Gracias
La paz del corazón

Texto de apoyo
«¿Quieres entrar en comunión con Dios en tu espíritu?, hacerte una misma mente con Él y experimentar aquel gozo que no está subyugado a los sentidos? ¡Persigue la misericordia! De hecho si aquella santa belleza de la unión con Dios llega a encontrarse de modo efectivo en tu interior, estará pintada con los colores de la misericordia, que es la que nos hace semejantes a Dios. El carácter universal de los gestos de misericordia… conduce a la unión con la gloria radiante de la divinidad, de la que el alma es hecha partícipe, erigida en compañera de viaje de la divinidad».
Discurso 1 de Isaac de Nínive Parágrafo 24, en «Discursos espirituales» – Primera colección –
Ediciones Sígueme – Trad. de Francisco J.López Sáez
Práctica sugerida
Hundir en la corriente las raíces de nuestra propia vida… esto es en el fluir incesante de la misericordia. Misericordia es lo que fluye todo el tiempo como los rayos del sol o la presencia de la atmósfera, sin la cual no existiríamos. La luz, el agua, el aire, la diversidad de seres animales y vegetales, son apenas algunas de las formas de manifestarse el amor divino hacia nosotros. Particular forma del cariño de Dios son «los otros».
¡Oh sí! ¡Los demás! Esos diversos espejos con mil matices que me muestran siempre mi propio rostro y apenas velado el rostro de Cristo. A veces sufriente, en ocasiones exultante de gozo, siempre atravesado de mi propia búsqueda… Para insertar mis raíces bien hondo en la corriente debo ejercer la misericordia, es decir, asimilarme a Su voluntad dadivosa de entrega total. Esa caridad debe ser dirigida hacia mi mismo y hacia los demás al mismo tiempo.
¿Cuál es la práctica de hoy? Atendamos a la calidez del corazón y
seamos instrumentos de Su misericordia.
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prácticas sugeridas en esta Cuaresma 2026
Amén 🙏🏽
_Pepa – EL SUFRIMIENTO REDENTOR.
Cuando nuestro dolor se une al de Cristo, adquiere un valor salvífico.
Lejos de ser un absurdo, el sufrimiento asumido en amor y unido a la Cruz puede convertirse en un instrumento de gracia para uno mismo y para los demás.
El sufrimiento no es querido por Dios por sí mismo y no debe destruir nuestra fe. Si no invitarnos a una confianza más profunda, «luchando con Dios» en lugar de huir de El y ofreciéndoselo con Amor.
El objetivo es no dejar que el sufrimiento nos amargue. Si no que sea nuestra ayuda a poder así participar en la Salvación de la Cruz.