La duda perpetua

19ª día

tercera semana

¿Por qué cuesta tanto quitarse los automatismos? A los dos o tres días he vuelto a lo mismo, incluso si se trata de cosas mínimas? ¿La inercia de la costumbre lo explica todo?

No. Además de la costumbre hay otro aspecto a tener en cuenta: dejar un hábito arraigado es morir un poco. Casi como perder un brazo o una pierna; nuestro modo de vida se ha articulado en base a una serie de mecanismos automáticos que hemos identificado con nosotros mismos. Si de pronto abandono la queja y el fastidio con que me levanto desde hace treinta años, me parece que no soy yo. Si adopto actitudes confiadas y resueltas me sentiré extraño. Si dejo de culpar a tal por mi situación sentiré un vacío repentino y así con todo.

El consejo evangélico del negarse a sí mismo alude en gran parte a esa masa de apetitos informes y esclavizantes que hemos confundido con lo que somos. Por el contrario, es una ley que se apoderó de nuestros miembros, pero que está muy lejos de lo que esencialmente somos. Nunca olvidaré aquellos primeros días al dejar de fumar. Abría los ojos a la mañana y un pensamiento decía: «pues, ¿para qué vivir el día si no puedo fumar?». Vagaba sin sentido por la jornada, sorprendido de que todo el significado de mis días estuviera ligado a encender un cigarrillo después del café, después de comer, al salir a la compra, al volver de ella, al conversar, al sentarse…

Pero luego del desierto de los primeros días, la libertad surgida ante la ausencia de la dependencia fue como agua fresca en un tórrido verano. Por eso insistimos; el primer paso es dejar de defender los automatismos, que equivale a decir: no confundirlos como cosa nuestra o nosotros mismos sino como una infección cultural y ancestral que con paciencia y fe puede curarse. ¿El remedio cuál es? Atención vigilante, oración fervorosa e intención precisa. Atención para estar despiertos en el momento que nos toca. Oración para que la gracia nos de la perseverancia que nos permita conquistar la propia voluntad. Intención precisa para saber por dónde empezar, cuál o cuáles serán las cabezas de playa en las que nos haremos fuertes. 

Pero hay que abandonar la duda, eso nos abre la puerta a la intención verdadera. Este es un vicio que tiene la cualidad de disfrazarse como reflexión profunda o sensata deliberación. La duda nos mantiene en una víspera perpetua, simulando la inminencia de algo importante. La postergación se esconde detrás de la duda frecuente eludiendo el compromiso, la entrega y la consagración al propio camino. ¿Toda duda es negativa? Claro que no, pero cuando el estado de cavilación se asienta por meses, años y hasta décadas, hay que espabilarse.

Detrás de la duda recurrente puede haber un afán de posesión del éxito. Temor a equivocarse y búsqueda de seguridad. No nos atrevemos a renunciar, es un querer esto y lo otro. Definirse es esencial. Por otra parte, la duda nos mantiene en un suspenso que brinda cierta intensidad y eso también puede ser adictivo.

elsantonombre.org

Prácticas sugeridas:

1. Leer este texto «Compromisos» atentos a lo que nos suscita. 2. Al igual que ayer, volvamos al mapa o esquema de nuestra vida, verificando en que ámbitos persiste una duda debilitante y/o actitudes vacilantes que nos quitan fuerza y entrega. Tomar alguna decisión, aunque sea en un tema menor; que nos permita sentir la fuerza que brinda eliminar algo que estaba pendiente. 3. Destinar un rato a la oración de invocación donde pedimos la fuerza que necesitamos para tomar las decisiones que venimos postergando.

Citas bíblicas recomendadas: Lucas, 9, 23; Filipenses 1, 21; Santiago 1, 5-8; Mateo 14, 31; Romanos 7, 23

Haz clic aquí para el texto en MP3 y aquí para la versión en Youtube

Enlaces de hoy:

Recuerden hermanas y hermanos que pueden mandar enlaces para que agreguemos al final de cada post sin costo alguno. Un abrazo fraterno en Cristo Jesús.

Por el silencio

Meditación cristiana en España

2 Comments on “La duda perpetua

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