El corazón viviente

Una oración implícita

«Lamentáis que la Oración de Jesús no sea incesante en vosotros, que no la recitáis constantemente, pero la repetición constante no es requerida. Lo que se requiere, es vivir constantemente con Dios, tenerlo presente en vuestro corazón cuando habléis, leáis, veléis, y reflexionéis sobre cualquier cosa. Como por otra parte, vosotros practicáis la Oración de Jesús de manera correcta, continuad como lo habéis hecho hasta el presente y, cuando llegue el momento, la Oración extenderá su dominio».

Leído en la parte final de la oración matutina de hoy lunes 8 de mayo de 2023

Sobre la Oración de Jesús y el calor que la acompaña

«Si se desea que el uso de una oración breve favorezca la concentración del intelecto, es necesario velar sobre la atención y hacerla descender en el corazón; pues, durante todo el tiempo que el intelecto permanezca en la cabeza, donde los pensamientos van y vienen, le será imposible consagrarse sobre un objeto único. Pero, cuando la atención desciende en el corazón, atrae allí a todas las potencias del alma y del cuerpo, en un solo lugar.

Esta concentración de toda la vida del hombre en un solo lugar, tiene como consecuencia inmediata el despertar, en el corazón, de una sensación especial, que es el comienzo del calor que llegará. Esta sensación, ligera al principio, se hace poco a poco más fuerte, más firme, más profunda. En primer lugar no es más que una tibieza, pero desarrolla poco a poco una sensación de calor que concentra sobre sí toda la atención.

Así pues, mientras que en el curso de las etapas iniciales la atención será mantenida en el corazón por un esfuerzo de voluntad, a la larga esta atención, por su propio vigor, da nacimiento al calor del corazón. Este calor retiene la atención sin que haya necesidad de esforzarse. Ambos se acompañan y se fortifican mutuamente; deben permanecer inseparables, porque la dispersión de la atención pronto hace enfriar ese calor, y ese enfriamiento del corazón debilita la atención».

de «El arte de la oración» de Teófano, el recluso

Una regla de vida espiritual se establece, pues, a partir de allí: «si mantenéis vuestro corazón viviente ante Dios, os acordaréis constantemente de él». (Juan Clímaco)

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