Amar a Dios con todo el corazón

Estimada Hermana, le saludo invocando a Jesucristo.

Lo que me cuenta, ese deseo de amar a Dios con todo el corazón, con todas las fuerzas, con toda la mente y el alma, es Gracia pura extedida sobre usted a modo de un manto. Igualmente, el haber encontrado la oración de Jesús y haberla tomado como suya.


Sin embargo, necesitamos responder con nuestra conducta de modo coherente a la Gracia que se nos da. De otro modo podemos quedar estancados en nuestros progresos, no por castigo ni nada parecido, sino porque dejamos de abrirnos enteramente a Ella.


Los pensamientos que nos acosan durante la oración se deben a nuestras muchas preocupaciones, dudas, conflictos etc. que abundan durante el día y que afloran más nítidos al intentar silenciarnos. A su vez, nuestras muchas preocupaciones, se deben a nuestra falta de fe y confianza en Dios, por más que nos cueste admitirlo.


No sabe acaso El Señor lo que necesitamos? ¿No es que hasta los cabellos de nuestra cabeza están contados? ¿No debemos seguir el ejemplo de los lirios del campo que no se preocupan del mañana? Usted conoce La Biblia y sabe que citas similares aparecen por doquier en el AT y en el Nuevo testamento.

Eso es todo hermana. Es nuestra fe la que flaquea o la que no se profundiza y con ello aparecen los sentimientos de soledad y separación, nos sentimos ajenos en medio de lo Creado; vemos allá al mundo y aquí a nosotros, expuestos al peligro, a que las cosas salgan mal, a merced de innumerables males.


Solo la entrega y el abandono a la voluntad divina, el dejarle a Él todas las cruces de nuestra vida y descansar en Su providencia enteramente, puede otorgarnos la paz que anhelamos. Cuando esta surge, las dificultades para orar disminuyen porque tenemos menos pensamientos. ¿Para qué surgirían si todo lo resuelve El Señor por nosotros?


Suele aparecer la pregunta: ¿Es que entonces no hemos de hacer nada? ¿Es que debemos rehuir a nuestras tareas y obligaciones? En absoluto. Debemos actuar lo más eficazmente posible dentro de nuestras posibilidades, en todas las responsabilidades que nos han tocado o hemos elegido; pero sabiendo que los resultados de nuestra acción están en las manos de Dios.

Es preciso convencerse de esto y sino, pedir al Señor las evidencias de esta verdad que es en realidad muy clara. A veces, hacemos todo como es debido y sin embargo los resultados difieren de lo querido por nosotros. Suelen pasar meses o años, hasta que caemos en cuenta de que fue mucho mejor como El Señor dispuso que como nosotros anhelábamos. ¿No es verdad?

Seguro usted lo ha vivido. Le recomiendo que al empezar el día y al terminarlo, dedique unos minutos a orar con sentimiento al Señor, volcando en Él todo el fardo de sus preocupaciones. Durante el día, cada vez que se note preocupada o no contenta del todo, sepa que es debido a la falta de fe, no busque otra causa y pida con fervor una fe íntegra y profunda. Una fe que no ceda ante nada, que no se amilane ante la adversidad.

Estimada Hermana, le saludo con afecto fraterno,

invocando el Santo Nombre de Jesús.

6 Comments on “Amar a Dios con todo el corazón

  1. Pingback: Amar a Dios con todo el corazón – La aventura de escribir

  2. Madre Santísima, Reina y Señora nuestra, ¡cada palabra escrita es como si fuera para mi!, cuanto amor nos tiene Nuestro Señor que nos colma de tanto detalle y buscando las maneras para acercarse y hablarnos…. danos Dios un espíritu dócil a tus insinuaciones y obediencia fiel a Ti.
    Que Dios los bendiga siempre, y muchas, muchas gracias.

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  3. “Cuántas maravillas has hecho Señor Dios mío, cuántos planes en favor nuestro: nadie se te puede comparar” Salmo 39
    ¡Ni sabemos nosotros cuántos !!!! sólo confiar y recogerse a sus pies, a veces en lágrimas, otras en risas, pero siempre en su mano.
    Gracias hermanos y hermanas por este oasis.

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  4. PAZ Y BIEN HNAS Y HNOS, Solo la entrega y el abandono a la voluntad divina, bendiciones

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  5. Señor Jesús Cristo hijo de Dios ten piedad de mi pecador.
    En verrdad solo la Fe y la confianza en el , para tener
    paz y tramquilidad en nuestra vida. Quien a Dios tiene nada le falta.

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