A veces rezaremos sin sentir la oración y otras surgirá el fervor. Sin perseverar con firme determinación, no se llegan a gozar los primeros frutos, la mayoría abandona antes.

Continuaremos agregando la continuidad del diálogo durante los 30 días de ejercicios. Puedes participar del mismo efectuando tus preguntas en los comentarios debajo de cada publicación que hagamos.

Enlace del día:

Activos y contemplativos

5 Comments on “Percepción de la Presencia

  1. Cualquier método de oración tiende al único objetivo de encontrar el corazón y despertarlo. Todo método debe ser una especie de vigilancia interior. Jesús mismo ha relacionado vigilancia y oración. La fórmula “velad y orad” se
    remonta a él. Solamente una atención profunda y pacífica puede ponernos en el camino de nuestro corazón y, por él, en el de la oración.
    Por consiguiente, es necesario velar y comenzar por encontrar el camino de nuestro corazón a fin de despejarlo y desembarazarlo de todo lo que lo obstruye. Nuestra conversión no tiene otra finalidad que hacernos entrar de nuevo en nosotros mismos, hacernos volver al verdadero centro de nuestra persona, volver al corazón…”
    André Louf. El Espíritu ora en nosotros

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    • Hola Ana, disculpa la demora en contestar, se me pasó este comentario.La oración de Jesús, progresivamente ayuda a que la mente se vuelva concentrada. Adquirimos la capacidad de dirigir la atención hacia donde queremos, y nos influyen menos los estímulos del medio o del cuerpo. Las distracciones también disminuyen, en la medida que simplificamos nuestros deseos y apetitos varios.Ese también es un tema. Y nuestras apetencias van desapareciendo en la medida que crece un único deseo, el deseo de unión con Dios. No es tarea fácil, pero la oración de Jesús nos lleva si permanecemos perseverantes. Un saludo fraterno, invocando a Cristo.

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