Día 8 – La preocupación

Texto para meditar

De pronto, advierto que estoy preocupado. Con el ánimo ensombrecido, camino presuroso y encorvado rumiando pensamientos donde manda el temor.

¿Qué haré con esto? ¿Y con aquello? ¿Y con lo de más allá? ¿Que será de mí si esto o lo otro resulta de esa o aquella manera?

Deudas, malos entendidos, atrasos en el trabajo, reproches del ser querido, presiones diversas desde todos los ángulos… la vida misma de hoy en día, en un mundo angustiado que corre con desesperación hacia un adelante vacío lleno de promesas vanas.

Pero me he dado cuenta de que estoy preocupado… si estoy preocupado no confío en la voluntad de Dios. Así de sencillo, aunque nos duela o no nos agrade aceptarlo. No tiene vueltas.

Porque no se trata de no hacer, de no ser eficaz o práctico en los quehaceres cotidianos. Se trata de hacerlos bien, con serenidad interior, con adecuación exterior; teniendo plena conciencia de que los resultados de la acción dependen enteramente de la voluntad divina.

En mis manos está la posibilidad de ejecutar las acciones lo mejor posible, un poco como se decía ayer, ofreciendo con unción el afán de hacerlo bien, poner la atención, hacer ordenadamente… pero las cosas resultan como Dios quiere. “Si Dios quiere” suele decirse. Pues así es en efecto, aunque actualmente suelen ser frases hechas dichas al acaso.

¿Creo que yo soy capaz de torcer Su voluntad? ¿Creo que mi pequeña persona puede torcer el rumbo de las incontables causas y los innumerables efectos que entretejen la creación universal? Mueve a risa ¿verdad? Es que en eso caemos diariamente cuando nos preocupamos.

Preocuparse muestra un poco nuestra soberbia. Hay que rendirse a los designios de Quién nos lo ha dado todo, todo lo que tenemos, la existencia misma. Nos olvidamos de ello. Nos quejamos de cosas que la vida ha traído, olvidando la vida en la cual todo se da. Nuestra acción es el altar cotidiano donde hacemos la humilde ofrenda de nuestras manos… pero el universo hermanos, el universo entero es el altar en el que Dios oficia la más sagrada y amorosa de las liturgias.

Práctica sugerida

Usemos la preocupación como señal de que hemos perdido el centro, de que hemos dejado de confiar en Dios, de que pretendemos ingenuamente ser los hacedores del universo. Cada vez que nos demos cuenta de la preocupación, reiniciemos La oración de Jesús en nuestro interior. Una y otra vez, sin dudar con perseverancia firme. Que el Nombre de Jesús sea nuestra ancla a la realidad. Que con cada repetición del Santo Nombre crezca el entregarse a los brazos amorosos del Padre universal, que muy bien sabe lo que nos conviene y cuando nos conviene. Un abrazo hermana/os, invocando sin cesar el Nombre de Jesús.

9 Comments on “Día 8 – La preocupación

  1. El usar la preocupación como señal de que se ha perdido el centro, es sin duda un acicate para reiniciiar la oracion de Jesus una y otra vez. me parece que esto nos abra a un horizonte de mas profundidad e intensidad en la oracion y en la apertura a DIos en todo lo que hacemos y somos.

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  2. La.descripción de los pasos presurosos, el cuerpo encorvado y la mente llena de preguntas y el miedo, me he sentido reflejada , muchas veces estoy así.
    Ahora que puedo verlo y hacerme conciente de esta actitud, puedo volver a mi centro y repetir la Oración de Jesús.
    Dejar todo en sus manos y abandonar el miedo por lo que suceda , es todo un movimiento interior que me da mucha paz.
    Muchas gracias por esta reflexión.
    Dios los.bendiga.

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  3. Buenos días, yo voy con retraso en los Ejercicios, pero voy. Agradezco esta parada para retomar los cinco primeros días porque veo que necesito profundizar, insistir en las prácticas, recomenzar cada día y no desanimarme. Me ayuda todo, especialmente me parece muy provechosa la práctica del saludo interior, que comienzo y se me olvida, intento y vuelvo a intentar. Me doy cuenta de que una de las cosas más importantes en el camino espiritual es no desanimarnos ante nuestras continuos fallos. Y recomenzar tantas veces como sea necesario.

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    • Estimada Soledad es como lo dice, no desanimarse ante las repetidas fallas es importante ya que el camino espiritual no es una autopista recta, sino más bien un camino sinuoso y en partes muy agreste.Hay que ser pacientes, perseverar y tomar las caídas, olvidos o errores como oportunidades para comprender la raíz de nuestros males y crecer. Un saludo fraterno invocando el Santo Nombre de Jesús.

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  4. Muchas gracias. Muy buena la reflexión. De un modo muy sutil, sobre todo al principio, me voy metiendo en la preocupación y perdiendo la presencia de Dios. Ojalá me diera cuenta antes.
    Un abrazo

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  5. Pingback: Ejercicios espirituales – Día 8 | Hesiquía blog

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