La llamada, camino de libertad

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IMPORTANCIA BÍBLICA Y ANTROPOLÓGICA DE LA NOCIÓN LLAMADA

“Lo que define al hombre es su capacidad de oír la llamada de Dios”
Jean-Claude Sagne,

Partiré de una muy importante afirmación de Juan Pablo II. En la catequesis que ha impartido al comienzo de su pontificado sobre el matrimonio, recuerda el hecho de que el hombre está marcado por el pecado, pero que, aún más profundamente, es un ser esencialmente llamado.

«El análisis de las palabras pronunciadas por Jesús en el Sermón de la Montaña (…) nos lleva a la convicción de que el corazón humano no está acusado y condenado por Cristo a causa de la concupiscencia, sino llamado primero y sobre todo. Aquí se manifiesta una clara divergencia entre la antropología del Evangelio y algunas influyentes representaciones de la hermenéutica contemporánea del hombre (llamadas las dueñas de la sospecha)» [Catequesis. 9/02/1983]

La noción de llamada es fundamental: está en el corazón de la visión bíblica del hombre e indica claramente la línea de demarcación entre una visión del hombre fiel a la Evangelio y una visión que le sería ajena u opuesta.
Observemos en primer lugar que el tema de Dios que se manifiesta al hombre y le invita a una respuesta está presente a lo largo de toda la Sagrada Escritura, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.
[…].

Se puede decir que, en cierto modo, esta noción de llamada es lo que crea la unidad de toda la Sagrada Escritura. Independientemente de la diversidad de autores, de épocas, de estilos y de mentalidades, todos los libros de la Biblia atestiguan una misma experiencia espiritual fundamente: Dios entabla un diálogo con el hombre, le propone un camino de vida y espera una respuesta libre de su parte.
[…]
A través de diversos medios, Dios no cesa de interpelarnos, de invitar nos a ponernos en movimiento en una u otra dirección. Y al mismo tiempo, nos da la gracia y la fuerza necesaria para ello.
La llamada puede estar relacionada con decisiones importantes en nuestra vida y llegar a ser una vocación en el sentido clásico (la vocación a la vida consagrada, al matrimonio, a una misión especial en la Iglesia o en la sociedad). Pero con mucha frecuencia, las llamadas que nos dirige Dios se refieren las pequeñas cosas de cada día: la invitación al perdón, a un acto de confianza en una situación difícil, aun servicio prestado a alguien encontrado en nuestro camino, a un rato de oración… Es también importante llegar a “detectar” esas llamadas y aceptarlas, incluso si su objeto parece nimio, pues el camino que nos trazan permite el despliegue de una vida extraordinariamente rica y abundante, mucho más de lo que creemos. En toda respuesta a la llamada de Dios, aunque sea ínfima en su objeto, hay un añadido de vida, de fuerza y de aliento que se nos comunica, pues Dios se da al que se abre a sus llamadas. Además nos lleva entrar progresivamente en una auténtica libertad, como ahora veremos.

LA LLAMADA, CAMINO DE LIBERTAD

En su carta a los Gálatas, san Pablo afirma: “Pues vosotros, hermanos, habéis sido llamadas a la libertad” (Ga 5, 13). Dios nos llama a la libertad. No obtenemos esa libertad instantáneamente y de manera plena; se construye progresivamente y con paciencia, día tras día, y se adquiere precisamente mediante la fidelidad en la respuesta a las llamadas que Dios nos hace percibir. Estas tienen como característica la de abrirnos a un ámbito de libertad y la de permitirnos escapar de los diferentes tipos de encierro en cuya trampa podemos caer fácilmente. Ilustraremos esta verdad de distintos modos.
Sin la llamada, el hombre quedaría encerrado en su pecado.

Como pone en evidencia el relato de la Creación y la caída en los primeros capítulos del Génesis el pecado es el rechazo de la vida filial y la causa de todos los aislamientos que sufre las personas. Por orgullo, el hombre se niega a recibir la vida y la felicidad de manos del Padre en medio de una dependencia confiada y amorosa. Pretende ser su propia fuente de la vida. Como consecuencia surgen numerosas sospechas, temores e inquietudes, así como una exacerbación de la concupiscencia. Al no esperar ya de Dios la felicidad a la que aspira, y queriendo obtenerla por sí mismo, el hombre pecador tiende a apropiarse ávidamente de todo un conjunto de bienes que considera capaces de colmarle: la riqueza, el placer, el reconocimiento, etc. Sin hacer u análisis profundo y exhaustivo de las formas que el pecado puede tomar en nuestras vidas, desearía mostrar simplemente que, para algunas de sus expresiones más fundamentales –orgullo, temor y concupiscencia-, la realidad de la llamada ofrece un camino de liberación.

