La memoria frágil

Gracias Sara por la foto!

Cuando La oración de Jesús se ha hecho frecuente, en los distintos momentos del día, se aposenta como un fondo constante. Se forma como una textura de calma, en la cual podemos descansar; con independencia del tipo de actividad a la que nos convoca el momento. ¿Qué se necesita? Confiar más en el corazón que en las especulaciones del pensamiento. Es en el fondo del alma donde se va tejiendo esta textura pacífica, que es fuerte y suave a la vez.

No es invasiva, no se impone; persiste confiada en una brisa que la alienta. Las distintas situaciones nos requieren y piden respuestas diversas. Allí, en ese instante, ¿qué elegimos? ¿Qué cauce seguiremos? ¿La duda, el cálculo, lo que opina la ansiedad, el temor, la posesividad… o apelaremos a la invocación del Nombre? Es como un entrenamiento de tiempo completo. ¿En donde pongo mi refugio? Como el salmista digamos: He puesto mi refugio en el Muy alto. Mi amparo junto al Altísimo.

Bien afirmados y confiados en la providencia divina, nuestras fuerzas se regeneran. Las potencias y talentos cobran sentido. Las acciones que ejecutamos se armonizan con esa música secreta, con el latido del espíritu en nosotros. ¿Qué hace latir al corazón; que misterioso arcano regula la respiración; cómo vienen a mantenerse los planetas en sus órbitas? ¿Qué hebra luminosa modela las galaxias? Esa misma fuerza misteriosa impulsa a la hormiga temblorosa, que llevando una hoja gigante, se tambalea en un rincón de tu patio.

¿Dónde descansa el espacio? ¿Cómo es que transcurre el tiempo? ¿Qué magistral director concierta la sinfonía entre la abeja, el polen y la flor? Vientos repentinos, nubes glamorosas, innumerables matices de verde bañados de un sol opulento. Y por allí y más allá, en todas partes, la gente. Oh sí! La gente. El mismo universo se extiende al interior de sus pupilas. Enigmática estirpe, colosal criatura, verbos encarnados de memoria frágil. Hemos olvidado que somos Hijos y Quién es nuestro Padre.

Dejemos a un lado las preocupaciones. El Amado sabe. Es Su nombre el que escuchamos apenas nos callamos.

elsantonombre.org

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