El silencio que florece

El silencio que florece, sin prisas y con pausas: silenciarnos para seguirLe.

 Hoy, ya de muy de mañana, cuando a las 6 sonó el despertador, escuchaba el silencio de la casa, esa hora que nos invita a escuchar, para luego, durante la jornada, descubrir que ese Silencio vive en nosotros cuando nos disponemos, hagamos lo que hagamos y que abrirnos a La Presencia de Dios, nos libera.

El Espíritu sopla, y no sabemos a dónde nos lleva, aunque no nos movamos de lugar. Sus destinos son uno, el de Dios. Y éste es el viaje más maravilloso: nuestro peregrinaje a Él. Deslumbrados por tantos paisajes , viviendo de cara al mundo y entretenidos en tantas orillas, perdimos el rumbo y dirección de Cristo. 

Nos hemos quedado en las formas, eligiendo la esclavitud del pecado, en la superficie, lo inmediato que ni presente es. Hemos vivido de impulsos, de estímulos, de vicios, actividades y apegos, aferrados al trabajo y a esa ansia conocida del caballo salvaje, que no se dirige a ninguna parte, llevados por la adrenalina y la avidez vacía y alucinatoria. Olvidados de que la libertad es ceñirnos a Su Voluntad, sin la cual no podemos ser nada, ignorando Su Amor.

Por eso nos enfrentamos con la necesidad de parar, de pausar y de ralentizar, para crear las condiciones que nos disponen a ser encontrados y renovados por y desde la interior Fe. Dediquemos ese tiempo de confinamiento como un retiro espiritual, como un tiempo santo. Aprovechemos esa oportunidad a ser encontrados de nuevo por el Padre, por Jesús, paremos, silenciémonos. Leamos, escuchemos y meditemos en la Palabra, hagamos silencio ante el Señor.

Y como nos dice Jesús en Juan 8, 31-34. No seamos espíritus de contradicción. No basta con ser del linaje de Abrahán, formalmente discípulos de Jesús, es preciso serlo de verdad, aceptándolo con sus consecuencias, amar lo que él ama y detestando lo que él detesta. Hemos de elegir en qué bando estamos, si con Cristo o sin Cristo. Sólo Él nos da la unción del conocimiento interno de su corazón.

Que nos conceda la Gracia de la libertad para no estar sometidos al pecado, la gracia del seguimiento incansable para ser esos hijos y amigos de Dios.

M. Carmen Piña

Miembro activo de la FMV

2 Comments on “El silencio que florece

  1. Hermana muchas gracias, por esta reflexion tengo mucho que cambiar y que meditar en esto, soy una persona muy nerviosa y llena de actividades, Jesucristo hijo de David ten compasión de mi pecadora

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