A modo de síntesis

Antes del inicio del 2° Módulo

Tiempo atrás comentábamos que la libertad humana se nos aparecía como una “libertad entre condiciones”. Luego al ver con más detenimiento, descubríamos que los condicionamientos eran tantos y de tal magnitud que parecían restringir tremendamente la posibilidad de elección. Al abocarnos al estudio de dichos condicionamientos nos abrumaba la reactividad de nuestro cuerpo y mente, al punto de darnos cuenta que la mayor parte de las conductas resultaban de automatismos cuasi reflejos, determinados previamente por una suma de factores. La genética y la familia, la memoria biográfica, la época en la que uno se formó, las circunstancias regionales, el estrato socio-económico en el que se había nacido etc., solo iniciaban una lista que parecía sin final. Incluso la cosa empeoraba cuando agregamos los determinismos diarios que debemos afrontar en la parte corporal. Ganarse el pan, alimentarse y descansar, higiene y demás, parecían poner límites aún más ceñidos a nuestra libertad.

Descubrimos también nuestra imposibilidad para manejar la mente y menos la voluntad. Intrincados mecanismos mentales nos hacían reaccionar adhiriendo o rechazando las situaciones y nuestro comportamiento no era el que deseábamos. Los propósitos más firmes al cabo de un tiempo se desvanecían y hasta grandes afectos podían mutar en su opuesto. ¿Adonde entonces la libertad? ¿Dónde quedaban las nociones de mérito o culpa, de bondad o de maldad, si reconocía en mí y en otros un modo de ser similar al de las hojas llevadas por el viento? Ricos y pobres, jóvenes y ancianos, buenos y malos, corrían guiados por el mismo impulso de paz, de felicidad y de dicha.

Nos decíamos ¿Dónde entonces la libertad? Una posibilidad despuntó al advertir “la atención” como un fenómeno al que no podía asirse con facilidad. ¿Qué es esta capacidad de atender que nos permite enfocarnos en algo dejando de lado lo demás? ¿Que función es esta que le permite al que atiende darse cuenta de su propia atención? Leyendo Filocalía, vimos que la mayor parte de los monjes y hesicastas reunidos en esa obra tocaban directa o tangencialmente el tema de la atención. Sin atención nada es posible, con la atención se puede resistir lo que pueda venir y frases similares marcaban el camino de la búsqueda hacia esta especie de “brazo de la voluntad”.

La enseñanza evangélica misma nos exhorta a conductas imposibles de realizar sin una muy fuerte atención y determinación. ¿Cómo adquirir esa atención? ¿Se le puede entrenar? ¿Cuál es su verdadera relación con la acción y con la firmeza en los propósitos? ¿Es la atención la puerta a la libertad? ¿De qué modo? ¿Cómo orar sin distracción? ¿Puede la atención advertir la obra de la gracia? ¿La percepción de la sagrada presencia es posible sin una aguda apercepción?

Una espiritualidad profunda podría necesitar antes de manifestarse algo de fenomenología. En aquello que se nos aparece (los fenómenos) está escondida la clave de lo que es. Necesitamos bucear a través de los mecanismos y apariencias hasta llegar a eso en nosotros que no es automatismo. Más allá de lo mecánico emerge la posibilidad de la libertad.

Un abrazo fraterno para todos, invocando a Cristo Jesús.

2 Comments on “A modo de síntesis

  1. Ver que lo mecánico no tiene la última palabra y que un hálito de libertad se da pese a todo, creo que es importante. La atención nos abre el camino…habrá que estar atentos, valga la redundancia.

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