La paz del corazón
En la ceremonia, el ingreso del oficiante se extiende por el pasillo central, mientras las gentes entonan el himno de apertura y los oferentes portan luminarias de alabanza.
El acólito, contrahecho, tullido, arrastra su aparatosa renguera y haciendo torpes movimientos trata de no quedar atrás en todo el procedimiento.
Su presencia tosca, desordenada, desnuda en esfuerzo y afán, rompe cualquier armonía que la solemnidad pudiera ir dibujando.
Y es justamente allí, en la fealdad de sus contornos, donde inesperadamente, se manifiesta lo sagrado.
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Las palabras de Jalics eran estupendas pero las explicaciones de todo por el Padre han sido fantásticas y tremendamente profundas.…
Muchísimas gracias! Qué bueno poder compartirlo! Eso de "permanece tranquilo...." es una reflexión que llevado a la práctica cambia absolutamente…
Gracias, Mario. Siempre con la palabra oportuna. Unidos en la invocación del Santo Nombre
Gracias Mario y a toda la Comunidad del Santo Nombre que tanta Claridad y Guía trae a nuestras frágiles y…
Profunda meditación para el proceso espiritual que cada uno llevamos de la mano de Jesús