Atención vigilante y oración incesante

Holy Name of Jesus Cathedral; Raleigh, Carolina del Norte. ¡Gracias Pepe por la foto!

Es continuación del post «Un campo de confianza»

Siguiendo con esto de estar atentos a quién está al mando en mis comportamientos cotidianos… estoy comiendo y siento el principio de la saciedad. La mente avisa que ya debería dejar de comer, pues hay mucha memoria de sentirse mal por seguir comiendo en este punto. Sin embargo este saber lo que sucederá no basta, el cuerpo sigue dando la orden de comer. Aquí, en este punto, si aparece un acto de voluntad, una fuerte intención de cambio, con atención dejo de comer, me pongo de pie, levanto la vajilla y reanudo la invocación…

En el preciso momento en que dejaste los cubiertos y te pusiste de pie, dejando el resto sin comer, apareció el espíritu. Eso más profundo y consciente, más espiritual en nosotros mismos. Tiene que ver con el hombre interior del que habla San Pablo; es el que advierte la ley que impera en los miembros, la esclavitud que se padece por lo automático. Otro ejemplo es el de la ira, cuando empiezo a encolerizarme con alguien y surge el deseo de increparlo. Allí la mente está a cargo y el cuerpo le sirve crispándose, todos los mecanismos de ataque se activan… pero el recuerdo de la enseñanza de Jesús, el deseo de ser coherentes con el evangelio y el mandamiento principal destellan en un punto interior.

Te has detenido. Has pedido permiso y en lugar de armar un lío saliste de la habitación. Ese fue el espíritu que a través del brazo de la voluntad ha permitido la no reacción. Son casos muy habituales: la gula y la ira muestran claramente cuando nos gobiernan los miembros o los pensamientos. Y lo decisivo es la atención y la oración interior. En cualquiera de los dos casos, el darse cuenta permite que aparezca nuestra intención de ser dueños de nosotros mismos y mediante la oración sincera pedimos la fuerza para imponernos.

Esto tiene el beneficio de que uno se acostumbra a no dejarse llevar por lo reactivo y se empieza a degustar el sabor de dirigir la atención en busca de la coherencia de vida. Los evangelios se descubren como más posibles de practicar en aquellos versículos que tan difíciles se nos hacen, como el de amar a los enemigos, no hacer acepción de personas, no preocuparse del día de mañana o poner la otra mejilla entre otros. Empezamos a descubrir el sentido más profundo de las enseñanzas porque asoman como practicables y no como ideales a los que nunca nos acercamos. La llave para nuestra «metanoia» es la atención vigilante y la oración incesante.

Continúa…

elsantonombre.org

Aquí hay varias citas bíblicas que leídas con atención y actitud orante pueden servir de soporte para la continua tarea de vivir en espíritu y en verdad: 2ªCorintios 4,16; Efesios 3,16; Romanos 7,22-23; Génesis 1,27; 1ª Tesalonicenses 5,23; Romanos 12,1-2 1ªCorintios 6,19-20 y 3,16; Gálatas 5,16-17; Romanos 8,9; Marcos 14,38; Juan 4,24 y 3,3-6; Juan 16,8; Hechos 24,16; Romanos 2,14-15; 1ªCorintios 2,11; Romanos 12,1-2; Gálatas 2,20 y Romanos 7, 24-25

Hermanas y hermanos en Cristo Jesús, aún hay tiempo para anotarse al retiro presencial que si Dios quiere, se efectuará en Calmayo, (prov. de Córdoba, Arg.) desde el 16 al 23 de enero de 2022. Pueden pedir información al +54-9-351-3095309. Un abrazo fraterno, invocando el Santo Nombre de Jesús.

2 Comments on “Atención vigilante y oración incesante

  1. Gracias Mario por este nuevo estimulante aporte. Tan solo quiero sumarle, como a todos nos ocurre en algún momento, donde no logramos imponernos. Donde nos queda ese sabor amargo de haber (muchas veces nuevamente) haber sucumbido. Ese límite nuestro, esa llaga que nuevamente hemos tocado (ira, gula, lo que sea) . Es el «humus». San Pablo menciona esa espina clavada en él que Dios no remueve: mi gracia te basta. Y en ese «humus» Dios, su santo Espíritu, se hace fuerte. Finalmente es Él (o lo podemos decir con signos de interrogación) el que lleva nuestro timón. Es , según los luminosos planteos de Anselm Grüm , la espiritualidad «desde abajo», el descender («Conócete a ti mismo») para ascender. Dios sin dudas, es el Dios de las paradojas, por eso trastoca nuestra razón y allí se necesita el salto al fondo del alma.

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