La apertura a las llamadas de Dios libera del orgullo: hace pasar de una actitud de autosuficiencia, de la pretensión de ser el único dueño de la propia vida, a una actitud de dependencia del Otro, de disponibilidad, de humildad y de confiada sumisión. Ayuda salir de las trampas de la concupiscencia: al llamar al hombre, Dios despierta y orienta su deseo hacia bienes más capaces de colmarle que los que son objeto de su concupiscencia inmediata. Libera del temor: al hacerle disponible a las llamadas de Dios , el creyente recibe un estímulo y una fuerza que le permite superar sus temores y salir del estrecho círculo de las protecciones en que se deja encerrar con demasiada frecuencia.

En el Evangelio, cuando los fariseos se escandalizan al verle comer con los publicanos y los pecadores, Jesús replica: “No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores” (Lc 5, 31). Esta frase manifiesta la infinita misericordia de Dios, que llama al hombre no en virtud de sus méritos, sino por pura bondad, y que no desea que se quede prisionera de su pasado; siempre quiere proponerle un futuro, cualesquiera que sean sus equivocaciones. No obstante, este texto tiene también por objeto hacer comprender que el medio más eficaz para salir del pecado y de la miseria, no es el de culpabilizarnos o afligirnos: es el de abrirnos a las llamadas que Dios no deja de dirigirnos hoy, cualquiera que sea nuestra situación. La apersona más hundida en el mal también recibe la llamada y así se le abre un camino de salvación.

Sin esas llamadas, el hombre permanecería encerrado en los límites de su siquismo, de sus imaginaciones, de sus impulsos y de sus fantasías.

[…]

En la manera de organizar su vida, el hombre corre así el riesgo de quedad encerrado en sus creaciones psíquica, sus emociones y sus representaciones . Tiene una pare de verdad ,y eso hay que tomarlo en cuenca, pero son limitadas y a veces engañosas. Han de convertirse permanentemente para abrirse a la riqueza de lo real que Dios propone, que es más vasto y más fecundo que cualquier elaboración psíquica, como afirma san Pablo:

“Pero como está escrito, lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni llego al corazón del hombre, eso preparó Dios para los que le aman (ICo 2.9)”.

Esa apertura a la auténtica realidad no se produce sin dolores ni renuncias, sin luchas ni agonías. Es trabajo que se ha de reemprender siempre, y jamás acaba aquí abajo, pero que permite acceder a una vida cada vez más rica y abundante.
[…]
JACQUES PHILIPPE. Llamados a la vida. Ed. Rialp, Madrid, 2012, Extracto pp. 17-25

9 Comments on “La llamada, camino de libertad

  1. La llamada está. La escucha es la qué está en crisis. La respuesta es la duda preocupante. Revisar la tierra donde cae la semilla. Revisar el espacio y cabida que tiene el Santo Espiritu para nutrir la tierra en el mundo relacional del hombre con la Trinidad. Examinar las actividades pastorales de sembrado y en definitiva la oración hecha vida en la persona y en la comunidad. Gracias por este rico texto.

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  2. Cuando soy consciente de que Dios me llama, ya estoy abierto a la respuesta y esa respuesta siempre estará acompañada de la acción de gracias.

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  3. Gracias a Aquel que nos llamó desde la eternidad…gracias por las múltiples llamadas de cada día, gracias por las llamadas a los demás y que me implican a mi…y las mías que implican a los demás…Gracias por ser Llamada, siempre, eterna, fiel, amorosa…

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  4. Desde la antropología no es la mismo el llamado y el anhelo o deseo..
    El llamado presupone un OTRO… me invita en mi libertad a la comunión…
    El deseo parte de mi …. pero me lleva a mi…
    El llamado parte del Otro y evoca en mi el deseo…

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