La ley del hombre interior

¿Cuál es el mayor obstáculo para el crecimiento espiritual?

Sin duda que depende de la persona y del momento en que se encuentre en su desarrollo, pero hablando muy en general lo que más nos dificulta la elevación del alma son los automatismos, las reacciones mecánicas. Esa involuntariedad que está a la base de las reacciones que se suceden continuamente en lo cotidiano y en todos los ámbitos de nuestra vida.

¿Cómo superar los automatismos?

Antes de eso hay que conocerlos. Mientras permanecemos ignorantes de estos mecanismos reactivos nos atribuimos la autoría de muchas conductas y por lo tanto culpas y méritos que no nos pertenecen. Primero hay que observar la propia experiencia diaria con valentía, sin relatos auto-tranquilizantes o afeites y entonces surge la comprensión de los condicionamientos en que nos dejó la caída original. Una vez que hay comprensión cabal aparece la posibilidad de la libertad y entonces la opción de la acción consciente.

¿Pero entonces como inscribir el tema del pecado en este contexto de mecanismos automáticos?

Bueno, por dar un ejemplo muy simple: Si caminas por tu patio a mirar el cielo y las plantas luego de la lluvia y pisas un caracol… ¿eres culpable por así decir de haberlo matado? No. No lo hiciste adrede, no te diste cuenta, no lo habías previsto. Sales otro día y sucede lo mismo, tu responsabilidad crece un tanto y mientras más se repita la acción empiezas a ser consciente de que luego de la lluvia aparecen los caracoles y que si caminas con descuido los pisarás. Una vez conscientes de lo que ocurre aparece la responsabilidad. El pecado para ser tal necesita el conocimiento y el consentimiento al mal.

¿Cuál es el origen de estos automatismos?

El propio funcionamiento orgánico tiene mucho que ver en ello y también la estructura de la mente. Cuerpo y mente están impulsadas por un mandato principal que sería el deseo de supervivencia, en ese contexto surgen la mayoría de las reacciones y reflejos condicionados o incondicionados. Es una especie de egoísmo básico. Nuestro espíritu es el que está llamado a ser consciente de esto y a ser el regente del cuerpo y de la mente. Todo se ordena armónicamente cuando la luz del espíritu, la chispa divina en nosotros que heredamos por imagen y semejanza a raíz de nuestra filiación divina, se torna consciente y restablece el ordenamiento original. Cuerpo y mente al servicio del espíritu y de la voluntad de Dios.

Imagina una situación trágica, como la que ocurre muchas veces en regiones muy empobrecidas del mundo, donde la hambruna es la norma. Allí ante la llegada de un camión con comida, la multitud se abalanza con violencia y sin ningún reparo, el cuerpo hambriento domina con una fuerza propia de la naturaleza indómita. Podría haber allí alguna persona que conserva vigor intelectual y que tiene apego a cierto tipo de ética o moral de respeto a los demás y de no ejercer violencia. Esto la llevará a querer dominarse, a no caer en la animalidad a la cual nos conduce la carencia extrema. ¿Podrá oponerse a los instintos? Será muy difícil. Por eso decía el apóstol:

Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. !!Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado”. Romanos 7, 19-25

La clave está en Romanos 8, 13 : “…porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis”.

Es necesario conocer esta ley de los miembros (las reacciones condicionadas) y dotar a la mente de fuerza espiritual para que sea capaz de imponerse y dejarse guiar por la ley según el hombre interior al que se refiere San Pablo. Para eso hay que hacerse consciente del Espíritu que mora en nosotros y dejarse orientar por su gracia.

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Romanos 8,16

¿Que hemos de hacer entonces? ¿Por donde empezar?

Es necesario comprender esta ley de lo mecánico que domina el organismo y ver sus “engranajes”; luego ir viviendo conforme a lo comprendido, es decir ser coherente con lo visto y ante la imposibilidad de la completa coherencia, orar sin descanso para que el silencio inefable de la gracia nos transforme para siempre…

Texto propio del blog

A propósito del post, nueva pestaña en el blog:

Fenomenología del psiquismo humano

4 Comments on “La ley del hombre interior

  1. Buenos días, estoy interesado en: Fenomenología del psiquismo humano. Les escribo desde Vitoria/Gasteiz (España). Espero sus noticias, un saludo.
    Libre de virus. http://www.avg.com

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  2. Orar es ejercitarse en el deseo, decía San Agustín.
    El deseo está unido a la carencia, pero el Amor de Dios a la sobreabundancia.
    Creo que estos temas serán de un interés especial, la eternidad está a un golpe de corazón.

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